«No estamos aprovechando ni un 10% de los beneficios de la Educación Física en Infantil»

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Víctor Arufe, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de A Coruña y director Unidad de Investigación del Deporte Escolar, Educación Física y Psicomotricidad, explica en este artículo las cuatro esferas de mejora de la práctica de la actividad física.

El aula de Educación Infantil sigue siendo «un todo vale» para las autoridades políticas. Pese a que existen sólidas evidencias científicas de los beneficios de programas de Educación Física en la primera infancia está ausente en las aulas. Nuestros últimos estudios confirman que solamente se imparte una única sesión de 50 minutos de psicomotricidad o Educación Física en la mayoría de los centros de Educación Infantil, y generalmente mal impartida.

Esto implica, en muchos casos, que los niños pasen múltiples horas sentados en sus pupitres a lo que hay que sumarle las horas de inactividad física en el propio hogar, lo que provoca un excesivo tiempo del menor en posición de sedentación, con los problemas que conlleva, no solo a nivel motriz sino emocional o psíquico.

Al final, estamos cometiendo uno de los mayores crímenes contra la salud de los niños, siendo el sistema educativo y las propias familias cómplices de él.

Para cambiar esta situación necesitamos un currículo educativo que apueste sólidamente por el movimiento corporal en el aula de Educación Infantil, garantizando al menos a cada niño 90 minutos de actividad física diaria, a lo que habría que sumar como mínimo otros 90 minutos de actividad física en el hogar. De esta forma estaríamos cumpliendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que incide en la necesidad de que los menores de 6 años realicen al menos 180 minutos de actividad física diaria. Esto no es una recomendación, es ya una obligación política-educativa.

La nueva ley de educación sigue sin hablar de Educación Física en Educación Infantil, pese a su importancia en el desarrollo psíquico, motórico, social y afectivo-emocional de los niños. Además, es en la etapa de 0 a 6 años donde se instauran muchos hábitos de vida, incluso hay estudios que confirman que los niños que practican actividad física de forma regular tienen trayectorias positivas de actividad física en la vida adulta, disminuyendo así el riesgo de obesidad y potenciando un peso corporal saludable.

«Estamos primando en muchos casos nuestro interés como progenitores frente a los derechos del niño»

Debemos «airear» más a los niños. Si pusiésemos un podómetro a cada niño nos sorprenderíamos al ver cómo al final del día muchos no consiguen alcanzar la cifra de 10.000 pasos. Invito desde aquí a las familias con hijos pequeños a comprar un reloj de actividad física y medir la actividad física de sus hijos.

Nos interesa más comprarle un móvil o un dispositivo de pantalla para tenerlo entretenido y que no moleste, que inscribirlo en una escuela deportiva o llevarlo al parque a jugar, ambas actividades requieren de un esfuerzo por parte de los padres. Estamos primando en muchos casos nuestro interés como progenitores frente a los derechos del niño, su derecho a jugar en la calle, su derecho a tener una vida sana y su derecho a jugar con otros niños.

Limitar la actividad física en la etapa de 0 a 6 años es atentar contra la salud en la infancia. Diversos estudios confirman que la práctica de actividad física de forma regular produce mejoras hasta en 4 esferas del desarrollo humano:

Mejora a nivel motriz

La actividad física en niños se relaciona con una mayor competencia motriz, favorece el desarrollo psicomotor y el crecimiento y mejora el nivel de condición física de los escolares. La mejora de la condición física está relacionada a su vez con la felicidad, autoestima y salud emocional.

Mejora a nivel psíquico

Diversos estudios confirman que el ejercicio físico potencia y activa las funciones cognitivas, memoria, atención, concentración, favorece la neurogénesis, la plasticidad cerebral, la velocidad del pensamiento, disminuye diversos problemas vinculados a la salud mental como la depresión, ansiedad o estrés, además de favorecer diferentes variables psicológicas como la motivación, resiliencia, liderazgo, actitud, o la autoestima, tan importante en la población infantil. Algunos estudios confirman que 1 hora de actividad física diaria reduce un 10% la probabilidad de padecer síntomas depresivos.

Mejora a nivel social

La práctica de actividad física ha demostrado que favorece el trabajo de valores, ética y moral. A través de ella se potencia el cumplimiento de normas y reglas que tendrá transferencia a la vida adulta y favorecerá la convivencia social. A través de la Educación Física se puede trabajar de forma interdisciplinar aspectos tan importantes como la igualdad de género, habilidades comunicativas, educación vial, o el respeto a los otros.

Mejora a nivel afectivo-emocional

La actividad física es el mayor vehículo para potenciar la salud emocional de los niños. Durante los juegos motores y tareas motrices los niños experimentan una serie de emociones que solamente fortalecerán su salud emocional. El deporte es el mejor medio para potenciar y trabajar la ira, el miedo, la frustración, tristeza, la alegría, la rabia…además de otros valores como la empatía, cohesión grupal, entre otros.

El mejor fármaco para mejorar la salud emocional no lo fabrica ningún laboratorio lo producen los propios niños realizando actividad física.

Y no olvidemos que la práctica de actividad física en la infancia y de los progenitores está asociadas con niveles de práctica mayores en la adultez, lo que fomenta la doble vertiente de los beneficios del ejercicio físico, su función preventiva de patologías y enfermedades asociadas al sedentarismo y su función rehabilitadora de múltiples patologías.

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