Chile: Diplomacia de ‘estadio’: el Mundial de Fútbol 2026 como instrumento hegemónico

Diplomacia de ‘estadio’: el Mundial de Fútbol 2026 como instrumento hegemónico

Por Alixon David Reyes Rodríguez

El deporte, como todo fenómeno social y cultural, se encuentra atravesado por las lógicas del poder, más allá de que cierta literatura dizque aséptica y neutralmente ‘científica’ se afane en afirmar lo contrario. De hecho, semejante expresión de neutralidad, en realidad representa una especie de blanqueo de lo anterior.

El Mundial de Fútbol celebrado en 2026 en el marco de una organización trinacional, esto es, entre Canadá, Estados Unidos y México, ha sido un ejemplo muy notorio de las relaciones que se estrechan entre los correajes del poder y el deporte mismo.

El evento deportivo más visto del planeta (después de los Juegos Olímpicos), ha sido instrumentalizado como mecanismo de control y como manifestación de la extensión del poder hegemónico de tres entidades, a saber, el gobierno de los Estados Unidos, poder que se ejerce desde la imposición, condicionando y acoplando conductas alrededor por la fuerza; la FIFA, como cerebro del evento, que masifica el campeonato para maximizar ganancias; y las transnacionales, que hacen de este evento un nicho más para engrosar su poderío comercial y ampliación de su cobertura.

A ver… ¡Veamos un poco!

La FIFA capituló ante el gobierno de Donald Trump, y se sacó de la chistera un premio para cortejar la volatilidad del presidente norteamericano. ¿Capituló? Sí, claro que sí. ¿No se acuerdan ya del FIFA Gate? Pues, sí, Gianni Infantino, comprendiendo las implicaciones de celebrar el Mundial en Estados Unidos, asegurando un llenado histórico de las arcas del ente mundial del fútbol, sumando a ello la búsqueda de la paz entre el FBI y la FIFA en aras de la tranquilidad de las aguas en el contexto de investigaciones que continúan, más allá del tiempo, ha decidido festejar y premiar de forma hipócrita al gobierno norteamericano y a su presidente, desvencijando al fútbol, al deporte y a quienes creen en una apuesta seria del deporte como fenómeno de transformación social.

¿Resultado? Todo lo menos parecido a un evento deportivo multinacional que favorezca la fiesta mundial, la compartencia, la hidalguía deportiva, la celebración de heroísmos y hazañas de la cancha. Al contrario, un evento que se celebra en tierras de un país que invade, agrede y se inventa cuanta guerra se le ocurre a su presidente. Es más, tan loco es el asunto, que el país en el que se centra el Mundial, está en guerra con un país que viaja para jugar el Mundial. Podemos recordar lo que pasó con Rusia en el Mundial pasado, y lo que significó para todos sus deportistas en cuanto evento se les ocurriera participar. ¡Claro! El veto es para otros, no para los Estados Unidos. Es decir, ellos pueden acabar con medio mundo, y pueden vetar a todos, pero nadie les puede vetar a ellos.

Irán tiene que estar en México, a pesar de que juega la fase de grupos en Estados Unidos. Viaja el día anterior, y apenas termina el partido, debe volver. Son requisados hasta más no poder. Perros antidrogas, blindados y fuerzas especiales tratándoles como amenaza.

No importa que sean atletas, ni que hayan ganado su pase al Mundial por méritos propios. Además, y, por si fuera poco, interrogan a deportistas, entrenadores, cuerpo técnico y árbitros de quienes sospechan, entre 7 y hasta 11 horas, tan solo para devolverles a su país, como ocurrió con el caso de Omar Artan, árbitro Somalí, a pesar de que estaba designado para participar en el Mundial.

La FIFA, aliado inseparable, ha decidido aplicar la misma. ¿Ejemplo? No dejan hablar en español a periodistas y futbolistas en ruedas de prensa. Se les prohíbe. Tan solo contemplaron hasta cinco idiomas, entre los cuales no está el español, aún y cuando México, que es uno de los países organizadores, es de habla hispana, y a pesar de que hay muchas selecciones representantes de países de habla hispana, y cuando prácticamente todo el continente (especialmente los de habla hispana) está atento al evento.

Las entradas para los juegos son exageradamente costosas, en un país sin tradición futbolística como Estados Unidos. Bueno, a ser sinceros, es lo mismo que pasó en Qatar 2022. Precios prohibitivos, con una lógica de oferta y demanda que puede hacer volar por los aires los precios de cualquier boleto. Manifestaciones en México y Estados Unidos ya han comenzado a advertirse a propósito de lo que implica una mirada bizca de la realidad.

En otro orden de ideas, periodistas de ESPN aluden y celebran a Francia, por ser un país que, al parecer, nutre a otras selecciones con futbolistas nacidos en su tierra. Pero, ¡nada más equivocado que eso! No es Francia, sino que es ¡África!, y África entera. De hecho, tan solo basta con ver a la mismísima Francia y analizar la procedencia de sus jugadores… ¡Recorcholis!

El Mundial ha iniciado, tiene apenas una semana, y ya está dando de qué hablar por las impresiones y temas extrafutbolísticos que se han visto y que empañan lo que se entiende como una posibilidad para celebrar la humanidad. Pero, no, no se puede ser tan romántico en un mundo que está de cabeza, al decir de Eduardo Galeano, a quien, por cierto, se le reconoce un gusto especial por el deporte balompédico.

Alixon David Reyes Rodríguez

alixdavid79@gmail.com

Fuente de la Información: https://www.lemondediplomatique.cl/diplomacia-de-estadio-el-mundial-de-futbol-2026-como-instrumento-hegemonico-por.html

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Alixon Reyes

Doctor en Educación. Profesor de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Coordinador del Núcleo de Investigación en Pedagogía del Movimiento “Prof. Darwin Reyes”. Investigador PEII e investigador del Centro Nacional de Investigaciones Educativas (CNIE-MONAGAS)

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