Por: Felipe Cuevas Méndez
La educación es un proceso ascendente de trasmisión sociocultural del acervo formativo de la sociedad con sus inclinaciones, intereses y antagonismos, en este sentido es un campo de conflicto y pugna, por lo que es apropiado recordar y hablar de una educación de clase tanto por el escenario que la rodea como por las relaciones internas en que se sustenta.
Por periodos largos la educación establece orientaciones estratégicas más o menos acordes con el “interés general” o las tendencias más amplias de la formación de una sociedad y su crecimiento general; recreando de esta suerte sus procesos internos en relativa comunión o consenso con el despliegue general de los Estados y las clases sociales que la impulsan en tanto bien humano. El desarrollo educativo va de la mano de sus periodos de estabilidad o crisis en especial a raíz de la masificación de la educación formal en el mundo.
Especialmente en las fases de la historia en que la educación entró en choque con las fuerzas sociales, económicas y actores hegemónicos que se volvieron conservadoras o remisas a la premisa de desarrollo dilatado y constante, que seguidamente desajustaron el crecimiento extenso a raíz de la desaceleración económica del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial (años 1960s), posteriormente de la crisis petrolera de los años 1970s) y la crisis del modelo del Estado de bienestar (años 80s).
Desde entonces la educación pasó a una época de crisis estructural bajo la centralización de procesos de control global occidentales. La crisis educativa cambió de formas según las circunstancias, pero sus contenidos se amplificaron, además de educativa se volvió crisis educacional, formativa, sociocultural y civilizatoria.
Toda la apuesta del desarrollo capitalista se metió en la licuefacción neoliberal de saqueo, redistribución y reformulación de las altas ganancias; la educación si ya era subalterna en el sistema, se imbuyó del sentido de restricción de sus procesos dentro de la pirámide social moderna.
A diferencia de las crisis económicas, de carácter cíclico con un inicio y una superación temporal; las crisis educativas suelen ser prolongadas a raíz de la perpetuación de fenómenos generales como el del neoliberalismo que llevó a la educación por décadas de socavamiento y estancamiento en pro de su privatización y reconversión en un elemento extremadamente supeditado al interés del capitalismo imperialista.
La crisis de la educación es de carácter global, cada nación enfrenta sus presiones y sus particularidades, pero tiene ejes comunes catapultados por la inestabilidad internacional del sistema, es también estructural porque viene del conjunto de problemas fundamentales del capitalismo en esta y otras esferas.
Sin duda la educación sigue dando sus progresos, lo que hace especial su proceso actual es que funciona por decir “a medio gas” condicionada y bajo una contención forzada estructuralmente donde los intereses nacionales y de los pueblos van quedando en segundo plano imponiendo los ritmos de los controladores monopólicos del capital.
Esta prolongada crisis educativa se vuelve tan cotidiana y tan “conveniente” que incluso puede ser una bandera gestionada por la extrema derecha fascista, cuya renovada agresión asume discursos contradictorios a sus intereses siempre que le generen puntos a favor. La crisis educativa tiene su matriz en el sistema, lo que no exenta a los responsables de hacer uso de esta para quebrantar gobiernos, pueblos y proyectos contrahegemónicos.
La crisis educativa pasó a ser un proceso continuo que desgrana en los avances educacionales los antagonismos y relaciones conflictuadas del campo educativo. La crisis presenta una condición de largo plazo porque la educación estando en una carrera ininterrumpida tras los cambios de las sociedades a los cuales propone adecuaciones y desarrollos de sus procesos sin que a la fecha genere superioridad estratégica en dichos procedimientos para el largo plazo. Pues su marcha consiste precisamente en ir, por máximo impulso, acorde al movimiento general marcado por la preponderancia del esquema actualmente dominante, siendo contados los momentos en que logra plantar visión estratégica y conciencia crítica. No genera disrupción sistémica porque se inscribe y alinea al esquema que la preserva y contiene.
Los esfuerzos recientes a nivel de las modificaciones en la institución del Estado desaceleraron el grave deterioro de la educación en México, pero no fueron suficientes para detener la propensión de la crisis tratándose de reformas sin continuación, sujetas al campo político, sus cambios de prioridad y la tendencia constante a la derechización como norma establecida en las relaciones de dominación y poder en el seno del aparato estatal.
Persiste la crisis en la educación básica, se destapan otra vez la antigua crisis y antagonismos de la educación media, la crisis de la UNAM y en general de la educación superior vuelve a manifestarse. En este marco las clases sociales y los gobiernos ofrecen posiciones y rutas de solución según sus intereses.
Esta crisis educativa se condiciona por el proceso de saqueo de la educación pública y la degradación privada a la persecución y redistribución de ganancias, sobre todo, en la reducción de miras de los gobiernos y elites dominantes, su distanciamiento de reformas profundas, y su imposibilidad de clase e histórica actitud excluyente, para forjar un consenso de alianza de clases sociales populares que brinde una educación liberadora centrada en el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje en conexión con los desarrollos necesarios para los pueblos.
Está fuera de toda consideración de las clases dominantes una alianza que asimile desde abajo las demandas del “mercado laboral”, las tecnologías vinculadas al conocimiento, y el crecimiento de perspectivas sociales viables, con intereses sociales amplios por encima del sistema, que otorgue sentido a la escuela y la educación transformadoras del ser social en su práctica y su aprender a pensar crítica y creativamente para la libertad.
En el presente la más extravagante salida a la crisis la promueve la ultraderecha mediante la privatización y reconversión educativa con un motivo económico y geoestratégico en el ámbito de la batalla cultural-ideológica-cognitiva.
Cabe enfatizar que para algunos la crisis educativa está relacionada exclusivamente con los problemas que enfrenta la educación pública en tanto educación de masas que absorbe enormes y apetecibles recursos.
En México la crisis educativa tradicionalmente se centra en las cuestiones que tienen que ver con el desarrollo económico dependiente, ahora rebautizado de alianza estratégica. Lo cual, tanto por interés interno de los factores dominantes nacionales como por imposición de instituciones internacionales redunda en: el déficit presupuestal en la materia educativa, en el despliegue sesgado de recursos según tendencias y percepciones políticas, y en la corrupción e ineficiencia de su estructura burocrática. Así también se materializa dicha crisis educativa en el corrimiento de conflictos de interés, las recurrentes modificaciones programáticas, los cambios de línea desde arriba, la concepción de dominio absoluto de la educación formal, y la visión pedagógica lineal-instrumental en la cadena de mando.
Bastante se ha abundado en que la crisis educacional absorbe otros aspectos fundamentales en que viene a expresarse de manera más cruda como la deserción escolar, el rezago educativo, el descenso en la calidad de la enseñanza, la incompetencia de sus cadenas de mando institucional, el deterioro de las condiciones de vida de la docencia, el empotramiento de intereses sindicales e institucionales, el bajo nivel formativo, los métodos de enseñanza, la entrada en escena de nuevas herramientas tecno-pedagógicas y las deficiencias en los aprendizajes esperados.
Entre otros aspectos, la crisis se enfoca en las dificultades y problemas de desarrollo del sistema educativo establecido por largo tiempo, lo cual se diluye desde la visión de Estado como elemento de progreso y modernización omitiendo las implicaciones de un modelo inscrito en un fenómeno sistémico del capitalismo imperialista que estructuró la sociedad actual a un modo de operación altamente complejo y antagónico.
En la actual guerra cognitiva las derechas juran y perjuran que la educación pública es el problema; muy sintomático de sus presiones por la reapropiación de recursos y el establecimiento de sus negocios educativos.
Las escuelas y universidades privadas son negacionistas sobre las expresiones de la crisis educacional en su seno. En lo general hacen parte de esta crisis estructural dentro de los Estados, a los cuales presionan para que gestionen en su beneficio. En sus escenarios padecen circunstancias semejantes como el deterioro académico, la sobreexplotación y precarización de su docencia, el descenso de su matrícula y deserción escolar debido a la elevación de tarifas, el clasismo selectivo de sus estudiantes, el automatismo de su enseñanza, la disociación de su oferta académica respecto de las realidades sociales, el conservadurismo cultural reaccionario y sus exiguos resultados formativos pese al dispendio de recursos, su particular rezago por vacío de aprendizajes necesarios y la alta presión emocional.
Las elites solo no quitan el ojo a la crisis educativa en el Estado, porque encuentran aquí “un enemigo común”, su voracidad ve una oportunidad en la crisis, la eterna huida hacia adelante, gritan contra la crisis, pero son la base de la misma. Todo lo cual deriva en su intención de filtrase en el negocio de la educación pública, que se les transfiera el aparato, que se les consienta contar con secretarios de educación “cocacoleros”, partidarios de la empresa y burocracias apegadas a su interés de clase, en desplazar las posiciones formativas humanistas y acelerar las dinámicas elitistas del modelo educativo empresarial selectivo y deshumanizante.
La crisis educativa es así un campo de disputa permanente con oscilaciones entre su agudización o el cambio de sus premisas. La crisis educativa es la forma continuada en que la educación en general discurre en el largo proceso de desestabilización del sistema capitalista al que hemos llegado, tiene solución mas esta no es interna, porque cada aspecto educativo está circunscrito a los factores dominantes materiales y de sentido. Todos estamos atados al sistema que la proyecta, necesitaríamos una ruptura precisamente sistémica para resolver sus nudos.
Fuente de la información: https://insurgenciamagisterial.com
Fotografía: Sociedad noticias






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