La crisis educativa es estructural

La educación es un proceso ascendente de trasmisión sociocultural del acervo formativo de la sociedad con sus inclinaciones, intereses y antagonismos, en este sentido es un campo de conflicto y pugna, por lo que es apropiado recordar y hablar de una educación de clase tanto por el escenario que la rodea como por las relaciones internas en que se sustenta.

Por periodos largos la educación establece orientaciones estratégicas más o menos acordes con el “interés general” o las tendencias más amplias de la formación de una sociedad y su crecimiento general; recreando de esta suerte sus procesos internos en relativa comunión o consenso con el despliegue general de los Estados y las clases sociales que la impulsan en tanto bien humano. El desarrollo educativo va de la mano de sus periodos de estabilidad o crisis en especial a raíz de la masificación de la educación formal en el mundo.

Especialmente en las fases de la historia en que la educación entró en choque con las fuerzas sociales, económicas y actores hegemónicos que se volvieron conservadoras o remisas a la premisa de desarrollo dilatado y constante, que seguidamente desajustaron el crecimiento extenso a raíz de la desaceleración económica del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial (años 1960s), posteriormente de la crisis petrolera de los años 1970s) y la crisis del modelo del Estado de bienestar (años 80s).

Desde entonces la educación pasó a una época de crisis estructural bajo la centralización de procesos de control global occidentales. La crisis educativa cambió de formas según las circunstancias, pero sus contenidos se amplificaron, además de educativa se volvió crisis educacional, formativa, sociocultural y civilizatoria.

Toda la apuesta del desarrollo capitalista se metió en la licuefacción neoliberal de saqueo, redistribución y reformulación de las altas ganancias; la educación si ya era subalterna en el sistema, se imbuyó del sentido de restricción de sus procesos dentro de la pirámide social moderna.

A diferencia de las crisis económicas, de carácter cíclico con un inicio y una superación temporal; las crisis educativas suelen ser prolongadas a raíz de la perpetuación de fenómenos generales como el del neoliberalismo que llevó a la educación por décadas de socavamiento y estancamiento en pro de su privatización y reconversión en un elemento extremadamente supeditado al interés del capitalismo imperialista.

La crisis de la educación es de carácter global, cada nación enfrenta sus presiones y sus particularidades, pero tiene ejes comunes catapultados por la inestabilidad internacional del sistema, es también estructural porque viene del conjunto de problemas fundamentales del capitalismo en esta y otras esferas.

Sin duda la educación sigue dando sus progresos, lo que hace especial su proceso actual es que funciona por decir “a medio gas” condicionada y bajo una contención forzada estructuralmente donde los intereses nacionales y de los pueblos van quedando en segundo plano imponiendo los ritmos de los controladores monopólicos del capital.

Esta prolongada crisis educativa se vuelve tan cotidiana y tan “conveniente” que incluso puede ser una bandera gestionada por la extrema derecha fascista, cuya renovada agresión asume discursos contradictorios a sus intereses siempre que le generen puntos a favor. La crisis educativa tiene su matriz en el sistema, lo que no exenta a los responsables de hacer uso de esta para quebrantar gobiernos, pueblos y proyectos contrahegemónicos.

La crisis educativa pasó a ser un proceso continuo que desgrana en los avances educacionales los antagonismos y relaciones conflictuadas del campo educativo. La crisis presenta una condición de largo plazo porque la educación estando en una carrera ininterrumpida tras los cambios de las sociedades a los cuales propone adecuaciones y desarrollos de sus procesos sin que a la fecha genere superioridad estratégica en dichos procedimientos para el largo plazo. Pues su marcha consiste precisamente en ir, por máximo impulso, acorde al movimiento general marcado por la preponderancia del esquema actualmente dominante, siendo contados los momentos en que logra plantar visión estratégica y conciencia crítica. No genera disrupción sistémica porque se inscribe y alinea al esquema que la preserva y contiene.

Los esfuerzos recientes a nivel de las modificaciones en la institución del Estado desaceleraron el grave deterioro de la educación en México, pero no fueron suficientes para detener la propensión de la crisis tratándose de reformas sin continuación, sujetas al campo político, sus cambios de prioridad y la tendencia constante a la derechización como norma establecida en las relaciones de dominación y poder en el seno del aparato estatal.

Persiste la crisis en la educación básica, se destapan otra vez la antigua crisis y antagonismos de la educación media, la crisis de la UNAM y en general de la educación superior vuelve a manifestarse. En este marco las clases sociales y los gobiernos ofrecen posiciones y rutas de solución según sus intereses.

Esta crisis educativa se condiciona por el proceso de saqueo de la educación pública y la degradación privada a la persecución y redistribución de ganancias, sobre todo, en la reducción de miras de los gobiernos y elites dominantes, su distanciamiento de reformas profundas, y su imposibilidad de clase e histórica actitud excluyente, para forjar un consenso de alianza de clases sociales populares que brinde una educación liberadora centrada en el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje en conexión con los desarrollos necesarios para los pueblos.

Está fuera de toda consideración de las clases dominantes una alianza que asimile desde abajo las demandas del “mercado laboral”, las tecnologías vinculadas al conocimiento, y el crecimiento de perspectivas sociales viables, con intereses sociales amplios por encima del sistema, que otorgue sentido a la escuela y la educación transformadoras del ser social en su práctica y su aprender a pensar crítica y creativamente para la libertad.

En el presente la más extravagante salida a la crisis la promueve la ultraderecha mediante la privatización y reconversión educativa con un motivo económico y geoestratégico en el ámbito de la batalla cultural-ideológica-cognitiva.

Cabe enfatizar que para algunos la crisis educativa está relacionada exclusivamente con los problemas que enfrenta la educación pública en tanto educación de masas que absorbe enormes y apetecibles recursos.

En México la crisis educativa tradicionalmente se centra en las cuestiones que tienen que ver con el desarrollo económico dependiente, ahora rebautizado de alianza estratégica. Lo cual, tanto por interés interno de los factores dominantes nacionales como por imposición de instituciones internacionales redunda en: el déficit presupuestal en la materia educativa, en el despliegue sesgado de recursos según tendencias y percepciones políticas, y en la corrupción e ineficiencia de su estructura burocrática. Así también se materializa dicha crisis educativa en el corrimiento de conflictos de interés, las recurrentes modificaciones programáticas, los cambios de línea desde arriba, la concepción de dominio absoluto de la educación formal, y la visión pedagógica lineal-instrumental en la cadena de mando.

Bastante se ha abundado en que la crisis educacional absorbe otros aspectos fundamentales en que viene a expresarse de manera más cruda como la deserción escolar, el rezago educativo, el descenso en la calidad de la enseñanza, la incompetencia de sus cadenas de mando institucional, el deterioro de las condiciones de vida de la docencia, el empotramiento de intereses sindicales e institucionales, el bajo nivel formativo, los métodos de enseñanza, la entrada en escena de nuevas herramientas tecno-pedagógicas y las deficiencias en los aprendizajes esperados.

Entre otros aspectos, la crisis se enfoca en las dificultades y problemas de desarrollo del sistema educativo establecido por largo tiempo, lo cual se diluye desde la visión de Estado como elemento de progreso y modernización omitiendo las implicaciones de un modelo inscrito en un fenómeno sistémico del capitalismo imperialista que estructuró la sociedad actual a un modo de operación altamente complejo y antagónico.

En la actual guerra cognitiva las derechas juran y perjuran que la educación pública es el problema; muy sintomático de sus presiones por la reapropiación de recursos y el establecimiento de sus negocios educativos.

Las escuelas y universidades privadas son negacionistas sobre las expresiones de la crisis educacional en su seno. En lo general hacen parte de esta crisis estructural dentro de los Estados, a los cuales presionan para que gestionen en su beneficio. En sus escenarios padecen circunstancias semejantes como el deterioro académico, la sobreexplotación y precarización de su docencia, el descenso de su matrícula y deserción escolar debido a la elevación de tarifas, el clasismo selectivo de sus estudiantes, el automatismo de su enseñanza, la disociación de su oferta académica respecto de las realidades sociales, el conservadurismo cultural reaccionario y sus exiguos resultados formativos pese al dispendio de recursos, su particular rezago por vacío de aprendizajes necesarios y la alta presión emocional.

Las elites solo no quitan el ojo a la crisis educativa en el Estado, porque encuentran aquí “un enemigo común”, su voracidad ve una oportunidad en la crisis, la eterna huida hacia adelante, gritan contra la crisis, pero son la base de la misma. Todo lo cual deriva en su intención de filtrase en el negocio de la educación pública, que se les transfiera el aparato, que se les consienta contar con secretarios de educación “cocacoleros”, partidarios de la empresa y burocracias apegadas a su interés de clase, en desplazar las posiciones formativas humanistas y acelerar las dinámicas elitistas del modelo educativo empresarial selectivo y deshumanizante.

La crisis educativa es así un campo de disputa permanente con oscilaciones entre su agudización o el cambio de sus premisas. La crisis educativa es la forma continuada en que la educación en general discurre en el largo proceso de desestabilización del sistema capitalista al que hemos llegado, tiene solución mas esta no es interna, porque cada aspecto educativo está circunscrito a los factores dominantes materiales y de sentido. Todos estamos atados al sistema que la proyecta, necesitaríamos una ruptura precisamente sistémica para resolver sus nudos.

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Educación contrasistémica

La secuenciación educativa del Estado a nivel básico sigue la trayectoria planeada, no hay cambios sustanciales para el próximo ciclo, sin correcciones, ni proyecciones hacia un desarrollo en profundidad. Hasta las alertas institucionales de recarga administrativa y académica en cierto modo ya son una norma de improvisación para el siguiente ciclo sin que agreguen resultados positivos en la enseñanza, pero eso es lo que hay.

Mas bien, entramos en una etapa de degradación de los principios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) debido a las incongruencias entre la concepción y la realidad, entre la práctica de la política educativa frente a la praxis educativa magisterial, y también por efecto del sabotaje y ofensiva de los apologistas de la educación neoliberal.

La NEM pretendió establecer una fraseología antisistémica  como versión especial de la educación sistémica; la gran osadía no fue intentar cambios democráticos en este ámbito, sino en dejar intacto el poder y la dirección por una educación con tonos crítico-sociales en manos de los impulsores neoliberales de la educación acrítica.

Esa es la regla, la educación sistémica se adapta a las circunstancias del Estado, en tanto orden de prioridades de control social en una órbita siempre alineada al sistema imperante, tanto en el ideal con que se representa como en lo real que nos sujeta a las relaciones establecidas. Diferenciamos aquí los conceptos sistemático y sistémico: los procesos sistemáticos de cualquier índole que se refiere a procedimientos y procesos organizados fundamentales, respecto de lo sistémico como ideología apegada a las necesidades del sistema.

De aquí entonces la ideología de la educación sistémica consiste en una representación solidificada de un México armonioso que responderá a los retos oficiales, aunque el sistema social actual esté inmerso en una de las crisis de época más acuciantes de los últimos quinientos años, aún cuando se intente dotar de elementos críticos bajo control social. Por esta razón la educación liberadora se construye primeramente en resistencia, desde la praxis docente.

Para el Poder la pedagogía es una herramienta estrictamente fiscalizada, los docentes son empleados subyugados a los caprichos de la autoridad en turno y a la población sigue considerándose como el receptáculo para establecer la ideología dominante en el formato que convenga. Por supuesto, se apuesta a que cambiarían ciertos esquemas tradicionalistas para que todo siga igual, porque la burocracia podrá ser inepta en los procesos educativos, pero los de abajo no podemos equivocarnos en las órdenes recibidas, porque eso trae sus costos.

La SEP en general, de ahí para abajo todas las dependencias estatales educativas, nos mantienen en un tutelaje patriarcal de sujeción a todo el magisterio, lo que para unos son orientaciones para la mayoría son recargas de trabajo distractivas la mayoría de las veces de la labor verdadera de la enseñanza, pero que son requeridas por la parafernalia de arriba; hasta lo que para unos cuantos son súper vacaciones para el magisterio son periodos de “receso” sujetos a llamados de trabajo administrativo; lo que arriba se percibe como una labor continuadora del vasconcelismo, hacia abajo se adelanta que tendremos más trabajo que antes y que ya no más permitirán las autoridades nuestra pereza.

La disertación oficial es una cosa, la realidad educativa es otra distinta, se cierran ciclos con balances fuera del orden de los hechos y logros auténticos, para la SEP los logros son sus actos, para el magisterio los logros son sus triunfos y sus pendientes. Porque el Estado como se ha dicho, cubre sus prioridades, pero la sociedad en este campo tiene necesidades más urgentes.

Por su parte, la fobia a la conciencia magisterial no es un cuento, no es simplemente la fobia frente a los sectores que se movilizan por parte de las demandas y algunas de las necesidades; es un rechazo por toda la línea gubernamental y empresarial ante cualquier destello de educación consciente, contrasistémica, desde abajo del engranaje social. Desde arriba es repudiable que se desafíe la retórica oficial y comunicacional hegemónica, no importa cuanto la desmienta la realidad educativa o los procesos que viva el magisterio nacional como víctima de tantas situaciones del día a día como le ocurre al resto de la población.

La educación seguirá navegando en las turbulencias de los problemas estructurales de un capitalismo salvaje al que se quiere domesticar, las antinomias de la política educativa van en una secuencia surrealista entre la gran vida de la burocracia, el negocio en el ramo, la satisfacción del poder de dominar a la masa docente y hasta la institución pública como recompensa y trampolín político, frente a los desafíos más amplios de poner la educación a tono con la elevación de la conciencia y la cultura.

Efectivamente hubo bienintencionados en una línea general a este último fin, pero cual golondrina que no hace verano, jamás les dieron ni tuvieron los hilos para sostener sus posiciones, al final su esfuerzo es reconducido para dar color al tejido sistémico de educación, así fueron las cosas a falta de una presión más consistente desde abajo.

Ahora, la ultraderecha vociferante cobra valor y se ensaña con sus reductos, en tanto el magisterio a secas, el convidado de afuera, tendrá que seguir enfrentando el acoso, la ofensiva y el maltrato con la frente en alto y la dignidad de su trabajo perseverante por delante. Superar el estado de servidumbre general en que gravita la educación pública y privada respecto de las clases dominantes y sus ideologías afines es su reto más osado.

La educación debe ser liberadora, no una lápida que oprima en las entrañas del sistema, por ello es contrasistémica en tanto sus retos consistan en desactivar la visión de control social, solo en esta medida es que florecen los métodos e iniciativas de trabajo cultural en la enseñanza cotidiana enfocada en resurgir todo lo valioso del aprendizaje en una docencia y pueblo libres.

Por lo pronto la educación sistémica actual como política educativa está sometida a intensas presiones más desde la derecha envalentonada que desde la izquierda, desde el sabotaje interno hasta el rechazo declarado por la hoy oposición de ultraderecha, reclamando la vuelta a los procesos de la desgastada educación neoliberal y conservadora.

¿Por qué estas circunstancias trabajan a su modo y para mal de muchos? La respuesta es más general o global de lo que parece, no es nuestra desdicha nacional, nuestro desatino institucional o nuestro ejercicio docente.

El orden mundial y su debacle se proyectan sobre todos los pueblos y naciones, lo que, es más, sobre todas las clases sociales, nadie lo subraya, aunque todos respondemos a esta realidad, las presiones son muy intensas y los compromisos de las élites trascienden esferas como la educación, si bien es cierto que el gobierno actual y su predecesor hicieron resistencia, las cesiones se van sucediendo con entusiasmo o con desagrado según quien lo afronte.

El Estado mexicano se retroalimenta y engulle los nuevos procesos, el morenismo se hace pinto y colorado, las secretarías de Estado regresan a la vieja clase política, las gobernaciones siguen el fenómeno de la cuota de poder y así sucesivamente. Y lo que es más definitorio del fenómeno, el sistema da una vuelta de tuerca reajustando la dominación y el poder de sus relaciones sociales.

Sucede que la política imperialista que más se cierne sobre nuestro país está cargada de una feroz tendencia agresiva para plantarse los desafíos a su hegemonía, y por ello intenta arrastrar a cual más. Hasta el negocio del narcotráfico sigue ese patrón histórico de su organización de la periferia hacia el centro, una de cuyas ramas comenzó en Sudamérica, se estacionó por mucho en México y ahora concentra poder y capital en los Estados Unidos con sus cárteles intocables.

El injerencismo yanqui está en una nueva etapa política, con Trump tiene el ejercicio siniestro de presión-coacción para obtener paso a paso lo que quiere en el tema del control económico, político, migratorio, criminal, social y cultural del país, por eso la educación y el magisterio están en el proceso de ejercer un rol verdaderamente protagónico en defensa de la cultura, la enseñanza y la educación.

El injerencismo yanqui no va a parar mientras exista el imperialismo norteamericano como tal, su presencia es mayor y multilateral, aunque se quiera encubrir, sus agencias deambulan lo mismo que sus instituciones para ejercer el control no solo del Estado, de las élites y de los carteles; sino de la población en general y sus distintas clases sociales.

Por ello la educación contrasistémica con la sopa que nos da la SEP, ni remotamente podrá enfrentar los desafíos que se dicen del siglo XXI, sino de la existencia misma del México popular. La educación más amplia es emancipación y pedagogía que nace del pueblo para su proyección específica y su liberación.

La educación sistémica sigue alienada a la estructura el capitalismo y las políticas que lo intentan hacer un poco humano y convertir al pueblo en una comunidad anquilosada en estructuras cerradas imposibles en los marcos actuales, antes que exigirse eliminar las circunstancias históricas que se ciernen sobre nosotros.

Para responder a una perspectiva humanista amplia que se permita entrar en la esencia de los acontecimientos actuales de la enseñanza superando las prerrogativas empresariales y estatistas, la educación tiene que ser contrasistémica y contrahegemónica.

La educación contrasistémica discurre abajo en los procesos cotidianos, adaptando y desarrollando iniciativas de formación en el pueblo, sosteniendo la crítica constante en el desarrollo de las capacidades. No se esperan líneas verticales, prosigue su acción horizontal pedagógica, reúne fuerzas y medios de trabajar por la conciencia popular aún enfrentando retos más concretos en los problemas sociales cotidianos y lanzando la mirada a los más generales.

Una educación que inocule la perspectiva de derechos, deberes, amor al pueblo y su cultura, amor al trabajo, lucha popular y sentido crítico social. Hay una gran necesidad de cambiar el estatus de servidumbre educativa e invertir el sentido de la acción educativa para que proliferen los mil métodos de trabajo que la realidad reclama.

Fuente de la información e imagen:  https://insurgenciamagisterial.com

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La educación sistémica

Cada recambio del Estado mexicano presenta un plan de batalla en el campo educacional y formativo de la población para las generaciones presentes y las de relevo inmediato, un proceso que por lo regular se halla entrecruzado con las prioridades estratégicas de diversa índole en donde la centralidad no es necesariamente cultural, pero que descubre la naturaleza del orden que se fomenta.
Por encima de todo el Estado actúa con pleno uso de sus facultades y su poder en la educación por efecto del control político, las presiones sociales y el orden económico. Digamos para esto que, a nivel de la actual política educativa del Estado; de las primeras impresiones radicales en la educación, nos quedamos “a medias”, ahora vemos desfilar un gatopardismo hacia posturas abiertamente derechizadas de la burocracia de la SEP, sea por transfusión o contagio de lo que ya existía. En la enseñanza queda clara una retirada política de sus planes previos en alianza con las posiciones más reaccionarias, porque cada vez encuentra y fomenta desde sus instancias a las ideologías más afines a sus necesidades históricas y coyunturales de avasallamiento.
Queriendo abarcar todo, en este caso la Nueva Escuela Mexicana vino a ser ese plan institucional de enseñanza y educación que entre tantos temas se propuso modificar las condiciones de la violencia generalizada, la pérdida de identidad nacional y los fines educativos tradicionales de progreso y desarrollo, dicho esto sin adelantar cuánto encaja dentro de lo posible del panorama social creado. En esta reconstrucción idealizada del Estado patriarcal no todo es tan disruptivo como parece, dado que existe un precedente de la “educación socialista” en el Estado mexicano en la construcción de alianzas para su expansión, que quedó a la deriva en los tiempos.
Y aunque con un comodino rechazo desde las instancias empresariales, así mismo la empresa privada en educación opera con sus alternativas tradicionales tecnocráticas o empresariales para propulsar sus necesidades de educación y enseñanza de acuerdo a una lógica más rigurosa del mercado laboral o empresarial, que también omite otros objetivos y compromisos. En ambos escenarios, la bifurcación no desmiente la predominancia del Estado burgués que se sabe manejar y ha impulsado sustancialmente el crecimiento de la educación privada, ni mucho menos en lo que cabe al horizonte del ideal educativo.
El sistema regula o desregula dichos procesos en ambos cuerpos de la educación. Entre sus múltiples y gravísimos problemas de sus procesos, subyace uno fundamental que alimenta y se retroalimenta, este gran problema de la educación y la enseñanza es su supeditación o bien subordinación arbitraria del sistema social, limitante de una condición apenas perceptible sobre los verdaderos fines y controles de la educación.
Por ejemplo, en la lógica de deshacerse de la violencia como “subcultura” el plan (bajo una violenta resistencia oficial a develar las raíces de la violencia descontrolada), consiste en fomentar patrones de conducta pacíficos en medio de una turbulencia social que se estableció como parte del capitalismo de nuestros días, como forma de acelerar la riqueza, de ascender al poder económico y político del crimen organizado y del empresariado vuelto al formato de acumulación originaria por despojo, pero este es solo un detalle de la cuestión de adoctrinamiento social y de la docencia encargada de hacer cumplir el mando.
Ojo que aquí no se cuestiona el combate a la violencia criminal, la erradicación de la violencia o la lucha por la reconstrucción del tejido social desde las aulas, más allá de su discutible eficacia, pues la violencia trasciende la escuela, prevalece en la actual arquitectura de la sociedad; lo cierto es que la escuela mexicana de abajo siempre preconizó el pacifismo, la construcción solidaria del tejido social, y su resistencia cultural frente a la cultura hegemónica, no así la oficialidad anterior, la gran empresa y las viejas políticas. En ello consiste la diferencia con el antes, de ahí en fuera, los resultados no cambiaron. Cuestionamos las premisas de que se parte y a las que se desea llegar: un capitalismo humanizado, ¿sueño o señuelo?, cierto que hay mucho de proyección y otro tanto de simulación entre quienes la sustentan, pero interesan más los resultados reales, ya visibles en el proceso.
La educación como instrucción, sus instituciones (familia, aparato del Estado, empresa, capital) cobra características de una gran estructura cuasi estatal que rige, determina y dispone en sus ámbitos para el fluir de la cultura, la ideología, el
control, el modo de pensar y actuar. Así entonces, las ideologías, políticas y programas que nos sujetan en la escuela pública y privada, expresan formas de alienación análogos que supeditan, asimilan y en gran parte fijan el trabajo docente.
El trabajo de los programas educativos, la ideología y política profundas en la educación, había estado muy claro para las distintas posiciones sociales, aún las más conservaduristas y obtusas, y lo sigue estando bajo los aspectos más generales, sin embargo, la narrativa oficial que proclama el discurso crítico educativo siempre y cuando no sea práctica consecuente por los actores educativos en relación al estado de cosas del sistema, ha vuelto relativas algunas temáticas.
La opacidad es conveniente de arriba hacia abajo, hablemos del pensamiento crítico asimilado a la NEM, le sienta bien mientras que no interfiera con lo que sucede en las entrañas de la SEP que hace parte orgánica del problema educativo (vulneración de derechos, verticalidad institucional de control, subestimación y subordinación de la experiencia y creatividad docente, repartición de la institución entre facciones políticas y grandes empresas, corrupción, negocios, complicidades sindicales, tradicionalismo formativo y verticalidad de poderes). Hasta la crítica más sutil a las prácticas del aparato en cualquier eslabón de la cadena es motivo del rechazo institucional virulento.
El pensamiento crítico llamado a actuar en la NEM no dice nada sobre los reclamos del magisterio que no sea lo que el discurso oficial “recoge”, no puede tener voz, porque entonces le resulta una complicación contra la cual lidiar y a la cual le cae todo el peso de las campañas de desprestigio en complicidad con las empresas de la comunicación. El citado pensamiento crítico oficial se vuelve una celada, un artificio que promueve un esfuerzo solo para una carga de aprendizajes, mas no para poner en tela de juicio los vicios de la instrucción pública y privada, de la cultura burguesa, la ideología social y la dominación de clases realmente existente.
La realidad del trabajo docente es que a la carga tradicional de contradicciones de la política educativa se acumularon otros tantos que no acabaron por suplantar o superar el estado anterior, por lo que, en lugar de una insinuada deconstrucción sistémica, terminamos en un ensamble imperfecto entre una vieja élite opresora reposicionada y con mecanismos inconsistentes para superar el problema educativo.
Que dado el punto indefinido en que nos encontramos aleja los objetivos antes postergados por el neoliberalismo sobre: a) el rezago educativo al desmarcarlos de la búsqueda metodológica, b) del desarrollo del niño en sus necesidades fundamentales, c) de las armas socio-pedagógicas frente al problema educativo, d) de los problemas socioeconómicos expresados en la enseñanza, e) del elitismo y del clasismo, f) de las secuelas de la salud poblacional bajo el capitalismo salvaje que se expresan en múltiples dificultades de aprendizaje, g) de la agresión ideológica alienante a través de las nuevas tecnologías, h) de los graves problemas de atención y concentración que se expresan en el aula, al igual que de la pérdida de capacidades de autorregulación, i) del desarrollo del pensamiento lógico, científico, crítico y social del sujeto, y j) de las mayores dificultades en el desarrollo de la conciencia y maduración en el escolar. Sin olvidar las múltiples presiones de la coerción administrativa hacia el magisterio.
La educación institucional tiende a desplazar los procesos de enseñanza por múltiples apetencias circunstanciales a lo largo de cada ciclo, con una formación oficial limitada, los propios los concejos técnicos escolares dado el esquema de control son mediatizados a la bajada de línea. La NEM no cuenta con procesos enteramente coherentes en la búsqueda de soluciones a su ideal formativo (progreso, diálogo, paz, humanismo o desarrollo), estos están enmarcados en prioridades estatales.
El trabajo educativo es interferido por medio de la política, pero sin apoyos a su labor, más que los que dicta la propaganda de masas y su adoctrinamiento, el magisterio solo cuenta con su ingenio, el desarrollo de sus experiencias y todo cuanto emana de su práctica. Esto crea un conflicto constante entre lo que en el escritorio con poder se crea y se cree que funcionará a las mil maravillas, aun cuando esté descentrado de los problemas educativos reales y de las necesidades formativas de la población.
La postura oficial real, contra la que lidiamos diariamente en el oficio es otra cosa distinta a la simulación, ella nos visualiza como su propiedad, en este sentido extiende sus derechos sobre nosotros, además, siempre culpa a la docencia, con o sin delicadezas de las desventuras educativas del país, entreteje una serie de normas que culpabilizan, responsabilizan y
obstruyen el trabajo del magisterio, estableciéndose como una carga más contra la cual batallar y a la cual enfrentar en el trabajo diario.
La narrativa seguirá siendo embellecida al tiempo que la práctica oficial se corre más a la derecha en tanto ejercicio de las estructuras de poder. Así lo punitivo se va haciendo cotidiano, se encubre bajo la postura de luchar contra las resistencias al discurso oficial por nuestra desaplicación y desacato a lo establecido por el plan. La culpa solía ser una declaración frontal de responsabilidad, oficial y mediática, como lugar común del adoctrinamiento social, ahora está en un nivel de interiorización religiosa sentirse culpable, como el deber del ser “revalorizado” que debe cumplir con mostrar resultados con un plan y programa que fue inducido desde arriba sin una lógica interna formativa previamente despejada y probada, al cual debemos simplemente implementar.
Felipe Cuevas Méndez

 

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México: La educación en el ojo del huracán

Hay una polémica esperada que llega inmersa en intrincados intereses sociales, a la vez que sesgada y subordinada a otras agendas. Independientemente de cuanto pueda derivar en otra cosa, o que a nivel de sus actores se logre desviar la atención a la construcción de un proceso político bajo su control y delimitación; está presente con justo valor la lucha por la educación pública.

Lo que comenzó como una reacción mediática de dos “eminentes” magnates a la política educativa del gobierno de AMLO, trascendió en oportunidades políticas que distintos actores han tomado en sus manos, unos a favor, otros en contra del tema sobre la edición y difusión de los nuevos Libros de Texto. Hacen girar el tema sobre estos posicionamientos en el entendido de que sería lo fundamental.

Cada cual tiene sus cálculos, cada cual considera su posición ya victoriosa como punto de partida para nuevas acciones políticas y naturalmente mediáticas. Lo que está en juego trasciende la política educativa como tal, los intereses económicos y políticos sobre el ejercicio del control pleno del aparato estatal lo es todo, y la educación pública está comprometida como parte del botín.

Los grandes burgueses en este momento están liderados por Salinas Pliego y Claudio X. González, comprometidos en este escenario, centran sus esfuerzos hacia predicciones futuristas de este “río revuelto”, saben que la beligerancia como estrategia de ultraderecha con toques de fascismo, puede convertirse en un medio eficaz para apuntalar la defensa de sus intereses y a sus títeres políticos rumbo a la carrera presidencial. De modo que decidieron probar en una especie de laboratorio mediático, la cobertura que les permita restablecer sus deseos de recuperar la iniciativa política por el control total de las políticas estatales.

Por su parte el gobierno evidentemente enfrenta esta guerra mediática en su propia perspectiva estatal. La situación también le viene a pelo, asegura la ejecución de sus posiciones educativas, pero más allá de ello, maniobra con ventaja en un panorama que tradicionalmente lo lleva a la defensiva, que en esta oportunidad reorienta en función de sus campañas y su inminente continuidad. Esta “coyuntura” le permite evidenciar el atraso, el clasismo, la decadencia, las intenciones, y los intereses del conjunto de la oligarquía.

Pero como bien está debatiéndose, no todo es una cortina de humo, no todo es una cuestión de antagonismo exacerbado entre la burguesía y el gobierno, aunque se discute con encono, cada ente comprometido en esta realidad política, mediatiza de acuerdo a sus tendencias y propósitos. Las diferencias aquí son relativas, oscilan en torno al aparato del Estado y su lugar en la organización del capitalismo, los actores dicen no ser enemigos sino divergentes, oscilantes entre el neoliberalismo ultra y el nacionalismo progresista.

También es cierto que no todo termina mecánicamente en estos márgenes, hay posiciones sobre una perspectiva social diferente que se dibuja y diluye por momentos. Algunas posiciones forman parte de una retórica entre fascismo y comunismo, otras son auténticas posiciones de clase que no logran establecerse plenamente por el avasallamiento de los principales actores del debate, que seguramente se mantendrán. Por la trascendencia de la discusión, hay posturas claras que centran su posición en horizontes alternos, su papel está en abonar un campo más basto, a la vez que trazar sus batallas de clase en lo social, político y educativo por ser este el caso.

Sin duda en algún momento, como todo debate, el tema saldrá de la línea fundamental de la política que se enmarca en los medios y las redes, así como de la trama política en la vida del país. Lo que no va a desaparecer es el debate de lo educativo, este se avivará en la medida que la Nueva Escuela Mexicana se vuelva la práctica de la educación pública.

Hasta aquí la política y sus circunstancias, es un tema interesante y profundo, más hay que considerar la cuestión del factor humano propiamente del cual se habla pero que escasamente interviene excepto para tomar una u otra posición establecida.

Decíamos que hay cuestiones que no son tan antagónicas como se presentan. Los actores principales están midiendo sus posiciones y delimitando hasta dónde les es permisible actuar sin lastimarse demasiado en sus intereses compartidos. Por ejemplo, los magnates por decirlo así no han sido expropiados en sus capitales, el Estado ha trabajado por el bien de todos como dice, cuidando los huevos de oro y la gallina que los pone. La cuestión está más calculada en la distribución de los recursos públicos que en la propiedad privada de los monopolios, la cual no se cuestiona ni se amenaza, acaso en ciertas circunstancias se plantean restricciones al apetito voraz del gran capital y por resolver angustiosas situaciones a nivel de la pobreza de la población.

La materia educativa desde la perspectiva oligárquica se presenta a debate por cuestión de los recursos económicos que mueve, de los cuales una parte importante ya no llegó a las arcas empresariales. Solo una parte, puesto que siguen innumerables concesiones, contratos y negocios de capital público y privado, ya sin tomar en cuenta que el ciclo escolar conlleva la activación de un sector importante de la economía capitalista.

La esencia del proceso educativo, escasamente entra en la visión burguesa a no ser por un vulgar ataque anticomunista trasnochado, la burguesía, especialmente la de élite, ya está casada con un esquema educativo inherente a su estirpe y naturaleza, educa lo que le genera ganancia, todo lo demás le resulta aberrante. En los subsiguientes peldaños de la burguesía efectivamente hay nuevas referencias educativas enfocadas en el crecimiento del sistema y la interiorización de sus relaciones sociales en la psique de los pueblos. Por otra parte, entre las clases medias hay un mayor hervidero por la calidad y eficiencia de la educación como medio de movilidad social hacia arriba para su sector.

La confrontación adquiere notas rojas porque creen que se les quita algo, que les arrebatan direccionalidad en el ejercicio de la dominación social y la autoridad de clase hegemónica. La burguesía se siente amenazada aun tratándose de llevar a cabo propuestas incubadas en el seno de muchos de los pedagogos de las clases medias y la reedición desinfectada de la pedagogía de los oprimidos.

Las élites se indignan porque se rocen nuevos esquemas de la acción pública en torno a lo social, las relaciones humanas y la comunidad, desde luego no es una torpeza burguesa, obedece a fuertes intereses de mantener a raya al pueblo en tanto creen que el gobierno está jugando con fuego porque no conciben otros medios de preservar el orden capitalista. La reacción está vinculada a la violencia en las escuelas, su sistema guarda relación directa con la agresión al magisterio y las escuelas de forma permanente, su guerra mediática viene escalando en este terreno.

Entre la élite y el gobierno existe una lectura diferenciada, a una parte le preocupa el aprendizaje social desde abajo, a otra parte le preocupa la descomposición social, individualista y de la violencia que socava las facultades del Estado Nación. Unos ven solo un negocio, otros las pérdidas del negocio; en ambos casos hay un sentido de identidad respecto de mantener el actual sistema social en perspectivas diferenciadas del horizonte y la estrategia político capitalista.

En esta disputa estamos entre el rechazo y la panacea, siendo específicos en lo que concierne al sentido de los Libros de Texto, los anteriores pecaban de saturación de contenidos pues así obedecía la visión educativa tradicional, los nuevos pecan de saturación de proyectos por así plantearlo la subordinación de su propuesta. La ventaja de estos últimos es la contextualización, el aprendizaje situado, aunque de momento se asegure que hay que tomar lo más valioso del aula, bastará con comenzar el nuevo ciclo para que la presión institucional se haga sentir. Los libros de Texto son un derecho, son puntos de apoyo y medios guía en el proceso, pero no suplen la carencia de materiales que el o la docente debemos producir, crear, innovar o recuperar en nuestro trabajo.

Aunque la intelectualidad coloca todo aquello que sale de sus considerandos como algo secundario y cosa práctica de nosotros los ejecutantes. El cambio de perspectiva es importante por esta circunstancia antes que por un libro o un proyecto en sí, porque como siempre, traerán dificultades de acoplamiento y de proceso en virtud de que siempre nos encontramos ante situaciones que definen los mecanismos del proceso enseñanza-aprendizaje en rumbos específicos que reclaman un material y un enfoque determinados para atenderse.

Es este el sentido de lo pedagógico, nuestra lectura de lo que el grupo y el estudiante requieren, se lleva a cabo a través de intercambios y arduas exploraciones, más que solicitando lo que se desee hacer pues en todo caso nuestra presencia sería irrelevante ya fuese porque el libro lo tendría todo o porque el estudiante se podría valer por sí mismo en su autoformación.

El factor humano, el componente pedagógico, es considerado en subordinación, no ahora sino desde antes, es visualizado como simple capital humano. Por supuesto, toda innovación pública será acompañada de consultas y se nutrirá de aportaciones con las más nobles intenciones, compromisos o consideraciones de distinto género a la propuesta voluntaria pero obligatoria de fondo, ya al final hay un corte institucional que funciona a modo de edición oficial. Es una tabla rasa de distintos tonos, a marchas forzadas se puso al magisterio a trabajar sobre las decisiones tomadas en otras esferas, lo mismo hace la escuela privada. La empresa pública y la empresa privada no difieren respecto de esta conducta hacia sus subordinados.

La movilidad del pensamiento pedagógico y educativo, es una dialéctica del aprendizaje y el descubrimiento sobre la base de luchas sociales que le tocan en sus fibras, no hay fórmulas mágicas, los libros no determinan del todo, aunque sí lo hacen las cadenas de mando.

En este proceso en el sector de la educación oficialmente se puso de moda combatir el autoritarismo, la disminución de la carga administrativa y propagandizar la autonomía. Pero la letra chica del contrato lo que hacía era reforzar los lineamientos de mando, el hacer las cosas de un modo específico previamente dictado, el anular la autonomía a esquemas de trabajo escolar preconcebidos, el abandono de las urgencias indispensables en la pedagogía y la enseñanza, en estresarnos con la carga administrativa y sobresaturarnos de acciones improvisadas a lo largo del ciclo

Esto no va a cambiar porque obedece a la dinámica de mando de la Secretaría de Educación Pública con sus distintos mandos burocráticos los cuales escasamente han modificado el modo de hacer y practicar su política, en tanto es el ente encargado de las relaciones de poder en torno a la educación pública nacional.

La enseñanza no puede hacerse sin el componente pedagógico del magisterio, pero este bien puede ser mediatizado además de las circunstancias de su formación y origen, ya que sobre él actúan influencias de múltiples géneros. El magisterio nacional es parte del espectro social, recibe presiones desde todos los ángulos, si bien tiene establecida una formación que le permite captar el sentido de su labor, se enfrenta a colosales retos en sus luchas por establecer una mejor actuación en estas circunstancias. Para ampliar el panorama, tampoco podemos suplir las ausencias de otros factores sociales en la educación, ni desaparecer los ámbitos que perjudican la enseñanza, como los poderes establecidos en la población, la violencia, la mediática, la cultura de la alienación o las componendas sindicales.

Es tarea del maestro y la maestra transversalizar los tantos aspectos de la educación. No puede comprometer una postura absolutista, mucho menos en abrazar a las clases dominantes culpables de tantos experimentos fallidos en la arena educativa. Lo que ha sido incubado en los cubículos sin sustento real por la sobresaturación y urgencia de quienes no han probado el trabajo con niñas y niños; tendrá que recibir las pruebas de fuego de la práctica educativa.

Lo desechable se hará evidente a las primeras, así como ya desde hoy está claro que de ningún modo se puede soslayar la matemática ni el dominio de la lectoescritura en una contextualización subordinada, aunque esto ya se presentaba desde el ángulo de la educación por contenidos sin buenos resultados. Viene un proceso de transición en el mejor de los casos para el magisterio en el cual ajustará aspectos al escenario real y frente a las agendas recargadas de la autoridad educativa; con el fin de tener margen de maniobra para potenciar sus propias experiencias.

Las circunstancias en que arriba este proceso no serán las mejores o las más apegadas a cualquier programa virtuoso, pero su importancia trasciende porque colocan a la educación en el ojo del huracán en medio de numerosos intereses y visiones de clase. Presenta la ocasión para situar la educación en boca de las clases oprimidas frente a las terribles circunstancias de la alienación capitalista y la histórica crisis educativa.

La creatividad e iniciativa en busca de nuestra educación popular emancipadora cobra posibilidades en el marco de un escenario agitado, esto es importante en sí mismo para alentar otros planteos sobre la experiencia pedagógica desde abajo entre tantas adversidades para levantar un trabajo docente auténtico de conciencia y obra.

Se puede estar de acuerdo o no con la propuesta oficial, tiene falencias, pero los cambios son necesarios, hay que sepultar la escuela tradicional memorista, aquella que se vanagloria e inculca en nosotros catalogarla como la mejor del mundo, tenemos que empujar el parto de lo nuevo, el pueblo mexicano necesita ese renacer.

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El Mexe y la renovación del normalismo rural

Por: Felipe Cuevas Méndez

A las normales rurales se le sacrifica mediante su cierre. Además de que se reducen sus espacios o se libra una batalla subterránea por privatizarlas por nuevas vías, encarecerla y marginar de ellas a las hijas e hijos del pueblo en condiciones de pobreza.

Son un proyecto histórico educativo de trascendental importancia y actualidad para el pueblo mexicano, las normales rurales son proyectos que plantean la labor de recomunalidad en el seno del pueblo mexicano, su profesionalización incluye la lucha por la reconstitución del tejido social en las comunidades. En el caso de la Normal de El Mexe, siendo patente su contribución en la formación del magisterio hidalguense y nacional, también se percibe su ausencia con dolor y estragos educativos sociales después de que el gobierno neoliberal decidiera cerrar el Internado por razones represivas y antipopulares. La propia Secretaría de Educación Pública de Hidalgo (SEPH) reconoce la falta de maestros y maestras en Educación Básica, la carencia se refleja sensiblemente en la falta de especializaciones hacia áreas cada vez de mayor importancia para la educación de la niñez, los adolescentes y la juventud hidalguense.

Dicho proyecto formativo y del conjunto de las Normales Rurales del país abiertas o cerradas desde hace varias décadas, tienen las condiciones que permitirían la apertura de su sistema de enseñanza pedagógica e investigativa altamente calificada a nivel licenciatura y posgrado para hijos e hijas del pueblo, tanto como para su magisterio. En general la línea educativa y pedagógica del normalismo rural potencia las perspectivas de contribuir a elevar la formación y cantidad de maestros y maestras para los niveles de preescolar, primaria, secundaria y bachillerato de que tanto estamos necesitando en las diferentes regiones del país.

El normalismo rural es un bastión de la revolución mexicana, además, constituye un punto de apoyo para la formación de las consciencias en sentido crítico, revolucionario y popular; para lo cual debe mirarse el despojo al que fue conducido, afrontando el deber de impulsar su sentido y posibilidades de contribución a la educación popular en las actuales circunstancias históricas.

El Mexe

De esta forma particularmente El Mexe pronto podría aportar culturalmente en el ámbito de Normal Rural como institución universitaria de la educación y la pedagogía enfocada a la enseñanza popular atrayendo intelectualidades que aportasen a esas perspectivas. Las y los egresados de la normal, en conjunto con otras organizaciones sociales y comunitarias recibimos de primera mano la manifestación de necesidad y oportunidad de reabrir El Mexe para el pueblo, en condiciones en que realmente su proyecto tenga arraigo entre las generaciones de jóvenes, estimule su desarrollo y contribución hacia la sociedad y su cultura.

Para estos propósitos tomamos en consideración varias estrategias:

a) Posibilidades autogestionarias dado el espacio para la exploración y explotación agropecuaria en protección del medio ambiente, que además de complementar diversas necesidades, amplifican la red de conocimientos a desarrollarse desde sus instalaciones.

De esta manera se introducirían materias optativas en función con los potenciales productivos de los Internados, fomentando el sentido de cooperativismo, la recomunalidad y el trabajo de campo.

b) Por otra parte, el presupuesto estatal que se le conceda tendría que enfocarse con toda transparencia a cubrir algunas de sus prioridades ante académicos, trabajadores y alimentos, en tanto otros recursos pueden obtenerse de sus actividades agrícolas propias y otras posibles obras productivas. Se requeriría una verdadera contribución oficial en equipamiento didáctico y otros recursos necesarios.

El Mexe es una alternativa muy importante para los hijos e hijas del pueblo en las condiciones actuales de capitalismo salvaje que les despoja, expulsa y condena a una vida de miseria. El Internado permitiría a varios miles de jóvenes optar por un trabajo gratificador, digno y profundamente necesario al país. Pues sus egresados formados en el arraigo comunitario y la potenciación de la formación popular comunitaria acrecientan el desarrollo cultural local.

Por lo que se refiere a la Universidad Politécnica de Francisco I Madero, esta instancia podría fusionarse en la renovación de la educación Normal con nuevas implicaciones. Donde haya una trasfusión y complementariedad entre las asignaturas y formación politécnica con las áreas educativas para abrir nuevas posibilidades de profesionalización de los jóvenes estudiantes. Al tiempo que la formación de las siguientes generaciones de maestras y maestros se formen en el conocimiento politécnico muy necesario para su desempeño profesional en las comunidades.

Para que sea posible y sustentable en términos de una justa organización interna cuyo propósito sea fortalecer un nuevo sistema de enseñanza popular acorde con las necesidades emergentes en la población del estado, consideramos indispensable practicar una administración autónoma que sea una combinación colectiva entre autoridades, personal, estudiantes y comunidad.

Se necesitaría una consejería general, académica, estudiantil amplia que custodie el buen desempeño de su labor administrativa y pedagógica. Consejo integrado por el cuerpo académico, administrativo, trabajador, estudiantil, comunitario y organizacional de los sectores interesados en su adecuado funcionamiento. A la par de recuperar terreno en las diversas áreas pedagógicas a nivel licenciatura y de atender las carencias formativas que van manifestándose; podría crear programas de maestrías y doctorado en áreas específicas de educación crítica para un cuerpo externo de educandos principalmente venidos de la propia base magisterial urgida de acceso a estudios superiores.

Se priorizaría la formación de planes de estudio acordes con las necesidades educativas del estado y sus distintas vertientes de licenciatura en la enseñanza primaria (educación física, educación artística, educación secundaria, psicología educativa, educación indígena, investigación educativa, especialidades en las diversas ramas de la enseñanza básica, educación básica general, educación especial, historia, etc.), al paso que tiene expectativas de instruir en la enseñanza primaria y alfabetización verdadera de la población rural, además de dar cabida a nuevas carreras tecnológicas y de biodiversidad destinadas a la educación y producción en el campo mexicano.

La posible colaboración educativa de este centro y otro tipo de universidades permitiría resolver las lagunas y problemas recurrentes de actualización de los conocimientos o experiencias, siendo por tanto viable el establecimiento de puntos de contacto a estos niveles. Subsanando en este sentido las anteriores deficiencias programáticas tendientes al teoricismo, pensando en una adecuada combinación práctico-teórica-técnica comunitaria basada en las prioridades de la enseñanza real en el Estado.

A ciencia cierta existen compromisos para la reapertura de la Normal, en ese sentido, existe corresponsabilidad para la reconstitución de la Normal Rural en condiciones que le permitan sustentabilidad económica, pedagógica e integracionista en el seno de la sociedad hidalguense y mexicana.

Así mismo, conscientes de la falta de posibilidades de estudios superiores de posgrado para las maestras y maestros en la dirección de desarrollar nuestras concepciones pedagógicas y otras áreas educativas de importancia; en sus espacios se cabe integrar cursos, diplomados, maestrías y doctorados.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246799

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