Chile: Estudio revela que niñas y niños piden más juego, naturaleza y afecto en su educación

«Escuchando las voces de los niños y niñas para la transformación» es una investigación inédita dirigida por la académica del Departamento de Educación, Mónica Manhey, junto con Sofía Espinosa, Aylene Lazo y Camila Villalobos, estudiantes de quinto año de Pedagogía en Educación Parvularia e integrantes del Núcleo de Investigación en Primera Infancia y Políticas Públicas.

El estudio recogió las opiniones de 105 niñas y niños de entre 4 y 8 años sobre la educación que reciben y la que desean. Las y los participantes provenían de jardines infantiles, colegios y liceos públicos y privados de la Región Metropolitana.

Uno de los hallazgos que más interpela al equipo investigador es que los principales anhelos expresados por las niñas y niños -más juego, mayor contacto con la naturaleza y vínculos afectivos cálidos- coinciden con aquello que la evidencia científica internacional identifica desde hace años como una educación de calidad durante la primera infancia.

«La pregunta que nos deja el estudio no es técnica, sino política: si sabemos lo que necesitan y lo que ellos mismos piden, ¿por qué seguimos sin traducir eso en cambios concretos en el currículo escrito y vivido? Escuchar genuinamente a la infancia no es solo un imperativo ético derivado de sus derechos, sino también una vía muy directa para mejorar la calidad de la educación que les ofrecemos», comentó la profesora Mónica Manhey.

Presentación ante organismos nacionales e internacionales

La presentación pública de los resultados se realizó el 31 de julio en el Auditorio Pedro Ortiz y fue encabezada por las tres estudiantes, quienes cursan quinto año de la carrera y se encuentran en periodo de práctica profesional.

Las palabras inaugurales estuvieron a cargo de Camila Barrios, del Departamento de Educación. En el ámbito internacional, comentaron y valoraron la investigación Patricia Misiego Telesca, representante de UNICEF Panamá, y María Julia Garcete, directora general del Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la Organización de los Estados Americanos (IIN-OEA), con sede en Montevideo, Uruguay. Ambas destacaron la relevancia del estudio para la incidencia pública.

En Chile, también valoraron la iniciativa Denise Arriagada, vicepresidenta subrogante de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI); Ivonne Morales y Odette Barahona, de la Agencia de Calidad de la Educación; la exsubsecretaria de Educación Parvularia Claudia Lagos; y el profesor Carlos Andrade, codirector de la Cátedra UNESCO sobre Bienestar de la Niñez y Juventud, Educación y Sociedad de la Universidad de Chile.

Participación de más de 100 niñas y niños

Para desarrollar la investigación, se seleccionó intencionalmente una muestra que permitiera representar distintas realidades educativas de la Región Metropolitana. Entre los criterios de inclusión se consideró la participación de niñas y niños de entre 4 y 8 años que cursaban segundo nivel de transición, primero o segundo básico.

La muestra buscó, además, incorporar paridad de género, diversidad sociocultural -incluidos pueblos originarios, familias migrantes y niñas y niños con discapacidad-, así como diversidad territorial y socioeconómica.

Las y los participantes provenían de establecimientos públicos y privados de comunas con distintos niveles de ingreso, desde Pedro Aguirre Cerda, Cerro Navia y Puente Alto hasta Vitacura y Ñuñoa.

«Inicialmente proyectamos una muestra de 60 participantes, pero en terreno alcanzamos 105, ello debido al entusiasmo de los niños y niñas y la apertura a las educadoras y direcciones de los establecimientos», relató Manhey.

Lo que dijeron las niñas y niños participantes

La metodología consideró una entrevista semiestructurada que fue presentada a las niñas y niños como «el juego de la entrevista». Esta incluyó cinco preguntas abiertas, se realizó principalmente en formato grupal -o de manera individual, según el contexto- y tuvo una duración máxima de 30 minutos.

Las entrevistas se realizaron sin la presencia de sus educadoras o educadores, con el propósito de que las y los participantes se sintieran libres de expresar sus opiniones. Las preguntas abordaron lo que más y menos les gustaba de su jardín infantil o colegio, cómo imaginaban su establecimiento ideal, cómo les gustaría aprender y qué les dirían a sus educadoras sobre la manera de realizar las clases.

Los comentarios fueron organizados en tres grandes categorías. En primer lugar, se identificó aquello que más valoran de su experiencia educativa actual. El juego apareció de manera transversal como el elemento central -«me gusta jugar en el patio con mis amigos»-, junto con los vínculos afectivos con sus educadoras, a quienes se refirieron como «las tías», y el deseo de «que digan cosas bonitas».

En segundo lugar, surgieron críticas relacionadas con recreos que consideran demasiado breves, patios de cemento con pocos elementos naturales -«casi no tenemos piedras… es pasto falso»-, conflictos entre compañeras y compañeros y una cantidad de tareas que perciben como excesiva.

Finalmente, las niñas y niños expresaron sus anhelos de transformación: más naturaleza y espacios para jugar, infraestructura lúdica, como columpios y juguetes, y elementos propios de su cultura infantil, como videojuegos y personajes de fantasía. Estas respuestas reflejan su deseo de incorporar aventura, juego y sorpresa en el aprendizaje.

Las infancias sí opinan

El estudio confirma que las niñas y niños, desde los 4 años, son capaces de formular críticas fundamentadas y propuestas de transformación educativa cuando se generan condiciones adecuadas de escucha. Para ello, se requiere utilizar un lenguaje sencillo, respetar sus ritmos y aplicar técnicas lúdicas que reduzcan la asimetría de poder entre las personas adultas que investigan y quienes participan del estudio.

Según la profesora Manhey, la clave no está en la edad, sino en el tipo de interacción que se logra generar, en este caso, mediante un juego.

«Que este tipo de investigación sea poco frecuente -sobre todo en Chile y América Latina- responde a una tradición adultocéntrica que históricamente ha tratado a la infancia desde la lógica de la ‘incompletitud’, como sujetos en preparación para la vida adulta y no como actores sociales con opinión propia y válida hoy», comentó.

A esto se suman obstáculos concretos. La investigación con niñas y niños pequeños exige protocolos éticos rigurosos, tiempo, recursos y formación especializada para realizarla adecuadamente, condiciones que muchas veces desalientan a los equipos de investigación.

La investigación se desarrolló en el marco del proyecto de Fortalecimiento de la Productividad y Continuidad en Investigación (FPCI) 2024, código 10-0924.

Carolina Escobar, periodista Facultad de Ciencias Sociales.

https://uchile.cl/noticias/243092/estudio-ninas-y-ninos-piden-mas-juego-naturaleza-y-afecto-en-su-educacion

Comparte este contenido:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *