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El 90% de los docentes cree que su labor mejora la sociedad, pero solo la mitad se siente reconocido

Por: Educación 3.0

Más del 80% de los docentes creen que la tecnología puede facilitar el aprendizaje del alumno y el 70% de ellos se tienen que formar en tecnología por su propia cuenta. Estos son algunos de los datos que recoge un estudio reciente sobre el papel de la tecnología en la educación actual.

Más del 90% de los profesores y futuros profesores está orgulloso de formar a los ciudadanos del mañana y creen que su profesión contribuye a crear una sociedad mejor. Sin embargo, a pesar de que son conscientes de su relevancia social, sólo la mitad (56%) se siente bien reconocido en su profesión.

Así lo muestran los datos recogidos en un estudio realizado por la plataforma internacional de sostenibilidad Quiero y Samsung Electronics, que busca conocer el papel que está jugando la tecnología en la educación actual y el que podría tener en el futuro. Para ello, se han entrevistado a docentes de Primaria y Secundaria, tanto de escuelas públicas, privadas y concertadas, así como a alumnos de último año del máster en Educación Secundaria y estudiantes del grado de magisterio.

Según el informe, el 70% asegura que se sienten sometidos a mucha presión por parte de las familias de los alumnos, aunque, a pesar de ello, solo el 16% manifiesta tener conflictos con los padres de alumnos con mucha o bastante frecuencia.

En este sentido, cabe destacar que tanto los profesores actuales como los futuros profesores (un 73%), consideran que la educación y el respeto de los alumnos hacia los docentes es mucho peor que el de la generación de hace 10 años, según los datos extraídos del estudio.

La tecnología, un elemento fundamental para la integración en la sociedad

El estudio también destaca que más del 70% de los profesores se forman en tecnología para la educación por su propia cuenta, o bien con ayuda de otros profesores, Internet, tutoriales o directamente experimentando con herramientas y aprendiendo a base de ‘prueba y error’.

Además, casi la totalidad de los profesores españoles (89%) coinciden en que, para estar integrados en la sociedad, tienen que estar al día de los avances tecnológicos. En esta línea, más del 80% coincide en que la tecnología en la educación puede facilitar el aprendizaje del alumno. De hecho, el 67% siente que la tecnología puede ayudar a relacionarse mejor con el alumno y saber más sobre ellos (por ejemplo, qué necesitan, qué piensan, qué les gusta).
labor docente

En este sentido, el 71% de los docentes también considera que la tecnología fomenta el trabajo en equipo, la interacción con los compañeros, la creatividad y otras competencias sociales.

Por otro lado, a pesar de que la tecnología está presente en la educación, hay una percepción mayoritaria (88%) de que su uso en las aulas es menor que el uso general que hace la sociedad, según los datos. En este sentido, al 71% de los profesores le gustaría sacarle el máximo rendimiento a esta en el aula para adaptarse a las necesidades propias de la sociedad en la que vivimos.

Una educación personalizada

Otro de los aspectos que se observa en el estudio es la idea de que un buen uso de la tecnología puede contribuir en el avance de una educación personalizada; una educación que ponga en el centro las necesidades particulares de cada alumno.

En esta línea, la tecnología permite una mayor adaptación y flexibilidad para poder abarcar una diversidad cada vez mayor en las aulas. Tal y como desgrana el estudio, cuando la tecnología se centra en el alumno favorece su empoderamiento, es decir, se hace más responsable de su educación.

Los retos de la educación actual

El informe también hace hincapié en los retos a los que se enfrentan los profesores en el futuro. Así, se resaltan dos tipos de retos: estructurales y socioculturales. Entre los estructurales, destaca el de las aulas ‘masificadas’ (el 72% piensa que el ratio de alumnos por clase es uno de los principales problemas para poder formar a los alumnos adecuadamente), acompañado, en menor medida, de un malestar por un cambio constante en las leyes que rigen la Educación. Le sigue la dificultad de impartir un temario que consideran demasiado extenso y que deja poco espacio para trabajar en valores y competencias sociales.

Entre los retos socio-culturales, el más necesario es el de conectar con los alumnos, tanto personalmente como con los contenidos, ya que se percibe que la distancia entre generaciones es cada vez mayor. Esta preocupación se articula en la necesidad de captar la atención e interés del alumno para poder ejercer su labor de profesor. Muy ligado a este reto de conexión y a la educación personalizada a la que se aspira en el futuro, está el reto de gestionar la diversidad en las aulas, que cada vez es mayor. Otro desafío importante está en la necesidad de formarse y usar adecuadamente la tecnología en las aulas, muy ligado a la necesidad de introducir nuevas metodologías de enseñanza que permitan la conexión tan deseada y alcanzar esa educación personalizada ideal.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/labor-docente-mejora-la-sociedad/

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Lo que los asistentes inteligentes aportan a la educación

Por: Educación 3.0

Estos agentes de software presentan algunas ventajas a la hora de trabajar con el alumnado, pero deben ser utilizados desde una perspectiva crítica y ética. Nos habla sobre ello Teresa Romeu, profesora de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

La incorporación de los asistentes inteligentes en el ámbito educativo debe ser vivida como una oportunidad, teniendo en cuenta el enorme potencial que nos ofrecen de apoyo a la formación. Algunas de sus posibilidades van desde el seguimiento de la progresión académica del alumnado hasta el apoyo personalizado en las actividades de repaso, por lo que parece necesaria la incorporación de esta tecnología al servicio de la comunidad educativa: estudiantes, docentes y familias.

¿Cómo aprovechar los asistentes inteligentes en educación?

Un asistente virtual es como un profesor que nos va acompañando y que, en ningún caso, sustituye el trabajo del alumnado aunque puede ser una potente herramienta que posibilita ayudar, complementar o reforzar la actividad que deben realizar. Es esta adaptación del aprendizaje de los estudiantes la que permite poder ofrecer soluciones personalizadas según la dinámica de progresión y evolución en los aprendizajes de cada alumno. El asistente virtual no debería tampoco sustituir el trabajo del docente sino en todo caso poner sobre la mesa el replanteamiento de su figura, de su rol.

Es difícil aventurar cómo será el docente del futuro o si el profesor particular que entendemos actualmente sufrirá cambios y se convertirá en un asistente virtual. Lo que sí es cierto es que todos los agentes implicados en la educación de las futuras generaciones deben estar empoderados para conocer su potencial siendo críticos en la integración de estos asistentes dentro del ecosistema educativo.

Asistentes inteligentes

Debemos tener en cuenta que estos avances en los asistentes de voz, por ejemplo, ya hace años que se encuentran presentes en el día a día de nuestras vidas. Es el caso de Siri (Apple) o el asistente Google Now (Android) que nos abren las potencialidades para combinar e integrar aprendizajes formales e informales. Los asistentes de voz pueden potenciar la enseñanza del vocabulario de una segunda lengua, no sólo incorporando un dominio más elevado de palabras, sino también mejorando cualitativamente la pronunciación.

El punto de inflexión recae en cómo utilizar el asistente cuando realmente sea necesario y dar tiempo al alumnado para que experimente por sí solo antes de recurrir directamente a su ayuda.

Múltiples posibilidades… y alguna desventaja

Otro aspecto que resulta interesante resaltar son las posibilidades que nos brindan los asistentes inteligentes como soporte al estudio: asistencia ‘non stop’ de 24 horas y siete días a la semana; la accesibilidad en múltiples entornos; la adaptabilidad a las diferentes necesidades y niveles de cada alumnado, y la democratización y globalización de las ayudas al estudio.

Aún así también es conveniente abordar sus desventajas. En este sentido, en ausencia de un control parental o docente puede favorecer una disminución del trabajo mental, haciendo que el alumno se acomode. Además, un exceso de utilización puede llegar a suponer la dependencia por parte del menor.

Uso educativo: una mirada crítica necesaria

Es indudable que se abre un nuevo horizonte en el ámbito educativo del que no podemos vivir de espaldas, pero deberemos ser críticos con su utilización. En este sentido, aunque la educación empieza por la familia y la escuela, la sociedad y el entorno más inmediato deben acompañar para establecer políticas de uso que saquen el máximo partido a las tecnologías digitales desde una mirada crítica y ética. Para ello, deberemos reforzar la formación en competencias digitales por parte del docente para garantizar que el alumnado haga un buen empleo del mismo..

Del mismo modo que afrontamos en su día la incorporación de las calculadoras en nuestra vidas, actualmente nos enfrentamos al uso responsable de las redes sociales y al consumo de videojuegos que deberán ser normalizados y limitados en cuanto a su uso.

En definitiva, Alexa, y otros nombres más han venido para quedarse. Los educadores tenemos el deber de integrarlos como un vehículo de información más que facilite generar conocimiento y sobre todo, ciudadanos competentes digitales y críticos.

Fuente e imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/asistentes-inteligentes-educacion/

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«Me han faltado abrazos este curso»

Por: Educación 3.0

El curso 2020-21 ha sido atípico y complejo en todos los sentidos. María José Molina, docente de Infantil, reflexiona sobre lo que ha vivido en su aula y en su centro a lo largo de estos difíciles meses.

Mayo de este atípico curso 2020-21. Me encuentro seleccionando fotos de mis niños para mostrárselas a sus padres y madres en la última reunión general de este curso. La cantidad de fotos que tengo es enorme, nunca había hecho tantas fotos a mis alumnos, nunca había reflejado con mi cámara tantos momentos en un solo año. La razón es sencilla: en cualquier momento sobrevolaba nuestro cole (y otros tantos en el mundo entero) la posibilidad de que la ola de turno nos llevase a todos de nuevo a un confinamiento estricto o que a nuestra aula la mandaran a casa unos días.

Curso 2020-21

Por eso, cuando ahora revivo tantos momentos disfrutados, desde septiembre hasta hoy, los valoro doblemente y me emociono al pensar que ha sido posible disfrutar de los amigos y amigas y que el colegio ha podido desarrollar la irremplazable y valiosísima misión que le da sentido. Además, de valorar que ha podido desplegar las alas que tuvimos que recoger en marzo de 2020. El colegio ha podido acoger con toda su grandeza a tantos niños y niñas que tanto lo necesitan, porque gran parte de su vida la constituye el centro educativo.

Dichas fotos reflejan momentos que la pandemia nos quitó el curso pasado, desde marzo. Pero eso se terminó y en septiembre, volvió el ruido a nuestras aulas, patios y pasillos. Bendito ruido. En mi caso particular, por un lado, estoy muy contenta y orgullosa de haber tenido la oportunidad de ser la maestra de los niños y niñas de 3 años durante este curso tan difícil, porque, a pesar de ser los más pequeños del cole, han demostrado ser igual de ejemplares que los alumnos mayores en el cumplimiento de las normas de la Covid-19.

Sentimientos encontrados y dudas

Este orgullo que siento se mezcla con pena, ya que el curso pasado no pude despedirme de la mejor manera de mis niños de cinco años, con los que compartí tres cursos estupendos y a los que he visto crecer. El tiempo hizo aflorar en nosotros un cariño especial y muchos recuerdos. Ellos han dejado la etapa de Educación Infantil y han comenzado Primaria con su mochila nueva, con su mascarilla y con mucha valentía. Ojalá pudiera darles un abrazo de esos que recargan pilas cuando los veo por el pasillo del cole, para transmitirles seguridad y confianza en que lo harán muy bien en esta nueva etapa.

Curso 2020-21

Y por si el virus no nos había sacado ya de nuestra zona de confort, a las puertas de una tercera ola, en enero, llega la borrasca Filomena. Otra vez la incertidumbre de cuándo podremos volver al cole, de cómo planificar las lecciones online, que no se me vaya la conexión… Y entre medias: el temor a que se congelen las tuberías en casa, la luz que se va varias veces por la humedad… Pero para nuestros alumnos fue toda una aventura: se disfrazaron, nos enseñaron los juguetes de Reyes por la pantalla y eso les encantó. Aunque la clase online no podía reemplazar los momentos vividos en el cole, había que llevarlo de la mejor forma posible, y así lo hicimos. Pero también durante este curso, con la primavera llegó la vacuna, y con ella, poco a poco, la esperanza.

Dificultades y temores, a la orden del día

Este año los profesores hemos tenido que esforzarnos por no dejarnos llevar por el miedo y continuar con normalidad, no había otra opción, había que hacerlo por nuestros alumnos. Hemos mostrado cariño y cercanía a pesar de nuestros propios temores, el miedo a contagiarse y a contagiar. La ilusión y el trabajo bien hecho han ganado al miedo, pero no podemos decir que no nos haya costado. Además, en el caso de las maestras de Infantil, hemos seguido conviviendo con los típicos fluidos habituales (babas, mocos, lágrimas, pis…) y con niños sin mascarilla.

Todo eso ha seguido igual, pero me han faltado otras cosas típicas de nuestra etapa. Han faltado abrazos, besos y muestras de afecto en general. Ha habido contacto físico, pero menos del habitual, y eso no es bueno, porque ese cariño constituye alimento para el alma. En mi caso, he recurrido al uso de un mayor número de palabras bonitas, de guiños de ojos, de miradas cómplices, de sonrisas con los ojos… No he escatimado en halagos, en palabras de ánimo y de consuelo para mostrar, de manera diferente, ese afecto que hemos reprimido tanto desde que comenzó la pandemia. Conectar con los alumnos ha sido más difícil durante este curso que en cualquier otro, pero considero que lo hemos logrado.

Futuro esperanzador

Gracias al esfuerzo de todos: niños, padres y profesores (de todos los niveles educativos) y también de otros muchos miembros de la comunidad educativa hemos salido adelante. Sin olvidarnos del fundamental personal de limpieza que ha echado el resto durante este curso por la seguridad y el bienestar de todos o de los equipos directivos, para los que la palabra responsabilidad ha supuesto un peso mayor del habitual. Este fin de curso estamos ya a las puertas del comienzo de otro capítulo: con muchas personas vacunadas, con una menor incidencia de casos y con la relajación de las normas. En el nuevo capítulo espero que lo que ahora es normal (mascarilla, gel, distancia…) nos deje de parecerlo y lo que antes era normal vuelva a parecerlo de nuevo.

Curso 2020-21

Esta es mi historia, pero puede ser la de cualquier otra maestra de Infantil durante este año. Un curso entero de pasar frío con las ventanas abiertas, de micrófono casi imprescindible, de guantes, de manos agrietadas de tanto lavarlas, con ese olor a gel hidroalcohólico en todas partes o a lejía en la alfombrilla de la entrada, de desinfectar el teclado, la fotocopiadora o el teléfono que había tocado la compañera, con los patios separados por aulas, las entradas y salidas escalonadas o la falta de tutorías presenciales con las familias.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/curso-2020-21/
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Cambiar el diseño del aula: clave para el aprendizaje

Según un estudio realizado por varias universidades españolas, 6 de cada 10 docentes creen que variar el diseño de las clases hacia espacios más flexibles y proactivos puede mejorar el desarrollo y aprendizaje del alumnado.

La imagen de varias filas de sillas y pupitres mirando hacia una pizarra junto a la que se sitúa el docente lleva décadas siendo una realidad. Sin embargo, las investigaciones dicen que esa forma de organizar el mobiliario del aula en escuelas e institutos no es la mejor manera de fomentar el aprendizaje. Especialmente si se tienen en cuenta las necesidades de los escolares del siglo XXI, quienes, según la OCDE, precisan de un entorno social que exige autonomía, flexibilidad y capacidad para tomar decisiones y conectar conocimientos por sí mismos o mediante el trabajo en equipo.

Es también la opinión de 6 de cada 10 profesores, que creen que cambiar el diseño del aula es clave para mejorar el aprendizaje. Así lo muestra un reciente estudio llevado a cabo por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), la Universitat de Barcelona (UB), la Universitat de Vic (UVic) y la Universidad Simón Bolívar (USB) en el que han participado 847 profesores de Infantil, Primaria y Secundaria de 40 centros educativos.

‘Smart learning space’ como alternativa al diseño tradicional

“Asumimos que los espacios tienen que ser así sin demasiada reflexión o sin vincular aquello que estamos innovando en metodología con el lugar en el que lo vamos a poner en práctica”, señala Guillermo Bautista, miembro del grupo de investigación ‘Smart Classroom Project’ de la UOC e investigador principal de este estudio. Por eso es necesario llevar a un escenario real el llamado ‘smart learning space’, “un espacio que responde a cualquier propuesta y necesidad de aprendizaje, flexible, no zonificado, en el que prevalece el bienestar físico y psicológico como base para que la actividad de aprendizaje se plantee con un papel proactivo y autonomía por parte del alumnado”, afirma Bautista.

De los beneficios de un diseño adecuado del aula para el aprendizaje ya han dado cuenta distintos estudios. Fue una de las razones por las que hace unas semanas el Consorci d’Educació de Barcelona comenzó a renovar el mobiliario de 487 aulas, reorganizando además los espacios para conseguir ambientes motivadores que predispongan al descubrimiento. Y es que las necesidades de competencia y aprendizaje de los estudiantes actuales no solo están obligando a reconsiderar las prácticas docentes o la inclusión de recursos digitales, sino que también plantean la necesidad de cambios en los espacios de aprendizaje en general.

Cambiar el diseño del aula

Bautista lo muestra con otro ejemplo: según explica, la ciencia nos dice que colaborando aprendemos más y mejor, y por lo tanto el espacio debe propiciar esta colaboración e interacción, teniendo en cuenta además lo que dicen las investigaciones sobre el aprendizaje colaborativo. Si organizamos la actividad con grupos de cuatro alumnos a partir de un reto o un proyecto, lo lógico sería que el espacio permita que el grupo colabore en un espacio adecuado y también tenga cierta autonomía para usar los recursos que necesite, moverse, buscar, experimentar, autoorganizarse… “Esto implica que no todos los grupos estarán haciendo lo mismo al mismo tiempo, y que no para todos serán necesarios los mismos recursos. La actividad en el aula se diversifica y el espacio tiene que responder constantemente a esta diversidad organizativa, de uso, de recursos, de movimientos”, señala.

Cambios de diseño también en Secundaria

En la actualidad, la mayoría de los docentes valora negativamente la organización del ambiente en su clase. Es uno de los hallazgos del estudio, que señala que se obtuvieron puntuaciones bajas o moderadas en la idoneidad real de las aulas para actuar como espacios integrales de aprendizaje.

Pero hay diferencias entre los distintos niveles de educación, ya que el diseño de espacios de aprendizaje de Infantil  y Primaria generalmente es más flexible, colaborativo y personal, afirman los autores de la investigación, que apuntan una posible causa de este escenario. “Es precisamente en las etapas de Infantil y Primaria donde han estado más presentes y suelen ser más visibles corrientes pedagógicas como las desarrolladas desde inicios del siglo XX, en las que los espacios, su disposición, mobiliario… ya se vinculaban a significados pedagógicos claros”, afirma Angelina Sánchez-Martí, investigadora del proyecto ‘Smart Classroom Project’ y profesora Serra Húnter de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Otro resultado destacable es que el profesorado se muestra especialmente crítico a la hora de valorar la integración de la tecnología en las aulas. Pero, en opinión de los autores, no es un dato sorprendente, ya que “precisamente las tecnologías son las que ponen en jaque los espacios y tiempos y, por lo tanto, exigen una gran flexibilidad y adaptación constante al cambio, además de una reformulación de los espacios de aprendizaje”, señala Sánchez-Martí, que añade que las posibilidades que ofrece la integración tecnológica en cuanto a la creación de nuevas formas de relación y aprendizaje “chocan de pleno con el diseño tan normalizado que emana de que las escuelas deben estar basadas ‘per se’ en aulas, sin que esto tenga que ser necesariamente así”.

 

Fuente e imagen: educaciontrespuntocero.com

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Pensamiento crítico en el aula para combatir las ‘Fake News’

Por: Educación 3.0

El docente debe ayudar a reflexionar, a investigar, a generar una opinión y aprender a argumentarla para fomentar el pensamiento crítico de sus estudiantes”, defiende en este artículo Mayra Manente, profesora de Física en la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Joaquín V. González.

Una de las ventajas que nos ofrecen las redes sociales es la de darle voz y participación a todos sus usuarios, dando lugar a lo que algunos autores llaman ‘cultura participativa’. Esto favorece la participación democrática y la elaboración de producciones de autoría compartida, pero también puede dar lugar a las noticias falsas o ‘Fake News’.

Éstas tienen una fuerte influencia en el mundo; basta un tuit para influenciar nuestras decisiones. Los principales problemas se encuentran en su fácil y rápida difusión, en que no siempre es posible saber quién las publica y en la dificultad de sus lectores para identificarlas. Muchos se preguntarán, ¿qué tiene de malo una noticia falsa circulando por la web? ¿A quién puede dañar?

Los peligros de no contrastar la información

Combatir las fake news Pensamiento crítico en el aula

En el último año las ‘Fake News’ cuestionaron la existencia del coronavirus, su letalidad y origen. También se puso en duda la mascarilla advirtiendo que podría causar hipoxia (reducción de oxígeno) en los usuarios, pero uno de los casos más impactantes fue la que sostenía que la ingesta de dióxido de cloro podía servir como remedio ‘casero’ para prevenir el contagio. Esto no solo circuló en redes sociales, sino que fue sostenido por el ex presidente Donald Trump y la presentadora de televisión Viviana Canosa, entre otros.

Si hacemos una pequeña búsqueda en Internet rápidamente se puede descubrir que el dióxido de cloro se utiliza como blanqueador, desinfectante y para destruir impurezas en el agua. Conociendo esta información ¿alguien bebería dióxido de cloro? Hubo una familia que sí confió en estas afirmaciones y un niño pequeño terminó intoxicado, lo que nos demuestra que estas ‘Fake News’ pueden dañar al público que las consume sin analizarlas antes de forma crítica.

Desarrollar el pensamiento crítico en el aula

Tal es el impacto que tienen estas noticias en las decisiones de las personas que la Organización Panamericana de la Salud tiene una sección en su página web destinada a dar respuestas científicas a los mitos comunes sobre vacunación y

COVID-19, y lo mismo ocurre con la Fundación Huésped, que ofrece una sección a responder mitos sobre la transmisión del virus pandémico.

Con el objetivo de formar a ciudadanos responsables, se consideran valiosas las competencias del siglo XXI publicadas por UNESCO y se incorporan en los diseños curriculares tanto de Primaria como Secundaria. Entre las que componen al currículum global se encuentra una posible solución, el desarrollo del pensamiento crítico en el aula. Una persona que lo ha desarrollado, según Robert Ennis, sería capaz de formular preguntas sobre un contenido y buscar sus respuestas; juzgar la credibilidad de una fuente; emitir juicios de valor; identificar los supuestos; decidir una acción a seguir e interactuar con los demás y de emplear estrategias retóricas apropiadas en una discusión o presentación. Estas capacidades pueden enseñarse desde el nivel primario en cualquier asignatura, pero prevalece como objetivo específico de las asignaturas afines a ciencias.

¿Es posible educar en ‘Fake News’ en el aula?

Como sostiene uno de los últimos informes de la OCDE, los estudiantes aún no identifican las fake news y en las aulas se puede notar que tienden a replicar información de manera contundente pero no pueden argumentarla. Siguiendo a

a la historiadora de la Educación Ines Dussel, hay mucho de ‘no-escuela’ en el horario escolar: los centros se enfrentan a la tarea de fomentar un uso responsable del contenido digital.

Este pensamiento crítico en el aula que se le pide al estudiante pertenece a los currículums que sostienen un enfoque progresista, donde se tienen en cuenta los intereses del alumno, se otorga autonomía al estudiante y se invita a trabajar mediante la resolución de problemas. Sin embargo, la existencia de estos no resulta suficiente para desplazar al aún vigente currículum de enfoque tradicionalista que fomenta un aprendizaje memorístico que han experimentado los docentes durante su escolarización y formación. La escasez de cursos de capacitación en estos temas deja en manos de los docentes la tarea de enseñar a pensar críticamente.

Pensamiento crítico en el aula

Una estrategia que se puede aplicar es la enseñanza basada en problemas: abordar algunos contenidos de la materia mediante la resolución de problemas o interrogantes en relación a la vida cotidiana y el interés de los estudiantes, que culminen con la elaboración grupal de una respuesta argumentada y defendida ante el resto de la clase. Muchos docentes no se animan a abordar esta estrategia por no manejar totalmente el contenido y eso es un error.

En términos de Michel Foucault, lejos de seguir replicando el discurso donde el docente es el centro del saber y la única autoridad, lo que aquí buscamos es un docente que no dé la respuesta correcta en el 100% de los casos, sino que ayude a reflexionar, a investigar, a generar una opinión y aprender a argumentarla. La falta de respuestas por parte del docente debe verse como una oportunidad para invertir los roles del aula y una posibilidad para que los estudiantes construyan su propia opinión sin forzarlos a coincidir con la de un adulto.

La implicación docente: elemento clave

Es necesaria la colaboración de profesionales activistas y críticos que se enfoquen en problemáticas sociales profundas que interpelen a los estudiantes, como el virus. El discurso de ‘a los alumnos no les interesa nada’ debe terminar, identificando su interés en sus temas de conversación, en temáticas que circulan en redes sociales o incluso que mencionan los influencers. Es importante no caer en la tentación de considerar que el interés de los adultos es compartido con los estudiantes: si ellos no ven sentido en lo que están haciendo terminarán trabajando para complacer al profesor sin apropiarse del contenido.

En relación a las preguntas, estas no deben ser ni muy simples ni muy complejas. Las preguntas que se propongan deben ser entendidas por el estudiante, no deben ser demasiado técnicas y por otro lado, deben responderse con una investigación, no con una definición. Por ejemplo: ¿influye el consumo de tabaco en la aparición de caries bucal? El cierre de la investigación nunca debe quedar entre el grupo y el docente. Idealmente puede ser una presentación oral donde los alumnos y el docente puedan hacer preguntas para profundizar el contenido o incluso debatir sobre opiniones opuestas.

La formación en pensamiento crítico en el aula no puede esperar más, la información que circula por la web no es del todo confiable y pese a que podemos oponernos a las competencias del siglo XXI o quienes las proponen, en ellas encontramos una alternativa para solucionar el problema de consumo acrítico en Internet. Si bien la aplicación de una propuesta actualizada de formación docente continua está aún por llegar, existen estrategias que permiten comenzar a trabajar esta competencia en el aula.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/entrevistas/pensamiento-critico-en-el-aula-fake-news/

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La importancia de la educación consciente a través de la Filosofía

Por: Educación 3.0

Transformar la educación pasiva de los conocimientos hacia una educación consciente es el hilo conductor de este artículo escrito por Alejandro Moreno Lax, autor de ‘Filosofía viva. Una iniciación a la vida filosófica’.

En los modelos educativos hay un temario sistemáticamente ausente, el que se refiere al conocimiento de sí mismo. En la actualidad disponemos de tantos ‘conocimientos’ que en las escuelas se producen muchas discusiones en torno a cuáles han de ser los prioritarios y cuáles no: cuántas horas para Matemáticas, cuántas para Lengua… Lo que tienen en común estos debates es que no se cuestionan la forma de entender el conocimiento, pues tienden a asumirlo como algo ya demostrado, registrado, clasificado, objetivado y descubierto por ‘otros’. Es decir, los estudiantes son receptores más o menos vacíos que reciben con cierta pasividad un contenido exterior que han de memorizar y ‘aprender’. Poco importa lo que piensen al respecto y la utilidad que le encuentren a dicho saber; y todavía importa menos, más allá de lo anecdótico, si ellos traen algún saber que vaya más allá de lo establecido por el programa de estudios.

De alguna manera, lo que en su día fue un revolucionario modelo emancipador que ha enseñado a millones de personas a leer, escribir, contar… bebe de este imaginario cultural basado en la división entre quienes saben y los que no saben, entre quienes ‘poseen’ un conocimiento ‘científico’ y los que no. Lo curioso de todo esto es que no hay nada menos científico que esta visión educativa que entiende a los alumnos como entidades pasivas, una visión dentro de la cual apenas hay lugar para espíritus científicos, para seres inquietos capaces de investigar por sí mismos y desarrollar sus capacidades.

Conócete a ti mismo

Pero aquí no acaba el asunto. En el modelo educativo actual, los alumnos no sólo son (de forma implícita) asumidos como pasivos, como receptores de contenidos construidos por otros; no solo carecen de espacio para desarrollar sus capacidades; sino que, además, carecen de espacio para conocerse a sí mismos. Aquí está lo fundamental.

educación consciente

Esto quiere decir que no es relevante en su desarrollo educativo contactar con los límites impuestos por la personalidad; dilucidar los supuestos y creencias asumidos automáticamente de otras personas y que les lleva a vivir una vida que no ha sido elegida por ellos; reconocer los personajes egóticos con los que se identifican y enmascaran su ser; en definitiva, un espacio donde pueden reconocer su ser, donde puedan contactar con la ‘experiencia de ser’.

“No hay nada menos científico que esta visión educativa que entiende a los alumnos como entidades pasivas, una visión dentro de la cual apenas hay lugar para espíritus científicos”

Por eso lleva razón el educador Carlos González Pérez, protagonista del documental ‘Entre maestros’ cuando reivindica la necesidad de una segunda alfabetización, una nueva alfabetización que no se refiere a la era digital, sino a la ‘era de la consciencia’, al despertar de las visiones duales de la realidad y al inicio de un modo de entender la educación consciente basado en procesos de transformación y desarrollo de la consciencia, y no tanto en la adquisición de contenidos construidos por otros.

Un nuevo enfoque filosófico

En el ensayo que acabo de publicar, ‘Filosofía vivaUna iniciación a la vida filosófica’, exploro algunas de las cuestiones básicas para el autoconocimiento desde un enfoque filosófico experiencial, como son la experiencia de la insatisfacción, el vacío, el miedo a la soledad, el descubrimiento de la presencia, el reconocimiento de las heridas del ser, el contacto con el dolor, el significado sobre el propósito de vivir, la importancia del silencio…

Considero que todas estas cuestiones no solo son importantes para todo adulto que experimenta una crisis personal o se acerca a la vejez, sino que han de ser cuestiones centrales que han de acompañar todo proceso educador; todo proceso en el que educar ayude a sacar al estudiante su propia sabiduría personal, su propia comprensión sobre quién es.

“En un mundo donde la tecnología está transformando a pasos agigantados y a un ritmo vertiginoso todos los ámbitos sociales, debemos recuperar el primero de todos los saberes, el conocimiento de sí mismo”

Asumir este nuevo paradigma educativo implica no tanto crear una asignatura específica para ello, ni implica solamente modificar los contenidos y metodologías correspondientes a la asignatura de Filosofía, sino más bien implica que el profesorado se involucre en un proceso de educación consciente en el autoconocimiento que le ayude tanto a cuestionar los aspectos superficiales de la personalidad (incluyendo su rol de docente), como a transformar la visión de su propósito educativo así como proporcionar a los estudiantes de una serie herramientas transformadoras de su propio ser que, sin duda alguna, agradecerán.

En un mundo donde la tecnología está transformando a pasos agigantados y a un ritmo vertiginoso todos los ámbitos sociales, debemos recuperar el primero de todos los saberes, el conocimiento de sí mismo, el saber que nos prepara para vivir.

Filosofía viva
  • Autor: Alejandro Moreno Lax
  • Editorial: Desclée De Brouwer

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/educacion-consciente/

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