Carta abierta a la secretaria de educación de Puerto Rico, Julia Keleher.

 Estimada Secretaria:
La primera duda que enfrenté al escribir esta carta fue dirimir si hacerlo en inglés o en español. Escribiéndola en inglés me aseguraría de que usted entiende cada palabra, porque sabemos que su dominio del español, en ocasiones, es limitado y no me gustaría que se vuelva a encontrar «beside yourself». Finalmente decidí usar el idioma de Cervantes, y de René Marqués, Julia de Burgos y Salvador Tió, porque – después de todo – usted recibe un oneroso salario por dirigir la agencia a cargo de la educación de una isla donde se habla y enseña en español.
Hace tiempo deseo escribirle, pero admito que la motivación final la obtuve luego de leer el reportaje de Libni Sanjurjo en Primera Hora del 25 de agosto pasado. Allí, donde se muestra desbordada en un cargo que obviamente le quedó grande, usted hace referencias que no puedo dejar pasar. Por principios éticos, no puedo dejar pasar.
Como ex educador y director de instituciones educativas, buena parte de mi vida ha girado en torno a la tarea de colaborar en la formación de las futuras generaciones. Educar es, justamente, formar a los ciudadanos del mañana; esos que harán de Puerto Rico un lugar mejor que el que nosotros le dejamos. En ese camino aprendí que el cuerpo docente por completo (maestros/as, directores/as, colaboradores, coordinadores, etc.) conforman un engranaje esencial para la educación de nuestros niños y jóvenes. Maestros, maestras y directores se merecen el mayor de nuestros respetos porque, aun con salarios de miseria, se levantan temprano cada mañana para educar a los futuros médicos, políticos, abogados, empresarios, empleados, jornaleros, comerciantes, industriales, enfermeros, pastores y profesores que nuestro país necesita. Ellos, a los que usted se refiere como «los de abajo», son quienes «echan pa’ lante» y cargan sobre sus hombros una ardua y digna tarea que la sociedad rara vez les reconoce. Son ellos y ellas, los que usted considera «de abajo» (expresión que repudio), los únicos capaces de lograr avances significativos en el sistema educativo puertorriqueño. De ellos depende, aunque usted no lo reconozca, la educación de Puerto Rico.
Entienda que estos grandes hombres y mujeres de la Patria son los verdaderos protagonistas. El éxito de las grandes labores radica en el trabajo en equipo. El Departamento de Educación es un complejo engranaje donde cada pieza es importante, y el Secretario de turno es uno de las más pequeñas, aunque su desmedido salario sea el más grande. Así que, por favor, deje de lado las conjugaciones verbales en primera persona que tanto utiliza: «yo hice», «yo conseguí», «yo envié», «yo contraté». Reconozca la grandeza de cada ser humano que trabaja en su Departamento y entienda que sin ellos no hay educación. Y sin educación, no hay futuro.
Espero que acepte estas observaciones de parte de un servidor que quiere lo mejor para Puerto Rico.
Respetuosamente,
Favio Ramirez-Caminatti
Executive Director
El Centro del Inmigra
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