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“La presencia de mujeres líderes en los procesos de toma de decisiones mejora el desempeño de las políticas públicas”

 Por: Karina Batthyány

En este marzo, Mes de las Mujeres, vamos a seguir recorriendo algunas de las desigualdades de género que afectan a las mujeres en América Latina y el Caribe. Hoy la temática a tratar es la participación política de las mujeres pero en un sentido más amplio en términos de toma de decisiones en distintas esferas de la sociedad.

Cuando miramos específicamente los datos vinculados a la representación de las mujeres en el ámbito político, la primera conclusión a la que llegamos es que es insuficiente en todos los niveles de toma de decisiones en América Latina y el Caribe y en el mundo entero.

El último informe de ONU Mujeres nos muestra que sólo en 22 países en el mundo hay jefas de Estado o de gobierno mujeres. Y que 119 países nunca han tenido en toda su historia una presidenta mujer y que tan solo 14 países de todo el mundo hoy tienen gabinetes de gobierno (ministerios) que han alcanzado el 50% (o más) en la representación de las mujeres.

Estos son los primeros números más duros que podemos dar y siempre tenemos que partir de la premisa o el supuesto de que aproximadamente en la población total somos más o menos la misma cantidad de mujeres que de varones (un 50% y 50%).

Cuando llegamos a la representación política encontramos estos niveles tan bajos en nuestra región y en el mundo. Si miramos ahora específicamente América Latina y el Caribe –para eso nos basamos en el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL–, las mujeres ocupan solo el 28% de las carteras ministeriales en los poderes ejecutivos de nuestra región. Es decir, menos de uno cada tres.

Tenemos que mencionar algunos casos puntuales de nuestra región que van en el sentido contrario, como el caso de Costa Rica que desde el año 2018 tiene un gabinete compuesto por un 55% de mujeres, y recientemente Chile con un gabinete donde 14 de los 24 cargos son hoy ocupados por mujeres. Es decir, el 58%.

También vale la pena mencionar el caso colombiano con una particularidad: cuando asumió Iván Duque (presidente actual) comenzó su mandato con un gabinete paritario. Sin embargo, en el momento de los recambios muy rápidos, Duque dejó de lado el compromiso de campaña e inicio de gestión de trabajar con paridad y hoy solo 6 de los 18 ministerios en Colombia están ocupados por mujeres.

Esta falta de paridad no es exclusiva del Poder Ejecutivo: podemos mirar también la presencia de las mujeres en las Cortes Supremas de Justicia. En muchos países de la región las mujeres no alcanzan ni a ocupar una quinta parte de los puestos o de las bancas de los tribunales de Justicia. Encontramos en esta situación a México, Brasil, Colombia y Argentina, que son además los países más poblados y más extensos de nuestra región. Por cierto, el caso argentino es bastante paradigmático (el más grave) hoy en día, porque desde noviembre de 2021 no tiene ninguna integrante mujer en su máximo Tribunal de Justicia.

Si miramos el otro extremo, tenemos que destacar el avance de las mujeres en muchos de los máximos Tribunales de Justicia del Caribe, en los países como Cuba, Jamaica y Guyana; y en el Tribunal Supremo Oriental la presencia de las mujeres supera en esos casos el 60%.

Quizás el área donde más se han visto avances en estos últimos años es el tercer Poder, el Legislativo. Por supuesto de la mano de los proyectos de cuotas de género que se han ido aplicando en los distintos países y que influyen en la confección de las listas que luego se someten a elección para el Poder Legislativo.

Si bien es cierto que estos puestos siguen siendo ocupados todavía mayoritariamente por varones, la región se mantiene a la cabeza del camino a la paridad en los parlamentos nacionales a nivel mundial. Es decir, América Latina se destaca en ese camino a la paridad en los parlamentos a nivel del mundo. Y tiene hoy en promedio un 33% de mujeres parlamentarias. De los cuatro países de todo el mundo donde se ha alcanzado (o superado) la paridad en el reparto de las bancas parlamentarias, dos justamente son latinoamericanos y caribeños como Cuba y Bolivia. A su vez, tenemos a México, Costa Rica, Argentina, Perú y Ecuador, donde los números no son paritarios pero son cercanos en un 40%. En el otro extremo podemos mencionar a Brasil y Paraguay, donde las mujeres tienen muy poca participación en el reparto de las bancas parlamentarias.

Recordemos que todos los países del mundo han asumido compromisos de lograr la participación política y la distribución equilibrada del poder entre varones y mujeres en la toma de decisiones en los distintos pactos y declaraciones internacionales como las de Beijing, los objetivos de desarrollo sustentable y otras tantas.

Sin embargo, la mayoría de los países del mundo aún no ha logrado ese equilibrio de género. Siguiendo a ONU Mujeres en su informe más reciente, se muestra además cómo hay evidencias firmes, cada vez más numerosas por medio de los estudios de evaluación de impacto, de que la presencia de mujeres líderes en los procesos de toma de decisiones mejora el desempeño de las políticas públicas. En el informe se hace mención a varios ejemplos para América Latina, países como Costa Rica y Bolivia.

Por último, quiero remarcar que el Estado no es el único ámbito donde se ejerce la representación o la toma de decisiones, pero es un ámbito importante y quedan muchos lugares por conquistar, por supuesto si también incorporamos otros ámbitos de toma de decisiones como pueden ser las Cámaras Empresariales, los sindicatos, las organizaciones sociales, las grandes empresas, los directorios, empresas de los clubes deportivos, las instituciones religiosas, entre otras. Allí si hay menos información disponible, la información que tenemos es que estamos aún lejos de que la toma de decisiones en estos ámbitos se comparta de manera más o menos equitativa entre varones y mujeres. ¿Y por qué insistir con este tema? Porque es importante la participación de varones y mujeres en las decisiones que se toman y afectan en definitiva nuestra vida cotidiana, el bienestar individual y social en todos nuestros países.

-Imposible no relacionarlo con algunas noticias de las últimas horas… Una de ellas: la elección de Francia Márquez como candidata a la vicepresidencia junto a Gustavo Petro en Colombia. Es una noticia que marcó todo este contexto y adquiere aún más relevancia…

Absolutamente. Esperemos que este triunfo se confirme y avance y, sin duda, muestre el camino de compartir las responsabilidades de gobierno entre varones y mujeres.

-En Uruguay el próximo domingo 27 de marzo hay un referéndum por la LUC (Ley de Urgente Consideración) de los 135 artículos que fue aprobada en julio de 2020 en el marco de una polémica muy grande. Entiendo que en esos artículos y en la lógica de esta Ley de Urgente Consideración se involucraron muchas temáticas e inclusive yendo en contra de algunos derechos… ¿Cómo entiendes el referéndum de la LUC y cuál es su importancia?

Es una instancia clave que estamos atravesando y viviendo en Uruguay de cara al domingo 27 de marzo, donde habrá un referéndum con una opción para derogar esos 135 artículos. Hubo que juntar más de 800 mil firmas en un país de 3 millones de habitantes para poder someter esta consulta popular.

Efectivamente, esta Ley de Urgente Consideración fue aprobada en julio de 2020, con más de 400 artículos y con muy poco tiempo de Parlamento para su discusión, por las mayorías parlamentarias que tiene la actual coalición en el gobierno. Muchos de los 135 artículos que se van a someter este domingo 27 de marzo  a referéndum ponen en cuestión elementos claves de lo que es el sistema de protección y de bienestar social que a Uruguay tanto trabajo (décadas) le ha llevado construir en los avances. Algunos más recientes, concretamente de los últimos 15 años, con capítulos o artículos que refieren a educación, vivienda, seguridad y derechos laborales. Entonces, estamos efectivamente en un momento muy importante para Uruguay con el resultado de lo que va a ser esta consulta popular y que, además, también es un mecanismo para reforzar la participación democrática directa de toda la población opinando y votando sobre estos artículos que aprobó en su momento el Parlamento.

Desde ya, yo estoy respaldando la derogación de esos 135 artículos que ponen en cuestión muchos de los avances que se han logrado en los últimos tiempos en Uruguay. Es votar por el a la derogación. Por ahora las encuestas marcan una situación muy pareja, como es la situación política acá en Uruguay, donde hay básicamente dos mitades: aquellas que se ubican más al lado de los progresismos y aquellas que se ubican más al lado de las políticas neoliberales. Tenemos una instancia muy democrática este domingo 27 de marzo en Uruguay.

https://www.clacso.org/la-presencia-de-mujeres-lideres-en-los-procesos-de-toma-de-decisiones-mejora-el-desempeno-de-las-politicas-publicas/

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“La universidad tiene un papel central en el fomento de la democracia y el pensamiento crítico”

Por: Karina Batthyány

En esta lógica de trabajo y de preparación que vamos rumbo a nuestra novena Conferencia en la UNAM el año próximo en junio, propongo seguir recorriendo alguno de los ejes que se van a estar abordando, discutiendo y elaborando alternativas y perspectivas en esos días de trabajo en la Conferencia. Y en este caso es sobre Educación Superior y Universidades, y particularmente Universidades Públicas.

Antes de comenzar con el desarrollo, quiero expresar desde aquí también mi solidaridad con Gerardo Caetano y la solidaridad de CLACSO, de su Comité Directivo con Gerardo Caetano, justamente un referente de la Universidad Pública uruguaya de la Universidad de la República, que ha sido víctima de agravios, de acciones intimidantes, y queremos expresar la solidaridad con él y además repudiar este tipo de acciones que en nada contribuyen a las democracias, al fortalecimiento democrático y plural y la expresión plural de las ideas en nuestros países.

Vamos entonces al tema de hoy: educación superior, universidades y los desafíos que se plantean. En primer lugar, decir que este tema será uno de los ejes de trabajo en nuestra Conferencia #CLACSO2022 de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y que vamos a colocar allí a discusión el papel de las universidades públicas, el papel del conocimiento como bien público y el derecho humano a la educación superior. En definitiva, colocar allí el papel de las universidades en el mundo actual y en nuestra región latinoamericana y caribeña que, como sabemos, está atravesando una encrucijada muy compleja por una serie de fenómenos que hemos ido desarrollando en estas columnas y que tienen que ver con lo económico, ambiental, político, ideológico, cultural, social, por supuesto lo vinculado a la salud y a los sistemas sanitarios.

Estas complejidades que además nos hablan de la necesidad de abordar analíticamente dimensiones como los derechos humanos, las desigualdades, las migraciones, los fenómenos de corrupción, las violencias, las inseguridades, y un largo etcétera, es en definitiva un lugar donde se discute y se construye alternativas son las universidades, los sistemas de educación superior. Por eso creemos que es muy importante en este marco, entendiendo estas encrucijadas que estamos atravesando, profundizar y complejizar el análisis y reflexión crítica también sobre el papel de la educación superior y particularmente de la educación superior pública y de la educación superior como derecho humano.

Analizar los alcances, las limitaciones, los retos que hoy enfrenta la educación superior tanto a nivel local como a nivel regional, sobre todo en aquellos modelos donde priman todavía los patrones neoliberales y donde se plantea también la educación superior como una mercancía. Plantear enfáticamente la necesidad de defender a la educación superior como derecho humano tal como se acordó en la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) en 2018. Recordemos que la CRES en el 2018 se refería justamente al acceso, al uso y a la democratización del conocimiento como un bien social, como un bien colectivo y como un bien estratégico, esencial para garantizar los derechos humanos básicos. Planteaba a la educación, la ciencia, la tecnología y las artes como un medio para la libertad y para la igualdad, garantizándolas a todos y todas sin distinción social, de género, étnica, de religión o de edad.

La educación, decía la CRES en 2018, no es una mercancía y por eso instamos a los estado Nacionales a no subscribir tratados bilaterales o multilaterales de Libre Comercio que impliquen concebir la educación como un servicio lucrativo o alienten formas de mercantilización en cualquier nivel del sistema educativo.

Conocemos bien esta realidad porque desde los 80’ en nuestra región la educación superior se convirtió en un objeto de mercado, en un proceso que entró en un proceso de mercantilización creciente de acuerdo a las dinámicas y a las reglas de los mercados locales o internacionales. Y porque también en la mayoría de los países, incluso en aquellos que tienen una fuerte tradición de universidad pública como puede ser el caso de Uruguay, de una universidad pública, laica y gratuita, no se ha logrado todavía discutir justamente el tema de cómo se financia la educación superior, y sigue siendo todavía un financiamiento marginal desde el punto de vista público y parte de un negocio –si lo podemos llamar así– privado en el ámbito del mercado.

Queremos colocar la vida y la educación en el centro y desplazar también de este ámbito el eje que hoy está centrado en el mercado. Es por eso que CLACSO y las universidades públicas de América Latina y el Caribe desde siempre e históricamente llevan adelante esta reivindicación en términos también de promover desde estos lugares de educación pública nuevos horizontes de reflexión crítica y de reflexión emancipadora. Para esto insistimos en la idea de colocar al conocimiento como un bien público, como un bien común –como se denomina en algunos casos– en esta disputa a nivel tanto regional como internacional que se está dando y que involucra también otro aspecto que es la idea del acceso abierto y de la ciencia abierta.

Estos debates creemos que contribuyen a efectivamente diseñar modelos educativos que permitan relacionar la investigación, la docencia, la extensión desde un marco de cooperación regional y desde un marco de cooperación regional abierta a las comunidades, a las comunidades no universitarias, y que permita también recuperar otras formas de conocimiento que permiten en definitiva enriquecer los diálogos tan necesarios en torno a la educación superior y a las universidades, en particular en nuestra región hoy.

Por último, quiero llamar la atención con los procesos de inestabilidad política que se están viviendo en algunos de los países de nuestra región que también amenazan el desarrollo del conocimiento y particularmente esta idea del conocimiento como bien público y las universidades como lugar de producción de conocimiento. La amenazan sea por medio de reducciones o recortes presupuestales o por medio de restricciones políticas a la libertad intelectual y al ejercicio profesional.

En definitiva entonces queremos colocar este eje como uno de los ejes centrales de nuestra Conferencia # para seguir desde CLACSO impulsando un espacio de encuentro, de las voces críticas, de las voces que promueven la reflexión y el debate en torno al rol de la educación superior y las universidades públicas, para poder pensar en conjunto alternativas para poder avanzar en esta idea de fortalecimiento del sistema de educación superior público en América Latina y el Caribe.

Creemos que la universidad tiene además un papel central en el fomento de la democracia, de la solidaridad, de la interdependencia, de la responsabilidad y por supuesto del pensamiento crítico que, como siempre decimos, es un pensamiento que además promueve o lleva implícita la idea de la transformación social.

https://www.clacso.org/la-universidad-tiene-un-papel-central-en-el-fomento-de-la-democracia-y-el-pensamiento-critico/

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“En América Latina y el Caribe tenemos una deuda con la población afrodescendiente”

Por: Karina Batthyány

La realidad por suerte impone algunos temas para comentar que son noticia y que nos traen a muchas de las columnas que hemos trabajado aquí en InfoCLACSO. El primero es México. ¿Por qué? Porque este martes, 7 de septiembre, al medio día, la Suprema Corte de México dio un paso realmente histórico despenalizando el aborto. Los diez jueces se pronunciaron de manera unánime invalidando un artículo del Código Penal del Estado de Coahuila que sancionaba la Interrupción del Embarazo en la etapa inicial con uno a tres años de prisión. Hasta ese fallo, recordemos, el aborto en México había sido tratado de manera exclusiva por las legislaciones de cada uno de los Estados que conforman a la Nación Mexicana.

La sentencia entonces del Máximo Tribunal va a tener efectos generales en todos los Estados. Desde el punto de vista de los hechos prácticos, ya no se podrá encarcelar en ningún lugar del país a las mujeres que decidan practicar un aborto. De las 32 entidades federativas que integran justamente los Estados Unidos de México, sólo 4 hoy permiten el aborto legal, libre y a petición de la mujer hasta las doce semanas de gestación. Recordemos: Ciudad de México, Oaxaca, y recientemente Veracruz e Hidalgo.

Con este fallo, entonces, ahora esto va a ser posible en todo el país. Este fallo judicial es sin dudas un respaldo institucional a la lucha del Movimientos de Mujeres Mexicanas y el Movimiento de Mujeres en América Latina y el Caribe.  Fue bien interesante escuchar al Presidente de la Corte en la argumentación sobre este fallo. Y esta noticia va empezar a generar repercusiones y presiones en todo el territorio nacional de México.

En la Conferencia de Prensa que todos los miércoles da el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, declaró justamente que la decisión unánime del Tribunal debe respetarse y los representantes de las distintas bancadas en los congresos estatales comenzaron a fijar sus posturas. ¿Por qué traemos esta noticia? Porque aproximadamente el 97% de las mujeres latinoamericanas y caribeñas en edad reproductiva viven en países donde el aborto no está permitido. Y además se estima que entre 5 y 10 mil mujeres pierden la vida al año en abortos clandestinos en América Latina y el Caribe.

Entonces, como antes fue en Uruguay, más cerca en el tiempo en Argentina, esperamos que ahora en México se de este paso hacia una sociedad más democrática, más igualitaria, donde las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida. Y los Estados -aquí lo importante- generen las condiciones para garantizar el ejercicio de estos derechos. Creo que realmente esta noticia se imponía comentarla aquí en InfoCLACSO.

-Realmente una noticia importantísima que viene desde México. Y entiendo ahí, me gustaba tu reflexión antes de ir al segundo tema, sobre lo que significa el trabajo de los diversos feminismos que hay en Latinoamérica y el Caribe. Porque sabemos que es un trabajo entrelazado, donde se toma muy en cuenta lo que sucede en un país para poder llevar esas experiencias a otras… Y creo que es una lucha muy importante, ¿no?

-Absolutamente. La Marea Verde como la solemos llamar específicamente en este tema y que sin lugar a dudas es un logro del Movimiento Feminista Latinoamericano que va avanzando en los distintos países. La noticia de México es para celebrar y para seguir entonces avanzando en éste, que es uno de los temas críticos y uno de los derechos que reclamamos las mujeres latinoamericanas y caribeñas.

-Tienes una segunda temática para proponernos y debatir…

-Te propongo que nos vayamos teóricamente a Durban (Sudáfrica), porque el 31 de agosto fue el Día Internacional de los Afrodescendientes que se celebra por primera vez en el 2021. Porque en 2020 justamente se llegó a la mitad de lo que se conoce como el Decenio Internacional para los Afrodescendientes que fue en Durban, y es bueno hacer una revisión de lo que está ocurriendo a propósito de la declaración de este día por parte de las Naciones Unidas como el Día Internacional de las personas afrodescendientes. En este Decenio –que así se lo ha nombrado, que llegamos a la mitad el año pasado–, si bien se han logrado progresos en los planos legislativos, normativos e institucionales, lo que tenemos para decir es que los y las afrodescendientes aún sufren formas interrelacionadas y complejas de discriminación racial (de racismo), de marginación y de exclusión.

Estos años de inicio del Decenio sumados a la pandemia del Coronavirus, pone de manifiesto la absoluta urgencia de abordar estas persistentes desigualdades estructurales y el racismo sistemático que observamos en el mundo y en particular en América Latina y el Caribe.

Recordemos que la falta de reconocimiento es todavía uno de los principales obstáculos que impiden el disfrute pleno y el disfrute efectivo de los derechos humanos por parte de las personas afrodescendientes. Han transcurrido ya 20 años de la Conferencia Mundial contra el racismo en Durban contra el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia, y este evento que a veces no lo recordamos tanto, fue en sí mismo un hito, porque permitió sistematizar un proceso en términos de los aportes a la humanidad del programa que hasta el día de hoy se considera como el programa más potente de lucha antirracista hasta nuestros días.

Y esto fue importante porque por supuesto tuvo un amplio y un diverso consenso internacional, pero fue liderado por los y las afrodescendientes. A mitad de camino entonces de este Decenio Internacional que es entre el 2015 y 2024, las metas que dieron origen al Decenio –Reconocimiento, Justicia y Desarrollo para las personas afrodescendientes, tienen un avance muy limitado y seguimos teniendo especialmente en América Latina y el Caribe una deuda con las personas afrodescendientes. Deudas que son significativas en nuestra región, porque es la región que concentra la mayor población de afrodescendientes del mundo con estimaciones que fluctúan entre 120 y 170 millones de personas, donde Brasil justamente concentra la mayor población del continente con 112 millones.

A pesar, entonces, de que 1 de cada 4 latinoamericanos y latinoamericanas se identifica como afrodescendientes, esta situación de desigualdad estructural, de discriminación sigue presente. La pandemia lo agravó y tenemos algunas cifras que nos permiten mostrar con evidencia lo que estamos diciendo de cómo persisten estas desigualdades y estas discriminaciones. Por ejemplo, una de ellas, es que justamente las personas afrodescendientes en América Latina y el Caribe tienen 2.5 veces más probabilidades de vivir en la pobreza que las personas no afrodescendientes. Y a su vez, segunda cifra para que la tengan presente, tienen en promedio menos años de escolarización, tienen también mayores índices de desempleo y menos representación en los cargos de toma de decisiones en todos los niveles, ya sean públicos o privados. Y esto son indicadores de la discriminación y la desigualdad estructural.

Entonces, al racismo tenemos que entenderlo, es parte central también de la cultura del privilegio que tan presente está en nuestros países. Las desigualdades raciales son estructurales, afectan los derechos y se traducen en pobreza, en privación de acceso a elementos del bienestar social de los bienes públicos como el agua, el saneamiento, la electricidad, internet que hoy es tan necesario entre otros elementos.

Tenemos que seguir trabajando en torno a este tema porque queda claro en América Latina y en el mundo la imposibilidad de avanzar hacia desarrollos sostenibles, justos, democráticos, sin deconstruir la matriz de desigualdad, la cultura del privilegio y las desigualdades estructurales que remiten por ejemplo al racismo.

https://www.clacso.org/en-america-latina-y-el-caribe-tenemos-una-deuda-con-la-poblacion-afrodescendiente/

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“Es hora de pensar en medidas que permitan un desarrollo sostenible en la región”

Por: Karina Batthyány

Hoy, a propósito, de un documento que se acaba de presentar en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) titulado “La paradoja en la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad”. Este documento toca varios de los aspectos que hemos estado conversando en nuestras columnas de los miércoles. Para comentar el documento, que es muy amplio, elegí tres o cuatro cosas que creo es oportuno que las comentemos.

Lo primero, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe elevó la estimación de crecimiento promedio para la región el 2021 a 5.2%. Esto es algo interesante, bueno, y que muestra un rebote desde lo que fue la contracción de 6.8% (estoy hablando siempre de producto bruto) anotada en 2020, que obviamente fue como causa del impacto de la pandemia. Entonces, tenemos un primer dato que es positivo. Se estima, para decirlo en un lenguaje más llano, un crecimiento económico de nuestra región del 5% en este 2021. Pero esta expansión o etapa de crecimiento no va a alcanzar para asegurar un crecimiento sostenido y la propia CEPAL dice por los impactos sociales de las crisis y los problemas estructurales que nuestra región tenía y que se han agudizado durante la pandemia. ¿Qué problemas estructurales? Entre otros, la desigualdad como hemos mencionado aquí en varias oportunidades, y que estos problemas obviamente se han agudizado y se van a prolongar en la etapa de recuperación.

Siempre de acuerdo a las proyecciones de la CEPAL, para el año 2022 en América Latina y el Caribe se habla de un crecimiento promedio menor al 3%, es decir, del 2,8 o 2,9 en promedio. Entonces, 5,2% para el 2021, allí ya se empieza a ver en la previsión para el año próximo una desaceleración de este “rebote” que podríamos llamar. ¿Por qué rebote? Porque el año anterior 2020 hubo una caída en estos números que permitió el rebote a 5 puntos en 2021, pero ya para el año próximo se prevé que esto sea menor al 3%.

Entonces, si miramos estos números, no podemos anticipar ni proyectar que la dinámica de bajo crecimiento que venía en América Latina y el Caribe antes de la pandemia (que era la tendencia previo a 2020), no podemos anticipar que esto vaya a cambiar. Es decir, vamos a seguir, a volver a esa dinámica de bajo crecimiento en la que ya estamos instalados como región antes de la pandemia. ¿Por qué nuevamente? Por estos problemas estructurales que limitan el crecimiento de nuestra región y, como ya dije, se agudizaron durante la pandemia.

¿De qué problemas estructurales estamos hablando? Estamos hablando de los problemas vinculados a las causas o los elementos que están por detrás de las desigualdades. En ese sentido, este documento que acaba de presentar la CEPAL nos muestra, además, que la tasa de crecimiento actual no es sostenible y se pronostica que volvamos a crecimientos o trayectorias más mediocres que no permitan recuperar totalmente el empleo y que tengan mayores consecuencias o mayor deterioro en términos ambientales.

Allí estamos hablando, además, del impacto de la pobreza que lo hemos mencionado en otras columnas y ese impacto de la pobreza especialmente para las mujeres y para las personas mayores. Recordemos que esta crisis de la pandemia ha llegado a nuestra región en un momento de estancamiento y con una crisis justamente de largo plazo en empleo, inversión, diversificación productiva sostenible, es decir, que no deteriore aún más el medio ambiente.

Solo para recordarles también que estas proyecciones se ubican en una región que ha sido de las más afectadas por el coronavirus. Último dato disponible: al 30 de junio la región latinoamericana y caribeña acumulaba más de 1.260.000 muertos (digamos 1.300.000) por causas del Covid-19, representando un tercio de los fallecimientos mundiales cuando en realidad nuestra región sólo es el 8% de la población mundial. Y recordemos también las enormes brechas de vacunación que observamos hoy dentro de América Latina y el Caribe y a su vez la brecha general entre nuestra región latinoamericana y caribeña y las regiones de los países desarrollados.

Todo esto nos vuelve a hacer reflexionar sobre algunos de los puntos que planteamos en nuestra columna pasada, donde nos referimos a las alternativas para la región latinoamericana y caribeña, que las habíamos colocado a propósito del documento de trabajo para la CELAC. Entonces, ¿de qué alternativas estamos hablando? Una vez más, de esas políticas que se necesitan para una recuperación en nuestra región, pero para una recuperación transformadora, no una recuperación que continúe profundizando las brechas y las desigualdades: políticas industriales, políticas tecnológicas, que permitan impulsar el crecimiento de sectores más intensivos en tecnología y generadores de empleo de calidad, reestructurar los sistemas de salud, los sistemas de educación, sostener las transferencias que algunos países latinoamericanos están realizando como transferencias de emergencia por la pandemia y, más aún, plantear el ingreso básico o la renta básica como la queramos llamar de manera universal para nuestra región. Asegurar el acceso a la canasta básica de alimentos, asegurar también el acceso a la conectividad que es un problema hoy en nuestros países, plantear el tema de la deuda externa y la necesidad de una nueva arquitectura financiera a nivel internacional. Es decir, distintas medidas que realmente permitan en lo que queda de 2021 y en el 2022 (que como ya vimos no hay una proyección de gran crecimiento para nuestra región) empezar a cambiar las cosas.

Allí un tema especial que quiero dejar para la próxima columna, que también se menciona en este informe que estamos haciendo referencia hoy, es la cuestión ambiental. Este informe (CEPAL) nos llama la atención sobre el impacto ambiental que se observa en nuestra región. Dice: Si bien hubo una cierta recuperación en los momentos más duros de la pandemia de mayor confinamiento, particularmente en lo que tiene que ver con la calidad del aire, la reducción de las emisiones de gas en efecto invernadero, ya no lo estamos observando a partir de que se retoma la actividad de 2021.

Entonces, empecemos a pensar en medidas que permitan un desarrollo sostenible y por lo tanto un desarrollo que no tenga impactos tan fuertes a nivel medioambiental con lo que estamos observando hoy y todos los días en nuestra región.

-Me quedaba pensando: qué sensación de oportunidad perdida que tengo por lo menos cuando iba escuchando los datos que ibas dando… Porque da la sensación que de la tragedia de la pandemia había un marco para pensar en lógicas alternativas, escuchaba los números y me daba la sensación de una posibilidad perdida o por lo menos no sé si perdida por completo. Porque entiendo que todavía son cuestiones que están en discusión, pero daría la sensación que no se está aprovechando a fondo para pensar en formas alternativas de salir y planteos diferentes… -No. Por eso es bueno insistir en esas alternativas que ya hemos planteado muchas veces aquí en InfoCLACSO, pero hay que insistir en tratar de construir esas alternativas. Y no mencioné solamente para ahorrarnos el mal trago… Durante la columna los últimos datos de pobreza, pero ya que tú lo traes en tu mención, la tasa de pobreza extrema en nuestra región alcanzó ya el 12.5% de la población y la de pobreza es 33.7%, es decir, superó a una de cada tres latinoamericanos y latinoamericanas viviendo en esta situación. Y lo mismo el crecimiento cuantitativo en lo que es inseguridad alimentaria, ya sea inseguridad moderada o grave, que alcanza a más de 40% de la población latinoamericana. Y eso es un crecimiento de casi 7 puntos en relación a la situación pre-pandemia: 44 millones de personas más en inseguridad alimentaria en nuestra región.

“Es hora de pensar en medidas que permitan un desarrollo sostenible en la región”

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“La representación de las mujeres hoy en los gobiernos democráticos es realmente muy baja”

Por: Karina Batthyány

Hoy te propongo que hablemos de participación y representación política de las mujeres. Y tú dirás por qué este tema ahora: hay un gran evento que ocurrió este domingo que es la elección de Elisa Loncón para presidir la Constituyente chilena. Y otro evento recordatorio en este caso que fue el recordar un domingo 3 de julio de 1927 en que por primera vez en Sudamérica las mujeres votaban (hace 94 años): en este caso en Uruguay, mi país, en un plebiscito departamental, aunque a nivel nacional recién el voto se concretó varios años después, pero ese 1927 marcó un hito en Sudamérica.

Entonces, trayendo los dos eventos, uno de la actualidad y de la importancia que tiene la elección de una mujer representante de los pueblos originarios para presidir la Constituyente chilena; y un recuerdo de hace casi un siglo de cuando por primera vez pudimos decir algo, en términos electorales, las mujeres.

Y por eso te propongo repasar un poquito esas primeras formas de gobierno democráticos a nivel mundial, donde no incluyeron a las mujeres como integrantes de la ciudadanía. Es decir, las mujeres no teníamos derecho a ser ciudadanas. La democracia como la entendemos hoy, es decir, como un gobierno representativo elegido periódicamente por el voto de todos y todas, ha sido históricamente el fruto en realidad de un proceso lento y difícil de reconocimiento de los derechos de ciudadanía para algunos grupos y particularmente para las mujeres.

Recordemos que la declaración inicial tan recordada y que tanto nos enseña además en el marco de los sistemas educativos, la declaración que se realizó durante la Revolución Francesa, de los famosos Derechos del Hombre (masculino) y del Ciudadano (en masculino también), es una declaración de principios sobre la igualdad pero que no incorporaba a las mujeres. Es decir, directamente las mujeres estaban excluidas del concepto de ciudadanía y se explicaba en esos momentos que era justamente porque teníamos una naturaleza diferente, más allá de que por supuesto ya en ese tiempo también existían muchas voces –masculinas y femeninas, pero sobre todo femeninas–, que planteaban esta necesidad de extender los derechos políticos a todas las mujeres y también a todas las clases sociales, que era otra razón de exclusión de los derechos de la ciudadanía.

Entonces, esa definición inicial de la categoría de ciudadanía y de la categoría por lo tanto de ciudadanos y ciudadanas, a partir de la Revolución Francesa está muy marcada por esta idea del patriarcado que no reconoce a las mujeres como ciudadanas. De a poco esto fue cambiando, muy de a poco, y se fueron incorporando la idea de inclusión también de las mujeres como ciudadanas.

Hoy qué es lo que está ocurriendo: podemos encontrar distintas realidades cuando observamos nuestras sociedades latinoamericanas, pero primero antes miremos qué pasa en el mundo. Lo decíamos en alguna columna de InfoCLACSO hace algunos meses, que si miramos todos los países, los gobiernos, solamente en 22 vamos a encontrar jefas de Estado o de Gobierno mujeres. Y además encontramos hoy en día también prácticamente 120 países donde nunca en toda su historia ha habido una mujer al frente de la presidencia o similar como se llame el cargo en capolitica de las mujeres

da uno de los países. Y además, a nivel mundial, las mujeres sólo estamos representadas en un 25% en los parlamentos nacionales de los países y en un 36% de los cargos electos de distinto tipo, sean cargos a nivel nacional o subnacional.

Por tanto, la representación de las mujeres hoy en estos gobiernos democráticos es realmente muy baja. Y esto tiene problemas no solamente porque es injusto en la medida que las mujeres somos la mitad de la población, sino porque como se ha mostrado en muchos estudios, cuando las mujeres estamos infrarrepresentadas las políticas que se aprueban y se deciden, no reflejan las necesidades y las prioridades de esa mitad de la población que aproximadamente somos las mujeres a nivel mundial. Y creemos que es necesario avanzar en esa representación que incorpore a las mujeres no solamente en el derecho a votar, sino en el derecho a ser elegidas y que esto se concrete.

A nivel de América Latina, tenemos un promedio regional que no llega al tercio. Es decir, si tenemos que recordar una cifra, siempre que nos pregunten sobre este tema, recordemos el tercio: las mujeres estamos en el 31% de los parlamentos a nivel de América Latina y el Caribe, un poquito más bajo a nivel de los ministerios en un 28%, y todavía bastante más bajo en el 15% si miramos las alcaldías o gobiernos sub-nacionales. Obvio que estos números van cambiando porque hay designaciones sobre todo a nivel de los ejecutivos, de los ministerios, que pueden modificar de un día a otro los temas. Pero en términos de tendencia recordemos que es un tercio. Y eso a pesar de los avances que han habido por medio de los que se llaman las medidas afirmativas, medidas de cuotas, medidas de paridad, para que las mujeres tengan una mayor representación en los distintos espacios de decisión.

Y solamente estoy hablando hoy de los espacios de decisión a nivel de la representación o de la elección política. Pero esto también se aplica en otros espacios de poder de la sociedad, porque cuando vamos a analizar la participación a nivel de los sindicatos, a nivel de las empresas, a nivel de las universidades, por ejemplo, también encontramos esa infrarrepresentación femenina.

Entonces, este es un tema que nos tiene que llamar, convocar a la acción y a seguir planteando la necesidad de que tanto mujeres como varones estemos debidamente representados en los distintos espacios de la sociedad. Por eso quería traer este tema hoy. No tengo que decirte que si además abrimos ese colectivo de mujeres –yo hablé aquí solamente de mujeres–, pero si ese colectivo lo abrimos por otras de las dimensiones de las desigualdades que hemos hablado aquí en InfoCLACSO, la situación es más compleja todavía: si lo abrimos por edad, jóvenes; si lo abrimos justamente por la dimensión étnica o racial todavía es complicada la representación. Entonces, hoy quería colocar este tema a partir de estos dos acontecimientos que mencioné al inicio.

-Sí, claramente iba a ser uno de los temas que también va a circular en todo Info CLACSO y es interesante que tú lo anuncies con estas cifras que ponen en contexto la valorización de lo sucedido en esta Convención Constituyente que entendemos tiene una dimensión de impacto mucho más allá de Chile que es en algún punto un faro, porque se trata de la Primera Convención Constituyente en donde esta paridad se da y se consigue. Entonces me parece tiene una dimensión que por ahí inclusive en Chile no sé si hay dimensión del impacto a nivel regional…

-Absolutamente. Y sabiendo además que van a estar las palabras de la presidenta aquí en InfoCLACSO, nos parecía más que oportuno colocar el tema y mostrar que efectivamente se puede trabajar con criterios de paridad y se pueden hacer transformaciones tan importantes como las que van a empezar a ocurrir en este proceso Constituyente de Chile al frente de su presidenta. Creo que este tema tenemos que seguirlo analizando, tenemos que seguirlo de cerca, y no tengo dudas que el proceso de Chile va a tener un impacto más allá de lo simbólico, también en este punto en la realidad regional latinoamericana.

-Karina, la semana pasada tú hablabas de diversidad aquí en el programa y en las últimas horas no enteramos de un nuevo asesinato, un crimen de odio como se suele llamarse: un joven de tan solo 24 años fue asesinado a golpes en España. Realmente está teniendo repercusión esta nueva situación que entiendo está en investigación, pero que es una de las noticias de impacto de las últimas horas.

-Absolutamente. Y refiere lo que hablamos la semana pasada el tema de no respetar las distintas identidades, de no respetar la diversidad, y este es un nuevo crimen de odio por los indicios que hay. Efectivamente está presente en todas las noticias, en todos los portales, así como también la represión que hubo a jóvenes y algunos no tan jóvenes que salieron a protestar por este crimen de odio en las calles de Madrid y fueron reprimidos bastante brutalmente por la policía. Lamentablemente es un tema que se repite y es un tema que como dijimos la semana pasada no podemos dejar pasar inadvertido, también tenemos que desde en InfoCLACSO llamar la atención y denunciar este tipo de acontecimientos.


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“Se trata de volver a discutir este proyecto de América Latina como región, como continente”

Por: Karina Batthyány

NI UNA MENOS

Empecemos primero por la edición de Ni Una Menos, un movimiento que tiene su origen en Argentina en 2015 y que nos recuerda una vez más el tema de la violencia hacia las mujeres, que lo hemos abordado en múltiples ocasiones y que sigue siendo uno de los problemas más graves, más dramáticos en términos de desigualdades de género en la región latinoamericana y caribeña.

Entonces, este miércoles es una nueva celebración, una nueva protesta del Ni Una Menos que adquirirá seguramente formas distintas por la pandemia en cada uno de los países, pero una vez más desde CLACSO nos sumamos con contundencia a esa consigna: Ni Una Menos, basta ya de violencia contra las mujeres, basta ya de cualquier tipo de violencia física, simbólica y sexual contra nosotras, las mujeres. Recordemos, solo como dato, que en nuestra región una de cada tres mujeres es víctima de esta forma de violencia.

-Quería marcar si se puede hacer un pequeño balance de Ni Una Menos teniendo en cuenta la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la República Argentina, las luchas en República Dominicana, un continente muy movilizado y con algunas luchas triunfantes en este último año.

-Totalmente. Un continente en el que observamos las dos tendencias: por un lado, un avance en términos de lo que es la agenda feminista, la agenda del Movimiento de Mujeres, claramente los hechos en Argentina, la situación ahora en República Dominicana, pero también no nos olvidemos un continente donde hay una reacción muy fuerte de los sectores conservadores justamente en contra de esta agenda. Es decir, en contra de la agenda de reconocer los derechos para las mujeres. Reacción que por momentos sorprende por su violencia, por su virulencia y que por eso tenemos que tomar cada una de estas fechas, en este caso Ni Una Menos, que refiere efectivamente a la violencia contra las mujeres, para recordar los avances pero también las deudas o las materias pendientes en términos de la igualdad entre varones y mujeres. Y si hay una materia pendiente sin dudas esa es la de la violencia de género. Por supuesto hay otras también como todo lo vinculado a los derechos sexuales y reproductivos, la temática de los cuidados y otros temas que hemos ido abordando en distintas columnas.

30 AÑOS DEL MERCOSUR

Dado que estamos también en los 30 años del MERCOSUR, te propongo abordar el tema de la integración regional a partir de un evento en el que CLACSO participó el viernes pasado organizado por FOMERCO (Fórum Universitário do Mercosul) sobre los desafíos de la integración regional en América Latina.

El primer punto que quiero plantear allí es este tema de la integración sobre una clave que ya hemos conversado. En estos momentos, en la pandemia quedó más que claro pero antes también, la búsqueda de soluciones, la búsqueda de alternativas a los distintos problemas que enfrentamos jamás va a ser de manera aislada: nadie sale por sí solo ni a nivel individual ni a nivel colectivo como Estado, como países. Entonces, necesariamente el tema de la integración regional vuelve a colocarse con urgencia en la agenda de América Latina. Además porque creemos que América Latina tiene riqueza en términos de sus capacidades humanas, culturales, sociales, científicas, para poder colocar este tema y buscar alternativas en colectivo como región, como continente.

Por supuesto que cuando decimos América Latina también sabemos que estamos hablando de América Latina que es una y que son muchas a la vez. Es una porque tenemos comunidad de intereses, de cultura, de proyectos, de aspiraciones, pero también tenemos que plantear la diversidad que hay en América Latina de idiomas, de culturas, y que justamente creemos que la mejor versión de América Latina es la mezcla en la diversidad. Es decir, el reconocimiento de esa diversidad y a partir de allí plantearse los desafíos de la integración regional. Desafíos de la integración regional que por supuesto tienen que estar analizados o en clave de lo que es la geopolítica y no olvidarnos del componente histórico en esa evolución de lo que ha sido la inserción geopolítica de América Latina. Recuerden: tuvimos periodos de gran dependencia de Europa, luego del Imperio Británico antes, luego de Estados Unidos. Y hoy apareció un nuevo actor en escena que tiene una gran relevancia económica y geopolítica justamente que es China (el primero o segundo socio comercial de la mayoría de nuestros países).

Entonces tenemos que pensar en esa integración regional, en esa clave geopolítica. Porque hablar de integración regional no es escapar a la globalización, sino plantearnos en los desafíos que impone la globalización pero desde una perspectiva o una lógica de la región latinoamericana. También allí tenemos que plantearnos cómo podemos entender estos asuntos que desafían a cada uno de nuestros países si no fueran una proyección regional. Yo creo que realmente esto es difícil por no decir imposible, porque las lógicas muchas veces estrechas de nuestros estados nacionales son insuficientes en un contexto que está muy marcado por la globalización.

Y si no pensemos en otro tema que hemos abordado aquí en InfoCLACSO, lo que ocurrió con las vacunas y más en general con la industria o las multinacionales de los medicamentos. Tenemos ejemplos todos los días de lo que significa esta dificultad en el acceso a las vacunas para el continente latinoamericano.

Ahora bien, desde nuestro lugar que son las Ciencias Sociales y las Ciencias Humanas, cuáles son los temas de las ciencias sociales latinoamericanas justamente en esta clave regional. El primero, somos el continente más desigual del mundo, por lo tanto la desigualdad es sin duda uno de esos temas. Desigualdad que está atravesada por múltiples dimensiones: género, étnicas, urbanas, rurales, educación, edad, etc., que van marcando esos clivajes de la desigualdad. Tenemos que trabajar este tema de la desigualdad en clave regional. Porque si nos quedamos solo en los registros nacionales seguramente se nos van a escapar algunas dimensiones y sobre todo algunas alternativas que son bien importante para poder avanzar en torno a este tema.

Dentro de la desigualdad –pero lo destaco como un tema especial– las desigualdades de género en el caso de la violencia. Allí hay algunos temas absolutamente claves para la región: la violencia de género, la temática de los cuidados, la agenda en materia de derechos sexuales y reproductivos, la participación a nivel social y política, y un largo etcétera.

En tercer lugar, el tema de la democracia y los procesos de inestabilidad política. Hablamos de este tema donde nos preocupa mucho estos procesos de inestabilidad política y cómo se pone en cuestión la democracia e incluso algunos indicadores que nos muestran ciertos niveles que por lo menos ponen en cuestión el arraigo de la población latinoamericana a los sistemas democráticos, y algunos temas que creíamos ya superados en la región que vuelven a aparecer en escena. Y esto además es particularmente importante para las ciencias sociales, porque sabemos muy bien que estos procesos de inestabilidad política amenazan el desarrollo del conocimiento particularmente en las universidades y en las instituciones de investigación y son especialmente amenazantes hacia las ciencias sociales y las ciencias humanas.

Luego también está el tema del ambiente y el cambio climático: cómo proteger la cuestión ambiental en nuestro continente que tiene la mayor biodiversidad, pero también es un continente que sufre de manera directa las consecuencias ambientales y sociales del cambio climático global. Necesitamos profundizar el conocimiento y la discusión en clave regional sobre este tema.

Y luego también los temas vinculados a la migración y la movilidad humana. Lo hemos dicho en otras columnas: la movilidad humana y la migración entendida como un derecho humano. Esta movilidad humana que por supuesto se da a través de los procesos migratorios y que son un fenómeno social de enorme impacto en la realidad actual contemporánea de América Latina, donde además convergen dimensiones de las desigualdades, de la violencia.

Y por último plantear también la necesidad de discutir los procesos de generación de conocimiento, de desarrollo científico y tecnológico que quedaron además tan en evidencia en esta pandemia: cómo asociar y potenciar los sistemas científicos en América Latina para no tener estos niveles de dependencia, por ejemplo, de la vacuna.

En definitiva, se trata de volver a discutir este proyecto de América Latina como región, como continente, con construcción de intereses comunes, con aprendizajes que a su vez nos permitan solucionar los conflictos que surgen en todas las regiones con una mirada estratégica hacia el futuro. Que nos permitan entender qué ha sucedido en América Latina, hacia dónde vamos y qué podemos hacer para fortalecer la construcción de alternativas democráticas que superen los modelos de exclusión que determinan estas brechas de desigualdad.

-Karina pensaba mientras te escuchaba en lo interesante de cómo es el movimiento geopolítico, porque en estos procesos de interacción regional que se vienen dando y que son muy importantes, vimos sectores de la derecha o de los sectores más conservadores que van con un proceso contrario de la integración regional, específicamente en el MERCOSUR, declaraciones de Brasil, Uruguay, contrarios en la integración regional con la intención de correrse de los bloques en el mismo momento en el que la individualidad en la negociación mundial y el mapa geopolítico complica más que nunca, v os lo decías recién con el tema de las vacunas. Entonces el tema de la integración regional se ha vuelto mucho más importante y mucho más dentro de la agenda de los sectores progresistas de la región. ¿Esto es así?

-Exactamente. Cuando uno mira justamente esas visiones nacionalistas te plantean la posibilidad de encontrar las soluciones en el nivel nacional, no en los procesos de integración, generalmente están asociados a discursos más conservadores, más de derecha. Por eso digo hay que revitalizar estos procesos de integración regional, el MERCOSUR es un ejemplo pero no solamente, y plantear estos desafíos como los desafíos de una agenda que nos permita entender lo que ha pasado en América Latina, pero sobre todo búsqueda de alternativas hacia adelante para superar este flagelo que tiene América Latina que es la desigualdad. Y t enemos la convicción de que eso no se hace de manera aislada, es decir, los países por sí solos no lo van a lograr si no es potenciándose, integrándose, reconociendo la diversidad pero desde allí construyendo alternativas colectivas. Creo que eso es un poco el centro de la discusión o la agenda de discusión en materia de integración regional. En tal caso eso fue lo que estuvimos debatiendo y discutiendo en esa mesa de FOMERCO (Fórum Universitário do Mercosul), donde estaban participando varios de los colegas de las distintas FLACSO de América Latina, buscando también mecanismos de complementariedad entre CLACSO (somos una red de investigación, de trabajo en ciencias sociales) y FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) que es otra red que también forma parte de CLACSO, en cómo nos potenciamos, cómo nos articulamos entre nosotros para impulsar estas y otras discusiones en la región.

“Se trata de volver a discutir este proyecto de América Latina como región, como continente”

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“En pandemia, los cuidados estallaron en nuestra vida cotidiana, pero la política pública no ha dado ninguna respuesta”

Por:  Karina Batthyány

Con la ceremonia inaugural a cargo de Gioconda Herrera, su presidenta, comenzó LASA (Latin American Studies Association). Y el tema central que se ha dado para este Congreso de LASA (que se hace año a año) es “Desigualdades sociales y centralidad de la vida”. Se terminó uno de los paneles centrales llamados Presidenciales porque son paneles organizados y convocados por la presidenta de LASA sobre este tema “Desigualdades sociales y centralidad de la vida”. Y quiero compartir con todos y todas en InfoCLACSO algunos de los puntos que estuvimos debatiendo allí.

Para eso voy a plantear que cuando hablamos de la centralidad de la vida, una dimensión central, tiene que ver con el cuidado o con los cuidados y el cuidado de la vida. Tema que ya hemos abordado pero que es bueno volver a visitar, discutir e intercambiar. Como dijimos en algún momento, esta pandemia si hay algo que hizo fue cambiarnos a todos y a todas en nuestras vidas cotidianas. Es decir, los arreglos, las formas de vida cotidiana que teníamos de un día para el otro se vieron profundamente modificadas. Y puso, la pandemia, en el centro algo que desde el feminismo venimos diciendo hace mucho tiempo, que es la necesidad de colocar la vida en el centro y el cuidado de la vida en el centro.

Y además de entender -creo que eso nos va quedando muy claro en este año y pico que llevamos de pandemia ya en América Latina y el Caribe- que todos y todas somos interdependientes. Tenemos que entender que las personas necesitamos de bienes, de servicios y de cuidados para sobrevivir, y que justamente estos cuidados son relacionales e interdependientes. Todos y todas por tanto hemos precisado o precisaremos en algún momento de nuestra vida cuidados: hemos cuidado o seremos cuidado a lo largo de diferentes etapas de nuestro ciclo vital. Necesitamos alimento, ropa, abrigo, apoyo, compañía, cuidados.

También todas las personas en algún momento nos enfermamos o nos lesionamos, tenemos COVID en algunos casos, pasamos por la primera infancia y llegaremos ojalá y deseablemente a la vejez. Y eso es lo que hay que entender: la característica relacional e interdependiente que los cuidados colocan en el centro. La pregunta que nos tenemos que hacer es qué pasó con los cuidados en el marco de esta emergencia sanitaria. Y efectivamente cuando revisamos en América Latina y el Caribe las medidas que han tomado los distintos Estados, los distintos gobiernos para atender esta dimensión que es central (por eso hablamos de la centralidad de la vida), encontramos que prácticamente no ha habido políticas o apoyos para esta temática. Lo analizamos hace un par de columnas atrás cuando vimos justamente las políticas que los gobiernos latinoamericanos están desarrollando en el marco de la pandemia. Entonces, vaya contradicción: los cuidados nos estallaron a cada uno de nosotros en nuestras casas, en nuestra vida cotidiana, pero del lado de la política pública no ha habido ninguna respuesta. Y recordemos que cuando hablamos de cuidado estamos hablando de mujeres cuidadoras, porque en nuestra región prácticamente el 80% de los cuidados no remunerados son realizados por mujeres. Pero, además, los cuidados remunerados, los que se dan en el marco de relaciones laborales, por ejemplo, también están ampliamente feminizados.

Esta situación que no es única de América Latina pero que es más grave, nos lleva a reflexionar sobre el punto. Digo que no es única en América Latina porque, decía, en nuestra región las mujeres contribuimos con un 73% del tiempo total que se destina al cuidado y al trabajo no remunerado; y los varones con un 27%. Pero qué pasa por ejemplo en países como Suecia: las contribuciones de los varones son del 44%; en Estados Unidos un 38%; en China un 39%. Por lo tanto, la brecha en América Latina en este punto es mucho más pronunciada. Y agregarle a esto cómo aumentó el trabajo no remunerado y el cuidado por el cierre de los establecimientos educativos, y el traslado de la educación de las escuelas a los hogares, donde alguien tiene que hacerse cargo de monitorear, de seguir y de apoyar esa situación. Los datos preliminares que tenemos es que ese “alguien” también para América Latina y el Caribe tiene cara de mujer. Es decir, son las mujeres las que están sosteniendo ese punto.

Además, si miramos el mundo del trabajo remunerado, recordemos lo que hemos dicho en otras columnas aquí en InfoCLACSO: en muchos casos las mujeres están en el sector informal de la economía. De hecho, la OIT (Organización Internacional del Trabajo) dice que hay 126 millones de mujeres que trabajan de manera informal en América Latina y el Caribe. Y eso es más o menos la mitad de la población femenina de la región.

¿Qué pasa en ese sector informal? No hay protección social, los ingresos no son altos, hay mucha inestabilidad laboral. Súmale a eso que en el sector del mercado laboral justamente las mujeres son las que están más empleadas en los sectores que han sido más afectados por la pandemia: el comercio, los restaurantes, el turismo, el trabajo doméstico remunerado. Todo eso nos va dando una situación que es muy compleja en términos de lo que está ocurriendo con las mujeres latinoamericanas y caribeñas.

Esto me lleva a plantear entonces cómo esta crisis del COVID-19, una vez más, ha profundizado los nudos estructurales de la desigualdad de género en América Latina. ¿Por qué afirmamos esto? Porque una de cada dos mujeres ocupadas, está ocupada en los sectores de mayor riesgo, los sectores que hoy están en riesgo económico y por lo tanto el desempleo las ha impactado más en la pérdida de ingreso, etc. Porque las mujeres han salido de la fuerza laboral tanto que la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) dice que hay un retroceso de diez años en este punto, como ya mencionamos en otra ocasión. En el sector doméstico remunerado se han perdido empleos, prácticamente la mitad de los empleos del sector doméstico remunerado en América Latina han desaparecido y allí son 98% mujeres las que estaban trabajando. Pero además las mujeres están también en la primera línea de la respuesta a la pandemia, porque en el sector de la salud el 73% de las empleadas son mujeres. Ha aumentado, como decíamos, la carga de cuidados no remunerados en los hogares y no se ha distribuido equitativamente ni la carga anterior ni ese aumento, lo que genera todavía más exigencias y tensiones sobre las mujeres.

También recordar que una de cada cuatro mujeres de entre 15 y 24 años (jóvenes) no estudian ni están ocupadas hoy en América Latina y el Caribe, y que de esas mujeres, tres cuartas partes, no estudian ni se ocupan porque se dedican a cuidar. Entonces, cómo se han potenciado las brechas de género es algo que empezamos a tener datos y que, por supuesto, nos alarma, nos preocupa, porque esto sabemos que tiene consecuencias hoy para la vida de cada una de nosotras en América Latina y el Caribe, pero también tiene consecuencias futuras aún en la situación de salida de la pandemia.

Y por último, recordar que estas brechas que estoy mencionando, estas desigualdades o nudos estructurales de las desigualdades de género, se potencian cuando incorporamos las dimensiones étnicas y raciales, donde claramente por ejemplo las mujeres afrodescendientes reciben ingresos menores, sufren mayor desempleo.

Pensaba una cosa: diste algunas pistas en relación con eso, pero me genera cierta intriga en relación a la investigación académica que llevas adelante para tratar de saber por qué es más grave en América Latina que en otras partes del mundo. ¿Hay cuestiones educativas que son demarcantes, cuestiones conservadoras? ¿Qué es lo que marca la diferencia en otras partes del mundo que esta región tiene datos mucho más preocupantes?

Yo creo que se combinan cuatro elementos: la desigualdad socioeconómica más pronunciada en nuestra región; los patrones culturales machistas o patriarcales que son clásicos de América Latina y el Caribe y que no se han superado, siguen muy vigentes en nuestras prácticas cotidianas; la división sexual del trabajo, por supuesto relacionado a esos patrones culturales y machistas; y también la falta de autonomía o de presencia de las mujeres donde se toman las decisiones. Aquello que alguna vez hablamos de la autonomía en la toma de decisiones y la sub-representación me animo a decir escandalosa que hay en nuestra región de las mujeres en los distintos lugares de toma de decisiones a nivel de toda la estructura o de las distintas estructuras de poder de la sociedad.

“En pandemia, los cuidados estallaron en nuestra vida cotidiana, pero la política pública no ha dado ninguna respuesta”

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