Page 10 of 10
1 8 9 10

Indignación e institucionalización de la sospecha

Por: Leonardo Díaz

El truncado proceso electoral dominicano del pasado 16 de febrero ha generado mucha indignación en segmentos importantes de la sociedad dominicana, cuyo hastío ante la hipercorrupción gubernamental, el abuso de poder y los intentos de violentar las reglas del orden democrático, se ha expresado en distintas manifestaciones de protesta.

Un factor determinante de la referida indignación lo constituye la generación de los llamados nativos digitales, jóvenes cuya vida, permeada por el uso de las redes sociales, ha provocado una agitación política contagiosa que genera impacto en el espacio público.

Es provechoso para una sociedad democrática la activación política de su ciudadanía. Uno de nuestros graves males, en las últimas décadas, ha sido la pasividad y la servidumbre general de la población ante las reprobables prácticas de sus gobernantes.

Por tanto, veo con buenos ojos las distintas expresiones de protesta que artistas, deportistas, periodistas, intelectuales, activistas sociales, empleados públicos y privados han ingeniado en estas semanas transcurridas desde el bochornoso acontecimiento del 16 de febrero.

No obstante, se debe mirar más allá de estas acciones circunstanciales. Todavía, grandes segmentos de poblaciones, especialmente, los más pobres, se autoexcluyen de las protestas. Desde su nacimiento, se encuentran embotados y envilecidos por la pobreza y la atmośfera ideológica que genera. No han recibido una educación que los haga concebirse como sujetos de derechos y deberes, y su vida, caracterizada por la sobrevivencia, los entrega a las redes de la dependencia clientelar, restringiendo sus posibilidades de accionar político.

En este sentido, no debemos confundir un movimiento auténticamente social con las manifestaciones de protesta de una clase media, minoritaria y tendiende al aburguesamiento, voluble como la circulación de la información en las redes sociales. Requerimos que los movimientos populares organizados continúen trabajando en el proceso de organización de la gente, en los sectores marginales, practicando lo que la filósofa letona Judith Shklar llamó la institucionalización de la sospecha, un activismo vigilante de las prácticas en las distintas instancias del poder. Si no, seguiremos experimentando “la decepción del Gatopardo”: esforzándonos por un cambio que deja todo como está.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8787497-indignacion-e-institucionalizacion-de-la-sospecha/

Fuente: https://pixabay.com/photos/pen-red-pen-ankreuzen-choice-2181101/

Comparte este contenido:

La clausura del futuro

Por:  Leonardo Díaz

 

La prensa nacional se ha hecho eco de un estudio que muestra una situación preocupante para el futuro de la sociedad dominicana: la migración de su juventud cualificada.

Según los datos del estudio reseñados, entre otros, por el Listín Diario (https://listindiario.com/economia/2020/02/09/603524/republica-dominicana-entre-los-paises-con-mas-fuga-de-cerebros), República Dominicana tiene un índice migratorio de personas cualificadas de 6.8, en una escala del 1 al 10. Estos resultados, aunque constituyen una mejoría con respecto a hace unos trece años (8.3 en 2007), siguen mostrando una situación lamentable: República Dominicana se encuentra entre los países con mayor índice de “fuga de cerebros”, junto a países como Salvador, Honduras, Guatemala, entre otros.

El problema no consiste, per se, en la existencia de una circulación de personas cualificadas, sino en el hecho de que, en la mayoría de los casos, estos dominicanos capacitados no regresan, salvo de vacaciones, y tampoco somos receptores de una inmigración cualificada a gran escala para reemplazarlos.

La mirada economicista, usualmente reduccionista, no permite comprender en su magnitud por qué el país, a pesar de mantener un crecimiento económico sostenido durante décadas, se encuentra igualado, en el referido índice, con países de menor crecimiento económico.

Y por supuesto, el enfoque economicista se sitúa en el problema de los salarios. Es cierto que nuestro nivel salarial es irrisorio. Pero, como venimos sosteniendo desde hace tiempo quienes defendemos la evaluación de las sociedades en función del modelo del desarrollo humano, hay otros factores que hacen poco atractivo la permanencia de un joven talento en nuestro país una vez se ha cualificado en un país con alto desarrollo humano.

Las personas, en especial, los jovenes, tienen muchas expectativas. Sueñan con llevar a cabo proyectos personales que van más allá de un estatus económico, si bien la cultura actual en las sociedades occidentales reduzca el éxito y el bienestar a la posesión de bienes materiales.

Aún más, salvo raras excepciones, los seres humanos tienden a ser más exigentes con respecto a lo que esperan de las sociedades en función de su cualificación. En un país con alto desarrollo humano existen las oportunidades de acceder a unos bienes intangibles que enriquecen la experiencia humana y que, una vez disfrutados, quieren perderse.

Evaluadas desde el modelo del desarrollo humano  nuestra sociedad reprueba, se convierte en poco atractiva de cara al futuro. Dentro de ella, una persona cualificada observa que sus capacidades no le sirven para vivir con decencia. Percibe que el futuro se clausura, porque carece de las destrezas callejeras y matonescas para competir en los entornos de ascenso social; carece de apellido, de vínculos partidarios, de vocación por la adulación y el gansterismo.

Y si es una persona madura, no solo piensa en si misma, se preocupa por el futuro de sus hijos, de sus amigos, de sus conciudadanos. Por ello desea una educación de calidad y un sistema de salud que no comercialice con la vida humana de los más vulnerables. Aspira a tener gobernantes honestos, o que sufran las consecuencias si deciden no serlo.

Por esta situación, nuestro problema no se va a resolver cancelando las becas al exterior o reorientando la inversión educativa en beneficio de las universidades dominicanas. Estas medidas no atacan el problema. El mismo radica en una actitud pesimista ante la vida generada por condiciones sociales de injusticia acumulada. La cuestión no es meramente educativa, sino también, política. Debemos comenzar a transformar las condiciones de injusticia y malestar que produce esa percepción de futuro clausurado.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8782049-la-clausura-del-futuro/

Imagen:  https://pixabay.com/photos/luggage-suitcases-baggage-bags-933487/

Comparte este contenido:

El cartero del conocimiento

Por: Leonardo Díaz 

A los 90 años, ha fallecido George Steiner. Filósofo, ensayista y teórico de la cultura, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2001); profesor en Princeton y Cambridge, mitólogo y especialista en literatura comparada, Steiner representó el canon de los clásicos occidentales y el modelo de la educación humanística.

Su pasión por los clásicos no lo llevó a la distinción maniquea entre alta y baja cultura. Supo percibir la belleza de los fenómenos mediáticos, Llegó a decir que Homero habría comprendido a Mohammed Ali, “un fenómeno estético…un dios griego”. (Entrevista en Babelia, 1-7-2016). No obstante, se autoculpó de incomprender, en toda su magnitud, las posibilidades del séptimo arte. (Entrevista en El país, 5-2-2020).

Vio con buenos ojos la emergencia de formas estéticas donde la mujer desempeñaba un importante aliciente creativo, aunque se autocriticó por no captar todo el impacto social del movimiento feminista. (Entrevista en El país, 5-2-2020).

Educador, dijo sentirse asqueado de un sistema educativo que ha generado la incultura. Se molestó por el rechazo de la escuela a la memoria y al tipo de sensibilidad y vitalidad que esta implica.

Apologista del error, criticó una enseñanza intolerante a la equivocación, porque consideró que la misma conlleva el miedo a arriesgarse y, sin riesgo, no hay creación.

Víctima de las grandes tragedias de la Europa del siglo XX, se horrorizó ante el rumbo de una sociedad banalizadora del saber, obsesionada por el dinero y el fetichismo de la utilidad.

Escéptico con respecto a los enfoques formalistas del arte, concibió la creación artística como expresión de la búsqueda por comprender el ser, la resistencia humana al límite infranqueable de la muerte y la apertura infinita hacia nuevos horizontes.

Un judío que decía deberle todo a Hitler, porque de la fuga familiar aprendió el valor de los viajes y de las lecturas, Steiner fue un espíritu cosmopolita: “Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, un buen café y unos libros. Eso es una patria”. (Entrevista en Babelia, 1-7-2016).

Siendo colega de Einstein y Oppenheimer, en la Universidad de Princeton, desarrolló un sentido de humildad ajeno a muchos de los profesores universitarios. Se definió a si mismo como “el cartero”, porque se vio ante todo como un profesor, con la noble misión de depositar cartas que no había escrito.

Me imagino el siguiente epitafio para su tumba: “el cartero del conocimiento”, “el cartero de la memoria”, o tal vez, simplemente, “il postino”, como escribió debajo de un retrato de juventud colocado en su casa de Cambridge.

Fuente:  https://acento.com.do/2020/opinion/8777462-el-cartero-del-conocimiento/

Imagen:  https://www.vilaweb.cat/noticia/4032207/20120802/george-steiner-poesia-pensament.html

Comparte este contenido:
Page 10 of 10
1 8 9 10