Redacción: El País
‘Lluvia fina’, de Luis Landero, se corona como la obra más destacada en una votación en la que han participado 60 críticos y escritores.
Lluvia fina, de Luis Landero, publicada en marzo y que ya está siendo adaptada al teatro y a la televisión, se corona como la obra más destacada de 2019 en una votación en la que han participado 60 críticos y escritores. Además, seis autores latinoamericanos escogen sus lecturas del año.
Aunque la capacidad fabuladora de Luis Landero no ha decaído nunca desde la revelación que supuso Juegos de la edad tardía (1989), hubo un momento en que pareció mostrar síntomas de fatiga: así en El balcón en invierno (2014), que comenzó como ficción y acabó como libro de memorias, espléndido por otra parte. Enseguida volvió Landero a la fabulación pura con La vida negociable (2017), a la que ahora sigue Lluvia fina. Remite esta novela a su fascinante estreno literario. De él proviene alguno de los personajes, que late aquí con otro nombre. Es el caso de Faroni —en realidad, personaje de un personaje—, cuyo trasunto es el padre muerto evocado como un prestidigitador existencial, pues “podía pasar por embajador de la China, por lord inglés, por sultán de la Gran Arabia, por patriarca gitano, por ciego o jorobado, por viejo pordiosero y hasta por dama de alta alcurnia”. Salvado esto, lo demás es de nueva planta, empezando por que la novela tiene la estructura enjuta de un cuento, tensa y sin pacotilla de relleno, y siguiendo por su facultad de atribular al lector como si confluyeran en ella los espíritus de Dostoievski y de Kafka (o, viniéndonos a hoy, de Cristina Fernández Cubas, cuando provoca un relámpago de horror en la grisura cotidiana).
Nada, sin embargo, induce a pensar en esa tribulación si atendemos a su arranque argumental, banal hasta cierto punto: Gabriel, profesor con pujos de filósofo, convoca a su esposa y hermanas a un ágape familiar con motivo del ochenta aniversario de la madre. Esta queda retratada por los recuerdos infantiles de los hijos, nunca concordantes, como una mezcla de furia y de Casandra, profetisa de desgracias futuras, convencida como está de que la alegría trae mala suerte y que, según reza Unamuno en un soneto memorable, “toda vida a la postre es un fracaso”.
Las disensiones familiares frustran la celebración del agasajo, pero bastó que Gabriel sacudiera el avispero para que se activara la máquina del espanto, y la calma de una familia convencional (o sea, moderadamente mal avenida) se viera trastornada hasta desembocar en el desastre. Por las resquebrajaduras de aquella normalidad afloran las malas yerbas, que se enredan entre sí y forman una maraña progresivamente más tupida de resentimientos, sevicias, envidias, malquerencias, rencores. Junto a la madre y Gabriel, que oculta la zafiedad, acaso la maldad, tras las cubiertas de sus libros y su retórica de sofista, las aguas turbias del pasado terminan anegando el presente de los demás: los dimes y diretes, las insidias y frustraciones de las hermanas, Sonia y Andrea; la baba moral del exmarido de la primera, Horacio, un monstruo lúbrico de sonrisa obsequiosa. Cuanto sucede o sucedió lo conocemos por las evocaciones cruzadas de los personajes, que ofrecen versiones distintas de un mismo acontecimiento, con lo que la verdad se escurre por las ranuras de las perspectivas múltiples. Receptora de las confidencias de todos es Aurora, la sensitiva esposa de Gabriel y único personaje noble, que escucha y trata de comprender a cada uno, y por cuyas costuras revienta la catástrofe cuando ya no es capaz de metabolizar lo que le llega.
Estamos ante un relato magistral que muestra lo precario, y al cabo ficticio, de toda estabilidad. Basta escarbar en el pasado, en cualquier pasado, para que asomen su hocico la abyección o la locura. No hay concordia sin secreto ni paraíso sin mentira, parece el desazonante corolario de la novela. El fanatismo de la sinceridad arrastra inexorablemente a la ruina. Esa constatación es más angustiosa que el truculento desenlace: aunque es un final feroz, ya añade poco a la aflicción que se fue instalando en el lector mientras parecía que no sucedía nada. Por Ángel L. Prieto de Paula
2. Los errantes, Olga Tokarczuk. (Traducción de Agata Orzeszek. Anagrama)
Uf. Una rareza tejida con ironía, audacia y enciclopedismo. Un cofre de confesiones autobiográficas, apuntes de historia, anécdotas de viajes, relatos clásicos. Tokarczuk ha creado un gabinete de curiosidades por donde desfilan los maoríes, el viaje del corazón de Chopin de París a Varsovia, la Wikipedia, las compresas, la súplica de Joséphine Soliman para que el emperador de Austria dejase de exhibir el cuerpo de su padre (negro y antiguo alto funcionario del régimen) o la desesperación de Kúnich, que pierde a su esposa y a su hijo en el regreso de las vacaciones. Por este caleidoscopio literario se entrecruzan fragmentos dedicados a la psicología del viaje o a las reliquias que conforman Europa. Tokarczuk viaja y escribe desde la misma barricada: la búsqueda de lo radical y lo auténtico. Por Tereixa Constenla
3. Desierto sonoro, Valeria Luiselli. (Traducción de Daniel Saldaña París y Valeria Luiselli. Sexto Piso)
El desierto y los espejismos entre realidad y ficción. Un viaje en carretera por el sur de Estados Unidos, padre, madre y dos niños. Largas horas y calor, escuchando las conversaciones de los mayores, de esa pareja en proceso de descomposición, en la que asoman esos otros niños, los pequeños migrantes que cruzan la frontera. Hay una historia íntima y familiar, y otra de un narrador desconocido casi como si fuera un reportaje, que se va oyendo hasta que todo converge. Construida con esmero e inteligencia, la forma híbrida y múltiple a la que llega Luiselli no enfría ni resta emoción a la trama, sino que la magnifica, cruzando fronteras narrativas y físicas, demostrando que todo está cerca y lejos, añadiendo capas, ecos y conmovedoras distancias. Por Andrea Aguilar
4. Tiempos recios, Mario Vargas Llosa. (Alfaguara)
La capacidad para apuntar a un objetivo, señalarlo desde distintos ángulos y finalmente elevar el foco hasta sacar la mejor fotografía posible es justamente la que ha exhibido Vargas Llosa en Tiempos recios. El objetivo es a primera vista la intentona democrática del presidente Árbenz en la Guatemala de los cincuenta, pero en realidad, a medida que ese foco se va alzando hasta iluminar el contexto, comprobamos que el objetivo es mucho mayor: es la injerencia de EE UU en la región, la demolición de la soberanía aun antes de nacer y la perversión del poder de la mano de quienes convierten el abuso del mismo en mérito. Por todo ello no es solo un libro, es una huella. Por Berna González Harbour
5. Tiempo de magos, Wolfram Eilenberger. (Traducción de Joaquín Chamorro Mielke. Taurus)
Al final de la Primera Guerra Mundial, en 1919, cuatro filósofos cambiaron la forma en que pensamos y, por lo tanto, la forma en que miramos el mundo. El periodista y filósofo alemán Wolfram Eilenberger construye un libro apasionante sobre estas cuatro figuras —Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heidegger y Ernst Cassirer— y, a la vez, sobre los años veinte en Alemania, un momento de libertad furiosa, pero en el que, a la vez, se estaba fraguando el monstruo del nazismo. Pocas veces un libro de filosofía logra esta difícil mezcla de divulgación y profundidad. Por Guillermo Altares
6. Cambiar de idea, Aixa de la Cruz. (Caballo de Troya)
La ola feminista que ha sacudido la narrativa española de los últimos años tiene en este libro de Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) uno de sus grandes hitos. Narración, memoria y reflexión se aúnan para producir un autoanálisis implacable que responde perfectamente a la cita de la Mala Rodríguez que lo abre (en canal): “Nada puede ser tan malo / como eso que hicimos y nunca recordamos, / como eso que nos hicieron y nunca perdonamos”. Cuando esa necesaria ola empiece a producir —ya hay síntomas— su propio costumbrismo habrá que volver a Cambiar de idea para comprobar que, sin revolución formal, no hay revolución temática que valga. Por J. Rodríguez Marcos
7. La isla de los conejos, Elvira Navarro. (Literatura Random House)
La isla de los conejos es una colección de 11 relatos en la que Elvira Navarro trabaja el género fantástico para mostrarnos la cara siniestra de la realidad, aquello que preferiríamos no ver (la fealdad, lo demencial, lo monstruoso, lo repugnante…). En cada cuento desarrolla situaciones desconcertantes y personajes originales e impredecibles. Recrea, con un estilo riguroso y un lenguaje extremadamente preciso, atmósferas densas y asfixiantes. A pesar del desasosiego que genera la lectura, Navarro deja espacio también para un peculiar sentido del humor (negro, sin duda) y una mirada no exenta de ternura. Por Edurne Portela
8. El sueño de una lengua común, Adrienne Rich. (Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús. Sexto Piso)
Los años sesenta encuentran a Adrienne Rich en su plenitud: escribe sus ensayos feministas más sagaces, además de esta obra maestra, traducida con precisión por la poeta Patricia Gonzalo de Jesús. Rich arriesga “una voz que ya no es personal”, sino un plural femenino que desteje la opresiva trama de “nuestras intimidades”. Dignifica lo “concreto y eterno”. Y escribe algunos de los más lúcidos poemas de amor y desamor (de dos mujeres no jóvenes que deben compensar “los años sin conocernos”) del siglo XX. Por Carlos Pardo
9. Emilia Pardo Bazán, Isabel Burdiel. (Taurus)
Que no le intimide este volumen de 750 páginas sobre Emilia Pardo Bazán, pues aquí no hay solo biografía o un hilar sobre obra y época de una de las grandes novelistas del XIX. La inteligente y hermosa letra de Isabel Burdiel alumbra sobre la singular personalidad de la escritora y nos hace recorrer el territorio de sus múltiples ambivalencias. Dice Burdiel: “En el plano largo es un personaje de una pieza. En el plano corto, un rompecabezas”. Y así es, y qué bien nos lo cuenta. Por María José Obiol
10. El colgajo, Philippe Lançon. (Traducción de Juan de Sola. Anagrama)
La cara la tiene pegada al suelo por la sangre; lo percibe, luego no está muerto del todo; empieza, en la dantesca redacción de Charlie Hebdo tras el atentado del 7 de enero de 2015, el proceso de sobrevivir. La reconstrucción de la cara del periodista es también la de su esencia. Mezcla de crónica y memoria, 200 días de hospital y 18 operaciones permiten recoserse a través de recuerdos y vivencias con familiares, policías, enfermeras… Bach y Kafka, olvidados, resucitan. Sí, la escritura (si es envolvente, directa, sincera) aún salva. Por Carles Geli
11. Jardín Gulbenkian, Juan Antonio González Iglesias. (Visor)
En 1997 Juan Antonio González Iglesias publicó su obra maestra —Esto es mi cuerpo— y se consagró como uno de los grandes poetas de la generación de los noventa. Su nuevo libro —más ascético que celebratorio, más cerca del jardín que de la biblioteca o la discoteca— confirma la excelencia de una voz que ha sabido ser moderno —y hasta posmoderno— sin olvidar las enseñanzas del mundo clásico.
12. La única historia, Julian Barnes. (Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama)
Dotado de un fino pero eficaz sentido del humor, Julian Barnes (Leicester, 1946) pertenece a una prodigiosa generación de escritores británicos (también aparece en esta lista otro representante, Ian McEwan). Ambientada en los años sesenta, su nueva novela relata la relación entre un hombre de 19 años y una mujer de 48. Barnes reflexiona sobre el amor y el sexo y se muestra, sobre todo, como un sutil y eficaz narrador.
13. Capital e ideología, Thomas Piketty. (Traducción de Daniel Fuentes. Deusto)
El economista francés Thomas Picketty (Clichy, 1971) puso la desigualdad en el centro del debate social con su anterior libro, El capital en el siglo XXI, que se convirtió en un sorprendente best seller mundial. Su siguiente libro, que también supera las mil páginas, ha representado otro aldabonazo en la conciencia occidental y ha logrado muchos más lectores de lo habitual para una obra científica de este tipo.
14. Iluminada, Mary Karr. (Traducción de Regina López Muñoz. Errata Naturae y Periférica)
La tejana Mary Karr (Groves, 1955) revolucionó la escritura autobiográfica con El club de los mentirosos y culminó esa revolución con Iluminada, una historia sobre el matrimonio, la maternidad y el alcoholismo en el que la autora se analiza a sí misma sin perder el sentido del humor aunque a veces pierda la consciencia.
15. Nuestra parte de noche, Mariana Enriquez. (Anagrama)
Mariana Enriquez, argentina de 46 años, demuestra en esta novela, con la que ganó el Premio Herralde, que el género fantástico puede ser el retrato más fiel de una realidad monstruosa.
16. Un corazón demasiado grande, Eider Rodríguez. (Literatura Random House)
Autora clave en la literatura reciente en euskera, Eider Rodríguez (Rentería, 1977) se ha revelado a los lectores en castellano con este libro de relatos en el que lo familiar y lo cotidiano tienen siempre un reverso desasosegante.
17. Mañana tendremos otros nombres, Patricio Pron. (Alfaguara)
La demostración de que una nueva realidad produce tarde o temprano una nueva literatura es esta novela —premio Alfaguara— que cuenta el modo en que una aplicación como Tinder moldea las relaciones amorosas. El tema más viejo del mundo deja de serlo cuando hay por medio un teléfono móvil.
18. Lejos de Kakania, Carlos Pardo. (Periférica)
Kakania era el nombre con el que Robert Musil definía al Imperio Austrohúngaro y es también el espacio que recorren los protagonistas de esta novela, el propio Carlos Pardo (Madrid, 44 años) y su amigo Virgilio. Sorprendente, provocador, divertido, experimental (una parte está escrito en verso y otra en prosa), este libro representa un retrato ácido y a la vez cálido de la amistad y del mundo poético español.
19. Máquinas como yo, Ian McEwan. (Traducción de Jesús Zulaika Goicoechea. Anagrama)
Pocos narradores han tocado tantos y tan diferentes en sus novelas como el británico Ian McEwan (Aldershot, 1948), que ha ido construyendo a lo largo de las décadas que viaja por diferentes décadas y escenarios para construir un profundo relato de la condición humana. Su último libro transcurre en un Londres distópico poblados por seres humanos sintéticos.
20. Recuerdos del futuro, Siri Hustvedt. (Traducción de Aurora Echevarría Pérez. Seix Barral)
Ganadora del premio Princesa de Asturias de las Letras, Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) traza en este libro el relato de sus años de formación y de su llegada a Nueva York con un estilo absorbente y reivindicativo.
21. Teatro, Henrik Ibsen. (Traducción de Cristina Gómez-Baggethun. Nórdica)
22. Cuentos completos, Mario Levrero. (Literatura Random House)
23. Terra Alta, Javier Cercas. (Planeta)
24. Hambruna roja, Anne Applebaum. (Traducción de Nerea Arando Sastre. Debate)
25. El naufragio de las civilizaciones, Amin Maalouf. (Traducción de María Teresa Gallego. Alianza)
26. Fin. Mi lucha: 6, Karl Ove Knausgård. (Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama)
27. El arte mágico, André Breton. (Traducción de Mauro Armiño. Atalanta)
28. Testamento de juventud, Vera Brittain. (Traducción de Regina López Muñoz. Periférica / Errata Naturae)
29. Cometierra, Dolores Reyes. (Sigilo)
30. Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado. (Anagrama)
31. Canto yo y la montaña baila, Irene Solà. (Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera. Anagrama)
32. El negociado del yin y el yang, Eduardo Mendoza. (Seix Barral)
33. Javier Pradera o el poder de la izquierda, Jordi Gracia. (Anagrama)
34. Una odisea, Daniel Mendelsohn. (Traducción de Ramón Buenaventura. Anagrama)
35. España. Un relato de grandeza y odio, José Varela Ortega. (Espasa)
36. Las lealtades, Delphine de Vigan. (Traducción de Javier Albiñana Serraín. Anagrama)
37. La mente de los justos, Jonathan Haidt. (Traducción de Antonio García Maldonado. Deusto)
38. Los testamentos, Margaret Atwood. (Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino. Salamandra)
39. Sidi. Un relato de frontera, Arturo Pérez-Reverte. (Alfaguara)
40. El corazón de Inglaterra, Jonathan Coe. (Traducción de Mauricio Bach. Anagrama)
41. Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau. (Candaya)
42. Cuentos completos, Hebe Uhart. (Adriana Hidalgo Editora)
43. Días temibles, A. M. Homes. (Traducción de Andrés Barba. Anagrama)
44. Seguir con el problema, Donna J. Haraway. (Traducción de Helen Torres Consonni)
45. Tus pasos en la escalera, Antonio Muñoz Molina. (Seix Barral)
46. La ladrona de fruta, Peter Handke. (Traducción de Anna Montané. Alianza)
47. La suerte de Omensetter, William H. Gass. (Traducción de Ce Santiago. La Navaja Suiza)
48. Una leve exageración, Adam Zagajewski. (Traducción de Anna Rubió Rodón y Jerzy Sławomirski. Acantilado).
49. La biblioteca en llamas, Susan Orlean. (Traducción de Juan Trejo. Temas de Hoy)
50. Churchill, Andrew Roberts. (Traducción de Tomás Fernández Aúz Crítica)
Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/12/19/babelia/1576754312_263800.html

10. La pluma y el Oeste, de Fernando Garín (Amazon). Esta obra pionera repasa la historia del western centrándose en creadores y movimientos que, directa o indirectamente, le dieron un refrescante toque gay. Respaldándose en una rica y muy estudiada bibliografía, el zaragozano Fernando Garín repasa un sinfín de títulos, ofreciendo una nueva mirada a los clásicos pero invitándonos también a descubrir obras que, quizá por adelantarse a su tiempo, pasaron desapercibidas en su día. Todo ello sirve además de excusa para explorar tanto la historia del cine como la del movimiento LGTB, de forma que incluso aquellos para nada interesados en el western tienen motivos de sobra para acercarse a un libro cuya lectura merece ser pausada para ir visionando las películas citadas sobre la marcha y poder así forjarse una opinión propia. No se busca reinterpretar la historia, sino profundizar en ella para recordarnos lo presente que ha estado siempre nuestra comunidad incluso cuando se ha insistido en relegarla a la oscuridad. Y aunque, en su apuesta por la objetividad, se resiste a hacerlo notar, el autor parece así reconciliarse con un género cuyos valores tradicionales se antojan opuestos a su propia identidad. Además de ser fascinante, La pluma y el Oeste hace justicia y nos insta a educar la mirada para ir más allá de lo que vemos.
09. Un hombre de verdad (Amateur: A True Story About What Makes a Man, 2018), de Thomas Page McBee (Temas de Hoy). Thomas Page McBee fue el primer boxeador trans en combatir en el Madison Square Garden, pero este libro no va de eso. McBee nació con lo que la sociedad entiende como cuerpo de mujer pero siempre se supo hombre; tras operarse a los treinta años, entendió que el mundo no volvería a ser igual, porque ser percibido como varón en un mundo sexista lo cambia todo. De eso trata este libro: de qué se espera de nosotros y qué esperamos nosotros en función de nuestro género, de cómo la sociedad sigue siendo machista y tránsfoba pero hay siempre lugar para la rebeldía y la esperanza. Un hombre de verdad es el relato en primerísima persona de esa transición, estudiada en torno a la decisión de McBee de inscribirse en un gimnasio de boxeo para entender la masculinidad desde esa violencia que tanto parece caracterizarla. Es un amateur, como reza el título original, en prácticamente todo lo que se propone, pero asume los retos con valentía y humildad, buscando en todo momento reivindicar la fragilidad frente a los dañinos estereotipos de la virilidad. Muy interesante, como viaje de aceptación y como acercamiento al alma de un hombre trans, uno de los miembros más olvidados del espectro LGTBIQ+.
08. Nido de pájaros, de Luis Maura (Dos Bigotes). Con motivo del nacimiento de su sobrino, Mateo regresa al pequeño pueblo manchego en el que se crio, o sea, al pasado. Allí se reencuentra con una familia donde siempre se ha sentido la oveja negra, así como con una vieja amiga, casi tan rara como él, y un antiguo amor que, en realidad, nunca fue tal cosa. A través de una primera persona colmada de fuerza y verdad, el dramaturgo y actor Luis Maura habla con sarcasmo, pero también ternura hogareña, de la homofobia: la de los rincones marginados, aún muy fuerte, y la que, nos guste o no, aún llevamos casi todos dentro del corazón. Nido de pájaros, que debe su título a ese cruel sentimiento de soledad que otorgan los árboles genealógicos a los solteros, es una obra pequeñita y sencilla que, pese a no abordar temas intransitados, conquista desde el principio por su sensibilidad y su exquisito uso de la palabra, instándonos a liberarnos del absurdo miedo al qué dirán.
07. Cuerpos malditos, de Lucía Baskaran (Temas de Hoy). Hace ya más de un año que Alicia perdió a su prometido en un accidente inquietantemente poético, pero ella es incapaz de rehacer su vida. Un nuevo amor, que no es otro que el hermano del primero; la reaparición de su mejor amiga, con quien siempre ha tenido una relación externa a las fronteras de la amistad, y el fantasma de una madre ausente marcan un periodo de luto durante el que la atormentada pero nunca victimizada protagonista rebusca el pasado en busca de respuestas que ha dejado de esperar del presente. La guipuzcoana Lucía Baskaran, que con sólo 27 años triunfó con la muy feminista Partir (2016), vuelve a recurrir a una primera persona valiente y descarnada para generar otra heroína atípica y maravillosa con la que es imposible no empatizar. Cuerpos malditos explora los efectos de la pérdida y los motivos de la infelicidad, ahondando en una educación social fallida marcada por la imposibilidad de entenderse.
06. El caso Sparsholt (The Sparsholt Affair, 2017), de Alan Hollinghurst (Anagrama). En octubre de 1940, el apuesto David Sparsholt llega a la elitista universidad de Oxford. Aunque no pertenece a la clase alta, traba amistad con un grupo de jóvenes de posición más elevada que han montado un club literario en un ambiente de cultura, fraternidad y deseo que contrasta con un Londres atormentado por los bombardeos alemanes. Ese es sólo el principio de la monumental El caso Sparsholt, que recorre varias décadas de vida británica a través de tres generaciones y un sinfín de ambientes y personajes. El londinense Alan Hollinghurst, autor de la icónica novela gay La biblioteca de la piscina (1988), vuelve a dar perfecto uso a sus extraordinarias dotes literarias, componiendo un fascinante retrato de la sociedad británica a la par que una bella reflexión sobre el paso del tiempo.
05. Malaherba, de Manuel Jabois (Alfaguara). «Bien sabe Dios que es más peligrosa la pena que el odio, porque el odio puede destruir lo que odias, pero la pena lo destruye todo», dice en un momento el protagonista de Malaherba, quien rememora una infancia marcada por los descubrimientos: el de la propia homosexualidad y el de un padre sumido en la oscuridad. El periodista gallego Manuel Jabois escribe con ímpetu pero también con sutileza, logrando introducirnos detalladamente en la mente de un niño sin apartarse de un presente colmado de un poderoso sentimiento nostálgico. Como Tamburino sólo tiene 10 años, resulta encantador descubrir su perspectiva de un primer amor que parece estar prohibido pero que él no hace sino vivir con plena naturalidad, así como su incapacidad para comprender el universo de drogadicción que lo rodea, el cual ha destruido más de una familia sin que nadie puede hacer nada por impedirlo. Centrado hasta ahora en la estricta realidad, como prueba Manu (2013), sobre su propio hijo, o Nos vemos en esta vida o en la otra (2016), largo trabajo sobre el 11-M, Jabois ha dado el salto a la ficción pero la realidad lo persigue. Y, claro, siempre lo hará, que no es reportero por casualidad.
04. Un apartamento en Urano, de Paul B. Preciado (Anagrama). Urano, el planeta más frío del sistema solar y el dios castrado de la mitología griega, da nombre al uranismo, concepto forjado por Karl-Heinrich Ullrichs, el primer activista sexual europeo, para definir el «tercer sexo» allá por 1864. Paul B. Preciado, que nació como Beatriz, sueña con un apartamento en Urano donde vivir fuera de las relaciones de poder y de las taxonomías sexuales, de género y raciales que la modernidad ha inventado. «No soy un hombre. No soy una mujer. No soy heterosexual. No soy homosexual. Soy un disidente del sistema sexo-género. Soy la multiplicidad del cosmos encerrada en un régimen epistemológico y político binario, gritando delante de ustedes. Soy un uranista en los confines del capitalismo tecnocientífico», dice como introducción a un libro fascinante en torno a las mutaciones fisiológicas, ideológicas y sociales, donde se analiza, claro, la condición trans, pero también temas tan diversos como el procés catalán, el zapatismo en México, la crisis griega, la América de Trump, las nuevas formas de violencia masculina, la apropiación tecnológica del útero, la figura de Assange, el trabajo sexual, el acoso escolar o el papel de la cultura como motor de la revolución. Transgresor hasta decir basta, Un apartamento en Urano busca liberarnos para siempre de las ataduras sociales.
03. Señoras que se empotraron hace mucho, de Cristina Domenech (Plan B). La malagueña Cristina Domenech creció, como tantos integrantes de la comunidad LGTB, en un mundo donde las personas como ella no parecían existir. Ávida de referentes, investigó minuciosamente en busca de historias de amor y deseo entre mujeres y, para su sorpresa, confirmó que siempre habían estado ahí sin que nadie se las contara. Un día decidió compartir sus hallazgos en Twitter y en cuanto se quiso dar cuenta tenía miles de seguidores pidiéndole más. Genialmente editado por Plan B, Señoras que se empotraron hace mucho es tanto una recopilación de esas historias como una profundización en ellas, desde la aventurera Mademoiselle de Maupin (1670-1707) hasta la reivindicativa Frieda Belinfante (1904-1995), sin dejar nunca de ser fiel a las fuentes históricas aun cuando estas son a menudo frustrantes a raíz del empeño por esconderlas. Estamos por tanto ante una colección de relatos de inmenso valor documental, pero, por si eso no fuera suficientemente atractivo, todos y cada uno de ellos, por trágicos que sean, están narrados desde un humor absolutamente genial que logra ser reivindicativo y punzante sin faltar al respeto a nadie. Este ¿ensayo? es, de hecho, y tal y como promete el título, el libro más divertido del año.
02. El hombre de hojalata (Tin Man, 2017), de Sarah Winman (Dos Bigotes). Esta pequeña gran novela es, como reza su contraportada, «casi una historia de amor». Casi, porque lo es y no lo es, porque que lo sea o no depende en realidad de los ojos del lector. Ellis y Michael tienen doce años cuando se convierten en amigos inseparables y, durante mucho tiempo, lo hacen todo juntos. Una década más tarde, sin embargo, sus caminos se separan, pero sus almas estarán por siempre unidas. La escritora y actriz británica Sarah Winman, que ya con su primera novela, Cuando Dios era un conejo (2011), fue multipremiada, narra con una sensibilidad que abruma, penetrando los corazones de sus dos protagonistas y llegando así al del lector. Esta obra es conmovedora, acogedora y, además, sumamente estilosa sin necesidad de artificio alguno. Inolvidable.
01. Less (Less: A Novel, 2017), de Andrew Sean Greer (Alianza Editorial). El genial protagonista de Less es un maniático y relativamente fracasado escritor que, a punto de cumplir los cincuenta, decide aceptar una serie de encuentros literarios internacionales con tal de tener una excusa para evitar la boda de su expareja. Andrew Sean Greener se alzó con el Premio Pulitzer por esta divertida huida de los problemas con la que tantos, en especial tantos hombres homosexuales, se sentirán fuertemente identificados. Divertida y vibrante, su escritura saca máximo partido de la narración en tercera persona y en presente, arrastrándonos al corazón de la acción y, por ende, al de México, Italia, Alemania, Marruecos y Japón, lugares retratados desde la mezcla de fascinación y despiste de todo turista accidentado. Less constituye un nuevo triunfo en la carrera de este autor de Washington afincado en San Francisco, hijo de científicos, al que debemos también The Path of Minor Planets: A Novel (2001) Las confesiones de Max Tivoli (2004), Historias de un matrimonio (2008) y The Impossible Lives of Greta Wells (2013). Es una novela sobre la crisis existencial que insta a reírse de las preocupaciones y los desastres, confortando al lector desde una deliciosa ironía.




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