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Caracas: Docentes se concentraron y marcharon en Caracas por sus demandas en el primer día de inicio de clases

Docentes se concentraron y marcharon en Caracas por sus demandas en el primer día de inicio de clases

Este lunes fue un día activo para los docentes del país, pero no por asistir a las aulas, sino porque en el primer día de clases del año escolar 2019-2020, desde temprano llevaron a cabo acciones de protesta en diversos puntos del país, en el caso de Caracas se apostaron en las afueras del Ministerio de Educación para exigir salario digno, escuelas equipadas y alimentación para sus estudiantes. Durante la marcha la PNB buscó contenerla para luego verse el accionar abierto de grupos armados afines al gobierno que buscaron dispersar a los docentes con tiros al aire.

La concentración de los docentes expresaba la rabia que reina por abajo más allá de la política oficial de las direcciones sindicales que buscan hacer uso político del descontento que se vive en todo el profesorado. De esta manera varios cientos de docentes concentrados mostraban el descontento frente a la situación de las condiciones de vida que vive el conjunto del magisterio del país.

Los profesores y las profesoras de la enseñanza primaria y media, luego de su nutrida concentración, decidieron marchar desde la sede del Ministerio de Educación hasta la Vicepresidencia de la República en reclamo de sus derechos, pero tanto la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional buscaron impedirlo. Tras romper el piquete de los órganos represivos los manifestantes lograron llegar hasta la Av. Urdaneta consiguiendo llegar a una cuadra de la Vicepresidencia pues nuevamente un bloque de la Policía y la Guardia Nacional se apostaron para que no pudieran continuar. “Somos docentes, no somos delincuentes” fue la consigna que utilizaron los educadores para intentar traspasar la barrera de la PNB.

Luego de levantar sus consignas y demandas al son de cantos decidieron retornar nuevamente hacia la sede del Ministerio de Educación, pero justo cuando iba por el Bulevar Panteón colectivos armados (fuerzas paraestatales afines al Estado) realizaron disparos al aire intentando dirpersar a los docentes, pero no consiguieron su objetivo. La Izquierda Diario reportó directamente desde el propio lugar la acción de los grupos armados. El fotógrafo Daniel Hernández, del diario El Estímulo, captó el momento de uno de los motorizados armados disparando.

Los autores de los disparos se perdieron con sus motos por el centro de Caracas y los docentes continuaron su marcha hacia la sede del Ministerio de Educación. Nuevamente allí la tensión volvió cuando un grupo que se identificaba como pertenecientes a “Chamba Juvenil” se instalaron en la puerta del Ministerio terminando en una trifulca abierta con golpes con los docentes que exigían salarios dignos, mientras motorizados armados rondaban la protesta en plan amenazante.

Los docentes exigen un paro nacional, pero Griselda Sánchez, coordinadora nacional del sector educación, declaraba “que no tienen competencias para llamar a un paro nacional porque no son federativos”, pero no era más que una manera de hacer la vista gorda al reclamo de las bases.

Ángel Arias, trabajador del Ministerio del Trabajo y dirigente de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) declaraba que: “Es muy positivo que en el primer día de inicio del período escolar, arranque con esta acción de lucha de los docentes, pues muestra desde ya la disposición a presentarle batalla nuevamente al gobierno, luego que este lograra derrotar –o mantener a raya– las más importantes luchas del año pasado y principios de este. Es además un aliciente moral para el conjunto de los trabajadores del país, que atravesamos una situación realmente pésima”.

Agregaba además que “Precisamente entre los docentes, este año calendario inició con una importante experiencia de avanzada con relación a otros sectores del movimiento obrero, como lo fue el paro indefinido llevado a cabo en el estado Lara desde inicios de enero, pasando las bases docentes incluso por encima de las direcciones burocráticas de las federaciones sindicales. Este proceso que se prolongó durante largas semanas, dio pie a una incipiente dinámica asamblearia, a hechos destacados como la ‘marcha de los zapatos rotos’ (además de importantes expresiones artísticas como la serie de canciones difundidas entonces), pero fue frenado por una mezcla de coacción judicial por el gobierno y la subordinación de las direcciones sindicales a las políticas del gobierno o de Guaidó, según fuera el caso”.

Finalmente, el dirigente de la LTS, concluía que: “Por eso de vital importancia para la clase trabajadora preservar la independencia política de sus organizaciones y luchas. La burocracia sindical del gobierno, ya sabemos que es traidora en toda la línea, pero la burocracia sindical que responde a la oposición de derecha, que posa de “luchadora”, tampoco tiene el más mínimo interés en que las luchas de los trabajadores se desarrollen con personalidad propia y en que desplieguen todo su potencial por sus propios objetivos, sino que las quiere como simple base de maniobra para sus propios objetivos políticos que, dicho sea de paso, no tienen nada que ver con los de los trabajadores. Así fue que ese sector contribuyó al debilitamiento del pasado paro docente de Lara, y así intentaron también hoy poner bajo su política la acción nacional de las maestras, maestros y profesores. Para que estas luchas puedan desplegar toda su potencial fuerza, para que triunfen y para hacer pesar en la vida nacional los intereses de los trabajadores, es imprescindible la más completa independencia de clase”.

Aún no es claro qué pasos seguirá luego de este primer día de protesta, luego de la concentración, que en pequeño, expresó el descontento de los docentes en todo el país que viven una situación de salarios miserables, escuelas sin los equipamientos necesarios y sin alimentación para los alumnos. No por casualidad uno de los hashtags por la mañana era #AClasesEnEsclavitudNO.

Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/Docentes-se-concentraron-y-marcharon-en-Caracas-por-sus-demandas-en-el-primer-dia-de-inicio-de

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.Sahara occidental: Arduo camino hacia la libertad

La historia del Sáhara Occidental, la última colonia en África, es la historia de la violación flagrante del derecho internacional y de la persistencia de la ocupación militar durante cuatro décadas por parte de un país africano sobre otra nación africana. Pero también es la historia de la violación sistemática de los derechos humanos, de miles de historias de familias separadas por la fuerza, de vidas y sueños robados, pero con un sabor de resistencia y la negativa del pueblo de este territorio a abdicar.

Desde los primeros días de la invasión del territorio por Marruecos en octubre de 1975, miles de saharauis huyeron de los bombardeos y asesinatos masivos, buscando refugio en la vecina Argelia bajo la protección y organización del movimiento de liberación saharaui, Frente POLISARIO. Y todavía siguen allí, viviendo en el segundo campo de refugiados políticos más antiguo del mundo después de los palestinos. Para empeorar aún más la situación, el ejército marroquí construyó un muro militar de 2.700 km de largo sembrado de millones de minas terrestres y miles de soldados, intensificando así la separación de las familias.

La mujer saharaui siempre ha sido un fuerte pilar de la cultura nómada y beduina saharaui, no solo a nivel social, sino también en la participación política en la vida colectiva. Incluso fue consultada en situaciones de guerra, porque en la cultura tradicional saharaui, todos deben participar en la toma de decisiones, incluidos los niños, a los que se motiva desde una edad muy temprana a forjarse una personalidad fuerte, necesaria para enfrentarse a las dificultades del desierto. Desde que comenzó la invasión, las mujeres y los jóvenes saharauis fueron los principales objetivos de la opresión marroquí, pero también fueron los primeros en levantarse y resistir con el rigor de la juventud, el apego a la identidad y el rechazo de la dominación y la agresión extranjeras.

Mujeres saharauis: el mismo sufrimiento, el mismo destino

Elghalia Djimi y Mbarka Mehdi, dos mujeres de mediana edad reflejan la historia de este conflicto mal cubierto en los principales medios de comunicación. Mbarka huyó de la invasión con su familia cuando era niña, para vivir en los campos de refugiados. Es periodista en la televisión saharaui. Perdió de vista a muchos miembros de su familia que se quedaron en la ciudad ocupada de Smara desde 1975, y desde entonces no ha podido ver su tierra natal.

Al otro lado del muro militar, Elghalia vive en la capital ocupada del Sáhara Occidental, El Aaiún. Todavía era joven cuando se convirtió en víctima de desaparición forzada en una cárcel secreta marroquí durante 4 años, de 1987 a 1991. Después de su liberación, comenzó una larga y valiente lucha contra las violaciones de los derechos humanos en su país, convirtiéndose en vicepresidenta de una Asociación saharaui de derechos humanos que trabaja bajo la dominación colonial marroquí.

“Cuando vi las vergonzosas fotos de prisioneros iraquíes en Abou Ghraib en 2004, no me sorprendió realmente, porque viví humillaciones similares con muchos de mis compatriotas saharauis, hombres y mujeres, en un campo de detención secreto en El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, en 1987″, dice El Ghalia Djimi, condenando lo que describe como uso sistemático de la tortura y la opresión por parte de las autoridades marroquíes en su territorio, desde su ocupación hasta la fecha.

«Nada ha cambiado», dice Elghalia. “La misma rancia actitud de negación de todos los derechos, la misma rancia arrogancia y crueldad se sigue ejerciendo hoy contra cualquier saharaui que se atreva a protestar contra la ocupación marroquí. Y esto sucede todos los días, pero nadie habla de ello, excepto las pocas organizaciones, observadores internacionales o periodistas que logran visitar el territorio en ese momento. ¡Aun así, rara vez se les escucha, si es que se les escucha alguna vez!”, añade.

De hecho, todas las organizaciones internacionales relevantes de derechos humanos, como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, la Fundación Robert F. Kennedy, Front Line Defenders y muchas otras, han informado sobre estas violaciones en los últimos 20 años, frecuentemente con evidencias y pruebas muy contundentes de los abusos cometidos por funcionarios marroquíes. Sin embargo, las Naciones Unidas no protegen al pueblo del Sáhara Occidental, que todavía está en la lista de la Cuarta Comisión de Descolonización de la Asamblea General.

«Conozco a muchos compatriotas que fueron asesinados bajo tortura o debido a unas condiciones de detención inhumanas solo porque eran saharauis», agrega Elghalia. «Mi propia abuela, de 60 años, falleció en un campo de detención secreto marroquí a mediados de la década de 1980, y todavía no sé cómo murió. ¿Quién es responsable de eso? ¿Y, ante todo, por qué fue detenida? Lo único que sé es que el Consejo Consultivo Marroquí para los Derechos Humanos, después de años de negar la relación del Estado con su desaparición, de repente, en 2010, puso su nombre en una lista de más de 350 saharauis que murieron en cárceles secretas entre 1975 y 1993. Pero, no se produjo ninguna reacción internacional tras ese reconocimiento de responsabilidad. A nadie parece importarle”, dijo con lágrimas resbaladizas en su mejilla, que limpió inmediatamente para no dar aspecto de debilidad.

Otra cara de la moneda

La historia de Mbarka Mehdi, es diferente. Contaba solo 6 años cuando tuvo que huir, en 1975, con algunos miembros de su familia, de los ataques militares marroquíes contra la ciudad ahora ocupada de Smara, para vivir desde entonces en los campos de refugiados en el suroeste de Argelia.

Los saharauis construyeron los únicos campos de refugiados del mundo completamente organizados y administrados por los propios refugiados. Constituyeron su Gobierno en el exilio, la República Saharaui, en 1976, para autoorganizarse en pequeñas ciudades o campamentos de refugiados que llevan el nombre de sus ciudades ocupadas que hubieron de abandonar. Construyeron escuelas, hospitales, ministerios y administraciones para proporcionar lo básico a unos 200.000 refugiados. Y así dieron un ejemplo único de determinación y voluntad de resistir la ocupación extranjera, no solo a nivel político, sino a todos los niveles que preservan su identidad y cultura como una auténtica nación africana que lucha por la libertad, rechazando la dominación cultural y política o la rendición a un Marruecos fuertemente apoyado por Occidente.

“Yo era joven, pero podía ver y sentir un terror que aún vive en lo profundo de mí. En particular, tenía recuerdos borrosos de la atmósfera de pánico, gritos y largas noches de miedo que no podía entender, y principalmente recuerdo cómo tuvimos que huir de nuestra casa, dejando todo atrás, llevando solo la ropa que teníamos puesta y algunos otras cosas esenciales. Y, sobre todo, todavía recuerdo a mis primos, a quienes perdí de vista desde entonces, y a mis amigos y vecinos de la infancia, que murieron durante la invasión o años después en las cárceles”, dice Mbarka con una voz suave pero firme.

Describe los primeros días en los campos de refugiados con un brillo de nostalgia en los ojos, admitiendo que fueron días muy difíciles, porque hubo muchos sufrimientos que acompañaron el éxodo forzado de los refugiados, pero también días de un alto espíritu de resistencia, confraternización y humanidad.

“Era noviembre y diciembre de 1975. El desierto era cruel y frío, y realmente no teníamos nada para comer, beber o vestir. Sin embargo, recuerdo principalmente a aquellos orgullosos y generosos hombres y mujeres jóvenes que se ofrecieron como voluntarios para organizar nuestro pobre campamento, distribuyendo la escasa comida entre las familias, dando prioridad a los ancianos y niños y, al mismo tiempo, protegiéndonos de los ataques militares marroquíes. Eran los héroes y heroínas del movimiento de liberación saharaui POLISARIO, se convirtieron en mi inspiración. Y creo que su actitud explica el hecho de que mi generación deviniese ejemplar en todo, en estudios, en productividad y voluntariado, y en la determinación de continuar la lucha, porque lo hemos visto todo: la injusticia, la crueldad del invasor, la muerte y la negación de nuestros derechos más básicos, pero también la voluntad de levantarnos y luchar», enfatiza Mbarka.

El Ghalia tiene otro enfoque de la historia que contar sobre la vida bajo ocupación. No podía olvidar cómo fue torturada y «tratada como un animal» en la cárcel secreta marroquí de PC-CM [Kalaat M´Gouna] en la capital del Sáhara Occidental. «¿Te imaginas a hombres y mujeres jóvenes, viviendo durante 4 largos años con la misma ropa y la muda interior, con los ojos vendados y esposados en celdas pequeñas y sucias que habían sido utilizadas durante la época colonial española como pocilga para criar cerdos, sin ningún tipo de alimentación adecuada, medicinas o espacio para las necesidades higiénicas? Fuimos casi despojados de nuestra humanidad, si no fuera por la rabia de vivir y sobrevivir, y la voluntad de resistir su intento de quebrantar nuestra dignidad”.

Una comunidad internacional sorda, muda y ciega

Lo peor es que la comunidad internacional es indolente ante estas cuatro décadas de sufrimiento humano. En abril de 2013, Francia y España unieron sus fuerzas en el Consejo de Seguridad de la ONU para oponerse a un proyecto de resolución propuesto por los EE UU, en el que Washington, por primera vez, apoyaba la demanda internacionalmente exigida de incluir la supervisión permanente, independiente y exhaustiva de los derechos humanos en el mandato de la misión de la ONU en el Sáhara Occidental. Francia, que juega el papel de defensor de la democracia y los derechos humanos en muchos otros conflictos y crisis, como en Libia o Malí, siempre ha sido manifiesta y ferozmente hostil a estos mismos principios en lo que respecta a los derechos humanos en el Sáhara Occidental.

El Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, embajador Christopher Ross, estaba alarmado por el estancamiento persistente de la situación e intentó, en sus dos últimos informes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, llamar la atención de los Estados miembros sobre el peligro de «mantener el statu quo” en esta última colonia en África, especialmente después de la explosión de conflictos, disturbios y terrorismo en países del Sahel, como Malí, pero también en Libia, y la posible influencia que esta situación puede tener en el Sáhara Occidental. Con razón, dijo que fue un error pensar que el estancamiento beneficiaría a alguien. Terminó renunciando a su cargo en 2015, después de haber sido boicoteado por Marruecos y no respaldado realmente por la ONU o por los principales miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

El nuevo secretario general de la ONU, Antonio Guterres, nombró al ex presidente alemán, Hans Köhler, como su enviado personal. Este político europeo logró organizar dos rondas de conversaciones directas entre las dos partes en conflicto, el Reino de Marruecos y la República Saharaui (RASD), con la participación de los dos países vecinos, Argelia y Mauritania. Pero nuevamente, solo pasó un año en su puesto antes de llegar a la conclusión de que el verdadero problema radica en la renuencia de la llamada comunidad internacional para implementar el derecho internacional. Guterres dijo claramente en su último informe al Consejo de Seguridad, en abril de 2019, que: “Una solución al conflicto es posible. Sin embargo, encontrar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que permita la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental requerirá una fuerte voluntad política no solo de los partidos y los Estados vecinos, sino también de la comunidad internacional» (S/2019/282. Párr.: 73). Aparentemente, tanto Guterres como Köhler intentaron hacer algo con respecto a la grave situación de los derechos humanos, al menos presionando al Consejo para que incluyera la supervisión y la protección de los derechos humanos en el mandato de la Misión de la ONU para el referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), vigente desde 1991, y ampliamente criticada por las organizaciones internacionales de derechos humanos porque hasta ahora no ha logrado cumplir su mandato inicial. Finalmente, Köhler dimitió el 22 de mayo pasado. Las razones concretas dadas por Guterres para explicar esa renuncia carecen de relevancia, pues la situación misma lo dice todo.

«¡No nos ven porque no ponemos bombas!»

«Es peligroso jugar con el destino, los sentimientos y la paciencia de la gente», afirma Mbarka. Y cree que los jóvenes saharauis «muy bien pueden perder la paciencia y optar por la violencia para liberar a su país». No ven esperanzas de futuro; no ven una verdadera reacción por parte de la llamada comunidad internacional, solo conversaciones y palabras vacías y resoluciones que no resuelven nada”.

En las zonas ocupadas, en el lado occidental del muro militar marroquí, Elghalia comparte la misma opinión y cree que la opresión y la inaudita violencia marroquí contra manifestantes pacíficos saharauis tienen como objetivo empujar a la generación joven a la violencia. «Así es como lo entiendo, de lo contrario resulta incomprensible», señala.

Esta posibilidad es especialmente peligrosa porque toda la región del norte de África está en ebullición. «Túnez y Egipto son ejemplos que los jóvenes miran», dijo Hamdi Toubali -un saharaui de 27 años que marchó a los campos de refugiados en 2005 huyendo de la persecución policial en El Aaiún-, cuando se le pidió que comentara la falta de atención que la comunidad internacional parece prestar a la lucha y las actividades pacíficas de él y sus amigos.

«Simplemente, no nos ven; sencillamente, no les importa. Tal vez sea porque protestamos pacíficamente contra el muro marroquí y la ocupación marroquí en lugar de hacer estallar bombas o derramar sangre en las calles marroquíes. Y esto es realmente lamentable», se queja Hamdi, subrayando que la mayoría de los jóvenes saharauis creen que reanudar la lucha armada legítima puede ser la única opción que la comunidad internacional deja a los saharauis, aunque siguen manteniendo el espíritu de disciplina y el compromiso con la estrategia pacífica general de la dirección saharaui.

No hay luz al final del túnel

La actitud y la posición marroquí permanecen inalteradas: una negativa total a aceptar cualquier tipo de solución que pueda dar al pueblo saharaui la posibilidad de independencia. El Rey marroquí nunca deja de subrayarlo, en todos sus discursos, especialmente el del 9 de octubre de 2009, en el que enfatizó la determinación de su país de mantener la ocupación, afirmando que «se es patriota o se es traidor. No hay otra posibilidad. No se puede disfrutar de los derechos y privilegios de la ciudadanía solo para abusar de ellos y conspirar con los enemigos de la patria”. Por supuesto, las declaraciones de Su Majestad son recogidas de inmediato por las diferentes autoridades marroquíes y traducidas en actos de violencia, discriminación y opresión contra cualquiera que se atreva a oponerse a la voluntad del rey, los saharauis en primer lugar.

La historia del Sáhara Occidental y las historias individuales de miles de saharauis como Elghalia, Mbarka o Hamdi quedarán como una deshonrosa vergüenza en los anales de la ONU y la comunidad internacional. Constituye un desafío al derecho internacional, por supuesto, pero también es un desafío para todos aquellos que piensan que el Estado de derecho, la democracia, la justicia social y los principios humanos deben prevalecer sobre la ley de la jungla que las grandes potencias siempre intentan imponer a la humanidad.

Mas el «camino hacia la libertad» nunca ha sido fácil de recorrer. «Requiere luchas y sacrificios amargos, especialmente de las naciones africanas que siempre han sido despreciadas y subestimadas por sus opresores», ratifica Elghalia; y añade que su generación no tiene otra opción que «mantener la lucha para que nuestros hijos puedan recuperar su tierra y su dignidad en el futuro, porque nosotros podremos morir antes de disfrutar de la libertad, pero si es así, moriremos de pie”.

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article15124

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.Inaceptable gasto salarial alto con baja calidad de las políticas

El gasto salarial del sector público sigue subiendo, con lo cual se mantiene su excesivo peso en el total del Presupuesto General de la Nación. A estos fondos hay que agregarles los seguros médicos y otros recursos destinados a capacitación, viáticos y beneficios no salariales. Esto no sería un problema si la gestión pública satisficiera mínimamente las expectativas ciudadanas. Lo que indispone a la gente es financiar con sus impuestos a funcionarios públicos poco comprometidos con la prestación de servicios de calidad. La situación actual del servicio civil, además de ser un problema económico, es también político porque genera deslegitimidad e induce al conflicto.

El rol del Estado es fundamental para el desarrollo de un país y el bienestar de la población. La educación, la salud, la protección social, la justicia, la seguridad y la infraestructura son algunas de las funciones garantizadas constitucionalmente y en los manuales de economía justificadas por las fallas de mercado.Estas funciones, salvo la de infraestructura, tienen un alto peso de recursos humanos. En el centro de la docencia y la investigación, de la atención sanitaria y de la prestación de servicios de justicia y seguridad están personas que debieran tener credenciales educativas y ser remuneradas acorde con las funciones. Sin embargo, en Paraguay estamos lejos de esa situación debido a la fuerte injerencia política y la ausencia de conciencia de políticos y autoridades acerca del rol del servicio civil.

Esta semana, la prensa y las redes difundieron varios problemas que tienen que ver con la gestión de los recursos humanos. Un techo que se cayó y la falta de agua en el Instituto de Previsión Social, incumplimientos de las normativas ambientales que acabaron en incendios y quejas de estudiantes becados que no pueden acceder a cargos docentes en la Universidad Nacional son algunos ejemplos.

Otros de larga data son los cargos docentes ocupados por personas sin las competencias necesarias, funcionarios en los “freezers”, acomodados con salarios y beneficios incomprensiblemente altos, los que coimean para hacer “correr” el expediente o dejar entrar productos irregularmente por la frontera, entre otros grupos que consumen una parte importante de los recursos públicos.

Todos estos opacan a quienes realizan bien su trabajo y que en muchos casos ganan menos y toman riesgos derivados de sus labores. Los anteriores, aun cuando se los conoce, permanecen impunemente en sus lugares de trabajo.

El éxito de las políticas públicas depende de las personas que las implementan. Si bien en el caso de la infraestructura el peso relativo de los recursos humanos es menor, la calidad de la obra termina siendo posible gracias a una buena gestión de los contratos y de los procesos de fiscalización. Si estas personas fueron contratadas sin tener en cuenta las capacidades necesarias o ingresaron de la mano de un político es casi seguro que su trabajo será deficiente. La situación empeora si sus remuneraciones e incentivos son independientes de sus resultados y si la impunidad prevalece.

En este contexto, no debe asombrar el rechazo ciudadano a contribuir con el pago de impuestos y a manifestar su indisposición. La calidad de los servicios públicos es fuente de bienestar de la población y como tal influye en la satisfacción con el rol del Estado. En contrapartida, una gestión estatal ineficiente y de baja calidad promueve la desafección y la deslegitimidad política.

Así se abona el terreno para el conflicto y debilidad en la cohesión social, rompiéndose el pacto social. El proceso de desarrollo encontrará un obstáculo imposible de ser removido. Las autoridades y los políticos deben empezar a tomar con seriedad la impostergable necesidad de impulsar la carrera del servicio civil, a fin de transitar hacia mejores resultados de los funcionarios públicos. Solo de esta manera la ciudadanía aceptará que sus recursos se inviertan en remuneraciones públicas.

Fuente de la Información: https://www.ultimahora.com/inaceptable-gasto-salarial-alto-baja-calidad-las-politicas-n2844021.html

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.El capitalismo destruye el planeta, destruyamos el capitalismo

Declaración internacional de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional (FT-CI) ante la Huelga Mundial por el Clima que tendrá lugar entre los días 20 y 27 de septiembre.

 

Entre los días 20 y 27 de septiembre de 2019 tendrá lugar una «semana de acción» convocando a la Huelga Mundial por el Clima. La convocatoria ha sido promovida por movimientos como “Fridays for Future” y “Extinction Rebellión”, así como centenares de colectivos ambientalistas y ecologistas en distintos países. Los organizadores exigen a los gobiernos que se declare la emergencia climática y se adopten medidas urgentes para frenar la crisis ambiental. Ante la urgencia de la crisis climática es necesario conquistar una estrategia que permita enfrentar decididamente la causa de la catástrofe ecosocial que nos amenaza: el sistema capitalista.

Capitalismo y crisis ambiental global

El capitalismo ha prosperado desde hace siglos mediante la explotación de la naturaleza, ya sea como fuente “inagotable” de recursos para convertirlos en mercancías o como repositorio de desperdicios. Sin embargo, la capacidad de la Tierra de “soportar” los procesos ecodestructivos del capital está llegando al límite.

La necesidad de crecimiento constante del capital ha llevado a la interrupción de un complejo ciclo natural que tardó millones de años en desarrollarse, provocando una fractura del “metabolismo” entre la sociedad y la naturaleza.

El cambio climático y la crisis de los ciclos biológicos del carbono, el agua, el fósforo y el nitrógeno; la acidificación de los océanos; la pérdida creciente y acelerada de la biodiversidad; los cambios en los patrones en el uso de la tierra y la contaminación química de la industria, son algunas de las terribles manifestaciones de una situación completamente inédita para la humanidad: la tendencia hacia la descomposición de sus condiciones naturales de producción y reproducción. A esta dinámica ecodestructiva se relaciona directamente la degradación social y material de cientos de millones de personas que sufren la miseria, el desempleo y la precariedad laboral, mediante los cuales el capitalismo asegura su rentabilidad y reproducción.

La barbarie que representa la reciente multiplicación de incendios en la Amazonia, resultado de los incentivos al desmonte –intensificados por la política del ultraderechista Bolsonaro–, la flexibilización de la legislación ambiental y la acción directa de latifundistas y ganaderos que orquestan las quemas, es solo otro episodio del continuo proceso de degradación y destrucción ambiental. Incluso en la Bolivia de Evo Morales, los incendios amenazan destruir uno de los bosques secos más grandes del mundo, la Chiquitania, luego de que más de 2 millones de hectáreas fueras arrasadas por los incendios alentados para la extensión de la frontera agrícola. El fenómeno de los incendios forestales descontrolados es cada vez más recurrente, como los grandes incendios que están arrasando Siberia y el África subsahariana (más numerosos, aunque menos destructivos), así como los de California el otoño pasado y en numerosas regiones de Europa. El cambio climático y la sed de ganancias del capitalismo los están intensificando cada vez más.

El cambio climático, una realidad incuestionable

Existe un amplio consenso científico en que cambio el climático se relaciona con el aumento vertiginoso de los niveles de emisiones de los gases de “efecto invernadero” en la atmósfera producidos por la acción humana. Pero no de la acción humana en general, si no de las actividades desarrolladas en el marco del modo de producción capitalista. Desde 1880 la temperatura media de la superficie terrestre ha subido casi 1 °C según diversos organismos. Un aumento de la temperatura global (hoy cerca de los 15 °C de media) que es evidente desde la revolución industrial y que ha venido acelerándose en la etapa neoliberal.

Las proyecciones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), indican que la temperatura media global en la superficie de la tierra podría incrementarse entre 2 y 5 grados centígrados y el nivel del océano podría aumentar entre 18 a 59 centímetros en las próximas décadas, mientras advierten que las emisiones pasadas y futuras de dióxido de carbono (CO2) seguirán contribuyendo al calentamiento durante más de un milenio. Al mismo tiempo, recientemente se ha conocido que los niveles de CO2 atmosférico han rebasado las 400 partículas por millón (ppm), pudiendo incluso alcanzar en las próximas décadas cifras superiores a los 500 ppm, niveles nunca antes vistos en la historia de la humanidad.

Según el último informe de este organismo dependiente de la ONU, cuyas estimaciones suelen ser las más conservadoras en comparación con otros estudios, las emisiones de gases contaminantes tendrían que reducirse en un 45 % para 2030 –en menos de 11 años– para evitar superar el umbral crítico de calentamiento de 1,5 grados centígrados, por encima del cual se generalizaría el aumento del nivel del mar, los fenómenos meteorológicos extremos y la escasez de alimentos. La necesidad de combatir el cambio climático con medidas drásticas es innegable.

Para muchas personas estas estimaciones pueden resultar abstractas, pero toman cuerpo cuando se advierten sus consecuencias reales, como la potenciación de todos los fenómenos catastróficos relativos al clima, su permanencia en el tiempo y la aceleración de sus ritmos. Incendios incontrolables que arrasan ciudades enteras en todo el globo (asociados también a la propagación de especies invasivas y una gestión forestal orientada al monocultivo y únicamente al lucro), olas de calor extremas, inundaciones masivas o sequías catastróficas. Según las Naciones Unidas, actualmente existen más de 20 millones de refugiados por causas climáticas, mientras que, de elevarse la temperatura global a más de 2 grados, se estima que serán 280 millones. La contaminación del aire por gases y partículas derivados del tráfico de vehículos, así como de la producción industrial en las grandes ciudades, producen 9 millones de muertes anuales en todo el mundo, 800 mil personas solamente en Europa.

El calentamiento global es una de las manifestaciones más devastadoras de la naturaleza destructiva del sistema capitalista sobre el ambiente, pero no la única. A ella se suma la contaminación del aire y la degradación del suelo, la desforestación y la destrucción de la biodiversidad, la contaminación del agua de ríos y océanos. Según un estudio, entre 1970 a 2014, el tamaño de las poblaciones de vertebrados ha disminuido en un 60 por ciento en promedio. Una tendencia que se agravaría si no se frena la crisis ecológica, pudiendo producir una extinción en masa de la biodiversidad del planeta.

El planeta entero ha sido transformado en un inmenso basurero de desechos domésticos, industriales y agrícolas generados por la producción, la distribución y los patrones de consumo capitalistas.

Negacionismo y “capitalismo verde”, las dos caras de una misma moneda

Frente al escenario catastrófico que preanuncia el calentamiento global, los poderes fácticos del capitalismo internacional oscilan entre dos estrategias: por un lado, una campaña de negación de las evidencias científicas tendiente a presentarlos como una “ideología”; por el otro, una estrategia de promoción de un “capitalismo verde” o “sostenible”, que impulsa acuerdos internacionales que son una farsa y propone una reconversión parcial y limitada de los sistemas productivos, mientras fortalece el modelo de acumulación y explotación capitalista.

En el campo del negacionismo se sitúan desde Trump, el Partido Republicano y el Tea Party en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, hasta sectores minoritarios de científicos. Pero su núcleo está en las grandes corporaciones que son las principales responsables de las emisiones de gases contaminantes que generan el cambio climático. Sin embargo, al mismo tiempo que hacen campaña negacionista, las grandes corporaciones capitalistas son plenamente conscientes de las consecuencias del cambio climático y sus efectos sociopolíticos, y se preparan para responder a sus implicaciones en el terreno de la “seguridad” y la política exterior. El capital más concentrado plantea la militarización como instrumento de adaptación al cambio climático: más ejércitos y fuerzas de seguridad privadas, que eventualmente puedan defender las islas de prosperidad en medio de océanos de miseria y degradación.

Del otro lado se sitúa el “capitalismo verde”, promovido desde el Partido Demócrata norteamericano, líderes políticos de los principales países europeos como Angela Merkel, Emmanuel Macron o Pedro Sánchez y diversos “partidos verdes”, pasando por diversas y pujantes corporaciones capitalistas, organismos internacionales, hasta ambientalistas y ONGs.

Se trata de un ejercicio de sincretismo entre neoliberalismo y “economía verde”. Denuncian el calentamiento global y acuerdan en costosas cumbres climáticas medidas de protección ambiental, controles y grandes objetivos de reducción de emisiones, que en todos los casos no han sido más que documentos diplomáticos sin mayores consecuencias prácticas.

Al mismo tiempo, plantean hacer reparaciones, limitar la producción de sustancias tóxicas y la destrucción de recursos naturales y desarrollar simultáneamente nuevas tecnologías “suaves”, argumentando al mismo tiempo que de trata de una nueva fuente de crecimiento económico, ya que las corporaciones capitalistas podrían extraer jugosos beneficios.

Así el Partido Verde alemán, por ejemplo, propone “salvar la economía alemana” con medidas de transición ecológica, mientras promueve la militarización del imperialismo alemán (abogaron a favor de una intervención en el conflicto con Irán bajo «liderazgo europeo»). Una política de “imperialismo verde” para contrarrestar la crisis del capitalismo alemán.

Una de las medidas más recientes en este campo, impulsada por el gobierno de Merkel y el Partido Verde alemán, pero que comienza a ser adoptada por otros gobiernos y sectores ambientalistas, busca implementar un impuesto a las emisiones de CO2 (gravando por ejemplo el consumo de carne, los combustibles o el tráfico aéreo) para renovar la industria hacia una transición ecológica. Un impuesto que provocaría la subida de precios y un ataque en regla a la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora, mientras no representa ninguna medida seria ante la crisis climática. En definitiva, la estrategia neoliberal del “capitalismo verde” termina siendo “negacionismo light”.

La esencia del capitalismo es la ampliación de la ganancia y la acumulación a cualquier costo, incluso si este costo implica la destrucción material del planeta. Cuando China y Estados Unidos, junto a la Unión Europea, producen la mayor parte de los gases de efecto invernadero que aniquilan la tropósfera, y los capitalistas se dirimen entre posturas negadoras o cumbres impotentes de gestión de la crisis ambiental, el resto del mundo sigue sufriendo los efectos del cambio climático.

Por ello la idea de un “capitalismo verde”, que elimine de forma íntegra y efectiva las causas que están en la base de la catástrofe ambiental global que nos amenaza y promueva un “desarrollo sostenible” de la humanidad y el conjunto de las especies que pueblan el planeta, es una quimera. La solución a la crisis climática global no puede nacer en ningún caso de las entrañas del mismo sistema que la produjo.

Hay que decir que dentro de este campo hay gran número de ONGs y organizaciones ambientalistas como IUCN, WWF, incluso Greenpeace, que trabajan codo con codo con los evangelistas de la ecoeficiencia y las petroleras como Shell o la Exxon, con mineras contaminantes como Barrick Gold o megacorporaciones como Walmart, Cargill o Monsanto, colaborando con el saqueo de recursos naturales en todo el planeta bajo la cobertura “ambientalista”.

Reformismo verde y “Green New Deal”

Dentro del espectro de los defensores de un capitalismo verde existe una subvariante reformista que ha ganado mucho peso en el último período, proponiendo un programa con tintes neokeynesianos para hacer frente a la crisis. Es el llamado “Green New Deal” (GND). En EE. UU. esta política es defendida por algunos aspirantes a la presidencia del Partido Demócrata norteamericano, como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, o por la autodenominada “socialista democrática” Alexandria Ocasio-Cortez, y también comienza a resonar en los discursos y programas de los social liberales europeos como el PSOE o corrientes neorreformistas como Podemos.

El GND, sostiene Ocasio-Cortez, permitiría a los Estados Unidos una transición hacia el 100 % de energías renovables en un plazo de 10 años, a la vez que promete crear millones de empleos ligados a la construcción de una red eléctrica eficiente en todo el país basada sobre energías renovables, entre otras medidas. ¿De qué modo? Promoviendo que las mega corporaciones milmillonarias, responsables de la crisis ecológica actual, sean las que desarrollen la infraestructura para salir del desastre. Y que para ello cuenten con millonarias subvenciones públicas del Estado.

La idea que subyace detrás de esta perspectiva es que si los gobiernos de los principales países industrializados del mundo y las grandes multinacionales toman consciencia de la situación, serían capaces de adoptar medidas en favor de la preservación del ambiente. Tanto el “Green New Deal” como otras propuestas similares (como la Agenda 2030 de la ONU), que son hoy referentes para buena parte de las fuerzas políticas “progresistas” en el mundo, se fundamentan en la idea de que es posible un “capitalismo sostenible” y que las corporaciones que han generado la crisis actual pueden reconvertirse en las salvadoras del planeta. Pero la ilusión de que se pueda armonizar la contradicción entre los intereses capitalistas y la preservación del ambiente y de la vida de cientos de millones de personas, es utópica y reaccionaria.

El modo de producción capitalista está en total contradicción con la naturaleza y con los procesos naturales de desarrollo. Para el capital, el factor determinante en este proceso es meramente cuantitativo. La feroz competencia obliga a cada capitalista a buscar constantemente formas de reemplazar a los trabajadores por máquinas que aumenten la productividad del trabajo y la masa de bienes lanzados al mercado y, por ende, la cantidad de recursos naturales consumidos para producirlos. La repetición constante de este ciclo de producción y reproducción del capital exprime impiadosamente todos los recursos, sin tomar en cuenta el tiempo requerido para su producción y regeneración natural.

La causa de este tipo de desarrollo ecodestructivo más que la irracionalidad capitalista, es su lógica inherente; el resultado lógico de un sistema económico cuyo motor es la sed de ganancias de los capitalistas.

La “rebelión” juvenil por el clima, sus potencialidades y sus límites

El 20 de agosto de 2018, la joven activista climática sueca Greta Thunberg se plantó frente a la sede del parlamento sueco con una pancarta que decía “Huelga estudiantil por el clima”. Inspirado por esta acción, desde entonces el movimiento “Fridays for Future” y los “viernes verdes” en ciudades de Europa, en los que los estudiantes faltan a clases y se manifiestan contra la crisis ambiental global bajo la consigna “No tenemos un planeta B”, ha sumado cada vez más adhesiones y ha movilizado a cientos de miles en centenares de ciudades por todo el continente.

Junto al movimiento “Fridays for future”, se han desarrollado otras plataformas ecologista, como “Ende Gelände” en Alemania, o “Extintion Rebellion” en el Reino Unido, que sostienen reivindicaciones similares, aunque también varían en sus métodos de lucha.

El pasado 15 de marzo se declaró la primera huelga global por el clima. Cientos de miles de jóvenes tomaron las calles en distintas ciudades del mundo en el marco de una huelga estudiantil contra el cambio climático. En Madrid, Berlín, París, Viena, Roma y otras ciudades de Europa y el mundo, las manifestaciones fueron masivas. El 24 de mayo tuvo lugar una nueva convocatoria global de huelga estudiantil, que siguió movilizando a millones. Los próximos 20 y 27 de septiembre se realizará una nueva Huelga Mundial por el Clima, en el que se hace un llamamiento a la ciudadanía y a otras organizaciones sociales a sumarse a la convocatoria.

Los organizadores exigen a los gobiernos que se declare la emergencia climática y la adopción de medidas urgentes para frenar una crisis medioambiental que “es consecuencia de un modelo de producción y consumo que ha demostrado ser inapropiado para satisfacer las necesidades de muchas personas, que pone en riesgo nuestra supervivencia e impacta de manera injusta especialmente a las poblaciones más pobres y vulnerables del mundo”.

Entre esas medidas se encuentran la reducción –a cero neto– de las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar que la temperatura global se eleve por encima de los 1,5 °C. Para ello proponen acciones tendientes al abandono de los combustibles fósiles y su sustitución por energías renovables, tales como la paralización de nuevas infraestructuras fósiles, un modelo energético no nuclear o la reorganización del sistema de producción.

Denuncian además la interrelación entre la enorme desigualdad social y la degradación del ambiente y plantean que la transición a un “modelo ecosostenible” tiene que hacerse atendiendo a las desigualdades generadas en función de la clase social, el sexo, la procedencia, etc. En el camino a esa transición defienden la creación de fórmulas de control y participación ciudadana a través de la democratización de áreas de la producción como la energía, el transporte o la alimentación.

El hecho de que la juventud se movilice contra la barbarie de la destrucción ambiental es un hecho enormemente auspicioso. Además, la incorporación del método de la huelga para visibilizar sus demandas y el llamado al conjunto de las organizaciones de la sociedad civil es algo innovador que no se había hecho antes y que le da más fuerza al movimiento.

Frente a las “potencias infernales” que ha engendrado el capitalismo y cuyas consecuencias hoy resultan inevitables, las y los jóvenes impulsores del movimiento “Fridays for Future” y otras plataformas similares son cada vez más conscientes de esta realidad y, aunque de un modo muchas veces abstracto, denuncian al sistema capitalista como causante de la crisis actual.

Sin embargo, carecen aún de un programa definido y una estrategia para superarlo. Su perspectiva se reduce a una denuncia y exigencia a los representantes políticos capitalistas para que tomen medidas urgentes o a abrazar las propuestas de los llamados “partidos verdes”, pero sin apuntar decididamente contra los intereses y la propiedad de los máximos responsable de esta situación: las grandes corporaciones y multinacionales capitalistas.

Tampoco sostienen una posición contraria a medidas “verdes” como los intentos de aplicar impuestos al consumo que atentan contra la mayoría de la clase trabajadora y los sectores populares. Por el contrario, en muchos países el movimiento exige la implementación de un impuesto a las emisiones de CO2 más altos de lo que proponen los partidos capitalistas, los cuales elevarían los precios de productos de consumo para la mayoría de la población. Para que la juventud logre atraer a la clase trabajadora a la lucha contra el cambio climático, es necesario un programa que plantee claramente que sean los capitalistas, y no las masas populares, los que paguen por la crisis.

En amplios sectores del movimiento prima la lógica de que para solucionar la crisis ecológica el eje central está en los cambios de los patrones de consumo individual, centrando su atención en el “consumo irresponsable”. Obviamente la producción capitalista, generadora de patrones y ciclos de consumo a escala planetaria, moldea a los “consumidores” y en esta medida el comportamiento humano individual colabora con la crisis ecológica, por lo cual es deseable promover que estos patrones se modifiquen generando conciencia ambiental.

Pero la realidad es que la influencia que pueden ejercer los cambios del comportamiento individual sobre el carácter funesto de la producción capitalista sobre el medio ambiente es en muchos casos irrelevante y, especialmente, muy desigual. Un informe de Oxfam del año 2015 demostró que el 10 % más rico del planeta provoca la mitad de las emisiones de CO2, mientras que el 50 % más pobre (3.500 millones de personas) es responsable de solo el 10 %.

La lógica de centrar la iniciativa de movimiento ambiental en los cambios de comportamiento individual conlleva dos problemas estratégicos. Por un lado, porque promueve una estrategia ilusoria que favorece una concepción individualista, difuminando o directamente ocultando cuál es el “centro de gravedad” sobre el que hay que golpear, el capitalismo imperialista, las grandes corporaciones y los Estados capitalistas. Por otro lado, termina fortaleciendo el discurso reaccionario de que “la gente es responsable de la crisis” que va unido a medidas para hacer pagar la crisis ambiental a la clase trabajadora y los sectores más pobres de la sociedad; un discurso que al mismo tiempo que preserva el sistema y beneficia a los capitalistas, impide incorporar a la lucha a las potencias sociales capaces de enfrentarla.

Una de las lecciones que ha dejado la lucha de los Chalecos Amarillos en Francia, un inmenso movimiento social desatado inicialmente como respuesta al alza en el precio de los combustibles y en protesta por la injusticia fiscal y la pérdida de poder adquisitivo, es que la “transición ecológica” no puede recaer sobre los hombros de la clase trabajadora y los sectores populares. Frente a la crisis ambiental, el problema central no es la “división” entre quienes contaminan y quienes no lo hacen, sino entre la mayoría social que ya está pagando los costos de la crisis y los capitalistas que la generaron.

La única manera de enfrentar la crisis ambiental global engendrada por el capitalismo es que en la lucha se implique la mayoría de la población con la clase trabajadora al frente. Y esto es así porque la contradicción capital-trabajo no es una más de las que caracterizan al modo de producción capitalista, sino la que lo estructura, ya que si la relación de la sociedad con el resto de la naturaleza está mediada por la producción, es revolucionando la producción como se puede regular racionalmente el metabolismo con la naturaleza. Por ello la clase trabajadora, la clase auténticamente productora de la sociedad, si se dota de una política hegemónica y no corporativa, es la única clase que puede actuar como articulador de una alianza social capaz de activar el “freno de emergencia” ante el desastre al que nos aboca el capitalismo.

En este sentido existen importantes ejemplos de unidad entre el movimiento ambiental y sectores de trabajadores, como el caso del astillero Harland and Wolff en Irlanda, donde fue construido el Titanic, que fue declarado en bancarrota, pero sus trabajadores tomaron las instalaciones exigiendo su nacionalización y que se implemente el uso de energías limpias. O los llamados a sindicatos y sectores de trabajadores a convocar la Huelga por el Clima, como se está haciendo en Portugal, Alemania o el Estado español.

Estas iniciativas son sumamente importantes, porque de un modo aún intuitivo pero correcto, tienden a delimitar cuál es el “sujeto social” que puede hegemonizar la lucha por una alternativa a la destrucción ambiental, la clase trabajadora.

La necesidad de que la clase trabajadora se integre al movimiento con sus propias reivindicaciones y sus propios métodos de lucha (huelgas, bloqueos y piquetes), es vital para el desarrollo del movimiento. Es necesario ayudar a romper los prejuicios que existen en amplios sectores de la clase trabajadora con el movimiento ambiental, aunque muchas veces esté justificado por políticas que en nombre de la “defensa del ambiente” han despreciado a la clase obrera equiparándola con las patronales contaminadoras o incluso promovido medidas que implicaban un ataque directo a las condiciones de vida de la clase trabajadora sin más alternativa.

Pero, sobre todo, es necesario enfrentar y denunciar el rol reaccionario que juegan la mayoría de los sindicatos burocratizados. Especialmente en los sectores de la industria pesada y la industria energética, las burocracias sindicales actúan como los mejores socios de los capitalistas. Muchas veces se oponen a cualquier medida de transición ecológica, por más superficial que sea, bajo el argumento de “salvar los puestos de trabajo”, cuando lo que esconden en realidad es una política para salvar las ganancias de los capitalistas, atando el destino de la clase trabajadora a los buenos negocios de los empresarios.

Ante la Huelga por el Clima, la posición mayoritaria entre los sindicatos europeos o en Estados Unidos es oponerse, o en algunos casos como en Alemania, apoyarla demagógicamente, pero negándose a organizarla y convocarla por considerarla “ilegal”. Es por ello que, junto con el impulso de la más amplia autoorganización entre la juventud, es necesario denunciar las posiciones reaccionarias de los sindicatos burocráticos, que durante décadas han ignorado o despreciado los problemas ecológicos, al mismo tiempo que se les exige que convoquen a la huelga y pongan sus organizaciones al servicio de la lucha contra los capitalistas responsables de la catástrofe que nos amenaza.

La declaración promovida en Alemania por la agrupación de sindicalistas de base «ver.di aktiv», impulsada por el grupo RIO, con más de 500 adhesiones de sindicalistas de distintas ramas de todo el país exigiendo a las centrales sindicales que convoquen a la huelga, es una muestra pequeña pero significativa de la potencialidad de esta política.

Un programa transicional anticapitalista para evitar la catástrofe

Frente a una perspectiva absolutamente irracional a la que nos aboca el capitalismo es evidente la necesidad de medidas drásticas y urgentes. Pero estas no pueden depender de la buena voluntad de los Gobiernos de las potencias imperialistas que son las principales responsables del desastre actual, ni tampoco de las nuevas agendas impulsadas por las grandes corporaciones y los partidos promotores del “capitalismo verde”.

La única salida ante la catástrofe que nos amenaza es tomar el presente y el futuro en nuestras manos mediante una planificación racional de la economía mundial, o como diría Marx, mediante “la introducción de la razón en la esfera de las relaciones económicas”. Y esta solo puede ser posible si la planificación de la economía se encuentra en manos de la única clase que por su situación objetiva y sus intereses materiales tiene interés en evitar la catástrofe: la clase trabajadora.

Una perspectiva por la que luchamos las organizaciones que integramos la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional en el seno del movimiento obrero, de la juventud y los movimientos ecologistas. Frente a la farsa de las cumbres climáticas y las promesas de un “capitalismo verde”, es necesario desplegar un programa transicional orientado hacia una completa reorganización racional y ecológica de la producción, la distribución y el consumo con medidas como:

• La expropiación del conjunto de la industria energética, bajo la gestión democrática de las y los trabajadores y supervisión de comités de consumidores. De este modo el sector energético podría avanzar hacia una matriz energética sustentable y diversificada, prohibiendo el fracking (de gas y petróleo) y otras técnicas extractivistas, que permita reducir drásticamente las emisiones de CO2 desarrollando las energías renovables y de bajo impacto ambiental en consulta con las comunidades locales. Al mismo tiempo, se reducirían los precios abusivos de la electricidad.

• La nacionalización y reconversión tecnológica sin indemnización y bajo control obrero todas las empresas de transporte, así como las grandes empresas automovilísticas y metalmecánicas, para alcanzar una reducción masiva de la producción automotriz y del transporte privado, mientras se desarrolla el transporte público en todos sus niveles.

• La lucha por lograr condiciones seguras de trabajo en todas las fábricas y empresas, libres de tóxicos y agentes contaminantes, unida a la reducción de la jornada laboral y reparto de las horas de trabajo sin rebajas salariales entre todas las manos disponibles, como parte de un plan general de reorganización racional y unificada de la producción y la distribución en manos de la clase trabajadora y sus organizaciones.

• La expropiación de la propiedad terrateniente y reforma agraria para pequeños campesinos y pueblos originarios. Expulsión de empresas imperialistas, confiscación de sus bienes y expropiación bajo control obrero de todo el complejo industrial agroalimentario y exportador. Monopolio del comercio exterior y nacionalización de la banca para financiar la reconversión y diversificación del modelo agroalimentario sobre bases sustentables y democráticas. Prohibición del glifosato, eliminación progresiva de todos los agrotóxicos y prohibición de su libre comercialización, e inversión en investigación en métodos alternativos, como la agroecología, entre otros.

• La imposición de presupuestos bien dotados para la conservación de la biodiversidad, tanto de especies como de la gran variedad de ecosistemas del planeta, con especial hincapié en los que están en mayor riesgo. Regeneración de las áreas degradadas (mares, ríos, lagos, bosques y campos) en base a impuestos progresivos al gran capital.

• La prohibición de la megaminería contaminante, la nacionalización de la minería tradicional bajo control obrero y su articulación con el desarrollo de una industria de recuperación de minerales de la chatarra electrónica, implementando la “minería urbana” para el reciclaje de minerales escasos de los aparatos electrónicos y otros productos. Expulsión de las mineras imperialistas y confiscación de sus bienes para remediar el daño hecho a las comunidades afectadas. Prohibición de la apropiación privada de bienes públicos como el agua.

• La abolición de la deuda en los países dependientes y semicoloniales, que es una forma de coerción para adoptar ajustes neoliberales antiecológicos, así como la expropiación de todas las empresas contaminantes en los países periféricos. Es inimaginable resolver la crisis ecológica en esos países sin independencia respecto del imperialismo.

• La apertura de las fronteras y cierre de los centros de detención de migrantes frente al drama de la inmigración, producto de la pobreza y la expoliación imperialista, pero también en muchísimos casos por la crisis climática.

• Una política radical que tienda a evitar los residuos y a reciclarlos. No alcanza con las instalaciones de filtrado, depuración, etc. Hace falta una conversión industrial fundamental que evite, a priori y en su origen, la contaminación. Esto implica también terminar con la obsolescencia programada.

• El levantamiento del secreto empresarial (que permite, por ejemplo, ocultar las emisiones tóxicas) y la obligación de llevar registros públicos donde se especifiquen las materias primas y los productos utilizados.

Este programa, junto a otras medidas de imperiosa necesidad, es obviamente imposible de alcanzar en los marcos del capitalismo. Para llevarlo a cabo hace falta una estrategia revolucionaria que enfrente decididamente a los responsables del desastre. La juventud que hoy sale a las calles en todo el mundo para luchar por la “justicia climática” tiene el desafío de avanzar en la radicalización de su programa para plantear la única perspectiva realista para enfrentar la catástrofe: impulsar la lucha de clases para terminar con el sistema capitalista y poner todos los resortes de la economía mundial en manos de la clase trabajadora.

Socialismo o barbarie: por una estrategia revolucionaria e internacionalista

Muchos científicos, ecologistas, organismos internacionales y hasta grandes medios de prensa, caracterizan el momento actual como un momento de “crisis civilizatoria”, que no tiene vuelta atrás y solo queda adaptarse al desastre. Ante la catástrofe preanunciada, la ideología capitalista no solo siembra el miedo (lo que da fundamentos tanto a políticas securitarias como a salidas individuales bajo el liderazgo de los gobiernos capitalistas y las grandes empresas), sino que niega de plano toda perspectiva emancipadora. Desde el cine y la televisión vivimos un bombardeo constante de distopías: es más fácil imaginar mundos catastróficos, postnucleares, invasiones de extraterrestres y hasta zombies, que una sociedad que racionalmente garantice la supervivencia del planeta y de todas sus especies.

Frente a una perspectiva de catástrofe, que no está descartada en absoluto, el problema fundamental radica en si la adaptación estará en manos del capital o de la mayoría desposeída de la sociedad. Por ello, la crisis ecológica vuelve a situar como la única perspectiva de salvación de la humanidad y el planeta, la lucha por el comunismo, la de la sociedad de productores libres asociados en armonía con la naturaleza. Un combate en el que clase trabajadora debe ubicarse como sujeto hegemónico, tomando las demandas ambientales no solo como parte de la lucha por mejorar sus condiciones de vida, sino por dar una salida progresiva al ecocidio que prepara el capitalismo.

Esta es la precondición indispensable para instaurar un sistema basado en la solidaridad, que recomponga racionalmente el metabolismo natural entre la humanidad y la naturaleza, y que reorganice la producción social respetando los ciclos naturales sin agotar nuestros recursos, terminando al mismo tiempo con la pobreza y las desigualdades sociales.

Ante la catástrofe ambiental que nos amenaza, la disyuntiva planteada por Rosa Luxemburg, “socialismo o barbarie”, adquiere una renovada significación. En la víspera de la carnicería imperialista que comenzó en 1914, la gran revolucionaria polaca advertía que “si el proletariado fracasa en cumplir sus tareas como clase, si fracasa en la realización del socialismo, nos estrellaremos todos juntos en la catástrofe”. Para Luxemburgo, el socialismo no era un destino predeterminado por la historia; lo único “inevitable” era el colapso al que llevaba el capitalismo y las calamidades que acompañarían este proceso si la clase trabajadora no lograba impedirlo.

En nuestro siglo, las condiciones de la época de las crisis las guerras y las revoluciones se reactualizan, enfrentando a la clase obrera y los pueblos del mundo no sólo a la barbarie de la guerra y la miseria, sino de catástrofe ambiental y la potencial destrucción del planeta. Un proyecto verdaderamente ecológico que enfrente la crisis ambiental a la que nos conduce el capitalismo solo pude serlo en tanto sea comunista y la clase trabajadora, aliada al conjunto de los sectores populares, se disponga subjetivamente a la vanguardia de imponerlo mediante la lucha revolucionaria, contra la resistencia de los capitalistas.

***

La Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) es una organización revolucionaria internacional, impulsora de la Red Internacional de diarios La Izquierda Diario en 12 países y 8 idiomas. Está integrada por:

ARGENTINA: Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) / BRASIL: Movimento Revolucionário de Trabalhadores (MRT) / CHILE: Partido de Trabajadores Revolucionario (PTR) / MÉXICO: Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) / BOLIVIA: Liga Obrera Revolucionaria (LOR-CI) / ESTADO ESPAÑOL: Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores (CRT) / FRANCIA: Courant Communiste Révolutionnaire (CCR) que forma parte del NPA (Nouveau Parti Anticapitaliste) / ALEMANIA: Revolutionäre Internationalistische Organisation (RIO) / ESTADOS UNIDOS: compañeros y compañeras de Left Voice / VENEZUELA: Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) / URUGUAY: Corriente de Trabajadores Socialistas (CTS) / Organizaciones simpatizantes: ITALIA: Frazione Internazionalista Rivoluzionaria (FIR) / PERÚ: Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST) / COSTA RICA: Organización Socialista

Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/El-capitalismo-destruye-el-planeta-destruyamos-el-capitalismo-138252
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Argentina: Todos los caminos conducen a la Educación

úmamente oportuna la declaración de Axel Kicillof la última semana, prometiendo un gobierno «más austero, más transparente y más eficiente». Así puntualizó no sólo una bandera de campaña y un buen propósito, sino que también señaló, implícitamente, la mayor urgencia nacional, que es recuperar la educación pública.

Puede sonar grandilocuente, porque lo es. Y lo es porque todos los problemas argentinos derivan de un desastre educativo cuya reconstrucción dependerá de profundos cambios. De paradigmas y de rumbos, de postulados y de ejemplos a inculcar, y de presencia del Estado como rector y orientador de un pueblo capaz de desarrollar sus capacidades en plenitud, consistencia y persistencia. Todo eso sólo puede garantizarlo la educación pública gratuita, obligatoria y laica, vía magna para hacer de la Argentina el país soñado por generaciones.

Al menos en El Manifiesto Argentino lo tenemos claro desde hace años, y subrayado a finales de 2015, cuando el gobierno macrista-radical inició el desguace de todas las políticas pedagógicas positivas implementadas desde 2003, a lo que sumó despidos y represión a los trabajadores de la Educación. Retomaron así el proceso negativo iniciado en los años 60, cuando sucesivos ministros de la dictadura de Onganía (Astigueta, Pérez Guilhou, Cantini, Malek) aplicaron las primeras «reformas» que eliminaron el Magisterio e iniciaron la subsidiaridad del Estado y las transferencias del sistema educativo a las provincias, sistema retrógrado que en 1992 perfeccionó la Ley Federal de Educación menemista.

También por eso es urgente renacionalizar la educación, entendida como el retorno a un Sistema Educativo Nacional Único con validez en toda la república, que garantice una plataforma curricular que conciba contenidos educativos igualitarios en todo el territorio nacional y se organice respetando desarrollos regionales y locales.

Con pareja urgencia habría que desarrollar sistemas de evaluación que prioricen principios y necesidades de interés nacional y latinoamericano, tanto en la evaluación de los aprendizajes como de las instituciones y el sistema educativo mismo, que a su vez debería promover la conciencia de nuestra lengua nacional, el Castellano Americano, garantizando a la vez la educación intercultural bilingüe respecto de cada uno de los pueblos originarios que habitan el territorio nacional.

Obviamente, la vastedad y complejidad de acciones necesarias contemplará promover la educación técnica y de adultos, así como la educación popular operada por iniciativa de ONGs, cooperativas, empresas recuperadas y organizaciones territoriales, incorporando de entrada el estudio permanente de principios de Filosofía, Lógica y sobre todo Formación Moral, materia ausente de casi todos los currículos argentinos y que debería ser obligatoria desde el nivel primario en adelante y en todo el país, como inicio de una educación para la transparencia y la concientización de la honradez como cualidad humana fundamental. Porque de muy poco sirven las leyes anticorrupción si no hay políticas de transparencia a largo plazo, para lo cual hay que lanzar sostenidas campañas nacionales de educación cívica, orientadas a que la sociedad sepa ejercer controles y fiscalización.

Asimismo, es urgente promover el debate y sanción de una Ley de Educación Superior que reasegure, profundice y actualice los principios de la Reforma Universitaria de 1918, explicitando a la Educación Superior como bien público y como derecho, e incorporando la materia Ética Profesional en todas las carreras universitarias y terciarias, públicas o privadas.

Ante tanta, tan veloz y tan torpe degradación del sistema educativo nacional como ejecutó el neoliberalismo macrista, es hora ya de consagrar a la educación como un derecho colectivo en el marco de procesos institucionales de enseñanza y aprendizaje, a cargo del Estado y consolidando la instrucción elemental, pero, también, asegurando los valores históricos que construyen nacionalidad. E incluso incursionando en campos educacionales heterodoxos, pero urgentes, puesto que nuestro país es hoy, quizás, uno de los más groseros, mal hablados y de modos de comportamiento más violentos de todo el mundo.

Acaso la recuperación en materia educativa deba incluir los contenidos y el espíritu de los programas transversales que mejoraron el sistema hasta 2015: educación sexual, prevención de violencia escolar, orquestas infantiles y juveniles, ajedrez escolar, educación y memoria, educación y medios, educación por el arte, centros de actividades infantiles y juveniles en contraturno y días sábados en las escuelas. Y por supuesto es urgente reinstalar las dos grandes acciones hoy discontinuadas perversamente: el Plan Nacional de Lectura, para retomar la urgente capacitación de mediadores y la provisión de libros y materiales de lectura en todo el territorio. Y el Plan Conectar Igualdad, que estimuló el talento de millones de estudiantes, además de que generó tecnología y trabajo argentino. Y definir como política educativa de Estado la distribución de tecnología digital para que todos los estudiantes del país, sin diferencias, tengan acceso al mundo.

Súmese todavía la integración del sistema bibliotecario escolar con todo el sistema educativo, garantizando la existencia de bibliotecas en todas las escuelas e institutos, así como cargos profesionales, mantenimiento infraestructural, conexión en red y renovación anual de acervos.

Y habría también que incorporar, de una buena vez, la Educación Agraria básica y la Educación Ambiental en todos los niveles educativos, para desarrollar la conciencia ecológica y del riquísimo sistema de Parques Nacionales de que disponemos y que en general nuestro pueblo ignora.

Así y con muchas otras medidas y decisiones, y con miras a servir a tres, cuatro o más generaciones venideras, la política educativa pública podría ser el instrumento fundamental de la cantera en la que millones de futuros argentinos y argentinas se educarán para garantizar que los próximos gobiernos sean protagonistas ­–como bien ha dicho Axel Kicillof– de gestiones «más austeras, más transparentes y más eficientes».

Fuente de la Información: https://www.pagina12.com.ar/218469-todos-los-caminos-conducen-a-la-educacion

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Argentina: Especialista advierte que gobiernos “hablan mucho de educación” pero hacen poco por ella

Se trata de la licenciada en educación Graciela Morgade, quien disertó el último sábado en el marco del Pre Congreso de Educación, en el marco del Segundo Congreso Internacional “Educación e Inclusión desde el Sur” que se realizará en noviembre. La profesional observó que “las políticas educativas se hacen así, haciendo y no solo hablando”.

La licenciada en Educación Graciela Morgade advirtió que aveces «los gobiernos hablan mucho de educación» pero hacen poco por ella.

La profesional disertó el último sábado en el marco del Precongreso en Educación, en el marco del Segundo Congreso internacional «Educación e Inclusión desde el Sur» que se realizará en Noviembre.

El evento realizado en Río Grande contó con dos ponencias, una el viernes en la ciudad de Ushuaia y la segunda este sábado en Río Grande.

Esta última se llevó a cabo en lss instalaciones del gimnasio Carlos Margalot, donde se presentó a la licenciada Graciela Morgade brindando la charla «Toda educación es sexual».

Al respecto la secretaria de Promoción Social del Municipio Río Grande Analia Cubino destacó que «como municipio hemos enfrentado algo muy importante como es la educación», en el entendimiento de que «somos corresponsables de lo que les pasa a nuestros ciudadanos y ciudadanas y entendemos que la educación sexual integral es un tema prioritario».

«Es un tema que atañe no sólo a las escuelas, sino a toda la comunidad, así que estamos muy felices de la convocatoria, ayer en Ushuaia y hoy en Río Grande, y es destacable el compromiso de la docencia en participar».

Cubino recordó así mismo que «éste es ya un encuentro final del «precongreso » e indicó que en Noviembre ya vamos a tener nuestro segundo congreso internacional y notamos que esto ha traído mejoras.

Por su parte la Licenciada Graciela Morgade «valoró el gran esfuerzo que hace el municipio Río Grande para llevar adelante estos precongresos y el próximo encuentro internacional que se llevará aquí en Tierra del Fuego».

«Hay que destacar que además es un esfuerzo económico, porque estamos en el verdadaero Sur del país, y nos sentimos felices por haber sido convocados a esta gran movilización que tiene que ver con poner a la educación como prioridad» señaló.

«A veces las gobiernos hablan mucho de la educación, pero las políticas educativas se hacen así, haciendo y no sólo hablando», advirtió, razón por la cual consideró que «esta iniciativa es un enorme gesto y una señal de la enorme valoración que esta gestión de Gustavo Melella y el Municipio tiene sobre la educación».

Fuente de la Información: https://www.infofueguina.com/social/2019/9/16/especialista-advierte-que-gobiernos-hablan-mucho-de-educacion-pero-hacen-poco-por-ella-41588.html

 

 

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Pasó 5 Años en Prisión por “Educación Robada” para su Hijo

La mujer no tenía un hogar en ese momento, y utilizó la dirección de una amiga para mandar a su hijo a una escuela mejor

(NOTICIAS YA).- Una madre sin techo de Connecticut fue sentenciada a pasar cinco años en prisión por inscribir a su hijo en un distrito escolar que no le correspondía utilizando la dirección de una amiga; una diferencia abismal comparada con la sentencia de 14 días que recibió Felicity Huffman por el escándalo de admisión a la universidad.

En 2011, Tanya McDowell de Bridgeportfue sentenciada a pasar cinco años en prisión por inscribir a su hijo Andrew, entonces de 5 años, en una escuela en la ciudad vecina de Norwalk utilizando la dirección de una amiga para el registro escolar.

En ese momento, Tanya y el pequeño pasaban algunas noches en su camioneta y otras en refugios para personas sin hogar, algunas noches las pasaban en un departamento en Bridgeport, según detalla el Connecticut Post.

Cuando las autoridades descubrieron lo de la dirección, la madre fue arrestada y acusada de hurto en primer grado con una sentencia que se determinó en cinco años por “educación robada”.

“¿Quién hubiera pensado que desear una buena educación para mi hijo me pondría en esta situación?”, dijo McDowell en ese entonces.

Tanya, también enfrentaba cargos por drogas, por los que también cumplió una condena, al momento de su sentencia.

“No me arrepiento de buscar una mejor educación para él, lamento mi participación en este caso de drogas”, dijo la madre ante la controversia del caso, que difiere mucho de otros.

“Todavía lo volvería a hacer porque no me ha decepcionado”, dijo la mujer, quien entonces debía dinero al distrito escolar por la “educación robada”, según detalla Refinery29.

De acuerdo con el Washington Post, un estudio mostró que los distritos escolares blancos recibieron $ 23 mil millones más en fondos del gobierno que los distritos escolares no blancos en 2016, independientemente del hecho de que tenían la misma cantidad de estudiantes, algo que muestra la disparidad de la educación en Estados Unidos.

Fuente de la Información: https://noticiasya.com/tampa/2019/09/16/paso-5-anos-en-prision-por-educacion-robada-para-su-hijo/

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