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España: El instituto de Castellón en el que los profesores firman un compromiso para no mandar deberes

Europa/España/17 Enero 2019/Fuente: El país

En dos cursos, el centro ha conseguido reducir el fracaso escolar un 10%. Argumentan que sin tareas, los alumnos están más motivados

«Los deberes generan desigualdades; hay alumnos que reciben ayuda en casa o familias que se pueden permitir pagar clases de apoyo, hay otras que no», explica Toni Solano, director del instituto Bovalar de Castellón, que en 2016 se declaró centro «sin deberes». Su objetivo era reducir la tasa de abandono escolar y después de dos años ya lo han conseguido. En el curso 2012-2013, un 50% de los alumnos de los distintos niveles de la ESO suspendieron más de cuatro asignaturas y repitieron, un porcentaje que este año ha bajado al 40%. De los 70 profesores del centro, 30 han firmado este curso un compromiso para limitar las tareas que los estudiantes deben resolver en casa.

«Los alumnos pasan entre seis y siete horas encerrados en el instituto. Ahora, sin deberes, vienen con más ganas y aprovechan mucho más el tiempo», cuenta Francesc Collado, profesor del centro, catalogado como CAES (Centros de Actuación Educativa Singular) por la asistencia de alumnos que viven en barrios marginales o presentan situaciones familiares complicadas. En su opinión, una de las peores consecuencias de los deberes es que gran parte de las horas lectivas se destinan a corregir esas tareas. «Entras en una dinámica errónea», añade.

España está entre los países en los que los alumnos de 15 años destinan más horas a los deberes en casa, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). En España dedican 6,5 semanales frente a las 4,8 de media entre los países industrializados. En otros informes, ese mismo organismo apunta que puede abrirse una brecha entre alumnos con más o menos recursos —la renta de las familias es uno de los principales factores que influyen en el rendimiento de los alumnos— aunque defiende razones «muy sólidas» para asignar tareas después de clase como «ayudar a los estudiantes con dificultades», asegurar que lo retienen en su memoria a largo plazo o dar un estímulo adicional para los estudiantes de altas capacidades.

En el documento rubricado por los 30 profesores, que el centro llama «contrato» y que es voluntario, figuran algunos puntos como «no mandar deberes que supongan actividades de repetición o de respuestas basadas en la copia de datos» o «no encargar resúmenes ni esquemas si no se han trabajado los contenidos previamente en el aula».

«Los tiempos de la antigua escuela han pasado y la realidad actual exige nuevos retos educativos,  tanto metodológicos como organizativos, para dar respuesta a un alumnado con nuevos intereses y necesidades», expone el documento. Esas nuevas pedagogías consisten, por ejemplo, en el uso de dinámicas de trabajo colaborativo, que «mejoran la convivencia» y «motivan» a los alumnos, explica el director del centro.

Esas medidas se alinean con la Ley de Derechos y Garantías de la Infancia y la Adolescencia de la Comunidad Valenciana, que entró en vigor en diciembre e incluye una recomendación para que los deberes no «menoscaben» en primaria y secundaria «el derecho al ocio» de los estudiantes, para que que el exceso de tareas no reduzca el tiempo de juego. En ningún caso es de obligado cumplimiento para los centros.

«Los deberes tradicionales se basan, normalmente, en la repetición mecánica o en tareas que no están enmarcadas en un contexto real, no son una herramienta que sirva para mejorar el aprendizaje», sostiene Francesc Collado. Otro de los indicadores del éxito de la medida, según la dirección del instituto, es el descenso en el número de expedientes disciplinarios: de los 28 de 2016 a los 11 de 2018. Las incidencias en el aula —problemas entre alumnos o entre estudiantes y profesores— también se han reducido en ese periodo: de 164 a 37.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2019/01/16/actualidad/1547653922_157075.html

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Colombia: Los niños wayuu aprenden inglés para no perder su idioma

América del sur/Colombia/17 Enero 2019/Fuente: Semana Educación

Un profesor de la Alta Guajira se dio cuenta de que al enseñar inglés evitaría la muerte de su lengua madre. En el proceso ha tenido que sortear muchas barreras. Esta es su historia.

En una región en la que la gente trata de encontrar agua y comida para sobrevivir, Leonidas buscó la forma de salvar la lengua de su pueblo. Por su profunda preocupación, sus profesores aprobaron su idea a pesar de lo quijotesca que parecía.

“Me dijeron que estaba iniciando un proyecto de investigación muy duro; sin embargo, si eso podía contribuir a la preservación de la lengua, me iban a apoyar”,  contó Leonidas en el marco de la pasada Cumbre Líderes por la Educación.

Aunque todavía los mayores se expresan en wayuunaiki, los más jóvenes son quienes han tenido más contacto con la cultura occidental, por lo que empezaron a usar el castellano para no sentirse avergonzados y poco a poco fueron olvidando palabras en su lengua.

Según la Unesco, la desaparición de lenguas nativas ocurre de manera más acelerada que la de especies de plantas o animales. Por ejemplo, antes se documentaban alrededor de 7.106 lenguas en el mundo y actualmente se registran 6.000, y se espera que para finales de este siglo desaparezcan 3.000.

Como docente de lenguas modernas, Leonidas sentía que tenía una deuda con su pueblo, pues se había dedicado a resguardar una lengua ajena durante sus clases. Hace nueve años como profesor de matemáticas y español, y luego, hace dos años, como maestro de inglés. Sin embargo, cuando empezó a dar clases de inglés no pudo seguir ignorando que sus alumnos no entendían el wayuunaiki.

Vi que nuestra lengua estaba en proceso de extinción. Los mismos estudiantes me dicen que para qué estudiaban wayuunaiki si no les iba a servir en el futuro. Me decían que necesitaban estudiar una lengua que realmente les sirviera afuera. Ahí comenzó mi reflexión”, recordó Leonidas.

Marshall Suárez es una de sus estudiantes. Tiene 15 años y está en grado décimo. Asegura que para ella es muy importante volver a su lengua madre, porque no quiere sentir vergüenza el día en que ingrese a la universidad y le pregunten si sabe hablar wayuunaiki. “Mi lengua materna fue el español, porque muy pequeña mis padres me llevaron a vivir a Venezuela. Cuando mis papás se separaron, regresé a Uribia con mi papá. Tenía 6 años cuando mis abuelos me empezaron a enseñar wayuunaiki”.

Con jóvenes como Marshall, empezó su proyecto. Antes de que sospecharan sus verdaderas intenciones en sus clases de inglés, les hablaba a sus estudiantes del orgullo que se siente al ir a otras regiones e incluso a otros países y hablar en wayuunaiki. Decía: “Te preguntan que si sabes wayuunaiki y si no sabes, no te van a creer que eres wayuu”.

Luego, durante las clases, Leonidas dejaba talleres en los que los estudiantes no solo debían traducir una oración de español a inglés, sino de inglés a wayuunaiki. “Un ejemplo, una vez les hablé del tiempo en inglés. Luego les pregunté cómo sería esa traducción en wayuunaiki. Ellos se reunían, pensaban y no encontraban la forma de expresar la hora tradicionalmente y vieron que era necesario investigar”, explicó.

Pero se dieron cuenta de que muchas de las palabras en inglés no se pueden traducir al wayuunaiki. En el caso del tiempo, los wayuu no hablan de horas; ellos tienen una medición natural. “La sombra de un árbol y los astros sirve para medir el tiempo. Esto no se puede traducir al inglés”.

Entonces, junto con sus estudiantes, tuvo que encontrar un concepto wayuu que se asemejara al tiempo occidental. Con estos ejercicios, Leonidas no solo les enseñó a sus alumnos las horas en inglés, también logró que volvieran a usar esas palabras que habían olvidado.

Mientras más trabajaba, más comprendía el lío en el que estaba metido. En otro caso, sus estudiantes descubrieron que su lengua materna no tenía las palabras para nombrar los descubrimientos e inventos recientes del hombre occidental. “La palabra ‘celular’ no está en nuestra lengua, y el estudiante me preguntaba ¿cómo podemos encontrarle un nombre? Yo les decía que eso no es fácil, que necesitaría la ayuda de académicos porque no se pueden crear palabras de la nada”.

Sin embargo, como un pequeño acto de rebelión, se está creando un neologismo, es decir, una palabra nueva que aparece en una lengua. “Los mismos estudiantes inventaron una palabra para decir ‘avión’ en wayuunaiki. Pero la creación se dio por imitación, como ‘pájaro que vuela’. Entonces la gente pensó en ponerle un nombre que significara ‘algo que vuela’, pero eso no es específico”.

Mientras Leonidas encuentra el grupo de académicos que le ayude a crear esas nuevas palabras en wayuunaiki con un sustento teórico, espera que más compañeros puedan replicar su proyecto, ya que en el momento solo da sus clases en la sede central a 28 estudiantes. “Tenemos ocho sedes satélites en donde los niños siguen sin aprender wayuunaiki. Tienen una materia de relleno en la que les enseñan sobre la cultura wayuu, pero solo a través de cuentos”.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/ninos-wayuu-aprenden-ingles-para-que-su-lengua-madre-no-muera/597960

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Canadá: Premiar a los niños con tiempo de pantalla es tan malo como darles chucherías

América del norte/Canadá/17 Enero 2019/Fuente: El país

Un estudio canadiense recalca que el castigo tampoco es eficaz, ya que cuanto más deseamos algo, más lo hacemos. El ejemplo paterno es lo mejor para el buen uso de la tecnología

Usar los aparatos electrónicos como castigo o como recompensa con nuestros hijos no es lo más recomendable. Así lo concluye un estudio elaborado por la Universidad de Guelph en Canadá y publicado en la revista BMC Obesity. Es más, los investigadores añaden que utilizar esto como método correctivo hace que los menores pasen más tiempo usando su tableta o smartphone o viendo la televisión, que aquellos niños a los que sus padres no reprenden o premian con estos dispositivos.

“Es lo mismo que premiar o castigar a los más pequeños con chucherías, ya que lo que conseguimos es que aumente su deseo de comerlas, de tenerlas, lo que podría tener un efecto en su estado de salud”, asegura Jess Haines, una de las autoras en un comunicado. “Lo que consigues es que prefieran un pastel a una zanahoria. Pues lo mismo ocurre con el uso de la tecnología y el deseo de pasar más tiempo frente a una pantalla. Si se lo prohíbo, cuando lo tenga, querrá más. Si le recompenso con tiempo de pantalla, estará más tiempo y se podría volver más sedentario”, añade la experta.

Con una muestra de 62 niños entre 18 meses y cinco años y 68 padres y madres, “queríamos investigar el impacto de las prácticas paternas con los dispositivos electrónicos y su efecto en los pequeños preescolares”, sostiene la autora de la investigación canadiense. De esta forma, preguntaron a los progenitores varias cosas, como cómo vigilaban el uso de dispositivos de sus hijos; cuándo les dejaban utilizarlos y si ellos mismos lo hacían delante de sus retoños. “Era importante estudiarlo, ya que a esta edad es cuando los niños comienzan a establecer hábitos y rutinas que continuarán a lo largo de su vida. Además, ha aumentado el uso de estos dispositivos en estas edades en los últimos años”, prosigue Haines.

Los resultados concluyen que de media los niños pasaban casi una hora y media delante de una pantalla durante los días de la semana y un poco más de dos horas, los fines de semana. Por su parte, los padres pasan una media de dos horas los días laborables y hasta dos y media los sábados y domingos. La Asociación Americana de Pediatría recomienda, por ejemplo, que los niños de menos de 18 meses no deberían usar nunca ningún tipo de pantalla. Y según explica la investigadora en el texto, en Canadá “solo un 15% de los preescolares cumplen el protocolo tecnológico de este país, que indica que estos deben pasar menos de una hora al día frente a estos dispositivos”.

Entre los factores que influyen en el uso de los dispositivos está cuando los padres lo usan como premio o reprimenda. “Este comportamiento correctivo o de recompensa hace que los niños pasen 20 minutos más al día frente a una pantalla”, continúa la experta en el texto. “Y este aumenta un poco más los fines de semana y creemos que se debe a que los progenitores pasan más tiempo con sus hijos y también más tiempo con sus dispositivos”. Según sus resultados, si los padres ven la tele con sus hijos, estos ven más tele, por ejemplo. “Esto es algo que ocurre menos cuanto más pequeños son los hijos, ya que los progenitores suelen aprovechar para ver la tele o usar sus dispositivos cuando estos, por ejemplo, están durmiendo la siesta”, subraya Haines.

Además, los autores del estudio son contundentes: no se deben usar pantallas durante las comidas, “sino que tiene que ser un tiempo para aprovechar en familia”. Hacer que los hijos pasen el menor tiempo posible frente a una pantalla es bueno para la salud de los niños, “recordemos que tener una vida sedentaria está vinculada con un mayor riesgo de padecer obesidad, con un menor rendimiento escolar y con habilidades sociales más pobres”. Cabe recordar que la obesidad infantil ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud, como una creciente epidemia. Es más la prevalencia, según explica esta misma organización, está estimada en 41 millones de niños con sobrepeso u obesos en el mundo.

Y añaden que usar estos dispositivos también les aleja de tener relaciones satisfactorias con sus iguales. “Nuestra esperanza es que estos resultados hagan que los padres sean cautelosos ante de los dispositivos y en cómo educan a sus hijos a este respecto”, concluye Haines.

Consultada en relación a este estudio, la psicóloga infantil Silvia Álava asegura que «efectivamente, es peligroso o inadecuado relacionar el uso de dispositivos con un castigo o un premio. En el primer caso, los psicólogos estamos en contra del castigo, ya que el niño no aprende, no sabe cuál o cómo se corrige la conducta por la que ha sido reprendido. No es un buen uso. Si le prohíbo el uso de pantallas, en cuanto se las ponga delante se volverá loco. Fomentaré su deseo, las ganas. Cuando hace algo mal, es mejor explicarle las cosas, que aprenda a hacerlas bien o cómo tiene que hacerlas, paso a paso, lo que haga falta». «En cuanto a los premios es distinto. Está bien premiar a los más pequeños, que se recompense una tarea que han hecho bien o que les ha ocasionado cierto esfuerzo. Pero hay que premiar de forma coherente, con algo que desee el pequeño. Pero siempre debe ser algo vigilado y con control paterno, no aumentando el tiempo de pantallas, por ejemplo, que hace que el niño no interactúe con otros o que no juegue de forma activa, ambos comportamientos ideales para pequeños preescolares y más mayores», añade la autora de Queremos hijos felices, entre otros títulos.

«Los padres tienen que ser cautelosos con el uso de los dispositivos. Si los usan mucho, el niño percibe que pueden usarlo y que no pasa nada. Dejemos el móvil a un lado cuando estemos con nuestros hijos. El tiempo libre no es para estar más conectados, sino para disfrutar todos juntos y cuando son pequeños por qué no apostar por el juego guiado, por ejemplo», incide la psicóloga.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/01/14/mamas_papas/1547465350_234182.html

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El reto de la educación en el Nepal rural: “Dejé de estudiar para casarme”

Asia/Nepal/17 Enero 2019/Fuente: El Salto Diario

Las áreas rurales de Nepal presentan una dificultad añadida en materia de educación, sanidad y derechos sociales. Para las mujeres, los obstáculos se multiplican.

Amanece a los pies del Himalaya y Joshana Thapa ya acumula horas trabajando. Comienza con sus tareas a las cinco de la mañana y no termina hasta que cae la noche. “Todos los días voy a por comida para mi búfalo, recojo maíz, hago la comida, cuido de mis hijos y me encargo de mi tienda. No descanso en toda la semana”, cuenta.

Joshana vive en Gaunshahar, un pequeño pueblo en la montaña al norte de Nepal. “Creo que tengo 29 años”, dice, ya que no sabe cuándo nació. Esto es común ya que el acceso al certificado de ciudadanía no es fácil de conseguir, especialmente para las mujeres en las zonas rurales y personas refugiadas.

Según un informe de 2017 elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos sobre prácticas en derechos humanos, una cuarta parte de la población nepalí carece de dicho certificado, impidiendo el acceso a prestaciones, determinados empleos del Estado e incluso ayuda humanitaria.

Hace una década Joshana abandonó sus estudios coincidiendo con el día en que se casó. Aun así se considera afortunada: su matrimonio no fue fruto de un acuerdo entre familias, como suele ser habitual. Pudo cumplir su mayoría de edad antes de casarse a pesar de vivir en el continente con mayor índice de matrimonio infantil después de África Occidental. Casi la mitad de las niñas y niños se casan antes de los 18 años, según la fundación Plan Internacional.

El marido de Joshana vive en Pokhara, donde trabaja como policía. Visita este pequeño pueblo para ver a su familia cada cuatro o cinco meses. A pesar de estar feliz con su matrimonio, Joshana es consciente del cambio que supuso en su vida. Explica que, “antes del matrimonio, las mujeres tienen una libertad que después desaparece”. Debe consultar con su familia y su marido decisiones tan cotidianas como ponerse un vestido corto o ducharse todos los días. “La libertad no existe para mi, cuando necesito algo siempre pregunto a mi marido”, lamenta.

UNA OPORTUNIDAD PARA LAS CASTAS MÁS BAJAS

Las áreas rurales de Nepal presentan una dificultad añadida en materia de educación, sanidad y derechos sociales. Por eso Shamser Thaper decidió dedicar su vida a fomentar la escolarización de la población de las castas más bajas de Gaunshahar.

En 2015 abrió las puertas del colegio Heaven Hill Academy. Comenzó con 40 estudiantes y escasos recursos. Ahora cuentan con 100 y siguen construyendo aulas y mejorando las instalaciones. El objetivo principal es proporcionar una educación de calidad y erradicar la discriminación por castas.

Su manera de educar difiere de la tradicional en Nepal. “Queremos enseñarles de una forma que les motive y prestar atención a aquellos que necesitan una educación distinta”, explica Shamser. Rechazan pegar a los estudiantes, algo común en otras escuelas, y realizan tutorías diarias y terapia con caballos para los alumnos con síndrome de Down.

El centro es privado, pero casi el 100% del alumnado acude gratuitamente gracias a donaciones privadas y a las personas que trabajan de manera voluntaria. Según Shamser, en los pueblos de montaña de Nepal la educación es un privilegio: “Si no tienes dinero no puedes ir al colegio”. Por eso resulta esencial que la falta de recursos no sea un impedimento en la escolarización.

EMPEORA LA CALIDAD Y AUMENTA EL ABANDONO ESCOLAR

En septiembre de 2018 el gobierno aprobó la Ley de Educación Gratuita y Obligatoria, según la cual los gobiernos locales deben responsabilizarse de que todos los niños y niñas de cinco a doce años estén escolarizados.

Los medios de comunicación locales denunciaron que esta ley se centra “demasiado en la cantidad y no en la calidad y en el porcentaje de abandono”. Un informe reciente revela que la calidad educativa disminuyó considerablemente en 2017 en relación con el estudio de 2014 y casi la mitad de los estudiantes abandonan sus estudios antes de completar su educación básica.

Binay Kusiyat, un investigador independiente de la capital, en sus declaraciones para el diario The Kathmandú Post  insiste en que “el espíritu de la educación obligatoria es aumentar la participación de los estudiantes y ésta solo es posible garantizando su calidad”. Además, añade que “hay recursos para ello”, a diferencia de lo que dice el gobierno.

Algunos alumnos de Heaven Hill irán a la universidad, aunque son una minoría. Aun así Shamser denuncia que una carrera universitaria en ningún caso garantiza salir de la pobreza. Por eso califica de “frustrante” al sistema educativo.

“UN ALUMNO MURIÓ DE CAMINO AL COLEGIO”

Los caminos de Gaunshahar no son apropiados para los estudiantes. Especialmente para aquellos que viven en otras áreas y tienen que caminar por travesías peligrosas durante horas para llegar hasta el colegio.

Cinco alumnos de Heaven Hill de cinco a 10 años viven en una aldea a una hora y media de la escuela. El camino está repleto de riachuelos, rocas resbaladizas y cuestas con una gran pendiente. “Cada día les pican infinidad de sanguijuelas”, dice Shamser.

Durante el monzón, el clima dificulta aún más su paso, tanto que a veces puede terminar en una desgracia. “Hace unos años, uno de nuestros alumnos murió por una fuerte tormenta”, cuenta. Por eso se ocupa de que los voluntarios se encarguen de acompañarles diariamente.

ELLAS CIUDAN Y ELLOS ESTUDIAN

Las mujeres del pueblo cuentan que pertenecer a una casta baja y ser mujer aumenta la dificultad de acceder a la educación y lleva a abandonarla antes de lo deseado. Shamser convive con este problema día a día, aunque cuenta que “cada vez más padres llevan al colegio a sus hijas”. Los temarios incluyen cuestiones de género y sexualidad para que las alumnas sepan cuáles son sus derechos, aunque estigmas como el de la menstruación siguen latentes.

Tener un hijo, en vez de una hija, allí aún es una buena noticia. Un estudio realizado por la investigadora británica Melanie Dawn reveló que, entre 2007 y 2010, nacieron 742 niñas por cada mil niños.

Sin embargo las mujeres rurales sostienen la vida: se hacen cargo de todas las tareas domésticas y de cuidados. También trabajan la tierra para elaborar el alimento base de su comunidad, el dal bhat (arroz con sopa y verduras).

Joshana es una de ellas. En su escaso tiempo libre sueña con que sus condiciones cambien. “Me encantaría viajar a algún sitio, como España o Bélgica. Estoy acostumbrada a trabajar duro, en otro país podría limpiar baños, fregar platos, hacer la comida o limpiar la ropa”, dice. Aunque es consciente de lo difícil que será lograrlo: “Ese es mi gran sueño”, añade mientras sonríe con escepticismo.

—¿Crees que el futuro será mejor?
—Quizá… (responde con desconfianza).

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/mapas/educacion-nepal-rural-deje-estudiar-para-casarme

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Cinco aplicaciones para que los niños aprendan a programar jugando

Europa/17 Enero 2019/Fuente: Xataka móvil

Tanto si has decidido que tu hijo tenga su propio móvil como si solo le dejas el tuyo de vez en cuando, además de configurar el dispositivo correctamente e instalar en él las correspondientes aplicaciones de control parental (como Family Link), no está de más aprovechar la situación para que el niño aprenda jugando.

Tanto en Google Play como en App Store, podemos encontrar multitud de juegos educativos especialmente creados para este cometido. Algunos de los más populares son los que tratan de enseñar a los niños los fundamentos de la programación mientras se divierten. A continuación repasamos algunos de ellos.

Code Karts – Aprende a pensar como un codificador

Code Karts introduce la preprogramación a los niños a partir de 4 años a través de una serie de puzles lógicos en forma de carrera. El objetivo es utilizar los bloques de dirección para conseguir llevar el coche hasta la línea de meta mediante una observación meticulosa de la pista y algo de pensamiento lógico.

Cuenta con más de 70 niveles (10 de los cuales son gratuitos), varios obstáculos disfrazados de enigmas, una interfaz de usuario muy intuitiva adaptada a los niños y dos modos de juego distintos: Clásico o Competición. La descarga es gratuita, pero ofrece compras dentro de la aplicación.

Toca Blocks

Recomendado para niños entre 9 y 12 años, Toca Blocks es una aplicación de construcción para crear mundos, jugar en ellos y compartirlos con amigos. Combinando los bloques es posible descubrir sus características, convertirlos en algo diferente y cambiar su forma y color.

Es un juego abierto sin reglas ni límite de tiempo, y con una interfaz muy sencilla. Además, permite sacar fotos con Block Code únicos para que otros puedan importar tu mundo y conseguir los códigos de otros para importar sus mundos en el tuyo propio. Tiene un precio de 4,49 euros en ambas plataformas, pero no incluye anuncios ni compras dentro de la app.

ScratchJr

ScratchJr está inspirado en el famoso lenguaje de programación Scratch (utilizado por millones de niños en todo el mundo), pero adaptándolo para usuarios entre 5 y 7 años. El objetivo es crear tus propias historias y juegos interactivos encajando bloques de programación gráfica con los que harás que tus personajes se muevan, salten, bailen o canten.

También es posible modificar los personajes en el editor de pinturas, añadir tu propia voz e incluso insertar fotos de ti mismo. Sus desarrolladores afirman que han cuidado todos los detalles del diseño para coincidir con el desarrollo cognitivo, personal, social y emocional de los niños pequeños. La descarga es gratuita y no incluye compras dentro de la app, pero admite donaciones a Scratch Foundation.

Tommy la Tortuga – Aprender a codificar

Dirigido especialmente a niños entre 6 y 8 años, este juego pretende enseñar los fundamentos de la codificación con comandos, secuencias y circuitos simples. Además, es posible combinar entradas de audio, visuales y táctiles para mejorar el aprendizaje multisensorial.

Incluye un divertido modo Desafío, una guía por voz que acompaña cualquier tarea para que sea más fácil entenderla y personajes animales animados con características 3D. La descarga del juego es gratuita y no incluye anuncios ni compras dentro de la app.

Code Adventures

Este juego, creado con ayuda de educadores y probado en las escuelas, intenta profundizar no solo en la base de la programación, sino en muchas otras habilidades, como el pensamiento lógico, la resolución de problemas, paciencia, persistencia y confianza en uno mismo.

Para ello, propone multitud de rompecabezas estética y cuidadosamente diseñados para niños de entre 6 y 12 años, y estructurados en cinco categorías básicas de programación. Incluye 32 niveles con sonidos humorísticos, adorables personajes y un entorno amigable sin compras ni anuncios dentro de la app. Eso sí, tiene un precio de 3,39 euros en Google Play y 4,49 euros en App Store.

Fuente: https://www.xatakamovil.com/aplicaciones/cinco-aplicaciones-ninos-aprendan-a-programar-jugando

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Kenia: Todos los libros del cole en el móvil

África/Kenia/17 Enero 2019/Fuente: El país

Tonee Ndungu llega con una chaqueta de chandal morada con el logo de Kytabu, la aplicación que creó hace seis años en Kenia. Recién llegado de Barcelona de participar en el V Ship2B Impact Forum, un evento donde se presentan start-ups de impacto social. En la sede de la Fundación Open Value, centrada en la filantropía y la inversión de impacto, explica cómo llevó a cabo Kytabu —que en suajili significa libro— y que ha permitido que más de 12.700 estudiantes kenianos hasta el momento puedan tener disponibles en su dispositivo móvil todos los de texto que necesitan en la escuela a un precio muy bajo.

“Un libro puede costar unos seis dólares pero para un curso escolar un estudiante necesita siete manuales de media. Si eso lo multiplicas por los cuatro hijos e hijas que puede tener una familia el precio aumenta muchísimo. Además, a eso hay que sumarle las matriculas de la escuela y los uniformes, por lo que para muchas familias se convierte en una cifra inasumible”, comenta Ndungu.

Este emprendedor nació y creció en Nairobi. Con 13 años, se dio cuenta de que sus problemas de aprendizaje se agudizaban con el paso de los cursos escolares y años más tarde supo que sufría dislexia. “Fui un buen alumno en primaria, cuando había imágenes en los libros y todo se explicaba a través de ellas, pero cuando pasé al instituto se acabaron y todo era texto y más texto. Ahí fue cuando empezaron mis problemas. La dislexia significa que tu puedes leer pero tu mente no sabe ni entiende lo que lees”, explica. Para él, lograr graduarse en la universidad fue un gran reto. Lo hizo en relaciones internacionales y periodismo.

En 2008 creó una techub, un espacio para lanzar al mercado negocios emergentes relacionados con la tecnología. “Ese tipo de negocios eran muy nuevos en África en ese momento y en Kenia estaban empezando a surgir. Logramos crear algo fantástico y en pocos años ganamos cinco millones de euros. Conocí muchos proyectos y me di cuenta que con pequeños avances tecnológicos puedes impactar positivamente en mucha gente”.

Gracias a la aplicación móvil que creó, tanto los escolares en cuyo centro esté implementado el sistema como aquellos que simplemente se descarguen la aplicación, pueden alquilar durante días, semanas o todo un curso escolar, un libro por tan solo unos 0,018 céntimos. “La conversión es ridícula y además no tienes la copia física con los problemas que tiene, por ejemplo, para el transporte”, comenta Tonee y añade que esto permite evitar la obsolescencia del papel que deja los manuales desactualizados.

La aplicación permite que los estudiantes tengan acceso a los libros en suajilii y en inglés, gracias al acuerdo que sustentan con diez editoriales que les han permitido digitalizar mas de 1.700 ejemplares. Además, los profesores suben videos explicativos, gráficos, imágenes y simulacros de exámenes para que los alumnos tengan más herramientas. Los padres también forman parte de este sistema y en las escuelas donde está implantado —174 en la actualidad— pueden seguir la evolución académica de sus hijos, conocer los días que han faltado a clase durante el año y participar en las decisiones del centro. “Queríamos una plataforma en la que estuvieran implicados profesores, alumnos, padres y madres y escuelas, para que pudieran interactuar juntos”, recalca Ndungu.

Para Tonee los principales retos de la educación en Kenia son que, a pesar de que en 2003 se introdujo la educación primaria gratuita en el país, un millón de niños y niñas siguen sin poder acceder a la escuela debido a la distancia entre sus casas y los centros educativos, la baja calidad de la enseñanza y que la educación sigue siendo cara en el país. “Esta aplicación puede ser una herramienta para llegar a esos lugares donde los menores no pueden acceder a la educación por diferentes motivos pero quizás sí dispongan de un teléfono móvil básico”. Según las últimas cifras del gobierno keniano, en 2012 alrededor del 70% de la población ya disponía de un teléfono móvil.

Kytabu utiliza un servicio de suscripción que se basa en el dinero móvil para alquilar los libros y pagar solo por la cantidad de tiempo que quieras utilizarlo. “En Kenia tenemos un sistema muy avanzado de pago a través del móvil por lo que se convierte en tu cartera y en el lugar donde tienes todas tus aplicaciones relacionadas con la salud, financieras, educativas o de ocio. Además, la gente cada vez tiene teléfonos mejores con baterías mas duraderas. Con la entrada de China, ahora puedes encontrar en el mercado móviles a precios muy accesibles, por unos 30 dólares por lo que cada vez más gente dispone de uno”, explica Ndungu. El país ha vivido en la última década una gran revolución tecnológica y el dinero móvil se ha convertido en la lógica financiera de la mayoría de personas en el país. Los pagos móviles se han convertido en la manera de pago más común, porque el acceso a la banca tradicional es más complicado y costoso. Según el GSMA, asociación de operadores móviles y empresas, en 2015, el 59% de la población adulta de Kenia utilizaba algún servicio de dinero móvil.

“El futuro de la educación es conectarla a los trabajos del futuro. Hay que educar a los africanos y africanas para que sean participes de estos nuevos empleos que están surgiendo. Somos el continente con mayor número de gente joven”, una generación que para Tonee va a cambiar su realidad y la del mundo.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/01/04/planeta_futuro/1546621535_929098.html

Imagen: https://ep01.epimg.net/elpais/imagenes/2019/01/04/planeta_futuro/1546621535_929098_1546621926_noticia_normal.jpg

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ACNUR pide 296 millones de dólares para asistir a refugiados de Burundi

África/Burundi/17 Enero 2019/Fuente: La Vanguardia

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) lanzó hoy una petición para conseguir este año 296 millones de dólares con el fin de asistir a 345.000 refugiados de Burundi desplazados en países vecinos y con problemas de acceso a necesidades básicas.

Estos refugiados, huidos de Burundi por la inestabilidad política que atraviesa desde 2015, se han asentado en Tanzania, la República Democrática del Congo (RDC), Uganda y Ruanda, y su situación es una de las más olvidadas y con más problemas de financiación globalmente, destacó en rueda de prensa el portavoz de la ACNUR Charlie Yaxley.

«Los niños, que componen más de la mitad de esta población refugiada se llevan la peor parte», destacó Yaxley, que señaló que mujeres y niñas sufren altos niveles de explotación, violencia sexual y de género.

Viviendas sin las adecuadas condiciones de salubridad, aulas masificadas para los niños que tienen acceso a la educación, falta de acceso a medicinas o reducciones en las raciones alimentarias (impuestas por las autoridades en RDC, Tanzania y Uganda) son algunos de los problemas que atenazan a estos refugiados.

El portavoz subrayó que cierta estabilización en Burundi ha permitido que 57.000 refugiados hayan regresado al país desde mediados de 2017, aunque persisten problemas de seguridad y dudas sobre la situación de los derechos humanos, y como media unas 300 personas siguen huyendo cada día de la nación africana.

La ACNUR subraya que las condiciones no son aún las suficientes para promover un retorno generalizado de las poblaciones desplazadas, aunque asiste a aquellos que desean volver de forma voluntaria y urge a los gobiernos de la zona a «garantizar que ninguno regresa contra su voluntad», recordó Yaxley.

El pasado año la agencia solicitó una partida superior para estos refugiados, por valor de 391 millones de dólares, pero sólo consiguió un 35 % de esa cantidad, por lo que para 2019 urge a la comunidad internacional a adoptar un mayor compromiso.

Burundi sufre una alta inestabilidad política y social desde la oleada de protestas desatada en abril de 2015, cuando el presidente, Pierre Nkurunziza, anunció que se presentaría por tercera vez consecutiva a las elecciones, algo prohibido que violaba los acuerdos que acabaron con una larga guerra civil en 2005.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/politica/20190115/454156193304/acnur-pide-296-millones-de-dolares-para-asistir-a-refugiados-de-burundi.html

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