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Informe: «En épocas de crisis el racismo recrudece».La brecha entre blancos y negros en Latinoamérica.

Por: actualidad.rt.com/23-05-2018

América Latina presenta grandes condiciones de desigualdad, manifestada en los ingresos, el acceso al trabajo, la educación, salud y vivienda digna, que varían según el color de piel. Mientras en Argentina se escondió a la minoritaria comunidad afro durante décadas, en otros países de la región, como Brasil y Colombia, el conflicto toma mayores dimensiones por su densidad poblacional y su inmensa brecha social.

«No es fácil ser parte de una minoría en Argentina», considera Miriam Gomes, una ciudadana afrodescendiente nacida en el Cono Sur. Su padre llegó al territorio latinoamericano partiendo desde Cabo Verde, su país de origen, un pequeño grupo de islas ubicado en el océano Atlántico que al día de hoy apenas supera los 500.000 habitantes. En la actualidad, según la entrevistada, hay unas 25.000 personas vinculadas a aquella nación —por haber nacido allí o tener ascendencia con ese origen— radicadas en el suelo argentino.

Miriam Gomes, presidió cuatro veces la Sociedad Caboverdiana en Argentina.«El racismo es histórico en la escuela. Esto no se enseña porque la nación argentina se constituye como un proyecto de país que se pretendía blanco, culturalmente europeo. Había que borrar rastros de otras culturas, sobre todo en el siglo XIX».Miriam Gomes, presidió cuatro veces la Sociedad Caboverdiana en Argentina.

«La comunidad llegó a mediados del siglo XIX y comienzos del XX, en calidad de ciudadanos libres, pero huyendo de las condiciones de sometimiento en las que vivían con el colonialismo portugués», repasa. Asimismo, aquellas islas «tenían falta de agua, en verdad pueden pasar cinco, seis o siete años sin lluvias, lo que provocó hambrunas tremendas a lo largo de su historia». Así las cosas, los inmigrantes que llegaron al continente americano «encontraron trabajo rápidamente en la marina mercante o en astilleros», enseña, «lo que permitió que las comunidades se asentaran, resolviendo el tema del idioma, la salud y el trabajo».

Gomes es argentina e hincha de Racing —uno de los equipos grandes del fútbol argentino—, aunque la construcción del sentido común local siempre planteó que el ciudadano argentino debe ser blanco, exclusivamente, dejando a un lado a negros e indígenas. Aclarar que nació en la región rioplatense es una constante en su vida: «Ponen en duda mi nacionalidad todo el tiempo, me preguntan de dónde soy. La primera impresión es creer que uno es de afuera, la extranjerización», comenta. Por esta clase de obstáculos sociales, es necesario que las comunidades minoritarias se mantengan unidas. En efecto, la entrevistada presidió la Sociedad Caboverdiana de Argentina en cuatro oportunidades, siendo la primera mujer en hacerlo desde 1993: «También tuve que librar una batalla al interior de la comunidad contra el machismo y el patriarcado», destaca.

La historia de las comunidades afrodescendientes en Argentina está oculta. De hecho, pocos saben que habitan el territorio incluso antes de la conformación del Estado moderno. La idea de que el país está conformado exclusivamente por descendientes de europeos, causalmente, traspasó fronteras y también se repite en otros sitios de la región, invisibilizando a muchos colectivos sociales.

Miriam Gomes, presidió cuatro veces la Sociedad Caboverdiana en Argentina. «No tenemos acceso a la toma de decisiones ni a los poderes del Estado. Nuestros chicos apenas terminan la escuela primaria, la confrontación racial es muy fuerte y muchos abandonan».Miriam Gomes, presidió cuatro veces la Sociedad Caboverdiana en Argentina.

Miriam fue docente de Literatura durante más de 30 años en colegios públicos de la provincia de Buenos Aires, y sostiene que este pensamiento se sostuvo por un fuerte sesgo ideológico, también desde las aulas: «El racismo es histórico en la escuela. Esto no se enseña porque la nación argentina se constituye como un proyecto de país que se pretendía blanco, culturalmente europeo. Había que borrar rastros de otras culturas, sobre todo en el siglo XIX». Los alumnos difícilmente aprendan sobre héroes, patriotas, artistas, pensadores, gestas y luchas de la comunidad afro, que también integran la cultura argentina.

Sobre el aspecto educativo, critica que en las escuelas suele enseñarse que en 1813, cuando se impulsó la libertad de vientres —que garantizaba la libertad a los hijos de esclavas —, se terminó la esclavitud en su totalidad. «La esclavitud se abolió en 1853», cuando nació la Constitución Nacional, desmiente. Al respecto, expresa: «En realidad, siempre me llamó la atención que Argentina tuvo cuatro décadas de vida republicana conviviendo con un régimen esclavista y nadie hace hincapié en ese dato». A veces, la indiferencia duele más que un garrotazo policial.

La parte negra de la historia

El historiador Diego Buffa, uno de los coordinadores del Programa de Estudios Africanos del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), enseña que bajo la conformación de las naciones en la región creció el actual sesgo cultural: «Los que eran distintos al grupo dominante a menudo fueron víctimas de un trato racista, porque el mero hecho de que fueran diferentes se consideraba una amenaza en función del concepto de un Estado monolítico«.

Asimismo, destierra el mito histórico —sostenido incluso en el 2018— de que el país tenía tan pocos negros, que simplemente desaparecieron en el siglo XIX, por arte de magia. Lejos de ello, el experto señala que durante la colonia había importantes comunidades afros en las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Buenos Aires, que persisten en la actualidad. Particularmente, la importante cantidad de comunidades cordobesas se evidencia también con la duración de sus políticas racistas; por citar un ejemplo, la UNC exigía la ‘pureza de sangre’ para ingresar al ámbito académico, hasta la Reforma Universitaria de 1918, destaca Buffa.

Un hombre afrodescendiente vende productos en las calles de Cartagena, Colombia. / Fredy Builes / Reuters

«En casi todas partes, esta población es víctima de discriminación racial y exclusión, razón por la cual sufre grandes privaciones económicas y sociales, al igual que ocupa un número mucho menor de cargos directivos en la sociedad que los alberga», subraya el especialista. Desde su punto de vista, este grupo social no solo incluye a descendientes de africanos esclavizados traídos a América Latina durante el período colonial, «sino también a un nuevo conjunto de africanos que —aunque minoritario en relación al primero — llegaron y siguen llegando en busca de una mejor situación económica o por razones políticas, desde finales del siglo XIX».

«Seguimos excluidos»

Por su parte, Gomes puntualiza en la construcción del sentido común local y critica a los medios de comunicación que «perpetuaron la idea de exotización y los estereotipos». Y sigue: «Basta con mirar revistas como Caras y Caretas de principios del siglo XX, donde la mayoría de las publicidades tenían negros en posiciones animalescas, caracterizados como monos y siempre asociados a productos de limpieza, contrastándolos con hombres blancos».

Estos estereotipos, opina la docente, se vinculan también al machismo: «Hoy se piensa que la mujer negra está siempre dispuesta al sexo». Por otro lado, subraya que el contexto social acentúa esta clase de tensiones, porque «en épocas de crisis, el racismo recrudece». Para finalizar la entrevista, manifiesta: «El objetivo es la inclusión social, porque seguimos excluidos. No tenemos acceso a la toma de decisiones ni a los poderes del Estado. Nuestros chicos apenas terminan la escuela primaria, la confrontación racial es muy fuerte y muchos abandonan». Según Gomes, el problema «ahora se ve enfocado en los inmigrantes senegaleses, que sufren acoso policial, persecución, violencia física, verbal y simbólica».

Oficina de migraciones en Argentina. / Martin Acosta / Reuters

Así lo confirma Arfang Diethiou, presidente de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA): «La mayoría son vendedores ambulantes, tenemos problemas con el espacio público y la Policía», destaca. Diethiou nació en Senegal y llegó a Sudamérica por razones económicas. Al igual que él, hay aproximadamente 5.000 personas más. «No dejan a los muchachos trabajar en la calle. Siempre hay problemas, porque a nuestra gente no le queda otra», se queja. Según describe, la mayor parte de este colectivono tiene papeles, es decir, vive en el país de modo irregular o inestable. Por ello, es casi imposible obtener un empleo formal: «Con la crisis que hay en Argentina, es mucho más difícil conseguir un trabajo sin ser argentino», describe. Pero eso no es todo, el acceso a la vivienda o una cobertura médica es un anhelo casi inalcanzable para aquellos senegaleses que no tengan documentos.

«A mí me pasó, queriendo alquilar un departamento. Entré a una inmobiliaria y me dijeron que no había nada para mí, pero cuando entró un argentino, pidiendo lo mismo, le dijeron que sí», recuerda. En definitiva, ¿cuáles son sus principales obstáculos?: «El color de piel», responde, sin vacilaciones. Pero va más allá: «A veces hay discriminación silenciosa, la gente te ve como si fueses un ladrón», lamenta. Sin embargo, a pesar de estos graves conflictos, Diethiou dice que se sienten integrados: «Por lo general hay buena onda con los argentinos». Aun así, aunque tenga optimismo, todavía les adeudan sus derechos básicos. Por lo pronto, el trabajo informal implementado por senegaleses se convirtió en una postal habitual en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, donde la tensión con las fuerzas de seguridad aumenta cada día.

Brasil y Colombia, dos ejemplos de la brecha

Hay países de la región donde la brecha social es mucho más evidente y abarca a una inmensa cantidad de personas. Brasil es el caso más paradigmático: la mitad de su población —unos 97 millones de personas—, es afrodescendiente. Nadie podría decir que se trata de una minoría, aunque las diferencias sociales así lo hagan parecer. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) explicaba en 2012 que, si bien la injusticia en la distribución de la riqueza entre blancos y negros se estaba reduciendo, todavía había grandes inequidades: la proporción de adultos pobres era 1,3 veces mayor en negros, con el 34,5%, que entre los blancos, con el 26,6%. Resta por ver si aquellos índices se modificaron tras la asunción del presidente Michel Temer, en agosto del 2016.

Un manifestante sostiene una pancarta durante el Día Nacional de la Conciencia Negra en Brasil. / Nacho Doce / Reuters

Colombia es otro caso ejemplar para graficar la discriminación, que se manifiesta de forma implícita y explícita en la sociedad. Allí, uno de cada diez ciudadanos es afrodescendiente. Basta con recorrer cualquier ciudad o pueblo colombiano para percibir que el acceso a un trabajo estable, en la mayoría de los casos, es una cuestión de piel. En la zona costeña esta brecha social es aún más escandalosa. Casi todos los vendedores ambulantes son negros, y ofrecen productos variados: ropa, comidas, jugos, artículos de bisutería como pulseras o aretes y también estupefacientes, a plena luz del día. A su vez, la mayoría de las mujeres afros que trabajan en la calle brindan masajes en las playas, principalmente a turistas.

Las diferencias socioeconómicas se perciben a simple vista e impactan los ojos, pero más allá de percepciones subjetivas, hay estadísticas que así lo demuestran. En 2010, un informe titulado ‘Desigualdad étnico-racial en la distribución del ingreso en Colombia’, realizado por expertos en economía de la Universidad del Valle, sostenía que, en promedio, los afrodescendientes percibían ingresos un 32% más bajos que los blancos. Lo curioso del estudio es que a medida que los ingresos aumentan, también crece la brecha. Por ejemplo, si tomamos al sector más rico de la población blanca y lo comparamos con los más adinerados de la población afro, los blancos de clase alta percibían un 40% más que los negros, aumentando la diferencia por el color de piel.

Afrodescendientes extraen metales preciosos en el río Dagau, departamento de Cauca (Colombia). / Jaime Saldarriaga / Reuters

Como bien puede suponerse, la desigualdad económica también se traduce en otra clase de desigualdades sociales, como la educativa. Volviendo a hablar de promedios, la comunidad negra tiene 7,4 años de educación aprobados, mientras que los blancos alcanzan los 9,4. En esa línea, el informe destaca que, en la media, la retribución económica que recibe un ciudadano blanco por cada año que sume a su formación educativa es un 20% mayor al ingreso que recibe una persona afro por hacer exactamente lo mismo. Ya pasaron ocho años de aquel relevamiento, pero basta con visitar el país para comprobar que el contexto social y económico no cambió demasiado.

La región en cifras

  • ¿Cuántos afrodescendientes hay en América Latina?

Un extenso estudio publicado por la CEPAL y Naciones Unidas en 2016 expuso, basado en censos desarrollados por cada país entre los años 2010 y 2013, que la región tiene aproximadamente 527 millones de habitantes. De ese total, más de 111 millones pertenecen a la comunidad afro, es decir, el 21%. Los países con más habitantes negros son: Brasil —97 millones de personas, el 50,9% de la población total—, Colombia —4,8 millones, el 10,5%—, Cuba —4 millones, el 35,9%—, México —1,3 millones, 1,2 %— y Ecuador —un millón, 7,2%—.

  • En promedio, son más pobres

El artículo también revela los injustos contextos económicos presentes en Brasil, Ecuador, Perú y Uruguay, con datos del 2014. Sobre el ‘Gigante de Sudamérica’ grafica que el 33% de la población negra se encontraba en el sector más pobre de la sociedad, mientras que en la población blanca eso solo ocurría con el 16%. En Ecuador las diferencias también son considerables: si se mide de modo proporcional, el 34% de los afros estaban entre los más empobrecidos, mientras que entre los blancos el número alcanzaba al 22%. Esto significa que, en ambos casos, una de cada tres personas afrodescendientes se encontraba en una situación vulnerable. 

En Perú, los afrodescendientes tenían al 20% de su población entre los más pobres, pero los blancos solo tenían el 13%. Uruguay, que tiene una comunidad afro mucho más pequeña que en naciones como Brasil o Colombia, de todos modos tiene un problema grande: mientras que entre los blancos hay un 27% de personas ubicadas en el quintil más humilde del país, entre los negros ese sector social alcanza al 50% de toda su población, es decir, casi el doble.

  • Mortalidad infantil

Los índices de niños que mueren antes de cumplir el año de vida también son mucho más altos en pequeños afrodescendientes. En Colombia se da la diferencia más grave: de 1.000 infantes blancos, 16 fallecen, pero si el mismo criterio se usara con 1.000 niños afros, las muertes aumentan a un promedio de 26,3. En Ecuador la mortalidad alcanza una media de 20,5 pequeños de piel blanca y 25 afrodescendientes.

En Brasil la diferencia es entre 18,7 y 24,2, mientras que en Venezuela la brecha está entre 14,3 y 18,4. Según el informe, la única excepción a esta alarmante regla es Argentina, donde de cada 1.000 niños afros el 12,5 pierde la vida, pero la cifra se agranda a 14 entre las personas blancas. Cabe destacar que en aquel país los negros no abarcan, según datos oficiales, ni el 1% de la población total.

  • Mortalidad materna

Las madres afros ocupan un lugar alarmante en las estadísticas, principalmente en Ecuador, Colombia y Brasil. En el primer escenario, según datos recogidos entre 2010 y 2013, por cada 100.000 nacimientos se producen 69,1 muertes maternas en todo el país. Sin embargo, si reducimos los 100.000 nacimientos solo sobre la población afro, hay 272,5 fallecimientos en madres, aumentando la cifra de modo exponencial. En Colombia, con estadísticas del mismo período, la diferencia es entre 66,5 y 152,9, mientras que en Brasil, con números del 2011, la brecha va desde 50,6 hasta 68,8. «Las condiciones de pobreza en que viven las mujeres afrodescendientes en la región agravan sus condiciones de salud sexual y reproductiva», comunica el informe. Asimismo, repasa que «si bien la mortalidad materna ha disminuido en la región, continúa siendo alta en el caso de las mujeres afrodescendientes».

  • Embarazo adolescente

La franja etaria considerada va desde los 15 hasta 19 años. En Brasil, Uruguay, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina, Panamá y Honduras, «entre un 14% y un 25% de las adolescentes afrodescendientes ya han tenido al menos un hijo». Salvo por estos últimos tres países, donde las estadísticas se revierten, en el resto el porcentaje de embarazo adolescente es bastante más elevado entre mujeres afros, principalmente en Ecuador (otra vez): el 25,3% de las adolescentes afrodescendientes son madres, mientras que entre las chicas blancas el número se reduce al 16,7%.

  • Educación

Si consideramos las personas que acceden a la universidad, una de las instancias superiores en la vida educativa, el estudio de la CEPAL y Naciones Unidas revela que en Colombia solo el 9,3% de la población afro ingresa a una casa de estudios, mientras que en los blancos el 17,2% de ellos aprende una carrera por la vía académica. La diferencia en Uruguay es todavía peor: de 5,2% a 20,4%.

En Ecuador, en tanto, la brecha va desde 12,9% a 30,3%, por citar algunos de los tantos ejemplos latinoamericanos. En Argentina, los números sobre la ecuación vuelven a revertirse; el 23,7% de los negros llega a la universidad, entre los no afrodescendientes la cifra es 20,3%. Vale aclarar, sin embargo, que las estadísticas, en promedio, son del año 2010; desde aquel entonces al 2018 muchas corrientes migratorias arribaron al Cono Sur y merecen nuevas estadísticas.

  • Desempleo

En Honduras, Costa Rica, Argentina, Nicaragua, Venezuela, Uruguay, Panamá, Colombia, Ecuador y Brasil la tasa de desocupación es mayor, en proporción, entre personas negras, a diferencia de Bolivia, donde ocurre lo contrario. El caso brasilero, con datos del 2010, es de los más complejos: el 6,6% de los hombres afros estaban sin empleo, y en los varones blancos el 4,5% no tenía trabajo. La diferencia entre mujeres es más grande: 12,4% de las negras y 8,1% de las blancas. En Uruguay, la brecha entre hombres negros y blancos desempleados es del 4,8% y 4,3%, pero si hablamos del sexo femenino, el dato crece al 12,5% y 8,4%, respectivamente.

  • Ingresos

Aquellos que sí tienen empleo también encuentran grandes diferencias monetarias, solo por ser afrodescendientes, y aún mayores si son mujeres. Supongamos que hay un grupo de personas que tiene el mismo grado de educación, en este caso, alcanzando el nivel terciario. Sin considerar la experiencia laboral de cada uno, la única diferencia que habría entre ellos sería su color de piel y el sexo.

Una mujer sin hogar está sentada en su casa improvisada en Río de Janeiro, Brasil. / Pilar Olivares / Reuters

Los números de la discriminación son contundentes: «Entre las personas ocupadas que se ubican en el tramo más elevado de escolaridad, se puede observar que las mujeres afrodescendientes reciben un ingreso por hora equivalente a un 58% del que reciben los hombres no afrodescendientes; a su vez, los hombres afrodescendientes perciben un ingreso equivalente al 73% del que reciben los hombres no afrodescendientes, en tanto que las mujeres no afrodescendientes perciben un 75% del ingreso que obtienen los varones no afrodescendientes». Por si no se entendió, según las estadísticas, las mujeres negras, aun teniendo aptitudes académicas, perciben salarios considerablemente peores, incluso que hombres afro, y por supuesto, mujeres blancas. Los hombres blancos, en promedio, son quienes más dinero reciben por hacer sus tareas, al tope de la escala valorativa racial.

A pesar de que el conflicto tenga una raíz histórica, nacida en la conquista de América con la implementación de políticas esclavistas y la utilización de mano de obra africana, la brecha social perdura. Pasaron más de cinco siglos desde la colonización europea. Parece que fue ayer.

«Desamor, desencuentro, perdón y olvido, cuerpo con mineral. Pueblos trabajadores, infancias pobres, cinco siglos igual», canta el artista argentino, León Gieco.

Leandro Lutzky

*Fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/272524-epocas-crisis-racismo-recrudece-brecha

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Argentina: Abajo el pacto Macri-FMI, por el no pago de la deuda externa: inmediato paro activo nacional y plan de lucha

Por: laizquierdadiario.com/23-05-2018

El llamado del gobierno de “Cambiemos” al Fondo Monetario Internacional es una confesión rotunda de la crisis económica y política a la que están llevando al país. Después de dos años de ajuste y endeudamiento por 140.000 millones de dólares, el macrismo ha llevado a la Argentina a una nueva crisis nacional.

Para afrontar este desastre, el gobierno y el Fondo Monetario discuten ahora una salida a costa de los trabajadores y el pueblo: una profundización en el ajuste y la entrega que ya están aplicando.

Pero incluso antes de firmar este acuerdo, que tiene el aval de Trump y el resto del imperialismo, el FMI ya impuso su primera exigencia: una gran devaluación de la moneda, que ha desvalorizado en una cuarta parte a los salarios y haberes jubilatorios, y a todos los gastos sociales. Esta devaluación representará otro salto en la carestía: en los alimentos y productos de primera necesidad; en las cuotas de los deudores hipotecarios atados al régimen UVA de capital y cuotas ajustadas por inflación.

Y principalmente, llevará a otro salto en los tarifazos, porque el gobierno ha dolarizado los valores de la energía y los combustibles.

¿A dónde irán a parar estos recursos arrebatados a los trabajadores? A resarcir a los fondos internacionales que obtienen beneficios extraordinarios con la deuda argentina. A los que se benefician ahora de la nueva y precaria “bicicleta” financiera que recreó el gobierno, y que le asegura a estos especuladores rendimientos del 40% anual. Semejante nivel de saqueo, sin embargo, no le servirá al gobierno para zafar de una mayor crisis y nuevas protestas.

En medio de este derrumbe económico y político, el gobierno “Cambiemos” ha salido a plantear un “Gran Acuerdo Nacional”. Quieren un blindaje político para el acuerdo con el FMI, y las medidas antiobreras y antipopulares que se preparan. Este llamado va dirigido a una oposición patronal que, desde el Congreso a las gobernaciones le ha votado y avalado al gobierno todas las leyes de ataque a los trabajadores y entrega del país, desde el pacto con los fondos buitre en adelante.

Denunciamos a esta oposición patronal cómplice que, en aras de ese pedido del gobierno, ya ha comenzado a negociar la postergación, modificación –o incluso el archivo definitivo- de la ley que ellos mismos redactaron sobre el recorte a los tarifazos, aun cuando ésta ya tenía un alcance ultramezquino. El kirchnerismo dice oponerse a esta política, pero sin ningún planteo de medidas para que la crisis la paguen los que la provocaron y no el pueblo trabajador. Todos los gobernadores K aplican el ajuste macrista, como Alicia Kirchner en Santa Cruz que implementó un congelamiento salarial. En definitiva, son los mismos que, cuando gobernaron el país durante 12 años, pagaron puntualmente la deuda externa fraudulenta y usuraria –así lo hicieron en beneficio del propio FMI – y también la acrecentaron.

La burocracia sindical de la CGT y la CTA, en sus diferentes variantes, sigue este libreto cómplice de la oposición patronal. Más allá de los lamentos verbales sobre el FMI, o la promesa difusa de algún paro aislado ¡para dentro de un mes!- carecen de cualquier política de lucha para enfrentar este saqueo. El triunvirato de la CGT pactó la ley de reforma laboral y todas las cúpulas sindicales ahora nos llaman a que esperemos sentados “hasta el 2019” los mismos que hoy, ante la enorme crisis nacional, no pueden ofrecernos ni una política en defensa de los trabajadores, ni un rumbo de lucha.

Los opositores de los partidos patronales y burócratas sindicales que se suban a este pretendido “Gran acuerdo”, sólo pueden terminar hundidos junto al propio gobierno. El Frente de Izquierda, por el contrario, luchará por unir y poner de pie a la clase obrera y a sus organizaciones, a las mujeres y a la juventud, para derrotar esta nueva tentativa antiobrera y colonial y abrirle paso a una salida de los trabajadores a esta crisis nacional.

Por eso, llamamos a empeñar todos los esfuerzos por la victoria de las luchas en curso, y, en primerísimo lugar, del gran paro provincial de los docentes de Neuquén, en defensa del salario y la educación pública, de los trabajadores de Cresta Roja, de los despedidos del hospital Garrahan, de los terciarios contra el proyecto de UNICABA, de los trabajadores del Subte, de los tercerizados del Sarmiento, de los obreros de la ex Stani, de las enfermeras del Posadas. Repudiamos la represión a estas luchas obreras, la cual, a fuerza de palos y detenciones pretende terminar con el derecho de huelga.

Con lucha se han arrancado las reincorporaciones de todos los mineros en lucha en el Turbio y de un sector de los delegados de INTI, de los trabajadores de Ferrobaires y de los estatales del Ministerio de Hacienda y Finanzas. En esa línea, el FIT apoya los esfuerzos del sindicalismo clasista y combativo por reagruparse para resolver acciones de lucha dirigidas a poner de pie a las grandes organizaciones obreras levantando un programa propio de los trabajadores de salida a la crisis nacional.

Los trabajadores tienen que seguir el rumbo de las grandes movilizaciones de diciembre de 2017 contra el robo a los jubilados y profundizarlo, para reunir la fuerza capaz de derrotar al gobierno.

Contra el plan antiobrero del gobierno, el FMI y sus cómplices de la oposición patronal, planteamos un programa de los trabajadores:

-Abajo el acuerdo entre Macri y el FMI. No pago de la deuda externa, y que esos fondos vayan a salario, trabajo, salud, educación y vivienda.

-Reapertura de las paritarias, abajo el techo salarial del 15%, ajuste mensual de salarios y jubilaciones de acuerdo a la inflación. Basta de despidos. No a la reforma laboral

-Anulación de los tarifazos desde enero de 2016 hasta hoy. Apertura de cuentas a las privatizadas a comisiones de control obrero, fin de concesiones a las empresas privadas. Nacionalización de la industria energética y de transporte. Estatización de todas las empresas privatizadas, bajo gestión de los trabajadores y el control de los usuarios populares.

-Nacionalización de la banca y del comercio exterior. Por un plan económico de la clase obrera que le dé solución a todas las demandas del pueblo. Por un gobierno de trabajadores.

-Abajo la represión a las luchas obreras!

Para impulsar este programa, el Frente de Izquierda gana las calles, lugares de trabajo y estudio, con una primera jornada de movilización el próximo 30 de mayo. Llamamos a debatir en todos los sindicatos y centrales obreras la exigencia de un inmediato paro activo nacional, y un plan de lucha en el camino de preparar la huelga general hasta la derrota del plan de los capitalistas, su gobierno y sus partidos.

Frente de Izquierda y de los Trabajadores 21/5/2018

*Fuente: http://laizquierdadiario.com/Abajo-el-pacto-Macri-FMI-por-el-no-pago-de-la-deuda-externa-inmediato-paro-activo-nacional-y-plan

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10 ideas clave y 10 retos de futuro en la educación (Video)

Por: Graó Educación. 23/05/2018

Vídeo traducido del debate realizado entre 10 ponentes de renombre vinculados al mundo de la educación (David Bueno, Rafael Bisquerra, César Coll, Txus Martín, Fernando Trujillo, Francisco Imbernón, Marina Subirats, Francesco Tonucci, Anna Manso, Laura Lladós y Jordi Canelles) en la celebración de los 40 años de Graó.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=3Dk14I8ZrvQ&feature=youtu.be

Fotografía: MBA & Educación Ejecutiva

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México: Maestros que se oponen a evaluación, se van a ir quedando fuera, Meade.

Por: Jorge Monroy. El Economista. 23/05/2018

Durante su participación en el foro “10 Por la Educación”, Meade Kuribreña dijo que si gana los comicios del 1 de julio, “sin duda se mantendrá (la evaluación docente) con un mecanismo central para poder mejorar. No podemos mejorar lo que no podemos evaluar”.

El candidato presidencial José Antonio Meade (PRI-PVEM-NA) se pronunció por mantener la reforma educativa y el sistema de evaluación a los maestros. Advirtió que aquellos docentes que se oponen, la ley los va a ir dejando “fuera”, porque no van a estar en la posibilidad de competir.

Durante su participación en el foro “10 Por la Educación”, Meade Kuribreña dijo que si gana los comicios del 1 de julio, “sin duda se mantendrá (la evaluación docente) con un mecanismo central para poder mejorar. No podemos mejorar lo que no podemos evaluar”.

El aspirante presidencial argumentó que “si nosotros evaluamos a los alumnos y encontramos que hay un error, estamos en posibilidad de corregirlo. Si al tiempo de evaluar a los maestros encontramos que hay alguna deficiencia, estamos en la posibilidad de corregirlo. Pero lo que no podemos es manejar a ciegas”.

José Antonio Meade se pronunció por dejar madurar la reforma educativa, y afirmó que la evaluación a los maestros servirá “para identificar dónde les hemos quedado mal, y hacer el los esfuerzos necesarios para subsanar, desde lo inicial y en lo continuo, cualquier elemento en donde nosotros les hemos fallado a los maestros”.

El moderador del evento, el periodista Leonardo Kourchenko, preguntó al candidato presidencial qué hacer con los docentes del CNTE y del propio SNTE, que se oponen a la evaluación magisterial.

“Se van a ir quedando fuera solos, y se van a quedar fuera solos porque no van a estar en la posibilidad de competir.

“Al final, lo que va acabar pasando es que, quien no quiera modernizarse, el que no quiera aprovechar la obligación del gobierno de capacitarlo, se va a ir quedando sin los elementos necesarios en, además, un sector que como nunca antes se está modernizando”, sentenció.

El moderador preguntó a Meade si esa circunstancia sería natural o una decisión de política pública desde la SEP.

“Ya lo hay, ya lo hay, en términos de la evaluación”, contestó.

¿Es el que marca la Ley? -insistió Kourchenko.

“Sí. Y ahí hay un proceso darwiniano de selección natural, y en ese proceso darwiniano, por la vía del ejemplo, la gente le va a apostar a evolucionar, porque el que no evolucione se va a quedar marginado y fuera”, respondió Meade.

Sin embargo, el aspirante presidencial del PRI reconoció que la capacitación y evaluación de los maestros deben ir acompañados de un mejor salario y un mejor horizonte de vida para los maestros.

“Si estamos fallando en los servicios, desde el punto de vista de infraestructura, por lo que hay que apretar es a la instancia municipal; si estamos fallando frente a los maestros porque no les estamos dando los elementos docentes necesarios, al que hay que apretar es a las instancias de capacitación de gobierno o el trabajo en las Normales; si no estamos dándole a los alumnos lo que requieren para aprender a aprender, pues hay que revisar la pedagogía y el modelo curricular, y la forma en como lo estamos implementando”, comentó.

Critica ausencia de AMLO

En su exposición, el candidato presidencial José Antonio Meade, criticó que su adversario Andrés Manuel López Obrador (Morena, PT y PES), no haya acudido a este foro, y dijo que en la elección del 1 de julio estará en juego la consolidación de la reforma educativa, o bien, ceder a los intereses políticos.

“No nos hagamos bolas, lo que hoy está en la boleta es la decisión fundamental de quién está al centro del sistema educativo: si los intereses políticos, o los intereses de las niñas y los niños”, afirmó.

Meade Kuribreña dijo que en caso de ganar los comicios del 1 de julio, tendrá diálogo con el SNTE y la CNTE, pero sólo el que marca la ley.

“Diálogo; de nuevo, cercanía; de nuevo, apertura, pero diálogo, cercanía y apertura respecto de una definición que ya nos marca la ley. Nosotros no podemos dar marcha atrás en la apuesta central (la reforma educativa)”, argumentó.

Bromea por spot de niños candidatos

El presidente de Mexicanos Primero, David Calderón, preguntó al candidato Meade qué haría para mejorar la formación inicial y continua de maestros, a lo que el aspirante a la Primera Magistratura del país, contestó:

– “Mira, lo primero que haría es un spot extraordinario”.

– “Ya lo bajaron, ya lo bajaron”, contestó Calderón.

“Ni aguantan nada, ¿verdad? ¡No, hombre! Son unos genios, mano”, aseveró Meade.

jmonroy@eleconomista.com.mx

Fuente: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Maestros-que-se-oponen-a-evaluacion-se-van-a-ir-quedando-fuera-Meade-20180508-0170.html

Fotografía: Notimex

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South Africa’s apartheid schools

By Inside_Education/23-05-2018

Francois Cleophas

South Africa’s history of segregation has left its footprints in many places. Take the case of semi-rural Franschoek in the country’s Western Cape province. In one part of the town, which draws tourists from around the world to enjoy award winning wine and food, is a private school that boasts excellent sports facilities.

There’s an indoor sports gymnasium where tennis, hockey, netball and soccer are played. There are two swimming pools – one for beginners who are just learning and one for water polo and senior swimming. Elsewhere on the school campus are six tennis courts and two cricket ovals with turf wickets. New sports fields, including two more cricket ovals, are being developed.

A few kilometres up the road is a public school that caters for pupils from an informal settlement. It has no sporting facilities.

This scenario is repeated across South Africa; a modern echo of the country’s history of racial segregation. Patterns of neglect, established in the 19th century when formal schooling was introduced in South Africa, persist.

An understanding of and reckoning with segregation history is important in coming to grips with the current state of poor school sport provision in black and coloured communities. South Africa will not address the great inequalities that still exist in school sport if it keeps ignoring history.

The mission years

Formal schooling was introduced in South Africa during the 19th century. Black pupils were largely educated at mission schools run by a wide range of denominations.

Most mission schools had no decent sporting facilities. They practiced and played sport separately from white organisations and schools. For instance, when the Western Province Rugby Football Union created the Junior Challenge Shield League in 1898, the competition was open only to learners of “European extraction” – that is, white.

This exclusion stretched across sporting disciplines. When the Good Hope Education Department organised the Physical Training Coronation Competition in 1902 at the Green Point Track, a separate division was organised for “coloured” or mission schools. The winner of the 1902 Coronation competition in the Mission School division was the St Cyprian’s School in Ndabeni Location.

This location, as living areas for black Africans were called, was established for families who were forcibly removed from District Six in Cape Town in 1901. The school was a zinc structure with no playing facilities.

In 1928 mission schools set up the Central School Sport Union. Its first athletic meeting was held at the Mowbray sports ground, the home ground of the City and Suburban Rugby Union. Newspapers from the time, which I’ve studied, reported that the grass was knee high. This situation existed by design: the South African Institute of Race Relations reported regularly on how much more money was spent to provide sporting facilities for white schools.

At a national level, the first inter-varsity athletic meeting was held in 1921 at the Wanderers Club in Johannesburg between the Transvaal University College (later Pretoria University), Grey University College (later Free State University) and the Johannesburg University College. These were all white colleges in the northern parts of the country. When institutions from southern regions were included the following year, black colleges were excluded.

These black colleges established the Ciskei Bantu Amateur Athletic Association in the Eastern Cape under the auspices of the South African Bantu Amateur Athletic Association.

Apartheid school sport

Then came formal apartheid, and the situation worsened.

During the 1950s and the decades that followed, the education department wouldn’t provide black and coloured schools with decent facilities like rugby fields or athletics tracks. This was because, according to the influx control laws, Africans could not obtain permanent residence in cities. Why, apartheid authorities reasoned, spend money on people who legally weren’t allowed in certain areas?

The colleges playing in the Ciskei Bantu Amateur Athletic Association, meanwhile, received no support for sporting facilities while the nearby prestigious St Andrew’s College and Rhodes University benefited from excellent fields and tracks.

Apartheid legislation closed the Mowbray sports ground, leaving the Central School Sports Union without a place to play. A whites only school was built on the facility. The sporting past of this lost facility is largely unknown; no commemoration plaque, for instance, exists to mark its history. Another example of history forgotten and heritage ignored.

Few shifts after democracy

With the arrival of democracy in 1994 some organisations dedicated to championing non-racial school sport, like the Western Province Senior Schools’ Sports Union, closed their doors. But while desegregation in school sports was introduced in theory, the reality was rather different.

Many historically white schools appear reluctant to compete with township schools in mass competitions. They continue to hold closed inter-school derbies and athletic meetings catering for other similarly resourced schools on their well maintained sport fields.

But ironically, former whites-only schools have realised the potential of black and coloured pupils to shine on the sports field. A cursory overview of the senior national rugby and cricket teams in 2018 shows that more than 90% of black and coloured players attended historically white schools. Such players were often “poached” from township schools with scholarships and bursaries.

This “poaching” has benefited individual players but it’s happened at the expense of township schools.

Addressing history

The colonial and apartheid education project still echoes in South Africa’s post-1994 school system. For real change to start happening, it’s important for administrators, school authorities, parents and pupils to look to and understand the imbalances of history – and start working to set them right.

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EEUU: Students inspire hope for bright future

By Brandon Butler/ duboiscountyherald.com/ 23-05-2018

My first semester as an adjunct instructor ended last week. I taught a class I created called Communications in Natural Resources. It was an experience I’ll treasure forever. Over the course of 15 weeks, I came to realize if my students are a reflection of their generation, the future of our natural world is good hands.

I spend a lot of time talking and writing about topics relating to the outdoors, specifically fish and wildlife. Most of the time, I am not an expert on the subject. While I may know a little about a lot of things, it’s people who know a lot about one thing who communicators like me use as sources for stories. Unfortunately, too often, the expert sources are poor communicators. They possess incredible knowledge. Yet struggle to deliver what they know to the general public in a way that makes it relevant to the masses.

As a member of a Natural Resources Advisory Council, I have come to know and respect some of the challenges of higher education leadership. During a meeting last year, I was asked if I saw any opportunity to improve the curriculum. I suggested we do a better job of teaching these brilliant young minds how to tell their stories. I was empowered to create a curriculum and teach it.

To begin with, I examined beliefs I feel justified the need for this class. Number one being; no matter what your job is, communication is important. And the more prepared you are to offer input on the efforts of your work the more likely you are to build support for what it is you do and care about. Also, as far as personal advancement, if you become known as someone who can both complete the work and communicate the outcomes, you are much more valuable to the business, agency or organization you’re part of. Who would remember the revolutionary work of Aldo Leopold had he not written a “Sand County Almanac?”

I broke the course down into lessons about different communication platforms and had guest lecturers discuss their expertise. We covered magazine writing, letters to the editor and opinion pieces in newspapers, television and radio interviews, social media, websites, photography, public speaking and more.

Communication is critical in conservation, and not all citizens gather information in the same ways. Agencies have to communicate across the many different platforms from which the public consumes information. Through out the semester, guest speakers emphasized the importance of communications in all natural resource professions, the students listened and learned.

One great guest lecturer was my buddy Nathan McLeod who hosts a morning radio show. McLeod talked about how much he values natural resources and enjoys sharing messages of conservation with his listeners, but finds guests often struggle with the rapid fire pace of a radio interview. He wants guests on his show to talk conservation, but needs them to be fun and personable, and to talk in a way most people can relate to.

“Leave the rocket science at home,” McLeod said. “Give them the elevator speech. Quickly explain to listeners why this important and why they should care. Tell them how it impacts them personally.”

At the end of the class, students were paired into four groups with the assignment of building and implementing a communications plan around a natural resources topic of concern. The four topics they selected and worked on were: Open New State Parks, Reintroductions of Wildlife Species, Wildflowers in Urban Settings and The Effects of Climate Change on Wildlife. You can see the minds of tomorrow have their priorities.

I hope my students gained a better understanding of how important it is to communicate scientific knowledge in a way most citizens can understand. Our natural world faces incredible challenges requiring the support of the public to address and fix. Once these students are in professional roles, if I did my job, they will try a little harder to share their expertise.

See you down the trail…

*Fuente: https://duboiscountyherald.com/b/column-students-inspire-hope-for-bright-future

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The Future of Higher Education Is Social Impact

How can we transform the university research enterprise to enhance its social impact?

Over the last decade, universities have faced steady criticism for elitist practices such as political bias, hoarding wealthy endowments, and providing insufficient economic returns for students. In light of this, institutions that turn their attention to serving the public good may be best poised to thrive and deliver lasting value. Some universities are embarking on innovations to support social engagement among students, and initiating university-wide efforts to educate students for social impact. These ideas rightly aim to prepare public-minded leaders for the future. But a powerful innovation is also available for the present: reshaping incentives within the university to support faculty research that responds to real-life challenges.

Typically, researchers are insulated from the criticisms of pundits and politicians who question whether universities deserve the status and privileges they enjoy. University faculty operate within a system that rarely asks them to prove their value to a broader public. Rather, academics are rewarded for developing and testing theories, and publishing findings in books and journals in their fields. Their charge is to generate knowledge, and many do so prolifically. But unlike in engineering and medicine, where transferring new knowledge into workable technology is often regarded as the ultimate professional accomplishment, such “tech transfer” is uncommon in the social sciences. Despite innovation in the content of research, research institutions in the social sciences have not been innovative when it comes to ensuring that the outside world uses research. Yet such innovation may be the key to social impact, and thus demonstrating the value of research to those who question its worth.

Some writers argue that social science research fails to break into the mainstream because it is not sufficiently timely, relevant, or accessible—and that is no doubt part of the story. But studies about the use of research paint a more complex picture. More than any quality of the evidence itself, it turns out that the quality of relationships between producers and consumers of evidence, as well as the intermediaries who knit evidence producers and consumers together, is at the heart of increasing research use in policy and practice. Universities do not typically reward faculty for the time and effort needed to build and nurture these relationships, but doing so would be a transformative step in increasing the positive social impact of academic research.

Relationships between producers and consumers of evidence are at the heart of increasing research use in policy and practice. (Photo by Tanya Braganti for the William T. Grant Foundation)

The idea that universities should foster relationships with and respond to their communities is not new. The University of Wisconsin-Madison, where I taught for three decades, has long promoted the notion that “the boundaries of the university are the boundaries of the state,” meaning that the university should produce knowledge that promotes a thriving social, cultural, political, and economic life across the state. While this notion persists, it has lately battled with a competing view among leading members of state government, who believe the primary role of the university is to prepare workers for the state’s labor market. Meanwhile, other large universities are making progress in developing and incentivizing the types of relationship-building that can improve and strengthen communities outside of campus. Rice University, for example, has adopted as one of its main goals to “engage Houston and empower its success,” proclaiming, “We will engage Houston as a focus and partner for research and education, leveraging our broad expertise on critical urban issues to be a driving force in enabling Houston’s success as a 21st-century metropolis.” Among the specific efforts supported by the university is the Houston Education Research Consortium (HERC), a partnership between the university and the Houston Independent School District that conducts research aimed at addressing the challenges of educating Houston’s urban population. Since 2013, HERC has provided 25 research reports to the district on topics such as English learners and school choice, the effectiveness of the district’s pre-kindergarten program, and predictors of high school dropout, and others. The district has used these reports its decisionmaking. Partnerships of this sort help strengthen communities by growing their human and social capital, while also brandishing the value of the university to the state and city: HERC and its parent organization have attracted considerable philanthropic support from civic-minded allies who support the university’s local engagement.

Without support at the institutional level, most university researchers have little professional incentive to participate in such partnerships or address questions more in line with local contexts. It is time for this to change. To spur such action and provide an example for universities across the nation, my colleagues and I at the William T. Grant Foundationrecently launched a grants competition for universities willing to re-think their incentive structures, and reward engaged scholarship and research-practice partnerships. TheInstitutional Challenge Grant program calls on universities to partner with a public agency or nonprofit, develop a joint research agenda, provide research fellows to execute the research, and build the capacity of the agency to use evidence from research in its decisionmaking. In addition, the grant asks that the university propose new ways to support and reward faculty members who participate in this type of work. For example, universities might provide teaching releases or summer salary, or count the influence of research on policy and practice in career advancement decisions.

After receiving bids from 41 institutions, in April we awarded the first grant to Cornell University, which is working in partnership with the Cornell Cooperative Extension of Tompkins County to address the opioid crisis in upstate New York, particularly the increasing rate of child maltreatment that has accompanied rising opioid addiction. Researchers will evaluate two evidence-based interventions based in the judicial and child welfare systems, and help providers develop effective responses to the problems they confront. Even before applying for the grant, Cornell had taken steps to engage its local community through auniversity initiative that fosters research and other activities with community partners. The current work will push the university even further in thinking about how to develop an infrastructure in which faculty are rewarded for participating in partnerships and conducting research that responds to community concerns.

Professors Laura Tach (foreground) and Rachel Dunifon of Cornell University and Anna Steinkraus (background) of Cornell Cooperative Extension of Tompkins County plan their partnership. (Photo courtesy of Cornell University)

Ultimately, pursuing positive social impact by harnessing the talent and knowledge of university faculty can turn around perceptions of the value of higher education. But faculty will need to become more fully engaged in directly responding to real-world problems. As currently structured, universities offer few rewards for researchers who participate in partnerships primarily designed to improve policy and practice. Reorienting incentives in the university—not to diminish theory-driven, internationally renowned studies, but to enhance the value and visibility of work that provides answers for those who confront the daily challenges of today’s world—can go a long way toward making the change possible.

*Fuente: https://ssir.org/articles/entry/the_future_of_higher_education_is_social_impact

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