«Escuchando las voces de los niños y niñas para la transformación» es una investigación inédita dirigida por la académica del Departamento de Educación, Mónica Manhey, junto con Sofía Espinosa, Aylene Lazo y Camila Villalobos, estudiantes de quinto año de Pedagogía en Educación Parvularia e integrantes del Núcleo de Investigación en Primera Infancia y Políticas Públicas.
El estudio recogió las opiniones de 105 niñas y niños de entre 4 y 8 años sobre la educación que reciben y la que desean. Las y los participantes provenían de jardines infantiles, colegios y liceos públicos y privados de la Región Metropolitana.
Uno de los hallazgos que más interpela al equipo investigador es que los principales anhelos expresados por las niñas y niños -más juego, mayor contacto con la naturaleza y vínculos afectivos cálidos- coinciden con aquello que la evidencia científica internacional identifica desde hace años como una educación de calidad durante la primera infancia.
«La pregunta que nos deja el estudio no es técnica, sino política: si sabemos lo que necesitan y lo que ellos mismos piden, ¿por qué seguimos sin traducir eso en cambios concretos en el currículo escrito y vivido? Escuchar genuinamente a la infancia no es solo un imperativo ético derivado de sus derechos, sino también una vía muy directa para mejorar la calidad de la educación que les ofrecemos», comentó la profesora Mónica Manhey.
La presentación pública de los resultados se realizó el 31 de julio en el Auditorio Pedro Ortiz y fue encabezada por las tres estudiantes, quienes cursan quinto año de la carrera y se encuentran en periodo de práctica profesional.
Las palabras inaugurales estuvieron a cargo de Camila Barrios, del Departamento de Educación. En el ámbito internacional, comentaron y valoraron la investigación Patricia Misiego Telesca, representante de UNICEF Panamá, y María Julia Garcete, directora general del Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la Organización de los Estados Americanos (IIN-OEA), con sede en Montevideo, Uruguay. Ambas destacaron la relevancia del estudio para la incidencia pública.
En Chile, también valoraron la iniciativa Denise Arriagada, vicepresidenta subrogante de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI); Ivonne Morales y Odette Barahona, de la Agencia de Calidad de la Educación; la exsubsecretaria de Educación Parvularia Claudia Lagos; y el profesor Carlos Andrade, codirector de la Cátedra UNESCO sobre Bienestar de la Niñez y Juventud, Educación y Sociedad de la Universidad de Chile.
Para desarrollar la investigación, se seleccionó intencionalmente una muestra que permitiera representar distintas realidades educativas de la Región Metropolitana. Entre los criterios de inclusión se consideró la participación de niñas y niños de entre 4 y 8 años que cursaban segundo nivel de transición, primero o segundo básico.
La muestra buscó, además, incorporar paridad de género, diversidad sociocultural -incluidos pueblos originarios, familias migrantes y niñas y niños con discapacidad-, así como diversidad territorial y socioeconómica.
Las y los participantes provenían de establecimientos públicos y privados de comunas con distintos niveles de ingreso, desde Pedro Aguirre Cerda, Cerro Navia y Puente Alto hasta Vitacura y Ñuñoa.
«Inicialmente proyectamos una muestra de 60 participantes, pero en terreno alcanzamos 105, ello debido al entusiasmo de los niños y niñas y la apertura a las educadoras y direcciones de los establecimientos», relató Manhey.
La metodología consideró una entrevista semiestructurada que fue presentada a las niñas y niños como «el juego de la entrevista». Esta incluyó cinco preguntas abiertas, se realizó principalmente en formato grupal -o de manera individual, según el contexto- y tuvo una duración máxima de 30 minutos.
Las entrevistas se realizaron sin la presencia de sus educadoras o educadores, con el propósito de que las y los participantes se sintieran libres de expresar sus opiniones. Las preguntas abordaron lo que más y menos les gustaba de su jardín infantil o colegio, cómo imaginaban su establecimiento ideal, cómo les gustaría aprender y qué les dirían a sus educadoras sobre la manera de realizar las clases.
Los comentarios fueron organizados en tres grandes categorías. En primer lugar, se identificó aquello que más valoran de su experiencia educativa actual. El juego apareció de manera transversal como el elemento central -«me gusta jugar en el patio con mis amigos»-, junto con los vínculos afectivos con sus educadoras, a quienes se refirieron como «las tías», y el deseo de «que digan cosas bonitas».
En segundo lugar, surgieron críticas relacionadas con recreos que consideran demasiado breves, patios de cemento con pocos elementos naturales -«casi no tenemos piedras… es pasto falso»-, conflictos entre compañeras y compañeros y una cantidad de tareas que perciben como excesiva.
Finalmente, las niñas y niños expresaron sus anhelos de transformación: más naturaleza y espacios para jugar, infraestructura lúdica, como columpios y juguetes, y elementos propios de su cultura infantil, como videojuegos y personajes de fantasía. Estas respuestas reflejan su deseo de incorporar aventura, juego y sorpresa en el aprendizaje.
El estudio confirma que las niñas y niños, desde los 4 años, son capaces de formular críticas fundamentadas y propuestas de transformación educativa cuando se generan condiciones adecuadas de escucha. Para ello, se requiere utilizar un lenguaje sencillo, respetar sus ritmos y aplicar técnicas lúdicas que reduzcan la asimetría de poder entre las personas adultas que investigan y quienes participan del estudio.
Según la profesora Manhey, la clave no está en la edad, sino en el tipo de interacción que se logra generar, en este caso, mediante un juego.
«Que este tipo de investigación sea poco frecuente -sobre todo en Chile y América Latina- responde a una tradición adultocéntrica que históricamente ha tratado a la infancia desde la lógica de la ‘incompletitud’, como sujetos en preparación para la vida adulta y no como actores sociales con opinión propia y válida hoy», comentó.
A esto se suman obstáculos concretos. La investigación con niñas y niños pequeños exige protocolos éticos rigurosos, tiempo, recursos y formación especializada para realizarla adecuadamente, condiciones que muchas veces desalientan a los equipos de investigación.
La investigación se desarrolló en el marco del proyecto de Fortalecimiento de la Productividad y Continuidad en Investigación (FPCI) 2024, código 10-0924.
Carolina Escobar, periodista Facultad de Ciencias Sociales.
https://uchile.cl/noticias/243092/estudio-ninas-y-ninos-piden-mas-juego-naturaleza-y-afecto-en-su-educacion
Cucarachas en las calles de Nueva Delhi. El lunes 20 de julio de 2026, miles de manifestantes, jóvenes en su mayoría, marcharon hacia el parlamento indio para exigir la dimisión de Dharmendra Pradhan, el ministro de Educación, y una reforma del sistema de selección universitaria en unas protestas que terminaron en choques con la policía.
Habían sido convocados por el Cockroach Janata Party (CJP), una plataforma civil cuyo nombre, traducible como “partido popular de las cucarachas”, es una clara referencia satírica al partido gobernante, el Bharatiya Janata Party (BJP) de Narendra Modi.
Las manifestaciones en la capital representan la culminación de un movimiento político que se inició en mayo de 2026 tras el que es el mayor escándalo hasta la fecha del sistema educativo indio.
El curso académico 2025-2026 culminó con la filtración masiva de las preguntas del Examen Nacional de Elegibilidad y Admisión (NEET-UG), la prueba que regula el acceso a los grados universitarios vinculados a la especialidad de medicina. Alrededor de dos millones de aspirantes se vieron obligados a repetir el examen.
El peso político del escándalo reside en el papel que juegan las pruebas NEET-UG dentro de la aspiración de hacer de India una economía desarrollada. El supuesto rol de “ascensor social” que otorgan a estos exámenes la lógica meritocrática bajo la que se hallan diseñados se difumina por completo al contacto con la sociedad de castas, las lógicas de acumulación de la riqueza y las divergencias regionales.
Una dinámica a la que se le suman las elevadas tasas de paro entre una creciente masa de profesionales sobrecualificados para un mercado laboral incapaz de digerir su talento. La NEET-UG se ha transformado en el símbolo de un segmento social atrapado en un limbo entre un subdesarrollo que no termina de desaparecer y un progreso que nunca llega a asentarse del todo.
Frente a ello, el Estado, lejos de ofrecer respuestas, ha suministrado motivos para la ira. Durante el proceso abierto por las presuntas filtraciones, Surya Kant, presidente del Tribunal Supremo, calificó a los líderes del movimiento estudiantil de “cucarachas”. El desliz no tardó mucho en convertirse en oportunidad.
Abhijeet Dipke, un comunicador político treintañero formado en Estados Unidos, aprovechó para fundar el CJP. En menos de una semana, la cuenta de Instagram del movimiento político superó los 20 millones de seguidores. Su rampante popularidad les ha permitido incorporar a sus filas a históricos activistas como Sonam Wangchuk, cuyos perfiles tienen el potencial de hacerles llegar a otros sectores agraviados de la sociedad india.
Todavía en proceso de registro formal ante la Comisión Electoral, el futuro del CJP transita entre la euforia y la insignificancia. La oposición al BJP ya tiene un líder. Bajo el liderazgo de Rahul Gandhi, el Congreso Nacional Indio (INC) ha conseguido detener la “hemorragia de votos” que la formación venía sufriendo desde inicios de siglo.
Ello, junto con su elevado grado de institucionalización, rema a favor de una integración del CJP en la coalición INDIA, donde sus exigencias se convertirían en un engranaje más de la maquinaria discursiva del INC.
Esta aproximación comenzó a materializarse cuando Rahul Gandhi y su hermana Priyanka –considerada una de las principales estrategas del partido– protagonizaron una protesta en apoyo de la causa estudiantil frente al parlamento que terminó con la breve detención de ambos y la suspensión de la sesión parlamentaria.
Sin embargo, el futuro no está escrito. El cierre del estrecho de Ormuz pone contra las cuerdas a la economía india, alimentando un clima de opinión antiestablishment que tanto el INC como el BJP, tras décadas en el poder, difícilmente pueden aspirar a galvanizar. En su pulso, Irán, Estados Unidos e Israel pueden llenar Nueva Delhi de “cucarachas” y plantear nuevos problemas a Modi.
Si el conflicto se prolonga, la conversión del CJP en un movimiento transversal se perfila como un escenario plausible. Probablemente por ello, la administración del primer ministro ha apostado por una “demolición controlada”.
Apenas cinco días después, el 25 de julio, Dharmendra Pradhan, ministro de Educación y uno de los dirigentes con mayor trayectoria dentro del BJP, fue forzado a dimitir. Acto seguido, Modi anunció un programa de reforma de las pruebas NEET-UG que incluye la celebración de un examen alternativo, una auditoría tecnológica independiente y una compensación general para los afectados.
Las “cucarachas” desafían a Modi tras un escándalo educativo
Mientras el genocidio continúa, miles de jóvenes palestinos han conocido hoy sus resultados de bachillerato en Gaza. Entre ausencias, desplazamiento y heridas todavía abiertas, la alegría ha vuelto a entrar en muchas casas de la Franja. Después de estudiar en condiciones inimaginables, chicas y chicos celebran sus notas y vuelven a hablar del mañana. Porque aferrarse a la vida, a los sueños y al futuro también es una forma de resistencia
Hoy, la alegría ha entrado en muchas casas de Gaza. Ha entrado con los resultados del bachillerato, con los nombres de jóvenes que han aprobado, con las notas esperadas durante meses, con abrazos, lágrimas, llamadas y felicitaciones. Durante unas horas, en una Franja herida por el genocidio que continúa, muchas familias palestinas han encontrado un motivo para celebrar.
Puede parecer un acontecimiento pequeño frente a la inmensidad de todo lo que está ocurriendo. No lo es. Porque detrás de cada uno de esos resultados hay jóvenes, chicos y chicas, que han seguido estudiando cuando prácticamente todo a su alrededor parecía conspirar contra la posibilidad misma de hacerlo. Jóvenes que han conocido el desplazamiento, las tiendas de campaña, el hambre, los bombardeos, la destrucción de escuelas y universidades, la pérdida de familiares, compañeros, compañeras y docentes. Jóvenes que han tenido que aprender mientras intentaban sobrevivir. Y, sin embargo, han seguido estudiando.
Hoy esperan sus resultados, comparan notas, reciben felicitaciones, piensan qué quieren estudiar y hablan de universidades y profesiones. Siguen imaginando quiénes quieren ser mañana. Quizá ahí se encuentre una de las imágenes más poderosas de Gaza: una juventud a la que han intentado imponerle únicamente la preocupación por sobrevivir y que, aun así, continúa preparándose para vivir.
Mahmoud Darwish escribió: «Y nosotros amamos la vida siempre que podemos acceder a ella».
En Gaza, ese verso adquiere hoy un significado especialmente profundo. Porque amar la vida cuando todo está dispuesto para hacerla imposible no significa ignorar el dolor. Las ausencias están presentes. Hay jóvenes que hoy habrían querido correr hacia una madre, un padre, una hermana o un hermano para enseñarles sus resultados y ya no pueden hacerlo. Hay casas donde la alegría y las lágrimas han entrado juntas. Hay nombres que faltan alrededor de la mesa y abrazos que nadie podrá sustituir. El genocidio continúa. La herida permanece abierta.
Pero Gaza no es únicamente la imagen que el mundo ha aprendido a contemplar entre ruinas. Gaza también son estos jóvenes. Son las familias preguntando por las notas. Son madres y padres orgullosos de sus hijas y de sus hijos. Son amistades felicitándose. Son quienes buscan la manera de hacer especial un día en medio de circunstancias que no tienen nada de normales. Son chicas y chicos pensando en estudiar medicina, ingeniería, literatura, derecho o cualquier otra carrera cuando tantas de sus universidades han sido destruidas. Y es también una sociedad que aprovecha cualquier instante que la violencia colonial no consigue arrebatarle para volver a reunirse alrededor de la vida.
Porque el pueblo palestino no necesita que nadie le enseñe a celebrar. Lo ha hecho durante generaciones: bodas en tiempos difíciles, nacimientos bajo ocupación, graduaciones después de años de obstáculos, familias reuniéndose después de las cárceles y el exilio. No porque desconozca el dolor, sino precisamente porque lo conoce demasiado bien.
En Gaza, hoy, celebrar una buena nota tiene además una dimensión profundamente colectiva. Cada estudiante que ha conseguido continuar sus estudios representa algo que va mucho más allá de un expediente académico. Representa una posibilidad de futuro. Durante estos años, la destrucción del sistema educativo palestino ha sido inmensa. Escuelas y universidades han sido atacadas o destruidas; estudiantes y docentes han sido asesinados; miles de jóvenes han visto interrumpida su educación. Se ha intentado destruir no solamente el presente de Gaza, sino también las condiciones materiales desde las que pudiera construirse su mañana.
Por eso resulta tan importante mirar hoy a quienes continúan estudiando. No para convertirlos en héroes y heroínas obligados a soportarlo todo. Son jóvenes y tienen derecho a ser simplemente jóvenes. Tienen derecho a preocuparse por una nota, a enfadarse porque esperaban unas décimas más, a abrazar a sus amistades, a celebrar, a enamorarse, a elegir una carrera, a cambiar de opinión, a equivocarse y volver a empezar. Tienen derecho a un futuro que no esté determinado por una bomba, una frontera o una orden militar.
Mientras el proyecto colonial intenta convencer al mundo de que Gaza es un lugar sin futuro, su juventud continúa preparándose para él.
Y quizá por eso su alegría conmueve tanto. Porque hay algo que ninguna fotografía de la destrucción consigue explicar completamente: la extraordinaria capacidad del pueblo palestino para encontrar espacios de vida incluso dentro de las circunstancias más insoportables.
No se trata de romantizar el sufrimiento. Nadie debería tener que demostrar semejante fortaleza para poder estudiar. Ningún estudiante debería preparar sus exámenes mientras teme por su familia. Ninguna madre debería celebrar el éxito de su hija o de su hijo mientras recuerda a quienes faltan. La resistencia no consiste en acostumbrarse al horror. Consiste también en negarse a permitir que el horror ocupe absolutamente todos los espacios de la existencia: guardar un momento para celebrar, preparar algo especial aunque haya poco, vestirse para una ocasión importante, felicitar al vecino, hacer una fotografía, reír, preguntar «¿y ahora qué vas a estudiar?» y volver a pronunciar la palabra mañana.
Esos pequeños detalles pueden parecer insignificantes vistos desde lejos. Para un pueblo al que se intenta expulsar de su tierra y despojar de su futuro, no lo son. La alegría también puede ser una forma de resistencia cuando significa defender el derecho a seguir siendo humanos, a conservar los afectos, los sueños y las pequeñas ceremonias de la vida cotidiana frente a una maquinaria que pretende reducir toda una existencia colectiva a supervivencia, desplazamiento y muerte.
Hoy, Gaza ha encontrado un resquicio para celebrar. Habrá lágrimas entre los abrazos y ausencias imposibles de llenar. Habrá jóvenes que mirarán sus resultados pensando inmediatamente en alguien que debería estar allí para compartirlos. Nada puede sustituir a quienes han sido arrancados de sus vidas. Pero también habrá sonrisas. Y hay que permitir que esas sonrisas ocupen espacio.
Porque las chicas y los chicos de Gaza no estudian solamente para superar un examen. Estudian porque imaginan una vida después de todo esto. Porque siguen teniendo aspiraciones. Porque quieren construir, enseñar, curar, escribir, investigar, crear. Porque Palestina necesitará sus conocimientos y porque tienen derecho a decidir qué hacer con sus propias vidas. Mientras el proyecto colonial intenta convencer al mundo de que Gaza es un lugar sin futuro, su juventud continúa preparándose para él.
Quizá esa sea la imagen que merezca permanecer de este día: una casa herida en algún lugar de Gaza, una familia reunida, una ausencia que duele, una nota que acaba de llegar y, de repente, una sonrisa. Un instante pequeño de felicidad defendido en medio del genocidio. Porque también eso quieren arrebatarles.
Y porque, como escribió Mahmoud Darwish, nosotros amamos la vida siempre que podemos acceder a ella.
Hoy, aunque sea por unas horas, Gaza ha vuelto a acceder a ella. Y la ha celebrado.
La Junta de Personal Docente no Universitario de Cantabria ha llamado a «todos los claustros de los centros públicos de Cantabria» a iniciar una huelga de actividades complementarias y extraescolares a partir del próximo 1 de septiembre.
En declaraciones a los medios, la presidenta del órgano de representación sindical, Rus Trueba, ha subrayado que esta convocatoria tiene el objetivo de exigir al Gobierno (PP) «el cumplimiento de los compromisos adquiridos y la apertura de una negociación real» para la regulación de las actividades complementarias y extraescolares.
Sobre este asunto, ha recordado que en marzo de 2025 la Junta de Personal registró cerca de 3.000 firmas de docentes para reclamar una regulación que aporte seguridad jurídica al profesorado que participa en estas actividades, y ha señalado que han pasado 16 meses desde aquella iniciativa sin que la Consejería de Educación haya mostrado «voluntad alguna de abrir una negociación«.
En este sentido, ha opinado que el consejero, Sergio Silva, «parece preferir que sus trabajadores continúen realizando salidas y actividades extraescolares con alumnos sin las debidas garantías jurídicas«, manteniendo una situación de inseguridad que preocupa profundamente al profesorado y que podría evitarse mediante una regulación negociada.
Además, ha denunciado el «bloqueo» de la negociación colectiva por parte de Silva en la reducción de ratios y la carga burocrática.
«A comienzos de 2024, la Junta de Personal Docente y la Consejería pactaron un cronograma de negociación para abordar algunas de las principales demandas del profesorado. Sin embargo, más de dos años después, ese calendario ha sido incumplido en su totalidad por el consejero», ha afeado.
En esta misma línea, ha apuntado que Silva adquirió el compromiso al inicio de la legislatura, en 2023, de reducir las ratios de alumnado por aula, presentándolo «como una de las medidas fundamentales para mejorar la calidad de la enseñanza en Cantabria«, aunque la realidad demuestra que aquellas palabras no se han traducido en hechos.
Y ha rememorado que este miércoles se cumple el plazo que los sindicatos dieron al consejero para mantener una reunión y abordar las cuestiones «más urgentes que afectan al profesorado«.
Sin embargo, la única respuesta recibida por parte del consejero ha sido comunicar que no asistiría «por motivos de agenda» –se encuentra en la Conferencia Sectorial de Educación en Madrid–, y no les ha convocado a un encuentro alternativo ni les ha propuesto una nueva fecha para negociar. «Una ausencia puede justificarse; la falta de voluntad para buscar una solución, no«, ha apostillado.
«Con ello, se cumplen 187 días sin una sola reunión de negociación sobre la reducción de las ratios, desde el pasado 21 de enero. Son 187 días de silencio, de incumplimientos y de abandonode unos compromisos que el propio consejero adquirió públicamente con el profesorado y con la comunidad educativa», ha criticado.
Por otro lado, ha destacado que uno de «los grandes problemas» que sufre la educación pública de Cantabria es «la creciente carga burocrática» que soportan los centros educativos.
En esta misma línea, ha explicado que los equipos directivos y los docentes dedican «cada vez más tiempo» a tareas administrativas «innecesarias, repetitivas y, en muchos casos, carentes de utilidad real«.
«Esta burocracia está asfixiando el funcionamiento de los centros, resta tiempo a la verdadera labor educativa y genera un creciente malestar entre el profesorado», ha lamentado.
Para la Junta de Personal, lo sucedido en las últimas horas «deja en evidencia la falta de voluntad política de la Consejería» para abordar estos problemas, y es que ha sido convocada este jueves por los directores generales para tratar otros asuntos distintos de los que lleva meses reclamando.
«Es decir, existe disponibilidad para reunirse con los representantes del profesorado para cuestiones que sí interesan a la Consejería —recortes en plantilla, decreto de inspectores o ley de autoridad— pero no para negociar las cuestiones que afectan a las condiciones de trabajo de los docentes y a la calidad de la educación pública», ha matizado.
CONCENTRACIÓN EL VIERNES POR RECORTES
Por otra parte, las AMPA de diferentes centros públicos de Cantabria se concentrarán este viernes, 31 de julio, a las 12:00 horas, frente a la sede de la Consejería de Educación.
Y es que, en un cartel informativo han denunciado que el departamento de Sergio Silva «ha recortado 94 aulas en Cantabria, ha escondido las listas de no admitidos y ha reducido el plazo de matriculación«.
La Junta de Personal Docente, durante el encuentro con los periodistas para anunciar la huelga, ha señalado que estará apoyando a las familias este viernes y se unirá a la concentración.
https://eldiariocantabria.publico.es/articulo/educacion/docentes-endurecen-protestas-llaman-huelga-actividades-extraescolares-todos-centros-publicos-cantabria/20260729132627196505.html
Por: J. Luis Carpinter
Para la juventud mundial en 2026, el cambio climático ha dejado de ser una «preocupación medioambiental» para consolidarse como una crisis existencial, sistémica y de justicia social.
A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes no solo exigen conciencia, sino que demandan responsabilidad legal, acción política vinculante y una transformación radical de los modelos económicos. Sin embargo, también reflejan un aumento de la fatiga climática y la frustración ante los retrocesos políticos (el llamado greenlash) observados a mediados de la década de 2020.
Diversos estudios sociológicos muestran que la inmensa mayoría de los jóvenes (frecuentemente por encima del 80% en diversas encuestas de la UE) consideran el cambio climático como uno de los problemas más urgentes del mundo, que les crea sentimientos de traición y ecoansiedad generalizada, por percibir que las generaciones mayores y los líderes políticos actuales les están «robando el futuro», priorizando el crecimiento económico a corto plazo sobre la supervivencia del planeta, lo que les causa sentimientos de miedo, impotencia y angustia ante la degradación de los ecosistemas y los fenómenos meteorológicos extremos (olas de calor, sequías e incendios en el sur de Europa).
Esto les lleva a su desconfianza política de las instituciones, al considerar insuficientes sus proyectos como el Pacto Verde Europeo (Green Deal) o por retrocesos, como las concesiones políticas realizadas a partir de 2024 (relajación de normativas agrícolas o de restauración de la naturaleza para apaciguar a sectores conservadores) que son consideradas pruebas de que los políticos ceden ante los lobbies económicos, lo que se traduce en exigencia de coherencia, con blindaje de las leyes climáticas contra los ciclos electorales, que modifican los objetivos de emisiones según el color político del gobierno de turno.
A la luz de las evidencias más recientes publicadas en The Lancet Planetary Health, 2026 (1), la percepción del cambio climático por parte de la juventud (incluyendo el contexto europeo) debe entenderse no solo como una demanda política, sino como una crisis de salud mental pública sin precedentes. La angustia climática (ecoansiedad, duelo ecológico, miedo al futuro) es una respuesta racional y adaptativa a una amenaza existencial real. En este contexto, el activismo climático ha dejado de ser solo una herramienta de protesta para convertirse en una estrategia terapéutica fundamental que permite a los jóvenes transformar la parálisis en agencia. Sin embargo, el informe advierte sobre el grave riesgo de burnout (agotamiento) y daño moral si esta carga psicológica recae exclusivamente sobre ellos.
El cambio climático como crisis de salud mental juvenil
La adolescencia y la juventud temprana (13-25 años) son etapas críticas para el desarrollo neuropsicológico y la formación de la identidad. El cambio climático está alterando las condiciones necesarias para un desarrollo saludable, como muestran los estudios globales citados en el artículo del “Lancet PlanetaryHealth”, donde el 75% de los jóvenes considera que «el futuro es aterrador»;y que les ocasiona preocupación constante y sentimientos de tristeza, impotencia, incertidumbre, e incluso ideación suicida y dudas sobre si tener hijos.
Por otra parte, la juventud está expuesta a narrativas de la industria de los combustibles fósiles y a la inacción política que promueven el «doomismo» (la idea de que es demasiado tarde para actuar), lo que exacerba la desesperanza y los síntomas depresivos.
Ante ello destaca el estudio de The Lancet que la angustia que sienten los jóvenes no es un trastorno mental en sí mismo, sino una respuesta emocional válida y racional ante la destrucción ecológica, la injusticia climática y la falta de acción por parte de los gobiernos y líderes industriales que no solo genera ansiedad, sino que les provoca una sensación de traición y abandono por sentir que las instituciones que deberían protegerlos están fallando.
Junto a ello existe un «silencio socialmente construido» en torno a estas emociones, que a menudo disuade a los jóvenes de expresar su dolor por miedo a no ser tomados en serio o a ser incomprendidos.
Frente a la inacción institucional, el artículo destaca que la participación en el activismo y la acción colectiva funciona como una poderosa intervención de prevención primaria y salud mental. El activismo actúa como amortiguador psicológico, transformando la angustia abrumadora en acción con propósito. Al participar en esfuerzos colectivos, los jóvenes recuperan su sentido de agencia y autoeficacia, contrarrestando la parálisis que genera la ecoansiedad.
Junto a ello el activismo permite a los jóvenes alinear sus acciones diarias con sus valores más profundos (justicia, sostenibilidad, empatía). Esta «esperanza activa» o afrontamiento centrado en el significado ayuda a procesar el duelo ecológico, permitiendo que convivan la desesperación por el estado del planeta y la esperanza por el futuro, lo que se une al hecho de que la acción climática colectiva fomenta redes de apoyo social. En un contexto donde los jóvenes se sienten aislados por su preocupación (a menudo incomprendidos en sus entornos familiares o educativos), los movimientos climáticos ofrecen un sentido de comunidad, solidaridad y pertenencia que es vital para la salud mental.
Más allá de la protesta, surgen intervenciones comunitarias como los Climate Cafés (Cafés Climáticos) o grupos de pares (como Force of Nature o Good Grief Network). Estos espacios descentralizados permiten a los jóvenes procesar sus emociones, compartir experiencias vividas y construir resiliencia psicosocial colectiva en un entorno libre de juicios.
Pero es importante destacar que el artículo de The Lancet introduce una advertencia crucial: el activismo no puede ser el único sustento de la salud mental de los jóvenes, ni puede reemplazar la responsabilidad sistémica.
Cuando los jóvenes participan en la acción climática bajo la premisa de que la situación es «demasiado urgente como para descansar», pueden ser llevados al burnout (agotamiento crónico). El agotamiento es severamente agravado por la inacción percibida de los líderes políticos y corporativos. Cuando los jóvenes luchan incansablemente y son ignorados o traicionados por las instituciones, sufren una «lesión moral», un daño psicológico profundo derivado de transgredir sus propios valores o de presenciar injusticias sistémicas sin poder detenerlas.
Por ello The Lancet plantea que las intervenciones terapéuticas y los movimientos sociales deben enseñar a los jóvenes a equilibrar el activismo con otras facetas de sus vidas, normalizando el descanso y el autocuidado no como una rendición, sino como una necesidad de sostenibilidad a largo plazo. Para ello además del activismo, deben fomentarse las intervenciones basadas en la naturaleza, pasando tiempo en la naturaleza o participando en actividades de conservación, que ayudan a reducir el estrés, aunque se advierte que la naturaleza degradada también puede ser fuente de dolor), para lo que son adecuadas terapias de aceptación y compromiso (ACT) que ayudan a los jóvenes a aceptar pensamientos dolorosos sin rumiarlos, aclarar sus valores y comprometerse en acciones significativas, o terapias conductuales para regular las emociones intensas y tolerar la angustia sin quedar paralizado por ella.
También es de interés la regulación del consumo de medios, ya que las redes sociales son una espada de doble filo (conectan a los activistas pero también bombardean con imágenes apocalípticas) y es vital desarrollar habilidades para gestionar la exposición a noticias catastróficas.
En síntesis: para la juventud, el activismo climático es un mecanismo de supervivencia psicológica. Les permite transformar el terror paralizante en comunidad, propósito y esperanza activa. Sin embargo, para que esta resiliencia sea sostenible, la sociedad y las instituciones deben apoyar su activismo, asumiendo al mismo tiempo la responsabilidad sistémica que les fue arrebatada.
Nota:
J. Luis Carpintero, médico jubilado
Por: Elisa Buforn y Maurizio Mattesini
Ante las imágenes de edificios totalmente destruidos, con víctimas en su interior, surge la pregunta de si es posible su rescate, cómo hacerlo o qué medios son necesarios. Sin embargo, es importante destacar que lo que mata no son los terremotos en sí mismos: lo que desencadena la mortalidad es la falta de prevención.
Tras las imágenes devastadoras que dejan los terremotos del 24 de junio en Venezuela, nace la preocupación sobre la búsqueda de supervivientes entre los escombros. Hoy en día, las tareas de rescate combinan métodos tecnológicos y tradicionales.
La tecnología actual, mediante el uso de geófonos, micrófonos o cámaras de alta sensibilidad, junto con métodos más tradicionales, como el empleo de perros especializados en la búsqueda de personas, y el trabajo de equipos de especialistas en este tipo de rescates es de gran ayuda en estas catástrofes.
A pesar de que estos medios son evidentemente muy útiles, el punto crucial para poder llevar a cabo con éxito esta tarea es el estado en que ha quedado el edificio. La existencia de los llamados “huecos de vida”, espacios que han sufrido pocos daños en el interior de la construcción afectada, , permite la supervivencia de la víctima durante cierto tiempo. Si, por ejemplo, uno de estos huecos se encuentra en un lugar con agua, como puede ser una cañería, la persona atrapada podrá resistir durante un periodo más largo.

La existencia de espacios de supervivencia depende directamente de la estructura y de las características del edificio.
Si este carece de la resistencia necesaria ante una sacudida sísmica severa y colapsa por completo, las probabilidades de supervivencia se reducen drásticamente.
En este sentido, conviene recordar que los terremotos en sí mismos no causan víctimas, lo que realmente mata es la edificación inadecuada y vulnerable.
Aunque la llegada de los equipos de rescate y socorro resulta indispensable, la verdadera prioridad radica en la prevención. Ante este escenario, la respuesta actual pasa por mitigar el impacto sísmico mediante una estrategia clave: la prevención y el cumplimento normativo.
Los países con una actividad sísmica deben disponer de una Norma de Construcción Sismorresistente o Código Sísmico. El objetivo de esta normativa es garantizar que una estructura o edificio sea capaz de resistir un determinado movimiento del suelo, generalmente cuantificado en términos de aceleración. De este modo, aunque el inmueble sufra daños severos o quede inservible, se minimiza el riesgo para sus ocupantes.
Los edificios se pueden reconstruir, pero una vida humana es insustituible. Sin embargo, no basta con la mera existencia de una Norma o Código Sísmico, es imprescindible exigir su aplicación rigurosa en el diseño y ejecución de las obras, siendo obligación de las autoridades competentes velar por su adecuado cumplimiento.
Otra herramienta para la prevención y mitigación de los terremotos, y que ha demostrado su eficacia en el caso de los terremotos de Venezuela, son los Sistemas de Alerta Sísmica Temprana (SAST).
Estos sistemas no predicen o impiden que ocurra el terremoto, pero proporcionan una alerta sobre la ocurrencia de un terremoto potencialmente dañino. De esta manera, el usuario puede adoptar una serie de medidas preventivas antes de sufrir los efectos destructores del terremoto.
En el caso de los terremotos de Venezuela, la alerta temprana enviada por Google a los móviles ha mostrado la eficacia de los SAST.
Junto con estas herramientas, es fundamental dotar a la población de una educación sísmica que le permita actuar de forma rápida y adoptar medidas de autoprotección ante la ocurrencia de un terremoto.
Por ejemplo, en el caso de los SAST, una alerta 5 segundos antes de que comience el movimiento del suelo permite refugiarse debajo de una mesa y evitar posibles daños derivados de la caída de lámparas o del falso techo.
Sin embargo, para que esto sea posible, la población debe conocer estas medidas y estar entrenada para ser capaz de reaccionar en un tiempo tan corto ante un seísmo. Por ejemplo, en Japón, los niños están entrenados desde el colegio para adoptar estas medidas de seguridad.
Asimismo, no hay que olvidar que es fundamental conocer en detalle las características de los terremotos que ocurren en un país o región.
En el caso de los terremotos de Venezuela del 24 de junio, la ocurrencia de dos terremotos de gran magnitud con una diferencia de menos de 1 minuto, -lo que se conoce como un doblete sísmico –, ha contribuido a incrementar sustancialmente los daños.
Tras la ocurrencia del primer sismo de magnitud 7.2, no se esperaba un segundo terremoto de magnitud mayor, 7.5. Sin embargo, no es la primera vez que ocurre un doblete sísmico en Venezuela.
En septiembre de 2025 ya ocurrió un fenómeno similar, aunque de menor magnitud (6.2 y 6.3 respectivamente), localizado al oeste-suroeste de los epicentros del de 2026. Además, el hecho de que los focos del doblete de 2026 hayan sido tan superficiales (23 y 10 kilómetros de profundidad, respectivamente) ha contribuido notablemente a aumentar los daños.
Existen, por tanto, medidas que, aunque no evitan la ocurrencia de un terremoto, sí minimizan de manera drástica sus daños. Sin embargo, gran parte de estas acciones implican una inversión económica importante.
Diseñar una estructura sismorresistente o implantar un Sistema de Alerta Sísmica Temprana conlleva un coste económico superior al de la edificación convencional.
Lamentablemente, este esfuerzo financiero no está al alcance de todos los países, y como ocurre habitualmente, los países con menores recursos terminan siendo los más vulnerables ante los fenómenos de la naturaleza.
Los autores de este texto son Elisa Buforn y Maurizio Mattesini, catedráticos de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid.
https://lawebdelasalud.com/cuando-la-falta-de-prevencion-es-mortal-los-terremotos-de-venezuela/