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Argentina: Educación definió cómo arranca el nuevo secundario

América del Sur/ Argentina/11 Marzo 2017/Fuente: lmcipolletti

Luego de que ocho consejos escolares confirmaran su participación, son 58 establecimientos los que darán inicio a la controvertida nueva Escuela Secundaria Río Negro (ESRN) impulsada por la ministra de Educación, Mónica Silva.

El Consejo Provincial de Educación aprobó las resoluciones 1010 y 1011, con las que modificó la denominación de estos ex Centros de Educación Media diurnos, donde se instrumentará la ESRN. Con la normativa se sustituyeron las estructuras curriculares de todos los planes de estudio por las nuevas de ciclo básico y ciclo orientado.

La ESRN iniciará el ciclo lectivo el miércoles 15 de marzo, en 58 de los 93 bachilleratos orientados de la provincia, en un 62,3% de los establecimientos educativos propuestos. Los colegios cipoleños no están contemplados, ya que la mayoría de los docentes se opone a la reforma y no se anotó para tomar cargos.

Mediante la resolución 1010 se determinó, además, que los estudiantes que actualmente cursan 4º año en los establecimientos alcanzados por los cambios, “en caso de ser promovidos, cursarán su último año de estudios en el mismo establecimiento, con la estructura curricular del ciclo orientado de la ESRN” .

La misma resolución establece que “los estudiantes que hayan egresado de 5° año en los 58 Centros de Educación Media Diurnos adeudando espacios curriculares” serán evaluados en las instancias de acreditación de saberes de acuerdo a los contenidos curriculares “resultantes de la homologación entre los planes estudios de los Centros de Educación Media diurnos y la ESRN”.

Fuente:https://www.lmcipolletti.com/educacion-definio-como-arranca-el-nuevo-secundario-n543721

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Puerto Rico: En la UPR, Ni vacas gordas, ni flacas

www.elnuevodia.com/10-03-2017

El punto #4 de la carta más reciente la Junta de Supervisión Fiscal al Gobernador de Puerto Rico es devastador. Esa reducción a la Universidad de Puerto Rico por $450,000,000.00 (cuatrocientos cincuenta millones de dólares) solicitado por la Junta es indignante.

En la Universidad hemos trabajado vigorosamente para implantar un Plan Estratégico de vanguardia que fue aprobado el pasado mes de diciembre. El plan refleja que, de los ya menguados recursos económicos de la Universidad, menos de $350,000,000.00 (trescientos cincuenta millones) en los últimos tres años, hemos hecho de tripas corazones para ser más eficientes y establecer las prioridades, atender las emergencias; y diferir el mantenimiento y los desarrollos para cuando vengan mejores tiempos.

Los sacrificios de todos los sectores de la Universidad: estudiantes, personal docente y no docente y administradores fueron la orden del día. Los hemos asumido como un deber patriótico ante una crisis fiscal sin precedentes. Para algunos ha sido desesperante, para otros ha sido un motor para ser más creativos; sin embargo, ya no es cuestión de vacas gordas o vacas flacas es que no hay vacas.

La Universidad ya hizo su asignación. Presentó ante la Junta de Gobierno de la UPR un borrador de plan fiscal que llega hasta lo más que podemos llegar. Como dice el colega Dr. Alan Rodríguez, “no es que no queremos, es que no podemos”. Estamos precisados a defender y a luchar por la Universidad como instrumento – el mejor- para la movilidad social y el desarrollo económico, cultural y de innovación de Puerto Rico. De no hacerlo se menguará aún más la condición ya frágil de nuestra base principal económica y de desarrollo. El momento es ahora.

Estoy convencido que toda la comunidad universitaria está indignada con las acciones de la Junta de Supervisión Fiscal y las rechaza de plano por ser injustas y atentar contra la autonomía de la Universidad. No son nada nuevas las luchas, defensas y la resistencia en la Universidad. No es de extrañar que seamos el blanco de poderes externos que so pretexto de ayudar hacen más daño que bien.

Nuestra mejor arma es el conocimiento y nuestro mapa el Plan Estratégico. ¡Señores, ya basta!

*Fuente: http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/enlauprnivacasgordasniflacas-columna-2299378/

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La deseducación

Por: Pagina12/Dolores Curia/10-03-2017

Desfinanciamiento de la educación pública, desarticulación de programas, rechazo a la convocatoria de paritarias. A la propuesta educativa de Cambiemos se le debe sumar una decidida desarticulación de la Educación Sexual Integral. Muchos docentes señalan un vacío en el área de capacitación que fue llenado con el regreso de posturas biologicistas que se suponían superadas hace años. Entre los datos más alarmantes se destaca la tercerización de la capacitación docente en manos de ONGs, algunas de corte religioso, que parecen sobrevivientes de la era donde los dinosaurios daban clase.

Lesbiana organizada no más precarizada”, “Torta docente presente”, “Docente tortillera en lucha también educa”. Con consignas y cancionero propios, maestras lesbianas de distintos puntos del país -desde nivel inicial hasta universitarias- marcharon con la columna de la Asamblea Lésbica Permanente (ALP) el lunes pasado. Maestras precarizadas, sujetas trabajadoras, mujeres y lesbianas; esta semana, cruzada por el paro docente (6 y 7 de marzo), el Día de la Visibilidad Lésbica (7 de marzo) y el 8M, fue una seguidilla “que nos colocó en la intersección de todas esas opresiones. Marchar como docentes pero visibilizando que somos lesbianas nos puede ayudar a combinar las luchas que necesitamos dar para hacer de este mundo un lugar más habitable, y darle cuerpo a una masa trabajadora que se presenta como uniforme, sexualizar la figura casta y pura de la maestra que entrega su vida a la vocación y cuidado de la infancia”, relataba Sol Boccardo, maestra e integrante de la ALP, este lunes durante la desconcentración de la marcha y con el cartel casero de “Profe lesbiana que enseña y ama” algo arrugado y transpirado entre los dedos.

Además de las propuestas salariales por el piso y la negativa del gobierno a convocar a la paritaria federal -establecida por ley hace una década-, los docentes miran con preocupación un panorama que, desde que asumió Cambiemos, es de desfinanciamiento por goteo del presupuesto para la educación pública, de desarticulación de programas, de lavado de contenidos. “Si una mira la distribución del presupuesto en educación para este año -dice Sandra Aguilar, docente lesbiana y feminista de Desde el Fuego y de la Asamblea Lésbica Permanente-, se ve muy claramente cómo se busca desarticular los programas, y uno de los más afectados es el de Educación Sexual Integral”. A lo que se suman intentos -que en muchos territorios como la Ciudad de Buenos Aires ya son hechos (ver recuadro)- por parte del gobierno nacional de dejar las capacitaciones docentes en manos de ONGs: “Ya se está haciendo: se terceriza la formación docente, y esto ocurre principalmente en el terreno de la Educación Sexual Integral. Las ONGs están formando gente y no necesariamente desde una perspectiva de género (como exige la ley), sino más bien en sintonía con visiones religiosas”, afirma Sandra.

Toda educación es sexual

 “La sexualidad, siempre está en el salón, en los silencios, en las palabras, en los dibujos de las puertas del baño, en los grafitis de las paredes, en las formas de vestir o de marcar el cuerpo, como piercings y tatuajes”, sintetiza Estrella Martínez -ex Directora de Políticas de Género Municipal, hoy directiva de una escuela secundaria de la Provincia de Buenos Aires- para decir que toda educación es sexual, una idea que atraviesa trasversalmente el espíritu de la ley de Educación Sexual Integral (ESI). Aprobada en 2006 y anclada en una perspectiva feminista y diversa, la ESI aborda temas como los roles de género, las violencias machistas y el placer como parte central del ejercicio de la sexualidad. Antes de esta ley, si lo hacía, cada docente trataba el tema con sus propios criterios, o se lo reducía a algunas lecciones de anatomía o se le delegaba la tarea a voluntariosas empresas fabricantes de tampones. “Desde 2006 (aunque las capacitaciones empezaron después) la perspectiva de trabajo es integral -relata Estrella Martínez-. Se propone trabajar tematizando, por ejemplo, la diversidad sexual desde varias materias. Desde la Ciencias Naturales, se puede hacer un abordaje de la sexualidad humana a través del vínculo con otros, no solo lo biológico. En las Ciencias Sociales: repasar la historia de la sexualidad en otros tiempos. En Lengua y Literatura: trabajar cuentos donde se presenten distintas identidades lgbti y compararlos con cómo nos muestran el tema los medios, las publicidades, las series”.

“‘Seño, ¿qué hizo este fin de semana? ¿Estuvo con su marido?’ o ‘Seño, ¿tiene novio?’. Son dos las representaciones que se hacen en el aula de la maestra: es asexual o es heterosexual. También puede pasar que nunca te pregunten nada de eso. Y sólo recién el día en el que tal vez te aparecés con una enorme panza aparezca la pregunta por la sexualidad de la seño”, cuenta Sandra Aguilar. “Nosotras como lesbianas a esto lo padecemos -sigue Sandra-, pero también falta politizar la sexualidad de la maestra heterosexual, corre para todas”. Sol Boccardo por su parte recuerda otras escenas ilustrativas de la visibilidad en el aula: después de trabajar el tema de los estereotipos de género con un grupo de chicxs de entre 6 y 11 años, contó que era lesbiana. Al día siguiente una chica de trece, que había sido su alumna en otros años, se le acercó con preguntas y para contarle que ella también lo era y que no lo había charlado nunca con nadie. Pero ésa no fue la única vez: “Si abrís esos temas sin tabúes, proponés un clima de confianza, aparecen cosas silenciadas: desde las ganas de jugar a otros juguetes y usar otras ropas hasta relatos de abuso sexual. La potencia de la educación sexual integral es poder hacer materiales las distintas posibilidades de ser.”

Las maestras y maestros enseñan sobre sexualidades constantemente, a partir de lo que dicen, lo que callan, de cómo distribuyen los cuerpos ajenos en el espacio y cómo ponen el propio en el aula. Según Cristina Etchegoyen, Coordinadora de DDHH de Suteba: “Trabajar la Educación Sexual Integral es para una docente poner en cuestión su propia subjetividad, algo que los maestros y maestras también fuimos aprendiendo. La ESI remueve cosas no solo en los alumnos, rompe prejuicios, puede implicar preguntarse cosas sobre la propia sexualidad antes de ponerse a hablar frente al aula”.

Cortar y pegar

“Todo el año 2016 ha sido de mucha resistencia frente a las políticas de recorte en la educación y el caso de la ESI ilustra muy bien el clima general: todo lo que se ha hecho con respecto a ese tema durante 2016 fue por impulso de los sindicatos o iniciativas individuales, porque el Estado dejó de encargarse”, dice Estefanía Aguirre -Secretaria de Género de la Ctera-. El desguace del programa de ESI es un elemento más de una lógica de tijeretazos: otros programas educativos destruidos o amputados en el último año fueron el de Orquestas escolares, Nuestra Escuela -programa nacional de formación permanente para docentes que sobre todo sufrió recortes en los cursos de DDHH, género y diversidad-, el programa de Turismo Escolar -gracias al cual niños de todas las provincias viajaban por el país, especialmente a Córdoba y Mar del Plata-, el Plan Fines -para terminar el secundario-, el programa de Radios Escolares, por citar algunos.

¿En qué consiste exactamente el proceso de vaciamiento del programa de ESI? En el 2016 el presupuesto destinado fue la mitad que el asignado el año anterior y llegó después de agosto por lo que se pudo ejecutar sólo una parte. No hubo reimpresión de los materiales, los cuadernos, los videos, la guía institucional. La circulación del material digital fue escasa. A mediados del año pasado se vencieron los contratos de quienes trabajaban en ese programa y no se los renovaron a todos, el resultado es que hay menos capacitaciones para docentes. La subejecución es otra de las estrategias típicas de Cambiemos en ese sentido: “El dinero necesario para implementar el programa llegó recién en agosto. En octubre se deben hacer la rendiciones, entonces, por supuesto, no hubo tiempo para invertir todo el dinero, y lo que sobra hay que devolverlo”, dice Cristina Etchegoyen.

A marzo

Lo que también ha quedado mutilado es la coordinación entre la Nación y las provincias. Bajo el pretexto de federalizar, el Estado nacional se desliga de responsabilidades, le encarga a cada jurisdicción la gestión de programas educativos y le traslada partidas presupuestarias. “Se lavan las manos: dejan al azar la implementación de los programas, que cada provincia aplique lo que quiera y pueda, que en general es muy poco”. Hasta el 2015 las capacitaciones en Educación Sexual Integral habían llegado a casi todas las provincias con excepción de San Juan -que por decisión del gobierno provincial directamente devolvió los materiales-, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe y Ciudad de Buenos Aires. Dejar que cada provincia implemente el programa a su antojo es una estrategia sospechosamente similar a la de no abrir una paritaria nacional, en la que además de fijar el piso salariar para todos los docentes, se discute también la coordinación de los programas nacionales.

Abriendo las cabezas

En los últimos años en muchos distritos se había logrado un acuerdo para terminar con la maníaca división del rosa y el celeste y unificar los colores de los guardapolvos de jardín de infantes. No porque la ley lo impusiera directamente sino como resultado de discusiones en torno a cómo romper con los estereotipos de género que la ley alimentó. La ESI fue propulsora por ejemplo de que en muchos colegios cambiara la manera de formar, ya no más en filas que separen tajantemente niños versus niñas, sino filas mixtas. Las maestras, cuenta Cristina Etchegoyen, estimuladas por los debates de género y diversidad que se fueron colando en el aula, “nos empezamos a preguntar dónde está la infancia trans, porque históricamente, y dolorosamente, no la hemos visto adentro de la escuela.” Y en una Jornada allá por 2015 una colega trans le contestó: está en la calle y la escuela nos tiene que ir a buscar. “Lo que quiero decir con esto es que como docentes estábamos recién empezando a abrir nuestras cabezas en parte gracias a la ESI, que a pesar de sus marchas y contramarchas nadie puede negar que fue una política de Estado. En provincia de Buenos Aires hay algunas maestras trans y, que yo conozca, un maestro trans. Han hecho en la escuela su transición sin grandes dificultades. Para esto ayudó la ley de identidad de género pero también ayudaron los efectos de diez años de ESI. Se había generado cierto clima. Pero el nuevo gobierno ha truncado ese proceso.”

*Información de la imagen: Docentes de la Asamblea Lésbica Permanente (Imagen: Sebastián Freire)

*Fuente: https://www.pagina12.com.ar/24707-la-deseducacion

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Argentina: De paritarias, silencios y luchas

Por: notas.org.ar/ Leticia Garziglia/10-03-2017

A fines de la década de los ochenta cuando Carlos Saúl Menem asumió la presidencia de la Nación, la crisis económica y social había cobrado proporciones desmesuradas. Estas políticas implicaron una reforma del Estado y de sus funciones, reduciendo su “gasto” para “resolver los desequilibrios fiscales”. Con estos argumentos (sumados al de su insuficiente calidad) se transfirieron al sector privado prestaciones como la luz, el gas, el teléfono, la previsión social, entre otros. No era aún tan fácil “sacarse de encima” a las escuelas y hospitales de la misma manera. Felizmente, la sociedad argentina tiene ciertos pisos de conciencia construidos.

Haciéndose eco de las resoluciones del Congreso Pedagógico Nacional llevado a cabo durante el alfonsinismo, el nuevo gobierno pudo transferir a las provincias la responsabilidad sobre la enseñanza inicial, primaria y secundaria. Así es como hizo responsables a los gobernadores provinciales de cualquier gestión, conflicto o logro que debieran adjudicarse.

Esto no impidió que hacia fines de la década y ante el desfinanciamiento educativo, en 1997, se instalara frente al Congreso Nacional la famosa Carpa Blanca, sostenida durante 1003 días por trabajadores y trabajadoras de la educación de todo el país y legitimada por el apoyo de amplios sectores de la sociedad, que en total sumaron tres millones de visitas.

El contexto económico, social y político desincentivaba la formación docente y la voluntad de ejercer la profesión. El vaciamiento del Estado de esa época se tradujo también en las pésimas condiciones en las que están hasta el día de hoy muchas de las escuelas públicas y en la famosa insuficiente “calidad” de la educación, entendida como las exiguas habilidades de muchos egresados y egresadas para comprender textos en profundidad, estudiar autónomamente y otras aptitudes deseables.

Recomposición y nuevos pisos de inclusión

Durante los años kirchneristas, la recomposición del salario docente cambió la realidad de las familias de los y las trabajadores de la educación. Un salario que permitiera al menos vivir, era posible. Las condiciones, claro: trabajar en varias escuelas, varios turnos, ser el famoso “profesor-taxi” y descansar poco con fines de semana recortados por tener pilas de trabajos para corregir. Pero al menos se podía vivir de eso. Tampoco fue estructural la recomposición debido a la misma descentralización ya mencionada.

La ley que establece las paritarias se cumplía, aunque el argumento de “el gobierno nacional no tiene escuelas a cargo” permitía cerrar la discusión en un humilde piso y que cada provincia negociara por separado. Las más perjudicadas eran siempre aquellas con menor presupuesto, cuyos docentes debían conformarse con que ese piso fuese también su techo.

El mismo argumento desresponsabilizador servía al Ejecutivo nacional cuando se hablaba de la gestión de las escuelas, la infraestructura edilicia, las condiciones de enseñanza y aprendizaje, la falta de gabinetes psicopedagógicos y de instancias de contención social y pedagógica en los establecimientos educativos. Estas problemáticas enfrentaron innumerables veces al gobierno nacional con algunos Ejecutivos provinciales y, obviamente, con el de la Ciudad de Buenos Aires (CABA), en ese entonces a cargo de Mauricio Macri.

Sin embargo, hay que ser justos y reconocer que ese mismo gobierno se encargaba de equipar los establecimientos o resolver problemas de infraestructura en lugares específicos. A la vez, implementaba programas sociales y educativos que lograban tapar parcialmente algunas deficiencias de las gestiones provinciales. Programas como “Jóvenes y Memoria” (impulsado por la Comisión Provincial de la Memoria, pero apoyado por el Estado), “Conectar Igualdad” y la distribución de libros en escuelas de todo el país fueron algunos de las iniciativas más significativas de la gestión.

Por último hay que decir que los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner dejaron tras de sí una batería normativa orientada a garantizar ciertos niveles de inclusión e igualdad de derechos (Asignación Universal por Hijo, obligatoriedad de la escuela secundaria, Ley de Educación Sexual Integral, entre otras).

En síntesis, no es desacertado afirmar que el kirchnerismo resolvió o intentó resolver algunas de las problemáticas heredadas de los noventa, aunque ninguna de ellas fue a fondo con la cuestión estructural de que el gobierno nacional vuelva a hacerse cargo de las escuelas y así poder garantizar las tan mentadas “inclusión” y “calidad”.

Durante esos años la lucha docente no dejó de existir, aunque fue más fragmentada. Con sindicatos mayoritarios alineados ideológicamente al gobierno nacional y paritarias muy dispares en las provincias, los conflictos eran de carácter provincial o local la mayoría de las veces.

El silencio del ajuste

El mismo argumento del “no tener escuelas a cargo” es hoy la excusa para el incumplimiento de la ley: ¿cómo se va a sentar a negociar el ministro nacional si no tiene escuelas que gestionar ni docentes a quienes pagar?. “El motivo de las paritarias ya está resuelto”, decía Marcos Peña la semana pasada, olvidándose de que es un deber que se lleven a cabo cada año las negociaciones a nivel nacional, previamente a las discusiones provinciales.

Discusiones locales que al actual ministro de Educación nacional lo formaron en evasión de derechos: “Para vencer a la resistencia, lanzamos muchas iniciativas al mismo tiempo. Mientras el gremio focaliza en una, avanzás con las otras once”, decía en 2014 en la Academia Nacional de Educación ante un auditorio que se reía y lo aplaudía. La táctica es perfecta, y al parecer, el ministro tiene varios años de experiencia.

También aplican la táctica del silencio, que responde a la estrategia del no hacerse cargo. Que después del paro y marcha multitudinaria de esta semana ningún funcionario nacional se haya expresado al respecto y que incluso se hayan suspendido algunas mesas salariales por parte de Ejecutivos locales (por ejemplo en CABA) no es casualidad.

El silencio habla, y dice -otra vez-: “El Ministerio de Educación nacional no tiene escuelas, no es empleador, y tampoco está interesado en hacerse cargo de ellas”.

Pero esto excede además el terreno de la política educativa y se acopla con la política del macrismo en términos económicos y laborales. Económicos: ajuste y disminución de todo “gasto” público. Laborales: ya han manifestado su intención de rever los convenios colectivos de trabajo. Querrían, para poder llevar a cabo con más tranquilidad sus políticas de ajuste económico, eliminar las paritarias (“para bajar la inflación”) o descentralizarlas.

Con un gobierno que ajusta y avanza, con una corporación mediática cuyos “análisis” no pasan de clasificar a los docentes como “secuestradores” de los alumnos-rehenes, con un voluntariado tuitero y una gobernadora que le hace guiños (o, digamos mejor, lo organiza), vuelve a tomar envión la idea de la práctica docente como vocación, como una práctica heroica de la cual son sólo merecedores aquellos capaces de soportar condiciones de trabajo indignas y salarios que no llegan al 60% del de los demás profesionales.

El mismo gobierno que ha venido pregonando la idea de unir a los argentinos es el más beneficiado con un sistema descentralizado, fragmentado que, desde principios de los noventa, nadie osó cambiar.

Son inteligentes y vienen por todo. Pero las calles hablan por sí solas. La fragmentación impulsada tuvo este lunes como contracara la unidad en la lucha. Alguien va a tener que escuchar.

@letigarziglia

Foto: Fabiana Montenegro

*Fuente: https://notas.org.ar/2017/03/09/paritarias-silencios-luchas/

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Lo que podemos aprender de China

www.laprensa.com.ni/Lylliam Huelva/10-03-2017

En las provincias de China que participan en PISA se emplea un sistema de monitoreo al desempeño docente, que permite implementar medidas correctivas, que es un insumo para elaborar planes de carrera

Hace unas semanas, cuando estábamos en proceso de la elaboración del estudio La calidad de la Educación en Nicaragua: ¿goza la niñez de las mismas oportunidades?, tuve la oportunidad de leer el artículo ¿Qué es una “buena” escuela? Los casos de China y LAC.El artículo hacía un interesante recorrido sobre las diferencias entre ambos sistemas de educación y sobre algunas características que compartían ambas regiones, como las tasas de matrícula y de finalización en primaria y secundaria, y un porcentaje de inversión en relación al PIB similar en educación.

Sin embargo, en materia de calidad, el artículo señalaba que los estudiantes de China obtuvieron mejores puntajes que los estudiantes de los países de América Latina y el Caribe que participaron en los exámenes aplicados en el marco del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) en 2015.A partir de la comparación entre características de las escuelas de China y América Latina y el Caribe, el artículo ¿Qué es una “buena” escuela? Los casos de China y LAC resalta las siguientes diferencias:—El sistema educativo de China incorpora más instrumentos de evaluación del desempeño académico. Los estudiantes de China no solo deben hacer un examen para ingresar a la universidad, incluso para asistir a secundaria media y superior deben aprobar una prueba.—El sistema educativo de China brinda autonomía pedagógica y financiera a las escuelas. En América Latina y el Caribe, algunos países que habían iniciado este proceso, lo abandonaron o el modelo es limitado. En China, las escuelas además de decidir sobre el 20 por ciento del currículo escolar, también son animadas a innovar, un proceso donde puede participar el sector privado.—En las provincias de China que participan en PISA (Beijing, Shanghái, Jiansu y Guandong) se emplea un sistema de monitoreo al desempeño docente, que permite implementar medidas correctivas, que es un insumo para elaborar planes de carrera. En América Latina y el Caribe, algunos países todavía carecen de estos sistemas.
En China, los docentes pasan un año de prueba antes de ser contratados formalmente y sus aumentos salariales están ligados al desempeño.—Otra diferencia entre los sistemas es la duración del calendario y la jornada escolar. En América Latina, en promedio, la jornada escolar es de 180 días, en cambio en China es de 200 días.Aunque Nicaragua no participa en PISA, el modelo educativo de Nicaragua guarda similitudes con el modelo de América Latina y el Caribe. En Nicaragua, los estudiantes no deben aprobar pruebas para promoverse de nivel; el modelo de autonomía escolar se eliminó; tampoco se cuenta con un sistema de evaluación y monitoreo docente; y el calendario escolar dura menos de 200 días.
Los resultados de la investigación La Calidad de la Educación en Nicaragua: ¿goza la niñez de las mismas oportunidades?, realizada por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) a partir de la base de datos del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Terce), encuentra una asociación positiva entre la asistencia y puntualidad docente con el logro académico de los estudiantes, así como con la satisfacción salarial. Por lo cual, la discusión sobre incorporar un sistema de evaluación al desempeño docente que contemple incentivos e indicadores, entre ellos la puntualidad y asistencia, de donde se desprendan planes de carrera ligados a remuneración toma relevancia. Estos factores deben valorarse para incrementar el atractivo de la carrera docente, a fin de retener y atraer recurso humano de calidad.
La autora es economista de Funides.
*Fuente: http://www.laprensa.com.ni/2017/03/10/opinion/2195867-lo-que-podemos-aprender-de-china
*Fuente de la imagen: http://asiainfonews.com/noticias/china/politica/20993-china-inviertira-fuerte-suma-economica-en-educacion-primaria/
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Estudiantes de colegio femenino afgano fueron atacadas con agentes químicos

Desde mediados del año pasado se registró en el país una oleada de este tipo de envenenamientos en la que se vieron afectadas centenares de niñas

Asia/Afganistan/Elnacional

Al menos 81 niñas tuvieron que ser hospitalizadas hoy después de que un grupo de hombres armados sin identificar atacasen con sustancias químicas tóxicas el patio de un colegio femenino en la provincia de Faryab, en el noroeste de Afganistán, informó a Efe una fuente oficial.

Los atacantes lanzaron los agentes químicos poco antes del mediodía en el Instituto Femenino Mir-Sayed, en el distrito de Qarghan, lo que provocó que muchas de las víctimas perdiesen el conocimiento, indicó el portavoz de la Policía provincial, Karim Yorash.

“En este incidente, 81 niñas fueron envenenadas y la mayoría de ellas se desmayaron tras inhalar los agentes químicos, lanzados a la escuela por hombres sin identificar”, detalló la fuente.

Las jóvenes fueron trasladadas a un hospital del vecino distrito de Balkhab y la mayoría de ellas se encuentran “estables” y “fuera de peligro”, por lo que fueron dadas de alta a lo largo del día.

La Policía ha iniciado una investigación para determinar qué tipo de sustancia fue utilizada en el ataque y tratar de encontrar a los culpables, agregó Yorash, al detallar que todavía no se ha realizado ningún arresto en relación al caso.

Sin embargo, portavoces de los rebeldes han negado su implicación en esos sucesos y han asegurado incluso que un nuevo Gobierno en Afganistán liderado por ellos permitiría la educación femenina.

Desde la caída de los talibanes a raíz de la invasión estadounidense en 2001, la comunidad internacional ha puesto énfasis en impulsar la educación femenina en Afganistán.

Fuente: http://www.el-nacional.com/noticias/medio-oriente/estudiantes-colegio-femenino-afgano-fueron-atacadas-con-agentes-quimicos_84414

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Dejad de propagar el Mito de los Estilos de Aprendizajes.

Por: Evidencia en la Escuela. Paul A. Kirschner.

Resumen

Los seres humanos nos diferenciamos unos de otros en multitud de formas, y como tal, nuestras preferencias varían en cuanto a música, alimentación o aprendizaje, por ejemplo. Como resultado, a muchos estudiantes, padres, profesores, administradores, e incluso investigadores, les parece intuitivamente correcto decir que como las personas prefieren aprender de forma visual, auditiva, cinestética, u otras, deberíamos adaptar la enseñanza, las situaciones y los recursos educativos a estas preferencias. ¿Es esto un problema? La respuesta es un rotundo ¡Sí! En términos generales hay varios problemas importantes con respecto a los estilos de aprendizaje. En primer lugar, hay una gran diferencia entre el modo en que alguien prefiere aprender y lo que realmente le lleva a un aprendizaje eficaz y eficiente. En segundo lugar, las preferencias de estudio no son estilos de aprendizaje. La mayoría de los llamados estilos de aprendizaje están basados en clasificar a las personas en grupos. Sin embargo, los estudios objetivos pocas veces tienen en cuenta que una persona se puede asociar a distintos grupos. Finalmente, casi todos los estudios que presentan pruebas sobre estilos de aprendizaje, no satisfacen los criterios elementales de validez científica. Basado en la evidencia científica, este artículo pide a profesores, administradores e investigadores, que dejen de propagar el mito de los estilos de aprendizaje.

“Ninguna suma de creencias hace de algo un hecho” – James Randi

“Todo hombre tiene derecho a su propia opinión, pero ningún hombre tiene derecho a equivocarse en sus actos” – Bernard Baruch[1]

A continuación, un comentario invitado para esta revista, que además pretende servir de carta abierta a todos mis colegas académicos que investigan en esta área de conocimiento, a editores, a miembros de consejos editoriales y/o a revisores de revistas científicas como esta. En 2013 publiqué un artículo en Educational Psychologist con mi buen amigo y colega Jeroen van Merriënboer titulado “¿Saben realmente los estudiantes lo que es mejor para ellos? Leyendas urbanas en educación”. En dicho artículo discutimos una serie de leyendas urbanas que influyen en la enseñanza y la educación, tales como los estilos de aprendizaje, los nativos digitales, la multitarea, la pirámide de aprendizaje, entre otras. Basado en un tuit mío relacionado con un artículo publicado en Computers & Education, los editores se dirigieron a mí de la siguiente manera:

El 18 de agosto usted tuiteó: “¡La revista científica Computers & Education publica bulos sobre estilos de aprendizaje! ¿Cuándo los editores van a parar este absurdo?” Esto se relacionó con el reciente artículo  sobre estilos de aprendizaje en nuestra revista.

Creemos que los lectores de nuestra revista estarán interesados en una indagación más detallada sobre los estilos de aprendizaje, por lo que queremos pedirle que escriba un “comentario invitado” sobre este tema.

La esencia de mi crítica a los estilos de aprendizaje es que no hay una base científica real para la proposición (más bien debería ser considerada una creencia) de que (1) un alumno tiene realmente cierto estilo de aprendizaje óptimo, (2) este es consciente de cuál es su estilo de aprendizaje personal y/o hay una manera confiable y válida para determinar este estilo, y (3) un aprendizaje e instrucción óptimos implican, primero determinar este estilo de aprendizaje, y luego alinear la instrucción en consecuencia.

El supuesto en que se basan los estilos de aprendizaje es que los profesores, instructores, diseñadores educativos, desarrolladores pedagógicos, etc., deben adoptar el estilo de aprendizaje que, (1) los estudiantes dicen que tienen o (2) el determinado por alguno de los instrumentos existentes (por ejemplo, cuestionarios de estilos de aprendizaje), lo cual determina qué se debe tener en cuenta con respecto al estudiante, al diseñar, desarrollar, e impartir la instrucción. Al hacer esto, se facilitará un aprendizaje óptimo y se permitir el pleno desarrollo del estudiante para lograr resultados óptimos. Aunque esta idea parece intuitivamente atractiva y suena como si tuviera cierto grado de validez, hay dificultades fundamentales tanto en el diagnóstico de los estilos de aprendizaje como en la alineación de la instrucción con estos estilos. En el resto de este comentario intentaré aclarar cuáles son estos problemas.

En nuestro artículo (Kirschner y van Merriënboer, 2013) planteamos primero que los estilos de aprendizaje clasifican mal (en realidad encasillan) a los estudiantes. La mayoría de los estilos que se han “determinado” se basan en tipos. El estudiante no se asocia a un estilo basado en un conjunto de medidas en diferentes dimensiones, sino que se clasifica en un grupo específico, a menudo exclusivo (para una panorámica sobre estilos de aprendizaje véase Cassidy, 2004; Coffield, Moseley, Hall y Ecclestone, 2004,). El primer problema aquí es que la gente no puede simplemente agruparse en grupos específicos y distintos como muestran varios estudios (véase, por ejemplo, Druckman & Porter, 1991). La mayoría de las diferencias entre personas en cualquier dimensión que uno pueda imaginar son graduales y no nominales. Incluso la clasificación sexo/género que hasta hace poco se consideraba dicotómica ha demostrado ser más matizada que eso. Los defensores del uso de estilos de aprendizaje tienden a ignorar esto y usan criterios arbitrarios, como una mediana o una media en una cierta escala para asociar a una persona con un estilo específico.

Con respecto a este simple encasillamiento de los estudiantes, Barbara Prashnig (2005), quien podría ser considerada partidaria de los estilos de aprendizaje, y quien ha desarrollado instrumentos de estilos de aprendizaje, escribe que en uno de los instrumentos de estilos de aprendizaje más complejos y detallados del mercado [el Analizador de Estilos de Aprendizaje (Learning Style Analysis, LSA)] hay al menos 49 elementos diferentes… [con]… complejas combinaciones de estilos, matizadas por grados de necesidades que van desde preferencias claras a ninguna preferencia, pasando por preferencias flexibles. Dados los numerosos componentes de los estilos… no es posible etiquetar a los estudiantes simplemente seleccionando un rasgo de un estilo como predominante (p. 2).

En cuanto al número de clasificaciones (encasillamientos) que se han creado, Coffield y otros (2004) escriben que “el gran número de dicotomías en la literatura transmite algo de la confusión conceptual actual” (p. 136). En su revisión se refieren a 30 estilos de aprendizaje dicotómicos diferentes en la literatura[2] (ver Tabla 1).

El segundo problema tiene que ver con la validez, confiabilidad y poder predictivo de las pruebas de estilos de aprendizaje que se están utilizando. Stahl (1999) reportó inconsistencias y baja confiabilidad en la medición de estilos de aprendizaje cuando los individuos realizan una prueba específica en dos momentos diferentes. En otras palabras, la fiabilidad entre pruebas es bastante baja. Esto también está relacionado con la información que se utiliza frecuentemente para evaluar los estilos de aprendizaje. El método más utilizado es la autoevaluación. Infortunadamente, la idoneidad de la autoevaluación para evaluar un estilo de aprendizaje es muy dudosa (véase por ejemplo Veenman, Prins, & Verheij, 2003).

La razón es que los estudiantes no son capaces de y/o no están dispuestos a informar lo que en realidad hacen, o lo que creen que hacen. Para ilustrar la falta de fiabilidad de la autoevaluación, Rawson, Stahovich y Mayer (2016) les preguntaron a un grupo de estudiantes cuándo hicieron su tarea y cuánto tiempo trabajaron en ella. También les dieron a estos estudiantes un “bolígrafo inteligente”, el cual indicaba cuándo y cuánto tiempo trabajaban en su tarea. Si bien hubo una significativa correlación positiva (r=,44) entre la cantidad de tiempo que los estudiantes pasaron trabajando en su tarea (medido por el “bolígrafo inteligente”) y la nota obtenida por los estudiantes en el curso, no hubo correlación significativa (r=‑-,16) entre la nota y el tiempo que los estudiantes dijeron haber dedicado a la tarea. En otras palabras, no hubo una correlación real entre la autoevaluación subjetiva y la medición objetiva. Además, la mayoría de los estudiantes (88%) sobrevaloraron el tiempo que dedicaron la tarea. Por último, Massa y Mayer (2006), encontraron que cuando los estudiantes informaban su preferencia por la información verbal en lugar de la información visual, esta preferencia solo estaba débilmente relacionada con sus habilidades reales medidas objetivamente (es decir, su capacidad espacial).

Además, la forma aprendizaje preferida según las autoevaluaciones suele ser un mal indicador de la forma más eficaz de aprender; lo que las personas prefieren no es, por definición, lo mejor para ellos. Knoll, Otani, Skeel y Van Horn (2016) concluyen que los estilos de aprendizaje están asociados con aspectos subjetivos del aprendizaje, y no con aspectos objetivos. En otras palabras, cabe preguntarse si realmente los estudiantes saben lo que es mejor para ellos. Clark (1982) publicó un metaanálisis crítico con respecto a la preferencia del alumno a la hora de elegir un cierto tipo de instrucción, y encontró que con frecuencia dicha preferencia tenía una correlación negativa con el qué y el cuánto se aprendió, y que en el mejor de los casos, no existía correlación alguna. Dicho de otra manera, aquellos estudiantes que dijeron preferir una forma particular de aprender, en la mayoría de los casos no tuvieron mejores resultados usando dicha forma, o incluso mostraron peor rendimiento. Este autor usó el término matematántico[3] (del griego mathema = un estudio donde algo es aprendido + thanatos = muerte) para describir un método de instrucción que por un lado coincide con la forma favorita de aprender del alumno, pero que a la vez es improductivo o perjudicial para su aprendizaje (Clark, 1989). En tal caso, un modelo de instrucción compensatorio o incluso remedial (véase Salomon, 1971, así como Berliner & Cahen, 1973, cuando discuten las interacciones rasgo-tratamiento) es probablemente un mejor enfoque, encaminado a compensar los efectos no deseados de una predisposición o preferencia específica (van Merriënboer, 1990). Para ponerlo en un contexto diferente, mientras que la mayoría de las personas prefieren los alimentos dulces, salados y/o grasos, creo que todos estaremos de acuerdo en que esa no es la mejor dieta a seguir, salvo que pretendamos poner en riesgo nuestra salud y ganar peso.

Tabla 1. 30 Estilos de aprendizaje discutidos en Coffield y otros (2004)

· Convergentes vs. divergentes · Verbales vs. visuales
· Holísticos vs. seriados · Profundos vs. superficiales
· Activos vs. reflexivos · Pragmáticos vs. teóricos
· Adaptadores vs. innovadores · Asimiladores vs. exploradores
· Dependiente vs. independiente del campo · Globalistas vs. analistas
· Asimiladores vs. acomodadores · Imaginativos vs. analíticos
· No comprometidos vs. pujantes · Estudiantes de sentido común vs. dinámicos
· Estudiantes concretos vs. abstractos · Estudiantes aleatorios vs. secuenciales
· Iniciadores vs. razonadores · Intuicionistas vs. analistas
· Extrovertidos vs. introvertidos · Detección vs. intuición
· Pensamiento vs. sentimiento · Juzgar vs. percibir
· Cerebral izquierdo vs. derecho · Significado-directo vs. indirecto
· Teóricos vs. humanistas · Activos vs. teóricos
· Pragmáticos vs. reflexivos · Organizadores vs. innovadores
· procesadores secuenciales izquierdo / analíticos / inductivos vs. procesadores simultáneos derechos / globales / deductivos · Ejecutivo, jerárquico, conservador vs. legislativo, anárquico, liberal

Con respecto a la fiabilidad y validez de determinar el estilo de aprendizaje de una persona, Coffield y otros (2004) revisaron los 13 instrumentos más utilizados para determinar los estilos de aprendizaje con respecto a criterios psicométricos elementales, o sea, consistencia interna, fiabilidad entre pruebas, validez del constructo y validez predictiva (véase Tabla 2; Tabla 44 en su artículo).

Tabla 2. Trece modelos/instrumentos de estilos de aprendizaje y su cumplimiento de criterios elementales. (Coffield y otros, 2004; las referencias a estos instrumentos pueden encontrarse en dicho artículo).

13 modelos de estilos de aprendizaje y su cumplimiento de criterios elementales.+ satisface criterio⨯ no satisface criterio— falta evidencia o no está claro

Nota: Evaluación “externa”, o sea, no dirigida o supervisada por los autores del modelo.

Consistencia interna Fiabilidad entre pruebas Validez  del constructo Validez predictiva
1 Jackson
2 Riding
3 Sternberg
4 Dunn and Dunn +
5 Gregorc +
6 Honey and Mumford +
7 Kolb +
8 Entwistle + +
9 Herrmann + +
10 Myers-Briggs + +
11 Apter + + +
12 Vermunt + + + +
13 Allinson and Hayes + + + +

fig-1

Fig. 1. Interacción cruzada

Los autores concluyen que tres de los modelos (Jackson, Riding, e inteligencias múltiples de Sternberg) no se asociaron con ninguno de los cuatro criterios, cuatro (Dunn & Dunn, Gregorc, Honey & Mumford, y Kolb) se correspondieron con un solo criterio, tres (Entwistle, Herrmann, e indicador de tipo de personalidad de Myers-Briggs) con dos criterios, dos (Apter y Vermunt) con tres criterios y uno solo se asoció con los cuatro criterios (indicador de estilo cognitivo de Allinson & Hayes), pero este instrumento midió estilos cognitivos y no estilos de aprendizajes.

Nosotros concluimos en nuestro artículo (Kirschner y van Merriënboer, 2013):

Cuando en el diseño de la enseñanza se tienen en cuenta las diferencias entre los estudiantes, se debería evaluar las habilidades cognitivas más que los estilos de aprendizaje preferidos, porque las habilidades predicen mejor cómo las personas aprenden más eficazmente. Además, estas habilidades cognitivas deben ser medidas objetivamente en una escala ordinal, más que por autoevaluaciones subjetivas que son usadas para asociar personas con tipos en base a uno o más criterios arbitrarios.

Como un experimento imaginario, ignoremos todas las dificultades discutidas en relación con la medición y la determinación de los estilos de aprendizaje, y entonces preguntémonos si deberíamos adaptar la instrucción a los estilos de aprendizaje preferidos o determinados. Aquí, la hipótesis de los estilos de aprendizaje (Pashler, McDaniel, Rohrer, y Bjork, 2009) es importante, o sea, que se encontrará una interacción cruzada (véase Fig. 1) en la cual un tipo específico de estudiante aprende significativamente mejor con un método de enseñanza adaptado a su estilo de aprendizaje, mientras que otro tipo específico diferente de estudiante con un estilo de aprendizaje opuesto, aprende mejor con un método de instrucción adaptado a su estilo.

Por ejemplo, de acuerdo a esta hipótesis, los estudiantes que prefieren aprender de forma verbal, aprenderán mejor cuando se les enseña a través de métodos de instrucción verbales (por ejemplo, cuando se les da a leer un libro o un artículo), pero tendrán un bajo rendimiento al aprender con vídeos. En cambio los que prefieren aprender de manera visual, aprenderán mejor cuando se les enseña a través de métodos de instrucción visuales (por ejemplo, cuando se les orienta que vean un video) que cuando aprenden leyendo un libro. Lo importante aquí es que no es suficiente que se encuentre una interacción estadísticamente significativa entre un estilo y un método. Solo una interacción cruzada real se puede usar para confirmar las hipótesis de los estilos de aprendizaje.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, cabe cuestionarse si existen suficientes estudios que presenten interacciones cruzadas robustas entre estilo y método, independientemente de si se usa un modelo preferencial, correctivo o compensatorio como base de las interacciones. Infortunadamente para los partidarios de los estilos de aprendizaje, este no es el caso (véase Coffield y otros, 2004, Pashler y otros, 2009, y Rohrer & Pashler, 2012). Pashler y otros (2009, p. 105) concluyen que “actualmente, no existe una base de evidencias adecuadas para justificar la incorporación de las evaluaciones de los estilos de aprendizaje en la práctica educativa general. Por lo tanto, sería mejor dedicar los limitados recursos educativos a la adopción de otras prácticas educativas que tengan una sólida base en evidencias, de las cuales hay un número cada vez mayor”.

En contraste, una serie de estudios recientes, bien diseñados, contradicen la hipótesis de los estilos de aprendizaje. Pashler y otros (2009) afirmaron que una investigación rigurosa sobre los estilos de aprendizaje debe seguir tres pasos:

  1. Comenzar examinando el supuesto estilo de aprendizaje de los encuestados en el estudio Rogowsky, Calhoun y Tallal (2015), por ejemplo, examinando los estilos de aprendizaje visual versus auditivo.
  2. Distribuir aleatoriamente los participantes en grupos donde la mitad debe recibir una instrucción que coincida específicamente con su estilo de aprendizaje y la otra mitad, una instrucción que coincida con el estilo opuesto (por ejemplo, los estudiantes visuales de un grupo deben leer, mientras que los alumnos visuales del grupo de control deben escuchar).
  3. Asignar a todos los participantes la misma prueba.

Teniendo en cuenta estos tres pasos, Constantidinou y Baker (2002), por ejemplo, no encontraron relación alguna entre tener un supuesto estilo de aprendizaje visual y el aprendizaje de elementos verbales presentados de manera visual o auditiva. Massa y Mayer (2006) tampoco encontraron nada que apoyara la idea de que los diferentes métodos de enseñanza, enfatizando la información pictórica o verbal, eran de beneficio, de forma cruzada, para los visualizadores y verbalizadores, respectivamente. Se han encontrado resultados negativos similares para otros estilos de aprendizaje. En la enseñanza médica, Cook, Thompson, Thomas y Thomas (2009), no encontraron apoyo para la premisa de que trabajar desde los problemas a la teoría (es decir, siguiendo un enfoque inductivo) o de la teoría a los problemas (es decir, siguiendo un enfoque deductivo), conduciría a un mejor aprendizaje para los estudiantes sensores/concretos y los estudiantes intuitivos/abstractos, respectivamente. Por último, Rogowksy, Calhoun y Tallal (2015) no encontraron relación alguna estadísticamente significativa entre la preferencia por un estilo de aprendizaje particular (por ejemplo, auditivo, visual) y el aprendizaje (por ejemplo, la comprensión auditiva y la comprensión lectora).

La lista de estudios que demuestran el absurdo de los estilos de aprendizaje es abrumadora. A continuación dos interesantes citas relacionadas con el gran número de estudios sobre estilos de aprendizaje:

Para Morrison, Ross, Kalman, y Kemp (2011, p. 59), “a pesar de la extensa bibliografía sobre estilos de aprendizaje, subsisten interrogantes sobre el grado en que tales estilos pueden adaptarse a los métodos de enseñanza con algún beneficio para el aprendizaje (Knight, Halpin, & Halpin, 1992; Park & Lee, 2004; Snow, 1992).

Para Dembo y Howard (2007, p.107), “…los instrumentos de estilo de aprendizaje no han demostrado ser válidos y confiables, no hay beneficio en adaptar la instrucción al estilo de aprendizaje preferido y no hay evidencia de que comprendiendo su estilo de aprendizaje mejore su aprendizaje y sus resultados… Rogamos a los educadores que reconsideren sus prácticas de instrucción, especialmente el consejo que dan a sus estudiantes sobre los estilos de aprendizaje, y basen sus prácticas en una investigación sólida”.

Para terminar, hay cuatro conclusiones que se pueden plantear con respecto a los estilos de aprendizaje y los estudios asociados a estos:

  1. La premisa de que hay estudiantes con diferentes estilos de aprendizaje y que deben recibir instrucción utilizando métodos que coincidan con esos estilos, no es un hecho “probado”, sino más bien una creencia respaldada por escasa, si acaso alguna, evidencia científica.
  2. Hay muchos problemas fundamentales en cuanto a la medición de los estilos de aprendizaje.
  3. La base teórica para las interacciones entre los estilos de aprendizaje y los métodos de enseñanza es muy escasa.
  4. La evidencia empírica significativa para la hipótesis de los estilos de aprendizaje es casi inexistente.

En otra referencia, Coffield y otros (2004) afirman que el concepto de estilos de aprendizaje está tan mal definido que es prácticamente inútil para la instrucción. Wheeler (2011) resumió esta afirmación así: “Probablemente la única razón por la que algunos profesores (y muchas instituciones educativas) se aferran a la idea de experimentar con estilos de aprendizaje, es que es conveniente hacerlo, y que de abandonar la idea por completo, tendrían que trabajar más duro con los estudiantes”.

A esto solo puedo añadir que cuando los maestros dicen que tienen pruebas de que el uso de estilos de aprendizaje funciona, la “prueba” que dan es principalmente anecdótica. Según Rosenthal y Jacobson (1992), lo que ven y/o experimentan es, probablemente, que cuando los maestros esperan un mejor desempeño de sus estudiantes, el desempeño es mejorado. Esto se conoce como efecto Pigmalión o Rosenthal, donde unas expectativas más altas conducen a un aumento en el rendimiento. Rosenthal sostiene que tales expectativas sesgadas afectan la realidad y crean profecías auto-realizables. Relacionado con esto, Reiner y Willingham (2010) declaran:

…la teoría de estilos de aprendizaje ha logrado convertirse en “conocimiento común”. Su amplia aceptación sirve como una razón, lamentablemente, para creer en ella. Esto se acompaña de un conocido fenómeno cognitivo llamado confirmación sesgada. Al evaluar nuestras propias creencias, tendemos a buscar información que confirme nuestras creencias e ignorar la información contraria, incluso cuando la encontramos repetidamente. Cuando vemos a alguien que profesa ser un aprendiz visual y sobresale en geografía y un alumno auditivo sobresale en música, no buscamos la información que refute nuestra interpretación de estos eventos (¿Puede el alumno auditivo aprender geografía a través de la escucha? ¿Puede el alumno visual mejorar en la música viéndola?)

Newton (2015) encontró que una abrumadora mayoría (89%) de los recientes artículos de investigación, con el rango de fechas del 23 de julio de 2013 al 23 de julio de 2015, que figuran en las bases de datos de investigación ERIC y PubMed, apoyan implícita o directamente el uso de estilos de aprendizaje en la educación superior. Queremos hacer un llamamiento a la comunidad científica en esta área a hacer las cosas como corresponde. Howard-Jones (2014), presentando un estudio que llevó a cabo con Dekker, Lee, Howard-Jones y Jolles en 2012, encontró que el 95% de los profesores en Gran Bretaña, Holanda, Turquía, Grecia y China, estaban convencidos de que “los individuos aprenden mejor cuando reciben información en su estilo de aprendizaje preferido (por ejemplo, visual, auditivo o cinestético)”.

Somos creadores y guardianes de nuevos conocimientos. Lo que estudiamos y/o publicamos puede y debe tener un impacto tanto en el mundo científico en el que nos desempeñamos como en el mundo educativo al que servimos. Como tal, es nuestro deber solemne investigar y publicar siguiendo buenas prácticas científicas, independiente de resultados positivos significativos, y combatir la difusión de la pseudociencia, los mitos y las mentiras abiertas. No hay beneficio que se pueda obtener al adaptar y diseñar la educación y la instrucción a estos denominados estilos. De hecho, de acuerdo con los efectos matematánticos de los enfoques preferidos en la instrucción, puede incluso suceder que de aplicar esta práctica, los administradores, maestros, padres, e incluso estudiantes, influyan negativamente en el proceso de aprendizaje, y por ende en los resultados educativos. Con esto en mente, considero necesario, e incluso nuestro deber como investigadores y/o editores y revisores de revistas, no propagar tales mitos. Debemos salvaguardar nuestra credibilidad como investigadores, como (portavoces de la) comunidad científica y trabajar en beneficio de aquellos a quienes servimos, a saber, la comunidad científica y la ciudadanía en general, especialmente educadores y estudiantes.

Agradecimientos

Estoy en deuda de gratitud con Jeroen van Merriënboer, con quien escribí el artículo en que se basa este comentario. También me gustaría agradecer a Pedro de Bruyckere, compañero de batallas quijotescas contra los mitos y las leyendas urbanas en la enseñanza y aprendizaje, quien leyó y comentó la primera versión de este artículo.

Notas

[1] Una variante de este planteamiento es atribuida a Daniel Patrick Moynahan como “Cada cual tiene derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos”, salvo que la referencia de Baruch se realizó hace 24 años.

[2] Si hay “solo” 30 variables dicotómicas que se pueden aplicar a los estudiantes, entonces hay 230 combinaciones diferentes de estos 30 estilos dicotómicos, lo cual significa que hay al menos 1,073,741,824 estilos de aprendizaje diferentes. Si solo contamos los niño(a)s aquí (estimados en 2 billones), esto significa un estilo por cada dos niño(a)s.

[3] Ernst Rothkopf había acuñado ya en 1970 (Rothkopf, 1970) el término actividades matemagénicas (gigneshai = nacer) para referirse a aquellas actividades que dan lugar a un proceso de aprendizaje.

Fuente: https://evidenciaenlaescuela.wordpress.com/2017/02/26/dejad-de-propagar-el-mito-de-los-estilos-de-aprendizaje-paul-kirschner/

Fotografía: google images

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