Centro América/Puerto Rico/24 de febrero de 2017/Fuente: primera hora
¿Sabía que en un salón de la corriente regular -en el que un maestro atiende un promedio de 25 alumnos- al menos cuatro estudiantes tienen una necesidad especial?
En la última década, la cifra de niños inscritos en el programa de educación especial aumentó en más de un 50% lanzando al maestro al gran reto que implica disponer de estrategias y diversos métodos de enseñanza, aun cuando carecen de recursos y de una preparación académica para lograr una educación inclusiva.
Así lo reveló la investigación Educación Especial en Puerto Rico: Necesidades de formación profesional en el magisterio que realizó la Fundación SM y cuyos hallazgos se presentaron ayer en la Universidad del Turabo, en Gurabo, mediante una discusión del tema con un panel de expertos.
Para comprender el escenario, en el conversatorio se destacó que en Puerto Rico hay 160,000 niños (63 mil más que para el 2010) inscritos en el programa de educación especial, lo que representa el 40% de la población total estudiantil.
El gran desafío radica que de ese núcleo de alumnos que requieren una educación diferenciada, el 80% está en un salón de corriente regular.
Y ojo, aunque el macro de estos estudiantes está matriculado en escuelas públicas, el escenario se traslada también a las aulas de los colegios donde la mitad de los maestros atiende -al menos- a dos alumnos de educación especial.
Cabe destacar que este proceso de integración se genera por acuerdos de ley tras el caso de Rosa Lydia Vélez y porque están establecidos en estatutos estatales (Ley 51) y federales (Ley IDEA).
La investigación hace hincapié en que todavía cuando los maestros demuestran una gran disposición hacia la integración, tienen serias dudas sobre la capacitación y apoyo que reciben para esa tarea.
El 80% de los maestros encuestados dijo tener mucha o alguna necesidad de participar en más actividades de desarrollo profesional en el área de educación especial. Entre ellas, mencionaron que les gustaría recibir capacitación en: enseñanza diferenciada, atención a la diversidad, estrategias y técnicas pedagógicas, manera de evaluar a los alumnos, cómo mantener la disciplina y control de grupo, con tenido curricular y el uso de la tecnología en la enseñanza.
Este sentir, y hasta cierto punto frustración de los maestros, invita a la reflexionar sobre cuál debe ser la preparación de los futuros maestros del país.
Así lo destacó una de las asesoras del estudio, la especialista en educación especial y catedrática de la Universidad de Puerto Rico, Yolanda González Román, al agregar que, actualmente, el Reglamento de Certificación del Personal Docente de Puerto Rico en el Departamento de Educación (DE) solo requiere haber aprobado un curso llamado La Naturaleza del Niño Excepcional que toca someramente el tema de inclusión.
Dijo que esa conformidad en las escuelas preparatorias de maestros, como en los requerimientos del DE, “evidencian la necesidad imperante que existe de redefinir y conceptualizar un nuevo perfil del maestro alineado a las necesidades y realidades de la población estudiantil del país”.
Por su parte, el exsecretario del DE, Rafael Aragunde, reconoció “que los escollos los hay y por más que se niegue, el Departamento no tiene fondos suficientes para atender todo lo que se le ha asignado por legislatura históricamente… y da pena, porque no se aprecia el esfuerzo que se hace en la agencia, donde hay buenas intenciones por cumplir con todas las necesidades”.
El resto de los panelistas lo completaron Ada Hernández, directora de la Unidad de Estándares y Assessment del DE y José Torres Valentín, abogado del caso Rosa Lydia Vélez.
Los interesados en obtener más detalles del estudio, pueden acceder a /sm-pr.com/la-investigacion-sobre-la-realidad-educativa.
Fuente: http://www.primerahora.com/noticias/gobierno-politica/nota/retodeeducaciondiferenciadaennuestrasescuelas-1208190/
Imagen: rec-eph.gfrcdn.net/images/tnph3/615/304/1/1/615/304/2017/02/23/crop_6ae76ec3-6f6c-4c43-b3f2-b1f3b48fd015_1.jpg



El objetivo de este experimento era reunir a los alumnos en grupos homogéneos de trabajo para medir el progreso de aprendizaje de la asignatura. Para ello, se utilizaron varios recursos tecnológicos. El primero de ellos fue realizar un test de 44 preguntas, basado en el modelo de Felder y Silverman, a través de encuestas on line con
En base a estas agrupaciones, el estilo de aprendizaje dominante de los estudiantes fue Activo-Visual-Secuencial/Intuitivo. En la primera dimensión (más activo que reflexivo), los estudiantes prefieren un aprendizaje a través de una participación más activa: opinando, reflexionando y actuando. En la segunda dimensión (más intuitivo que sensorial), su tendencia es hacia lo innovador, comprenden rápidamente nuevos conceptos y odian la repetición. Estos alumnos se caracterizan por trabajar con abstracciones y fórmulas matemáticas. En la tercera dimensión (más visual que verbal), la información recibida por los estudiantes debe presentarse de una forma muy visual, con imágenes o diagramas. Y, por último, la cuarta dimensión (más secuencial que global), se recomienda que la información se proporcione de forma progresiva.
Los resultados obtenidos se clasificaron en: principiantes, intermedios y avanzados. El fin era que, una vez acabado el semestre, los alumnos pertenecientes al grupo de principiantes acabaran en el grupo de avanzados.




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