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El éxito universitario se define desde segundo de secundaria

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Según un estudio de la Fundación Barr, el futuro universitario de un alumno puede estar definido tan pronto como desde el segundo grado de secundaria.

En Estados Unidos muchos estudiantes nunca se gradúan de la universidad, ¿a qué se debe esta deserción? Existen diversas investigaciones que han identificado que algunos factores como el género, la etnia o el nivel socioeconómico influyen en el rendimiento y abandono de los estudiantes. Sin embargo, un reciente reporte identifica áreas de oportunidad y estrategias para que los distritos escolares estadounidenses puedan mejorar la preparación de los estudiantes en su camino hacia la universidad.

La Fundación Barr, en colaboración con la firma EY Parthenon, lanzó el reporte Post-secondary success for all: learnings from an analysis of five school districts (“Éxito postsecundario para todos: aprendizajes de un análisis de cinco distritos escolares”, el cual concluye, según su investigación, que el futuro de los alumnos comienza a decidirse desde el segundo año de secundaria.

El estudio rastreó a 7 mil estudiantes de Massachusetts, Nueva Inglaterra, Connecticut y Maine, en Estados Unidos, desde octavo grado hasta los primeros dos años de universidad. Los autores concluyeron que las brechas raciales y socioeconómicas son el gran impedimento para entrar a una institución de educación superior y que una vez dentro, estas trabas disminuyen en importancia.

Los datos del estudio revelaron que existen brechas significativas en los distritos escolares demográficamente diversos entre un grupo y otro. Entre los entrevistados, aquellos que se definen como blancos y asiáticos demostraron tener un 60 % de probabilidad de ser admitidos y tener éxito en la universidad, en comparación con menos del 40 % de los estudiantes afroamericanos o latinos.

El reporte además explica que hay cuatro indicadores de advertencia que aparecen desde el segundo grado de secundaria y que tienen un impacto en el desempeño académico de los alumnos una vez en la universidad:

  1. Asistencia: si faltan mucho a las clases.

  2. Comportamiento: si algún estudiante es suspendido, por ejemplo.

  3. Reprobar: si no pasan uno o más cursos, con énfasis en clases de escritura, lectura y redacción o matemáticas.

  4. Desempeño en las pruebas estandarizadas: si el alumno tiene un mal desempeño en este tipo de examen estatal.

Según la investigación, la presencia de una sola de estas señales es suficiente para que la probabilidad de graduarse de una universidad se reduzca hasta por cinco veces en comparación al resto de sus compañeros.

Sin embargo, no todos los estudiantes muestran un indicador de advertencia, por lo que el reporte recomienda poner atención especial al tercer punto. Quienes no reprueban materias tienen 2.5 veces más probabilidad de tener éxito a nivel superior que aquellos que lo hicieron. Según los autores, esto significa que su desempeño en secundaria puede impactar su capacidad de graduarse de la universidad, obtener un trabajo y un buen salario. Por eso, el reporte hace hincapié en la importancia de monitorear y apoyar a los estudiantes que muestran estas señales. Hay muchos puntos en los que potencialmente se puede intervenir.

Por otra parte, el reporte señala que, rara vez, los estudiantes pasan de una categoría a otra. Es decir, el 89 % de los estudiantes que los autores consideran que van por un buen camino hacia la universidad permanecen así hasta graduarse. Mientras que aquellos alumnos que ya desde secundaria muestran dificultades con el rendimiento escolar tienen un 85 % de probabilidad de que estas condiciones permanezcan hasta la universidad.

Otro factor es el tipo de educación que reciben. En las clases avanzadas o las del bachillerato internacional (IB), los estudiantes entienden el rigor y relevancia de las clases y pueden imaginar cómo se aplican en el mundo real. En comparación, los estudiantes inscritos en clases tradicionales, expresaron que no le veían el propósito a sus cursos.

El reporte indica que aquellos estudiantes de bachillerato internacional tienen el doble de probabilidad de alcanzar el éxito en la universidad. Sin embargo, no todas las personas tienen acceso a este tipo de cursos, incluso dentro de la misma escuela. Los estudiantes que tienen desventaja económica tienen un 75 % menos de probabilidad de acceder a una de estas clases, y dentro de este porcentaje, si son negros y latinos, la probabilidad se reduce un 60 % más.

El estudio identifica varios puntos clave que las escuelas pueden trabajar para mejorar la manera en que apoyan y definen el desempeño en la enseñanza postsecundaria:

  • Los consejeros de orientación: en todos los distritos investigados cada consejero tiene más de 300 estudiantes. Esto dificulta dedicar el tiempo que realmente necesita cada alumno.

  • Gran parte del personal evita expresar un mensaje de “universidad para todos” o “universidad para la mayoría”. Además, no expresan la asequibilidad y lo que necesitan para llegar al éxito después de la secundaria.

  • Pocas actividades en el último año de secundaria y el primer año de preparatoria enfocados en prepararlos para la universidad. Esto se vuelve aún más grave cuando los familiares cercanos de los alumnos no cuentan con un título profesional y no tienen con quién acudir a pedir consejos o guiarse hasta los últimos años del bachillerato.

El estudio concluye haciendo hincapié que, a medida que la tecnología y la innovación continúan cambiando el mundo laboral, es trascendental enfocarse en brindar la mejor educación y apoyo a los estudiantes para que alcancen el éxito. Sin embargo, parece que ese esfuerzo se enfoca en los últimos años de preparatoria o ya que están en la universidad. No existe un seguimiento ni evaluación exhaustiva de los alumnos y sus resultados desde secundaria.

Así como los estudiantes deben prepararse para su futuro después de graduarse de la escuela secundaria, las instituciones educativas también tienen la responsabilidad de brindarles el apoyo necesario para que avancen en sus estudios y en su camino hacia la universidad. El problema es que los datos del sistema K-12 y los de las universidades muchas veces están separados y son difíciles de vincular, por lo que gran parte de la ayuda que pueden brindar se ve limitada. Es necesario vincular esta información para poder no sólo ver las señales de alerta de un alumno a tiempo pero también brindarle el apoyo necesario en su camino hacia su futuro profesional.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/el-exito-universitario-depende-del-rendimiento-en-secundaria

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El rol de los sindicatos de trabajadores de la educación

Por: Paulette Delgado

Estudios demuestran que tener un sindicato fuerte que defienda los intereses de los maestros no sólo beneficia a los educadores, también significa un mejor desempeño de los estudiantes.

Los sindicatos de maestros han sido parte de la educación durante décadas y existen para apoyar a maestros y maestras a tener mejores condiciones laborales a través de la negociación de mejores salarios, beneficios y condiciones laborales. Sin embargo, en algunos países los sindicatos de trabajadores de la educación tienen mala reputación bajo el debate sobre si realmente ayudan a la educación o la perjudican.

Los sindicatos son organizaciones que se dedican a negociar con empresas, corporaciones u otras organizaciones en nombre de sus miembros. Algunos sindicatos representan a trabajadores que realizan ciertas actividades, como los educadores, y también existen los industriales que representan a toda una industria. Han existido desde hace mucho tiempo, pero desde la Revolución Industrial se les ha atribuido la mejora de las condiciones laborales y los salarios de muchos trabajadores, gracias a que en esa época se formaron un gran número de sindicatos de empresas manufactureras, de acero, mineros y muchas otras industrias.

Los sindicatos también son conocidos por negociar el salario de sus trabajadores utilizando diferentes técnicas: impulsando el salario mínimo, aumentando la productividad marginal por medio de capacitación, restringiendo bienes importados a través de cuotas o aranceles entre otras medidas como utilizar su influencia.

Los sindicatos de trabajadores de la educación

El propósito de los sindicatos de maestros es ayudarlos, su propósito es lograr un funcionamiento justo del sistema educativo. Estos sindicatos los integran personas interesadas y apasionadas por la educación. De acuerdo con el Comité Sindical Europeo de Educación (ETUCE por sus siglas en inglés), los maestros tienen oportunidades limitadas para desarrollarse y poca influencia para cambiar esta situación, por lo que necesitan una voz significativa e independiente a nivel de políticas y prácticas, labor que llevan a cabo los sindicatos, para hacer un cambio significativo y resolver sus condiciones laborales y necesidades de aprendizaje profesional.

El reporte Education Trade Unions for the Teaching Professional (2018) publicado por la ETUCE, destaca tres razones clave por las que los sindicatos deben abordar las necesidades profesionales de los educadores y hacerlas su prioridad: primero está apoyar la carrera y el desarrollo profesional de los docentes ya que es vital para la progresión profesional; la segunda razón es ser una voz para los docentes, especialmente en temas trascendentales que impacten su trabajo diario. Por último, está la construcción y fortalecimiento del propio sindicato, enfocándose en cuestiones profesionales y permitiendo a los miembros participar en la construcción de la identidad sindical.

Además, el reporte señala cinco maneras que utilizan los sindicatos para enfrentar los principales problemas que enfrentan los docentes:

  1. Desarrollar una agenda de negociación centrada en el diálogo social para que la voz de los maestros sea escuchada.

  2. Garantizar el acceso a un desarrollo profesional proporcionado para satisfacer la necesidad de formar a los educadores.

  3. Facilitar la auto organización al trabajar el sindicato con los docentes para identificar y abordar sus necesidades profesionales.

  4. Ayudar a elaborar la narrativa sobre la educación pública, que a su vez apoya a cambiar cómo la gente ve la inversión en recursos para la educación.

  5. Construir alianzas y crear asociaciones.

A pesar de que la función de los sindicatos es dar voz a los maestros, apoyar su desarrollo profesional y mejorar sus condiciones laborales, muchas personas son escépticas de su función y beneficios. Los críticos conservadores argumentan que no existe una relación entre los niveles de afiliación sindical y el rendimiento estudiantil.

¿Están los sindicatos de maestros ayudando o perjudicando a las escuelas? 

En Estados Unidos, entre 1990 y el 2011, muchos estados modificaron la manera de financiar las escuelas, con el objetivo de enviar más dinero a aquellas con mayor índice de pobreza. Sin embargo, algunos gobiernos locales en su lugar usaron ese ingreso estatal para solventar sus gastos.

Según un estudio realizado en el 2018 titulado School Finance Reforms, Teachers’ Unions, and the Allocation of School Resources, los estados con sindicatos fuertes recibieron la mayor parte del dinero y este se gastó en las escuelas que más lo necesitaban. Además, el dinero también se utilizó para subir el salario de los maestros, lo que generó un mayor beneficio para los alumnos, señala el estudio, ya que estos obtuvieron mejores calificaciones. Este estudio demuestra que tener un sindicato fuerte que defienda los intereses de los maestros no sólo beneficia a los educadores, también significa un mejor desempeño de los estudiantes.

Otra publicación de la Universidad Loyola de Chicago concluye que es peligroso excluir a los educadores de la formación de políticas educativas porque son ellos quienes cuentan con la experiencia y conocimientos. Además, ellos son los defensores de los estudiantes porque sus necesidades están ligadas, las concesiones para los maestros benefician a los alumnos y su rendimiento.

La relación condiciones laborales-rendimiento escolar es un tema sumamente controvertido. Por un lado, estudios como los anteriores indican que mejores salarios y condiciones laborales de los docentes se reflejan en un mejor rendimiento estudiantil. Pero otras investigaciones como este estudio realizado por Joshua Cowen y Katharine O. Strunk de la Universidad Estatal de Michigan, reportan que los distritos sindicalizados tienen tasas de deserción escolar más altas, al igual que calificaciones más bajas en matemáticas y literatura. Cowen y Strunk analizaron investigaciones desde 1977 hasta el 2014 para comprender el impacto de los sindicatos. Se encontró que los distritos con sindicatos gastan más dinero y lo invierten directamente en beneficios como el salario de los docentes.

Por su parte, Gary Ravani, presidente de la Federación de California del Consejo de Educación Infantil / K-12, defiende el rol de los sindicatos en la educación pública. Ravani señala en un artículo publicado en EdSource que si bien la sindicalización de maestros no necesariamente garantiza un bajo rendimiento estudiantil y la falta de sindicalización tampoco garantiza un alto rendimiento. Los sindicatos permiten “que los maestros tengan una voz más fuerte en asuntos profesionales y también les permite asegurar su influencia en el campo político”. Esta influencia y participación de los maestros en la formulación de políticas es clave ya que “el financiamiento estatal para la educación por estudiante tiende a ser mayor en los estados sindicalizados y de mayor rendimiento”, concluye.

Los estudiantes también buscan sindicalizarse

Gregory Wickham, un joven de 17 años, escribió para el portal New York School Talk, sobre la importancia de que los estudiantes se organicen y tengan su propio sindicato. Wickham sostiene que los alumnos tienen un poder diferente a los docentes, al organizarse podrían hacer escuchar y cumplir demandas para mejorar la vida estudiantil aún sin la aprobación del departamento de educación.

Para el estudiante, los sindicatos de estudiantes fomentan el intercambio de recursos entre los educandos de toda una ciudad, como su natal Nueva York, haciendo el aprendizaje más accesible para todos. Este intercambio podría reflejarse de las siguientes formas:

  1. Biblioteca de clases: los alumnos graban las lecciones de sus maestros favoritos para después compartirlas de forma gratuita. Esto haría que los mejores maestros lleguen a más personas que los necesitan, además de hacer que los estudiantes tengan la oportunidad de aprender de distintos educadores, encontrando a uno que se adapte más a su manera de aprender. Además de ser un gran recurso de apoyo a la hora de estudiar y ser un recurso para aquellos que estudian desde casa siempre.

  2. Archivos de asignaciones: el sindicato podría organizar un archivo de tareas para los estudiantes junto con las respuestas y sus calificaciones, especialmente aquellas materias cuyas tareas sean proyectos o ensayos. El propósito es conocer y ver cómo se aplican los estándares y expectativas de los distintos docentes. Además, aseguraría la transparencia de calificaciones porque pondría en evidencia favoritismos de los maestros o algún trato injusto a un alumno. Tener acceso a estos archivos también facilita el trabajo del educador ya que los estudiantes pueden ver el contenido de otros, comprender mejor su trabajo y complementarlo. Y debido a que las asignaciones están en un sólo lugar, es más fácil verificar que los trabajos sean originales y no plagios.

  3. Biblioteca de libros de texto: la organización estudiantil podría mantener fácilmente bibliotecas y planear intercambios de libros de texto tanto físicos como digitales. Aunque muchas escuelas utilizan los mismos libros de texto, no todos los estudiantes tienen acceso a ellos. Además, los estudiantes pueden coordinarse para digitalizar los libros de texto, de forma que sean accesibles en todo momento, sin necesidad de llevar sus versiones físicas. Los intercambios también garantizarían que aquellas escuelas con menores recursos tengan acceso a una mejor biblioteca, con más temas y recursos de apoyo.

  4. Biblioteca de matrículas: Muchas escuelas piden las matrículas para acceder a bases de datos, bibliotecas digitales, recursos de preparación para exámenes, etcétera. Los alumnos pueden compartir sus matrículas para que más personas tengan acceso a estos materiales. Aunque la secretaría de educación cuenta con sitios de investigación y bibliotecas en línea accesibles para las escuelas públicas, el sindicato puede poner a la disposición de todos muchísimo material a todos los estudiantes por igual.

  5. Biblioteca de tecnología: los estudiantes necesitan dispositivos y acceso a internet y el sindicato estudiantil puede garantizar por medio de préstamo o donación de equipo. Para el acceso a internet, los alumnos que no tienen podrían ir a instituciones que ofrecen acceso a través de WiFi, o incluso ir a la casa de algún maestro u otro estudiante que viva cerca y lo pueda apoyar. Esto también apoyaría a los papás con problemas para balancear las exigencias del horario laboral con las necesidades del hogar y cuidado de los hijos. El sindicato se encargaría de organizar que todo sea seguro tanto para las escuelas de los estudiantes que abran sus puertas.

Gregory Wickham, agregó que los sindicatos de alumnos son la mejor opción para organizarse entre toda la comunidad escolar y apoyarse, en lugar de esperar a que la secretaría de educación lo haga. Incluso problemáticas como la falta de alimentación, techo o ropa para los estudiantes de bajos recursos podrían ser resueltas por un sindicato estudiantil.  Además, puede existir una gran diferencia entre la calidad educativa que recibe una escuela y otra, aunque sean parte del mismo distrito y estas propuestas ayudarían a los menos privilegiados a tener un mejor futuro ya que tendrían acceso a más y mejores recursos.

Wickham no menciona nada de políticas públicas, se centra más en organizar actividades, un aspecto que se necesita analizar más en el caso de los sindicatos de maestros. Joshua Cowen y Katharine O. Strunk mencionan en su estudio el valor de realizar más investigación sobre el impacto de sus actividades.

El mayor tema con los sindicatos es que, por años, las investigaciones se han centrado en si son «buenos» o «malos» para la educación en lugar de centrarse en los resultados de sus actividades o las políticas que respaldan o bloquean. Más allá de calificarlos como algo positivo o negativo, el debate debería centrarse en identificar soluciones basadas en evidencia para las necesidades en los docentes y cómo apoyarlos.

Fuente e imagen: observatorio.tec.

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¿Estás procrastinando más? Culpa a la pandemia

Por: Paulette Delgado

Procrastinar tiene menos que ver con la gestión del tiempo y más con la gestión de las emociones y una batalla en tu cerebro.

Muchas personass tenían grandes planes para la cuarentena: leer más, aprender un idioma, aprovechar todo ese tiempo libre en algo productivo, entre otros propósitos. Pero a medida que avanzó la pandemia muchas personas enfrentan ansiedad, agotamiento y dificultad para concentrarse.

La pandemia por COVID-19 ha generado una crisis de salud mental alrededor del mundo, alimentando malos hábitos como la procrastinación. Y aunque algunas personas catalogan la procrastinación como mal manejo del tiempo, se trata más bien de un problema de manejo de las emociones, según Tim Pychyl, profesor de psicología que investiga la procrastinación y su relación con el bienestar personal en la Universidad de Carleton en Ottawa, Ontario. Fuschia Sirois, quien estudia la procrastinación en la Universidad de Sheffield, está de acuerdo con el profesor Pychyl. «La gente habla de la procrastinación como un problema de gestión del tiempo porque así es como se ve en la superficie, ¿verdad? Pero en realidad no tiene mucho que ver con la gestión del tiempo. Tiene que ver con el manejo del estado de ánimo», dijo a VICE. Pero, ¿por qué prolongamos nuestras tareas?

No pasa nada si lo pospones

A veces hay consecuencias por no hacer inmediatamente las tareas o pendientes que tenemos que hacer, pero en otras ocasiones no hay consecuencia alguna. Según Joseph Ferrari, profesor de psicología en la Universidad DePaul en Chicago, la misma sociedad alienta a las personas a no hacer las cosas temprano. Él explica que «nos castigan por llegar tarde a nuestra cultura, no nos recompensan por llegar temprano». Y cuando internalizamos el mensaje de que no tiene sentido llegar temprano, podemos aplicarlo a cualquier tarea que deba realizarse.

El profesor Pychyl explica que por eso es importante centrarse en lo bien que se siente cuando se completa una tarea en lugar de pensar en el estrés que nos produce hacerla. Hacer una lista de pendientes es de gran ayuda, ya que ir marcando pendientes como completados te ayudarán a hacer más ,ya que crean el sentimiento de eficacia.

La manera en que te sientes respecto a hacer algo que te hace procrastinar

Fuschia Sirois, quien estudia la procrastinación en la Universidad de Sheffield, dijo a VICE que es común que las personas procrastinen cuando se sienten inseguras, más si la tarea es nueva. “Es una ecuación bastante simple: menos confianza equivale a más evitación”, dice.

Otro caso es sentirse incompetente o ansioso ante una tarea porque nos preocupa que otros juzguen cómo la realizamos. Un ejemplo muy simple es escribir un correo electrónico, mucha gente lo pospone porque otra persona lo verá y no saben si lo que escribieron es lo correcto. Las personas también evitan las tareas tediosas o aquellas que no son divertidas así que optan por procrastinar aunque sea algo que tome menos tiempo que un episodio de alguna serie.

Utilizar la lógica para intentar engañarse y corregir un comportamiento que es inherentemente emocional

Comúnmente la gente evita hacer algo porque está asociado a emociones negativas como sentirse juzgado, es algo aburrido, nuevo, nos da miedo, etcétera. Y aunque acciones como dividir el proyecto en partes pequeñas, organizar un horario, limpiar el espacio de trabajo u otros consejos que uno se encuentra en línea, ayudan a hacer el entorno menos procrastinador, no significa que ayude si se trata de un problema emocional.

Por ejemplo, para una persona que siente que no tiene las habilidades para realizar una actividad, juntar toda la información y recursos necesarios para llevarla a cabo es una opción más viable que tener un espacio de trabajo ordenado. A veces las personas piensan de más las cosas, convirtiéndolas en más grandes o complicadas de lo que realmente son. Contar con lo necesario para completarlas puede ayudar.

Estár atrapado en una espiral de vergüenza

Sirois también explica que muchas veces los procrastinadores tienen baja autoestima, suelen pensar que sólo ellos prolongan las tareas por lo que genera emociones negativas. Evitan hacer algo que encuentran desagradable, sufren la presión de ser juzgados por esto y así lo evitan aún más, formando un círculo vicioso. “Todo lo que hace la autocrítica, entonces, es generar más sentimientos negativos sobre la tarea, lo que hace que uno quiera evitarla aún más”, dijo Sirois. «Es por eso que estas cosas se prolongan».

No pedir ayuda

Reconocer que procrastinar es algo que todos hacen y normalizarlo ayudará a aliviar la culpa y ese sentimiento de vergüenza que muchas personas tienen. Es por eso que hablar con otros al respecto es de gran ayuda para superarlo. Además, contar con apoyo reduce el estrés ya que aporta un apoyo emocional y espacio seguro para la escucha. Ser amable en lugar de crítico contigo mismo hará que sea más fácil pedir ayuda.

Por otro lado, la procrastinación no se trata solo de evitar hacer ciertas tareas o es causada por temas emocionales, la procrastinación tiene sus raíces en el desarrollo evolutivo, con dos partes clave del cerebro compitiendo por el control. La revista National Geographic explica más al respecto y hace un desglose de la ciencia detrás de la procrastinación, el efecto que ha tenido la pandemia y estrategias para sobrellevarla.

La ciencia detrás de la procrastinación: batallas cerebrales

En un artículo para el Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI por sus siglas en inglés) varios neurocientíficos descubrieron que la procrastinación es una pelea constante entre el sistema límbico y la corteza prefrontal que evolucionó después, hace unos 15 o 16 millones de años. El primero controla comportamientos básicos de supervivencia como la respuesta de luchar o huir ante una situación, así como emociones y búsqueda del placer. Está relacionado con el impulso y buscar gratificación instantánea. Por su parte, la corteza prefrontal es responsable de comportamientos más complejos, como planificar. En situaciones de ansiedad, miedo o estrés, el sistema límbico reacciona, orillando a las personas al alivio temporal de la procrastinación en lugar de enfrentarse a tareas abrumadoras.

Venganza a la hora de dormir

Al inicio de la cuarentena, uno de los síntomas más comunes que presentaron muchas personas fue la fatiga ocasionada por las restricciones impuestas como medidas preventivas. Al distanciarse socialmente y estar encerrados, mantener un horario regular y contar con espacios para objetivos específicos como trabajar, comer, dormir o relajarse, se fue complicando lo que facilita el no poder concentrarse en una tarea. Según la experta Julianna Miner, profesora adjunta de salud global y comunitaria en la Universidad George Mason en Virginia, la falta de estructura perjudica a las personas que son propensas a procrastinar. No tienen esa división de un lugar de trabajo y un lugar para relajarse, ya que todo lo hacen desde sus hogares.

Una de las actividades donde la gente procrastina es a la hora de dormir, algo que en China se le conoce como “procrastinación de la hora de acostarse por venganza», que se popularizó en Twitter. Se refiere a que las personas se “vengan” al mantenerse más tiempo despiertas para dedicarse a divertirse. Según un estudio de 2019 en la revista Frontiers in Neuroscience, son las mujeres quienes más practican este tipo de procrastinación. A raíz de la pandemia, esto ha ido en aumento debido a las demandas adicionales sobre su tiempo durante la cuarentena, al encargarse de actividades como cuidar a sus hijos y el hogar.

Otro término de moda es la “procrastinación productiva” que se refiere a dejar de hacer algo por hacer otra tarea. Por ejemplo, las actividades de barrer y trapear. Aunque estas actividades no son improductivas, posponerlas por otras actividades que también se necesitan llevar a cabo aumenta el nivel de estrés a la larga, porque siguen sin completarse.

Próximos pasos

La procrastinación es una tendencia difícil de vencer, sin embargo, los expertos aseguran que actividades como el mindfulness o atención plena y la autocompasión ayudan para evitar la procrastinación ya que tratan sobre superar emociones negativas. Esto se comprobó en un estudio del 2020 en la Revista Internacional de Psicología Positiva Aplicada ya que se encontró que las personas que hacían ejercicios cortos de mindfulness se concentraban más en sus tareas.

Tim Pychyl recomienda no sobrecargarse con la idea de un proyecto completo, sino mejor concentrarse en tareas pequeñas ya que así engañas a tu cerebro a mirar una acción a la vez y no la emoción de estrés que se asocia con el trabajo. Otros expertos recomiendan pensar en qué los ayudó a ser productivos en el pasado o buscar a un compañero que los presione a ser responsables o, como se mencionó anteriormente, crear una lista de tareas.

Aún así, en caso de que alguien esté teniendo problemas con la procrastinación, más debido a la pandemia, los expertos recomiendan buscar una evaluación médica o ir con un psicólogo para descartar que se deba a problemas de salud mental como depresión, ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) entre otros.

Fuente e imagen: observatorio.tec

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La realidad de los atletas estudiantiles durante la pandemia

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A más de un año desde que inició la pandemia, el futuro de miles de atletas estudiantiles sigue siendo incierto.

A más de un año que empezó la pandemia, miles de atletas universitarios y de bachillerato temen por su futuro. Les preocupa cómo el COVID-19 podría dañar sus posibilidades de avanzar de la universidad a los deportes profesionales o de la preparatoria al atletismo universitario.

Se han cancelado partidos, torneos, campamentos de entrenamiento y la asistencia médica a los atletas por más de un año debido al Coronavirus, esto ha puesto en riesgo el futuro de miles de deportistas estudiantiles.

La empresa de corredores TD Ameritrade realizó un estudio sobre el impacto del COVID en los deportes juveniles y descubrieron que el 47 % de los atletas creen que la cancelación de sus actividades pone en riesgo su beca universitaria. Son más de 180 mil alumnos cuyo futuro depende de las becas deportivas para ayudar a financiar su educación.

La Asociación Nacional de Atletismo Colegial (NCAA por sus siglas en inglés) detuvo el período de reclutamiento hasta Abril. Esto significa que los entrenadores universitarios no pueden tener contacto cara a cara con los deportistas que cursan la preparatoria o sus padres. Tampoco pueden verlos competir o visitar sus escuelas para evaluar su desempeño y decidir si les otorgan las becas para la universidad.

La pandemia también ha provocado recortes presupuestarios para el deporte en todo Estados Unidos. Según una encuesta realizada por Next College Student Athlete, el 30% de los deportistas estudiantiles les preocupa que las universidades recorten su disciplina deportiva. Es una preocupación genuina pues  decenas de instituciones han tenido que eliminar distintos programas deportivos.

Los departamentos atléticos individuales tendrán que responder cuestionamientos como ¿por qué lidiar con tantos deportes? ¿Por qué un deporte debería ser un deporte universitario en lugar de un deporte de club? Dijo a CNBC Richard Southall, director del College Sport Research Institute y profesor de gestión del deporte y entretenimiento en la Universidad de Carolina del Sur. «Las universidades tendrán que tomar decisiones sobre los presupuestos de viaje, los salarios y el equipo de entrenadores y todas estas inversiones de capital en nuevos edificios, etc.»

Dan Doyle, gerente de reclutamiento de entrenadores para los próximos atletas universitarios explicó que los programas deportivos que se vieron obligados a hacer estos recortes probablemente eliminen los deportes con menos jugadores en el equipo, como el remo, el tenis y el golf. Al final, los deportes con más personal, como el fútbol, el baloncesto y el béisbol son los que ofrecen más beneficios por el número de matrículas que producen.

El futuro sigue siendo incierto para los deportistas pero constantemente están buscando nuevas formas de hacerse notar. Algunos han optado por videoconferencias con los reclutadores universitarios, campamentos transmitidos en vivo o subir videos demostrando sus habilidades.

Aún así, muchos entrenadores motivan a los alumnos a enfocarse en lo académico o considerar programas universitarios que les permitan jugar para luego transferirse en uno o dos años que recuperen el nivel que tienen.

El bienestar físico y mental de los atletas

Por otro lado, la NCAA publicó los resultados de su estudio el “Bienestar de Estudiantes-Atletas” sobre el bienestar físico y mental de los deportistas. Cerca de 25.000 deportistas participaron en la encuesta.

En general, los estudiantes reportaron que, conforme avanzó la pandemia, tuvieron menos dificultad para dormir, así como niveles más bajos de soledad, pérdida, ira y tristeza a comparación del inicio de la cuarentena. Aún así, hubo un incremento en su ansiedad, desesperanza, agotamiento mental y sentimientos de depresión.

Entre las mayores preocupaciones de los atletas están: sus calificaciones (43%), no poder practicar su deporte (33%), la COVID (31%) y preocupaciones financieras (24%). Sobre el coronavirus, el 64 % de los encuestados confirmaron que siguen casi siempre las reglas de distanciamiento social (máscaras, distancia física, no asistir a grandes reuniones).

En el semestre de otoño, el 37 % de los participantes reportaron haberse aislado por síntomas del virus, por haberse expuesto a alguien contagiado o porque hubo un brote de casos en su universidad. El 51 % dijeron que algún familiar o amigo dieron positivo en ese tiempo y el 9 % tiene o tuvo a alguien cercano hospitalizado o que falleció.

Con toda esta situación, es difícil para ellos concentrarse en sus deportes y llegar a su rendimiento máximo. La ansiedad puede extenderse a problemas con el sueño, las relaciones o el rendimiento escolar.

Aloiya Earl, doctora que forma parte del equipo de medicina deportiva de Premier Orthopaedics de la Universidad de Dayton recomienda que los deportistas estén en contacto con algún médico o psicólogo deportivo que les de consejos y estrategias personalizadas para tratar su estrés y ansiedad.

Para aquellos cuyas temporadas siguen retrasadas o suspendidas indefinidamente algo que les ayudará a mejorar su salud mental es mantenerse conectado con sus compañeros de equipo ya que ayuda a normalizar la experiencia y a sentirse escuchados y apoyados ya que están pasando por lo mismo.

Por otro lado, la doctora Earl dice que, en su experiencia, los atletas han hecho un gran trabajo ejercitándose por su cuenta. Aún así, para aquellos que están fuera de forma se recomienda : para los corredores o atletas de resistencia, que comiencen despacio y aumentar el kilometraje o intensidad en un 10 % por semana para evitar lesiones. Para los que practican baloncesto o deportes que requieren ráfagas de energía deben concentrarse en aumentar gradualmente y prestar atención si presentan dolor muscular o es incomodidad ya que el segundo termina en lesión y no es normal. Consumir comidas nutritivas y mantenerse hidratado para apoyar su cuerpo y sistema inmunológico también es súper importante para recuperar su nivel.

Los deportistas y el COVID-19

Aunque la mayoría de los atletas son muy saludables y han presentado síntomas muy leves o han sido asintomáticos, según la doctora Earl, existen casos donde los alumnos han sufrido de miocarditis. Esto es la inflamación del músculo cardíaco como reacción a un virus, que puede ser gripe, no sólo coronavirus.

“Por lo general, se diagnostica porque alguien ha tenido un síntoma fuera de lo común, como falta de aire o dolor en el pecho después de estar enfermo. Si tienen estos síntomas cuando regresan a los deportes y están aumentando su frecuencia cardíaca y su presión arterial, nos indicaría que tal vez deberíamos hacer algunas pruebas cardíacas » explica la doctora Earl.

Por eso recomienda mínimo tomar diez días sin hacer ejercicio, aún si no presentaron síntomas para prevenir que suceda. “Es importante tomarse ese tiempo adicional para prevenir cualquier inflamación cardíaca”, aconseja. «Te recuperarás rápidamente siempre y cuando vuelvas a tu actividad de forma segura». Aún así, la Academia Americana de Pediatría (AAP por sus siglas en inglés) recomienda regresar por etapas con la autorización del médico del atleta.

Un estudio reciente publicado en Journals of the American College of Cardiology estudió a 54 atletas estudiantiles masculinos con una edad promedio de 19 años que habían dado positivo por COVID-19 en una universidad en West Virginia. Aunque la muestra fue pequeña, descubrieron que uno de cada tres presentó anomalías cardíacas como miocarditis, algunos sin siquiera presentar síntomas.

Es necesario realizar una investigación más profunda para conocer los verdaderos riesgos y conocer las implicaciones a largo plazo pero aún así es una preocupación seria y debería tomarse en cuenta a la hora de que los deportistas regresen a entrenar.

“Niños que practican deportes que realizan entrenamientos de alta intensidad son los niños con mayor riesgo ”, dijo el Dr. Gianmichel Corrado del departamento de medicina deportiva del Boston Children’s Hospital a Boston 25 News. “Un niño que tiene el corazón inflamado y lo enviaron de nuevo a jugar, eso aumenta el riesgo de muerte súbita. Y esos son los niños por los que estamos realmente preocupados. Da miedo. Y no sabemos mucho sobre este virus ”.

Otra enfermedad seria que se ha presentado en varios niños deportistas es el Síndrome inflamatorio multisistémico (MIS-C). Según AAP esto significa que los enfermos tendrán fiebre durante 24 horas o más, tienen inflamación en el cuerpo y problemas con muchos órganos, como los intestinos, el corazón, el cerebro, los pulmones, la piel y los riñones.

La Academia Americana de Pediatría recomienda que cualquier niño que presentó síntomas graves de COVID-19 o fueron diagnosticados con MIS-C, sean tratados como si tuvieran miocarditis y no competir durante tres a seis meses o hasta que un cardiólogo pediatra los dé de alta.

Tristemente, puede que la vida que miles de atletas estudiantiles estaban acostumbrados nunca vuelva a ser la misma después del COVID-19. Desde perder años de condición física por no poder entrenar o competir, hasta la manera en que universidades, bachilleratos y los deportes profesionales reclutan a los deportistas puede que sea diferente.

Más allá de juegos sin admiradores, desinfectar los lugares de entrenamiento y jugadores obligados a usar mascarillas en los entrenamientos, la realidad de regresar a la cancha después de la pandemia sigue siendo un tema incierto. Los deportistas que no han optado por otra carrera no les queda de otra que seguir esforzándose y esperar a ver qué les depara el futuro.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/la-realidad-de-los-atletas-durante-la-pandemia

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Gongbang: la tendencia surcoreana de ver a otras personas estudiar durante horas

Por: Paulette Delgado

 

Con videos de gongbang o «transmisión de estudios», estudiantes surcoreanos ofrecen sesiones virtuales en YouTube para motivar a otros a aprender y que se sientan acompañados.

Una nueva tendencia ha ido a la alza en internet: gongbang (공방) o “estudia conmigo” que trata de ver a otras personas estudiar y es originaria de Corea del Sur. La palabra es una combinación de gongbu (공부) que significa “estudio” y bangsong (방송) que se refiere a la “transmisión en vivo”. Al juntarlas se obtiene gongbang, es decir, “transmisión de estudio».

El concepto es simple, un alumno transmite videos de sí mismo repasando en casi completo silencio durante horas a cientos de espectadores. Algunos graban desde un café, otros, desde la biblioteca, algunos incluyen sonidos relajantes y aptos para el estudio como los de la lluvia o música clásica. Los estudiantes suelen mostrar su rostro en la transmisión, pero otros prefieren mantener el anonimato y muestran en pantalla solo sus escritos y material de clase. Esta tendencia no es tan innovadora como se podría pensar ya que pertenece al mismo nicho que los “mukbang”, o transmisiones de gente comiendo, tendencia que según reporta The Guardian, existe desde el 2018. Sin embargo, para miles de estudiantes encerrados por la pandemia, la sensación de compañerismo y acompañamiento que brindan ha hecho que la popularidad del gongbang se haya incrementado recientemente.

Entre quienes transmiten estas sesiones, también conocidos como vloggers, destaca Kim Dong-min, cuyo video más popular tiene más de 400,000 mil vistas y una hora de duración. Su canal cuenta con videos con duración de más de tres horas, grabados en distintos lugares aprovechando los sonidos ambientales de cada espacio al que va.

Técnicas para administrar el tiempo de estudio y acompañamiento

Muchos de estos estudiantes se especializan en la técnica “Pomodoro” que es un método de gestión del tiempo dedicado a una actividad. Se basa en usar un temporizador que divide las sesiones de trabajo o estudio en intervalos fijos de 25 minutos llamados pomodoros. Por ejemplo, una alumna se concentra 25 minutos sin parar, descansa 5 minutos, lo repite tres veces y, por último, descansa 15 minutos antes de volver a empezar, en caso de ser necesario. Cada uno de estos videos utilizan diferentes tiempos dentro de la técnica Pomodoro. Entre los más populares está el 25/5, pero también puede encontrarse el 50/10 que divide una hora en cincuenta minutos de estudio con un descanso de diez minutos. Otro elemento característico de estos videos es la duración de las sesiones, que pueden llegar a superar las ocho horas usando esta técnica, mientras que otros no sobrepasan una hora.

La comunidad que rodea a estas cuentas de YouTube es muy solidaria y motivadora. A diferencia de muchos otros vlogs, los gongbang se caracterizan por la poca edición, que no pasa de agregar un cronómetro a la imagen. Esta naturalidad da un sentimiento de acompañamiento a las sesiones de estudio o repaso a los espectadores de los videos. Gran parte de su popularidad se debe a que recrea el sentimiento de estar acompañado a la hora de repasar, algo que muchas personas buscan después de meses de estar atrapadas en casa. Además, debido a que muchos videos siguen la técnica Pomodoro y muestran un cronómetro, los alumnos fácilmente pueden estudiar a la par del video. Esto ayuda a mantenerlos motivados y prestar más atención a lo que hacen. También hay casos donde los observadores sienten rivalidad con el que se graba y se esfuerza por concentrarse y leer más que él o ella, o contestar las preguntas o pruebas más rápido.

Aunque estas sesiones suenen aburridas, de fondo sirven como un estímulo constante para seguir trabajando y evitar distracciones. Incluso pueden compartir consejos e información de las pruebas a través de los comentarios. En este sentido, otros videos populares con temas similares incluyen consejos para aprender mejor y tomar notas, técnicas de enfoque, consejos de memorización, así como consejos para organizarse y de productividad.

Dentro del mundo del gongbang, una de las áreas más populares es la de la medicina, por la dedicación que conlleva la carrera. De hecho, uno de los videos con más vistas de esta tendencia es de una estudiante de medicina. El video tiene más de 7.2 millones de vistas y fue publicado en el 2017 por “The Strive Studies”.

La alumna es vista usando la técnica Pomodoro y muestra el cronómetro, lo que facilita que otros le sigan el ritmo y realmente estudien con ella. Entre los comentarios del video predominan usuarios hablando de lo bien que les fue en sus clases y exámenes después de ver el video y agradeciendo porque realmente les ayudó a concentrarse.

Aunque en gran parte esta tendencia es surcoreana, los videos “study with me” o “estudia conmigo” se han extendido alrededor del mundo. Muchos de los vloggeros confiesan que comenzaron a grabarse ya que buscaban la presión de sentirse observados para concentrarse o porque era una manera de demostrarle a sus padres que realmente estaban dedicando su tiempo a sus estudios. Es importante mencionar que, en la cultura de Corea del Sur, los alumnos llegan a pasar más de 12 horas pegados a sus libros en preparación a sus exámenes de admisión a la universidad.

Aunque esta tendencia inició mucho antes de la llegada de la pandemia, ha ganado más popularidad en el último año conforme los estudiantes en todo el mundo buscan distintas maneras de sentirse acompañados y motivados durante la pandemia. Una pandemia que no es solo de COVID-19 sino también de soledad, agobio y procrastinación.

Fuente e imágenes: https://observatorio.tec.mx/edu-news/gongbang-videos-estudia-conmigo

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Los excluidos digitales deberían ser una prioridad global

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La pandemia ha sacado a la luz la gravedad de la brecha digital que ha puesto a quienes no tienen las habilidades de conectividad y acceso en una grave desventaja.

En un mundo de distanciamiento social y órdenes de quedarse en casa, ha existido una mayor presión por hacer todo en el entorno digital, desde las clases hasta la banca electrónica o compras en línea. Esto ha sacado a relucir el grave problema de inclusión digital que se vive en el mundo.

Esta crisis ha puesto al descubierto los desafíos que viven los que están fuera del mundo digital. El no tener conectividad no sólo deja a las personas aún más aisladas, sino también en una gran desventaja ya que tienen que luchar por tener acceso a cosas vitales como una educación, trabajo u oportunidades laborales. Antes de la pandemia, muchos tenían la oportunidad de ir a alguna cafetería, librería o lugar con acceso a internet público pero, ¿y ahora que muchos de estos lugares cerraron? ¿Cómo le hacen para informarse, acceder a anuncios gubernamentales oficiales e incluso tener videollamadas con seres queridos que viven lejos?

En el caso de Estados Unidos, según un estudio del Pew Research Center, hay 33 millones de estadounidenses que no tienen acceso a internet. Esto representa al 10 % de la población. Esta brecha digital está vinculada a una serie de variables demográficas, incluida la edad, el nivel educativo, los ingresos familiares y el tipo de comunidad. La falta de acceso a las tecnologías pueden tener un impacto negativo en todos los aspectos del día a día. Desde provocar exclusión social por no tener manera de hablar con otras personas por la pandemia hasta no tener acceso a servicios públicos, como registrarse para la vacuna del COVID-19.

Una investigación realizada por Capgemini sobre por qué debería ser prioridad eliminar la brecha digital, descubrió que el 44 % de los encuestados que no contaban con internet creían que podían encontrar trabajos mejor pagados y mejorar su educación si lo tuvieran. Según Capgemini, la mayoría de los encuestados que no cuentan conconectividad tienen entre 22 a 36 años de edad. La encuesta fue realizada a personas que van desde los de 18 a más de 70 años. También notaron que la mitad de ellos, no son novatos al mundo digital, de hecho, el 59 % ha utilizado estas herramientas anteriormente, es decir, que cuenta con las habilidades digitales necesarias para usar Internet en el futuro.

¿Por qué el 44 % de los encuestados no tiene acceso a internet? La investigación encontró tres razones: el costo, complejidad o falta de interés. Sin embargo, mencionan que no hay una causa universal, por ejemplo, el costo del internet puede ser un punto clave para la gente joven que vive en zonas rurales y la complejidad para el caso de los adultos mayores, las personas en situación de discapacidad o con problemas de salud.

En Estados Unidos la principal barrera es el costo ya que, según Capgemini, el 84 % de la población desconectada menor de 36 años admite que no están en línea por lo que cuesta contratar el servicio de internet. En comparación al resto del mundo, el promedio de personas sin conectividad por temas económicos es el 50 %. Pero la brecha digital va más allá de tener acceso a internet. El 76 % de los encuestados sin conexión dijeron que esta situación se debe a que no pueden comprar computadoras o dispositivos móviles para conectarse.

El nivel educativo también es uno de los factores que afectan la probabilidad de que una persona no esté conectada. Según el estudio de Pew Center, tres de cada diez adultos (29 %) que no usan el internet cuentan, como máximo, con estudios de bachillerato. Esta cifra ha disminuido en gran medida desde el 2000 ya que en ese entonces era el 81 % de las personas.

¿Cómo apoyar una mayor inclusión digital y cerrar la brecha digital?

La responsabilidad de la inclusión digital y el acceso universal a Internet no puede recaer en el individuo o en un solo grupo; requiere la contribución de una variedad de partes interesadas. Esta responsabilidad debe ser, principalmente, de los gobiernos, organizaciones privadas, organizaciones no gubernamentales (ONG), organizaciones sin fines de lucro y el mundo académico en conjunto con expertos.

Las organizaciones públicas y privadas deben tomar medidas críticas y urgentes para garantizar que las personas afectadas por la brecha digital no queden más excluidos. Google, por ejemplo, se asoció con el Departamento de Educación del Estado de California para proporcionar Chromebooks y 100,000 puntos de acceso móvil a estudiantes en áreas rurales.

En el caso de las organizaciones privadas, éstas deben invertir en cerrar la brecha digital como parte de su agenda de responsabilidad social. Lloyds Banking Group ha incorporado la inclusión digital y la igualdad digital en su estrategia y propósito. En el Reino Unido, Lloyds estableció un Programa de Campeones Digitales donde tienen cerca de 25,000 “campeones” desde que empezó este programa en el 2015 comprometidos a aumentar las habilidades digitales de al menos dos personas, empresas u organizaciones cada año. Utilizan distintas campañas a través de asociaciones e iniciativas locales.

Aunque, claro, los que tienen el papel más importante son los legisladores y los gobiernos, que deben trabajar para hacer que los dispositivos e internet sean más accesibles para las comunidades marginadas o cualquier persona que no cuente con estos servicios. Deben enfocarse en el acceso público y acceso privado al internet. La Unión Europea, por ejemplo, lanzó la iniciativa WiFi4EU para proporcionar Wi-Fi público gratuito en espacios públicos, incluidos parques, plazas, bibliotecas, centros de salud y museos.

Además, los gobiernos pueden contribuir a que los dispositivos sean más asequibles. La organización “Alliance for Affordable Internet” dice que gran parte del costo de los dispositivos proviene de los impuestos de importación y venta. En julio de 2015, el gobierno de Costa de Marfil, por ejemplo, redujo los impuestos sobre los teléfonos inteligentes del 27 % al 6,5 %.

Además, a través de regulaciones y políticas públicas, los gobiernos pueden ejercer presión a los proveedores de servicios de Internet y las empresas de tecnología, para que éstas reduzcan el costo de los datos móviles o banda ancha para ciertas comunidades o áreas rurales, establecer iniciativas como las de Lloyds Banking Group, brindar acceso a internet de alta velocidad en áreas remotas. Por ejemplo, Spectrum, una compañía de telecomunicaciones, ofreció acceso gratuito de banda ancha e internet por 60 días a hogares con estudiantes de primaria, secundaria o universitarios que aún no tienen una suscripción

Las organizaciones privadas también deben buscar educar a las personas sobre cómo mantenerse seguros en línea. Muchas personas mayores no usan el internet por miedo a caer en estafas o fraudes, tampoco se sienten cómodos compartiendo información personal en línea. En estos tiempos donde incluso se pueden hacer transferencias bancarias en línea, es clave ayudarlos a perder el miedo y a utilizar estas aplicaciones.

Durante una época de crisis como la pandemia del coronavirus, es aún más importante que se priorice la inclusión digital, no sólo para las personas que trabajan de forma remota o porque las escuelas han mudado al aprendizaje en línea, sino porque se ha vuelto vital para obtener información básica y servicios de salud. Es fácil olvidar que tan sólo en Estados Unidos hay 33 millones de personas que están desconectadas. Es momento de explorar formas de cerrar la brecha digital y brindar oportunidades a quienes enfrentan estos desafíos digitales.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/brecha-digital-covid19

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El proceso de admisión a la universidad en tiempos de COVID-19

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Algunos países cancelaron sus exámenes de admisión, otros, los han dejado como opcionales, dejando a millones de estudiantes con la incertidumbre sobre su proceso de admisión.

A más de un año desde que comenzaron a registrarse los primeros casos del coronavirus fuera de China y sin una fecha prevista para el fin de las cuarentenas, restricciones y un regreso a la “nueva normalidad”, las universidades alrededor del mundo se enfrentan no solo con las dificultades que implica la continuidad académica durante estas circunstancias extraordinarias sino también al problema de cómo realizar el proceso de admisión a la universidad en tiempos de pandemia.

Desde el 2007, todos los colegios comunitarios y las universidades de Estados Unidos requieren el resultado de la Prueba de Aptitud Académica (SAT por sus siglas en inglés) o la Prueba Universitaria Americana (ACT por sus siglas en inglés) como parte de una solicitud de admisión. Debido a la pandemia, los encargados de estas pruebas han tenido que cancelar sesiones de preparación para las pruebas y cambiar exámenes a fechas posteriores. Como resultado, en muchas universidades se ha eliminado el SAT como requisito para ingresar a estas instituciones.

Incluso antes de la pandemia, cerca de mil instituciones ya habían eliminado el SAT como requisito de ingreso a la universidad, dejándolo en algunos casos como opcional, no como requisito, con el propósito de atraer un alumnado más diverso. Según Robert Schaeffer, director ejecutivo interino de la organización FairTest, el número de universidades que se ha unido a esta tendencia ya supera las 1,686 instituciones. Dentro de estas universidades se encuentran la Universidad de Cornell  y Harvard que suspendieron el requisito de presentar los resultados del SAT o ACT como parte de la solicitud de admisión.

¿Qué significa que la prueba sea opcional para los postulantes?

El SAT mide las habilidades de lectura, escritura, aritmética y escritura necesarias para el éxito académico en la universidad, por lo que, al no tener los resultados, obliga a las universidades a cambiar el énfasis y el criterio que más peso tendrá una solicitud universitaria, en muchos casos, este peso se transfiere a las calificaciones obtenidas a lo largo de la preparatoria.

Aunado a eso, las instituciones se ven obligadas a considerar factores tanto cualitativos como cuantitativos. Entre los factores que se analizan en el proceso de admisión se encuentran: el promedio de calificaciones en su último año de bachillerato, también se toma en consideración el plan de estudios del bachillerato, cartas de recomendación, actividades extracurriculares, entrevistas de admisión, entre otros. Si bien las universidades ya consideraban estos elementos, nunca habían importando tanto como ahora, especialmente si el estudiante no presenta el SAT o ACT.

Por otro lado, la decisión de considerar las pruebas estandarizadas de admisión a la universidad como opcionales ha generado críticas y escepticismo. El argumento es que al hacer este requisito como “opcional”, los estudiantes de minorías y bajos recursos que normalmente no pueden cubrir los gastos que implica tomar este tipo de pruebas o de contratar clases particulares de preparación, quedan en desventaja sobre aquellos quienes sí los presentan e incluyen en su proceso de admisión. Es por eso que más de 500 universidades firmaron una declaración ante la Asociación Nacional de Consejería de Admisión Universitaria (NACAC por sus siglas en inglés) asegurando que harían un proceso justo de admisión sin beneficiar a los que presenten resultados del SAT.

El ‘Suneung’, el examen de ingreso a la universidad en Corea del Sur

Corea del Sur es otro país cuyas universidades deciden a quién admitir según una prueba estandarizada nacional. Esta prueba se llama Suneung, o la prueba de aptitud escolar universitaria que mide seis áreas: coreano, matemáticas, inglés, historia, estudios sociales y un segundo idioma extranjero. Aunque parece similar al SAT de Estados Unidos, este examen suele tener una duración de nueve horas y se ha vuelto aún más pesado debido a la pandemia. Los alumnos se preparan desde preescolar para esta prueba y se dice que es el primer y último paso hacia una vida exitosa.

Aunque el país enfrentaba su tercera ola de contagios, casi medio millón de estudiantes surcoreanos acudieron a presentar la extenuante prueba el pasado mes de diciembre pero, ¿cómo puede asegurar el gobierno que esto no se convertirá en un evento de propagación del coronavirus? Previo al día del examen se desinfectaron más de 31 mil aulas. El día de la prueba se le tomó la temperatura a cada aspirante antes de ingresar, se colocaron divisores de plástico a cada escritorio y el uso de cubrebocas se hizo obligatorio durante las nueve horas del examen.

Además, el gobierno administró clínicas de salud que evaluaron a los alumnos una noche antes para detectar cualquier persona infectada a última hora y mandarlos a salas separadas para que, aún con síntomas como fiebre o dolor de garganta, presentaran la prueba. El Suneung es tan importante que incluso se habilitaron cuartos de hospitales para que aquellos alumnos enfermos pudieran tomar el examen.

El día de la prueba es un día de suma importancia, tanto que la población pone su vida en pausa para apoyar a los postulantes. Todas las empresas, incluyendo bancos y oficinas gubernamentales, abren más tarde para reducir el tráfico para que los aspirantes lleguen a tiempo. Incluso los aviones no vuelan y las armas militares son silenciadas durante media hora para evitar que se distraigan en sus pruebas auditivas, como las de inglés.

Proceso de admisión en universidades europeas

Adaptarse a la nueva normalidad no ha sido fácil para ningún país, el caso de los países europeos no es la excepción. En Inglaterra, ante el gran número de contagios que se registraban en este país, en marzo del año pasado las autoridades educativas decidieron utilizar un algoritmo para evaluar a los aspirantes. La Oficina de Regulación de Calificaciones y Exámenes en Inglaterra (Ofqual por sus siglas en inglés), trató de utilizar Inteligencia Artificial para evaluar las pruebas para evitar que se inflaran, esto generó una controversia nacional ya que los alumnos recibieron un promedio 39 % más bajo, evitando que muchos entraran a la universidad.

Sin embargo, la historia ha sido muy diferente para muchos otros países de Europa. En Austria y Hungría, debido a la baja tasa de infección, los exámenes de admisión a la universidad continuaron de manera habitual, con la única diferencia de hacer la prueba oral opcional en Austria y cancelarla en Hungría, además que este último no permitió que más de diez estudiantes estuvieran en la misma aula y se les exigió estar a 1.5 metros de distancia. En ambos países, el resultado de este examen de admisión es considerado junto con las calificaciones obtenidas durante el último año escolar para decidir si el aspirante es aceptado o no.

En Alemania también siguieron adelante con los exámenes de manera habitual en mayo del año pasado. Presentaron las pruebas en lugares más amplios como gimnasios en lugar de utilizar aulas comunes, con el objetivo de asegurar la distancia de seguridad adecuada.

En Francia, los exámenes de fin de preparatoria fueron cancelados por primera vez en la historia de este país. En su lugar, esta prueba fue reemplazada por la calificación promedio de cada materia. Aunado a esto, los jurados locales evaluaron el rendimiento, los registros de exámenes anteriores, la asistencia y el promedio nacional. Estos cambios extraordinarios resultaron en una tasa de aprobación más alta que años anteriores, lo que obligó a universidades a crear 10 mil lugares adicionales en las carreras más populares.

En España, los estudiantes presentan la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), también conocida como la selectividad. Este examen prueba el conocimiento de preparatoria así como el pensamiento crítico, reflexión y madurez por medio de preguntas abiertas, semiabiertas y de opción múltiple. Al igual que muchos otros lugares de Europa, los jóvenes realizaron la prueba de manera presencial en junio del año pasado. A pesar de la pandemia, hubo 6 mil estudiantes más que el año pasado en Madrid y el 92 % aprobó este examen.

El caso de las universidades mexicanas

A diferencia de otros países, en México el proceso de admisión no depende de un examen estandarizado nacional, sino que cada universidad establece sus requisitos de admisión y la prueba que deberán tomar los estudiantes.

En el caso del Tecnológico de Monterrey, por ejemplo, desde mediados del año pasado su examen de admisión pasó a ser en línea. Lo mismo ocurrió para la admisión a las licenciaturas en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Sin embargo, otras instituciones insisten en llevar a cabo las pruebas de manera presencial a pesar de las complicaciones que pueden surgir al realizar estas pruebas presencialmente en plena pandemia.

La Universidad de Guadalajara (UDG), por ejemplo, tuvo que cancelar la prueba de admisión que tenía programada para el 6 de febrero ante el aumento de contagios y hospitalizaciones en las últimas semanas. Esta decisión también la tomó la Universidad Autónoma de Aguascalientes desde julio del año pasado. En el caso de la Universidad Autónoma de México (UNAM), los aspirantes deben de presentar la prueba de manera presencial pero debido al aumento de contagios en el país, se ha aplazado la fecha.

A casi un año de la interrupción de clases presenciales debido a la pandemia de COVID-19 , los países y sus instituciones de educación superior siguen luchando por adaptarse lo mejor que pueden ante los retos que presenta el coronavirus. Millones de estudiantes se han preparado durante toda su vida para presentar ese examen de ingreso a la universidad y si la preparación para este ya era exhaustiva, con la llegada de la pandemia el miedo y la incertidumbre se han disparado. ¿Será momento de repensar las pruebas estandarizadas y el proceso de admisión a la universidad alrededor del mundo? Y de ser así, ¿cuáles deberían ser los requisitos o lo que se debería de tomar en cuenta? Déjanos tu opinión en los comentario

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/admision-universidad-covid

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