Page 1 of 73
1 2 3 … 73

Pedagogía: La automatización de la obsolescencia pedagógica

La automatización de la obsolescencia pedagógica

por Pluma invitada

Sergio Martínez Dunstan

Mientras unos celebran la IA como signo de vanguardia y otros la enfrentan desde la desventaja, la pregunta de fondo no es tecnológica, sino pedagógica: qué puede apoyar y qué no debe sustituir.

La inteligencia artificial llegó a la escuela con el prestigio de la velocidad. En segundos redacta una planeación, propone actividades, genera preguntas, elabora una rúbrica o devuelve un texto que parece cumplir con altos estándares. En un sistema educativo agotado por la sobrecarga administrativa, la escasez de tiempo y la exigencia constante de producir evidencias, esa promesa no tarda en volverse seductora.

Tal vez ahí comienza el problema.

No porque la herramienta exista. No porque docentes la exploren. No porque pueda ofrecer apoyos reales en ciertas tareas. El problema comienza cuando el debate público sobre inteligencia artificial en educación se formula en términos demasiado pobres: cuánto ahorra, qué tan rápido responde, qué tanto automatiza. Como si la cuestión de fondo fuera tecnológica y no pedagógica. Como si la escuela debiera rendirse, sin más, ante el hechizo de la eficiencia.

En algunos casos, la IA empieza a operar como emblema de actualidad: una marca de vanguardia para quienes quieren mostrarse al día frente a sus estudiantes. En otros, aparece como una amenaza silenciosa: una tecnología que exhibe desventajas, desplaza seguridades profesionales y amplía la distancia entre quienes dominan su lenguaje y quienes apenas comienzan a entenderlo. Entre la fascinación y el rechazo, el problema de fondo suele quedar intacto.

Pero la docencia no se deja medir solo con el reloj.

Conviene decirlo con claridad: no toda eficiencia técnica produce valor educativo. Una respuesta rápida no es necesariamente una respuesta pertinente. Un material bien redactado no equivale a una mediación didáctica valiosa. Un instrumento completo no garantiza una evaluación formativa. En educación, la velocidad puede ser útil; el problema aparece cuando se convierte en criterio de legitimidad.

Ahí está una de las confusiones del momento. Se está llamando innovación a lo que en muchos casos no pasa de ser automatización. Se celebra como avance lo que apenas simplifica operaciones secundarias, pero no mejora la relación pedagógica, la lectura del contexto ni la calidad de las decisiones docentes. Peor aún: empieza a naturalizarse la idea de que una parte del trabajo profesional del profesorado podría desplazarse sin pérdida a una herramienta que responde con solvencia verbal, aunque carezca de comprensión pedagógica, responsabilidad ética y conocimiento situado del aula. Paso a paso, estaríamos legitimando no una innovación pedagógica, sino la automatización de su obsolescencia.

Ahí conviene detenerse.

El problema no es usar inteligencia artificial en la docencia. El problema es delegar en ella decisiones pedagógicas que siguen correspondiendo al profesorado.

Porque el trabajo docente no se reduce a producir documentos. Enseñar no es llenar formatos, secuenciar actividades o ensamblar materiales. La docencia es una práctica profesional situada que exige interpretar el currículo, leer el momento del grupo, reconocer condiciones reales de trabajo, definir propósitos formativos, anticipar dificultades, valorar evidencias y responder por las consecuencias de lo que se decide. Nada de eso se resuelve automáticamente porque una máquina redacte con soltura.

Pensemos en la planeación. Una planeación no vale porque esté completa, ordenada o bien presentada. Vale en la medida en que condensa decisiones profesionales. Cuando una maestra o un maestro planea, no solo organiza acciones: interpreta prioridades, selecciona mediaciones, pondera tiempos, considera la diversidad del grupo y sitúa el currículo en una realidad concreta. Si la inteligencia artificial se utiliza para contrastar variantes, revisar congruencias o ampliar alternativas, puede ofrecer un apoyo legítimo. Pero si se le entrega la tarea de planear y luego se acepta el resultado sin deliberación pedagógica, lo que se empobrece no es el documento: es la profesión.

Lo mismo ocurre con la evaluación. La IA puede ayudar a generar preguntas, proponer rúbricas o redactar ejemplos de retroalimentación. Pero evaluar no consiste solo en producir instrumentos. Consiste en interpretar procesos, leer desempeños, distinguir avances, reconocer dificultades y decidir cómo acompañar el aprendizaje. Una retroalimentación automática puede sonar correcta y, aun así, resultar pedagógicamente vacía. Un instrumento puede estar bien construido y, sin embargo, no tocar lo que realmente importa observar. Cuando la evaluación se automatiza sin mediación docente, se vuelve más rápida, pero no necesariamente más justa ni más formativa.

Con los materiales ocurre algo parecido. Un texto generado en segundos puede ser útil como borrador. Puede ahorrar tiempo. Puede incluso sugerir enfoques no considerados. Pero el problema no es si “sale” un texto. El problema es si ese texto responde al propósito educativo, si se ajusta al nivel del grupo, si no introduce errores, sesgos o simplificaciones y si tiene pertinencia pedagógica real. La inteligencia artificial puede asistir la producción. No debería decidir el sentido del material.

En este punto aparece el argumento más recurrente: en sistemas escolares saturados, cualquier herramienta que alivie carga de trabajo merece ser bienvenida. Y algo de razón hay en ello. Negar de antemano cualquier utilidad de la IA sería tan improductivo como celebrarla sin reservas. La cuestión no es si puede apoyar. La cuestión es bajo qué condiciones ese apoyo sigue fortaleciendo el trabajo docente y en qué momento empieza a sustituirlo.

Eso obliga a nombrar un núcleo indelegable del oficio. Hay tareas que pueden apoyarse con tecnología, pero no deberían salir de la responsabilidad profesional del profesorado sin afectar el corazón de la práctica. Entre ellas están interpretar el currículo, leer el contexto, definir propósitos formativos, valorar evidencias, retroalimentar con pertinencia y responder ética y profesionalmente por las decisiones adoptadas. Allí se juega algo más que un procedimiento. Allí se juega la docencia como profesión.

En ese marco, el problema ya no es solo tecnológico. También es formativo. Porque usar IA de manera pedagógicamente legítima exige algo más que familiaridad operativa con la herramienta: exige pensamiento crítico para interrogar sus respuestas, reconocer sus límites, contrastar sus salidas y decidir cuándo puede apoyar y cuándo conviene detenerse.

El riesgo verdadero, entonces, no es que la inteligencia artificial llegue a la escuela. Ese hecho ya está ocurriendo. El riesgo es otro: que el profesorado comience a aceptar como sustitución lo que solo debería operar como apoyo. Que la lógica de la ayuda técnica se deslice hacia una lógica de relevo. Que la herramienta deje de ampliar alternativas y empiece a orientar, de manera silenciosa, decisiones que deberían seguir pasando por el juicio pedagógico.

No es una preocupación menor. Porque cuando eso ocurre, la pérdida no se limita a un error puntual o a una actividad mal diseñada. Lo que se debilita es la capacidad profesional de decidir. Y una escuela que debilita la decisión docente en nombre de la eficiencia puede terminar ganando rapidez al precio de perder densidad pedagógica.

La discusión, por tanto, está mal planteada cuando se limita a preguntar si la inteligencia artificial sirve o no sirve. Esa es una mala pregunta. La pregunta importante es otra: qué decisiones puede acompañar la tecnología y cuáles deben seguir estando, con toda claridad, en manos del profesorado.

La inteligencia artificial puede ampliar alternativas. Puede ayudar a organizar, revisar, contrastar y producir borradores. Puede incluso convertirse en interlocutora útil para ciertos procesos de diseño y reflexión. Pero no interpreta por sí misma el sentido de la enseñanza. No conoce a los estudiantes. No se hace responsable de una mala decisión. No responde por el efecto de una intervención. No acompaña un proceso formativo. No asume la carga ética del acto educativo.

Por eso, el problema no es usar IA en la docencia. El problema comienza cuando se delega en ella lo que sigue correspondiendo al profesorado.

En un tiempo en que las máquinas pueden producir respuestas, la tarea docente conserva una exigencia irrenunciable: interpretar, decidir, acompañar y responder por lo que se hace en nombre de la educación. La inteligencia artificial no vuelve menos necesaria la docencia. La vuelve más exigente.

Y una escuela que delega demasiado puede terminar descubriendo, demasiado tarde, que no estaba innovando: estaba renunciando.

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/la-automatizacion-de-la-obsolescencia-pedagogica/

 

Comparte este contenido:

México – Educar para la igualdad: una respuesta frente a la violencia contra las mujeres

Educar para la igualdad: una respuesta frente a la violencia contra las mujeres

por Pluma invitada

Maura Rubio Almonacid*

1. Educación: medida de prevención de la violencia de género

La Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVG) es “un recurso jurídico que obliga a actuar a los tres niveles de gobierno —federal, estatal y municipal— de manera articulada para atender, desde una perspectiva de género, de forma pronta y expedita (…) hechos de violencia feminicida en una zona determinada. La alerta incluye (…) medidas de prevención para evitar que la violencia feminicida continúe (…)” . Fue establecida en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada en 2007. Al declararse una AVG, las autoridades deben implementar distintas medidas (preventivas, correctivas, de seguridad, de justicia, etc.), de acuerdo con las recomendaciones del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario (GIM) integrado para tal fin.

En 2015, el Estado de México fue la primera entidad donde se declaró una AVG por feminicidio y, en 2019, se emitió la segunda por desaparición de niñas, adolescentes y mujeres. Entre las medidas preventivas recomendadas por el GIM, una correspondió a la Secretaría de Educación del Estado de México (SEDUC): “Diseñar una estrategia educativa en derechos humanos de las mujeres y perspectiva de género para la transformación de patrones culturales y la prevención de violencia mediante la identificación, abstención y denuncia” .

2. La Estrategia Curricular en Igualdad de Género: una medida de prevención

Los equipos técnico-académicos de educación preescolar, primaria, secundaria y media superior elaboraron propuestas educativas en igualdad de género y derechos de las mujeres, a partir de las cuales, en 2020, comenzó el diseño de la Estrategia Curricular en Igualdad de Género (ECIG).

Las decisiones de diseño curricular que se tomaron incluyeron: a) estructurar un trayecto educativo desde preescolar  hasta media superior (3 a 18 años); b) asegurar que el trayecto fuera integral, gradual y secuenciado; c) presentar los contenidos desde las perspectivas de derechos humanos e igualdad de género y con un enfoque de prevención; y, d) destinar tiempos específicos de la jornada escolar a la ECIG.

La ECIG se propuso como objetivo que las y los “estudiantes de educación básica y media superior logren aprendizajes significativos para practicar y promover la igualdad de género con base en la comprensión y el cuestionamiento de las desigualdades, el ejercicio de los derechos humanos y la convivencia pacífica” . Sus contenidos se estructuraron en tres ejes: igualdad de género, derechos humanos y cultura de paz.

Durante el diseño se incorporó el equipo de educación de UNESCO-México, cuyas aportaciones fueron fundamentales para consolidar la propuesta curricular y para ofrecer orientaciones didácticas a maestras y maestros de cada nivel educativo. Además, elaboró el “Modelo de seguimiento a la implementación de la estrategia curricular en escuelas” y realizó la sistematización y análisis de la experiencia.

Para preparar al personal docente, la Subsecretaría de Educación Básica (SEB-SEDUC) diseñó e impartió el curso en línea Maestras y maestros construimos igualdad, con contenidos específicos para cada nivel educativo. Su objetivo fue desarrollar competencias profesionales docentes para la construcción de relaciones igualitarias entre mujeres y hombres y el respeto a los derechos humanos. Entre 2021 y 2023, más de 207 mil docentes y estudiantes de escuelas normales acreditaron el curso.

El proceso de aprendizaje en aula se apoyó en la colección Igualdad de Género, integrada por nueve libros para docentes y estudiantes, elaborados por un conjunto de especialistas, los cuales fueron difundidos mediante páginas web y distribuidos en versión impresa en las escuelas. La colección incluye cuatro libros para docentes y cinco para estudiantes: preescolar, primaria baja y alta, secundaria y media superior.

Finalmente, la ECIG contó con el apoyo del Consejo Consultivo para la Revisión de Contenidos Educativos en Materia de Igualdad de Género, órgano técnico de consulta integrado por autoridades de SEDUC, otras dependencias estatales, instituciones de educación superior y del sector social (madres y padres de familia y una organización de la sociedad civil).

3. La ECIG como respuesta a un problema público

La ECIG fue una intervención de política pública —derivada de una decisión del gobierno del Estado de México—, que se propuso promover la igualdad de género como un derecho humano, fomentar la igualdad entre mujeres y hombres y enfrentar la discriminación y la violencia hacia niñas, adolescentes y mujeres.

La estrategia es también una medida de prevención de la violencia hacia niñas, adolescentes y mujeres, mediante el desarrollo de aprendizajes significativos orientados a promover y practicar la igualdad de género, el respeto a los derechos humanos y la cultura de paz a lo largo de la vida.

Fue además un esfuerzo excepcional de colaboración entre diversos actores del sistema educativo —docentes, equipos de supervisión escolar, familias, equipos técnico-académicos y autoridades de SEDUC—, así como de dependencias estatales vinculadas con la problemática. Especial mención merece el apoyo de las y los especialistas —al menos 30 personas— que colaboraron en el diseño curricular, en la elaboración de los libros y de los materiales de apoyo.

Por último, y muy importante, la ECIG fue un proceso de aprendizaje institucional significativo: propició que estudiantes, docentes, directivos escolares, integrantes de los equipos técnico-académicos, autoridades y familias desarrollaran aprendizajes y habilidades para formar a niñas, niños y adolescentes en la igualdad de género como derecho humano.

La ECIG fue una propuesta innovadora que tuvo un impacto en 3.5 millones de estudiantes, 165 mil docentes y 19 mil escuelas, el cual se implementó únicamente en el ciclo escolar 2022-2023. Los testimonios de estudiantes, familias y personal docente hablan, en general, de la buena aceptación de la estrategia, especialmente entre las mujeres, de la comprensión del problema de la violencia hacia ellas, las adolescentes y las niñas, así como de los cambios de actitudes en el estudiantado basadas en una cultura de la igualdad de derechos y la convivencia pacífica.

Seguramente contribuyó, en alguna medida, a disminuir de la violencia contra las mujeres en el Estado de México. Aunque el gobierno estatal reporta una reducción en los feminicidios en los últimos tres años, las Alertas de Violencia de Género siguen vigentes.

Maura Rubio Almonacid* Integrante de MUxED. Maestra en Ciencias Sociales (Flacso-México). Coordinadora General de la Estrategia Curricular en Igualdad de Género del Estado de México. Actualmente es Directora de Investigación en Mexicanos Primero.

X: @moraalmona

Referencias

Gobierno de Estado de México y Secretaría de las Mujeres. (2023). Programa Estratégico Estatal para la Atención de la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres 2023. https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/832238/46._Programa__Estrat_gico_Estatal_AVGM_EdoMex_28.03__1_.PDF

Gobierno del Estado de México. (2022). Igualdad de género. Educación secundaria. Libro para docentes. Secretaría de Cultura y Turismo del Gobierno del Estado de México.

Lagarde, M. (2013). Por los derechos humanos de las mujeres: la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 49(200). https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2007.200.42568

Wolpert, R., Avendaño, V., Vargas, S., & López, G. (2024). Contribución de la Estrategia Curricular en Igualdad de Género a la educación en igualdad de género, derechos humanos y cultura de paz. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, 54(2), 137–158. https://doi.org/10.48102/rlee.2024.54.2.634

 

Fuente: https://www.educacionfutura.org/educar-para-la-igualdad-una-respuesta-frente-a-la-violencia-contra-las-mujeres/

Comparte este contenido:

¿Siguen funcionando las marchas hoy?

Cada cierto tiempo las calles de muchas ciudades se llenan de personas que avanzan juntas. Carteles en alto, consignas repetidas en coro, pasos que se sincronizan mientras recorren avenidas. La escena parece conocida. Sin embargo surge una pregunta inevitable. ¿Todavía sirven las marchas como forma de protesta social?

Lejos de ser solo desplazamientos multitudinarios, las marchas funcionan como una forma organizada de acción colectiva. En ellas, personas que comparten una inconformidad ocupan el espacio público para expresar demandas, llamar la atención sobre un problema, además de intentar influir en las decisiones de instituciones o autoridades.

Diversos estudios sobre movilización social, entre ellos trabajos de investigación de Elsa Rodríguez, así como análisis de la dimensión material de la protesta desarrollados por Blanco y Ohanian, examinan cómo este tipo de manifestaciones operan en la vida pública. Sus análisis muestran que las marchas no se limitan a caminar por una calle. También producen algo menos visible pero importante. Construyen un actor colectivo.

¿Cómo ocurre esto?

Cuando una movilización avanza por la ciudad aparecen múltiples elementos que ayudan a dar forma a esa identidad compartida. Pancartas con consignas, mantas extendidas entre grupos, cantos que se repiten de manera coordinada. También gestos simbólicos, coreografías improvisadas, performances que ocupan plazas o monumentos.

Cada uno de esos recursos cumple una función. Permiten que cientos o miles de personas, muchas de ellas desconocidas entre sí, actúen como un solo cuerpo social. Así, la marcha se convierte en una escena pública donde una causa adquiere forma visible.

Además, dentro de una movilización rara vez existe un solo grupo. Con frecuencia participan organizaciones distintas, colectivos, estudiantes, trabajadores, vecinos o activistas. Cada contingente lleva sus propios mensajes. Algunos marchan por demandas laborales, otros por derechos civiles, otros por causas ambientales.

A primera vista podría parecer una mezcla desordenada. No obstante, esa diversidad también permite construir alianzas temporales. Diferentes grupos encuentran un punto de encuentro durante la movilización, al menos por unas horas, mientras comparten el mismo recorrido.

Las marchas también cumplen otra función importante. Muestran capacidad de convocatoria.

El número de asistentes suele interpretarse como un indicador de fuerza social. Cuando miles de personas ocupan avenidas principales, el mensaje llega a medios de comunicación, autoridades, además de otros sectores de la sociedad. Incluso quienes no participan directamente terminan observando el fenómeno.

Aun así, las marchas tienen límites.

No todas las movilizaciones generan cambios inmediatos en leyes o decisiones públicas. En muchas ocasiones su efecto aparece de manera gradual. Una marcha puede colocar un tema en la conversación pública, impulsar debates sociales, fortalecer redes de organización o motivar nuevas formas de participación.

También existe otro desafío. En ciudades donde las protestas son frecuentes, la repetición puede disminuir el impacto mediático. Algunas movilizaciones pasan casi desapercibidas fuera de los grupos directamente involucrados.

Entonces surge otra pregunta. Si las marchas no siempre producen transformaciones inmediatas, ¿por qué siguen realizándose?

La respuesta aparece en varios niveles.

Por un lado, permiten que causas sociales ganen visibilidad. Por otro, fortalecen vínculos entre personas que comparten inquietudes similares. Además, crean un espacio donde la ciudadanía puede expresar inconformidad sin intermediarios.

Caminar juntos por la ciudad puede parecer un gesto simple. Sin embargo ese gesto continúa siendo una forma de intervención pública. Una forma de decir que un problema existe, que alguien quiere discutirlo, que una parte de la sociedad busca cambiar algo.

Las marchas no son la única herramienta de acción colectiva. Tampoco garantizan resultados inmediatos. Aun así mantienen una función persistente en la vida social contemporánea.

Las calles, después de todo, siguen siendo un escenario donde las voces se encuentran.

¿Y tú alguna vez has participado en una marcha o has observado una desde la banqueta?

Si este tema te hizo pensar en alguna movilización reciente, deja tu comentario o comparte esta nota con alguien que haya salido a marchar alguna vez.

Fuentes

Blanco, I. y Ohanian, S. (2020). La dimensión material de la protesta.

Rodríguez, E. (2010). El actor colectivo en las marchas de protesta. Revista Mexicana de Sociología.

Diversos estudios sobre movilización social y acción colectiva.

Fuente de la información:  https://redeslibertarias.com

Fotografía: Redes libertarias

Comparte este contenido:

La inteligencia artificial para fortalecer la labor docente

La inteligencia artificial para fortalecer la labor docente

Pluma Invitada

 

Corina Acosta y María de los Ángeles Pavez

Hoy la inteligencia artificial es un tema cotidiano para quienes tenemos acceso a internet. Ha habido debates, informes, portadas, redes sociales y varios seminarios de educación. Y sí, es cierto que  estamos viviendo un punto de inflexión en el desarrollo tecnológico: la Inteligencia Artificial ya no es solo una herramienta del futuro, es parte del presente, y está empezando a transformar nuestras formas de vivir, trabajar, aprender y enseñar.

En este contexto de creciente presencia de la IA en nuestra vida cotidiana y en el ámbito educativo persiste, sin embargo, una brecha significativa en las competencias digitales de los docentes. De acuerdo al informe sobre competencias digitales docentes en América Latina elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo, la mayoría de los educadores de América Latina considera que aún no alcanza ni siquiera el primer nivel de competencias digitales, mientras que el 27% reporta un nivel básico en las mismas relacionadas con el uso pedagógico de la tecnología.

Esta brecha contrasta con la velocidad con que la IA se está incorporando en las prácticas cotidianas de las comunidades educativas. Mientras algunos profesores comienzan a involucrarse progresivamente con estas herramientas —planificando clases, generando materiales o corrigiendo evaluaciones con mayor rapidez—, los estudiantes ya las utilizan para buscar información, escribir y aprender dentro y fuera de la escuela.

El gran desafío, entonces, para la formación de los docentes de hoy, es elevar su nivel de habilidades digitales. Pero junto con ese, emerge otro gran desafío: combinar las habilidades amplias o habilidades del siglo XXI como la empatía, la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración, con los conocimientos fundacionales que serán necesarios para desenvolverse plenamente en el mundo del presente y futuro. El resto lo va a resolver la misma IA. En un mundo donde los alumnos aprenden desde múltiples fuentes —videos de TikTok, tutoriales de YouTube, chatbots y comunidades en línea—, los profesores de hoy y sin duda los del futuro, deben convertirse en mediadores de un entorno de aprendizaje dinámico y cambiante

No basta con dominar herramientas, deben poder guiar a los estudiantes a formularse las preguntas correctas: ¿quién creó este contenido?, ¿con qué objetivo?, ¿qué omite? La alfabetización crítica hoy es tan importante como la alfabetización digital, y la formación docente es clave para asumirlo como prioridad.

El foco no debe estar solo en “usar IA”, sino en crear condiciones para que ningún profesor se quede atrás. Esto requiere esfuerzos colectivos urgentes del mundo público y privado—ministerios, sostenedores, directivos y formadores, empresas, OSC— para que podamos asegurar acceso a la tecnología básica, ofrecer formación continua pertinente y acompañamiento práctico, y reconocer que el rol docente es irremplazable en un contexto de transformación digital.

En nuestra experiencia, queremos destacar el caso de éxito de Aprendo en Casa, iniciativa que durante la pandemia logró articular a más de 80 organizaciones de toda América Latina y España para ofrecer contenidos gratuitos y de calidad a docentes y familias. Entre estas organizaciones se encuentra Radix Education, con quienes compartimos un mismo propósito: reimaginar el presente y el futuro de la educación. Hace cinco años utilizamos la tecnología para generar experiencias formativas que se adaptaran a los diversos contextos de las comunidades educativas latinoamericanas, poniendo en el centro a las y los docentes. Hoy, con la nueva plataforma de formación docente, AprendoLab, volvemos a unir esfuerzos, gracias a una colaboración estrecha y sostenida, para entregar rutas formativas con foco en habilidades del siglo XXI, impulsadas por la IA que responden a las necesidades reales de las y los maestros.

Cuando hay colaboración radical, ponemos al centro a los docentes y entendemos que la tecnología es un medio al servicio de la educación, construimos un entorno donde es posible fortalecer la labor docente, sin importar el punto de partida de cada profesor o escuela. La inteligencia artificial necesita de la inteligencia colectiva, de un ecosistema que cree, acompaña y sostiene; un ecosistema donde la humanidad, la empatía y el propósito compartido guían cada decisión.

Porque el futuro de la educación no será definido por los algoritmos, sino por las personas capaces de darles sentido. Y cuando docentes, comunidades, instituciones y organizaciones se unen con esa convicción, la IA deja de ser una promesa y se convierte en una oportunidad real: una oportunidad para enseñar mejor, para aprender mejor y, sobre todo, para construir un futuro más justo y humano.

Explora AprendoLab en https://www.aprendolab.org/home

Referencias  

Della Nina Gambi, G., Forero Pabón, T., Soto Sira, V. G., Ruiz García, M. J., & Keuylian, M. L. (2025). Aproximación a las competencias digitales de docentes en América Latina (Nota técnica del BID No. 3160). Banco Interamericano de Desarrollo, División de Educación.

El País. (2025, diciembre 5). Docentes, desigualdad y algoritmos: las preguntas que marcarán la educación del futuro. El País. https://elpais.com/economia/formacion/2025-12-05/docentes-desigualdad-y-algoritmos-las-preguntas-que-marcaran-la-educacion-del-futuro.html

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/la-inteligencia-artificial-para-fortalecer-la-labor-docente/

 

 

 

Comparte este contenido:

Brecha digital de género: más allá del acceso a la tecnología

Por:  Karen Lizette Matías López

La brecha digital no se trata solo de acceso, sino de desigualdades estructurales que afectan especialmente a mujeres y niñas. Este artículo analiza cómo se expresa la desigualdad en habilidades, participación y oportunidades en la era de la inteligencia artificial, y propone acciones desde la educación para construir una ciudadanía digital más justa e incluyente.

 

La brecha digital es mucho más que el acceso a dispositivos, conectividad o habilidades informáticas. En realidad, es una expresión contemporánea de desigualdades históricas entre mujeres y hombres, tal como lo muestran los análisis regionales en América Latina[1]. Las tecnologías digitales no se desarrollan en un vacío social: emergen en sociedades donde persisten desigualdades económicas, educativas y de cuidados que influyen directamente en quién accede, quién aprende y quién participa en los entornos digitales.

En un contexto donde la inteligencia artificial (IA), la automatización y la transformación digital están redefiniendo la educación y el trabajo, comprender la brecha digital desde una perspectiva de género es indispensable para construir un futuro más justo.

La brecha digital es estructural

Los estudios de la región[2] muestran que la desigualdad digital refleja desigualdades sociales previas en género, territorio, nivel educativo, ingreso y condiciones de cuidado. Las mujeres, especialmente las que viven en zonas rurales o en contextos de pobreza, enfrentan barreras simultáneas, como menor autonomía económica, menor escolaridad, menor acceso a dispositivos y limitada disponibilidad de tiempo debido a la distribución desigual del trabajo de cuidados.

Estas desigualdades no solo determinan si una mujer puede conectarse, sino cómo puede hacerlo y para qué puede usar la tecnología.

Acceso desigual en México: un punto de partida necesario

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, ENDUTIH, 2024 confirma que en México persisten diferencias de acceso entre mujeres y hombres: mientras 84.1 % de los hombres usa Internet, solo 82.3 % de las mujeres lo hace[3]. Aunque la diferencia parezca pequeña, se amplifica cuando se observa la dimensión territorial: En zonas urbanas, se conecta el 86.9 % de las personas, mientras que en zonas rurales, solo lo hace el 68.5 %[4].

Esta brecha territorial afecta más a las mujeres, quienes suelen enfrentar mayores obstáculos económicos y educativos. Además, la mayoría de las personas se conecta mediante teléfonos móviles, un dispositivo que limita las actividades educativas, laborales o formativas que se benefician de pantallas más grandes, programas especializados o mejor ancho de banda.

De ahí que el acceso, por sí mismo, no garantice la inclusión.

Brechas invisibles: habilidades, confianza y usos diferenciados

Más allá del acceso existe la brecha en habilidades digitales, que es una de las más profundas y menos visibles. Según la UNESCO y la CEPAL[5], las mujeres latinoamericanas tienen menor acceso a formación tecnológica, así como menos oportunidades de desarrollar habilidades digitales avanzadas.

En México, la ENDUTIH[6] revela diferencias claras en los usos asociados a la autonomía, la movilidad y la exploración. A menor uso de aplicaciones de navegación, menor participación en videojuegos, y menor presencia en actividades digitales avanzadas. Estas diferencias no responden a una falta de capacidad, sino a barreras estructurales que influyen en la confianza, la familiaridad tecnológica y el tiempo disponible para aprender.

La brecha se vuelve más evidente con la IA generativa. Hay estudios[7] que muestran que las mujeres usan menos herramientas de IA que los hombres, incluso cuando tienen un acceso comparable. Las razones incluyen menor familiaridad, menor confianza y mayor preocupación ética, especialmente en contextos educativos. Esta realidad importa porque los modelos de IA se entrenan con los datos derivados de las personas que los usan. Menos mujeres interactuando con estas herramientas significa que la IA aprende menos sobre ellas y sus contextos.

La inteligencia artificial reproduce desigualdades

La IA no es neutral. Diversos estudios muestran que los sistemas de lenguaje pueden reforzar estereotipos de género, por ejemplo, evidencian que el modelo de lenguaje autorregresivo, conocido como GPT-3, presenta patrones consistentes en los que asocia a las mujeres con roles de cuidado o rasgos de debilidad, mientras que atribuye a los hombres roles vinculados con liderazgo, poder y acción[8].

Otro estudio[9] identificó que los modelos más avanzados de IA aún reproducen sesgos en tareas narrativas, asociaciones profesionales y contenido visual. Estos sesgos son persistentes y aparecen incluso cuando las indicaciones –o prompts– no hacen referencia al género.

A nivel regional, la preocupación no solo es simbólica, sino también laboral. El BID[10] señala que la IA afecta de manera desigual a las mujeres en el mundo del trabajo, especialmente en sectores altamente feminizados expuestos a la automatización, como son los servicios, la administración y la educación. Además, advierte que las mujeres están subrepresentadas en los equipos que diseñan, implementan y supervisan la IA, lo que limita la diversidad de perspectivas en la generación de innovaciones.

La transformación digital empresarial refuerza esta preocupación, pues las mujeres tienen menor acceso a roles tecnológicos, menor participación en procesos de innovación y menor presencia en puestos directivos relacionados con lo digital[11].

Violencia digital: una capa adicional de exclusión

El análisis de la UNESCO y la CEPAL[12] –aunque no es el foco de los documentos de accesibilidad– incluye un elemento clave para comprender la participación de las mujeres en entornos digitales: la persistencia de entornos hostiles. El reporte señala que la violencia digital, el acoso y los discursos discriminatorios afectan la participación pública y el desarrollo profesional de mujeres y niñas, especialmente en contextos educativos y laborales mediados por plataformas. Un entorno inseguro limita la libertad de expresión y la permanencia en espacios digitales, lo que reproduce las desigualdades y afecta al bienestar.

CRÉDITO: Generada por IA

¿Qué podemos hacer desde la educación?

Cerrar la brecha digital requiere políticas educativas y acciones institucionales que atiendan las desigualdades estructurales identificadas en las fuentes.

  1. Alfabetización digital e IA con enfoque de género. La formación en IA no debe limitarse al uso técnico, debe incluir análisis de sesgos, comprensión crítica de modelos y prácticas de seguridad digital[13].
  2. Programas de acceso significativo. No solo se requieren dispositivos, también son necesarios la infraestructura, la conectividad estable, el apoyo docente y los procesos de acompañamiento.
  3. Habilidades digitales avanzadas para mujeres. Es necesario promover que las mujeres y las jóvenes desarrollen competencias en programación, ciencia de datos, análisis de información y uso avanzado de la IA[14].
  4. Inclusión en la transformación digital empresarial. Es imperativo asegurar procesos de reclutamiento sin sesgos, mentorías, participación en innovación y promoción de mujeres a puestos de decisión tecnológicos[15].
  5. Instituciones educativas que garanticen entornos seguros. Diseñar e implementar protocolos que atiendan los riesgos digitales y el fortalecimiento de comunidades de aprendizaje para mujeres.

Hacia una participación plena en lo digital

Cerrar la brecha digital con perspectiva de género no es tanto un asunto técnico como un reto profundamente social. Los datos muestran que las mujeres enfrentan desigualdades estructurales en acceso, habilidades, tiempo disponible, seguridad y participación en ecosistemas digitales.

La IA y la transformación digital abren oportunidades inéditas, pero también riesgos claros si las mujeres no participan plenamente. Una ciudadanía digital con igualdad requiere que las mujeres no solo usen tecnología, sino que formen parte de su diseño, regulen su implementación y definan su futuro.

El reto es grande, pero también lo es la posibilidad de construir un entorno digital más justo, más inclusivo y humano.

https://www.muxed.mx/blog/brecha-digital-genero-acceso

………………

Karen Lizette Matías López. Integrante de MUxED. Especialista en innovación educativa y tecnologías emergentes aplicadas a la enseñanza. Coordina el Laboratorio de Aprendizaje Digital de la Coordinación de Universidad Abierta y Educación Digital de la UNAM, donde impulsa proyectos de alfabetización digital, formación docente e integración ética de la inteligencia artificial en la educación. Interesada en la equidad digital, la evaluación educativa y la inclusión con perspectiva de género.

Correo: karenlmatiasl@hotmail.com

Referencias

Banco Interamericano de Desarrollo. (2022). La dimensión de género en la transformación digital empresarial de América Latina y el Caribe.

Banco Interamericano de Desarrollo. (2023). Los efectos de la inteligencia artificial en la vida laboral de las mujeres.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2024). https://www.inegi.org.mx/programas/dutih/

Lucy, L., y Bamman, D. (2021). Gender and representational harms in language models: The case of GPT-3 in generated stories. En Proceedings of the 3rd Workshop on Narrative Understanding (pp. 47–55).

Otis, R., Bastian, M., Li, S., y Zhao, Y. (2024). Global evidence on gender gaps in generative AI. World Bank Policy Research Working Paper Series.

UNESCO y Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2022). Innovación y cambio tecnológico, y educación en la era digital para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas. https://lac.unwomen.org/sites/default/files/2023-02/ESP%20Innovacion%20y%20cambio%20tecnologico%20y%20educacion.pdf Zhang, Y., Wang, H., & López, M. E. (2024). A comprehensive analysis of gender, racial, and prompt-induced biases in large language models. International Journal of Data Science and Analytics, 15(3), 221–240.


[1] UNESCO y CEPAL, 2022.

[2] UNESCO y CEPAL, 2022.

[3] INEGI, 2024.

[4] INEGI, 2024.

[5] UNESCO y CEPAL, 2022.

[6] INEGI, 2024.

[7] Otis, R. et al., 2024.

[8]  Lucy, L. y Bamman, D., 2021.

[9]  Zhang, Y. et al., 2024.

[10] Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

[11] Banco Interamericano de Desarrollo, 2022.

[12] UNESCO y CEPAL, 2022.

[13] UNESCO y CEPAL, 2022.

[14]  Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

[15] Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

Fuente de la información e imagen:  https://revistaaula.com

Comparte este contenido:

La moderación como sinónimo de educación

En el ensayo Moderaditos,el filósofo y profesor Diego S. Garrocho sostiene que la moderación es un acto de valentía. Este coraje se debe al momento epocal en el que la palabra pública está polarizada y el lenguaje propende a la insolencia y la malsonancia. El autor aduce que desde posicionamientos de izquierdas la moderación se califica de impureza ideológica, y desde la derecha se tilda de debilidad. En ambos espectros se denuncia que es un modo de conceder ventaja al partido rival. De ahí que a quienes practican la moderación se les señale con ese diminutivo claramente despectivo para indicar tibieza, equidistancia, cobardía o neutralidad maquiavélica. Creo que la moderación es una disposición deliberativa que alberga repercusiones más sustantivas que la de la valentía cívica. Quizá en vez de referirnos a la peyorativa moderación sea más prudente hablar de una deliberación esgrimida con el concurso de la palabra educada, ponderada y predispuesta a poner su atención al servicio de quien piensa de un modo distinto. Podemos definir moderación como la práctica de deliberar con una amistad cívica sin la cual no es posible construir ciudadanía.

La deliberación expresada a su vez con un paralenguaje amable es un ejercicio de atrevimiento democrático, que es la tesis medular del ensayo de Garrocho, pero sobre todo es la condición de posibilidad para que el diálogo pueda desplegarse como proyecto cooperativo en el que los argumentos provenientes de perspectivas distintas e incluso agonales puedan confluir y polinizarse para ofrecer un argumento mejor. Dicho con palabras de Garrocho, la concurrencia del diálogo solo es posible al «conceder cierta probabilidad al error propio y al acierto ajeno». El pluralismo solo emerge en espacios políticos sosegados en los que la exaltación, la belicosidad verbal y la mendacidad sean reprendidas socialmente. El disenso se degrada en animosidad cuando no está preludiado de civismo ni buenos sentimientos de apertura al otro. Quizá en vez de vindicar moderación bastaría con reclamar educación.

En el recomendable ensayo El fin del mundo común, su autora, Mariam Martínez-Bascuñán, postula con cristalina evidencia que «cuando el lenguaje político ya no sirve para compartir, sino para generar resonancias; cuando las palabras dejan de ser puentes entre perspectivas para convertirse en tambores que marcan el ritmo de las tribus enfrentadas, tenemos un problema». En conflictología el criterio regulativo más sagaz pauta que todo conflicto se puede solucionar cuando los actores se fijan en aquello en donde sus intereses convergen y desplazan a un lugar más secundario los intereses que divergen. Las personas dialogamos precisamente para que nuestros argumentos admitan matices gracias a la participación de otros argumentos. Esta inercia deliberativa solo es posible si partimos de que todo argumento es susceptible de ser refutado o mejorado, y de que el dogma, la afirmación monolítica y fanatizada o «discutir por puro reflejo defensivo» (como señala atinadamente Garrocho) invalidan la construcción de buenos juicios deliberativos. Admitir que los argumentos albergan la capacidad de crear argumentos mejor confeccionados cuando los argumentos se encuentran, nos hace personas más cívicas, más educadas, con una mayor sensibilidad relacional. El argumento granítico e impermeable no es solo un error discursivo, es una forma de empeorar nuestra condición ciudadana.

El mundo está tan plagado de personas faltosas y proclives a la vehemencia maleducada que, cuando compartamos pareceres y argumentos, deberíamos exigirnos una ritualidad enteramente opuesta. Ser personas respetuosas, atentas, afables, asertivas y cariñosas. Ser veraces, diligentes, mesuradas, solícitas y conciliadoras. Frente a la dejadez ética, que debilita el nexo político con los demás, proponer cuidado cívico, que considera a la otredad un correlato de nuestra propia vida. Sólo con hábitos afectivos cordiales podemos levantar espacios deliberativos en donde se festeje lo mejor de la argumentación y el diálogo. La base de cualquier sociedad próspera.

Fuente de la información e imagen: https://espaciosumanocero.blogspot.com

Comparte este contenido:

Un antídoto contra el miedo

Por: Francia Fernández

 

Recientemente, el filósofo Byung-Chul Han, conocido por abordar «los males del presente», sorprendió a sus lectores con El espíritu de la esperanza (Herder Editorial), donde plantea una «visión alentadora del hombre». En su libro, la esperanza surge como lo opuesto al miedo que se instaló en 2020. «Merece la pena detenerse en ella, escudriñarla, conocerla y tenerla a mano en la lucha contra ese miedo paralizador que clausura el futuro», sostiene el surcoreano.

Lo anterior porque hoy «nos vemos sumidos en una sociedad de la supervivencia, enfrentados a escenarios apocalípticos, que nos hacen pensar en el fin del mundo o de la civilización humana… Solo la esperanza nos permitiría recuperar una vida en que vivir sea más que sobrevivir», dice Han.

Aunque en el mito griego de la caja de Pandora la esperanza es uno de los males del mundo (que quedó atrapado en el cofre), esta se define como la «confianza en lograr una cosa o en que ocurra algo deseado» o el «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea». Otras formas de nombrarla serían: anhelo, expectativa, ilusión, optimismo, promesa.

Han hace una distinción: a diferencia del optimismo, que es la «propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable», y que tiende a la pasividad, la esperanza impulsa a la acción. «El optimismo se tiene o no», al igual que el pesimismo. «El optimista no arriesga nada; el pesimista rechaza todo cambio». Ambos se parecen y se diferencian de la esperanza en que «no están abiertos al futuro», mientras que ella «podría considerarse el antídoto de todos los males de la humanidad».

Desde la psicología, la esperanza es rasgo y a la vez estado. Es una fortaleza mental y una de las llamadas «emociones ambiguas», que se sitúa entre la tristeza y la alegría. Los individuos con esperanza «alta» demuestran un mejor desempeño, tienden a motivarse ante las adversidades y son menos propensos a los estados depresivos. Y, en el caso de los enfermos «esperanzados», consiguen mejores resultados en su tratamiento.

La esperanza es un recurso clave para afrontar la vida, pero no vista meramente como «una esperanza en uno mismo, de autoconfianza. Siempre que tenemos esperanza, es una esperanza en el afuera, que podrá construirse o no, pero siempre en el vínculo con otros», subraya Tomás Grieco, licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), especialista en Psicología Clínica y docente.

«La esperanza es un recurso personal y también colectivo para llevar adelante nuestras vidas y, sobre todo, darle sentido a nuestra existencia», reafirma Dante Ramaglia, catedrático y doctor en Filosofía de la Universidad Nacional de Cuyo e investigador del CONICET.

Después del covid
La crisis sanitaria de 2020 habría erosionado la esperanza, a juicio de Byung-Chul Han. «La pandemia radicalizó procesos que venían rompiendo el entramado social. Por ejemplo, el uso de plataformas de streaming, redes sociales, el home office, como herramientas de sustitución de la vida pública (a través de las cuales parece que interactuamos con otros, pero en las que, básicamente, lo hacemos con nosotros mismos), se acentuó, pero no se reduce a ese episodio», opina Grieco.

El aislamiento «implica una retirada del mundo y de los otros, algo que observamos cada vez más, y que obstaculiza los lazos sociales. Esto produce un creciente padecimiento», comenta. Y añade que, «promediando el siglo XX, los psicoanalistas ingleses postularon una teoría de la relación de objeto. La relación objetal significa que parte fundamental del desarrollo psíquico se sostiene en relacionarnos con otros, ya se trate de los otros primordiales de la infancia o de los vínculos amorosos y de amistad de la vida adulta. Paradójicamente, esa relación no está garantizada».

Esta escuela apunta en su centro a la confianza, «un afecto íntimamente relacionado con la esperanza. De lo que se trata en la confianza es de la esperanza en poder reparar el daño que supone la ambivalencia propia de los vínculos: la hostilidad, el sentimiento de culpa, la tristeza, que son inherentes a estos. La confianza en que un vínculo puede sostenerse, a pesar de dichos afectos, es lo que hace posible el restituir maneras de encontrarnos con otros en una época en que el retraimiento se encuentra entre las principales aflicciones», analiza el profesional.

De acuerdo con el artículo «El bienestar desde la perspectiva de la psicología social», publicado en la revista electrónica Intersecciones Psi, existe «un creciente malestar de los individuos respecto de la capacidad de la sociedad para darles sentido de confianza, de pertenencia y de un propósito común». También predomina una «valoración negativa de las instituciones y su funcionamiento, y de los políticos… Esta falta de confianza aumenta el sentimiento de impotencia y desesperanza».

Al respecto, Ramaglia señala: «Un aumento del individualismo, cambios culturales y políticos que responden a la proliferación de determinados discursos y también a los procesos de subjetivación que surgen de nuevas tecnologías. Esto atenta contra los proyectos colectivos y la construcción de una vida en común, que es donde, justamente, se puede recrear la esperanza».

Ramaglia cita a otro filósofo, Ernst Bloch, de ascendencia judía, y «su obra monumental, El principio esperanza, que escribió en su exilio, durante el ascenso del nazismo y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial». Bloch «asocia la esperanza con la utopía, entendida no como un sueño irrealizable, sino como esa aspiración a un ideal que expresa la capacidad que tenemos de proyectarnos hacia un futuro mejor». Esta facultad de «proyectar alternativas que superen lo existente, se basa asimismo en la “función crítica” como ejercicio intelectual: al examinar las condiciones desfavorables que presenta la realidad en que vivimos, podemos imaginar un mundo diferente. Precisamente, la fuerza que alienta esa aspiración viene de la esperanza, que representa una disposición anímica».

Como «el potencial que posee la esperanza para alcanzar una situación mejor se relaciona con la empatía hacia los demás, estamos hablando no solo en términos personales, sino de un sentimiento que es, básicamente, colectivo, y nos impulsa a actuar en función de su realización», recalca Ramaglia.

En su nuevo tomo, Han, que es académico de la Universidad de las Artes de Berlín, advierte sobre los peligros de la psicología positiva, tan de moda en tiempos en que «todas las ideas de felicidad acaban en una tienda», como dijo Zygmunt Bauman. «El culto a la positividad aísla a las personas, las vuelve egoístas y suprime la empatía. Ya no interesa el sufrimiento ajeno. Cada uno se ocupa solo de sí mismo y de su propio bienestar», afirma Han. En contraste, «la esperanza no les da la espalda a las negatividades de la vida. Las tiene presentes. Además, no aísla a las personas, sino que las vincula y reconcilia».

«Cuando la esperanza fenece, la vida termina», concluye Han.

Habrá que sujetarla.

Fuente de la información e imagen:  https://accion.coop

Comparte este contenido:
Page 1 of 73
1 2 3 … 73