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El cierre de escuelas no es la solución

Por Aida Díaz

La apertura y el cierre temporero o permanente de una escuela es una prerrogativa que todos los secretarios del sistema educativo público han tenido y ejercido.  Así lo establece la Ley Orgánica que rige al Departamento de Educación. Sin embargo, en esta ocasión, lo que justifica el cierre de decenas de escuelas es lo que nos llama la atención y obliga a la reflexión.

No me refiero a las escuelas cuyos maestros, padres y estudiantes suplican su cierre porque el lugar no está apto para ninguna otra acción que no sea su demolición. Escribo sobre aquellas cuya reducción de matrícula es la causa que justifican su cierre.

El País se está vaciando, como consecuencia, nuestras escuelas también. Y yo me pregunto, ¿qué estamos haciendo para detener esa ola de familias abandonándolo todo para buscar un mejor porvenir en otros lados?

El cierre de escuelas, no es solución, al contrario, podría agravar más la situación si esos ahorros que buscan, no se invierten en mejorar la educación de nuestros niños. Confiamos en que no sean entregados a los que disfrutaron de una educación privilegiada, casi individualizada. A esos que les importan poco el futuro de nuestros jóvenes.

Hoy son 184 escuelas las que anuncian, cerrarán. Significa el traslado de 27,000 estudiantes con sus 2,000 docentes hacia otros planteles. Si hacemos la matemática veremos que la proporción de estudiantes y maestros es de casi 14 a 1.  Ese número es ideal para trabajar una enseñanza bastante individualizada, que provoque un mejor aprovechamiento académico y una experiencia memorable para nuestros estudiantes.  De no ser así, esos estudiantes se unirán a grupos mayores, creando una proporción de hasta 30 estudiantes por uno o dos maestros en un mismo salón de clases.

Nos encantan las estadísticas, son la forma de evitar actuar a ciegas, pues cuando vemos las estadísticas de los países con sistemas educativos exitosos, una constante son los grupos reducidos de estudiantes. No hay forma de ofrecer calidad cuando no puedes dedicarle ni más de dos minutos por clase a cada uno de tus estudiantes. Esperamos que lo que se va a hacer con nuestro sistema educativo, sea precisamente eso, lo que hicieron los países que se distinguen por la calidad de su educación.

Cerremos y descartemos la costumbre de gerenciar la educación sin tomar en consideración que la población que se impacta contiene múltiples inteligencias y diversas experiencias psicosociales y culturales, realidades que son difíciles de atender en una educación de masas. Por el contrario, abramos y démosle paso a la oportunidad que se nos presenta de individualizar la enseñanza, dirigida y apoyada por las nuevas tecnologías disponibles y los mejores materiales y recursos existentes.

Cuando la educación se reconozca como una de calidad, menos familias se irán, más inversionistas llegarán y el desarrollo económico del país, arrancará. La educación es para invertir en ella, no para sacar ahorros de ella. Movamos al país de su crisis, pongamos en marcha la educación.

Fuente: http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/elcierredeescuelasnoessolucion-columna-2318196/

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Desde Tamaulipas a Aurelio Nuño: ‘la reforma educativa es un rotundo fracaso

Por José Gregorio Aguilar

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Porque fue diseñada detrás del escritorio haciendo a un lado a los maestros y fue echada a andar sin el presupuesto adecuado, la Reforma Educativa se ha convertido en un fracaso a tres años de vigencia, aseguró el presidente de la Sociedad de Maestros y Padres de Familia de Tamaulipas, Miguel Ángel Tovar Tapia.

Desde su punto de vista, la Reforma Educativa nunca ha tenido los recursos suficientes que justifiquen el supuesto propósito para lo cual fue creada: mejorar la calidad de la educación y mejorar el desempeño de los docentes a través de evaluaciones y de  cursos de capacitación.

“No se observa ningún beneficio académico y seguimos con el mismo sistema educativo; además no se está ateniendo lo que marca la misma ley, que establece que lo primero es la infraestructura, material didáctico y capacitación, y al final la evaluación docente”.

Tovar Tapia reiteró  que dicha reforma ha resultado un rotundo fracaso porque su diseño fue tras escritorio, alejado de los contextos regionales del país y sin atender lo principal antes de su implementación, que son las necesidades de las escuelas y la capacitación de los maestros, entre otras carencias que enfrenta el sistema educativo mexicano.

 “Empezamos al revés, primero la evaluación y ya después vamos a ver qué es lo que le falta a las escuelas y a los docentes. Ahora estamos en la incertidumbre, porque todo apunta a que la reforma es un fracaso, lo que es consecuencia de planear y hacer la cosas detrás del escritorio, de obligar al  magisterio con el instrumento de la ley a que cumpla las directrices que ellos (el gobierno federal) se han trazado, en virtud de otros contextos diferentes al nuestro”.

 El presidente de la Sociedad de Maestros y Padres de Familia de Tamaulipas citó que conforme a la norma para el próximo 2018, ya todos los docentes frente a grupo tendrían que estar evaluados, cuando apenas se lleva un 10 por ciento, y ahí es donde se debe preguntar quién está fallando, si el magisterio, la institución, la ley o quienes diseñaron la Reforma Educativa.

“El magisterio está donde debe estar, no escucharon nuestras voces de alerta de que debería tomarse en cuenta a los maestros en esto al cien por ciento, porque nada más nosotros conocemos la realidad de qué es lo que pasa con la educación en México”, concluyó. (Foto Proceso).

Fuente del Artículo:

https://www.gaceta.mx/desde-tamaulipas-aurelio-nuno-la-reforma-educativa-rotundo-fracaso/

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El derecho (olvidado) de los docentes a una educación de calidad

Por: Hidalia Sánchez Pérez*

A últimas fechas se ha tendido a priorizar el derecho a la educación de los niños y jóvenes a recibir una educación de calidad por sobre el derecho de otros actores, especialmente de los docentes. Al respecto, Katarina Tomasevski, quien fuera la primera Relatora Especial de laOrganización de las Naciones Unidassobre el derecho a la educación, destaca que “el derecho internacional de los derechos humanos exige la afirmación y protección de todos los derechos humanos de todoslos actores claves en la educación”, lo cual, desde luego, incluye a los docentes. En consecuencia, el derecho a una educación de calidad para todos, involucra a los docentes de dos formas: a) como portadores de obligaciones, es decir, como responsables de hacer realidad la calidad de la educación que reciben los alumnos; y b) como titulares de derechos, esto es, como actores educativos cuyos derechos también deben ser respetados y protegidos.

En la segunda perspectiva, como lo señala la UNICEF y la UNESCO, la concreción de los derechos de los docentes, implica que se les respete, se les brinde una remuneración justa, reciban una formación adecuada donde ellos tengan la posibilidad de participar en la definición de la misma; así como la posibilidad de participar en la definición de la política educativa y la de recibir los apoyos que resulten necesarios para que desempeñen sus actividades de forma adecuada a lo largo de su carrera profesional. Esto es así, dado que se considera que el reconocimiento de sus derechos y necesidades se constituye en un elemento fundamental que redunda en la mejora de la calidad de los docentes; y con ello, de la calidad educativa que brindan a sus alumnos.

En relación con el derecho que tienen los docentes a recibir los apoyos necesarios para mejorar su práctica, en México, la reciente creación del Sistema de Apoyo Técnico a la Escuela (SATE), prevista en la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), se puede decir que apunta en este sentido; si bien, aún no está claro cómo funcionará este sistema en la práctica. Tampoco resulta evidente si los docentes tendrán la posibilidad de participar en la definición de este tipo de apoyos. Al respecto, debería valorarse la importancia que tienen las redes creadas por los propios maestros para compartir sus experiencias docentes; y en razón de ello, buscar mecanismos para apoyar e impulsar este tipo de iniciativas.

En perspectiva, es necesario reconocer que la concreción del derecho a una educación de calidad está vinculada necesariamente con el derecho a aprender por parte de los propios docentes;  y en consecuencia, con la calidad de la formación inicial y continua que reciben.

En razón de ello, la UNICEF y la UNESCO, en el mismo documento, afirman que los procesos de formación inicial y continua que reciben los maestros deberían asegurar que éstos puedan desarrollar capacidades y competencias en los siguientes aspectos: a) la enseñanza centrada en el alumno; b) el desarrollo evolutivo de las capacidades de los alumnos; c) el aprendizaje mediante la participación; d) la función del docente como agente que facilita el aprendizaje; e) los derechos de los alumnos y la no discriminación; f) las formas positivas de disciplina y gestión en el aula; g) la enseñanza en contextos integradores; y d) la participación de los alumnos de todos los niveles en los entornos educativos.

Además, el derecho a aprender de los docentes y –por ende– la formación y el desarrollo profesional de los mismos debería estar centrado en avanzar hacia la consolidación de las dos grandes dimensiones a partir de las cuales, según la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC), se configura la identidad de la profesión docente: a) el profesionalismo docente entendido como un proceso continuo de aprendizaje de los maestros a lo largo de la vida profesional, donde se requiere que adquieran tanto competencias cognitivas (conocer, manejar información y continuar aprendiendo acerca de lo propio de la disciplina) como pedagógicas (saber cómo enseñar y trabajar en contextos diversos y con grupos heterogéneos); y b) la profesionalidad docente que implica el desarrollo de competencias éticas y sociales para cumplir con el compromiso social inherente a su profesión y ejercer responsablemente sus obligaciones respecto de las decisiones que toma acerca de la educación, la escuela y su propia práctica.

En esta propuesta, el punto de partida del profesionalismo y la profesionalidad de los maestros lo constituye la formación inicial, por lo que cabe preguntar ¿actualmente qué tanto se cubren estos propósitos en las escuelas normales? Una respuesta parcial a esta pregunta, se encuentra al comparar los resultados obtenidos por los egresados normalistas con respecto a los egresados de otras instituciones de educación superior en los exámenes de ingreso a la docencia, donde se observa que, en general, los egresados de las escuelas normales obtuvieron mejores resultados que los egresados de otras instituciones de educación superior. Entre estos exámenes, particularmente en el Examen de Conocimientos y Habilidades para la Práctica Docente, que incluye una dimensión denominadaIntervención didáctica, que valora las capacidades y habilidades para la resolución de problemas didácticos, y otra designada Aspectos curriculares, que valora el grado de dominio de los contenidos y enfoques de enseñanza, los normalistas obtuvieron mayores puntajes que sus contrapartes universitarios (Sánchez, 2015).MAESTROS DE MAESTROS.DOS

Una tendencia similar se percibe en los resultados de otro de estos exámenes, Examen de Habilidades Intelectuales y Responsabilidades Ético Profesionales, en donde en la dimensión de Compromiso ético, que valora las actitudes necesarias para el ejercicio de la profesión docente, los normalistas volvieron a obtener un mejor desempeño que los egresados de otras instituciones. No obstante, la ventaja obtenida por parte de los maestros normalistas no se mantiene en la dimensión de Mejora profesional, que valora las capacidades para la comunicación, el estudio, la reflexión y la mejora continua; y tampoco en la dimensión deGestión escolar y vinculación con la comunidad, que valora las actitudes necesarias para la gestión escolar y establecer vínculos con la comunidad.

Estos resultados ponen de manifiesto que, si bien, puede ser que la educación normal brinda una mejor formación a sus egresados en relación con su capacidad para realizar una intervención didáctica pertinente en comparación con los egresados de otras instituciones de educación superior, esta situación se invierte con respecto a las capacidades para la comunicación, el estudio, la reflexión y la mejora continua; así como con respecto a las actitudes para la gestión escolar y la vinculación con la comunidad. Lo cual, pone en entredicho  la capacidad de las Escuelas Normales para formar a los futuros docentes en estas habilidades.

De esta forma, se puede decir que en términos de la calidad de la educación que brindan las Escuelas Normales, éstas ofrecen una mejor formación en términos del profesionalismo docente, es decir, la capacidad de los docentes para adquirir a lo largo de su vida profesional tanto las competencias cognitivas como las competencias pedagógicas que requieren para mejorar su práctica; pero no ocurre lo mismo con respecto a laprofesionalidad docente, lo que implicaría que las Escuelas Normales brindan una formación de menor calidad que otras instituciones con respecto al desarrollo de competencias éticas y sociales que posibilitan a los docentes cumplir de manera responsable con su compromiso profesional.

De acuerdo con estos resultados, el derecho a la educación de calidad para todos, que incluye el derecho de los docentes a recibir una formación inicial de calidad, está siendo vulnerado. Cabría preguntarse, entonces, ¿qué se está haciendo al respecto? 

Referencia

Sánchez Pérez, Hidalia (2015) “Diversidad en los resultados de la evaluación de ingreso a la docencia en Educación Básica”. Ponencia presentada en el XIII Congreso Nacional de Investigación Educativa, realizado del 16 al 20 de noviembre de 2015, en Chihuahua, Chih.

*Investigadora asociada del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Texto publicado en el Blog de Educación de Nexos

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¿Para qué construir indicadores de investigación educativa?

Pluma Invitada

En los distintos ámbitos de la vida, los indicadores son útiles. Si usted quiere saber si salud avanza o retrocede, hágase un estudio clínico y tendrá un referente de algunos componentes (azúcar, colesterol) que indican si está sano o enfermo.

En el ámbito económico, también existen indicadores que muestran si vamos por mal o buen camino. Por ejemplo, si hay un aumento generalizado y continuo de los precios en bienes y servicios, decimos que la inflación es alta. Para resolver esta situación se elevan las tasas de interés con lo que se pretende desincentivar el consumo y equilibrar la demanda de productos con la oferta. Los indicadores, por lo tanto, sirven para tomar algunas decisiones de política.

En el sector educativo también contamos con referentes para saber si estamos acercándonos a los umbrales de calidad planteados. Aunque la Secretaría de Educación Pública (SEP) genera sus propios indicadores (deserción, cobertura y reprobación), es el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) el encargado de publicar, desde 2004, el denso y útil Panorama Educativo de México. 

El Panorama contiene indicadores sobre la estructura del sistema educativo, sus actores y recursos, el acceso y trayectorias de los estudiantes, los procesos educativos y de gestión, los resultados educativos y del contexto social donde operan las escuelas. Al realizarlo un organismo autónomo e independiente como el INEE, se espera que la información presentada coincida – o no – con la reportada por la SEP. No olvidemos que siempre hay la tentación de presentar cuentas alegres desde el gobierno. El INEE está entonces para combatir la “verdad oficial” con fundamento técnico.

La actividad científica, por otro lado, no está exenta de la medición. El Foro Consultivo Científico y Tecnológico de México ha expresado que uno de los insumos más importantes para monitorear las actividades de investigación y para formular políticas en esta materia es construir indicadores sobre el gasto en investigación, número de investigadores o número de artículos publicados y patentes, entre otros (Guadarrama y Manzano, 2016).

Por algunas iniciativas de organismos internacionales, pareciera que a la investigación educativa (IE) le llegó la hora de su monitoreo. En el marco de la reunión anual de la Asociación Americana de Investigación Educativa (AERA), nos reunimos varios colegas a discutir la pertinencia de tener indicadores científicos que pudieran dar cuenta del avance de la IE a nivel mundial. Se partió del supuesto de que, a la fecha, es poca la información que se ha recolectado de manera sistemática en algunos países. Además, se dijo, los indicadores de investigación educativa varían considerablemente entre países y no se sabe qué miden.

Stéphan Vincent-Lacrin, del Centro sobre Investigación Educativa e Innovación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (CERI-OCDE), hizo una espléndida presentación donde mostró datos por país sobre el gasto en investigación educativa – y donde, por cierto, no apareció México – y sobre el número de artículos científicos publicados en este campo. Ahí nos enteramos que la tasa de crecimiento anual en el número de artículos publicados de 1996 a 2003 en nuestro país fue de 15, lo que nos coloca cinco puntos por arriba del promedio de la OCDE. Parece entonces que va en ascenso la publicación del artículo científico en México.

Pero el número de artículos publicados en revistas científicas no debe ser el único referente para valorar el avance de la investigación educativa. Los participantes en el panel fueron enfáticos y sugirieron analizar de manera sistemática la formación de nuevos doctores aunque aquí apareció una salvedad. Dadas las recientes políticas de profesionalización docente, en algunos de nuestros países no es raro hallar un número creciente de maestros de educación básica buscando ser doctores. La pregunta es cuántos de ellos pasan a ser investigadores y cuántos permanecen al frente de un grupo o en la escuela. Habrá entonces que detectar y reconocer las distintas trayectorias de los nuevos doctores en investigación educativa.

Otro comentario fue tener más claro para qué queremos construir indicadores de investigación educativa (IE), es decir, cuál es el referente normativo o conceptual al desarrollar estas mediciones. ¿Acaso lo que queremos con estos indicadores es reflexionar sobre lo realizado en el campo de la IE? En este sentido, ¿será verdad que está directamente relacionado un mayor nivel de inversión pública con un desarrollo científico prominente? ¿Entre más dinero más y mejor pensamiento? ¿O mas bien lo que queremos es valorar y cuestionar la calidad de la IE de México? ¿Será esto posible por medio de los indicadores?

Gracias a la estimulante discusión en el panel, quedo flotando una pregunta que habrá que retomar en encuentros futuros: ¿será posible capturar una dimensión cualitativa del avance científico en nuestros países por medio de referentes cuantitativos? Creo que éste es precisamente el reto. Para enfrentarlo, el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comie) podría tomar una posición más clara al respecto y proponer la elaboración de un informe sobre la calidad de la IE en el país con datos válidos y actuales que generen discusiones colectivas sobre nuestro quehacer científico. Un documento de este tipo podría contribuir a tener una interlocución más abierta y fundamentada con la SEP, con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), con los gobiernos de los estados y con la amplia comunidad científica del país.

Así como en el campo de la salud personal y de la economía, en el campo de la investigación educativa se requiere tomar mejores decisiones con base en los datos, el razonamiento y la reflexión.

Fuente del articulo: http://www.educacionfutura.org/para-que-construir-indicadores-de-investigacion-educativa/

Fuente de la imagen: http://www.educacionfutura.org/wp-content/uploads/2016/02/escuela-morena.jpg

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Una Marcha por la Ciencia ¿en México?

Pluma Invitada

Dr. Raúl Alva García.*

Los Estados Unidos de América fueron fundados, entre otros, por dos hombres que hoy serían llamados “científicos”: Benjamin Franklin y Thomas Jefferson. No lo fueron en su tiempo pues el término aún no existía.

“We need very much a name to describe a cultivator of science in general. I should incline to call him a Scientist. Thus we might say, that as an Artist is a Musician, Painter, or Poet, a Scientist is a Mathematician, Physicist, or Naturalist.” – William Whewell.

Sin embargo, como afirma la cita, el concepto de Ciencia ya era de uso común, así como la comprensión de la importancia del cultivo y fomento de las diversas disciplinas para el progreso de las naciones. De hecho, Whewell hizo la primera propuesta del nuevo vocablo, “científico”, ante la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, entre 1833 y 1834. Así, en 1804, Jefferson como Presidente de los nacientes Estados Unidos, comisionó a los oficiales Meriwether Lewis y William Clark para explorar y cartografiar el territorio de Louisiana, recientemente adquirido de Francia. La expedición tenía un segundo pero fundamental objetivo: el estudio científico de los recursos naturales del nuevo territorio y la estimación de su valor económico. Sí. La ciencia fue la herramienta empleada por Jefferson para identificar, cuantificar y administrar el crecimiento económico de una nación.

Desde entonces, la ciencia ha representado un factor esencial en el desarrollo, crecimiento y supervivencia de naciones alrededor del mundo. El Imperio Británico sostuvo el dominio de los mares al mismo tiempo que desarrolló los fundamentos de la oceanografía y la climatología en el siglo 19. Napoleón Bonaparte, oficial de artillería francés, apoyó el estudio físico de los gases, lo que contribuyó al descubrimiento de las Leyes de la Termodinámica. Y Abraham Lincoln creó la Fundación Nacional de Ciencia, lo que fue un factor decisivo en el triunfo de la Unión sobre la Confederación en la Guerra de Secesión norteamericana.

Asimismo, el reconocimiento del impacto de la ciencia y de sus productos, así como de sus posibles efectos negativos en la sociedad humana fue descubierto, no accidentalmente, por científicos nortamericanos, como Oppenheimer y Pauling, y científicos inmigrantes como Einstein y Szilard.

Por ello no es de sorprender que una vez llegado a la Sala Oval en The White House, un hombre que abiertamente niega la Ciencia y cumple su propósito de cerrar oficinas científicas del Gobierno, la comunidad científica de los Estados Unidos salga a las calles a manifestarse y a marchar en defensa de la Ciencia.

Pero, ¿por qué un grupo de estudiantes, profesores e investigadores en México anunciaron una Marcha por la Ciencia para este 22 de abril?

México fue fundado por sacerdotes, militares y abogados, no por cientificos. Cuando el Naturalista Alexander von Humboldt viajó por tierras mexicanas, aunque fueron ni siquiera dos años los que estuvo en la entonces Nueva España (entre 1803 y 1804), recabó una gran cantidad de información sobre los recursos naturales. Sin embargo, esa información fue poco apreciada en su tiempo en el propio territorio mexicano (no así en Washington, donde fue recibido luego de su paso por la Nueva España). Aunque se insiste mucho en México sobre la importancia de personajes como Andrés Manuel del Río, Antonio García Cubas y Alfonso Luis Herrera, es escasa la presencia, la importancia y el reconocimiento de los científicos a lo largo de la historia de México. Y, para tragedia de la ciencia y del país, cuando aquellos se vincularon estrechamente al Gobierno mexicano, lo hicieron en uno de los periodos más oscuros de la sociedad mexicana: el Porfiriato y sus Científicos, nombre con el que se conoció a un grupo de políticos, intelectuales y hombres de negocios que influyeron profundamente en las políticas del Dictador.

Y, seamos honestos: México es un país profundamente dependiente de la Ciencia y de la Tecnología que se realiza y desarrolla en otros países.

Entonces, ¿por qué un grupo de estudiantes, profesores e investigadores en México anunciaron una Marcha por la Ciencia para este 22 de abril?

A primera vista parece que es sólo la motivación de los estudiantes de posgrado que han visto reducido el monto que reciben en las becas que les otorgó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología CONACYT al estar inscritos en Maestrías o Doctorados registrados en el Padrón de Posgrados de Calidad. O tal vez que, por fin, los Investigadores han decidido elevar la voz en función inversa a la reducción de los presupuestos que sus Instituciones destinan a los Proyectos científicos, tecnológicos y de ciencias sociales y humanidades que intentan llevar a cabo.

Si bien estos son dos de los motivos que los organizadores de la Marcha por la Ciencia en la Ciudad de México explicaron el miércoles 19 de abril de este año, en el Auditorio Francisco Gabilondo Soler de la Sociedad Astronómica de México, hay otro motivo fundamental con profundas y extensas raíces y sus equivalentes e importantes consecuencias: el reconocimiento de la Ciencia como parte fundamental de la cultura en la sociedad mexicana.

Como se ha expresado en los primeros párrafos de este texto, las naciones que han alcanzado los más altos niveles de bienestar para sus sociedades son aquellas en las que la ciencia ha contado con apoyo y reconocimiento por parte de la sociedad misma, de sus gobiernos y de los inversionistas. Han sido autores de los más importantes y trascendentes descubrimientos sobre el funcionamiento de la naturaleza, así como creadores de los instrumentos que han dado lugar al avance de la civilización y a la extensión de la vida humana a más del doble de su duración natural. Al mismo tiempo, han permitido a las mismas sociedades darse cuenta y ser concientes del impacto de las consecuencias, tanto benéficas como perjudiciales, de los resultados de la ciencia y de la tecnología desarrollada a partir de aquella.

De hecho, una mirada científica al estado actual de la sociedad mexicana en todos sus ámbitos, sugiere fuertemente (así lo escribimos en ciencia) que la causa es la falta de inversión y desarrollo en ciencia y tecnología al interior del país.

Estos y otros aspectos más humanos, como los problemas internos que la comunidad científica mexicana tiene para su quehacer cotidiano, fueron expuestos por el Dr Pedro Camilo Alcántara de la Universidad de Guanajuato, el Mtro Edgar Vargas, estudiante de Doctorado Becario del CONACYT, la Dra Monserrat Salas, Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de México, el Dr Pavel Montes de Oca de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Lic Gema González, estudiante de Maestría, becaria del CONACYT, así como por quien esto escribe.

Son estos los motivos por los que estudiantes, profesores e investigadores de al menos treinta instituciones de estudios superiores y de investigación en México se organizaron, como ciudadanos o residentes en México (debemos reconocer la importante participación de académicos extranjeros que han hecho de esta nación su lugar de trabajo y residencia) para hablar públicamente, en las calles y no sólo en las aulas, en los laboratorios y en los auditorios, sobre la importancia de que México se apropie de la ciencia como parte indispensable de su cultura y para el bienestar de todos quienes viven en México, uniéndose a la Marcha Global por la Ciencia. Porque la ciencia que se hace en México y en los Estados Unidos impacta y beneficia (o perjudica) a todo el mundo. Porque los obstáculos a la ciencia y a los científicos en los Estados Unidos afectan alrededor del mundo.

Por eso es que todos fuimos invitados a la Marcha por la Ciencia más cercana a casa. Los organizadores de las más de quinientas marchas alrededor de la Tierra invitaron a todos a la celebración de la Ciencia el sábado 22 de abril, Día de la Tierra. Porque esto apenas comienza.

Biofisicoquímico. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.*

Fuente del articulo: http://www.educacionfutura.org/una-marcha-por-la-ciencia-en-mexico/

Fuente de la imagen: http://www.educacionfutura.org/wp-content/uploads/2017/04/marcha_2017-768×473.jpg

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Ideología de Género en Colombia y América Latina

Por Libertades Sonoras

Luego de la polémica suscitada en Colombia por el tema de ideología de género, en Libertades Sonoras quisimos mostrar cuál es el impacto negativo de este discurso enmarcado desde algunos sectores religiosos, frente al reconocimiento de los derechos de mujeres y de la comunidad LGBTI.

En estudio contamos con la presencia de Natalia Idrobo, politóloga, investigadora en contextos socio-políticos y gestora social. Como activista hace parte de Enigma Red de Mujeres Diversas y el Observatorio Contra el Acoso Callejero. Experiencia en educación popular, participación ciudadana e investigación en: conflicto armado, construcción de paz, violencias y derechos de las mujeres; jóvenes y personas con orientaciones sexuales e identidades de género no normativas.

Así mismo, como esta realidad no afecta solo a Colombia, tuvimos la participación desde México de Adriana Patlán – Activista, Feminista y Directora de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos de México, red presente en 10 Estados, que promueve los DSDR y el aborto legal.

Desde Perú nos acompañó Melissa Sánchez- Activista, feminista e integrante de Católicas por el Derecho a Decidir – Perú, organización de mujeres Católicas que trabajan por el reconocimiento y defensa de los derechos sexuales, derechos reproductivos y el derecho a decidir de las mujeres.

Fuente: http://www.contagioradio.com/39456-articulo-39456/

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Cuando los niños franceses y alemanes empezaron a jugar pacíficamente

IGNACIO CEMBRERO

Los luxemburgueses, incrédulos, se concentraban ante el patio de la primera Escuela Europea a la hora del recreo. Querían comprobar con sus propios ojos que niños franceses y alemanes eran capaces de jugar sin pelearse, pacíficamente. Hacía tan solo ocho años que había acabado la II Guerra Mundial y acababa de abrir en Luxemburgo la primera escuela que acogía a los hijos de los funcionarios de la primera institución europea, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero(CECA). Más tarde, en 1967, se fusionaría con las otras dos instituciones para convertirse en la Comunidad Europea.

Llegué tarde a Luxemburgo para ver a los transeúntes apiñados ante el patio, pero sí recuerdo que mis profesores nos lo contaban en clase para imbuirnos del espíritu europeo. Era un niño que venía de una España en la que esporádicamente aún se cantaba el ‘Cara el Sol’, elhimno de la Falange, en los colegios católicos de Madrid. Quedé deslumbrado ante una escuela multilingüe y multicultural, en cuyas clases mezclaban a alumnos de seis nacionalidades y en él que no enseñaban la historia de una nación sino la de una Europa que empezaba a escribir un nuevo capítulo de su historia. Además, en Luxemburgo no se cantaban himnos sino villancicos en vísperas de la Navidad.

Alumnos de la Escuela Europea de Luxemburgo.
Alumnos de la Escuela Europea de Luxemburgo.

Fui el primer español en sentarme en los pupitres del 21 del Boulevard de la Foire. Mi padre, Carmelo Cembrero, democristiano, participó en 1962 en el “Contubernio de Múnich”. Al regresar a España por La Junquera, la policía le denegó la entrada. Tras unos vaivenes por Europa, fue contratado por la CECA en 1963. Cuando se produjo la fusión de las instituciones nos trasladamos a Bruselas y se convirtió en el primer funcionario español de la Comunidad Europea junto Josep Sans Arrufat, miembro de Esquerra Republicana de Catalunya. Fueron dos excepciones achacables a la solidaridad política de sus correligionarios europeos cuando faltaban todavía 19 años para que España se subiese al carro europeo.

De todos esos años sentado en los bancos de dos escuelas europeas, de las conversaciones en familia y con algunos de los padres de mis amigos, especialmente con el sindicalista belga de origen polaco Jan Kulakowski, recuerdo el regocijo por la reconciliación entre europeos y una difusa ilusión colectiva. Tenían, teníamos incluso los más pequeños, la sensación de estar haciendo historia uniendo a naciones antaño enfrentadas. Había incluso quienes se consideraban una avanzadilla que miraba por encima del hombro a todas aquellas democracias europeas que no se habían querido subir al carro de esta segunda Ilustración.

Mis profesores recordaban agradecidos su papel en la lucha contra el III Reich, pero describían a veces a los británicos como “bichos raros”

El Reino Unido había sido el primero en apartarse y por eso el inglés no era la ‘lingua franca’ de aquella nueva Europa. Su ausencia suscitaba sentimientos contradictorios. Mis profesores recordaban agradecidos su papel fundamental en la lucha contra el III Reich, pero describían a veces a los británicos como “bichos raros”, sometidos a los dictados de EE UU que no les dejaba participar en la fiesta de la reconciliación europea. Al final, en 1973, Londres se sumó a la marcha emprendida por Europa, pero puso tantas piedras en el zapato que la ralentizó.

Dejé Bruselas al acabar el bachillerato en la Escuela Europea para estudiar en París, pero regresé en dos ocasiones para ser corresponsal del diario El País y trabajar más tarde en un programa de la Comisión Europea dedicado a los vecinos árabes del Mediterráneo. Sabía que la construcción europea pasaría por altibajos, pero siempre pensé que no tenía vuelta atrás, que al final del largo camino estaban nada menos que los Estados Unidos de Europa.

Ahora sí temo que sea reversible aunque los líderes del Viejo Continente reiterasen el sábado en Roma su compromiso de seguir adelante con el proyecto que nació hace 60 años con la firma delTratado de Roma. La UE se enfrenta a una combinación de problemas de difícil solución. Uno de sus principales socios, el Reino Unido, la abandona; la crisis económica que empezó a golpearla a finales de la década pasada ha propagado el euroescepticismo en parte porque los gobiernos nacionales achacan a Bruselas la culpa de sus políticas de austeridad; el arribo masivo de inmigrantes y refugiados y la amenaza terrorista han incitado a un puñado de Estados miembros, muchos de ellos recién llegados, a levantar fronteras ignorando, a veces, los compromisos suscritos.

Permanecer unidos es como mejor podremos competir en un mundo que, pese a las trabas de Trump, seguirá por la senda de la globalización

Es ahora, sin embargo, cuando más necesitamos cerrar filas. Permanecer unidos es como mejor podremos competir en un mundo que, pese a las trabas que pondrá Donald Trump, seguirá por la senda de la globalización. Es además así la mejor forma de hacer frente a la creciente inseguridad, sin precedentes desde la II Guerra Mundial, en la frontera sur de Europa y también en la del norte donde Rusia vuelve a ser percibida como una amenaza. Por algo el Ejército españoldesplegará en junio, por primera vez, carros de combate Leopard a Letonia.

El proyecto europeo ha zozobrado en la última década. Si echamos la vista atrás, desde aquel año 1953 en que los niños franceses y alemanes empezaron a jugar juntos en el patio de la Escuela Europea, la construcción europea ha sido, sin embargo, todo un éxito. Por algo millones de inmigrantes y refugiados han llegado estos últimos años a la UE y otros muchos millones repartidos por el norte de África, Oriente Próximo y Asia Central anhelan con poder entrar en Europa. Son en su mayoría sirios porque en ese país los niños suníes, alauíes y cristianos ya no pueden jugar juntos en el patio de su colegio.

Fuente: http://blogs.elconfidencial.com/mundo/tribuna-internacional/2017-03-25/ninos-franceses-alemanes-escuelas-educacion-paz_1355196/

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