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Vacunarse contra la covid es una ardua batalla en Zimbabue

Hace más de un mes, perdió a sus padres, a su hermano y a su cuñada por la covid-19. Luego su prometido también tuvo que emprender su batalla contra el coronavirus, pero Melinda Gavi, de 27 años, seguía convencida de que ella no había contraído la enfermedad.

Eso sí, Gavi se unió a las multitudes que buscan vacunarse contra la covid en el hospital Parirenyatwa de Harare, la capital de Zimbabue, a pesar de que antes de que la enfermedad se ensañara con su familia era escéptica sobre la necesidad de inmunizarse contra el virus.

Sus fallecidos padres, hermano y cuñada eran igualmente escépticos respecto a las vacunas anticovid, antes de que se contagiaran y finalmente murieran.

En este país del sur de África de unos 15 millones de habitantes, casi 5,5 millones han recibido al menos una dosis de la vacuna anticovid, según el rastreador de covid-19 de Reuters, lo que dado que cada persona necesita dos dosis, representa apenas 18,8 % de la población.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó este mismo mes que Zimbabue había recibido 943 200 dosis en septiembre, dentro del mecanismo mundial de Covax, que encabeza las Naciones Unidas, para impulsar la campaña de vacunación en el Sur en desarrollo.

IPS ha seguido los operativos de vacunación en varios centros sanitarios del país durante los últimos meses, registrando las experiencias personales de la gente que estaba en las filas para ser inmunizada.

Gavi contó que tardó días en poder vacunarse.

“Este es mi tercer día viniendo aquí a Parirenyatwa para intentar vacunarme», dijo a IPS mientras hacía una larga y serpenteante fila en el mayor hospital de Zimbabue.

Unas 200 personas se congregaban ese día en la parte trasera del hospital, algunas con aspecto cansado mientras permanecían horas en la fila. Algunos se iban sentando en las aceras o los parterres, en espera que llegase su turno mientras la fila avanzaba muy lentamente.

“Tenemos dosis de vacunas limitadas, y a menudo en un día estamos vacunando a solo 80 personas y todos los demás a menudo regresan a casa sin ser vacunados”, reconoció a IPS una enfermera, quien pidió reserva de su nombre por no estar autorizada a hablar con los medios.

En febrero de este año, Zimbabue comenzó a vacunar a sus ciudadanos contra el coronavirus tras recibir una donación de 200 000 dosis de la vacuna china Sinopharm.

Pero cuando la vacuna llegó por primera vez, fue recibida con un gran escepticismo en plataformas de medios sociales como WhatsApp, Twitter y Facebook, en una campaña negacionista que  alimentó las dudas sobre la vacuna.

Este ya no es el caso. Ahora el personal sanitario tiene que luchar contra la multitud que lucha por vacunarse cuanto antes.

“Con el tiempo, a medida que más y más personas se vacunaban sin graves temores de seguridad, el público se tranquilizó y la demanda de vacunas empezó a aumentar gradualmente”, explicó el epidemiólogo Grant Murewanhema.

En Bulawayo, la segunda ciudad del país, a 365 kilómetros al suroeste de Harare, IPS observó como en el Hospital Unido una enfermera avanzó a lo largo de la cola de personas que esperaban ser vacunadas, contando hasta 60, y les dijo a las demás que volviesen temprano al día siguiente, porque solo había ese número de dosis.

En el número 60 estaba Jimmy Dzingai, de 47 años, un camionero, que suspiró aliviado y cruzó las manos en el pecho mientras decía: “menos mal, al menos me voy a vacunar hoy”.

A los que se les dijo que se marcharan, lo acataron pero refunfuñaron mientras salían del hospital, algunos agitando sus mascarillas en señal de protesta, gritando a las autoridades del centro por haberlos rechazado.

“No es la primera vez que vengo aquí para intentar vacunarme. He estado aquí cuatro veces, y este es mi quinto día desde mediados de junio, solo para obtener excusas”, dijo a IPS Limukani Dlela, un hombre de 54 años, residenciado en Matsheumhlope, un suburbio de la ciudad.

La corrupción y el nepotismo están detrás de la amarga batalla de este país sudafricano contra la covid, y muchas personas como Dzingai, el camionero, no se han librado de esas lacras.

Mientras Dzingai se encontraba al final de la cola, cuatro mujeres de mediana edad pasaron por delante de él y de todos los demás, dirigiéndose directamente a la cabeza de la cola. Inmediatamente fueron inmunizadas y se fueron.

Las enfermeras que estaban en la mesa de vacunación explicaron que eran miembros del personal del hospital y no podían esperar con los demás.

Pero todos pudieron ver que las cuatro mujeres privilegiadas salieron inmediatamente el hospital, en cuanto se le inyectó su dosis, además de no llevar ningún uniforme a identificación, al contrario del personal del recinto.

“Estaba hablando con mis jefes ahora mismo, y me han cargado el camión para llevar la entrega a Zambia. Les he dicho a mis jefes que iba a recibir la vacuna. En cambio, me dicen que no me van a vacunar. Deberían conseguir agua para inyectarme y darme el certificado de la vacuna. No me iré de aquí sin ella”, juró el camionero.

Pero la enfermera le replicó que “hoy no se vacunará. Desgraciadamente, eso no ocurrirá”.

Pese a sus protestas, tanto Dzingai como las otras tres últimas personas en la fila tuvieron que irse sin recibir su dosis.

Para responder a la creciente ansiedad por vacunarse de muchos zimbabuenses, el gobierno ha autorizado el uso de las vacunas chinas Sinovac y Sinopharm, la rusa Sputnik V, la india Covaxin y la estadounidense Jensen.

Pero las vacunas escasean y  los sobornos están a la orden del día en los hospitales de Zimbabue, como el Sally Mugabe, de referencia en la capital.

Lydia Gono, de 24 años y residente en Southertorn, un suburbio de ingresos medios de Harare, dijo que tuvo que recurrir a “mi cartera”, que en la jerga local significa pagar un soborno, para poder vacunarse rápidamente en ese centro hospitalario, el más cercano a su vivienda.

“Me pasé casi una semana intentando vacunarme aquí sin éxito, pero hoy simplemente enrollé un billete de 10 dólares en mi mano y estreché la mano de una enfermera que atendía la fila, dejando el billete en su mano. Me llevaron al frente y me vacunaron sin demora alguna”, dijo Gono a IPS.

Cansados de la corrupción y el nepotismo y de las tácticas dilatorias que caracterizan el proceso de vacunación en los centros sanitarios públicos, muchos trabajadores de ingresos medios, como Daiton Sununguro, de 35 años, han optado por acudir a los centros médicos privados para vacunarse, desembolsando 40 dólares por una cada dosis.

“Pagar es mejor que tener que esperar muchas horas para vacunarse en los centros sanitarios públicos. Así que volveré y pagaré los otros 40 dólares por mi segunda dosis”, dijo Sununguro a IPS en un elegante centro médico privado en el suburbio hararense de Mount Pleasant.

Fuente: https://rebelion.org/vacunarse-contra-la-covid-es-una-ardua-batalla-en-zimbabue/

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Zimbabue: nuevas leyes para garantizar la educación a las adolescentes embarazadas

Tener hijos a corta edad es un hándicap para la formación de las mujeres en toda África. Alrededor de uno de cada ocho casos de abandono escolar registrados en este país africano fue motivado por matrimonio o gravidez.

Cassey Simbanai iba a hacer sus exámenes finales el pasado diciembre. Esta joven zimbabuense de 17 años, una de las estudiantes más prometedoras de su clase, soñaba con convertirse en profesora de ciencias. Sin embargo, durante meses, no estuvo en el aula ni jugando a su querido rugby en el campo de al lado, sino preparando la comida para su familia política en la cocina de la casa de esta en Hauna Growth Point, una aldea de las montañas del este de Zimbabue, cerca de la frontera con Mozambique. Simbanai pasaba la mayor parte del tiempo haciendo tareas domésticas para su nueva familia mientras esperaba a dar a luz a su hijo.

En abril de 2020, pocas semanas después de que Zimbabue impusiera un estricto confinamiento nacional para frenar la propagación de la covid-19, la joven se quedó embarazada. “No pasábamos mucho tiempo juntos porque yo siempre estaba en el instituto”, dice refiriéndose al que ahora es su marido, un empleado de 24 años de una fábrica de procesamiento de tabaco con el que llevaba tres años de relación. “Pero cuando empezó el confinamiento… teníamos mucho tiempo y pasó. Tuvimos relaciones sexuales sin protección”.

Las tiendas de Zimbabue estuvieron cerradas durante parte del confinamiento, lo cual limitó muchísimo el acceso a los anticonceptivos para los habitantes de zonas rurales, como Simbanai y su marido. “Cuando se enteró de que estaba embarazada, me pidió que me casara con él”, cuenta la joven arrodillada en una estera de paja en casa de sus suegros. Aunque el matrimonio infantil está prohibido, la pareja se fugó.

Antes de la pandemia, en Zimbabue no se permitía que las niñas embarazadas siguiesen yendo al colegio. Pero, debido al confinamiento de todo el país, que dejó a los niños sin escuela durante seis meses, las tasas de embarazo adolescente y matrimonio infantil se dispararon. Entonces, el Gobierno retiró la prohibición. Los defensores de la educación infantil han celebrado la medida, que se ha extendido a todo el continente africano, como un acontecimiento para la vida de las niñas y las mujeres de Zimbabue, a las que ahora les resulta más fácil seguir educándose y progresar económicamente.

“El confinamiento tuvo consecuencias imprevistas, entre ellas el matrimonio infantil. Hay que reconocer que las escuelas desempeñan un papel importante como refugio seguro para nuestros niños”, afirma Taungana Ndoro, director de comunicaciones y promoción de Ministerio de Educación Primaria y Secundaria.

Ahora, las madres adolescentes tienen protección legal en Zimbabue, pero los defensores de los derechos de las niñas temen que no se sientan bienvenidas cuando vuelvan a clase

En agosto pasado, el presidente de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, modificó la Ley de Educación del país al firmar otra que ilegalizaba la expulsión de las niñas embarazadas del colegio. Sierra Leona anuló una prohibición similar en marzo. Tras recibir un crédito del Banco Mundial, Tanzania se comprometió a facilitar el acceso a la educación a las niñas embarazadas, pero no llegó a readmitirlas en todo el país. En julio, el presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, ordenó que las estudiantes que se quedaron embarazadas durante el confinamiento fuesen admitidas “incondicionalmente” en la escuela y se les diese acceso a atención prenatal gratuita.

Según las estadísticas del Ministerio de Educación, en 2018, alrededor de uno de cada ocho casos de abandono escolar registrados en Zimbabue fue motivado por el embarazo o el matrimonio. En casi todos ellos se trataba de niñas.

El matrimonio infantil, ilegal pero frecuente

Aunque Zimbabue lo prohibió en 2016, el matrimonio de menores de 18 años sigue siendo habitual. Una encuesta realizada en 2019 por el Instituto de Estadística del país a 8.000 mujeres adultas descubrió que casi una tercera parte ya estaba casada a los 18, como Simbanai. Manicaland, donde ella vive, no ha logrado acabar con el matrimonio infantil. Por ejemplo, las familias de las sectas apostólicas cristianas, que constituyen la religión dominante en la zona, tienen la tradición de casar a las niñas de la familia durante los encuentros anuales de su iglesia.

Aunque todavía se están confeccionando las estadísticas de todo el país, los datos del Gobierno muestran que, desde que empezó la pandemia, en la provincia de Manicaland, a la que pertenece Hauna Growth Point, 450 estudiantes han abandonado la escuela porque se han quedado embarazadas, se han casado, han enfermado o tienen dificultades económicas. Según los funcionarios, la cifra supone un aumento importante en comparación con el año anterior.

En otras partes del país, los habitantes de Bulawayo, la segunda ciudad más grande de Zimbabue, quedaron conmocionados por el suicidio de una estudiante de 17 años que, según información de los medios de comunicación locales, ingirió insecticida cuando estaba en las primeras fases de embarazo. Evitar casos como este es uno de los objetivos de esta nueva ley.

A pesar de haberse casado en mayo, Nancy Nyazungu, de 17 años, regresó a la escuela. Estaba embarazada de ocho meses y se presentó a los exámenes de diciembre. Terminar su educación es importante para ella. De lo contrario, teme convertirse en un ama de casa con pocos medios para llegar a ser económicamente independiente.

“Así sé que no seré sumisa con él y que no podrá controlarme”, dice de su marido. En cuanto se gradúe, la joven quiere conseguir un trabajo. Le gustaría que fuese en enfermería para poder ayudar a otras chicas embarazadas que se enfrentan a la dolorosa decisión de seguir sus estudios o abandonarlos.

“No culpemos a las niñas cuando se quedan embarazadas”

MWARADZIKA MAKAZOUYA, PROFESORA

Su escuela, al igual que otras de todo el país, ofrece ahora a Nyazungu asesoramiento en el marco de una iniciativa nacional encabezada por el Ministerio de Asuntos de la Mujer, Comunidad y Pequeña y Mediana Empresa para ayudar a las adolescentes en estado a terminar su educación.

“No culpemos a las niñas cuando se quedan embarazadas”, dice Mwaradzika Makazouya, directora del Instituto de Secundaria Sahumani de Honde Valley al que asiste Nyazungu. “Las aceptaremos”, remacha.

La ministra Sithembiso Nyoni anunció que se iba a permitir que las niñas embarazadas sustituyesen el uniforme escolar de falda azul y blusa blanca a juego por ropa de calle, eliminando así otro posible obstáculo cuando su cuerpo cambie de forma y aumente de volumen. El Ministerio también ha creado un programa de tutoría que empareja mujeres mayores jubiladas con adolescentes embarazadas en todo el país.

“Tenemos que seguir apoyándolas para que vayan a la universidad y empiecen a trabajar, porque tener un hijo no significa que, a partir de entonces, seas discapacitada o no puedas hacer mucho en la vida”, declaró Nyoni en octubre en el Parlamento. Ahora, las madres adolescentes tienen protección legal en Zimbabue, pero los defensores de los derechos de las niñas temen que no se sientan bienvenidas cuando vuelvan a clase.

RURAMAI MUSEKIWA

“Algunas chicas con las que hemos trabajado han manifestado su preocupación por el hecho de que, aunque ellas estén deseando volver a la escuela, temen que las discriminen y las estigmaticen”, informa Florence Mutake, coordinadora de programas de la organización a favor de los derechos de las niñas Shamwari Yemwanasikana.

La madre de Simbanai rogó a su hija que volviese a la casa de su infancia y siguiese con sus estudios, pero ella se negó por miedo a que sus compañeros la tachasen de “promiscua” si no se casaba. “No tenía muchas opciones”, lamenta.

Nyazungu cuenta que sus compañeras de clase no dejaban de mirarle el vientre cuando volvió al instituto, pero ahora se han acostumbrado a tener una embarazada de compañera. La educación impedirá que esté expuesta al maltrato, reflexiona la joven mientras se abre paso a través de su nueva vida de mujer casada.

Ninguna de las dos puede escapar a la dura realidad de la peor crisis económica de Zimbabue en una década. La nueva ley no puede corregir la causa fundamental de las altas tasas de embarazo adolescente: las consecuencias económicas de la covid-19. Actualmente, este país del sur de África sufre una inflación de tres dígitos y escasez de combustible y electricidad.

Cuando hay más pobreza y más hambre, las tasas de matrimonio infantil aumentan, señala James Maiden, jefe de comunicaciones de Unicef Zimbabue. “A menudo, el matrimonio infantil es una estrategia de alivio de la pobreza para las familias vulnerables… pero pone en peligro el desarrollo de las niñas con poca educación y escasa formación vocacional, lo cual refuerza el sesgo de género de la pobreza”.

Durante las primeras semanas de confinamiento, el marido de Simbanai ayudó a mantener a flote a la familia de esta dándole dinero para alimentos y otros bienes de primera necesidad. Los ingresos de la familia de la joven se han visto gravemente mermados por las consecuencias económicas de la pandemia. Aunque Nyazungu y Simbanai se casaron en contra del deseo de sus padres, reconocen que las familias de sus maridos les proporcionaron una situación financiera más estable.

Al igual que muchas chicas de las zonas rurales que han abandonado los estudios, Simbanai pasa la mayor parte del tiempo realizando tareas domésticas. Pero lo que quiere desesperadamente es volver a la escuela. Echa de menos leer novelas y aprender de sus profesoras, que “la trataban como si fuera su hija”. La joven explica que la familia de su marido accedió a pagarle los gastos de escolarización en 2021, y que él le permitirá que vuelva. Se siente afortunada. Muchas otras, piensa, no tendrán esa oportunidad.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2021-06-21/zimbabue-nuevas-leyes-para-garantizar-la-educacion-a-las-adolescentes-embarazadas.html

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En Zimbabue hay libertad de expresión, pero no libertad después de usarla

Trabajar como periodista en Zimbabue sigue siendo particularmente peligroso para los periodistas de investigación en un país que aparece regularmente en los primeros puestos mundiales de corrupción.

Un chiste muy repetido desde hace muchos años en Zimbabue asegura que en el país hay libertad de expresión, pero no libertad después de expresarse.

Pero para los periodistas y activistas que se han visto obligados a soportar noches en las celdas de detención abarrotadas y sucias del país, esto no es motivo de risa, más ahora que los reclusos no tienen equipo de protección personal contra la covid.

Por ello, cuando el portavoz del gobierno, Nick Mangwana, advirtió el año pasado que nadie está por encima de la ley en este país del sureste de África, para muchos solo ratificó una amenaza permanente: que el gobierno y su partido, Zanu PF, no dudará en instrumentalizar la ley para silenciar a los críticos.

Los comentarios de Mangwana se produjeron después del arresto del periodista Hopewell Chin’ono, acusado de utilizar las redes sociales para fomentar la violencia pública. Chin’ono volvió a estar tras las rejas el 8 de enero, bajo la acusación esta vez de publicar noticias falsas en Twitter.

Poco después del arresto de Chi’ono, también fueron detenidos por difundir la misma información la portavoz del opositor Movimiento para el Cambio Democrático (MDC-A), Fadzayi Mahere, y Job Sikhala, un legislador y vicepresidente de la misma organización.

Los tres se hicieron eco de una historia muy viral en las redes sociales, en que se aseguraba que un oficial de policía que intentaba hacer cumplir las restricciones de distancia social por la covid había apuntado con su bastón a una mujer que llevaba un niño de nueve meses en brazos, y que aparentemente por error habría golpeado fatalmente al niño.

Según informaciones difundidas en medios digitales y en las redes, el bebe habría muerto en el acto.

Sin embargo, la policía negó el incidente, aseguró que el niño estaba vivo, y lo calificó de una noticia falsa y tendenciosa, en contraste con las imágenes en un video grabado por testigos en que la madre lamentaba en la misma escena de que el oficial había matado a su hijo.

Las detenciones fueron condenadas de inmediato por defensores de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, que exigieron su liberación.

Las nuevas detenciones son parte de una creciente represión contra líderes de la oposición, defensores de los derechos humanos, activistas, periodistas y otras voces críticas, dijo Muleya Mwananyanda, subdirectora de Amnistía Internacional para África Meridional, en un comunicado el 13 de enero.

Las autoridades de Zimbabwe, el nombre en inglés por el que también se conoce al país, deben poner en libertad de forma inmediata e incondicional y retirar los cargos maliciosos en su contra, dijo Mwananyanda.

Se trata del tercer arresto de Chin’ono en seis meses, un hecho que ha vuelto a poner el foco en la frágil libertad de expresión y prensa de Zimbabue, donde los críticos resaltan que el periodismo ha sido durante años una ocupación de alto riesgo para un país que no se encuentra en una zona de guerra.

Ha sido particularmente peligroso para los periodistas de investigación en un país que aparece con regularidad en los rankings más importantes del mundo en materia de corrupción.

“Fui encarcelado después de exponer la corrupción”, escribió Chin’ono el año pasado tras su primer arresto.

La detención ocurrió después que las autoridades criticaran informaciones que consideraron falsas sobre el involucramiento de la familia del presidente, Emmerson Mnangagwa, en oscuros acuerdos sobre la adquisición de equipos para atender la covid, que habrían ocasionado millonarias pérdidas para el país.

Las denuncias de Chin’ono estuvieron detrás de la destitución posterior del ministro de Salud de entonces, mientras que para el periodista de investigación supuso el comienzo de una lupa especial sobre su trabajo por autoridades gubernamentales y policiales, ante sus investigaciones sobre la corrupción en las altas esferas del poder.

«La arremetida contra los periodistas de investigación es parte de la campaña hostil del gobierno contra los defensores de derechos humanos», dijo a IPS la también periodista de investigación Tawanda Majoni, coordinadora nacional de Información para un Desarrollo Confiable, una alianza de medios locales.

A su juicio, «los activistas por la libertad de los medios han hecho un trabajo enérgico, pero lo que puedan lograr siempre estará severamente limitado en un régimen represivo».

Según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional de 2019, Zimbabue ocupó el puesto 158 de 180 países, lo que lo convierte en uno de los más corruptos del mundo.

«En el sur de África, los periodistas y otras personas que trabajan para exponer la corrupción enfrentan un nivel de riesgo inaceptable», dijo Transparencia Internacional en un comunicado el año pasado.

Por su parte, Reporteros sin Fronteras, la organización internacional que promueve y monitorea la libertad en el ejercicio del periodismo, clasificó a Zimbabue en el puesto 126 de 180 países en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2020, lo que convierte al país en uno de los peores lugares para trabajar como periodista.

«Los graves abusos de Zimbabue a la libertad de prensa, la libertad de expresión y los derechos de los críticos del gobierno están empeorando a medida que comienza el año», dijo Dewa Mavhinga, directora de Human Rights Watch para África meridional.

«Parece que hay algunos dentro del gobierno que desean socavar los esfuerzos de restablecimiento de la participación de Zimbabue mediante sus imprudentes abusos que afianzan la imagen de que este es un Estado paria», dijo Dewa a IPS.

La delegación de la Unión Europea en Zimbabue también se sumó a la condena del arresto de Chin’ono, Sikhala y Mahere, en un tuit el 13 de enero.

En su comunicación en Twitter aseguró que «las actuales detenciones previas a un juicio, las demoras en el procedimiento sin cargos graves son cuestionables”.

Además, la embajada de Holanda en Harare recordó al ministro de Relaciones Exteriores, Sibusiso Moyo, los compromisos que el país asumió el 9 de diciembre en la Conferencia Mundial de Libertad de Prensa, destinada a aumentar la seguridad de los periodistas.

La represión contra los periodistas continúa casi seis años después de la desaparición del periodista y activista Itai Dzamara, cuyo paradero se desconoce y que se teme que haya muerto.

«Tenemos un gobierno dominado por la paranoia y que no quiere rendir cuentas», dijo a IPS el especialista Nqaba Matshazi, del capítulo en Zimbabue del Instituto de Medios para África Meridional (Misa, en inglés).

La policía asegura que Chin’ono se enfrenta a una pena de hasta 20 años de prisión, pero sus abogados cuestionan la constitucionalidad de los cargos y el periodista insiste en que seguirá su labor investigativa,  en un país donde los activistas en el sector mediático dicen que los periodistas evitan dedicarse a la investigación por temor a ser arrestados.

«La habitual persecución de los periodistas de investigación y otros periodistas tiene varios efectos regresivos, entre ellos el miedo, la autocensura y el apresamiento”, dijo Majoni.

A juicio de la periodista, “cuando un profesional de la comunicación ve que un periodista es llevado a la corte con grilletes por publicar un tuit,  naturalmente se pregunta si vale la pena sufrir esa suerte por su próxima información”.

Los abogados de derechos humanos aseguran que es particularmente frustrante defender a los periodistas.

«Los periodistas están siendo arrestados por hacer su trabajo y nuestro mayor desafío es que los arrestos muestran un aumento en el monitoreo de la actividad de los periodistas en las redes sociales», dijo a IPS la abogada Roselyn Hanzi, directora ejecutiva de Abogados por los Derechos Humanos de Zibabue.

Hanzi, que representa a Chin’ono y otros periodistas y ciudadanos detenidos por cargos cuestionables, aseguró que «lo que se requiere son reformas en la Administración que eliminen las manzanas podridas del sistema y también capacitación en derechos humanos para instituciones que se han vuelto muy partidistas».

Entre los activistas de derechos humanos y los gremios periodísticos hay preocupación porque no haya voces críticas en los organismos del continente africano a las actuaciones represivas del gobierno de Harare, lo que lo alentaría a seguir violando los derechos humanos.

«El silencio y la indiferencia de los vecinos de Zimbabue, como Sudáfrica, la Comunidad para el Desarrollo de África Austral y la Unión Africana han envalentonado a los elementos del régimen zimbabuense”, dijo Mavhinga, de Human Rights Watch.

«Pero la tiranía tiene testigos y un día habrá justicia y rendición de cuentas por todos los abusos», aseguró.

Fuente: https://rebelion.org/en-zimbabue-hay-libertad-de-expresion-pero-no-libertad-despues-de-usarla/

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Zimbabwe teachers refuse to return to schools

Zimbabwe teachers refuse to return to schools

Zimbabwe, like other African countries, is trying a phased re-opening of schools after closing in March due to COVID-19. But many teachers like 33-year-old Munyaradzi Masiyiwa are refusing to return to class, pointing to low pay and unsafe conditions.

Masiyiwa said he makes more money selling brooms than teaching at Cranborne Boys Government high school in Harare.

“We have got the zeal, we love the children at school,» Masiyiwa said. «But only if the government manages to capacitate us. We are in an under-capacitation situation. We are in a situation where we cannot raise transport fares to connect our home(s) and work station(s), if we have got food at the table, and also, the most important thing: We need to have a living wage of 520 USD, the salary that we were getting in 2018. It’s just a restoration of our dignity. I will be happy to report for duty.”

Zimbabwe’s teachers said they want at least $500 per month and equipment like masks, face shields, and hand sanitizer to protect themselves against COVID-19.

Zimbabwe’s cash-strapped government said it has procured $6 million worth of PPEs for schools. Public Service minister Paul Mavima said teacher salaries, about $100 a month, including a $75 “COVID-19 allowance” is all the government can afford.

«It is in this context that we are saying to civil servants please be realistic, exercise moderation in the manner in which you demand salary increases, we don’t want salary increases that will upset the stability that we have so far realized and further torpedo the economic recovery that we have started to see,» Mavima said.

Without teachers in class, Zimbabwe’s school children are the ones left paying the price. At Glen View high school, students said they only discuss lessons among themselves. Filda Rusheje is one of their parents. She is worried the children won’t learn enough to pass their exams.

“The situation at schools is a tough one,» Rusheje said. «They are going to school but they are not learning. My daughter said they are just discussions among learners. They are not even sure if it’s making sense because teachers are not coming. I just wish if the government can negotiate with the teachers so that our children can learn. I want them to look after us in future.”

Zimbabwe’s government has threatened to replace defiant teachers like Masiyiwa if they don’t soon return to the classrooms.

Fuente de la Información: https://observer.ug/education/66906-zimbabwe-teachers-refuse-to-return-to-schools

 

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El rugby salva a las niñas de la escuela del matrimonio infantil en las zonas rurales de Zimbabwe

Catherine Muranganwa, cuyas dos hermanas se casaron antes de cumplir 18 años, dice que el deporte le abrió los ojos a diferentes posibilidades.

Cuando las niñas de la escuela secundaria Sahumani en el este de Zimbabwe comenzaron a jugar al rugby, tuvieron que arreglárselas con el campo de fútbol y las camisetas de fútbol de gran tamaño que usaban los niños.

Cinco años después, varios han representado a su país en el deporte, y muchos más le atribuyen haberlos salvado de convertirse en novias en una nación donde el matrimonio precoz sigue siendo común a pesar de haber sido ilegalizado en 2016.

«Solía ​​odiar el rugby. En ese momento creía que el deporte era solo para la élite y para los hombres, no para las niñas como yo», dijo Catherine Muranganwa, de 20 años, quien ha jugado para el rugby nacional femenino Sub-18 y Sub-20 de Zimbabwe. equipos.

Muranganwa, cuyas dos hermanas se casaron antes de cumplir los 18 años, la edad legal para contraer matrimonio en Zimbabue, dijo que el juego la despertó a diferentes posibilidades.

«Cuando viajo para jugar rugby, conozco mujeres increíbles y me he dado cuenta de que casarme temprano no es la elección correcta», dijo a la Fundación Thomson Reuters en su aldea en el valle de Honde, a unos 90 km (55 millas) de la ciudad de Mutare.

El rugby ahora es obligatorio para todas las niñas en la escuela de Muranganwa.

«Cuando los de Form 1 se inscriben con nosotros, les presentamos el rugby. Hay una mejora positiva con respecto a los matrimonios precoces», dijo el director Mwaradzika Makazouya, y agregó que el cierre prolongado de la escuela había aumentado el riesgo de que las niñas se casaran.

En 2019, el 32,6% de una muestra representativa de unas 8.000 mujeres de 20 a 49 años se habían casado antes de los 18, según la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados de Zimbabwe 2019.

Si bien ha habido avances en la lucha contra el matrimonio precoz en la nación del sur de África desde que fue prohibido, la pobreza y las prácticas religiosas obstaculizan los esfuerzos para erradicarlo.

Velme Nyarumwe, con su entrenadora Patricia Mukunike-Chakanya, Cathrine Muranganwa y Trish Kandemiri en el gimnasio de jungla recién construido en Sahumani Secondary. Honde Valley, 11 de septiembre de 2020.

La educación es un factor clave para determinar el riesgo, y con la mayoría de las escuelas aún cerradas debido a la pandemia de coronavirus, los activistas advierten que podría haber un aumento en la práctica.

En todo el mundo, se estima que 500.000 niñas más corren el riesgo de ser obligadas a contraer matrimonio infantil en 2020 como resultado del impacto económico del COVID-19, mostró un informe de Save the Children el jueves.

Eso marcaría un aumento interanual del 4%, revirtiendo el progreso para reducir el matrimonio temprano en los últimos 25 años, dijo la organización benéfica.

James Maiden, jefe de comunicación del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), dijo que los bajos niveles de educación y el estatus socioeconómico aumentan el riesgo de casarse temprano en Zimbabwe.

«Las mujeres de 20 a 49 años con educación preescolar o sin educación tenían 13 veces más probabilidades de (haber estado) casadas a los 18 años en comparación con las que tenían educación superior», dijo.

Las niñas de hogares pobres tenían casi cuatro veces más probabilidades de casarse en comparación con las niñas de hogares ricos en comparación con la edad legal para contraer matrimonio, agregó.

‘DEMASIADO TARDE PARA EL MATRIMONIO’

El padre de Muranganwa, que era polígamo y tenía cuatro esposas, murió cuando ella tenía 12 años y la vida no ha sido fácil para su madre, una campesina y el resto de su familia.

Era miembro de una iglesia conocida por la poligamia y por casar a niñas antes de que alcanzaran la edad legal para contraer matrimonio.

Muranganwa, que camina 10 km (seis millas) para llegar a la escuela secundaria Sahumani todos los días, dijo que la mayoría de las niñas que asisten a su iglesia se casan antes de terminar su educación primaria.

«Las niñas suelen casarse con hombres polígamos mayores en una reunión anual de la iglesia», dijo, y agregó que su madre la ha apoyado para rechazar una serie de propuestas de matrimonio a pesar de la presión de otros parientes.

Velme Nyarumwe, de 20 años, una de las compañeras de Muranganwa en el equipo de rugby femenino Sub-20 de Zimbabwe, dijo que sus cuatro hermanas se casaron antes de cumplir los 18 años.

Las jugadoras de rugby Cathrine Muranganwa, Velme Nyarumwe y Trish Kandemiri haciendo flexiones en un gimnasio en la jungla recién construido en la secundaria Sahumani. Honde Valley, 11 de septiembre de 2020.

«Para mi familia, a los 20 ya soy demasiado tarde para casarme. A diario aumentan la presión», dijo.

Muchas de las niñas que juegan al rugby son las primeras en sus familias en alcanzar la Forma 4, el último año de educación de nivel Ordinario en Zimbabwe, dijo la entrenadora de rugby de la escuela Patricia Makunike-Chakanya.

Sahumani comenzó a enseñar rugby a niñas en 2015 en una iniciativa encabezada por maestras que también se habían capacitado como entrenadoras bajo la bandera de la Unión de Rugby de Zimbabwe.

Makunike-Chakanya, ella misma víctima de violencia de género, se interesó en el juego en la década de 1980, cuando solo lo jugaban hombres. Más tarde se entrenó como entrenadora, con la esperanza de que el deporte también fuera popular entre las niñas.

Además de perfeccionar sus patadas, pasa tiempo hablando con las chicas, escuchando sus preocupaciones y dándoles consejos.

«Quedarme con algunas de las niñas en la escuela me da la oportunidad de aconsejarlas y protegerlas de los hombres depredadores en la aldea», dijo Makunike-Chakanya.

La mayoría de los padres se han unido al equipo de rugby femenino, llamado «Los Gigantes del Valle», y ya no tienen que usar camisetas de fútbol viejas gracias a un acuerdo de patrocinio con una empresa de semillas local.

«Nos dimos cuenta de que al no apoyarlos abandonarían el deporte y entrarían en la comunidad, donde se volverían vulnerables a todo tipo de abuso», dijo Ivan Craig, director responsable de ventas y marketing de Agriseeds.

Muranganwa ahora sueña con hacer una carrera en el rugby para poder ayudar a mantener a su familia y al mismo tiempo ver el mundo.

«El matrimonio no es mi prioridad ahora», dijo.

«Deseo jugar para clubes independientes en Botswana y Sudáfrica, así como en Europa. Sé que con el rugby voy a cambiar la vida de mi familia».

Fuente: https://allafrica.com/stories/202010020026.html

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Zimbabue ilegaliza la expulsión de niñas embarazadas de la escuela

Las niñas y adolescentes embarazadas ya no podrán ser expulsadas de las escuelas públicas de Zimbabue, como venía ocurriendo en la inmensa mayoría de los casos hasta ahora, en virtud de la enmienda a la Ley de Educación del país que ha entrado en vigor este fin de semana.

El cambio en la legislación, que también prevé que los profesores no puedan castigar con una vara a sus alumnos, fue aprobado por el Parlamento, refrendado por el presidente, Emmerson Mnangagwa, y desde el pasado sábado ya está en vigor, según informan los medios locales.

En virtud de la nueva enmienda, «ningún alumno debe ser excluido de la escuela por no pagar las tasas o por embarazo». El África subsahariana cuenta con una de las tasas de embarazo adolescente más altas del mundo, lo que en muchos de los casos se traduce en abandono escolar para aquellas niñas que iban a la escuela, en ocasiones forzado por las propias autoridades y escuelas.

Con este paso, Zimbabue emula a Sierra Leona, que el pasado marzo también optó por prohibir por ley que se impida que estudiantes embarazadas puedan continuar sus estudios.

Por lo que se refiere a los castigos, la enmienda legal estipula que «las medidas disciplinarias deben ser moderadas, razonables y proporcionadas teniendo en cuenta la conducta, la edad, el sexto, la salud y las circunstancias del alumno concernido y los mejores intereses del niño». «Bajo ninguna circunstancia un profesor tiene permitido golpear a un niño», recalca el texto, según el diario oficial ‘Herald’.

El ministro de Educación Primaria y Secundaria, Cain Mathema, ha defendido que la nueva ley es «progresista» mientras que el presidente de la Asociación de Profesores de Zimbabue (Zimta), Sifiso Ndlovu, ha celebrado los cambios, que considera acordes con una sociedad moderna.

El sindicato, que ha participado en la redacción de la ley, está en contra de los castigos corporales porque «son una herramienta anticuada de ejercer disciplina», ha señalado, advirtiendo de que «tiene el efecto de engendrar una sociedad violenta».

«También apoyamos cualquier medida que busque salvaguardar los intereses y derechos de las niñas. Una de estas disposiciones es ilegalizar la exclusión de aquellas que se quedan embarazadas», ha resaltado Ndlovu, incidiendo en que «esto es lo que han hecho otras sociedades y nosotros lo respaldamos totalmente».

Fuente: https://www.infobae.com/america/agencias/2020/08/26/zimbabue-zimbabue-ilegaliza-la-expulsion-de-ninas-embarazadas-de-la-escuela/

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Zimbabue: Los sindicatos ganan la batalla judicial sobre la reapertura de las escuelas

Africa/Zimbabue/PrensaIE

El Gobierno de Zimbabue anunció que las escuelas volverían a abrir para los exámenes de finales de junio y que seguirían dando pasos durante las siguientes semanas para volver a abrir las escuelas a pesar del riesgo de una intensificación de los contagios por la COVID-19. Los sindicatos de la educación pusieron en entredicho la reapertura por considerarla insegura y prematura e instaron al diálogo social con el fin de preparar una reapertura segura. No obstante, al no lograr la cooperación del Gobierno, los dos sindicatos de docentes más importantes, las organizaciones miembros de la IE ZIMTA y PTUZ, a las que se sumaron varios sindicatos más pequeños, llevaron al Gobierno a los tribunales. El tribunal falló a favor de los sindicatos y el gobierno sostiene que acatará la decisión y que cumplirá el plazo impuesto por el Tribunal Superior.

Los sindicatos de la educación de Zimbabue se opusieron a la reapertura de las escuelas tal como la propuso el Gobierno. Sus principales argumentos fueron que la reapertura de las escuelas resultaba peligrosa debido a que:
  • La proporción profesorado-alumnado era demasiado elevada para posibilitar el distanciamiento social teniendo en cuenta las instalaciones escolares y las disposiciones existentes. La cifra oficial para esta proporción es de 1 a 40; sin embargo, los sindicatos aducen que la proporción real es a menudo de 1 a 70 o incluso de 1 a 100. Esto ya representaba un grave problema educativo mucho antes de que la pandemia lo convirtiera en un riesgo importante para la salud.
  • No se contaba con un transporte adecuado y seguro para los estudiantes y los docentes, lo que suponía un peligro adicional de distanciamiento y de salud antes y después del horario escolar.
  • Faltaba preparación logística. Las instalaciones escolares requerían fumigación y otras medidas de saneamiento a gran escala. A ese peligro contribuyó el hecho de que muchas escuelas se habían utilizado como centros de cuarentena. Por otra parte, el insuficiente suministro de higiene de manos y máscaras, así como la falta de personal, contribuían a que las escuelas resultaran peligrosas. Un gran número de escuelas carecía de agua potable o contaban con un abastecimiento poco frecuente.
Los sindicatos argumentaron que muchas familias, estudiantes y docentes se mostraban ansiosos y temerosos ante una reapertura en esas condiciones, puesto que las escuelas podrían convertirse en focos de contagio y hacer que se dispararan los índices de infección. En la vecina Sudáfrica, algunas escuelas que habían sido abiertas tuvieron que volver a cerrarse debido a que los contagios se habían incrementado.
La decisión del Tribunal Superior de Zimbabue, anunciada el 19 de junio, fue que, antes de reabrir, el Gobierno debía proporcionar equipos de protección individual para docentes y alumnado, limpiar y desinfectar todas las instalaciones y seguir las prácticas de seguridad en virtud de lo prescrito por la Organización Mundial de la Salud, además de ofrecer pruebas de la COVID y unos sanitarios adecuados.
El Gobierno respondió que cumplirá todas las condiciones estipuladas por el Tribunal Superior, así como sus plazos, y prometió destinar recursos considerables para ese propósito
Fuente: https://www.ei-ie.org/spa/detail/16841/zimbabue-los-sindicatos-ganan-la-batalla-judicial-sobre-la-reapertura-de-las-escuelas
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