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Poor Wages Send a Third of US Manufacturing Workers to Welfare Lines in Order to Pay for Food, Healthcare, Data Show

América del Norte/EEUU/Mayo 2016/Autor: Angelo Young/ Fuente: International Business Times

Resumen: Empleos de manufactura, en los Estados Unidos, solían ser una vía para la clase media estadounidense, que no podían  sumergirse en la comodidad proporcionada por títulos de educación superior. Pero ahora para muchos expertos, los estadounidenses que trabajan necesitan algún tipo de asistencia pública, debido a que sus salarios no cubren sus gastos básicos.

U.S. manufacturing jobs used to be a path to the middle class for Americans who couldn’t or didn’t dive into the comfort provided by higher education degrees. But now many skilled, working Americans need some form of public assistance because their wages don’t pay for basic living expenses.

Just over 2 million supervised manufacturing workers, or about a third of the total, need food stamps, Medicaid, tax credits for the poor or other forms of publicly subsided assistance while they work on goods that can carry the tag “Made in the U.S.A.,” according to research of official government wage and welfare data relased Tuesday by the University of California, Berkeley.

The cost of these benefits to the U.S. taxpayer? From 2009 to 2013, federal and state governments subsidized the low manufacturing wages paid by the private sector to the tune of $10.2 million per year.

Oregon led the nation on the number of manufacturing workers – 1 in 4 – that needed food stamps during that period of time, while 1 in 5 factory workers in Mississippi and Illinois needed healthcare assistance for both adults (Medicaid) and children (CHIP). Taking into account all major social welfare, including the earned income tax credit and temporary assistance to needy families (TANF), Mississippi topped the list, followed by Georgia, California and Texas.

“In decades past, production workers employed in manufacturing earned wages significantly higher than the U.S. average, but by 2013 the typical manufacturing production worker made 7.7 percent below the median wage for all occupations,” said the paper by a team headed by Ken Jacobs, chair of the UC Berkeley Center for Labor Research and Education.

The research aimed to extend an already well-established national debate on wages paid in the service industry, which are often juxtaposed to the factory work that lifted millions of Americans out of poverty for much of the 20th century. The research comes as U.S. workers overall are experiencing one of the lowest paces of wage growth on record. Seven years after the U.S. government declared an end to the longest period of economic contraction since the Great Depression, workers have yet to experience the kind of wage-growth recovery that would be considered normal for the country.

The research, conducted by the National Employment Law Project, a non-profit labor-advocacy group that regularly monitors official government data for trends, found that the median wage for non-supervisory manufacturing jobs was $15.66 an hour in 2013, with a fourth of them making $11.91 an hour thanks to the massive rise of dependence on temporary workers, who cost less because they tend to not to receive the same benefits as their full-time, directly employed co-workers.

These jobs including cabinetmaking, drilling, metalworking and dozens of other non-supervisory manufacturing jobs that once played a role in growing the number of middle class consumers who earned enough to buy the goods they were making, leading to a virtuous cycle of supply and demand for nationally produced goods.

The research has a fairly low bar for counting a manufacturing worker, largely because the U.S. manufacturing industry has incorporated so many temporary non-full-time workers that in order to count all manufacturing workers the research had to include those working at least 10 hours a week because of lack of demand for their labor.

However, nearly a third of permanent factory workers and almost half of temp factory workers in the study worked at least 35 hours a week and 45 weeks out of the year also needed one or more of the public safety net programs. So for hundreds of thousands of America’s factory workers, even working at near full time isn’t enough.

Fuente de la noticia: http://readersupportednews.org/news-section2/318-66/36840-poor-wages-send-a-third-of-us-manufacturing-workers-to-welfare-lines-in-order-to-pay-for-food-healthcare-data-show

Fuente de la imagen: http://readersupportednews.org/images/stories/article_imgs20/021023-worker-051216.jpg

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Estados Unidos: La guerra contra la educación pública

 Por: David Brooks

educacion

En este país de guerras hay una que sí -más allá de la retórica oficial- determinará el futuro de esta democracia: la gran disputa nacional en torno a la educación pública.

La ofensiva de los auto proclamados reformadores de la educación está compuesta por algunas de las fuerzas más poderosas del país, entre ellos los hombres más ricos de Estados Unidos, el gobierno federal, el sector financiero, los grandes medios y cabilderos, quienes afirman que el problema central de un sistema de enseñanza público en descomposición son los maestros de baja calidad y sus sindicatos que defienden el statu quo.

La solución que proponen, financiada por miles de millones en fondos privados, es sujetar el sistema de educación a un modelo empresarial guiado por ejecutivos, donde se evalúa a los docentes exclusivamente en torno a exámenes estandarizados y se mide todo por esquemas de datos bajo normas que se aplican al sector privado. A la vez, se busca aplicar el “libre mercado” al sector educativo, con esfuerzos para privatizar algunos segmentos y contratar cada vez más servicios del sector privado en la enseñanza pública.

En esta “guerra”, el enemigo son los maestros y sus sindicatos, a quienes culpan de resistir el cambio, proteger sus intereses mezquinos, que ponen encima de los de sus estudiantes, y de culpar a factores socioeconómicos por sus deficiencias.

Tal vez la expresión mejor conocida de este argumento fue la película documental Esperando a Superman, de 2010, que presentó un sistema educativo compuesto de maestros mediocres y complacientes, casi como burócratas, padres de familia frustrados y sindicatos del magisterio con el solo interés de proteger a sus agremiados. Según la película, la única y mejor solución son las llamadas escuelas chárter, que reciben fodos públicos, pero son administradas de manera privada, exentas de varias regulaciones, entre ellas, la obligación de contratar sólo profesores sindicalizados, y algunas pueden ser operadas con fines de lucro (hay más de 4 mil chárters en 40 estados del país, y ahora suman 5 por ciento de las escuelas públicas). Los críticos acusan que son la punta de lanza de la privatización.

Ineficiencia y mediocridad

El argumento sobre la mediocridad e ineficiencia de la educación pública ha sido nutrido por informes de instituciones y personalidades muy destacadas, desde el secretario del rubro, Arne Duncan, a algunos de los medios más influyentes del país. Bill Gates se ha obsesionado con el hecho de que el sistema de enseñanza pública ya no produce la calidad de trabajadores de alta capacitación técnica que requiere el país para competir a nivel mundial, algo que Barack Obama ha reiterado al insistir en que los estudiantes estadunidenses no pueden competir con los coreanos. Un grupo de trabajo del prestigioso Consejo de Relaciones Exteriores, encabezado por la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice y el ex jefe de educación pública de la ciudad de Nueva York Joel Klein, dio la alarma de que el pobre desempeño educacional estadunidense en el contexto global representaba “una grave amenaza a la seguridad nacional”.

Noventa por ciento de los alumnos estadunidenses están en planteles públicos, alrededor de 50 millones actualmente. El gasto federal, estatal y municipal en enseñanza supera 600 mil millones dólares al año. Como afirma David Denby en The New Yorker, “el debate sobre el futuro de la educación es en parte sobre empleo, poder y dinero, y ahora es parte de la lucha ideológica entre el gobierno, como garante del bien comunitario, y la competencia del mercado como un creador potencial de excelencia”.

Por lo menos desde hace una década -algunos dicen que esta guerra empezó hace 20 años- este movimiento reformista ha sido financiado en gran parte por empresarios y sus fundaciones, la más sobresaliente la de Bill Gates (Microsoft), la familia Walton (de Walmart), Mark Zuckerberg (Facebook) y Eli Broad (su fortuna es de la aseguradora Sun Life) y Michael Bloomberg (de Bloomberg y actual alcalde de Nueva York). Estos han invertido miles de millones en programas de privatización de escuelas públicas (las llamadas escuelas chárter), en financiar think tanks, agrupaciones de cabildeo, centros de expertos, medios y periodistas, y en el apoyo y cabildeo de autoridades locales, estatales y federales, logrando imponer su agenda a escala nacional.

Ellos ya definen y determinan en gran medida el debate sobre las políticas en el sector en este país, y tienen entre sus filas a los jefes de educación de casi todas las principales ciudades del país, hasta el propio secretario del rubro, Arne Duncan, y su jefe, Barack Obama (como también a su antecesor, George W. Bush).

Privatización o escuelas chárter

Junto con ellos se ha integrado a este movimiento reformista un sector de nula experiencia y, anteriormente, ningún interés en la enseñanza pública: el financiero, que ahora también financia escuelas chárter, promueve reformas para establecer el modelo empresarial y condiciona sus contribuciones sustantivas a políticos en torno al apoyo a iniciativas favorecidas por los “reformadores”.

Desde 2002, la pieza central del movimiento reformista ha imperado sobre el panorama de la enseñanza pública, cuando el entonces presidente George W. Bush promulgó la ley No child left behind o NCLB (ningún niño dejado atrás), donde se establece el uso de los resultados de exámenes estandarizados estatales a estudiantes para medir el desempeño de maestros y escuelas, que en algunos casos puede llevar al despido de docentes y hasta la clausura de planteles. Por tanto, con cada año se obliga a que los maestros y administradores dediquen cada vez más tiempo, esfuerzo y atención a estos exámenes, ya que determinan, cada vez más, su futuro.

Al llegar Obama a la Casa Blanca, su secretario de educación formuló un programa, Race to the top o RTTT (Carrera a la cima), que promueve una competencia entre estados para ampliar el uso de estos exámenes, la elaboración de más medidas y programas para la evaluación estadística de estudiantes y maestros con base en los exámenes, y la creación de más escuelas chárter a cambio de fondos federales.

NCLB y RTTT son las coronas del movimiento reformista empresarial, y sus consecuencias se sienten a lo largo y ancho del país. Su argumento fundamental es que, con base en estas reformas, los maestros por fin serán evaluados objetividad, y con ello hay un proceso de rendición de cuentas en el sistema.

Mero negocio: antirreformistas

El problema, según los críticos de estas “reformas”, es que ni el diagnóstico de los reformadores, ni sus recetas están basadas en los hechos, lo cual ha llevado a críticos a considerar que las reformas tienen más que ver con negocios y una visión neoliberal que con la función y propósito de la educación pública. Citan numerosos estudios, investigaciones y datos que demuestran que las reformas no han generado los resultados prometidos, que el diagnóstico está viciado por graves errores en evaluación. Subrayan que el eje del modelo de reforma, los exámenes estandarizados, no puede ser usado para medir el desempeño de maestros y escuelas, según expertos nacionales y hasta directores de algunas de las empresas que se dedican a eso, incluyendo la Rand Corporation y la agencia de investigaciones sobre métodos de evaluación escolar de la Academia Nacional de Ciencias.

Por otro lado, en años recientes se ha revelado que en Nueva York, Houston, Chicago, Washington y otros lugares los políticos han inflado y manipulado los resultados de los exámenes que tanto señalan como pruebas del éxito de sus reformas.

“La educación pública está bajo ataque de las fuerzas de la privatización, por gente que hace promesas falsas”, declaró Diane Ravitch, profesora en la Universidad de Nueva York, quien hace una década fue una de las reformadoras más prominentes del país, ex secretaria asistente de educación en la presidencia de Bush padre, autora de 10 libros sobre políticas e historia de educación, entre otros logros destacados, quien ahora es tal vez la voz nacional más eminente en contra de los reformistas.

En un discurso el año pasado, agregó que “la profesión magisterial está bajo ataque de aquellos que culpan a los maestros por condiciones más allá de su control. Desean quitarles su profesionalismo y convertirlos en técnicos de exámenes”. También advirtió que “si logran quitar a los maestros el derecho de negociar el contrato colectivo, silencian sus voces.

Con ello eliminan la única fuerza que puede detenerlos. Eso deja el camino abierto para recortar fondos; para entregar más escuelas públicas a las cadenas de escuelas chárter… y para implementar políticas que dañan a los niños y reducen la calidad educativa. No permitan que lo hagan”.

Ravitch, en un artículo en The Daily Beast, pronosticó que “en los próximos años, los alumnos estadunidenses serán sometidos a más y más exámenes, la industria de los exámenes engordará, y la calidad de educación sufriría.

Para rescatarse, los maestros enseñarán sólo en torno a los exámenes malos, los distritos escolares abandonarán las artes y reducirán el tiempo en materias como historia, geografía, civismo, ciencias e idiomas para tener más tiempo para los exámenes. Habrá más escándalos de trampas con las calificaciones de las evaluaciones, que determinarán las vidas y carreras de maestros y directores, y la sobrevivencia de sus escuelas”.

Más recientemente, señaló que las empresas con fines de lucro tienen el objetivo de “lograr ganancias, no buena educación. La manera en que generan ganancias es cortar costos, y lo hacen sustituyendo maestros con experiencia con maestros sin experiencia, y con tecnología. No preguntan si es bueno para los niños o si mejora la educación, sino si incrementa las ganancias sobre la inversión”.

La fuerza del mercado

De hecho, para algunos, las reformas han sido parte de un esfuerzo impulsado por fuerzas conservadoras y empresariales, que argumentan que la única manera de mejorar todo es aplicar las “fuerzas del mercado” al sector público. En 2008, la revista Time citó que Susan Neuman, profesora de educación quien había sido subsecretaria del sector del presidente George W. Bush y promotora de la ley NCLB, señaló que algunos de sus colegas en el gobierno veían esa ley como “un caballo de Troya” para promover su agenda de privatización, demostrar el “fracaso” de la educación pública y así “hacerla estallar un poco”.

Richard Rothstein, experto en políticas educativas del Instituto de Política Económica y autor de varias obras sobre el tema, ha sido un crítico feroz de las reformas implementadas, y recientemente comentó al New Yorker que “el movimiento de reforma está destruyendo el sistema de la enseñanza pública”.

Los reformistas acusan a sus críticos de usar la pobreza y otras condiciones socioeconómicas como justificación para detener las reformas, las cuales, dicen, son la mejor manera de ofrecer oportunidades a los sectores más vulnerables. Pero según investigaciones de varias universidades y expertos como Jonathan Kozol, son los reformistas los que niegan el impacto de la pobreza sobre los estudiantes. De hecho, la brecha en desempeño académico entre pobres y ricos se ha ampliado hasta un 50 por ciento desde 1980.

Rebelión

Hay cada vez más avisos de rebelión contra la visión tecnócrata y empresarial de la educación. En Texas, casi 80 por ciento de las juntas escolares del estado han aprobado una resolución rechazan los exámenes estandarizados como base de evaluación de maestros y escuelas. En la ciudad de Nueva York, encuestas registran que las mayorías reprueban las reformas educativas del alcalde Bloomberg.

El 10 de septiembre del año pasado, por primera vez en 25 años, el sindicato de maestros de Chicago estalló una huelga y no fue por la disputa sobre salarios, sino contra la demanda del alcalde Rahm Emanuel, ex jefe de equipo del presidente Barack Obama, de abrir más escuelas chárter, mayor evaluación y bonos de maestros con base en los resultados de estudiantes en exámenes estandarizados. Ocho días después, la huelga concluyó tras concesiones por ambos lados, pero para muchos maestros esta acción logró detener, por ahora, la imposición de la agenda empresarial, una batalla en una guerra que continúa.

Rothstein escribió que la huelga “fue la primera rebelión abierta de maestros a escala nacional por esfuerzos para evaluar, castigar y recompensarlos basados en las calificaciones de sus estudiantes en los exámenes estandarizados… El descontento de los maestros ha estado burbujeando ahora durante una década, pero se necesitó un sindicato bien organizado para dar expresión práctica a ese descontento”.

Chicago, dicen unos, sólo es una primera llamada.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/01/03/estados-unidos-la-guerra-contra-la-educacion-publica/#.VyQjYdThDIU

Imagen: https://www.google.com/search?q=La+guerra+contra+la+educaci%C3%B3n+p%C3%BAblica&espv=2&biw=1366&bih=667&site=webhp&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiWuYmLvLXMAhUKlR4KHdTlC-cQ_AUIBigB#imgrc=4qt2zsHr-SqtpM%3A

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EE.UU.: Exigirán a escuelas que alumnos transexuales usen los baños que prefieran

MundoHispanico/13 de mayo de 2016

 

El Gobierno remitirá una misiva a todos los distritos escolares del país en la que exigirá a las escuelas públicas que permitan a sus alumnos transexuales usar los baños de acuerdo con el sexo con el que se identifiquen, según publicó hoy el New York Times.

El rotativo neoyorquino, que tuvo acceso a la carta antes de que el Ejecutivo que dirige Barack Obama la envíe a los colegios, indicó que la instrucción del Gobierno no tendrá rango de ley, pero las escuelas deberán cumplirla bajo la amenaza de perder fondos federales o incluso enfrentarse a demandas gubernamentales.

De acuerdo con el Times, la carta va firmada por los departamentos de Justicia y Educación, y en ella se pide a las escuelas públicas del país que “garanticen” que ningún alumno “es discriminado” en base a su orientación sexual.

“La escuela no debe exigir a los estudiantes transexuales usar instalaciones que no vayan en consonancia con su identidad de género o usar instalaciones individuales cuando a otros estudiantes no se les exige lo mismo”, indica la carta del Gobierno.

Según la Administración estadounidense, que la ley federal obligue a asegurar la no discriminación por razón de género significa que las escuelas “deben proveer a los estudiantes transexuales igual acceso a programas educativos y actividades incluso cuando otros estudiantes, padres o miembros de la comunidad planteen objeciones o preocupaciones”.

La misiva exige que, cuando el padre o tutor legal de un menor alerte al colegio de que éste se identifica con un género distinto a aquel con el que se le identificaba hasta entonces, el menor “debe ser tratado de acuerdo a ello, sin ningún requerimiento de diagnóstico médico o certificado de nacimiento”.

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Es previsible que la carta genere una gran polémica, ya que abunda en una cuestión -la de qué baños deben usar los transexuales- que se encuentra en pleno ojo del huracán tras una ley de Carolina del Norte que obliga a los transexuales a usar los baños de edificios públicos de acuerdo con su sexo original.

Además, el hecho de que la carta vaya dirigida específicamente a las escuelas la hace aún más sensible, puesto que precisamente uno de los argumentos que más a menudo esgrimen quienes se oponen a este tipo de medidas es que permitirían a varones acceder a los baños en los que hubiese niñas pequeñas.

Otro argumento que previsiblemente usarán los opositores es que el requerimiento del Gobierno se salta las competencias de los estados, que son quienes tienen la responsabilidad sobre educación, y se sirve de amenazas pecuniarias para forzar a los distritos escolares.

El lunes, el Gobierno presentó una demanda contra Carolina del Norte y su gobernador, el republicano Pat McCrory, por la ley que obliga a usar los baños públicos de acuerdo con el sexo indicado en el certificado de nacimiento.

Fuente: http://mundohispanico.com/noticias/exigiran-a-escuelas-que-alumnos-transexuales-usen-los-banos-que-prefieran

Foto: https://www.google.com/search?q=identificacion+de+ba%C3%B1os+publicos&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjb–Tc3tfMAhUD7R4KHRWPCm8Q_AUIBygB&biw=1366&bih=667#imgrc=M8jY4pFjDix1ZM%3A

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Cuba y EEUU colaboran para preservar el museo de Hemingway

ElMundo/12 de mayo de 2016

Expertos de ambos países se han reunido en el museo de Finca Vigía de La Habana, para concretar la construcción de un local en el que almacenar y restaurar los documentos que se guardan en la casa del escritor en la isla

Hasta el momento, se han restaurado y conservado más de 2.099 páginas de documentos, más de 3.000 páginas de cartas y 170 páginas de manuscritos originales.

Expertos de Cuba y EEUU que colaboran en la preservación del legado de Ernest Hemingway se han reunido este jueves en el museo de Finca Vigía en La Habana, donde participan en la construcción de un local para almacenar y restaurar la documentación que guarda la antigua casa del escritor norteamericano en la isla.

«Este proyecto ha sido un gran avance entre cubanos y estadounidenses para mantener el legado de Ernest Hemingway», dijo a la prensa Jenny Phillips, presidenta de la Fundación Finca Vigía, una de las instituciones estadounidenses que trabajan con el museo cubano para conservar los valores que atesora.

Phillips anunció que este miércoles llegó un barco con materiales de construcción estadounidenses para el proyecto al puerto cubano del Mariel, donde radica la primera Zona Especial de Desarrollo de la isla.

El Taller, como se ha denominado al local que albergará un laboratorio con un almacén archivístico en el museo habanero, se edificará con materiales estadounidenses, convirtiéndose así en uno de los primeros proyectos de construcción en la isla que utiliza componentes del país norteamericano, desde el comienzo del embargo hace 55 años.

Por su parte, la presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de Cuba, Gladys Collazo, ha considerado que es un «acontecimiento importante» para el patrimonio cubano esta colaboración y ha resaltado el trabajo conjunto realizado en los últimos 14 años entre el museo Ernest Hemingway y la Fundación Finca Vigía que ha permitido la digitalización de miles de documentos.

Collazo ha señalado que por intermedio de la Fundación norteamericana, en el transcurso del último año se han podido obtener fondos provenientes de donaciones realizadas por compañías de EEUU como Caterpillar, AT&T, American Express y Ford Foundation para crear el Taller. La donación de Caterpillar asciende a 500.000 dólares, según refirió el presidente y director general de esa empresa, Doug Oberhelman, integrante de la delegación estadounidense, quien dijo que la realización de este trabajo conjunto ha sido un verdadero puente cultural entre EEUU y Cuba.

La colaboración entre la Fundación Finca Vigía y el museo Hemingway ha permitido mejorar las condiciones de almacenamiento de miles de piezas de la colección de documentos y objetos que pertenecieron al escritor, ha destacado la directora del museo cubano, Ada Rosa Alfonso. Según ella, se han restaurado y conservado más de 2.099 páginas de documentos, más de 3.000 páginas de cartas, 170 páginas de manuscritos originales de Hemingway, así como fotografías, álbumes de recortes, cablegramas, sobrecubierta de libros, folletos y revistas, entre otra papelería.

La casona Finca Vigía, situada a unos 15 kilómetros del centro de La Habana, fue durante más de veinte años la residencia del escritor norteamericano y se convirtió en el Museo Ernest Hemingway después de su muerte el 2 de julio de 1961, cuando se suicidó de un disparo con una escopeta de caza en Idaho.

Ernest Hemingway pasó largas temporadas, entre 1939 y hasta poco antes de su trágica muerte, en Finca Vigía, donde incluso escribió parte de algunas de sus más famosas novelas, entre ellas, El viejo y el mar, obra muy importante para que se le concediera el premio Nobel de Literatura en 1954.

El museo conserva una colección de unos 22.000 objetos personales y documentosque pertenecieron al novelista, entre libros, trofeos de caza, discos, armas, papelería, fotos, una máquina de escribir donde solía escribir de pie y el yate El Pilar, con el que salía a pescar y navegar por el mar Caribe.

Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2016/05/12/5734516ee5fdeac25c8b45bb.html

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Why Teachers Matter in Dark Times

Americans live in a historical moment that annihilates thought. Ignorance now provides a sense of community; the brain has migrated to the dark pit of the spectacle; the only discourse that matters is about business; poverty is now viewed as a technical problem; thought chases after an emotion that can obliterate it. The presumptive Republican Party presidential nominee, Donald Trump, declares he likes «the uneducated» — implying that it is better that they stay ignorant than be critically engaged agents — and boasts that he doesn’t read books. Fox News offers no apologies for suggesting that thinking is an act of stupidity.

A culture of cruelty and a survival-of-the-fittest ethos in the United States is the new norm and one consequence is that democracy in the United States is on the verge of disappearing or has already disappeared! Where are the agents of democracy and the public spaces that offer hope in such dark times? Many are in public schools — all the more reason to praise public school teachers and to defend public and higher education as a public good.

Public schools and higher education are «dangerous» because they hold the potential to serve as laboratories for democracy.

For the most part, public school teachers and higher education faculty are a national treasure and may be one of the last defenses available to undermine a growing authoritarianism, pervasive racism, permanent war culture, widening inequality and debased notion of citizenship in US society. They can’t solve these problems but they can educate a generation of students to address them. Yet, public school teachers, in particular, are underpaid and overworked, and lack adequate resources. In the end, they are unjustly blamed by right-wing billionaires and politicians for the plight of public schools. In order to ensure their failure, schools in many cities, such as Detroit and Philadelphia, have been defunded by right-wing legislators. These schools are dilapidated — filled with vermin and broken floors — and they often lack heat and the most basic resources. They represent the mirror image of the culture of cruelty and dispossession produced by the violence of neoliberalism.

Under the counterfeit appeal to reform, national legislation imposes drill-and-test modes of pedagogy on teachers that kill the imagination of students. Young people suffer under the tyranny of methods that are forms of disciplinary repression. Teachers remain powerless as administrators model their schools after prisons and turn students over to the police. And in the midst of such egregious assaults, teachers are disparaged as public servants.

To read more articles by Henry A. Giroux and other authors in the Public Intellectual Project, click here.

The insecure, overworked adjunct lecturers employed en masse at most institutions of higher education fare no better. They have been reduced to an army of indentured wage slaves, with little or no power, benefits or time to do their research. Some states, such as Texas, appear to regard higher education as a potential war zone and have passed legislation allowing students to carry concealed weapons on campus. That is certainly one way to convince faculty not to engage in controversial subjects with their students. With the exception of the elite schools, which have their own criminogenic environments to deal with, higher education is in free fall, undermined as a democratic public sphere and increasingly modeled after corporations and run by armies of administrators who long to be called CEOs.

All the while the federal government uses billions of dollars to fuel one of the largest defense and intelligence budgets in the world. The death machine is overflowing with money while the public sector, social provisions and public goods are disappearing. At the same time, many states allocate more funds for prisons than for higher education. Young children all over the country are drinking water poisoned with lead, while corporations rake in huge profits, receive huge tax benefits, buy off politicians and utterly corrupt the political system. Trust and compassion are considered a weakness if not a liability in an age of massive inequities in wealth and power.

In the midst of what can only be viewed as a blow against democracy, right-wing Republicans produce slash-and-burn policies that translate into poisonous austerity measures for public schools and higher education. As Jane Mayer points out in Dark Money, the Koch brothers and their billionaire allies want to abolish the minimum wage, privatize schools, eliminate the welfare state, pollute the planet at will, break unions and promote policies that result in the needless deaths of millions who lack adequate health care, jobs and other essentials. Public goods such as schools, according to these politicians and corporate lobbyists, are financial investments, viewed as business opportunities. For the billionaires who are the anti-reformers, teachers, students and unions simply get in the way and must be disciplined.

We need to invest as much, if not more, in education as we do in the military-industrial complex.

Public schools and higher education are «dangerous» because they hold the potential to serve as laboratories for democracy where students learn to think critically. Teachers are threatening because they refuse to conflate education with training or treat schools as if they were car dealerships. Many educators have made it clear that they regard teaching for the test and defining accountability only in numerical terms as acts that dull the mind and kill the spirit of students. Such repressive requirements undermine the ability of teachers to be creative, engage with the communities in which they work and teach in order to make knowledge critical and transformative. The claim that we have too many bad teachers is too often a ruse to hide bad policies and to unleash assaults on public schools by corporate-driven ideologues and hedge fund managers who view schools strictly as investment opportunities for big profits.

We need to praise teachers, hold them to high standards, pay them the salaries they deserve, give them control over their classrooms, reduce class sizes and invest as much, if not more, in education as we do in the military-industrial complex. This is all the more reason to celebrate and call attention to those teachers in Chicago, Detroit and Seattle who are collectively fighting against such attacks on public schools. We need to praise them, learn from them and organize with them because they refuse to treat education as a commodity and they recognize that the crisis of schooling is about the crises of democracy, economic equality and justice. This is not a minor struggle because no democracy can survive without informed citizens.

Neoliberal education is increasingly expressed in terms of austerity measures and market-driven ideologies that undermine any notion of the imagination, reduce faculty to an army of indentured labor and burden students with either a mind-numbing education or enormous crippling debt or both. If faculty and students do not resist this assault, they will no longer have any control over the conditions of their labor, and the institutions of public and higher education will further degenerate into a crude adjunct of the corporation and financial elite.

Clearly, it is time to revisit Mario Savio’s famous speech at Berkeley in 1964 when he called for shutting down an educational system that had become odious. In his own words:

There comes a time when the operation of the machine becomes so odious, makes you so sick at heart, that you can’t take part, you can’t even passively take part; and you’ve got to put your bodies upon the gears and upon the wheels, upon the levers, upon all the apparatus, and you’ve got to make it stop. And you’ve got to indicate to the people who run it, the people who own it, that unless you’re free the machine will be prevented from working at all.

Savio’s call to resistance is more relevant today than it was then. Public schools not only mimic the injustices of an oppressive economic system, but also funnel poor youth of color into the criminal legal system. The good news is that there is an echo of outrage and resistance now emerging in the United States, especially among young people such as those in the Black Lives Matter movement.

If the major index of any democracy is measured by how a society treats its children, the United States is failing. Fortunately, more and more people are waking up and realizing that the fight for public schooling is not just about higher salaries for teachers; it is about investing in our children and in democracy itself. At the same time, we live in what author Carl Boggs and others have called a permanent warfare state, one in which every space appears to be a battlefield, and the most vulnerable are viewed not only as an imminent threat, but also as the object of potential violence. This suggests that the battle of education must become part of a wider political struggle. This is a struggle that connects assaults on education with the broader war on youth, police violence with the militarization of society and specific instances of racist brutality with the unchecked exercise of the systemic power of finance capital. But the struggle will not be easy.

If the major index of any democracy is measured by how a society treats its children, the United States is failing.

Beneath all of the current brutality, racism and economic predation, there is some hope inspired by the generation of young people who are protesting police violence and the attack on public and higher education and working hard to invent a politics that gets to the root of issues. There is also a glimmer of possibility in those youth who have supported Bernie Sanders but are really demanding a new and more radical definition of politics: Their vision far surpasses that of the left-centrists and liberals of the Democratic Party.

Elections are the ruse of capitalism, and that has never been more clear than at the present moment. On the one side we have Hillary Clinton, a warmonger, a strong supporter of the financial elite and a representative of a neoliberalism that is as brutal as it is cruel. On the other side we have Donald Trump, a circus barker inviting Americans into a den of horrors. And these are the choices that constitute democracy? I don’t think so.

Collective self-delusion will only go so far in the absence of an education system that offers a space for critical learning and dissent, and functions as a laboratory for democracy. There is a tendency to forget in an age dominated by the neoliberal celebration of self-interest and unchecked individualism that public goods matter, that critical thinking is essential to an informed public and that education at the very least should provide students with unsettling ruptures that display the fierce energy of outrage and the hope for a better world.

But a critical education has the capacity to do more. It also has the power not only to prevent justice from going dead in ourselves and the larger society, but also, in George Yancy’s poetic terms, to teach us how to «love with courage.» Hopefully, while education cannot solve such problems, it can produce the formative cultures necessary to enable a generation of young people to create a robust third party — a party fueled by social movements demanding the economic and political justice that could allow a radical democracy to come to life.

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EE.UU: “Read Conmigo”, un programa de educación bilingüe para padres e hijos

EE.UU/ 12 de mayo de 2016/ Ana Veciana Suarez/ Fuente: Herald.com

“Read Conmigo” es un programa gratis, de pre kindergarten a quinto grado, de alfabetización bilingüe. El programa está ahora en 10 ciudades de Estados Unidos y recibe el apoyo de unos 11,000 educadores. Ha distribuido más de un millón de libros gratis a familias y escuelas en todo el país.

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América Latina, estancada en innovación

Estados Unidos/11 mayo 2016/Autor:/Fuente: El Nuevo Heraldo

La mayoría de los presidentes latinoamericanos se jactan sobre los supuestos logros de sus países en innovacion, pero lo cierto es que las estadísticas más recientes muestran que la región está haciendo muy poco en la materia, o no está haciendo lo suficiente.

Según cifras recientes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU (OMPI), el número de solicitudes de patentes internacionales de nuevos inventos presentadas por países latinoamericanos en el 2015 permaneció prácticamente igual que en el 2014. Hubo cero crecimiento en el porcentaje de solicitudes de patentes internacionales de la región.

En contraste, las solicitudes de patentes de China a la OMPI aumentaron en un 17 por ciento, las de Corea del Sur en un 11.5 por ciento, las de Israel en 7.4 por ciento, y las de Suiza y Japón en 4.4 por ciento cada una.

“En Latinoamérica vimos un saludable crecimiento en las solicitudes de patentes hasta el 2013, pero desde entonces las cosas se han estancado”, me dijo el jefe de economistas de la OMPI Carsten Fink.

Su explicación es que muchas economías sudamericanas se han contraído durante los últimos tres años debido a la caída de los precios mundiales de las materias primas, y que eso ha impactado negativamente la innovación.

Cuando la economía cae, los gobiernos, las universidades y las compañías a menudo recortan las actividades de investigación y desarrollo, y reducen sus presupuestos legales para registrar patentes, explicó. Por lo general, presentar una solicitud de patente internacional cuesta entre $10,000 y $100,000, según el alcance de la misma.

Las estadísticas de la OMPI son aun más deprimentes si se miran las cifras totales de solicitudes de patentes.

El año pasado, Brasil solicitó 547 patentes ante la OMPI, México, 320; Chile, 167; Colombia, 86; Argentina, 28; Perú, 25; Panamá, 15; Costa Rica, 6; Ecuador y la República Dominicana, 5 cada uno; Cuba, 2; y Venezuela, 0. En contraste, Estados Unidos presentó 57,385 solicitudes de patentes ante la OMPI; Corea del Sur, 14,626, e Israel, 1,698.

Sí, leyeron bien. Todos los países latinoamericanos juntos presentaron 1,216 solicitudes en el 2015, menos de 10 por ciento de las presentadas por Corea del Sur. Y toda Latinoamérica presentó menos solicitudes de patentes que el diminuto Israel.

Eso es una mala noticia para América Latina, porque en la nueva economía global del conocimiento, los nuevos inventos valen cada vez más, y las materias primas que exportan muchos países latinoamericanos cada vez menos.

Por supuesto que las patentes no son el único indicador de la innovación. Algunos críticos incluso señalan que las patentes frenan la innovación, porque hacen que las compañías y universidades se demoren con sus inventos, por temor a los juicios.

Pero hay otras formas de medir la innovación, en las que Latinoamérica tampoco sale bien parada. Si se mira lo que los países invierten en investigación y desarrollo (R&D,) Brasil invierte el 1.2 por ciento de su producto interno bruto en R & D; Argentina, 0.6 por ciento; Costa Rica, 0.5 por ciento; México, 0.4 por ciento; Colombia, 0. 17 por ciento, y Perú, 0.15 por ciento.

En contraste, Corea del Sur gasta el 4.04 por ciento de su producto interno bruto en R & D, y Estados Unidos, 2.79 por ciento, según el Banco Mundial.

Lo mismo pasa con la educación, otra clave de la innovación. Los estudiantes latinoamericanos están en los últimos puestos de la lista de casi 65 países que participan en los exámenes estandarizados PISA para estudiantes de 15 años.

Fink me dijo que, sin embargo, hay algunos datos alentadores. Chile, por ejemplo, casi ha duplicado sus solicitudes de patentes ante la OMPI, de 89 en el 2010 a 165 en el 2015, a pesar de su caída económica por el descenso de las materias primas. “El gobierno chileno se ha esforzado por invertir en la economía de la innovación”, afirmó Fink.

Mi opinión: es difícil para América Latina alcanzar rápidamente a China, Corea del Sur o Israel en innovación, porque estos países le vienen apostando a la economía creativa desde hace varias decadas.

Pero no hay excusa para que los países latinoamericanos no sigan el ejemplo de Chile, creando instituciones público privadas que financien proyectos innovadores, y estimulando las solicitudes de patentes internacionales. Algunos presidentes de la región todavía no se han dado cuenta de que vivimos en una economía del conocimiento, donde la alternativa es innovar, o quedarse cada vez más atrás.

Fuente:
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/andres-oppenheimer-es/article77011787.html
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