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Calidad educativa en contexto, riesgos y oportunidades

Por: Blanca Heredia 

El reinado de tantos años de la agenda centrada en la calidad educativa (evaluación, transparencia y uso de evidencia en la formulación e instrumentación de la política educativa, entre otros) ha entrado en posición defensiva. Ello, a raíz de los pronunciamientos del candidato puntero a la presidencia en materia educativa, cuyo foco ha estado en el combate a la exclusión social y no en la calidad de los aprendizajes.

Sería gravísimo para los estudiantes y para el país en su conjunto que, como resultado del posible triunfo de AMLO, se fuera por la borda el tema de la calidad educativa. Olvidarlo en aras de conseguir votos y, sobre todo, sacrificar lo avanzado a fin de retribuirle su apoyo a la parte relevante del magisterio organizado, supondría un retroceso y un costo colectivo enorme.

¿Qué hacer para evitar que, en caso de que ganara López Obrador, quede totalmente marginado el tema de la calidad de la educación y se vaya al traste lo conseguido en los últimos años?

Algunos piensan que lo procedente es resistir a toda costa y seguir insistiendo en el recetario conocido (evaluaciones docentes, en particular). Respeto esa posición y pienso que es importante y útil que siga manifestándose con fuerza. Considero, sin embargo, que para fincar las bases de avances que redunden en mejores resultados educativos en un plazo razonable y que sean sostenibles en el mediano plazo, tenemos que construir consensos mucho más amplios en torno a una nueva agenda para la transformación educativa.

Esa agenda renovada debiera de empezar por hacerse cargo de la realidad mexicana. Muy en especial, de tres elementos. Primero, las brutales desigualdades sociales que nos caracterizan y los altísimos niveles de exclusión a los que están sometidos millones de niños y jóvenes mexicanos que “no escogieron bien a sus papás”, mismas que, con muchos otros elementos, han contribuido a nuestra crisis de inseguridad. Segundo, el papel central que, lamentablemente, aún tiene el magisterio organizado corporativa y clientelarmente en la gobernabilidad de un país, cuya institucionalidad democrática formal es endeble y en el que el ‘imperio de la ley’ es, en la práctica, papeleo abundante y exención selectiva del castigo para las élites afines o útiles a los gobernantes en turno. Tercero, la existencia de una economía que no genera empleo productivo suficiente para atender la demanda y que, por tanto, no ofrece las condiciones materiales para que puedan realizarse las ganancias –privadas y sociales– de la inversión –privada y pública– en la educación.

Para cambiar la educación, tenemos que empezar por reconocer la realidad del contexto en el que opera. A partir de ello, habría que plantearnos como objetivo fundamental el mejoramiento de la calidad de los aprendizajes, pero también, y con igual prioridad, la necesidad insoslayable de atender y darle cabida a los millones de jóvenes largamente excluidos de oportunidades efectivas en lo educativo y en lo laboral.

El aterrizaje de un planteamiento de este tipo en las aulas requerirá atender, simultáneamente, muchos frentes. El presupuestal; el de la coordinación entre el ámbito federal y el estatal; el de comenzar a construir esquemas capaces de reconciliar más acceso y permanencia, más calidad y más equidad; así como, y prioritariamente, el de hacer de docentes y directivos agentes y no sujetos del cambio educativo.

Ninguno de los frentes anteriores es fácil y atenderlos todos representará una labor titánica. Con todo, la parte más espinosa tendrá que ver con la capacidad para darle viabilidad política a un proyecto de este tipo en un contexto como el mexicano, en el que la función ‘gobernabilidad’ del magisterio lleva décadas chocando con la función educadora del sistema educativo.

Para encarar este asunto, habría que comenzar por reconocer abiertamente la importancia de ambas funciones y buscar acomodos entre ellas que, sin comprometer más nuestra precaria gobernabilidad, lastimen cada vez menos la parte educativa. Acomodos y soluciones que permitan ir construyendo, en paralelo, formas de gobernabilidad menos dependientes del control corporativo-clientelar del magisterio, y un sistema educativo que ofrezca acceso equitativo a todos los mexicanos a la oportunidad de obtener saberes y desarrollar destrezas para ser parte activa de sus comunidades y dueños de vidas más significativas, libres, plenas y productivas.

Una mirada que combine de mejor forma lo posible y lo deseable y una agenda renovada que incluya tanto el afán a favor de la calidad como la necesidad urgente de darle cabida y respuesta a millones de jóvenes mexicanos excluidos de oportunidades educativas, constituye nuestra mejor apuesta. Mucho mejor que la de concentrarnos sólo en atender exclusión olvidando la calidad o la de seguir insistiendo en el recetario de la calidad sin tomar en cuenta la realidad existente.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/calidad-educativa-en-contexto-riesgos-y-oportunidades/

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Comisión sobre seguridad escolar en EE.UU. evita hablar de armas

América del norte/Estados Unidos/07 Junio 2018/Fuente: Prensa Latina

La secretaria estadounidense de Educación, Betsy DeVos, descartó que una comisión de seguridad escolar creada por la administración de Donald Trump estudie cambios potenciales exigidos hoy por diversos sectores para las leyes de armas.
En una comparecencia ante un panel del Senado el legislador demócrata Patrick Leahy le preguntó si el grupo conformado por el Gobierno tras el tiroteo masivo del 14 de febrero en una escuela secundaria de Parkland, Florida, examinaría las armas de fuego.

DeVos, quien preside la comisión, manifestó que eso no es parte del trabajo del grupo en sí.

‘¿Entonces, están estudiando la violencia armada pero no estás considerando el papel de las armas?’, cuestionó Leahy a la secretaria durante su aparición este martes ante el Subcomité de asignaciones del Senado, que supervisa la financiación de la educación.

‘De hecho, lo que estamos estudiando es la seguridad escolar y cómo podemos garantizar que nuestros estudiantes estén seguros en la escuela’, respondió DeVos.

Según la funcionaria, la comisión se centraría en las aproximadamente 20 áreas que la Casa Blanca había esbozado al constituirla.

Al mismo tiempo, la titular eludió una pregunta de Leahy sobre si consideraba que un joven de 18 años debía poder comprar un rifle de asalto estilo AR-15 como el empleado en la masacre en Parkland, donde murieron 17 personas.

‘Creo que eso es mucho más un tema de debate, sé que se ha discutido en este órgano y seguirá discutiéndose’, señaló la funcionaria.

La respuesta abierta de la secretaria no mencionó el hecho de que, según la hoja informativa en la cual la Casa Blanca anunció la comisión en marzo pasado, ese grupo estudiaría y haría recomendaciones en una variedad de temas, incluyendo ‘restricciones de edad para ciertas compras de armas de fuego’.

Estas declaraciones de DeVos provocaron objeciones de los defensores de un mayor control de armas, entre ellos el padre de una estudiante asesinada en el tiroteo en Florida.

Fred Guttenberg, cuya hija Jaime murió en la matanza, escribió en Twitter que las palabras de la secretaria motivarían a los votantes que se preocupan por la seguridad.

‘Besty Devos, su comentario de que la investigación que siguió a la muerte de mi hija y otras 16 personas no involucraría armas de fuego es sorprendentemente útil’, escribió en la red social.

‘Acabas de darle a todos los padres que realmente se preocupan por la seguridad escolar una razón para votar en noviembre’, agregó en referencia a los comicios de medio término que tendrán lugar ese mes, para los cuales se espera que el tema del control de armas tenga un peso importante.

Esta comisión se creó específicamente para abordar el tema de la seguridad escolar, por lo que si las armas no son ‘parte del encargo de la comisión’, ¿qué están haciendo?, expresó al portal digital Politico Kris Brown, copresidenta de la Campaña Brady, que aboga por frenar la violencia armada.

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=184949&SEO=comision-sobre-seguridad-escolar-en-ee.uu.-evita-hablar-de-armas
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Recuperemos el poder que ahora está en manos de unos pocos multimillonarios

Por: Bernie Sanders

Si nos unimos para luchar contra los intereses de los poderosos, podemos acabar con la pobreza, aumentar la esperanza de vida y afrontar el cambio climático.

Esta es la situación de nuestro planeta en 2018: tras todas las guerras, revoluciones y cumbres internacionales del último siglo, vivimos en un mundo donde unos pocos individuos, inmensamente ricos, ejercen un control desproporcionado sobre la vida económica y política de la humanidad.

Aunque resulte difícil entenderlo, lo cierto es que las seis personas más ricas de la Tierra poseen más riquezas que la mitad más pobre de la población mundial, 3.700 millones de personas. Además, el 1% más rico tiene más dinero que el 99% restante. Y mientras estos multimillonarios hacen alarde de sus riquezas, cerca de una de cada siete personas intenta sobrevivir con menos de 1,25 dólares diarios. Y un dato espeluznante: unos 29.000 niños mueren diariamente por enfermedades que son completamente prevenibles como la diarrea, la malaria y la neumonía.

Al mismo tiempo, las élites corruptas, los oligarcas y las monarquías anacrónicas de todo el mundo gastan miles de millones en las extravagancias más absurdas.

El sultán de Brunei tiene unos 500 Rolls-Royce y vive en uno de los palacios más grandes del mundo, un edificio con 1.788 habitaciones y que en una ocasión fue valorado en 350 millones de dólares. En Oriente Medio, que cuenta con cinco de los diez monarcas más ricos el mundo, los jóvenes miembros de la realeza viajan y se divierten por el mundo entero mientras la región sufre los efectos de la tasa de desempleo más alta de todo el planeta, y unos 29 millones de niños, como mínimo, viven en la pobreza y no tienen acceso a los servicios más básicos, agua potable o alimentos nutritivos.

Es más, mientras cientos de millones de personas viven en la pobreza más extrema, los traficantes de armas acumulan cada vez más riquezas ya que los gobiernos gastan billones de dólares en armamento.

En Estados Unidos, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, es la persona más rica del mundo con un patrimonio de más de 100.000 millones de dólares. Es dueño de, al menos, cuatro mansiones, que sumadas alcanzan un valor de decenas de millones de dólares. Como si esto no fuera suficiente, se gastará unos 42 millones de dólares en un proyecto para construir un reloj dentro de una montaña en Texas que, supuestamente, funcionará durante 10.000 años.

Sin embargo, en los almacenes de Amazon repartidos a lo largo y ancho de Estados Unidos, los trabajadores a menudo trabajan a destajo y ganan tan poco dinero que dependen de Medicaid, cupones para alimentos y viviendas sociales pagadas con los impuestos de los contribuyentes estadounidenses.

Y eso no es todo. Es este contexto de riqueza descomunal y desigualdad económica, las personas están dejando de creer en la democracia; el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Cada vez son más conscientes de que se ha amañado la economía mundial en beneficio de unos pocos poderosos y en detrimento de todos los demás, y están furiosas.

Millones de personas trabajan más horas y ganan salarios más bajos que hace cuarenta años tanto en Estados Unidos como en muchos otros países.

Sufren la situación en silencio, se sienten impotentes frente a unos pocos poderosos que compran las elecciones, y frente a una élite política y económica que se enriquece sin parar, incluso a costa del futuro de sus hijos.

En este contexto de desigualdad económica, el mundo está siendo testigo de un alarmante aumento del autoritarismo y del extremismo derechista; que alimenta, explota y amplifica el resentimiento de los que se sienten abandonados por el sistema, y aviva las llamas del odio étnico y racial.

Ahora, más que nunca, los que creemos en la democracia y en los gobiernos progresistas debemos unir a las personas trabajadoras y de bajos ingresos en torno a un programa político que refleje sus necesidades. En vez de ofrecer odio y fragmentación social, debemos proporcionar un mensaje de esperanza y de solidaridad. Debemos levantar un movimiento internacional que luche contra la avaricia y la ideología de los multimillonarios y nos ayude a construir un mundo medioambiental, social y económicamente justo. ¿Se trata de un proyecto fácil? En absoluto. Sin embargo, se trata de una lucha que debemos librar. Nuestro futuro depende de ello.

Como señaló, acertadamente, el papa Francisco, en un discurso pronunciado en el Vaticano en 2013: «Hemos creado nuevos ídolos. Los hombres del pasado adoraron a un becerro de oro y ahora esta figura ha sido sustituida por una imagen sin cabeza, para rendir culto al dinero y estamos ante una dictadura de la economía que no tiene rostro y cuyo propósito no es el bien de la humanidad». También indicó que «en la actualidad todo se rige por la ley de la rivalidad y la supervivencia del más fuerte, y los poderosos se alimentan de los indefensos. Como consecuencias, las masas son excluidas y marginadas, sin trabajo y sin una posibilidad de escapatoria».

Debemos levantar un nuevo movimiento progresista y mundial que nazca con el compromiso de luchar contra la desigualdad estructural; desigualdad entre países y también dentro del país. Este movimiento debe sobreponerse a la mentalidad del «culto al dinero» y de la «supervivencia de los más fuertes» de la que habló el papa Francisco.

Debe apoyar medidas impulsadas a nivel nacional e internacional para mejorar las condiciones de vida de las personas pobres y de clase trabajadora y cuyo objetivo sea alcanzar el pleno empleo, un salario digno y una educación universal de calidad, acceso universal a la salud pública y acuerdos comerciales internacionales justos. También debemos recuperar el poder que ahora tienen las empresas y evitar la destrucción de nuestro planeta como resultado del cambio climático.

Les pondré un ejemplo de lo que podríamos hacer. Unos pocos años atrás, la Red para la Justicia Fiscal señaló que las personas más ricas y las principales empresas del mundo habían escondido entre 21 y 32 billones de dólares en paraísos fiscalespara no tener que pagar los impuestos correspondientes.

Si juntos intentamos luchar contra esta práctica abusiva, los ingresos que podríamos obtener nos permitirían terminar con el hambre mundial, crear cientos de millones de puestos de trabajo y reducir de forma significativa la desigualdad de ingresos y de patrimonio. Podríamos hacer un cambio radical hacia la agricultura sostenible y acelerar la transformación de nuestro sistema energético para no depender de los combustibles fósiles y avanzar hacia las fuentes de energía renovable.

Luchar contra la avaricia de Wall Street, el poder de las gigantescas multinacionales y la influencia de los multimillonarios no solo es un deber moral; es un imperativo geopolítico estratégico. Las investigaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ponen en evidencia que la percepción que tienen los ciudadanos de la desigualdad, la corrupción y la exclusión son los indicadores más fiables para saber si esas comunidades apoyarán al extremismo de derechas o a grupos violentos.

Cuando las personas tienen la sensación de que el sistema no juega a su favor y no ven la forma de cambiar la situación desde la legitimidad, tienen más posibilidades de apostar por soluciones perjudiciales que lo único que hacen es empeorar la situación.

Estamos ante un momento clave de la historia mundial. Con la revolución de las nuevas tecnologías y los avances que trae consigo, podemos aumentar sustancialmente la riqueza mundial de una forma justa. Tenemos todos los medios a nuestro alcance para erradicar la pobreza, aumentar la esperanza de vida y crear un sistema energético mundial no contaminante y asequible.

Lo podemos conseguir si tenemos la valentía de unirnos y enfrentarnos a los intereses de unos pocos poderosos que lo único que quieren es seguir acumulando riqueza. Esto es lo que debemos hacer para defender el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos y de nuestro planeta.

Bernie Sanders es senador por Vermont y fue candidato en las primarias demócratas de la última campaña presidencial en Estados Unidos.

Traducido por Emma Reverter.

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/Recuperemos-poder-ahora-manos-multimillonarios_0_730027416.html

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‘Shithole countries’: Trump uses the rhetoric of dictators

By: Henry Giroux

George Orwell warns us in his dystopian novel 1984 that authoritarianism begins with language. In the novel, “newspeak” is language twisted to deceive, seduce and undermine the ability of people to think critically and freely.

Donald Trump’s unapologetic bigoted language made headlines again Thursday when it was reported he told lawmakers working on a new immigration policy that the United States shouldn’t accept people from “shithole countries” like Haiti. Given his support for white nationalism and his coded call to “Make America Great (White) Again,” Trump’s overt racist remarks reinforce echoes of white supremacy reminiscent of fascist dictators in the 1930s.

His remarks about accepting people from Norway smack of an appeal to the sordid discourse of racial purity. There is much more at work here than a politics of incivility. Behind Trump’s use of vulgarity and his disparagement of countries that are poor and non-white lies the terrifying discourse of white supremacy, ethnic cleansing and the politics of disposability. This is a vocabulary that considers some individuals and groups not only faceless and voiceless, but excess, redundant and subject to expulsion. The endpoint of the language of disposability is a form of social death, or even worse.

As authoritarianism gains strength, the formative cultures that give rise to dissent become more embattled, along with the public spaces and institutions that make conscious critical thought possible.

Words that speak to the truth to reveal injustices and provide informed critical analysis begin to disappear, making it all the more difficult, if not dangerous, to judge, think critically and hold dominant power accountable. Notions of virtue, honour, respect and compassion are policed, and those who advocate them are punished.

I think it’s fair to argue that Orwell’s nightmare vision of the future is no longer fiction in the United States. Under Trump, language is undergoing a shift: It now treats dissent, critical media coverage and scientific evidence as a species of “fake news.”

The Trump administration, in fact, views the critical media as the “enemy of the American people.” Trump has repeated this view of the media so often that almost a third of Americans now believe it and support government-imposed restrictions on the media, according to a Poynter survey.

Thought crimes and fake news

Trump’s cries of “fake news” work incessantly to set limits on what is thinkable. Reason, standards of evidence, consistency and logic no longer serve the truth, according to Trump, because the latter are crooked ideological devices used by enemies of the state. Orwell’s “thought crimes” are Trump’s “fake news.” Orwell’s “Ministry of Truth” is Trump’s “Ministry of Fake News.”

The notion of truth is viewed by this president as a corrupt tool used by the critical media to question his dismissal of legal checks on his power, particularly his attacks on judges, courts and any other governing institutions that will not promise him complete and unchecked loyalty.

For Trump, intimidation takes the place of unquestioned loyalty when he does not get his way, revealing a view of the presidency that is more about winning than about governing.

One consequence is the myriad practices by which Trump gleefully humiliates and punishes his critics, wilfully engages in shameful acts of self-promotion and unapologetically enriches his financial coffers.

Under Trump, the language of civic literacy and democracy has become unmoored from critical reason, informed debate and the weight of scientific evidence, and is now being reconfigured and tied to pageantry, political theatre and a deep-seated anti-intellectualism.

One consequence, as language begins to function as a tool of state repression, is that matters of moral and political responsibility disappear and injustices proliferate.

Fascism starts with words

What is crucial to remember here, as authoritarianism expert Ruth Ben-Ghiat notes, is that fascism starts with words. Trump’s use of language and his manipulative use of the media as political spectacle are disturbingly similar to earlier periods of propaganda, censorship and repression.

Under fascist regimes, the language of brutality and culture of cruelty was normalized through the proliferation of strident metaphors of war, battle, expulsion, racial purity and demonization.

As German historians such as Richard J. Evans and Victor Klemperer have made clear, dictators like Adolf Hitler did more than simply corrupt the language of a civilized society, they also banned words.

Soon afterwards, the Nazis banned books and the critical intellectuals who wrote them. They then imprisoned those individuals who challenged Nazi ideology and the state’s systemic violations of civil rights.

The end point was an all-embracing discourse of disposability — the emergence of concentration camps and genocide fuelled by a politics of racial purity and social cleansing.

Echoes of the formative stages of such actions are upon us now. An American-style neo-fascism appears to be engulfing the United States after simmering in the dark for years.

President Donald Trump stands on the field for the U.S. national anthem before the start of the NCAA National Championship game at Mercedes-Benz Stadium between Georgia and Alabama on Jan. 8 in Atlanta. (AP Photo/Andrew Harnik)

More than any other president, Trump has normalized the notion that the meaning of words no longer matters, nor do traditional sources of facts and evidence. In doing so, he has undermined the relationship between engaged citizenship and the truth, and has relegated matters of debate and critical assessment to a spectacle of bombast, threats, intimidation and sheer fakery.

This language of fascism does more than normalize falsehoods and ignorance. It also promotes a larger culture of short-term attention spans, immediacy and sensationalism. At the same time, it makes fear and anxiety the normalized currency of exchange and communication.

In a throwback to the language of fascism, Trump has repeatedly positioned himself as the only one who can save the masses — reproducing the tired script of the model of the saviour endemic to authoritarianism.

There is more at work here than an oversized ego. Trump’s authoritarianism is also fuelled by braggadocio and misdirected rage as he undermines the bonds of solidarity, abolishes institutions meant to protect the vulnerable and launches a full-fledged assault on the environment.

Trump is also the master of manufactured illiteracy, and his obsessive tweeting and public relations machine aggressively engages in the theatre of self-promotion and distractions. Both of these are designed to whitewash any version of a history that might expose the close alignment between his own language and policies and the dark elements of a fascist past.

Trump also revels in an unchecked mode of self-congratulation bolstered by a limited vocabulary filled with words like “historic,” “best,” “the greatest,” “tremendous” and “beautiful.”

Those exaggerations suggest more than hyperbole or the self-indulgent use of language. When he claims he “knows more about ISIS than the generals,” “knows more about renewables than any human being on Earth” or that nobody knows the U.S. system of government better than he does, he’s using the rhetoric of fascism.

As the aforementioned historian Richard J. Evans writes in The Third Reich in Power:

“The German language became a language of superlatives, so that everything the regime did became the best and the greatest, its achievements unprecedented, unique, historic and incomparable …. The language used about Hitler … was shot through and through with religious metaphors; people ‘believed in him,’ he was the redeemer, the savior, the instrument of Providence, his spirit lived in and through the German nation…. Nazi institutions domesticated themselves [through the use of a language] that became an unthinking part of everyday life.”

Sound familiar?

Under the Trump regime, memories inconvenient to his authoritarianism are now demolished in the domesticated language of superlatives so the future can be shaped to become indifferent to the crimes of the past.

Trump’s endless daily tweets, his recklessness, his adolescent disdain for a measured response, his unfaltering anti-intellectualism and his utter ignorance of history work in the United States. Why? Because they not only cater to what historian Brian Klaas refers to as “the tens of millions of Americans who have authoritarian or fascist leanings,” they also enable what he calls Trump’s attempt at “mainstreaming fascism.”

The language of fascism revels in forms of theatre that mobilize fear, hatred and violence. Author Sasha Abramsky is on target in claiming that Trump’s words amount to more than empty slogans.

Instead, his language comes “with consequences, and they legitimize bigotries and hatreds long harbored by many but, for the most part, kept under wraps by the broader society.”

Surely, the increase in hate crimes during Trump’s first year of his presidency testifies to the truth of Abramsky’s argument.

Fighting Trump’s fascist language

The history of fascism teaches us that language operates in the service of violence, desperation and troubling landscapes of hatred, and carries the potential for inhabiting the darkest moments of history.

It erodes our humanity, and makes too many people numb and silent in the face of ideologies and practices that are hideous acts of ethical atrocity.

Trump’s language, like that of older fascist regimes, mutilates contemporary politics, empathy and serious moral and political criticism, and makes it more difficult to criticize dominant relations of power.

His fascistic language also fuels the rhetoric of war, toxic masculinity, white supremacy, anti-intellectualism and racism. But it’s not his alone.

It is the language of a nascent fascism that has been brewing in the United States for some time. It is a language that is comfortable viewing the world as a combat zone, a world that exists to be plundered and a view of those deemed different as a threat to be feared, if not eliminated.

A new language aimed at fighting Trump’s romance with fascism must make power visible, uncover the truth, contest falsehoods and create a formative and critical culture that can nurture and sustain collective resistance to the oppression that has overtaken the United States, and increasingly many other countries.

No form of oppression can be overlooked. And with that critical gaze must emerge a critical language, a new narrative and a different story about what a socialist democracy will look like in the United States.

Reclaiming language as a force for good

There is also a need to strengthen and expand the reach and power of established public spheres, such as higher education and the critical media, as sites of critical learning.

We must encourage artists, intellectuals, academics and other cultural workers to talk, educate, make oppression visible and challenge the common-sense vocabulary of casino capitalism, white supremacy and fascism.

Language is not simply an instrument of fear, violence and intimidation; it is also a vehicle for critique, civic courage and resistance.

A critical language can guide us in our thinking about the relationship between older elements of fascism and how such practices are emerging in new forms.

Without a faith in intelligence, critical education and the power to resist, humanity will be powerless to challenge the threat that fascism and right-wing populism pose to the world.

Those of us willing to fight for a just political and economic society need to formulate a new language and fresh narratives about freedom, the power of collective struggle, empathy, solidarity and the promise of a real socialist democracy.

We would do well to heed the words of the great Nobel Prize-winning novelist, J.M. Coetzee, who states in a work of fiction that “there will come a day when you and I will need to be told the truth, the real truth ….no matter how hard it may be.”

Democracy, indeed, can only survive with a critically informed and engaged public attentive to a language in which truth, rather than lies, become the currency of citizenship.

Source:

https://theconversation.com/shithole-countries-trump-uses-the-rhetoric-of-dictators-89850

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Cuatro estampas de la política en la educación

América del Norte/México/05.06.2018/Por: Carlos Ornelas/ Fuente: www.excelsior.com.mx.

Tal vez hoy como nunca en México pudiera pulsarse la máxima de Antonio Gramsci de que “la política es educación y la educación es política”, aunque no en el sentido elevado en que el filósofo italiano lo planteó. Sirvan de ejemplo cuatro viñetas de la política educativa que se concatenan de manera compleja.

CPrimera, defensa. El secretario de Educación Pública, Otto Granados Roldán, en una conferencia de prensa en Los Pinos, hizo un alegato en favor de la Reforma Educativa que emprendió este gobierno. Si bien las cifras que proporcionó muestran avances y pueden cotejarse, su discurso tiende a salvaguardar la política educativa del presidente Peña Nieto. Expresó que “el país ha hecho un gran esfuerzo por el diseño e instrumentación de la reforma. Es una inversión muy relevante, no sólo en términos presupuestales, sino políticos, institucionales, humanos, que sería una tragedia que se viera interrumpida”. La intención del gobierno —intuyo— es consolidar la reforma lo más que pueda; blindar todo lo hecho es imposible.

Segunda, embate. En su gira por Michoacán, Andrés Manuel López Obradorratificó su intención de cancelar la Reforma Educativa. Excélsior reportó que, en Puruándiro, AMLO amonestó a los docentes y los conminó a despabilarse: “Ya es hora de que los maestros despierten, porque en la pasada elección, no es un reproche, es un señalamiento fraterno, la pasada elección todavía votaron por los partidos que votaron la mal llamada Reforma Educativa, ahí estuvieron votando por el PRI, por el PAN, por el PRD”. Además, les dijo: “Ya es tiempo de que los maestros tengan conciencia y que se vote por una transformación”.

Algo no me cuadra con el mensaje de AMLO. Él fue el candidato del PRD y ciertos de sus fieles de hoy fueron afanosos promotores de la Reforma Educativa.

Tercera, perorata. El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, se reunió el jueves con la comisión política de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación con el fin de resolver sus demandas. Los líderes de la S-22 mostraron su “buena voluntad” al abrir un carril de la carretera Oaxaca-Puerto Ángel. Pero mantenían bloqueado el aeropuerto, el plantón en el zócalo, la toma de la terminal de ADO y las casetas de la autopista Oaxaca-México. Además, según sus voceros, estaban en paro y diez mil de sus militantes estarán en la Ciudad de México el 4 de junio para forzar a la Secretaría de Gobernación a abrir una mesa nacional de negociación con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Cuarta, foros. El Consejo Mexicano de Investigación Educativa, que agrupa a la elite de investigadores de la educación del país, organiza foros en varios temas que arrojen elementos de diagnóstico y propuestas para una mejor política educativa en favor de México. Quieren hacer llegar sus propuestas a los candidatos a la Presidencia de la República y dialogar con ellos o sus representantes. Aspiran a elevar el nivel de las campañas electorales.

Política: La SEP quiere apuntalar sus logros; AMLO, echarlos para atrás; la S-22 causa desmanes —aunque el gobierno local diga que nada más diez por ciento de las escuelas está en huelga— y los investigadores piden racionalidad.

Esas cuatro vías —razonamiento, presión, ataque y amparo— no corren en líneas paralelas, se entrecruzan. La política, coligo, a veces deseduca. Por más que los investigadores quieran discursos razonables y profundos, las campañas son para conseguir votos; la hondura conceptual no los consigue. La movilización y el chantaje que practica la CNTE le producen frutos, aunque los docentes abandonen las escuelas. Si los maestros no tienen conciencia, ¿con qué convicción irán a votar? Y sí, como dijo el secretario, sería una tragedia cancelar la reforma.

Fuente del artículo: http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/cuatro-estampas-de-la-politica-en-la-educacion/1242793

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Fortalecen desde las aulas la educación vial en México

América del Norte/ México/ 04.06.2018/ Fuente: www.nl.gob.mx.

Para crear conciencia entre los alumnos de educación básica sobre el uso de los puentes peatonales y el respeto a los señalamientos viales, la Secretaría de Educación de Nuevo León impulsa una cultura de prevención mediante acciones en los planteles.

La titular de la dependencia, María de los Ángeles Errisúriz Alarcón, mencionó que de manera permanente y durante todo el año, a través de la Coordinación Estatal de Seguridad Escolar, se realizan distintos programas en coordinación con las autoridades estatales y municipales.

Uno de ellos es el programa «Por arriba es más seguro, evita accidentes usando los puentes peatonales», donde a través de dípticos y pláticas se informa sobre las medidas de seguridad que deben tomar los peatones, utilizando los puentes peatonales en los cruces de avenidas y calles con gran flujo vial.

«Dentro del Nuevo Modelo Educativo se promueven en forma importante diferente temáticas, una de ellas la educación vial. Lo hemos estado platicando con algunos directores», comentó la titular de Educación en Nuevo León.

Explicó que también se realizan talleres donde oficiales de Tránsito informan a los alumnos sobre los riesgos y consecuencias de no respetar los señalamientos, con la finalidad de que los niños lleven esa información hasta sus padres.

Otra acción es el concurso de «patrulleritos escolares», el cual propicia la adquisición de competencias ciudadanas que favorecen la participación social, la cultura del autocuidado y legalidad a través de actividades lúdicas en seguridad vial.

Durante la visita de la Secretaria de Educación a la Escuela Primaria «Juan Escutia», en el municipio de China, los alumnos realizaron diferentes actividades, entre ellas, plasmar con sus propias manos en un mural una pintura alusiva al tema

Fuente: http://www.nl.gob.mx/noticias/fortalecen-desde-las-aulas-la-educacion-vial

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México: Avanza la CNTE hacia Gobernación

América del Norte/ México/ 04.06.2018/ Fuente: www.jornada.unam.mx.

De forma simultánea, y con más de tres horas de retraso debido al bloqueo de las caravanas magisteriales, maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) avanzan hacia la Secretaría de Gobernación para exigir la reinstalación de la mesa nacional de diálogo.

Desde el Metro Chabacano, en Calzada de Tlalpan; del Metro Balbuena en la Calzada Ignacio Zaragoza; y desde el Auditorio Nacional, profesores disidentes comenzaron su movilización en el marco de un paro indefinido de labores.

Juan Melchor, integrante de Dirección Política Nacional (DPN) del magisterio disidente informó que luego de permanecer varias hora “retenidos” por elementos de la Policía capitalina, las caravanas motorizadas provenientes de Michoacán, Oaxaca, Chiapas y Guerrero, lograron avanzar a los puntos de reunión para de ahí marchar hacia la Secretaria de Gobernación.

Profesores disidentes denunciaron que hay una “cerrazón del gobierno federal y capitalino para escuchar al magisterio, pero también para respetar el derecho de libre tránsito y manifestación que como mexicanos tenemos. Queremos decirles que no van a detener las acciones de la CNTE. Vamos a llegar a Gobernación para exigir una mesa de diálogo y que nos escuchen”.

En estos momentos los maestros de Michoacán y Durango avanzan por Paseo de la Reforma hacia el Palacio de Cobián, mientras que el contingente de Guerrero y de la Ciudad de México marchan por Calzada de Tlalpan desde el Metro Chabacano, y los profesores de Oaxaca y Chiapas avanzan por la Calzada Ignacio Zaragoza.

Siete policías heridos en choque en caseta México-Cuernavaca

Previamente, siete policías resultaron heridos en la entrada de la caseta México-Cuernavaca por el choque entre integrantes de la CNTE, que se dirigían a la Secretaría de Gobernación y uniformados.

La acción de policías locales para impedir que los manifestantes ingresaran con autobuses a la Ciudad de México, provocó el enojo de los integrants de la CNTE, por lo que agredieron a los agentes.

Uno de los policías ingresó al Hospital de Tláhuac para su atención; mientras en la México-Pachuca se mantienen en fila varias unidades manteniéndose únicamente un acceso a la capital del país.

En el cruce de Tlalpan y Nativitas, miembros de la coordinadora bloquearon el paso, lo cual provocó largas filas de autos y molestia de sus conductores.

Cerca de las 11:00 horas profesores disidentes informaron que caravanas magisteriales provenientes de Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán lograron continuar hacia distintos puntos de la Ciudad de México, tras negociar con el gobierno capitalino para que los elementos de la Policía de la capital permitieran su acceso.

Lo anterior, luego que por más de tres horas los mantuvieron detenidos en las casetas de acceso a la capital del país. Integrantes de la Sección 22 de Oaxaca avanzaban por la calzada Ignacio Zaragoza hacia el Metro Balbuena, de donde se prevé que marchen hacia la Secretaría de Gobernación.

En tanto docentes provenientes de Michoacán avanzaron desde la caseta de Santa Fe hacia el Auditorio Nacional, desde donde partieron hacia el Palacio de Cobián, mientras que integrantes de la Sección 14 de Guerrero avanzan por calzada de Tlalpan hacia el Metro Chabacano.

Fuente:  http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2018/06/04/maestros-de-la-cnte-avanzan-hacia-la-sg-5563.html

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