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Fortalecer y transformar escuelas normales, eje del cambio en México

América del norte/México/15 julio 2017/Fuente: Cambio de Michoacán

El secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, afirmó que fortalecer y transformar a las escuelas normales del país representa el corazón y el eje del cambio de México, para la transformación del país justo, libre, democrático, creativo y que triunfe en el siglo XXI.

Al presentar la Estrategia Nacional para el Fortalecimiento de las Escuelas Normales, indicó que el reto es mayúsculo y que el cambio de México en gran medida depende de la educación, mientras que el cambio de la educación depende de los maestros, y el cambio y transformación de éstos depende de las normales.

Nuño Mayer expresó la confianza que se tiene en las escuelas normales del país para que contribuyan y sean el corazón y el eje del cambio de México, y en ese sentido destacó que la propuesta es el cambio más fuerte que se ha hecho no solo de la educación, sino del país en el futuro, en el mediano y largo plazo.

Puntualizó que como nunca se había hecho en la historia del país, la transformación de los planes y programas de estudio para los niños y el enfoque pedagógico al interior de las escuelas normales se hace al mismo tiempo, dentro de un nuevo Modelo Educativo, lo que representa una coordinación y una alineación no solo en el tiempo sino en los contenidos.

El funcionario federal añadió que los nuevos planes y programas, así como las modificaciones que serán de distinto tipo a las diversas licenciaturas que se imparten en las escuelas normales, estarán alineadas con el Nuevo Modelo Educativo y sobre todo con los nuevos planes y programas de estudio.

“Serán un espejo en donde se estará dando una concentración en los aprendizajes claves, en la educación socioemocional, y por supuesto en la educación intercultural, en la educación inclusiva. Todos los elementos del nuevo modelo que están reflejados en los nuevos planes y programas de estudio”, refirió.

Fuente: http://www.cambiodemichoacan.com.mx/nota-n26195

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Las mujeres de EE.UU. deben dos tercios de los préstamos universitarios de todo el país

Por: Michelle Chen

Detrás del la supuesta igualdad a la hora de acceder a las universidades entre mujeres y hombres se esconde un nuevo obstáculo: los préstamos universitarios. Para las mujeres es más complicado saldar esta deuda que para los hombres, entre otras cosas por la brecha salarial con la que se encuentran nada más terminar sus estudios

Las mujeres acumulan cerca de dos tercios del monto de la deuda total del país que asciende hasta los 1,3 billones de dólares

En muchos aspectos, las mujeres han adelantado a los hombres en la enseñanza superior. Hoy en día hay más mujeres matriculadas en universidades y muchas más logran graduarse. En muchos campus, los programas de estudios sobre mujeres y género han proliferado en toda la nación. Pero el avance educativo de las mujeres no es barato.

Según un nuevo análisis realizado por la American Association of University Women, existe un coste oculto detrás de la igualdad de género en la educación y es que las deudas estudiantiles contraídas por el alumnado son completamente desproporcionadas. Las mujeres piden más préstamos que los hombres para «salir adelante» en sus carreras profesionales solo para encontrarse con que sus futuros dependen completamente del peso de sus deudas.

Las mujeres acumulan cerca de dos tercios del monto de la deuda total del país que asciende hasta los 1,3 billones de dólares –todas juntas suman más o menos 833.000 millones de dólares en deuda en comparación con los 477.000 millones de los hombres. Las razones por las que esta deuda es mayor son variadas, pero esta tendencia revela que el problema relacionado con el sexismo en los campus quizá no solo es producto de una discriminación flagrante sino más bien una crisis lenta que erosiona sus oportunidades económicas cuando ellas entran en el mercado laboral.

Graduarse endeudado hasta las cejas no solo significa empezar una nueva etapa de tu vida con un agujero financiero, sino que también hace cada vez más complicado conseguir una estabilidad económica con el paso del tiempo. Complica la posibilidad de comprar una casa, formar una familia o ahorrar para la jubilación. Las deudas limitan el poder de elección de las personas a la hora de decidir dónde vivir e incluso de cuándo casarse. Y, especialmente para las mujeres, la ilusión de estar en «igualdad de condiciones» con los hombres termina enmascarando dificultades ocultas que ellas siguen soportando desproporcionadamente.

Sobre el papel, la diferencia puede parecer bastante pequeña. La media de deuda que acumulan las mujeres en la universidad era de unos 20.900 dólares en el año 2012. Los hombres, por su parte, acumulaban una deuda de 19.500. Pero, al sumar la deuda contraída en cada curso, la diferencia es aplastante: las mujeres hacen frente a una deuda un 14% más alta que los hombres cada año. Así que, tras cuatro años de estudios, las mujeres quedan muy por detrás a la hora de devolver sus préstamos estudiantiles.

El año pasado, alrededor de un tercio de alumnas con préstamos aseguraron que tenían problemas para afrontar sus gastos del día a día por culpa de los préstamos. También existen diferencias según la raza. Cuatro de cada diez mujeres latinas y seis de cada diez mujeres negras admiten que les ha costado muchísimo cubrir sus gastos básicos y que han hecho malabarismos para pagar los préstamos universitarios.

La desigualdad relativa a la deuda de las mujeres se ve agravada por la brecha salarial que existe entre hombres y mujeres. Las mujeres con estudios universitarios que trabajan a tiempo completo ganan un 26% menos que los hombres, y la brecha va en aumento.

Que haya desigualdad en cuanto ingresos tiene diferentes motivos. Desde la discriminación laboral hasta el hecho de tener que interrumpir la vida laboral al tener hijos. Sea cual sea la causa, los expertos lo tienen claro: «Cuando se combina una deuda mayor con menores ingresos después de la graduación, obtienes la receta para tener problemas financieros».

Las mujeres también corren un riesgo mayor de impago de préstamos estudiantiles. Esto podría llevar a familias jóvenes a pasar de tener un contratiempo a corto plazo a una vida entera en crisis. Además de los bajos salarios, las mujeres también acumulan menos riqueza que los hombres en activos financieros, por ejemplo en cuanto a vivienda. La brecha de riqueza es todavía más evidente entre las mujeres negras y latinas, muchas de ellas terminan sus vidas endeudadas.

En general, tanto hombres y mujeres propietarios de casas –graduados y con préstamos educativos sin pagar– también siguen contrayendo deudas por sus tarjetas de crédito y para comprarse coches. No es de extrañar que las encuestas hayan mostrado que la gente joven que acarrea deudas estudiantiles es más propensa a tener problemas de ansiedad, depresión, y el consiguiente riesgo social y la inestabilidad económica que ello conlleva.

Estas barreras financieras limitan las oportunidades para todos los estudiantes universitarios, pero son especialmente dañinas para una generación de mujeres jóvenes que ha crecido con la ilusión de un potencial académico sin límites. Para ellas, los riegos frente a las recompensas que dan sus préstamos universitarios ponen en tela de juicio la valía de sus estudios.

En general, hay un incremento económico real cuando tienes un grado universitario, la mayoría de los puestos profesionales requieren al menos un título de licenciatura. Pero en una época de incipiente feminismo, las barreras que se entrelazan a la raza, al género y a las deudas tejen un tamiz invisible pero que aprieta cada vez más sobre una generación de mujeres que esperaba «tenerlo todo».

La administración Trump, mientras tanto, ha propuesto que la universidad sea todavía más cara, recortando ayudas para los universitarios y eliminado los programas que perdonan deudas universitarias. Estas políticas harán que aumenten las deudas estudiantiles para todos, y potencialmente podrían acentuar más la brecha de género en torno a la deuda en los próximos años. Al mismo tiempo, los millenials apuestan por una educación superior gratuita.

A corto plazo, hacer que el acceso a la universidad sea gratis para todos los aspirantes; de manera inmediata, llevar a cabo medidas sencillas que puedan solucionar los errores institucionales y hacer que las universidades sean más asequibles para las mujeres, proporcionar servicios de guardería y otros modos de apoyo financiero mientras cursan estudios puede servir para asegurar que, al menos, se gradúan a tiempo.

Durante el siglo pasado, las puertas de la enseñanza se han abierto a muchos niveles para las mujeres. Los profesores ya no hablan de la inferioridad intelectual «natural» de ellas. Pero las puertas todavía están entrecerradas a la igualdad real de género. Tanto los hombres como las mujeres merecen un mejor acceso a la educación, se trata de un derecho humano. Pero la brecha de género seguirá en aumento mientras que las mujeres deban invertir más solo para pagar una igualdad de oportunidades que se lleva esperando tanto tiempo.

Traducido por Cristina Armunia Berges

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=228839

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La desprofesionalización del magisterio

Por: Educación Futura. 

La Real Academia Español (RAE) establece las siguientes acepciones para el término profesional: que ejerce una profesión; que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive; y, dicho de una persona que ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes. Así pues, al unir las tres acepciones establecidas por la RAE, es posible definir a un profesional como alguien que practica de manera competente una profesión, la cual le da las posibilidades de solventar sus necesidades para vivir dignamente. Para Jurjo Torres (1998), la profesionalización de los docentes pasa ineludiblemente por tres acciones: “a) Incrementar el status social y económico del profesorado. b) Establecer una formación inicial del profesorado de calidad. c) Crear y potenciar la formación continuada del profesorado ya en ejercicio” (p. 177). Al considera estas condiciones, la profesionalización del magisterio queda entredicho.

En relación al status social y económico, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su publicación Panorama de la Educación 2016. Indicadores de la OCDE (OCDE, 2016), los docentes mexicanos son de los que más trabajan a cambio de tener de los sueldos más bajos dentro de la organización que agrupa a 35 países. Mientras el promedio de ingresos anuales de profesores de los Estados de la OCDE, en 2014, fue de 42,675 dólares, los docentes mexicanos apenas superaron la mitad de estos ingresos: 28,262 dólares. El salario de los maestros mexicanos se abarata aún más al considerar que ocupan las primeras posiciones en cuanto a horas de trabajo anuales, 800en promedio por 788 horas como media de los países miembros de la organización. El ingreso de los maestros mexicanos pierde aún más su valor al tener en cuenta que, en promedio, a cada docente le toca atender a 28 alumnos, es decir, casi el doble de los que atienden el resto de los profesores de la OCDE (15). Así pues, los maestros mexicanos, en relación con los otros países de la organización, son los que pasan más tiempo en las aulas, con los grupos de alumnos más grandes, a cambio de los salarios más bajos.

El declive económico de los docentes mexicanos se ve reflejado en los raquíticos incrementos salariales conseguidos en los últimos años por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).  Año con año el incremento salarial va perdiendo fuerza, al grado que, para 2017, el aumento logrado (3.08%) ni siquiera alcanza para hacer frente a la inflación de los precios de los productos y servicios en México. La evolución del aumento salarial a los profesores no deja duda de que sus condiciones económicas van en un descenso sostenido: de haber tenido un aumento del 4.9% en 2009 y 3.5% en 2014, se llegó a un miserable 3.08% en el presente año. Tales cifras, junto con las proporcionadas por la OCDE, demuestran que uno de los aspectos indispensables para la profesionalización del magisterio (el económico), ha experimentado un deterioro realmente considerable. Las tendencias observadas en la evolución del incremento salarial de los maestros hacen suponer que cada vez será menor el provecho económico de esta profesión.

Jurjo Torres señala, como segunda condición para la profesionalización del docente, una formación inicial de calidad. Las Escuelas Normales, instituciones centenarias en la formación magisterial, han sufrido golpes sin precedentes durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, vislumbrando una posible reducción o incluso desaparición de este tipo de centros escolares: según el Sistema de Información Básica de la Educación Normal (SIBEN), en tan solo cuatro años de su administración (2012-2016) ha aniquilado a más de una cuarta parte de la matrícula normalista (37,259 estudiantes, es decir, 28.5%). La condición laboral de los profesores normalistas es uno de los componentes esenciales para que en este tipo de escuelas se ofrezca una formación de calidad. Al analizar la forma de contratación de los maestros, se advierte que durante el ciclo escolar 2016-2017, sólo el 58.9% se encontraba basificado. La basificación no sólo repercute en la estabilidad laboral sino que es requisito para participar en los procesos de homologación, los cuales permiten al docente ver incrementadas sus percepciones a partir de su desempeño y formación. Así pues, cuatro de cada diez profesores normalistas no tienen opciones de superación laboral y económica, aunado a la carencia de prestaciones. Sin soslayar las áreas de oportunidad de las plantillas docentes normalistas,  es de suponer que este tipo de situaciones tienen un impacto negativo en la calidad del servicio que se ofrece en estas instituciones. Considerando el panorama de maestros y alumnos, es posible advertir un panorama complicado en cuanto a la formación docente inicial.

En relación a la última de las condiciones propuestas por Jurjo Torres para la profesionalización docente, la formación continua, hay una perspectiva desalentadora. En el estudio Los docentes en México. Informe 2015 (INEE, 2015) es posible advertir una crisis severa en la formación continua que se ofrece a los profesores. En el año 2013, el presupuesto otorgado al Sistema Nacional de Formación Continua se tradujo en un raquítico promedio de 363.91 pesos para las actividades formativas de cada docente de Educación Básica. Tal falta de voluntad de las autoridades para asignar recursos a este Sistema es un reflejo del poco interés por contar con cuerpos de docentes mejor preparados. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en suma, reconoce las “desfavorables condiciones materiales y de infraestructura, servicios y recursos humanos para los dispositivos de formación” (2015, p.119) de los docentes.

Un caso muy ilustrativo de la trágica formación continua es el de los Centros de Maestros, instituciones especializadas en la actualización y la capacitación de los docentes. El estudio referido en el párrafo anterior hace alusión a que, producto del escaso presupuesto del Sistema Nacional de Formación Continua, se detectó que “en promedio, cada centro atendía a 267 escuelas (…), y para hacerlo, 83% del conjunto total contaban con un equipo conformado por no más de diez personas” (INEE, p.117).  Con esta carga inhumana a la que son sometidos los Centros de Maestros, no es difícil imaginar la calidad de formación que se ofrece a los centros escolares y docentes a su cargo.

Las deficiencias en la formación continua se manifiestan también en el programa de tutoría destinado a dar acompañamiento a los docentes de nuevo ingreso. En el documento La Educación Obligatoria en México. Informe 2017 (INEE, 2017), se dejan entrever fallas serias en los procesos de tutoría a los maestros de nuevo ingreso, tales como una tasa baja de respuesta para desempeñar la tutoría (¿motivada por aspectos económicos?); dificultades para establecer comunicación entre tutores y tutorados; o necesidades formativas y de acompañamiento no cubiertas por los propios tutores. Asimismo, se advierte una posible simulación de los procesos de tutoría, pues casi la mitad de los tutorados (44.6%) del ciclo escolar 2015-2016 no tuvo al menos una sesión de tutoría, mientras que ni siquiera un tercio de los tutores del ciclo escolar 2014-2015 recibieron incentivos económicos por haber desempeñado su función. El documento referido se deja entrever una posible improvisación para la realización de las tutorías: carencia de condiciones institucionales mínimas y la falta de definición de procesos fundamentales y facultades de los actores.

Así pues, considerando lo expuesto en líneas anteriores, es evidente que la Reforma Educativa concretada en 2013 fue la cereza del pastel de un proceso largo que derivó en hacer de la docencia un empleo prácticamente desechable, en desvalorar la figura del profesor, situaciones que sin duda sufrirán en mayor medida las futuras generaciones de maestros.  Aún sin contar con una retribución económica adecuada para su función y careciendo de opciones de formación inicial y continua adecuadas, los maestros pueden ser despedidos, al menos cada cuatro años, “sin responsabilidad alguna para la autoridad educativa”, tal como se establece repetidamente en la Ley General del Servicio Profesional Docente. Considerando los factores económico y formativo (inicial y continuo) propuestos por Jurjo Torres, es evidente que el magisterio enfrenta un retroceso en su profesionalización, perpetuado por el gobierno en complicidad con otros actores, incluso algunos que se supone deberían impedir esta situación.    

Twitter: @proferoger85

*Docente colimense de Educación Primaria (Esc. Prim. Distribuidores Nissan No. 61 T.V.) y de Educación Superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía. 

REFERENCIAS

INEE. La Educación Obligatoria en México. Informe 2017. México: INEE, 2017.

OCDE. Panorama de la Educación 2016. Indicadores de la OCDE. Madrid: Santillana, 2016.

SEP. Sistema de Información Básica de la Educación Normal. (Disponible en: www.siben.sep.gob.mx).

Fuente: http://www.educacionfutura.org/la-desprofesionalizacion-del-magisterio/

Fotografía: otrasvoceseneducacion

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EEUU: The Supreme Court, religion and the future of school choice

América del Norte/EEUU/Julio del 2017/Noticias/https://theconversation.com/

The Supreme Court recently decided that Trinity Lutheran Church should be eligible for a Missouri state grant covering the cost of recycled playground surfaces. Though the state originally rejected the church’s application on grounds of separation of church and state, the Supreme Court ruled that this rejection was, in fact, religious discrimination.

The case’s impact will probably reach well beyond playgrounds.

As a scholar of education law, I’ve been following the Trinity Lutheran case and what it could mean for the hottest issue in education: school choice. Where in the past states have decided for themselves whether religious schools are eligible for school vouchers and scholarship tax credits, the Trinity Lutheran decision likely signals that the Supreme Court will soon require states to include religious private schools in their programs.

This would be a huge win for school choice advocates and would complete a revolution in the Supreme Court’s understanding of the law on government funding of religious institutions.

Activist group Concerned Women for America shows support for Trinity Luthern Church in front of the Supreme Court in Washington, D.C. AP Photo/J. Scott Applewhite

Of church playgrounds and discrimination

In 1995, Missouri established a program offering reimbursement grantsto qualifying nonprofits that installed playground surfaces made from recycled tires. Trinity Lutheran Church, which runs a preschool and daycare center, applied for a grant in 2012, but the state rejected the church’s application. Why? The Missouri Constitution states that “no money shall ever be taken from the public treasury, directly or indirectly, in aid of any church, sect or denomination of religion.”

Trinity Lutheran challenged the state’s decision as a violation of the Free Exercise Clause, and in June the U.S. Supreme Court agreed.

The Scrap Tire Surface Material Grant was awarded to two applicants in the 2017 fiscal year. ssedroCC BY-NC-ND

This result will strike many as intuitively correct. A playground is a playground whether or not it’s run by a church, so the threat to separation of church and state seems slim, and the cry of religious discrimination seems plausible.

The case’s reasoning, however, may signal a significant shift in how the law views the separation of church and state. To understand why, we need to review some history.

1784: Three pence to religious education

In 1785, James Madison wrote his ‘Memorial and Remonstrance Against Religious Assessments,’ asserting that religion should be kept separate from government. Library of Congress

In 1784, Patrick Henry proposed a bill in the Virginia legislature that would have levied a tax to support “teachers of the Christian religion” (i.e., ministers). James Madison, however, successfully opposed the bill.

On the question of funding religion with tax money, Madison asked: “Who does not see that the same authority which can force a citizen to contribute three pence only of his property for the support of any one establishment, may force him to conform to any other establishment in all cases whatsoever?”

More than 150 years later, in Everson v. Board of Education (1947), this controversy played a prominent role in the Supreme Court’s interpretation of the Establishment Clause of the First Amendment.

Justice Hugo Black in 1937. Library of Congress

In applying the Establishment Clause to states for the first time, the justices in the Everson case emphasized Madison’s objections to the Virginia tax in concluding that the framers of the Constitution had intended to establish “a wall of separation between Church and State.”

In the Everson decision, Justice Hugo Black interpreted this “wall” to mean:

“No tax in any amount, large or small, can be levied to support any religious activities or institutions, whatever they may be called, or whatever form they may adopt to teach or practice religion.”

The Supreme Court changes its tune

Until the mid-1980s, the Supreme Court mostly adhered to the no-funding mantra announced in the Everson case. Gradually, however, the court’s commitment to such hard-line separation waned.

Much of this came down to a shift in perception: The 21st century is very different from the world of the 1780s, where government was small and taxes relatively rare. Today, government is pervasive, and government money flows to a wide range of institutions. Increasingly, the Supreme Court recognized that allowing some money to flow to religious institutions via general government grant programs was quite differentfrom the Virginia tax Madison had opposed.

By 2002, the court had settled on its current approach to the Establishment Clause – an approach much more permissive than what was laid out in the 1947 Everson case.

Fast-forward to 2017, and seven justices agreed that giving Trinity Lutheran Church its playground grant would not violate the federal Establishment Clause. (Justices Sonia Sotomayor and Ruth Bader Ginsburg dissented on this point.)

Ralph Reed, chairman, Faith & Freedom Coalition, pictured at an event in 2014, has spoken in favor of Trinity Lutheran Church. AP Photo/Molly Riley

State bans on funding religion

So, the Supreme Court now holds a more forgiving position when it comes to separation of church and state. But what about individual states?

Nearly every state has provisions in its constitution that address state support for religion, and many of these provisions (like Missouri’s) are more stringently worded than the federal Establishment Clause. Such a provision is exactly why students in Vermont can’t use state funds to attend religious schools. It’s also, perhaps, why some states have not yet adopted voucher policies: Voucher advocates tend to want religious schools to be eligible, but state constitutions often stand in the way.

So, what happens if state constitutional law is more separationist than the Supreme Court’s current reading of the Establishment Clause?

The Supreme Court faced this question once before in Locke v. Davey(2004). The state of Washington offered “Promise Scholarships” to students meeting certain academic and income criteria, and college student Joshua Davey met those criteria. He lost the scholarship, however, when he declared a major in “pastoral ministries” because Washington understood its state constitution to ban the use of public money to support the pursuit of any degree in “devotional theology.” In other words, Washington was taking a stringent view on separation of church and state.

Joshua Davey speaks to reporters outside the Supreme Court in Washington, D.C. in 2003. AP Photo/Dennis Cook

Davey argued that excluding ministry students from the scholarship opportunity was a kind of religious discrimination, violating his right to freely exercise his religion.

The Supreme Court ruled 7 to 2 against Davey. Chief Justice William Rehnquist explained that in a federal system, states should have the right to insist on greater separation of church and state than the federal Establishment Clause requires.

While federal law would not prevent Washington from giving Davey a scholarship, the state could also choose to uphold its stricter separation – without violating the Free Exercise Clause. In other words, just because Washington could fund Davey didn’t mean that it had to.

Does separationism equal discrimination?

Since 2004, lower courts have generally interpreted Locke v. Davey to say that states may choose to exclude religious applicants from public funding programs. Trinity Lutheran will change that.

At least six justices agreed that Missouri’s exclusion of the church from its grant program was religious discrimination, pure and simple – and that this trumps the state’s desire to enforce a strict separation of church and state. Justice Roberts determined that the judgment in Locke did not apply here, as the discrimination alleged in the two cases was different. Justices Thomas and Gorsuch suggested that there was improper religious discrimination in both cases.

Despite their different views of Locke, these justices agreed that the court was required to analyze Missouri’s grant denial under “strict scrutiny.” This is the same level of review the court would give to, for instance, an express ban on Muslims entering the country.

In his opinion in the case, Justice Roberts stressed the differences between Locke v. Davey and Trinity Lutheran Church v. Comer. AP Photo/Stephan Savoia

This is remarkable. Though Joshua Davey had asked the court to review Washington’s scholarship policy under strict scrutiny, the court declined to do so. In that decision, the justices determined that separation of church and state and religious discrimination were horses of a different color. The Trinity Lutheran decision suggests that, at least in the context of general funding programs, the court will now view separation of church and state – a position the court once wholeheartedly embraced – as a kind of religious discrimination.

What happens next?

Standing against this reading of the Trinity Lutheran decision is… well, a footnote. Footnote 3 in Justice Roberts’ opinion reads:

“This case involves express discrimination based on religious identity with respect to playground resurfacing. We do not address religious uses of funding or other forms of discrimination.”

The footnote suggests that the implications of the decision are narrow and shouldn’t be applied to, say, school vouchers. But it’s hard to reconcile the footnote with the seemingly widespread ramifications of the opinion’s text.

Indeed, the day after deciding the Trinity Lutheran case, the Supreme Court vacated four lower court decisions in Colorado and New Mexicothat allowed the exclusion of religious schools from general aid programs. The state courts had based their rulings on separationist language in their state constitutions, but the Supreme Court asked the states to reexamine those decisions in light of Trinity Lutheran. Given the Supreme Court’s treatment of these cases, Footnote 3 may not be much of a limitation after all.

The Colorado and New Mexico courts will have the first shot at deciding what Trinity Lutheran means for school choice. In my view, though, the Trinity Lutheran case signals that the Supreme Court will now generally treat separationist exclusions of religious institutions from government funding as religious discrimination.

If that’s right, we’ll soon have completely flipped the law on government funding of religious schools. Where it had once seemed fairly clear that government money could not be used to support religious instruction at all, it may be only a matter of time before the Supreme Court requires voucher programs to treat religious schools the same as their secular peers.

Fuente :

https://theconversation.com/the-supreme-court-religion-and-the-future-of-school-choice-80588

 

Fuente Imagen:

 

https://lh3.googleusercontent.com/dOFJQ36VYsekZIQmMmjSd3pTm9h_bQuWrKgJlt9_eHM44LI8eP-fWBYxcu-egC7ZSm8yYIE=s85

 

 

 

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Gigantesco iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados se desprende de la Antártida

Julio del 2017/http://www.ecoportal.net/

 

Un satélite estadounidense confirmó lo que se temía: el desprendimiento de un gigantesco iceberg en la Antártida, equivalente a cuatro veces el tamaño de la ciudad de Los Ángeles.

Gigantesco iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados se desprende de la Antártida

Los investigadores del proyecto MIDAS monitoreaban desde 2014 la región conocida como Larsen C, año en el que detectaron el aceleramiento del desprendimiento del bloque de hielo, que se estima comenzó al menos hace una década.

Se prevé que este desprendimiento no afectará el nivel del mar global porque el bloque ya estaba a flote en el océano, aunque algunos científicos temen que pueda acelerar la desestabilización de la plataforma de hielo, de acuerdo a lo que recoge Infobae.

El iceberg, que se espera se denomine A68, pesa más de un billón de toneladas, según precisó MIDAS, que informó en su comunicado que la ruptura –producida estimativamente entre el 10 y el 12 de julio-  fue detectada por el instrumento satelital Aqua MODIS de la NASA.

En total unos 5.800 kilómetros cuadrados de hielo se separaron de la plataforma, de acuerdo a la información satelital.

“Hemos estado anticipando este evento por meses. Estamos sorprendidos por cuánto demoró a la grieta causar la ruptura”, declaró el profesor Adrian Luckman, investigador líder del grupo.

Este iceberg se convierte entonces en uno de los más grandes de la Antártida: 190 metros de espesor, 1.155 kilómetros cúbicos de hielo y podría rellenar 462 millones de piscinas olímpicas.

Asimismo Luckman afirmó que es difícil predecir el futuro próximo del iceberg, que podría permanecer en una sola pieza, aunque “es más probable que se rompa en fragmentos”.

“Parte del hielo puede permanecer en el área durante décadas, mientras que partes del iceberg pueden derivar hacia el norte en aguas más cálidas”, explicó.

El desprendimiento ha reducido alrededor de un 12 % el tamaño de Larsen C y los científicos advierten de que este fenómeno transformará para siempre el paisaje de esta península antártica.

El hielo es una parte de la península antártica que se ha calentado con mucha celeridad en las últimas décadas, aunque no todos los científicos lo atribuyen directamente al cambio climático.

No obstante, los investigadores del proyecto MIDAS advierten que desde ahora la plataforma de la Antártida queda en una situación muy vulnerable.

Fuente:

http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/Gigantesco-iceberg-de-5.800-kilometros-cuadrados-se-desprende-de-la-Antartida

Fuente imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/XQZLR4sH7b72oWcQKPnofCK0W-tDoQkRwHOzx7wdVk3EX2brZvea6UrURp2uvYNfCmqj=s85

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Racismo y antirracismo, ¿En que jaula estamos?

Por: Santiago Alba Rico. Cuarto Poder. 14/07/2017

El escritor Helios Fernández Garcés, uno de los más lúcidos y brillantes teóricos del antirracismo decolonial en nuestro país, publicaba hace una semana en Diagonal un artículo con el que pretendía abrir un debate en torno a la insoslayable cuestión del “racismo y la izquierda” en una Europa que cierra fronteras en el exterior, pero que carga desde hace siglos con sus propias fronteras internas. Las líneas que siguen son una tentativa de sumarme a ese debate planteando algunas dudas que –estoy seguro– franquearán nuevas sendas de entendimiento y divergencia en esta necesaria discusión.

En un interesante debate de 1988 recogido en el libro Raza, nación y clase, los marxistas Wallerstein y Balibar diferían sobre la relación de mayor o menor autonomía del racismo respecto del capitalismo y del mercado. Balibar, que asociaba el racismo más bien al nacionalismo, criticaba a los antirracistas que identifican el racismo con la “ausencia de pensamiento”, recordando que, al contrario, el racismo es una forma de pensar y que “cambiar una forma de pensar es lo más difícil que existe”. Wallerstein, por su parte, insistía en la funcionalidad de las diferencias de raza y sexo en el seno de la economia-mundo capitalista y atribuía al universalismo formal el papel de un freno interno que conjuraría el peligro de esos “nihilismos” racistas, del tipo fascista y nazi, que podrían destruir el sistema desde el interior.

El libro de Wallerstein y Balibar mantiene en buena parte su vigencia, pero revela también los límites del pensamiento marxista y las transformaciones –algunas anticipadas por el propio Balibar– que ha experimentado el mundo en los últimos 30 años.

El racismo ya no es “una forma de pensar”. Ya no es una “teoría” y mucho menos una teoría de raíz biologicista, como lo fue en Chamberlain o Gobineau y, desde luego, durante la primera mitad del siglo XX. Nadie “piensa” ya que existan razas ni que determinen nuestra posición social. Nadie “piensa” que los gitanos sean ladrones por naturaleza, los negros menos inteligentes y los moros rijosos y astutos desde la cuna. El grado de destrucción de la Segunda Guerra Mundial, en efecto, dio paso a un “universalismo” piadoso, bajo cuyas plumas se han seguido empollando todas las diferencias, pero lo cierto es que ahora, cuando el universalismo sucumbe definitivamente en una Europa en crisis, varada con el colonialismo dentro, cuando los derechos devienen privilegios, cuando hay que repartirse entre pocos lo que dejan los ricos, no vuelve la “raza”, como cabría esperar, sino que es la cultura la que decide en su lugar entre los buenos y los malos, entre los dignos y los indignos, entre “nosotros” y “ellos”.

Nadie “piensa” ya racista y por eso el racismo es más “libre” y más decisivo que nunca. El racismo no es una forma de pensar, sino una forma de mirar, gesticular, afirmar el espacio, decidir sin palabras el destino del otro. Una actitud general que permite, al mismo tiempo, “pensarse” como no racista o, en el caso de la islamofobia, “pensar” categorías de exclusión pretendidamente inscritas en la tradición ilustrada y en los derechos humanos: en el laicismo, por ejemplo, o en el feminismo. Este “racismo sin raza”, que ya anticipaba con inquietud Balibar en 1988, y que ha puesto a la propia izquierda francesa en manos del Frente Nacional, es justamente criticada por Helios Fernández Garcés en su artículo de Diagonal. En la linea del pensamiento decolonial y de los Indigènes de la République, Fernández Garcés reprocha con razón al marxismo esa especie de pensamiento mágico que, a partir de la reducción de todos los conflictos a la “contradicción principal” (la de clase), pretendería voltear el mundo desde un solo punto y con un solo gesto, y ello de tal suerte que, mediante este birlibirloque, no sólo ha acabado por ignorar o menospreciar otros conflictos centrales sino que, a fuerza de ignorarlos, los ha reproducido tanto en el mundo exterior como en sus propias filas. El caso del colonialismo y el racismo (o el del sexismo) son sin duda tan banales como evidentes.

Un mundo “sin pensamiento racista” es, en realidad, un mundo plenamente racista y para combatirlo lo primero que hay que hacer es reflotar el concepto que quieren escamotearnos: hay que sacar del armario “la raza”, reivindicar la “raza”, politizar la “raza” como sujeto e instrumento de lucha. Los racistas no quieren que pronunciemos la palabra: gritémosla; los que nos tratan como “negros” se niegan a llamarnos así: llamémoslos nosotros “blancos” con el mismo desprecio que oculta su silencio cuando no nos llaman “negros”.

Ahora bien. Conviene saber qué es esto de “raza” allí donde estamos de acuerdo en que no tiene ningún fundamento biológico. La raza es una historia en el cuerpo; y una historia, como la del hierro sobre el ganado, de intervención performativa desde un poder desigual. “Clasificar es pensar”, dice Balibar, “y pensar es existir”. El “racismo” está potencialmente activo en el embrión mismo de las relaciones sociales; es inseparable de la existencia humana y, si deviene jerarquizante y destructivo, es porque los cuerpos son objeto no sólo de clasificación, sino de sujeción y dominio. Eso es justamente lo que hay que pensar.

La “raza” es la matriz simbólica de las relaciones de poder desiguales porque, no importa de cuál se trate, todo poder dominante encierra en su propio cuerpo a los dominados. Hay que hablar, pues, de una racialización “natural” del sometido, del subalterno, del excluido, del explotado, y ello hasta tal punto que puede localizarse un elemento “racial” en todas las estructuras de poder económico o cultural: en el patriarcado, la homofobia, el esclavismo o el clasismo. Todas estas formas de dominio han estado íntimamente articuladas en la relación de dominio que la Europa histórica ha ejercido sobre buena parte del resto del mundo: el colonialismo. Fernández Garcés tiene mucha razón en reprochar a la izquierda (más anti-imperialista que anti-colonialista) su silencio o indiferencia, que en el caso de España afecta a un “cuerpo” interno permanentemente racializado: los gitanos.

El colonialismo occidental, por así decirlo, ha encerrado sin salida en el cuerpo de sus víctimas cuatro o cinco formas de sujeción diferentes. Es lógico, por tanto, que un sector militante del pensamiento decolonial interprete la liberación como un restablecimiento de los cuerpos en la primera línea de combate. Al “blanco” lo llamamos “blanco”, porque se cree espiritual, porque se cree bueno, porque se cree menos cuerpo que nosotros; porque olvida, en definitiva, el cuerpo a cuerpo mediante el cual lleva siglos sometiendo a otros pueblos.

Hay que señalar a los “blancos”, constituirlos en objeto de conocimiento, encerrarlos también en sus cuerpos. Porque frente a ellos, los “blancos”, están los “no-blancos”, esos a los que Hegel llamaba “negros”, es decir, todos aquellos que se “benefician” de una relación colonial directa o indirecta, incapaces como son de “ningún desarrollo cultural”, tan incapaces que permanecerían eternamente “fuera de la historia” si no lo evitara la intervención “blanca”: “La única conexión esencial entre los negros y los europeos es la esclavitud”, dice el filósofo alemán, y añade a continuación: “La esclavitud ha sido la oportunidad para el aumento del sentimiento humano entre los negros”. La extraordinaria novelista negra Toni Morrison llama “racismo” a las consecuencias que esta “conexión esencial” tuvo para los europeos: “Los volvió locos”, “rompió Europa”, “se deshumanizaron al tiempo que deshumanizaban a los esclavos” y todo eso hizo posible, dice, la Primera y la Segunda Guerras Mundiales como ápices siniestros del horror humano. En términos históricos sabemos que este proceso de racialización del “no-blanco”, asociado a la empresa colonial, implica a partir de la Revolución Francesa la sustitución de la Religión por la Civilización como motor de la conquista.

Ahora bien, el problema de los pensamientos binarios es que son “muy europeos” y “muy izquierdistas” y también lo es, en este sentido, la oposición blanco/noblanco con la que se quiere denunciar y superar la clásica oposición marxista burguesía/proletariado. El rescate del concepto escamoteado de “raza” para combatir el racismo –liberado ahora en el silencio– presenta a mi juicio tres problemas.

El primero, es que hace con los “blancos” lo mismo que hace el marxismo clásico con los “burgueses”: los encierra en una “jaula epistemológica”, que acaba siendo más ontológica que la raza biológica y que pemite muy pocas diferencias internas y, desde luego, ningún “arrepentimiento” lo bastante profundo como para que los “blancos” nos liberemos de nuestra “blanquitud”. Tan blanco es Robespierre, que abolió la esclavitud, como Napoleón, que la restableció, tan blanco es Bartolomé de las Casas o la Escuela de Salamanca como Sepúlveda y Torquemada, tan blanco es Thomas Müntzer y los campesinos rebeldes de 1520 como Lutero y el Emperador, tan blanco Sultan Galiev como Stalin, tan blanca la historiadora ilustrada Florence Gauthier como Sarkozy. Este antirracismo decolonial, en definitiva, no reconoce que, más allá de los gitanos y de los musulmanes, ha habido y puede haber un indigenismo europeo racializado en el interior por la Europa colonial, un “indigenismo” cuyas resistencias mal integradas y a veces recíprocamente pugnaces –mujeres, campesinos, trabajadores, homosexuales, etcétera– no fueron y no siempre son una simple función de reproducción de la Europa colonial y su jaula epistemológica.

El segundo problema es que, el antirracismo racial hace con los no-blancos lo mismo que hace el marxismo clásico con los “proletarios”: los convierte en un Sujeto liberador pastoso, universalmente particular, cuya legitimidad es siempre reactiva y por lo tanto “irresponsable”, un Sujeto al que se perdona todo salvo el “colaboracionismo blanco”, lo que incluye cualquier autocrítica que recoja rastros de la “epistemología blanca”: feminismo, por ejemplo, o laicismo, explotables –es verdad– por la infame “conexión esencial”. La oposición blanco/noblanco oculta o reprime las diferencias entre los no-blancos, a los que se exige que, como los blancos, hablen con una sola voz, so pena de convertirse en “blancos voluntarios”.

El tercero es que, como el marxismo clásico, una vez asentada en una oposición irreconciliable, la reivindicación “racial” se siente tentada por la violencia o tentada a justificar o celebrar cualquier forma de violencia, simbólica o real, dirigida contra los “blancos”. Frente al “primero los blancos” de la ultraderecha europea, el “primero los cuerpos” considera cualquier marca impuesta al cuerpo de los “blancos” como una victoria, y ello venga de donde venga, incluidas las versiones más fanáticas de la religión. Toda violencia “no-blanca” es emancipatoria o, al menos, reveladora de la violencia “blanca” y, en ese sentido, potencialmente decolonial. Se convierte el colonialismo en “contradicción principal”, en sustitución del capitalismo, y se llega al mismo resultado sumario y oscurecedor.

En último lugar y vinculado al punto anterior, la reivindicación “racial” es puramente reactiva, deconstructiva y negativa. Invirtiendo el adagio spinozista, para ella “toda negación es afirmación”. Al igual que el marxismo clásico, no ofrece ningún criterio epistemológico ni ninguna alternativa política. “¿Para qué desmontar si podemos demoler?”, dice un famoso aforismo de Lichtenberg. Ese principio parece a menudo inspirar la militancia anti-blanca. ¿Desde dónde hablan los que hablan desde fuera de la “jaula epistemológica”? ¿Quién decide quién está dentro y quién está fuera? ¿Qué hay en el exterior que deba atraer no ya a los “blancos”, descartados por su blanquitud, ni a los “humanos”, inexistentes en su generalidad, sino a los no-blancos en proceso de liberación?

El acierto de la posición de Fernández Garcés y de la tradición decolonial de la que se reclama heredero es innegable a la hora de criticar a la izquierda clásica y de recordar que, puesto que la batalla se juega cada vez más en el cuerpo a cuerpo del relato identitario, es necesario liberarse desde ahí. Pero permítaseme acabar descendiendo a la caricatura a fin de evidenciar las aporías del anrirracismo racial mediante una reducción al absurdo. Soy hombre, soy blanco y soy burgués. ¿Qué hago con esto? Si no tiene remedio, si estoy atrapado en esa triple condición como en una “jaula espistemológica” y, al mismo tiempo, soy o me creo bueno, lo único que puedo hacer es “repartirme la historia” con las mujeres, los “negros” y los “proletarios”: “nosotros” hemos dominado durante miles de años, ahora hay que dejar que dominen “ellos” el mismo tiempo. ¿Puedo ser algo más que un blanco “bueno”? ¿Se puede ser algo más que un “no-blanco” cargado de razón? ¿Se es sólo “blanco” o “negro” como la izquierda clásica quería que sólo hubiera burgueses o proletarios o cierto feminismo pretende que sólo hay hombres o mujeres? ¿O hay algún punto desde el que podamos mejorar objetivamente el mundo sin “reparto” de la injusticia ontologizada?

Cualquier lector de Kant sabe que la Razón, que es solo un esquema incapaz de proporcionarse sus propios contenidos, no puede ser colonial o racista o europea sin dejar de ser razonable; y que sólo es racista y europea y machista cuando se extralimita, es decir, cuando no se somete a sus propios límites. El colonialismo “blanco” es, si se quiere, la razón fuera de sus fronteras: la sinrazón. Al mismo tiempo, como bien explica Luis Alegre Zahonero en su libro El lugar de los poetas, cualquier lector de Kant sabe también que todas aquellos dilemas que no puede resolver la razón –que son innumerables– los debe resolver el “juicio” y no el indigenismo o la raza o la religión. Es a ese “juicio”, precario y siempre rozado por el mundo, a lo que yo llamo “civilización”, de manera provocativa, en el artículo que cita Helios Fernández Garcés en el suyo. Conozco muy bien, y he escrito largamente sobre ello, el uso que el colonialismo ha hecho de ese término con el fin de “teologizar” la conquista colonial. Pero es que la conquista colonial es lo contrario de la civilización, concepto que hay que pensar más bien, como hace Toni Domenech, frente a la práctica de la “domesticación”: la conversión –es decir– de ciertos grupos humanos en animales domésticos. No me parece un negocio rentable rescatar la “raza” y entregar a los colonizadores, los machistas, los racistas y los homófobos  “la civilización”. Si es colonialismo no es civilización; si es machismo no es civilización, si es racismo y homofobia no es civilización. Todo eso es, sí, barbarie domesticadora.

De acuerdo: no sabemos muy bien lo que es la civilización, pues está en construccion y porque hay que construirla con juicio y por lo tanto con cautela máxima y siempre al borde del abismo, pero sí sabemos, en cambio, lo que es la barbarie: la esclavitud, el patriarcado, la jerarquización sexual o racial del mundo, la persecución religiosa (ya sea laica o teocrática). Tirar a la basura los logros civilizatorios, que son los del Derecho y los de los derechos cuidadosos, sólo puede acelerar el concreto proceso de domesticación y barbarie global abierto por el colonialismo europeo hace siglos y agravado en las últimas décadas por el neoliberalismo. Necesitamos, pues, un antirracismo “juicioso” que rompa con el racismo escamoteado de la izquierda y su mágica “contradicción principal”, pero también con la lógica claustral de la jaula epistemológica y su cortocircuito sin salida. Necesitamos, sí, un antirracismo “juicioso” que explore con prudencia colectiva un frágil “afuera” común de todas las jaulas, epistémicas, sociales y políticas.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/ideas/2017/03/25/racismo-y-antirracismo-en-que-jaula-estamos/

Fotografía: Los Replicantes

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CLACSO en Cuba – Convocatoria abierta para participar de la I Escuela de Posgrado: «Más allá del decenio de los pueblos afrodescendientes»

América del Sur/Buenos Aires/CLACSO

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), los Grupos de Trabajo CLACSO Afrodescendencias y Propuestas Contrahegemónicas y Epistemologías del Sur, convocan a estudiantes de maestría y doctorado, responsables de políticas públicas, referentes y activistas de organizaciones afrodescendientes a participar en la Primera Escuela Internacional de Posgrado Más allá del decenio de los pueblos afrodescendientes, a realizarse en La Habana, Cuba, del 10 al 13 de octubre del 2017.

La Red de Posgrados de CLACSO, los Grupos de Trabajo Afrodescendencias y Propuestas Contrahegemónicas y Epistemologías del Sur articulan el trabajo de investigadores, investigadoras y programas de posgrados universitarios de diversos países iberoamericanos y del Caribe, con el fin de fortalecer y enriquecer la formación en el área.

Instituciones organizadoras:

• Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
• Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas
• Grupo de Trabajo CLACSO Afrodescendencias y propuestas contrahegemónicas
• Grupo de Trabajo CLACSO Epistemologías del Sur

Instituciones y organizaciones colaboradoras:

• Universidad de La Habana, Cuba
• Universidad Nacional de San Martín, Argentina
• Universidad de Buenos Aires, Argentina
• Universidad de Caldas, Colombia
• Universidad Javeriana, Colombia
• Universidad de Oviedo, España
• Universidad Federal de Rio de Janeiro, Brasil
• Centro de Estudios sobre Juventud, Cuba
• Facultad de las Artes, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de Yaoundé, Camerún.
• Instituto de Investigaciones Afrolatino americanas de la Universidad de Harvard, Estados Unidos
• Asociación de Estudios Americanos del Principado de Asturias, España
• Centro Internacional de Formación y Desarrollo, Colombia
• Programa Sur-Sur de CLACSO
• Grupo de Trabajo Familia, género y sexualidades de CLACSO
• Red Barrial Afrodescendiente, Cuba
• Agrupación Xango, Argentina
• Articulación Regional Afrodescendiente de América Latina y el Caribe
• Red de Mujeres Afrodescendientes
• Centro Nacional de Educación Sexual, Cuba
Acceder al sistema de inscripción

Fuente: http://www.clacso.org.ar/concursos_convocatorias/concursos_convocatorias_detalle_principales.php?id_convocatorias=88

 

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