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Dictacracia El Brasil que queda

Por: Pablo Gentili. 

Un presidente defensor de la tortura, xenófobo, racista y homofóbico. Un parlamento dominado por la derecha y la ultraderecha, con amplia mayoría de legisladores que defienden la deforestación de la región amazónica, el agronegocio, el armamentismo y el comercio neopentecostal de la fe.

Brasil, un país que pretende reinventar su frágil democracia, tutelada nuevamente por las fuerzas militares y por las oligárquicas que gobernaron el país a lo largo de su historia. ¿Dictacracia?

Se inicia un nuevo ciclo. Brasil se enfrentaba al precipicio de la barbarie. Podría haber dado un salto para reconstruir su futuro democrático. Decidió zambullirse, hundirse en las sombras. Entender qué ha pasado nos llevará mucho tiempo.

Cualquier reflexión sobre lo que vendrá deberá sustentarse en el Brasil que queda. O en lo que queda de Brasil.

Es la primera vez en la historia que gana un presidente que no cuenta con el voto mayoritario de la población en situación de pobreza o de pobreza extrema, el 50% de la nación

El inventario de bravuconadas racistas, xenófobas, machistas, violentas y humillantes de Bolsonaro, ha sido divulgado hasta el hartazgo. Ningún elector del nuevo presidente votó por un candidato que desconocía. Su apología de la tortura, de la dictadura y, particularmente, su programa de gobierno explícitamente antipopular, parecieron menos relevantes que el riesgo de que ganara el candidato del PT, Fernando Haddad. Más del 55% de la población eligió el candidato del odio, el que representaba una supuesta renovación, cuyas principales banderas significan, dramáticamente, el regreso al pasado de siempre, al Brasil colonial y excluyente, al Brasil de las oligarquías que multiplican sus privilegios a expensas del sufrimiento y de la miseria del pueblo.

Los únicos que parecen haberlo percibido son los electores y, especialmente, las electoras más pobres del país, las que ganan menos de dos salarios mínimos; o sea, menos de 1.908 reales, 520 dólares. Es la primera vez en la historia que gana un presidente que no cuenta con el voto mayoritario de la población en situación de pobreza o de pobreza extrema, el 50% de la nación. En todos los demás sectores sociales, en las castas en que se organiza este gigante marcado por la desigualdad y la violencia, ganó Bolsonaro.

En casi todos los 26 estados que componen la unión, triunfaron la derecha o la extrema derecha. En algunos de ellos, llegaron al gobierno regional militares: un fusilero naval, un comandante y un coronel. Casi 1.000 candidatos de las fuerzas públicas de seguridad, activos o retirados, algunas de ellas mujeres, se presentaron a cargos electivos. Al menos 72 han sido elegidos diputados. La bancada de los militares y policías supera a la de la organización política con mayor representación en el Congreso Nacional, el Partido de los Trabajadores, con 56 legisladores. El mayor Olimpio Gomes, un deslucido diputado provincial, fue elegido senador nacional por el estado de San Pablo con más de 9 millones de votos. Kátia Sastre, una desconocida policía militar, que hace unos días mató de varios tiros a un joven que robaba un celular frente a una escuela, llegó al Congreso Nacional con el apoyo de 264.013 ciudadanos. La policía, ahora diputada, usó en su campaña las imágenes de las cámaras de seguridad donde le disparaba al ladrón y lo remataba en el piso. Fue impedida por la justicia electoral de hacerlo. La prohibición le rindió más votos.

Bolsonaro sostuvo que la matanza de delincuentes (o de los que parezcan serlo) será considerado una acción en legítima defensa. También sostuvo que los movimientos sociales serán considerados terroristas y sus activistas criminalizados como tales.

La elección de 2018 supuso la mayor renovación de representantes en tres décadas de democracia. Sin embargo, el poder del parlamento se distribuye no sólo en función de los partidos, sino de los intereses corporativos que defienden los diputados y senadores

El congreso brasileño está compuesto por 513 diputados y 81 senadores, distribuidos en 30 partidos. La elección de 2018 supuso la mayor renovación de representantes en tres décadas de democracia. Sin embargo, el poder del parlamento se distribuye no sólo en función de los partidos, sino de los intereses corporativos que defienden los diputados y senadores. Tres son las bancadas interpartidarias mayoritarias. Lo eran en el pasado y lo seguirán siendo ahora, con un congreso que eligió también el mayor número de legisladores de extrema derecha de toda su historia.

La bancada que defiende el agronegocio, el Frente Parlamentario Agropecuario, posee más de 260 representantes. Respaldan la deforestación del Amazonas, el uso de agrotóxicos, viven y se benefician del trabajo esclavo y son, en muchos casos, latitudinarios, en el país con mayor concentración de la propiedad de la tierra en el planeta.

La “Bancada de la Bala”, formada por militares, policías o defensores de la violencia represiva del Estado, lucha activamente contra el Estatuto del Desarmamento, aprobado durante el gobierno de Lula. Sostienen que la población civil debe tener derecho a portar armas y a utilizarlas en legítima defensa. Está constituida por 250 diputados y senadores.

Los legisladores evangélicos, la “Bancada de la Biblia”, serán más de 100. Luchan contra el aborto legal, la igualdad de género, la diversidad sexual, el casamiento entre personas del mismo sexo y exigen la educación religiosa en las escuelas públicas.

Las tres bancadas tendrán 610 representantes, en un Congreso Nacional con 594 miembros. Naturalmente, esto se explica porque algunos diputados o senadores pertenecen, al mismo tiempo, a las bancadas del agronegocio, son evangélicos y militares.

La sigla de Jair Messias Bolsonaro, el Partido Social Liberal, tenía hasta la última elección, 8 diputados. A partir del año que viene será la segunda del Congreso, con 52 legisladores. Tendrá, además, tres gobernadores. No tenía ninguno.

El desconsuelo de una votante de Fernando Haddad al conocer la victoria de Jair Bolsonaro.
El desconsuelo de una votante de Fernando Haddad al conocer la victoria de Jair Bolsonaro. NELSON ANTOINE AP

Bolsonaro, en su discurso inaugural, no dijo nada sustantivo. Rezó y sostuvo que “la verdad liberará el país”. Además, afirmó que solo hará negocios bilaterales con los países que beneficien los intereses económicos de Brasil y le aporten tecnología. Que acabará con la integración ideológica del pasado.

Este es el Brasil que refunda una democracia débil, tutelada por los dictadores y por las oligarquías de siempre. Esto es, en definitiva, lo que queda de Brasil.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2018/10/29/contrapuntos/1540780955_489243.html

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Educación en transición: Cómo maestros transgénero están transformando las escuelas en Brasil y Colombia

Redacción: Global Voices

Leona Freitas es una típica campesina brasileña. Su vida diaria transcurre alrededor de amigos cercanos y su pareja. sus sueños no son muy grandes: quiere comprar una casa y tener una vida tranquila. Casi no sale de Congonhas, la ciudad donde nació y trabaja. Nunca ha visitado una gran ciudad. São Paulo es un sueño distante para ella. Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, está apenas a 80 km de su ciudad y desea visitarla. “Iré cuando pueda”, dice.

Congonhas es un histórico pueblito conocido por sus festivales religiosos, que atraen a miles de católicos de todo el país. Con sus muchas iglesias y escuelas católicas, se parece a cientos, tal vez miles de ciudades sudamericanas: religiosa y conservadora.

Leona es una mujer transgénero. Dio a conocer su identidad de género después de graduarse de Pedagogía. Calificar como maestra de escuela solamente es posible a través de un concurso público. “No sé si podré encontrar trabajo en un colegio privado, la mayoría tiene vínculos con partes de la Iglesia Católica o iglesias evangélicas”, dice.

Así que Leona enseña en una escuela pública. Su vida ahí no es fácil. Dice que es la única maestra transgénero en la ciudad de 50000 habitantes, y puede sentir la incomodidad de sus compañeros de trabajo. Pero no se intimida —al contrario. Cree que ya ha tenido un gran logro: que se refieran a ella con denominativos femeninos. “Aún les es difícil decirme ‘Leona’. Usan mi nombre: señorita Albert”, explica.

Leona Freitas es la única maestra transgénero del pueblito brasileño de Congonhas. Foto de Toni Pires. Usada con autorización.

En muchos países sudamericanos, la discriminación aún impide que las personas que no se identifican con el sexo que les asignaron al nacer –el que figura en el certificado de nacimento– estén representadas adecuadamente en política, puestos de liderazgo y trabajos comunes y corrientes como choferes, vendedores o cajeros.

En las escuelas esta representación es menor. Para el promedio de sudamericanos, el rol de maestro sigue teniendo una posición de autoridad. “Nadie espera que un transgénero sea maestro. Parece que hay incompatibilidad entre esas dos ideas imaginarias”, dice Alanis Bello, maestra transgénero de la Universidad Pedagógica Nacional en Bogotá, Colombia.

Alanis Bello: “Me encanta provocar la curiosidad de los estudiantes. Llegué a la universidad con tacos altos, muy maquillada, muy drag. A todos se les cayó la quijada de asombro”. Foto de Toni Pires. Usada con autorización.

Ana Paula Braga Luz , profesora voluntaria en el proyecto TransPassando en Fortaleza (Brasil), está de acuerdo con que ser transgénero es excepcionalmente complicado. “La mayoría tiene la idea de los educadores transgénero y transexuales van a sexualizar y convertir a los niños en gays, lesbianas o transgénero”, dice.

Hay pocos datos oficiales de cuántos transgénero trabajan en la educación pública, no solamente en Sudamérica sino en todo el mundo. Generalmente, esta población no figura, y las investigaciones demográficas casi no toman en cuenta la identidad de género.

Pero los transgénero están logrando visibilidad gracias a los medios y a internet. El Instituto Brasileño de Transeducación (IBTE) ha estado usando redes sociales para conectar a maestros transgénero en el país. Al mando de las educadoras transgénero Sayonara Nogueira y Andréia Cantelli, IBTE lanzó una encuesta en línea en 2017 para averiguar cuántos profesionales trans trabajan en las escuelas. “Encontramos 90 maestros, pero creo hay muchos más”, dice Sayonara. “Quedamos impactadas por la historia de cuatro hombres transgénero que se identificaron como lesbianas porque temían que el personal y los alumnos de la escuela no los aceptaran”.

Aislados por mucho tiempo, los maestros trans están hallando fuerza en los números. “Estamos fortaleciendo la red. Buscamos educadores que los fortalezcan y que sepan que hay normas legales que los protegen, así que ya no tienen que esconder quiénes son”, dice Sayonara, vicepresidenta de la organización. “También les ayudamos a abordar su identidad de género y las orientación sexual en el aula con planes de lecciones”.

Romper el prejuicio

Al inicio de cada año escolar, cuando recibe alumnos nuevos, la maestra brasileña Fernanda Ribeiro declara: “soy travesti”.

“Así rompo el chisme y quedo disponible para conversar”, dice. Los estudiantes terminan recibiendo educación extracurricular sobre identidad de género. “A menudo bromeo que soy sujeto de investigación itinerante porque el resultado es deconstrucción en todos los sentidos: de estigma, de estereotipos”. Ahora, Fernanda ya no es la “maestra transgénero”. Es solamente la maestra Fernanda, “un poco estricta pero genial”.

Gradualmente, los educadores trans están rompiendo los prejuicios. Blasia Gómez Reinoso se retiró en 2017 después de 35 años como maestra y directora de un colegio en Catamarca, pequeña ciudad de Argentina. Hizo su transición en 2012 y de sus ojos caen lágrimas cuando recuerda el momento en que hizo el anuncio a sus alumnos.

“Siguieron mi transición paso a paso. Les explicaba todo. Cuando anuncié que era transgénero, me sentí la persona más amada del mundo. Los chicos aplaudieron, las chicas lloraron”, dice cuando evoca esos tiempos. “Descubrí que los nilños tienen la mente abierta. Somos los adultos los que tenemos problemas en aceptar la diversidad sexual”.

Los alumnos de Fernanda Ribeiro siguieron su transición paso a paso. “Descubrí que los nilños tienen la mente abierta. Somos los adultos los que tenemos problemas en aceptar la diversidad sexual”. Foto de Toni Pires. Usada con autorización.

La colombiana Alanis Bello dice que tuvo que pelear para tener su empleo en la Universidad Pedagógica Nacional. “Mi nombre de nacimiento es Jason”, dice. “No quería cambiar mis documentos”. Sus alumnos esperaban un hombre como maestro. “Me encanta animar la curiosidad de los alumnos”, dice Alanis, que es socióloga. “Llegué a la universidad con tacos altos, muy maquillada, muy drag. Se les cayó la quijada de asombro”, ríe. Poco a poco construyó una red de alianzas con alumnos, maestros y otros sectores de la institución. Alanis explica que enseñar desde una perspectiva travesti es curativo. “Es pedagogía curativa y poética pues trata de reparar las heridas del odio, rabia y discriminación por el que pasa todo el que tiene un cuerpo, no solamente los transgénero”.

Dice que esto ha generado cambios. “Estoy ayudando a capacitar a futuros educadores que piensan en la educación de manera diferente, que se cuestionan y se dejan conmover por la magia del transvestismo”.

Laura Morales, alumna de Alanis, dice que la experiencia de tener una profe transgénero fue impactante para su manera de pensar y sentir. “Fue maravilloso”, dice. “Cuando llegas a un lugar como una universidad y conoces personas con quienes te conectas por su humanidad y no por su género… y cuya apariencia te hace decirte: “bueno, es llamativa físicamente, pero es su sonrisa, su ser, su intelecto es lo más adorable. Ya no la ves en términos de género, sino como ser humano. Ha sido fundamental porque aprendí que no hay solamente dos opciones, sino mil maneras de ver, pensar y sentir”.

Fuente: https://es.globalvoices.org/2018/10/25/educacion-en-transicion-como-maestros-transgenero-estan-transformando-las-escuelas-en-brasil-y-colombia/

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La tecnología permite llevar la educación al Brasil más remoto y olvidado

A través de un satélite y de una televisión se transmiten clases diarias y en vivo

Manaos – Un cartel que celebra la figura del profesor en el aislado municipio de Autazes, es una muestra de la relevancia que la formación tiene en esta olvidada localidad amazónica, que alberga una de las escuelas pioneras de un proyecto que usa la tecnología para llevar educación al Brasil más remoto.

Para llegar a Autazes desde Manaos, capital del estado de Amazonas (norte), es necesario cruzar dos ríos, incluyendo el Amazonas, y recorrer 62 millas de camino de tierra, aunque, como dijo en una videoconferencia con periodistas el ministro de Educación, Rossieli Soares, esta localidad «es de las de fácil acceso, ya que hay otras para las que se necesitan dos o tres días de viaje».

Es precisamente la orografía amazónica la que inspiró en 2007 el proyecto del Centro Nacional de Medios (CNM), que, con uso de últimas tecnologías, transmite clases diarias en vivo a través de un satélite y de una televisión que permite la interactividad entre las escuelas de todo el país ligadas al proyecto.

Uno de estos colegios es el Raymundo Sá, ubicado en Autazes y que, como el resto de instituciones educativas vinculadas al proyecto, fueron equipadas con antenas, monitores y computadoras, para la implementación de la estrategia educativa tecnológica.

«Es una experiencia que nació en el Amazonas para enfrentar el problema geográfico de la zona, y la cuestión ahora es aprovechar la experiencia y la tecnología que hay en Manaus» para expandir este proyecto por todo Brasil, afirmó Soares.

Como resultado inicial, 10,000 estudiantes de secundaria de 42 municipios de Amazonas pudieron continuar sus estudios en 2007, cuando comenzó el proyecto.

Esta experiencia se extendió por todo el país, y hoy 150 escuelas de 17 estados brasileños se conectan a estas aulas televisadas que se retransmiten desde el plató de Manaos, donde profesores seleccionados y especialmente formados interactúan con miles de estudiantes de secundaria.

El proyecto es del Ministerio de Educación y desde julio cuenta con la colaboración de la Fundación Roberto Marinho, entidad privada que se encarga de la formación de los profesores y de la concepción y elaboración de los planes de clase y los guiones de televisión.

Sus promotores tienen la expectativa de seguir aumentando sus áreas de implementación en los próximos años.

Para 2019, el objetivo es expandirse a otras 350 escuelas públicas, instalar un nuevo estudio del CNM en Brasilia y conseguir la adhesión de todas las Secretarias de Educación para poder conectar a un total de 500 escuelas.

«La motivación es otra», explicó a Efe la directora de apoyo a las redes de educación básica del Ministerio de Educación, Renilda Peres, al referirse a las ganas con las que los alumnos acuden a las clases que adoptan esta propuesta, que «nació con el objetivo de garantizar la escolaridad básica».

Otras metas fundamentales del CNM son, según Peres, «disminuir barreras geográficas, económicas y culturales, diseminar el conocimiento y fomentar el aprendizaje interactivo», por el que un profesor en Manaos puede enseñar a un alumno de Bahía (noreste), que a su vez puede estar conectado con uno de Río (sureste).

«Es una política que aproxima las culturas, mira a todo Brasil y dialoga con él, crea conocimientos para estudiantes del país entero, es una producción colectiva para promover la educación de calidad», manifestó la gerente general de educación de la Fundación Roberto Marinho, Vilma Guimaraes.

Este tipo de proyectos alienta a los alumnos, les incita a ir a clase y aumenta su interés por su formación, algunos de ellos -de zonas inhóspitas, de difícil acceso, donde la educación no es una prioridad- piensan incluso en la universidad, algo poco común entre los jóvenes y niños de estas áreas.

Uno de ellos, Josian Cunha da Souza, estudiante de la escuela Raymundo Sá de 16 años, contó a Efe que gracias a la iniciativa «tienen acceso a nuevos contenidos sobre los que no había oído hablar en su vida, términos innovadores y tecnológicos», lo que, junto al carácter interactivo de las aulas, motiva y «ayuda» a los que «no les gusta estudiar», añadió.

«El hecho de que no viajemos, no salgamos mucho, genera prejuicios en algunos», por eso estas clases son muy positivas ya que, «tenemos la posibilidad de expandir nuestros conocimientos, interactuar con todo Brasil y conocer otras culturas», dijo.

Fuente:https://www.elnuevodia.com/tecnologia/tecnologia/nota/latecnologiapermitellevarlaeducacionalbrasilmasremotoyolvidado-2459407/

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Brasil: Bolsonaro lanza la batalla contra las “ideologías nocivas” en la educación

América del sur/Brasil/15 Noviembre 2018/Fuente: El país

El presidente electo de Brasil quiere combatir la “sexualización” y el “adoctrinamiento izquierdista” en las escuelas

«Durante mucho tiempo nuestras instituciones de enseñanza fueron tomadas por ideologías nocivas, por la inversión de los valores y por personas que odian nuestros colores [de la bandera] e himno», escribió el ultraderechista Jair Bolsonaro días después de ser elegido presidente de Brasil, el pasado 28 de octubre. La declaración en Twitter vino acompañada de su apoyo explícito a que los alumnos filmen a sus profesores para denunciar el supuesto «adoctrinamiento izquierdista» y la «sexualización» precoz de los niños en las aulas que, según el presidente electo y sus seguidores, implementó el Partido de los Trabajadores durante sus Gobiernos (2003-2016). Todo está enmarcado en la defensa de lo que llama Escuela sin partido, un proyecto que está en el Parlamento que propone vetar el uso en las aulas de la palabra “género” y de la expresión “orientación sexual”, entre otras cosas.

“Ese tema no es solo del Parlamento. Es un tema de Brasil”, afirma el diputado Marcos Rogério, que preside la comisión especial de la Cámara de los Diputados en la que está previsto que se discuta el proyecto. Escuela sin partido no es una iniciativa aislada ni tampoco inédita. En distintas partes del mundo la vigilancia en los colegios ha formado parte de campañas de movilización de fuerzas conservadoras y de extrema derecha. En Alemania, los ultras del partido AfD lanzaron a inicios de octubre una plataforma para denunciar de forma anónima a los profesores. En el sur de Brasil, la diputada electa por el Estado de Santa Catarina, Ana Caroline Campagnolo, del mismo partido que Bolsonaro (PSL), creó un día después de los comicios un canal para que los alumnos denuncien, también sin necesidad de dar su nombre, a los educadores que hagan «manifestaciones ideológicas» con críticas al mandatario electo. Se trata de señales inequívocas de que la educación será una trinchera estratégica del nuevo Gobierno, dentro de la ofensiva conservadora que ha impulsado su victoria en las urnas.

La fiscalía local ha prohibido la iniciativa de Campagnolo y los jueces de la Corte Suprema ya se han manifestado públicamente contra los principios de Escuela sin partido. Pero los frenos legales pueden no ser suficientes para contener los efectos de una batalla que aunque, se ha intensificado ahora, ya estaba instalada desde hace un par de años de mano de grupos conservadores, principalmente evangélicos.

En la ciudad de Fortaleza, en el noreste del país, el profesor de Historia Jam Silva Santos fue acusado hace dos semanas de «adoctrinamiento» después de exhibir ante estudiantes de secundaria en un colegio privado de clase media-alta la película Batismo de sangue (Bautismo de sangre), basada en un libro del religioso e intelectual izquierdista Frei Betto sobre la dictadura brasileña (1964-1985). Un alumno grabó una parte de la película y fue difundida en las redes sociales, donde el profesor fue duramente atacado por supuestamente hacer una crítica velada a Bolsonaro, defensor declarado de ese régimen militar. Días después, el profesor fue recibido en el colegio con aplausos de los estudiantes. Santos exhibe la película en sus aulas desde hace cinco años y nunca había tenido problemas.

Según el Sindicato de Profesores de Ceará, las denuncias por supuesto “adoctrinamiento ideológico” han aumentado en ese Estado en 2018. Desde enero, al menos seis profesores, incluido Jam Silva Santos, han sido blanco de denuncias en las redes sociales. En uno de estos casos, una discusión entre un alumno bolsonarista y Euclides de Agrela, profesor de Historia y Sociología de una escuela estatal de Fortaleza, fue filmada y replicada en páginas de apoyo a Bolsonaro, que vincularon la pelea a la afiliación del profesor al partido izquierdista PSOL.

“Tuve que irme de casa por algunos días. [Viví] un clima de terror”, contó Agrela, que ha recibido amenazas de muerte por el vídeo. El vicepresidente del sindicato de docentes, Francisco Reginaldo Pinheiro, afirma que la entidad ha creado un canal para prestar apoyo a educadores víctimas de intimidación en las escuelas. “Defendemos la libertad de enseñanza. Existen espacios adecuados para quejas de padres y alumnos. Exponer al profesor en las redes sociales es peligroso”, dice Pinheiro.

El plan educativo del Gobierno es considerado vago en distintos puntos, pero el equipo de Bolsonaro ha especificado bien sus prioridades en la materia. Señala que “uno de los mayores males actuales [de la educación] es el fuerte adoctrinamiento” y promete “expurgar la ideología de Paulo Freire”, en referencia a uno de los grandes referentes de la educación en el país, conocido por su teoría de la pedagogía del oprimido. Actualmente, ni los currículos de la enseñanza básica ni los de la media hacen referencia a los métodos de Freire. Tampoco contienen la palabra «género», ya retirada de los planes educativos por presiones políticas.

“El rechazo a Paulo Freire es una estrategia porque simboliza el estímulo al sentido crítico”, afirma Daniel Cara, coordinador de la campaña nacional por el derecho a la educación y excandidato al Senado por el izquierdista PSOL. “Lo que Freire preconiza es aceptado en el mundo entero. Estuve en Singapur, país número uno en las [últimas] pruebas Pisa, y le citaban como una inspiración para buscar la educación que desean”, dijo a la revista Nueva Escuela Cláudia Costin, de la Fundación Getúlio Vargas (FGV) y exdirectora del Banco Mundial.

«Concepción autoritaria de la educación»

Otro deseo del futuro Gobierno es la vuelta al currículo escolar de la Educación moral y cívica, asignatura abolida tras el fin de la dictadura militar. Durante la campaña, el general Aléssio Ribeiro Souto, uno de los designados por Bolsonaro para elaborar el plan de educación, llegó a cuestionar la teoría de la evolución y a defender el creacionismo en la enseñanza de ciencias. “Si la persona cree en Dios y tiene su posicionamiento, no corresponde a la escuela querer alterar ese tipo de cosas”, afirmó Souto.

Souto también predica una revisión del periodo dictatorial en las clases de Historia y exige que se cuente “la verdad” sobre el régimen. “Es una concepción autoritaria de la educación”, critica Luiz Carlos de Freitas, investigador y profesor jubilado de la Universidad de Campinas. “Perciben cualquier pensamiento diferente del de ellos como un riesgo que debe ser combatido con disciplina y represión. Y, al combatir una posible ideología con la imposición de sus creencias, acaban cayendo en la contradicción de promover adoctrinamiento al revés. Es un retroceso”, agrega. Al contrario del material didáctico que usan los colegios militares en Brasil, que se refieren al golpe como “revolución de 1964”, los libros del Ministerio de Educación definen el régimen como una dictadura.

Previsiblemente, cuando intente implementar su plan educativo, Bolsonaro chocará el próximo año con el Consejo Nacional de Educación, un órgano independiente que acompaña las decisiones del ministerio. Como los mandatos de los consejeros fueron renovados por el actual presidente, Michel Temer, Bolsonaro tendría que esperar al menos dos años para cambiar parte del órgano directivo. Si quisiera imponer las ideas de sus correligionarios desde el inicio de su Gobierno, en enero, la nueva Administración necesitaría transferir al Congreso la facultad de determinar los currículos.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2018/11/01/actualidad/1541112164_074588.html

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Escritor indígena é reconhecido em prêmio de literatura infantojuvenil

Por: Educação.

Autor de mais de 50 livros, Daniel Munduruku escreve para crianças e jovens como forma de orientá-los sobre a cultura de seu povo e dos demais

O Brasil ainda possui grandes barreiras em relação à valorização e reconhecimento de suas raízes indígenas. A História contada é voltada para o olhar europeu e no dia a dia não faltam estereótipos sobre os povos indígenas.

É costume um professor, antropólogo e jornalista, por exemplo, falarem sobre determinada etnia, e raramente, o indígena tem a oportunidade de espalhar a visão dele, a visão de seu povo sobre eles mesmos.

O indígena Daniel Munduruku – o segundo nome é a designação de seu povo étnico – nasceu em Belém, Pará, e vem se destacando por trazer esse outro olhar por meio de livros e em palestras em universidades no Brasil e mundo.

Prêmio Fundação Bunge desse ano, na área de letras, com o tema literatura infantojuvenil foi para Daniel. Essa premiação existe desde 1955 e tem como objetivo reconhecer cidadãos que atuem em ações de desenvolvimento da cultura e ciências no país. Entre os já selecionados estão Jorge Amado e Hilda Hilst.

O indígena é autor de mais de 50 livros voltados à cultura e luta indígena. Formado em Filosofia, licenciatura em História e Psicologia, Daniel é doutor em Educação pela Universidade de São Paulo (USP) e pós-doutor em Educação pela Universidade Federal de São Carlos (UFSCar). Entre os prêmios já recebidos estão o Jabuti e o Tolerância, esse último reconhecido pela Unesco.

“Luto para que a cultura indígena não seja considerada simplesmente parte do folclore nacional, mas que esteja viva no currículo escolar”, defende. Cerca de 12 milhões de seus livros circulam em escolas públicas e privadas do país e fazem parte de material didático para a educação básica.

Aplicar as leis 10.639, de 2003 e 11.645, de 2008, que exigem que as escolas incluam no currículo “História e Cultura Afro-Brasileira e Indígena” ainda é desafio nas escolas.

“Embora haja muito avanço a partir da sanção da lei, os professores ainda não têm muita informação e quase sempre repetem o que aprenderam quando eram estudantes, pois são vítimas de um sistema que sempre excluiu os povos indígenas. Nosso objetivo é que a cultura indígena saia do aspecto comemorativo e tenha um viés mais pedagógico e a literatura indígena é uma ferramenta importante neste processo de construção da identidade brasileira”, afirma o premiado.

Sobre o prêmio

Os candidatos não se inscrevem, são indicados pelas principais universidades e entidades científicas e culturais brasileiras. A seleção final é feita por especialistas da área.

Vida e Obra é a categoria da área de Letras: Literatura Infantojuvenil a qual Munduruku venceu. A ganhadora na categoria Juventude, foi Nina Krivochein, de 14 anos, autora de quatro livros.

Na categoria Vida e Obra na área de Ciências Agrárias: serviços ambientais para o agronegócio, o físico Silvio Crestana foi o selecionado. O engenheiro agrônomo Pedro Henrique Brancalion, professor na Escola Superior de Agricultura Luiz de Queiroz da USP, foi o escolhido na categoria Ciências Agrárias Juventude.

Os selecionados pelo Vida e Obra vão receber, cada um, medalha de ouro e R$ 150 mil. Na categoria “Juventude”, o prêmio é R$60 mil e medalha de prata.

A cerimônia de entrega será em 13 de novembro, em São Paulo.

Fonte do comentário: http://www.revistaeducacao.com.br/escritorindigena/

 

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Brasil, la venganza de los resentidos

Por: Eliane Brum.

 

Estaba acompañando a una amiga al aeropuerto, en São Paulo. Los ascensores que llevan al aparcamiento de las terminales tardaban. Cuando finalmente entramos en uno, estaba abarrotado. Un hombre con un bebé en brazos, posiblemente su nieto, gritó: “¡Cuando Bolsonaro asuma el cargo, esto irá rápido!”. Y añadió: “¡Pam!, ¡pam!, ¡pam!”. Abrí la boca para preguntarle: “¿Le está disparando a su nieto?”. Y entonces me di cuenta de que no podría hacerlo sin arriesgarme a sufrir violencia. El hombre y la familia que lo rodeaba con cara de fanáticos realmente creen que Bolsonaro lo arreglará todo, desde los “comunistas” como yo a la velocidad de los ascensores.

La elección de Jair Bolsonaro, el populista de extrema derecha que será el próximo presidente de Brasil, ha liberado algo en el país. Un resentimiento contenido hace mucho, por muchos. Todo tipo de represión ha emergido de las cloacas del inconsciente y hoy desfila eufóricamente por las calles, escuelas, universidades, organismos públicos, comidas familiares.

A las mujeres que visten de rojo, color asociado al PT de Lula, las insultan los conductores al pasar, a los gais los amenazan con darles una paliza, a los negros los avisan que tienen que volver al barracón, a las madres que dan el pecho las inducen a esconderlo en nombre de la “decencia”. Aquel amigo de la infancia de quien se guardaba un buen recuerdo escribe en Facebook que ha llegado el momento de contar cuánto te odiaba en secreto y que te exterminará junto a tu familia de “comunistas”. Aquel conocido que siempre has creído que se merecía tener más éxito y reconocimiento del que tiene, ahora desparrama la barriga en el sofá del salón y vocifera su odio contra casi todos. Otro, que siempre se ha sentido ofendido por la inteligencia ajena, se siente autorizado a exhibir su ignorancia como si fuera una cualidad.

La atmósfera tóxica del Brasil actual puede resumirse al fragmento de una carta que llegó a una universidad: “¡Bienvenidos al fascismo! Ahora nos toca a nosotros, ahora es nuestro momento, tendréis que aguantarnos porque vamos a pasar por encima de cada uno de vosotros, cada gay, cada lesbiana, negro y negra. Vamos a exterminaros a todos”. Mensajes en Facebook anuncian que van a cazar a los opositores y a ponerlos de patitas en la frontera. A los que se oponen a Bolsonaro esta multitud rabiosa los trata como si fueran extranjeros y el país hubiera dejado de pertenecerles. Como si las palabras se vaciaran de sentido en Brasil, “comunismo” y “comunista” se han convertido en denominación de todo y todos a los que se odia, ya sea por la orientación sexual, por el color de la piel o por la actuación política. El término ya no tiene ninguna relación con su concepto, pero se lo han apropiado como si fuera el pecado de la parte de la población que denunció el autoritarismo criminal de Bolsonaro, un apologista de la tortura y de los torturadores. Y así, Brasil inaugura otro tipo de guerra fría.

El pacto civilizador, que permitía la convivencia, ya se estaba rompiendo en los últimos años en el país. Ahora lo han rasgado por completo. Esta es la primera señal.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2018/11/06/opinion/1541508597_737258.html

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Brasil: “Cómo maté a mi hija” la removedora crónica de un padre conquista las redes

Redacción: Montevideo Portal

Narrado en primera persona, el relato procura llamar la atención sobre la responsabilidad colectiva en los casos de feminicidio.

Brasil es un país sumamente castigado por el flagelo del feminicidio, lacra que en nuestro país también campa a sus anchas.

Conmovido por esas muertes cotidianas -trece al día, según las estadísticas- el historiador brasileño Cadu de Castro escribió y compartió en Facebook una conmovedora crónica.

En su breve relato, el autor deja claro que un feminicidio no se produce sólo en el instante en el que un hombre le arrebata la vida a una mujer. Comienza mucho antes, y con la involuntaria y anónima complicidad de todos.

Publicado hace menos de un mes, el relato de Castro fue compartido más de cincuenta mil veces y reproducido en varios medios de prensa brasileños.

A continuación, ofrecemos el texto traducido al español.

Soy machista. Fui criado así. Crecí, me casé y tuve una hija. Siempre sometí a mi mujer, algo que me parecía completamente natural. Al fin y al cabo, el machismo es tan estructural que se naturaliza. Usaba adjetivos como incompetente, idiota, estúpida, para criticar muchas de sus palabras y posturas, y así disminuirla, empequeñecerla. Nunca la agredí físicamente, pero ejercía violencia psicológica. Mi hija fue criada en ese ambiente.

Me reía de los chistes que humillan o descalifican a las mujeres, y los reproducía. Cuando alguna se ofendía y protestaba le preguntaba si no tenía sentido del humor, era sólo un chiste, una broma. Aparte de eso, siempre fui muy moralista, especialmente cuando veía mujeres con ropas muy cortas. Muchas veces dije que estaban pidiendo ser violadas. Recuerdo que una vez me contaron sobre un caso de violación de una chica «modernosa» del barrio donde vivo, y cuestioné si se trataba realmente de una violación. Al fin y al cabo, ella abusaba, lo pedía ¿no? Mi hija escuchaba todo eso.

Defendía que hombres y mujeres son muy diferentes y por eso sus derechos no podían ser iguales. Reproducía las falacias de que el hombre es más racional y la mujer más sentimental, que tener muchas mujeres en un mismo lugar de trabajo no da resultado, que la mujer habla demasiado, que le gustan los chismes, que los hombres son más competentes para gerenciar negocios, que hay mujeres a las que les gusta que les peguen, que los niños mal educados lo son por culpa de la madre, etc. Mi hija aprendió todo eso.

Una vez, un vecino agredió físicamente a su mujer. Mi esposa y mi hija hablaron de llamar a la policía, pero lo impedí. Dije que «en pelea de marido y mujer no se mete cuchara». ¿Quién sabe lo que ella hizo para hacerle perder a él la cabeza? Mi hija incorporó esa idea.

Deshumanizaba la figura femenina. A las mujeres más independientes y despegadas de esas reglas morales que yo defendía, las llamaba vacas, yeguas, cerdas. Decía que el feminismo era cosa de mujeres «mal atendidas», feas, desequilibradas, desubicadas. Me ofendía cuando alguien me llamaba machista, y decía, «ni machismo ni feminismo, nada de ismos». Mi hija llegó a reproducir algunas de mis expresiones.

Recuerdo cuando ella me lo presentó. Estaban empezando a salir. Una vez la oí conversando con una amiga y le contaba que a veces era un poco grosero, pero los hombres son así, ¿verdad? Yo era su referencia.

En otra ocasión hablaba con una prima sobre cómo lo encontró con otra, pero él se disculpó y dijo que era sólo un desliz, que la amaba. Recordó que unos años antes, su madre había descubierto algunas aventuras mías, y que eso era, al fin y al cabo, cosa de hombres.

Él me caía bien. Era un muchacho simpático y trabajador. Reía mucho de los chistes sobre mujeres que le contaba, y hasta aportó algunos nuevos que ampliaron mi repertorio.

Hace poco ella llegó a casa con un hematoma en un ojo, el rostro hinchado y marcas en los brazos. Le pregunté sobre eso y contestó que se había caído por las escaleras, pero que estaba bien, que no hacía falta que me preocupara. Le pregunté si todo iba bien con su marido y me dijo que sí, que él la amaba.

Ayer recibí una llamada de la policía. Supe que mi hija estaba muerta. Su compañero la había tirado del balcón desde un décimo piso. O la había apuñalado, o baleado, o estrangulado, o golpeado hasta la muerte durante una pelea conyugal.

Los vecinos oyeron sus gritos pidiendo socorro, pero nadie intervino ni llamó a la policía. Al fin y al cabo, en pelea de marido y mujer no se mete cuchara.

Yo caí, o fui apuñalado, o baleado o estrangulado junto con mi hija. Ahora yazgo en este suelo frío, La caída, o el tiro, o el estrangulamiento, o los golpes, o la puñalada que destrozó mi alma, agudizó mis sentidos. Puedo ver, oír. Veo ahora con una claridad y lucidez que me lastiman: el machismo, que siempre naturalicé y reproduje, oprime, hiere, mata. Oigo el grito de los feminismos. Es un grito de dolor. Es un grito ancestral. Es un grito por igualdad de derechos y oportunidades. Es un grito por respeto. Es un grito por la vida. Es el grito de mi hija. Es el grito de tu hija.

Es tarde para mí. Es tarde para ella. Maté a mi hija. En cada acto machista maté a mi hija. Maté también otras hijas, hermanas, madres. Defender y reproducir el machismo es mancharse las manos con sangre. Tú puedes aún salvar a tu hija, hermana, madre y tantas otras mujeres. Actúa antes de que sea tarde.

Debes estar preguntándote si esta historia es verídica. Respondo: sí y no. Sí porque ocurre todos los días, en muchos lugares y a muchas familias. Criamos una serie de feminicidas, y algunos feminicidas en serie. Brasil está entre los países con mayor tasa de feminicidios: ocupa la quinta posición en un ranking de 83 naciones. Mueren 13 mujeres al día en casos de feminicidio, y casi el 80% de ellas a manos de sus parejas.

Y no, no es verídica porque no me ocurrió a mí.

Simplemente escribí esta crónica porque me sentí tocado por un grave problema social: el machismo, al que tenemos que exponer, revelar y combatir todos los días y en todas partes.

Tengo la dicha de estar rodeado de mujeres feministas. Esposa, hija, sobrina, nuera, primas y amigas

Crié una hija feminista. Desde pequeña le enseñé a aceptar un NO sólo si tenía una justificación coherente, proviniera de quien proviniera, incluido yo.

Cuando surgieron expectativas sobre hacerla estudiar ballet, la apoyé para que entrenara taekwondo como ella quería. Ahora es cinturón negro segundo dan. Fue campeona brasileña combatiendo con hombres (en aquella época no había otras mujeres) y campeona panamericana. Está casada con un tipo maravilloso. Y ahora esperamos a Mel, su hija y mi primera nieta, y sólo de pensarlo me lleno de amor y ternura.

Necesito luchar por un mundo mejor para ella. Por un mundo mejor para todas las mujeres. Quiero un mundo mejor para todas las personas.

Y para eso, nosotros, los hombres, tenemos que empeñarnos en una férrea lucha que comienza dentro de cada uno de nosotros, contra el machismo nuestro de cada día. Tenemos que desaprender lo que somos.

¡Sólo los feminismos salvan! Esa lucha es de todos nosotros. Le enseño eso a mi hijo, que es un tipo maravilloso.

Fuente: https://www.montevideo.com.uy/Mujer/-Como-mate-a-mi-hija-la-removedora-cronica-de-un-padre-conquista-las-redes-uc694135

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