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OCDE valora el modelo utilizado durante el Proceso Constituyente chileno

Chile / www.latercera.com / 26 de Julio de 2017

De acuerdo a un estudio, el organismo aborda la propuesta que deberá ser presentada por la Presidenta Bachelet al Congreso, destaca la alta participación ciudadana y la transparencia de la información.

Por solicitud de La Moneda, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, elaboró un informe respecto de la etapa participativa del proceso constituyente en nuestro país.

El requerimiento surgió debido a las dudas que se instaló entre alguno integrantes del Consejo de Observadores y en sectores del oficialismo de si soloincluirán alguno aspectos que las personas expusieron o si destacarían los objetivos y prioridades expresados por quienes participaron de los encuentros a lo largo de todo el país. 

Es así como el estudio de 36 páginas tuvo como objetivo evaluar dicha fase e identificar las lecciones aprendidas y los procedmientos de participación ciudadana en el diseño y aplicación de políticas públicas.

Ya una vez finalizada la investigación, como explica La Tercera, dentro de los principales conclusiones del documento, se establecen los desafíos a los que se enfrente el país para los planteamientos que hizo la ciudadanía y que se vean reflejados en la nueva Constitución que se elabore una vez que culmine toda la tramitación del texto en el Congreso.

Para la OCDE, si bien dicho fin inplica un «desafío», recomienda que los puntos y prioridades se incluyan, al menos, en el proyecto que debe enviar la Presidenta al Congreso. 

“Los ciudadanos de los países de la OCDE demandan constantemente ser informados sobre la manera en la que sus opiniones son tomadas en cuenta; el proceso constituyente chileno es un caso concreto”, señala el documento.

Además, se argumenta que “los ciudadanos necesitan verificar que su participación fue influyente y que sus aportes son reflejados en la nueva Constitución” y agrega que “esto sigue siendo un desafío; sin embargo, hay una oportunidad de hacer eso con el próximo proyecto de ley de nueva Constitución”.

Por otra parte, otro de los alcances que tuvo el informe sobre el proceso constituyente tuvo que ver con los estándares de la OCDE sobre participación ciudadana.

Según la Organización, el proceso chileno ha sido el que mayor interes ha generado entre sus ciudadanos, si se compara con otros países que integran el grupo.

Si bien participó el 1.13% de la población chilena, lo que equivale a 204.402 personas, sitúa al país en el primer lugar.

Asimismo, valora la transparencia en la información que entregó el gobiernodurante el proceso y señala que el modelo utilizado en Chile sirve como marco analítico para la implementación de mecanismos de consulta ciudadana en otros países de la OCDE.

Fuente:http://www.t13.cl/noticia/politica/ocde-valora-modelo-utilizado-proceso-constituyente-chile

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Funcionarios argentinos y de la OCDE se reúnen para abordar un plan de desarrollo ambiental

Argentina / www.eldiario.es / 26 de Julio de 2017

El ministro de Ambiente de Argentina, Sergio Bergman, y su par de Hacienda, Nicolás Dujovne, mantuvieron un encuentro hoy con representantes de la OCDE con el objetivo de sentar las bases para el desarrollo ambiental en el país en el marco del «Plan de acción Argentina & OCDE 2016-2017».

Según se informó en un comunicado oficial, las reuniones se extenderán hasta este miércoles y Bergman celebró que «este encuentro da la posibilidad de extraer buenas prácticas y establecer un nuevo protocolo, de manera que Argentina pueda volver al mundo».

Por su parte, Dujovne señaló que el «compromiso de Argentina con la OCDE no es nuevo» y destacó que este es un trabajo conjunto de 16 pilares para el desarrollo económico integral, y uno de ellos es el ambiental.

En este sentido, el ministro de Ambiente dijo que «es imperioso utilizar criterios internacionales de estandarización que pongan a la Argentina en esta liga de países y «lleven al país a ser serio y predecible».

«Cuando uno tiene mejores prácticas, logra mejores resultados», agregó Dujovne para explicar que este proceso de integración entre Argentina y la OCDE traerá beneficios en cambios regulatorios y reformas institucionales que permitirán alcanzar un mayor crecimiento.

Argentina ya pidió formalmente poder adherirse a la OCDE y actualmente recaba apoyos con ese fin.

Fuente:http://www.eldiario.es/politica/Funcionarios-argentinos-OCDE-desarrollo-ambiental_0_668433876.html

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Jóvenes, educación y futuro

Por: Arminda García

Teniendo en cuenta que el futuro de cualquier sociedad descansa en las nuevas generaciones, en ese contingente de individuos en etapa de crecimiento, es importante considerar el rol que ellos tienen y la manera cómo la educación influye en su futuro.

Los jóvenes se encuentran en proceso de desarrollo, buscando avanzar y crecer.  Por esa razón deben contar con las oportunidades de formación necesarias, de manera que puedan participar en el avance de la sociedad y manejar el destino del mundo. Sabemos que la educación tiene un papel fundamental para que estén en capacidad de desarrollar valores y herramientas que les permitan cumplir sus objetivos y crecer como individuos. Asimismo, permitirá convertir su preparación en las cualidades necesarias para aportar su participación activa al entorno.

Sin duda, la formación es el camino que abrirá las puertas a los jóvenes para responder a las exigencias de la sociedad y cultivar la independencia requerida para ser productivos, autónomos y partícipes de los avances necesarios, para beneficio propio y del colectivo.

Si se trata de un joven universitario, esta es una fase de la vida en la que se siente comprometido con su futuro, en la que domina sus actos y tiene control para lograr sus objetivos. En esta etapa ha entendido, además, la importancia de formarse académicamente con miras a obtener un título y así buscar la oportunidad de incorporarse en el mercado laboral.

Algunos de ellos aspiran a combinar sus estudios con algún tipo de experiencia de trabajo que les permita aprender o realizar aportes económicos a su núcleo familiar. Sin duda, la consolidación de la formación académica obtenida en la universidad se logra una vez que pueden poner en práctica todos los conocimientos adquiridos durante sus estudios, lo cual les exige además afrontar la realidad profesional con excelente base.

Se recomienda que estos jóvenes universitarios se establezcan un perfil claro y específico, pues esto permitiría guiar al éxito los esfuerzos realizados en cuanto a la inserción laboral. Igualmente, es necesario consolidar estrategias de desarrollo individual que faciliten esta tarea.

Se puede decir entonces que los jóvenes se sienten identificados con la necesidad de alcanzar un mejor futuro tanto propio como colectivo y por ser los responsables de esas imperiosas transformaciones, han entendido la relevancia de contar con una formación que les permita estar preparado para esos cambios.

Fuente: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/jovenes-educacion-futuro_194989

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¿Qué está estancando el emprendimiento peruano?

Perú / www.mba.americaeconomia.com / 26 de Julio de 2017

Si bien 25 de cada 100 habitantes se encuentran relacionados a una actividad emprendedora, el ranking 2017 de “Doing Business” arrojó que Perú cayó un puesto en un año. Expertos apuntan a la falta de políticas públicas y apoyo al emprendimiento temprano.

er emprendedor ya no es una novedad. Muchos se aventuran a ser parte de este mundo dejando atrás la tradicional rutina laboral, algunos gracias al incentivo de algún curso o programa, otros solo con una idea y ahorros en mano.

Según los resultados del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) de 2016, Perú es uno de los países más emprendedores de la región, con el cuarto lugar. La tasa de emprendimiento en etapa temprana (TEA) llegó a un 25,1%, una cifra superior a la media en América Latina que corresponde al 18,8%.

En la práctica, 25 de cada 100 peruanos se encuentran relacionados a una actividad emprendedora actualmente, más mujeres que hombres. El sector productivo cuenta con un mayor número de emprendimientos y la actividad más desarrollada apunta al comercio minorista, hotelería y restaurantes.

Si nos enfocamos en los datos arrojados por GEM Perú, existe un crecimiento en este rubro. Segun José Luis Beas, director del Instituto de Innovación y Emprendimiento Universitario de la U. San Martín de Porres, “hasta hace algunos años era por necesidad, en la actualidad se ha incrementado el emprendimiento por oportunidad, más aún teniendo en cuenta que las condiciones económicas han mejorado y el mercado ha cambiado”.

Por otro lado, para Emilio Rodríguez, presidente de la Asociación de Emprendedores de Perú (ASEP), los emprendimientos continúan surgiendo por necesidad por sobre la oportunidad. “Esto limita gravemente la capacidad del ecosistema en generar actores que sean verdaderamente innovadores, que rompan con los esquemas y generen un verdadero cambio de paradigma en cómo operan los negocios”.

A esto se suma que de acuerdo a las cifras del GEM, Perú alcanza una tasa de mortandad en los emprendimientos del 9% en los primeros 12 meses. El Instituto Nacional de Estadística e Investigación de Perú agrega además que diariamente se crean en promedio 853 empresas y se cierran 469.

Si continuamos con las cifras negras de la versión de 2017 del ranking “Doing Business” del Banco Mundial, que mide la facilidad de hacer negocios de 190 países, se ubicó a Perú en el puesto 54, uno menos que en 2016. “Esto quiere decir dos cosas, o el país se estancó en su desarrollo u otros países han sido más ágiles en sus procesos de modernización y optimización de procesos”, señala Rodríguez.

Millennials, el futuro emprendedor

Las estadísticas han identificado a una generación en particular que estaría cambiando la forma de emprender en el país. Según el GEM, el 49% se encuentra entre los 18 y 35 años, y estarían marcando un perfil totalmente distinto al de antaño.

Para Beas, las características principales de los millennials peruanos es que “son visionarios, respetan el medioambiente, la tecnología es parte de su vida, se consideran preparados para crear y desarrollar negocios pripios que les permita una realización personal y profesional. Ellos sueñan con cambiar la sociedad, se identifican con la solidaridad y la economía colaborativa”.

Estas virtudes también las comparte Emanuel Salinas, un estudiante de tercer año de la carrera de Administración de Negocios Internacionales de la Universidad San Martín de Porres. Este joven de 20 años decidió emprender tras darse cuenta de su pasión y utilizar una problemática del sector donde reside en Lima a su favor.

Emanuel vive en el barrio conocido como “Castilla” ubicado en el Centro Histórico del Callao Monumental, 44 manzadas declaradas patrimonio por su arquitectura e historia. Su experiencia siempre fue vivir “prácticamente en una prisión sin salir a la calle por causa de la delinciencia” cuenta.

Así nace su emprendimiento, una empresa de turismo histórico social. Junto a cinco jóvenes más hoy realiza paseos guiados a quienes deseen envolverse de la magia de este lugar, todo financiado sólo con sus ahorros. El proyecto que comenzó en abril de 2017 ya ha cautivado a más de 650 turistas y poco a poco busca expandirse.

Aún así, los obstáculos existen y para este joven emprendedor la financiación y la formalización de la empresa ha sido su dolor de cabeza. “Somos una empresa bastante joven, y para que en Perú los bancos puedan hacerte préstamos es tener mínimo dos años de funcionamiento. El gobierno brinda ayuda pero aún es muy escasa”.

¿Qué falta?

De acuerdo al último ranking de Doing Business, Perú ocupa el puesto 103 de 190 en apertura de negocios. Para la ASEP esta es la principal debilidad en el país. “El hecho de que contituirse sea difícil es una gran desventaja para el ecosistema, ya que limita los emprendimientos formales en la economía y, por ende, limita la cantidad de emprendedores que tienen acceso a beneficios”.

Rodríguez agrega, además, que actualmente intentan promover la Ley de Empresas en Un Día, la cual permitirá al emprendedor constituir su negocio en un portal Web que integra distintas funciones ligadas a la formalización. “Perú debería replicar el modelo de países como Chile y México, que han simplificado los procesos y permiten que los emprendedores tengan una vía rápida a la obtención de beneficios”.

Para el director del Instituto de Innovación y Emprendimiento Universitario de la USMP, José Luis Beas, los principales desafíos para mejorar los índices en este rubro apuntan a establecer políticas públicas claras y precisas que apoyen la creación de nuevas empresas al menos hasta los primeros cinco años, desarrollar la innovación y las competencias desde la etapa escolar, y fortalecer el emprendimiento universitario fomentando concursos y financiando proyectos.

Los expertos tienen claras las aristas que deben ser priorizadas para que el rubro genere un crecimiento significativo. Aún así, a pesar de los obstáculos, el reporte de GEM 2016 indica que el 51% de los peruanos considera que hay buenas oportunidades y un 40% intentará poner un negocio en los próximos tres años. Por su lado, ASEP ya cuenta con 4.557 emprendedores asociados y como meta espera que la cifra llegue a 10.000 este 2017.

Fuente: https://mba.americaeconomia.com/articulos/reportajes/que-esta-estancando-el-emprendimiento-peruano

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Los retos de la educación bilingüe en el Perú

Perú / www.puntoycoma.pe / 26 de Julio de 2017.

Entre el 19 de junio y 30 de agosto de 2017, el INEI ejecutará el “Censo de Instituciones Educativas Públicas de Educación Intercultural Bilingüe (EIB)” en 23 departamentos del país, con la finalidad de actualizar el Registro actual de centros educativos que proveen el servicio EIB. Todo ello, en el marco de la política educativa orientada a formar niños, niñas adolescentes y adultos de pueblos originarios como protagonistas de distintas culturas para aportar al enriquecimiento intercultural en sociedades multiculturales (La República, 2017).

De esta manera, se estaría contribuyendo con la calidad educativa en pueblos originarios, alcanzar equidad de oportunidades, la revitalización de los lenguajes y el respeto de la herencia cultural. Estas son las bases del programa EIB, el cual se basa en una educación en lengua materna y el progresivo aprendizaje del español. No obstante, estos objetivos parecen inalcanzables si tomamos en cuenta la forma como el programa se ha venido implementando en los últimos años.

Según informes de la Defensoría del Pueblo ((2011), (2016)), aún existen problemas para identificar la demanda efectiva que requiere recibir el servicio EIB. Son cerca de 942,960 estudiantes entre inicial, primaria y secundaria los que requieren el servicio, cuando solo 142,392 lo reciben efectivamente. Esta situación se encuentra relacionada con el limitado presupuesto asignado al programa. Hacia el 2011, el presupuesto ascendía a S/ 5 millones y solo se ejecutaba el 64% del total. En el 2015, el presupuesto superaba los S/ 92 millones y se ejecutaba al 99%, tendencia que se ha mantenido hasta hoy. Sin embargo, el gasto por alumno es de S/. 650 al año y no alcanza para cubrir la meta potencial (DIGEIBIRA, 2016).

Más aún, si bien hubo un incremento en la ejecución del presupuesto asociado a la mejora en: la Red Educativa Rural, la provisión de materiales y la gestión del programa, se concentraron esfuerzos en primar el segundo punto (Defensoría del Pueblo, 2016). Por este motivo, la insuficiente oferta de colegios EIB y su difícil acceso origina que la proporción de escolares indígenas que asisten a un centro educativo sea menor a la registrada por sus pares de lengua materna hispana ((Rodríguez Lozano, 2012), (UNICEF, 2010)). Esto dificulta la medición de los resultados del programa y demuestra, una vez más, lo desorganizado del tan aclamado proceso de descentralización nacional.

Gráfico 1: Presupuesto ejecutado sobre monto asignado según rubro en la EIB

Fuente: DIGEIBIRA (2016) Elaboración propia

Por otro lado, no existen instrumentos que midan de manera efectiva los efectos de la EIB. En el 2016, los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes muestran un contexto en el que el 25.1% de niños de cuarto de primaria que participan del programa EIB alcanzaron niveles satisfactorios de manejo del castellano en pruebas lingüísticas (UMC, 2017). Sin embargo, estos resultados se deben más al incremento de estudiantes indígenas que participan del programa EIB, que a la calidad en su implementación. De hecho, al no haber un seguimiento anual del rendimiento de los mismos estudiantes, propio de un análisis longitudinal, es difícil diferenciar si los resultados se deben al programa o a otros factores.

Gráfico 2: Resultados de la ECE para pruebas de comprensión lectora en castellano en alumnos EIB

Fuente: (UMC, 2017) Elaboración propia

Varios aspectos quedan por mejorar. Nadie discute los objetivos del programa, ni mucho menos los esfuerzos que se realizan en la actualidad por mejorarlo, pero no son suficientes. Se necesita de voluntad política y mayor presión social para hacer del Perú un país diverso en culturas y lenguajes, pero equitativo en oportunidades.


FUENTES:

Defensoría del Pueblo. (2011). Aportes para una política Nacional de Educación Intercultural Bilingüe a favor de los pueblos indígenas del Perú. Lima.

Defensoría del Pueblo. (2016). Educación Intercultural Bilingüe hacia el 2021. Una política de Estado imprescindible para el desarrollo de los pueblos indígenas. Lima.

DIGEIBIRA. (2016). Plan Nacional de Educación Intercultural Bilingüe al 2021. Lima.

La República. (22 de Junio de 2017). INEI ejecutará censo de instituciones educativas públicas de educación intercultural bilingüe 2017. La República.

Rodríguez Lozano, E. (2012). ¿Barreras lingüísticas en la educación?: la influencia de la lengua materna en al deserción escolar. Economía, 83-151.

UMC. (2017). Resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes: ECE 2016. Lima: MINEDU.

UNICEF. (2010). Estado de la niñez indígena en el Perú. Lima.

Fuente:http://www.puntoycoma.pe/economia/los-retos-de-la-educacion-bilingue-en-el-peru/

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Colombia: ¿Existe un genocidio en curso contra los líderes sociales?

Por: revista insurrección

ada día llegan noticias de nuevas amenazas y varias veces a la semana de más homicidios. El liderazgo social sigue poniendo muertos. El asesinato de personas de la Unión Patriótica (UP) en los años ochenta y noventa del siglo anterior, fue posteriormente calificado jurídicamente como Genocidio. No se trata del uso político de la palabra “genocidio”, que también podría ser válido; sino de su uso jurídico.

Genocidio no es necesariamente asesinatos, de hecho hay dos casos, en el Derecho Internacional en que puede que no haya ni un solo muerto, pero hay Genocidio:

a) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.

b) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Esta práctica en sí, no produce la muerte de miembros del grupo, sino que afecta la supervivencia del grupo en cuanto grupo, y esto también se considera Genocidio. En el mismo sentido, un Genocidio no se define por un número determinado de muertos; decir que van pocos o muchos líderes sociales asesinados, no es un argumento.

Según el derecho internacional:

“Se entiende por Genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

a) Matanza de miembros del grupo. b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo. c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial. d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo. e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

Las más de 500 amenazas enviadas en el ultimo año contra lideres del movimiento social, tienen graves repercusiones en la integridad física y psicológica de estos, a tal punto que constituyen tortura.

Colombia ha firmado y ratificado la “Convención para la prevención y sanción del crimen de Genocidio” y por tanto sus definiciones y categorías son obligatorias. Dos cuestiones son relevantes relacionadas con el uso de esta palabra en el marco del conflicto: Primero ¿existe la citada “intención de destruir” al liderazgo social o es un supuesto populista? Segundo, ¿qué significa exactamente “destruir?” ¿se refiere a destrucción física o existe un significado más allá de éste?

El problema es la demostración de “la intención”, pero no es suficiente decir que la intención simplemente no existe. De acuerdo con las Naciones Unidas:

“El elemento necesario de intención puede ser deducido de hechos suficientes. En ciertos casos, existirá la evidencia de acciones u omisiones en tal grado que el acusado pueda razonablemente ser asumido como consciente de las consecuencias de su conducta, lo cual lleva al establecimiento de la intención”.

Así que el camino es analizar las consecuencias de la aplicación de determinada política.

Examinemos, primero, la realidad del asesinato de los líderes. Desde enero de 2016, han sido asesinados 186 personas que son parte del liderazgo social. En lo que va del año, hasta julio 5 de 2017, según la Defensoría del Pueblo, ya van asesinados 52 líderes sociales. Además, los datos disponibles, permiten afirmar que por cada líder asesinado hay 10 personas amenazadas de muerte.

En segundo lugar, miremos si tales crímenes son o no sistemáticos, lo que se conecta con un plan. Es decir, un plan presupone una intención. El análisis del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria, titulado: “Dinámicas del asesinato de líderes rurales: las covariables municipales”, sostiene que:

“Los 500 eventos de victimización registrados en nuestra base de datos no corresponden a personajes anónimos, o provenientes de mundos ajenos al de todos los colombianos. Son personas con trayectorias análogas a las de miles de nosotros, que construyeron su vocación de liderazgo a brazo partido y a menudo en condiciones tremendamente hostiles”.

Luego de un minucioso análisis, los autores concluyen que: “el fenómeno Sí es sistemático. Apabullantemente sistemático. Mirando desde tres perspectivas -semántica, jurídica y estadística- llegamos a la conclusión de que simplemente no es verosímil escamotearle su sistematicidad” [*].

Es decir, aquí la intención es la de destruir al movimiento social, silenciarlo y que sus miembros abandonen sus luchas, se plieguen al sistema y no pretendan modificarlo. Las amenazas y judicializaciones no son indiscriminadas y los asesinatos tampoco. Estas lesiones han sido producidas selectivamente contra integrantes de organizaciones sociales, cívicas, afrodescendientes, campesinas, indígenas, sindicales, ambientalistas, de mujeres y de derechos humanos, entre muchas otras, en el marco de una lucha contrainsurgente previamente concebida.

Tercero, miremos la respuesta del Estado. Esta se puede mostrar en varios niveles:

a) Negar la existencia del victimario: decir que los paramilitares no existen como tal.

b) Tratar de negar los asesinatos, reduciéndolos a hechos aislados o a delitos comunes inconexos entre ellos.

c) Negar los casos en los cuales hay connivencia de agentes del Estado. d) Hacer creer que la omisión no es un delito, que el Estado no tiene ninguna responsabilidad por los crímenes que no ha cometido de manera directa.

No creemos que el debate sobre el nombre de los perpetradores (que si paramilitares, neo-paramilitares, herederos o Bacrim) sea lo esencial, ni tampoco la respuesta estatal de presentar como una constante los pocos casos, en los cuales la muerte de una persona líder corresponde a un hecho aislado. Eso ofende la inteligencia y la razón. El debate debe hacerse sobre la realidad.

De lo anterior podemos concluir varias cosas:

a) Al liderazgo social sí lo están matando en Colombia;

b) Esas muertes sí son sistemáticas, lo que quiere decir que obedece a unas acciones deliberadas que implican un grado de planeación;

y c) El Estado, ya sea por acción o por omisión, sí tiene una responsabilidad directa en ese plan sistemático de eliminación del liderazgo social que busca su exterminio. La impunidad, la omisión y ciertas medidas militares (apoyando a los perpetradores) indican claramente la “intención de destruir”.

La doctrina del “enemigo interno” dicta la eliminación de opositores del régimen, así el gobierno diga que no persigue destruir al liderazgo social, pero las consecuencias de sus actos contribuyen a su destrucción como grupo, como pasó con la UP. Luego, esto es Genocidio. Es imposible, a la luz de los hechos, evadir la conclusión de que el Estado colombiano trata de destruir al liderazgo social en cuanto comunidad, en cuanto colectivo. Por tanto, la categoría Genocidio puede y debe ser aplicada en este caso.

Nota:

[*] Francisco Gutiérrez, Margarita Marín, Francy Carranza. Dinámicas del asesinato de líderes rurales: las covariables municipales. Reporte semestral del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria; Programa en Red de la universidades Nacional, Rosario, Norte, Sinú y Sergio Arboleda. Bogotá, Junio de 2017. www.observatoriodetierras.org.

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229494&titular=%BFexiste-un-genocidio-en-curso-contra-los-l%EDderes-sociales?-

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Medioambiente e igualdad social

Por: Alvaro García Linera

¿Puede la naturaleza hablar? ¿Puede la naturaleza contarnos los males que le afectan? Descontando el lenguaje verbal creado por el ser humano, la naturaleza no verbaliza; lo que sí tiene es una capacidad infinita de comunicar, mediante otros lenguajes no proposicionales, un conjunto de conmociones que la están perturbando. El calentamiento global es uno de estos cambios dramáticos que a diario la naturaleza nos informa. Cambios abruptos del clima, sequias en regiones anteriormente húmedas; deshielo de glaciales, cataclismos ambientales, huracanes con fuerza nunca antes vista, desbordes crecientes de ríos., etc., son solo unos de los cuantos efectos comunicacionales con los que la naturaleza informa de lo que le está sucediendo.

No obstante, la manera en que las catástrofes ambientales afectan la vida de la humanidad no es homogénea ni equitativa; mucho menos lo es la responsabilidad que cada ser humano tiene en su origen.

Clase y raza medioambiental

En la última década, se puede constatar que las catástrofes naturales más importantes están presentes por todo el globo terráqueo, sin diferenciar continentes o países; en ese sentido, existe una especie de democratización geográfica del cambio climático. Sin embargo, los daños y efectos que esos desastres provocan en las sociedades, claramente están diferenciados por país, clase social e identificación racial. De manera consecutiva, hemos tenido en el periodo 2014-2016, los años más calurosos desde 1880, lo que explica la disminución en el ritmo de lluvias en muchas partes del planeta. Aun así, los medios materiales disponibles para soportar y remontar estas carencias y, por tanto, los efectos sociales resultantes de los trastornos ambientales, son abismalmente diferentes según el país y la condición social de las personas afectadas. Por ejemplo, ante la escasez de agua en California, la gente se vio obligada a pagar hasta un 100% más por el líquido elemento, aunque esto no afectó su régimen de vida. En cambio, en el caso de la Amazonía y las zonas de altura del continente latinoamericano se tuvo una dramática reducción del acceso a los recursos hídricos para las familias indígenas, provocando malas cosechas, restricción en el consumo humano de agua y ‒especialmente en la Amazonía‒ parálisis de gran parte de la capacidad productiva extractiva con la que las familias garantizaban su sustento anual.

Asimismo, el paso del huracán Katrina por la ciudad de Nueva Orleans en 2005, dejó más de dos mil muertos, miles de desaparecidos y un millón de personas desplazadas. Pero los efectos del huracán no fueron los mismos para todas las clases e identidades étnicas. Según el sociólogo P. Sharkey [1] , el 68% de las personas fallecidas y el 84% de las desaparecidas eran de origen afroamericano. Ello, porque en las zonas propensas a ser inundadas, donde el valor de la tierra es menor, viven las personas de menos recursos; mientras que los que habitan en las zonas altas son los ricos y blancos.

En este y en todos los casos, la vulnerabilidad y el sufrimiento se concentran en los más pobres (indígenas y negros), es decir, en las clases e identidades socialmente subalternas. De ahí que se pueda hablar de un enclasamiento y racialización de los efectos del cambio climático.

Entonces, los medios disponibles para una resiliencia ecológica ante los cambios medioambientales dependen de la condición socioeconómica del país y de los ingresos monetarios de las personas afectadas. Y, dado que estos recursos están concentrados en los países con las economías dominantes a escala planetaria y en las clases privilegiadas, resulta que ellas son las primeras y únicas capaces de soportar y disminuir en su vida esos impactos, comprando casas en zonas con condiciones ambientales sanas, accediendo a tecnologías preventivas, disponiendo de un mayor gasto para el acceso a bienes de consumo imprescindibles, etc. En cambio, los países más pobres y las clases sociales más vulnerables, tienden a ocupar espacios con condiciones ambientales frágiles o degradadas, carecen de medios para acceder a tecnologías preventivas y son incapaces de soportar variaciones sustanciales en los precios de los bienes imprescindibles para sostener sus condiciones de vida. Por tanto, la democratización geográfica de los efectos del calentamiento global se traduce, instantáneamente, en una concentración nacional, clasista y racial del sufrimiento y el drama causados por los efectos climáticos.

Este enclasamiento racializado del impacto medioambiental se vuelve paradójico e incluso moralmente injusto cuando se comparan los datos de las poblaciones afectadas y de las poblaciones causantes o de mayor incidencia en su generación.

La nueva etapa geológica del antropoceno ‒un concepto propuesto por el Premio Nobel de Química, P. Crutzen‒, caracterizada por el impacto del ser humano en el ecosistema mundial, se viene desplegando desde la Revolución Industrial a inicios del siglo XVIII. Y, desde entonces, primero Europa, luego Estados Unidos, y en general las economías capitalistas desarrolladas y colonizadoras del norte, son las principales emisoras de los gases de efecto invernadero que están causando las catástrofes climáticas. Sin embargo, los que sufren los efectos devastadores de este fenómeno son los países colonizados, subordinados y más pobres, como los de África y América Latina, cuya incidencia en la emisión de CO2 es muchísimo menor.

Según datos del Banco Mundial [2] , Kenia contribuye con el 0,1% de los gases de efecto invernadero, pero las sequías provocadas por el impacto del calentamiento global llevan a la hambruna a más del 10% de su población. En cambio, en EEUU, que contribuye con el 14,5%, la sequía solo provoca una mayor erogación de los gastos en el costo del agua, dejando intactas las condiciones básicas de vida de su ciudadanía. En promedio, un alemán emite 9,2 toneladas de CO2 al año; en tanto que un habitante de Kenia, 0,3 toneladas. No obstante, quien lleva en sus espaldas el peso del impacto ambiental es el ciudadano keniano y no el alemán. Datos similares se puede obtener comparando el grado de participación de los países del norte en la emisión de gases de efecto invernadero, como Holanda (10 TM por persona/año), Japón (7 TM), Reino Unido (7,1 TM), España 5 TM), Francia 8% TM), pero con alta resilencia ecológica; frente a países del sur con baja participación en la emisión de gases de efecto invernadero, como Bolivia (1,8 TM), Paraguay (0,7 TM), India (1,5 TM), Zambia (0,2 TM), etc., pero atravesados de dramas sociales producidos por el cambio climático. Existe, entonces, una oligarquización territorial de la producción de los gases de efecto invernadero, una democratización planetaria de los efectos del calentamiento global, y una desigualdad clasista y racial de los sufrimientos y efectos de las conmociones medioambientales.

Medioambientalismos coloniales

Si la naturaleza comunica los impactos de la acción humana en su metabolismo de una forma jerarquizada, también existen ciertos conceptos referidos al medioambiente, parcializados de una manera todavía más escandalosa; o, peor aún, que legitiman y encubren estas focalizaciones regionales, clasistas y raciales.

Como señala McGurty [3] para el caso norteamericano en la década de los 70 del siglo XX, lo que hizo posible que el debate público sobre las demandas sociales de las minorías étnicas urbanas, e incluso del movimiento obrero sindicalizado, fuera soslayado, llevando a que la “temática social” perdiera fuerza de presión frente al gobierno, fue un tipo de discurso medioambientalista. Un nuevo lenguaje acerca del medio ambiente, cargado de una asepsia respecto a las demandas sociales, que ciertamente puso sobre la mesa una temática más “universal”, pero con responsabilidades “adelgazadas” y diluidas en el planeta; a la vez que distantes política y económicamente respecto a las problemáticas de las identidades sociales (obreros, población negra). Aspecto que no deja de ser celebrado por las grandes corporaciones y el gobierno que ven encogerse así sus deudas sociales con la población.

Por otra parte, el sociólogo francés Keucheyan [4] subraya cómo en ciertos países como Estados Unidos, el “color de la ecología no es verde sino blanco”; no solo por la mayoritaria condición social de los activistas ‒por lo general, blancos, de clase media y alta‒, sino también por la negativa de sus grandes fundaciones a involucrarse en temáticas medioambientales urbanas que afectan directamente a los pobres y las minorías raciales.

Al parecer, la naturaleza que vale la pena salvar o proteger no es “toda” la naturaleza ‒de la que las sociedades son una parte fundamental‒, sino solamente aquella naturaleza “salvaje” que se encuentra esterilizada de pobres, negros, campesinos, obreros, latinos e indios, con sus molestosas problemáticas sociales y laborales.

Todo ello refleja, pues, la construcción de una idea sesgada de naturaleza de clase, asociada a una pureza original contrapuesta a la ciudad, que simboliza la degradación. Así, para estos medioambientalistas, las ciudades son sucias, caóticas, oscuras, problemáticas y llena de pobres, obreros, latinos y negros, mientras que la naturaleza a proteger es prístina y apacible, el santuario imprescindible donde las clases pudientes, que disponen de tiempo y dinero para ello, pueden experimentar su autenticidad y superioridad.

En los países subalternos, las construcciones discursivas dominantes sobre la naturaleza y el medioambiente comparten ese carácter elitista y disociado de la problemática social, aunque incorporan otros tres componentes de clase y de relaciones de poder.

En primer lugar se encuentra el estado de auto-culpabilización ambiental. Eso quiere decir que la responsabilidad frente al calentamiento global la distribuyen de manera homogénea en el mundo. Por tanto, talar un árbol para sembrar alimentos tiene tanta incidencia en el cambio climático como instalar una usina atómica para generar electricidad. Y como en la mayoría de los países subalternos existe una apremiante necesidad de utilizar los recursos naturales para aumentar la producción alimenticia u obtener divisas a fin de acceder a tecnologías y superar las precarias condiciones de vida heredadas tras siglos de colonialidad, entonces, para estas corrientes ambientalistas, los mayores responsables del calentamiento global son estos países pobres que depredan la naturaleza. No importa que su contribución a la emisión de gases de efecto invernadero sea del 0,1% o que el impacto de los millones de coches y miles de fábricas de los países del norte afecte 50 o 100 veces más al cambio climático. Surge así una especie de naturalización de la acción anti-ecológica de la economía de los países ricos, de sus consumos y de su forma de vida cotidiana, que en realidad son las causantes históricas de las actuales catástrofes naturales. Dicha esquizofrenia ambiental llega a tales extremos, que se dice que la reciente sequía en la Amazonía es responsabilidad de unos cientos de campesinos e indígenas que habilitan sus parcelas familiares para cultivar productos alimenticios y no, por ejemplo, del incesante consumo de combustibles fósiles que en un 95% proviene de una veintena de países del norte, altamente industrializados.

La financiarización de la plusvalía medioambiental

Un segundo componente de esta construcción discursiva de clase es una especie de “financiarización medioambiental”. En los países capitalistas desarrollados ha surgido una economía de seguros, expansiva y altamente lucrativa, que protege a empresas, multinacionales, gobiernos y personas de posibles catástrofes ambientales. Así, el desastre ambiental ha devenido en un lucrativo y ascendente negocio de aseguradoras y reaseguradoras que protegen las inversiones de grandes empresas, no solo de crisis políticas, sino de cataclismos naturales mediante un mercado de “bonos catástrofe” [5] , volviendo al capital “resilente” al calentamiento global. Paralelamente a ello, en los países subalternos emerge un amplio mercado de empresas de transferencia de lo que hemos venido a denominar plusvalía medioambiental.

A través de algunas fundaciones y ONG, las grandes multinacionales del norte financian, en los países pobres, políticas de protección de bosques. Todo, a cambio de los Certificados de Emisión Reducida (CER) [6] que se cotizan en los mercados de carbono. De esta manera, por una tonelada de CO2 que se deja de emitir en un bosque de la Amazonía gracias a unos miles de dólares entregados a una ONG que impide su uso agrícola, una industria norteamericana o alemana de armas, autos o acero, que utiliza como fuente energética al carbón y emite gases de efecto invernadero, puede mantener inalterable su actividad productiva sin necesidad de cambiar de matriz energética o de reducir su emisión de gases ni mucho menos parar la producción de sus mercancías medioambientalmente depredadoras. En otras palabras, a cambio de 100.000 dólares invertidos en un alejado bosque del sur, la empresa puede ganar y ahorrar cientos de millones de dólares, manteniendo la lógica de consumo destructiva inalterada.

Así, hoy el capitalismo depreda la naturaleza y eleva las tasas de ganancia empresarial. Convierte la contaminación en un derecho negociable en la bolsa de valores. Hace de las catástrofes ambientales provocadas por la producción capitalista, una contingencia sujeta a un mercado de seguros. Y finalmente transforma la defensa de la ecología en los países del sur, en un redituable mercado de bonos de carbono concentrado por las grandes empresas y países contaminantes. En definitiva, el capitalismo esta subsumiendo de manera formal y real la naturaleza, tanto en su capacidad creativa, como el mismísimo proceso de su propia destrucción.

Por último, el colonialismo ambiental recoge de su alter ego del norte el divorcio entre naturaleza y sociedad, con una variante. Mientras que el ambientalismo dominante del norte propugna una contemplación de la naturaleza purificada de seres humanos ‒su política de exterminio de indígenas le permite ese exceso‒, el ambientalismo colonizado, por la fuerza de los hechos, se ve obligado a incorporar en este tipo de naturaleza idealizada, a los indígenas que inevitablemente habitan en los bosques. Pero no a cualquier indígena porque, para ellos, el que cultiva la tierra para vender en los mercados, el que reclama un colegio, hospital, carretera o los mismos derechos que cualquier citadino, no es un verdadero sino un falso indígena, un indígena a “medias”, en proceso de campesinización, de mestización; por tanto, un indígena “impuro”. Para el ambientalismo colonial, el indígena “verdadero” es un ser carente de necesidades sociales, casi camuflado con la naturaleza; ese indígena fósil de la postal de los turistas que vienen en busca de una supuesta “autenticidad”, olvidando que ella no es más que un producto de siglos de colonización y despojo de los pueblos del bosque.

En síntesis, no hay nada más intensamente político que la naturaleza, la gestión y los discursos que se tejen alrededor de ella. Lo lamentable es que en ese campo de fuerzas, las políticas dominantes sean, hasta ahora, simplemente las políticas de las clases dominantes. Por eso, aun son largos el camino y la lucha que permitan el surgimiento de una política medioambiental que, a tiempo de fusionar temáticas sociales y ecológicas, proyecte una mirada protectora de la naturaleza desde la perspectiva de las clases subalternas, en lo que alguna vez Marx denominó una acción metabólica mutuamente vivificante entre ser humano y naturaleza [7] .

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226695

 

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