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Bachelet defiende Reforma Educacional: «Queremos que la educación en Chile sea un derecho social»

Chile/11 agosto 2016/Fuente: 24 Horas

La Mandataria aseguró que en Chile el tema de cobertura y acceso a la educación ya está cubierto, pero que se necesita avanzar hacia la calidad, por lo que hacia ese tema apunta su administración.

La Presidenta Michelle Bachelet aclaró este martes que el propósito de la Reforma Educacional es reconocer la enseñanza como parte de los derechos de la sociedad, más allá de un bien de consumo.

«El meollo de la Reforma es decir que no queríamos seguir con una educación que fuera vista como un bien de consumo, que el que podía pagar tenía una educación de calidad y el que no recibía lo que le tocaba, sino decir que queremos que la educación en Chile sea un derecho social para todas y todos«. manifestó.

Asimismo, aseguró que en Chile el tema de cobertura y acceso ya está cubierto, pero que se necesita avanzar hacia una educación de calidad, por lo que hacia ese tema apunta su administración.

«Cobertura y acceso, si bien siempre podemos mejorar, no ha sido el tema fundamental de la educación en Chile. El problema central, entre otras cosas, es la gratuidad y ese es el foco que también hemos colocado en esta reforma«, dijo.

Los dichos de la Mandataria se produjeron durante el seminario de la Comisión Económica Para América Latina (Cepal) «Aprendizaje y Docencia en la Agenda de Educación 2030», donde la jefa de Estado habló sobre los propósitos de las reformas educacionales que impulsa el Gobierno.

Fuente: http://www.24horas.cl/politica/bachelet-defiende-reforma-educacional-queremos-que-la-educacion-en-chile-sea-un-derecho-social-2099217

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Invectiva contra el barroco pedagógico

 Por Gustavo Espinosa

Revista Hemiferio Izquierdo/ N°4: Educación

I- La educación como síndrome

Al parecer, la educación pública uruguaya en su situación actual, sólo puede ser referida mediante la elegía o la invectiva. Esto es: mediante discursos disfóricos donde sólo hay lugar para la catarsis, para el desborde expresivo de la nostalgia o de la ira. Ni siquiera la jerga de los burócratas que gestionan la demolición incesante logra bosquejar, sustentada en indicadores, guarismos y demagogia, un entusiasmo verosímil.

Desde hace años, el modo de devenir de la enseñanza pública, su aparición en el mundo, en el espacio público y privado (permeados ambos por la crispación bullanguera de los medios) es el de un síndrome. Propongo una enumeración incompleta y discrecional de esta sintomatología estrafalaria:

  • En primaria, hoy los niños demoran un día más la tarea de alfabetizarse para salir disfrazados de riñón, y así performar su adhesión institucional a la jornada universal de la lucha contra las enfermedades renales. Mañana se ataviarán de ballena franca o de aerosol según la efemérides que imponga el calendario provisto por el buenismo transnacional (1).

  • En secundaria, ciertos profesores de filosofía leen, y hacen que sus alumnos lean, a Gabriel Rolón y a Pilar Sordo.

  • En la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación se ofrece una Licenciatura en Turismo.

  • En marzo de 2014 comenzó a circular un documento titulado “EDUCACION PRIORIDAD DE PAIS: APORTES A LA CONSTRUCCIÓN DE UNA EDUCACION GENUINAMENTE INCLUSIVA” (2) (sic). Estaba firmado por el Magister Renato Opertti, el Magister Martín Pasturino, ex Secretario Técnico del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (Anep) y ex consejero de Educación Secundaria, y el Doctor Fernando Filgueira, efímero Subsecrtetario de Educación y Cultura, encargado de capitanear la abortada maniobra de trasplante del ácido desoxirribonucleico de la educación nacional. El documento contenía el programa preliminar de aquella operación heroica. Contenía también, como lo adelanta la errática distribución de tildes en las mayúsculas del título, tantos errores de ortografía y frangollos de sintaxis y edición como podría haber cometido uno de tantos liceales de los que los autores del documento pretendían incluir (que no alfabetizar).

Ante estas situaciones, y ante la tarea de identificar y describir un escenario o un diseño que preste sentido a su coexistencia, es comprensible que muchas de nuestras intervenciones no puedan trascender el quejido o imprecación. La posibilidad de transformar la melancolía o la furia en un desmontaje crítico, y -sobre todo- en una acción política relevante parecen obturadas. Es verdad que se ha analizado y denunciado de modo abundante y preciso que el hundimiento de la educación uruguaya (cuya sima sólo es posible imaginar en términos de decoración posapocalíptica) es la realización local de una especie de distopía global que viene funcionando desde hace décadas según ciertas políticas formuladas -y retocadas cada tanto- por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la European Round Table of Industrialists. Se ha dicho que el núcleo simplificado de este menú de políticas educativas, que se suele referir como reformismo, es la reconversión del campo educativo -sus lenguajes, sus prácticas, sus objetivos- en mercado educativo, o (cuando esa transformación no puede llevarse a cabo de un modo radical) en un aparato auxiliar que facilite el funcionamiento del mercado, que lubrique la lógica del capital. Sin embargo, a pesar de todo lo que se ha gritado y se ha escrito (3), el reformismo y sus mutaciones viene siendo sostenido por gobiernos neoliberales y posneoliberales: lo instaló la prepotencia intratable de Germán Rama durante el segundo gobierno de Sanguinetti, prosiguió durante la complicada serie de desastres que presidió Jorge Batlle, y ha seguido traqueteando en los períodos frenteamplistas. Esta continuidad ha generado inercias, ha consolidado una especie de sentido común, ha instalado una retórica y ha reclutado gestores. Estos (cooptados, seducidos, sobornados o -cuesta creerlo- genuinamente comprometidos con el discurso pospolítico) se han mostrado refractarios a todo crítica de los fundamentos del proyecto.

Por otro lado, los sujetos colectivos de los cuales podría esperarse una resistencia (un antagonismo sin consensos como se anunció alguna vez) no han podido articularla o sostenerla. Los sindicatos docentes han sido desgastados por la necesidad de llevar adelante la representación de un gremio material y simbólicamente miserabilizado. La urgencia de las reivindicaciones laborales (salario, condiciones de trabajo), la declinación de la formación profesional, y también la energía prodigada en la resolución de trabajosos antagonismos internos han menoscabado, en un plano intelectual y político, la confrontación del régimen reformista por parte los de docentes sindicalizados. Haber accedido a una representación minoritaria, testimonial e inoperante (pero también legitimadora) en los consejos de la ANEP puede leerse como un gesto de resignación al statu quo reformista, con la modesta esperanza de atenuarlo. Esta actitud reproduce la de los gobernantes de la izquierda progresista posneoliberal ante la fatalidad del capitalismo: la educación saqueada de su autonomía suele funcionar como continuidad y metonimia de la política que la diseña y la contiene.

II-Éste es el culo

Entre tanto el aparato educativo continúa ramificándose como un organismo arborescente, obeso y estéril. Prolifera en decenas de programas focalizados, planes pilotos, proyectos especiales. Se legitima en una jerga bizantina de siglas, eufemismos y tecnicismos de la sociología o el marketing. Actualiza a su personal (docente y administrativo) mediante miles de horas de cursillos y teleconferencias que corren detrás del vértigo de la obsolesencia didáctica programada. Distribuye manuales amigables y tablets. Se extiende en redes y plataformas. Ensaya, de modo siempre expresamente provisional, diseños curriculares paralelos adecuados a cada recorte territorial. Dispensa empleo a gerentes, coordinadores, animadores, tutores, referentes, inspectores, psicoanalistas, asistentes sociales, educadores sociales, coachs, y, por fin, a miles de maestros y profesores.

El modo de ser de la educación es barroco.

El término barroco, como se sabe, no sólo designa un período y una modalidad artística y literaria del S. XVII, sino también califica a cualquier obra sobrecargada y antitética, sea cual fuere la época en que emerge. Tempranamente (como ocurrió luego con el adjetivo romántico) tuvo un uso peyorativo para describir el desequilibrio, la desmesura irracional, lo incomprensiblemente fatuo. Es este uso el que pretendo actualizar aquí.

Don Francisco de Quevedo, en un soneto destinado a ofender a su odiado colega Don Luis de Góngora (uno y otro son los más grandes poetas de nuestra lengua), muestra y define este concepto de lo barroco. Este es el comienzo del poema:

Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisfero
zona divide en término italiano; (4)

Los ocho versos siguientes continúan entretejiendo un galimatías altisonante, que resultaba más hermético en aquellos tiempos, pues las palabras acumuladas son en su mayoría cultismos que tardarían en incorporarse con cierta naturalidad al castellano. La sorpresa llega, como suele ocurrir, en el remate de las dos líneas finales:

 éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

Quevedo caricaturiza un procedimiento, típicamente barroco, de la escritura, que atribuye a su enemigo y que él también practicaba. Se trata de una hipertrofia del significante para representar un significado trivial; la poesía se rebusca y se tuerce, sólo para designar algo desproporcionadamente prosaico. Hay una inflación de la forma.

Lo que ocurre en la educación es esto mismo. La inclusión como objetivo principal y, por lo tanto, la desafiliación (palabra civil que ha venido a suplantar a la castrense deserción) como adversario vitando, determinan que la sobreabundancia sea, como se ha dicho, el rasgo que mejor resume y define la identidad de la enseñanza. Así, para extenderse se descentraliza y particulariza intentando adaptarse a cada microcontexto, y aún al lenguaje y al deseo de cada educando. Se sabe, sin embargo, que ese sistema sin centro, esa máquina proteica motorizada por la personalización, es inútil. Cualquier ciudadano, lo quiera o no, puede comprobar que cualquier alumno de cualquier subsistema aprende muchísimo menos de lo esperado. Y aún más allá de esas impresiones vulgarizadas, cuando llega la hora de las evaluaciones realizadas según los estándares del propio paradigma reformista, se cuantifica el desastre, y los resultados circulan espectacularizados con deleite por la prensa opositora. El hecho de que el aparato pedagógico uruguayo resulte ineficaz ante mediciones realizadas según criterios instituidos por su propio modelo, sugiere que ese modelo (por indeseable que sea) tampoco se aplica con idoneidad.

Lo barroco (sobrecarga y pompa formal, deficiencia de contenidos) también se verifica en otro aspecto esencial: un objetivo pedagógico -y su aplicación- que puede sintetizarse en “aprender a aprender”. Este axioma sostiene una manera intransitiva de enseñar. Lo que se propone, entonces, es la abolición del objeto del aprender. Esta concepción ya ha sido deplorada en España por los críticos de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), que desde 1990 se ha convertido en buque insignia del reformismo global:

“Una de las ideas más falaces que se plantean los pedagogos es la de si, a la hora de educar, son más importantes los contenidos que la formación. Es tan falaz como preguntarse si para fabricar un cañón se ha de comenzar por el agujero o mejor por el hierro que rodea el agujero. Forma y contenido, como la cara o cruz de una moneda, son cosas conceptualmente distintas, pero no pueden hacerse realidad por separado, igual que no puede ordenarse una habitación completamente vacía. (…) Siempre que se razona de ese modo, sale alguien diciendo, como quien dice algo muy original, que entonces no se ha de enseñar filosofía, sino enseñar a filosofar. Craso error. No se puede filosofar si no se conoce lo que se ha filosofado antes. Ni se puede ni se debe” (5).

Esta construcción ideológica, el aprender a aprender, que termina trivializándose como moda, es auspiciada por spónsors transnacionales que durante los años 1990 devolvieron fugazmente a España su jerarquía de metrópolis cultural: ciertos docentes no se refieren a tal o cual vademecum o breviario didáctico por su título o por el nombre de su autor, sino por la grifa editorial (Vicens- Vives, Santillana).

Ese vaciamiento barroco de los contenidos -que se expresa en lo formal como horror vacui – suele fundamentarse en el siguiente argumento: el carácter inestable del mundo, el vértigo del progreso científico tecnológico, las veleidades del mercado, convierten rápida y fatalmente a todo contenido curricular rígido en algo obsoleto. La educación, entonces, debe pensarse como continuidad maleable de la inestabilidad del mundo.

III-Suspensión de la continuidad

Las formas institucionalizadas de la cultura -la educación principalmente- suelen funcionar como negación (o al menos como pausa, como suspensión) de las formas no institucionalizadas de la cultura. La enseñanza formal debe proponer una detención, un hiato de desautomatización respecto de las rutinas de la existencia, permitir que el educando comience a distanciarse de ellas, las complejice, se apropie de ellas y, como sujeto, sea capaz de transformarlas.

En otros tiempos, en las emergencias históricas, en las instancias fundantes, la educación ha funcionado como instrumento político de interrupción de las hegemonías naturalizadas (y la situación actual reclama un gesto fundacional, como pareció anunciarse, sin que nadie lo creyese, mediante la metáfora del ADN). Ha ocurrido, a veces, que los grupos dominantes necesitan arrasar con lo dado, subvertir radicalmente una cultura para desarrollar instituciones o formas de producción que les permitan ejercer su dominio o aumentar su beneficio. Sostienen Marrero y Siola: “En este cuadro [el desarrollo del capitalismo] la alfabetización formal se transformó en una necesidad social para el nuevo modo de producción, la escolarización primaria en un requisito económico, mediante el cual era posible aumentar la productividad del trabajo asalariado y la ganancia del propio capital” (6). Sin embargo, es sabido que estos aparatos reproductivos del poder, pueden ser transformados, mediante conflictivos procesos emancipatorios o autonomistas, en instrumentos de crítica y de resistencia del poder. Es el caso de nuestra reforma primordial (la vareliana de la segunda mitad del S. XIX).

En un artículo de 1865, José Pedro Varela manifestaba claramente la radicalidad de su proyecto contra uno de los dioses de su tiempo, el determinismo geográfico, y contra el gaucho, ídolo instituido por una nacionalidad vacilante y en ciernes :

“Indudablemente la espléndida naturaleza de la América, sus gigantescas montañas, sus dilatadas campiñas, sus ríos y sus bosques influyen poderosamente en el ánimo de sus habitantes.

Las ideas de libertad y de poder nacen fácilmente en el hombre al contemplar esas inmensas soledades en la que es dueño y señor su voluntad, y donde nada hay que ponga una traba a su albedrío (…)

Pero, si por medio de escuelas esparcidas profusamente en nuestra campaña, se diera alguna ilustración a nuestros gauchos, sus necesidades acrecerían y con ellas la necesidad de trabajar; y si por medio de premios otorgados a la laboriosidad y a la honradez, se dignificara el trabajo, las absurdas ideas que hoy abrigan desaparecerían de su mente, y con ellas, quizá su funesta ociosidad.

No necesitamos poblaciones excesivas; lo que necesitamos es poblaciones ilustradas.

El día en que nuestros gauchos supieran leer y escribir, supieran pensar, nuestras convulsiones políticas desaparecerían quizá” (7).

La reforma educativa se proponía entonces como una operación de tabula rasa, cuyo objetivo era promover de un modo insólito -la modalidad reclamada por Rancière para la irrupción de lo político- al ciudadano ilustrado como sujeto.

Aquella intervención reformadora (diferente de las intervenciones reformistas de hoy) nos recuerda que hubo un tiempo en que se podía anunciar sin que nadie se escandalizara que el propósito de la educación -al menos el de la educación primaria y secundaria- es transmitir un repertorio de verdades. Y ese propósito no admite -para decirlo en términos de Badiou -“el consentimiento indolente a las propuestas del mundo” (8). Hoy, en cambio, los mentores y aplicadores del reformismo embanderados con la consigna de educar para la vida, no conciben la educación como una ruptura, sino como una prolongación blanda de su propio afuera. La vida parece ser concebida como un a priori inmutable, una especie de emanación metafísica de la mente de Dios. Pero la vida, según se sabe, es hoy la demanda mutante del mercado, la diversión, la oralidad electrónica de la era virtual, el hiperconsumo. Cada uno de estos componentes del tardocapitalismo global -y la interacción entre ellos- constituye y determina la existencia, que parece arreglárselas para ocurrir ciegamente, sin sentido ni historia, “por medio de una baratura general de conectividad y entretenimiento” (9), sin requerir la interrupción crítica de la educación.

Si la educación sigue siendo concebida como una extensión complaciente de este escenario, si se resigna al flujo de la opinión o el deseo y renuncia a la fijeza de la verdad, si sólo pretende ser adiestramiento softpara lo que hay, entonces hay que concluir que los responsables políticos de la educación son incapaces de querer otra cosa que gestionar un mundo de zombies competentes.

 Notas

1) “…la guía [Vestidos en el aula. Guía educativa sobre diversidad afectivo sexual] plantea otro juego para el aula, en el cual durante un día de clase los varones hagan de niñas y las niñas de varones (…) también invita a los alumnos a escuchar y leer la letra de la canción ‘A quien le importa’…” Búsqueda, Jueves 30 de junio de 2016, Pag.17

2) http://www.espectador.com/documentos/Educacion.pdf

3) Para una caracterización y crítica de estos modelos educativos, ver: «Prohibido pensar. Revista de ensayos», N° 7 Montevideo, octubre de 2015. También las Asambleas Técnico Docentes del Consejo de Educación Secundaria tienen abundante producción sobre el tema, aunque su circulación es restringida. Ver: http://blogs.montevideo.com.uy/blognoticia_51482_1.html

 4) «Contra Don Luis de Góngora y su poesía»:http://www.uruguayeduca.edu.uy/Userfiles/P0001%5CFile%5CContra%20Don%20Luis%20de%20G%C3%B3ngora..pdf

 5) Moreno Castillo, Ricardo: «Panfleto antipedagógico», http://www.ugr.es/~fjperez/textos/Panfleto_Antipedagogico_RMoreno.pdf

 6) Marrero, Nicolás- Siola, Lucía: “La crisis del capitalismo en la educación: un análisis crítico” en Prohibido pensar. Revista de ensayos, Op cit

7) Varela, José Pedro: «Los gauchos». www.geocities.ws/rtizzi/doc/varela_gauchos.doc

8) Badiou, Alain: «Segundo manifiesto por la filosofía», Buenos Aires, Manantial, 2010

9) Mazzucchelli, Aldo (editor) «Humanidades Milenio 3», Montevideo, H Editores, 2016

Tomado de: http://www.hemisferioizquierdo.uy/#!Invectiva-contra-el-barroco-pedag%C3%B3gico/nnsaa/57966c9d0cf2e808b09b1059
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Educación: potenciando la innovación en los alumnos de secundaria en Perú

Perú/11 agosto 2016/Fuente: Publimetro

Hallar una oportunidad de negocio no les valdrá una buena nota a fin de año. Sin embargo, sí los preparará para los retos que vienen después del colegio.

Ese es el objetivo central del programa Aprendiendo a Emprender del Centro de Innovación y Desarrollo Emprendedor de la Pontificia Universidad Católica del Perú (CIDE-PUCP).

Este programa busca dotar de herramientas a los estudiantes para que puedan desarrollar su potencial emprendedor.

“Buscamos que los escolares conviertan los problemas de sus comunidades en oportunidades de negocio. Para ello, lo primero que hacemos es desarrollar sus habilidades blandas como liderazgo, inteligencia emocional y tolerancia al fracaso”, explica Luis Pacherres, coordinador del programa.

“Luego añadimos a su formación procesos metodológicos para que ellos mismos validen sus proyectos”, añade el experto.

La iniciativa busca que la visión emprendedora se instale en todo el ecosistema del alumno. Así, los docentes capacitados por la PUCP llevarán también los conocimientos a los padres, para que puedan acompañar a sus hijos en este proceso.

Aprendiendo a Emprender funciona con colegios públicos y privados a nivel nacional. Las escuelas de secundaria que deseen participar pueden inscribirse en www.pucp.edu.pe/lk2E55 hasta el 15 de setiembre.

Para más información, escribir a cide@pucp.edu. pe.

Proyecto del 2015

BuPet es una aplicación desarrollada en el marco de este programa por chicas del colegio Santa Rita de Casia. Es una comunidad para ayudar a buscar mascotas perdidas y permite mostrar sitios de adopción. Además, ofrece información de petshops, veterinarias y eventos ligados a los animales.

Fuente: http://publimetro.pe/actualidad/noticia-educacion-potenciando-innovacion-alumnos-secundaria-49049

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Colombia: Comité Departamental de Convivencia busca priorizar los derechos humanos

Colombia/11 agosto 2016/Funete: La Opinión

No basta solo entregar alimentación, es importante solucionar integralmente los problemas de los estudiante y familias, según la Gobernación.

Educar para el respeto de los derechos y promover la protección de los estudiantes dentro de las escuelas fueron algunas de las directrices definidas en el Comité Departamental de Convivencia Escolar, efectuado en la Gobernación.

En el encuentro, al que asistieron representantes de los docentes de la región, delegados de la Gobernación y otras instituciones, se insistió en la urgencia de lograr que los estudiantes tengan un goce efectivo de sus derechos, y no solo de sus necesidades básicas insatisfechas.

En este sentido, la Secretaría de Gobierno señaló que no basta, por ejemplo, con entregar alimentación escolar si no se solucionan integralmente los problemas escolares y de las familias, los cuales favorecen la vulneración y el matoneo.

Se agregó que el derecho a la educación implica más que enseñar y aprender, o imponer premios y castigos, sino que se debe procurar que los elementos normativos faciliten la vida en comunidad y la convivencia.

Así mismo, se pidió evaluar las situaciones de matoneo y maltrato que se presentan en las instituciones, para determinar resposabilidades y evaluar las circunstancias que hacen más vulnerable a un niño de ser objeto de ataques escolares.

Se enfatizó además en promover la igualdad real y efectiva, y en entender  que las decisiones que se tomen en los colegios deben favorecer que, quienes no están condiciones de igualdad, la  logren.

Aunque en la reunión se habló de la polémica por la diversidad sexual, también se hizo referencia a los casos de discriminación religiosa, o discapacidad cognitiva y física, y las barreras históricas que aún se deben romper para que los estudiantes en estas condiciones tengan accceso a una educación incluyente, diversa y en la que prime el respeto a la diferencia.

Fuente: http://www.laopinion.com.co/region/comite-departamental-de-convivencia-busca-priorizar-los-derechos-humanos-116737#ATHS

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Argentina: El Estado comprará menos libros y hay preocupación en la industria

Argentina/11 agosto 2016/Fuente: El Clarín

Para las escuelas.«Se han repartido muchos libros pero se ha leído poco», explicó Max Gulmanelli, secretario de Gestión Educativa. No adquirirán literatura, sí textos de estudio.

Este año el Ministerio de Educación comprará menos libros para distribuir en las escuelas públicas del país. Desde esa cartera confirmaron que, a diferencia de lo que ocurrió en 2015, no se lanzará una licitación para comprar literatura infantil y juvenil, un material complementario que en años anteriores fue a las escuelas. «Visitando establecimientos de todo el país, notamos que se han repartido muchos libros, pero se ha leído poco de ese material. En las bibliotecas de muchas escuelas vimos las colecciones aún envueltas en papel de celofán», argumentó el secretario de Gestión Educativa de la Nación, Max Gulmanelli.

Tampoco se lanzó una convocatoria para comprar libros de texto en el nivel secundario, algo que había ocurrido el año pasado por primera vez. Hasta hoy está en marcha un proceso de selección de libros de texto para escuelas primarias, que se distribuirán en 2017. «Se va a comprar una cantidad mayor de libros de texto para primarias a la que se compró el año pasado, acompañando las necesidades de la matrícula, unos 3,6 millones de ejemplares», dijo Gulmanelli.

Según un informe de la consultora PROMAGE, que desarrolla el Observatorio de la Industria Editorial, el año pasado Educación compró 3.350.000 libros de texto para repartir en las primarias. Si la compra que confirmó Gulmanelli es la única del Ministerio de Educación para escuelas este año (por ahora es el único proceso de selección y licitación en marcha), 2016 cerrará con la menor compra de libros para repartir en escuelas de los últimos cinco años. El año pasado, sumando distintos niveles y las colecciones de literatura, Educación hizo una adquisición fuerte: 8,3 millones de ejemplares. Esta política también estimuló a la industria editorial. Los críticos señalan que el desembolso también pudo tener como fin mejorar el clima en un año electoral.

Ante la consulta de este diario, el secretario de Gestión Educativa dijo que el panorama actual no tiene que ver con un recorte presupuestario. «Se van a cubrir las necesidades de los alumnos. Las compras para el nivel secundario de libros de texto no fueron una conducta habitual del Ministerio», aclaró. En la gestión anterior, dijo, «se puso el eje en una parte del proceso, en la compra y distribución de libros», señaló Gulmanelli. «Entiendo que ahora tenemos una oportunidad en lograr que se lea todo lo que se compró».

En ese sentido, aseguró que se pondrá energía en mejorar la lectocomprensión de los chicos -uno de los puntos débiles que marcan los estudios de calidad educativa-, con un trabajo que incluirá fortalecer con nuevos lineamientos el Plan Nacional de Lectura -cuyos agentes, en su mayoría han cambiado- y una mayor vinculación con la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), que depende del Ministerio de Cultura. «Queremos que haya promotores comunitarios de la lectura, desarrollar estrategias de lectura con la familia y que haya facilitadores de lectura que puedan visitar las casas», adelantó.

En la industria editorial, sin embargo, hay preocupación. Consultado por Clarín, el presidente de la Comisión de Educación de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), Dante Villalba, expresó: «Hemos pedido una reunión con el ministro Esteban Bullrich, ya que aún no se ha concretado la compra de textos de este año». Villalba profundizó: «En las dos ultimas décadas pasamos, en las escuelas, de un cuarto de libro per cápita por alumno a un libro y medio, mientras que en el mundo desarrollado y de los países emergentes los chicos disponen de cinco a siete libros para poder estudiar. Esperemos que esa cifra no retroceda».

En las editoriales independientes que trabajan en el rubro de la literatura juvenil e infantil está la mayor inquietud. En los últimos años el respaldo de las compras estatales les permitió crecer y mejorar su catálogo. «Los libros nuevos, además de estimular a los chicos en las escuelas, generaron más movimiento entre autores e ilustradores», describió la histórica editora Gloria Rodrigué, de La Brujita de Papel y Edhasa.

En otras palabras, un escenario que se combina con una baja de las ventas en librerías en los últimos meses podría desacelerar la actividad del sector, incluyendo a las imprentas. Lo explica Raquel Franco, directora de la editorial Pequeño Editor, que en 2015 fue elegida la mejor editorial de América en la feria infantil de Bolonia: “Menos compras exigen a las editoriales chicas y medianas un trabajo más delicado y cuidadoso, con reducción en cantidad de títulos y reimpresiones”.

Datos: millones y polémica

Las compras de libros que el Ministerio de Educación de la Nación realizó para repartir en las escuelas públicas fue una de las políticas más promocionadas por el kirchnerismo, pero las licitaciones tuvieron cantidades oscilantes y no estuvieron exentas de polémicas. El año récord fue 2013: se compraron 13,3 millones de libros, incluyendo 11 millones de ejemplares de literatura infantil y juvenil, según datos de PROMAGE. A las escuelas públicas, sumando primaria y secundaria, asisten unos 6 millones de alumnos. En 2013, Clarín publicó una nota reflejando las quejas de editores que, en off the récord, se habían quejado de un «manejo discrecional de los fondos» para beneficiar a algunas editoriales en particular. Antes, en 2011, Educación había comprado 5,8 millones de ejemplares para las escuelas. Al año siguiente, el número cayó a 4,4 millones. Luego, 2013, el récord antes mencionado. En 2014, la compra alcanzó 9,4 millones de libros y un año después, 8,3 millones.

Fuente: http://www.clarin.com/cultura/comprara-libros-preocupacion-industria_0_1627637336.html

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«Volver a las preguntas pedagógicas»: entrevista a Limber Santos

Revista Hemisferio Izquierdo/N°4: Educación

 Hemisferio Izquierdo (HI): En la actualidad, son recurrentes los discursos que sostienen que nuestra educación pública está en «crisis». ¿Cómo caracterizarías la situación actual de la educación pública uruguaya? ¿cuáles son sus principales problemáticas y a qué responden?

 Limber Santos (LS): Decir que la educación está en crisis no es decir mucho. Implica remitirse a un discurso fácil transformado ya en lugar común. No sirve como descripción de lo que nos pasa y tampoco como postura política relevante. Sin embargo, su repetición hasta el hartazgo configura en sí mismo un hecho político, por cuanto satura las conciencias presentándose como un discurso actual que se refiere a una especie de singularidad de estos tiempos. Hay evidencias documentales suficientes que indican que la percepción de que la educación está en crisis se ha producido en todas las épocas. Parece algo más atado a la naturaleza de la educación que a las circunstancias mismas. Incluso podríamos decir que está más relacionado con una necesidad política: la educación siempre tiene que ser objeto de disconformidad, de insuficiencia y de obsolescencia. Tener ese nivel de exigencia respecto a la educación, sus propuestas y sus efectos es, en este sentido, una posición deseable. Por lo tanto, utilizar la “educación en crisis” para sacar rédito político o para sentir que allí hay un acto de injusticia, tiene una relevancia relativa. El verdadero desafío es comenzar a trascender ese discurso, algo que no suele ocurrir muy seguido en estos tiempos.

Lo que no se ha producido en todas las épocas es el actual nivel del debate público sobre educación. La agenda está actualmente demasiado exenta de pedagogía. Las pretensiones inmediatistas, la exposición exclusiva de datos cuantitativos y el tratamiento de problemas puntuales se llevan toda la atención, sin que el discurso pedagógico tenga oportunidad alguna. Y no sería nada del otro mundo. Incorporar discurso pedagógico a las discusiones sobre educación implica volver a intentar responder a las preguntas clásicas de la pedagogía: ¿qué instituciones educativas queremos? ¿qué ser humano formar? ¿para qué sociedad? y, parafraseando a Reina Reyes, ¿para qué futuro? Las diferentes respuestas a estas y otras preguntas, configuran diferentes posturas pedagógicas que se disputan un campo con fuerte especificidad en cuanto al conocimiento que allí se produce. Las respuestas varían pero las preguntas son siempre las mismas. En la actualidad, sin embargo, parece que ese tipo de preguntas han pasado de moda. Muchos discursos políticos y técnicos las desestiman de antemano por considerarlas conducentes a una palabrería filosófica poco conectada con la realidad. Parece que ya pasó el tiempo de las preguntas pedagógicas y que se trata de cuestiones ya resueltas hace rato. Se trata de un gran error.

Lo peor no es la naturalización del discurso sobre la crisis de la educación. Lo complicado es que quienes, sin mayor esfuerzo intelectual, se apropian de ese discurso, lo hacen remitiéndose a la crisis de la educación pública. En ese momento, el discurso fácil e inoperante se transforma en un arma poderosa. La clase política y la prensa agradecidas.

Todo esto no nos libera de la responsabilidad de señalar los problemas de la educación pública ni nos habilita a ostentar una especie de negación de la realidad. La educación toda refleja los problemas de los tiempos y circunstancias actuales. Su carácter no es uniforme y presenta contradicciones, puntos altos y bajos, aspectos resaltables y otros a ser resueltos. Podemos ser incluso, muy críticos con algunos de sus problemas, siempre y cuando nos posicionemos desde un lugar irrenunciable: la defensa de la educación pública. También éste para muchos parece ser una postura de otra época. Y sin embargo, no es menor reafirmar ese lugar desde donde construir pensamiento colectivo. Tirarle piedras a la educación pública ubicándose en una especie de vereda de enfrente es una postura política muy definida: permite hablar desde una exterioridad, sobre algo de lo que no me siento parte y, en el extremo de los casos, sobre lo que quiero debilitar.

Quizá uno de los mayores problemas de la educación pública en la actualidad tiene que ver con las miradas que ejercemos sobre ella. El problema está en el concepto de lo público y sus implicancias. Considerar que todos estamos involucrados, en la responsabilidad compartida de los problemas y también de las soluciones, sería un paso importante, no suficiente pero muy necesario. Y tratándose de educación pública y educación para todos, el gran desafío actual es lidiar con la tensión entre las propuestas comunes –iguales para todos- y las propuestas específicas –particulares para algunos-. Hace ya varios años que las evidencias sobre las insuficiencias de propuestas educativas uniformes son muy claras. Con la misma propuesta se llega a unos y a otros no, resulta para una media imaginaria pero no para los casos concretos de carne y hueso que se alejan en mayor o medida, de esa media. Renunciar a la consideración de destinatarios homogéneos y a la uniformidad de las propuestas educativas, es algo que se produce tanto a nivel de políticas educativas y planes curriculares como a nivel de gestión institucional y prácticas áulicas de enseñanza. La fantasía de la homogeneidad de los grupos que aprenden y de la uniformidad de las prácticas de enseñanza, es imposible de desconocer.

Es una tensión con muchos riesgos. El más peligroso es el que desemboca en políticas focalizadas que terminen en escuelas para ricos y escuelas para pobres. Muchas consideraciones acerca del determinismo de las condiciones sociales y el contexto sobre la escuela y sus resultados, no han terminado bien. Reincorporar la mirada pedagógica en el debate supone también resolver esta tensión que, aunque no desparezca nunca, debe garantizar las mismas oportunidades de educación de calidad para todos, aunque con medios, modalidades y manifestaciones diferentes. La pedagogía del entrevero y el menú de posibilidades deben formar parte de la oferta pública de educación.

Los problemas de la educación pública son nuestros problemas. Las decisiones por acción o por omisión que adoptemos serán de nuestra responsabilidad colectiva como sociedad. No vale hablar desde afuera, a menos que efectivamente alguien esté afuera y no crea en el valor de lo público. Un acto de sinceramiento de su parte vendría bien para saber contra quiénes estamos luchando.

HI: Hay quienes sostienen que uno de los efectos más nocivos de la dictadura militar fue el de operar «fracturas en la memoria» (Viñar y Ulriksen), que en diferentes planos quebraron el vínculo de las nuevas generaciones y los procesos sociales post-dictadura, respecto a muchos procesos sociales, políticos, culturales previos a la misma. En la educación, esta «fractura de la memoria» parece haberse visto potenciada por una transformación regresiva del lugar asignado al magisterio nacional en el debate y la política educativa del Uruguay. La combinación de ambos procesos produce un panorama donde el rico legado pedagógico nacional (expresado en autores, ideas, experiencias) ha quedado invisibilizado y sustituido por un reflejo tecnocrático a copiar recetas producidas por organismos internacionales. En esta perspectiva, el lugar del magisterio ha pasado de ser el del sujeto principal de la creación teórica y programática de la educación nacional, a ser considerado un técnico ejecutor de procedimientos didácticos, para cuya actualización permanente debe estar preparado. ¿Qué piensas de este diagnóstico? ¿Qué legados de la historia pedagógica nacional resultan importantes para pensar soluciones a nuestros problemas educativos del presente?

LS: La dictadura produjo una fractura de la memoria respecto a un legado pedagógico específico, construido a mediados del siglo XX. Es de gran utilidad pensar en el paquete de producción intelectual denominado “pedagogía rural uruguaya”, elaborado en términos teóricos y prácticos, entre 1933 y 1961. Si bien deriva de lo que Miguel Soler denomina el “movimiento en favor de la educación rural”, sus efectos y alcances han ido mucho más allá de la escuela rural. Ubicamos en ese movimiento a figuras del calibre de Agustín Ferreiro, Julio Castro, Abner Prada, Enrique Brayer, Homero Grillo y, en una línea lateral, Jesualdo Sosa, entre otros muchos. Se podría decir que allí se sintetiza la pedagogía nacional del siglo XX que la podríamos completar con los dilatados efectos de las obras pedagógicas de Carlos Vaz Ferreira, Clemente Estable, Pedro Figari, Reina Reyes, entre otros tantos.

La pedagogía uruguaya del siglo XX tiene varios elementos de interés para pensar los problemas de la educación de hoy. Y no me refiero a la percepción frecuentemente referenciada acerca de la validez o vigencia de aquellos textos.

Aunque esa vigencia, producto de la lucidez de sus autores, pueda ser tal en muchos casos, no me parece que debamos remitirnos a los trabajos de la década del 40 como descripción y análisis de la realidad actual. Como todo texto pedagógico nos aporta categorías de análisis y prescripciones del orden del deber ser que, con sus posibles y diversas lecturas actualizadas, pueden ser pensables en cualquier tiempo. Pero son textos que hay que leerlos teniendo en cuenta su contexto de producción y las circunstancias propias de la época. Solo así los comprenderemos cabalmente.

Se trata de textos que no inventan una pedagogía desde la nada. Se basan necesariamente en una serie de postulados universales, la mayor parte de los cuales son de corte escolanovista. Pero en este aspecto está precisamente, el primer elemento singular de interés. Aún cuando las prescripciones de enseñanza que plantean Jesualdo o Ferreiro claramente provienen de los principios de la Escuela Nueva, ninguno de ellos se reconoce a sí mismo escolanovista. Aunque lo son en el fondo, apelan a un llamado para la construcción de algo propio. Y ese era un llamado a los maestros. Toda la pedagogía de mitad del siglo XX se construyó a partir de la producción intelectual y de experiencias de los maestros en actividad. Y la apuesta de Jesualdo y de Ferreiro, desde posiciones políticas diferentes, confluía en esa fuerte convicción basada en la capacidad de los maestros de construir pedagogía. Nada menos.

En los textos de Agustín Ferreiro se expresa que había que leer a todos los autores, pero no imitarlos servilmente. Y se refiere ya en los años 30 a la impronta meramente prescriptiva de la enseñanza, como una aplicación metodológica. Apela a no copiar métodos que en manos de su creador pueden ser maravillosos pero en manos de sus imitadores pueden ser pésimos.

Esa percepción terminaba involucrando a toda la sociedad, por cuanto los maestros devenidos en pedagogos asumían un lugar relevante en los debates sobre educación. Ese debate, por lo tanto, dado en la prensa o a nivel de la opinión pública, no podía prescindir de la figura del maestro que reflexionaba sobre educación.

Esa percepción comienza a resquebrajarse una década antes de la dictadura. La mirada pedagógica sobre los temas educativos, ejercida por los docentes, comienza a ser sustituida paulatinamente por las miradas de sociólogos y economistas. El desarrollismo de los años 60 y la necesidad de generar grandes planes nacionales, comienza a hacer desconfiar de la mirada idiográfica, singular y cualitativa de los maestros dando cuenta de su realidad. Y estas lecturas puntuales de la vida cotidiana, de alta sensibilidad a los acontecimientos próximos, comienzan a ser abandonadas en la toma de decisiones políticas.

La dictadura termina un trabajo que ya se venía produciendo y opera como fractura de la memoria, provocando una amnesia colectiva de enorme poder. Aunque los maestros rurales recuperan una línea de trabajo luego de la dictadura y mantienen una impronta propia todavía hoy, las decisiones de política educativa ya no los tomarían en cuenta como antes.

Los tiempos actuales son producto de esa fractura. Teniendo en cuenta los procesos de larga duración que estuvieron involucrados en la construcción de la pedagogía uruguaya del siglo XX, la recuperación puede ser lenta, trabajosa y contradictoria. En el medio, las recetas metodológicas y los paquetes didácticos pululan sin darnos cuenta. O nos daríamos cuenta si hubiese más pedagogía en nuestras discusiones sobre educación. Porque la falta de reflexión pedagógica contribuye a exacerbar la idea del maestro como un mero técnico aplicador de procedimientos.

Tres cosas podemos recuperar de esa historia pedagógica: el protagonismo de los docentes en plena producción intelectual, luego objeto de debates y publicaciones; la búsqueda de manifestaciones pedagógicas propias y de acuerdo a nuestra realidad concreta; la presencia de preguntas pedagógicas aun cuando se trate de temas estrictamente técnicos. Para ello es necesario librar una batalla para recuperar el valor de la pedagogía y sus preguntas, observar nuestros problemas en clave pedagógica y recuperar para los docentes el protagonismo intelectual y experiencial de primera línea.

* Maestro de Educación Primaria. Licenciado en Ciencias de la Educación. Director del Departamento de Educación para el Medio Rural, CEIP-ANEP. Docente del Instituto de Educación, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar.

Fuente: http://www.hemisferioizquierdo.uy/#!Volver-a-las-preguntas-pedag%C3%B3gicas-entrevista-a-Limber-Santos/nnsaa/57a00ee50cf214576cee31a5

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Vacaciones en el aula: más de 2.500 adolescentes van al colegio los días de descanso

Por Alfredo Dillon

Una iniciativia para evitar que los chicos estén “en la esquina”. Pasa en 64 escuelas públicas de Capital. La propuesta pedagógica incluye juegos y énfasis en los trabajos grupales.

Cierto diagnóstico suele repetir que los jóvenes no le encuentran sentido a la escuela, que nada de lo que sucede entre esas cuatro paredes les importa, y que la mayoría no ve la hora de estar fuera del colegio para hacer lo que realmente le interesa. A esas afirmaciones, que describen uno de los problemas medulares de la secundaria, se les podría contraponer una imagen, o mejor varias: las de cada uno de los 2500 adolescentes que, este invierno, eligieron seguir yendo al colegio durante las dos semanas de descanso. En la Ciudad de Buenos Aires, 64 escuelas públicas permanecieron abiertas para recibir a los chicos de 3 a 19 años con una propuesta de colonia de vacaciones. Uno de los grandes logros de esa iniciativa puede resumirse en su capacidad de llenar las aulas de adolescentes, en pleno receso escolar.

La Escuela N° 2 de Mataderos es una de las sedes de Vacaciones en la Escuela destinadas exclusivamente a alumnos de secundaria. Allí la jornada empieza a las 12 del mediodía, con talleres de danza, murga, teatro, percusión, circo y radio. Los chicos eligen uno y lo comparten con compañeros de todas las edades (de 13 a 19 años). A las 13 se hace el saludo de bienvenida y a las 13.30 arranca el almuerzo, siempre acompañado con alguna consigna o juego pedagógico. Después de la comida, los chicos se dividen por edades y trabajan en un proyecto a lo largo de las dos semanas. La propuesta de este año, decidida en conjunto por los profesores de la sede, es “Soñar con responsabilidad”.

“La idea es aprovechar el espacio de la colonia para que los chicos puedan pensar su proyecto de vida, darles herramientas para que puedan decidir y que sean capaces de elegir lo que más les guste”, cuenta Larissa Barreto, coordinadora de la sede Mataderos. Ese eje –soñar de manera responsable– se “baja” de manera diferente en cada grupo de edad: los más chicos lo trabajan por medio del juego, mientras que los más grandes participan de tareas de reflexión y debate grupal. Muchos de ellos ya habían asistido a la colonia de verano, en la que los sueños y los proyectos también habían sido el corazón del trabajo con los adolescentes.

Las actividades incluyen visitas al Parque de la Ciudad (donde los chicos hacen kayak y tirolesa), natación, juegos deportivos y actividades culturales como visitas a museos y salidas al cine. La propuesta contempla la realidad de muchas alumnas que son mamás: algunas sedes incluyen guarderías con docentes que cuidan a los bebés, para que ellas también puedan participar de la colonia. «Nos cuidan a los bebés, les dan la leche, y nos proponen juegos. Está bueno porque aunque tengamos hijos, seguimos conservando el espíritu adolescente«, dice Ayelén (19), mamá de una nena de dos años.

Colonias publicas en vacaciones de invierno. / GERMAN GARCIA ADRASTI

“Muchos de estos adolescentes no han jugado cuando eran chicos; no han tenido tiempo porque tenían que cuidar a sus hermanos menores y después a sus hijos. Acá recuperan esa posibilidad de jugar y de aprender divirtiéndose”, afirma Ricardo Benítez, coordinador general del programa Vacaciones en la Escuela, que depende del Ministerio de Educación porteño.

“La colonia tiene un eje pedagógico que busca potenciar en los adolescentes habilidades para la vida, que después los ayuden a transitar el sistema educativo formal. Hacemos un énfasis especial en el trabajo en equipo, lo grupal, el liderazgo. La colonia funciona también como un espacio de pertenencia y de socialización, de construcción de nuevos vínculos”, explica Benítez.

En la Escuela N° 2 de Mataderos –ubicada justo en la entrada de la Villa 15, muy cerca del Elefante Blanco– la colonia tuvo un rol clave para superar una rivalidad histórica entre los chicos de Ciudad Oculta y los del barrio INTA, separados entre sí por unas pocas cuadras. “No era nada fácil juntar a los chicos de esos dos barrios. En la colonia, a partir del trabajo sobre lo grupal y el respeto se logró superar la rivalidad territorial. Muchos chicos se hicieron amigos entre sí y ahora se visitan durante el año, los del barrio INTA van a jugar al fútbol a Ciudad Oculta. Antes eso era impensable”, recuerda Larissa.

Las puertas abiertas de la escuela pública formulan una invitación: a aprender, a proyectar, a no quedarse afuera. Gracias a esa invitación, muchos adolescentes se encuentran en el patio y no en la esquina; se reúnen para participar juntos de actividades con sentido, pensadas especialmente para ellos, que los desafían y les enseñan y los divierten: todo a la vez, quizás un poco a contramano de lo que sucede en esas mismas aulas el resto del año. Benítez sintetiza la experiencia de la colonia pública como una “reconciliación” con el sistema educativo: “El vínculo con el colegio se armoniza a partir de la colonia. Después de pasar por acá, los chicos se amigan con la escuela”.

“Hacés buenos amigos y jugás con los profes”

En el cole. Evelyn Bogado (16), Franco Vega (18), Ezequiel Martínez (16) y Zaira Tijera (16). GERMÁN GARCÍA ADRASTI

Franco Vega (18), Evelyn Bogado (16), Ezequiel Martínez (16) y Zaira Tijera (16) se conocieron en Vacaciones en la Escuela. Durante el año van a colegios diferentes –dos de ellos son de Ciudad Oculta y los otros dos, del Barrio INTA–, pero todos los inviernos y veranos se reencuentran en la colonia gratuita del Ministerio de Educación de la Ciudad.

¿Qué es lo que lleva a un adolescente a elegir ir a la escuela en vacaciones? “Acá hacés buenos amigos. Hasta jugás con los profesores”, explica Ezequiel. “En la colonia hablamos de la vida, reflexionamos sobre el futuro y podemos ser tal cual somos”, dice Zaira, y agrega que “muchos chicos deciden venir para no estar en la esquina sin hacer nada”.

“Acá aprendés a compartir y a resolver los conflictos sin pelear”, dice Evelyn. Franco evalúa: “A los chicos que tienen alguna adicción también les sirve para distraerse”. Zaira, futura socióloga, resume: “En la escuela aprendés con el libro; en la colonia, con el juego”.

Para jóvenes de Capital y Provincia

El programa Vacaciones en la Escuela funciona desde hace más de 15 años en la Ciudad de Buenos Aires, para chicos de 3 a 19 años. Según pudo saber Clarín, en la mayoría de las provincias no hay iniciativas similares que estén abiertas a los adolescentes: las colonias escolares suelen abarcar hasta los 12 años, y en muchos casos funcionan solo en vacaciones de verano.

En provincia de Buenos Aires funciona el programa “Patios Abiertos”, donde los alumnos (de 5 a 21 años) realizan actividades recreativas, artísticas y deportivas, acompañados por docentes de las diferentes disciplinas.

Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/Vacaciones-adolescentes-colegio-dias-descanso_0_1621038083.html

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