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La Universidad latinoamericana: ¿tiene falla de origen?

 

La Universidad es una conquista social de singular importancia para la democratización del saber y su relación con la transformación social.  Sin embargo, no es osado señalar que en el presente, presta un limitado aporte a los cambios sociales en su conjunto y mucho menos a los proyectos emancipatorios en América Latina y el Caribe.  Más allá de destacadas, honorables y admirables figuras que trabajan desde sus espacios, la universidad comienza a ser percibida socialmente como una institución de titulación para acceder al campo laboral, distante del imaginario que había construido décadas atrás de espacio para soñar y pensar lo social, lo humano y el contrapoder.

Este no es un fenómeno atribuible sólo a las instituciones universitarias. En muchos lugares de la región, los Estados nacionales y sus instituciones parecieran mirar en sentido opuesto al horizonte que están dibujando sus pueblos.  Este desencuentro es dramático y puede traer en el mediano plazo severos problemas de gobernabilidad en la región. Las dinámicas del pasado, los discursos de ayer, las respuestas que fueron efectivas cada día tienen mayores dificultades para empalmar con la agenda mínima ciudadana del presente. Es hora de pensar políticamente (con P mayúscula) sobre estos fenómenos, desde una perspectiva descolonial.

Y es que el proceso de colonización logró apropiarse del firmamento de espacios ciudadanos ocupando hasta las rutas de emancipación.  La colonización cultural –la peor de todas porque domina las ideas y con ellas el mundo-  pretendió y en muchos casos lo lograron,  enseñarnos cómo es que era permitido y posible ser libres; es decir, han pretendido enseñarnos los límites y fronteras de la propia libertad. Lo académico no fue ajeno a ello, por el contrario fue y es aún hoy en día, epicentro de ese sostenimiento del orden colonial en las estructuras de pensamiento.

Cuando el esclavo libre, ahora colonizado –neo esclavitud-  se atreve a pensar por sí mismo, atreviéndose a explorar, conocer, indagar, construir  nuevos caminos para concretar su libertad, suele encontrarse en el peor de los mundos. Por un lado la más feroz rabia del colonizador y por el otro la burla/temor/incredulidad de los iguales, quienes colonizados culturalmente, quieren que otro les muestre como cambiar los cosas, pero no creen posible ser protagonistas del cambio, es decir de la nueva historia.

La universidad latinoamericana debe construir una nueva historia, que le permita romper con el velo cultural del colonizado atreviéndose colectivamente a repensarse en todos los planos, desde la forma de crearse y actuar en ella misma, pero también atreviéndose a cuestionar sus orígenes y pensar una nueva forma de parir y nacer. Revisar sus prácticas y procesos desde ese ejerció descolonizador,  puede contribuir con el surgimiento de ese otro mundo no colonizado, alterno, donde pensar el mundo patas arriba sea sinónimo de cordura libertaria.

Al respeto Quijano, A. (2014) afirma que “al formular sus cuestiones en un espacio social abstracto, históricamente indeterminado, quienes así proceden no pueden evitar identificar a piori a esta cultura (o a esta sociedad y a este Estado) con la cultura (o la sociedad o el Estado). El contexto histórico social concreto se asume, pues, como dado, no cómo algo a cuestionar en el punto mismo de partida” (p.667).

Desde ese lugar de enunciación, me atrevo a plantear respecto a las universidades que los problemas que se evidencian y nos hacen siempre pedirle una y otra vez a ella: transformación … transformación … transformación universitaria tienen como punto de partida una falla de origen. Esta falla de origen, desde mi punto de vista, tiene que ver con el código genético con el cual se edifica la vida y el que hacer universitario. Falla de origen que se inicia en el propio momento de la fundación de las universidades.  Falla de origen que  se expresa en su concepción práctica, más allá de la definiciones teoréticas, al auto asumirse y ser aceptada por la mayoría de la gente, como una institución fundamentalmente para la docencia.  El gen problemático de la estructura de vida universitaria se desarrolla por una perspectiva colonial de su existencia.

De hecho, las universidades en América Latina y el Caribe tienen sus orígenes en procesos coloniales, asignándosele desde sus comienzos la tarea de formar a la burocracia y los funcionarios que demandaba el orden imperial de dominación. Para Tünnermann (1996) la universidad colonial en América Latina y el Caribe procura resolver:

  1. La necesidad de proveer localmente de instrucción a los novicios de las órdenes religiosas que acompañaron al conquistador español, a fin de satisfacer la creciente demanda de personal eclesiástico creada por la ampliación de las tareas de evangelización;
  2. La conveniencia de proporcionar oportunidades de educación, más o menos similares a las que se ofrecían en la metrópoli, a los hijos de los peninsulares y criollos, a fin de vincularlos culturalmente al imperio y, a la vez, preparar el personal necesario para llenar los puestos secundarios de la burocracia colonial, civil y eclesiástica. Por otro lado, las dificultades de las comunicaciones, arriesgadas y costosas, aconsejaban impartir esa instrucción en las mismas colonias;
  3. La presencia, en los primeros años del periodo colonial, en los colegios y seminarios del Nuevo Mundo, de religiosos formados en las aulas de las universidades españolas, principalmente Salamanca, deseosos de elevar el nivel de los estudios y de obtener autorización para conferir grados mayores. De ahí que las gestiones para conseguir los privilegios universitarios fueron con frecuencia iniciadas por estos religiosos de alta preparación académica (p.122)

Es decir, las Universidades en la región no fueron pensadas para el desarrollo de las naciones dominadas, ni para la formación de sus ciudadanos, mucho menos para el desarrollo de un conocimiento, ciencia y tecnología que les permitiera ser independientes.  Las universidades  en América Latina y el Caribe fueron arietes conceptuales de un conocimiento que reproducía el orden de dominación.  No fueron universidades desarrolladas a partir de las necesidades de la gente y los requerimientos de sus sociedades, sino implantadas desde las naciones que se asumían conquistadoras y por lo tanto dueñas de los nuevos territorios.

El propio Tünnermann (1996) distingue dos modelos en las universidades implantadas: la de Salamanca y la de Alcalá de Henares, ambas de origen español. El modelo de Salamanca respondió a “la idea de una universidad al servicio de un “estado-nación”, concepto que recién surgía en España (siglo XIV)… Todo el edificio de la transmisión del conocimiento descansaba sobre la cátedra” (pp-124-125).  Por su parte, la preocupación central de la universidad alcalaína fue la teología, material que sólo en épocas posteriores ocupó un lugar relevante  entre los estudios salamantinos. Su organización correspondió más bien a la de un convento-universidad” (pp-124-125).  Los modelos de Salamanca y Alcalá se desarrollaron sobre la base de la docencia, es decir como instituciones para impartir conocimiento.

Para Morles, Medina Rubio y Álvarez Bedoya (2002) en el proceso de construcción de la República, luego de alcanzar independencia nacional, la llamada universidad Republicana reemplazaría el modelo elitesco y eclesiástico imperante por uno más “dinámico, tolerante y científico (…) incorporando nuevas cátedras y laboratorios” (p.20), haciendo que las estructuras académicas[i] se asemejarán bastante al modelo Napoleónico. Continúan estos autores señalando que “con el modelo napoleónico de universidad se afirma en Venezuela, desde el último cuarto del siglo XIX, el pensamiento positivista y evolucionista. El modelo napoleónico se basa también en la docencia, con un carácter más científico contribuyendo a la ruptura con el dogmatismo religioso.

Autores Galo Gómez, citado por D’Andrea, R. E, Zubiría, A y Sastre Vázquez, (2012) precisan respecto a la concepción Napoleónica de la universidad:

La Universidad Imperial creada en 1808 y organizada dos años más tarde, es algo muy distinto de lo que tradicionalmente se había entendido como Universidad. Es un organismo estatal, al servicio del Estado que la financia y organiza y que fija no sólo sus planes de estudios, su administración y el nombramiento de profesores, sino hasta la moral pública que ha de inculcar a sus discípulos: «Mi fin principal – declara el mismo Napoleón- al establecer un cuerpo docente es tener un medio de dirigir las opiniones políticas y morales». Una Universidad centralizada, burocrática y jerárquica. Es difícil encontrar algo más opuesto a lo que había sido la Universidad desde su origen» (Galo Gómez O., 1976, p.7)

 

Esta implantación no pasa desapercibida por parte de quienes se resisten a la dominación.  Propuestas y modelos alternativos comienzan a surgir en todo el continente en el siglo XX, los cuales tienen una expresión clara y firme en El Manifiesto Liminar (1918) que fundamentó la reforma de Córdoba, en el cual se plantea

Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Agregando:

Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.

 

El grito de Córdoba es el más importante cuestionamiento hecho a la universidad desde la perspectiva de sus estudiantes.  Los reclamos centrales se refieren a la forma y mecanismos de gobierno interno y de una u otra manera a la desconexión de la universidad con su entorno.  En buena medida, el Manifiesto Liminar impulsa un modelo de universidad para un nuevo ciclo de proyectos de independencia nacional.

En el siglo XX la idea de investigación universitaria se fue deslizando progresivamente hacia los posgrados. Para Lucas Luchilo (2010), “en América Latina, el fomento de la formación de posgrado fue y es una de las funciones básicas asignadas a los Consejos de Ciencia y Tecnología, que se crearon a partir de la década de 1950. Desde esta perspectiva, se trata de instrumentos de política con alta legitimidad y en los que los países de la región han acumulado experiencia, tanto en el nivel de promoción como en el de ejecución” (p.14).  Este auge se produce en medio del creciente influencia de las ideas de desarrollo nacional y regional, así como de la planificación auspiciadas, entre otras por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).  Sus resultados en términos de crecimiento sectorial (posgrados) y de impacto se mostraron limitados.  Posteriormente el neoliberalismo, en los ochenta y noventa del siglo XX,  se encargaría de generar un proceso de vaciamiento de la investigación y los investigadores universitarios promoviendo su migración hacia centros independientes de investigación con fuerte financiamiento privado y ubicados en los países del centro capitalista.

El Mayo francés con sus críticas iniciales al Libro Blanco del Ministro Francés de Juventud y deporte François Missoffe, abren un capítulo especial que lleva a la juventud mundial a repensar el compromiso de la universidad con los más altos ideales de la humanidad.  Pero la universidad siguió siendo una institución centrada en la docencia.  Los movimientos de profesores universitarios planteando la urgente necesidad de una reforma de la educación superior se multiplicaron en el mundo en las décadas de los setenta y los ochenta del siglo XX.

Es importante detenernos brevemente sobre los resultados alcanzados en materia de investigación en la región. Lemasson&Chiapee (1999) señalan respecto a la investigación universitaria que “los resultados obtenidos no permiten hoy, con los desafíos contemporáneos que conocemos, concluir que están listos para enfrentar el porvenir de manera constructiva. Si el camino pasado, aunque con muchas diferencias nacionales, fue positivo, la necesidad de continuar con el cambio es imperativa y va a exigir una visión y una voluntad resueltas” (p.315). Más adelante, estos mismos autores afirman:

Es fácil concluir que la única vía para asegurar la independencia a largo plazo, el desarrollo económico endógeno en nuevas esferas con un alto valor agregado y sistemas sociales más justos, es promover con urgencia las actividades de ciencia y tecnología como prioridades nacionales. Responder a esta urgencia significa que el momento de decisiones radicales ha llegado, particularmente respecto del papel de las universidades, las que constituyen en términos de recursos humanos actuales y futuros las instituciones claves del porvenir colectivo” (p.317).

 

Autores como Didriksson (2000) siguen apostando por el binomio clásico docencia-investigación. Seguramente Axel argumentará en defensa de esta direccionalidad –que no es una cuestión menor- que “la parte más dinámica del proceso [producción y transferencia de conocimientos[ii]] se ubica en la relación entre la docencia y la investigación, y el curriculum desde la perspectiva de la creación de un valor económico: el conocimiento, y de un valor social: los trabajadores del conocimiento“ (pp. 32-33). En consecuencia, la universidad latinoamericana sigue pensándose desde la docencia como epicentro sobre el cual gravita el grueso de su actividad general, pero también particular de cada profesor(a).  Es el círculo propio de una universidad pensada para aportar al papel asignado por el centro a la periferia, en el campo de la producción y transferencia de conocimientos.  En este sentido, la llamada producción del conocimiento universitaria, no es otra cosa que la adaptación de premisas generales al contexto de países dependientes y neocoloniales.

El emerger del neoliberalismo en el mundo, en el marco de la globalización económica y la mundialización cultural,  retan el pensamiento respecto a qué modelo de universidad demandan las nuevas formas de acumulación y producción capitalista puestas en marcha.  Desde los discursos de resistencia y alternativos se concentraron fuerzas contra la privatización de la educación y fue precario el debate a nivel del público en general.  Las polémicas respecto al presente y futuro de las universidades, sin neutralidad pero mucho más allá de la diatriba ideológica, fueron impulsadas en buena medida por instancias internacionales como la CRESALC, hoy convertido en IESALC UNESCO.

En los noventa del siglo XX la UNESCO plantea la necesidad de convocar a una Conferencia Mundial sobre la Educación Superior que repensara la universidad a escala planetaria, pero también como un espacio de reencuentro con la academia de la recién desmantelada URSS. Los documentos que circularon con carácter previo y las propias conclusiones de la I Conferencia señalaron preocupaciones muy especiales respecto a la eficacia de la universidad existente, la calidad de sus dinámicas y procesos de aprendizajes, el impacto de las NTIC y la cultura global en las dinámicas universitarias.  Esta conferencia, al igual que la segunda (2008) fueron precedidas por sendas Conferencias Regionales (CRES).  En cada uno de estos espacios se evidenció la urgencia de repensar a la propia universidad y los límites de los procesos de reforma interna.

El año 2018 se cumplen 20 años de la primera Conferencia Mundial de educación Superior y coincide con los cien años del grito de Córdoba. Pensamos que es un excelente momento para reanimar, retomar y reimpulsar el debate sobre la educación universitaria.  En esta dirección recibimos con alegría el anuncio hecho este 15 de Junio de 2016, en la propia ciudad y universidad de Córdoba, respecto al lanzamiento de la Tercera Conferencia regional de educación Superior (CRES) en la ruta –aún no anunciada por UNESCO- de la III Conferencia Mundial del sector. En hora buena celebramos este anuncio como oportunidad de oro para reabrir y relanzar los debates por esa otra universidad posible.

La Universidad para los proyectos de desarrollo nacional, de independencia y para la construcción de sociedades libres, democráticas, justas, igualitarias y, en permanente cambio tiene que ser una universidad pensada desde una perspectiva del Sur.  Boaventura de Sousa Santos (2008) nos habla de pensar lo nuevo con lo nuevo, porque

no puede enfrentarse lo nuevo contraponiendo lo que existía antes. En primer lugar, porque los cambios son irreversibles y en segundo lugar, porque lo que existió antes no fue una edad de oro, o si lo fue, lo fue solamente para la universidad y no para el resto de la sociedad, y en el seno de la propia universidad, lo fue solamente para algunos y no para otros. La resistencia debe involucrar la promoción de alternativas de investigación, de formación, de extensión y de organización que apunten hacia la democratización del bien público universitario, es decir, para la contribución específica de la universidad en la definición y solución colectiva de los problemas sociales, nacionales y globales” (p.30)

Para Aboites. H. (2011) “este cambio requiere una transformación de la mentalidad universitaria, las estructuras de gobierno, los mecanismos de acceso, la reglamentación y la organización académica, que deben ajustarse a las nuevas demandas y necesidades de acceso, formación y profesionalización que tiene la actual población joven y estructuralmente excluida, pero también a las necesidades de un momento de tránsito al posneoliberalismo como es el actual”. (p.273, en Bonilla, L y Segrera, F. [2011]. Educación universitaria para el siglo XXI. Ediciones CIM/OPSU, Caracas. Venezuela)

En la perspectiva que invitan Boaventura y Aboites, nos atrevemos a pensar la universidad del siglo XXI, el presente y el futuro inmediato, en tres momentos: el primero las universidades que se están creando o se van a crear, segundo las universidades que inician procesos de transformación y tercero, las universidades que permanecen inamovibles. En este artículo me referiré sólo a las primeras, esperando poder abordar los otros dos casos en próximos trabajos.

Estoy convencido que crear universidades sobre la lógica estructurante de la docencia con complementos de investigación y extensión –independientemente que se digan vinculadas- es un ejercicio colonial, que reproduce el modelo de conocimiento, formación, indagación y acción en lo social, propio, desde y para la dominación. Trataremos pedagógicamente de ir explicando paso por paso esta afirmación.

La universidad fundada en cátedras, escuelas, facultades está pensada en buena medida para reproducir el llamado “conocimiento de punta” en las distintas áreas. En esa orientación, por ejemplo, en la sociología, la medicina o la química surgen textos, contenidos curriculares, paradigmas, discursos, resultados que pasan a ser de uso común en los países de la periferia capitalista. A estos se les suele asociar al llamado “conocimiento de punta”; cuando lo cierto es que estas producciones son sólo  el “conocimiento liberado para consumo académico masivo” por parte del modo de producción[iii].  Desarrollos de ello, lo constituye el tan cotidiano internet de hoy, que pasó décadas siendo utilizado por el llamado complejo industrial-militar antes de que fuera conocido por todos nosotros; evidentemente la tecnología comunicacional “de punta” que debe estar usando ese mismo complejo hoy en día debe ser revolucionariamente distinta a la que usamos cotidianamente. Muchos otros ejemplos surgen en el campo de la genética, la medicina o la neurociencia. De hecho, la mayoría de las investigaciones más importantes realizadas en el 2015 –como en años anteriores-  se refieren al cerebro humano, sus usos y potencialidades las cuales aún no forman parte de  ese “conocimiento liberado para consumo académico masivo”. Entonces lo que se enseña en el modelo basado en la docencia es solo el cascarón del conocimiento de vanguardia.

Argumentaran los defensores de este modelo que la investigación autóctona esta llamada a reducir esta brecha. Esto tal vez sea cierto en términos teórico-conceptuales pero la realidad o la empírea nos dice a diario que la inmensa mayoría de la investigación que se realiza en las universidades está asociada a trabajos de ascenso en el escalafón universitario o de interés muy particular.  Con ello no pretende solapar o desconocer la meritoria labor que realizan algunos investigadores en casi todos los campos de las ciencias, pero a decir verdad esta es por lo general una labor muy particular y excepcional y no característica del sistema.

Los neoliberales usan esta verdad y realidad para asignarle la mayor cuota de responsabilidad al respecto, al personal docente universitario, eximiendo de culpas al sistema, los gobiernos nacionales, los mecanismos de conducción de la educación superior  y mucho más a la propia concepción universitaria.  El neoliberalismo educativo, interesado en la privatización educativa a inventado ranking, modelos de evaluación de eficiencia docente, sistemas de clasificación de la investigación, protocolos de reconocimiento de resultados de pesquisas, etc. que sólo terminan certificando los procesos de adaptación del conocimiento liberado por los centros de investigación que sustentan el modelo de producción del capitalismo del siglo XXI.

Pero lo que ya resulta inocultable, es que la universidad basada en la docencia con sus complementos de “investigación” y “extensión”, no le resultan útil ni al capitalismo, ni al socialismo en el siglo XXI  -desde una perspectiva “neutra” de carácter nacionalista-  pero si al modelo de globalización económica y mundialización cultural que impulsa a escala planetaria el neoliberalismo que implica una nueva ruina de las naciones de la periferia en beneficio de las del centro.  Es decir, el modelo de universidad, basada en la docencia se ha convertido en un mecanismo de perpetuación de la dominación.

No es la primera vez que este debate se abre y las propuestas de solución han sido variadas, desde cacarear una reforma universitaria que se elabore por todos democráticamente –lo cual no ha sido garantía alguna de romper el círculo de la dominación-  pasando por modelos organizacionales que terminan queriendo convertir a las universidades en Ministerios, altamente burocratizadas antes que en centros de generación de conocimiento. Pero nadie se atreve a cuestionar los paradigmas, conceptos y procesos sobre los cuales se crean nuevas universidades; por el contrario todos los dispositivos legales y de trámites están montados para repetir una y otra vez el modelo. Área de conocimiento de la nueva universidad a crear, facultades, carreras, programas de formación, cátedras y/o unidades curriculares con variados diseños funcionales terminan pareciéndose cada vez más las unas a las otras.

Esto se debe a que la genética epistémica de uno u otro intento tiene una misma raíz: la universidad basada en la docencia. Más allá de cualquier meta discurso innovador, en la mayoría de los casos cualquier iniciativa fenece cuando se concreta en carga de docencia en el aula, de actividades administrativas, de planeación de clases, de asesoría de tesis, etc.  del profesor universitario; allí mueren las ilusiones.

El desafío doble entonces reside en desarrollar investigaciones nacionales, regionales y locales que permitan ir rompiendo el círculo de la dependencia mediante conocimiento necesario para el desarrollo nacional a la par de ir disminuyendo la brecha de varias décadas existente entre conocimiento de vanguardia y conocimiento reproductor que se suele trasmitir en las universidades de los países de la periferia.  Todo ello a la par que se forman los ciudadanos calificados para los proyectos nacionales de independencia económica, tecnológica y cultural.

Las universidades son parte integral de un país de una región geopolítica, no son islas a la deriva en un mar abierto, ni un Estado dentro del Estado.  La necesaria autonomía universitaria en ningún momento puede significar una desconexión orgánica de las casas de estudios superiores con los proyectos nacionales de país. Por ello considero que el primer pensamiento proto universitario es el de identificar cuáles son los problemas centrales de un país; una vez identificado los 10 o 20 problemas prioritarios para el desarrollo nacional, verificar si alguna universidad de las existentes tiene el perfil para abordar su estudio, análisis y propuestas de solución.

De no existir, por ejemplo, en el área del petróleo, pensar primero en el diseño de un Centro Nacional de Investigaciones Petroleras –siguiendo con el ejemplo- que se dedique a estudiar los temas vinculados a esta campo,  desde una perspectiva transdiciplinaria, es decir desde los procesos técnicos de producción hasta los operativos de comercialización, pasando por la geopolítica del petróleo hasta la arquitectura financiera para la estabilización de los ingresos producto de las fluctuaciones de precios.  Y aquí el pragmatismo de gestión puede no siempre coincidir con las premisas ontológicas, epistemológicas o conceptuales del debate académico, porque se van a requerir estudios disciplinares, multidisciplinares y transdiciplinares en cada caso.

Centros de Investigaciones de este tipo, con una plantilla de investigadores con salarios equivalentes al promedio internacional mínimo estándar o más, pueden ser acusados por los conservadores o por los radicales del igualitarismo a ultranza, de elitescos.  Pero en ciertas etapas de la historia de las naciones libres y de avanzada se ha requerido y requiere conformar una élite generadora de conocimiento, cuya teleología de constitución es la democratización del mismo y el mejor uso con fines sociales.

Centros de investigación de este corte, produciendo resultados concretos luego de cinco, diez o quince años de investigación según sea el caso y la complejidad de los estudios que abordan debieran abrir estudios de postgrado, Doctorados, post doctorados, maestrías, especializaciones y cursos de alto nivel donde se socialice los procesos y resultados de investigación a la par de ir formando, mediante la lógica de equipos de investigación abiertos, el personal docente que trabajaría en el pregrado.  Se trataría de invertir la ruta de los procesos de docencia desde el posgrado hacia el pregrado, entendiendo los posgrados no como profesionalizantes, sino como dinámicas de investigación y construcción / validación de discurso científico alternativo. En consecuencia, las nuevas universidades deberían ser paridas por centros de investigación y desde ellos.

En consecuencia, serían investigadores con treinta horas mínimas de trabajo semanal investigativo quienes darían un máximo de 8 horas de docencia en la futura universidad.  Esta integración investigación-docencia asociada a la validación del impacto social del conocimiento emergente haría posible dar un salto en tecnología, ciencias, conocimientos, técnicas y procedimientos que posibilitarían avanzar en desarrollos nacionales que fundamenten económica, tecnológica y políticamente procesos de autentica independencia nacional.

Esto crearía otra serie de problemas, propios de lo nuevo que se crea a los cuales no hay que temerles, sino por el contrario abordarlos dado el impacto de lo nuevo que se construye.  Algunos de ellos, como el reconfigurar el concepto de la carrera docente universitaria, el tamaño de la universidad, su vinculación con contextos, el financiamiento, la cobertura, entre otros.  En los próximos artículos intentaremos abordar nuestra perspectiva sobre cada uno de ellos, además de plantearnos la reflexión y el debate respecto a cómo alinear las universidades existentes en un esfuerzo tan dialécticamente distinto a la génesis de las mismas, como el que estamos planteando.

A cualquier colega que diga que es posible hacer lo mismo con la universidad fundada sobre la docencia, tendríamos que pedirle que -no como excepción sino como generalidad- muestre donde se está dando esta haciendo lo mismo con el modo colonial viejo, basado en la docencia como epicentro. A los innovadores que han logrado muy buenas definiciones en reglamentos y estatutos universitarios sobre el papel de la investigación deberíamos pedirles que después de por lo menos una década, necesario seria tener resultados de gran impacto para mostrar.

La única forma de eliminar la falla de origen de la universidad es generando una nueva forma de creación del mundo universitario, ya no desde el conocimiento reproductor sino del creador, no desde la dominación sino de la liberación.  Se trata de atrevernos a romper con el molde colonial respecto a cómo se construye una universidad.  Eso implica dejar de pensar como los dominados que tienen temor de explorar una nueva ruta que no sea la que el amo les enseñó.  Creemos pues una universidad a partir de los procesos de investigación, sepultemos la vieja universidad atrapada en la camisa de fuerza de la docencia, construyamos una pedagogía desde el aprendizaje por descubrimiento.

 

Lista de referencias:

Bonilla-Molina, L (2001). Gerencia, investigación y Universidad. Ediciones Iesalc. Caracas Venezuela

Bonilla-Molina, L (2015). Calidad de la educación: ideas para seguir transformando el sistema educativo.  Ediciones Fonacit MPPE. Venezuela

Bonilla, L y Segrera, F. [2011]. Educación universitaria para el siglo XXI. Ediciones CIM/OPSU, Caracas. Venezuela

D’Andrea, R. E, Zubiría, A y Sastre Vázquez, (2012). Reseña histórica de la extensión universitaria.  Mimeografiado

Dridiksson, A. (2000). La universidad de la innovación: una estrategia de transformación para la construcción de universidades de futuro. Ediciones IESALC UNESCO. Caracas Venezuela

Lemasson, J.P y Chiapee, M. (1999). La investigación universitarias en América Latina. Colección respuestas. Ediciones IESALC UNESCO. Caracas. Venezuela.

Lucilo, L. (2019) Formación de posgrado en América Latina: políticas de apoyo, resultados e impactos.  Ediciones EUDEBA, Buenos Aires, Argentina.

Manifiesto Liminar: disponible en  http://www.unc.edu.ar/sobre-la-unc/historia/reforma/manifiesto

Morles, V., Medina R., E. y Alvarez B., N. (2002). La Educación Superior en Venezuela. Ediciones IESALC. Caracas, Venezuela.

Quijano, A. (2014). Cuestiones y Horizontes: Antología esencial de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Colección Antologías. Clacso. Buenos Aires. Argentina

Sousa Santos, Boaventura (2008). La universidad del siglo XXI. Ediciones CIM. Caracas. Venezuela.

Tünnermann Bernheim, C. (1996) Breve historia del desarrollo de la universidad en América Latina, publicado en La Educación superior en el umbral del siglo XXI, Caracas: Ed. CRESALC, 1996, pp-11-38

 

[i] Especialmente en casas de estudios superiores como la Universidad Central de Venezuela a mediados del siglo XIX.

[ii] Contenido de los corchetes es mío para contextuar adecuadamente la cita

[iii] En este trabajo partimos del principio que todo conocimiento es primero usado, probado, implementado o desechado por las diferentes expresiones del modelo capitalista globalizado, previamente a su liberación en el mercado de consumo académico.

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Drunkorexia: la nueva moda de beber alcohol y no comer nada

Mundo / 10 de julio de 2016 / Por: Terra.cl
Se trata de un trastorno relacionado con la alta preocupación por la estética.

Los altos índices de alcoholismo por parte de la juventud chilena están dando paso a un nuevo desorden alimenticio que puede generar problemas de salud en el futuro: se trata de la drunkorexia, donde los jóvenes reducen al mínimo la cantidad de alimentos que consumen para compensar así el alto contenido calórico del alcohol.

La drunkorexia es un desorden conductual que no ha sido reconocido aún como enfermedad por la Asociación de Psiquiatría Americana, pero que si no se trata podría transformarse en un problema mayor. Por un lado, tiene relación con el preocupante consumo de bebidas alcohólicas y también con la importancia que se le da a la apariencia física. Según explica el Dr. Gabriel Dukes, psiquíatra de Clínica Avansalud, “los jóvenes quieren verse bien y temen engordar, por eso compensan las calorías del alcohol consumiendo menos alimentos. Se trata de un trastorno relacionado con la alta preocupación por la estética”, explica.

La drunkorexia puede aumentar durante los meses de verano debido al periodo de vacaciones, donde hay mayor frecuencia de reuniones y ‘carretes’ con consumo de alcohol y quienes se ven más afectados son aquellos que con anterioridad han presentado trastornos alimenticios y señales de obsesión por la figura corporal.

El Dr. Dukes comenta que “el aumento de peso es visto como un posible rechazo por parte del sexo opuesto y por el grupo social, pero el gran problema es que puede que quienes sufren de drunkorexia tengan una apariencia física normal, pero en realidad no están sanos, ya que la falta de alimentos implica una deficiencia de vitaminas y proteínas, el ‘verse bien’ es sólo una apariencia que puede estar ocultando anemia, debilidad, etc.”, comenta el especialista.

Detectar las primeras señales de la drunkorexia es de suma importancia para los familiares y amigos de quienes la padecen, ya que no se presenta de forma solitaria y puede estar ocultando otros diagnósticos como una crisis severa de adolescencia o trastornos de personalidad. “Una de las razones por las que los jóvenes consumen alcohol es porque mejora el ánimo y genera desinhibición, efectos que son especialmente buscados por los tímidos y depresivos, ya que los ayuda a tener más personalidad y sentirse más alegres, pero hay que entender que estos efectos son transitorios y luego la persona vuelve a su estado normal”, acota el Dr. Dukes.

Otros de los síntomas que se puede reflejar en un joven drunkoréxico son  los problemas de salud, promiscuidad sexual, mal rendimiento escolar, cansancio, preocupación excesiva por el peso, ansiedad, insomnio, trastornos de ánimo, desgano y alto consumo de alcohol. “La conducta puede obedecer a muchas razones, por lo que el paciente requerirá de un tratamiento multidisciplinario compuesto por psicólogos, nutriólogos y psiquiatras con el fin de mejorar tanto la adicción del alcohol como los posibles problemas médicos que puedan existir por la falta de alimentos, como por ejemplo, la anemia”, afirma el Dr. Dukes.

¿Cómo reconocer la drunkorexia? A continuación algunos de los síntomas que revelan si alguien puede estar padeciendo este trastorno

:-Alto consumo de alcohol acompañado de desinterés por la comida o falta de apetito

-Preocupación excesiva por la imagen corporal

-Anemia, desnutrición, debilidad y somnolencia durante el día

-Ansiedad, cansancio, trastornos de ánimo

 Fuente: https://vidayestilo.terra.cl/mujer/drunkorexia-la-nueva-moda-de-beber-alcohol-y-no-comer-nada,b731baf7b0d55310VgnVCM5000009cf154d0RCRD.html
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Uruguay: Policías buscarán liceales casa por casa

América del Sur / Uruguay / 10 de julio de 2016 / Por: EDUARDO BARRENECHE de elpais.com.uy

 

En la ciudad de Dolores desertaron 21 jóvenes y una jueza penal ordenó citar a sus padres

La policía comunitaria del pueblo mercedario de José Enrique Rodó, Mabel Viera, espera que mañana lunes le llegue un oficio del juez Héctor Boero para que comience a citar a padres cuyos hijos escolares y liceales desertaron de la educación pública.

Operadores judiciales dijeron a El País que la deserción escolar y liceal es elevada tanto en el pueblo de José Enrique Rodó como en la ciudad de Cardona, también ubicada en el departamento de Soriano.

Por ejemplo, en la Escuela N° 9 de José Enrique Rodó hay una niña que no concurre a clase desde hace tres meses.

En ese caso y en otros detectados en José Enrique Rodó, se aplicó el «Protocolo de Ausentismo» que se inicia luego de tres faltas del estudiante. El paso siguiente es la citación de los padres por parte de la dirección del centro educativo.

En caso de no lograr una respuesta, toma cartas en el asunto el inspector de Institutos y Liceos a efectos de intimar a los responsables legales del menor. De persistir la deserción, el caso pasa a la Policía Comunitaria o directamente a la Justicia. Los padres del alumno desertor podrían incurrir en omisión a los deberes inherentes a la patria potestad.

En abril de este año, la jueza Letrada de Primera Instancia de Dolores de 2° Turno, Mariana Capurro, ordenó a la Policía Comunitaria que buscara casa por casa a 21 liceales que habían desertado del liceo.

Tras la orden de la magistrada, la policía comunitaria María Barrera concurrió a los hogares de los jóvenes.

En algunos casos no encontró a los padres de los estudiantes y les dejó una citación para que concurran a la sede policial a la brevedad.

Los 21 padres fueron entrevistados por Barrera, quien recorre Dolores de punta a punta en una motocicleta de su propiedad. En todos los casos, Barrera les labró un acta sobre los motivos que llevaron a los jóvenes a abandonar la enseñanza liceal.

La agente se reunió con la directora del liceo de Dolores, Mariel Bazán, e intercambiaron puntos de vista sobre el problema. Luego Barrera elaboró un informe a la jueza Capurro sobre las respuestas obtenidas de los padres de los jóvenes.

En la mayoría de los casos los padres señalaron que sus hijos habían retomado sus estudios en la UTU de Dolores. Otros progenitores explicaron que los menores se habían reenganchado en el turno de la noche del liceo de la ciudad.

Barrera también informó que apenas cuatro estudiantes no habían regresado al sistema estudiantil por las siguientes razones: cumplieron la mayoría de edad, viajaron a otros departamentos a trabajar o vivían en pareja y tenían hijos.

La jueza Capurro aún no emitió ninguna resolución sobre esos cuatro jóvenes, aunque uno de los padres dijo que su hija pensaba retornar al liceo luego del nacimiento de su hijo.

El 15 de abril de este año, pocos días después de la resolución judicial de la magistrada, un tornado golpeó a la ciudad de Dolores. Cinco personas fallecieron, hubo 250 heridos y decenas de casas derruidas. Uno de los lugares más afectados fue el liceo de Dolores. Hoy el liceo funciona en varios contenedores muy ordenados ubicados al lado de la UTU. Allí concurren los liceales de todos los turnos.

Campaña.

En 2013, las autoridades de la educación detectaron una elevada deserción de escolares y liceales.

A fines de 2014, definieron un protocolo de actuación, que comenzó a aplicarse el año siguiente, para garantizar que todos los niños y adolescentes alcanzados por la obligatoriedad de la enseñanza (Ciclo Básico inclusive) no queden afuera del sistema.

El protocolo consta de varias etapas que involucran en una primera instancia al maestro y en la más extrema a la Policía y a la Justicia (ver nota aparte).

El protocolo, al que tuvo acceso El País, identifica como problemas la no inscripción de los niños y adolescentes en el sistema educativo, el estar inscripto y no concurrir; el haber concurrido y dejar de hacerlo y también el hecho de «concurrir parcialmente; tener asistencia esporádica o intermitente.

Según fuentes judiciales, esto fue lo que ocurrió con los 21 jóvenes liceales de la ciudad de Dolores que la Justicia ordenó ubicar.

Elevada deserción.

Unos 16.000 niños y adolescentes desertaron este año de escuelas y liceos y el Banco de Previsión Social (BPS) analiza cortarles la asignación familiar por esa causa. El BPS hizo un primer relevamiento en abril de este año y en ese entonces había 22.000 jóvenes que no estaban concurriendo a estudiar. Unos 10.000 volvieron al sistema en estos últimos meses, informaron autoridades educativas. El corte del pago de las asignaciones familiares implica un cruzamiento de datos entre el BPS, la ANEP y el Ministerio de Desarrollo Social.

CAMPAÑAS DE SENSIBILIZACIÓN.

Seguimiento de los estudiantes.

El protocolo aprobado por autoridades educativas plantea llevar a cabo campañas publicitarias y de sensibilización para difundir los derechos de niños y adolescentes a la educación y los consiguientes deberes de sus responsables. Crear la Comisión de Seguimiento de las Trayectorias Escolares (Cosetre) en la ANEP para garantizar el derecho a la educación. En la misma se integrarán el Mides, Interior, BPS e INAU, además de los delegados de los Consejos de la ANEP. Creación y/o puesta en marcha del sistema digitalizado de información y seguimiento de las trayectorias escolares en los niveles de obligatoriedad. Presentar en los juzgados de familia y en las fiscalías penales y de menores un oficio requiriendo una consideración especial y una acción diligente a las situaciones que involucren vulneración de derechos a la educación. Coordinar con la Dirección del Registro de Identificación Civil para recibir información de los niños inscriptos en ese registro nacidos entre el 1° de mayo del año anterior y el 30 de abril del año en curso, correspondiente a la franja etaria de cuatro años. Adoptar resolución que haga preceptivo para todos los colegios e institutos privados, la entrega periódica de información circunstanciada sobre los estudiantes matriculados.

Fuente original: http://www.elpais.com.uy/informacion/policias-buscaran-liceales-casa-casa.html

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Aregntina: Las “viejas recetas” para modernizar la educación

América del sur / Argentina / 10 de julio de 2016 / Por: Selva Álvarez

Alberto c. taquini (h),autor del Plan Taquini para descentralizar la Universidad de Buenos Aires, opinó sobre la situación presupuestaria de la educación en la argentina.

El ex decano de la facultad de farmacia y bioquímica de la UBA entre fines de 1960 y comienzos de los 70, opinó que “hay que ser muy cuidadosos” sobre “la idea que circula de aumentar el presupuesto educativo de un 6 al 10 % del PBI del país” ya que cuatro puntos en el presupuesto significarán 21.600 millones de dólares anuales y un esfuerzo enorme para una sociedad con múltiples necesidades.

También expresó, con respecto a la apropiación de fondos, que la cuestión es “si el capital humano es el que determina el aumento de productividad o el aumento de esta lo que arrastra el aumento del capital humano” ya que ninguna prioridad debe anteponerse al bien común.

Sin embargo, no habló sobre los 120.000 millones de pesos que sumarán los empresarios del sector agrario durante todo el primer año de la gestión macrista como resultado de la quita de retenciones para todos los cultivos excepto la soja, para el cual se redujo en 5 puntos (de 35 % a 30 %), y de la devaluación del peso respecto del dólar provocada durante la primer semana de gobierno. Medidas que sumadas a los tarifazos, la inflación y los bajos salarios significan un gran deterioro para los trabajadores.

La “receta” de descentralizar

Su propuesta consiste en transferir a las provincias la totalidad de la gestión y los recursos que correspondan a la educación obligatoria, lo que le otorgaría mayor autonomía y visión regional al modelo educativo.

Sin embargo, el Estado Nacional aporta una suma mínima por provincia, lo que genera que el grueso de la inversión deba ser realizado por ellas, profundizando la desigualdad. Según datos publicados en la edición de febrero-marzo 2015 de Le Monde, los Estados provinciales invierten de conjunto el 31,5 % del gasto público en educación, la Nación el 5,3 % del PIB nacional.

Como parte del mismo proceso, ya durante el Kirchnerismo se centralizó lo pedagógico, sin respetar los múltiples elementos sociales, divergencias y heterogeneidad existentes en las escuelas.

La LSE votada en 1992 descentralizó hacia las provincias la totalidad de las escuelas secundarias, los institutos de nivel terciario nacionales y las escuelas de gestión privada. Si Onganía concretó la primera descentralización educativa y Videla/Martínez de Hoz termina esta primera transferencia, el menemismo completa la tarea que impusieron esas dictaduras.

También se refirió a la necesidad de “formar un pueblo capacitado para los empleos del futuro” para lo cual “conviene convocar a todos los actores sociales (no sólo educativos)”.

En este mismo sentido, se debatió durante el II Congreso de Educación y Desarrollo Económico, donde Gustavo Iaies, consultor experto en educación había dicho que “el sistema educativo no está en condiciones de satisfacer la demanda del mercado, y por otro lado, las empresas no expresan con claridad qué perfil de egresado demandan”.

El financiamiento estatal de la escuela pública en todo el territorio nacional en base al no pago de la deuda externa y el cobro de impuestos a las grandes fortunas, entre otros, permitiría la triplicación del presupuesto educativo, con el “esfuerzo” de los que siempre nos hacen pagar las crisis que generan.
Por una educación al servicio de la clase trabajadora y los sectores populares.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Las-viejas-recetas-para-modernizar-la-educacion

Foto: http://d1zlh37f1ep3tj.cloudfront.net/wp/wblob/54592E651337D2/BE9/12EC23/Ymsmkwm3tJjEPrgNioEt3w/Educacion-Financiera.jpg

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Bolivia: Ministro de Educación ratifica que vacación invernal es por dos semanas

América del sur / Bolivia / 10 de julio de 2016 / Por: Correodelsur.com

 

El ministro de Educación, Roberto Aguilar, ratificó que el descanso pedagógico tiene una duración de dos semanas, y que si en alguna región del país existe la necesidad de prolongarlo, esa decisión se la adoptará en función a los informes del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, sobre el comportamiento climático, y el Ministerio de Salud, respecto al registro de infecciones respiratorias agudas (IRAs).

«En los años pasados, departamentos como Pando, Beni y Santa Cruz no han tenido la necesidad de ampliar el descanso pedagógico. En La Paz, Oruro y Potosí, que son los departamentos donde se presentan las temperaturas más bajas, se tomarán decisiones en función al comportamiento climático en el transcurso de la próxima semana, al igual que en Cochabamba, Chuquisaca y Tarija», afirmó Aguilar.

Con referencia a una supuesta determinación por parte del Ministerio de Educación de prolongar por una semana más el descanso pedagógico, la autoridad educativa desvirtuó dicha información, a la que calificó de totalmente falsa.

«En las redes sociales se difundió información respecto a una supuesta ampliación del descanso pedagógico, pero eso es totalmente falso», enfatizó el titular de Educación.

Ratificó que el próximo miércoles se llevará a cabo la reunión de las instancias correspondientes para adoptar definiciones al respecto.

Fuente: http://correodelsur.com/sociedad/20160709_ministro-de-educacion-ratifica-que-vacacion-invernal-es-por-dos-semanas.html

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Ecologically Sustainable Growth Is Possible: An Interview With Robin Hahnel

Mundo / 10 de julio de 2016 / By Kevin Young

While the world must reduce its resource consumption and output of pollution in the face of climate change, we don’t need to demand that people sacrifice their economic well-being, says radical economist Robin Hahnel. «Green growth is possible.»

Can we have economic growth while confronting climate change? In this interview, radical economist Robin Hahnel argues that ecological sustainability is perfectly compatible with increases in economic well-being. While we must drastically reduce the physical matter used and discharged within the global economy («throughput»), we can simultaneously improve life for most people. Fighting for an ecologically sustainable form of growth must be central to the work of the climate justice movement.

Kevin Young: Many environmentalists argue that we must limit economic growth or even undergo de-growth in order to adequately reduce greenhouse gas (GHG) emissions. Many economists argue that it’s possible to «decouple» growth and emissions. Who’s right?

Robin Hahnel: With few exceptions economists were completely oblivious to the fact that our economic train was barreling toward environmental disaster. So we owe a huge «thank you» to environmentalists for warning us that the kind of economic growth we have been pursuing will not only continue to damage the environment in myriad ways, it is on course to trigger irreversible, cataclysmic climate change within a few decades.

However, those who point out that it is possible for economic well-being per capita to grow indefinitely while protecting the environment are correct. Yes! Green growth is possible. When spokespeople for the steady-state and de-growth movements deny that green growth is possible and say that we must reconcile ourselves to stagnant or declining living standards to avoid environmental disaster, they are wrong, and do the environmental movement great harm.

What cannot continue to grow indefinitely is throughput. Ecological economists define throughput as physical inputs from the natural environment (e.g., iron ore or topsoil) used in production processes, as well as physical outputs of production (usually thought of as waste or pollution) such as airborne particulate matter and greenhouse gases released back into the environment where they are absorbed in natural «sinks.» Throughput must be measured in some appropriate physical units such as tons of iron ore, cubic meters of topsoil, and cubic tons of carbon dioxide.

What economists define as economic growth is not the same as growth of throughput. When economists refer to economic growth they mean growth of GDP, the value of the final goods and services produced during a year. Of course, growth of GDP fails to represent growth of economic well-being for a host of reasons that are well known. Nonetheless, assuming it could be measured properly, economic well-being can grow even as throughput remains constant or decreases. In the literature this is called decoupling, which means separating the growth of the value of what we produce from the quantity of throughput we use to produce it.

Where critics are correct is that business-as-usual economic growth has failed to decouple. In fact, it has us on a suicidal trajectory! But that does not mean that a different kind of growth — growth that increases throughput efficiency at the same rate that it increases labor productivity, and therefore puts no more strain on the environment — is impossible. And that is what decoupling means: increasing throughput efficiency as much as we increase labor productivity. (As long as the rate of growth of productivity rises no faster than the rate of growth of throughput efficiency, throughput will not increase.) Moreover, there is plenty of evidence that decoupling is possible. We are doing it right now for greenhouse gas throughput. Of course we have to reduce GHG throughput much faster still to avoid cataclysmic climate change. The name of the game is to decouple increases in economic well-being from throughput big time. But anyone who argues that decoupling is impossible is wrong on both theoretical and empirical grounds.

From the perspective of the climate justice movement, what are the concrete implications of the debate about growth?

Those who deny the possibility of decoupling are both wrong and detract us from the task at hand. Worse still, they make it impossible to build a political coalition sufficiently numerous and powerful to prevent climate change. Why would lower classes in advanced economies support a movement that says their children cannot aspire to a higher standard of living? Why would any of the four billion people living in less developed economies who have yet to enjoy the benefits of economic development sign onto a movement that tells them they must give up any hope of enjoying those benefits? The answer is they won’t! Because economic growth is necessary to improve the lives of most of the world’s population, a «de-growth» platform is suicidal when trying to build a mass movement to prevent climate change. The tragedy is that our environmental movement does not have to preach this self-defeating sermon. Preventing climate change, and better protecting the environment in general, is perfectly compatible with increases in economic well-being.

Some argue that while ecologically sustainable growth is hypothetically possible, it is impossible within a capitalist system. Richard Harris, for instance, claims that green-growth advocates «assume that capitalism is sufficiently malleable that capitalist fundamentals can be ‘inverted’ such that corporations can, in one way or another, be induced to subordinate profit-making to ‘saving the Earth.'»

Capitalism can become a lot more green than it has been to date — which is damn lucky since replacing capitalism with eco-socialism isn’t going to happen fast enough to prevent climate change. Capitalists pursue profits via the easiest route. Of course they are not going to save the Earth out of the goodness of their hearts. But there is no reason we cannot make the route to profits from extracting and burning fossil fuels more difficult or impossible. And there is no reason we cannot make the route to profits by producing renewable energy and retrofitting buildings much more lucrative. There are many ways to intervene in markets to change results, and we will have to use all of them over the next decades because the kind of green new deal we need is going to have to be launched while economies are still very much capitalist.

What would a «green new deal» look like under capitalism? And are there any precedents for that kind of massive shift in economic priorities?

Replacing fossil fuels with renewables, transforming not only transportation but industry and agriculture as well to be much more energy efficient, and rebuilding our entire built infrastructure to conserve energy, will be an immense, historic undertaking. What is needed if we are to avoid unacceptable climate change is the greatest technological «reboot» in economic history. This is the only way to avoid literally broiling ourselves to death at some point in the century ahead, and, I might add, the only way to re-employ the tens of millions who lost their jobs in the Great Recession and the hundred million young people who will need jobs over the next two decades. The precedent is the massive shift of economic priorities the US economy went through between 1939 and 1942. Just as we responded to the menace of global fascism by shifting over 50 percent of production from consumption goods to war materials, we need a similar response to the equally dangerous menace of cataclysmic climate change.

Robert Pollin and collaborators at the Political Economy Research Institute have fleshed out the details of what a Green New Deal would look like not only for the United States, but also for many other parts of the world economy. A major finding is how little it would cost over the next several decades for the world to become free of fossil fuels. In short, Pollin and his collaborators demonstrate that the barriers to preventing climate change are political, not technological.

To what extent does confronting the climate crisis require changes in the consumption of the average working person in the global North?

What we consume will have to change. Where and how we live and work and transport ourselves will have to change. We will live more compactly. We will share larger, superior open spaces than we have today. We will consume more public and fewer private goods. But there is no reason that economic well-being cannot increase for future generations in the global North while adequately protecting the environment. Decarbonization will require that we live differently, but we can all live far better — and that is the message the environmental movement needs to emphasize.

You’ve also written a lot about international climate policy. Could you comment on the strategy of the Climate Justice Movement (CJM) vis-à-vis the 2015 COP 21 meeting in Paris?

The Climate Justice Movement made a strategic blunder. After every country announced its emission reduction pledge, the CJM had the opportunity to launch a major international campaign explaining which pledges were consistent with a country’s responsibilities (for creating the problem) and capabilities (for making contributions toward solving the problem.) Before the Paris meetings equity researchers had reached a broad consensus for how to judge proposals, and evaluations were readily available (see for example the Climate Equity Calculator). These evaluations showed that the pledges of more developed countries in most cases fell far short of their fair shares, while most pledges from less developed countries were consistent with their fair shares. The CJM should have made support for countries making fair pledges, and criticism of countries whose pledges fell short, its major priority in Paris. Progressives’ suspicions of global climate deals stem partly from the carbon trading mechanisms included in prior accords. Most leftists in the global North seem to reject carbon trading unequivocally, as a scam devised by polluters to thwart real change. But you’ve argued that carbon trading can be an effective short-term way to cut emissions while we work toward the longer-term goal of replacing the capitalist system.

The amount of ill-informed criticism of carbon markets, carbon trading, carbon offsets, etc., from the left over the past two decades would fill an ocean. Two things drive this fury: (1) None of us likes the idea of placing a price on nature and putting nature up for sale. In other words, rejection of carbon markets in any form is part of a justifiable disgust with the commercialization of life. (2) Many on the left — although by no means all — understand that markets are part of the problem. The problem is not just private ownership of the means of production. Coordinating our economic activities through markets is also an integral part of the economics of competition and greed we need to extricate ourselves from. So, people reason, if markets are part of the problem, how can a carbon market be part of the solution?

But besides massive ignorance regarding how carbon markets do and can work, here is what many leftists fail to understand: We live in a market system. And until we do not, the only way to change what happens is to intervene in or regulate markets. Do socialists denounce campaigns to raise the minimum wage on grounds that anything short of eliminating wage slavery altogether is a «false solution?» No. We recognize that until we can eliminate wage slavery, a higher price for wage-slaves is better than a lower one. The same holds for cutting carbon emissions. Until we can replace the market system we need to intervene in the market system to reduce GHG emissions. Right now those who find it in their interests to abuse nature by releasing GHGs into the atmosphere do so without paying a cent. In a market system one way to reduce emissions is to force emitters to pay for the damage they cause by charging them a tax per unit of emissions. Another way is to cap total emissions and require emitters to purchase permits for whatever they emit. In both cases we are selling off rights to abuse nature. Sorry about that, but until we replace the market system there is no alternative except to allow businesses to abuse nature.

Publicación original: http://www.truth-out.org/news/item/36723-ecologically-sustainable-growth-is-possible-an-interview-with-robin-hahnel

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Empleados de Google y Apple tienen a sus hijos en escuelas sin computadora

 Noticia / 10 de julio de 2016 / Por: Revista Vinculando

«La pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y emocionales», dice un empleado de Microsoft que, al igual que muchos de Google, Apple y otras empresas de computación, escogió para sus hijos una escuela que no usa computadoras.

La Escuela Waldorf de Península, en California, ha sido elegida por muchos empleados de Google, Apple, Microsoft y otras grandes empresas de computación para que sus hijos se eduquen alejados de las pantallas, de acuerdo con el diario Le Monde. De hecho, ¾ partes de los alumnos inscritos, son hijos de personas que trabajan en el área de las nuevas tecnologías.

¿Por qué enviar a los hijos a una escuela que no usa computadoras, sobre todo este tipo de personas que se dedica a esta área?

Uno de estos padres, Pierre Laurent, que ha trabajado 12 años en Microsoft, recuerda que las computadoras son sólo herramientas «El que sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos», dice. Además, «la pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y emocionales».

Laurent cuestiona a la tendencia actual de introducir a los niños al ámbito de las computadoras a una edad cada vez más temprana, Cuando le preguntan si no le preocupa que sus hijos estén en desventaja con el mundo acelerado, responde: «no sabemos cómo será el mundo dentro de 15 años, las herramientas habrán tenido tiempo de cambiar muchas veces.

El placer de la desconexión

Así como muchas otras personas, a Richard Stallman, el gurú del software libre, le gusta vivir desconectado: «la mayor parte del tiempo no tengo Internet. Una o dos veces por día, a veces tres, me conecto para enviar y recibir mis correos».

Hoy en día hay tanto personas que sufren de nomofobia, (miedo a no estar conectado teléfono, Internet, etcétera), como otros que buscan formas que los mantengan desconectados.

Por un lado hay niños y adolescentes que envían SMS y están conectados a las redes sociales a la hora de la comida, y adultos que pasan hasta 90% de su tiempo de trabajo entre correos electrónicos. Por otro lado hay programas que bloquean el acceso a internet por un tiempo determinado o que restringen el acceso a Facebook y Twitter, para así trabajar sin distracciones.

Esta actitud de quienes trabajan para las grandes compañías de la computación da mucho para reflexionar. ¿Qué tanto tiempo vamos a permitir a nuestros hijos que naveguen en una realidad virtual en lugar de disfrutar una vida real?. Artículo publicado en La Jornada.

N. del E. Artículo originalmente publicado el 8 de noviembre de 2012.

Para citar este artículo (APA):

Revista Vinculando, (2016). Empleados de Google y Apple tienen a sus hijos en escuelas sin computadora. Recuperado de Revista Vinculando: http://vinculando.org/noticias/hijos-de-empleados-de-google-y-apple-asisten-a-escuelas-sin-computadora.html

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