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Jóvenes plasmaron lo que para ellos sería una Colombia en paz

Colombia/ 12 de Junio de 2016/La Opinión

Miles de niños y jóvenes en Norte de Santander y Arauca han tenido que ser testigos y víctimas de un prolongado conflicto que los ha confinado a vivir y crecer en medio de la amenaza de los grupos armados ilegales, así como un ambiente de desesperanza marcado por las difíciles condiciones económicas.

Sin embargo, más allá de su situación, un grupo de estudiantes de décimo y undécimo grado de 56 instituciones educativas de estos dos departamentos azotados por la violencia, decidieron pasar de los lamentos a las reflexiones, para demostrar que en el país no todo está perdido y que a pesar de las adversidades, tienen una mirada diferente de su futuro.

Sobre un lienzo, los jóvenes plasmaron lo que para ellos sería una Colombia en paz y la forma cómo, desde su corta experiencia y sus anhelos, conciben que sí existe la posibilidad de perdonar y reconciliarse, aun cuando sus vidas hayan estado marcadas por la guerra.

Estas ideas fueron reunidas en un concurso liderado por la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), mediante el cual buscan sensibilizar a niños y adolescentes sobre el momento que vive el país y sus expectativas frente a la construcción de paz.

“Estas pinturas evidencian las diferentes miradas de nuestros jóvenes. Nos hablan de mundos divididos entre buenos y malos, de tristeza y alegría, amor y desamor, pero nunca pierden la esperanza y ese es el motor para que sus historias siempre tengan un final feliz”, manifestaron los organizadores.

Por Norte de Santander participaron 48 colegios de  Chinácota, Los Patios, Ocaña, Pamplona, Puerto Santander, Sardinata, Tibú, Villa del Rosario, El Zulia y Cúcuta.

Por Arauca, fueron ocho instituciones de Arauca, Tame y Saravena.

Fuente: http://www.laopinion.com.co/cultura/jovenes-plasmaron-lo-que-para-ellos-seria-una-colombia-en-paz-113478#ATHS

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Bolivia: Suspenden clases en unidades educativas y universidades por paro de transporte en La Paz

Bolivia/13 de Junio de 2016/Correo del Sur

El director del Servicio Departamental de Educación, Basilio Pérez, determinó la suspensión de clases este lunes en las unidades educativas por el paro de transporte.

Las actividades escolares se suspendieron en las unidades educativas privadas, fiscales y de convenio para ambos turnos por la dificultad de llegar a los establecimientos.

Los choferes de la Federación Primero de Mayo determinaron iniciar un paro de 24 horas en rechazo de los «abusos» de la Alcaldía al no dejar trabajar a los minibuses que no cuenten con la roseta de calidad, además piden la renuncia del secretario de Movilidad de la Alcaldía, Ramiro Burgos.

Por ese motivo la Universidad Católica Boliviana también informó a los estudiantes que este lunes se suspenden los exámenes finales y que los docentes los deben reprogramar en la semana.

La universidad del Valle (Univalle) igualmente comunicó la suspensión de actividades para esta jornada; sin embargo la parte administrativa tiene tolerancia para ingresar a sus fuentes laborales.

Fuente: http://correodelsur.com/seguridad/20160613_suspenden-clases-en-unidades-educativas-y-universidades-por-paro-de-transporte-en-la-paz.html

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Chile: Prohibición de tareas escolares

Chile/11 de Junio de 2016/La Tercera

<span style="display:none"><span style="color:white;display:none">Victor Gill Ramirez //</span></span> CHILE: Prohibición de tareas escolares

UN GRUPO de senadores presentó un proyecto de ley para prohibir que los alumnos con jornada escolar completa sean recargados con tareas escolares en sus casas. De acuerdo con los fundamentos del proyecto, “la realidad no se ha ajustado a las ideas que inspiraron la extensión de la jornada escolar”, desatando una competencia entre las escuelas por el Simce y la PSU, que “ha llevado a extender la jornada escolar aún más, a través de extenuantes tareas que llevan los menores a sus hogares”.

A nivel internacional no existe un solo modelo respecto a la cantidad de horas que los niños deben destinar al estudio en el colegio y fuera de éste. Asia y Estados Unidos, por ejemplo, difieren sustancialmente en este aspecto. Sin embargo, los estudios de la OCDE muestran que los niños chilenos están por debajo del promedio del organismo -cuatro horas a la semana, versus cinco a nivel del bloque- en cuanto al tiempo que destinan a hacer tareas y estudio fuera del colegio, lo que bien orientado puede ser altamente positivo (es el caso de Finlandia, donde las familias destinan un tiempo considerable a bibliotecas y museos).

El problema más de fondo no parece estar en las tareas escolares, sino en la forma como se aprovecha la jornada escolar. Los alumnos chilenos así como los profesores tienen más horas lectivas que el promedio de la OCDE; aun así, los resultados en las pruebas PISA, si bien no son desoladores, distan de ser óptimos. Ello debe llevar a preguntarse por las técnicas de aprendizaje dentro de las salas de clase, donde parece haber evidentes falencias.

Una prohibición por ley de las tareas escolares resulta equivocada -además de abusiva- y elude la discusión de fondo. Los proyectos educativos deben tener amplia flexibilidad y permitir que las preferencias de las familias incidan en cómo debe ser la educación de sus hijos, resultando legítimo que existan colegios cuyo proyecto se oriente a profundizar las horas de estudios.

Fuente: http://www.latercera.com/noticia/opinion/editorial/2016/06/894-684566-9-prohibicion-de-tareas-escolares.shtml

Fuente de la Imagen: https://www.google.co.ve/search?q=tareas+escolares&client=firefox-b-ab&biw=1024&bih=489&tbm=isch&source=lnms&sa=X&ved=0ahUKEwiMnOGiqaPNAhVEmR4KHT1wB0AQ_AUIBigB&dpr=1#imgrc=iQYH73aC-M0BpM%3A

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¿Será ganado humano?

Por: Frei Betto

En su periplo por Cuba y los Estados Unidos el papa Francisco recordó que José y María no fueron recibidos en Belén. Ella, embarazada, se vio obligada a dar a luz a Jesús en un corral. Perseguidos por Herodes, tuvieron que emigrar a Egipto.

El mundo entero se emocionó con la foto del niño sirio, Aylan Kurdy, de 3 años, tumbado como si durmiera en una playa de Turquía. Eso hizo que la opinión pública se planteara: ¿cómo tratamos a nuestros semejantes que, amenazados por la violencia y la miseria, buscan refugio? ¿como ganado rumbo al matadero?

El Alto Comisariato de la ONU para los Refugiados calcula que, en el 2014, 59.5 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares y su patria.

¿De qué huye esa gente? ¿de Al Qaeda? ¿del Estado Islámico? Aparentemente sí. Pero de hecho huyen del desastre producto del capitalismo. Sus países fueron durante décadas saqueados por empresas petrolíferas, mineras, constructoras, todas ellas occidentales, que utilizaron a la población como mano de obra barata y descartable, gracias a gobiernos corruptos y dictatoriales.

El Alto Comisariato de la ONU para los Refugiados calcula que, en el 2014, 59.5 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares y su patria.

Bashar al-Assad, que sucedió a su padre, gobierna Siria con mano de hierro desde el 2000 y siempre fue recibido con alfombra roja por los presidentes que ocuparon la Casa Blanca. Hasta que la “primavera árabe” llegó a aquel país y las potencias occidentales decidieron armar a los jóvenes rebeldes, como hicieron en la caída de los gobernantes de Egipto, Libia y Túnez. Y las armas fueron a parar a manos de los terroristas.

En África el colonialismo europeo y el neocolonialismo de los EE.UU. dejaron un rastro de miseria y corrupción. Gobernantes crueles eran recibidos en los palacios presidenciales de Occidente porque consumían grandes cantidades de armas fabricadas en Europa y en los EE.UU., y porque facilitaban la explotación de petróleo y diamantes por parte de empresas multinacionales.

Mientras las potencias occidentales usaron y abusaron de esos países no se habló de democracia ni de derechos humanos. Lo que hace recordar la famosa frase del presidente de los EE.UU., Franklin D. Roosevelt, cuando fue notificado de que Somoza, de Nicaragua, era un dictador sanguinario: “Sí, sé que Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Se repitió en África y en Oriente Medio lo mismo que sucedió en Afganistán. Para expulsar a los rusos de allí, en la década de 1980, los EE.UU. enviaron a un agente de la CIA de origen musulmán, llamado Osama Bin Laden. El resto de la historia es bien conocida.

El gobierno brasileño, a pesar de que adopta una política migratoria descoordinada entre los ministerios de Relaciones Exteriores, de Trabajo y de Justicia, ya concedió visas humanitarias a 7.752 refugiados sirios. Y nuestro país ha acogido ya a 28 mil haitianos.

La ausencia de Secretarías de Inmigración en los estados del país dificulta la obtención de documentos y puestos de trabajo. Lo cual se ve agravado por la vigencia del Estatuto del Extranjero, publicado por la dictadura en 1980, y que trata al emigrante como potencial amenaza para la seguridad nacional.

En el 2000 el Mercosur creó el Acuerdo de Residencia, que permite a los inmigrantes dos años de permanencia en el Brasil, plazo que es renovable. Quien no entra al país como refugiado, como es el caso de los haitianos, recibe una visa humanitaria que garantiza su permanencia por cinco años.

  • Articulo tomado de: http://firmas.prensa-latina.cu/index.php?opcion=ver-article&authorID=97&articleID=577&SEO=betto-frei-sera-ganado-humano
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Argentina: Se necesitan urgente estufas y calefacción… Según Bullrich, todas las Secundarias tendrán impresoras 3D…

Fuente: Alternativa Docente / 13 de junio de 2016

Basta de anuncios mediáticos que además conllevan a futuros negociados con empresas privadas en la educación pública estatal. Cuando hay problemas con la calefacción, faltan estufas, mobiliario, edificios en condiciones y hasta falta de electricidad, el ministro viene a prometer que todas las escuelas secundarias contarán con impresoras 3D (ver nota al pie)… Inaudito.
Es necesario un paro y plan de lucha para lograr un inmediato aumento del Presupuesto Educativo al 10% del PBI para la enseñanza pública, estatal y la mejora en las condiciones materiales y de trabajo con la concreción de obras de infraestructura, más y mejores dietas alimentarias en los comedores escolares, en el transporte, becas, material didáctico y mobiliario, además del nombramiento de los cargos y auxiliares necesarios para el normal desenvolvimiento de la institución escolar. Por el aumento de los presupuestos para salud, planes y programas sociales, de vivienda y trabajo, ante el incremento de la pobreza que se cuela en las escuelas.
Hay recursos para aumentarlo, con fondos que provengan de eliminar los crecientes subsidios a la enseñanza privada y a las empresas privatizadas; del no pago de la fraudulenta deuda externa y de una reforma impositiva progresiva que grave a los grandes capitalistas, terratenientes, pooles de siembra, sectores financieros, la bolsa y la banca.

Alternativa Docente, SUTEBA disidentes
en la Federación Nacional Docente, FND-CTA Autónoma
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El Ministro de Educación anunció que todas las escuelas secundarias contarán con impresoras 3D
http://www.lavozdetandil.com.ar/nota-el-ministro-de-educaci…

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Zoológico criminal. (A manera de manifiesto)

Por: Iván Darío Ávila Gaitán

“[… ] los límites que los poderes […] —de todo tipo, político, policial, económico, psiquiátrico, etcétera— pretenden asignar a los desplazamientos tanto de los animales en el jardín zoológico como de los enfermos en el hospital psiquiátrico, son límites supuestamente asignados a seres vivos irresponsables, a simples máquinas reaccionales”.

Jacques Derrida

Los hechos y las víctimas

Durante el mes de mayo fuimos testigos de dos hechos que movilizaron diferentes tipos de sensibilidades, particularmente las animalistas y ecologistas. De un lado, un empleado del Zoológico Nacional de Chile le dio muerte a dos leones nacidos y criados allí, de aproximadamente 22 años cada uno, después de que un hombre ingresara a la jaula y los instigara con el fin de suicidarse. Por otra parte, Harambe, un gorila de 17 años de edad, fue sacrificado tras la caída de un pequeño niño en la fosa donde aquel animal se encontraba. Harambe, al igual que los leones, había nacido en cautiverio y hacía parte de un programa de reproducción de especies en peligro de extinción del Zoológico de Cincinnati, ubicado en Estados Unidos. Ambos hechos suscitaron preguntas fuertemente amplificadas por varios medios de comunicación alrededor del mundo: ¿resulta ético y legítimo mantener a ciertos animales en cautiverio, aun cuando el objetivo sea salvar una especie de su extinción?, ¿cuentan los zoológicos con protocolos de seguridad efectivos que impidan al máximo la muerte innecesaria de los animales?, ¿deben ser juzgados los padres del niño y el hombre suicida por negligencia e/o irresponsabilidad?

A nuestro parecer, dichas preguntas, reproducidas, reiteradas una y otra vez, por diferentes medios de comunicación, son eminentemente conservadoras y no meramente descriptivas u orientadas a comunicar un “sentir general”. Tales interrogantes, así formuladas, se encuentran íntegramente enunciadas desde un punto de vista antropocéntrico, por lo que obliteran y apuntalan lo que en otros lugares he llamado un antropo-poder, a saber, un poder que es ejercido por, y que confiere privilegios a, aquellos seres históricamente categorizados como humanos, siempre en detrimento de lo animal, los animales y, en general, de lo no humano. Existen un conjunto de preguntas mucho más fructíferas para quienes nos hallamos del lado de un pensamiento y una política animales o animalistas: ¿cuáles son las diferencias históricamente producidas entre un animal y un ser humano, entre un animal doméstico y uno salvaje, o entre un animal y un vegetal, como para que en los casos señalados: 1) los seres humanos sean privilegiados inmediatamente; 2) nos duela más la muerte de un animal salvaje que de uno doméstico, especialmente si es “de consumo” (como las vacas o los cerdos); 3) parezca demasiado radical pedir la abolición de los zoológicos y se opte por criticar sus protocolos de seguridad; 4) el problema sea, en buena parte, reducido a uno de irresponsabilidad o irracionalidad de ciertos individuos aislados? Además, ¿fueron los leones y el gorila asesinados, o simplemente, como dijo un trabajador de uno de los zoológicos mencionados, “era necesario aplicar la eutanasia”?

Los culpables: una máquina y muchos dispositivos

¿Qué es el zoológico? A menudo se cree que la respuesta a esta pregunta resulta sencilla, tan sencilla que tanto los activistas como los defensores de los zoológicos la suelen presuponer. Para los primeros el zoológico es una cárcel donde se encuentran animales salvajes internados injustamente; en su opinión, el animal salvaje, libre por naturaleza, se convierte en un reo triste y despotenciado, condenado a cadena perpetua sin haber cometido crimen alguno. Para los segundos, en cambio, el zoológico es un espacio educativo y que promueve el entendimiento y la conservación de un conjunto de especies (sobre todo de las especies difíciles de percibir en los contextos urbanos), además de ser un lugar de paso, reproducción y cuidado para animales salvajes arrancados de sus hábitats y/o en peligro de extinción. Personalmente me parece que ambas definiciones contienen elementos valiosos, y no por estar afincadas en el llamado “sentido común” son poco acertadas. Sin embargo, quisiera insertar al zoológico en un escenario más amplio y dar una definición que, quizá, tenga la capacidad de radicalizar las reivindicaciones animalistas y conectarlas con las reivindicaciones a menudo denominadas “ecológicas” y “sociales”. Con miras a lograr dicho propósito, me gustaría ofrecer un par de características, brevemente comentadas, que amplíen nuestra comprensión y actividad política en torno a los zoológicos:

1. El zoológico no puede ser disociado de una historia de la vista: A menudo se piensa que la vista carece de historia, que ver es una cuestión meramente natural, que la vista nos da acceso a la realidad de un modo transparente. Si, por ejemplo, hay un medio para dirimir disputas sobre la existencia de algo, este consiste en mirar por sí mismo el hecho, en “ver para creer”, como decimos coloquialmente. No obstante, la vista es más inestable, limitada y dispersa de lo que se suele pensar. En primer lugar, nunca vemos de una manera absolutamente transparente ya que siempre lo hacemos desde un medio, organismo o artefacto de observación específico; un perro, en su singularidad, no ve de la misma manera que un humano, o, de otro lado, no es lo mismo ver con anteojos que sin ellos o con un microscopio que sin él. La imagen perfecta y objetiva no existe, las imágenes dependen siempre de unas condiciones materiales de visualización bastante concretas, algo que ha puesto de manifiesto la tradición filosófico-sociológica crítica, de corte materialista, fenomenológico y hermenéutico, la tradición de la epistemología feminista (con autoras como la filósofa y bióloga Donna Haraway) e incluso ciertas vertientes de la Biología contemporánea misma (por ejemplo, con Humberto Maturana).

El zoológico es inseparable del énfasis en la vista que ha perdurado a lo largo de la historia de Occidente. Occidente, con el peso cultural griego y monoteísta, particularmente cristiano, siempre ha elogiado la luz, la claridad, y ha desdeñado la obscuridad y las sombras. Pensar claramente es pensar bien, es tener acceso a la verdad (por ello el énfasis visual no se limita al hecho de “ver con los ojos”, aunque “ver con los ojos” sea importante, no por nada la fe resulta inseparable de ver a Jesús resucitado nuevamente caminando sobre la tierra, en un cuerpo material, y con las vivas heridas de su crucifixión). Pero la claridad, lo blanco, es también sinónimo de lo puro, ¡y qué decir de la conocida frase según la cual “los ojos son el espejo del alma”! Autores críticos de las experiencias coloniales, como Frantz Fanon y Aimé Césaire, o más recientemente Aníbal Quijano y Silvia Rivera en Latinoamérica, no han dudado en mostrar la conexión entre el elogio de lo blanco/bueno/puro y un conjunto de clasificaciones raciales donde lo “negro” y lo “indio”, en cercanía con lo “femenino” y lo “animal-natural-irracional”, ha sido subordinado y sometido a diferentes tipos de explotación, incluida la de sus conocimientos, frecuentemente considerados falsos, meramente míticos, dóxicos, “alejados de la luz”. Finalmente, como acertadamente señala Luce Irigaray, el énfasis en la visión ha conllevado privilegiar un sentido que permite establecer una distancia con lo otro y los otros, ha posibilitado, en esa medida, crear la ilusión de un alejamiento, de una exterioridad descorporizada con relación al resto del mundo; un alejamiento, además, bastante conveniente para la fiscalización, el gobierno y la explotación.

Quien ve entra en una relación jerárquica, de dominio, respecto a quien es visto, y no revelo ninguna verdad si recuerdo aquí que el sujeto vidente por antonomasia es y ha sido, históricamente hablando, el Hombre blanco, cristiano y educado, “buen ciudadano” diríamos hoy, mientras que las personas históricamente racializadas como “negras”, “indias”, y en general no blancas, en compañía de los animales y la naturaleza, han sido reducidos a objetos de estudio, visión y materiales para el espectáculo y beneplácito del Occidente supuestamente moderno y civilizado. Los zoológicos, inscritos en esta tradición occidental específica de la visión, son espacios donde, por un lado, se ve, se observa, a un Otro exótico, salvaje, en un espectáculo que genera cierta satisfacción de la morbosidad y diversión, y donde, por el otro, se satisface una necesidad de saber, de conocimiento de un Otro animal convertido en objeto de estudio e inspección. Sobra añadir, finalmente, que objetivar es sinónimo de convertir lo vivo en inerte, de desvitalizar, de simplificar la complejidad y variabilidad del ente definido. En compañía de Spinoza, nosotras las bestias “salvajes” y “exóticas” gritamos: “¡Nadie sabe ni sabrá lo que pueden nuestros cuerpos!”.

2. El zoológico es un dispositivo moderno y colonial entre otros: Queda dicho, con lo anterior, por qué el zoológico constituye una realidad colonial, o, en otras palabras, de qué manera el zoológico se vende como un lugar neutro, universal, cuando, sin cesar, es un producto cultural del Hombre blanco occidental y sus específicos modos de visualización. Debido a la misma razón, el exotismo de los animales llamados salvajes está íntimamente unido a la observación-histerización de las mujeres y de sus cuerpos, de los intersexuales y homosexuales, a la tematización de ciertas poblaciones africanas como eslabones evolutivos en los procesos de hominización, y unido igualmente a fenómenos mucho más populares como los circos (fuertemente cuestionados por los animalistas), los freak shows (espectáculos que aglutinaban animales salvajes con rarezas étnicas, travestis, sujetos con extrañas mutaciones genéticas y enfermedades, etc.) o el blackface (donde un sujeto de piel clara se tiñe la piel de negro para ofrecer un espectáculo grotesco, al estilo del Soldado Micolta colombiano). Todos objetos para el conocimiento y la diversión del sujeto blanco y racional, pretendidamente moderno, civilizado.

Ahora bien, pese a que el énfasis en la visión ha sido consustancial a la historia de Occidente, a partir del siglo XVI —con el advenimiento y posterior auge de la modernidad y de sus lógicas coloniales intrínsecas— la organización de la vida en su conjunto se comienza a racionalizar y objetivar de una forma inédita. Aparecen los conocidos “recursos humanos” y “recursos naturales”. Los Estados, paulatinamente, empiezan a preocuparse por el entendimiento y modelamiento creciente de las poblaciones animales, de la naturaleza y el territorio en general, modelo que llega a un punto álgido en el siglo XIX y se intenta imponer a lo largo y ancho del globo hasta nuestros días. La construcción de los hospitales, las cárceles, las escuelas y los cuarteles son indisociables de una racionalidad científica (blanca, occidental) que pasa a ser parte del ejercicio gubernamental de poder, pues dichos espacios, así como su estructuración física concreta, son impensables hoy sin los discursos científicos médicos, psicológicos, biológicos, jurídicos, etc., que los acompañan. A su vez, esos espacios son lo que Michel Foucault ha llamado “dispositivos”, es decir, articulaciones de discursos y (otras) materialidades que dan lugar a realidades específicas. A manera de ejemplo, el loco, como moderno “enfermo mental”, solo existe en la medida en que se vuelve un objeto visible en el espacio que es el hospital mental y un objeto de enunciación para ciertos discursos médico-psicológicos. Todo dispositivo da lugar a “sujetos”, que son más bien “objetos” concretos, y se compone de elementos discursivos y no discursivos, o como Foucault los llamaba, de enunciados y visibilidades.

Siendo así, ¿por qué aislar al zoológico de esta corriente general? El zoológico es un dispositivo entre muchos otros, se compone de enunciados y visibilidades. Es decir, resulta impensable sin los discursos biológicos, zoológicos, etológicos, veterinarios, zootécnicos, etc., y sin espacios físicos puntuales donde están recluidos los animales. Pero lo más interesante aquí es que el zoológico no alberga meramente a los animales salvajes, sino que los produce. Los animales salvajes deben su existencia al zoológico, así como los domésticos a las granjas (industriales o tradicionales, estas últimas no exentas de racionalización) y los de laboratorio a los bioterios. En otros términos, atacar la existencia de los zoológicos, pelear por su abolición, implica también cuestionar lo que se entiende comúnmente por “animal salvaje”, así como sus diferencias con los animales domésticos y de laboratorio. En síntesis, atacar los zoológicos, las granjas y los bioterios, como solemos hacer los animalistas abolicionistas, es atacar la definición científica misma de animal salvaje, doméstico y de laboratorio, y, por ende, la diferencia entre humanos y animales, y entre lo humano y lo no humano en general. Pero cuestionar los zoológicos, las granjas y los bioterios implica también cuestionar los hospitales, las cárceles, las escuelas, los manicomios, e incluso los dispositivos que insisten en generar una “naturaleza desnuda” como las reservas naturales. Por supuesto, una escuela no equivale a una prisión, ni un zoológico a un hospital y mucho menos a una reserva natural, pero responden a un mismo diagrama de fuerzas que los comunica.

Pregunta inmediata: ¿cómo se ha definido, entonces, al animal salvaje? En primer lugar, el animal salvaje, como bien apunta el epígrafe de Jacques Derrida, se ha definido como meramente reaccional, a saber, como uno que reacciona irracionalmente antes que responde racionalmente. En otros términos, el animal salvaje no crea, simplemente reproduce, y esto es verdad tanto para los animales domésticos como para los salvajes en general, en el escenario moderno-colonial. La diferencia entre un animal salvaje y uno doméstico, de acuerdo con el orden discursivo científico, radica en que el animal doméstico constituye una elaboración del ser humano. El animal doméstico es moldeado por el ser humano y está atado a las funciones prescritas con relación a él. El animal doméstico es un esclavo ontológico, pues si el ser humano no necesitara de sus funciones vitales este se extinguiría. En esa medida, cada animal es racializado según su relación con los seres humanos (racialización adelantada sobre todo por la Veterinaria y la Zootecnia), por ello hay animales domésticos “de carne”, “de lidia”, “de compañía”, etc. Los animales domésticos no son menos reaccionales o irracionales que los salvajes, pero sus reacciones no entran en contradicción con la seguridad de los seres humanos, todo lo contrario, están a su servicio. Por este motivo es sorpresivo que un animal “de compañía”, como supuestamente lo es el perro, muerda a su amo; o que, de nuevo, siendo un animal “de compañía”, algunos pueblos (bárbaros, incivilizados o inhumanos, se les dice) osen sacrificarlo para consumo. Es más, un pueblo se concibe como más desarrollado entre más y mejor domestique a los animales y especifique sus funciones; de hecho se repite una y otra vez que la domesticación constituyó un gran progreso en el marco de la historia universal de la humanidad. Los biólogos suelen llamar a esta relación jerárquica “simbiosis”, produciendo de paso su naturalización y deshistorización.

En contraste, los animales salvajes, esos que tienen existencia gracias a dispositivos como los zoológicos (los cuales simplemente dicen desear conservarlos y reproducirlos, y que probablemente tienen su versión más sofisticada y sutil en las grandes reservas naturales –donde aparentemente existen en libertad–), en contraste estos animales singulares son entendidos como máquinas reaccionales, irracionales, cuyas acciones sí que pueden atentar contra la seguridad de los seres humanos. No es casual, por ende, como muestra Derrida en nuestro epígrafe, la cercanía entre los animales del zoológico, salvajes, irracionales, y los enfermos del hospital psiquiátrico. Los diversos dispositivos de nuestro mundo moderno-colonial, conectados entre sí, cumplen funciones diferenciadas según la racionalidad/irracionalidad de los seres/objetos/sujetos que albergan/producen: existen dispositivos que moldean la irracionalidad con el fin de convertirla en racionalidad, aquí el dispositivo protagonista es la escuela, donde el niño, ser profundamente irracional e irresponsable, se pretende transformar —con el paso del tiempo de manera cada vez más precoz, incluso desde el vientre mismo con la llamada estimulación temprana— en un ser racional y responsable (responsable, que puede responder por sus actos y no meramente reaccionar irracionalmente); pero también, y este es un punto inexplorado en el trabajo de Foucault, existen dispositivos que producen y albergan la irracionalidad, el salvajismo mismo, sin pretender moldearla ni extinguirla, y aquí uno de los grandes modelos es, por supuesto, el zoológico. Dejémoslo claro una vez más: este salvajismo, que simplemente se dice estudiar y describir, el pensamiento científico moderno lo produce activamente sin cesar.

En ese sentido, respecto a los ataques al zoológico, no es una opción segura el modelo de la reserva natural (aunque quizá sea más aceptable en muchas coyunturas políticas), que no es otra cosa que una sofisticación del prístino, salvaje, Jardín del Edén, subordinado a Dios y el ser humano (quien en la modernidad, se dice, ha ocupado el lugar de Dios). A propósito del Edén, vale recordar que el moderno zoológico en parte constituye una evolución de las Casas de Fieras poseídas por reyes-patriarcas (ungidos divinamente) como signo de su poderío y expresión de su control. Casas de Fieras que, con el ánimo democratizador de la modernidad, dejan de reflejar el poder particular de un rey para pasar a reflejar el gobierno racional, científico, del Estado sobre la naturaleza y la población. No es casual que la construcción de los zoológicos haya sido subvencionada por los Estados, ni que las grandes ciudades modernas tengan uno representativo: Berlín, París, Londres, Ámsterdam, Buenos Aires, Santiago de Chile, etc. De hecho, el primer gran zoológico moderno (genealógicamente hablando), el de París, fue inicialmente la mismísima Casa de Fieras del rey Luis XIV, en Versalles. Y hablamos de Luis XIV, no de cualquier rey, sino de un rey famoso por la frase “el Estado soy yo”, que, más allá de que la hubiera pronunciado o no, da cuenta del Estado absolutista que este encarnaba, de una soberanía supuestamente absoluta proveniente de un modelo teológico (la soberanía de Dios sobre sus criaturas) y reeditada en la soberanía nacional del Estado moderno, compuesto por los diversos dispositivos que acá hemos mencionado someramente.

En otros lugares he intentado, como contribución teórico-política colectiva al Movimiento Abolicionista de Liberación Animal y como práctica vegana, caracterizar al especismo antropocéntrico en tanto máquina de jerarquización, es decir, no meramente como una forma de discriminación basada en la especie y en beneficio de los seres humanos, sino como un orden que involucra un extenso conjunto de relaciones naturo-culturales interespecíficas, dispositivos simbólicos y tecnológicos, distribuciones espaciales, afectaciones de los cuerpos, entre otros elementos. Orden que re/produce la sistemática subordinación, sujeción y explotación animal y que se basa en la dicotomía humano/animal. Tenemos, pues, una máquina, el especismo antropocéntrico, y muchos dispositivos que la componen, entre ellos el zoológico. Sin embargo, reitero, no basta luchar por la abolición del zoológico, es necesario subvertir lo que se suele entender por animal doméstico y salvaje, así como la diferencia entre un animal y un humano y, en el límite, entre lo humano y lo no humano. La máquina de jerarquización especista antropocéntrica funciona incrustada en esa gran formación tecno-bio-físico-social que es el mundo moderno-colonial, la cual ha afirmado al Hombre blanco, que es el ideal de ciudadano moderno-colonial, en detrimento de todo lo considerado salvaje y natural (mujeres, niños, dementes, indios, homosexuales, negros, enfermos, animales, plantas, ríos, etc.), para lo cual existen técnicas y dispositivos que es inaplazable cuestionar y atrofiar, sea desde dentro, desde fuera o en los bordes. Lo que está en juego acá es una redefinición de la vida misma, allende las dicotomías cultura/naturaleza, civilizado/bárbaro, doméstico/salvaje, masculino/femenino, etc.; lo que está en juego es aquello que Matthew Calarco denomina un espacio de indistinción, aunque, provisionalmente, sea productivo ponernos del lado subordinado de las dicotomías y reiterarlas creativamente con el fin de “reapropiarnos” de nuestros objetivados cuerpos y vidas. Y, por supuesto, no debemos olvidar que nuestra lucha antiespecista es también anticapitalista, pues es el capitalismo —uno de los ejes del mundo moderno-colonial— el que incentiva y requiere convertir la naturaleza entera en recurso modificable, usable, intercambiable.

Volviendo a Harambe y los dos leones asesinados

Los casos de Harambe y de los dos leones asesinados son, ciertamente, bastante ilustrativos de lo que hemos venido comentando. Aquí sobra decir que Harambe y los leones no son meras excusas para nuestras especulaciones teóricas, todo lo contrario, es con y por Harambe y los leones que pensamos y escribimos; escribimos como manada, como cardumen o virus incontrolable. Nosotras no tenemos la razón, ni pretendemos tenerla, simplemente escribimos para vivir, con el ánimo no solo de continuar respirando, sino de vivir mejor y de vivir siempre mejor-con. Es debido a esto que si nuestro escrito trasluce algún tono imperativo, prescriptivo o normativo, en absoluto tiene dicho carácter, lo aparentemente imperativo no es más que la expresión de nuestra fuerza vital, de lo politizadas de cabo a rabo que nos encontramos nosotras, nosotras las bestias. Odiaríamos que nuestro trabajo reprodujera la subordinación de la práctica a la teoría, del cuerpo a la mente, de la naturaleza a la cultura. Nosotras pensamos viviendo y vivimos pensando. Así, pues, ¿qué nos enseñan Harambe y los leones?

En primer lugar, nos enseñan a salir del círculo vicioso de atribución de responsabilidades e irresponsabilidades. Ya hemos visto que comparar el zoológico con la prisión tiene bastante sentido, pues ambos dispositivos pertenecen a un mismo diagrama de fuerzas; de la misma manera, no resulta desacertado comparar la escuela con la prisión o el hospital. Pero el zoológico, en tanto dispositivo, como lo hemos visto, posee su singularidad, y allí los animales no son presos sino, justamente, animales salvajes, reaccionales, irresponsables y potencialmente peligrosos para los seres humanos. A los animales del zoológico no hay que “liberarlos” de su condición de presos, sino de su condición de animales salvajes, y por tanto de animales. Afirmar que los leones o el gorila estaban condenados a cadena perpetua por un crimen que no cometieron equivale a confundir demasiado el zoológico con la prisión, pues la prisión está diseñada para sujetos supuestamente responsables de sus actos que cometieron irracionales irresponsabilidades, crímenes, mientras que el zoológico está diseñado, de entrada, para sujetos a los cuales no se les puede atribuir ningún tipo de responsabilidad. Caracterizar a los animales salvajes de “inocentes” es, de una u otra manera, reafirmarlos en tanto salvajes, ya que los salvajes no pueden ser más que infinitamente inocentes o culpables, es decir, sus actos no son actos volitivos, de decisión, sino reaccionales, irracionales. De hecho los indígenas han pasado por caracterizaciones coloniales muy cercanas, han sido vistos inevitablemente como buenos o malos salvajes (totalmente “inocentes” o “culpables”), pero nunca como complejos seres racionales que deciden sobre sus actos en cada circunstancia.

Con lo anterior no pretendo afirmar que los animales salvajes merezcan ser tenidos en cuenta como seres responsables de sus actos, sino conmover la dicotomía responsabilidad/irresponsabilidad, o como Derrida la denomina: respuesta/reacción, que no es otra cosa que una traducción de la dicotomía racional/irracional, humano/no humano. La tarea es sumamente urgente puesto que, al definir al animal salvaje como tal, se está delimitando de antemano lo que su potente cuerpo viviente puede, de lo que es capaz, una delimitación que, aunque en sentido estricto es siempre imposible, hace mella en la carne, y es por esto mismo que un animal que ha vivido demasiado tiempo en un zoológico probablemente no pueda vivir en otro sitio. Algunos animales son tan salvajes que solo existen en el lugar que los produce como salvajes para la satisfacción (científica/espectacular) de los seres humanos: el zoológico. El zoológico, al tener animales tan sujetos a su control, demuestra la artificialidad de lo salvaje que desde su creación ha querido negar. Podríamos decir, jugando, que si existe algún criminal en los recientes hechos, algún culpable, es el impersonal dispositivo que es el zoológico, el cual, de entrada, con la objetivación de una miríada de singularidades vivientes, las mata lentamente al pretender conservarlas para el espectáculo y el conocimiento humano. Probablemente, en otro nivel, tanto Harambe como los dos leones ya estaban muertos, el darles muerte no fue más que una expresión radical de lo que el zoológico venía haciendo desde siempre, desde que los consideró salvajes.

Otras dos formas bajo las cuales se ha reproducido el círculo vicioso de asignación de responsabilidades y salvajismo, es con relación al hombre que ingresó a la jaula de los leones y los padres y el niño involucrados en el caso de la muerte de Harambe. El hombre, quien, recordemos, instigó a los leones porque deseaba suicidarse, fue despreciado ampliamente en la medida en que, como ser responsable, humano, tomó una decisión que le costó la vida a seres “inocentes”, siempre inocentes pues nunca podían haber sido responsables de sus actos, en este caso de atacar al hombre. Pero, por otro lado, se ha excusado a ese mismo hombre, pues para haber hecho tal “barbaridad” debió haber estado demente, y un demente no puede responder por sus actos. Como vemos, las explicaciones no cesan de moverse en el espacio de lo pensable que requiere la existencia misma del zoológico y, a medida que la indignación crece, a medida que los animalistas lloran las muertes de los animales, parece más apremiante la necesidad de encontrar victimarios para su judicialización. No estoy seguro de que la asignación de culpas solucione lo ya acontecido, tampoco me parece que prevenga futuros actos como estos; por el contrario, me inclino a pensar que, si lo que deseamos es frenar lo que de mortífero tiene el zoológico, resulta imprescindible reconocerlo como dispositivo y cuestionar radicalmente sus componentes, cuestión que abarca interrogar la noción tradicional de culpa y responsabilidad. Asimismo, la tendencia a considerar a los padres del niño que cayó en la fosa de Harambe como adultos irresponsables, negligentes, tampoco solucionará nada. Seguramente los padres le ofrecen un buen cuidado cotidiano a su hijo y no desearon nunca que sucediera lo acontecido; es más, quienes han sido padres saben que los accidentes ocurren muy seguido y que hacen parte del devenir de la vida, incluso cuando muchos pueden llegar a poner en riesgo esa vida.

De otro lado, existió una deriva profundamente patriarcal en la que cayeron muchos animalistas y ecologistas, ya que, inmediatamente, concentraron el juicio en la madre del niño como si ella fuera la única responsable de prestarle los debidos cuidados a su hijo. ¡Cómo si la seguridad en un espacio de estos dependiera solo o mayoritariamente de las madres! Yo me preguntaría, primero que todo, en qué tipo de configuración social visitar un zoológico (donde viven supuestos animales salvajes, peligrosos) hace parte de un plan familiar o escolar típico. ¿Qué función tienen dichas visitas y por qué son tan importantes para los menores? Fuera de la satisfacción de la curiosidad, de cierta glotonería de la visión que ya hemos abordado aquí, la visita al zoológico produce sujetos que se afirman a sí mismos en contraposición a los animales salvajes, a unos animales que, se les dice, deben ser protegidos y conservados. De hecho no es casual que, en los entornos urbanos, los niños sean llevados a las granjas con el objetivo similar de que aprendan qué es un animal doméstico y qué funciones desempeñan con relación a los seres humanos. Si realmente nos importa el problema del cuidado, lo primero que es preciso reflexionar, antes que juzgar a la madre, es cómo se encuentra distribuido el cuidado actualmente. Aquí salen a relucir preguntas como las siguientes: ¿Por qué, inmediatamente, se privilegia la vida del niño frente a la del gorila? (pregunta, como dijimos, a la que le precede: ¿por qué el gorila termina en el mismo espacio que el niño?), o ¿por qué se lamenta tanto la muerte del gorila y los leones mientras, al tiempo, se sacrifican millones de animales para su consumo (en condiciones cada vez más desafortunadas)?

Así Frans de Waal, conocido primatólogo, haya dicho que el gorila mostró un comportamiento que combinaba protección frente al niño y confusión, la reacción inmediata fue la de darle muerte, pues en espacios como el zoológico siempre primará la visibilidad de la supuesta naturaleza salvaje, irracional, reaccional, de todo animal; es justamente la producción de esa naturaleza la función que tiene. Con los leones, grandes felinos carnívoros, habrá incluso menos titubeos al momento de disparar. Y es que, efectivamente, en configuraciones sociales donde se jerarquiza, confina y separa a los seres según una escala de racionalidad, interactuar con otras “especies” de otros modos es un arte desconocido. La producción de humanos y de animales domésticos y salvajes es, concomitantemente, la producción de las debidas relaciones entre estos, y dichos esquemas no son simplemente “ideológicos”, sino que los corporizamos, nos constituyen. Cualquier ser humano promedio pretendidamente moderno que se imagine en un mismo espacio con un león, no puede concebir otra relación que una relación bélica, violenta, de lucha. Pese a esto, es bien sabido que muchos pueblos han convivido (no diré “armónicamente”, pero sí de otros modos) con todo tipo de “animales salvajes”, desde serpientes hasta elefantes y grandes felinos. En cualquier caso, fraguar relaciones significa fraguar mundos, construir otro tipo de formas-de-vida entrelazadas que minen la hegemonía de dispositivos especistas como el zoológico. Igualmente significa redistribuir y repensar el cuidado radicalmente, así como a quienes consideramos que deben encargarse de cuidar y los objetivos de los cuidados. Cuidar a un animal doméstico a la par que se lo considera ontológicamente sujeto al ser humano, o a un animal salvaje al tiempo que se lo concibe como meramente reaccional —sin que, incluso, los desarrollos en la etología contemporánea ayuden mucho a este respecto— es, en términos generales, igual de nocivo que cuidar a un niño para que se convierta en un supuesto adulto responsable; no porque el niño y los animales domésticos o salvajes sientan las mismas consecuencias tras ser categorizados cada uno en su forma respectiva, sino porque los dispositivos se encuentran interconectados: el sujeto responsable solo se hace responsable a costa de despreciar su “irracionalidad”, su “salvajismo”, y el “salvajismo” de los mismos “animales salvajes” y la “naturaleza”.

En memoria de Harambe y los dos leones asesinados

¡Por la abolición de los zoológicos!

  • Tomado de: http://www.desdeabajo.info/sociedad/item/29006-zoologico-criminal-a-manera-de-manifiesto.html
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Reseña: Trayectorias escolares protegidas

Fuente IIPE Buenos Aires / 13 de junio de 2016

El documento «Trayectorias escolares protegidas» fue elaborado por Néstor López y Vanesa D’Alessandre del IIPE UNESCO con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2015 y como parte de la campaña lanzada por la oficina de la OIT en Argentina para dicha fecha.

El acceso al sistema educativo es el primer paso hacia el logro de trayectorias escolares exitosas. En Argentina, en 2013, prácticamente la totalidad de los niños y niñas de 5 a 14 años y el 84% de los adolescentes de 15 a 17 años concurría a la escuela, lo que da cuenta de los avancesrealizados para garantizar el acceso a la educación como un derecho universal. Este proceso de expansión se dio, además, reduciendo las brechas de desigualdad entre los diferentes estratos sociales y entre las distintas áreas geográficas del país. Sin embargo, también es cierto que solo el 60% de los adolescentes se graduó en el nivel medio y que, entre quienes provienen de los sectores sociales más desfavorecidos, esta proporción se reduce a menos de la mitad.

Año del Documento:
2015
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