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Chile: Cuarentena. 49 % de docentes siente que no logra que los estudiantes aprendan

América del sur/Chile/04 Junio 2020/semana.com

Una encuesta aplicada a profesores en Chile reveló que solo un 9 % considera que sus alumnos cuentan con hábitos para estudiar de forma autónoma.

Dos meses después del inicio de la cuarentena queda claro que nada reemplaza al profesor y a las clases en las aulas. El gremio docente tuvo que adoptar repentinamente las clases a distancia y replantear su profesión casi desde los cimientos debido a la crisis sanitaria generada por el nuevo coronavirus.

Si para un profesor no era tarea fácil lograr captar la atención de al menos 25 estudiantes en un salón de clase, adelantar las materias mediante vías tecnológicas, o incluso sin supervisión directa del docente, se ha convertido en todo un desafío tanto para los colegios, como para las familias.

La encuesta ‘Docencia durante la crisis sanitaria: La mirada de los docentes‘ buscó analizar cómo se está adelantando, arrojando una conclusión preocupante: los profesores sienten que los alumnos no están aprendiendo. El 49% de los encuestados consideró que debido a la pandemia no están logrando que sus estudiantes aprendan lo necesario.

E
n el estudio participaron 3.176 docentes de colegios públicos y privados de Chile, a quiénes se les indagó cómo se están abordando las clases a distancia producto del coronavirus. En ese sentido, uno de los hallazgos es que solo un 9 % de los profesores considera que la mayoría de sus estudiantes cuenta con hábitos para estudiar de forma autónoma y el 75 % piensa que sus alumnos y alumnas no poseen las habilidades necesarias para utilizar aplicaciones para estudiar a distancia.

“Estos resultados corresponden a las primeras estrategias y soluciones que los docentes y sus comunidades educativas pudieron desarrollar durante el inicio de la educación remota. Por ello, esperamos que al mostrar los aciertos, alertas y riesgos los actores del sistema de Educación de Chile y de otros países puedan diseñar e implementar estrategias y políticas para apoyar a los docentes de las escuelas y liceos en la tarea de enseñar en el contexto de la crisis sanitaria”, indica el informe.

Si bien un 62 % de las y los profesores declara que se ha comunicado de forma frecuente con sus estudiantes, sólo han logrado hacerlo con la mitad de ellos. Asimismo, solo un 27 % de las y los profesores reconoce utilizar frecuentemente las plataformas sugeridas por el Ministerio de Educación.

«Con el cierre de escuelas el derecho a la educación de muchos estudiantes se está viendo fuertemente vulnerado, dado el bajo acceso efectivo a Internet, redes de apoyo y servicios sociales”, explicó el profesor de la Universidad de Cambridge, Javier González, uno de los autores.

Precisamente, los datos reflejan que sólo la mitad de los docentes (42%) dice haber recibido acompañamiento pedagógico para planificar clases a distancia y un tercio declara recibir apoyo para el uso de recursos digitales (32%).

En relación al método de trabajo, el estudio reveló que, principalmente, está basado en el envío de guías (81%) y tareas a los estudiantes (75%). Por el contrario, las actividades menos desarrolladas son aquellas que suponen estrategias interactivas, ya que menos del 20% de los docentes declara organizar grupos de trabajo entre los estudiantes (11%) o realizar videoconferencias para hacer clases (16%).

«Todo lo anterior indica que las condiciones para poder trabajar de nuevas maneras y usar nuevos materiales son difíciles dada la dificultad de acceder e interactuar con sus estudiantes”, concluyó la directora del Observatorio de Prácticas Educativas Digitales (Oped) y académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Chile, Magdalena Claro.

El estudio, llevado a cabo en todo el país entre el 20 y 30 de abril, fue realizado por el Instituto de Informática Educativa de la Universidad de La Frontera; el Observatorio de Prácticas Educativas Digitales de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile; SUMMA – Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y el Caribe; el Centro de Desarrollo Profesional Docente de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales y el Centro Costadigital de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/mitad-de-docentes-siente-que-no-logra-que-estudiantes-aprendan-en-cuarentena/674307

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Islas Galápagos y Costa de Ecuador inician curso escolar virtual

América del sur/Ecuador/04 Junio 2020/prensa-latina.cu

Las regiones costa y Galápagos de Ecuador comienzan el nuevo curso lectivo 2020-2021, bajo la modalidad virtual, debido a la situación sanitaria que vive este país sudamericano, por la pandemia de Covid-19.
El principal desafío es lograr que la docencia llegue a todos los estudiantes, teniendo en cuenta la necesidad de recursos tecnológicos y de conectividad para acceder al nuevo mecanismo dispuesto por el gobierno nacional.

Son alrededor de dos millones 500 mil los alumnos que iniciarán las actividades académicas en las instituciones educativas públicas, fiscomisionales, particulares y municipales, de acuerdo con el cronograma establecido por el Ministerio de Educación.

El nuevo modelo pedagógico se denomina ‘Plan Educativo: Aprendemos Juntos en Casa’, con énfasis en el apoyo emocional.

Para garantizar un adecuado proceso docente-educativo, las autoridades habilitaron un sitio digital que contiene actividades pedagógicas en casa organizadas por día, asignatura, textos escolares digitalizados, lineamientos y protocolos para estudiantes, familias y docentes ante la emergencia.

Asimismo, hay más de 30 plataformas y portales complementarios por nivel y subnivel, así como acceso a cursos de formación docente en otras plataformas.

Los estudiantes que carecen de conectividad podrán contar con acceso a guías pedagógicas impresas, así como a espacios televisivos a través de los cuales se transmitirá el programa ‘A-prender la Tele’, y de ‘Educa Radio’, en numerosas emisoras.

El periodo lectivo se desarrollará en dos quimestres, el primero desde esta jornada hasta el 8 de octubre de 2020 y el segundo desde el 15 de ese mismo mes hasta el 12 de marzo de 2021.

Mientras, el curso escolar 2019-2020 está en su etapa final en las regiones Sierra y Amazonía, que abrieron el modo virtual de clases el pasado mes de marzo, cuando se declaró emergencia sanitaria en esta nación andina, una de las más afectadas por la nueva cepa de coronavirus en América Latina, con tres mil 358 muertes oficiales por la enfermedad.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=370466&SEO=islas-galapagos-y-costa-de-ecuador-inician-curso-escolar-virtual
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Argentina: La odisea de garantizar las viandas escolares para los niños más pobres

América del sur/Argentina/04 Junio 2020/elpais.com

La suspensión de clases presenciales en Argentina obligó a diseñar estrategias inmediatas para hacer llegar a las casas los alimentos que las escuelas daban a diario a los alumnos que no tienen qué comer

Hace más de 70 días se suspendieron las clases presenciales en las escuelas argentinas por la covid-19. Para muchos niños y niñas, el cierre no solo impacta en su educación y sociabilización, sino también en el acceso a una comida saludable. Las viandas escolares son esenciales para muchas familias en situación de vulnerabilidad.

La norma que suspendió las clases estableció la continuidad de la provisión de viandas para quienes dependen de la escuela para alimentarse. En la ciudad de Buenos Aires, donde la cuarentena sigue de manera más estricta, el Gobierno está ofreciendo 420.000 canastas escolares en más de 1.340 centros educativos, los cuales abren sus puertas para entregar los alimentos. De todas formas, la coordinación logística de las entregas se ha encontrado con muchos obstáculos.

El 20 marzo, el día que comenzó el aislamiento social obligatorio, Gisela Quintana, una vecina de 35 años de la Villa 31, tuvo que ir hasta el colegio de sus hijas, de nueve y tres años, para retirar las viandas para transportarlas a su casa. Para llegar hasta allá tenía que tomar un colectivo y caminar varias cuadras. De por sí, era complicado salir del barrio porque las fuerzas de seguridad no lo permitían sin un salvoconducto. Además, debía exponer su salud en el transporte público.

“Fui dos veces a la escuela Indira Gandhi a retirar las viandas. Como a muchas familias se les complicaba llegar hasta ahí, con un grupito de madres esperábamos hasta la tarde y traíamos al barrio lo que sobraba para repartirlos con otros chicos que asisten al centro. Si no, se tiraba”, cuenta Quintana.

La presidenta de la cooperadora de la escuela Indira Gandhi, Paola Rocha Matto, también es vecina de la Villa 31 y ella insistió mucho para que las entregas se pudieran realizar en el barrio. Ella reconoce que era complicado para los chicos ir a buscarlas. Allí, asisten 184 alumnos de la Villa 31.

“El primer lunes que se decretó la cuarentena, fui a la escuela y la directora me mostró la olla de guiso que se tuvo que tirar porque muchas familias no pudieron llegar. Después se entregaron sandwiches y si no los venían a recoger antes de las 14, había que tirarlos a la basura. Algunas veces pudimos coordinar con un colectivo que se desvió del recorrido y nos acercó las viandas al barrio. Yo esperé al chofer para recibirlas y avisé a las familias por Whatsapp para realizar la entrega. Se hizo de manera improvisada e informal”, dice Rocha Matto.

Las primeras comidas que se ofrecieron consistían en un sándwich, una fruta y una barrita de cereal. A partir del 1 de abril, el Gobierno cambió la metodología y comenzó a ofrecer bolsones de alimentos para 15 días. Ahora, las canastas contienen productos para el desayuno, almuerzo y refrigerio. Se entregan para que las familias puedan cocinarlos en sus hogares. Las diputadas Myriam Bregman y Alejandrina Barry, del Frente de Izquierda, familias y docentes denunciaron que los bolsones no alcanzaban y no eran saludables.

Una mujer camina por el barrio 31 de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), uno de los lugares con más casos de covid-19.
Una mujer camina por el barrio 31 de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), uno de los lugares con más casos de covid-19. JUAN IGNACIO RONCORONI EFE

“Ahora estamos peleando justamente para que el contenido mejore en cantidad (que consideramos es insuficiente), variedad (para que haya más equilibrio entre los seis grupos de alimentos) y calidad (ya que no cumple con los valores nutricionales de la ley de alimentación saludable)”, dice Eric Soñis, abogado del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CEPRODH).

Para el desayuno y el refrigerio se ofrece prácticamente lo mismo: dos litros de leche, cinco saquitos de té y cinco de mate cocido, cinco frutas, cinco envases individuales de galletitas y cinco barras de cereales. Para 15 almuerzos, se brinda un paquete de arroz, uno de fideos, uno de azúcar y uno de queso rallado. También, una caja de puré de tomate, una botella de aceite, una bolsa de lentejas, una lata de arvejas y pescado en conserva. Las verduras: zanahoria, calabaza y cebolla. De postre, una caja de flan o gelatina y cinco unidades de frutas.

Como quedó en evidencia la dificultad de las familias para llegar a las escuelas, que estaban lejos de los barrios, tuvieron que acercar los bolsones hacia ellas. Pero así y todo, la desorganización permaneció. “Yo estoy embarazada, a una semana de tener familia, y me daban puntos de retiro distintos para cada una de mis hijas. Me recorrí la villa de punta a punta para buscar los bolsones”, dice Gisela Quintana. La Villa 31 es uno de los principales asentamientos informales de la Ciudad.  Ahí viven más de 40.000 personas.

Además de las canastas escolares, Quintana asiste a un comedor barrial. Asegura que no le alcanzan los productos que le entregan. Ella es mamá soltera y por el momento no está trabajando. En cinco de cada 10 hogares de villas y asentamientos se dejó de comprar algún alimento por no tener dinero, según una información que denunció Unicef. En el 17% de los hogares algún miembro de la familia acudió a algún comedor comunitario a retirar viandas o alimentos. La última vez que Quintana fue a retirar los bolsones había mucha gente. Cuenta: “Tuve que hacer dos filas. La gente no cumplía el distanciamiento social. Estaban todos amontonados. Algunos con el barbijo y otros no”.

En este momento, uno de cada tres casos confirmados del nuevo coronavirus en Buenos Aires se registra en villas y asentamientos. El Gobierno porteño confirmó más de mil casos de covid-19 en los barrios vulnerables de la Ciudad. Los más afectados son: Barrio 31 con y Barrio Padre Ricciardelli (1-11-14).

Romina Pérez (nombre ficticio por pedido de la entrevistada) también tuvo problemas para retirar las viandas escolares de sus hijos de once y cinco años. La mujer de 35 años había retirado los alimentos de los niños en la Escuela María Elena Walsh, cercana a su domicilio en la Villa 31. Recientemente, se acercó para retirar nuevos bolsones y el personal del colegio le avisó que a ella le habían cambiado el punto de retiro. Le dijeron que debía consultar en otro centro que se encuentra fuera del barrio.

A ella le resulta imposible salir del distrito para ir a retirar las viandas. Explica que este se encuentra cercado debido a las medidas de emergencia dispuestas por la cuarentena y que además no cuenta con ninguna persona que pudiera quedarse al cuidado de sus hijos mientras ella sale de su casa. A todo esto, agrega que ha sido víctima de violencia de género y que cuenta con una medida de restricción vigente y con botón anti pánico. En lo que se refiere a sus ingresos, dice que en épocas normales se desempeña en una cooperativa y que cobra una suma mensual aproximada de 6.000 pesos argentinos, unos 82 euros. Pero en este contexto, solo percibió la Asignación Universal por Hijo, la transferencia del estado para menores de 18 años en situación económica vulnerable. El monto de la asignación es de 3.100 pesos (42.5 euros)

Mariana García (nombre ficticio) vive en la Villa 31 bis y tiene ocho años. Su madre solicitó una vacante escolar en tercer grado de educación primaria y la pandemia la encontró en lista de espera. Como Mariana no obtuvo su vacante no pudo ser considerada para solicitar una beca alimentaria. En los casos como el de Mariana, los chicos no solo no acceden a las viandas, sino que tampoco tienen clases a distancia.

Mientras en muchos barrios vulnerables, tras muchos obstáculos y trabas logísticas, se  logró acceder a bolsones de comidas, en Saldías, un asentamiento lindero a la Villa 31, todavía no llegó ninguna entrega, a pesar de formar parte de la Comuna 2, uno de los distritos con más recursos de la Ciudad de Buenos Aires. Durante el ciclo escolar, niñas y niños de este asentamiento viajan más de dos kilómetros a pie para asistir a la escuela, pero en este contexto se les hace imposible ir hasta allí.

Varias madres se organizan para recoger las canastas de alimentos de las escuelas.
Varias madres se organizan para recoger las canastas de alimentos de las escuelas. F. T.

La Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) viene acompañando el reclamo del barrio Saldías para que se cumplan sus derechos y las comidas lleguen hasta las familias y los menores de edad sin exponerlas a riesgos sanitarios. Se ordenó establecer mecanismos para facilitar el acceso a quienes viven lejos de las escuelas y para algunas familias la solución es retirar los bolsones de alimentos en otros centros educativos o instituciones públicas cercanas a sus domicilios, pero en Saldías no hay ninguna.

Ante la intimación judicial para resolver esta situación, el Gobierno de Buenos Aires propuso un punto de entrega a un kilómetro de distancia, cuyo acceso supone atravesar avenidas no urbanizadas y el cruce por un camino solo transitado por camiones hasta la Villa 31. “Con los contagios en la Villa 31, las familias no están dispuestas a movilizarse hasta allá”, comenta Francisco Rodríguez Abinal, integrante del área de Derechos Económicos Sociales y Culturales en ACIJ.

Según Carmen Ryan abogada y coordinadora del área Derechos Económicos, Sociales y Culturales de ACIJ, es importante que las entregas sean en puntos accesibles para las familias. Dice: “A veces cerca de las casas es un centro comunitario o una escuela. Pero cuando no están estas posibilidades, el Estado tiene que acercarse con una camioneta y generar un nuevo puesto de distribución”. En este sentido, Rodríguez Abinal agrega: “Hay que reconocer que las formas de entrega son deficitarias. Mejorar la logística implica brindar más posibilidades para las familias, ser más flexibles y dar más horarios para evitar la concentración de personas”.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/05/22/planeta_futuro/1590152244_351695.html

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La muerte de Ramona Collante en el barrio 21-24 “Una muestra del maltrato sin fin”

América/Argentina/03/06/2020/Autor y fuente: pagina12.com.ar

El Comité de Emergencias de la villa denunció que el SAME desatendió a la mujer de 54 años. El párroco De Vedia advirtió sobre el abandono.

La muerte de Ramona Collante, la mujer de 54 años que tenía coronavirus y falleció el sábado en el barrio 21-24, «se podría haber evitado», advirtió el cura de la parroquia Caacupé, Lorenzo “Toto” De Vedia, en diálogo con Página/12. Cuando la mujer murió, esperaba una ambulancia del sistema público de salud; su hija había llamado al SAME por segunda vez, pero cuando finalmente los médicos llegaron, Collante ya había fallecido.

Por su parte, en conferencia de prensa del Gobierno porteño, Alberto Crescenti, responsable del servicio de emergencias, sostuvo que «si cometemos algún error, lo vamos a decir». En el barrio hay más de 300 casos confirmados de coronavirus, mientras que en las últimas 24 horas, 13 personas fueron dadas de alta.

Ramona tenía hipertensión y problemas respiratorios, pero como no había manifestado síntomas hasta el momento, todavía no se había hecho el test de coronavirus. El viernes, su estado de salud había empeorado, por lo que su familia pidió asistencia médica. Sin embargo, tras medicarla “con algo similar al parecetamol”, indicó De Vedia, los profesionales del SAME le dijeron que se quedara en su casa, que ya se le iba a pasar. «Estas situaciones demuestran el maltrato que hay hacia los vecinos del barrio», advirtió De Vedia.

“Lo que se denuncia es el abandono, porque si bien no sabemos si se hubiera salvado, por lo menos se hubiera intentado que esté en mejores condiciones”, señaló a Página/12 Mercedes Fossat, integrante del Comité de Emergencias de la villa 21-24 y Zabaleta. 

Como al día siguiente a la consulta el malestar persistía, la hija de Ramona volvió a llamar al SAME. Cuando la ambulancia llegó, la mujer “había fallecido hacía 25 minutos”, aseguró Crescenti. “Yo a las hijas les creo más que a nadie”, advirtió De Vedia, quien conocía a Ramona “de las misas, a las que iba cada tanto, y porque venía a la parroquia a retirar alimentos”.

En la casa de Ramona viven dos de sus hijas, un hijo que es menor de edad, y sus dos nietos, que permanecían allí porque, desde el comienzo del aislamiento, su madre quedó varada en Paraguay. “Están desolados, angustiados como cualquiera que pasa por una tragedia”, relató De Vedia. «En el barrio se necesita un trato más humano”, reclamó el religioso.

“Ustedes saben que por los pasillos es imposible que una ambulancia pueda acceder”, sostuvo Crescenti este martes. Según el responsable del SAME, el llamado del sábado entró a las 21.56 y a las 10.14 la ambulancia había llegado a la casa. “La casa de Ramona está en un pasillo, pero los autos pueden llegar a 30 metros y caminar el resto, no es tan lejos”, señaló De Vedia, mientras que Crescenti remarcó que “al llegar la ambulancia, la médica tuvo que caminar seis cuadras”.

Este lunes, tras conocerse los resultados del hisopado, los profesionales encargados de la autopsia confirmaron que Ramona tenía coronavirus. El resto de su familia se encuentra aislada en la casa, a la espera del diagnóstico. “Al ser paciente de riesgo justamente había que prestarle más atención que a nadie”, señaló Fossat. «El contexto de la pandemia pone en evidencia problemas históricos como es el ingreso de ambulancias al barrio, algo que se ve hace años en los barrios populares de la Ciudad pero nunca se resolvió”, añadió.

Según un informe de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires, el servicio de emergencia debe llegar a los 12 minutos, mientras que “se toleran hasta 15 minutos en total”.

“No hay respuestas por parte del gobierno porteño para problemas como estos en las villas”, remarcó Fossat, quien advirtió que “no puede ser que por la emergencia de unos se descuide la salud de otros”. Este lunes la Red de Mujeres y Disidencias de la villa 21-24 y Zabaleta junto al Comité de Emergencias del barrio brindaron una conferencia de prensa online, en la que señalaron que la “pandemia profundiza las desigualdades históricas que nos atraviesan a quienes vivimos en las villas”, entre ellas “el poco o malo acceso a servicios de salud”.

Informe: Lorena Bermejo

Fuente e imagen: https://www.pagina12.com.ar/269783-una-muestra-del-maltrato-sin-fin

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Cuarentena: el drama de migrantes paraguayos varados en Argentina

América/Argentina/03/06/2020/autor y fuente: anred.org

La situación angustiante de los paraguayos y paraguayas  varados en Argentina debido a la cuarentena obligatoria preventiva del COVID19 es cada día más preocupante. Así lo describen desde el Movimiento 138, quienes denuncian la situación de vulnerabilidad en la cual se  se encuentran un grupo de personas fuera de su país de origen y sin recibir respuestas. Asimismo se suma la decisión preventiva de las representaciones consulares en Buenos Aires que han cerrado sus puertas recientemente.

La situación angustiante de los paraguayos y paraguayas  varados en Argentina debido a la cuarentena obligatoria preventiva del COVID19 es cada día más preocupante.

Frente a la pregunta sobre ¿cuántos paraguayos y paraguayas se encuentran varados/as en Argentina?, desde el Movimiento 138 responden “es la pregunta que venimos haciendo hace más de un mes y las instituciones oficiales no supieron contestar. No tenemos acceso a los datos específicos sobre la cantidad de personas varadas en Argentina ya que los representantes consulares cada vez que son consultados al respecto dicen una cifra diferente: desde 600 a miles. Asimismo, las personas con las que hemos tomado contacto han informado que llamaron reiteradamente al Consulado paraguayo y todas las veces se les vuelven a tomar los datos, motivo por el cual nunca saben si son registradas efectivamente”

La situación se agrava cada día de pasa, puesto que las necesidades económicas, materiales, emocionales y psicológicas que están atravesando aquellas personas que por diversos motivos estaban de paso en Argentina, son muchas y heterogéneas.  En algunos casos las situaciones se tornan graves, ya que hay varias familias que se encuentran prácticamente en situación de calle al no poder afrontar sus alquileres o una estadía en hoteles, justo en el momento en que el número de casos de COVID positivos va en aumento y  los días se vuelven cada vez más fríos.

“En este momento gran parte de la asistencia para garantizar comida y abrigo proviene por parte de la solidaridad de las organizaciones sociales argentinas. Por lo tanto, entendemos que esta situación compete a la región, ya que en la medida que el gobierno paraguayo de Mario Abdo no asume este problema, otros sectores y actores de la sociedad civil se ven en la circunstancia de afrontar las responsabilidades que le competen al Estado paraguayo” expresaron desde el Movimiento 138 mediante un comunicado.

Entre las exigencias, las personas de nacionalidad paraguaya varadas en Argentina solicitan que se garanticen transportes aéreos y terrestres para todos aquellos que necesitan regresar al País. Asimismo la provisión de estructuras y sistemas de salubridad para la correcta realización de la cuarentena “nadie tiene por qué enfermarse ni en los albergues, ni en los transportes” aclaran.

Por otro lado, solicitan un  tratamiento seguro y particular para que todas las personas en edad de riesgo (más de 60 años) para que puedan llegar a sus domicilios o en una destinación protegida y a cargo del Estado, como así tambien para aquellas familias de desempleados que tiene a cargo hijos menores y adolescentes.

Finalmente expresaron “exigimos el tratamiento de la problemática con responsabilidad, evitando la divulgación de noticias falsas y la discriminación hacia los compatriotas. Todos y todas queremos pasar este período de la mejor forma posible, sin que la salud de ningún compatriota sea puesta en riesgo y que ninguno sufra la pobreza”.

Fuente e imagen: https://www.anred.org/2020/06/01/cuarentena-el-drama-de-migrantes-paraguayos-varados-en-argentina/

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Entrevista a José Romero Losacco: «la crisis y la pandemia tanto en España como en Venezuela»

Por: Ignacio Enrique Muñoz Cristi*

 

En esta ocasión conversamos con el antropólogo venezolano José Romero-Losacco, quien actualmente reside en España, por lo cual nos describió como se está viviendo la crisis y pandemia tanto en España como en Venezuela.

Junto a ello, José nos presentó un amplio panorama histórico y teórico para poder entender nuestro global presente de crisis civilizacional desde una muy novedosa perspectiva crítica, la cual seguramente levantará polémicas, pero que constituye un valiosísimo aporte para poder observar el presente a la luz de una visión radicalmente no eurocéntrica y asentada en la larga duración histórica. Es justamente por que viajamos desde el presente hasta al menos 5 mil años en el tiempo, que esta entrevista resultó ser la más larga que hemos realizado. Longitud que se recompensa con una discusión profundamente enriquecedora de las categorías del Análisis de Sistemas-Mundo y el Pensamiento Descolonial.

A continuación compartimos el vídeo de la entrevista:

 

*2020 Crisis Civilizacional, es un programa realizado por el Comando de Comunicación Contrapsicológica de la Escuela Psicosocial Martín-Baró del MPL, y cuenta con la colaboración de la Comisión de Educación del Partido Igualdad y de Otra Tv. Este programa es conducido por el militante y científico social Ignacio Muñoz Cristi.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=0na3cDQFNhM&feature=youtu.be

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Argentina: el milagro de la vida en las periferias urbanas

Por: Raúl Zibechi

 

Lo que aprendimos durante años en la escuelita de educación popular trashumante nos ha nutrido para enfrentar esta situación”, asegura Mari, del barrio 12 de Julio en la periferia de Córdoba. Un barrio ocupado en el que viven 300 familias, que abrieron calles y colocaron la luz y el agua trabajando en colectivo. Funcionan en asamblea, están instalando ollas comunitarias y huertas familiares con apoyo de las vecinas más comprometidas.

La Trashumante, formalmente Universidad Trashumante, surgió en la década de 1990, “en un contexto en el que la gente estaba descreída de los gobiernos y de la política”, explica Mariana. “Salimos a trashumar con el Quirquincho —el autobús con el que hicieron extensas giras— en busca de ese otro país para encontrarnos con el abajo profundo, para aprender otras formas de hacer política”.

Durante años la Trashumante recorrió los pequeños pueblos que apenas figuran en los mapas y son invisibles para la política mediática. “Le llamamos pedagogía intimista, que consiste en escuchar a los grupos locales. Nos encontramos con mucho fatalismo y mucha quietud y ahí nos dimos cuenta de la persistencia del virus de la dictadura militar a través del miedo”.

“La pandemia nos ha mostrado lo que somos capaces de hacer, todo lo que aprendimos durante años de formación lo estamos poniendo en práctica y nos hizo mucho más fuertes”

Piter sostiene que “la primer trashumancia fue salir de un proyecto de extensión en la Universidad de San Luis, migrar de lo institucional a la intemperie, porque dentro de las instituciones estaba todo podrido y el pensamiento critico era muy conformista”.

Agrega algunas palabras a ese concepto de pedagogía intimista: “No salimos a buscar una nueva teoría política racional que explique lo que estaba pasando, sino cómo la gente estaba sintiendo la coyuntura y cómo la estaba resistiendo”.

Mariana explica que durante años se dedicaron a “cavar y rodar abajo”, pero en 2008 dieron un vuelco: militaban en organizaciones integradas por personas de clase media, en general universitarias que ponían sus esperanzas en las instituciones que la Trashumante rechazaba. “Ahí nos decidimos a trabajar en los territorios de los sectores populares, para que ellos mismos dirigieran sus propias organizaciones”.

Crearon un nuevo proyecto: la Escuela de Formación de Educadores de los Territorios Populares o, simplemente, escuelita. Las razones las pone Piter: “La pedagogía de las y los oprimidos estaba siendo capturada por la clase media y la creación de la escuelita tiene que ver con salir del lugar de enseñarle a la gente y empezar a compartir con las compas de los barrios sobre las formas de organización y de educación”. La red tiene tres principios: autonomía, autogestión y horizontalidad que, dice Mariana, “están llenos de contradicciones”.

Varias vecinas del barrio 12 de Julio participan en la escuelita, como Ana que se dedica al área de salud y autocuidado. “Trabajamos con hierbas medicinales y nos articulamos con el dispensario”, se escucha la voz entrecortada por la pésima conexión que tienen con internet.

“Las ollas las hacemos con lo que tiene cada vecino en su casa. Uno aporta una zanahoria, otra un paquete de fideos y la otra una o dos cebollas»

Gabi participa en el área de educación. “Tres veces por semana trabajamos con niños y niñas para ayudarlos en la tarea escolar y también apoyamos en conseguir semillas para las huertas”. Cultivan alimentos como zapallos para las ollas comunitarias y plantas medicinales para tratar las enfermedades crónicas, que se multiplican en la pobreza.

A Mari la conocí hace varios años en la escuelita: “Las ollas las hacemos con lo que tiene cada vecino en su casa. Uno aporta una zanahoria, otra un paquete de fideos y la otra una o dos cebollas. Tenemos algunas donaciones de la iglesia y de amigos profesionales de la Trashumante. Le decimos a la gente que abran más ollas, una por cuadra si se puede, porque del Estado no llega nada”.

El Encuentro de Organizaciones, una corriente inspirada en el movimiento piquetero (desocupados) luego de la insurrección de diciembre de 2001, aporta alimentos fruto de sus movilizaciones para presionar al Estado. “No queremos donaciones de gente que nos pone condiciones, como algunas iglesias que nos traen comida pero quieren que pongamos las banderas de la iglesia”.

En el espacio La Soñada, en el barrio Autódromo, Yaqui que se formó también en la escuelita sostiene que en estos días el principal objetivo de la organización del barrio es estar junto a los niños y las niñas. También formaron una olla comunitaria para alimentar a los abuelos y embazadas. En la escuelita debatieron sobre la centralidad del autocuidado.

“La pandemia nos ha mostrado lo que somos capaces de hacer, todo lo que aprendimos durante años de formación lo estamos poniendo en práctica y nos hizo mucho más fuertes”, siente Mari. Yaqui agrega que en los barrios hay más organización y más capacidad de hacer que antes de la cuarentena: “Aparecen manos solidarias de gente que no conocemos, hay un olorcito a solidaridad”.

Imposible no mencionar la violencia de género. “En el barrio hubo incendios y mujeres lastimadas, pero todo el barrio se unió para darle una mano a esas familias”, cierra Ana. No esperan nada del Estado, ni alimentos ni justicia. “Se nota la necesidad de la gente de estar junta”.

En apretada síntesis, esta es la historia de dignidad de un colectivo de educadores populares que dejaron las aulas para compartir con recicladores de basura y changarines, para hacer posible que los de más abajo dirijan sus organizaciones, sin “jefes” provenientes de las clases medias ilustradas.

*  *  *

“Una niña o un niño pueden pasar toda su vida, hasta que sean ancianos, en espacios autogestionados por las vecinas y los vecinos que son los que llevan adelante estas tareas”, relata con parsimonia el padre Carlos Olivero, de la Villa 21-24 de Barracas, en la ciudad de Buenos Aires.

En la mayor “villa miseria” de la ciudad, el padre Charly, como lo conocen los vecinos, vive y trabaja en la Parroquia de Caacupé desde 2002. La iglesia fue construida por los vecinos en minga: mientras ellos hacían la mezcla y colocaban los ladrillos, ellas preparaban el almuerzo y sostenían el trabajo comunitario. El nombre se lo pusieron los migrantes paraguayos, por la virgen la más emblemática de su país.

En la villa funciona una red impresionante de hogares, relata Charly: para abuelos, embarazadas y recién nacidos, jardines de infantes, para personas trans, para pacientes de diversas enfermedades como HIV y tuberculosis, para consumidores de drogas y para acompañar a personas privadas de libertad cuando salen de prisión.

Cuentan además con una escuela de oficios donde los jóvenes estudian, unos mil cada cuatrimestre, una escuela primaria y una secundaria. A la hora de enumerar los trabajos en la villa, es imposible no perderse. Charly va sumando espacios y tareas. “El Hogar de Cristo está centrado en el cuidado de los más vulnerables, personas en calle, en consumo, liberados. Tenemos una granja para mujeres con sus hijos y cooperativas para cuando los ex consumidores se reinsertan”.

Visitan a más de 300 personas sometidas al sistema penitenciario, pero con una cualidad que los diferencia otros proyectos: “Los que van a visitarlos son compañeros que estuvieron privados de libertad y por lo tanto saben de qué se trata. Los acompañan para que tengan la seguridad de que cuando salgan en libertad tendrán quién los apoye”.

En contra de la estigmatización de los medios —que no dejan de mentar violencia, drogas y delincuencia— sostiene que “la villa 21 es el mejor barrio de Buenos Aires, por la solidaridad, por el nivel de organización”

Seguimos sumandos: los exploradores son alrededor de 2.500, por el Hogar de Cristo pasan unas mil personas y atienden nueve comedores donde acuden un promedio de 200 personas cada día. “Imposible cuantificar”, se queja Charly con una sonrisa, ante la insistencia.

“Lo importante es que las vecinas y los vecinos son los que llevan adelante todos los espacios. Por eso te digo que una niña o un niño puede pasar toda su vida en espacios autogestionados, desde antes de nacer hasta que son abuelas. La idea es que haya propuestas sólidas para cada grupo del barrio, pero es el barrio el que los cuida”.

El padre Charly asegura que están construyendo algo “diferente del sistema”. Pertenece al movimiento de “curas villeros”, inspirado en el compromiso con los pobres que llevó al padre Carlos Mugica a comprometerse con los habitantes villa 31 (en Retiro, muy cerca del puerto), lo que le costó la vida al ser asesinado por la Triple A en 1974. Los curas villeros sostienen que vienen a las villas a aprender. Por eso Charly asegura que “más que a construir un mundo distinto venimos a conectarnos con lo que ya está, porque nuestro barrio es de inmigrantes, de gente que vino porque no tenía acceso a la salud y al trabajo”

En contra de la estigmatización de los medios —que no dejan de mentar violencia, drogas y delincuencia— sostiene que “la villa 21 es el mejor barrio de Buenos Aires, por la solidaridad, por el nivel de organización”. Durante la pandemia comprobaron la escasa noción que tienen los gobiernos, incluso los progresistas, de lo que sucede en las villas.

“Lo que hace la pandemia es hacer emerger todo lo que no estaba resuelto, la precariedad del trabajo, la falta de agua, la imposibilidad de ahorrar… y ahora emergen todos los problemas juntos”. En la villa no sólo había pobreza y trabajo informal, estaban la tuberculosis, el dengue, el HIV, las personas que viven en la calle y las privadas de libertad.

Cuando aterrizó la pandemia, multiplicaron los comedores, la entrega de alimentos a las familias y pusieron todos sus espacios al servicio del barrio. “Porque los gobiernos quieren ahorrar con la comida y los trámites burocráticos son un desastre al punto que ya nadie quiere venderles”, se indigna Charly.

Trabaja junto a los movimientos sociales del barrio, a los que considera imprescindibles. Con los militantes sociales hicieron un censo de personas vulnerables y de enfermeras e instalaron puestos de vacunación, distribuidos en las 63 hectáreas de la villa 21-24. “Aquí las personas no pueden aislarse porque viven hacinadas, hasta siete duermen en una misma cama”.

Nos recuerda que en el barrio no entran las ambulancias, por “seguridad”. Los protocolos oficiales, por lo tanto, no tienen la menor utilidad en la extrema pobreza. Por eso las organizaciones sociales superaron las diferencias para cuidar al barrio, dice Charly.

“Veo un escenario bastante difícil. En tiempos de guerra aceptamos economía de guerra, pero cuando no haya guerra las necesidades van a explotar. Queremos responder a la urgencia, pero que esa respuesta deje una capacidad instalada en el barrio”. En suma, organización.

El padre Carlos Olivero se despide con una frase casi bíblica, fruto de su experiencia vital: “Con el Estado no alcanza, porque no conoce la realidad de los barrios. Lo que venga tiene que ser con la organización popular. Esto significa que las compañeras y compañeros no ocupen cargos, para que no bajemos los brazos”.

 

Fuente e imagen: https://www.elsaltodiario.com/america-latina/villas-coronavirus-argentina-milagro-vida-periferias-urbanas

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