Chile / 28 de marzo de 2019 / Autor: EcoworldReactor / Fuente: Youtube
Chile / 28 de marzo de 2019 / Autor: EcoworldReactor / Fuente: Youtube
Argentina / 27 de marzo de 2019 / Autor: TEDx Talks / Fuente: Youtube
Argentina / 27 de marzo de 2019 / Autor: TEDx Talks / Fuente: Youtube
Este 24 de marzo se cumple un año de la siembra del maestro José Antonio Abreu, destacado músico venezolano y quien concibió el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, que en la actualidad va rumbo al niño dos millones de la mano del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro.
A propósito de esta fecha el Jefe de Estado exaltó este domingo en su cuenta de la red social Twitter @NicolasMaduro el legado y genialidad del músico venezolano.
Nacido en la ciudad de Valera, estado Trujillo, el 7 de mayo de 1939, Abreu fungió como Embajador para la Paz y de Buena Voluntad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) por el impacto social y cultural de su obra, especialmente en aquellos países empeñados en bajar los niveles de pobreza, analfabetismo, marginalidad y exclusión en su población infantil y juvenil.
Abreu, quien falleció el 24 de marzo de 2018, también fue el artífice de un modelo de educación musical y de inclusión social, modalidad que ha sido replicada en más de 70 países de los cinco continentes: Europa, América, Asia, África y Oceanía, reseña una nota de prensa de la Fundación Musical Simón Bolívar publicada en su sitio web.
Con este novedoso modelo, creado hace 44 años y conocido como el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela (El Sistema), se han incorporado a El Sistema 1.012.077 niños, niñas y jóvenes, provenientes de estratos sociales de bajos recursos económicos.
Con esta práctica individual y colectiva de la música, la creación de núcleos y centros académicos del país, esta organización cultural se convirtió en una plataforma sobre la cual se preparan ciudadanos integrales bajo el concepto de una cultura de paz y de justicia.
En la actualidad cuentan con 443 núcleos y 1.704 módulos que son atendidos por 5.021 docentes, además con una red de 1.722 agrupaciones orquestales, 1.426 coros, 694 agrupaciones de Alma Llanera y 266 de música popular y de otros géneros.
En 1975 fundó la Orquesta Sinfónica Juvenil Juan José Landaeta, que posteriormente se denominó Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, antecesora de la hoy reconocida Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela.
Su legado continúa creciendo con las diversas actividades que se realizan en el Centro Nacional de Acción Social por la Música, mientras en los mismos terrenos en los que concibió el denominado Complejo Social y Cultural Simón Bolívar se levanta el Centro de Formación Académica para avanzar en el crecimiento profesional de los maestros que laboran en esas instituciones.
En paralelo se afinan los detalles para consolidar la Universidad Nacional de la Música José Antonio Abreu, que seguirá brindando el conocimiento que cultivó para abrir venturosos caminos a la juventud venezolana.
Fuente de la noticia: http://vtv.gob.ve/siembra-jose-antonio-abreu/
Por: TEDx Talks.
¿Qué pasa cuando ponemos a competir a las dos metodologías de aprendizaje de lecto-escritura mas comunes? ¿La neurociencia puede ayudarnos a decidir política pública? Manuel Carreiras nos cuenta a qué conclusiones han llegado haciéndose estas preguntas. Manuel Carreiras es neurocientífico especializado en la lectura, el bilingüismo y el aprendizaje de segundas lenguas. Es director científico del BCBL (Basque Center on Cognition, Brain and Language, Donostia, San Sebastián), catedrático de investigación IKERBASQUE, y profesor visitante de la UPV/EHU. Es editor de Frontiers in Language Sciences y editor asociado de Language, Cognition and Neuroscience. This talk was given at a TEDx event using the TED conference format but independently organized by a local community.
Fuente de la reseña: https://www.youtube.com/watch?v=Er7VmkrPPjY
Por: Claudia Romero.
Que la sociedad esté preocupada por el dólar y la inflación y atemorizada por la inseguridad y la pérdida del trabajo no anula el interés por la educación.
En Argentina las clases comienzan sin clases, al menos en la mayoría de las escuelas públicas del país. Una situación que no por reiterada debe asumirse como normal. El conflicto cíclico de cada comienzo de año ya se ha transformado en estructural y clama por soluciones que vayan más allá del arreglo de coyuntura entre gobiernos y sindicatos. La educación necesita de consenso y largo plazo y aunque ya lo sabemos, no lo logramos.
Los políticos que siguen las encuestas creen que a los argentinos no les interesa la educación escolar de sus hijos. Se equivocan. ¿Cómo pueden creer que madres y padres permanecen indiferentes ante el futuro de sus hijos?
Que la sociedad esté preocupada por el dólar y la inflación y atemorizada por la inseguridad y la pérdida del trabajo no anula el interés por la educación. Que no se tomen las calles reclamando mejor educación es porque hace rato que en Argentina se vienen resolviendo problemas colectivos con estrategias privadas, no sólo en educación, también en salud.
Qué mejor evidencia del interés que la fuga de matrícula pública hacia escuelas privadas en busca de clases todos los días o las filas de los más pobres, que no pueden fugarse, en la puerta de la mejor escuela pública del barrio para inscribir a sus hijos. También el sacrificio de los más vulnerables para comprar los guardapolvos y libros y el de las clases medias para pagar las cuotas.
Es, sin dudas, un ejercicio individual y modesto de acción ciudadana, ¿pero es que vamos a esperar que cada argentino se convierta en un estadista de la Educación? No es la ciudadanía la responsable de establecer políticas educativas de consenso y largo plazo; en las democracias es el Congreso la pieza clave.
Sin embargo, el debate educativo en el Congreso es infrecuente. Con excepción de las grandes leyes bisagras, como la Ley Federal de Educación de 1993 o la ley Nacional de Educación de 2006, los temas educativos no son prioritarios para los representantes del pueblo.
En la inauguración de sesiones de este año, el Presidente volvió sobre el tópico de su discurso del año pasado: el de acceso abierto a la información sobre los resultados de las evaluaciones de calidad educativa y la necesidad de que el Congreso modifique el artículo 97 que prohíbe su divulgación a nivel de escuela e individual. “Los padres merecen saber la verdad”, dijo el Presidente.
La verdad es que hoy cada padre o madre puede acceder a los puntajes obtenidos por la escuela de sus hijos en la prueba nacional de calidad Aprender, basta con acercarse a la escuela y exigirlos. Algunas escuelas, pocas por cierto sobre todo aquellas que tienen los mejores resultados, toman la iniciativa de informarlos a su comunidad.
Pero es cierto que como sociedad no hay acceso masivo a esa información y en este sentido el proyecto anunciado de cambiar la ley actual obedece a una política de transparencia y acceso a la información pública.
Sin embargo el acceso masivo a los resultados de cada escuela no garantiza por sí mismo mejor calidad ni equidad educativa. Para que eso ocurra no alcanza con la presión que pueda ejercer una ciudadanía informada, es necesario construir nuevas capacidades en el sistema educativo y eso es responsabilidad de las políticas educativas que sí disponen actualmente de la información detallada por escuela.
Más temas esperan mejores marcos legales, entre ellos y de manera urgente, las políticas docentes. Existe consenso internacional en que para el desarrollo de capacidades en el sistema educativo es clave el factor docente. Es mejorando la calidad de la enseñanza que se mejoran los aprendizajes. Pero las políticas docentes en la Argentina están estancadas aunque son estratégicas para la reconstrucción del prestigio docente y con él de todo el sistema educativo, algo imposible de liquidar en las negociaciones paritarias tensionadas entre la inflación y el oportunismo político.
El Congreso tiene aquí una tarea urgente e importante: la discusión y sanción de una nueva ley de Formación y Desarrollo Profesional Docente que asegure lineamientos nacionales sobre tres cuestiones básicas que hacen a la mejora docente: reclutar a los mejores aspirantes, formación de excelencia y carrera docente con nuevos incentivos y reconocimientos que privilegien el desempeño por sobre la antigüedad.
Esta ley deberá además redefinir el presupuesto asignado, porque sin más dinero no hay transformaciones serias en este punto. Chile, por ejemplo, acaba de establecer una nueva carrera docente, moderna y sofisticada, e invirtió para eso un punto del PBI. ¿Estamos dispuestos a eso? ¿O seguiremos asistiendo a la disputa por la manta corta?
No es cierto que a la sociedad no le interese la educación. ¿Estarán el Congreso argentino y los representantes del pueblo a la altura del consenso y el largo plazo que la educación necesita y la sociedad espera?
America del Sur/ Colombia/ 25.03.2019/ Fuente: www.semana.com.
Desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales y el auge del movimiento #MeToo, se dispararon las matrículas en instituciones de educación superior para mujeres.
Las universidades solo para mujeres están de moda en Estados Unidos. El número de nuevas matriculadas en estas instituciones ha crecido continuamente en los últimos dos años, después de décadas de venir en caída constante.
Como reportó Times Higher Education el año pasado, las universidades para mujeres, especialmente las de mayor reconocimiento, esperaban un aumento récord en la cantidad de aplicaciones recibidas; principalmente, en las ‘siete hermanas’, la versión femenina de la Ivy League; es decir, las universidades de élite para mujeres.
Algunas de ellas, como Bryn Mawr College, en Pensilvania, o Smith College, en Massachusetts, recibieron un aumento del 8%. Cifras atípicas para lo que están teniendo el resto de instituciones de educación superior de Artes Liberales, indica el Times Higher.
El fenómeno #MeToo
No hay datos claros de por qué está sucediendo esto. Pero varios líderes de estas instituciones de educación superior lo han atribuido a los cambios sociales y políticos que despertaron la corriente de defensa de los derechos de las mujeres de #MeToo.
Por ejemplo, cuando Mount Holyoke College, que vio un aumento del 5% en las postulaciones el año pasado, encuestó a las estudiantes y les preguntó por qué decidieron matricularse, el 54% dijo haberse sentido “considerablemente” influenciada por los movimientos sociales.
Según parece, la alta conciencia por la cantidad de casos de abuso y violencia de género está provocando que menos mujeres sientan rechazo por estudiar en una institución sin hombres.
En opinión de Audrey Smith, vicepresidente de admisiones de Smith College, “ahora más personas aplican porque les gusta que sea una universidad para mujeres, y no porque les gusta la institución como tal”, reporta el New York Times.
Muchas estudiantes de estas instituciones dicen sentirse más tranquilas y libres de expresarse sin la presencia masculina en el tiempo de estudio.
“Desarrollar nuestras vidas intelectuales y emocionales en un lugar donde no te etiquetan por ser mujer te ayuda a crecer. Podemos desarrollarnos como individuos. De principio a fin, la experiencia en Wellesley College es empoderadora”, dijo Sara Fishleder, quien estudió en esta institución en 2012, en un foro online.
“La dinámicas de las clases son refrescantes. Nunca peleas con estereotipos de género o sientes que estás relegada por ser mujer. Me doy cuenta que me siento más cómoda admitiendo que se me dificulta un problema matemático. Ya no me preocupa que me tilden como la ‘niña boba que le queda grande la Física’. No hay tratos especiales porque eres mujer”, publicó en 2016 Julia Monaco, otra estudiante de esta universidad.
“Amo atender a una universidad de mujeres. No tengo que preocuparme por las relaciones sentimentales ni por el seximo en el campus. Solo me enfoco en mi estudio y me divierto mucho con mis amigas”, dijo Anisha Tyagi, estudiante de Smith en el mismo foro en 2015.
En 2014, el Mills College de California y luego el Mount Holyoke de Massachusetts se volvieron las primeras universidades de mujeres en adoptar una política de ingreso que recibe públicamente a personas no heterosexuales.
Lo cual no quiere decir que dicha transformación esté siendo armónica. Muchas de las ‘siete hermanas’ aún no aceptan a una persona que no haya nacido biológicamente mujer.
Ahora, no todo el mundo atribuye el crecimiento al ambiente político. Mary Schmidt Campbell, presidente de Spelman College, enfocado en formar mujeres negras, dijo al New York Times que, “honestamente, creo que nuestra matrícula ha crecido porque la universidad ha hecho un buen trabajo contando su historia. Todo en el campus está diseñado para contribuir al éxito de mujeres negras que se matriculan”.
¿Por qué existen?
Hasta el siglo XIX, la mayoría de universidades en el mundo le negaron el ingreso a las mujeres, por lo que en Estados Unidos se crearon muchas instituciones con el fin de educar a las pocas que se atrevían a buscar un título en educación superior.
Empezaron como academias de mujeres, pero en 1890 la Academia Salem empezó a ofrecer diplomas de educación superior, convirtiéndose en la primera universidad femenina en el país.
La formación para mujeres de comienzos del siglo XX seguía siendo bastante primitiva, claro está. Básicamente, podían optar por tres opciones: una educación republicana, que las preparaba para ser amas de hogar. Aprendían religión, canto, danza, literatura, entre otras cosas. Una educación académica, que las preparaba para trabajos comunitarios y de orden social.
O podían estudiar seminarios, que las formaba para maestras (Solo las mujeres solteras podían ser profesoras. Se les pagaba la mitad que a un hombre, pues solo tenían que mantenerse ellas mismas. Hay incluso registros de varias que se casaron en secreto para poder seguir enseñando).
En 1927, las más progresistas decidieron ofrecer una formación académica más avanzada, como la que recibían los hombres. Así nacieron las ‘siete hermanas’, compuestas por el Barnard College, Bryn Mawr College, Mount Holyoke College, Radcliffe College, Smith College, Wellesley College y el Vassar College.
Por ahí pasaron varias mujeres reconocidas, como Hillary Clinton (Wellesley), Meryl Streep (Vassar), la escritora Alice Walker (Spelman College) o la poetisa Emily Dickinson (Mount Holyoke), por mencionar algunas.
Naturalmente, conforme las universidades más reconocidas comenzaron a admitir mujeres en grandes cantidades, las matrículas de estas instituciones empezaron a decrecer en número. En 1960, llegaron a existir 200 universidades para mujeres en todo el territorio estadounidense. Hoy, solo quedan 38 de ellas.
Pero lo que parecía una modalidad en desuso, está volviendo a retomar vida. No es seguro cuánto durará, pero una cosa es clara: eso es un llamado de atención para que todas las universidades le pongan más cuidado a los conflictos de género que han surgido en todo el mundo últimamente, para que las estudiantes universitarias ya no sientan la necesidad de estudiar en un espacio aparte.
Fuente de la noticia: https://www.semana.com/educacion/articulo/crece-en-estados-unidos-la-matricula-en-universidades-para-mujeres/604575