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El clamor de venezolanos unió a varias ciudades del país: marcharon por sueldos justos

Este jueves, 12 de marzo, las calles de Caracas, así como en el oriente de Venezuela, los Andes y los estados Zulia, Miranda, Lara y Aragua, se llenaron de trabajadores de distintos gremios que exigen un sueldo mayor a 500 dólares que tenga incidencia en sus prestaciones sociales. Aseguran que están cansados de vivir en pobreza

El clamor de los venezolanos por un sueldo digno se escuchó una vez más en las calles de todo el territorio nacional, pero en esta oportunidad, con un hecho histórico para el país: la llegada de trabajadores, jubilados y pensionados de distintos gremios a la sede de la Asamblea Nacional en Caracas, en donde un grupo de dirigentes gremiales logró entrar al órgano legislativo para consignar un documento con una serie de peticiones; en especial, la exigencia de un salario que les permita cubrir sus necesidades básicas.

En Caracas, la concentración comenzó en la plaza Morelos y se tenía previsto que la movilización continuara por la avenida México para luego incorporarse a la avenida Universidad y llegar a la Asamblea Nacional, pero piquetes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y tarimas instaladas por el oficialismo obstaculizaron los accesos hacia el Parlamento. Sin embargo, los manifestantes lograron vencer las trabas y llegar a la sede legislativa.

Orlando Alzuru, expresidente de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), calificó de histórica la movilización de este jueves 12 de marzo y afirmó que es el presagio de lo que va a ocurrir el próximo 1 de mayo, fecha en la que se celebra el Día del Trabajador. Aseguró que la clase trabajadora no tiene miedo y está dispuesta a continuar en las calles exigiendo mejoras de las condiciones laborales y salariales.

«A pesar de que nos trancaron el paso, llegamos a la Asamblea Nacional y eso es un hecho histórico porque teníamos años que no pasaba. Se siente la satisfacción del deber cumplido haber llegado hasta aquí hoy», afirmó el profesor Alzuru.

Foto: cortesía

César José Perales, obrero jubilado, también mostró su satisfacción al llegar a la sede de la Asamblea Nacional y aseguró que, salió a la calle a exigir una mejor calidad de vida, pues lo que recibe de sueldo «es una miseria con la que no se puede comprar ni una galleta».

«A veces me pongo a llorar cuando veo lo que cobro. Eso no es justo, por eso le pido al Gobierno que ayude a los trabajadores. Yo no dediqué 30 años de servicio para vivir en miseria», comentó Perales desde las afueras del Parlamento venezolano en Caracas.

El gremio de enfermería también participó en la movilización y aseguró que un sueldo digno se debe ubicar en 1.200 dólares para cubrir las necesidades básicas, mientras que otros gremios aseguraron que aspiran devengar entre 600 y 800 dólares mensuales.

Irma Madris, docente y enfermera jubilada, aseguró que su sueldo mensual es de 1.500 bolívares, por lo que depende de sus hijos para poder cubrir gastos de alimentación y medicina.

«Es una decepción total que estemos como indigentes cuando vivimos en un país tan rico», expresó Madris.

Las regiones se hicieron escuchar

En el estado Zulia, decenas de maestros, profesores universitarios, trabajadores, pensionados y jubilados marcharon hasta la Inspectoría del Trabajo en Maracaibo para exigir un aumento de salario.

Entre el grupo estuvo María Paz, una maestra con 19 años de servicio, cuyo salario es de Bs. 140 quincenal y le ha tocado hacer otras actividades para tener mejores ingresos. “Me toca hacer otras cosas. Vendo hielo y desinfectantes. Gano más vendiendo hielo en mi casa que con el salario que tengo. Hoy no dejamos las aulas solas por capricho, sino por dignidad salarial”, remarcó la docente.

A la lucha de Paz se unió el profesor de la Universidad del Zulia, José Huerta Castillo. A sus 84 años, decidió protestar para exigir su derecho a un salario digno. “Tengo el salario de 130 bolívares y como profesor es de 1.000 bolívares. El bono es una traición a los derechos de las prestaciones sociales, el bono es una burla, es una manipulación de las necesidades humanas”, denunció el profesor activo.

“Aunque no te gusta o te caiga mal, aquí está de nuevo el movimiento sindical”, corearon los sindicalistas frente a la sede de la Inspectoría del Trabajo, a cuyos representantes entregaron un documento en el que piden un aumento de salario y se reinicien las convenciones colectivas.

La manifestación fue pacífica. Pocos funcionarios policiales se mantuvieron en las adyacencias de la marcha y posterior concentración para mantener el orden en el tráfico.

Los sindicalistas aseguraron que se mantendrán en lucha hasta conseguir sus derechos. Gualberto Más y Rubí, presidente del Sindicato Unitario del Magisterio zuliano (Suma), resaltó que la lucha debe ser de todos los trabajadores y de todo el país. “El país no soporta más el empobrecimiento que hay en Venezuela, el país no puede seguir soportando una devaluación infinita diaria del bolívar, mientras nuestros ingresos cada día disminuyen”.

Un sueldo mayor a 500 dólares

En el oriente del país también salieron a manifestar este jueves, 12 de marzo. Desde Maturín, estado Monagas, se concentraron en la plaza El Estudiante, en el casco central de la ciudad, para exigir un ajuste salarial digno que cumpla con lo establecido en la Constitución.

El presidente del Sindicato Único Magisterial (SUMA) en Monagas, José Darío Lima, dijo a El Pitazo que esperan un salario mínimo no menor a 500 dólares. “Queremos exhortar al gobierno nacional a agilizar la firma del decreto del ajuste de un salario mínimo que sea de entre 500 a 600 dólares en vista de que la situación económica nos está afectando a todos los trabajadores”, demandó.

Otras exigencias son la discusión de la contratación colectiva, la paralización de la Constituyente Laboral a la que acusó de querer eliminar las prestaciones sociales, las vacaciones y el salario para crear bonificaciones.

“Exhortamos al ministro del Trabajo, Eduardo Piñate, a reflexionar para que den un salario mínimo que llene las expectativas de los trabajadores de Venezuela, especialmente de los maestros, administrativos y obreros del Ministerio de Educación”, agregó.

Foto cortesía

En Barcelona, estado Anzoátegui, también hubo una concentración en la plaza Bombón para reclamar mejores condiciones de trabajo. Mientras que, desde Nueva Esparta, representantes del Colegio de Enfermería pidieron frenar la judicialización de los trabajadores que exigen un empleo digno y seguro en el sector público.

Trabajadores de Los Andes quieren sus prestaciones sociales de regreso

En la protesta realizada en el estado Táchira para exigir mejores sueldos, Marina Galvis, enfermera jubilada, denunció que desde el Estado no hay información sobre el incremento salarial, pero caso contrario en San Cristóbal se han observado vallas con textos en solidaridad con Nicolás Maduro y Cilia Flores.

“La señora Delcy Eloína y su tren ejecutivo dicen que no hay dinero para el sueldo de los trabajadores de Venezuela, pero con qué dinero pone tantas vallas que dicen: ‘devuélvannos a Maduro’. Señora, devuélvanos las prestaciones sociales a los trabajadores, especialmente a quienes nos jubilaron desde 2012 en adelante”, precisó.

Los trabajadores de la administración pública marcharon desde el Viaducto Viejo hasta el Seguro Social. En todo el recorrido hubo presencia de la Policía del Táchira, quienes sólo prestaron apoyo en facilitar la movilidad por las calles de la ciudad.

De igual manera en el estado Mérida hubo una concentración con el lema: “amnistía para el salario”. Los docentes, trabajadores administrativos y obreros estuvieron con pitos, banderas y pancartas en unión a la manifestación nacional.

Foto cortesía

“Nos están matando de hambre”

Bajo la consigna, “No a los bonos, queremos un salario digno” trabajadores del estado Aragua se movilizaron desde los alrededores de la plaza Bicentenaria de Maracay hasta la sede del Ministerio Público para entregar un pliego con 14 peticiones.

“Estamos empobrecidos. La comida sube todos los días y el salario sigue igual. No queremos más bonos, sino un sueldo que nos permita cubrir nuestras necesidades”, señaló la trabajadora Olivia Cáceres.

En el estado Miranda, empleados activos y jubilados de la administración pública, así como pensionados, se concentraron en la sede de la Federación Venezolana de Maestros en Los Teques, realizaron una asamblea y marcharon hasta la sede de la gobernación de Miranda. Allí consignaron un escrito con exigencias salariales que fue recibido por Raiza Bastardo, directora adjunta del despacho del gobernador Elio Serrano.

“El sueldo que tenemos no alcanza ni para comprar un kilo de harina Pan; nos están matando de hambre”, denunció la docente María González.

Foto cortesía

Alcalde se une a la protesta

En Ciudad Guayana, estado Bolívar, los trabajadores de las industrias básicas marcharon por las calles de Puerto Ordaz, en el marco de la jornada de protesta nacional convocada para este jueves, 12 de marzo.

«Le hacemos un llamado a Delcy Rodríguez. Usted tiene el poder de devolvernos todo lo que nos arrebataron. Tiene que derogar el decreto 2792. Tiene que aumentarnos los salarios.» declaró Alejandro Álvarez, secretario del sindicato del Complejo Siderúrgico Nacional.

La marcha partió desde la sede de la Corporación Venezolana de Guayan, recorrió las calles de Alta Vista, en Puerto Ordaz, y llegó hasta el Palacio de Justicia.

El alcalde de El Callao, Jesús Coromoto Lugo, también participó en la manifestación. «Vengo aquí a apoyar a los trabajadores, pero dolido con lo que pasa en El Callao. Exigimos que la Ley de Minas establezca regalías para los municipios mineros», declaró.

En Lara consignaron documento en el IVSS

En el marco de la jornada nacional de este 12 de marzo, en el estado Lara el Comité de Derechos Humanos para la Defensa de Pensionados, Jubilados y Adultos Mayores exigió respuesta al documento consignado originalmente ante el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) el 9 de marzo de 2022. El texto contiene ocho exigencias fundamentales, entre las que destacan el ajuste de las pensiones al costo de la canasta básica, la reactivación del suministro de medicinas y el pago a venezolanos en el exterior.

Los representantes marcharon desde la plaza Altagracia de la capital larense hasta la sede del IVSS para denunciar que han transcurrido más de cuatro años sin respuesta oficial, lo que viola el derecho constitucional de los ciudadanos a ser atendidos por las instituciones. Alertaron que el estancamiento de la pensión en 130 bolívares (0,30 dólares) es insuficiente para cubrir alimentación y salud, sumiendo a los adultos mayores en una situación de «extrema precariedad» o «muerte lenta».

El Comité calificó estas condiciones de vida como un «exterminio» según el Estatuto de Roma. Ante la falta de soluciones, el sector informó que continuará desarrollando acciones públicas y movilizaciones hasta obtener respuestas concretas que detengan el deterioro de sus condiciones de vida.

El clamor de venezolanos unió a varias ciudades del país: marcharon por sueldos justos

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Venezuela: Convocan a marcha para denunciar cuatro años sin aumento salarial

“Solo en unidad podemos avanzar en la justa defensa de nuestros derechos”; así lo indicó Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital y miembro de la Coordinadora Metropolitana de Trabajadores en Lucha, al convocar a los trabajadores, pensionados y jubilados a una “gran marcha nacional” para exigir aumento salarial.

De acuerdo a lo informado por Contreras, la movilización se llevará a cabo el próximo jueves 12 de marzo a las 9:00 de la mañana desde la Plaza Morelos hasta la Asamblea Nacional, lugar donde entregarán un pliego de 17 exigencias firmado por más de 200 organizaciones gremiales y sindicales.

“Convocamos a todos los trabajadores venezolanos activos, jubilados y pensionados, públicos y privados a una gran movilización nacional que se realizará en todo el país. Le diremos a estos señores del Gobierno encargado que los trabajadores no estamos dispuestos a aceptar ningún tipo de modificación a nuestra Ley Laboral hasta tanto se haya resuelto y se cumpla con la mora que mantiene el Ejecutivo con respecto al artículo 91 constitucional”, dijo desde la sede de la Asociación de Profesores Universitarios de la UCV (Apucv).

La dirigente llamó a construir un “movimiento sólido” que involucre a todas las organizaciones para de esta manera acabar con “el hambre” que, sostuvo, reina entre los trabajadores por el sueldo que devengan actualmente.

“Vamos a estar en la calle movilizados y activados hasta que logremos nuestros objetivos los cuales son que seamos dignificados en nuestras condiciones laborales, que los trabajadores les sean respetados sus prestaciones sociales, que se inicie la discusión de los contratos colectivos con los legítimos representantes y que cese la persecución de todos los trabajadores por exigir sus derechos”, enfatizó Contreras.

Por otra parte, el presidente de la Apucv, José Gregorio Afonso, aseguró que el sector universitario está activo para sumarse a la referida movilización. Subrayó que del pliego de conflicto que se está entregando en diversas instituciones del Estado, algunas son de “inmediata resolución” puesto que, aseguró, la nación actualmente habla de “recursos extraordinarios” en diversos sectores económicos que pueden destinarlos a la justicia social.

“Hablan de recursos extraordinarios en la industria petrolera, la política tributaria no cesa, han suscrito acuerdos en la industria minera, inyectan recursos en la banca pública y privada y los trabajadores y su familia en absoluta miseria”, dijo.

“No es posible que este país se encuentre con grandes sectores de miseria y con una burbuja en pocos espacios, esa justicia social pudiera iniciar o, indudablemente, inicia por la reconstrucción del salario”, sentenció.

https://laverdaddevargas.com/convocan-a-marcha-para-denunciar-cuatro-anos-sin-aumento-salarial/

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Venezuela y el choque del siglo XXI

Venezuela y el choque del siglo XXI

Traducido del neerlandés por el autor

El mundo se desplaza y Washington golpea a su alrededor: de las sanciones a las guerras por delegación, de Venezuela a Irán, de Ucrania a Taiwán. No se trata de una serie de crisis aisladas, sino de una gran lucha por el poder, los beneficios y el orden mundial. Este es el choque del siglo XXI.

Los bombardeos sobre Venezuela del 3 de enero solo pueden entenderse si se analiza el panorama general. El secuestro del presidente venezolano, el derrocamiento del gobierno sirio, los bombardeos sobre Irán, Yemen y otros países de la región, la guerra por delegación contra Rusia, la amenaza de sanciones de EE. UU. dirigida a los países BRICS y el revuelo en torno a Groenlandia no son hechos aislados, sino aspectos de una gran estrategia.

Vivimos en una época en la que la dominación histórica de una sola superpotencia, Estados Unidos, se está desmoronando visiblemente. Al mismo tiempo, Washington y sus aliados occidentales intentan revertir esa tendencia de manera desesperada para salvar un statu quo que asegure su hegemonía, su control y las ganancias sobre la riqueza creada en otros lugares.

Este es el choque del siglo XXI, cuyo comienzo apenas hemos empezado a vislumbrar.

Un mundo en vuelco

Empecemos por la economía, donde el equilibrio de poder mundial se está desplazando rápidamente. El G7, el club de las siete naciones occidentales más ricas, cayó del 45 % del PIB mundial en el año 2000 a cerca del 30 % en la actualidad, mientras que el BRICS+ ya se sitúa en torno al 37 %.i

Mientras tanto, el Sur Global desarrolla su propia industria y tecnología, con China como líder en vehículos eléctricos, energía solar, eólica e infraestructura digital. Esto permite que los países dejen de ser meros proveedores de materias primas y conserven una mayor parte de su propia riqueza.

Dicha evolución erosiona las ganancias extranjeras de las multinacionales occidentales y socava dos pilares del imperialismo clásico: las transferencias de beneficios del Sur al Norte y el dominio del dólar. El dólar pierde terreno en las reservas de los bancos centrales y cada vez más países comercian en sus propias monedas. El objetivo del banco de los BRICS es que para 2030 al menos el 30 % de sus préstamos se realice en monedas locales.

Así, el BRICS+ se perfila como la primera alternativa multilateral real desde el declive de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se dibuja un «mundo posdólar», lo que provoca estrés en Washington y Bruselas.

El desplazamiento económico se traduce al plano político-ideológico. A escala mundial somos testigos casi simultáneos de dos «levantamientos». En los últimos dos años hubo un amplio y sostenido movimiento popular contra el genocidio en Palestina y contra la complicidad de los Estados occidentales con los métodos fascistas que utiliza el Estado sionista.

Además, los Estados del Sur Global se negaron a sumarse a las sanciones occidentales, a la presión económica y a la retórica bélica contra Rusia. Países como China, Irán, India y Corea del Norte buscaron incluso una cooperación más estrecha con Rusia, motivada en parte por los aranceles de Trump y su agresiva política comercial.

Los países del Sur están hartos de la doble moral de Occidente, que justifica sus propias guerras, pero condena las de los demás. También están cansados de la explotación por parte del «Norte Global», que hasta el día de hoy sigue drenando la riqueza del Sur.

Ambos levantamientos aceleran la conciencia de que el orden neoliberal dominado por Occidente es insostenible. El Sur reivindica su soberanía. Ya no quiere ser un juguete en manos de Occidente, sino seguir su propio rumbo en la política y la economía mundiales.

Amenaza existencial

Entre 1990 y 2008 las multinacionales de Europa y Estados Unidos multiplicaron por seis sus beneficios procedentes de inversiones en el extranjero. Como muestra el gráfico, esos ingresos se han estancado a partir de 2011. Siguiendo la senda de crecimiento basada en el periodo 1990-2011, esto supone que en 2024 dejen de percibir anualmente más de 20 billones de dólares.

Se trata de una cantidad gigantesca y representa algo más que un serio golpe a las cuentas de esos poderosos grupos de capital. En el Foro Económico Mundial de Davos en 2025 Ursula von der Leyen expresó con fuerza la situación actual de la siguiente manera: «Hemos entrado en una nueva era de intensa competencia geopolítica. Las mayores economías del mundo compiten por el acceso a materias primas, nuevas tecnologías y rutas comerciales globales. De la inteligencia artificial a la tecnología limpia, de los ordenadores cuánticos al espacio, del Ártico al mar de China Meridional: la carrera ha comenzado».

La fuerza impulsora tras esta carrera es el máximo beneficio y el mantenimiento o la expansión de las multinacionales occidentales, las empresas tecnológicas y las instituciones financieras. Eso es lo que está en juego y, en última instancia, es de lo que se trata.

El desplazamiento del equilibrio de poder a favor del Sur es una amenaza existencial para la élite occidental. No solo amenaza con socavar su ventaja económica, sino también el control político e ideológico sobre el orden mundial.

Tambores de guerra

La élite occidental no está dispuesta a ceder esa posición lucrativa y dominante, que se debe seguir garantizado para asegurar esas ganancias, las inversiones y los mercados de venta en el extranjero, así como el suministro de materias primas baratas-.

Bajo esa lógica, la clave es un fuerte aparato militar: si hay que cubrir intereses económicos a escala mundial, según los centros de poder, eso implica también capacidad militar. O como dijo en su día el excanciller alemán Gerhard Schröder: «Un país solo cuenta de verdad en el plano internacional si también está dispuesto a hacer la guerra».ii

Para seguir garantizando su supremacía, Occidente elige una estrategia ofensiva – del caos bélico al sometimiento político – que vende como una lucha por la «democracia», pero que en realidad busca proteger el orden de poder existente.

En última instancia, la fuerte militarización y la preparación bélica que vivimos hoy está arraigadas en el afán del capital monopolista occidental por el máximo beneficio y la expansión.

En la última década los países europeos de la OTAN han aumentado sus presupuestos de defensa en un tercio y desde febrero de 2022 los han incrementado de nuevo de forma considerable. En conjunto, la OTAN ya representa más de la mitad de todo el gasto mundial y planea duplicar con creces el gasto en defensa en Europa.iii

En Estados Unidos Trump lanza un nuevo sistema de defensa antimisiles con el objetivo de aumentar considerablemente las capacidades nucleares. También anunció la reanudación de las pruebas nucleares y para 2027 pretende aumentar un 50 % el presupuesto de defensa de EE. UU.

Hoy asistimos a suministros de armas sin precedentes a Ucrania y también se provee a Taiwán de armamento pesado. En Europa el servicio militar obligatorio y el paraguas nuclear vuelven a ser temas de debate. El exministro de Defensa alemán ha declarado que su país estará «preparado para la guerra» en 2029, y en Francia el jefe del Estado Mayor del ejército afirmó que el país «debe estar dispuesto a perder a sus hijos».

Estados Unidos dirige su lucha geopolítica principalmente contra China y Rusia. Intenta debilitar a ambos mediante presión e intervenciones en países circundantes o aliados, entre ellos Serbia, Irak, Libia, Venezuela, Irán, Corea del Norte, Georgia, Bielorrusia, Kazajistán y Siria.

Ucrania fue utilizada como avanzadilla contra Rusia con el objetivo de debilitar a este último país lo máximo posible. Esa estrategia ha fracasado en gran medida. Sobre todo Europa se ha debilitado, al no poder importar ya energía barata de Rusia.

Washington juega frente a China la carta de Taiwán e intenta movilizar a sus aliados asiáticos. Australia está construyendo una marina gigantesca y recibirá submarinos nucleares estadounidenses. Japón casi ha duplicado su presupuesto militar. En Corea del Sur volverán a atracar pronto submarinos nucleares de EE. UU. En 2024 Estados Unidos desplegó un sistema de misiles Typhon en el norte de Filipinas, gracias al cual tiene a su alcance grandes ciudades chinas.

Como muestra el mapa, China está rodeada por bases militares de Estados Unidos. Pese a las promesas, la OTAN también ha avanzado cada vez más hacia Rusia desde la caída de la Unión Soviética.

Rodeo militar de China. Los puntos representan bases militares de Estados Unidos. Los misiles en rojo indican los misiles de largo alcance previstos.

Cerco militar de China. Los puntos representan bases militares de Estados Unidos. Los misiles en rojo indican los misiles de largo alcance previstos.

Hace tiempo que la OTAN dejó de ser una alianza defensiva limitada a Europa. Cada vez hay más presencia de la organización en África y en los países del Golfo. Los aliados patrullan en el mar de China Meridional y presionan a sus socios en Asia para aislar a Pekín. Lo que vemos es la creación de una «OTAN global», un cinturón militar que se extiende de Noruega a Nueva Zelanda, y de Canadá a Corea del Sur.

En este plan más amplio encajan la guerra en Siria desde 2011, la guerra en Libia en 2011 y los bombardeos sobre Yemen en los últimos años. No es casualidad que Trump haya bombardeado siete países desde el inicio de su segundo mandato: Irak, Nigeria, Somalia, Siria, Yemen, Irán y Venezuela.

Guerra económica

Además de la carta militar, Trump también hace uso de la fuerte posición económica de su país. Para ello, sigue una doble vía. Por un lado, castiga a los países «renuentes» con sanciones económicas y presión. En este momento, Estados Unidos mantiene sanciones contra un tercio de todos los países, incluido el 60 % de las naciones pobres.

Estas sanciones resultaron extremadamente mortíferas en el pasado: la prestigiosa revista médica The Lancet afirmó que las sanciones de EE. UU. y sus aliados occidentales causaron, entre 1971 y 2021, más de 550.000 muertes al año.

Además, Trump está presionando a muchos países desde el inicio de su segundo mandato para que acepten aranceles de importación más altos y restricciones a la exportación y a la tecnología. Con ello busca obligar a las naciones a cambiar de rumbo, por ejemplo, dejando de comprar petróleo a Rusia y manteniéndose vinculadas al dólar en el tráfico de pagos internacional.

Por otro lado, utiliza el dinero y el crédito para arrancar a los países de la esfera de influencia china. Ejemplos de ello son la financiación de telecomunicaciones en el Sudeste Asiático, la pesca de atún en el Pacífico Sur y préstamos a América Latina para bloquear el acceso chino a minerales críticos.

El objetivo final sigue siendo contener a China y Rusia, los dos polos de resistencia más importantes a la hegemonía de Estados Unidos. Aferrarse al orden mundial unipolar – respaldado por la guerra, la presión y las sanciones – sigue siendo el rasgo característico del imperialismo occidental.

Doctrina Donroeiv

Pero la lucha por mantener la supremacía no transcurre de forma tan fluida como se pensaba. Tras un año de gobierno Trump tuvo que comprobarlo dolorosamente con la guerra comercial contra China. Los aranceles comerciales superiores al 140 % que Trump quería imponer a China estaban destinados a poner a Pekín de rodillas.

El secretario del Tesoro, el multimillonario de fondos de cobertura Scott Bessent, afirmó que Estados Unidos llevaba la ventaja y que China «tenía las peores cartas». Pero la partida de póker le salió cara a Estados Unidos. China contraatacó y restringió la exportación de tierras raras, cruciales para la alta tecnología, las armas y el complejo militar-industrial estadounidense. De repente quedó claro quién depende de quién.

También en el plano militar Estados Unidos no es, en las circunstancias actuales, directamente superior. Las simulaciones de guerra sobre un conflicto en torno a Taiwán, desarrolladas por think tanks estadounidenses, no auguran nada bueno. El ejército estadounidense pierde muchos escenarios o solo obtiene una victoria pírrica en la que ambos bandos quedan devastados.

Washington llegó a la conclusión de que iniciar una gran guerra con China es demasiado arriesgado en estos momentos. Así se lee en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) presentada a finales de 2025. La parte fundamental del informe sostiene que Estados Unidos debe seguir siendo «la nación más fuerte, más rica y más poderosa de la historia humana», con «las fuerzas armadas más letales y tecnológicamente más avanzadas».

En otras palabras, Washington pretende mantener a toda costa su dominio económico y militar mundial. En este marco se considera a China «el desafío geopolítico más importante de Estados Unidos»; es decir, el único adversario que se le aproxima en términos económicos, tecnológicos y militares. Pero antes que nada es necesario reducir la dependencia económica respecto a Pekín. Estados Unidos difícilmente puede confiar en las cadenas de suministro chinas para producir armas destinadas a una futura guerra contra la propia China. Por ello, el control sobre América Latina y, por extensión, sobre todo el hemisferio occidental, resulta esencial.

El eje de la nueva estrategia es el desacoplamiento económico de China. Dado que los empleos manufactureros no regresan al territorio estadounidense, Washington busca trasladar las cadenas de suministro a su «propio» hemisferio: Norteamérica y, sobre todo, América Latina.

Nearshoring y friendshoring son las palabras de moda. Las fábricas se trasladan de China y el sudeste asiático a México, Brasil, Argentina o Colombia. El objetivo no es crear empleos dignos, sino explotar mano de obra barata y materias primas bajo el control de empresas estadounidenses.

Esta estrategia reduce a América Latina a un simple proveedor de materias primas (petróleo, tierras raras) a beneficio de Estados Unidos, como preparación para un futuro conflicto con China. El propósito es eliminar de la región cualquier influencia de otras potencias (como China, Rusia o Europa) y bloquear su comercio con otros países.

En este contexto es en el que debemos situar la escalada bélica contra Venezuela de los últimos meses. Estados Unidos desplegó una enorme fuerza militar frente a las costas del país caribeño. Contraviniendo todas las normas del derecho internacional, se produjeron decenas de ataques mortales contra barcos en la región y se impuso un bloqueo total a la exportación de petróleo venezolano.

Trump no ocultó que su objetivo era el petróleo venezolano. Por esa razón, tras la incursión en Caracas y el secuestro del presidente se mostró satisfecho con que la dirección bolivariana perdiera el control operativo del poder. Además de Venezuela, otros países están en la mira: Trump pretende colonizar Groenlandia, con sus ingentes reservas de materias primas, y anexionarse el canal de Panamá. Incluso ha puesto sus ojos en Canadá.

Todo esto recibe un envoltorio ideológico: el relanzamiento de la Doctrina Monroe, de hace 200 años. Se vueove a calificar América Latina de «nuestro hemisferio».

Concretamente eso significa dos cosas. En primer lugar, Washington quiere trabajar con vasallos regionales. Pensemos en líderes de extrema derecha dispuestos a abrir sus propias economías a las empresas estadounidenses. El informe dice abiertamente que esos gobiernos, partidos y movimientos serán «recompensados y alentados».

A la inversa, se socava en la medida de lo posible a los gobiernos de izquierda, con Venezuela, Cuba y Nicaragua en primera fila.

En segundo lugar, la CIA y el resto de los servicios de inteligencia deben cartografiar «puntos estratégicos y materias primas» en la región. Petróleo en Venezuela, mineral de hierro en Brasil, litio en Argentina y Bolivia, agricultura y reservas de agua: todo ello se consideran recursos que «no deben caer en manos de potencias competidoras».

El mensaje es claro: Estados Unidos reclama las riquezas naturales del continente en su condición de su propio patio trasero económico.

Un actor fundamental en esta trama es el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio. Originario de Miami, ha dedicado su carrera a combatir a los gobiernos de izquierda en América Latina, con una obsesión particular por Cuba, Nicaragua y Venezuela. Durante el primer mandato de Trump presionó a favor de una invasión militar en Venezuela; esta vez ha logrado imponer su criterio.

Al ocupar simultáneamente los dos cargos más altos – Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional, una combinación que solo ostentó Henry Kissinger bajo Nixon –, Rubio se convierte en la segunda figura más poderosa de Washington. Además, es un conocido «halcón» contra China. A su juicio, el Partido Comunista de China es «el adversario más peligroso que Estados Unidos ha tenido jamás» y la lucha de poder entre ambos determinará la historia del siglo XXI.

La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 no rompe con el pasado, sino que es una versión extrema de lo iniciado bajo Obama y Biden: el pivot to Asia, la reafirmación de la hegemonía mundial estadounidense y la guerra económica abierta contra países que buscan un rumbo propio.

Lo novedoso es la desfachatez con la que se plasma por escrito. Ya no se recurre a palabras amables sobre «difundir la democracia», sino a una agenda sin tapujos: dividir el mundo en esferas de influencia, tratar a América Latina y África como reservas de materias primas y mano de obra, reducir a Europa a un mercado de consumo, aislar a China y, si es necesario, atraer a Rusia como socio menor.

La estrategia es una visión omnicomprensiva donde todo el mundo queda subordinado a los intereses estadounidenses (MAGA).

Hipocresía y servilismo de Europa

El secuestro del presidente Maduro y su esposa, junto al intento de tomar el control del gobierno en Venezuela bajo la amenaza de una nueva invasión, es sencillamente impactante. No solo es una flagrante violación del derecho internacional; significa que, de ahora en adelante, ningún dirigente mundial estará a salvo si no baila al son de Washington.

Normalmente, una agresión tan abierta – con bombardeos sobre una capital y el secuestro de un jefe de Estado en ejercicio – debería provocar condenas inmediatas de los gobiernos occidentales, apelaciones a la Carta de la ONU y amenazas de sanciones. Sin embargo, ocurrió lo contrario.

En lugar de mantener un rumbo independiente, la Unión Europea actuó una vez más como una extensión servil de la geopolítica estadounidense. Kaja Kallas, Alta Representante de la UE, no solo se negó a condenar la intervención, sino que legitimó la agresión al repetir que Maduro «ya no tenía legitimidad». Mientras el humo se elevaba sobre Caracas, Bruselas repetía obedientemente los guiones de la Casa Blanca. Fue un espectáculo penoso: Europa sacrificó su brújula moral para no perder el favor del «Gran Hermano» estadounidense.

Tras los escandalosos dobles raseros en Ucrania y Gaza, la agresión contra Venezuela supone el golpe de gracia al llamado «orden basado en reglas». La hipocresía es total y la máscara ha caído definitivamente: no queda nada del supuesto orden jurídico internacional.

Señal de debilidad

No obstante, el ataque contra Venezuela no fue una demostración de poder, sino una expresión de debilidad. Según el economista Richard Wolff, una potencia mundial solo recurre a invasiones brutales cuando la diplomacia y la manipulación fracasan. El secuestro de presidentes demuestra que los mecanismos de control «civilizados» del imperio están agotados.

América Latina fue durante décadas el patio trasero de EE. UU., pero esa hegemonía se desmorona a gran velocidad. Países como Brasil, México y Colombia siguen sus propios planes y buscan alianzas con China y Rusia. La agresión de Trump, además, genera el efecto contrario: refuerza la unidad y la independencia regional. Ante la falta de fiabilidad de Washington y la amenaza de aranceles, los países latinoamericanos buscan alternativas. Incluso el presidente Milei de Argentina, fiel aliado de EE. UU., ha declarado que no romperá sus relaciones económicas con China.

El mundo ya no es el de hace veinte años. Mientras Washington aprieta el puño, China ofrece miles de millones en inversiones sin dictados políticos. Por primera vez en la historia, decir «no» a Estados Unidos no implica caer en un abismo económico. América Latina tiene alternativas reales; el chantaje estadounidense pierde fuerza paso a paso.

Una elección histórica para Europa

Asistimos a los últimos estertores de un sistema que ya no se sostiene por sí solo. Pero la historia enseña que las potencias dominantes rara vez aceptan su declive pacíficamente. Estados Unidos ha demostrado ser un imperio excepcionalmente violento y cabe esperar que actúe de manera brutal, como evidencia el actual bloqueo petrolero contra Cuba.

Por lo tanto, cabe esperar que no ceda su poder sin lucha y que aún pueda, y probablemente lo hará, actuar de manera muy brutal, como nos enseña el actual bloqueo petrolero contra Cuba.

¿Y Europa? El continente también vacila en esta crisis del imperialismo. Después de 1945 Europa mantuvo su agenda imperialista bajo el paraguas de EE. UU. y la OTAN, pero la correlación de fuerzas ha cambiado. El centro económico se ha desplazado a Asia y el Sur Global ya no acepta tutelajes; exige un lugar igualitario.

Europa se ha recluido en un aislamiento histórico al aferrarse a la confrontación con Rusia y apoyar incondicionalmente a Israel. La transición a un nuevo orden mundial es peligrosa, pero también liberadora. La época en que una sola potencia decidía sobre continentes enteros ha terminado.

Europa se enfrenta a una elección histórica: ¿Seguirá a remolque de EE. UU., y elegirá la lógica imperialista, la militarización extrema y el riesgo de escalada? ¿O romperá con esa lógica para construir relaciones respetuosas con el Sur?

Jeffrey Sachs propone que Europa coopere con China en comercio y clima, se asocie con la Unión Africana y dialogue con los BRICS. Europa puede ayudar a construir un orden multilateral basado en la Carta de la ONU y no en la hegemonía. El camino hacia la credibilidad europea no pasa por Washington, sino por una reevaluación de sus propios principios.

Es imperativo dejar atrás la hipocresía de las «dos varas de medir»., lo que solo es posible si los países europeos rompen con la lógica de la OTAN y trazan una política exterior propia. Eso comienza con la diplomacia directa con Moscú y la búsqueda de una paz negociada en Ucrania que excluya la expansión de la OTAN.

Asimismo, Europa debe cesar su apoyo incondicional a Israel y aplicar sanciones económicas para demostrar que el derecho internacional es universal. Finalmente, debe condenar la política imperialista de EE. UU. en América Latina. Mantener bloqueos y socavar estados soberanos es un vestigio del pasado. En este sentido, Europa debería exigir el respeto a la autodeterminación de Venezuela frente a la injerencia desestabilizadora del imperio.

Solo así Europa podrá transformarse de un apéndice de un imperio en declive en un socio respetado en un mundo multilateral. La transición ya ha comenzado; corresponde a Europa decidir si quiere estar en el lado correcto de la historia o hundirse con las viejas potencias.

Notas:

i Esto se calcula sobre la base de la paridad de poder adquisitivo (PPA). Este cálculo tiene en cuenta las diferencias de precios entre países, que ofrece una imagen fiel del volumen real de bienes y servicios, y expresa cuánto se puede comprar localmente con un dólar. Instituciones como el Banco Mundial y el FMI utilizan cada vez más este método.

ii NRC Handelsblad, 15 de enero 2001, citado en Collon M., La guerre globale a commencé, en Herrera, R. (ed.), L’empire en guerre. Berchem 2001 [En castellano, La guerra global ha comenzado, Hondarribia, Hiru].

iii Fuentes de gastos militares: Wikipedia y Worldometers.

iv Doctrina Donroe: Neologismo para la política exterior de Trump en las Américas (Monroe + Don). Considera a toda América como esfera de influencia exclusiva de EE. UU. Justifica medios coercitivos – intervenciones, bloqueos y presión económica – para frenar la migración y, sobre todo, la influencia china y rusa. A diferencia de la Doctrina Monroe original (1823), que pedía a Europa mantenerse fuera, la «Donroe» trata a la región como una retaguardia estratégica estadounidense ampliada.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/venezuela-y-el-choque-del-siglo-xxi/

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Alcira Ramírez: La educación sigue siendo esperanza en Venezuela

Por: Josimar Ampies

En el marco del Día Mundial de la Educación, que se conmemoró el pasado 24 de enero, la doctora Alcira Ramírez, educadora e investigadora, dijo a Radio Fe y Alegría Noticiasque la vigencia del hecho educativo es la herramienta principal para que el país salga adelante.

A pesar de las tensiones estructurales que lo acechan, según ella, el recurso educativo sigue siendo una oportunidad en medio de un mundo complejo, entendiendo que todavía la educación es esperanza para Venezuela y el mundo.

Ramírez mencionó que a casi seis años del inicio de la pandemia de Covid-19, sus secuelas aún persisten en el sistema y advirtió que el rezago educativo es un fenómeno global, pero que en Venezuela se profundiza debido a crisis preexistentes.

“La recuperación del rezago puede durar entre dos y tres años. Las generaciones que vivieron la paralización de clases tendrán consecuencias marcadas en su vida. En Venezuela, esto se suma a problemas de infraestructura y condiciones docentes que ya arrastrábamos”, explicó la investigadora.

Educación técnica

Ramírez señaló que en el mercado laboral actual está más valorado las capacitaciones cortas y la educación técnica que los títulos universitarios tradicionales. Sin embargo, aclaró que la educación no debe verse solo como una fábrica de empleados para el sector empresarial.

“Ser competente no significa solo estar preparado para una empresa. Significa ser capaz de asumir roles sociales, ser voluntario, trabajar en una ONG o en la familia. Es hacerse competente para la vida”, enfatizó, rescatando el concepto de “saber ser” que promueve el modelo de educación popular.

Para la doctora Ramírez, el docente es el pilar que sostiene la esperanza, pero hoy enfrenta una realidad: una mística inquebrantable frente a una precarización extrema.

Retos del docente

Asimismo, destacó que los retos de la formación docente actual incluyen el cierre de la brecha digital, destacando que no basta con tener equipos, sino que se requiere acompañamiento humano.

También está el enfoque en habilidades blandas, que pueden lograrse fomentando el pensamiento crítico, la resolución de conflictos y la creatividad.

Y, por último, mencionó la atención a la diversidad, formar maestros capaces de atender realidades como la migración y las discapacidades en el aula de clase.

Finalmente, la investigadora recordó que la escuela no es una isla.

Un llamado urgente

Ramírez hizo un llamado urgente al Estado venezolano para atender la infraestructura (con un 70% en condiciones precarias) y haciendo énfasis en la precarización de los salarios, de la incluso social y de la falta de matrícula que también tiene que ver con la falta de valorización del docente.

“En el imaginario, el docente es quien prepara el futuro, pero en la práctica es poco valorado. No podemos hablar de educación si no hablamos de los problemas sociales que la impactan. El Estado debe facilitar la labor docente y entender el contexto de supervivencia de las familias”, concluyó.

Alcira Ramírez: La educación sigue siendo esperanza en Venezuela

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Política Internacional: Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Eric Toussaint

Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos. Este enfoque se ha hecho añicos. En el espacio de diez años, China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un competidor cooperativo a un «adversario estratégico principal ». Esta transformación no es el resultado de un cambio de régimen en Pekín ni de una ruptura de China con el sistema capitalista globalizado, sino todo lo contrario: el rápido ascenso de una potencia que ha sabido explotar las reglas del orden capitalista existente hasta el punto de amenazar su jerarquía. Comprender esta evolución es indispensable para entender la lógica de confrontación que ahora asume Washington, especialmente en el Indo-Pacífico, y los riesgos de nuevas conflagraciones que ello supone para los pueblos del planeta.

¿Por qué los dirigentes de Washington consideran que China es el principal adversario?

China lleva casi 40 años (podríamos remontarnos a los acuerdos Nixon-Mao de la década de 1970) participando en el mantenimiento del orden capitalista internacional y desde la década de 2010 ha adoptado una política económica y comercial de expansión internacional, ganando enormes cuotas de mercado en todo el mundo. Ha abierto parcialmente su economía a inversiones extranjeras masivas, en particular de grandes empresas estadounidenses, europeas, taiwanesas, etc. Durante dos décadas Estados Unidos ha considerado a China un socio económico y comercial interesante, a pesar de que acumulaba enormes superávits comerciales.

Posteriormente, China no se contentó con exportar productos manufacturados y atraer capital extranjero, sino que a partir de 2014 invirtió masivamente capital en la extracción y producción de mercancías a escala planetaria (en todos los continentes) y se convirtió en un prestamista e inversor de primer orden (véase Éric Toussaint, «Preguntas y respuestas sobre China como potencia acreedora de primer orden», CADTM, publicado el 20 de febrero de 2024).

Las autoridades de Washington, habida cuenta el pronunciado declive de la economía estadounidense, decidieron reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que hasta ahora ha utilizado medios pacíficos para ganar puntos y reforzar su poder. En diferentes lugares del planeta Washington ha continuado y multiplicado el uso de la fuerza sin atacar directamente a China. Trump, con motivo de su segundo mandato, ha decidido desplegar de forma ofensiva una estrategia económica, militar y diplomática dirigida contra China.

Washington ha decidido reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que ha utilizado medios pacíficos para reforzar su poder

El cambio se inició al final del mandato de Barack Obama en 2015-2016, se acentuó claramente durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2020) y continuó durante el mandato de Joe Biden (2021-2024). El regreso de Trump a la presidencia a principios de 2025 acentúa la ofensiva de Estados Unidos contra China. En el documento publicado por la Administración Trump en diciembre de 2025 (NSS 2025) China se define de hecho como «adversario estratégico central».

A partir de los documentos oficiales, ¿cómo ha evolucionado la posición de Washington sobre las relaciones con China en los últimos diez años?

En 2015 la administración dirigida por Barack Obama afirmaba:

«Estados Unidos se congratula por el surgimiento de una China estable, pacífica y próspera. Buscamos desarrollar con China una relación constructiva que beneficie a nuestros dos pueblos y promueva la seguridad y la prosperidad en Asia y en todo el mundo.

Buscamos cooperar en retos regionales y mundiales comunes, como el cambio climático, la salud pública, el crecimiento económico y la desnuclearización de la península de Corea. Aunque habrá competencia, rechazamos la inevitabilidad de una confrontación. Al mismo tiempo, gestionaremos la competencia desde una posición de fuerza, al tiempo que insistiremos en que China respete las normas y estándares internacionales en cuestiones que van desde la seguridad marítima hasta el comercio y los derechos humanos». (NSS 2015, p. 24)

Bajo Obama el discurso oficial sigue siendo el del «compromiso cooperativo», como muestra la NSS 2015, pero en la práctica varios acontecimientos marcan un giro hacia la designación de China como adversario. Al final del mandato de Obama Estados Unidos reforzó significativamente su presencia militar y estratégica en Asia-Pacífico Indo-Pacífico.

En 2017, durante el primer mandato de D. Trump, se mantiene la orientación hacia China y se presenta a este país como una amenaza:

«La región del Indo-Pacífico, que se extiende desde la costa oeste de la India hasta las costas occidentales de Estados Unidos, representa la parte más poblada y dinámica del mundo a nivel económico. El interés de Estados Unidos por una región del Indo-Pacífico libre y abierta se remonta a los primeros días de nuestra república. Aunque Estados Unidos busca continuar su cooperación con China, esta última utiliza incentivos y sanciones económicas, operaciones de influencia y amenazas militares implícitas para persuadir a otros Estados de que se ajusten a su agenda política y de seguridad. Las inversiones en infraestructura y las estrategias comerciales de China refuerzan sus aspiraciones geopolíticas. Sus esfuerzos por construir y militarizar puestos avanzados en el mar de China Meridional ponen en peligro la libre circulación del comercio, amenazan la soberanía de otras naciones y comprometen la estabilidad regional. China ha emprendido una rápida campaña de modernización militar con el objetivo de limitar el acceso de los Estados Unidos a la región y dar a China una mayor libertad de acción en esta zona. China presenta sus ambiciones como mutuamente beneficiosas, pero su dominio corre el riesgo de disminuir la soberanía de muchos Estados de la región indopacífica. Los Estados de toda la región piden a Estados Unidos que mantenga su liderazgo en el marco de una respuesta colectiva que preserve un orden regional respetuoso con la soberanía y la independencia. (SSN 2017, p. 45-46, pasajes en negrita por Éric Toussaint).

La NSS 2017 supone una ruptura doctrinal: China se describe ahora como una potencia hostil y amenazante que utiliza la coacción económica, la influencia política y la militarización para cuestionar el orden regional y el liderazgo estadounidense.

En el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en 2022, la administración de Joe Biden sigue la línea del enfoque de D. Trump con respecto a China:

« La República Popular China es el único competidor que tiene la intención de remodelar el orden internacional y cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo. Pekín aspira a crear una esfera de influencia reforzada en la región indopacífica y a convertirse en la primera potencia mundial. Utiliza sus capacidades tecnológicas y su creciente influencia en las instituciones internacionales para crear condiciones más favorables a su propio modelo autoritario y para modelar el uso y las normas tecnológicas mundiales con el fin de privilegiar sus intereses y valores. Pekín utiliza con frecuencia su poder económico para coaccionar a los países. Se beneficia de la apertura de la economía internacional, al tiempo que limita el acceso a su mercado interior, y trata de hacer que el mundo sea más dependiente de la RPC, al tiempo que reduce su propia dependencia del mundo. La RPC también invierte en un ejército que se moderniza rápidamente, cuyas capacidades en la región indopacífica y cuyo poder y alcance a escala mundial no dejan de crecer, al tiempo que trata de erosionar las alianzas de Estados Unidos en la región y en el mundo. (…) Es posible que Estados Unidos y la República Popular China coexistan pacíficamente, compartan y contribuyan juntos al progreso humano (…) En la competencia con la República Popular China, como en otros ámbitos, está claro que los próximos diez años serán la década decisiva. Nos encontramos hoy en un punto de inflexión en el que las decisiones que tomemos y las prioridades que persigamos nos llevarán por un camino que determinará nuestra posición competitiva a largo plazo. Muchos de nuestros aliados y socios, especialmente en la región indopacífica, están en primera línea frente a la coacción de la República Popular China y están decididos, con razón, a garantizar su autonomía, su seguridad y su prosperidad. (…) Haremos responsable a Pekín de los abusos cometidos —genocidio y crímenes contra la humanidad en Xinjiang, violaciones de los derechos humanos en el Tíbet y desmantelamiento de la autonomía y las libertades de Hong Kong—, aunque Pekín intente silenciar a los países y las comunidades. (…) Nos oponemos a cualquier modificación unilateral del statu quo por cualquiera de las partes y no apoyamos la independencia de Taiwán». (NSS 2022, págs. 23-24, negrita añadida por Éric Toussaint).

Aunque de forma menos brutal, la administración Biden confirma y profundiza el giro de 2017 al calificar a China como el principal competidor estratégico global, involucrado en una rivalidad sistémica a largo plazo que afecta a la economía, la tecnología, la seguridad y las normas internacionales.

En el documento hecho público a principios de diciembre de 2025 la administración de D. Trump radicaliza aún más la política de Washington con respecto a China:

«El presidente Trump, por sí solo, ha revertido más de treinta años de erróneas hipótesis estadounidenses sobre China: a saber, que al abrir nuestros mercados a China, alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra producción a China, facilitaríamos la entrada de China en el llamado «orden internacional basado en normas ». Esto no ha sucedido. China se ha enriquecido y ha adquirido poder, y ha utilizado su riqueza y su poder en su beneficio. Las élites estadounidenses —bajo cuatro administraciones sucesivas, de todos los partidos políticos— han apoyado voluntariamente la estrategia china o la han negado». (NSS 2025, p. 19)

Trump no adopta explícitamente una postura belicista hacia China, según se lee en el documento estratégico de seguridad nacional:

«Si Estados Unidos sigue creciendo y puede mantenerlo mientras conserva una relación económica verdaderamente mutuamente beneficiosa con Pekín (…)» («If America remains on a growth path—and can sustain that while maintaining a genuinely mutually advantageous economic relationship with Beijing (…)» (NSS 2025, p. 20)

Pero también hay pasajes muy negativos sobre las amenazas que representaría directamente la política china, con toda una serie de acusaciones:

«En primer lugar, Estados Unidos debe proteger y defender su economía y su población contra cualquier amenaza, venga de donde venga. Esto significa poner fin (entre otras cosas) a:

• las subvenciones y estrategias industriales depredadoras orquestadas por el Estado

• las prácticas comerciales desleales

• la destrucción de puestos de trabajo y la desindustrialización

• el robo masivo de propiedad intelectual y el espionaje industrial

• las amenazas a nuestras cadenas de suministro que ponen en peligro el acceso de Estados Unidos a recursos esenciales, como minerales y tierras raras

• la exportación de precursores del fentanilo que alimentan la epidemia de opioides en Estados Unidos

• la propaganda, las operaciones de influencia y otras formas de subversión cultural. » (NSS 2025, p. 21)

¿Cuál es el mensaje que Trump envía a Pekín?

En relación con la estrategia adoptada por China frente a las barreras arancelarias y otros obstáculos económicos impuestos por Washington para hacer frente a la expansión del comercio y las inversiones chinas en el mundo y en el mercado estadounidense, Trump afirma en la NSS 2025 (p. 20) que los métodos utilizados por Pekín para eludir las barreras y otros obstáculos impuestos a partir de 2027 se identifican… y se consideran hostiles. El pasaje sobre el uso que hace China de México como lugar de producción para llegar después a Estados Unidos, la sustitución del mercado estadounidense por el de los países de bajos ingresos o las exportaciones indirectas, envía un mensaje muy preciso a Pekín que se puede resumir así: sabemos exactamente cómo eluden nuestros aranceles y controles. En respuesta, impondremos nuevas sanciones, ejerceremos presión y coacción sobre los países intermediarios, en particular en el hemisferio occidental, y cuestionaremos los acuerdos comerciales con los países que sirven de enlace a los chinos.

¿La respuesta de Trump es únicamente económica?

Bajo Trump, China es percibida como un adversario estructural contra el que Estados Unidos debe implementar una estrategia más agresiva de confrontación económica y competencia militar.

¿Cuál es la posición de Trump con respecto a China en el Indo-Pacífico?

En primer lugar hay que precisar que el Indo-Pacífico es en gran medida un espacio geopolítico o geoestratégico definido por Washington en función de sus intereses. La dimensión militar y económica es determinante en la adopción de esta definición. Trump quiere que el Indo-Pacífico sea «seguro y dominado» por Estados Unidos. Pekín prefiere utilizar la expresión Asia-Pacífico.

En la NSS 2025, el Indo-Pacífico corresponde, a grandes rasgos, a un arco continuo que, de oeste a este, abarca la costa oriental de África, el océano Índico y los puntos de paso clave: el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el estrecho de Malaca, el sur de Asia (con la India como eje), el sudeste asiático (ASEAN), el mar de China Meridional, Taiwán , la península de Corea y Japón. A ello se suman, al sur y al este: Australia, los archipiélagos y los Estados insulares del Pacífico. Este espacio se extiende hasta la costa pacífica de los Estados Unidos.

Para Trump el Indo-Pacífico es ante todo un espacio marítimo y militar por el que pasa más del 60% del comercio mundial. Es un área esencial para la energía, las cadenas de suministro y la supremacía naval. Washington cuenta allí con una red de países aliados: Japón, Corea del Sur, Australia, Singapur, Filipinas, Tailandia, Taiwán (que oficialmente forma parte de China) y, en cierta medida, la India, que es un socio clave pero no un aliado formal. Para Trump esta red debe constituir un frente antichino.

En la NSS 2025 de Trump las fuerzas estadounidenses en el Indo-Pacífico se conciben como un dispositivo militar, principalmente marítimo y aéreo, orientado a un conflicto de alta intensidad con China. Aunque Trump presenta este dispositivo como meramente disuasorio, no es así. Washington mantiene allí el mayor despliegue militar fuera del continente americano.

Estados Unidos despliega 375 000 soldados[1] y personal civil del ejército en el Indo-Pacífico y mantiene allí 66 bases militares permanentes, a las que hay que añadir varias decenas de instalaciones militares menos importantes (véase el sitio web oficial del Congreso de los Estados Unidos: https://www.congress.gov/crs-product/IF12604 ). Las principales instalaciones militares de Washington en el Indo-Pacífico se encuentran en Japón (bases aéreas y navales, más de 50 000 soldados), en Corea del Sur (más de 28 000 soldados ) y en territorios que pertenecen directamente a los Estados Unidos, como Guam (6000 soldados) en las Islas Marianas, Hawái (44 000 soldados), Alaska, etc., a lo que hay que añadir el acceso a bases militares en Filipinas, Singapur, Tailandia y Australia.

¿Cuál es la posición de China con respecto al espacio geoestratégico que Washington denomina Indo-Pacífico?

Según China, el Indo-Pacífico es un concepto artificial forjado por Estados Unidos con el objetivo de ampliar y legitimar una estrategia de contención contra China (Quad[2], AUKUS[3] o alianzas navales). A los ojos de Pekín, Indo-Pacífico significa la ampliación por parte de Washington del teatro antichino hasta la India. Para China, el Indo-Pacífico sirve para internacionalizar la cuestión china (China continental y Taiwán), convertir a China en un problema de seguridad global y legitimar una presencia militar estadounidense masiva. En resumen, para Pekín, el Indo-Pacífico no es una región natural, sino una construcción geopolítica hostil.

Para China, Estados Unidos es una potencia extranjera en la región que rodea militarmente a China, una potencia extranjera que quiere obstaculizar el libre desarrollo del comercio y las inversiones chinas en su entorno geográfico natural. Washington adopta un punto de vista completamente diferente y considera que Estados Unidos tiene derecho a dominar el Indo-Pacífico y que China corre el riesgo de utilizar su fuerza para exigir derechos de peaje, amenazar la seguridad de sus vecinos y bloquear las cadenas de suministro.

En cuanto a Taiwán, ¿cuál es el mensaje que contiene la NSS 2025?

Sobre la cuestión de Taiwán, la NSS 2025 reafirma su oposición a cualquier reunificación por la fuerza, al tiempo que se niega explícitamente a apoyar una declaración de independencia taiwanesa. Esta postura tiene menos como objetivo estabilizar el estrecho, que mantener una presión permanente sobre Pekín, convirtiendo a Taiwán en un punto de fricción estructural, más que en un objeto de acuerdo político.

¿Cómo ven las autoridades indias el Indo-Pacífico?

Nueva Delhi tiende a retomar la expresión Indo-Pacífico porque le permite reforzar su estatus de gran potencia autónoma, salir del enfrentamiento regional con China y ampliar su horizonte estratégico hacia el sudeste asiático y el Pacífico. Para la India, el Indo-Pacífico es un multiplicador de poder, no una simple herramienta antichina. Aunque participa en el Quad, India rechaza las alianzas militares formales, mantiene su doctrina de autonomía estratégica y coopera con Washington sin alinearse completamente. Por supuesto, hay que tener en cuenta que la India está en conflicto con su vecino Pakistán, donde China está invirtiendo masivamente. India también tiene un conflicto fronterizo con China, utilizando el Indo-Pacífico para responder a la presencia china en el océano Índico, en Pakistán (el puerto de Gwadar, conectado con China por vía terrestre), en Sri Lanka (el puerto de Hambantota, objeto de una concesión de 99 años otorgada a una empresa china) y en el océano Índico occidental.

Al mismo tiempo, junto con China y Rusia, la India es miembro del BRICS, que presidirá en 2026. India compra a Rusia importantes cantidades de combustible a pesar de las sanciones impuestas a Moscú desde la invasión de Ucrania. Por último, el Gobierno neofascista de Modi ha desarrollado una estrecha relación (militar y comercial) con el Gobierno neofascista de Israel.

¿No es amenazante el mensaje de Trump? De hecho, ¿no está buscando un pretexto, como el de garantizar la libertad de comercio, para tener un argumento y atacar militarmente a China? Esto recuerda el pretexto para desencadenar la guerra del opio en la década de 1830. En el caso de las guerras del opio, Estados Unidos y otras potencias utilizaron la libertad de comercio como pretexto y aquí ocurre lo mismo, ¿no es así?

Esta interpretación del documento de Trump es totalmente legítima y toca un punto muy sensible que muchos análisis occidentales minimizan, pero que los estrategas chinos ven perfectamente. La respuesta breve es: sí, el pasaje de la NSS 2025 relativo a la libertad de comercio marítimo en el Indo-Pacífico puede interpretarse como más amenazador que la lectura de «disuasión defensiva», y sí, la analogía con la «libertad de comercio» de las guerras del opio es pertinente desde el punto de vista teórico e histórico.

Cuando Trump escribe que el mar de China Meridional no debe estar sujeto a peajes ni a cierres arbitrarios, está haciendo tres cosas muy importantes:

1. Convierte un espacio regional disputado en bien público mundial. Este es exactamente el mecanismo histórico de las potencias marítimas: se desnacionaliza un espacio, se recalifica como arteria global y luego se legitima la intervención armada en nombre de todos. Es el mismo razonamiento jurídico y estratégico que utilizaron los británicos frente a la China Qing en el siglo XIX o las potencias occidentales frente al Imperio otomano y más recientemente, por Estados Unidos frente a Irán en el Golfo. La «libertad de comercio» se convierte entonces en un principio superior a la soberanía.

2. Trump establece un umbral de intolerancia muy bajo. No habla de un bloqueo total, ni de una guerra declarada de la que China sería culpable, sino de un riesgo de peaje, de control, de una capacidad de cierre discrecional que China podría hipotéticamente ejercer o activar. En otras palabras, basta con la intención presunta. Esto es extremadamente importante: no es necesario que China bloquee realmente el mar de China Meridional para justificar una acción. Según la doctrina que defiende Trump, basta con que tenga la capacidad creíble de hacerlo. Este es exactamente el tipo de pretexto estratégico que se ha utilizado en el pasado.

En el siglo XIX, el argumento de las potencias imperialistas occidentales contra China era «China viola la libertad de comercio»; hoy, el argumento esgrimido por Trump es «China amenaza las vías vitales del comercio mundial». En ambos casos Occidente se erige en guardián de los flujos y China se describe como cerrada, coercitiva, arbitraria y peligrosa para la economía mundial. Para un lector chino este pasaje suena exactamente como un discurso imperialista clásico. Y es totalmente justificable que una persona china lo interprete de esta manera, al igual que cualquiera en su sano juicio que intente descifrar la NSS 2025.

3. Trump está realmente preparando una escalada de legitimidad, no una guerra inmediata. Trump está construyendo una «caja jurídica y estratégica», diciendo en esencia: si China intenta controlar, gravar o cerrar las rutas marítimas, entonces el uso de la fuerza no sería una guerra, sino una acción para mantener el orden económico mundial. Esto es exactamente lo que hacen las grandes potencias antes de los conflictos para preparar la opinión pública, alinear a los aliados y reducir el coste político de la escalada. Trump reactiva un vocabulario históricamente imperialista, la «libertad de comercio» sirve aquí como principio superior que justifica el uso de la fuerza. Esto se percibe en Pekín como una amenaza latente, incluso como una preparación doctrinal para la escalada, aunque la reacción oficial de las autoridades chinas al NSS 2025 haya sido muy moderada.

¿Cuál ha sido la reacción oficial de China en diciembre de 2025 ante la publicación de la NSS 2025 por parte de Trump?

La reacción china fue muy cortés, con el fin de evitar envenenar la relación.

En una rueda de prensa celebrada el 8 de diciembre de 2025, pocos días después de la publicación de la NSS 2025, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, declaró:

«China siempre ha estado convencida de que la cooperación entre China y Estados Unidos es beneficiosa para ambos países, mientras que la confrontación les perjudica. El respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para ambas partes constituyen el camino correcto a seguir para que China y Estados Unidos se entiendan, y es la única opción justa y realista. China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos para mantener el desarrollo estable de las relaciones bilaterales, al tiempo que defiende firmemente su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo. Esperamos que Estados Unidos trabaje con China en la misma dirección, apliquen los importantes acuerdos alcanzados entre los jefes de Estado de ambos países, intensifiquen el diálogo y la cooperación, gestionen adecuadamente sus diferencias, promuevan el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones entre China y Estados Unidos y aporten más certidumbre y estabilidad al mundo.

En cuanto a la cuestión de Taiwán, subrayamos que Taiwán es la Taiwán de China y forma parte integrante del territorio chino. La cuestión de Taiwán es fundamental para los intereses básicos de China y constituye la primera línea roja que no debe cruzarse en las relaciones entre China y Estados Unidos. La resolución de la cuestión de Taiwán es un asunto que concierne únicamente al pueblo chino y que no admite ninguna injerencia exterior. Estados Unidos debe respetar escrupulosamente el principio de una sola China»

En cuanto a las pretensiones de Washington recogidas en la NSS 2025 con respecto al hemisferio occidental, y en particular a Venezuela, China también ha reaccionado con cautela.

¿Cuál ha sido la reacción de China ante la agresión militar estadounidense contra Venezuela perpetrada el 3 de enero de 2026?

Después de que Washington agrediera a Venezuela el 3 de enero de 2026, China denunció las pretensiones de Trump de tomar el control del petróleo venezolano y exigió la liberación inmediata de la pareja presidencial, pero hasta ahora no ha tomado ninguna contramedida para sancionar a Estados Unidos.

Síntesis-Conclusión

La evolución de la posición oficial de Washington con respecto a China durante la última década pone de manifiesto un cambio estratégico importante, que va mucho más allá de los cambios de administración o de orientación partidista. En el espacio de diez años China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un socio económico competitivo pero cooperativo a ser un «adversario estratégico central». Este cambio no refleja una ruptura repentina, sino el resultado de un proceso acumulativo relacionado con el auge económico, financiero, tecnológico y geopolítico de China dentro del propio orden capitalista mundial.

Hasta mediados de la década de 2010 la administración Obama seguía aplicando una lógica de integración condicional de China en el orden internacional dominado por Estados Unidos. El giro se produjo al final de la administración Obama y durante el primer mandato de Donald Trump y consistió en rechazar explícitamente este enfoque. A partir de 2017 China es descrita como una potencia hostil que utiliza la economía, las inversiones, las infraestructuras y la modernización militar para cuestionar el dominio estadounidense, en particular en la región indopacífica. Esta redefinición de China como amenaza estructural ha continuado y se ha profundizado bajo la administración Biden, que ha retomado lo esencial del diagnóstico de Trump, al tiempo que lo inscribe en un marco multilateral e ideológico más afirmado, oponiendo un «modelo autoritario» chino a un orden internacional presentado como basado en valores democráticos.

El documento estratégico de 2025 marca una nueva etapa: ya no se limita a constatar la rivalidad, sino que señala explícitamente el error histórico de las élites estadounidenses que favorecieron el ascenso de China. Esta se presenta ahora no solo como un competidor, sino como una amenaza directa para la economía, la cohesión social, las cadenas de suministro, la seguridad nacional e incluso la estabilidad cultural de Estados Unidos. El conflicto se amplía así a todas las esferas económicas, tecnológicas, ideológicas y sociales, sin asumir formalmente una opción militar directa.

En definitiva, si los dirigentes de Washington consideran hoy a China como el principal enemigo, no es porque Pekín haya roto con el orden capitalista mundial, sino precisamente porque se ha integrado con éxito en él, explotando los mecanismos hasta el punto de erosionar de manera significativa la supremacía estadounidense. La rivalidad entre China y Estados Unidos parece menos un enfrentamiento entre dos sistemas antagónicos, que una lucha asimétrica por el liderazgo dentro de un mismo orden económico mundial, cuyas reglas han sido escritas durante mucho tiempo por los propios Estados Unidos. Esta dinámica, marcada por la agresividad de Washington, hace que la confrontación sea duradera, estructural y potencialmente muy peligrosa para todos los pueblos del planeta.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Donald Trump marca un importante cambio doctrinal en la forma en que Estados Unidos concibe su rivalidad con China. Detrás del lenguaje de la disuasión, la libertad de comercio y la seguridad de las rutas marítimas, se perfila una lógica de poder más asumida, en la que Estados Unidos, que es una potencia extrarregional, reivindica el derecho a estructurar militarmente la región Indo-Pacífico con el fin de preservar un orden económico favorable a sus intereses. Sin embargo, este enfoque puede interpretarse en Pekín como una estrategia de cerco y coacción, reavivando un profundo dilema de seguridad con implicaciones históricas, geopolíticas y sistémicas.

 

El autor agradece a Omar Aziki, Patrick Bond, Sushovan Dhar, Fernanda Gadea y Maxime Perriot la revisión del texto. El autor es responsable de los posibles errores que pueda contener.

 

 


[1]La impresionante cifra de 375 000 procede de la página web oficial del Congreso de los Estados Unidos. A continuación se incluye un extracto: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos de combate unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas a la zona de responsabilidad (AOR) del comando, que comprende el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su cuartel general en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con unos 375 000 militares y civiles asignados a su zona de responsabilidad. » En inglés: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos combatientes unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas al área de responsabilidad (AOR) del mando, que incluye el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su sede en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con aproximadamente 375 000 efectivos militares y civiles asignados a su AOR». Congress.com, publicado el 03/05/2024. Ver también: https://www.msn.com/es-mx/noticias/mundo/maniobras-militares-de-eu-en-el…

[2]Quad (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad) es un marco de cooperación informal con Australia, India y Japón, cuyo objetivo es promover un espacio Indo-Pacífico libre y abierto, en respuesta a la creciente influencia de China, haciendo hincapié en la seguridad marítima, la cooperación tecnológica (5G, semiconductores), las infraestructuras y la democracia. Se trata de un componente clave de la política estadounidense de «Indo-Pacífico libre y abierto», que complementa otras alianzas como AUKUS.

[3] En la estrategia estadounidense, AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) es un pacto de seguridad trilateral crucial para contener la influencia china en el Indo-Pacífico, dotando a Australia de submarinos de propulsión nuclear, reforzando así la disuasión regional e integrando más estrechamente a Canberra en la arquitectura de seguridad estadounidense frente a Pekín. Es un pilar de la política estadounidense destinada a proyectar una fuerza militar avanzada en la región, complementaria a otras asociaciones como el Quad.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/2026/01/educated-unemployment-a-major-challenge-for-the-new-government/

 

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Maestros venezolanos piden la libertad de los presos políticos y el cese de la persecución

La Federación Venezolana de Maestros (FVM) exigió este jueves la liberación de todos los presos políticos en el país y el «cese de la persecución», en momentos en que se esperan nuevas excarcelaciones tras el anuncio hace una semana sobre la liberación de un «número importante de personas».

En un comunicado con motivo del Día nacional del Maestro, la organización hizo un llamado a «la paz de Venezuela, al respeto irrestricto de la libertad sindical», a «la libertad de todos los educadores, dirigentes sindicales y demás presos políticos y a la unidad de todos los educadores en la defensa de sus derechos y de la escuela como espacio de libertad y democracia».

La FVM pidió también «seguir luchando por una educación pública de calidad, por la justicia social de los docentes, por salarios dignos, seguridad social y una mejor calidad de vida, así como por el cese de la persecución, el acoso laboral y las suspensiones de sueldos».

A propósito también de su aniversario número 94, la federación aseguró que mantiene «una actitud de defensa vigilante del sistema democrático y de sus instituciones».

«Ningún cambio ni ninguna transformación puede darse en un país si no se toma en cuenta a la educación y sus actores fundamentales», aseveró.

La nación suramericana vive momentos de incertidumbre luego de la captura del mandatario Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, por parte de Estados Unidos el pasado 3 de enero, en medio de una serie de ataques en suelo venezolano.

Dos días después, la entonces vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, juró como mandataria encargada, tras una orden del Tribunal Supremo de Justicia.

En ese contexto, el titular del Parlamento y hermano de la presidenta encargada, Jorge Rodríguez, anunció hace una semana la liberación de «número importante de personas».

Este miércoles, la mandataria encargada informó que hasta la fecha han sido excarcelados 406 presos políticos.

Por su parte, la ONG Foro Penal, dedicada a la defensa de presos políticos, contabilizaba hasta el miércoles 84 excarcelados desde el pasado 8 de enero y la opositora Plataforma Unitaria Democrática (PUD) cifraba en 102 los liberados.

El chavismo convocó este jueves a los maestros a una movilización en Caracas.

EFE

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