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Líbano: Cierran colegios en Líbano tras fuerte participación electoral

Cierran colegios en Líbano tras fuerte participación electoral

Alrededor de 3.9 millones de libaneses están convocados a participar en las primeras elecciones parlamentarias desde 2018.

Los colegios electorales cerraron este domingo en Líbano a las 19H00 hora local (16H00 GMT), tras una jornada sin incidentes y con una significativa afluencia de votantes.

Para mañana lunes se anunciarán los resultados definitivos de las elecciones libanesas, tras abrir las puertas al voto a más de 3.9 millones de electores habilitados, más de la mitad de los cuales son mujeres.

Las elecciones parlamentarias en Líbano reportó una buena afluencia de votantes cuando la participación rebasaba el 14 por ciento a media jornada, reportaron autoridades locales.

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El Ministerio del Interior libanés precisó que la participación electoral, en el período de la mañana, ascendió a más del 40 por ciento a las 17H00 horas.

En las elecciones de este año, 103 listas electorales con 718 candidatos se distribuyen en 15 distritos electorales para elegir a 128 legisladores .

El presidente libanés, Michel Aoun, y el primer ministro, Najib Mikati, votaron por separado en sus respectivos colegios, mientras que los votantes libaneses siguen votando

Estos son los primeros comicios desde el estallido en 2019 de una grave crisis económica que ha empujado a casi el 80 % de la población por debajo del umbral de la pobreza y ha hecho caer el valor de la moneda local en más de un 90 %.

Los comicios parlamentarios iniciaron a las 07H00 con la apertura de los centros de votación en 15 distritos electorales.

Alrededor de 3.9 millones de libaneses están llamados a las urnas, que se cerrarán a las 19H00 hora local y cuyos resultados no se esperan hasta el lunes.

Un total de 718 candidatos, de los que 157 son mujeres, se presentan a estas elecciones para ocupar alguno de los 128 escaños del Parlamento.

Las últimas elecciones celebradas en 2018 fueron ganadas por el movimiento chiita Hezbolá en alianza con los partidos del presidente parlamentario Nabih Berri y del presidente del país Michel Aoun.

Además de escoger a los nuevos representantes del Parlamento, los electores libaneses también elegirán al reemplazante del presidente Michel Aoun, cuyo mandato finaliza el 31 de octubre.

Fuente de la Información: https://www.telesurtv.net/news/libano-celebra-elecciones-parlamentarias-20220515-0004.html

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El rostro de la esclavitud moderna en el Líbano

Rahim Teshome llegó a Beirut cuando tenía 15 años por medio de una ‘kafala’, un sistema de patrocinio por el que empresas y familias importan mano de obra barata. Nunca le pagaron, le confiscaron su pasaporte etíope y la violaron. Su historia es la de miles de trabajadoras domésticas

Rahim Teshome habla de Etiopía como si no fuese el país que la vio nacer. No siente nostalgia ni apego por sus raíces. A sus 26 años recuerda su infancia con mucha distancia pues, desde muy temprana edad, supo que su futuro no estaba Adís Abeba. Con tan solo seis años quedó a cargo de sus hermanas mayores tras la muerte de sus padres. “Era muy pequeña, la vida era difícil, iba a escuela, no teníamos comida y por ello decidí salir”, recapitula. En 2012 tenía 15 años y una vecina le recomendó marcharse al Líbano, como había hecho su hija, bajo el sistema de la kafala.

Kafala en árabe significa protección y, en origen, era la fórmula prevista en el derecho islámico para la acogida de huérfanos. Sin embargo, en las últimas décadas se ha convertido en el medio usado por las empresas y particulares para importar mano de obra barata a los países del Golfo y Oriente Próximo, principalmente en sectores como el de las labores domésticas o la construcción.

“Me dijeron que iba a trabajar con una familia, que me arreglaría los papeles y que cobraría un sueldo para ayudar a mis hermanas”, asegura sonriendo mientras rememora lo que iba a ser el plan perfecto de una niña que soñaba con salir de la pobreza. Embarcó con otras 150 menores de edad etíopes; ninguna sabía ubicar el Líbano en el mapa, pero estaban convencidas de que, desde su nuevo destino, iban a poder ayudar a sus familias. “El viaje fue muy largo. Estuvimos varios días en un aeropuerto de Yemen sin comida y durmiendo en el suelo”, dice Teshome.

Rahim Teshome mira hacia el exterior a través de una ventana de la sede del Anti-Racism Movement (ARM), en Beirut. Llegó al Líbano cuando tenía 15 años, le confiscaron el pasaporte y la violaron. Su historia se repite entre los miles de trabajadoras domésticas extranjeras.
Rahim Teshome mira hacia el exterior a través de una ventana de la sede del Anti-Racism Movement (ARM), en Beirut. Llegó al Líbano cuando tenía 15 años, le confiscaron el pasaporte y la violaron. Su historia se repite entre los miles de trabajadoras domésticas extranjeras.BRAIS LORENZO

“Me duele mucho recordar las condiciones en las que llegué. Tenía mucha hambre y estaba agotada”, añade. Fue a buscarla la madame, título con el que se refiere a su empleadora, la señora que la acogió como empleada doméstica y que desde entonces se convirtió en su dueña. Así lo establecen las normas de extranjería, que otorgan a los empleadores un control absoluto sobre “sus patrocinados”.

Fara Baba, portavoz del Anti-Racism Movement (ARM), lo explica: “En determinados sectores, no están amparados por el Código del Trabajo libanés. El Código de la kafala le da el poder al que da empleo y no protege a las trabajadoras como en este caso. Por eso lo llamamos una esclavitud moderna”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) denuncia que se trata de un círculo vicioso de salarios bajos y falta de protección social. “El sistema vigente va en contra del reconocimiento del servicio doméstico como un empleo decente. Algo que afecta tanto a migrantes como a nacionales que pudieran estar interesadas en formar parte de este sector”, detalla Zeina Mezher, portavoz de Migración Laboral de la OIT para el Líbano.

Según datos oficiales, hay unas 250.000 mujeres migrantes, procedentes de África y del sudeste asiático, que son trabajadoras domésticas en un país de seis millones de habitantes. “Por nuestra experiencia sobre el terreno sabemos que este número es mucho mayor. El propio cónsul de Etiopía afirmó el año pasado que había alrededor de 450.000 ciudadanos etíopes aquí. Esto significa que el número total es mucho mayor”, aclara Baba.

El problema no era el trabajo. El problema no era mi agotamiento físico y mental. Mi problema es que me violaban el hijo y el padre de la familia

Teshome no tardó en darse cuenta del peso que caía sobre su espalda: “Me vi con 15 años gestionando una casa. Todo, absolutamente todo, lo tenía que hacer yo. Cuidaba desde los más pequeños hasta a los más mayores. Trabajaba las 24 horas del día, los siete días de la semana; y nunca me pagaban”, denuncia la joven llena de indignación. “Para comer o beber agua tenía que esperar a que la madame se marchara”, relata sobre las condiciones en las que vivía.

Cada vez habla más atropellada, como si necesitara contarlo todo, antes de que la sorprendan. Los gestos y la mirada la delatan, pese al esfuerzo que hace por disimular la angustia al recordar las atrocidades vividas. Se interrumpe y busca el aire que parece escapársele sin remedio; se frota las manos sobre las rodillas como quien busca el modo de coger impulso y enfrentarse a una realidad que no consigue dejar atrás. “El problema no era el trabajo. El problema no era mi agotamiento físico y mental”. Vuelve a hacer una pausa. “Mi problema es que me violaban el hijo y el padre de la familia”. De nuevo, el silencio.

“Ahora quiero denunciarlo y no me importa decirlo. Muchas chicas se suicidan tras sufrir abuso sexual”, anuncia con decisión. Además, insiste en que vienen de “sociedades muy conservadoras” en las que, si pierden la virginidad, son repudiadas. “Aunque hayamos sido violadas, nos consideran culpables”. La experiencia de su joven vida la ha llevado a entender que la violencia que se ejerce sobre las mujeres por el mero hecho de serlo, es estructural. Este tipo de abuso es más probable que suceda cuando las que trabajan a “puerta cerrada y con poca interacción con el mundo exterior”, recalca la portavoz de la OIT para Líbano. “Se hace aún más posible en un ambiente de trabajo desprotegido y donde el sistema priva a estos empleados del derecho a vivir y hacer su labor con dignidad”.

Desde el Movimiento Antirracista libanés resaltan que muchas de las muertes de trabajadoras domésticas son consideradas suicidio por las autoridades libanesas. “Para evitar abrir una investigación sobre las acusaciones de abuso y homicidio por parte de los empleadores”, explica su portavoz. Aseguran que es habitual que estos aleguen que “su protegida” tenía problemas de salud mental con el fin de presentar su muerte como autoinfligida y, por lo tanto, desentenderse de cualquier responsabilidad, pese a la existencia de denuncias por abusos. “Las Fuerzas de Seguridad Interna (ISF) calculan que, entre 2008 y 2018, 1.366 mujeres se habían quitado la vida en el Líbano, de las que el 13,4% eran inmigrantes etíopes”, añade Baba.

“Hace unos días, una joven etíope embarazada por violación fue expulsada del país por la familia que la empleaba. Volvió a Etiopía a criar al bebé y es que abortar no está bien visto”, denuncia. En el caso de Teshome, el hijo de la familia donde trabajaba comenzó el acoso, primero sutilmente, luego exigiéndole que le enseñara su ropa interior, después se desnudaba delante de ella y, finalmente, aprovechando los momentos en los que su madre no estaba, pasó a violarla. “Cuando le dije a la madame que su hijo me pedía cosas extrañas, me exigió que le obedeciera, que era mi hermano”, asevera. “Al cabo de un tiempo, su marido también empezó a violarme”.

Finalmente, Teshome, después de que el hijo la agrediese sexualmente por la mañana y el padre por la tarde, decidió jugársela y escapar. “Me tiré por el balcón de un segundo piso. Tenía que elegir entre la vida o la muerte”, zanja. Se salvó, pero había huido con lo puesto y sin su pasaporte, en poder de la madame. Se levantó del suelo magullada, se escondió en un callejón hasta recuperarse y tomar una decisión. Al poco, ya había puesto rumbo a Beirut, la capital.

Rahim Teshome habla con Fara Baba, portavoz del Anti-Racism Movement (ARM). Según datos oficiales, hay unas 250.000 mujeres migrantes, procedentes de África y del sudeste asiático, que son trabajadoras domésticas, pero las ONG estiman que son muchas más.
Rahim Teshome habla con Fara Baba, portavoz del Anti-Racism Movement (ARM). Según datos oficiales, hay unas 250.000 mujeres migrantes, procedentes de África y del sudeste asiático, que son trabajadoras domésticas, pero las ONG estiman que son muchas más.BRAIS LORENZO

“Me quedé deambulando en las calles y con mucho miedo a la policía porque era una persona ilegal”, relata. En la capital se juntó con otras jóvenes etíopes que también se habían escapado y desde entonces ha hecho todo tipo de trabajos para salir adelante. “He limpiado muchos bares, casas y almacenes. He trabajado en cocinas y en hoteles. A veces me pagaban, pero muchas otras me decían que, como era ilegal, no podía cobrar”, concluye.

Según Baba, la crisis en el Líbano, agudizada por la pandemia, ha creado más conciencia sobre las terribles condiciones de las mujeres migrantes bajo el sistema de la kafala. Muchos empleadores, con el desplome de la libra libanesa, ya no podían pagar los salarios. En lugar de repatriar a las empleadas con el depósito que abonaron cuando las contrataron, las mantienen sin sueldo y abusando de ellas; otros prefieren abandonarlas en las puertas de sus respectivos consulados, “sin haberles pagado y sin devolverles sus pasaportes”, asegura Baba.

En 2020, un grupo técnico coordinado por la OIT trasladó al Ministerio de Trabajo un plan de acción para desmantelar la kafala que permitiría rescindir los contratos por parte de los empleados domésticos migrantes. En segundo lugar, este aborda todos los componentes del trabajo forzoso, “como la confiscación de pasaporte, el retraso en el pago de estipendios o el abuso horario”, asegura Mezher. Sin embargo, subraya que erradicar está práctica es un camino complicado: “El reconocimiento oficial de que es un sistema abusivo que pone en riesgo vidas humanas es un punto de partida crucial”.

Hay trabajadoras domésticas que deciden volver a sus países, aunque no es fácil por temas burocráticos. “Cuando hablaba con mis hermanas, me decían que tenían a un hombre dispuesto a casarse conmigo. Era mayor, pero les daría una buena dote”. Para Teshome, regresar no estaba en sus planes, pues “habría sido transitar de una cárcel a otra”.

Lo he perdido todo, incluso mi libertad y mi dignidad. Me he ahogado tantas veces en el país de los cedros, que no me da miedo el mar

Líbano atraviesa una de las crisis económicas más graves de su historia moderna y, según la OIT, esto ha hecho bajar la demanda de empleadas domésticas. Denuncian que las agencias de contratación todavía están tratando de identificar nuevos mercados en el intento de motivar a mujeres a trabajar en el país árabe. “Existe un alto riesgo en tales tendencias, ya que las inmigrantes no cuentan con conocimientos suficientes sobre el contexto laboral y carecen de vías de buscar ayuda si es necesario”, asegura Mezher.

Para Teshome, la vida en las calles de Beirut también fue igualmente traumática. “Te ven una mujer negra y se creen que pueden hacer contigo lo que quieran”. Finalmente, se casó con un sudanés. “Necesitaba tener un apoyo y seguridad”, se justifica. “Esta es una sociedad machista. Es mejor casarme a que me violen. Nadie tiene por qué acosarme en la calle o en las casas”.

Rahim Teshome ayuda a su hijo, de seis años, a realizar las actividades escolares en el interior de su casa. “Tengo mucho miedo por él, pero debo garantizarle un lugar seguro. Si aquí el Estado no se hace cargo por el sistema de la kafala implantado, tendremos que buscar alguna solución”.
Rahim Teshome ayuda a su hijo, de seis años, a realizar las actividades escolares en el interior de su casa. “Tengo mucho miedo por él, pero debo garantizarle un lugar seguro. Si aquí el Estado no se hace cargo por el sistema de la kafala implantado, tendremos que buscar alguna solución”.BRAIS LORENZO

Pese a todo, su vida no ha cambiado demasiado, puesto que aún vive con el temor a ser detenida; lo que ha hecho puede ser motivo de cárcel o deportación. Además, no tiene papeles y sabe que jamás los tendrá y, aunque ahora tiene un hijo nacido en el Líbano, este también está en situación irregular. “La madame me dijo que mientras ella viviera, yo nunca tendría mi permiso de residencia”. La preocupación de Teshome ahora es su niño de seis años; cuando cumpla los diez, sin el permiso de residencia, no podrá ir al colegio. Su vida está limitada al trayecto de la escuela a casa. “No puedo dejarle jugar por si le pasa algo; sin documentación, pueden quitármelo”.

Ahora, su único objetivo es tener papeles. Pero lo sabe inalcanzable, ya que necesita el visto bueno de la madame y cree que ella no dará su brazo a torcer. Ahora, Teshome está preparándose para volver a emigrar. “Tengo mucho miedo por mi hijo, pero tengo que garantizarle un lugar seguro. Si aquí el Estado no se hace cargo por el sistema de la kafala implantado, tendremos que buscar alguna solución”. No tiene una fecha marcada en el calendario, pero su intención es marcharse a Turquía y de ahí intentar llegar a Europa cruzando el Mediterráneo. “Lo he perdido todo, incluso mi libertad y mi dignidad. Me he ahogado tantas veces en el país de los cedros, que no me da miedo el mar”.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2022-05-03/el-rostro-de-la-esclavitud-moderna-en-el-libano.html

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La crisis en Líbano coloca a la mitad de los niños en riesgo de sufrir violencia

La crisis en Líbano coloca a la mitad de los niños en riesgo de sufrir violencia

17 Diciembre 2021

Más de un millón de menores de edad puede ser víctima de violencia física, emocional o sexual y 1,8 millones padecen pobreza multidimensional y podrían ser sometidos a abusos para ayudar a que sus familias subsistan, revela un nuevo informe de la agencia de la ONU para la niñez.

La crisis cada vez más aguda que atraviesa Líbano amenaza el presente y el futuro de millones de niños y coloca a uno de cada dos menores en un grave riesgo de sufrir violencia física, emocional o sexual, advirtió este viernes el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

El país enfrenta desafíos múltiples que incluyen la agitación política y financiera nacional, la pandemia de COVID-19 y las secuelas de las explosiones del puerto de Beirut en agosto de 2020.

En un informe sobre la infancia en esa nación, UNICEF detalla que cerca de 1,8 millones de niños –más del 80% de la niñez libanesa- sufre pobreza multidimensional, lo que los expone a ser víctimas de abusos por trabajo o matrimonio infantil para aliviar la desesperada situación económica de sus familias. En 2019, los niños en esa situación eran 900.000.

Los datos de UNICEF marcan un aumento del 44% en los casos documentados de abuso y explotación infantil en el año transcurrido a partir de octubre de 2020.

Las secuelas psicológicas de las explosiones de Beirut siguen afectando profundamente a los niños y a sus cuidadores.

Las amenazas aumentan

El estudio destaca una serie de amenazas crecientes a la seguridad de los pequeños entre las que destaca el trabajo infantil, con casos de pequeños de seis años empleados en granjas o vendiendo combustible ilegalmente en las calles, con el peligro de quemarse que esto conlleva.

Las niñas, por su parte, están en peligro de que sus familias las obliguen a casarse a cambio de dotes. Una de cada cinco niñas sirias de entre 15 y 19 años en el Líbano está casada.

UNICEF subrayó que las organizaciones de la sociedad civil han reportado un incremento de los casos de violencia doméstica. La proporción de niñas y mujeres libanesas que buscan servicios por violencia de género subió del 21% en 2018 al 26% en 2019 y al 35% en 2020.

Asimismo, los problemas de salud mental aumentan entre los jóvenes. Una encuesta de UNICEF entre adolescentes de 15 a 24 años realizada en septiembre de 2021 halló que uno de cada cuatro se siente deprimido a menudo.

A medida que las familias enfrentan la indigencia, los expertos temen que se incremente el número de niños que terminan separados de la familia extendida y en hogares de acogida.

Además, una cantidad cada vez mayor de niños está entrando en contacto con el sistema de justicia penal después de participar en protestas, ser víctimas de la violencia o ser empujados a cometer delitos como un medio para sobrevivir.

La ONU calcula que más de un millón de libaneses necesitan ayuda para cubrir sus necesidades básicas.

Proteger a la infancia debe ser una prioridad nacional

La representante especial de la ONU para la Violencia contra los Niños, Najat Maalla M’jid, se encuentra en una visita a Líbano, donde ha llamado a proteger a la infancia de cualquier abuso, daño o violencia y a “salvaguardar sus derechos más que nunca”.

“Invertir en la protección, el desarrollo y el bienestar de los niños no puede esperar. Invertir en la niñez es esencial para construir una sociedad inclusiva, pacífica, justa y resiliente que mantenga a la niñez a salvo de daños y no deje a nadie atrás”, recalcó.

El sistema de la ONU trabaja en Líbano para proteger a los niños de la violencia, el abuso y la explotación mediante la reducción de la pobreza; la revisión de leyes y políticas; y el mejoramiento del acceso a los servicios de bienestar social, educación y atención médica. También colabora con el gobierno para fortalecer los servicios de protección y abordar las normas sociales que normalizan la violencia contra los niños.

Para continuar esta labor, la ONU instó a orquestar una respuesta nacional que dé prioridad a la protección de los menores de edad y pidió apoyo urgente a los donantes internacionales para entregar ayuda vital a los niños más vulnerables.

La representante especial para la violencia exhortó al mundo a no fallarle a los niños libaneses. “Son el futuro y la esperanza del país”, dijo, y agregó que ningún niño en Líbano, independientemente de su nacionalidad, debe ser privado de sus derechos básicos a la salud, la alimentación, la educación y la protección.

“Los niños deben estar a la vanguardia de los planes, políticas y prácticas de recuperación del gobierno”, puntualizó Maalla M’jid.

Fuente de la Información: https://news.un.org/es/story/2021/12/1501622

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Informe de UNICEF: ‘Sobrevivir sin lo básico’: la crisis en Líbano pone en jaque el futuro de la infancia

Un informe de UNICEF advierte de que la situación de los niños libaneses ha empeorado en los últimos meses.

“Ahora no puedo ni pagar el alquiler, ni siquiera puedo mantener a mis hijos”, cuenta Ghada, una madre de la ciudad libanesa de Becá. Esta es la realidad a la que se enfrentan miles de familias en Líbano. En los últimos meses, la situación de la población, y de los niños en particular, ha empeorado notablemente. Cada vez son menos las familias que pueden procurarse un techo o alimentos para subsistir.

Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), titulado Sobrevivir sin lo básico, retrata, basándose en dos evaluaciones rápidas realizadas en abril y octubre de este año, el alto riesgo al que están expuestos los niños. Los testimonios recabados por la oenegé dibujan un panorama un tanto desolador para el país de Oriente Próximo.

Muchos menores, sumidos en la pobreza, no ven más opción que abandonar la escuela y trabajar para ayudar a su familia a sobrevivir.

Aquí antes se erigían los hogares de los habitantes del campamento de Hesbi.

Aquí antes se erigían los hogares de los habitantes del campamento de Hesbi. Fouad Choufany UNICEF
Desde hace unos años, Líbano experimenta una de sus peores crisis económicas. La pandemia de la covid-19, sumada a la tragedia de la explosión del puerto de Beirut en agosto del año pasado, ha terminado por devastar su débil economía.

El acceso a servicios básicos como la educación, la salud o simplemente disponer de agua y saneamiento adecuados, se han convertido en los problemas cotidianos de la mayoría de familias libanesas. Según estimaciones recientes, 8 de cada diez personas viven en situación de pobreza, y alrededor de un tercio de la población sufre pobreza extrema.

El hambre es otra de las consecuencias de la crisis socioeconómica en la que está sumido el país. Debido a la incapacidad de adquirir alimentos variados, el pan y el zaatar –mezcla de especias, hojas secas y semillas típicas de la zona– se han convertido en la comida principal de muchas familias.

“Comemos aceitunas, tomillo y aceite. Esto supone tres cuartos de nuestra alimentación. Hace dos meses que no traemos carne a nuestro hogar”, cuenta Khalid.

8 de cada diez personas viven en situación de pobreza en Líbano

Además, los medicamentos y el acceso a la salud están al alcance de pocos. “No puedo llevar a mis hijos al médico, nuestra única opción es la farmacia, que es más barata”, cuenta Fadla.

Para aliviar estos problemas, UNICEF ha puesto en marcha el programa Haddi, que procura un ingreso básico mensual a más de 95.000 niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Sin embargo, como afirma Hanan, “la situación ha empeorado”. Esta joven madre de cuarto niños asegura que “hace cuatro años, la situación no era como ahora, vivíamos bien”. Y reconoce que, a pesar de que no eran ricos, podían vivir cómodamente y se sentían seguros.

Hanan, una joven de 29 años vive con su esposo y sus cuatro hijos a las afueras de Trípoli, al norte del país.

Hanan, una joven de 29 años vive con su esposo y sus cuatro hijos a las afueras de Trípoli, al norte del país. Fouad Choufany UNICEF

El deterioro de la situación económica del país obligó a Tarek, su marido y principal sustento de la familia, a cerrar su negocio, que venía arrastrando muchas deudas. Todo su equipamiento y herramientas pasaron a manos del casero. Aunque su situación actual ha mejorado respecto a hace unos meses, esta familia todavía tiene dificultades para pagar el transporte a la escuela de sus hijos o para alimentarlos.

“Ahora, no tengo nada más que vender para alimentar a mis hijos”, señala Hanan. Alrededor del 40% de las familias, como la de Hanan y Tarek, se han visto obligadas a vender objetos domésticos para sobrevivir. Y siete de cada diez han tenido que comprar comida a crédito o pedir dinero prestado para comprar alimentos.

“A veces, mando a mis niños a la escuela hambrientos, sabiendo que esto está fuera de mi control. Estoy desesperada”, lamenta Hanan.

Ser refugiado en Líbano

Líbano es uno de los países con mayor ratio de refugiados del mundo, con alrededor de 900.000 personas en esta situación. En este contexto desfavorable, las consecuencias de la crisis son incluso más notables.

La inflación que sufre la economía nacional, el incremento de la pobreza y la escasez de puestos de trabajo, unidas a un contexto político muy inestable, han condenado al país a una situación crítica. Los más vulnerables entre los vulnerables son los menores, especialmente los refugiados.

Además, todos estos factores, sumados a las consecuencias del covid-19, han puesto a miles de familias al borde de la hambruna.

“No puedo llevar a mis hijos al médico; la farmacia es más barata” cuenta Fadla 

A las afueras de la ciudad de Saida se localiza el campamento de Hesbi, donde viven como pueden 22 familias libanesas de origen palestino a las que UNICEF presta ayuda y cuya evolución ha seguido de cerca.

La vida en el campamento de Hesbi se ha vuelto cada vez más dura: este año, el campamento sufrió un incendio que calcinó gran parte de las tiendas. En la actualidad, sólo dos quedan en pie.

“Durante los últimos seis meses, hemos dormido en el suelo al aire libre”, relata Asad Mostapha, residente de este campamento. “Ya no tenemos viviendas, lo único que pedimos es que nos procuren un espacio seguro para nuestros hijos, necesitamos ayuda para esto”, reclama.

La pequeña figura de Aya, una niña de cinco años aparece y susurra no queremos nada más que un nuevo hogar.

La pequeña figura de Aya, una niña de cinco años aparece y susurra «no queremos nada más que un nuevo hogar». Fouad Choufany UNICEF

La situación de los niños es cada vez más complicada. Ahmad, de 14 años, explica cómo no ha tenido oportunidad de continuar sus estudios. “Mis hermanos y yo tenemos trabajo como mozos. Subimos cosas a camiones desde las 6 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Gano 30.000 libras libanesas al día [alrededor de un dólar y medio]”. Él y sus hermanos, dice, al menos están bien.

Pero su historia no es única: los 62 niños que viven en el campamento han tenido que dejar de ir a la escuela.

Ante la complicada situación de los menores en Líbano, Yukie Mokuo, representante de UNICEF en el país, hace un llamamiento a los líderes políticos: “El Gobierno debe actuar rápidamente para salvaguardar el futuro de los niños. Esto requiere ampliar de manera importante las medidas de protección social, garantizar el acceso a educación de calidad para cada niño, y fortalecer la atención sanitaria primaria y los servicios de protección infantil”.

Desde 2019, Líbano experimenta una situación crítica. La retirada de los subsidios a los productos básicos y la ausencia de un sistema de protección social efectivo condenan a muchas familias a vivir en condiciones infrahumanas, y los más vulnerables, como suele suceder en otros contextos adversos, son los niños.

Fuente: https://www.elespanol.com/enclave-ods/historias/20211203/sobrevivir-sin-basico-crisis-libano-pone-jaque-futuro-infancia/630937982_0.html

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La ONU alerta de que cuatro millones de personas podrían quedarse sin agua potable en un mes en Líbano

Alrededor de cuatro millones de personas, entre ellas un millón de refugiados, hacen frente al riesgo de quedarse sin acceso al agua potable en Líbano en un plazo de entre cuatro y seis semanas a causa de la profunda crisis económica y la escasez de fondos, combustible y suministros como cloro, según ha alertado este viernes el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

«La actual crisis económica está acabando con el sector del agua. Los gastos de mantenimiento, que se han dolarizado, la pérdida del agua que no se contabiliza, el colapso que la red eléctrica está sufriendo en paralelo y la amenaza del aumento del precio del combustible están imposibilitando su funcionamiento», ha dicho Yukie Mokuo, representante de UNICEF en el Líbano.

«Sin acceso al suministro público de agua, los hogares podrían verse obligados a tomar decisiones extremadamente difíciles con respecto a sus necesidades básicas de agua, saneamiento e higiene», ha agregado, según un comunicado publicado por el organismo.

En este sentido, UNICEF ha alertado de que un colapso del sistema público de suministro de agua podría provocar que los precios se dispararan un 200 por ciento, lo que supondría un gasto inasumible para los hogares más vulnerables, dado que representaría el 263 por ciento del ingreso medio mensual en el país.

UNICEF ha detallado que más del 70 por ciento de la población se encuentra en niveles de vulnerabilidad «críticos» y «muy críticos», mientras que 1,7 millones tienen acceso a sólo 35 litros al día, un descenso del 80 por ciento respecto a la media nacional antes de 2020.

El organismo ha agregado que los proveedores públicos de agua no pueden asumir los costes de las piezas de repuesto, mientras que el precio del suministro privado ha ascendido un 35 por ciento y el precio del agua embotellada se ha duplicado, lo que se suma a los reiterados cortes del suministro eléctrico.

«En el apogeo de los meses de verano, con los casos de COVID-19 comenzando a aumentar nuevamente debido a la variante delta, el preciado sistema público de agua del Líbano está en una situación crítica y podría colapsar en cualquier momento», ha resaltado Mokuo.

«A menos que se tomen medidas urgentes, los hospitales, las escuelas y las instalaciones públicas esenciales no podrán funcionar y más de cuatro millones de personas se verán obligadas a recurrir a fuentes de agua costosas e inseguras, lo que pondrá en riesgo la salud y la higiene de los niños», ha valorado.

Así, ha hecho hincapié en que «el efecto adverso inmediato se notará en la salud pública». «La higiene se verá comprometida y aumentarán las enfermedades. Sin acceso a un saneamiento seguro, las mujeres y adolescentes enfrentarían desafíos particulares para su higiene personal, protección y dignidad», ha sostenido.

Por ello, UNICEF ha dicho que necesita unos 33,9 millones de euros al año para mantener el flujo de agua para más de cuatro millones de personas en el país y proteger el acceso y funcionamiento de los sistemas de agua públicos.

«Seguiremos con nuestro firme apoyo a las comunidades mientras los recursos nos lo permitan, pero esta situación alarmante necesita una financiación urgente y sostenida», ha dicho Mokuo. «UNICEF está listo para dar apoyo, especialmente ante la evolución de la pandemia global, y garantizar que, en este momento tan difícil para Líbano, se cumple el derecho más básico de las familias y niños a tener agua segura», ha remachado.

El país se encuentra sumido en una gravísima crisis económica y un estancamiento político, con un Gobierno en funciones desde agosto de 2020, cuando el primer ministro, Hasán Diab, dimitió tras las explosiones en el puerto de Beirut, que dejaron más de 200 muertos y enormes daños materiales en la ciudad.

En este contexto, el Banco Mundial afirmó el 1 de junio que la crisis económica en Líbano es una de las peores registradas a nivel mundial desde mediados del siglo XIX, con una caída drástica de cerca del 40 por ciento de PIB per cápita desde 2018.

Fuente: https://www.notimerica.com/politica/noticia-libano-onu-alerta-cuatro-millones-personas-podrian-quedarse-agua-potable-mes-libano-20210723125622.html

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Los múltiples aspectos de la “emergencia libanesa” al centro de la cumbre eclesial convocada por el Papa Francisco

Patriarcas y jefes de Iglesias y comunidades eclesiales del Líbano partirán hacia Roma el miércoles 1 de julio para participar en el encuentro de reflexión y oración por la Tierra de los Cedros convocado por el Papa Francisco en el Vaticano. El intenso programa de la jornada incluye, entre otras cosas, tres sesiones de diálogo y debate entre los asistentes, que se sentarán alrededor de una mesa redonda situada en la Sala Clementina. No se ha publicado un orden del día detallado sobre los temas que centrarán las sesiones de reflexión conjunta. Pero los convulsos acontecimientos ocurridos en el Líbano en los últimos años sugieren al menos algunas de las cuestiones de emergencia que se tocarán en las intervenciones de los participantes en la reunión.
Desde el pasado mes de agosto, el Líbano está sin gobierno. Tras la dimisión del primer ministro Hassan Diab, a raíz de las explosiones en el puerto de Beirut el 4 de agosto de 2020, la oposición entre los bloques políticos y los distintos dirigentes han impedido al primer ministro en funciones Saad Hariri, líder del Partido Futuro Suní, formar un nuevo ejecutivo. La parálisis política se une a una emergencia social y económica, agravada por la pandemia, que – como señaló el Patriarca maronita Béchara Boutros Raï el pasado 14 de junio – corre el riesgo de poner en peligro la propia subsistencia de la mitad de la población. En las últimas semanas, la devaluación ha alcanzado cotas vertiginosas: se necesitaban hasta 18.000 liras libanesas para comprar un dólar en el mercado negro, mientras que el tipo de cambio oficial sigue siendo de 1.570 por uno. El racionamiento de combustible y electricidad y los asaltos a los bancos -como los ocurridos en los últimos días en Tiro y Sidón- ofrecen la imagen de un país que parece hundirse en el precipicio. La crisis político-económica es interpretada por algunos analistas como un síntoma de un inminente colapso del modelo de partición que rige toda la arquitectura institucional libanesa, y que a pesar de todo ha garantizado la paz tras los feroces años de la guerra civil. La «fórmula» libanesa prevé la participación igualitaria de cristianos y musulmanes en el Parlamento, en el gobierno y en los cargos institucionales. Y el delicado equilibrio del sistema reserva el puesto presidencial a un cristiano maronita. Los bloques opuestos que durante años han dominado la escena política libanesa también dividen a los partidos cristianos. El Movimiento Patriótico Libre, fundado por Aoun, es el partido más votado por los cristianos, y tiene una alianza con Hezbolá, el partido chiíta con su propio ejército confesional, vinculado a Irán y también alineado militarmente con la Siria de Assad. En el frente opuesto, siglas cristianas como las Fuerzas Libanesas llevan años formando una alianza con el partido suní «Futuro» en la «Coalición del 14 de Marzo», respaldada por Arabia Saudí. A mediados de agosto de 2020, en un intento de encontrar nuevas formas de proteger la identidad y la peculiar fisonomía histórica del Líbano, el Patriarca Raï expuso en un «Memorándum para el Líbano» la propuesta de reafirmar solemne y oficialmente la «neutralidad libanesa» para evitar que la nación se vea desgarrada tarde o temprano por los enfrentamientos entre los bloques geopolíticos enfrentados en la zona de Oriente Medio.
El Patriarca maronita, en los últimos meses, ha pedido en varias ocasiones que la propuesta sobre la «neutralidad» libanesa sea afirmada y «anclada» a través de una Asamblea Internacional sobre el Líbano que se celebre bajo su patrocinio. Pero los Patriarcas y los jefes de las demás Iglesias y comunidades eclesiales presentes en el Líbano no se han pronunciado oficialmente hasta ahora sobre la propuesta del cardenal Raï.
La cuestión de los refugiados sirios. El conflicto que desgarra a la vecina Siria desde hace años ha llevado a más de 1,2 millones de refugiados sirios a buscar refugio en Líbano. Un fenómeno que, según varios analistas, contribuye a la larga a desestabilizar la delicada arquitectura institucional libanesa que garantiza la coexistencia de las diferentes comunidades religiosas. El Patriarca Raï también ha insistido en varias ocasiones en la necesidad de encontrar vías para favorecer el regreso de los refugiados sirios a su país, también para evitar que la multitud de sirios expatriados al Líbano pueda convertirse en «masa de maniobra» para reavivar los enfrentamientos sectarios en el país. Una gran parte de esos refugiados sirios -subrayó el Patriarca en una entrevista publicada en Fides (véase Fides 23/3/2019) prefiere permanecer en el Líbano, e incluso la comunidad internacional refuerza esta intención, cuando afirma que los refugiados sirios no pueden repatriarse «porque no hay seguridad en Siria y es necesario encontrar primero una solución política». Una posición motivada, según el Patriarca, por «objetivos políticos», que recuerda el traumático escenario ya vivido en la reciente historia libanesa con la llegada de los refugiados de Palestina: «Los palestinos», recordó el Patriarca maronita en esa entrevista, «están en el Líbano desde 1948. Y llevan más de setenta años esperando una solución política. Una solución que nunca llegará. Se habló de la solución de dos pueblos-dos estados, pero ahora se ha vuelto imposible. Porque la tierra que estaba destinada a ser el Estado palestino está toda sembrada de asentamientos israelíes».
La crisis de las escuelas cristianas. La pandemia de Covid- 19 en el Líbano ha tenido entre sus muchos efectos secundarios también el agravamiento de la crisis de las escuelas cristianas, estructuras históricas de la presencia cristiana en la Tierra de los cedros. La condición económica de muchas escuelas católicas, como ya documentó la Agencia Fides, se había deteriorado especialmente desde el verano de 2017, después de que el entonces gobierno dispusiera las nuevas «tablas salariales» para los trabajadores del sector público, incluido el escolar. Desde entonces, la situación ya se había vuelto insostenible, especialmente para las instituciones educativas que operan en las zonas urbanas y rurales menos prósperas del país. El agravamiento de la crisis económica y luego el cierre de los edificios escolares impuesto por la crisis de la pandemia han llevado al colapso de una situación ya muy comprometida. Desde hace tiempo, los responsables de las escuelas cristianas vienen denunciando la total inacción de las instituciones públicas para proporcionar medidas de apoyo adecuadas a la emergencia, en la que las escuelas que funcionan esencialmente de forma gratuita en las regiones y zonas urbanas más deprimidas corren el riesgo de ser diezmadas por la crisis.

Fuente: http://www.fides.org/es/news/70404-ASIA_LIBANO_Los_multiples_aspectos_de_la_emergencia_libanesa_al_centro_de_la_cumbre_eclesial_convocada_por_el_Papa_Francisco
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Líbano: Trabajadoras domésticas migrantes: la ruta de la deuda

Trabajadoras domésticas migrantes: la ruta de la deuda

En Líbano el trabajo doméstico está ocupado mayoritariamente por mujeres, principalmente las originarias de Asia y África, que generalmente han tenido que endeudarse en su país de origen para migrar. Una vez en Líbano, hacen frente a restricciones y violencia en el trato, además de las dificultades financieras que encuentran para sobrevivir a diario. La crisis económica que actualmente abruma a Líbano aumenta las necesidades financieras de estas mujeres que a veces no tienen otra opción que endeudarse de nuevo para irse, a menudo a sus países de origen. Por lo tanto, el de estas mujeres en lucha es un viaje migratorio marcado por el yugo de la deuda.

Una migración doméstica no árabe y femenina en Líbano

Después de la guerra civil libanesa que duró de 1975 a 1990, Líbano se inscribe en el movimiento de globalización económica que fomenta las desigualdades y la mundialización de los movimientos migratorios[1]. Hoy en día, además de los 4,3 millones de personas residentes libanesas, la presencia estimada de más de 1,2 millones de personas sirias y 200.000 palestinas, han llegado al Líbano un gran número de trabajadoras domésticas provenientes especialmente de Sri Lanka, Filipinas, Etiopía, Madagascar y otros países africanos y asiáticos, ocupando principalmente puestos de trabajo en el sector de servicios (comercio, restauración, hostelería y especialmente limpieza). Actualmente, se estima entre 250.000 y 300.000 las trabajadoras domésticas extranjeras en el Líbano; es decir, alrededor del 15 % de su población activa .

Si el trabajo doméstico era ocupado principalmente por mujeres libanesas o sirias provenientes del campo, a partir de la década de 1980 las mujeres de países asiáticos y africanos fueron viniendo gradualmente a participar en el mercado laboral doméstico[2] Esta desarabización se aceleró después de la década de 1990, cuando las mujeres libanesas, que tenían mayor tasa de escolaridad, se integraron en sectores más cualificados. Finalmente, desde la guerra de 2006, este sector ha estado ocupado principalmente por mujeres migrantes no árabes. Sin protección social, estas mujeres migrantes están altamente concentradas en los sectores no valorados, correspondientes al llamado trabajo de reproducción social[3]. Esta sobrerrepresentación de las mujeres minoritarias y racializadas está en el corazón de un sistema capitalista, racial y patriarcal que se basa en el trabajo de las «sirvientas de la mundialización»[4]. Así pues, las trabajadoras domésticas sufren tres formas de dominación: como migrantes, como mujeres y como trabajadoras. En Líbano, esta división sexual, social e internacional del trabajo produce relaciones de dominación mantenidas por el sistema que organiza esta migración, la kafala.

La kafala, una práctica en las fronteras de la legalidad

La kafala o sistema de patrocinio es un dispositivo migratorio a través del cual muchas mujeres africanas y asiáticas vienen a establecerse como trabajadoras domésticas en el Líbano quedando su derecho de residencia vinculado a la persona empleadora-patrocinadora. Por lo tanto, la relación de servicio entre estas mujeres y una persona kafil (tutor o tutora) está eminentemente marcada por el yugo de la dominación[5].

Tal como se practica en Líbano, la kafala es una práctica al límite de la legalidad, ya que el sector del empleo doméstico está explícitamente excluido del derecho laboral. La kafala se basa en decretos administrativos y restricciones paralegales impuestas por las agencias de contratación y las empleadoras y empleadores. Desde 2009 hay redactado un contrato de trabajo unificado con la intervención del Ministerio de Trabajo y las  embajadas, sin que las autoridades competentes prevean ningún control de su cumplimiento. Además, este contrato establece la obligación de residir en la residencia de las personas empleadoras, ignora la confiscación de pasaportes, la prohibición de salida de la empleada de la vivienda, el pago de salarios o un salario mínimo. Otras tantas violencias coercitivas vistas las cuales estas relaciones laborales no libres pueden describirse como esclavitud moderna, como hacen algunas organizaciones internacionales y locales y algunas de estas propias mujeres[6].

Estas situaciones de explotación se basan en un racismo institucionalizado que estructura el mercado laboral interno en el Líbano. Por ejemplo, emplear a una trabajadora filipina es más caro porque se la considera mejor educada, con conocimientos de inglés, más limpia, que cuida bien a los niños. Las mujeres de Sri Lanka o las mujeres etíopes parecen sufrir más por el color de su piel porque son consideradas por las y los libaneses como mujeres obstinadas, sin educación. El trabajo de estas mujeres migrantes y su viaje migratorio están también marcados por procesos históricos coloniales y racistas, así como por sus condiciones de vida iniciales. El proyecto migratorio de estas mujeres a menudo responde, pero no se limita, a factores macrosociales y también a la voluntad de las mujeres de salir de una situación de pobreza e intentar el ascenso social a través de la movilidad migratoria.

Endeudamiento para migrar y servidumbre por deudas

A menudo, la partida de estas mujeres se debe a la huída de una situación económica que se ha vuelto difícil en el país de origen por los planes de ajuste estructural del FMI y las políticas de austeridad impuestas para pagar el servicio de la deuda pública de los países. La partida de estas mujeres responde a situaciones sociales premigratorias relativamente diferentes, pero en las que el factor económico les es común[7]. Para facilitar el movimiento de estas mujeres que trabajan como empleadas domésticas, las autoridades confían en una red de agencias de contratación que trabajan en el país de origen y que, para registrar una solicitud, ofrecen tarifas variables para estas mujeres[8]. Incapaces de pagar esta cantidad antes de partir, generalmente las mujeres cubren sus costos de contratación con préstamos a tasas de interés usurarias. También se puede retener dinero de los primeros salarios por parte de las agencias asociadas libanesas, lo que coloca ya a las mujeres migrantes en una situación de endeudamiento y, por tanto, dependencia y vulnerabilidad.

Los gastos comprometidos y pagados a las agencias de contratación someten a las trabajadoras a la llamada servidumbre por deudas[9], lo que reduce significativamente el poder de negociación de las trabajadoras respecto a sus condiciones de trabajo y de vida. La servidumbre por deudas está definida como una forma de trabajo forzoso. La parte endeudada está obligada a prestar servicios como garantía del pago de la deuda, pero estos servicios no se valoran racionalmente, o no se define su naturaleza ni el período de su prestación[10]. Una vez en el Líbano, estas mujeres pueden verse obligadas a contratar otras deudas para pagar los gastos de transporte al lugar de trabajo, gastos de subsistencia diarios o gastos de emergencia, como gastos médicos. Así, eventualmente, la deuda vincula a la trabajadora con la o el empleador por un período indefinido, ya que debe continuar trabajando para pagar la deuda que ha acumulado debido a los altos costos de la migración, pero también para asegurarse los medios de vida diarios. El recurso económico, inicialmente modesto, que representa el salario de estas mujeres se reduce aún más en una ciudad como Beirut, donde el costo de la vida diaria es alto. Estos factores comprometen el enriquecimiento y el ahorro esperados, sin embargo recursos esenciales en el contexto de la movilidad económica y la precariedad.

En el corazón de la crisis económica y sanitaria: ¿endeudarse para volver a irse?

Hoy, cuando asistimos a la salida de miles de libaneses y libanesas, las condiciones de vida y de trabajo de las trabajadoras domésticas migrantes varadas en Líbano han empeorado aún más con la crisis económica que ha golpeado al país desde 2019. La desigualdad de ingresos sigue aumentando con fuerza[11], el índice de pobreza ha aumentado por encima del 50% de la población[12] y alrededor de un tercio de la población vive con menos de 4 dólares al día. Esto pone en cuestión las políticas económicas ultraliberales aplicadas desde el final de la guerra civil en 1990 que fortalecieron el sector financiero, convertido en la principal locomotora de una economía de renta. Hoy en día los bancos poseen conjuntamente casi el 80% de la deuda pública de esenciales en el contexto de la movilidad económica y la precariedad.

En el corazón de la crisis económica y sanitaria: ¿endeudarse para volver a irse?

Hoy, cuando asistimos a la salida de miles de libaneses y libanesas, las condiciones de vida y de trabajo de las trabajadoras domésticas migrantes varadas en Líbano han empeorado aún más con la crisis económica que ha golpeado al país desde 2019. La desigualdad de ingresos sigue aumentando con fuerza[11], el índice de pobreza ha aumentado por encima del 50% de la población[12] y alrededor de un tercio de la población vive con menos de 4 dólares al día. Esto pone en cuestión las políticas económicas ultraliberales aplicadas desde el final de la guerra civil en 1990 que fortalecieron el sector financiero, convertido en la principal locomotora de una economía de renta. Hoy en día los bancos poseen conjuntamente casi el 80% de la deuda pública de Líbano, lo que representa el 170% del PIB del país a principios de 2019. A principios de marzo de 2020, ante la devaluación desenfrenada de la libra libanesa, Líbano anunció el primer impago en su historia de una parte de su deuda externa pública (1.200 millones de un total de 90.000 millones de dólares)[13].

Con la difícil situación sanitaria ligada a la gestión de la pandemia de la Covid-19[14] a la que las trabajadoras domésticas son particularmente vulnerables[15], y la doble explosión del puerto de Beirut el 4 de agosto de 2020, muchas y muchos empleadores se han visto obligados a abandonar a sus trabajadoras domésticas, sin dinero ni papeles. Hoy en día, muchas de ellas quieren regresar a su país de origen, pero pocas tienen los medios o documentos necesarios. Entonces, la única salida es pagar multas astronómicas y salir después de obtener un salvoconducto. A esto hay que añadir el precio del billete de avión al país de origen, a veces lejano. Por estas razones, generalmente tienen que volver a endeudarse para regresar a sus países de origen.

Mientras tanto, estas mujeres se están organizando, resistiendo y luchando contra esta violencia sistémica. Durante el verano de 2020 se multiplicaron las manifestaciones de estas mujeres frente a los consulados demandando a su país que las repatrien. Pero en términos más generales, estas mujeres están luchando para asegurar que sus trayectorias ya no estén restringidas, sino que se construyan fundamentalmente dentro de un marco de libertad de movimientos. Que no estén basadas violencia coercitiva, sino desplegadas en un espacio de autonomía de su proyecto migratorio. Por lo tanto, es fundamentalmente el sistema de opresión inherente al sistema capitalista, racista y patriarcal, del que la división sexual del trabajo es uno de sus engranajes, lo que cuestiona la situación de estas mujeres, y sus luchas.

Fuente de la Información: https://vientosur.info/trabajadoras-domesticas-migrantes-la-ruta-de-la-deuda/

 

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