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Trump’s war on children

 by Henry A. Giroux

Under the authoritarian reign of Donald Trump, finance capitalism now drives politics, governance, and policy in unprecedented ways and is more than willing to sacrifice the future of young people for short-term political and economic gains. More than willing to wage a war on America’s children, the Trump administration provides a disturbing index of a society in the midst of a deep moral and political crisis. Too many young people today live in an era of foreclosed hope, an era in which it is difficult either to imagine a life beyond the tenets of a savage form of casino capitalism or to transcend the fear that any attempt to do so can only result in a more dreadful nightmare.

Youth today are not only plagued by the fragility and uncertainty of the present, they are as the late Zygmunt Bauman has argued «the first post war generation facing the prospect of downward mobility [in which the] plight of the outcast stretches to embrace a generation as a whole.» As the social state is decimated, youth, especially those marginalized by race and class, are subject to the dictates of the punishing state. Not only is their behaviour being criminalized in the schools and on the streets, they are also subject to repressive forms of legislation. How else to explain the fact that at least 25 states are sponsoring legislation that would make perfectly legal forms of protest a crime that carries a huge fine or subjects young people to possible felony charges? Increasingly, young people are viewed as a public disorder, a dream now turned into a nightmare.

While there is much talk about the influence of Trumpism, there are few analyses that examine its culture of cruelty and its effects on children. The most recent example is evident in budget and tax reform bills that shift millions of dollars away from social programs vital to the health of poor youth to the pockets of the ultra-rich, who hardly need tax deductions. As Marian Wright Adelman points out, such actions are particularly alarming and cruel at a time when «Millions of America’s children today are suffering from hunger, homelessness and hopelessness. Nearly 13.2 million children are poor — almost one in five. About 70 per cent of them are children of colour who will be a majority of our children by 2020. More than 1.2 million are homeless. About 14.8 million children struggle against hunger in food insecure households.» The Trump administration is more than willing to pass massive tax cuts for the rich while at the same time refusing to fund the Children’s Health Insurance Program, which supports over nine million children. When asked to defend the cuts, Republican Senator Orrin Hatch stated «I have a rough time wanting to spend billions and billions and trillions of dollars to help people who won’t help themselves, won’t lift a finger and expect the federal government to do everything.» Remember he is talking about children who are poor, vulnerable, and at risk for a range of illnesses. Such statements are more than cruel, they represent as political and economic system that has abandoned any sense of moral and social responsibility.

Another under-analyzed example of Trump’s war on youth can be seen his cancellation of the DACA program [Deferred Action for Childhood Arrivals], instituted in 2012 by former president Obama. Under the program, over 800,000 undocumented immigrants brought to the country as children or teens before 2007 were allowed to live, study, and work in the United States without fear of deportation. In revoking the program, Trump enacted a policy that is both cruel and racist, given that 78 per cent of DACA residents are from Mexico — these are the same immigrants Trump once labelled as rapists, drug addicts, and criminals.

Trump’s contempt for the lives of young people, his support for a culture of cruelty and his appetite for destruction and civic catastrophe are more than a symptom of a society ruled almost exclusively by a market-driven survival of the fittest ethos with its willingness if not glee in calling for the separation of economic, political, and social actions from any sense of social costs or consequences. It is about the systemic derangement of democracy and emergence of a politics that celebrates the toxic pleasures of the authoritarian state with no regard for its children. Trump is the apostle of moral blindness, unchecked corruption, and revels in a mode of governance that merges a never-ending theatrics of self-promotion with a deeply authoritarian politics. He has unleashed a rancid populism and racially inspired ultranationalism that mimics older forms of totalitarianism and creates culture of cruelty that both disparages its children and cancels out a future that makes democracy possible.

Henry A. Giroux is a widely-published social critic and McMaster University professor who holds the McMaster Chair for Scholarship in the Public Interest, the Paulo Freire Distinguished Scholar Chair, and is a Visiting Distinguished University Professor at Ryerson University. Born in Rhode Island, he held numerous academic positions in the U.S. and now lives in Hamilton.

Source:

https://www.thespec.com/opinion-story/8027469-trump-s-war-on-children/

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El año que viene

Por: Graziella Pogollotti

El año que termina suele despedirse en medio del bullicio, sobre todo para los jóvenes. La música y el baile dominan el ambiente. Una tradición ya perdida representaba con la quema simbólica de un muñeco la despedida del año viejo en el momento de acoger el recomienzo de un calendario.

En un país donde buena parte de los pobladores sobrepasan la media rueda, son muchos los que permanecen en el espacio más íntimo del hogar. Allí, junto al televisor, esperan las 12 campanadas y el anuncio ritual del año que está naciendo, acaso nostálgicos del ritmo de otrora, portadores de antiguas remembranzas.

Ante el desafío de la página en blanco, me aparto del estruendo general. El forzoso descanso me induce a un paréntesis reflexivo volcado siempre hacia la perspectiva del mañana inminente.
Abundante en efemérides, el 2018 nace bajo el signo del sesquicentenario de nuestra primera guerra de independencia. En el contexto actual, la conmemoración adquiere capital importancia. No podrá reducirse al recuento formal de los hechos acontecidos en aquel entonces. Convoca a una reflexión renovada acerca del vínculo entre cultura, nación y proyecto social.

Así ocurrió, no podemos olvidarlo, en el centenario de La Demajagua. Situado en la perspectiva de un proceso histórico centrado en raíces coloniales y neocoloniales, Fidel trazaba la línea de continuidad entre el «ellos entonces» y el «nosotros ahora» teniendo en cuenta las contradicciones fundamentales que configuraron cada época. El  patriciado criollo disponía de información actualizada sobre las ideas más avanzadas de su tiempo en el campo de la filosofía, la economía y la pedagogía. Los próceres más destacados tenían conciencia lúcida de las realidades del país. Para afrontarlas, no bastaba con desplazar un poder metropolitano anacrónico. Céspedes lo entendió así cuando, en gesto simbólico, concedió la libertad a sus esclavos el 10 de octubre. Fragua de cubanía esencial, la guerra ofreció oportunidades y protagonismo a figuras procedentes de las capas más humildes de la sociedad. Modesto agricultor dominicano, Máximo Gómez demostró su talento de estratega militar. En Baraguá, Arsenio Martínez Campos tuvo que parlamentar con Antonio Maceo.

En términos culturales hay territorios insuficientemente explorados. Conocemos el recuento épico de los grandes combates y el poder decisivo de las cargas al machete, instrumento de trabajo de los cortadores de caña devenido arma de raigambre popular que sembraba el terror entre los artilleros. No nos hemos detenido tanto en las duras condiciones del vivir cotidiano de los campamentos mambises donde faltaron ropas, calzados, alimentos, medicinas para atender a heridos y enfermos. En esas condiciones, hubo que aprender a subsistir con recursos venidos, acaso, de una subyacente cultura del cimarronaje.

Las carencias materiales, los conflictos surgidos en el proceso, los errores y las injusticias cometidos pusieron a prueba la reciedumbre moral de los hombres y las mujeres que participaron en un batallar de diez años. Crecido en refinadísimos ambientes en Cuba y en otros países, acostumbrado a sujetar  el cigarro con tenacillas de oro, Carlos Manuel de Céspedes ofrendó a la independencia lo más entrañable de su familia.

Depuesto de su cargo de presidente, abandonado por todos, conoció la miseria extrema en su refugio de San Lorenzo. A pesar de tanta amargura, mantuvo su fidelidad a la causa que lo había inspirado. Ese paradigma ético subyace como rasgo esencial de nuestra cultura. Se expresa en la conducta de quienes supieron tomar las armas en el momento necesario y en quienes asumieron su papel desde la enseñanza, el pensamiento y la creación artística. Entre todos, construyeron un imaginario en lo más profundo de un pueblo que sobrevivió a lo largo de una república neocolonial y corrupta hasta asumir, con plena conciencia, los grandes desafíos planteados por la Revolución.

Bajo el auspicio del sesquicentenario de la Guerra de los Diez Años, el año que comienza habrá de proyectarse hacia una relectura integradora de nuestra tradición cultural, entendida en su sentido más amplio como portadora  de valores, costumbres, modos de vivir y también en aquel otro, centrado en las manifestaciones artísticas y literarias. No es tarea  que incumbe tan solo a los organismos especializados. El empeño habrá de recorrer transversalmente la sociedad toda. Incluye la acción de los medios de mayor alcance masivo, la educación y el trabajo cotidiano a nivel de la comunidad.

En su marcha de Oriente hacia Occidente durante la Guerra del 95 el Ejército mambí se convirtió en fuerza unificadora del país. Rompió así la dramática fragmentación que lastró la contienda de los diez años. El concepto de patria adquirió su dimensión concreta en tanto columna vertebral de una historia común. Sin embargo, la vocación unitaria no puede considerarse sinónimo de indeseable homogeneidad. La diversidad es fuente de riqueza  cultural. Contiene el germen de insospechadas potencialidades de desarrollo y también el lastre de zonas oscuras de la herencia revivida, tales como el racismo, el machismo y las expresiones de violencia asociadas a la indisciplina social.

Revisitar la historia y examinar en profundidad lo que somos, teniendo en cuenta la complejidad del panorama contemporáneo, constituye un reto impostergable. Sería erróneo hacerlo con estrecha mirada aldeana. Aunque rodeada de agua por todas partes, paradójicamente, Cuba nunca ha sido una isla. Desde que fue reconocida como llave del nuevo mundo y antemural de las Indias Occidentales, estuvo sujeta a la codicia de los imperios de entonces. Después del triunfo de la Revolución, su mensaje anticolonial y anticapitalista empezó a escucharse en el mundo. Ahora, el dominio del capital financiero opera sobre las conciencias a través de la cultura. Por eso, la batalla económica anda aparejada a la que nos toca librar en el plano de las ideas. En ese terreno, no podemos trasplantar modelos. Con esa tarea de gigantes ante nosotros, habremos de recibir el inminente 2018.

Fuente: http://www.granma.cu/opinion/2018-01-01/el-ano-que-viene-01-01-2018-23-01-35

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Inocentadas universitarias

Por: Ignacio Mantilla

La fecha del 28 de diciembre, consagrada a los santos inocentes, se conmemora en casi todos los países iberoamericanos con diferentes tipos de bromas y principalmente con graciosos engaños, acompañados de la recurrente exclamación: ¡pásela por inocente!

Las universidades son un espacio donde habitualmente también se realizan muchas bromas, aunque no precisamente en esta fecha. Las más famosas en diversos países son las que nosotros llamamos “primiparadas”.

En la Universidad Nacional era común, por ejemplo, que un estudiante con varios semestres cursados se hiciera pasar por profesor el primer día de clases y se presentara ante el grupo de “primíparos” para darles a conocer y exigirles una bibliografía inexistente, que debía adquirirse de forma obligatoria al día siguiente. Recuerdo con gracia que dicho listado estaba construido con nombres de futbolistas famosos como autores de textos de matemáticas, por ejemplo: El cálculo de Franz Beckenbauer, Álgebra lineal de Johan Cruyff, Teoría avanzada del dibujo técnico de Michel Platini, entre otros.

Después iniciaba una falsa clase con conceptos avanzadísimos y absurdos, pero expuestos con tal seriedad y velocidad que, cuando por fin aparecía el verdadero profesor, ya los angustiados estudiantes habían llenado unas cinco páginas tomando apuntes a toda carrera y el pánico estaba presente en todos ellos. Con una gran carcajada, el impostor abandonaba el salón y el verdadero profesor iniciaba su clase, dando tranquilidad a todos los asistentes.

Pero esta práctica se hizo tan común que ya los nuevos estudiantes eran advertidos de las primiparadas que les iban a hacer. Fue esta la razón por la cual, en una ocasión, se presentó una joven profesora ante el grupo de sus estudiantes y ellos creyeron que se trataba de una primiparada, así que no le prestaron atención. Ella tuvo que abandonar el aula y regresar acompañada del director del departamento para que los incrédulos estudiantes tuvieran confianza, la aceptaran y le dejaran iniciar el curso.

Otras bromas que han venido desapareciendo son las monedas pegadas al piso, que los estudiantes que recién ingresan tratan de levantar infructuosamente, o el intercambio de los letreros que guían hacia los edificios, con el propósito de hacer extraviar a los primíparos.

En la Universidad de Mainz (Alemania) era costumbre recibir a los nuevos estudiantes en la Facultad de Matemáticas alterando el orden de los botones en el ascensor, de tal manera que cuando se querían dirigir al cuarto piso, al oprimir el número 4 terminaban en el segundo piso, donde funcionaba el Departamento de Psicología.

Es común también la descripción caricaturizada de los profesores y estudiantes, de acuerdo con las áreas del conocimiento a las que pertenecen. Hay una sana rivalidad entre algunos grupos y tanto los unos como los otros hacen chistes sobre sus colegas o compañeros. Por ejemplo, es conocida la rivalidad entre arquitectos e ingenieros, entre físicos y matemáticos, o entre abogados y politólogos.

Para no herir susceptibilidades, siendo matemático, y con el perdón de mis colegas, comparto con ustedes un cuento que nos describe sin favorecernos y que me lo contó hace muchos años un amigo físico. Es la siguiente:

Dos físicos experimentales ensayaban un globo que construyeron con mucha dedicación. Se dice que el globo se elevó en forma exitosa a tal punto que superó el recorrido previsto y tomó una dirección desconocida debido al fuerte viento que lo desvió. De la alegría inicial de los físicos por la velocidad y altura que alcanzó su original invento, pronto pasaron a la angustia que les causaba no saber qué lugar estaban sobrevolando.

De repente vieron a un hombre trabajando en un enorme cultivo y uno de los físicos le gritó desde el globo: “Señor, señor, por favor dígame qué lugar es este. ¿En dónde estamos?”. El hombre soltó su azadón y se quedó contemplándolos en silencio.

El globo se alejaba y en su desesperación el otro físico insistió: “Señor, por favor, mire que necesitamos saber dónde vamos a descender. Díganos, ¿dónde estamos?”. Finalmente, cuando ya casi no podía oírse, el campesino levantó la mano, señaló el globo y les dijo: “Ustedes están en un globo”.

Con una inocultable desilusión le dijo uno de los físicos a su compañero de aventura: “Oye, ese tipo debe ser matemático, ¿cierto?”. El otro respondió: “¿Por qué lo dices?”. Y entonces su interlocutor sustentó: “Fíjate que pensó largo rato la respuesta y es absolutamente correcta, pero no nos sirve para nada”.

La rivalidad, la preferencia o el gusto por una u otra área han hecho famosas muchas anécdotas, fruto de la realidad o de la ficción, pero que muestran la realidad del mundo universitario con humor, propiciando el diálogo, eludiendo la violencia y construyendo puentes de tolerancia para que también quepan las bromas y la risa.

Así, por ejemplo, existe una historia que me parece excelente para entender la rivalidad de dos excelentes universidades que están ubicadas en Boston:

En un supermercado de la ciudad estaba un joven de cabello largo con su carrito de mercado completamente lleno, pues acababa de recibir la mesada de su beca y quería comprar de una vez lo necesario para todo el mes, pero hacía la fila para pagar en una caja con un gigantesco aviso que decía: “Caja rápida, máximo 10 artículos”. Cuando finalmente le llegó su turno, lo interrogó la cajera: “Joven, ¿es usted estudiante?”. Y él respondió: “Sí, señora, ¿por qué?”. Y entonces la cajera exclamó en un tono suficientemente alto como para que todos oyeran: “Pues estudia usted en Harvard y no sabe contar o estudia usted en MIT y no sabe leer”.

El humor debe seguir siendo parte de la vida universitaria y los santos inocentes nos invitan a reír. ¡Felices fiestas!

Fuente: https://www.elespectador.com/opinion/inocentadas-universitarias-columna-731059

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Debates para 2018 (Primera parte)

México / 2 de enero de 2018 / Autor: Pedro Flores Crespo / Fuente: Educación Futura

La política educativa será campo de constante pugna y debate el próximo año. 2018 marcará un tiempo netamente político por la coyuntura electoral. A pesar de que algunas voces ya anuncian catástrofes y tragedias, las próximas elecciones federales también abren, aparte del miedo y la incertidumbre, espacios para la crítica razonada, la participación política y la reflexión ciudadana. En este sentido, quisiera sugerir algunas áreas de discusión que nos señalan complejos problemas educativos y que, para tratar de resolverlos, es necesario llevarlos más allá del ambiente electorero que vamos a vivir.

  1. Los maestros como individuos. Tan pronto iniciaron las precampañas, los distintos actores políticos empezaron a considerar a las maestras y maestros como una masa maleable a sus propios intereses. Principalmente, los candidatos nacidos bajo la matriz revolucionaria (José A. Meade y Andrés M. López Obrador) no negaron la cruz de su parroquia y rápido buscaron el apoyo de los líderes sindicales y sus partidos a cambio de los votos de los agremiados. De tal manera, Meade irá en coalición con Nueva Alianza y todo hace suponer que López Obrador ya tiene de su lado a la maestra Elba Esther Gordillo y familiares. La pregunta que aquí formulamos hace semanas es si aún en estos tiempos tanto el Panal como la desafortunada maestra aún aportan capital electoral significativo (Adiós al juego de máscaras, EF, 10/12/17).

Si la educación y el desarrollo docente realmente importan, ¿no sería mejor que alguna opción político-partidista reconociera a los maestros de una manera amplia y no simplemente como súbditos, clientes o actores que sólo actúan por puro interés, como lo dejó ver la reforma educativa actual? Si en tiempos electorales los maestros hacen sentir su voz para exigir que se les vea como seres humanos que saben trazar sus propias rutas de desarrollo académico y que pueden utilizar los resultados de las diversas evaluaciones en beneficio de ellos mismos y de la niñez mexicana, el debate educativo cambiaría de eje y mejoraría sustancialmente. La autonomía docente – que implica una responsabilidad individual – junto con tener una representación laboral sólida y legítima conforman una agenda que rebasa por mucho los dimes y diretes de algunos precandidatos y sus equipos de campaña.

  1. Universidades y poder. Los modelos de financiamiento, gobierno y evaluación de las universidades públicas muestran, como lo han constatado diversos académicos, rasgos de franco agotamiento. Esto quizás explique los graves incumplimientos en materia de política universitaria que oportunamente comentó Roberto Rodríguez (¿Un sexenio perdido?, Campus, 01/11/17). A estas fallas, las ha cruzado una variable que hace 20 ó 30 años era poco observada: el conflicto entre los gobernadores y los rectores o rectoras de las universidades autónomas.

Por si esto fuera poco, la capacidad de interlocución entre el Gobierno Federal y las universidades, por la vía de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), parece disminuida e inclinada a favor del actor más poderoso. Ante la crisis financiera y los problemas “estructurales” que enfrentan algunas universidades públicas del país (Nayarit, Zacatecas, Morelos, Michoacán y Zacatecas), Jaime Valls, secretario general de la ANUIES, hizo eco del argumento oficial: el Gobierno Federal no las va a apoyar, es un problema, dijo, que tiene que “resolverse no solamente para coyunturas de cierre de año, sino que tiene que haber un replanteamiento fundamental en las universidades”. Valls prosiguió y dijo “ayudar” a las universidades “en las buenas prácticas de rendición de cuentas y transparencia, ya que muchas veces no se conoce la información de las universidades” (Reforma, 19/12/17 nota de Isabella González).

Sin dejar de reconocer la responsabilidad de los grupos directivos en el manejo administrativo de las universidades, la ANUIES, al tomar esta posición desdibuja su capacidad de interlocución, aun cuando gane simpatías con el gobierno en turno y sobretodo, con el precandidato oficialista, Mead, a quien Valls acompañó en su arranque de precampaña en Chiapas el pasado 14 de diciembre.

Ante esta problemática, no va a faltar el candidato que quiera “salvar” a las universidades públicas, sin embargo, el debate y la propuesta tendría que tomar otro giro para que seamos las comunidades universitarias los que discutamos qué responsabilidades compartimos, con qué reglas deseamos operar sin que esto signifique opacidad, cómo podemos construir nuevas coaliciones entre los diversos actores para negociar, en un terreno más abierto y transparente, el presupuesto público y sobre todo, cómo vamos a proceder para modificar la política universitaria imperante. Los universitarios no somos seres desconfiables y tampoco requerimos al “iluminado” para resolver nuestros problemas.

Fuente del Artículo:

Debates para 2018 (Primera parte)

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Estudiar en La Sorbona de París sin salir de Buenos Aires

Francia – El Salvador / 2 de enero de 2018 / Autor: Máximo Paz / Fuente: Perfil

En la prestigiosa universidad europea se formaron Marie Curie, Sartre, Simon de Beauvoir, Descartes y Pasteur. La USAL ofrece un programa de doble titulación para cursar economía, administración y derecho.

Fue fundada en 1257 por Robert de Sorbonne, capellán del rey de Francia Luis IX y luego reformada por el cardenal Richelieu. Entre sus profesores y alumnos más célebres se puede identificar a Marie Curie, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, René Descartes, Louis Pasteur, Victor Hugo y san Ignacio de Loyola. Es La Sorbona: una universidad que forma parte del selecto grupo de instituciones educativas más prestigiosas y antiguas del mundo, junto a Oxford, Bolonia y Salamanca.

Desde su inicio y a través de sus distintas épocas, la institución sufrió diversos cambios de organización: en el período medieval contó con unos setenta colegios y escuelas, algunos de corta existencia; más tarde, durante la Revolución Francesa, el Collège de Sorbonne fue suprimido para luego ser reabierto por Napoleón en 1808 y nuevamente cerrado en 1882. Con el paso del tiempo, el colegio se convirtió en el centro de los estudios teológicos y el término “Sorbona” comenzó a ser usado frecuentemente como sinónimo de la Facultad de Teología de París, y luego para denominar a toda la Universidad de París.

Pero en 1970, “La Sorbonne de París” sufrió una transformación que le brindó su configuración moderna: fue dividida en 13 universidades diferentes, consideradas verdaderas descendientes del histórico colegio de La Sorbona. A tres de estas instituciones se las considera las sucesoras privilegiadas: la Universidad de París 1 Panthéon Sorbonne, la Universidad de París 3 Sorbonne Nouvelle, y la Universidad de París 4 Paris-Sorbonne.

Excelencia. Con más de 38 mil estudiantes, la Universidad de París 1 Panthéon Sorbonne es la más grande del país especializada en ciencias sociales, y ha sido reconocida por el QS World University Ranking como la mejor universidad francesa y una de las mejores del mundo en estudios de derecho, economía, ciencia política, geografía, historia y filosofía. Una verdadera institución de élite a la que muy pocos estudiantes del mundo pueden acceder, ya sea por lejanía geográfica o idiomática.

Pero en Argentina, esto no es así: desde el año 1997 funciona el Programa “La Condamine” en la Universidad del Salvador (USAL) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que permite obtener el doble título oficial de La Sorbona y de la USAL para las carreras de Abogacía Franco-Argentina (de cinco años de duración), Licenciatura en Administración Franco-Argentina y Licenciatura en Economía Franco-Argentina (ambas de cuatro años de duración). Todo esto desde Buenos Aires.

“La USAL es la única institución de educación superior de América que tiene carreras de doble titulación en forma directa con La Sorbona”, explica el doctor Juan Alejandro Tobías, rector de la USAL. “Es un verdadero programa de formación bicultural, porque estas carreras se enseñan de la misma forma que en Francia, con profesores que vienen a la Argentina a impartir clases y sin que el alumno sea obligado a viajar a París para obtener el diploma de La Sorbonne”, continúa el rector. Los profesores provienen de un consorcio de universidades francesas –además de La Sorbona– que respaldan el programa: la Université de Bordeaux, la Université Evry Val d’Essonne, la Université Lyon 2 Lumière, la Université Lyon 3 Jean Moulin, la Université de Montpellier, la Université Paris Ouest Nanterre La Défense y la Université Toulouse 1 Capitole.

La Sorbona posee solamente siete filiales délocalisées que dictan programas de doble título en todo el mundo. En Latinoamérica, la Universidad del Salvador es la única institución con dicho carácter. Las otras seis se encuentran en Egipto, Rumania, Rusia, Seychelles, Turquía y Vietnam.

El idioma podría parecer una barrera de la propuesta, pero no es así: se puede comenzar cualquiera de estas carreras sin conocimientos de lengua francesa, ya que los alumnos reciben la formación del idioma desde los primeros años del programa, impartida por docentes de la prestigiosa Alianza Francesa. Eso sí: al final es necesario acreditar el nivel DELF B2 de este idioma para recibir el diploma de Francia. Además, los estudiantes pueden optar por cursar un semestre de su carrera en el exterior, realizando un intercambio estudiantil en una universidad de cualquier continente.

El proyecto fue inaugurado veinte años atrás en la Universidad del Salvador, con la participación del doctor Tobías, el entonces presidente de la Universidad de París 1 Panthéon Sorbonne, Yves Jégouzo, y los por entonces presidentes de Francia y Argentina, Jacques Chirac y Carlos Saúl Menem, entre otras autoridades presentes. Y desde su inicio fue apoyado por la Embajada de Francia en Argentina y por la CCIFA (Cámara de Comercio e Industria Franco Argentina).

“Es una verdadera puerta de entrada a la Unión Europea, ya que por ella están acreditadas todas nuestras carreras franco-argentinas”, indica el Dr. Tobías. “Ante las necesidades de algunos distinguidos estudiantes, se puede abrir una convocatoria de otorgamiento de becas cuyos aspirantes deben presentar una carta de motivación personal, antecedentes académicos, un ensayo y luego acudir a una entrevista personal”, explica el rector.

La USAL cuenta también con otros tipos de ayuda económica para estas carreras de grado francoargentinas. Y el aprendizaje del idioma francés es gratuito para los alumnos. Otro dato importante: aquellos que se inscriben quedan registrados oficialmente tanto en la USAL como en La Sorbona, pero el calendario académico es exactamente el mismo que el de cualquier carrera que se curse en nuestro país.

En números. Los resultados acompañan esta idea de calidad académica: el 30% de los diplomados de La Condamine ejercen su profesión en el exterior, la mitad de ellos en Francia. Y el 60% de los diplomados de La Condamine han realizado un posgrado después de su carrera, 50% de los cuales lo realizaron en el exterior (Francia, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Bélgica, Holanda, etc.).

“Para nosotros es un orgullo y un honor ser la sede de La Sorbona en Argentina. Un proyecto de amistad y colaboración que se ha mantenido ya por más de dos décadas y que ha superado a través de los años todos los contextos políticos y económicos, gracias a la confianza y el compromiso de ambas instituciones y de los auspiciantes que nos acompañan para ofrecer una alternativa de verdadera calidad académica”, finaliza el Dr. Tobías.

Para los amantes de la economía, la administración y las ciencias jurídicas, una verdadera oportunidad para estudiar en La Sorbona de París desde Buenos Aires.

Tendencia global

La internacionalización de las carreras de grado y posgrado universitarias es una tendencia global que en la USAL no solamente se manifiesta en el proyecto La Condamine. La universidad ofrece actualmente el programa de doble título de grado en Gerenciamiento Económico Intercultural con Alemania (Ligei), o el programa de posgrado de Simulación de Campaña Política (Universidad Camilo José Cela de Madrid), exclusivo para aquellos que cursan la Maestría en Marketing Político en la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de USAL.

También se destacan sus programas conjuntos con la prestigiosa Universidad Deusto de España.

Fuente del Artículo:

http://www.perfil.com/universidades/estudiar-en-la-sorbona-de-paris-sin-salir-de-buenos-aires.phtml

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Estrés laboral docente. Metáfora 4.

México / 2 de enero de 2018 / Autor: Fidel Quiñónes Marín / Fuente: Insurgencia Magisterial

4.- El Pípila o el estrés laboral del docente mexicano.

En el año 2007, en el documento “Estrés Laboral Docente: representaciones y prácticas” propuse la representación de la labor docente a través de la figura histórica del Pípila.  Personaje de quien, algunos afirman “no existen pruebas sobre su existencia”, pero que “representa a los héroes anónimos sacrificados por la independencia”.

Al respecto, existe una narración, casi romántica, de Carlos María de Bustamante, quien se refiere al Pípila con estas palabras:

“El general Hidalgo, convencido de la necesidad de penetrar en el interior de Granaditas, nada omitía para conseguirlo. Rodeado del torbellino de la plebe, dirigió la voz  un hombre que le regenteaba, y le dijo… Pípila… la Patria necesita tu valor… ¿Te atreves a prender fuego a la puerta de la alhóndiga. La empresa era arriesgada, pues era necesario poner el cuerpo a descubierto a una lluvia de balas… Sin titubear dijo que sí.  Tomo al intento una losa ancha de cuarterón de las muchas que hay en Guanajuato, púsola sobre su cabeza, afianzándola con la mano izquierda, para que le cubriese el cuerpo; tomó con la derecha un ocote encendido, y casi a gatas marchó hasta la puerta de la alhóndiga, burlándose de las balas enemigas… reuniendo la astucia al valor, haciendo uso de su escudo y practicando la evolución llamada de tortuga…”

Jorge Ibargüengoitia señala al Pípila como un héroe perfecto, porque “su origen es oscuro. Como se ignora su apellido, no hay peligro de que sus descendientes vengan a exigir pensiones. Su actuación en la historia es breve, elocuente y decisiva. Sus palabras, ninguna”.

A mi parecer es una buena metáfora a partir de los pasajes de la historia, dado que cada docente debe cumplir con una pesada misión, que asume como necesaria para el logro de un objetivo nacional, pero cuyo esfuerzo no se reconoce, y se reconoce, sólo es parcialmente. Es decir, el maestro soporta en su espalda la carga simbólica de la educación de calidad (una de las nuevas demandas constitucionales), debe mantener encendida la antorcha de las expectativas sociales y aspiraciones personales. Al mismo tiempo, cuidarse del ataque constante de muchos frentes: la sociedad, los medios de comunicación, las autoridades educativas (fuego amigo y enemigo) y finalmente quemar la puerta de la ignorancia de sus alumnos (orientar a los alumnos en el camino del aprendizaje, el conocimiento y el desarrollo de competencias, y aprender a aprender).

Al docente, como al Pípila (a quien se le recuerda esporádicamente en los grandes pasajes nacionales), se le cuestiona sobre la importancia de su labor, y sólo se le incluye en los discursos, cuando hay que asignarle nuevas tareas y responsabilizarle del funcionamiento del sistema,  y se supone que al término de su misión obtendrá la recompensa (en el caso del docente: la jubilación) para regresar a sus actividades cotidianas, alejado de la lucha heroica, el esfuerzo sostenido y del cansancio residual. Y me pregunto: ¿Así como el Pípila, el maestro es un héroe perfecto, sobre todo “si no habla”?, ¿La carga simbólica de la ideoneidad es somatizada en los dolores de cabeza y espalda que aquejan a los docentes?

En síntesis.

Compañero (a) maestro (a) si en este momento, te has identificado con Sísifo (metáfora 1) por sentir que debes reanudar incesantemente el esfuerzo para cumplir el trabajo en las aulas. O sientes, como le sucede al actor de teatro clásico (metáfora 2), que con la reforma impuesta por los políticos y los empresarios cambian el escenario donde tu trabajo se menosprecia y hasta se vuelve “risible” para la sociedad. O tal vez, como el húsar (metáfora 3) que, a pesar de los anuncios del gobierno vives el trabajo escolar con desconcierto, desánimo y frustración por desconocer, “a dónde vamos a parar” con la reforma laboral en educación. O bien, como un moderno Pípila magisterial (metáfora 4) sientes “la carga” de muchas responsabilidades que afectan y deterioran tu salud, pero que debes silenciarlas.

Si te has identificado con al menos 1 de las 4 metáforas: eres candidato idóneo para sufrir Estrés Laboral Docente.

Fuente:

ESTRÉS LABORAL DOCENTE. METÁFORA 4.

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El Plan Bolonia

España / 2 de enero de 2018 / Autor: Marcos Santos Gómez / Fuente: Paideia. Educación y Filosofía

Acabo de leer El Plan Bolonia, de Carlos Fernández Liria y Clara Serrano García, lectura que me ha satisfecho sobremanera por su claridad y por la elocuencia con que se apuntan las cuestiones que llevo años incubando en mi pensamiento en torno a la vorágine que vivimos en la universidad española. Como los autores, pienso que estamos en un momento más que delicado y peligroso en la evolución de esta longeva institución que llamamos “universidad”, que se encuentra no ya en medio de una reformita parcial de aspectos secundarios, sino en una contundente transformación de su esencia que podría tildarse de desaparición de la universidad que veníamos conociendo desde su fundación en el medievo.

Hay que recordar que la universidad consagra un elemento que me parece fundamental en el desarrollo de la ciencia y el pensamiento desde antes de la Edad Media, diría que desde los inicios de la razón helénica, de la filosofía y la reflexión acerca de lo que le constituye a uno y por tanto acerca de la propia civilización. Esta reflexión ha requerido dos cosas sencillas: ocio y desinterés, o mejor dicho, un único interés que se ha perseguido con afán religioso: el de la verdad porque sí, su búsqueda e indagación por amor al arte. La universidad ofreció en el Medievo el marco institucional para que se pudiera dar la investigación, o sea, el contexto posible para una vida dedicada al conocimiento, que proporcionara el “aburrimiento” necesario para que se pensaran las cosas no una, sino mil veces, o millones. Sin esto, y lo prueba la historia, no habríamos descubierto nada, aunque los descubrimiento tecnológicos que han transformado nuestra vida han venido como efecto secundario de esa investigación básica y primaria que un joven físico teórico debía defender, en cierto documental excelente sobre los avances en la Física actual, como requisito necesario para ofrecer en un segundo momento que no debe condicionar al primero, los descubrimientos útiles y lucrativos que busca la sociedad o las empresas desde un punto de vista más práctico.

En el siglo XVIII creo que se da la segunda gran revolución académica que introduce las ciencias en el conocimiento más elevado y que, de la mano de Humboldt y la Bildung alemana, aúna docencia e investigación como un todo en el profesor, y además desarrolla un variado plan de estudios, el de los Gymnasios alemanes, que no renuncia a la formación clásica que hoy llamamos humanística o de letras,  ni tampoco al ejercicio físico ni por supuesto a la ciencia más avanzada, al concienzudo estudio de la Física o las matemáticas, por ejemplo.

Yo, de un modo quizás no bien expresado, relacioné toda esta ingente labor que llamamos conocimiento con los requisitos de una religión (aquí), de una religión del saber, que imita, en la figura del profesor e investigador, en su habitus, al viejo anacoreta o ermitaño. Se trata de la entrega desinteresada y apasionante a lo que uno quiere saber por encima de todo, con ascetismo, en la pobreza y riqueza que Platón asociara por boca de Socrates con el amor (a la sabiduría). Es lo que la universidad medieval institucionalizó, ofreciendo el marco social posible para ello, al modo de los monasterios y como institución eclesiástica que fue, salvo pocas excepciones, en sus primeros momentos y prácticamente hasta el siglo XVIII. Así, la pedagogía universitaria consistía sobre todo en la transmisión del amor por un conocimiento que, en primer lugar y sobre todo, era cultivado y amado, hasta el punto de esculpir su propia alma con el mismo, por el profesor. Es este fuego el que después en el aula ardía, propiciado también, por supuesto, por unos alumnos que habían hecho, pues podían y estaban en el lugar para ello, también sus “votos”. Bien es cierto que en este modelo universitario, en el que sobre todo se conoce más allá de fines prácticos pero que ha propiciado la técnica y los grandes descubrimientos que hoy hacen más cómoda nuestra vida, podía haber, hasta hace apenas diez años, y sigue habiendo, profesores sin amor por la docencia que o por ello, o por puro desconocimiento hondo de la materia que enseñan, fracasaban en sus clases. Pero nunca podía darse un buen pedagogo o didacta que no fuera profundo conocedor y amante de lo que enseñaba. Es decir, era una universidad en la que se requería una cierta dignidad del profesor y su libertad, por encima de todo, para enfocar la enseñanza y que incluso nuestra Constitución Española reconoce bajo la figura de la libertad de cátedra. El espacio universitario era el marco adecuado que, impermeable a lo más práctico, podía propiciar el avance científico, solamente dado cuando existe esta entrega, en el silencio y el ocio productivo.

Esto, en nuestros tiempos, ha sido posible por haberse enmarcado la universidad en el Estado de Bienestar y por la creación, desde tiempos ilustrados, del profesor vitalicio y funcionario (lo que garantiza su libertad por no depender de contrataciones). Pero, en el contexto de ataque a este modelo económico desde posturas neoliberales, en lo que se ha denominado de auténtica revolución de los ricos contra los pobres, ya no tiene cabida algo financiado por dinero público que subsista como si flotara inmune al mercado. En el mundo en el que todo lo decide el mercado, había que reconvertir la vieja universidad pública, lo cual además ofrece un suculento negocio que consiste no tanto en privatizar por completo la misma, como se ha creído, sino en convertirla en mina de dinero público que puede fluir a la empresa privada, que con su participación en la universidad obtiene mano de obra semiesclava e ingentes beneficios, haciéndose con los resultados de las investigaciones, decidiendo su curso y objeto, y además teniendo para sí una sumisa mano de obra de profesores reconvertidos en flexibles empleados (ya no caducos y “vagos” funcionarios) dispuestos a ser despedidos o a no promocionar si sus investigaciones no obtienen fondos privados o pasan las evaluaciones del organismo que en España se ha elevado como cómplice de toda esta revolución mercantilista: la ANECA. Ésta, en función de variables asociadas al mercado, como la evolución laboral de los egresados o la utilización de los resultados de investigaciones por empresas privadas, valora, en definitiva, si una titulación y, a la larga, incluso una Facultad puede tener sentido (o por supuesto la carrera individual de un investigador).

El concepto de estudiante también cambia profundamente. Ya no es el antiguo modelo que disfrutando de un cierto ocio podía conocer durante un tiempo de su vida las virtudes de una vida entregada al conocimiento, a leer, a cultivar libremente idiomas o música, a pintar, a solazarse, a desarrollar una intensa y alegre vida social, amparado por un nicho social institucional que inmune e impermeable al mercado se regía sola y exclusivamente por el conocimiento en sí, sino quien cultiva competencias cuya adquisición habrá de probar no tanto con sus títulos, sino con una atareada y complicada trayectoria a lo largo de estudios cada vez más “prácticos”. No va a tener tiempo ni posibilidades de profundizar en una disciplina para acabar sabiendo más incluso de lo que le hará falta para trabajar, lo que era reflejado por las viejas licenciaturas y títulos, sino que habrá de pasar por una serie de cursos técnicos y superficiales, acostumbrándose al cambio constante y a aprender sólo para satisfacer los requerimientos de las empresas que lo van a contratar.

Con todo esto, estamos ante algo más que una reforma. Se trata, es obvio, de un cambio sustantivo que atañe a los más hondos cimientos de la noble y vieja institución que se dio en llamar “Templo del saber”. Me duele, como pedagogo, que en todo esto se haya utilizado a la pedagogía que siempre ávida de hacerse un hueco entre las más antiguas disciplinas, confundiendo el enseñar con un aprender a aprender vacío de contenidos y que no se relaciona con esa profundización en la propia materia que a mi juicio es la que de verdad enseña a enseñar al profesor. Se ha ido desdibujando el papel del enseñante, del docente, en un cómplice acto de privación de su dignidad, su potencial y libertad para decidir y tirar del alumno hacia el interior del complejo mundo de una materia o disciplina, pretendiéndose con una falsa idea de progresismo, lo que ha convertido el saber en mera adquisición de “competencias”. Así, cierta pedagogía y ciertos pedagogos están actuando de ideólogos y cómplices, con la excusa de una calidad determinada por el mercado (el mismo mercado que mata de hambre y falta de medicinas a dos tercios de la humanidad), de esta destrucción de la universidad. Esto me duele y siento tener que escribir de ello, pero lo grave y perentorio del momento nos obliga.

Escrito después de la lectura de:

Fernández Liria, C. y Serrano, Cl. (2009). El Plan Bolonia. Madrid: Catarata.

Fuente del Artículo:

https://educayfilosofa.blogspot.mx/2017/04/el-plan-bolonia.html

Fuente de la Imagen:

https://es.slideshare.net/Albaag7/plan-bolonia-12045565

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