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El cuestionamiento de las pruebas PISA

Por: Jorge Rivera Pizarro

Cada tres años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) aplica una prueba a estudiantes de 15 años de edad. Lo hace en países miembros o en proceso de adhesión a este organismo y en los que se adhieren voluntariamente al Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA).

¿Cuál es el valor de esta prueba? A esa edad, los estudiantes suelen terminar su educación básica y están a punto de continuar la secundaria o integrarse al trabajo. Esta prueba mide con qué habilidades, pericia y aptitudes cuentan para analizar y resolver problemas, para manejar información y para enfrentar situaciones que se les presentarán en la vida adulta. Los especialistas llaman a esto “competencias”. No mide dominio de conocimientos.

Es comprensible que los ministros de Educación discutan en reuniones de Unesco —recientemente el de Bolivia expresó allí su punto de vista— si este tipo de pruebas sirven para evaluar los logros educativos comprometidos en la Agenda de Educación 2030. Es decir, si son útiles para verificar hasta qué punto se logra una Educación para el Desarrollo Sostenible. La discusión y las dudas sobre el valor de esas pruebas son legítimas.

Ciertamente, es fácil consensuar que el entendimiento del mundo y la producción de ciencia no son distintas para los países ricos y para los países pobres. No es posible pedirle a PISA que mida con diferente rasero a unos y otros. Lo crítico es que este tipo de evaluaciones reducen la educación a solamente competencias para el conocimiento e ignoran aspectos sustanciales en materia de valores, actitudes y entendimiento de la vida y del desarrollo.

No es de extrañar que la OCDE lo haga, porque, por propias finalidades, busca que la educación contribuya a lograr la máxima expansión posible del crecimiento económico y el empleo. Y, claro, podemos poner en duda que ese sea el concepto central en todos los modelos de desarrollo. Y que sea el propósito principal de una Educación para el Desarrollo Sostenible.

Hay quienes pensamos que eso no basta. Que no educamos, solamente, “para el trabajo o el empleo” sino para la vida, para la convivencia, para la ética, para un “buen vivir”, en definitiva. Lo criticable de este tipo de pruebas internacionales o nacionales es que obligan a los educadores a crear una falsa dicotomía —como lo plantea Garnier, exministro costarricense— entre una educación para la productividad y otra para la convivencia; entre una educación para el crecimiento económico y otra para la sostenibilidad; entre una educación de competencias y una educación de valores.

Los críticos de las pruebas PISA pensamos que evaluar la calidad de la educación exige un enfoque global e integral. Una perspectiva desde la cual la valoración de los elementos que se evalúan refleje la totalidad de la intención educativa.

Las pruebas internacionales han fomentado en nuestros países una cultura de medición —cultura resultadista en la que los medios se vuelven fines— que nos ha convencido de que lo medible es lo valioso. Lo grave es que, lo que miden, representa una concepción bastante limitada y específica de lo que realmente debería importar en la educación. El gran desafío ahora, especialmente para quienes pretendemos mirar el desarrollo con ojos diferentes, es que aprendamos “a medir lo que valoramos”, como alguien dijo hace algún tiempo ya. Convivir en el marco de la ética, por ejemplo. Propósito educativo que valoramos y queremos ver en cada uno de nuestros ciudadanos. Necesitamos aprender cómo medirlo y evaluarlo. Y esto no se hará, ciertamente, con las pruebas tipo PISA.

Fuente: http://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20171004/columna/cuestionamiento-pruebas-pisa

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Biografía de un protagonista de la República de los Consejos de Baviera

Reseña de “Una juventud en Alemania” de Ernst Toller

Por: Jesús Aller

Ernst Toller nació el año 1893 en Samotschin, en una Polonia que era alemana entonces, de familia judía y bien a tiempo para que el fervor nacionalista, contagiado como un mal virus, lo llevara voluntario a las trincheras de la I guerra mundial. Ellas forjaron su carácter, y de ellas salió rebelde en cuerpo y alma contra la desidia de dios y la infamia de los hombres, y contra la servidumbre en que el miedo nos ata. En 1918 participó en la constitución de la República de los Consejos de Baviera, tras cuya derrota fue condenado a cinco años de prisión que cumplió íntegramente.

A partir de 1919 Ernst Toller alcanzó cierto éxito como autor de piezas teatrales expresionistas, cuyos personajes trataban de mostrar arquetipos del devenir social, pero su carrera se vio interrumpida por el acceso de los nazis al poder en 1933, que lo llevó al exilio en Inglaterra y luego en los Estados Unidos, y a volcar sus energías en la tarea de alertar a sus contemporáneos de la necesidad de plantar cara al fascismo. En los años 30 viajó varias veces a España y desarrolló una solidaridad con el torturado pueblo español como para hacerle quitarse la vida tras la derrota definitiva de éste, el 22 de mayo de 1939 en un hotel de Nueva York. Una juventud en Alemania fue publicado en 1933 y aparece ahora en castellano (Pepitas de calabaza, 2017) recuperando una traducción de Pablo Sorozábal Serrano y con prólogo de Carlos García Velasco.

El libro echa a andar con una nota fechada el día de 1933 en que las obras de Toller son quemadas en Alemania. En ella constata la urgencia de comprender el pasado si se quiere descifrar el presente, y de analizar los errores que han traído el triunfo de la barbarie. Se trata de percibir, sobre todo, que no es que la razón haya fracasado; en realidad nunca tuvo poder y sólo un simulacro suyo fue venerado. Con este espíritu, Toller rememora su infancia en un país en el que alemanes y judíos, solidarios en su germanidad, rivalizaban con polacos por lo general más pobres. Él, un niño rico y judío, conoce pronto el placer de “colocar las palabras una tras otra”, progresa en sus estudios y los continúa en Francia tras la muerte de su padre. En Grenoble acude a la universidad y viaja luego por Provenza.

Regresa a Alemania con el comienzo de la Gran Guerra y en Múnich se presenta voluntario. Es admitido en artillería y tras unos meses de instrucción, en marzo de 1915 se ofrece para ir al frente. Cerca de Metz participa en el cañoneo de posiciones francesas y siente por primera vez el soplo helado de la muerte. En otro destino al este de Verdún es ascendido a suboficial. Sus impresiones son las de tantos que sufrieron aquello: “El infierno sería mejor que esto; los cadáveres provocan pavor pero no piedad”. Después de trece meses en las trincheras, enferma y es declarado inútil. En Múnich estudia y escribe con ahínco y se une al círculo donde brillaban Thomas Mann y Frank Wedekind, pero es incapaz de olvidar. Piensa que se debería hacer algo para tratar de detener la matanza e interviene en la creación de una asociación pacifista. Entre virulentos ataques reciben cartas de apoyo de Albert Einstein y Gustav Landauer.

Cuando Toller tiene acceso a documentos que ponen de manifiesto la responsabilidad de las autoridades alemanas en el comienzo de la guerra, no tarda en comprender que tras ella se esconde sólo el afán de lucro y que es un movimiento más de la máquina infernal del capitalismo. Por entonces conoce además a Kurt Eisner, líder de los socialistas independientes que luchan por poner fin al conflicto, y toma contacto con unas masas obreras pujantes y pletóricas de ideas. En Múnich, apoya los huelguistas que exigen un armisticio y es encarcelado. Cuando el maltrato hace que su salud se resienta lo llevan al hospital militar y sólo en el verano de 1918 está libre por fin. Pronto, la revuelta se extiende por el país; el 9 de noviembre Karl Liebnecht proclama en Berlín la República Socialista Alemana, mientras el káiser huye a Holanda.

Ernst Toller desgrana sus recuerdos de aquellos días. En Múnich colabora con el gobierno revolucionario del Estado Libre de Baviera, que preside su amigo Eisner, y en diciembre viaja a Berlín para asistir al congreso de consejos. Éste toma la desastrosa decisión de renunciar a asumir el control total de la situación y da con ello el golpe de gracia a la revolución, mientras la reacción, con la inestimable ayuda de los socialdemócratas, se envalentona y los empresarios arman fuerzas paramilitares. Sus hazañas llegan pronto; Karl Liebnecht y Rosa Luxemburg son apaleados y asesinados el 15 de enero de 1919 y Kurt Eisner recibe un disparo por la espalda el 21 de febrero. Es entonces cuando, con las masas en efervescencia, el 7 de abril de 1919 (no el 17 como se dice en el libro) en el muniqués palacio Wittelsbach el Comité Central de los consejos y los delegados de los partidos proclaman la República de los Consejos de Baviera.

Las medidas revolucionarias no se hacen esperar: socialización de la prensa, confiscación de viviendas para paliar su escasez, creación del Ejército Rojo… Toller, que es nombrado presidente del Comité Central poco después, nos acerca a los desvelos de aquellos días en los que ha de enfrentarse a la incompetencia de sus propios colaboradores y a las intrigas de socialdemócratas y comunistas, por no hablar de la reacción, que se apresta desde Bamberg para derrotar militarmente a los consejistas. Los comunistas toman pronto el control y Toller queda marginado de la dirección del proceso, pero participa en combates contra los blancos y a petición de sus compañeros asume el mando militar de las fuerzas revolucionarias. Interviene después en el asalto y conquista de Dachau, donde desobedece la orden de fusilar a los oficiales capturados.

Además de al enemigo, Toller ha de combatir la desmoralización, episodios de brutalidad que se dan en sus propias filas, y el sectarismo y arbitrariedad de las órdenes que recibe. A finales de abril, Múnich está rodeado por los blancos, que inventan atrocidades de los rojos para excitar contra ellos a los campesinos, al tiempo que les ofrecen generosas soldadas. Son cien mil contra unos pocos miles, y cuando los comunistas insisten en la solución militar, Toller dimite de su cargo de comandante de las tropas. No obstante resiste en la ciudad hasta el final, tratando de hacer lo posible para paliar lo que se avecina. Sabe que el fracaso de la revolución se saldará con un baño de sangre, pero se niega a estar entre los que huyen dejando atrás a las masas indefensas a punto de ser masacradas. Su destino está sellado al suyo.

El gobierno ofrece 10000 marcos de recompensa por Ernst Toller, que es escondido por buenas gentes dispuestas a arriesgar su vida. Al fin el 4 de junio es detenido y enviado a la prisión de Stadelheim, donde convive con las huellas macabras de los recientes asesinatos de sus compañeros y amigos, y sólo se salva de que le apliquen la ley de fugas por la ayuda de unos guardianes benevolentes. Viene luego el juicio sumarísimo, en el que es condenado a cinco años de reclusión en una fortaleza. Habían pasado ya las semanas del terror blanco en que cientos de personas fueron exterminadas, como detallan los testimonios estremecedores que se presentan en el libro. Éste concluye con los recuerdos del presidio, donde Toller comienza su carrera de dramaturgo, y con apéndices que recogen su declaración tras ser detenido y la noticia periodística de su arresto.

Toller nunca deja de ser un poeta expresionista y en seguida nos damos cuenta de que siente predilección por los individuos que desafinan, sea en la brutal orquesta wagneriana de la guerra o en el coro violento y alucinante de la revolución. Ellos quiere que sean los protagonistas, porque reflejan mejor que nadie las contradicciones de aquel tiempo, y ponen en evidencia a los que tienen la desfachatez de seguir el guión sin inmutarse. El propio Toller es uno de aquellos sin duda, y su compromiso con la revolución, es decir, con la liberación del ser humano de la máquina despiadada que lo aplasta, no es óbice para que sienta la necesidad de detenerse a contemplar cada momento, con infinita tristeza, las flores trituradas por la operación liberadora.

Una juventud en Alemania nos trae imágenes en sepia de la Europa que se dejaba caer en el desastre y una crónica del infierno de las trincheras en el frente occidental. Después, su relato a flor de piel de la República de los Consejos de Baviera nos acerca a una revolución con amplia base popular y casi incruenta, que pecó de improvisación, se envenenó en rencillas muy de aquellos años y fue ahogada al fin en un baño de sangre. Toller fue de los que sobrevivieron, pero sólo para ver el ascenso del fascismo y rumiar una esperanza que se rompió definitivamente cuando España cayó bajo sus garras.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=232539

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La nueva táctica del poder es crear una doble versión de los hechos

Por: Manuel Humberto Restrepo Dominguez

Se ha convertido en común denominador invertir el sentido de las cosas para tratar de posicionar una verdad contraria a la que explica realmente una situación. La táctica política del poder (empresarios, directivas de instituciones, gerentes, financistas), es imponer “su” verdad (posverdad) creando una doble versión de los hechos, orientada a aislar la situación e impedir que la realidad de lo que ocurre sea entendida fácilmente. Crear una doble versión le sirve al poder para confundir y oscurecer, y aunque no es nueva, justo ahora, cuando el país oficialmente esta sin guerra, reaparece, para ocupar el espacio sin enemigos a los que antes se responsabilizaba de estar detrás de toda lucha para desvirtuarla. La doble versión es útil al poder para ocultar, negar y, desfigurar la verdad.

Como lo muestra la tendencia, la ausencia de guerra, empieza a ser cubierta con dobles versiones que dificulten establecer rápidamente la verdad de las cosas. En el régimen Uribe al amparo de la guerra la formula fue crear duplicidades de organizaciones (indígenas, sindicales, colectivos de abogados, asociaciones de victimas). En esta nueva etapa la formula es de dobles versiones para confundir, inclusive sobre asuntos venideros como el de candidatos presidenciales atados a partidos de sobrada ilegitimidad y cuestionamientos, que con una doble versión afirman no pertenecer a el pero contar con sus votos y maquinaria (Vargas Lleras, otros); así mismo los casos de magistrados, congresistas y jefes políticos acusados de paramilitarismo y corrupción que se declaran victimas y dilatan los procesos; exfuncionarios criminales que declaran persecución política (entorno del C.D).

Los ejemplos de las dobles versiones de lo que ocurre, ponen en evidencia que aunque cambie la percepción del presente, el control del poder y sus practicas sigue vigente, sostenida con el espíritu de guerra al que habrá que derrotar mas pronto que tarde. La ultima situación de doble versión corresponde directamente a la intervención del estado en un presumible crimen de lesa humanidad, que comprometería al presidente de la republica en su condición de jefe de las fuerzas armadas y nobel de paz, con el agravante de que la masacre ocurre en democracia y en ausencia de guerra. Se trata según la versión de las victimas, de la masacre ejecutada en Tumaco, Nariño, Sur de Colombia, contra civiles campesinos productores de hoja de coca (no de cocaína). Los campesinos, según su propia versión, fueron atacados y asesinados en estado de total indefensión por uniformados pertenecientes a las fuerzas armadas (ejercito y policía). Indican que hay de 8 a 15 muertos y mas de 20 heridos por impacto de bala. Los campesinos están movilizados reclamando, en justa causa, contra la erradicación forzada de cultivos de coca, y contra la represión desmedida de militares en su territorio, lo que resulta en los dos casos, contrario a lo pactado en el acuerdo de Paz de la Habana, que establece, que solo de manera consensuada entre el gobierno y los cultivadores se realizaría una erradicación manual y la sustitución de cultivos de coca por otros cultivos con garantías de comercio justo, a la vez que se entendía al campesinado como victima de un sistema de explotación mafiosa que los convierte en el eslabón mas débil de la cadena de narcotráfico.

La otra versión, la anuncio el presidente Santos, asumiendo la defensa de las fuerzas armadas acusada de este abominable suceso de barbarie. El presidente rodeado de la cúpula militar entregó el incuestionable libreto y sin mayor explicación pero con interés en aislar, señaló que los responsables estaban identificados y que se trataba de los alias Guacho y David, de quienes dijo que eran exguerrilleros, explosivistas y disidentes, que lanzaron cilindros bomba contra la multitud. La fiscalía y la procuraduría apenas llegan al territorio pero aun no aventuran conclusiones. La personera del municipio, precisó que todos los muertos y heridos tenían impactos de bala y que ninguno tenia rastros de esquirlas ni explosivos, y que tampoco se oyeron explosiones, además insinuó que curiosamente ningún militar de los que reprimía la movilización de campesinos resulto afectado, ratificando la indefensión de las victimas. Siguiendo la alocución del presidente ¿porque alias Guacho y David acusados de obligar y empujar a los campesinos a impedir la erradicación, tendrían interés en asesinarlos si justamente estarían haciendo bien la tarea?… Dos días después de la masacre, medicina legal informó que los asesinatos y las heridos fueron provocadas con proyectiles de alta velocidad.

El penúltimo asunto de doble versión es la existencia material de una huelga de pilotos de la aerolínea Avianca, quienes reclaman seguridades de vuelo, es decir, garantías para la seguridad de todos los pasajeros y, piden equilibrio de salarios entre los pilotos colombianos y los de otras nacionalidades pagados por el mismo holding, violando el principio de reciprocidad laboral y de que a igual trabajo, igual salario. La versión de los pilotos en huelga, corresponde al interés de un grupo de trabajadores, que aunque vayan con vestido de paño, quepis y corbata son explotados como todos los trabajadores del mundo y expuestos a la indolencia y voracidad de los empresarios capitalistas que propenden por mejorar sus propias ganancias y hacer crecer sus acumulados personales de capital a costa de lo que sea. Para los pilotos no hay medios de comunicación abiertos, ruedas de prensa, ni comentarios de expertos en su favor. Del otro lado esta la versión del empresario Aframovich, que controla la aerolínea y otras empresas insistentemente señaladas de exitosas. Su poder le sirve de patente de intimidación para afirmar que los huelguistas actúan como criminales y promete hacerles pagar cara la osadía de levantarse contra el. Las otras aerolíneas, el gobierno y los gremios se ponen de su lado, tratando de aislar a los huelguistas y algunos expertos analistas de su staff recaban sobre lo dicho y reproducen datos de vuelos cancelados y pasajeros afectados. Los medios repiten de memoria el libreto en noticieros, avances informativos, periódicos, hashtag, twitter y propagandas del “yo no paro”, yo quiero a mi país. La consigna es una sola: aislarlos, repetir hasta el cansancio que la huelga es ilegal y que los pilotos son responsables de toda desgracia previsible, que por su culpa caen las ventas por turismo, aumenta el desempleo informal, se reducen las carreras de taxis y hasta se destruyen las unidades familiares de quienes no logran volar.

Las dos versiones, una de pilotos (trabajadores) y otra del empresario (inversionista) quedan claras: Trabajadores reclamando mínimas garantías al derecho al trabajo cada vez mas degradado Vs Empresarios negando esos mínimos, aunque ahora son mas ricos y poderosos. El gobierno ofrece mediar con neutralidad, imparcialidad y objetividad, pero su ineficiencia, incapacidad y dependencia le impide separase del interés del capital, vende la idea de que es un paro ilegal, lo dice la ministra, lo repite el viceministro, lo titulan los diarios y los pilotos son presionados. Inversionistas y Gobierno acuden al poder judicial para utilizarlo como el esquirol de la contienda, con la misión de romper la huelga, sembrar miedo a la judicialización y culminar el proceso de criminalización de la protesta, con mensaje para todos los que luchan. El plan previsto es declarar ilegal la huelga para despojarla del sentido político de esta, como de toda lucha de los trabajadores contra el capital. La declaratoria de ilegalidad se dio, basada en una tesis rebuscada, imprecisa y carente validez teórica, al señalar que el transporte aéreo es un servicio esencial, lo que no resulta cierto primero porque viajar en avión carece de universalidad (no es para todos, como lo es por ejemplo el agua potable o caminar por un parque publico) y, segundo porque tampoco es un bien necesario como los alimentos o la vivienda.

Las dos versiones están en tensión, existe una huelga que reivindica derechos enfrentada al interés del capital empeñado en sostener sus niveles de explotación laboral. Ojala los tribunales llamen al empresario a responder por las amenazas contra los pilotos y por los intentos de impedir y quebrantar el derecho de huelga, que es derecho humano ratificado constitucionalmente. Es buen momento también para que la empresa sea monitoreada en el compromiso efectuado de que a cambio de que le suspendieran una investigación por presunta tercerización laboral ilegal, vincularía con contrato indefinido a tres mil empleados directos a partir de febrero de 2017, y ratificaba su compromiso de no volver a incurrir en formas de tercerización laboral ilegal violando derechos de los trabajadores y a eliminar otras conductas prohibidas en la normatividad.

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=232526

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Las reformas ante la renovación de los poderes.

Indicios que vinculan a las autoridades con los huachicoleros. La tragedia de Texmelucan.

Por: Atilio Peralta Merino.

El proceso electoral en marcha deja de manifiesto cómo los diversos aspirantes, tanto a la jefatura del estado como a los diversos cargos que habrán de instituirse en virtud de los comicios a celebrarse el año entrante, mueven sus fichas en el complicado juego de la sucesión de poderes; con ello, no sólo declina de manera manifiesta el poder político del presidente y se anuncia el vencimiento del plazo constitucional de sus atribuciones y prerrogativas constitucionales, sino que, pareciera percibirse al menos, se perfila el fin definitivo de un régimen de dominación política en nuestro país, cuya vigencia resulta por demás cuestionable ya a la fecha, si no es que desde hace mucho tiempo atrás.

La administración en funciones emprendió transformaciones sin precedentes que han ido mucho más allá de lo que “los antiguos límites” dijérase en la terminología “masónica” de la “Constitución de Anderson”, pudieran aceptar o permitir.

Los contratos de riesgo, ideados en los países de la costa del Pacífico en el sur del continente, ante la realidad patente de que en dicha región del planeta no existe plataforma continental en sus litorales marítimos en virtud de la denominada “falla de San Andrés”, convirtiéndose, en consecuencia, la exploración y subsiguiente perforación marítima en una actividad revestida de un grado por demás considerable de complejidad técnica ingenieril; sin embrago, en los días que corren, se asignan entre nosotros a consorcios alemanes y egipcios para explotar yacimientos maduros en la zona terrestre de nuestro país.

Eduardo Guerrero Gutiérrez, especialista en tópicos de seguridad, ha expuesto el grave riesgo que trae consigo aparejada una actividad clandestina como es la concerniente a la extracción de hidrocarburos en los ductos de la empresa “Petróleos Mexicanos”, dada la extensión. ampliación y profundización de los actos violentos denominados de “acto impacto” en vastas regiones del centro del país.

Los indicios que vinculan a autoridades locales con los denominados “huachicoleros”, se hicieron manifiestos, en el caso específico de Puebla, desde los días de la detención de altos mandos de la policía estatal por parte de efectivos del ejército en el denominado “triángulo rojo”, episodio que tuvo como colofón la destitución del entonces secretario de seguridad pública Facundo Rosas Rosas.

En las inmediaciones de la caseta de San Martín Texmelucan, por lo demás, se habría dado, meses atrás, el trágico hecho de la muerte a mansalva de un niño de dos años y la violación de dos mujeres, una de ellas menor de edad, en un episodio que se relacionó con el robo de vehículos destinados a la trasportación criminal de “huachicol”; el incidente de marras, desembocó en una serie de equívocos por parte de la Policía Federal al momento de establecer responsabilidades, a raíz de lo cual, un detenido fue posteriormente puesto en libertar ocasionando con ello un clima de opinión adverso hacía el sistema penal acusatorio puesto en marcha en fechas por demás recientes; sistema de persecución del delito promovido por los organismos internacionales a partir de su adopción en Guatemala en 1996, en el marco delos acuerdos de paz en aquel país, en el que, dicho sea de paso, el referido sistema ha colapsado desde hace ya varios años.

Las reformas emprendidas por el gobierno actual, tanto en materia energética como judicial, pese a sus controversiales implicaciones y consecuencias, no parecieran ser la de mayor calado, carácter y condición que reviste al parecer la denominada “reforma educativa”, cuya reacción generó una movilización de repudio en las calles y caminos de todo el país de manera prácticamente permanente desde su aprobación y al parecer frustrada puesta en marcha y funcionamiento.

Movilización social que no encuentra precedente cercano en los anales de nuestra vida social al menos desde el señero año de 1968 como coincidiría en alguna entrevista reciente con un activista magisterial por demás reconocido en la vida del país como lo es el maestro Miguel Guerra Castillo.

Los alcances de la educación pública han sido objeto de un debate emplazado a escala planetaria, a partir de que los postulados humanistas de la UNESCO, consignados a partir del año 1990, en el programa denominado “Educación para Todos” signado por los diversos integrantes de la comunidad internacional en Jomtién, Tailandia; han sido objeto desde entonces, de una brutal hostilidad manifiesta por parte de los mandos ejecutivos de la OCDE, quiénes esgrimen criterios alejados del todo de las consideraciones educativas básicas y circunscritos a los criterios mercantiles y de austeridad presupuestal que ellos mismos se han encargado de poner en boga en todas las latitudes del globo terráqueo.

En torno al debate o conflicto- si acaso se prefiere el término- magisterial y educativo vivido a lo largo de los años recientes, resulta de obligada lectura del libro “EDUCAR PARA LA IGUALDAD SOCIAL ( aproximación a la nueva escuela mexicana)” de la autoría de nuestro amigo el ex gobernador de Tabasco Víctor Manuel Barceló Rodríguez, la referencia, que en dicha obra se hace al gran clásico contemporáneo de la pedagogía y la política educativa que es “FRANKENSTEIN EDUCADOR” del profesor Phillippe Meirieu, nos brinda enormes herramientas para dilucidar o al menos aproximarnos a una explicación aceptable de las consecuencias que la reforma en cuestión ha traído consigo y que nos permitiría empezar a avizorar posibles salida al enorme brete a la que la misma nos ha conducido.

Ante el trastorno en los equilibrios sociales y de gobierno entronizados con las principales reformas en marcha bajo la actual administración, la renovación de poderes en marcha se presenta con un grado enorme de complejidad sin precedente al menos para las actuales generaciones que habitan el país, y encierra un reto que exige a los mexicanos de hoy estar a la altura del reto que la historia nos presenta.

Fuente: http://www.e-consulta.com/opinion/2017-10-06/las-reformas-ante-la-renovacion-de-los-poderes

Imagen:  http://www.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2013/02/diputados0013-960×500.jpg

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¡Pobres niños!

Por: Elena Sánchez.

Hubo una época, cuando me encontraba en pleno desarrollo de mi trabajo docente, que era casi un dogma lo que se llamaba «educar para la libertad». Muchos artículos y libros hablaban del tema y de cómo conseguir que los niños fueran creciendo para que, ya mayores, fueran pacíficos ciudadanos, hacedores del bien común, autónomos en sus opiniones, responsables de sus actos y sin ingerencias de elementos foráneos en su recto entender y hacer. Todo muy válido y aplaudido por cualquier persona de bien. Pero, como suele ocurrir, la triste realidad de lo que hemos vivido en Cataluña muestra bien a las claras que aquel noble propósito ha derivado en violencia, degradación social y manipulación de la infancia.

Es el final de un largo proceso que comenzó bien pronto una vez alcanzada la democracia en nuestra Patria (ya se que no es un término correcto para hablar de España pero !allá ellos!).

Para entender cómo se ha podido llegar a esta aberración, consistente en la manipulación más soez de las conciencias, hay que partir de una premisa y sus consecuencias históricas. A partir del año 1975 y recuperadas las libertades de las que, efectivamente, estábamos privados durante años, fue un afán de los diversos Partidos Políticos el diseñar un Sistema Educativo que respondiera a los principios partidistas de cada uno. Así aparecen las siguientes leyes educativas: 1980: LOECE; 1985: LODE; 1990: LOGSE; 2002: LOCE; 2006: LOE; 2013: LOMCE… Puede que me quede alguna en el fondo de la memoria pero con las reseñadas bastan para explicar el desbarajuste educativo que nos ha tocado vivir.

Fuente: http://www.lagacetadesalamanca.es/opinion/2017/10/06/pobres-ninos/218462.html

Imagen: https://us.123rf.com/450wm/zurijeta/zurijeta1109/zurijeta110900393/10680508-ni-os-hambrientos-en-campamento-de-refugiados-distribuci-n-de-alimentos-humanitaria.jpg?ver=6

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​Colombia reemplaza a Chile.

En los últimos años la educación chilena ha perdido prestigio.

Por: León Trahtemberg.

Hasta hace una década, los organismos internacionales veían a Chile como el referente latinoamericano a seguir por parte del resto del continente, por la aplicación de reformas liberales en la educación y por sus resultados en PISA, encabezando a los países latinoamericanos participantes.

Sin embargo, en los últimos años la educación chilena ha perdido prestigio y en cambio se empieza a hacer más notoria la educación colombiana, que es más flexible, innovadora, participativa y estable. Cuenta además con un gremio magisterial con visión moderna en su acción política y pedagógica.

Colombia, por su Ley General de Educación de 1994 (Art. 72, Ley 115), cuenta cada diez años con un Plan Nacional de Desarrollo Educativo, preparado en coordinación con las entidades territoriales que formulan las acciones correspondientes para dar cumplimiento a los mandatos constitucionales y legales sobre la prestación del servicio educativo. En este momento están embarcados en el plan 2016-2026.

Si bien ha aumentado la cobertura, sigue teniendo problemas de financiamiento de la canasta educativa (infraestructura, transporte, alimentación) y de las áreas de música, ciencia y deporte. Tienen la misma enfermedad que todo el continente de argumentar ilusamente que la educación pública mejora (además, más que la privada) porque crecen en algo los resultados de las pruebas entrenables “Saber” de matemáticas y lectura (las ECE de ellos).

Sin embargo, tanto en la educación superior como en la básica exhiben instituciones innovadoras, universidades mejor rankeadas y un creciente reconocimiento internacional.

Fuente: https://diariocorreo.pe/opinion/colombia-reemplaza-chile-778161/

Imagen: http://www.elmostrador.cl/media/2014/04/igraportada_816x428.jpg

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Desaparecer la desaparición.

Por: Sergio Friedemann.

El límite de la desaparición es la memoria. Sin la construcción de memorias sociales o colectivas, la desaparición sería perfecta, inconmovible. ¿Sería, por tanto, efectiva? Los negacionistas no quieren negar la desaparición, anulándola. Quieren desaparecer la desaparición para afirmarla y dejarla en el pasado como un hecho trascurrido y ejemplificador.

El gobierno nacional parece empeñado en desaparecer la desaparición de Santiago Maldonado. La palabra “parece” no es casual. El Gobierno sabe que (ya) no puede desaparecer la desaparición. Solo quiere negarla para afirmarla, ya no como reclamo de cierta justicia a ser alcanzada, sino como acontecimiento del pasado que no necesariamente deja de ser justo. La lucha por la memoria de los desaparecidos es la lucha por la actualización de ese pasado en el presente. Siguen desaparecidos, luego el delito continúa. El hecho sigue sucediendo, no es mero pasado.

El gobierno nacional parece empeñado en desaparecer de los establecimientos educativos el tratamiento de la desaparición de Santiago Maldonado. Primero fue la escuela pública, más controlable. Luego fue la universidad, a través de una denuncia que pasó por el Ministerio Público Fiscal, el Ministerio de Educación, el rectorado de la UBA, para arribar finalmente a la Facultad de Filosofía y Letras. Desde lo jurídico, se trata de un claro intento por vulnerar la autonomía universitaria consagrada por la Constitución. Pero no es un avasallamiento centralmente jurídico, sino político y pedagógico. Por ello, más allá de la respuesta legal correspondiente, que bien ha anticipado la facultad, debemos dar el debate respecto de qué significa que la desaparición de personas no deba ser, según nuestros representantes, un tema a tratar en las aulas.

La educación no puede no ser política. No necesariamente partidista o panfletaria. Pero educar es formar al ciudadano: niño, joven y adulto. No da lo mismo que la desaparición de un joven, sucedida tras una represión estatal, sea tratada en las aulas o ignorada como si ello no tuviera que ver con la ciudadanía y los derechos humanos. El intento por desaparecer de las aulas a Santiago Maldonado es la instalación renovada del “algo habrá hecho”. La renovada figura del desaparecido-porque-algo-habrá-hecho, llega una vez más de la mano de la figura del enemigo interno y su conexión internacional: terroristas mapuches, parias antinacionales. ¿Con qué extranjería sería más redituable identificarlos? Si se trata de tocar la sensibilidad del argentino medio, la identificación del enemigo interno con los chilenos o los ingleses no parece casual.

Hoy en la Argentina hay presos políticos. Hay un desaparecido. Se construye la imagen del enemigo interno, del subversivo y del terrorista, con nuevas y viejas palabras. Se persigue al militante en sus lugares de trabajo, se lo estigmatiza. Se equipara toda figura de la otredad al gobierno anterior, al que a veces no se lo nombra. Se reduce todo lo hecho a la figura del robo, de lo apropiado. “Se robaron todo”, no refiere solo a los millones de López. Se robaron todo, todo lo que históricamente perteneció a una reducida élite: la posibilidad de vacacionar, de consumir. “Se creyeron que podían cambiar el celular todos los años”. Se robaron también el control de la moneda. Se robaron nuestra soja. Y los mapuches se quieren robar nuestra tierra, nuestra patria. Son lo mismo. “Se robaron la plata de nuestros impuestos para darles todo a esos negros”. Pero ahora cambiamos. Ya no. Ya nadie roba. Ya nadie nos dice lo que podemos hacer y dejar de hacer. Desaparecer al otro, y negarlo para afirmarlo, vuelve a ser posible.

Vulneran la autonomía, es cierto. Se meten con los docentes. Obstruyen la libre circulación de la palabra y quieren dirigirla. Pero no es simplemente evitar que se hable de Santiago en las aulas lo que buscan estos guardianes del olvido. Lo importante es el acto de repudiarlo, de igualarlo a la política, condenándola. El propósito no es desaparecer a Santiago de las aulas, sino hacer aparecer la figura del otro como enemigo. Lo más trágico no es la violación de la autonomía universitaria por parte del Estado, sino la recepción activa del mensaje por la sociedad. Si un conjunto amplio asume como propia la idea del enemigo interno, entonces hay hegemonía. La heteronomía de pensamiento de cierta ciudadanía que, inmersa en la humareda comunicacional, puede creer como cierta la idea de que la desaparición de Santiago o la persecución política de Milagro Sala son parte del “relato K”: esa es la gran victoria política de la nueva y vieja derecha: a su vez democrática y antidemocrática, consensual y autoritaria, hegemónica y coercitiva.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/67289-desaparecer-la-desaparicion

Imagen: https://media.minutouno.com/adjuntos/150/imagenes/028/447/0028447780.jpg

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