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Un libro escrito por alumnos sobre la experiencia del confinamiento

Por: Educación 3.0

El libro ‘Diario de un confinamiento en familia’, escrito por alumnos de 3º de Primaria del colegio San Enrique de Quart de Poblet (Valencia), se publicará en junio de 2020 con fines solidarios. En él, han narrado la vida de una familia imaginaria basándose en sus propias vivencias.

Durante la etapa de confinamiento han surgido interesantes proyectos educativos que han sacado a relucir la creatividad de docentes y estudiantes. Entre ellos destaca el llevado a cabo por 26 alumnos de 3º de Primaria del colegio San Enrique de Quart de Poblet (Valencia) que, ayudados por su profesor, han escrito un libro: Diario de un confinamiento en familia.

«Los niños escribían uno de sus días de confinamiento como si fuesen los protagonistas del libro, describiendo una familia imaginaria muy peculiar pero que representaría a cualquiera de nosotros. De esa forma repasaban aprendizajes de Lengua y de otras áreas mediante la realización de experimentos, retos y actividades divertidas», explica Francesc Nogales, quien ha coordinado el trabajo de sus estudiantes y destaca su utilidad para trabajar la competencia lingüística y comunicativa.

Ilustración de un alumno para el libro escrito por alumnos sobre el confinamiento

Diario de un confinamiento en familia

Además de ser los escritores, todos los alumnos han diseñado las ilustraciones del libro y han revisado los contenidos, repartiéndose los distintos roles dentro del proyecto: escritor, guionista, ilustrador, revisor y editor. “Hemos trabajado con documentos compartidos en la nube, en los que los estudiantes escribían y podían ver diariamente lo que otros compañeros redactaban. De esta manera, hemos participado todos de forma inclusiva y colaborativa utilizando las herramientas digitales que podíamos”, detalla el docente. Los alumnos que no podían participar de manera digital por no tener un ordenador enviaban su punto de vista con fotos o audios.

Los resultados han sido muy positivos, y el alumnado se ha volcado con la iniciativa.

«Me ha encantado, porque contando lo que hacemos nosotros podemos ayudar a otros niños que viven la misma situación», afirma Miquel Sánchez, uno de ellos, quien ha revisado también varios errores ortográficos de la obra. «Me ha gustado mucho escribir el libro, porque entre todos contábamos cosas que hemos hecho, actividades divertidísimas que nos enviaba el profe (que en el libro es una chica) y además será un recuerdo precioso de esta experiencia», comenta Adabella Carrasco, otra de las autoras.

El libro se publicará oficialmente durante el mes de junio 2020. Todos los beneficios que se recauden con la venta de ejemplares serán donados a la ONG Karit Solidarios por la Paz, que desarrolla proyectos de cooperación internacional en África, Asia y América Latina.

Otros proyectos literarios

Para estos niños es su primera experiencia publicando un libro, pero el Colegio San Enrique ya publicó hace un año ‘Las aventuras de Chip y Chap en el libro del agua’, realizado por otro curso también de Primaria. Para el centro, el fomento de la lectura y la escritura es fundamental y han trabajado en otros proyectos innovadores como ‘Reseña tu lectura’, en el que los estudiantes escriben en diversos medios de comunicación escrita y radiofónica valorando libros y recomendando lecturas.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/libro-escrito-por-alumnos-confinamiento/

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La Escuela rota

Por: Juan Carlos Miranda Arroyo

“La escuela que, como espacio de educación que se pretende, debiera ser lugar privilegiado de conocimiento (de uno mismo, de la realidad y del lugar de uno mismo en ella), se resuelve a veces en todo lo contrario: en el lugar que le aleja a uno de sí mismo, de los demás y de las cosas de verdad.”

Jaume Trill

La escuela no es un lugar; y si así fuera, convendría discutir esa idea. La escuela es un conjunto de relaciones sociales que se dan a propósito de la educación. La escuela no está compuesta de edificios, salones, mesabancos o canchas. No, la escuela es mucho más que infraestructura física, es decir, más que muros, pisos, ventanas o puertas. La escuela, el colegio, o la misma universidad, como institución, es la unión de colegas que imparten un programa académico; aunque en el caso de la universidad (o instituciones de educación superior), en ella no sólo se ejerce la docencia, sino también se desarrollan investigaciones científicas, tecnológicas y humanísticas, y se realizan actividades de difusión y extensión de la cultura.

La escuela está hecha de comunidad. Lo que le da sentido es la gente que se vincula de una manera singular (docentes, estudiantes, directivos, personal de apoyo, familias), no solamente para desarrollar aprendizajes, sino también para co-educar a las y los ciudadanos o futuros ciudadanos. La escuela es un espacio público que se ha construido para que se cumpla un derecho humano fundamental: el Derecho a la Educación. Por eso, la idea de “Colegio” nos remite a la re-unión de colegas. Debido a esta noción genérica, existen Colegios de Arquitectos, Colegios de Ingenieros o Colegios de Economistas, entre otros. Entonces, cuando pensamos en la escuela, por ejemplo, en una Primaria o en una Secundaria, hay que conceptualizarla como reunión de colegas, es decir, como una comunidad activa y consciente integrada por uno o varios profesionales de la educación, que lleva a cabo o aplica un programa académico dirigido a estudiantes con ciertas características; con determinadas reglas y ambientes para aprender.

Es interesante analizar, junto con los argumentos anteriores, el carácter histórico y contradictorio que ha registrado la escuela como institución del Estado y de la sociedad civil. “La escuela no ha existido siempre, ni necesariamente tiene que perpetuarse indefinidamente. Lo que sí ha existido siempre –y, como elemento consustancial que es de toda sociedad, seguirá existiendo- es la función educativa” (1)

Para construir a “la escuela”, no en un sentido físico sino educativo, y específicamente pedagógico, se requiere que docentes, directivos escolares, personal de apoyo, asesores técnicos, técnicos docentes, entre otros, junto con integrantes de las familias (no solamente mamás y papás), dediquen su experiencia, conocimientos, saberes, habilidades, hábitos y costumbres, para que se pongan al servicio de las niñas, los niños, los jóvenes (y de los adultos, en su caso), porque son los beneficiarios de este derecho esencial, que se ejerce a través de una institución que cuenta con planes, programas o proyectos educativos. Y donde la figura de la maestra o del maestro resulta fundamental.

Hemos pensado equivocadamente que la escuela “es un lugar”, pero en ocasiones con esa noción “geometricista” que a veces se tiene de ella, dejamos de pensar en las personas. Cuando decimos “vamos a la escuela”, seguramente nos imaginamos a un edificio que tiene aulas, baños o sanitarios, oficinas, una cancha o patio cívico, etc. Pero la escuela no es exactamente un espacio físico (en un sentido conceptual), sino el escenario que representa cierto tipo de relaciones sociales; justo en ese escenario se legitima “lo educativo”. (Lo que Trilla denomina “la función educativa”)

A propósito de esta argumentación (para polemizar acerca de si “la escuela es o no un lugar”), recuerdo que en alguna ocasión Jaume Trilla escribió: “La escuela como lugar puede tratarse desde dos perspectivas distintas: la que se centra en el estudio del espacio interior de la institución, y la que pretende estudiar las relaciones entre ella y el espacio exterior (o medio, entorno, territorio …)” (2). Consideramos a la escuela como un lugar que representa, por ejemplo, a una empresa productiva o social, que recreamos a través de talleres de oficios; también en la escuela simulamos prácticas sociales, como es el caso de la investigación científica (me refiero específicamente a algunas ciencias naturales) de la vida real, y eso lo hacemos a través de un laboratorio; o con la escuela se representa una situación social como una asamblea de trabajadores, cuando las y los estudiantes se ponen de acuerdo para demandar una serie de derechos.

En ese contexto, los exponentes más destacados del llamado “Reproductivismo” educativo, como Louis Althusser en Francia (1960-1968), consideraban que la Escuela (junto con la Iglesia y el Ejército) era una institución del Estado, que jugaba un papel clave para favorecer los procesos de reproducción de la ideología de la clase socialmente dominante. Se decía en esos tiempos, por ejemplo, que la escuela como institución servía como “correa de transmisión” para entrenar o moldear la conciencia de niñas, niños y jóvenes (NNyJ) estudiantes como futuros obreros o empleados asalariados.

Pero la escuela, al no ser un lugar simplemente, sino una relación entre personas a propósito de la educación formal (o no formal, como en la educación de adultos), en realidad se constituye en una comunidad en la que los más jóvenes desarrollan hábitos, conocimientos y saberes con la conducción de adultos -lo cual es sólo una descripción o una definición funcional- (E. Durkheim); aunque, además, la escuela es también un espacio de resistencia, de contracultura de las ideologías socialmente dominantes, de crítica frontal a los órdenes establecidos y núcleo social generador de conciencias libertarias.

En las condiciones actuales, en un contexto de contingencia o emergencia sanitaria como la que se vive en México y el mundo hoy, la escuela está rota. ¿Qué significa eso? ¿Acaso la escuela se ha detenido o se ha disuelto? ¿A poco las nuevas tecnologías de la información, la comunicación y el conocimiento no son suficientes para sustituirla o para dar continuidad a la enseñanza presencial? Son cuestiones que nos hemos planeado a lo largo de los dos últimos meses (desde el 17 de marzo), tiempo en que se ha impuesto el “receso escolar” más largo de nuestra historia educativa.

Es cierto que las niñas, los niños y los jóvenes estudiantes (NNyJE) en ningún momento han dejado de aprender, es decir, no se han mantenido inactivos en cuanto a conocimientos, habilidades o valores-actitudes se refiere, sin embargo, las relaciones sociales y de conocimiento que se despliegan en contextos escolares (en algún lugar, en algún espacio), se han roto. La socialización, por ejemplo, que juega un papel muy importante en las relaciones sociales escolares de la vida cotidiana, se encuentra interrumpida.

No hay duda que las y los estudiantes se comunican con sus pares, pero no es lo mismo que cuando se reúnen en un tiempo y en un espacio singular. De ahí la importancia de la escuela, no como lugar en sí, insisto, sino por todo lo que ésta representa. Cabe recordar que la “escolarización” es eso que sucede a las personas, socialmente, dentro de un contexto educativo y pedagógico delimitado. Por ello, decimos que la escuela cuenta con un cierto orden simbólico (horarios, hábitos, rutinas, procedimientos, tradiciones, lenguajes, códigos, narrativas, etc.), que otras instituciones del Estado y de la sociedad civil no tienen. La escuela opera en un contexto de saberes, reglas y lenguajes que otras instituciones sociales como la familia o el trabajo no consideran.

La escuela hoy está rota porque no todos los estudiantes se pueden comunicar con sus docentes, y éstos con sus pares. Aunque las autoridades educativas federales y estatales afirman que el programa “Aprende en casa” permite dar continuidad a los planes y programas de estudio, (oficialmente establecidos para llevarse a cabo en un determinado lugar y en determinadas condiciones), lo cierto es que la dinámica de las relaciones sociales escolares se encuentra fracturada.

Ciertamente, la figura del docente, es decir, de la profesora y del profesor, es definitiva en la constitución de la comunidad educativa. Durante una entrevista realizada en 2013, Ágnes Heller afirmó al respecto: “El profesor es, por definición, un intelectual, y su tarea es permitir que el alumno desarrolle sus capacidades y naturalezas. Tenemos bastantes problemas con las universidades modernas, en el mundo en general hay una burocracia creciente, donde las autoridades controlan a los docentes y los docentes a los alumnos. Por otro lado, la movilidad ascendente a través de la universidad se ha visto muy afectada en los últimos años, los hijos de los más humildes, los más pobres, casi no pueden acceder a pagar las cuotas. Sé que en Argentina la universidad es gratuita, pero en muchas partes del mundo no es así…” (3)

Así, el papel de las y los docentes en nuestra institución educativa predilecta, la llamada “escuela”, se encuentra en zona crítica, de ruptura. La reconstrucción de la vida escolar será difícil de lograr en estas circunstancias. En ese sentido, coincido con Trilla: “La escuela está para enseñar lo que no puede aprenderse directamente. Es por eso que una escuela que fuese un reflejo exacto y fidedigno de su entorno sería una escuela perfectamente prescindible. Por decirlo de otra manera, la escuela tiene el deber de ser, al menos, un poco mejor que sus alrededores.” (4)

Fuentes consultadas:

(1) Jaume Trilla. (2003) La educación fuera de la escuela. Ed. Ariel.

(2) Jaume Trilla (2004) Los alrededores de la escuela. Revista Española de Pedagogía. Año LXII, n.º 228, 305-324.

(3) Entrevista a Agnes Heller: https://www.pagina12.com.ar/71276-las-autoridades-controlan-a-los-docentes

(4) Jaume Trilla (misma obra)

jcmqro3@yahoo.com

@jcma23

Fuente e Imagen: https://profelandia.com/la-escuela-rota/

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La pandemia como catalizador de una nueva cultura laboral

Por: Paola Estrada Villafuerte

El trabajo remoto está forzando un cambio en la rutina laboral y muchas personas se están planteando si desean regresar a la oficina cuando el confinamiento termine.

Millones de trabajadores y trabajadoras están participando en un experimento sin precedentes que ha transformado la manera en vemos la oficina. Según una encuesta realizada por Gallup, el 62 % de los americanos empleados dicen que han trabajado desde casa durante la crisis sanitaria, un número que se ha duplicado desde mediados de marzo. Incluso, empresas como Nationwide Insurance ya adoptaron estas medidas y han decidido hacer de los turnos de trabajo remoto una modalidad permanente.

Muchas personas se preguntan si estos cambios establecerán un precedente para el nuevo futuro del trabajo de oficina tal y como lo conocemos. Business Insider prevé que el concepto mismo se transformará de un lugar al que vas todos los días a un centro más bien pensado para reuniones y trabajo colaborativo. Bajo este nuevo concepto, el resto de tu semana laboral probablemente será llevada a cabo en tu propio hogar, siendo que diversas firmas de arquitectos ya se encuentran diseñando los planos de oficina del futuro cercano y las compañías están discutiendo cuánto espacio de oficina realmente necesitan. “El regreso a la oficina probablemente estará marcado por dos olas: antes de una vacuna y después de una vacuna. A corto plazo, las oficinas se sentirán más vacías que antes a medida que las personas regresen por turnos a lugares de trabajo con más espacios privados, cubículos separados por pantallas de plástico y pasillos señalizados para el tráfico de una sola dirección. A largo plazo, la oficina podría convertirse en la columna vertebral social de una empresa, mientras que el trabajo individual centrado se llevará a cabo de forma remota», plantea Alex Nicoll.

“A medida que se intensifica el impulso para reabrir la economía del país, también lo hacen los sentimientos de temor ante la idea de regresar a la oficina”.

Desde que las personas se están adaptando a sus rutinas dentro del hogar, las playlists de lo-fi hiphop en Spotify para acompañar el home office se vuelven cada vez más populares y muchas personas desean que este cambio sea un estilo de trabajo que se mantenga después de la cuarentena. Encuestas revelan que tres de cada cinco trabajadores estadounidenses que han realizado su trabajo desde casa durante la pandemia preferirían continuar trabajando de forma remota tanto como sea posible.

¿Cuáles son los beneficios del home office?

Varias personas han encontrado que sus niveles de productividad y eficiencia han mejorado durante su acercamiento al teletrabajo. “A medida que se intensifica el impulso para reabrir la economía del país, también lo hacen los sentimientos de temor ante la idea de regresar a la oficina”, dijo el profesor y antropólogo, Jeff Anderson para The New York Times. Los que mejor se han desarrollado trabajando vía online, temen que los beneficios encontrados desaparezcan una vez termine el confinamiento.

Un estudio realizado por IBM el pasado mes de abril, donde se encuestó a más de 25,000 estadounidenses, explica los cambios en el comportamiento personal resultantes de la crisis. Se demostró que tres de cada cuatro trabajadores indican que les gustaría continuar trabajando remotamente al menos ocasionalmente, mientras que más de la mitad, el 54 por ciento, quisiera que esta sea su forma principal de trabajo.

Esta modalidad online, además de ser preferida por muchos, también ha sido señalada por varios expertos como una vía alternativa más saludable a la oficina habitual. Estudios revelan que los trabajadores remotos a tiempo completo son un 22 % más felices que aquellos en oficinas presenciales. También reportan una mejor concentración, menos estrés y un 43 % de mayor productividad. Además, el trabajo desde casa no sólo ofrece aspectos positivos a los trabajadores, siendo que las empresas pueden ahorrar en la renta de menores espacios para las oficinas de reuniones ocasionales.

Algunos de los beneficios que The New York Times atribuye al home office son:

  • Ahorro en vivienda y transporte, dado que al laborar en línea se les permite vivir fuera de la ciudad.

  • Menos tiempo en el tráfico, constantemente relacionado a mayores índices de estrés y contaminación.

  • Mayor productividad.

  • Por supuesto, menor riesgo de contagio.

El teletrabajo y la interacción social

Por otro lado, mientras que el trabajo remoto representa una gran opción para familias primerizas, personas con discapacidades y para quienes viven en zonas retiradas, algunos no están totalmente convencidos con este nuevo sistema. A pesar de las ventajas que ofrece, también hay estudios que demuestran que la productividad extra que provee el teletrabajo, también trae consigo bajas en la creatividad y el pensamiento innovador, ya que trabajar aisladamente puede llegar a ser solitario. Muchas de las personas que no se encuentran maravilladas con el home office, reportan una mayor dificultad a la hora de separar el hogar del trabajo. “Falta un elemento de interacción social que es realmente importante”, dijo Laszlo Bock, director ejecutivo de Humu, una nueva empresa de recursos humanos de Silicon Valley.

Desafortunadamente, la normativa sexista dentro de la oficina también se hace presente en el trabajo remoto. En reuniones por videollamada, muchas mujeres se ven constantemente interrumpidas e ignoradas. «Me interrumpen como tres veces y luego trato de hablar de nuevo y otras dos personas están hablando al mismo tiempo interrumpiéndose mutuamente», dijo Mallick, jefa de diversidad e inclusión de la empresa de bienes de consumo, Unilever.

Trabajo remoto y homeschooling

A esto podemos agregar la muy distinta experiencia que están teniendo las familias con hijos con el trabajo remoto, quienes están haciendo frente al reto de la educación desde casa mientras que al mismo tiempo deben cumplir con las obligaciones de la oficina y del trabajo doméstico. En un panorama donde las mujeres son quienes llevan a cabo la mayoría de las labores domésticas, las madres del hogar están experimentando estas dificultades de manera más aguda. Ann Vegdahl, quien trabaja en la academia en la ciudad de Nueva York, y su esposo, ingeniero de software, tienen un hijo de dos años y ella está embarazada de siete meses. Antes de la pandemia, su hijo generalmente estaba en la guardería durante las ocho horas laborales, pero ahora los tres están en casa juntos. Ahora, Vegdahl estima que solo está logrando entre el 40 y el 50 por ciento de su carga de trabajo habitual, así lo plantea para Vox.

Algunas madres trabajadoras se ven envueltas en la forzosa priorización de empleos. «¿Qué reunión es más importante a las 10 a.m.? Es como pelear sobre qué película vas a ver, pero con tu trabajo y tu ego y tu bienestar mental en juego», mencionó Nan Krafft. Según la doctora Alina Salganicoff, directora de política de salud de la mujer en Kaiser, las mujeres algunas veces suelen ganar menos dinero debido a las responsabilidades laborales domésticas, lo que significa que cuando las parejas deben decidir qué trabajo será afectado, es más probable que sea el de ella.

“Para que el trabajo remoto sea exitoso, los empleadores deben proporcionar el equipo adecuado y soporte extra”.

Los retos para las familias que cuentan con el privilegio de trabajar desde casa se han vuelto una nueva realidad y estos se disparan aún más en familias monoparentales, niños con necesidades especiales, aquellas que no tienen hogar y personas  para quienes el teletrabajo no es una opción. Si agregamos factores como la crisis financiera actual y la falta de equipo necesario para trabajar online, la brecha equitativa se abre aún más.

Se debe señalar que el home office ha sido un escenario inalcanzable para todos los trabajadores de salud, personal de emergencias y supermercados, considerados personal esencial. También, para los más de 30 millones de americanos que han perdido su trabajo y los 346 mil empleos reportados por la STPS en México que se han visto recortados y desafiliados del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado).

El trabajo remoto requiere equipo y soporte adecuados

Definitivamente, la empleabilidad remota es un modelo que no muchos pueden darse el lujo de experimentar. Y para algunas empresas que se han visto presionadas en la transición online, esta se presenta como un reto que no están seguros de poder cumplir. En una encuesta realizada por IBM, se observa que más de la mitad de los CEOs en Estados Unidos no se sienten capacitados en materia de habilidades y recursos humanos necesarios para ejecutar sus estrategias comerciales a través del home office. Igualmente, un estudio demuestra que 6 de cada 10 trabajadores mexicanos creen que las compañías no están preparadas para adaptarse a esta modalidad de trabajo. Su preocupación es válida, puesto que, como Forbes plantea, el trabajo remoto, como cualquier tipo de trabajo, requiere de unas condiciones especiales para hacerlo funcionar. “Para que este sea exitoso, los empleadores deben proporcionar el equipo adecuado y soporte extra”, dijo Laurel Farrer, directora ejecutiva de Distribute Consulting, una firma de consultoría de negocios. “Y los empleados deben poder realizar el trabajo sin supervisión”.

Algunos expertos plantean que mientras la transición completa al trabajo desde casa no es el objetivo, establecer ciertos turnos ocasionales de trabajo remoto, idealmente de uno a dos días, podría traer muchos beneficios a la cultura laboral. Los empleados mencionan también que esta experiencia ha invitado a los directivos a un panorama más comprensivo y flexible. A muchas personas les gustaría que este ambiente se mantenga post-pandemia. «Hay una versión más suave, sin filtro y más honesta de nosotros mismos que estoy disfrutando de conocer», dijo Benetua-Rolens. “Hay espacio para ser indulgentes y comprensivos entre nosotros y con nosotros mismos. Y es porque todos hemos tenido que ajustarnos”. Rico Sisney, quien trabaja para Greenpeace USA, dice que le gustaría seguir viendo los tipos de correos electrónicos que su organización ha estado enviando últimamente para alentar a los empleados a tomar caminatas y pequeños descansos.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/trabajo-remoto-postcovid19

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Tras el confinamiento, estos serían los beneficios de acudir a un campamento para un niño

Por: Carlota Fominaya

Tras unos meses de aislamiento, muchos niños han podido volver atrás en su desarrollo en diferentes aspectos y este recurso podría ser muy beneficioso para ellos, indican los psicólogos.

¿Ir a un campamento este año? La respuesta es que, si se permite su celebración, después de dos meses confinados en casa sin moverse y sin hacer apenas deporte, ni socializar, los niños necesitan salir a jugar, verse con sus iguales, sentirse seguros, arropados, queridos y rodeados de diversión. «Tras unos meses de aislamiento, muchos niños han podido volver atrás en su desarrollo en diferentes aspectos y los campamentos podrían ser un recurso muy necesario para ellos», explica Nuria García Alonso de la Torre, psicóloga infantojuvenil y fundadora de Ayudarte estudio de Psicología.

Para esta experta, estos serían los beneficios para un niño de acudir a un campamento, siempre y cuando se cuenten con las condiciones higiénico sanitarias debidas:

-Mejoran el bienestar físico: Después de tantos meses de aislamiento o salidas limitadas, los niños necesitan volver a correr, saltar y tener la vida activa que no les ha permitido este encierro.

-Incrementan el bienestar mental: Ir a un campamento mejora la salud mental de los niños y logra prevenir o ayudar a mejorar trastornos mentales tanto antes como los que hayan podido venir derivados de este encierro como depresión o ansiedad por estar aislados y encerrados del resto de personas.

 -Potencian la socialización: Los niños necesitan estar cara a cara con otros niños. Las videollamadas nos permite estar en contacto con los demás, sin embargo no todos los niños han podido hablar con sus amigos o no se sienten cómodos o llegan a estar saturados por comunicarse exclusivamente a través de ese medio (por no estar tan acostumbrados).

 -Aumentan la autonomía: Estos meses han podido llegar a generar cierta dependencia del núcleo familiar y es importante ayudarles a que vuelvan a realizar tareas por sí mismos y se sientan preparados para asumir nuevos retos.

-Fortalecer una autoestima sana: Los campamentos permiten que asuman nuevas responsabilidades, tener nuevos logros y sentirse valorados porque alcanzan otros éxitos diferentes a los conseguidos durante estos meses.

-Promueve nuevos aprendizajes: Hasta ahora la formación ha tenido que ser a través de un ordenador, es importante que vuelvan a sentir curiosidad y otra persona que les guíe en su aprendizaje, además de su familia o su tutor. Necesitan nuevos estímulos, metodologías y retos educativos, al margen del curriculum escolar.

-Descubrir nuevos talentos: Estar en un ambiente diferente, permite el autoconocimiento y explorar otras cualidades que pueden no haber aparecido en situaciones ordinarias como verse a uno/a mismo/a más generoso/a, líder etc.

Fuente e Imagen: https://www.abc.es/familia/educacion/abci-tras-confinamiento-estos-serian-beneficios-acudir-campamento-para-nino-202005130154_noticia.html

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Levantar la voz ante el cerco de la violencia

Por: Roberto Patiño

El modelo tiránico del régimen asedia a los venezolanos con violencia, colapso, crisis hiperinflacionaria y escasez casi total de combustible. La coyuntura de la cuarentena preventiva mundial para frenar el contagio del covid-19 ha sido instrumentalizada por la dictadura para reforzar sus sistemas de control y censura mediática, así como para invisibilizar el descontento y la protesta.

La sociedad es desbordada por la situación. Ante la orfandad de instituciones públicas, coaptadas por el poder, la labor de ONG y redes de apoyo civiles representa la única opción de solidaridad y ayuda para la inmensa mayoría. Aunque estas organizaciones y redes tienen capacidades materiales y logísticas limitadas, de igual forma tienen un papel fundamental para la gente, ya que muchas veces son las únicas instituciones que visibilizan y reconocen a la persona y su situación.

Así lo expresa uno de nuestros líderes del Movimiento Caracas Mi Convive: “El saber que cuento con un equipo que me oye en un momento duro, el recibir un mensaje por parte de ustedes preguntando cómo estoy, cómo me siento… Eso tiene más significado para mí…”.

Esta labor toma un mayor sentido en el actual contexto de libertades cercenadas y violencia promovidas desde el Estado.  En días recientes la comunidad de Petare ha vivido enfrentamientos entre bandas armadas, derivados de las nefastas políticas de “zonas de paz” propiciadas por la dictadura. Muchos han tenido que huir de sus hogares, como si fueran refugiados de sus propios barrios. El silencio y la inacción oficial de los primeros días ha dado paso, el viernes 8 de mayo en la madrugada, a la intervención de grupos del Cicpc y las FAES, que nuevamente han actuado violando derechos humanos, en medio de denuncias de detenciones ilegales y ajusticiamientos.

En este sentido, desde Alimenta la Solidaridad, hemos alertado sobre estos hechos, en particular la detención ilegal de Junior Pantoja, un líder social de la comunidad de José Félix Ribas, con una reconocida labor de ayuda en el barrio, en el que participa en el funcionamiento y coordinación de los comedores de nuestro emprendimiento en esa zona.

La detención de Junior repite el patrón de persecución y criminalización de activistas de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, en una política análoga a los sistemas totalitarios.

Esta es otra expresión del cerco de violencia que, desde el régimen opresor, busca arropar a todos los ciudadanos para generar conflicto, rabia, impotencia, anomia. Desde Caracas Mi Convive reiteramos la necesidad de contrarrestar estas políticas inhumanas y crueles desde los valores convivenciales. Por ello utilizamos nuestra plataforma para visibilizar la situación de personas que, como Junior, son agredidos y violentados desde el poder.

Nuestro llamado es a tomar conciencia de la gravísima realidad de represión y violaciones de los derechos humanos que se ha agudizado bajo el manto de la cuarentena.  Debemos sumar voces de denuncia y demanda que deben elevarse por sobre la violencia que el régimen ha establecido como única vía para mantenerse en el poder.

Fuente: https://www.elnacional.com/opinion/levantar-la-voz-ante-el-cerco-de-la-violencia/

Imagen: www_slon_pics en Pixabay

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Historias humanas y resiliencia

“Más que seres de carne y hueso, las personas somos seres hechos de emociones que se convierten en una narrativa” – Regina Freyman

Los educadores son mentores que acompañan y forman a los héroes del futuro. Todos los días, maestras y maestros se arriesgan a través de una pantalla a motivar a su alumnado a ser la mejor versión de su propia historia. De acuerdo con la experta Regina Freyman, más que seres de carne y hueso, las personas somos seres hechos de emociones que se convierten en una narrativa, la cual hace posible que nos levantemos todos los días para escribir nuestra historia de vida. Así lo explicó Regina en nuestro webinar. Si no tuviste oportunidad de seguirlo en vivo lo puedes consultar aquí, cada segundo de este webinar vale oro.

La pandemia por COVID-19 y el confinamiento que vivimos, nos ‘quitaron’ la libertad de salir de casa para realizar las actividades que nos gustan, para reunirnos con la gente que más amamos, la familia y los amigos. Nos sentimos atemorizados de perder la salud o la vida misma. Hoy más que nunca nos aferrados a vivir y comprender, ¿por qué un virus nos tiene encerrados? Esto nos hace replantearnos la vida, el trabajo y nuestro papel en esta nueva realidad.

Si aprendemos a contar una historia de unidad y resiliencia saldremos victoriosos de la crisis que vivimos por COVID-19 y de cualquier otra. La humanidad necesita recuperar la posibilidad de contar historias colectivas que nos ayuden a comprender que somos uno con el entorno y que entre nosotros estamos ligados como neuronas de un gran cerebro colectivo, así lo explica Regina en esta sesión de gran inspiración para todos lo que seguimos el webinar.

“La idea de narrar nos da coherencia poniendo al dolor en palabras, sacándolo de ti lo puedes ver con claridad y perspectiva, convirtiéndolo en algo manejable que tiene límites y rostros. Narrar un suceso traumático nos hace superar la agonía”.

A continuación, te comparto un resumen de los conceptos principales que nos compartió Regina en la sesión en vivo o también puedes revisarlos con mayor profundidad en el video.

  • La resiliencia es un concepto que proviene de la Física. Es la capacidad que tienen los metales para amoldarse fácilmente a la estructura que los contiene. En este sentido, la resiliencia es la capacidad que tiene una persona de adaptarse a nuevas situaciones.

  • El relato es la única forma de reconstruir y poner orden al dolor sin palabras. Sin ser conscientes de ello, todos los días nos relatamos algo que nos ayude a salir adelante y darle sentido a la situación que vivimos.

  • Un maestro es un tutor explícito de resiliencia. Por ello su labor es tan importante.

  • Existen tres factores que impiden la resiliencia: el aislamiento afectivo, la falta de sentido y la vergüenza.

  • Tipos de resiliencia: nula, recuperación de la capacidad de vivir y compensatoria.

  • Antes de contar algo, en la mente revolotean mil ideas y en el cuerpo mil señales, a eso se le llama relato preverbal. ¿Qué te dicen los relatos preverbales de tus alumnos y el tuyo mismo? ¿Cómo manifiesta el cuerpo y el lenguaje no verbal el relato por venir?

  • Una vez que las ideas se ordenan y escuchamos a nuestro cuerpo, surge una voz interior que se expresa, a eso se le llama relato solitario. Los maestros, las familias y los líderes podemos influir enormemente en la construcción de esa historia.

  • Una vez que exteriorizamos la historia de lo que somos, de nuestros sueños y anhelos nos sentimos capaces de compartirlos. Todos nos necesitamos para contar una historia, a esto se le llama relatos compartidos.

  • La cultura es un murmullo, miles de voces que se acomodan para contar nuestra historia social, la de familia, la de la comunidad, la del país, la del mundo incluso. A eso se le llaman relatos colectivos.

Revive este webinar que nos ayudó a descubrir por qué la inteligencia emocional se sostiene sobre la capacidad de contar la mejor historia posible cada vez que nos enfrentamos a un conflicto o a una crisis. Una historia es capaz de cambiar al mundo. De hecho, es lo único que siempre lo ha logrado.

Regina Freyman es adicta… a las historias. Sabe por experiencia que las historia salvan, desde el divorcio de sus padres hasta la dolorosa muerte de su hermana. En busca de palabras estudió letras en la UNAM, se especializó en cuento en la IBERO y tiene 15 años narrando la vida desde el TEC.

Fuente: https://observatorio.tec.mx/edu-news/historias-humanas-y-resiliencia?utm_source=Observatorio+Facebook&utm_campaign=fae6046f02-EMAIL_CAMPAIGN_2019_01_15_LDTEC_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_613c71fb67-fae6046f02-236904343

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Google, doctrina del shock y liquidación de la escuela pública

 

Las plataformas educativas no son “herramientas pedagógicas”, sino espacios virtuales cuya estandarización bajo el control de los grandes gigantes tecnológicos puede llevar a la desaparición de la escuela pública.

Como viene recordándose estas últimas semanas, los momentos de crisis y excepcionalidad son aprovechados por el poder, según advertía Naomi Klein hace ya algunos años, para imponer a la ciudadanía ―temerosa y preocupada por los problemas inmediatos que tales situaciones suponen― los cambios estructurales que necesita el capital para perpetuar las relaciones de dominación que nos han llevado al decadente mundo que habitamos. El shock que ha sufrido la escuela pública con motivo del actual estado de alarma teniendo que, de la noche a la mañana, reestructurar todo su trabajo en base a la docencia telemática puede considerarse, sin duda, un caso particular de esa excepcionalidad “crítica” a la que nos referimos.

Al menos desde la administración educativa que conozco, la aragonesa, la manera en que se ha afrontado esta situación ha estado, en términos generales, caracterizada por la ausencia total de organización, dejando a los equipos directivos y a los y las docentes totalmente desvalidos y arrojados a una lógica, la del mercado, en cuyos parámetros los grandes gigantes tecnológicos ―como Google y su plataforma G-Suite― tienen todas las de ganar. Los tiempos y los “valores” del capital han “colonizado” nuestro horizonte ético y pedagógico y ―sometidos tanto al shock vírico como a la necesidad de seguir siendo productivos― las decisiones acerca de cómo continuar con nuestra labor docente han acabado por tomarse en base a criterios que nos empujan a perpetuar aquellos “valores” y lógicas que, como decíamos, nos han llevado a la situación actual: rentabilidad, productividad, inmediatez…

Esta situación ha generado, al menos, dos consecuencias negativas.

Por un lado, estamos proveyendo a estos gigantes tecnológicos de una mercancía prácticamente inagotable en un sistema basado en la escolarización obligatoria hasta los 16 años (en el caso del Estado español): toda la comunidad educativa (no solo el alumnado). La mercancía a la que nos referimos es, como sabemos, nuestros datos. ¿Llegará un día ―si no ha llegado ya― en que las grandes empresas y agencias de empleo compren a Google los datos y valoraciones individuales de nuestro alumnado que los y las docentes, tan ingenuamente, compartimos en Google Drive? Si tenemos en cuenta, además, la tendencia general a afirmar la necesidad de que, cada vez más, todo trabajador o trabajadora ―formarlos es el cometido fundamental de la educación― va a tener que estar sometido a un proceso continuo de aprendizaje a lo largo de toda su vida laboral, el botín se vuelve mucho más suculento.

Por otro, la asunción de, fundamentalmente, G-Suite como un estándar educativo supone convertir la escuela pública en un espacio de “formación” de consumidores ―tanto de los productos de Google como en términos generales― en un sentido fuerte de la palabra: aquellos cuyos hábitos de consumo se basan exclusivamente en criterios económicos, de utilidad, de inmediatez y de autosatisfacción. Nunca en base a criterios éticos. La economía, según el credo liberal, no tiene nada que ver con la ética, sino con las “leyes del mercado”, de la rentabilidad y de la productividad y, por tanto, las prácticas de consumo, tampoco. Eso estamos “enseñando”.

¿Imaginan un mundo en donde tanto la estructura educativa como los contenidos obligatorios que se imparten en la escuela estuvieran controlados por los algoritmos del gigante tecnológico?

“ESPACIOS VIRTUALES” Y PRIVATIZACIÓN DE LA ESCUELA PÚBLICA

Pero además de estas consecuencias ―ya advertidas desde hace tiempo― creo necesario destacar que las plataformas como G-Suite no son “herramientas pedagógicas” en sentido estricto, como puedan serlo los libros de texto (sobre los que también habría mucho que decir). Lo que en realidad suponen es la creación de un espacio pedagógico, en este caso virtual, que está aprovechando la actual situación para profundizar su presencia en la escuela pública y mostrar su carácter necesario (sin alternativa posible). Un espacio, obviamente, privado y sujeto a la lógica del capital que ya conocemos.

Si, como suelen repetir generación tras generación, los y las alumnas ven la escuela como una cárcel, es decir, como un dispositivo de encierro, vigilancia y disciplina (y eso sin necesidad de saber quién es Foucault), el nuevo espacio educativo virtual supone una actualización de tales dispositivos. Pero no es objetivo de este texto desarrollar esta idea. Sí lo es, sin embargo, el subrayar que, si de una u otra manera todavía confiamos en que lo estatal pueda hacer frente a los intereses del poder económico, la cuestión toma tintes aún más dramáticos si dichos dispositivos los dejamos en manos de grandes plataformas de carácter privado como G-Suite.

La repetición constante de que el actual escenario pandémico puede repetirse en el futuro es un dato difícilmente refutable. Y a partir de él es perfectamente factible ―vía doctrina del shock― que se profundice paulatinamente en la creación de un espacio pedagógico virtual que vaya ampliando su relevancia en detrimento del espacio físico de la escuela. Un proceso que en estas semanas ha dado un paso gigantesco pero que ya lleva gestándose desde hace años.

¿Es descabellado pensar en la posibilidad de que la escuela física acabe por ceder su centralidad al espacio virtual creado por las plataformas educativas? ¿Podría llegar el caso de que, incluso, la sustituyera?

¿Es descabellado, por tanto, pensar en la posibilidad de que la escuela física acabe por ceder su centralidad al espacio virtual creado por las plataformas educativas? ¿Podría llegar el caso de que, incluso, la sustituyera? ¿Qué sentido tendría entonces la existencia de diferentes escuelas en diferentes barrios y poblaciones? ¿No sería más adecuado, llegado el caso, que existiera una única escuela basada en criterios técnicos que, consecuentemente, diera la espalda por completo a los problemas que se dan en los contextos sociales en los que las escuelas ejercen su labor? ¿Y qué ocurriría con la escuela pública si tal espacio único se trasladase en su totalidad a empresas como Google? ¿Imaginan un mundo en donde tanto la estructura educativa como los contenidos obligatorios que se imparten en la escuela estuvieran controlados por los algoritmos del gigante tecnológico? La expresión “pensamiento único” supondría una interpretación, sin duda, optimista de tal escenario. En definitiva ―y paralelamente al proceso de privatización de la escuela pública que estamos presenciando desde hace años― a lo que estaríamos asistiendo sería a una educación que pasaría de pertenecer al ámbito de los derechos fundamentales a hacerlo al de los servicios; y sus “usuarios”, de ser ciudadanos y ciudadanas a ser clientes. No creo necesario extenderme en lo que todo ello implicaría.

Al margen de que, en opinión de quien esto escribe, el contacto directo entre profesorado y alumnado es un elemento insustituible del proceso educativo, es responsabilidad de la administración educativa ―dado que estamos hablando de la escuela pública― el facilitar un espacio virtual seguro y ético, como lo es el de facilitar un espacio físico. Sin cerrar los ojos a la posibilidad muy real de que el propio Estado pudiera aprovechar tales espacios para ejercer un control férreo de los procesos educativos y de lo que a través de ellos se discute y se cuestiona, el dejar en manos de gigantes tecnológicos dicho espacio no supone más que la privatización de facto de la escuela pública y el sometimiento de ésta a las lógicas e intereses del sector privado.

Pero, ¿y si la administración educativa, como está sucediendo, no cumple con esa responsabilidad fundamental?

EL PAPEL DE LA COMUNIDAD EDUCATIVA

Sabemos que el Estado representa, en muchas ocasiones, una extensión de los intereses del capital y, por tanto, nuestra responsabilidad, como comunidad educativa y como sociedad civil, es la de tratar de, especialmente en momentos como el actual, frenar las lógicas autoritarias que representa. Si el Estado no cumple con sus obligaciones con la comunidad educativa, plegándose a los intereses del poder económico, se debería actuar en consecuencia.

Cuesta entender, por tanto, porqué colectivos e individuos que hacen de la defensa de lo público y de la cooperación como forma no solo de salir de la crisis actual, sino también de construir un mundo alejado de la explotación y el individualismo capitalistas, desarrollan su trabajo a través de herramientas que, no solo de manera simbólica, representan la voracidad, el individualismo y la disolución de la privacidad y, muy probablemente, de las libertades individuales y colectivas. Cuesta, en definitiva, entender que las herramientas educativas de Google se hayan convertido, casi sin oposición, en un estándar educativo entre el profesorado y los centros sabiendo, por ejemplo, que dicha empresa, a través de su plataforma G- Suite, “recopila datos sobre la localización de los menores, las páginas web que visita, sus grabaciones de voz y su agenda de contactos”. El Estado y, en este caso, la administración educativa, no deben convertirse en el chivo expiatorio de nuestras responsabilidades. Y cuando optamos por utilizar G-Suite en nombre de lo fácil e intuitivo que resulta, de su utilidad y de su carácter “gratuito”, estamos, precisamente, tomando la decisión de someter la escuela pública al esquema de valores del capital escudados en que el Estado no está cumpliendo con su deber (como si eso fuera algo nuevo), cuando no, directamente, contribuyendo a la privatización de la escuela pública.

Si la administración está permitiendo la “naturalización” de una situación que va contra los valores más básicos que deben regir la escuela pública, nuestra responsabilidad es la de responder con contundencia.

No hay ninguna duda de que, en este caso concreto, la responsabilidad de las administraciones educativas está por encima de todas las demás ―ya sean individuales o colectivas―, pero el silencio y el conformismo con el que la comunidad educativa está respondiendo ante este nuevo episodio de la ofensiva neoliberal debe también ser objeto de crítica. ¿Y si el alumnado y sus familias se negaran a hacer uso de aquellas plataformas que invaden descaradamente sus derechos? ¿Y si el profesorado, paralelamente, se hubiera negado a realizar todo trabajo telemático hasta no contar con una plataforma ética proporcionada por la administración para la realización de dicho trabajo? ¿Consentiríamos que Ikea nos suministrara gratuitamente mobiliario escolar bajo la condición de poder poner cámaras y micrófonos en las aulas? ¿Consentiríamos que Coca-Cola o Telepizza ―lo sé, es un mal ejemplo, lo que lo hace aún más relevante― hicieran lo mismo en nuestros comedores escolares? Es más, ¿consentiríamos que las administraciones educativas no facilitaran los espacios físicos necesarios para la escuela pública y tuvieran que ser los equipos directivos o, incluso, los y las docentes las que tuvieran que buscar esos espacios? ¿Optaríamos por hacer uso de locales propiedad de fondos buitre a cambio de convertir nuestra privacidad y nuestras vidas en mercancía? Con seguridad ―al menos de momento― los y las docentes nos negaríamos en redondo a realizar nuestro trabajo en tales circunstancias. ¿Por qué entonces lo consentimos, sin ni siquiera alzar la voz, cuando se trata de espacios virtuales?

Desgraciadamente, ni la comunidad educativa ni los sindicatos están/estamos teniendo en cuenta lo suficiente la gravedad de la situación. Y, a pesar de que se nos repite machaconamente que estamos ante una encrucijada que supondrá cambios drásticos en nuestras sociedades, estamos dejando, en lo que se refiere a la escuela pública, que ese nuevo mundo lo construyan gigantes tecnológicos como Google. Alternativas hay. No hay que olvidarlo. Y si la administración ―a sabiendas o no― está permitiendo la “naturalización” de una situación que va contra los valores más básicos que deben regir una escuela pública y democrática, nuestra responsabilidad es la de responder con contundencia.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/google-doctrina-del-shock-y-liquidacion-de-la-escuela-publica

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