Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz
Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz
Por: Juan J. Paz y Miño Cepeda
En los últimos años se ha despertado en el mundo una preocupación creciente sobre las desigualdades sociales, en su más amplia consideración, pues no solo se incluye la desigualdad en cuanto al reparto de la riqueza, sino también otras formas de ésta en la vida contemporánea. Pero, sin duda, las desigualdades económicas son las que golpean, con una fuerza impactante, a millones de seres humanos.
En el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), realizado del pasado 21 al 24 de enero (2020), la élite de negocios que normalmente asiste recibió un comunicado del grupo “Millonaires against pitchforks” (https://bit.ly/2SgaHj6) [1] dirigido “A nuestros compañeros millonarios y multimillonarios de todo el mundo”, en el que se afirma lo siguiente: “La desigualdad extrema y desestabilizadora está creciendo en todo el mundo. Hoy en día, hay más multimillonarios en la tierra que nunca antes, y controlan más riqueza de la que tienen. Mientras tanto, los ingresos de la mitad más pobre de la humanidad permanecen prácticamente sin cambios”.
El grupo concluye: “Por esa razón, les instamos [a los Estados] a avanzar ahora, antes de que sea demasiado tarde, para exigir impuestos más altos y más justos a millonarios y multimillonarios dentro de sus propios países y ayudar a prevenir la evasión y elusión de impuestos individuales y corporativos a través de los esfuerzos de reforma fiscal internacional”.
Al mismo tiempo, el 20 de enero, Oxfam publicó su informe “Tiempo para el cuidado” (https://bit.ly/37WRDgA), que incluye una serie de datos que deberían escandalizar a todo el planeta: en 2019, los 2.153 mil millonarios que hay en el mundo poseían más riqueza que 4.600 millones de personas; los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África; el 1% más rico de la población posee más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas; y “si una persona hubiese ahorrado 10.000 dólares diarios desde el momento en que se construyeron las pirámides de Egipto, ahora poseería tan solo una quinta parte del promedio de la fortuna de los cinco millonarios más ricos del mundo”. De modo que el incremento de tan solo el 0.5% adicional en el tipo de impuesto que grava el patrimonio del 1% más rico de la población, permitiría recaudar los fondos necesarios para invertir en la creación de 117 millones de puestos de trabajo, sostiene Oxfam.
Poco tiempo atrás (diciembre, 2019), el PNUD igualmente entregó su informe sobre desarrollo humano titulado “Más allá del ingreso, más allá de los promedios, más allá del presente: desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI” (https://bit.ly/2GYNmx4), en el cual se resalta la situación de injusticia en América Latina, con desigualdades que se remontan a la época colonial. Y, en un hecho sin precedentes, hasta la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en su artículo “Reducir la desigualdad para generar oportunidades” (https://bit.ly/2OsveQm), llega a una conclusión inesperada:
“Para abordar la desigualdad es necesario replantear el problema. Antes que todo, en lo que se refiere a políticas fiscales y tributación progresiva./ La progresividad de los impuestos es un aspecto fundamental de una política fiscal eficaz. Nuestras investigaciones muestran que en el segmento superior de la distribución del ingreso es posible elevar las tasas marginales de impuesto sin sacrificar el crecimiento económico”.
Pero esta afirmación no pasa de las simples palabras, porque contradice los condicionamientos que el FMI impone en América Latina, a tal punto que la Carta de Intención suscrita por el gobierno de Lenín Moreno en Ecuador, señala textualmente: “La reforma tributaria tendrá como objetivo mejorar la movilización de ingresos, aumentar la eficiencia, la simplicidad y la equidad, pasando de los impuestos directos a los indirectos…”, lo cual parece una burla y, además, contradice a la Constitución de 2008.
La situación de América Latina y el Caribe, que es la región más inequitativa del mundo por los términos que ha adquirido la concentración de la riqueza, también ha sido estudiada de modo particular y sistemático por la CEPAL. En 2018 la institución presentó en La Habana uno de sus últimos estudios sobre el tema, titulado La ineficiencia de la desigualdad (https://bit.ly/2RWp3q2), aunque antes publicó varios trabajos y también otros después. De acuerdo con datos de la entidad, en la región el 20% de la población concentra el 83% de la riqueza; mientras el número de multimillonarios pasó de 27 a 104 desde el año 2000; y en 2019, son 66 millones de personas (10.7% de la población) las que viven en extrema pobreza.
En el mismo Foro de Davos, al que me he referido, la Secretaria Ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, ha insistido en que “La desigualdad es la causa estructural del malestar social en la región. Por ello, necesitamos avanzar de la cultura de los privilegios a la cultura de igualdad y la inclusión social”; y añade: “Las protestas en la región tienen un hilo común que es la desigualdad y pueden convertirse en una oportunidad para el cambio social” (https://bit.ly/31oDbLE).
En el reciente XV Foro de Análisis de la Economía Latinoamericana, que se realizó en Madrid pocos días atrás, Bárcena ha remarcado que se requiere “una política fiscal activa con medidas que impulsen el crecimiento con inclusión, además de una estrategia para garantizar la sostenibilidad fiscal en el mediano plazo y un nuevo pacto social que incorpore una nueva generación de políticas y que impulse una nueva ecuación entre el Estado, el mercado y la sociedad, que permita avanzar en la construcción de nuevos consensos” (https://bit.ly/398QQsZ).
Desde luego, las desigualdades tienen un origen histórico, aunque los millonarios del mundo y más aún los de América Latina (y peor aún los de Ecuador) piensen que su riqueza es fruto de sus emprendimientos y sus trabajos. Precisamente la historia económica y la economía política han demostrado, en forma contundente e irrebatible desde el siglo XIX, que la riqueza es, finalmente, apropiación de valor socialmente generado.
En tal virtud, la riqueza tiene que ser redistribuida e incluso cabe pensar que mundialmente es preciso ponerle límites, porque no deben existir millonarios ni multimillonarios. En mucho, la redistribución se logra con instrumentos modernos como los impuestos directos, que en América Latina tienen que ser reforzados, ampliados y cobrados a elites económicas que no solo los evaden, sino que esconden sus recursos en paraísos fiscales.
En nuestra época, como en el pasado, hay múltiples argumentos ideológicos para justificar las desigualdades y la riqueza. Y el reciente libro de Thomas Piketty, Capital e ideología (2019) precisamente retoma esa demostración. Ya contamos con la voluminosa obra (1.247 páginas) traducida al español.
En esencia, Piketty da continuidad a su famosa obra El capital en el siglo XXI (2013), pero examina, en su nuevo libro, cómo la ideología y la política han servido de fundamento para las desigualdades, desde sociedades antiguas. No es la lucha de clases, ni la economía, sostiene el autor, sino las ideas sostenidas en la época las que originan y mantienen las desigualdades. Y en su demostración utiliza una impresionante gama de fuentes y recursos.
Esta conclusión suya tiene especial relevancia para América Latina. Porque en los tiempos conservadores en que se encuentra la mayor parte de la región, el tema de las desigualdades económicas, la concentración de la riqueza y la necesidad de incrementar los impuestos directos, ha desaparecido inmediatamente con los gobiernos de derecha y ultraderecha, interesados en contentar al capital, a través de afirmar, a toda costa -también arrasando con la democracia y los derechos sociales-, el camino neoliberal y empresarial que les inspira, incluso con la compañía del FMI, como ahora ocurre en Ecuador.
El lenguaje económico en la ideología conservadora y neoliberal se interesa por los emprendimientos, las inversiones, las ganancias, la competitividad en los mercados, los tratados de libre comercio, las alianzas geoestratégicas con el capital transnacional, etc. Además, riqueza y pobreza son, bajo esa visión, fenómenos naturales, debidos a decisiones de vida individuales.
Las consignas, que igualmente se generan, abogan por el retiro del Estado y las privatizaciones, cuestionan el sistema tributario directo y argumentan la flexibilidad laboral y el recorte de derechos sociales. Es la “nueva” ideología del siglo XXI latinoamericano que, si se examina históricamente, tiene más vejez de lo que a veces se imagina.
Precisamente, contra esa ideología, corresponde librar la batalla por las ideas, a fin de fortalecer la conciencia social por el cambio, la construcción de una nueva sociedad, y el retorno del valor socialmente creado a sus legítimos dueños: los trabajadores de todas las esferas económicas en su conjunto, de cuyo esfuerzo siguen apropiándose los millonarios.
Referencias bibliográficas
[1] Millonarios contra rastrillos
Fuente e imagen: https://firmas.prensa-latina.cu/index.php?opcion=ver-article&cat=P&authorID=129&articleID=2807&SEO=paz-y-mino-cepeda-juan-jose-desigualdades-el-problema-son-los-millonarios
Por: Paloma Chen
El coronavirus o COVID-19 fue detectado por primera vez en la ciudad china de Wuhan en diciembre de 2019 y, desde entonces, ha acabado con las vidas de más de 2000 personas en territorio chino. Más de 74.000 están infectadas y todos los ciudadanos chinos han visto sus rutinas diarias alteradas. Fotografías de las calles desiertas de algunas de las ciudades más pobladas del mundo, como Beijing o Shanghái, se comparten en redes sociales a toda velocidad. Las universidades y escuelas empiezan a implantar plataformas online para que los alumnos reciban las clases en sus casas. Chinos y extranjeros que han viajado por China durante los últimos meses, al regresar a Europa y Latinoamérica, hacen cuarentena voluntaria en sus casas. Por todas partes, se mira con recelo a personas con rasgos asiáticos, incluyendo japoneses, coreanos, tailandeses o chinos de segunda o tercera generación.
Activistas de origen asiático de Europa y América han puesto en marcha diversas campañas de concientización y denuncia, como la de #NoSoyUnVirus, frente a la proliferación de casos de discriminación racial y xenofobia: se refieren, según explican, a apelaciones en la calle, miradas ofensivas, marginación en las escuelas, oficinas de trabajo y transporte público, y preguntas indiscretas. Los «Chinatowns» de todo el mundo tienen más de la mitad de sus establecimientos cerrados; los clientes no se atreven a ir. Niñas y niños sufren burlas crueles y palabras, injustificables de ninguna manera, de desprecio y miedo. «A nuestros propios hijos, en el colegio, les llaman coronavirus», declaraba el 4 de febrero el encargado de Negocios de la Embajada China en España, Yao Fei, y añadía, «pero lo tomamos como bromas de niños». Apuntaba a que eran «casos aislados».
Efectivamente, muchas personas, tanto blancas y nativas de los países europeos, como chinas, asiáticas y de origen extranjero o migrante, descartan el racismo como la causa del acoso verbal y físico. Consideran que son incidentes puntuales provocados por la histeria de la hipocondría. Olvidan que la prevención es comprensible; las manifestaciones xenófobas, no. Los prejuicios raciales son problemáticos, pero todos los tenemos, por razones biológicas y por la cultura que nos han inculcado. El coronavirus no ha disparado la xenofobia, sino que ha ayudado a que esta se exprese más virulentamente. El conflicto deviene cuando los prejuicios raciales interiorizados son expresados explícitamente por parte de quien también sustenta el poder: en ese momento se comete un abuso que debe ser denunciado.
Desafortunadamente, la xenofobia es un monstruo que todas las sociedades esconden, pero la verdadera tragedia es que sea legitimada por las instituciones de poder, que detenta una elite («blanca» no solo de color de piel, sino de pensamiento y de producción del discurso), que margina al colectivo chino y al resto de colectivos racializados y de origen migrante. Muchos ciudadanos europeos y estadounidenses blancos siguen viendo a la población china como un ente extraño, extravagante, extranjero (a pesar de su integración pacífica y sus aportaciones económicas y culturales a las sociedades de acogida) e inferior.
En las dinámicas cotidianas, la sociedad dominante aún interactúa con el colectivo chino con un temor que impide conocer. La ignorancia bloquea la empatía, la capacidad de sentir o entender que los otros somos nosotros, y que se traducen en burlas y molestas apelaciones repetidas cotidianamente. En las dinámicas colectivas, el poder blanco cristaliza en el racismo institucional; un sistema capitalista que se mantiene gracias a que las sociedades del centro se alimentan de las sociedades de la periferia, y que promueve un discurso de otredad que descarta las políticas del antirracismo activo o la interculturalidad en beneficio de la supuesta multiculturalidad (la convivencia de distintos colectivos que se toleran pero no se mezclan; la negación de la identidad múltiple o fronteriza), o que es directamente irrespetuoso con los derechos humanos (la negación de la regularización o de la nacionalidad).
Frente a la mayoría privilegiada, los colectivos migrantes y racializados se desvían de la norma y son penalizados con la señal permanente del estigma. En una sociedad occidental, ser chino no es normal: ser chino es ser una persona racializada, es ser una persona marcada, porque si bien ciertas actitudes o comportamientos se pueden disimular o esconder (los gestos amanerados de los hombres, o los masculinos, de las mujeres, por ejemplo, que son también desviación del estándar normativo), la raza es una piel de la que uno no se puede deshacer.
La campaña #NoSoyUnVirus ha ayudado a muchas personas anónimas a que cuenten abiertamente sus experiencias de discriminación y a que reciban apoyo. Portavoces de la campaña aseguraron sentirse orgullosos de haberlas hecho entender que tenían derecho a quejarse y a defenderse, y que los comentarios y ataques racistas no son normales, o no deberían estar así de normalizados.
Antonio Liu Yang o Yong Li, participantes de la campaña, explicaron que pretenden crear una plataforma antirracista con continuidad, que no trabaje solo los brotes más explícitos de xenofobia, como el impulsado por el coronavirus, sino que abogue, en un primer paso, en la dirección de la normalización de ser una persona asiática en una sociedad occidental, y más adelante, en el alcance de representación política y poder institucional, pasando por la educación y la promoción del diálogo entre las minorías y las mayorías.
Es en esta dinámica de poder establecida entre la sociedad mayoritaria occidental y el colectivo chino racializado y de origen migrante donde se enmarcan los «repentinos» ataques a la comunidad china.En realidad, este no es un discurso nuevo: la enfermedad ha sido una de las variables que las élites y mayorías de todo el mundo (no mayoría, tampoco, en el sentido numérico, sino en el de detentar el poder institucional) han utilizado para aislar a los colectivos vulnerables. De esta manera, se justifica la marginación aludiendo no a que sean de otra raza (rasgo esencialista que, al no poderse cambiar de acuerdo a los deseos del individuo, permanece como una característica que no está bien vista, o es políticamente incorrecta, atacar) sino a la higiene.
La asociación del coronavirus con el consumo de animales salvajes ha promovido desde Occidente un discurso culpabilizador hacia las víctimas, que son estigmatizadas por desviarse de la norma: del estándar marcado por la civilización blanca respecto a las costumbres alimenticias y los niveles de salubridad, y ha vinculado la enfermedad con una nacionalidad y raza concretas.
El periódico francés Le Courrier Picard presentaba el 26 de enero de 2020 en portada a una mujer asiática con una mascarilla y el titular «Alerta amarilla». El editorial, incidía: «Un nuevo peligro amarillo». El «peligro chino» ha sido una de las grandes pesadillas del mundo occidental durante los siglos XIX y XX; a pesar de que Occidente era el dueño del sistema colonizador e imperialista, sufrió de un terrible pánico irracional a, más que a una nación específica, a una raza específica: la amarilla, una raza sucia, sexualmente desviada, impura, mafiosa, taimada.
Las respuestas al por qué de los brotes de xenofobia y racismo en todo el mundo contra las personas chinas no están en la peligrosidad del coronavirus y en la necesaria prevención, sino en la imposición de cierta narrativa: un relato monopolizado desde el saber eurocéntrico, que nos ha convertido en individuos ignorantes y perezosos, sin capacidad de discernir quién, cómo y de qué manera se producen los discursos. Nuestra limitada mirada está poniendo barreras a nuestra comprensión, y nos abandona a los riesgos del relato único del que hablaba Chimamanda Ngozi Adichie.
Deberíamos sustituir nuestro pavor al coronavirus por terror a no escuchar las voces que disienten del discurso racista, y que se mantienen ocultas tras las configuradas desde el poder blanco (las que tienen «piel negra, máscaras blancas»), y utilizadas frecuentemente como ejemplos positivos de una supuesta «integración» frente a la «no integración» o «integración problemática» de otras comunidades migrantes o racializadas.
Teniendo en cuenta, además, que la norma siempre es homogénea (aunque con diferentes niveles de legitimidad), son peligrosas las desuniones de las diversas comunidades minorizadas en base a sus diferencias, dado que las desviaciones de la norma son siempre múltiples, diversas y se refieren a necesidades varias.
Tanto las elites y mayorías, como las minorías y los colectivos vulnerables, deberían ser conscientes de que lo son y de en qué campo se mueven en el juego del poder: por mucho que digan que el equilibrio es imposible, será la consciencia histórica y de comunidad, el saber de desde dónde partimos y de dónde venimos, la que nos ayudará a llegar a un lugar mejor, donde el poder institucional esté repartido de manera más igualitaria.
Fuente e imagen: https://nuso.org/articulo/coronavirus-sinofobia-China-discriminacion/
Imagen: https://pixabay.com/illustrations/outbreak-coronavirus-sars-cov-2-4883464/
Por:
Fuente: https://rebelion.org/izquierdas-en-latinoamerica-hoy/
Imagen: https://pixabay.com/photos/soldier-the-war-the-army-conflict-4763672/
Por: Jesús Galaz
El cuatro de febrero pasado la Dirección General de Educación Superior Universitaria (DGESU) expidió los Lineamientos del Programa de Carrera Docente en UPES 2020 Fondo Extraordinario U040 (PCD). Con antecedentes desde principios de la década de los 90s del siglo pasado, pero formalmente identificado como tal en 2008, el PCD ha sido el núcleo financiero de los diversos programas institucionales de incentivos dirigidos al personal académico de las UPES (universidades públicas estatales). Luego de comparar estos nuevos lineamientos con los previos, todo indica que se está dando un cambio con implicaciones potencialmente muy importantes para el personal académico mexicano. Por su relevancia, el caso amerita que se le discuta abiertamente y que en el análisis participen no solamente las autoridades del sector y de las instituciones de educación superior involucradas, sino también los actores destinatarios de este programa, que algo sabrán de ello, luego de participar “voluntariamente” en él a lo largo de tres décadas. Así las cosas, con esta nota inicio una reflexión a la que daré seguimiento en entregas posteriores.
Muchos estudiosos consideran que la creación en 1984 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), inauguró una nueva época en la forma en que el Estado mexicano financia a la educación superior pública en su conjunto y, en lo particular, a las remuneraciones de su personal académico.
Diseñado el SNI con el propósito de beneficiar al personal dedicado a la actividad científica más que para mejorar la educación superior nacional en su conjunto, no pasó mucho tiempo para que, bajo la consideración de que también los académicos centrados en la docencia merecían un reconocimiento monetario a su trabajo, se generara en 1990 el Programa de Becas al Desempeño. Poco después, en 1992, se creó el Programa de Carrera Docente. Finalmente, en 1994 se fusionaron ambos programas en el Programa de Estímulos al Desempeño del Personal Docente de Educación Media Superior y Superior. Años más tarde, en 2008, se formalizó el Fondo Extraordinario U040 con el nombre de Programa de Carrera Docente en UPES, el cual ha estado sujeto desde entonces a una competencia entre las instituciones pertinentes (concursable) y, al mismo tiempo, no puede incorporarse al subsidio ordinario que reciben esas instituciones (no regularizable). Dado que las 35 UPES existentes atienden de una manera muy importante la matrícula de los niveles de técnico superior universitario y licenciatura, el PCD tiene una relevancia difícil de sobre-estimar.
A pesar de que los montos asignados al PCD están lejos de compararse con los dedicados a salarios y prestaciones del personal académico, han sido muy importantes como un componente de la política de evaluación y financiamiento de las instituciones de educación superior públicas y de su personal académico. Más específicamente, el PCD ha representado una alternativa de reconocimiento y remuneración adicional para un grupo de académicos, comparado con los que en tales instituciones forman parte del SNI, potencialmente más amplio.Tal alternativa y sus referencias discursivas a la calidad, competitividad y mérito del trabajo académico han tenido, luego de 30 años, un impacto poderoso en los académicos mexicanos. Junto con otros programas de pago por mérito el PCD ha contribuido a modificar el perfil y trabajo de los académicos mexicanos y, para una proporción considerable de ellos, los programas institucionales de incentivos son ya parte, con todo y sus consecuencias colaterales disfuncionales, de la normalidad de sus condiciones de trabajo.
Como es natural, el PCD no ha permanecido estático, pero desde su creación al amparo del Fondo Extraordinario U040 ha mantenido varias características que, en conjunto, han generado para las UPES, sus académicos y autoridades, una ecología laboral más o menos estable, particularmente a lo largo de las dos últimas décadas. Con los Lineamientos 2020 el horizonte, sin embargo, se ha modificado de una manera importante. En esta entrega abordaré brevemente los objetivos y criterios de asignación planteados en los Lineamientos 2019 y 2020 del programa que nos ocupa.
De acuerdo a los Lineamientos 2019 el objetivo del PCD es el de “distinguir a los PTC que realicen aportes significativos en la mejora de los indicadores de resultados de las UPE y, en consecuencia, el mejoramiento de los procesos para lograr la actualización y la transformación de los planes y programas de estudio de licenciatura y de tutoría para que logren un mayor aprovechamiento” (énfasis nuestro).
Los Lineamientos 2020 del PCD, por su parte, especifican que el objetivo general del programa es el de “transformar la educación superior para alcanzar la excelencia educativa, fomentando a través de la entrega de estímulos económicos un mayor involucramiento de las plantas académicas, una mayor y mejor atención docente, mejores trayectorias escolares y un mayor bienestar de los estudiantes.” Además, establecen que el programa tiene tres objetivos particulares: “promover una mayor dedicación a la docencia en licenciatura de las plantas académicas de profesores de tiempo completo de las UPES(,) mejorar las trayectorias escolares de los estudiantes de licenciatura de las UPES (y) aumentar significativamente la eficiencia terminal de los programas educativos de licenciatura de las UPES” (énfasis nuestro).
Mientras que el título del programa asociado al Fondo Extraordinario U040 ha hecho referencia explícita a la docencia desde su creación en 2008, los Lineamientos 2019 incluyen de una manera significativa otras actividades, particularmente algunas relacionadas con la investigación. Así, tales lineamientos establecen que los profesores de tiempo completo con Perfil Deseable reconocido por el Programa para Desarrollo Profesional Docente deberán, para hacerse acreedores de los estímulos correspondientes, “cumplir al menos cinco de los siguientes diez indicadores:” (1) Participar en posgrados reconocidos dentro del Programa Nacional de Posgrados de Calidad del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; (2) Publicar en revistas indicadas; (3) Ser miembro del SNI o del Sistema Nacional de Creadores de Arte; (4) Ser integrante de un Cuerpo Académico Consolidado o en Consolidación; (5) Participar en programas de licenciatura de calidad de acuerdo a organismos acreditadores; (6) Tener patentes, modelos, prototipos, obras literarias y artísticas, o haber recibido estímulos a la innovación; (7) Impartir clases en un idioma extranjero; (8) Participar en programas educativos acreditados internacionalmente; (9) Haber cursado el programa institucional de formación en el modelo de Responsabilidad Social Universitaria, y (10) participar en acciones internacionales (haber estudiado en el extranjero, estancias o sabáticos en el extranjero, etc.).
Frente a las “consideraciones” anteriores “para la asignación de los recursos a los PTC de las UPE” (Lineamientos 2019), contrastan los tres nuevos “criterios de asignación a los PTC” (Lineamientos 2020): (1) “Dedicación a la labor docente: PTC que imparten al menos 10 hrs/semana/mes en cada periodo lectivo de 2019. (2) Contribución a las trayectorias escolares: PTC que registran en los controles escolares tasas de aprobación históricas iguales o superiores al 70% (promedio de todos los periodos lectivos regulares de julio de 2016 a junio de 2019) y (3) Alcance de la labor docente: PTC que atendieron en cada periodo lectivo regular de 2019 al menos 50 estudiantes.”
Así pues, los objetivos y criterios básicos de asignación de recursos del PCD 2020 han cambiado drásticamente respecto a los del PCD 2019. Mientras en éste se persigue reconocer al personal académico de tiempo completo que coadyuva a mejorar “los indicadores de resultados de las UPE,” los cuales van mucho más allá de los asuntos docentes que estas instituciones atienden, en el PCD 2020 hay una referencia muy específica a varios aspectos centrales de la docencia en el nivel licenciatura. Ya no se trata de “distinguir” a los académicos de tiempo completo que imparten docencia en posgrado de calidad; o aquellos que publican en revistas internacionales de alto impacto; o inclusive a los que forman parte de un cuerpo académico consolidado o, más aún, que son miembros del SNI. En lugar de ello, ahora se habla de una manera muy concreta de académicos que tienen, en el contexto de programas educativos de licenciatura, cierta dedicación mínima a la docencia en términos de tiempo y estudiantes atendidos y que, así mismo,contribuyen a mejorar las trayectorias escolares de sus estudiantes y la eficiencia terminal de sus programas.
El cambio descrito en los objetivos del PCD 2020 respecto a los del 2019 dista mucho de ser menor y tiene fuertes implicaciones. En la siguiente entrega continuaremos nuestra reflexión al respecto.
*Agradezco al Dr. Pedro Flores-Crespo haber llamado mi atención sobre este documento.
Fuente: http://www.educacionfutura.org/el-programa-de-carrera-docente-en-upes-2020-cambio-de-rumbo/
Imagen: https://pixabay.com/photos/chalk-color-red-teacher-yellow-1551566/
Por: Rubí Román
¿Qué nos hace pensar que necesitamos un nuevo modelo curricular para desarrollar competencias? La respuesta a esta pregunta es relativamente sencilla de responder, pero es más complejo desarrollarla y ejecutarla. “El perfil de los alumnos cuando nosotros fuimos estudiantes, no es el mismo perfil que el alumno de hoy”. Las exigencias del entorno son muy distintas. Actualmente los estudiantes reciben información de una forma más acelerada y más amplia enfrentándose a situaciones nuevas que cambian rápidamente, esto conlleva la necesidad de proporcionar una atención diferente para los alumnos. La educación basada en competencias trata precisamente de responder a un nuevo perfil de los estudiantes siendo el principal detonador para pensar en una estructura curricular distinta, así lo explicó el profesor Francisco Ayala, experto en este tema.
En nuestro webinar del mes de febrero 2020, el profesor Ayala compartió los elementos clave que se deben considerar en un proceso de transición hacia un modelo de Educación Basada en Competencias. Comentó también que el éxito de cualquier modelo educativo está en la convicción y la claridad que tienen los profesores respecto a la operación de ese modelo curricular independientemente del nivel educativo en el que se desempeñan. En esta sesión en línea, el profesor Ayala respondió dudas e inquietudes por parte de la audiencia para llevar estos conocimientos a la práctica. Aquí puedes consultar la presentación que utilizó el profesor en el webinar https://youtu.be/BhLN9Sf5TKA
“La claridad del perfil de egreso, la capacitación de los profesores, el diseño de experiencias de aprendizaje de los alumnos y la vinculación con el entorno o realidad; son factores fundamentales en un modelo de educación por competencias”.
Una transformación curricular de esta magnitud implica la clara consciencia de que las acciones de enseñanza del profesor deben orientarse hacia el diseño de experiencias de aprendizaje vinculadas con la realidad, centradas en el estudiante y orientadas al desarrollo sistemático de los niveles de dominio de las competencias.
Aquí les comparto un resumen de los principales retos del docente en un modelo de educación por competencias a los que se refirió el profesor Ayala.
Hacer un cambio de paradigma en la enseñanza de objetivos de aprendizaje a desarrollar competencias
Modificar el sentido de la práctica educativa, es decir, de enseñar conocimientos de una materia a contribuir al desarrollo de competencias
Replantear el diseño de las acciones de enseñanza de diseñar acciones para un objetivo en la materia a diseñar acciones y determinar retos para contribuir a un perfil de competencias de egreso
Modificar la forma de trabajo en un grupo académico, es decir, del trabajo académico individual al trabajo necesariamente colegiado e interdisciplinario
Enfocar la forma de evaluar los aprendizajes de la verificación del logro del objetivo de aprendizaje a la evaluación de la evidencia del nivel del logro de las competencias
“La Educación Basada en Competencias busca que los estudiantes desarrollen capacidades que les permitan adaptarse activamente a los requerimientos de las disciplinas en formación, y a lo que les demanden los ámbitos sociales y laborales”.
Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/retos-modelo-educativo-basado-en-competencias
Por: Lourdes González
Ante la advertencia de pandemia por coronavirus, ha sido palpable la gigantezca colaboración entre países para detener el avance y evitar su propagación. El coronavirus 2019-CoV-2 surgió en Wuhan, China y se caracteriza porque la o el afectado presentan fiebre y dificultad para respirar de distinta intensidad (OMS, s/f).
En todo el mundo, se reportan más de 78,000 personas que presentan contagio por coronavirus y los decesos alcanzan la cifra de 2,700 (EL PAÍS, 2020; EL UNIVERSAL, 2020). Los expertos de la Organización Mundial de la Salud (S/F) recomiendan como medida de emergencia sanitaria, la buena higiene en las manos, cubrirse la boca y la nariz al toser y estornudar y cocer por completo la carne y los huevos (OMS, s/f).
Para hacer frente al coronavirus, en el norte Italia, específicamente en Milán, las escuelas, los cines y el teatro, cierran temporalmente operaciones y en Venecia, de igual manera, se anuncia el paro de labores de los colegios hasta nuevo aviso y la cancelación del carnaval (20 minutos, 2020; Verdú, 2020).
La estrategia de cese temporal de las operaciones escolares, se reproduce en Irán, tras darse a conocer la noticia de seis muertos por coronavirus, en las provincias de Teherán, Qom, Quazvín, Golestán y Hamedád, así lo informan los diarios, el universal y 20 minutos (Carreón, 2020).
Así también, en Irak, escuelas y mausoleos cerrados y las farmacias, tomadas por asalto en un ataque de pánico, ante la notificación del primer caso de un estudiante enfermo, en Nayaf, y a la par la advertencia de pandemia por coronavirus (infobaee, 2020)
Inquieta el anuncio de un brote de coronavirus en África porque se anticipa que Nigeria, Etiopía, Sudán, Angola, Tanzania, Ghana y Kenia necesitarán ayuda para localizar y gestionar la expansión, porque cuentan con sistemas de salud precarios y planes de contingencia anticuados (Carreón, 2020).
La solución que ha encontrado China ante el cierre de las operaciones presenciales en los colegios es preparar a las y los estudiantes chinos, creando una escuela gigantesca en la nube y también ofrecer la formación a través de algunos canales de TV (Rus, 2020). Es de reconocer la rapidez de respuesta de China para enfrentar contingencias y a la par brinda un modelo que coadyuva al logro de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).
Por otro lado, cabe subrayar que China es el país más poblado ¿Qué tan bien aguantará la nube? y por la preocupación que se vive ¿cómo presentarán los contenidos para captar la atención de los estudiantes hacia lo académico?.
Paralelamente, en otros países que afortunadamente no presentan caos y casos confirmados de infección a causa del coronavirus, se implementan en los colegios medidas preventivas, una de ellas por ejemplo es el regresar a casa a las y los estudiantes con afección respiratoria y aceptarles en las clases presenciales hasta que regresen sanos y con un certificado médico que respalde el buen estado de salud.
En voz de un experto en educación, señala que el sistema de educación en México debe desempeñar una función preventiva para contribuir a frenar este gran peligro para la salud.
Ante los escenarios y el diagnóstico que ofrecen las noticias, las voces académicas y las redes sociales en torno a la respuesta de los centros educativos a la contingencia. A continuación algunas razones que imposibilitan, desplegar en México la formación a través de la tecnología para impartir clases en la nube, como se ha hecho en China. Una es que la educación, aún está en construcción de lo nuevo, otra es que el grado de alerta sanitaria en México solo es preventivo, es decir que las medidas adoptadas por coronavirus en México, de momento, son las adecuadas. Aunque, es deseable prepararse con más estrategias como las de China para enfrentar las contingencias en un nivel más álgido.
Referencias
Carreón, F. (21 de febrero de 2020). El coronavirus amenaza al continente africano. EL MUNDO. Recuperado de https://www.elmundo.es/…/02/21/5e4ed86afdddff8c0a8b45d3.html
Infobae (25 de febrero de 2020). En Nayaf, Irak, sin escuelas ni peregrinación a causa del coronavirus. Infobae. Recuperado de https://www.infobae.com/…/en-nayaf-irak-sin-escuelas-ni-pe…/
EL PAÍS (25 de febrero de 2020). Últimas noticias del coronavirus en directo. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/…/02/25/actualidad/1582637027_975914.html
EL UNIVERSAL (25 de febrero de 2020). ¿Por qué Italia paso de tener 3 casos a 300?, EL UNIVERSAL. Recuperado de https://www.eluniversal.com.mx/…/por-que-italia-paso-de-ten…
Mundial de la Salud (OMS, S/F). Coronavirus, OMS, Recuperado de https://www.who.int/es/health-topics/coronavirus
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Fuente: http://www.educacionfutura.org/el-coronavirus-y-el-plan-de-contingencia-escolar/
Imagen: https://pixabay.com/illustrations/coronavirus-virus-mouth-guard-4817450/