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América Latina: Acercamiento al Entendimiento Dialéctico entre la Docencia y la Investigación en la Academia Universitaria: Hacia una Arquitectónica de los Procesos Decoloniales en la Praxis Académica de América Latina.

ACERCAMIENTO AL ENTENDIMIENTO DIALÉCTICO ENTRE LA DOCENCIA Y LA INVESTIGACIÓN EN LA ACADEMIA UNIVERSITARIA: HACIA UNA ARQUITECTÓNICA DE LOS PROCESOS DECOLONIALES EN LA PRAXIS ACADÉMICA DE AMÉRICA LATINA.

Miguel Angel Sánchez-Mercado[1]. Centro de Estudios Sociales y Culturales (CESYC), Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), Sede Monagas. Agosto del 2019.

 

La desesperación como lo absurdo, juzga y desea todo, en general y nada en particular. El silencio la traduce bien. Pero, desde el  momento en que habla, aunque diga que no, desea y juzga. El rebelde (es decir, el que se devuelve o revuelve contra algo), da media vuelta. Marchaba jo el látigo de amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es. Todo valor no implica rebelión, pero todo movimiento de rebelión invoca tácitamente un valor. ¿Se trata por o menos de un valor? [2].

 

 

Introducción: Lineamientos coloniales y cómo apuntar a un desdibujamiento decolonial. En los determinados procesos sociohistóricos por los cuales se establecieron los estudios universitarios en América Latina, se evidenció por mucho a lo que Camus refiere previo con la desesperación como lo absurdo, juzga y desea todo, en general y nada en particular; dando un definitivo matiz que perfila y otorga una esencia particular, de forma directa o indirecta a los procesos coloniales que imperaron en nuestras tierras, marcando inicialmente una separación de los modelos académicos por los cuales se establecen en la actualidad las casas de estudios en nuestro continente: un modelo primariamente docente, profesionalizante, que enmarca su academia en la formación de los líderes sociales del entorno al cual se integra, y técnicamente, en el manejo económico del mismo, conocido como modelo napoleónico; y el modelo de universidad humbodltiana, el cual establece ámbitos académicos tales que permiten una plena sinergia entre a investigación y la docencia, siendo entonces como las define Scherz García (1986), aquellas universidades que realzan el derecho de la persona humana a buscar la verdad, organizándose libre y comunitariamente para ello; más allá de perfilar y definir modelaciones en el complejo devenir de la academia universitaria latinoamericana,  se hace necesario hacer una revisión suficientemente analítica del devenir de nuestra academia frente a la necesaria mirada de un modelo propio que como bien refería el Amauta[3], no debe atribuirse a “copias ni calcos” de los modelos de marcada trayectoria eurocolonialista.

Es entonces, tomando en cuenta que sólo la mirada hacia la reproductibilidad de modelos académicos, nos lleva a entender de facto las precariedades de la producción de saberes en nuestras academias universitarias en el continente. No es de extrañar que en este orden de ideas, diversos autores han revisado, analizado, estructurado y declarado la crisis existente en los procesos estructurales, organizacionales, políticos, sociales y hasta ambientales en el entorno universitario a partir de asumirse las mismas dentro de un contexto colonialista entre ambos modelos previamente descritos (Mignolo, 2008, 2010; Castro-Gómez, 2007; De Sousa Santos, 2004, 2004b, 2008). Es por ello, que en el presente trabajo se pretende realizar una acercamiento analítico a dicho situado fenomenológico dentro de las estructuras académicas universitarias de la región, y propositivamente perfilar alternativas decoloniales que contribuyan a una recreación de los saberes necesarios para un mundo mejor posible desde la originalidad y singularidades en sus diversos ámbitos, a la luz del contexto que Ameriisjsha[4] requiere y demanda, en los espacios de nuestras universidades.

An non intelligis universitatis[5], o cómo mirar las necesidades de una decolonización de los saberes desde la academia universitaria. Las observaciones previas sobre los modelos imperantes al presente en las universidades latinoamericanas, denotan claramente que las condiciones euroccidentalistas se mantienen hasta el presente; históricamente Scherz García (op. cit.) identifica una “universidad criolla”, para semánticamente separar las condiciones geohistóricas iniciales de establecimiento de los primeros claustros universitarios en nuestras regiones, nucleada en las condiciones que la iglesia católica dictaminaba mediante las bulas y decretos que las fundamentaba desde los imperios europeos que establecieron colonias en nuestro continente. Bien refiere Tünnermann (1991), respecto a las condiciones primarias de esta característica academia:

Dominicos y jesuitas -y en menor grado los agustinos- rivalizaron en cuanto al número de importancia de sus fundaciones universitarias en América. Ambas disfrutaron de privilegios otorgados por el Papa, que las facultaba a crear colegios y universidades. Los dominicos, además de fundar la primera universidad, la tomista de Santo Domingo, en La Española (1538) establecieron la de San Marcos de Lima (1551), la de Charcas (1552); a fines del XVI la tomista de Santafé, en la Nueva Granada y en el siglo siguiente las de Santiago, Quito y el Cuzco, más la de La Habana en el siglo XVIII. La Compañía de Jesús fundó en el siglo XVII universidades en La Plata, Santafé, Guatemala, Santiago, Córdoba, Quito y El Cuzco; en el siglo siguiente confirieron grados de Popayán, Panamá, Concepción y Buenos Aires. A los agustinos se debió la fundación de dos universidades: la de San Fulgencio de Quito (1586) y la de San Nicolás de Santafé (1694)(p. 32).

Claramente ello demarca el inicio no sólo de un proceso socioacadémico en el continente desde la noción colonialista, sino también de las condiciones en las cuales las identidades originarias se verán forzadamente a ser sustituidas tomando en cuenta la condición religiosa impuesta a través de ella; tal como refiere el doctor José de Baquijano y Carrillo, catedrático limeño, en célebre discurso pronunciado en la Universidad de San Marcos en elogio del Virrey Jáuregui: «La educación y la cultura tienen como fin instalar la paz con que se humaniza y domestica al infiel indio» (Tünnermann, op. cit.).

Correspondientemente, se establecen en el trascurrir histórico de la academia universitaria latinoamericana algunos enfoques que se gestan en las adaptabilidades de los modelos previamente descritos; haciendo asumir algunos espacios con diversas sinergias, pero siempre en un enfoque que demarcan las clases sociales. Ya no es entonces la universidad que forma hacia las necesidades de un entorno, sino la universidad que cubre una demanda profesionalizante que no responden a la dinámica sociopolítica que requiere dicho entorno. Son las identidades locales quienes determinan que “es mejor ser ingeniero que profesor” o “abogado es mejor título que el de periodista”, así como “¿para qué la sociología? ¿dónde trabajarás? ¿no es mejor que seas ingeniero, no importa en qué? Esas son las afirmaciones que las sociedades determinan en aquellos quienes se inician en las academias, mayormente direccionandas en el contexto familiar, con muchas condicionantes  implícitas dentro de las mismas. Ya es poca la intencionalidad de las vocacionalidades, a modo de crear clases sociales dentro de las profesionalizaciones, determinando a muchas de las universidades de nuestra región a recrear sus opciones de estudios en función de una demanda de  la mismas, sobre todo las universidades privadas.

Dicha fenomenología es determinada por un complejo de factores que inciden en el entramado en la cual se envuelve las academias universitarias regionales, direccionadas a un (in)pensar de la modernidad como paradigma que signa muy buena parte de nuestras realidades regionales. Ya bien refiere Larraín (1997) a este respecto de la modernidad en nuestros entornos,

Abrazamos con entusiasmo la modernidad ilustrada al independizarnos de España, pero más en su horizonte formal, cultural y discursivo, que en la práctica institucional política y económica, donde por mucho tiempo se mantuvieron estructuras tradicionales y/o excluyentes. Cuando por fin la modernidad política y económica empezó a implementarse en la práctica durante el siglo XX, surgieron sin embargo las dudas culturales acerca de si realmente podíamos modernizarnos adecuadamente, o de si era acertado que nos modernizáramos siguiendo los patrones europeos y norteamericanos. Se ampliaron los procesos modernizadores en la práctica pero surgió la pregunta inquietante acerca de si podíamos llevarlos a cabo en forma auténtica. De este modo podría decirse que nacimos en la época moderna sin que nos dejaran ser modernos; cuando pudimos serlo lo fuimos sólo en el discurso programático y cuando empezamos a serlo en la realidad nos surgió la duda de si esto atentaba contra nuestra identidad (p. 1)

Este esquema de dudas culturales se arraigó en las formas y procesos por las cuales se establecieron las universidades en América Latina, y la evidenciamos indiscutiblemente por los preceptos que estructuralmente componen a los corpus academia en los diversos contextos en nuestras universidades: organización, jurisprudencia interna, administración tanto de personal como de presupuestos, relaciones interinstitucionales, todas ellas concebidas desde una condicionada autonomía universitaria, la cual ha desarrollado una historia muy particular en nuestras tierras[6].

Mas allá de identificaciones de cualesquiera sea su origen, los procesos por los cuales se justiprecia el desempeño de cada una de nuestras academias, es el aporte societal que deviene desde la docencia y la investigación que se gesta en cada una de ellas. Las revisiones en clave decolonial de este particular proceso evidentemente matizado de identidades, nos puede develar razones para (re)pensar dichas necesidades de asumir el contexto académico de nuestras universidades en América Latina.

Entendimiento y concepción de la esencia de la integralidad de la docencia e investigación en las academias[7] de América Latina y Venezuela: cuestionamientos y propuestas desde una clave decolonial. Cuando observamos como producto de una modernidad reinante dentro de las estructuras académicas universitarias, que el hacer ciencia se convierte una tarea cada vez menos necesaria por parte del grupo profesoral que la conforma, es una alerta máxima que hay que atender. Cada día son más los profesores que sólo dictan clases en el claustro universitario, limitados a sólo ese espacio del aula; e investigadores ocultos en catacumbas llenas de documentos, libros y otros papeles por revisar, así como aquellos confinados a un laboratorio en el cual lo generado allí sólo se reserva para ser visto en revistas o publicaciones periódicas generalmente inaccesible, por diversas razones. Este sesgo lamentablemente acentuado día a día, rompe por completo la sinergia que cada profesor o profesora debe tener como razón central en su vivencia académica universitaria, y ésta es ser integral dentro de sus aportes investigativos en los espacios en el que el conocimiento debe ser presentado a la luz; es decir, la necesaria integralidad dentro de la docencia y la investigación que cada profesor o profesora debe tener como parte fundamental en el ejercicio académico.

Es entonces que hoy por hoy, se requiere de grupos de trabajo que armónicamente se consolidan en recrear dicha faena en uno o diversos proyectos en sus muy particulares formas de entender la asunción del mismo, haciendo así del rol de la academia universitaria como locus sinergizante de las faenas de creación, entendimiento y consolidación de los saberes, además su aplicabilidad no sólo en el meramente técnico, sino cómo el mismo puede hacerse parte del entorno social al cual es aplicado, lo que no lo hace un conocimiento y técnica excluyente.

Esto hace entender, que la academia universitaria a través de sus investigaciones y procesos formativos deben contribuir al desarrollo del entorno social en el cual se especifica dicho locus; es por ello, que otro aspecto que no deja de tener una importante relevancia dentro de lo caracterizante a esta fenomenología de la academia tanto regional como localmente se refiere, es el situado de los aportes y significancias que dichas innovaciones/aportes a la ciencia se realizan desde ella. Así, por ejemplo, refiere particularmente Didou Aupetit (2015) a este respecto,

Los indicadores y reportes sobre actividades científicas en América Latina elaborados por la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana e Interamericana (RICYT[8]) confirman que la producción de innovaciones significativas por parte de las universidades es un asunto a debatir, que requeriría de medidas de fomento a la innovación menos dispersas y un aligeramiento de las estructuras burocráticas para una administración más eficiente (p. 165).

Es por ello que la relación de docentes universitarios asociados a centros de investigaciones, colectivos investigativos, núcleos de formación académica, o cualesquiera de las formas organizativas que las universidades presentan para sistematizar sus investigaciones, no necesariamente ejemplifican y mas aún, representan realmente la productividad de saberes en las mismas. A pesar de ello, es importante indicar que con todo, la situación que sentipesa en este trasunto es la siguiente: mientras América Latina representa el 8% del total de la población mundial, apenas representa el 1,6% de la publicaciones científicas mundiales, el 0,2% de las patentes y el 0,2% del conocimiento aplicado; donde las investigaciones originadas desde el ámbito universitario no tributan significativamente a estas cifras (Didriksson, 2011; p. 149).

Ante este panorama, la consolidación intelectual que releva al académico universitario de nuestro continente, es de necesariamente entender la relación dialógica existente entre la docencia e investigación que cada día genera en su entorno particular; ello, nos invita a pensarnos en los elementos del cual dicho académico que desde ahora preciso como docente-investigador debe empoderarse desde su intelectualidad para construir y construirse dentro de su espacio de vida académica.

Algunas nociones proximales que caracterizan al docente-investigador latinoamericano y venezolano: aproximaciones teóricas para su concepción. Previamente se había definido que la dicotomía generada entre la docencia e investigación universitaria ha determinado una nueva concepción del profesorado universitario tanto en América Latina como en Venezuela;  el asumir condiciones distintas para deslastrar la muy engañosa oferta de que las actividades asociadas a la docencia no pueden consolidarse a las investigaciones que el docente-investigador contextualiza, conlleva a asumir que entre ambos procesos, la relación es y siempre será establecida desde la naturaleza dialéctica que la ha establecido a lo largo de la historia. Dentro del mismo Informe Delors, se especifica una necesidad humana inherente en nuestros tiempos de un acercamiento entre las maneras de aprender y las maneras de producir[9]; esto es visto desde la misma esencia dialéctica, como algo natural, y que lamentablemente en nombre de la disciplinariedad hemos asumido la citada oferta engañosa, hasta con cierta comodidad en el ámbito universitario.

Es por ello, que el asumir la intelectualidad desde una esencia orgánica, más allá de la noción eurocentrista gramsciana de la misma, podemos concebir a ese docente-investigador como aquel que asume la necesaria integralidad de la docencia y la instigación en una relación sinérgica única, donde el docente-investigador inicia y vive su recorrido académico de forma colectiva, ya que los modos de producción del conocimiento han dejado de ser una tarea intelectual individualista en nuestros actuales momentos; tarea que se ha caracterizado sociopolíticamente dentro del accionar universitario actual, favoreciendo la dicotomía precitada. Así, por ejemplo, Sánchez (2011) explica la concepción latinoamericana respecto a la organicidad dentro de la concepción gramsciana establecida por Rodney Arismendi:

La lógica explicativa de Arismendi en torno a la realidad contradictoria de la Universidad y la enseñanza en América Latina indica la génesis de  los lineamientos fundamentales de su concepción sobre el rol de una mayoritaria parte de la clase media y la intelectualidad en el contexto de la revolución latinoamericana; es decir, el potencial de trasformación que encierra la Universidad en la medida que trasmite la herencia cultural y científica, entra en perceptible contradicción con la sociedad capitalista deforme y dependiente, empujando a una buena parte de la clase media y de la intelectualidad al terreno de la revolución, de la lucha revolucionaria contra la oligarquía y el imperialismo (Bermejo Santos, 2011)

Es por ello, que es innegable el matiz sociopolítico que la acción académica del docente-investigador orgánico debe relevar en el contexto universitario en América Latina y especialmente en Venezuela, donde en los actuales momentos dicho llamamiento se hace cada vez más que necesario, urgente.

Nos encontramos entonces, con la concepción de una mirada necesaria a asumir bajo el paradigma globalizador de los actuales momentos marcados por los procesos sociopolíticos que hemos esbozado pertinentemente, y hacen necesario dar nueva luz sobre el cómo asumir la condición del docente-investigador orgánico, cuando es prioritaria la producción del conocimiento sobre todo, con pertinencia del entorno.

Es por ello, que la esencia de nuestra tierra, en todos los aspectos que conllevan a sus cotidianos, representan aspectos propios para considerar sus acciones problémicas dignos de tomarse en cuenta al momento de perfilar una investigación sea cual sea su aspecto epistémico a considerar en su abordaje. Dicho abordaje, se logra efectivamente como bien plantea Varsavsky (2007), es integrando la actividad científica de nuestras universidades para solucionar los problemas actuales que se abordan desde la perspectiva país.  Esto no es más que la necesaria originalidad para las consideraciones investigativas, tales como bien refiere el autor:

Si bien la originalidad no es el único criterio dominante al momento de seleccionar el problema investigativo, debe corresponder a la ideología de que la ciencia es un juego y que el científico puede elegir el tema que le divierta más, porque su recompensa es el placer que experimenta al dedicarse a ese juego. Esa ideología se lava las manos de los problemas sociales y por eso debemos rechazarla.

Es notorio los casos en los cuales, muchas universidades latinoamericanas y venezolanas pueden direccionar sus investigaciones en sólo complacer a un “científico” que no comprometa su esfuerzo investigativo en solventar problemas del entorno, y  no comprometa su acción más que en su beneficio particular de “diversión investigativa”. En este nivel y punto particular, éstas son malas noticias si es lo que impera, o dejamos imperar en nuestro quehacer investigativo y docente desde los espacios que excluyen a dicha esencia orgánica de integrar los procesos investigativos con la docencia, y aumentando aún más la dicotomía entre ambos, por ejemplo.

Es por ello, que el docente-investigador orgánico debe establecer sus parámetros repensándose desde la integralidad de los procesos que en su acometer prevalece como parte de su quehacer tanto docente como investigativo, asumiéndose conceptualmente como un ser sociocrítico, con plena conciencia del sentir del entorno particular, para direccionar sus esfuerzos en las problemáticas que le son comunes como humano y ciudadano. Tal y como refiere Giroux (1990), los profesores necesitan desarrollar un discurso y un conjunto de hipótesis que les permita actuar más específicamente como intelectuales transformativos; es decir, actuar en función de hacer un mundo mejor posible a partir de los conocimientos que se generan desde el epicentro académico fundamentado colectivamente.

Hacia el rescate de la justipreciación de la Academia Latinoamericana y venezolana: Algunas notas a modo de epílogo inconcluso. Nuestras condiciones muy particularizadas en nuestros entornos naturales, sociales y culturales, mas allá de condicionar las miradas en los situados problémicos en la concepción académica universitaria, debe de ser una acción provocadora para internarnos en las infinitas temáticas a las cuales somos llamados a asumir como responsabilidad más que de una labor, es de una acción de vida que nos conduce dentro del recorrido que realizamos dentro de nuestras casas de estudios como profesionales en formación para profesionales; esto es, la tarea de reconducir la acciones de nuestro quehacer como docentes, revindicada en nuestros procesos investigativos en íntima sinergia lo que bien figuraba Giroux (1990) dentro de la visión que propone dentro de los profesores como intelectuales: consecuentemente, los profesores como intelectuales necesitarán reconsiderar y, posiblemente, trasformar la naturaleza fundamentadle las condiciones en que se desarrolla su trabajo. Es decir, los profesores deben de estar en condiciones de conseguir que sean el tiempo, el espacio, la actividad y el conocimiento los que vertebren la vida diaria de las escuelas. Es por ello, que implica una transformación el asumir con correspondencia la condición del docente-investigador orgánico como condición de vida para realmente hacer del espacio académico, el punto focal de los procesos transformativos a un mundo mejor posible.

 

REFERENCIAS Y CONSULTA BIBLIOGRÁFICA:

 

Bermejo Santos, Antonio (2001): Rodney Arismendi: Sus concepciones sobre la intelectualidad y los intelectuales. El Paradigma del intelectual orgánico (Notas introductorias). Universidad Central de las Villas, Departamento de Filosofía, Cuba. 28 pp.

Castro Gómez, Santiago (2007): Decolonizar la universidad. La hybris del punto cero y el diálogo de saberes.  En: Castro Gómez, Santiago y Grosfoguel, Ramón. (Comp.) El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global. Siglo del Hombre Editores. Colombia. 383 pp.

De Sousa Santos, Boaventura (2004): Tesis para una Universidad pautada por la ciencia postmoderna. Educación Superior: Cifras y Hechos, 3(18); pp. 3-6

De Sousa Santos, Boaventura (2004b): Más allá de pensamiento abismal: de las líneas globales a una ecología de saberes. En: Boaventura De Sousa Santos y María Paula Meneses (Eds): Epistemologías del Sur. Perspectivas. Ediciones Akal, S.A. Madrid. 556 pp.

De Sousa Santos, Boaventura (2008): La Universidad en el Siglo XXI para una reforma democrática y emancipadora de la Universidad. Centro Internacional Miranda. Caracas, 133 pp.

Didou Aupetit, Sylvie (2015): Responsabilidad Social Universitaria en América Latina: Recursos y Controversia. En: Aponte Hernández, Eduardo (Ed.): La Responsabilidad Social de las Universidades: Implicaciones para América Latina y el Caribe. UNESCO-IESALC. Puerto Rico, 294 pp.

Didriksson, Alex (2011): Contexto global y regional de la Educación Universitaria en América Latina y el Caribe. En: Bonilla-Molina, Luis y López-Segrera, Francisco (Compiladores): Educación Universitaria para el Siglo XXI. Análisis Comparados (Tomo I). Ediciones Centro Internacional Miranda. Caracas, 358 pp.

Fergusson, Alex y Lanz, Rigoberto (2011): La transformación universitaria y la relación Universidad-Estado-Mundo. Observatorio Internacional de Reformas Universitarias ORUS-VE. 13 pp.

Peñalver, Luis Manuel (1997): Del grito de Córdoba a la reforma hacia el siglo XXI: especial referencia a Venezuela. Educación Superior y Sociedad, 8(1); pp. 159-169.

Giroux, Henry A. (1990): Los Profesores como Intelectuales. Editorial Paidós. Madrid. 233 pp.

Giroux, Henry (2008): La Universidad Secuestrada. Ediciones del Centro Internacional Miranda. Caracas, Venezuela. 250 pp.

Honneth, Axel (2009): Crítica del Agravio Moral. Fondo de Cultura Económica. Argentina.

Mignolo, Walter (2008): La opción de-colonial: desprendimiento y apertura. Un manifiesto y un caso. Tabula Rasa, 8; pp. 243-281.

Mignolo, Walter (2010): Desobediencia epistémica: retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y gramática de la descolonialidad. Ediciones del Siglo, Buenos Aires. 125 pp.

Morles Sánchez, Víctor (2007): Ciencia Vs. Técnica y sus modos de producción. Fundación Editorial El Perro y La Rana. Caracas, 203 pp.

Muñoz Varela, Luis (2013): Autonomía Universitaria hoy: anotaciones para su discusión. Revista Humanidades, 3; pp. 1-19.

Sánchez, Miguel Angel (2011): Algunas miradas en los procesos integradores desde la noción investigativa orgánica en el marco ecosocial: experiencias desde la Universidad Bolivariana De Venezuela en la Unidad Básica Integradora Proyecto. En: RECREACIÓN DE EXPERIENCIAS  INVESTIGATIVAS Y FORMATIVAS PARA UNA POLÍTICA DE LA INTEGRACIÓN SOCIAL Y CIENTÍFICA: ALCANCES Y PERSPECTIVAS DESDE UNA VISIÓN LOCAL. Revista Electrónica Rebelión. Dirección electrónica para descarga: (http://www.rebelion.org/docs/181073.pdf)

Sánchez, Miguel Angel (2014): Algunas nociones para la discusión dialéctica de la ciencia en tiempos de revolución (notas para la discusión). Revista Electrónica Rebelión. Dirección electrónica para descarga: (http://www.rebelion.org/docs/192975.pdf). 5 pp.

Scherz García, Luis (1986): La Universidad del año 2000. Entre Napoleón y Humboldt. Nueva Sociedad 84; pp. 91-99.

Tünnermann Bernheim, Carlos (1991): Historia de la universidad en América Latina: de la época colonial a la reforma de Córdoba (1er. Ed.) EDUCA. San José, Costa Rica 206 pp.

Varsavsky, Oscar (2007): Ciencia, Política y Cientificismo. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas, 83 pp.

Zemelman Merino, Hugo (2005): La Universidad Pública en América Latina, en: Educación Superior y Universidad Pública. Plaza y Valdés, S.A. de C.V. México, 200 pp.

 

 

 

 

[1]:  Correo electrónico: sanchezmiguel.m@gmail.com

[2]: Extracto de la primera parte del libro de El hombre rebelde, de Albert Camus. Edición en español de Editorial Losada, 1978. 141 pp.

[3]: José Carlos Mariátegui, también conocido como “El Amauta” en partes de sus aportes intelectuales, refirió  un trabajo respecto a la Reforma Universitaria suscitada en Córdoba, Argentina, titulado La Reforma Universitaria. Ideología y reivindicaciones. El mismo es parte de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicados originalmente por la revista Amauta (1928).

[4]: Amerriisjsha, significa en legua indígena warao (Venezuela), América (N.A.)

[5]: An non intelligis universitatis, es una referencia del latín que traduce una expresión muy entendida de la intelectualidad académica euroccidentalista, que indica “entender o no a las universidades”. Llama dicha expresión a la necesidad de revisión de los procesos que imperan actualmente dentro de paradigma modernista en la generación de conocimiento en nuestra región, y cómo asumir una nueva mirada desde  lo decolonial (N.A.).

[6]: La thesis de condicionamiento de la autonomía universitaria, alude precisamente a un convencionalismo sobre los preceptos que se han planteado desde el Manifiesto Liminar de Córdoba. Bien refiere a propósito de ello Muñoz Varela (2013): La autonomía se manifiesta así y se historiza en su naturaleza como la instancia esencial que da su genuina identidad a la universidad pública. Ella otorga a estas instituciones una naturaleza y una identidad especiales, en el contexto del sistema institucional de la sociedad y de la nación. Es entonces, una intención liberadora de los saberes para la sociedad, investida de conveniencia para sectores académicos que revisa sus particularidades, sobre todo en los contextos económico-políticos que en ellas se desarrolla.

[7]: Al referirnos a la academia, se quiere hacer entender en el discurso de este trabajo que se refiere a la concepción de lo que estructuralmente establece la íntima e  indivisible sinergia de la investigación en conjunto a la docencia en los diversos espacios donde ésta se desarrolle, indistintamente del nivel en la cual se desarrolle ésta. Algunos autores, como Darcy Ribeiro (2006) y Boaventura De Sousa Santos (2007), significan dicha categoría de forma similar, tomando en cuenta otras variables (extensión universitaria, en el caso de Boaventura De Sousa Santos, por ejemplo).

[8]: Consulta en línea: http://www.politicascti.net/ (2016).

[9]: DELORS, JACQUES (1996.): La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI. Editorial Santillana/UNESCO, Madrid,

 

Autor: Miguel Ángel Sánchez Mercado

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Escuelas (in)seguras

Por: Ana Ojea

El hecho de que los centros educativos no sean lugares seguros para las personas no heterosexuales o con diversas expresiones o identidades de género es el motivo fundamental por el que no se visibilizan.

La diva de mi adolescencia recibió hace unos días el premio GLAAD “Defensora del cambio” 2019 por su apoyo al colectivo LGBTIQA+ y en su discurso ha dicho que “elegimos el amor y no nos rendiremos”.

Hace 29 años, entre mayo y julio de 1990, me sucedieron varios acontecimientos vitales importantes: fue mi peor curso escolar, superado finalmente con éxito en junio; el premio fue poder asistir al concierto de Madonna ese mes de julio en Vigo y la despatologización de la homosexualidad por la Organización Mundial de la Salud.

Mientras era muy consciente de los dos primeros, no supe hasta años después lo que hoy se conmemora. Aquel 17 de mayo de 1990 ni siquiera imaginaba, a mis 15 años, que pocos meses después empezaría a sentir por una chica una atracción que hasta ese momento se había considerado patológica.

Como cada cual, nos construimos y reconstruimos el relato de nuestras vidas; ahora pienso que era premonitorio que la única cantante de la que he sido fan promoviera la diversidad y la libertad de amar, por lo que no creo que fuera casualidad que me gustara tanto.

Pasadas casi tres décadas, eligiendo el amor como bandera y descartando la rendición como opción, me pregunto si ahora mismo las escuelas son más seguras que cuando cursaba 3º de BUP y empezaban a gustarme las chicas. Y no puedo responder categóricamente que sí.

No puedo afirmar que las escuelas sean seguras porque cada vez que se lo pregunto al alumnado, tanto de mi propio centro como de otros (desde que comenzamos la tutoría LGBT y el grupo de apoyo al alumnado LGBT hemos estado en una docena de centros) responden tajante y unánimemente que no. El hecho de que los centros educativos no sean lugares seguros para las personas no heterosexuales o con diversas expresiones o identidades de género es el motivo fundamental por el que no se visibilizan. Lógico cuando no se sienten protegides ante, por ejemplo, insultos normalizados como “maricón” o “bollera”.

No pienso que las escuelas sean espacios seguros porque conozco profesorado LGBT que tampoco se visibiliza, en muchos casos por miedo al acoso y a la discriminación, no sólo del alumnado sino también del profesorado, de los equipos directivos o de las familias, con un respaldo raquítico o, incluso, nulo por parte de algunas administraciones educativas. Y muchas de las profesoras y profesores que sí nos visibilizamos tenemos que luchar contra los prejuicios de las comunidades educativas, contra su LGBTfobia.

Tenemos que enfrentarnos a situaciones en las que nos dicen que la orientación sexual es como la religión, que debe ser algo personal y doméstico, cuando yo no conozco a ningún docente que deje en casa su heterosexualidad. O que cuando se desarrollan programas de atención a la diversidad afectivo-sexual y de género en los centros educativos y se realizan actividades de visibilización, se considera “sobredimensionada” la cuestión. Así que mientras nos escondamos todo va bien, pero cuando dejamos de escondernos, nos sobredimensionamos. Quizás hay quien considera que la política más adecuada para los centros educativos sea la misma que la vigente hasta 2010 (afortunadamente derogada por Obama) en el ejército norteamericano de: “No preguntes, no digas”.

Tampoco creo que los centros educativos sean seguros cuando hay docentes que sufren todo tipo de trabas por parte de los claustros o de los equipos directivos para tratar de impedir que trabajen la diversidad afectivo-sexual. Utilizando excusas absurdas o aplazando siempre las actividades propuestas, en nombre de ese mantra tan repetido de “en este centro no hay ningún problema, aquí no existe la discriminación”. ¿Qué tal si le pregunta a su alumnado?
No soy pedagoga pero la estrategia mal atribuida a los avestruces de esconder la cabeza no creo que sea muy educativa (ni efectiva).

Conozco, yo misma lo hago, profesorado que literalmente nos “acorazamos” con todas las leyes vigentes que amparan nuestro trabajo por la diversidad afectivo-sexual y de género y aún así hay quienes lo rechazan o lo cuestionan por “innecesario”. Incluso hay a quienes les falta un repaso a las leyes educativas en vigor porque discuten nuestra labor como educadores y educadoras y consideran que nuestro trabajo consiste únicamente en “enseñar”, contenidos curriculares, claro está.

No considero que las escuelas sean seguras cuando el 32% de docentes de un centro educativo votan en contra de su incorporación al proyecto de Red de Escuelas Seguras promovido por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y con el sello de la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad del Ministerio de Sanidad, Servicios sociales e Igualdad del Gobierno de España. Y el 16% no se pronuncian, lo que me recuerda dolorosamente a la frase del Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel: “La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima”.

Tampoco trabajamos en espacios seguros, ni docentes ni estudiantes, cuando la LGBTfobia sigue campando a sus anchas en la sociedad y en las propias familias, como un padre que ha dicho textualmente de mí que “no sabe quién cojones permite que una puta lesbiana sea profesora”. O el progenitor de una alumna que culpa a su madre de que su hija sea lesbiana. O el tío de otra alumna que le dice que le gustan las chicas porque tiene carencia de un padre. O el tío de un alumno que le decía a su madre que por dejarle estudiar música le iba a “salir maricón”.

Hace pocos días la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) denunciaba que España dejaba de estar entre los 10 países europeos más respetuosos con los derechos del colectivo LGBT.

Tal y como explica la propia Federación, “este descenso, según apunta ILGA Europa en su informe publicado con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia (17 de mayo), se debe a la falta de una legislación que garantice los derechos de las personas LGTBI en todo el territorio estatal. Y es que, tal y como ha recogido esta organización internacional, algunos aspectos fundamentales como la prohibición de las terapias de reconversión, la creación de políticas para el fomento del empleo de las personas trans o el establecimiento de medidas para erradicar la discriminación contra el colectivo en los ámbitos sanitarios o educativos sólo están aprobados en determinadas autonomías”.

Por tanto, pienso que aunque afortunadamente hay algunas escuelas bastante seguras, estamos todavía lejos de que todos los centros educativos, desde educación infantil hasta las universidades, sean espacios totalmente seguros y libres de LGBTfobia.

Y mientras educamos para conseguir ese objetivo, seguiremos cantando “Express Yourself”, bailando “Vogue” y eligiendo el amor sin rendirnos.

Fuente e imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/05/17/escuelas-inseguras/

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Déjà vu contrafeminista (¿Esta reacción la hemos vivido antes?)

Por: María Ávila Bravo-Villasante.

Estudiar la genealogía feminista nos permite conocer las reacciones que ha ido suscitando. Durante casi tres siglos hemos asistido a una suerte de movimiento pendular: cada derecho conseguido, cada avance realizado por las mujeres, ha supuesto una reacción por parte de los partidarios de la ideología de género más longeva: la patriarcal.La reacción producida tras la Revolución Francesa, la que sucedió a las demandas sufragistas, la de los años ochenta del pasado siglo, la actual, todas, comparten un mismo modus operandi. Conocer estas estrategias resulta fundamental si queremos conservar los derechos que con tanto esfuerzo hemos conseguido (¡como si no nos pertenecieran!).

En su libro Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna, Susan Faludi analiza la reacción que se produce en Estados Unidos en los años ochenta del pasado siglo. Si estudiamos el análisis realizado por Faludi y lo comparamos con el resto de reacciones contrafeministas, el modus operandi de las reacciones podría ser el siguiente:

  1. Hace uso del halago y del terror. Lo que no consigue por la fuerza, lo consigue recurriendo al elogio. Si algo sabemos es la capacidad que tiene el patriarcado para asignar espacios y tiempos. Una de las primeras lecciones que aprendemos es que las calles y las noches no son nuestras, los mirmidones del patriarcado tienen a bien recordárnoslo regularmente (como bien apuntó Brownmiller en Contra nuestra Voluntad). Por compensación también aprendemos los espacios que nos van bien, tan buenas, limpias y aplicadas como somos.Vade retro Satana.
  2. Persigue la estrategia de dividir para conquistar: solteras contra casadas, trabajadoras contra amas de casa, clases media contra clase obrera, madres contra no madres… (sígase la serie, ¡será por meta-polémicas!).
  3. Propala antiguos mitos sobre las mujeres como si fueran descubrimientos recientes e ignora todas las apelaciones a la razón. Da igual cuantos estudios se publiquen refutando absurdas teorías marcianas: Los hombres son de Marte. Las mujeres de Venus.
  4. Si se ve acorralada, niega su propia existencia, apunta con el dedo acusador al feminismo y se hunde más profundamente en el subsuelo. Las feministas somos unas paranoicas amantes de las teorías conspiratorias —“¿Qué reacción?”.
  5. Añora la feminidad tradicional y lucha por la vuelta a la “feminidad”. Todo era mejor cuando las mujeres estaban bajo el imperio de “las tres kas” – “die Küche, die Kirche, die Kinder”: cocina, Iglesia, niños.
  6. Denuncia la crisis de la masculinidad e insta a los varones a ser “hombres muy hombres”. Para muestra una cuchilla: véase el boicot que “hombres muy hombres” han declarado a Gillette por su anuncio sobre la “masculinidad tóxica”.
  7. Aspira a tener el control reproductivo y sexual de las mujeres. La novedad es que no sólo estamos ante una política sexual (racista y xenófoba, añadiría). El neoliberalismo sexual(siguiendo el concepto acuñado por Ana de Miguel en el libro homónimo) convierte a las mujeres en mercancías seriadas, en meros objetos de consumo bajo el mantra reaccionario de la libre elección.
  8. Apropiación del lenguaje propio del feminismo: resignificaciones reaccionarias. Tenemos en mente todavía la reapropiación del lema feminista “Nosotras parimos, nosotras decidimos” por parte de una asociación a favor del alquiler de vientres. Ninguna teoría filosófica, política o movimiento social, ha ampliado la democracia tanto como lo ha hecho el feminismo. Saberlo es tan fácil como leer un par de libros. ¿Cuánta ignorancia es necesaria para atreverse a llamar feminazi a una feminista? ¿Cuántas conexiones neuronales fallidas para comparar un régimen fascista que exterminó a más de diez millones de personas (judías, cristianas, gitanas, personas con discapacidad, comunistas…) con la propuesta política, social y ética más universal que ha existido? Ostentan una capacidad de resignificación admirable y quienes manejan los conceptos, juegan con ventaja.

Me gustaría detenerme en esta última cuestión. Cuando los guardianes del patriarcado hablan de “ideología de género”, ¿de qué hablan exactamente? El sistema de atribución les falla. Cuando se refieren al feminismo o a las políticas que favorecen la igualdad como “ideología de género”, obvian que la única ideología de género que ha existido ha sido la machista y patriarcal.

El término ideología, al menos desde la crítica de las ideologías realizada por Marx, remite a un conjunto de ideas que dan una imagen o representación falsificadora de la realidad. Y a esta altura de la película tenemos muy claro cuál ha sido la ideología de género dominante: la que ha excluido y oprimido a la mitad de la población, la que ha evitado, a toda costa, el acceso de las mujeres a la igualdad real. La que aún hoy, pretende decidir cuándo, cómo y dónde debemos parir y a qué precio. La que oculta su existencia y nos devuelve a la cuarta estrategia: “¿Qué machismo?” “¿Qué patriarcado?” “¿Qué reacción?”.

¿Qué hacer? Sin duda la respuesta a esta pregunta es harto compleja. Pero hay dos estrategias que no supimos o no pudimos poner en práctica en otras reacciones y que pueden marcar la diferencia en ésta: permanecer unidas y no olvidar nunca —nunca, nunca, nunca— que “lo personal es político”.

No somos unas inadaptadas, reclamamos lo que es nuestro. No fallamos nosotras, nos falla el sistema. Frente al divide y vencerás, debemos recordar que la unión hace la fuerza.

Fuente del artículo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=252859

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Los universitarios prefieren un buen profesor aunque no use tecnología

Por: Carina Farreras. 

La innovación carece de un impulso colectivo en los centros, según la UPF

Un nuevo estudio sobre la innovación en la educación universitaria revela que la transformación educativa que se está produciendo en el mundo anglosajón está lejos de llegar a España por la falta de impulso de los estudiantes, profesores y consejos de dirección de los campus. Los cambios metodológicos existentes en algunos centros se producen por iniciativas de determinados docentes activos pero no es una cuestión sistémica, que no es reclamada ni por los estudiantes, ni por los claustros ni implementada de forma firme por parte de los rectorados. Esta es una de las conclusiones del estudio Competències mediàtiques de la ciutadania en mitjans digitals emergents en entorns universitarispresentado ayer en el campus Poblenou de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que ha analizado 38 universidades españolas

Según el mismo, los estudiantes no se imaginan las posibilidades que ofrecen lo medios tecnológicos para recibir una educación diferente a la tradicional, un aprendizaje más participativo y flexible. De hecho, confunden “innovación a través de la tecnología” con “introducción de la tecnología en el aula”. Y, además, prefieren que los dispositivos móviles se usen sólo con fines privados.

Pocos docentes son capaces de aprovechar la ubicuidad y la funcionalidad compleja de los dispositivos

El informe que aún no se ha publicado pero que ayer fue comentado en las jornadas de educación, está dirigido por Mònica Figueras, directora del grupo de investigación JOVIScom de la UPF. Con las salvedades en las respuestas entre diferentes autonomías, que tienen contextos educativos distintos, los alumnos creen que las tecnologías no son necesarias en todas las asignaturas y que lo más importante en sus aprendizajes es el profesor y que éste les motive, explica Figueras, por encima de cómo imparte la clase. Y no les gusta que maneje medios tecnológicos si no sabe hacerlo.Por su parte, consideran que el uso del móvil en el aula a menudo les distrae de la clase.

Cuando se les pregunta por innovación “señalan aspectos como el uso de ordenadores y proyectores de las aulas, o software como Prezi y Drive”, y no mencionan las características de la verdadera transformación educativa, “como los aprendizajes con el móvil ( m-learning), en línea ( e-learning) y semipresenciales (blended learning)”, apunta la
investigadora de la UPF. Esa con-fusión hace pensar al grupo investigador que “no se plantean la innovación porque no saben lo que significa”.

El uso de móviles, tabletas y ordenadores personales lo asocian a su vida privada. “Como mucho afirman tener un grupo de WhatsApp donde pasarse apuntes y dudas”, indica Figueras.

La falta de demanda innovadora por parte de los alumnos coincide con la escasa práctica por parte de los docentes y la escasa política estratégica en los consejos de dirección de los campus.

Respecto a los responsables de innovación docente consultados para el estudio, se indica que usan la tecnología como “una herramienta más”, “un posible apoyo de algunos métodos” o “una ayuda inmejorable para facilitar ciertos accesos”.

Valoran positivamente los dispositivos móviles, sobre todo desde una perspectiva didáctica, cuando se utilizan “para realizar videoconferencias, para gestionar de forma ubicua chats y foros académicos relacionados con las asignaturas o para el fomento de la participación del alumnado en la vida académica e investigadora”. En cambio, pocos reconocen características intrínsecas de los dispositivos como su ubicuidad y su funcionalidad compleja que permite, por ejemplo, la geolocalización, la posibilidad de crear realidades virtuales o aumentadas, la gamificación y la capacidad de registro, procesamiento y análisis de datos en tiempo real.

“Resulta sorprendente –apunta la profesora– que el énfasis se ponga en el profesor y no en la motivación del alumno o en la mejora en la comprensión”, indica. Así, se dan más respuestas que hacen referencia al “desarrollo profesional docente” que a la búsqueda de modelos “más centrados en el aprendizaje del alumno”.

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Pensamiento computacional más allá de las habilidades STEM

Por: Noelia Hernández.

 

El pensamiento computacional suele definirse como la habilidad para resolver problemas y comunicar ideas aprovechando la potencia de los ordenadores u otros dispositivos con capacidad de cómputo. Una descripción que, en primera instancia y por su propia naturaleza, está directamente relacionada con el entorno informático. Sus beneficios, sin embargo, se extienden a otros ámbitos, incluido el educativo.

El pensamiento computacional en el aula

Aunque su aplicación es incipiente, sí existen iniciativas en este sentido y desde finales del año pasado está disponible el documento ‘Programación, robótica y pensamiento computacional en el aula. Situación en España y propuesta normativa’.

El informe, coordinado por el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), y en cuyo desarrollo han participado tanto representantes educativos de todas las comunidades autónomas como algunas universidades y empresas, es una hoja de ruta sobre cómo incorporar la enseñanza-aprendizaje de estas habilidades a la práctica docente. “El pensamiento computacional puede introducirse transversalmente junto con el desarrollo de cualquiera de las materias o a través de alguna asignatura específica sobre programación o robótica”, nos explica Carlos J. Medina, director del INTEF. Su aplicación difiere, eso sí, dependiendo de la etapa educativa.

Aunque en los primeros cursos de infantil recomienda hacerlo de manera paulatina “debido a los niveles de madurez cognitiva de los niños de estas edades, las denominadas actividades desenchufadas (unplugged), es decir, sin ordenador, junto con el uso de sencillos robots educativos constituyen la puerta de entrada para el desarrollo de esta habilidad”, apunta Medina.

Una vez pasada esta etapa de aprendizaje inicial, y ya en Primaria y el primer ciclo de Secundaria, “posiblemente sea más adecuado dar un enfoque transversal y pasar a trabajar con una asignatura específica en los cursos superiores (segundo ciclo de secundaria y bachillerato)”, añade

Competencias para el desarrollo cognitivo y profesional

La mejora de la concentración, así como el desarrollo de habilidades de secuenciación, son algunas de las capacidades que adquiere el alumnado con la incorporación del pensamiento computacional al currículo escolar desde Infantil. Al menos este es el resultado de algunas de las investigaciones que recoge el documento del INTEF.

Unos objetivos entre los que también se incluye el conocimiento sobre la forma en la que los programas representan información, la compresión y verbalización de los resultados, junto a la capacidad de identificar y corregir errores. Su complejidad va aumentando según se va avanzando en las distintas etapas educativas. “El pensamiento computacional comprende elementos como lógica, algoritmos, abstracción, generalización, automatización o evaluación”, describe el director del INTEF. “Implica enfoques como la ‘descomposición’ de problemas en subproblemas más sencillos, que permiten crear soluciones sencillas, normalmente a través de programación informática, reutilizando soluciones y probando y depurando de forma iterativa”.

Junto a estos conocimientos, también se trabajan habilidades, como el trabajo en equipo, la capacidad de comunicar ideas y la resolución de problemas. Lo que, en palabras de Carlos J. Medina, “se considera que el pensamiento computacional es una de las habilidades clave para la vida de la sociedad en el siglo XXI. Y esto es así para los estudiantes sin importar su futura actividad profesional”.

Fuente del artículo: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/pensamiento-computacional-mas-alla-de-habilidades-stem/111064.html

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Es hora de pensar en grande frente al desarrollo educativo y científico de Norte de Santander

Por: Jorge Ramírez.

 

Valga decir que Norte de Santander tiene enormes retos en lograr que la educación dentro de su sistema sea de calidad.

Cuando se analizan los factores determinantes de la educación de calidad en Colombia; diversos estudios muestran que la formación docente y la inversión en educación son elementos detonantes de esta.

Los estudios muestran que existen otros  factores asociados a la calidad como la gestión, la planeación y la evaluación integral de instituciones y de programas educativos, aplica para los casos de la gestión del conocimiento y de la información en distintos niveles: primario, secundario y universitario, con el fin de desarrollar contenidos curriculares y extracurriculares pertinentes y de excelencia académica que facilitan que los niños y los jóvenes tengan un desarrollo integral en sus vidas.

Valga decir que Norte de Santander tiene enormes retos en lograr que la educación dentro de su sistema sea de calidad.

Expongo los argumentos.

Teniendo en cuenta que colegios y universidades han adoptado sistemas de aseguramiento de la calidad en procesos administrativos y en el manejo de los recursos financieros, debe decirse que la educación de calidad no se resume exclusivamente a esto, esta forma unívoca de entender la calidad ha llevado a que el sistema educativo nortesantandereano haya avanzado más rápido en la adopción de “normas ISO de calidad” y en menor medida en educación de calidad en su contenido académico, científico y en innovación.

Por ejemplo en los niveles de educación inicial, primario y secundario existen pocos antecedentes en logros en aseguramiento de la calidad institucional.

Pese a que es función de las secretarias de educación. En tal sentido, los avances están enfocados en el diseño e  implementación de planes de mejoramiento, sin ningún tipo de evaluación externa sobre su pertinencia, impactos o resultados.

Los resultados en aprendizajes en pruebas saber revelan que un pequeño grupo de colegios públicos y privados obtienen resultados superlativos. Mientras que la mayoría de los colegios alcanzan resultados muy regulares o deficientes (ICFES, 2018).

En el caso de la educación superior, ocurre algo parecido, Norte de Santander, cuenta con más de 280 programas universitarios y menos del 10% posee acreditación de calidad.

Mientras que una universidad ha logrado la acreditación institucional, como es el caso de la Universidad Libre a nivel multicampus; el resto se encuentran en proceso de autoevaluación con fines de acreditación, lo cual es un avance. Ahora en  cuanto a la oferta posgradual solo un programa ofertado desde instituciones de educación superior de Norte de Santander posee acreditación de calidad (CNA, 2019).

Esto puede llevar a pensar a los políticos, a los hacedores de política regional, al sector educativo y al sector privado a repensar la política educativa y a vincular los aspectos relacionados con el fomento y el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en cuanto a su contenido estratégico: metas, objetivos, programas y proyectos, así como en lo referente a la orientación y uso de los recursos disponibles del sistema general de regalías que deberían fortalecer los aspectos misionales de los colegios y las universidades. Esto implica que los rubros de inversión en calidad educativa, en formación docente y en investigación son un insumo de la política y no las metas mismas como suele ocurrir.

En consecuencia, los cuerpos colegiados del CUEE y del CODECTI de Norte de Santander no pueden ser solo espacios de contemplación para sus miembros, sino, cuerpos colegiados con capacidad para incidir en la toma decisiones que eviten el uso inadecuado de los recursos públicos. En breve, es hora de pensar en grande frente al desarrollo educativo y científico de la región, ojalá nunca más en el lucro de pocos.

Fuente del artículo: https://www.laopinion.com.co/columna-de-opinion/es-hora-de-pensar-en-grande-frente-al-desarrollo-educativo-y-cientifico-de-norte

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Una oportunidad enorme

Por: Graciela Morgade. 

Una de las escenas más temidas y a la vez mas desafiantes para la práctica de enseñar es enfrentar la pregunta… «Profe (o «seño»), ¿para qué sirve esto?».

En ese instante nos inundan sensaciones contradictorias. Solemos considerar «muy importante» lo que enseñamos y de alguna manera la pregunta es una especie de agravio. Además, en tanto educadorxs, nos parece que la noción de «utilidad» es propia del mercado; y que la educación tiene que brindar desinteresadamente fundamentos generales para formar sujetos críticos que sigan aprendiendo toda la vida, y así abonar un futuro mejor, individual y socialmente.

A la vez, sabemos que «la utilidad» se vincula con frecuencia con «la inmediatez», que es la traducción epocal de una manera de pensar formateada por los caracteres de las redes; o tal vez que es un cuestionamiento general y desafiante desde el hastío que produce la escuela; o tal vez que se vincula con el pesimismo de la mirada frente a un futuro que se ve muy oscuro. Entonces nos vamos amigando con la pregunta y con las, los y les estudiantes que la plantean. Y especulamos con que, por ahí, tendiendo puentes imaginarios y, a veces, exagerando un poco, vamos a demostrar qué útil es ese contenido, captar esa deseada atención y llegar a ese momento mágico de la conversación compartida.

Hay algo de la Educación Sexual Integral que prácticamente invierte la situación. Una anécdota de la vida real: una alumna de primer año le pregunta a la profe de Geografía si «va a enseñar ESI». Frente a la respuesta algo perturbada de la profe (que no tuvo oportunidad de capacitarse en ESI porque la ESI está desfinanciada) de que «esto es Geografia», la alumna arremete con un impecable «pero la ESI es transversal». No es necesario capturar el interés, no es necesario disfrazar la «utilidad» y, al mismo tiempo, tampoco es necesario abandonar nuestra convicción de que abonamos aprendizajes por venir y, menos, un futuro con más igualdad.

La enorme oportunidad que la ESI representa para multiplicar conversaciones compartidas desde el interés genuino es que los centros de estudiantes de secundario la incluyen entre sus demandas. Saben y quieren saber más, porque sospechan que tiene que ver con sus vidas presentes y con la proyección de sus deseos. Los, las y les estudiantes en formación docente también saben que es nodal y sospechan que con el espacio puntual hoy existente en los profesorados no va a ser suficiente. Y entre les, las y los docentes, de todos los niveles y de todas las modalidades, crece la pregunta de ¿cómo se traduce la ESI en mi práctica cotidiana?

Evidentemente no es necesario buscar argumentos para fundamentar «la utilidad» de la ESI. Lo que sí es necesario hoy es demandar más presupuesto para su implementación. En la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA abrimos una diplomatura de extensión universitaria que en un día tuvo 480 inscripciones. Las universidades, los sindicatos, las organizaciones militantes y los colectivos de docentes nos estamos moviendo, pero no reemplazamos al Estado ausente. El ajuste a la educación pública también afectó a la ESI y por eso la ESI se metió en la campaña.

Fuente de artículo: https://www.pagina12.com.ar/214303-una-oportunidad-enorme

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