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Mejorar la calidad educativa para combatir la desigualdad social

Por Fernanda Viláros

La educación en México ha sido un punto clave analizado por el gobierno actual a partir de la reforma educativa, cuyo objetivo consiste en mejorar la calidad de la enseñanza a partir de políticas educativas integrales que transformen la relación entre autoridades, docentes, alumnos y sociedad.

Las políticas implementadas se enfocan en eliminar los vicios del sistema, con maestros seleccionados con base en sus capacidades, fortalecer la autonomía de las escuelas, exigir la profesionalización de maestros con evaluaciones anuales, actualizar los programas de estudio y promover la inclusión, reduciendo así la desigualdad en el acceso a la educación y ofreciendo financiamientos y becas que permitan a los jóvenes continuar con sus estudios.

En la educación superior, una de las disyuntivas es mejorar la calidad y la expansión del sistema de las universidades públicas, pero para hacerlo tangible es crucial fomentar políticas de transparencia y eficiencia de los recursos. Un análisis de la administración de los recursos para el sistema educativo revela que gran parte de los fondos para la educación son destinados a la nómina de los docentes, disminuyendo la inversión para capacitación, certificaciones, infraestructura y equipo especializado.

Bajo esa premisa, se puede confirmar la relevancia política que tiene el tema educativo en la coyuntura electoral. La reforma educativa que entró en vigor entre 2012-2013 se convirtió en un punto crítico para la población, ya que inició una reestructura del sistema educativo permitiendo que más estudiantes tengan acceso a educación de calidad. El proyecto de esta reforma conlleva un proceso a largo plazo. La complejidad de esta problemática es tan extensa que los resultados serán visibles paulatinamente y no puede esperarse que se modifique por completo en tres años.

Por esto, es crucial que el próximo gobierno retome el proyecto en pro de la educación y no elimine las políticas que han logrado implementarse, ya que la única consecuencia que tendría es un retroceso en el sector educativo. La competitividad y la educación son desafíos que enfrenta el capital humano; una preparación académica integral da como resultado trabajadores profesionalizados con facultades para desempeñarse y competir de manera equitativa a nivel internacional y la única forma de conseguirlo es construyendo un sistema educativo sólido.

Los docentes son parte indispensable en la formación de los jóvenes y la implementación de evaluaciones anuales permitiría una constante capacitación del personal promoviendo la calidad en la enseñanza. Sí, es cierto que los maestros deben formar parte del rediseño de la reforma del sistema educativo, pero ¿por qué los sabios considerados así en la antigüedad se negarían a presentar exámenes que sólo confirmarían sus conocimientos? No es humillar, es enaltecer a los docentes y capacitarlos para promover su sabiduría.

En un mundo globalizado, en el que la competitividad entre profesionistas ha incrementado considerablemente, los docentes tienen la gran tarea de instruir a los estudiantes y darles las herramientas necesarias para competir en un ámbito laboral internacional. Ejemplo de esto es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ¿cómo afecta en la educación este acuerdo trilateral?

La apertura comercial entre México, Canadá y EU es la clave del reto en la educación y la competitividad, sus disposiciones no sólo se enfocan en eliminar aranceles, sino en el papel que tienen los gobiernos en relación con la propiedad intelectual y los servicios.

Marcela de la Sota, directora de la Licenciatura en Economía, comentó que “el TLCAN representa un reto importante en la concepción, financiamiento y desarrollo de las instituciones de educación superior; la apertura comercial y la mayor competencia exigen la modernización de la educación superior, replanteando la forma en que la profesión se ejerce en el mercado laboral”.

Como consecuencia, descubrimos que la internacionalización de la educación superior, a través de intercambios académicos o docentes, permite mejorar la calidad de enseñanza e investigación a partir de la globalización y modernización en la formación del capital humano. En México, las oportunidades de hacer posgrados ha crecido y se han logrado alianzas estratégicas con universidades extranjeras para propiciar estos encuentros; las facilidades en el marco migratorio en años anteriores representó una parte crucial de la relación cooperativa entre estos países. Un ejemplo es el intercambio docente, en el que maestros especializados son contratados por universidades extranjeras y solicitan las visas otorgadas a través del marco TLCAN.

Es importante tomar en cuenta que desde 1985 el comercio de servicios ha crecido de forma exuberante, específicamente en educación a distancia. El marco migratorio para los estudiantes no se vería directamente afectado con las visas de estudiante; sin embargo, si algún corporativo extranjero busca contratar estudiantes foráneos, no podría solicitar las visas otorgadas a través del TLCAN y tendría que recurrir a un proceso migratorio complejo, que implicaría una mayor inversión económica y de tiempo.

En relación con el sector económico, si el TLCAN no se renegocia equitativamente tendríamos como consecuencia una depreciación de la moneda nacional, disminuyendo considerablemente el número de jóvenes que tendrían el poder adquisitivo para sostener una educación fuera del país. Retomando el concepto, el capital humano es el principal generador de riqueza y por eso la inversión en la educación podría combatir la desigualdad social.

Debido a la incertidumbre de las campañas electorales y de la renegociación del TLCAN, la elección de nuestro gobernante definirá el curso que tomará no sólo la educación sino las relaciones internaciones de México con el mundo. Es crucial ser un país independiente y soberano, pero sin cerrar los ojos y caer en la soberbia de creer que no necesitamos de nadie para mejorar. Vivimos en un mundo globalizado; por ello, debemos ser críticos y trabajar en conjunto para buscar soluciones y alianzas estratégicas que beneficien y promuevan el reconocimiento y crecimiento económico del país, a partir no sólo de la apertura comercial sino de la integración y restructuración del sector educativo.

*La autora es egresada de la Universidad Anáhuac, Campus Norte. El artículo se realizó con la asesoría de la Dra. Marcela de la Sota, directora de la Facultad de Economía y de la estudiante Almudena Wolff; egresada de la licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac México, Campus Norte.

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Educación superior y globalización

Por Eduardo Flores Castro

Los procesos de globalización entendidos como estrategias para establecer uniformidad en principios, costumbres, gustos y preferencias de consumo, tienen una larga historia propia de la expansión de los imperios. En la actualidad, estos procesos han sido impulsados por el desarrollo tecnológico y económico.

Los efectos de la globalización se extienden más allá del mundo económico y de esto no escapa la Educación Superior. Debatir sí la educación superior es un derecho social o una mercancía, es reflexionar sobre ¿Qué tipo de sociedad deseamos construir? ¿Qué ciudadanos deseamos formar? y ¿Cuál es el desarrollo al cual aspiramos? Ello es así porque, desde nuestra perspectiva, la educación superior es un derecho social, cuya regulación no debe ser función del mercado; sino del Estado que debe velar por el desarrollo de su país.

La globalización requiere de la formación de recurso humano con capacidad de adaptarse a los cambios en el mundo laboral, por lo que pierde vigencia una formación para toda la vida. Estas nuevas reglas del juego en la formación profesional representan un reto para la educación superior, pero a la vez compromete los principios y valores de las instituciones universitarias, que se enfrentan a la disyuntiva de educación para el empleo, o que hay ciertos conocimientos que deben ser propios de todo ciudadano.

La intensificación de los procesos de globalización en la educación superior, han implicado que los recursos económicos para la investigación también estén sujetos a la inmediatez de los resultados; en contraposición a la importancia de investigar en ciencias básicas, humanísticas y sociales.

El modelo de educación vista como mercancía tomó mucha fuerza a partir de los 90’s, cuando en el Acuerdo General sobre el Comercio de los Servicios, se introduce a la educación como un servicio susceptible de ser tratado como mercancía y ser liberalizado. Con ello devienen cambios en la política educativa a nivel mundial. Políticas ante las cuales se plantearon firmes posturas alertando de las consecuencias negativas para las universidades latinoamericanas, como es el caso de la asumida en el 2004 por la Unión de Universidades de América Latina.

Aplicar un modelo de comercialización a la docencia e investigación universitaria es ir en contra de los principios que sustentan nuestras universidades. Es crucial que generemos nuestro propio modelo educativo, como producto de nuestra historia, realidades, necesidades y sueños.

La Organización Mundial de Comercio sugiere que el Estado no debe financiar los productos, servicios, incluyendo la educación superior. Bajo esta visión, el Estado deja de ser el responsable y garante del derecho a la educación, y se convierte en garante para que la educación privada pueda competir en igualdad de condiciones. Así, los estudiantes pasan a ser clientes y las universidades son empresas que deben competir entre ellas y adaptar su oferta educativa para captar más clientes. Esto cercena el derecho a la educación de clases más bajas o clientes poco rentables y elimina el concepto de la educación superior como un derecho humano.

No se cuestiona el derecho privado en la gestión de la educación superior, sino la aceptación de ver transformada la educación en comercio y que los Estados renuncien a su poder de establecer los principios básicos para la formación de los ciudadanos y velar por una educación pertinente y de calidad.

La Universidad de Panamá está inmersa en una economía de libre mercado. De acuerdo al Banco Mundial, Panamá será el país que más crecerá en América Latina en el 2018. Sin embargo, en contrapartida, según el mismo Banco Mundial, somos el décimo país del mundo con la peor distribución de la riqueza, donde el 10% más rico tiene 37 veces más ingresos que el 10% más pobre.

Bajo este dramático contraste, la Universidad de Panamá ha contribuido y contribuye, desde su fundación en 1935, como instrumento de escalafón social. Durante sus 83 años ha aportado al país 250,000 profesionales en diversas disciplinas que abarcan 160 carreras de pregrado y 130 de postgrados. Además, ha sido el nervio motor en el fortalecimiento de nuestra identidad como nación.

La Universidad de Panamá con una matrícula de 65,000 estudiantes, está presente en todo el país, en nuestras diez provincias. Incluso tenemos diez programas universitarios en comarcas indígenas, un programa especial en la cárcel de mujeres y otro en un reclusorio de varones.

De igual forma, por el carácter social de esta institución, ofrece 37 carreras que tal vez no demanden los sectores empresarial y que no ofrecen las universidades particulares; pero que son necesarias para el desarrollo integral de la sociedad. Carreras como: Filosofía, Historia, Sociología, Bellas Artes, Economía, Física, Matemática y Ciencias Agropecuarias.

La educación como bien público debe producir conocimiento relevante a sus sociedades, debe dirigir sus esfuerzos en el logro de un desarrollo social y ambientalmente sustentable, y así contribuir a una mayor equidad entre los pueblos, y donde tenga cabida la construcción de la ciudadanía nacional y global.

Fuente del artículo: http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/educacion-superior-globalizacion/24070951

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THE Asia-Pacific University Rankings 2018: methodology

By The Times Higher Education

The Asia-Pacific University Rankings are built on the results of Times Higher Education’s extensive data collection, analysed with the same methods used for the World University Rankings and adjusted to reflect regional priorities

Browse the full Times Higher Education Asia-Pacific University Rankings 2018 results

The Times Higher Education World University Rankings are the only global performance tables that judge research-intensive universities across all their core missions: teaching, research, knowledge transfer and international outlook. The Asia-Pacific University Rankings use the same 13 carefully calibrated performance indicators to provide the most comprehensive and balanced comparisons, trusted by students, academics, university leaders, industry and governments. However, the weightings are specially recalibrated to reflect the priorities of Asia-Pacific institutions.

The performance indicators are grouped into five areas: Teaching (the learning environment); Research (volume, income and reputation); citations (research influence); International outlook (staff, students and research); and industry income (knowledge transfer).

Exclusions

Universities are excluded from the World University Rankings if they do not teach undergraduates or if their research output amounted to fewer than 1,000 articles between 2012 and 2016 (and a minimum of 150 a year). Universities can also be excluded if 80 per cent or more of their activity is exclusively in one of our 11 subject areas.

Data collection

Institutions provide and sign off their institutional data for use in the rankings. On the rare occasions when a particular data point is not provided, we enter a conservative estimate for the affected metric. By doing this, we avoid penalising an institution too harshly with a “zero” value for data that it overlooks or does not provide, but we do not reward it for withholding them.

Getting to the final result

Moving from a series of specific data points to indicators, and finally to a total score for an institution, requires us to match values that represent fundamentally different data. To do this we use a standardisation approach for each indicator, and then combine the indicators in the proportions indicated to the right.

The standardisation approach we use is based on the distribution of data within a particular indicator, where we calculate a cumulative probability function, and evaluate where a particular institution’s indicator sits within that function. A cumulative probability score of X in essence tells us that a university with random values for that indicator would fall below that score X per cent of the time.

For all indicators except for the Academic Reputation Survey we calculate the cumulative distribution function of a normal distribution using Z-scoring. For the data in the Academic Reputation Survey we use the cumulative distribution function of an exponential distribution in our calculations.



Teaching (the learning environment): 25%

The most recent Academic Reputation Survey (run annually) that underpins this category was carried out in January to March 2017, attracting 10,568 responses. It examined the perceived prestige of institutions in teaching. The responses were statistically representative of the global academy’s geographical and subject mix. The 2017 data are combined with the results of the 2016 survey, giving more than 20,000 responses.

As well as giving a sense of how committed an institution is to nurturing the next generation of academics, a high proportion of postgraduate research students also suggests the provision of teaching at the highest level that is thus attractive to graduates and effective at developing them. This indicator is normalised to take account of a university’s unique subject mix, reflecting that the volume of doctoral awards varies by discipline.

Institutional income is scaled against academic staff numbers and normalised for purchasing-power parity. It indicates an institution’s general status and gives a broad sense of the infrastructure and facilities available to students and staff.

Research (volume, income and reputation): 30%

The most prominent indicator in this category looks at a university’s reputation for research excellence among its peers, based on the responses to our annual Academic Reputation Survey (see left).

Research income is scaled against academic staff numbers and adjusted for purchasing-power parity (PPP). This is a controversial indicator because it can be influenced by national policy and economic circumstances. But income is crucial to the development of world-class research, and because much of it is subject to competition and judged by peer review, our experts suggested that it was a valid measure. This indicator is fully normalised to take account of each university’s distinct subject profile, reflecting the fact that research grants in science subjects are often bigger than those awarded for the highest-quality social science, arts and humanities research.

To measure productivity we count the number of papers published in the academic journals indexed by Elsevier’s Scopus database per scholar, scaled for institutional size and normalised for subject. This gives a sense of the university’s ability to get papers published in quality peer-reviewed journals. This year, we devised a method to give credit for papers that are published in subjects where a university declares no staff.


 

Citations (research influence): 30%

Our research influence indicator looks at universities’ role in spreading new knowledge and ideas.

We examine research influence by capturing the average number of times a university’s published work is cited by scholars globally. This year, our bibliometric data supplier Elsevier examined almost 62 million citations to more than 12.4 million journal articles, article reviews, conference proceedings and books and book chapters published over five years. The data include the 23,000 academic journals indexed by Elsevier’s Scopus database and all indexed publications between 2012 and 2016. Citations to these publications made in the six years from 2012 to 2017 are also collected.

The citations help to show us how much each university is contributing to the sum of human knowledge: they tell us whose research has stood out, has been picked up and built on by other scholars and, most importantly, has been shared around the global scholarly community to expand the boundaries of our understanding, irrespective of discipline.

The data are normalised by the overall number of papers produced to reflect variations in citation volume between different subject areas. This means that large institutions or those with high levels of research activity in subjects with traditionally high citation counts do not gain an unfair advantage.

We have blended equal measures of a country-adjusted and non-country-adjusted raw measure of citations scores.

In 2015-16, we excluded papers with more than 1,000 authors because they were having a disproportionate impact on the citation scores of a small number of universities. Since last year, we have designed a method for reincorporating these papers. Working with Elsevier, we have developed a new fractional counting approach that ensures that all universities where academics are authors of these papers will receive at least 5 per cent of the value of the paper, and where those that provide the most contributors to the paper receive a proportionately larger contribution.

International outlook (staff, students, research): 7.5%

The ability of a university to attract undergraduates, postgraduates and faculty from all over the planet is key to its success on the world stage.

In the third international indicator, we calculate the proportion of a university’s total research journal publications that have at least one international co-author and reward higher volumes. This indicator is normalised to account for a university’s subject mix and uses the same five-year window as the “Citations: research influence” category.

Industry income (knowledge transfer): 7.5%

A university’s ability to help industry with innovations, inventions and consultancy has become a core mission of the contemporary global academy. This category seeks to capture such knowledge-transfer activity by looking at how much research income an institution earns from industry (adjusted for PPP), scaled against the number of academic staff it employs.

The category suggests the extent to which businesses are willing to pay for research and a university’s ability to attract funding in the commercial marketplace – useful indicators of institutional quality.

Source of the article: https://www.timeshighereducation.com/world-university-rankings/asia-pacific-university-rankings-2018-methodology#survey-answer
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El desempleo comienza a ser un problema serio

Por Diego Penizzotto

“El paro de hoy le va a costar a los argentinos casi 29 mil millones de pesos. La única manera de sacar adelante nuestro país es trabajando” lanzó el Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne desde su cuenta personal de Twitter el último lunes durante el paro nacional convocado por la CGT.

La respuesta no tardó en llegar. Desde las centrales obreras señalaron que a diario se pierden u$s 250 millones por los intereses de la deuda pública y reclamaron al Ministro que atienda el reclamo de los trabajadores.

Distintos datos originadas en fuentes diversas, permiten advertir a priori que la situación en el mercado de trabajo comienza a ser delicada. Las estadísticas aún no reflejan por completo los efectos de la devaluación y la baja en el nivel de actividad. Significa que la situación puede ser aun más grave en el segundo semestre.

Finalizada la primera parte del año, el escenario muestra paritarias cerradas en torno al 15%. Mientras tanto, no solo el gobierno abandonó la meta en el acuerdo firmado con el FMI, el cual contempla una banda de inflación de entre el 27% y el 32% para este año, sino que la mayoría de los consultores privados ya estiman un piso inflacionario de 30%, lo cual duplica la meta original. Un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda, indica que la pérdida de poder adquisitivo en 2018 será de entre el 7% y el 19% dependiendo del acuerdo paritario en cada convenio colectivo.

La contracara a la problemática de los trabajadores registrados, es aun más preocupante. Los datos del Ministerio de Trabajo dados a conocer esta semana, dan cuenta de que en los primero cuatro meses de 2018, se perdieron 94.500 puestos de trabajo registrados. Solo en el mes de abril, se perdieron 28.600 puestos.

También esta semana, el Indec publicó los datos del mercado de trabajo para el primer trimestre del año, confirmando la tendencia: el desempleo trepó hasta el 9,1%. Implica que existen 1.183.000 personas que buscan trabajo y no lo consiguen y que dicha cifra se incrementó en 34.000 personas respecto al primer trimestre de 2017.

El mapa del desempleo

Reducir la problemática del mercado de trabajo solo a la cifra de desempleo, es un reduccionismo que no aporta demasiado al análisis. Más valioso es escudriñar el detalle del informe publicado por Indec, del cual surgen conclusiones sorprendentes.

En primer lugar, es necesario resaltar que las personas que sufren problemas de empleo representan una proporción mucho mayor al 9,1% de la Población Económicamente Activa (PEA). Según el organismo oficial, existe un 15,1% de la PEA catalogado como “ocupados demandantes”. Se trata de personas que tienen trabajo pero siguen buscando empleo. Allí se incluyen tanto a quienes se consideran “sub ocupados” por trabajar menos horas de las que desean, y a quienes tienen un trabajo de tiempo completo pero mantienen la búsqueda de empleo porque sus condiciones laborales actuales no les satisfacen. Se trata de otras 1.960.000 personas. En total, existen mas de tres millones de habitantes con problemas de empleo en Argentina, lo que significa casi un 25% de la PEA. Para encontrar una situación similar, hay que remontarse hasta el segundo semestre de 2016, al inicio de la gestión Macri (ver infograma).

En segundo lugar, los datos referidos al desempleo son todavía más relevantes si se los desglosa por sexo, edad, nivel de estudios y tiempo buscando empleo.

El segundo infograma muestra que el desempleo golpea por igual a mujeres (50,6%) y varones (49,4%). El mismo gráfico permite advertir que la mitad mas uno de los desempleados en Argentina, tiene menos de 29 años. El informe de Indec agrega que entre las mujeres de 14 a 29 años, el desempleo llega al 20,9%, mientras que entre los varones de 14 a 29 años, alcanza el 15,3%.

En cuanto a la calificación, una premisa histórica del mercado laboral, es que tener al menos la educación secundaria completa es condición necesaria para obtener empleo. Sin embargo, los datos muestran que en el primer trimestre de 2018, el 60% de los desempleados en Argentina, tiene educación secundaria completa, educación superior incompleta o educación superior completa. En pocas palabras, el desempleo afecta más a quienes tienen mayor grado de calificación.

Otro dato llamativo refiere al tiempo de búsqueda. La estadística oficial indica que 4 de cada 10 desempleados busca trabajo desde hace más de un año, lo cual revela el problema estructural de inserción que presenta el mercado de trabajo en Argentina.

Es revelador además, colocar las cifras en su contexto geográfico. Fuera del Gran Buenos Aires, donde el desempleo llega al 10,7%, la región más afectada es la Pampeana donde el ratio es 8,6%. La menos alcanzada es Cuyo donde el indicador es 4%, mientras que en la Patagonia llega al 6,6%. Por último, se observa que el desempleo tiene características urbanas. En los aglomerados de más de 500.000 habitantes la falta de trabajo llega al 10%, mientras que en las ciudades de menos de 500.000 es solo de 5,8%.

Datos
1.183.000
Las personas desempleadas en el primer trimestre del 2018. Otros 1.960.000 trabajan pero siguen buscando empleo.
23,4%
del total de los desempleados en Argentina es jefe de hogar a cargo del núcleo familiar.
40%
del total de los desempleados busca trabajo desde hace más de un año. Hay otro 26% que comenzó a buscar trabajo durante el 2018.
Fuente del artículo: https://www.rionegro.com.ar/pulso/el-desempleo-comienza-a-ser-un-problema-serio-CI5318657
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Dramatic changes in the place of creative arts in the curriculum

By The Guardian

A plea from members of the National Association for the Teaching of Drama, and a reminder that artists can often be persuaded to visit schools for nothin

Andria Zafirakou and her Artists in Schools project are inspiring and so very welcome (Teacher to use $1m prize to bring back the arts, 27 June). But we mustn’t lose sight of re-establishing the arts as an integral part of the curriculum. We, the undersigned, have been trying to draw attention to a creative arts discipline that is in danger of being lost.

In the second half of the 20th century a new educational practice developed. It used the art forms of drama and theatre to explore any area of the school curriculum and of life that a teacher and her class wished to address.

One of its leading exponents, Prof Gavin Bolton, wrote of its purpose: “to help young people to know the world, to refine and challenge the ways in which they see the world, to examine how they relate to the world and to test their own society’s values”.

At this year’s AGM it was agreed that NATD would go into a “hibernation” period, ensuring the financial and pedagogical future of its work until a more enlightened government is in power. In its country of origin, this child-centred, creative discipline is an endangered species. It must be protected.
John Airs Honorary life member, NATD, Prof David Davis Honorary life member, Liam Harris Chair, NATD, Maggie Hulson, Guy Williams Editors, NATD Journal, Theo Byer, Edward Bond BigBrum Theatre, Wasim Kurdi (Palestine), Luke Abbot, Cao Xi, Li Yinging (China), Yi-Man Au (Hong Kong), Brian Woolland, Chris Ball, Liz Ball, Tim Taylor, Mike Davies, Roger Wooster, Matthew Milburn, Carmel O’Sullivan, Elaine Ashbee, Margaret Higgins, Steve Nolan, Ian Yeoman, Danie Croft, Bernie Evans, Jane Airs, Jamie and Ali AirsKathleen Young, Douglas Young, Sam Yates, Liz Yates, Andrew Yates, Ann Bates, Jo Hanlon, Poppy King, Stephen King, Elspeth Williams, Andreas Williams, Helen Williams, Angharad Williams, Nick Timmins, Elaine Brown, Cate Murphy, Peter Cresswell, Roy Molyneux, Neil Hutchings, Helen Marks, Mark Dunne, Maureen Rahilly, Clare Hynes, Barry Lewin, Theresa Lewin, Eileen Kelly, Abhijith Subramanian, Dr Sujitha Subramanian, Sam Pryce, Martin McCauley, Martin Wood, Tim Hayden, Elizabeth Hayden, Angela Hayden, Michael Hayden, Len Naughalty, David Hookes, Hannah Hookes, Patricia Campbell, Mary M Reid, Heather Nunnen, Rebecca Smyth, Sue Ryrie, Nita Cresswell, Jenny Robb.

 Although I’m not in favour of the global teaching prize, because it demeans the dedication of the majority of teachers, I am impressed by Andria Zafirakou’s decision to set up a campaigning charity with the money to get more artists and arts organisations into British schools. But you don’t always need the support of a charity to get artists into schools. As a teacher I personally contacted classical musicians and cultural organisations, and found many of them willing – often for nothing or a modest fee – to play Liszt and Chopin to my sixth formers, or to celebrate the Charles Dickens bicentenary with year 9 – one even agreed to give a musical masterclass to our budding musicians.

And if you live in a place like London, teachers can organise visits to some of the best arts venues on earth, most of which offer affordable school rates, not to mention the outreach that many of them already offer.

Fuente del artículo: https://www.theguardian.com/education/2018/jul/01/dramatic-changes-in-the-place-of-creative-arts-in-the-curriculum

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El cambio en la educación (Video)

Panamá / 8 de julio de 2018 / Autor: Redacción / Fuente: La Estrella de Panamá

Los padres de familia tienen que involucrarse y aceptar que más que un cinco, sus hijos deben saber comprender lo que le enseñan

Nadie duda que la educación sea uno de los principales problemas de la sociedad. Que es necesario reforzarla y elevarla, para enrumbar el país hacia el desarrollo. El asunto es cómo abordar el tema, pues una gran cantidad de personas se inclina hacia la inversión, lo cual sin duda no es despreciable, pero hasta ahora no ha sido efectivo. Entonces ¿cómo mejorar la educación? Para empezar el cambio, hay que involucrar a la sociedad en la solución, pues la educación empieza en el hogar. Los padres de familia tienen que involucrarse y aceptar que más que un cinco, sus hijos deben comprender lo que les enseñan. La misma comunidad tiene que ser parte activa en el desarrollo educativo. La escuela pública deja mucho espacio para el ocio, lo que inevitablemente lleva a los chicos a perder su tiempo con gavillas y pandillas. Sería de mucha utilidad en su formación, que los muchachos lo utilicen en ligas interbarriales, en debates comunitarios, en acciones sociales. Pero los padres de familia tienen que concienciarse de que tienen del deber de involucrarse y junto a sus vecinos trabajar en pro de la educación. La inversión pública en educación pueda que no sea del todo la más óptima, pero muchos colegios públicos tienen presupuestos que superan el de colegios privados renombrados, más la calidad de la educación que reciben los estudiantes es infinitamente menor. El cambio de la educación no necesariamente es un asunto de dinero, sino de actitud y el mejoramiento de la calidad educativa no es solo del gobierno, sino principalmente de la familia y la comunidad y en eso hay que empezar a trabajar.

Fuente:

http://laestrella.com.pa/opinion/entre-lineas/cambio-educacion/24071146

ove/mahv
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Chile: violencia y educación (Video)

Chile / 8 de julio de 2018 / Autor: Garrido Frank / Fuente: Vimeo

Video recopilatorio de datos publicados por Unicef Chile, Educación 2020 y EligeEducar.
Importancia de la educación y el análisis de datos actuales para facilitar la toma de desiciones y tomar parte de el cambio que necesita la educación Chilena.
Docente Consciente 2018

 

https://vimeo.com/278188715

 

Fuente: https://vimeo.com/278188715

ove/mahv

 

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