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¿Con qué lentes quieres ver el mundo?

Por: Jaume Carbonell

Una exposición invita al alumnado de secundaria a interpretar y a conocer mejor a las personas antes de juzgarlas

“Hace tres horas que he enviado un whatsapp a mi amigo y pasa de mí. ¡Seguro que está enfadado!”.

“¿Sabemos realmente qué hay detrás de un whatsapp no contestado? ¿Estamos interpretando todas las posibles situaciones que no le están permitiendo contestar o estamos juzgando la situación pensando en que está enfadado?”

Estas reflexiones forman parte de la exposición “¿Con qué lentes quieres ver el mundo?”, cuya intención es hacer reflexionar al alumnado de enseñanza secundaria acerca  de la necesidad de no quedarse en lo que se ve a simple vista, así como en la importancia de informarse, ser crítico e ir más allá. A través de imágenes contrastadas y opuestas y diversas dinámicas se plantea la diferencia que hay entre interpretación y juicio. La interpretación nos acerca a la explicación para entender el sentido de lo que sucede y está abierta a la pluralidad, a las diversas maneras de ver las cosas. En cierto sentido supone una apertura de la mente a la más amplia y compleja realidad sociocultural. Este proceso reclama pausa y exigencia reflexiva, dos atributos para viajar hacia el conocimiento.

Por el contrario, el juicio se aproxima a una afirmación que conlleva distintos grados de comparación y discriminación, pues suele tomarse una posición sin haber adquirido previamente un conocimiento sólido y completo de un objeto,  de una  persona o de un colectivo. Así, el juicio está demasiado connotado por el prejuicio, por la prisa y por la celeridad en que nos movemos cada vez más en nuestras relaciones virtuales. Por otro lado, el juicio se hermana con demasiada frecuencia con las respuestas claras y con el dogmatismo: “Las cosas son así”. Mientras que la interpretación (“Quieres decir que… No podría ser que…”) abre la posibilidad de romper con el pensamiento único y de introducir otras maneras de pensar, de sentir y de estar en la vida. “Hay una historia detrás de cada persona, hay una razón por la que somos como somos. Piensa en esto antes de juzgar a nadie”.  Este es otro de los lemas que invita a cambiar la mirada en este itinerario expositivo: unas estructuras mínimas fáciles de instalar por los distintos centros de secundaria de la comarca catalana del Ripollès.

Las responsables de esta iniciativa son Anna Viñas y Clàudia Bassaganya técnicas de Juventud del municipio de  Ripoll y de su comarca, respectivamente. Mediante la “Dinámica Albatros” un grupo de alumnos observa a otro que escenifica el día a día de un colectivo de personas que funcionan de manera muy diferente a ellos. Durante la representación las mujeres y hombres Albatros muestran diversos hábitos y comportamientos  en la manera de sentarse, tocarse, comer, beber, relacionarse y comunicarse. Tras poner en común las observaciones y anotaciones se les pregunta qué piensan que ha ocurrido, cómo creen que se han sentido las mujeres y los hombres, si la manera de relacionarse les han transmitido o no buenas sensaciones. Y más en concreto se les pregunta: ¿Estamos interpretando el idioma y los gestos o los estamos juzgando? ¿Nuestros prejuicios culturales influyen sobre nuestras observaciones y creencias sobre los otros o las otras culturas? Llegados a este punto se le explican, al alumnado, los valores específicos de su cultura. Estas secuencias vivenciales sirven parta tomar conciencia de forma más comprensiva del sentido de la diferencia entre juicio e interpretación.

La exposición siempre contiene parejas de imágenes que muestran situaciones muy contrastadas con preguntas para la reflexión. Así, ante una foto de un niño con Instagram y una niña calentándose con el fuego, se les pregunta qué pasa cuando nuestras preocupaciones no son necesidades básicas. O ante un par de fotos de niños que van a la escuela en la misma dirección pero por diferentes caminos, se les plantea este interrogante: ¿Pensamos que nuestra manera de funcionar como sociedad es siempre la correcta? ¿Y si no tuviéramos otra opción y no hubiéramos visto otras realidades?

No podía faltar una referencia a los prejuicios que existen acerca de la juventud cuando, tirando del tópico, únicamente se subraya una cara de la realidad: “La gente joven no está implicada. Sólo se preocupan por salir de fiesta”.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2018/04/11/con-que-lentes-quieres-ver-el-mundo/

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La educación para descubrir al macho que llevamos dentro

Por: Carlos Aldana

Descubrir el macho que llevamos dentro es asumir, con alegría y novedad, las formas de relaciones y de ejercicio de poder que nos han sido negadas.

Los hombres hemos aprendido a conocer, sentir y vivir en el mundo desde el privilegio que nos ofrece nuestra propia condición biológica. Ser hombres nos ha brindado condiciones favorables (pero desiguales) en relación con las mujeres. Este privilegio nos ha impedido descubrir la injusticia de una vida patriarcal y nos ha deformado.
Todo hecho educativo tiene que representar descubrimientos de todo tipo. Siempre educar(nos) será hacernos descubridores. Por eso, postulo que llegar a sentir el macho que llevamos dentro constituye uno de esos descubrimientos maravillosos, aunque cargado de dolores, penas y vergüenzas, y lleno de relatos personales que no pueden negarse.
Este es un descubrimiento liberador, que nos abre ventanas a nuevas realidades, a relaciones novedosas, a quitarnos cargas. Aunque puede llenarnos de culpas y remordimientos, descubrir el macho que llevamos dentro es asumir, con alegría y novedad, las formas de relaciones y de ejercicio de poder que nos han sido negadas.
Insisto en que el descubrimiento de una atadura tan fuerte y tan ceñida, como es el patriarcado cuando lo llevamos muy adentro, empieza por el reconocimiento de los privilegios por ser hombres. También es el reconocimiento de que, hasta determinada edad y punto de nuestra vida, hemos sido parte de un sistema de influencias que pretende, precisamente, la introyección de esos rasgos machistas que ayudan, desde la cultura, a configurar el patriarcado, como una visión de poder económico, social y político. Sin embargo, acentúo “hasta determinada edad y punto de nuestra vida”, porque la educación también llega a representar una exigencia de responsabilidad y de transformación. Qué fácil y cómodo sería culpar siempre al sistema, a la sociedad, a nuestra madre o nuestra familia de lo macho que somos, cuando ya hemos descubierto los rasgos, las implicaciones, los efectos y otras variables que permiten la existencia del patriarcado. En la medida que nos sintamos más protagonistas de nuestra vida -y por tanto de nuestro propio proceso educador-, en esa medida descubrir el patriarcado en nuestra esfera íntima y personal, ya es una responsabilidad innegable. Sin excusas o justificaciones.
Una educación para el siglo XXI pasa por reconocer, descubrir, superar, transformar o destruir el patriarcado, en todas nuestras sociedades, ese que no nos deja construir un mundo mejor, donde hombres y mujeres seamos compañeros en igualdad de poder. Implica el cambio serio de estructuras y políticas, de prácticas institucionales, de modificación profunda de las relaciones de poder establecidas entre y para hombres y mujeres. Esta lucha, además, se compone de esas transformaciones en visiones, actitudes, interacciones, comportamientos y otros componentes culturales (como la simbología) que, en el día a día, representan la forma más potente y sutil de incorporar el patriarcado a través del machismo. Recordemos que el machismo constituye una cultura y el patriarcado un sistema que es producto y causa de esa cultura.
En países como los latinoamericanos, la educación como lucha para cambiar las condiciones injustas y excluyentes pasa por la transformación seria y permanente de las relaciones de poder en las cuales las mujeres (y toda expresión de diversidad en orientación e identidad sexual) son asumidas para y desde la subalteridad. Ese privilegio, que no pedimos pero que tampoco rechazamos los hombres, es el punto de partida para una educación que transforme el ejercicio de poder. Esta es una lucha compañera de la lucha contra las estructuras económicas globalizadas y acomodadas a los ejes de poder. Pretender una vida digna para pueblos enteros es también pretender la transformación de las condiciones de vida de las mujeres en esos pueblos, pues es en ellas que todas las variables de exclusión se agudizan.
Empecemos, pues, por educar(nos) para hacer este difícil, complejo pero maravilloso descubrimiento, que es la puerta de entrada para cambios personales, pero también colectivos.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/04/09/la-educacion-para-descubrir-al-macho-que-llevamos-dentro/

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El impacto conocido, ignorado, inquietante de las tecnologías digitales

Por: Juana M. Sancho

Me preocupa como educadora la sensación que tienen mis alumnos en cuanto a la inevitabilidad de los usos indeseados de las tecnologías y de Internet, como si no respondiesen a los intereses, las opciones y las decisiones de unos cuantos que salen siempre beneficiados.

En septiembre de 2005, los servicios de redes sociales eran prácticamente desconocidos (MySpace fue creada en 2003, Facebook y Twitter en 2006, Instagram en 2010…) y la llamada Web 2.0 acababa de ser bautizada en 2004. Así que el este episodio constituyó un nuevo mojón en el camino que había emprendido bastantes años antes al adoptar una perspectiva critica sobre la tecnología en general y la digital en particular (ver 1994: “La tecnología: un modo de transformar el mundo cargado de ambivalencia”. En J. M. Sancho (Coor.). Para una Tecnología Educativa (pp. 13-38). Barcelona: Horsori).

Estábamos en visita académica en la University of Technology Sydney (Australia) y fuimos con una colega a impartir una conferencia a un instituto femenino de una orden religiosa, sobre las “luces y las sombras” de Internet. Hablábamos de un mundo virtual que no tiene nada que ver con el actual, pero que ya comenzaba a mostrar sus puntos débiles. Al acabar la sesión, se acercó una madre que no se atrevió a hablar en público y nos explicó que hacía poco tiempo que, para su sorpresa, les había llamado la policía para decirles que la foto de su hija había sido encontrada en un portal de pornografía y prostitución. La familia y la propia joven no podían dar crédito. ¿Cómo había ido a parar una foto de su hija allí? (Seguro que ahora no nos sorprendería tanto). Una vez analizada la foto se resolvió el misterio. La imagen había sido robada del perfil del MSN Messenger de la joven. (¿Quién se acuerda de este servicio de mensajería instantánea desarrollado por Microsoft en 1999, remplazado en 2005 por Windows Live Messenger y ahora por Skype?). Y la policía la pudo localizar porque en la foto aparecía el escudo del centro religioso al que asistía. Para mí, fue la primera prueba palpable de que todas y cada una de las cosas que compartimos por Internet, dejan de pertenecernos en el momento de hacerlo. Era consciente de que cualquiera de nuestros datos, desde los que aparecen en el censo o las encuestas, hasta los que forman parte de formularios médicos o escolares, pueden utilizarse para distintos fines y con diferentes propósitos, que tanto nos pueden favorecer como desfavorecer.

Pero la “explosión” del desarrollo de las tecnologías digitales en todas sus dimensiones, me refiero a los artefactos y a las aplicaciones, está construyendo un mundo que, como ya pasa con las altas finanzas y los distintos tipos de mafia, parece que está por encima de nosotros. Un mundo en el que lo que nos hacen creer que “es gratis” (más allá de lo que cuestan los aparatos con obsolescencia más o menos programada y las conexiones a la red) lo pagamos con la información que voluntaria o involuntariamente proporcionamos.

Los penúltimos escándalos sobre la venta millonaria, en beneficios económico y políticos, de millones de datos personales del servicio de red social más utilizado (Facebook) ha vuelto a poner sobre la mesa la problemática de los sistemas de recogida de información sobre los ciudadanos y sus usos derivados. Y, para variar, siempre se benefician los mismos. Lo que resulta curioso (bueno, en realidad, no) es que quienes obtienen los mayores beneficios, como por ejemplo Mark Zuckerberg, tapan la cámara de vídeo y el micrófono de su ordenador. Y, por supuesto, Robert Mercer, considerado el “hombre más poderoso de la Casa Blanca”, dueño de una parte de Cambridge Analytica, la compañía que compró los datos a Facebook y que claramente anuncia “que utiliza los datos para cambiar el comportamiento (político y de consumo) de la audiencia”, no muestra su vida en ningún servicio de red social.

Cuando discuto con los estudiantes en la Universidad, sobre todo los de grado, los temas relacionados con las consecuencias indeseadas del desarrollo de la tecnología digital, lo que me preocupa como educadora es la sensación que tienen de su inevitabilidad. Como si este, y todos los desarrollos tecnológicos, y aquí vuelvo a mi primera columna, fuesen un destino, algo irremediable, que se desarrolla por sí mismo, sin mediar los intereses, las opciones y las decisiones de unos cuantos que salen siempre beneficiados, y no un campo de batalla, un parlamento de las cosas en el que se deciden las alternativas a la civilización.

De ahí que me preocupen de forma particular las perspectivas entusiastas e ingenuas, que ven en cada nuevo gadget, en cada nueva aplicación, “la panacea” a los problemas de la educación, perdiendo, consciente o inconscientemente, el “fuera de campo”, lo que hay detrás del escenario y lo que queda al acabar la función. Y me preocupa cada vez más, porque a los propios docentes, asesores y responsables de las políticas educativas, nos es cada día más difícil entender las dimensiones de un cambio tecnológico que está sacudiendo los cimientos de lo que entendemos por información, conocimiento, cultura, socialización, trabajo y política. Sin que se vea claramente si los cambios van a ser para mejor.

Una vez más, vengo con más preguntas que respuestas, pero me parece fundamental comenzar a desarrollar en el lugar del entramado educativo que parezca más apropiado “clubes de cultura tecnológica crítica”. Lugares en los que participen especialistas, docentes, estudiantes y familias, para poder analizar las dimensiones profundas de estos cambios, sus implicaciones para todos nosotros y las posible alternativas para el mundo que quisiéramos contribuir desarrollar.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/04/11/el-impacto-conocido-ignorado-inquietante-de-las-tecnologias-digitales/

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Invitación a contar (la narrativa educativa)

Por: Jaume Martínez Bonafé

Mi llamada al relato de la experiencia escolar tiene una dimensión política, porque es una llamada al reconocimiento de la subjetividad, la biografía, dando visibilidad a las particularidades.

Todos los días de todas las semanas del curso iniciaba mis clases en el grado de Educación Social con un estudiante o una estudiante, de pie frente al círculo de iguales, contando algún hecho o situación de su experiencia personal que le resultara especialmente significativo y que deseara compartir. Titulábamos aquella práctica “3 minutos de verdad”, como homenaje a aquel poema que Evtuchenko dedica al estudiante cubano José Antonio Echevarría, que ocupó la emisora de radio durante la dictadura de Batista y lanzó una proclama al pueblo antes de que llegara la policía y lo matara.

Era la práctica más valorada por los estudiantes aunque no la más fácil. Sé que muchas de ellas o de ellos al mostrar su cuerpo y elevar su voz tenían el corazón a punto de estallar y las manos les sudaban a chorros. Pero nunca vi más intensidad en las miradas, en todas las miradas, que durante la presentación de sus relatos. Recuerdo a aquel chaval que llegó un día al aula y nos dijo que quería hablar de cómo su abuelo le había enseñado a dialogar con los árboles y las plantas. Decía su abuelo agricultor que no siempre hay que ir al campo a trabajar, que también hay que aprender a escuchar lo que dicen las plantas. Y le cogía de la manita y le explicaba el particular lenguaje de árboles y plantas durante el paseo por los huertos. Nunca hubo más emoción en aquel muchacho que la tarde en que relató la sabiduría de su abuelo.

Vengo a contarles esto porque creo que en educación y en la formación del profesorado nos faltan más relatos que nos permitan profundizar en la comprensión histórica, contextual y subjetiva de los saberes educativos. Soportamos una “teorización” de la práctica alejada de la experiencia vivida, monótona, a la que es difícil encontrarle el sentido profundo que pueda tener para cada uno de nosotros. La Academia ha venido conformando un modo hegemónico de pensar y hacernos pensar la educación, en el que nuestras vidas, experiencias y particularidades quedan olvidadas, silenciadas, ausentes. Siempre me interesaron los textos de Freinet por muchas razones, pero una determinante es que escribía con dulzura, de un modo cercano, invitándonos, con narraciones de su intensa y personal experiencia, a desbordar los límites y el orden de la pedagogía escolástica y explorar nuevas posibilidades educativas. Decía Foucault que formar conceptos debe ser una manera de vivir y no de matar la vida.

Vivimos una profesión que habla mucho de sí y de lo que nos pasa. No sé que ocurrirá con los médicos, las taxistas, los panaderos, o las archiveras, pero en nuestro caso es habitual que a la conversación a altas horas de la noche con el cubata en la mano en la barra de un bar le acompañe el relato de algo sucedido ese día en la escuela. Sin embargo, el discurso oficial de lo que ocurre en las aulas lo escriben otros. Por eso, mi llamada ahora al relato de la experiencia escolar tiene una dimensión política, porque es una llamada al reconocimiento de la subjetividad, la biografía, dando visibilidad a las particularidades, ofreciéndose al juicio público, favoreciendo la escucha también de las minorías, subvirtiendo el orden discursivo de la pedagogía tradicional y, sobre todo, rompiendo con el silencio al que ha venido sometiéndose la palabra del profesorado.

Mi invitación a contar puede expresarse de forma oral o escrita. En Valencia los movimientos de renovación pedagógica inventamos unas “meriendas pedagógicas” que tenían como finalidad compartir y regalarnos saberes y experiencias relatadas por las maestras alrededor de una mesa con café y pastas. Sin embargo, creo que ese saber testimonial nacido de lo singular, esa narrativa que articula experiencia, se expresa con más fuerza a través de la escritura. No hablo de esa escritura institucional que actúa como discurso de verdad y encorseta el procedimiento con el enunciado. No, es otra la escritura que reclamo, más cercana a los silencios de quienes en aquella otra escritura institucional “no sabrían decir”. En las escuelas hay niños y niñas, maestras y maestros, que viven incidentes, resuelven problemas, tensionan sentimientos y experiencias en un proceso comunicativo colonizado por textos que no nacen del pensamiento sobre lo vivido por ellos mismos, que no nacen de la reflexión provocada por la singularidad de cada experiencia. Defiendo que es precisamente en esos espacios en los que hay que tomar la voz y llevarla al texto, desde el sujeto, sujetado sí, pero sujeto.

Y ya que estamos, déjenme que les cuente, ahora, lo que ocurrió con Ramón, que tenía nueve años cuando yo era su maestro en la escuela pública de la Pobla de Vallbona, allá por el final de los años setenta. Aquel niño de cabellos revueltos y rodillas marcadas por los golpes del juego y las aventuras de los huertos, estaba prematuramente etiquetado como un desastre, como un fracasado escolar. Así me lo presentaron los colegas, así lo certificaba el Libro de Escolaridad, y así parecían percibirlo la familia y los vecinos.

Sin embargo, muy pronto Ramón empezó a ser un niño muy admirado por sus amiguitos y amiguitas de la clase, y desde luego, también por su maestro. Todos y todas esperábamos ansiosos, cada mañana, que se abriera la puerta del aula (¡claro! siempre con unos minutos de retraso) y apareciera Ramón. El chaval sacaba de su maltrecha mochila un papel arrugadito que a menudo adornaba con alguna mancha de aceite, subía a la tarima de madera que algún día fue territorio exclusivo del maestro, y se ponía a leer. Entonces salían de aquel papel las historias más hermosas, más imaginativas y más divertidas que ustedes puedan suponer. Todos nos quedábamos en silencio, atentos y expectantes y, poco a poco, las miradas de las niñas y los niños se encendían con aquellas historietas.

Yo aprovechaba aquellos textos libres, aquellas creaciones literarias, para trabajar otro curriculum, de otra manera. Con Ramón dibujábamos, medíamos, contábamos, discutíamos, escribíamos, pensábamos, viajábamos, leíamos, cantábamos, sentíamos, aprendíamos. Desde los textos de Ramón recuperé la cultura popular, la experiencia de la vida cotidiana, el deseo de los niños, los proyectos que ilusionaban, los saberes que se dejaban querer, los territorios y culturas que se dejaban explorar. Yo empezaba por entonces a ensayar la pedagogía Freinet y tenía muy claro que la escuela debía estar al servicio del pueblo, y no al contrario. Nunca olvidaré, además, el tierno y afectivo reconocimiento del grupo hacia este amiguito, al que se le otorgó, dentro del territorio libre del aula, la autoridad de ayudarnos a todos a crecer y a experimentar el verdadero sentido de vivir. Con Ramón entraba en el aula el sujeto, la biografía, la palabra propia, el deseo.

Cuando cuento esta historia suelo advertir que no hablo de didáctica sino de política. De un modo de entender la relación educativa nacido del deseo de emancipación. Un deseo que pone en la palabra y la experiencia narrada un modo de hacernos visibles en nuestra condición histórica.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/04/11/invitacion-a-contar-la-narrativa-educativa/

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‘De lejos, de cerca’, una dinámica grupal para reír y distender

Por: Haydee Mesa

Sigue riendo y practicando los beneficios del vínculo en el aula con esta nueva actividad que explico a continuación. Súmala a las anteriores propuestas, añádele tu “toque personal” y hazte con tu propio repertorio de juegos vinculantes.

Tenerlos ya en cabeza te dará rapidez y agilidad para solventar situaciones de estrés en un momento concreto. Por ello, aquí tienes “De lejos, de cerca” un divertido ejercicio cuyo objetivo es potenciar la cohesión grupal desde el trabajo con el control del desplazamiento espacial y la mirada. Además, practicándolo, conseguirás descargar mucha adrenalina y tensiones.

Actividad a partir de 6 años y para todas las edades

Para realizar en un espacio amplio con suelo blando (césped o colchonetas)

Pautas:

(Las miradas han de mantenerse todo el tiempo que dura el ejercicio)

1. Caminar por el espacio sin rumbo fijo demostrando el estado emocional en el que se encuentran cada uno.

2. Si ves que los desplazamientos se hacen fijos y automáticos pídeles que cambien de dirección y velocidad.

3. Cuando tú digas, pararán de caminar y se distanciarán unos de otros ocupando cada uno un lugar desde el que mantendrán el contacto visual con el compañero en cuestión. Se trata de sostener la mirada en todo Lo cual no es fácil sin que surja la risa. Y si surge, pues bienvenida sea, pero que no evite el contacto visual.

4. Entonces deben correr para darse un abrazo “de película” con la pareja de Insisto, lo más “peliculero” posible.

5. Acabado el abrazo y sin dejar de mirarse en ningún momento, juntarán nariz con nariz.

6. Luego se mirarán poniendo cara de asco.

7. Posteriormente, cara de enamoramiento.

8. Si el peso lo permite, por parejas, el más pesado coge al más ligero a “Caballito” y juntos se dirigen a intentar derribar con suavidad a las otras parejas con sus respectivos “caballitos”.

9. Los que caen al suelo se concentran en sentir la conexión de sus cuerpos con la tierra (ya no tienen que seguir mirándose, ahora pueden cerrar los ojos), en cómo cada músculo de la espalda, de la cabeza, de las piernas, pies y brazos se unen al suelo. Descansan así hasta que todo el grupo acaba en la misma posición de relax.

Fuente: http://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/educacion-emocional/lejos-cerca-una-dinamica-grupal-reir-distender/42091.html

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Lucrar es de mala educación

Por: Maite Orsini

Fueron años de movilizaciones, años de gastar zapatillas, creatividad y voz; años de estudiantes y sus familias juntos en las calles pidiendo algo tan simple como contundente: que la educación sea un derecho y no un negocio. Por eso, y no sin dificultades, haber logrado en las dos cámaras del Congreso que el lucro retrocediera considerablemente, fue una victoria de quienes, tanto dentro como fuera del Congreso, creen en la justicia social.

Hoy, la resolución del Tribunal Constitucional desconoció la voluntad de esa mayoría. Esta sentencia, evidentemente promovida por los intereses comerciales de las universidades privadas, es de difícil comprensión, pues encierra en un sinsentido lo que pretende ser una política pública. Por otro lado (o quizás por el mismo), el gobierno del Presidente Piñera ha intentado advertir que el resto de la normativa prohíbe el lucro en la educación, así que lo nuestro no es más que pateleo. Lo cierto es que esta nueva e ilegítima cancha permite que los controladores de una universidad, sean organizaciones con fines de lucro. Por lo mismo, el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, alertaba muy claramente sobre “una cosa que no se entiende”, esto es, las contradicciones que permiten que la universidad sea vista desde la lógica de “una inversión”. Incluso, dio un ejemplo que no podría ser más gráfico: “aquí está prohibido escribir con la mano izquierda, pero se permite contratar zurdos”.

Parece curioso -y no menos triste- que a estas alturas del partido tengamos que insistir en sincerar la discusión ¿Queremos que el lucro esté presente en la educación o no? Yo, como millones de estudiantes, digo sin dobleces: No. Pero el gobierno, sus representantes en el TC y los representantes de universidades privadas que no tienen problemas en militar en el PPD o en la UDI, todo indica que insisten en un Sí al que el Congreso y sus definiciones parecen importarles un bledo.

Sin duda que estamos en una de las famosas trampas del laberinto constitucional que impera en Chile. Con todo, quisiera alertar al Presidente Piñera que la ilegitimidad del Tribunal Constitucional llegó a un nivel intolerable: ¿el Gobierno se quedará de brazos cruzados ante una explícita violación de la voluntad democrática? El Gobierno, que aún insiste en una voluntad de “acuerdo nacional” a estas alturas agónico, debería tomar nota que este tipo de acciones hace que el debate público parezca un juego de pantomima, caldo de cultivo para la desafección y el malestar social. Total, siempre habrá una tercera cámara que determinará los designios del futuro de Chile.

Por cierto que la encrucijada en la que se encuentra Chile desdibuja el sentido de hacer política, en particular para mi generación que se propuso luchar por un país más justo. Pero no caigamos en el desaliento, no podemos permitirnos eso. A la falta de política,  todas las herramientas legislativas y fiscalizadoras del Congreso. A las decisiones de “la cocina”, compromiso con el movimiento social. No dejemos que el 2018 sea otro de esos tristes años en que la democracia y la ciudadanía son derrotados por los fácticos de siempre.

Somos responsables de la esperanza de muchos y muchas, de aquellas familias sencillas que soñaron ver a sus hijos formarse en una educación libre de negociados, libre de lucro.  Lo que ha dictaminado el TC es una falta de respeto a la democracia, una falta de respeto a las familias chilenas, como me decían el otro día en una feria en Huechuraba, una falta de educación monumental, un ninguneo a lo que el pueblo demandó en las calles, a lo que el Congreso resolvió en el hemiciclo. Tendrá entonces que volver a escucharse en las calles y con más fuerza en el Congreso: la educación chilena no se vende, se defiende.

Fuente del Artículo:

http://www.latercera.com/opinion/noticia/lucrar-mala-educacion/119742/

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La fusión Bayer Monsanto y el efecto dominó que amenaza la alimentación mundial

Por: Miguel Jara

Bayer ha comprado Monsanto. La Comisión Europea ha dado el visto bueno a la mayor fusión de empresas agrícolas, de transgénicos, pesticidas y semillas. Bayer compra Monsanto por 66.000 millones de dólares (53.800 millones de euros al cambio actual). Para ello la compañía alemana ha de vender parte de su negocio agroquímico aunque esas divisiones ya tienen comprador, Basf, que dará 5.900 millones de euros por ello.

Hay quien, como el eurodiputado ecologista Ernest Urtasun, del grupo de Los Verdes ha sido muy concreto en su opinión:

«Además de veneno, Bayer nos venderá los remedios” (…) La agroindustria ya está demasiado concentrada, unas pocas empresas dominan completamente la producción de alimentos. Fusionar dos de los actores más importantes y con mayor cuota de mercado solo empeora la situación”.

Se refiere Urtasun a que Bayer controla buena parte de la cadena: semillas para sembrar comida; fertilizantes, herbicidas y demás “fitosanitarios” para su cultivo; y medicamentos para tratar las posibles consecuencias que tiene para nuestra salud el modelo alimentario basado en tóxicos.

Aceptar esta fusión en Bruselas y Washington (que se entiende que lo hará en breve) significará la consolidación de la última de las tres mega fusiones de la industria de semillas y pesticidas que han estado en juego desde 2015.

Mientras que al iniciarse el frenesí de las fusiones seis compañías globales controlaban aproximadamente dos terceras partes del mercado global de semillas y más del 70% del de pesticidas, ahora quedarán solamente cuatro compañías en ámbito de semillas y pesticidas: Bayer-Monsanto, que dominará; le siguen Corteva Agriscience (una nueva empresa derivada, resultado de la fusión del año pasado entre Dow y DuPont); la empresa resultado de la fusión anterior entre Syngenta (con sede en Suiza) y ChemChina (la ambiciosa compañía química asiática que se espera se fusione muy pronto con la aún más grande Sinochem); y finalmente la cuarta jugadora en el campo será BASF, la gigante alemana que ahora será más fuerte gracias a la parte de semillas de Bayer.

Como cuentan los persistentes investigadores del Grupo ETC:

«Los negocios de datos masivos (big data): El núcleo de todas las megafusiones ha sido lograr el control de los datos masivos (big data) sobre agricultura. El manejo de datos masivos está detrás de las nuevas tecnologías de ‘ADN digital’, que incluyen a la biología sintética [o cómo comerciar con el código genético de los organismos vivos] y la edición genómica y que están transformando la investigación agrícola y las llamadas plataformas de ‘agricultura de precisión’”.

La rama de capital de riesgo de Monsanto anunció ayer que invertiría 25 millones de dólares en una nueva compañía de edición genética de cultivos (Pairwise Plants) y puso como presidente al vicepresidente de operaciones globales de biotecnología de la propia Monsanto. Con las plantas editadas genéticamente las empresas de semillas intentan esquivar el estigma de los transgénicos.

Los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) del “pasado” incluyen ADN externo de otras plantas o bacterias. Pero las nuevas técnicas de edición genética tratan de introducir cambios en los genes sin “ayuda externa”. Un ejemplo que se hace con la soja: se hacen cambios en dos genes implicados en la síntesis de ácidos grasos, para que el aceite prensado de la soja sea más parecido al aceite de oliva que al típico aceite de soja.

Otro de los aspectos que está pasando por alto según apuntan los de ETC es que las oficinas antimonopolio no han vigilado la creciente dominación de Bayer-Monsanto sobre los microbios agrícolas, tan necesarios para la correcta fertilización de los cultivos. En los últimos años, las dos compañías han hecho negocios con antiguas empresas de enzimas como Novozyme de Dinamarca (la compañía de venta de enzimas sintéticas más grande del mundo ) y con nuevas empresas en el ramo, como Ginko Bioworks, Silicon Valley (que utiliza biología sintética y técnicas de edición genética para alterar el ADN de microbios).

En esencia, lo que está (o mejor escrito, sigue) en juego es la situación de monopolio en la que están estas empresas, de las que dependen buena parte de la alimentación mundial. Hay que considerar también el efecto dominó de las megafusiones del agronegocio. El potencial monopolio de los insumos microbianos apunta a otra importante cuestión que las autoridades antimonopolios raramente consideran: ¿Crearán esas fusiones un efecto dominó en el sector de insumos agrícolas?

La investigación de Bayer y Monsanto sobre insumos microbianos amenaza directamente a la industria de los fertilizantes”, explica Jim Thomas, del citado grupo de investigadores ambientalistas. “Si los microbios fijadores de nitrógeno y micronutrientes son usados para revestir las semillas o se inyectan junto con la semilla en el momento de plantarla, será una competencia directa a las compañías que venden fertilizantes”.

De hecho, en este enloquecido panorama en el que las empresas se funden para ser más fuertes y obtener mayores beneficios, sortear la competencia e imponer sus criterios globales, la segunda y la cuarta empresas de fertilizantes más grandes del mundo se fusionaron a principios de enero para formar Nutrient, hoy la número 1.

La empresa número 2 de fertilizantes en el mundo, Yara (de Noruega) también está entrando en el ámbito de la investigación de insumos microbianos y lo mismo la compañía que ocupa ahora el cuarto lugar, Mosaic.

Ese efecto dominó también afecta a las compañías de maquinaria agrícola más grandes del mundo, que ya controlan casi la mitad del mercado global: las cuatro megaempresas de semillas y pesticidas que ahora quedan tras la fusión de Bayer y Monsanto serán objetivo de compañías sumamente ricas como Deere, ACGO, CNH y Kubota.

La merienda de lobos mundial está servida (con perdón de los lobos). Los negocios agrícolas (y sus negociantes) han ido fundiéndose desde 1977 y las actuales megafusiones son la prueba de que los gobiernos no han sabido manejar el tema en función del interés público. Por eso, la alternativa es negociar un Tratado sobre Competencia en Naciones Unidas, que quizá sea la única autoridad mundial capaz de mediar en el asunto pues es la alimentación de todo el planeta la que está en juego.

Fuente: http://www.migueljara.com/2018/03/22/la-fusion-bayer-monsanto-y-el-efecto-domino-que-amenaza-la-alimentacion-mundial/

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