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El fracaso de la educación pública en Argentina: sin responsabilidad no hay calidad

Por: María Marty

Empiezo esta columna con una frase muy antipática o, como dicen ahora, políticamente incorrecta.

“Dime cuántas escuelas públicas tiene un país y te diré cuánto ha fracasado y continuará fracasando su sistema.

En Argentina, la escuela pública siempre es noticia, no por sus cualidades, sino como protagonista de algún hecho conflictivo. Demandas, protestas en las calles, huelgas de docentes, alumnos sin clases durante medio año, adolescentes tomando las escuelas.  El historial que tiene sobre sus hombros es largo y su reputación ha venido decayendo en las últimas décadas a pasos agigantados.

¿Cuántas veces los colegios privados son protagonistas de este tipo de noticias?  Dejo al lector para que recorra su memoria.

Si bien en Argentina ni siquiera las instituciones educativas privadas están fuera del dominio de la agenda educativa estatal (la cual les impone impartir determinados contenidos y textos), son, al menos, mucho más eficientes por una simple razón: están obligadas a competir para atraer a sus clientes y para poder mantenerse en el mercado. Por ello, necesitan ofrecer un producto con cierto atractivo y calidad. ¿Qué padre estaría dispuesto a pagar por un colegio en donde no sabe cuándo su hijo tendrá clases?

Nada de eso ocurre con las escuelas públicas.  Su supervivencia en el mercado está asegurada porque están los mecenas anónimos (alias, los pagadores de impuestos), quienes están obligados a mantenerlas bajo pena de transformarse en delincuentes si se negaran a hacerlo.

¿Cuál es la solución entonces?  ¿Hay alguna salida decorosa?

corto plazo, una buena solución es hacer competir a las escuelas públicas con las privadas por ganar el voto de los padres que actualmente envían a sus hijos a instituciones estatales. ¿Cómo?

El Estado de Nevada en Estados Unidos parece haber encontrado un buen programa para lograr esto. Se trata del “Nevada’s Education Savings Account Program” (Programa de Cuenta de Ahorros Educativos de Nevada), que consiste básicamente en abrir a los padres una cuenta en el banco, donde el Estado deposita la suma que un estudiante le cuesta anualmente en materia de educación pública.  Con ese dinero, los padres pueden elegir qué tipo de educación ofrecer a sus hijos, abriendo un gran abanico de opciones.  Los padres pueden optar por continuar enviando a sus hijos a la escuela pública, o pueden elegir una escuela privada, o un programa de educación a distancia, o educarse en sus casas (homeschooling) con alguno de sus padres o con tutores.  Si el monto anual depositado no se utiliza completamente, el joven puede acumular ese dinero y sumarlo al monto del siguiente año. Vale aclarar que ese dinero no puede ser utilizado con otros fines.

¿Qué es lo más probable que suceda con la implementación de un programa de este tipo?

Que los padres opten por la mejor educación que puedan obtener para sus hijos por el dinero que ahora tienen en sus cuentas. Al contar los padres ahora con varias alternativas, el único modo que tendrá la escuela pública de obtener esos fondos, será convenciendo a los padres de ser la mejor opción, y no podrán hacerlo al menos que ofrezcan un producto de calidad.

¿Qué ocurrirá si las escuelas públicas no logran atraer alumnos y los padres optan por alguna de las otras alternativas? Deberán cerrar sus puertas; del mismo modo que cualquier empresa, cuyos productos nadie desea comprar, termina cerrando sus puertas. Pero los estudiantes no quedarán sin educación, sino con la educación que ellos eligieron.

Algunos presienten que esto podría ser el fin de la escuela pública y lo ven como un verdadero drama. Pero hay varias consideraciones a tener en cuenta.

Primero, algo desaparece del mercado cuando ya nadie lo quiere.  Si nadie lo quiere, para que mantenerlo por la fuerza agobiando a los ciudadanos con impuestos para lograrlo?

La educación pública es, hoy en día, consecuencia y síntoma de un fracaso: el de no haber implementado un sistema capaz de generar las condiciones necesarias para que la gente pueda hacerse cargo de su vida y de adquirir aquello que valora con el fruto de su propio trabajo.

Más aún. No sólo es síntoma y consecuencia de un fracaso, sino que también se ha transformado en causa, al perpetuar una educación deficiente, politizada, colectivizada que poco prepara a los jóvenes para transformarse en individuos independientes y responsables de su propia vida y más los prepara para continuar bajo el ala del Estado de bienestar.

Nevada ha dado un paso hacia delante, al hace competir a la escuela pública con otras opciones educativas.  Es un primer paso que podríamos analizar y reproducir en Argentina y el resto de los países de América Latina que sufren la misma problemática.

A largo plazo, y con las medidas políticas y económicas acertadas, la escuela pública tenderá a desaparecer y sólo existirán opciones privadas entre las cuales la gente podrá elegir y pagar con el sudor de su propia frente.  Y para los casos puntuales donde haya verdadera imposibilidad de pagar por este servicio, siempre existirán alternativas de becas, colaboración voluntaria, o un sistema como el de Nevada que podrá atender las excepciones que merezcan ser consideradas.

Fuente: https://es.panampost.com/maria-marty/2017/09/25/el-fracaso-de-la-educacion-publica-en-argentina-sin-responsabilidad-no-hay-calidad/

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¿Por qué un tercio de los alumnos que estudian ‘online’ fracasan?

Por: Ángel Perianes

Una mala gestión del tiempo o contenidos poco adaptados a la formación en línea motivan que un gran número de estudiantes abandonen desmotivados o defraudados

El aprendizaje online encabeza la actual revolución educativa con cifras que abruman por su gran tendencia al alza. En el último año, el número de alumnos que ha optado por cursar este tipo de formación (también conocida como e-learningha aumentado un 72% según datos de Plataforma Virtual. Su comodidad, su flexibilidad y el ahorro económico que supone respecto a la enseñanza presencial la han convertido en la opción favorita de miles de españoles, tanto de personas en búsqueda de trabajo como de empleados que desean mejorar su estatus profesional.

Sin embargo, la moda de empezar a estudiar por Internet con las mejores intenciones acaba, en numerosas ocasiones, en saco roto. No son pocos los alumnos que fracasan en su empeño y terminan abandonando hastiados o desmotivados, bien por su situación personal, o bien por su decepción ante el contenido con el que se encuentran.

Aunque no hay datos detallados acerca de la deserción online, expertos e investigaciones recientes como la realizada por la Escuela Europea de Dirección de Empresa (EUDE) calculan que más de un tercio del total que se aventura a estudiar másteres o posgrados en línea desisten pese a haber invertido dinero en ellos. Las estadísticas son mucho más acusadas en el caso de los denominados MOOC (Cursos abiertos masivos en línea, de acceso gratuito), en los que un 90% de sus usuarios claudican al inicio o a mitad de camino.

Las universidades y centros de formación a distancia son conscientes de la paradoja que se produce entre el éxito de su oferta formativa y el abandono de una parte de sus estudiantes. Por eso, incrementan cada vez más sus esfuerzos en identificar las causas y en poner soluciones para paliar el problema. El profesor y director del eLearn Center de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), Lluís Pastor, apunta a un factor clave: el tiempo. El perfil medio del alumno que estudia en línea es el de un adulto con titulación de entre 30 y 40 años. «Una mayoría suelen ser profesionales que compaginan su formación con su vida laboral. En el mundo del aprendizaje de los adultos hay un punto de mejora muy claro, pero su ritmo de vida no da para estudiar», dice Pastor.

Exceso de optimismo

Las responsabilidades laborales y familiares suponen para el estudiante a distancia una rémora que, a diferencia del alumno presencial, acaba por menguar la euforia inicial y el exceso de optimismo que lleva a algunas a matricularse, incluso, en varios programas a la vez. La vicerrectora de alumnos de la UNED, María Ángeles González Galán, considera que «esta gente se matricula a tiempo completo y luego se da cuenta de que el tiempo que necesitan para rendir al nivel de exigencia que requiere una carrera universitaria es muy superior del que disponen. Hablamos de personas que suelen trabajar ocho horas, llegan a casa con su familia y tienen que dedicar horas de estudio por la noche. Están cansados y, entonces, sus expectativas luego pueden verse reducidas». En este sentido, si bien es cierto que reconoce una serie de motivos personales, enfermedades o un revés económico que puede llevar al abandono, añade que «cuando pasan unos años suelen volver».

A esa falta de gestión en la que se suele caer se suma la ambigüedad con la que se ofertan algunos programas formativos que acaban defraudando al usuario. El vicerrector de Investigación e Innovación Educativa de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), Vicente Gabarda, afirma que la flexibilidad que ofrecen los procesos de formación online puede convertirse en un arma de doble filo: «Por un lado, permite al estudiante avanzar a un ritmo mucho más personalizado, pero también implica que, si el estudiante no le dedica el esfuerzo y el compromiso necesario para seguir el título, se vaya poco a poco desvinculando del mismo hasta terminar abandonándolo«.

La misma desmotivación genera el corta y pega de contenidos presenciales que algunos programas e-learning incluyen en su material y la falta de acompañamiento de un profesor hábil que el usuario, con o sin tiempo para asimilarlos, busca para continuar navegando sin miedo en la plataforma o en los campus virtuales.

Comunicación efectiva

Por eso, los centros y universidades insisten, cada vez más, en una tutorización individualizada y metodologías que permitan atender diferentes necesidades, así como en una comunicación efectiva desde el mismo momento en que el estudiante decide matricularse, tal y como explica Gabarda. La ausencia o la pérdida de esa comunicación entre el alumno y el profesor se traduce, en muchos casos, en falta de perseverancia y en desesperación a la hora de acceder al contenido y de intervenir en foros de la plataforma para resolver dudas.

Al respecto, el vicerrector de la VIU asegura que su institución intenta abordar el problema con «un feedback casi inmediato«, y «dejando de lado el modelo de educación a distancia tradicional, donde solamente hay un envío de materiales y un proceso formativo del estudiante vinculado apenas con un tutor académico, que sin duda interfiere directamente en la motivación del alumno».

Hay muchos estudiantes que ni siquiera llegan a ese contacto con el tutor porque abordan su formación sin una orientación previa y se descabalgan en los primeros días. La vicerrectora de la UNED asume este problema y explica que, para evitar este error, su institución cuenta con un curso de iniciación de estudios a distancia llamado Mis primeros pasos que los nuevos alumnos realizan al inicio «para que sepan de qué van a disponer, qué ayudas tendrán, qué foros van a tener o dónde va a poder ponerse en contacto con los compañeros», comenta González Galán.

De la misma forma, subraya la importancia de huir de una atención meramente virtual y ofrecer una asistencia presencial. Por eso, explica la existencia de los 61 centros asociados de los que dispone su universidad en todo el territorio nacional.

Desde el punto de vista de Lluís Pastor, muchas universidades y centros no hacen caso a los cambios que reclama la sociedad. Se refiere a aspectos como clases grabadas, desfasadas para él, o a la falta de orientación al alumno sobre lo que se va a encontrar. Por eso -añade- «hay que hacer una reingeniería de la universidad«. El profesor de la UOC cree que eso pasa, entre otras soluciones, por ayudar al estudiante a que él pueda planificar su agenda indicándole el tiempo mínimo de lectura y comprensión del contenido. «En el caso de nuestra universidad, intentamos que cada contenido tenga una asignación temporal orientativa para que cada uno pueda gestionarse mejor».

A esas causas de deserción se suma el material pobre, desactualizado o poco atractivo con el que muchos se encuentran en algunos programas. Tal y como lo ven en la VIU, «la diferencia está en el background metodológico y tecnológico al margen de los contenidos y enfoques innovadores». En ello coincide Lluís Pastor, quien opina que enganchar al estudiante de principio a fin pasa por una óptima combinación de diseño entre la tecnología y el propio material. Con este fin, explica por qué su universidad ha convertido el contenido educativo y académico en programas de televisión, tertulias y documentales. «Es la forma de que todo sea mucho más agradable y placentero», asevera.

No obstante, la diversidad de perfiles que buscan ampliar su aprendizaje obliga a centros educativos a mantener sistemas tradicionales para no provocar frustración en quienes se desenvuelven con menos soltura digital. Así lo defiende María Ángeles González Galán, que explica por qué la UNED intenta tener en cuenta este aspecto: «Los contenidos abordan todo tipo de formatos, en papel y digital, porque no toda la gente se maneja en el mundo tecnológico con facilidad. Hemos llegado a tener un alumno de 95 años«. Aunque admite que su universidad no saca un libro nuevo cada año, asevera que todo el material que ofrece está enriquecido con vídeos, programas de radio o con contenidos electrónicos complementarios.

Fase de incógnita

En todo el proceso de formación onlineel momento en el que más abandonos se producen es en el primer semestre. Una fase de incógnita, «bien porque el alumno creía que el programa era más fácil o porque no tiene una buena planificación del tiempo. Ahí está el punto débil», tal y como reconoce Lluís Pastor, quien también considera que estas deserciones son más acusadas cuanto más tiempo requiere la formación elegida. En concreto, los grados acumulan el mayor número de renuncias.

Aunque el fenómeno e-learning no deja de crecer, las cifras y los propias instituciones revelan una realidad poco reconocida que Pastor apostilla sobre el aprendizaje a distancia: «el alumno online tiene más exigencias que un estudiante presencial».

Fuente: http://www.elmundo.es/extras/formacion-online/2017/09/26/59ca9905468aeb441d8b464f.html

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Una aplicación permite crear una partitura a través del pensamiento

Por: Tendencias 21

Científicos austriacos han creado una aplicación basada en una interfaz cerebro-ordenador que permite trasladar música desde el encéfalo a una partitura a través del pensamiento. Se trata del primer paso hacia un sistema de composición musical para personas con discapacidades severas, útil también para uso profesional y de entretenimiento.

La idea se basa en un método ya afianzado en el sistema interfaz cerebro-ordenador (BCI), mediante el cual se puede trasladar el pensamiento a un papel. Este método se denomina potencial relacionado con eventos (PRE) P300.

Se trata de un patrón bien conocido en las electroencefalografías (EEG) que se usa en muy diversas aplicaciones de la BCI, por ejemplo, para controladores medioambientales, navegadores web o también para pintura. El equipo adaptó el patrón P300 con el fin de componer música.

El sistema de «composición encefálica» creado por estos investigadores consta de tres elementos: el sistema de adquisición de EEG, el software de control de P300 y el software de composición musical.

El equipo empleó un sistema de adquisición de bioseñales sin gel. Además, conectó un sistema universal de control de BCI basado en P300 a un software potente y de código abierto de composición musical llamado MuseScore 1.3.

A continuación se enseñó a usar la aplicación a diecisiete participantes (todos capaces de tocar algún instrumento en mayor o menor medida) y a un compositor profesional. Seguidamente, realizaron una tarea de deletreo, otra de composición según copia y otra de composición libre, es decir, pensar en melodías para plasmarlas sobre una partitura.

Siguiendo unas directrices de diseño centradas en el usuario, los investigadores estudiaron la eficacia, la efectividad y criterios subjetivos (satisfacción, gozo, frustración y atractivo).

Los músicos participantes consiguieron un grado de exactitud elevado: 88,24 % (deletreo), 88,58 % (composición según copia) y 76,51 % (composición libre). El compositor profesional rindió aún mejor: 100 % (deletreo), 93,62 % (composición según copia) y 98,20 % (composición libre).

La evaluación de los criterios subjetivos indicó que los usuarios quedaron muy satisfechos con la aplicación, cuyo funcionamiento se puede ver en el vídeo adjunto.

En el citado artículo se explica que se trata del primer paso hacia un sistema de composición musical para personas con discapacidades severas. El equipo ha perfeccionado su software conforme a las valoraciones proporcionadas por los participantes.

Composición encefálica

Los autores aseguran asimismo que se avanza hacia «un sistema de «composición encefálica» que sirva como entretenimiento y, lo que es más importante, como medio de expresión para personas que padezcan un grado elevado de discapacidad».

Anteriormente ya se han utilizado interfaces cerebro-ordenador (BCI) para ayudar a personas que sufren discapacidades físicas a controlar prótesis especiales con el pensamiento, por ejemplo, para navegar por Internet y redactar mensajes de correo electrónico. Pero este sistema va mucho más allá.

Desarrollado en el marco del proyecto MOREGRASP y de la beca de investigación «Feel Your Reach» (ambos apoyados por la Unión Europea), este sistema ha ampliado los hallazgos anteriores merced a un equipo de investigadores dirigido por el experto en BCI Gernot Müller-Putz, del Instituto de Ingeniería Neuronal de la Universidad Técnica de Graz, según se explica en un comunicado.

La finalidad del proyecto MOREGRASP (Restoration of upper limb function in individuals with high spinal cord injury by multimodal neuroprostheses for interaction in daily activities) es crear una interfaz de usuario multimodal, multiadaptable y no invasiva que cuente con una interfaz cerebro-ordenador y que haga posible un control intuitivo de una neuroprótesis de control motor y sensorial semiautónoma que sea de utilidad en las actividades cotidianas de las personas que padezcan una lesión grave en la médula espinal.

Referencia
Composing only by thought: Novel application of the P300 brain-computer interface. PLOS One. DOI:https://doi.org/10.1371/journal.pone.0181584
Fuente: http://www.tendencias21.net/Una-aplicacion-permite-crear-una-partitura-a-traves-del-pensamiento_a44193.html
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Hijos de padres con deserción escolar usualmente repiten ese modelo

Por: El Siglo de Torreón

Un estudio de la Universidad del Valle de México (UVM) reveló que 76 por ciento de las familias en las que el padre tiene como grado máximo la secundaria enfrentan la deserción escolar de al menos un hijo.

En tanto, si el padre de familia cuenta con bachillerato o un grado más avanzado, el porcentaje de deserción de uno de los hijos baja a 24 por ciento, señalan los resultados de la investigación del Centro de Opinión Pública de esa casa de estudios.

El trabajo consistió en mil 002 encuestas en casa habitación, a nivel nacional, a 501 padres de familia y a uno de los hijos que estuviera cursando secundaria.

Los principales motivos que citan los padres para no haber terminado sus estudios son no haber contado con recursos económicos (53 por ciento), no les gustaba estudiar (13 por ciento), necesidad de trabajar (12 por ciento), dedicarse a apoyar labores del hogar (siete por ciento), no eran prioridad los estudios en su familia (seis por ciento) y mal desempeño académico (cinco por ciento).

El sondeo arrojó que 81 por ciento de los padres que sólo estudiaron la secundaria dicen que, de haber tenido la posibilidad, les habría gustado seguir con su formación escolar; 46 por ciento considera que la mayor ventaja de haber continuado habría sido un mejor empleo, 31 por ciento piensa que tendría más ingresos, y 10 prociento que habría adquirido más conocimientos.

Los padres que terminaron licenciatura y llegaron a posgrado, dijeron, 27 por ciento, que su principal motivación fue el deseo de superarse; 22 por ciento, tener una carrera; 16 por ciento, tener mejores oportunidades de ingresos; 16 por ciento, mejores oportunidades de empleo; ocho por ciento, poner el ejemplo a su familia, y seis por ciento, apoyar a su familia.

En el análisis dado a conocer por la UVM en un comunicado, en las familias en las que existen hijos que han desertado de la escuela es más probable que sus padres hayan tenido una formación deficiente en habilidades básicas como escritura, compresión de textos, incluso historia.

De 26 por ciento de los padres que dicen haber tenido poca o ninguna habilidad de escritura, tienen hijos que han desertado; 24 por ciento de los que dicen haber tenido poca o ninguna habilidad en lectura, reportan lo mismo, y 60 por ciento de los padres que dicen haber aprendido poco o nada de historia, tienen hijos desertores.

En general, los padres encuestados están de acuerdo en que su familia se involucraba en las actividades escolares: 64 por ciento está de acuerdo en que su familia los apoyaba con tareas de la escuela, mientras que 70 por ciento acepta que su familia los motivaba para continuar con sus estudios.

Para la mayoría de los padres de familia desertores la educación universitaria del país es de calidad regular, sin embargo, mientras los padres tienen escolaridad más alta, tienden a considerar que la educación universitaria es de muy buena calidad en México (44 por ciento).

Los padres de familia consideran que el aspecto más importante que debe favorecer una institución universitaria es ofrecer carreras que respondan a las necesidades del país (50 por ciento), mantener actualizados los programas de estudio (37 por ciento), y tener vinculación con las necesidades de la industria (13 por ciento).

De los encuestados, 74 por ciento cree que quienes tienen una carrera universitaria cuentan con más oportunidades para conseguir buen empleo, 41 por ciento admite no tener planificada la educación de su hijo, 27 por ciento dice haberla planificado parcialmente y sólo 32 por ciento dice haberla planificado.

La educación superior es vista como un vehículo para lograr movilidad social, sin embargo, el acceso de los hijos a ese nivel parece estar delimitado por los estudios con que sus padres cuentan.

Hijos de padres con deserción escolar usualmente repiten ese modelo

En general, los padres encuestados están de acuerdo en que su familia se involucraba en las actividades escolares: 64 por ciento está de acuerdo en que su familia los apoyaba con tareas de la escuela, mientras que 70 por ciento acepta que su familia los motivaba para continuar con sus estudios. (ARCHIVO)

Fuente: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1386771.hijos-de-padres-con-desercion-escolar-usualmente-repiten-ese-modelo.html

 

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Series: La educación en el ojo del huracán

Por: Juan Pablo Russo

Entre la diversidad temática que rige los contenidos del cine y las series se encuentran las “High School” o de colegios, género que nació a mediados de la década del 50 y cuyo abordaje fue mutando a lo largo del tiempo. Los éxitos televisivos más recientes de este género corresponden sin duda a la edulcorada comedia musical Glee, que reunía en un coro a todos los losers de un secundario de Ohio, y 13 Reason Why, centrada a partir del suicidio de una adolescente víctima de bullying y cuyos padres responsabilizan a las autoridades del colegio que asistía.

Para el escritor y crítico literario español Jorge Carrión, autor del libro Teleshakespeare (Interzona), “desde que The Wire retratara con gran realismo los problemas de la educación pública de Baltimore, no hemos dejado de ver en las series esas instituciones, emblemáticas de los Estados Unidos, más de sus sombras que de sus luces, y por tanto interesantes para las series (que quieren retratar los EEUU y que siempre con más sombrías que luminosas)”. Pero para Carrión la educación pública es tan representativa como la privada. “Recordemos, entre los ejemplos recientes, la última temporada de The Killing, la segunda temporada deAmerican Crime y The OA que si no me equivoco, también es privado”, sostiene.

Pero más allá de la hegemonía estadounidense, series de diferentes latitudes supieron captar el interés masivo de la audiencia, La comedia negra danesa Rita, la española Merlí y el drama policial australiano The Principal (todas disponibles en Netflix) son tres ejemplos de cómo la educación pública supo meterse en la TV y darle una vuelta de tuerca al género.

Rita da un giro total a lo visto en las “High School” exponiendo los diferentes problemas que enfrenta en la actualidad la educación pública danesa, que aunque trabajada en un tono de comedia en ocasiones transita por numerosas situaciones dramáticas hiperrealistas.

Mientas Rita representa el alejado, pulcro, aunque también contradictorio, modelo de los países nórdicos, The Principal se sumerge en el suroeste de Sydney, para mostrar situaciones un poco más cercanas a la educación tercermundista. La serie, de cuatro episodios, narra la historia de un director de escuela obsesionado en cambiar la vida de sus alumnos, todos varones, habitantes de un barrio multiétnico dominado por pandillas de narcotraficantes de poca monta.

Pero es el dramaturgo Héctor Lozano quien propone en Merlí una acida mirada sobre la relación entre alumnos y profesores pero sin que los tópicos -que los hay- sean el motor de las tramas y de los personajes. Lo atractivo de Merlí es, por un lado, su protagonista Merlí Bergeron, un profesor de filosofía que basa sus clases en situaciones reales que transitan los alumnos; pero por otro, la óptica desde la que se mira a los adolescentes. Mostrándolos como seres pensantes, capaces de resolver conflictos y alejados de toda estigmatización.

Las tres propuestas, además de construir “héroes”, se mueven en la búsqueda de un proceso educativo más justo, que incluya a pesar de las circunstancias y la realidad social de cada individuo. La educación es un derecho y los tres protagonistas harán lo imposible para que se cumpla.

En Argentina hubo algunas experiencias en este sentido como Entre horas, de la cineasta Daniela Goggirealizada para la TDA, pero es el género documental el que más retrató la educación pública a partir de series como Motivados por la historia (TV Pública), un docu-reality en el que un profesor de historia y cuatro jóvenes se proponen revivir el mítico cruce de la epopeya libertadora del General José de San Martín en 1817, o Queremos saber (Encuentro), que indaga en los cambios que ocurren durante la adolescencia. Ambas series se forjan a través de contenidos educativos y no sobre las problemáticas.

Ante la ausencia de series es el cine nacional quien se ha propuesto incursionar sobre estos vínculos como la reciente El corral (2017), de Sebastián Caulier, que se inmiscuye en el interior de un colegio de Formosa en pleno años 90 para desarrollar una historia de acoso y sus consecuencias.

Para Caulier este es un universo rico tanto para series como para el cine porque en los colegios públicos siempre hubo una diversidad de clases sociales, con todo lo que eso conlleva. “Por los pasillos de los principales colegios públicos se cruzaban hijos de empresarios o políticos poderosos con hijos de familias muy humildes. Es muy común que en los recreos convivieran, por ejemplo, el hijo de un conocido dueño de supermercados con el hijo de un repositor que trabajaba para uno de los locales del padre de aquél. En esos cruces de relaciones de poder en el mismo colegio se fundía el germen que da vida a una historia”.

Fuente: http://www.escribiendocine.com/articulo/0014005-series-la-educacion-en-el-ojo-del-huracan/

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La experiencia positiva en la educación técnico profesional

Por: Leandro Goroyesky

Pensar las prácticas profesionalizantes es pensar en el mundo del trabajo. Es aquello que posibilita al sujeto insertarse de forma activa en la sociedad y hacerlo de manera productiva, así como desarrollar el espíritu colaborativo y cooperativo en pos de un objetivo común para beneficio de todos.

El trabajo digno entendido como proceso productivo y colaborativo no persigue el bien individual sino el bien común, y es en ese marco en el que inscriben estas prácticas educativas.

Las prácticas profesionalizantes son una instancia decisiva de aprendizaje y constituyen una actividad formativa a ser cumplida por todos los estudiantes, con supervisión docente. Es la escuela la que debe garantizar el acompañamiento durante la etapa de formación.

Al ser de carácter obligatorio (tienen una duración mínima de 200 horas reloj anuales y se desarrollan a lo largo del segundo ciclo de forma gradual) deben estar orientadas hacia el perfil profesional y vinculadas al área técnica en la que se está formando.

La necesidad de su incorporación está basada en anticipar los desafíos que cada profesión implica en su ejercicio profesional y conecta a los estudiantes tanto con diferentes situaciones y problemáticas propias del campo profesional como con el conjunto de procesos (técnicos, tecnológicos, científicos, culturales, sociales y jurídicos) que pueden tener lugar en la diversidad de situaciones socio-productivas.

Estas conforman experiencias de socialización educativa que vinculan a las instituciones educativas en el contexto territorial, intercambio característico y distintivo de esta propuesta.

Dichas prácticas educativas forman parte del plan de estudios de la educación secundaria técnica y se diseñan y se gestionan en escuelas de educación secundaria técnica y agraria.

Entendemos que la verdadera formación no se logra solamente con la adquisición de conocimientos, sino con el desarrollo de capacidades que posibiliten saber y saber hacer, aplicando lo adquirido en tareas concretas del mundo real incorporando el manejo de dispositivos técnicos.

A diferencia de las pasantías, entendiéndolas como una forma de entrenamiento empresario inserto dentro del proceso comercial de una compañía u organización, estas prácticas tienen lugar en un contexto educativo. Su finalidad es lograr la formación formal técnico-práctica.

Tampoco son meras actividades extracurriculares complementarias: se trata de actividades incorporadas al plan de estudios.

Desde el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) planteamos diversas estrategias para la vinculación entre la escuela secundaria técnica y agraria y el mundo del trabajo. En ese sentido, las prácticas profesionalizantes son un eje de vinculación curricular e institucional, dentro y fuera de la escuela técnica, formando al estudiante en valores como responsabilidad, respeto, dignidad, cooperatividad, colaboratividad, productividad y prosecución del bien común.

Asimismo, las prácticas profesionalizantes están normadas y reguladas a partir de la Ley de Educación Técnico Profesional (Ley 26.058), sancionada y promulgada en 2005 por el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. La Ley 26.058 determina para las prácticas profesionalizantes sus fines, objetivos, propósitos, objeto, alcances, financiamiento y ámbitos de aplicación dentro del ordenamiento, regulación, administración y el proceso de mejora continua de la calidad de la Educación Técnico Profesional.

Sólo por señalar el caso de Buenos Aires, en los últimos cuatro años la cantidad de estudiantes participantes tuvo un crecimiento sostenido:

Sobre un total de 262 Escuelas de Educación Secundaria Técnica, durante los cuatro años de implementación (2013-2016), se han firmado 3900 actas acuerdo entre las empresas y las escuelas.

Las prácticas profesionalizantes no sólo ayudan a formar técnicamente a los estudiantes sino que les inculcan valores que los ayudan a forjarse como personas y sujetos sociales.

De este modo la educación técnica procura brindar todos los conocimientos y habilidades que debe poseer un currículum integral e integrado: conocimientos conceptuales y de datos, habilidades procedimentales y técnicas, valores axiológicos, deontológicos y actitudinales.

Fuente: https://www.cronista.com/columnistas/La-experiencia-positiva-en-la-educacion-tecnico-profesional-20171003-0024.html

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La escuela en el limbo

Por: José María Agüera Lorente

Henos aquí un curso más ante un panorama de incertidumbre con perspectiva de prolongarse por tiempo indefinido a la espera de ese pretendido pacto de estado por la educación. Ya lo padecimos el pasado año académico, cuando de la caja de Pandora de la última ley educativa parida por el ministro Wert sin consenso, la LOMCE (Ley orgánica de mejora de la calidad de la educación… ¿Sarcasmo involuntario?), salieron todos los males concretos derivados de la politización de una institución fundamental en todo Estado democrático y de derecho, por cuanto tiene entre sus funciones la de corregir desigualdades y, por ende, contribuir de modo primordial a la convergencia social. El curso pasado los profesores, alumnado y familias no supimos hasta bien superada la mitad de su duración qué se iba a hacer con la dichosa PEBAU (prueba de evaluación del bachillerato y acceso a la universidad) diseñada, en principio, de acuerdo con el marco de la LOMCE, como instrumento de estandarización de la educación de masas no declarado como tal; se trata de asegurarse el control político del mecanismo de ingeniería social seguramente más potente.

En su libro Escuelas creativas, de hace dos años, el experto en educación Sir Kenneth Robinson denuncia lo que él llama «movimiento de normalización», un proceso de iniciativa política habitualmente centralizado en los ministerios de educación de los diversos países puesto en marcha con el propósito de llevar a la institución de la educación por el buen camino que conduce al éxito, el cual se certifica según criterios pertenecientes a un paradigma ya obsoleto hace varias décadas a juicio del mencionado experto puesto que responde a los valores y fines socio-económicos de una realidad histórica pretérita y sin vigencia alguna en el tiempo de la llamada por el difunto Zygmunt Bauman modernidad líquida. La normalización de los estándares educativos es la respuesta política espasmódica ante las ineludibles incertidumbres que son su esencia. Mediante ella se pretende asegurar unos mínimos de calidad educativa en todos los niveles académicos y en todos los diversos centros de un territorio según directrices rígidas establecidas por una autoridad educativa central y utilizando como instrumento procedimientos de evaluación en los que los exámenes son decisivos; el caso de la antes mencionada PEBAU en nuestro país.

En lo que se refiere a la enseñanza –y cito a Robinson–: «el movimiento de normalización prefiere la instrucción directa de información objetiva y de competencias y la enseñanza frontal a las actividades de grupo. Se muestra escéptica con la creatividad, la expresión personal y las formas de trabajo no verbales y no matemáticas, así como con el aprendizaje a través de la exploración y del juego imaginativo»; por lo que respecta a la evaluación –y vuelvo a citar– «da prioridad a los exámenes académicos escritos y al uso generalizado de preguntas tipo test para que las respuestas de los alumnos puedan codificarse y procesarse con facilidad». Es el taylorismo implantado en la escuela.

Este movimiento de normalización es un elemento principal del paradigma que Robinson viene denunciando desde hace años, no sólo por escrito, sino en conferencias accesibles en internet y en sus trabajos de asesoramiento educativo, y que se caracteriza por pecar de excesivo academicismo y de un cierto clasismo. Aunque nuestra sociedad requiere de mucha gente formada en diversos oficios muy necesarios –ya saben: fontaneros, electricistas, técnicos informáticos…– para nuestra calidad de vida la escuela no atiende suficientemente su promoción y la formación en los mismos. Esto se ve claramente en nuestro país y particularmente en la región de Andalucía, donde cada provincia –cada provincia– tiene su propia universidad, con la alta exigencia de recursos que ello implica, mientras que los estudiantes que quieren formarse profesionalmente en un determinado oficio se ven obligados a desplazarse a veces a gran distancia de sus hogares si quieren cursar un ciclo de formación profesional que, si es muy demandado, siempre estará escaso de oferta. Porque todavía sigue vigente, en gran medida y también en las instancias políticas, la creencia según la cual «los chicos listos van a la universidad» y los «torpes» deben dejar de estudiar para buscar trabajo u optar por el premio de consolación, que es la formación profesional para aprender un oficio. ¿Por qué, si no, se iban a llamar a los estudios universitarios «educación superior»? Ese calificativo de «superior» contiene una muy significativa carga valorativa y de estatus social. Estoy de acuerdo con Ken Robinson cuando sentencia en su libro: «Ese sistema de castas que favorece los estudios académicos sobre los técnico-profesionales es uno de los problemas más corrosivos del mundo de la educación». La razón se la da el economista y profesor en Cambridge Ha-Joon Chang en su libro titulado 23 cosas que no te cuentan del capitalismo cuando habla de inflación de títulos universitarios, y denuncia una «dinámica malsana» en los países de ingresos altos y medios-altos (como el nuestro) que pueden permitirse ampliar sus universidades, justificándolo en que la educación superior tiene un efecto directo positivo en su progreso económico. No es así. Como prueba de falsación de la creencia en el poder de la educación superior para incrementar la productividad y la riqueza de un país el profesor Chang presenta lo que él denomina «la paradoja suiza». Suiza, uno de los países más ricos e industrializados del mundo, presenta desde hace tiempo un índice de universitarios –que se ha elevado últimamente– notablemente inferior a otros países más pobres, como Corea del Sur: un 43% frente a un 67%, respectivamente. Para este heterodoxo economista las universidades no tienen por función principal proporcionar a los individuos conocimiento productivos, sino determinar dónde se sitúa cada persona dentro de la jerarquía laboral; se trata principalmente, pues, de una función de clasificación (sorting). La posesión de un título universitario por parte de una persona es en la práctica un indicador para los posibles contratadores de que es alguien más inteligente, disciplinado y organizado que quienes no lo tienen. O sea, que cuando una empresa da trabajo a alguien que no tiene experiencia previa lo hace por las mencionadas cualidades generales, no por sus conocimientos especializados que –como sabemos bien en nuestro país– a menudo no guardan relación con las tareas a desempeñar. Las destrezas específicas para cada puesto laboral suelen ser adquiridas mediante la práctica en el mismo ámbito concreto de trabajo. La consecuencia es que los grados universitarios en su mayoría pierden valor a efectos de acceder a un empleo de calidad, porque el número de titulados ha superado ese umbral crítico a partir del cual tales titulaciones dejan de marcar la diferencia. Entonces entramos en el mercado de los másteres, que es el siguiente escalón en la jerarquía de estatus en el ámbito de la formación; es decir, que ahora para destacar es necesario un máster o incluso un doctorado, aunque a juicio del profesor Chang el contenido en productividad de esos títulos de posgrado es mínimo en lo que respecta a los posibles trabajos. Su conclusión es contundente: «al menos la mitad de la educación universitaria (…) se “malgasta” en el juego de suma cero del sorting».

Que la educación marca la diferencia desde el punto de vista del estatus lo saben muy bien los ultrarricos –el 1% superior del espectro de la distribución de la riqueza–. Por esto suelen procurar para sus hijos el mejor colegio a la edad más temprana. Antonio Ariño y Juan Romero, coautores del libro La secesión de los ricos, llaman a esto «guerra darwinista» por conseguir la mejor educación para la prole a la edad más temprana. Diversos estudios por ellos aludidos demuestran ese «darwinismo educativo» en el ámbito global; no importa el país de origen de las familias de la élite mundial que buscan llevar su prole a los mejores centros del planeta. Así se tiende a crear progresivamente un sistema educativo global de escuelas secundarias y universidades jerarquizado en función de las demandas de las superélites. Este fenómeno es congruente con la ideología de la meritocracia mediante la que se legitima moralmente un sistema que perpetúa las desigualdades estructurales. Además, el interés de los ultrarricos (los multimillonarios que disponen de más de un millón de dólares para invertir) por esa educación de élite tiene que ver con el capital relacional. Éste es esencial para que los grupos de poder mantengan su reserva endogámica; consiste en el cultivo de las relaciones sociales entre aquellos individuos de semejantes estatus, ideología e intereses, solidarios los unos con los otros en la tarea de mantener su situación de privilegio. Ese capital se empieza a adquirir y acrecentar en esos centros educativos de prestigio internacional. Allí los hijos de los más importantes se codean con los mismos de su clase para cultivar las relaciones necesarias entre ellos para salvaguardar su estatus generación tras generación (a este respecto me viene a la memoria un programa de Salvados dedicado a colegio de El Pilar de Madrid que es un inmejorable botón de muestra de lo que aquí exponemos).

Por su parte, las mayorías sociales que parten con desventaja en la línea de salida de la carrera por lograr la mejor posición en la jerarquía de estatus tienen en la educación pública de calidad su mejor –y prácticamente única– baza. Se puede decir sin miedo a exagerar que se trata de una institución con un significativo valor político por cuanto su situación condiciona el futuro de generaciones. Esa brecha entre el mundo de los centros educativos internacionales de prestigio y la en muchos casos depauperada escuela pública impide la corrección de la creciente divergencia económica y perjudica la dinamización de la fluidez social. Lo resumen muy bien los profesores Ariño y Romero con estas palabras: «La educación debería ser el valor más democrático que existiera, en vez de la principal fuente de desigualdad; es el único ascensor disponible para los que menos tienen, aunque sea el ascensor de servicio. Las grandes desigualdades se fraguan en el desigual nivel de acceso a una educación de calidad».

Pero la educación se encuentra en el limbo por así decir, ese no lugar que no lleva a ninguna parte inventado por los teólogos para las almas de los niños que murieron pendientes de bautismo; sobre todo en nuestro país, pero no sólo pues a todos afecta esa cultura de la modernidad líquida identificada por Zygmunt Bauman. Su crisis institucional perjudica su esencia de arte, que esas dos dimensiones definen lo que la educación es. Es arte, pues tiene un componente creativo, y más precisamente constructivo o formativo. Los alemanes lo llaman «Bildung», que se podría traducir por configuración ya que el término proviene de la palabra «bild», que significa imagen o figura. Y está bien dicho, porque la educación configura, da forma –es decir, convierte en acto, poniéndonos aristotélicos– a las potencialidades de la humana naturaleza. Se trata de alcanzar mediante la educación el perfeccionamiento en el logro de un ideal, el de la humanidad. Ahora bien, para ello –y a juicio del ya referido Ken Robinson– los gobiernos han de abandonar un paradigma educativo ya obsoleto, fundado sobre los pilares de la industrialización y la supremacía de los valores estrictamente intelectuales. Este modelo, tradicionalmente protegido por las instancias políticas, se parchea y se vuelve a parchear, como en nuestro país, mediante leyes que en ningún caso lo cuestionan en lo esencial. Su diseño responde al objetivo de crear personas conforme a determinados conceptos de talento y necesidad económica, y es inevitable que produzca ganadores y perdedores. Una verdadera transformación del paradigma educativo requiere una nueva manera de pensar, como dice Ken Robinson: «Si concebimos la educación como un proceso mecánico que sencillamente no funciona tan bien como antes, es fácil concluir que tendríamos que repararlo, de que si lo retocamos y normalizamos como es debido, funcionará de forma eficaz y a perpetuidad. (…) la educación no es un proceso industrial, sino orgánico, por mucho que algunos políticos se empeñen en lo contrario. La educación trata con personas vivas, no con cosas inanimadas».

¿Suena utópico? Quizá, pero Ken Robinson es muy consciente de que la educación de masas siempre ha tenido fines económicos. Ahora bien, éstos deben estar en consonancia con las exigencias de cada época, y las del siglo XXI no son obviamente las del XIX del paradigma educativo aún vigente en gran medida. La consecución de los fines económicos actualmente exige cultivar la gran diversidad de talentos e intereses de los jóvenes para lo cual hay que otorgar la misma importancia tanto a los estudios académicos como a los técnico-profesionales. Una compañera profesora del ciclo de formación profesional de imagen y sonido, Cristina García Jaramillo, escribía un texto hace un año, tras su visita a Finlandia por ser partícipe en un proyecto educativo europeo, al que puso por título «España y Finlandia: resignación y confianza, dos modelos educativos». Esta colega pudo constatar in situ cómo la actualización del paradigma educativo es un hecho en ese país, lo que también reconoce Ken Robinson en su libro. En efecto, confianza en los diversos talentos de los alumnos y confianza en todo lo bueno que puede derivarse de la libertad creativa de los profesores, de su arte docente, sin vigilancia política de parte de ningún cuerpo de inspectores, dándole importancia no a los exámenes sino a crear las condiciones idóneas para el aprendizaje autónomo de los jóvenes, con flexibilidad en los horarios y espacios acogedores, con una protección política decidida de la conciliación de la vida familiar y laboral que libere a las escuelas de su papel (que también lo tiene aunque no se reconozca oficialmente) de meras guarderías de niños y adolescentes, de modo que las familias puedan ser efectivamente las principales responsables de la educación de sus hijos.

Mientras tanto, en nuestro país, muchos padecen la resignación que contagia una educación que sigue en el limbo. ¿Hasta cuándo?

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=232425

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