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Informe de la ONU: ¿Cómo está incluida la discapacidad en los marcos internacionales de desarrollo?

EEUU/Nueva York/comunicarseweb

Esta mañana en una conferencia de prensa las autoridades de la ONU presentaron los avances en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo para las personas con discapacidad, citando casos ejemplares y recomendaciones para mejorar el desempeño. El informe de resultados fue encargado por la Asamblea de conformidad con lo establecido en la resolución 69/142 del año pasado.

A fines del 2015, la Asamblea de la ONU solicitó al Secretario General que, en coordinación con todas las entidades pertinentes de las Naciones Unidas, presentara en el 71 periodo de sesiones un informe sobre la aplicación de los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente para las personas con discapacidad.

En él se examina si los marcos internacionales de desarrollo adoptados recientemente, como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, entre otros, tienen en cuenta los derechos, el bienestar y las perspectivas de las personas con discapacidad. También se describen las últimas iniciativas que tienen por objeto incluir las cuestiones relacionadas con la discapacidad en los procesos de desarrollo, sobre la base de la información aportada por los Gobiernos, el sistema de las Naciones Unidas, las organizaciones de la sociedad civil y, en particular, las organizaciones de personas con discapacidad, así como otros datos puestos a disposición de la Secretaría.

En el informe se presentan numerosas iniciativas positivas a este respecto, pero también se observa que la comunidad internacional tiene aún mucho camino que recorrer en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente para las personas con discapacidad.

En el caso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se detectó que siete de las metas hacen referencia explícita a cuestiones relacionadas con las personas con discapacidad. Se han percibido avances en estas metas, pero el informe destaca que se avanzaría más rápidamente en los temas que preocupan a las personas con discapacidad si estas participaran de forma plena y en condiciones de igualdad en todos los aspectos de los procesos de desarrollo.

A continuación, presentamos los resultados destacados del informe:

  • Avances en Planes Nacionales

Entre los resultados se destacan los planes y programas de acción nacionales como la Estrategia Nacional sobre la Discapacidad 2010-2020 de Australia que ha conseguido a diseñar políticas, programas e infraestructuras más inclusivos. Se anunció que Swazilandia está ultimando un plan de acción nacional sobre la discapacidad.

  • Avances en Accesibilidad

En temas de accesibilidad, se destaca la aprobación por Georgia de una ordenanza sobre la adaptación del espacio y el diseño para las personas con discapacidad. Otros ejemplos son la promoción del acceso universal en todas las intervenciones de salud pública en Swazilandia y el programa del Gobierno Chino para aumentar la accesibilidad en 1.618 ciudades, localidades y distritos.

En América Latina se destaca el caso de Chile que ha promulgado un decreto para regular las normas relativas al entorno construido, que incorpora los principios de diseño universal y fija plazos para realizar las modificaciones de accesibilidad necesarias en los edificios existentes. Perú también ha reforzado la accesibilidad en los procesos electorales mediante el uso de documentación de voto accesible y mejoras de la accesibilidad en los centros de votación.

  • Avances en empleabilidad

Australia, China,  Argentina y Perú se presentan en el informe como los ejemplos destacados en materia de empleo. En el caso de la Argentina, se menciona la puesta en marcha de programas para incluir a las personas con discapacidad en el mercado laboral mediante la capacitación, la asistencia técnica y el autoempleo. Perú también cuenta con un programa de capacitación técnica para la inclusión laboral.

  • Avances en mecanismos de control

Se destaca el caso de Dinamarca quien promovió la elección de un ombudsman y la designación de un instituto independiente de derechos humanos para vigilar el cumplimiento de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. En Chile, se ha creado una secretaría de la discapacidad dentro del Ministerio de Desarrollo Social.

El informe concluye con una serie de recomendaciones para seguir reforzando las medidas tomadas en la materia.

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Fuente: http://www.comunicarseweb.com.ar/noticia/como-esta-incluida-la-discapacidad-en-los-marcos-internacionales-de-desarrollo

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Thinking Dangerously in the Age of Normalized Ignorance

What happens to a society when thinking is eviscerated and is disdained in favor of raw emotion? [1] What happens when political discourse functions as a bunker rather than a bridge? What happens when the spheres of morality and spirituality give way to the naked instrumentalism of a savage market rationality? What happens when time becomes a burden for most people and surviving becomes more crucial than trying to lead a life with dignity? What happens when domestic terrorism, disposability, and social death become the new signposts and defining features of a society? What happens to a social order ruled by an “economics of contempt” that blames the poor for their condition and wallows in a culture of shaming?[2] What happens when loneliness and isolation become the preferred modes of sociality? What happens to a polity when it retreats into private silos and is no longer able to connect personal suffering with larger social issues? What happens to thinking when a society is addicted to speed and over-stimulation? What happens to a country when the presiding principles of a society are violence and ignorance? What happens is that democracy withers not just as an ideal but also as a reality, and individual and social agency become weaponized as part of the larger spectacle and matrix of violence?[3]

The forces normalizing and contributing to such violence are too expansive to cite, but surely they would include: the absurdity of celebrity culture; the blight of rampant consumerism; state-legitimated pedagogies of repression that kill the imagination of students; a culture of immediacy in which accelerated time leaves no room for reflection; the reduction of education to training; the transformation of mainstream media into a mix of advertisements, propaganda, and entertainment; the emergence of an economic system which argues that only the market can provide remedies for the endless problems it produces, extending from massive poverty and unemployment to decaying schools and a war on poor minority youth; the expanding use of state secrecy and the fear-producing surveillance state; and a Hollywood fluff machine that rarely relies on anything but an endless spectacle of mind-numbing violence. Historical memory has been reduced to the likes of a Disney theme park and a culture of instant gratification has a lock on producing new levels of social amnesia.

As we learned in the recent debate between Donald Trump and Hilary Clinton (a billionaire and millionaire), ignorance is the DNA of authoritarianism, serving to subvert the truth and obscure the workings of power. Willful ignorance has become a normalized political tool and form of public pedagogy that both provides the foundation for what Noam Chomsky labels as the rise of the “stupid party” and which works incessantly to create a “stupid nation.”[4] Trump, of course, proves that stupidity is in fashion and deeply entrenched within the larger culture while Hilary capitalizes on her penchant for disingenuousness by claiming support for policies she really disdains, i.e., stating she will raise taxes on her buddies from Goldman Sachs and other members of the financial elite. Hardly believable from a woman who “has earned millions of dollars from speeches to Wall Street banks and investment firms (and) was paid $675,000 for a series of speeches to Goldman Sachs.”[5] No hints of the radical imagination here, or the truth for that matter. Only the politics of stupidity and evasion and a media spectacle supporting the celebration of corrupted and limited and pathologized political horizons.

Manufactured ignorance also makes invisible the corruption of the financial elite, allowing them to plunder resources and define the accumulation of capital as a divine blessing. It gets worse. Manufactured ignorance aided by the voracious seductions of commodified corporate-driven disimagination machine that promotes a culture of empty pleasures through and endless regime of consuming and discarding. American society is now dominated by a pervasive commodified landscape of disimagination machines that extends from Hollywood movies and video games to mainstream television, magazines, news, and the social media. These mind-numbing desiring machines which thrive on speed and sensation function mostly as workstations of ignorance to create a fog of distractions that promote forms of social amnesia that erase from memory and public discourse the structural, systemic and social forces that reinforce what can be called organized powerlessness and massive human suffering. This is the stuff of a politics of disappearance that erases the presence of the poor, unemployed, the “approximately 11 million Americans cycle[d] through jails and prisons each year,” black youth, immigrants, ecological disasters, class warfare, acts of state sponsored terrorism, the rise of the police state, and the rise of the warfare state.[6] As the machinery of social death accelerates, America’s most precious investment, youth, also disappear. As neoliberal disimagination machines such as Fox News make clear youth as a social investment no longer count in a society that disdains long term investments and their messy calls for being included in the script of democracy. As such, the current war on youth is about erasing the future, at least any alternative future and any notion of imagination that might summon one into view.

When coupled with an age of precarity and endless uncertainty in which young people have few decent jobs, are strangulated by debt, face a future of career-less jobs, and isolation, young people have little room for politics because they are more concerned with trying to survive rather than engaging in political struggles, or imagining a different future. At the same time, armies of the unemployed or underemployed are caught in a spiral of receding wages, diminished social provisions, and increasingly find themselves paralyzed by anxiety and free-floating anger. In such situations, thinking and informed action become more difficult while a politics wedded to economic and social justice is eviscerated. Moreover, politics becomes toxic when dominated by unapologetic discourses of racism and hatred and is on full display in the Trump campaign. Tapping into such anger and redirecting away from the real problems that produce it has become the central script in the rise of the new authoritarians. This poisonous discourse gains momentum and accelerates as it moves between white supremacist incantations of Trump and his zealots and the deceptive vocabulary of Hillary Clinton and her financial elite backers who embrace a savage neoliberalism with its false claims to freedom, choice, and the virtues of militarization. Civic death is on full display as the ideals of democracy disappear in an election in which authoritarianism in its various forms rules without apology. As thinking dangerously and acting with civic courage wanes, state violence, disposability and voicelessness become the dominant registers of an authoritarian politics that has intensified in American life producing neo-fascist movements in American society that have moved from the fringes to the center of political life.

Tragedy looms large in American society as the forces that promote powerlessness and voicelessness intensify among those elements of the population struggling just to survive the symbolic violence of a culture of cruelty and the material violence of a punishing state. The issue of losing one’s voice either to the forces of imposed silencing or state repression weaken dissent and open the door to the seductions of a dogmatism that speaks in the language of decline, making America great again, while touting the coded vocabulary of white nationalism and racial purity. How else to explain Trump’s call for imposing racial profiling as a way to boost the notion of law and order.

Thinking undangerously is the first step in the triumph of formalism over substance, theater over politics, and the transformation of politics into a form of celebrity culture. The refusal to think works in the service of a form of voicelessness, which is another marker of what it means to be powerless. Within this moral and political vacuum, the codes, rhetoric, and language of white supremacy is on the rise wrapped in the spectacle of fear-mongering and implied threats of state repression. In this instance, emotion become more important than reason, ideas lose their grip on reality, and fashion becomes a rationale for discarding historical memory, informed arguments, and critical thought. Reflection no longer challenges the demands of commonsense. In the mainstream media, the endless and unapologetic proliferation of lies become fodder for higher ratings, informed by suffocating pastiche of talking heads, all of whom surrender to “the incontestable demands of quiet acceptance.”[7] Within such an environment, the truth of an event is not open to public discussion or informed judgment at least in the official media apparatuses producing, distributing and circulating ideas that parade as commonsense. As a result, all that remains is the fog of ignorance and the haze of political and moral indifference.

Americans occupy a historical moment in which it is crucial to think dangerously, particularly since such thinking has the power to shift the questions, provide the tools for offering historical and relational contexts, and “push at the frontiers…of the human imagination.”[8] Stuart Hall is right in insisting that thinking dangerously is crucial “to change the scale of magnification. … to break into the confusing fabric that ‘the real’ apparently presents, and find another way in. So it’s like a microscope and until you look at the evidence through the microscope, you can’t see the hidden relations.”[9] In this instance, the critical capacity for thinking becomes dangerous when it can intervene in the “continuity of commonsense, unsettle strategies of domination,” and work to promote strategies of transformation.[10]

As Adorno observes, such thinking “speaks for what is not narrow-minded—and commonsense most certainly is.”[11] As such, dangerous thinking is not only analytical in its search for understanding and truth, it is also critical and subversive, always employing modes of self and social critique necessary to examine its own grounds and those poisonous fundamentalisms in the larger society haunting the body politic. As Michael Payne observes, thinking dangerously (or critical theory in this instance) should be cast in the language of hints, dialogue, and an openness to other positions, rather than be “cast in the language of orders.”[12] Of course, this is not to suggest that thinking dangerously guarantees action, but at the same time, any action that distances itself from such thinking is bound to fail.

In an age when shouting, rage, and unchecked emotions shape public discourse, self-reflection becomes a liability and suppresses the axiom that critical thought should function to “lift…human beings above the evidence of our senses and sets appearances apart from the truth.”[13] Salmon Rushdie is right in viewing thinking dangerously as a type of political necessity whose purpose is to “push boundaries and take risks and so, at times, to change the way we see the world.”[14] As Hannah Arendt noted, thoughtfulness, the ability to think reflectively and critically is fundamental to radical change and a necessity in a functioning democracy. Put differently, formative cultures that make such thinking possible along with the spaces in which dialogue, debate, and dissent can flourish are essential to producing critically literate and actively engaged citizens.

Unfortunately, thinking undangerously cuts across ideological and political divides. For instance, there is a new kind of historical and social amnesia overtaking some elements of resistance in the United States. Many progressives have forgotten the lessons of earlier movements for real change extending from the anti-Vietnam War and Black Freedom movements to the radical feminist and gay rights movements of the sixties. History as a repository of learning with vast resources to enable people to build on historical legacies, develop mass movements, and take seriously the pedagogical task of consciousness raising, is in decline. Too much of contemporary politics has become more personal, often reducing agency to the discourses and highly charged emotions of trauma. These historical legacies of resistance did not limit their politics to a call recognition and security within the confines of isolated political issues. Instead, they called for a radical transformation of capitalist and other authoritarian societies. Moroever, they understood that the truth of domination lie in understanding the totality of a society and how various issues were connected to each other. George Monbiot exemplifies this issue in arguing against responding to the varied crisis associated with neoliberalism as if they emerged in isolation—a response that contributes to neoliberalism’s anonymity. He writes:

Its anonymity is both a symptom and cause of its power. It has played a major role in a remarkable variety of crises: the financial meltdown of 2007?8, the offshoring of wealth and power, of which the Panama Papers offer us merely a glimpse, the slow collapse of public health and education, resurgent child poverty, the epidemic of loneliness, the collapse of ecosystems, the rise of Donald Trump. But we respond to these crises as if they emerge in isolation, apparently unaware that they have all been either catalyzed or exacerbated by the same coherent philosophy; a philosophy that has – or had – a name. What greater power can there be than to operate namelessly?[15]

This politics of the disconnect is exacerbated by the fact that mass social movements run the risk of undermining by a politics that has collapsed into the personal. For example, for too many progressives personal pain represents a retreat into an interiority that focuses on trauma. Robin Kelley provides a caveat here in pointing out that all too often “managing trauma does not require dismantling structural racism” and the larger issues of “oppression, repression, and subjugation” get replaced with “words such as PTSD, micro-aggressions, and triggers.” [16] Kelley is not suggesting that the pain of personal suffering be ignored. Instead, he warns “against … the consequences of framing all grievances in the ‘language of personal trauma.’”[17]

Personal trauma in this case can begin with legitimate calls for spaces free of racism, sexual harassment, and various other forms of hidden but morally and politically unacceptable assaults. And at its best, such a politics functions as an entry into political activism; but when it becomes less a justifiable starting point than an endpoint it begins to sabotage any viable notion of radical politics. Kelley is right in insisting that “trauma can easily slip into thinking of ourselves as victims and objects rather than agents.”[18] Moreover, the language of safe spaces, personal trauma, and triggers can easily become a topsy-turvy discursive universe of trick mirrors and trapdoors that end up reproducing a politics of intimidation and conformity, while forgetting that pedagogical practices and a corresponding politics in the service of dramatic transformation are always unsettling and discomforting.

Progressives must avoid at all cost is the rebirth of a politics in which how we think and act is guaranteed by the discourses of origins, personal experience, and biology. When individuals become trapped within their own experiences, the political imagination weakens, and a politics emerges that runs the risk of inhabiting a culture of exclusion and hardness that shuts down dialogue, undermines compassion, kills empathy, makes it more difficult to listen to and learn from others. A politics that puts an emphasis on personal pain can become blind to its own limitations and can offer falsely a guaranteed access to the truth and a comforting embrace of a discourse of political certainty.

In such cases, the walls go up again as the discourses of biology and exclusion merge to guard the frontiers of moral righteousness and political absolutism. Put differently, the registers of militarization are on full display in such alleged sites of resistance such as higher education where a growing culture of political purity marks out a space in which the personal becomes the only politics there is housed within a discourse of “weaponized sensitivity” and “armed ignorance.”[19] The first causality of armed ignorance is a kind of thoughtfulness that embraces empathy for the other, a willingness to enter into public discussion, and dialogue with those who exist outside of the bunkers of imagined communities of exclusion. Leon Wieseltier is right in arguing that “grievance is sometimes the author of blindness, or worse.”[20]

Under such conditions, empathy wanes and only extends as far as recognizing those who mirror the self, one that endlessly narrates itself on the high ground of an unassailable moralism and stultifying orbits of self-interests. In addition, politics collapses into the privatized orbits of a crude essentialism that disdains forms of public discourse in which boundaries break down and the exercise of public deliberation is viewed as fundamental to a substantive democracy. Of course, there is more at work here than what might be called the atrophy of critical thought, self-reflection, and theory, there is also the degeneration of agency itself.

What does thinking look like when it is transformed into a pedagogical parasite on the body of democracy? At one level, it becomes toxic, blinding the ideological warriors to their own militant ignorance and anti-democratic rhetoric. At the same time, it shuts down any attempt to develop public spheres that connect rather than separate advocates of a politics walled in by suffocating notions of essentialism dressed up in the appeal to orthodoxy parading as revolutionary zeal. What must be remembered is that thinking undangerously mimics a pedagogy of repression that falsely assumes a revolutionary stance when in fact everything about it is counter-revolutionary. In the end this suggests a kind of theoretical helplessness, a replacing of the courage to think dangerously with the discourse of denunciation and a language overflowing with the comforting binary of good and evil.

There is more at risk here than legitimating the worse forms of thoughtlessness, there is also the intolerable potential for both the moral collapse of politics and the undermining of any vestige of democracy. Thinking dangerously as a critical enterprise is about both a search for the truth and a commitment to the recognition that no society is ever just enough and hence is fundamental to the always unfinished struggle, making the impossible all the more possible. Not one or the other but both. Such thinking should be used to both understand and engage the major upheavals people face and to connect such problems to larger political, structural, and economic issues.

Thinking dangerously can make the pedagogical more political by mapping the full range of how power is used and how it can be made accountable in all of its uses. Thinking dangerously is about more than doing a critical reading of screen culture and other texts, it is also about how knowledge, desire, and values become invaluable tools in the service of economic and political justice, how language provides the framework for dealing with power and what it means to develop a sense of compassion for others and the planet. Dangerous thinking is more than a mode of resistance, it is the basis for a formative and pedagogical culture of questioning and politics that takes seriously how the imagination can become central to the practice of freedom, justice, and democratic change.

Notes.

[1] This essay draws upon a number of ideas in Henry A. Giroux, Dangerous Thinking in the Age of the New Authoritarianism (New York: Routledge, 2015).

[2] I have borrowed this term from Jeffrey St. Clair, “The Economics of Contempt,” Counterpunch (May 23, 2014).

[3] Brad Evans and I have taken up the issue of violence in its various valences in Brad Evans and Henry A. Giroux, Disposable Futures: The Seduction of Violence in the Age of the Spectacle (San Francisco: City Lights Books, 2015). Also, see Henry A. Giroux, America’s Addiction to Terrorism (New York: Monthly Review Press, 2016).

[4] Noam Chomsky, “Corporations and the Richest Americans Viscerally Oppose the Common good,” Alternet (Sep9tember 29, 2014). Online: http://www.alternet.org/visions/chomsky-corporations-and-richest-americans-viscerally-oppose-common-good

[5] Chris Cillizza , “The New York Times just perfectly explained Hillary Clinton’s Goldman Sachs speech problem,” The Washington Post (February 26, 2016). Online: https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/02/26/the-new-york-times-just-perfectly-explained-why-hillary-clintons-answers-on-her-paid-speeches-dont-work/

[6] Rebecca Gordon, “There Oughta Be a Law…Should Prison Really Be the American Way?,” TomDispatch.com (September 25, 2016). Online: http://www.tomdispatch.com/blog/176190/tomgram%3A_rebecca_gordon%2C_arresting_our_way_to_%22justice%22/

[7] Brad Evans and Julien Reid, “The Promise of Violence in the Age of Catastrophe,” Truthout (January 5, 2014. Online: http://truth-out.org/opinion/item/20977-the-promise-of-violence-in-the-age-of-catastrophe

[8] Arundhati Roy, Power Politics (Cambridge, Ma: South End Press, 2001), P. 1

[9] Stuart Hall and Les Back, “In Conversation: At Home and Not at Home”, Cultural Studies, Vol. 23, No. 4, (July 2009), pp. 664-665.

[10] I have taken this phrases from an interview with Homi Bhaba in Gary Olson and Lynn Worsham, “Staging the Politics of Difference: Homi Bhabha’s Critical Literacy JAC ((1999), p. 9.

[11] Zygmunt Bauman, Liquid Life (London: Polity Press, 2005), p.139.

[12] Michael Payne, “What Difference Has Theory Made? From Freud to Adam Phillips,” College Literature 32:2 (Spring 2005), p. 7.

[13] Ibid., Bauman, Liquid Life, 151.

[14] Salman Rushdie, “Whither Moral Courage?” The New York Times, (April 28, 2013)

[15] George Monbiot, “Neoliberalism – the ideology at the root of all our problems,” The Guardian, (April 15, 2016) Online: http://www.theguardian.com/books/2016/apr/15/neoliberalism-ideology-problem-george-monbiot

[16] Robin D.G. Kelley, “Black Study, Black Struggle – final response,” Boston Review, (March 7, 2016). Online: http://bostonreview.net/forum/black-study-black-struggle/robin-d-g-kelley-robin-d-g-kelleys-final-response

[17] Ibid., Robin D.G. Kelley, “Black Study, Black Struggle – final response.” Boston Review.,

[18] Robin D.G. Kelley, “Black Study, Black Struggle,” Boston Review, (March 7, 2016) Online: https://bostonreview.net/forum/robin-d-g-kelley-black-study-black-struggle

[19] The notion of weaponized sensitivity is from Lionel Shriver, “Will the Left Survive the Millennials?” New York Times (September 23, 2016). Online. http://www.nytimes.com/2016/09/23/opinion/will-the-left-survive-the-millennials.html. Armed ignorance was coined by my colleague Brad Evans in a personal correspondence.

[20] Leon Wieseltier, “How voters’ personal suffering overtook reason – and brought us Donald Trump,” Washington Post, (June 22, 2016). Online: https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/06/22/how-voters-personal-suffering-overtook-reason-and-brought-us-donald-trump/

Fuente: http://www.counterpunch.org/2016/09/30/thinking-dangerously-in-the-age-of-normalized-ignorance/

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Entrevistas Sacheri, un profesor “optimista” de las redes sociales

El escritor argentino Eduardo Sacheri también es profesor de historia y sigue dando clases en secundaria. Se define como un “optimista” de las redes y dice que ahora los jóvenes leen y escriben mucho más. “Tenemos un poquito de terreno ganado”, asegura.

Entrevista realizada por Emiliano Zecca y Nadia Piedra Cueva en No Toquen Nada

 Eduardo Sacheri era un profesor que escribía en las noches para poder dormir. Hasta que la película argentina “El secreto de sus ojos”, basada en su libro “La pregunta de sus ojos”, ganó un Oscar a mejor película extranjera en 2010.

Las cosas cambiaron aquel día. Sacheri se transformó en un escritor que cuando puede da clases en el liceo, aunque aclara que para los alumnos sigue siendo el profesor y no el escritor que ganó un Oscar o el premio Alfaguara hace unos meses.

En el salón usa la misma simpleza que tienen sus textos y también recurre al humor. Sus alumnos tienen 16 o 17 años. “Alumnitos, no quiero interrumpir su disfrute de esta soleada tarde de jueves, pero… ESTUDIEN PARA MAÑANA. Y si ya estudiaron… REPASEN”, les escribió hace poco en Twitter.

Sacheri es un optimista de las redes, dice que ahora los jóvenes leen y escriben mucho más.

Siempre, desde que doy clases en el secundario, entro y escribo en el pizarrón: Eduardo Sacheri, historia. Y lo sigo haciendo. Claro, ahora los pibes te ponen cara de ‘ya sé que sos Sacheri’, pero a la segunda o tercera clase eso es lo único que termina siendo importante, porque lo de afuera del aula termina siendo hojarasca. Capaz que alguno te dice ‘lo vi en la tele, profe’. Y si vos pasas rápido por ahí, lo que al final importa es lo que pasa ahí adentro. Si estudian o no, si escriben o no, si se portan bien o mal. No me gusta la cosa típica que veo a veces de ‘historia: cuestionario simple y laburen con el libro’, porque copian y vos les decís ‘¿entendiste lo que pusiste?’ y te dicen que no.

¿Armás un relato para explicar?

Claro. Explico y la explicación siempre es un relato, una narración, inevitablemente, con una alta dosis de coloquialidad. Eso a los pibes los aproxima mucho. Por supuesto, te pasas una hora y media explicando, pero desde el año pasado estoy metiendo mucho uso de los telefonitos. No uso más el pizarrón, les armo cuadritos y los pibes lo manejan por Whatsapp. Vamos más rápido, si necesitamos ver un mapa lo googleamos. Estamos hablando de una escuela donde todos tienen telefonitos e internet.

¿Y cómo ves la relación de estos jóvenes con la lectura y la literatura?, ¿te preguntan?

Tenés de todo. Pibes más comprometidos, menos u otros que no tienen ni idea. Chicos que solo leen lo que le dan en la escuela y otros que leen cosas en paralelo. Si tengo que comparar con los alumnos que tenía hace 15 años, con todo este tema de las redes y las nuevas tecnologías, estos pibes leen y escriben más. Antes era todo tele y una cosa más pasiva. Yo siempre aclaro que no son lo mismo esas prácticas de lecto-escritura que lo que uno espera que un pibe haga con un libro, pero me parece que tenemos un poquito de terreno ganado que antes, que no escribían ni leían. Entonces, me parece que hay de todo, pero estamos mejor parados que un tiempo atrás. Es una mirada quizás optimista, ingenuamente optimista, no sé.

Cuando Sacheri empezó a escribir lo hacía de noche. Tenía dificultades para dormir y usaba la escritura para serenarse. Así fue como publicó su primer libro de cuentos, “Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol” en el 2000.

Luego vino otra etapa en la que escribía en bares, entre clase y clase. Pero ahora ya no lo hace más. La docencia ocupaba la mayor parte de su tiempo trabajaba en el liceo y la universidad. Después tuvo que elegir y se quedó con el liceo por dos razones. Por pudor y porque cree que es más necesario.

Tenía pudor académico. Hubo un momento que dejé mi trabajo de investigación, dejé de asistir a congresos de investigación, de presentar papers para mis colegas. Entonces, empecé a sentir que para ese nivel de exigencia me iba a terminar desactualizando y no quería terminar robando. Y por otro lado, me parece que es más necesario. Yo entiendo al docente que huye del secundario hacia la universidad por esto de sentir la demanda, la interpelación de exigirse un poco más, porque es cierto que en Secundaria lo académico está atado a otras cosas que son afectivas, comunicacionales y emocionales. Yo las entiendo, pero como tengo otros estímulos intelectuales interesantes en mi otro trabajo, bueno, me gustó esto de que hace más falta acá y creo que me completa más.

La política y el “refugio de inocencia pelotuda”

Sacheri es un escritor muy leído. Su primer libro “Esperándolo a Tito” llegó a la decimotercera edición en 2007 editado por Galerna y el año pasado fue reeditado por PRH.

Su última novela, “La noche de la usina” es una historia de revancha que recuerda la Argentina de la crisis del 2001 y ganó el premio Alfaguara en abril de este año. Uno de los personajes es un anarquista que defiende al ex presidente Ricardo Alfonsín y los demás se burlan de él.

La política está presente en la vida de Sacheri. Viene de una casa donde se hablaba de las contradicciones que hay entorno al tema y las preguntas estaban presentes.

Yo me crié pudiendo preguntar de todo y se me contestaba. Es un tema que me interesa mucho. Soy bastante escéptico en mis adhesiones políticas, adhiero a un sistema si querés, soy un liberal de izquierda. Me siento liberal en materia civil y a lo mejor un poco más a la izquierda en el manejo de la cosa pública, en el manejo del Estado y del rol económico del Estado. Pero, suponete, yo amo a Independiente de manera inocente y absoluta, y sé que estoy idealizando un club. En política no lo hago y en los últimos años de la Argentina pasó mucho eso, con los amores y los odios. Me parece que en eso le están errando porque perdés perspectiva. Mi club es mi refugio de inocencia pelotuda, entonces, cuando juega Independiente se acaba el mundo, pero en el resto de la vida tratemos de que no.

¿Y cómo es tu relación con el peronismo?

Es mucho menos crítica que la de mis viejos. Yo puedo ver elementos positivos en el peronismo, lo puedo entender. Para el anti-peronista el peronista es inentendible, no puede entender que alguien sea peronista. Yo lo puedo entender perfectamente. Ahora, hay cosas del peronismo que no me gustan. Sobre todo a nivel de la relación del individuo con el mundo político y como desde el Estado se maneja la disidencia. Para mí ahí el peronismo ha estado flojito de papeles. Pero es al mismo tiempo contradictorio, porque se pone al Estado al servicio de un montón de cosas que a mi me gustan, pero está hecho más desde la derecha que de la izquierda.

 El fútbol y el lugar en un grupo

El fútbol ocupa un lugar muy importante en la vida de Sacheri. Tanto que alguna vez dijo que si tiene que renunciar a escribir o jugar al fútbol, renuncia a escribir.

Es mi juego ¿A qué juego yo? A escribir, leer y al fútbol. Me imagino que dentro de poco tiempo voy a tener que optar, pero no quiero. Para mí es muy importante jugar al fútbol porque es un juego. Mucha gente no tiene un juego. Una de las grandes pérdidas cuando se abandona la niñez es eso, la gente que juega a algo tiene un tesoro para toda la vida. Al tipo que juega al golf y se fanatiza, está horas con la pelotita, yo lo entiendo. No me gusta el golf, pero a lo mejor cuando no pueda jugar al fútbol piense en otra cosa.

¿Cuántas cosas se pueden contar a través del fútbol?

Creo que muchas, siempre y cuando tomés la precaución de usar al fútbol como un hilo donde la tela sea otra cosa. Si no es un relato de fútbol y no literatura, pero es complicado encontrar ese límite. El fútbol se cruza mucho con nuestras vidas, acá. En Canadá capaz es el hockey, pero allá donde vivo yo es el fútbol. Jugás al fútbol y encontrás tu lugar en un grupo jugando al fútbol. Si jugás bien tenés un lugar diferente del que juega mal y otro muy diferente del que no juega. Eso vos lo podés usar literariamente mientras te sirva para algunas preguntas básicas de la vida. Ahora, si vos te quedás en si la pelotita entró o no, es un relato de fútbol, pero dejás de lado toda pretensión literaria.

Vos como ex arquero y actual cinco “raspador”, ¿qué lugar encontraste?

Ser arquero siendo un tímido me permitió entrar a un grupo sin embarullarme y perderme en el caos de tener gente pasando por todo lados. Necesité madurar para salir de cinco y tuve que estar un par de años de defensor central antes de animarme a ir al medio de la cosa. Para mí fue un cambio muy grande en la veintena de mi vida decir ‘esto que sé hacer no lo hago más, me cansé, ya no voy a jugar profesionalmente, me duelen las rodillas, tengo una manera de atajar demasiado salvaje, que me permitió suplir la falta de talento’. Era un kamikaze, servía. Pero una cosa es serlo a los 20 y otra a los 45. Entonces dije ‘empecemos a aprender esto, vamos a escribir’.

Fuente: http://www.180.com.uy/articulo/64525_sacheri-un-profesor-optimista-de-las-redes-sociales

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Radio Marién: la educadora de la frontera desde hace 40 años

Por ROSA ALCÁNTARA

«La educadora de la frontera”, es el lema de Radio Marién, una emisora de la Iglesia Católica que arriba a sus 40 años de fundada. Por ser un equilibrio de las dimensiones de educación y evangelización, el obispo de Mao-Montecristi, monseñor Diómedes Espinal bautiza la emisora como “la parroquia más grande de la diócesis”.

Es que Radio Marién hace uso de la incidencia que tiene en la población fronteriza para educar sobre temas fundamentales, relacionados con la educación formal e informal, la prevención de enfermedades y reducción de riesgos ante desastres naturales.

La emisora ha sido de gran impacto social en la frontera porque al beneficiarse miles de personas que han logrado ser profesionales por estudios primarios y secundarios realizados a través de la transmisión de las escuelas Radiofónicas Santa María.

El director de Radio Marién, padre Guillermo Perdomo, dice que ese medio de comunicación goza de una gran audiencia, lo que da apertura a desarrollar temas educativos y de denuncias.

Expresa que son muchas las razones que tienen para celebrar. Desde hace 38 años transmiten las clases de las escuelas Santa María y 35 en la formación de la Unión de Centros de Madres Mujeres Fronterizas, en la cual decenas de mujeres se apoyan para desarrollar proyectos sociales y económicos con los que enfrentan la pobreza.

Rosa Elena es una beneficiada tanto de las Escuelas Radiofónicas, en las que cursó el séptimo y el octavo, como de la unión de mujeres. Hizo el bachillerato en el liceo nocturno Francisco Antonio Medina y cuatro años después se licenció como psicóloga en la Universidad Evangélica de Santiago.

Radio Marién tiene como patrono al asesinado monseñor salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, nombrado Beato por la iglesia el año pasado. Fue un defensor de los pobres y de la justicia.

Precisamente esa es la misión de Radio Marién, una obra de la Compañía de Jesús (Jesuitas), pero propiedad de la Diócesis Mao-Montecristi.

Campañas educativas. A través de la emisora se desarrollan diversas campañas educativas para evitar los accidentes de tránsito “Usa tu casco protector, no lo olvides”, “ponte tu cinturón de seguridad”, “al salir chequea las gomas de tu vehículo”, “si bebes, no manejes”.

Cuenta el padre Perdomo que esas campañas han sido efectivas. Puso como ejemplo la implementada con el apoyo del Ministerio de Salud Pública, a través del Centro de Prevención de Enfermedades Tropicales y con la Unión de Madres Fronterizas. La distribución de más de 10,000 mosquiteros impregnados en insecticidas, donados por el Fondo Mundial, redujeron de manera sustancial la incidencia de malaria.

Ese programa hizo que el país fuera proclamado campeón de la lucha contra la malaria en el 2014.

Otras enfermedades que han combatido por medio de campañas educativas en Radio Marién el dengue, la chikungunya, con el combate del mosquito que produce esas enfermedades.

Insostenibilidad financiera. Monseñor Diómedes expresa que Radio Marién “está en el aire pero no vive del aire”, queriendo significar que necesita recibir recursos económicos para ser sostenible financieramente.

El padre Perdomo dice que para la permanencia de la emisora que es sin fines de lucro pero no de pérdida, tienen que reinventarse realizando rifas dos veces al año de artículos que les interesan a la gente como motores y electrodomésticos. Señala que por suerte esas actividades son apoyadas por la población.

“Yo prefiero trabajar y rifar, a pedir, a mendigarle a políticos, a personas que me puedan comprometer con su ayuda, o sea, que los pobres son nuestra riqueza”, señala.

Desde el 2013 solicitan un mayor presupuesto. El gobierno paga a la emisora por la transmisión de las Escuelas Radiofónicas Santa María, cuatro horas diarias. El costo de mantenimiento es de RD$540 mil mensuales.

“Este es un proyecto bello y precioso, pero si no es sostenible se cierra. Si yo hago aquí una deuda de tres millones, en un mes ya esto está cerrado”, advierte.

El sacerdote sostiene que por falta de recursos económicos peligran las becas de 116 internos de los Centros de Corrección y Rehabilitación de Dajabón y de Mao que cursan el bachillerato, cuya inversión es de unos 200 mil pesos.

El año pasado lo patrocinó el Banco de Desarrollo de América Latina.

Interferencias desde Haití. Otras dificultades que confronta Radio Marién son las interferencias de emisoras haitianas, por lo que reclaman a las autoridades dominicanas poner controles sobre esa situación, principalmente el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones.

Apagones. El director de Radio Marién dice que tienen diariamente un promedio de apagones de 8 a 12 horas en el Carresal de Restauración, lo que hace insostenible la emisora por la generación de combustibles de la planta eléctrica.
“Esto es una cruz y yo pienso que la vida fronteriza debe ser incentivada por lo menos dándonos una energía más estable”, manifiesta.

Ese problema junto a la falta de transporte hacen de la vida de la gente de la frontera un problema.
“Por eso Radio Marién es clave y estamos explorando paneles de generación por energía solar, eso nos podría dar una contribución a la sostenibilidad”, señala.

Claman atender la frontera. El sacerdote solicita al Gobierno hacer más por la frontera, donde dice ocurren cosas buenas y es tierra de oportunidades.
Desde la chispa de Capotillo la frontera tiene la vocación de restaurar, coordinar acciones positivas para convertir a Haití en el primer socio comercial de la República Dominicana, a través de la amistad y de políticas claras aduanales para favorecer a la gente laboriosa de sus comunidades.
Dice que falta que las autoridades escuchen a los actores de la frontera, que respondan a sus necesidades para potenciar la zona como tierra de oportunidades.
Asegura que la migración haitiana, tiene que ser reglamentada, legalizada y organizada, es un desafío del Estado.
Denunció que hay sectores, que no mencionó, que viven de una migración haitiana no reglamentada porque se lucran del negocio ilegal.
Dice que desde Radio Marién se aboga por el cumplimiento de las leyes y porque las cosas se hagan bien. También citó como desafiante la deforestación y la falta de servicios hospitalarios. Aboga por un centro de salud internacional en el que se hagan investigaciones.

Fuente: http://hoy.com.do/radio-marien-la-educadora-de-la-frontera-desde-hace-40-anos/autor/rosa-alcantara/

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Personas que sufren nuestra incredulidad injustamente (trastornos de conversión)

Por Raquel Aldana

Nos cuesta mucho creer en aquello que no proviene de nuestros sentidos, es como si cualquier información que no procediera de ellos fuera una especie de religión abierta a la fe. Con los trastornos de conversión pasa algo similar, no solo para las personas afectadas sino para la propia medicina en general.

Esta falta de credibilidad condena a los propios diagnósticos y a muchos de los especialistas que tienen la osadía de darlos pero, sobre todo, a los propios pacientes que se sienten más inseguros pisando ese suelo que lo que podrían sentirse bajo el yugo de trastornos en apariencia mucho más graves.

“Casandra, hija del rey de Troya, había sido maldecida y maldecida. Se le había otorgado la capacidad de predecir el futuro, por el contrario, su maldición sería que nadie la iba a creer. Así es como se sienten las personas con trastornos de este tipo”.

Personas con un diagnóstico de conversión
El trastorno de conversión tiene una larga tradición dentro de la psicología y en algún momento de su historia, especialmente en la época de Charcot en la Salpetriere, ocupó gran parte de la atención de los doctores. Ha recibido varias etiquetas diferenciales: trastorno disociativo, trastorno neurológico funcional, conversión histérica o histeria.

¿En qué consiste? Las personas diagnosticadas con un trastorno de conversión sufren una afección en la que la incapacidad no puede atribuirse a ninguna causa orgánica. Esta afección se expresa mediante síntomas neurológicos, como la pérdida de fuerza, convulsiones o pérdida sensorial.

El miedo frente al diagnóstico
A menudo este diagnóstico llega después de realizar una gran cantidad de pruebas, en la que el especialista intenta descartar que los signos del trastorno no tengan un origen orgánico. Muchas veces, el cuadro clínico de las personas que lo presentan se puede asemejar al de otras enfermedades que sí tienen una explicación orgánica, como pueden ser la esclerosis múltiple o la epilepsia.

Así, solo el ojo clínico especializado es capaz de profundizar en este terreno que aún hoy, pese a todas las pruebas de neuroimagen con las que contamos, sigue siendo pantanoso. Por otro lado, existe un gran miedo por parte de las personas con bata blanca a pasar algo por alto y terminar diagnosticando un trastorno de conversión cuando en realidad sí que había una causa orgánica que no han sido capaces de detectar.

Por otro lado, el estigma que recae sobre estos pacientes aún es muy grande. Desde la sociedad, e incluso desde algunos sectores de la comunidad médica, se entiende que aquello que no se explica por una afectación corporal tiene que estar bajo el control de la mente del paciente y que por lo tanto, si este no termina con la sintomatología es porque no quiere.

Cuenta Suzanne O’Sullivan en su libro, de recomendable lectura, que en uno de los cursos a los que asistió les pusieron un vídeo de una niña que estaba sufriendo convulsiones. Después del visionado, el especialista que impartía el curso les pidió a todos los presentes en la sala que intentaran emitir un diagnóstico.

Ella, por el sitio que ocupaba en el aula, fue la última el hablar. Dijo pensaba que se trataba precisamente de un trastorno por conversión. La respuesta de otro de los médicos a su diagnostico fue: “Por Dios, es imposible que esa niña esté fingiendo!”

Desgraciadamente, parece que esta reacción no es aislada sino relativamente común y que muchas personas, con formación y sin ella, piensan que hay algo de fingimiento o engaño en las personas con un trastorno de conversión.

Sin embargo, si observamos la mayoría de conductas de estas personas nos daremos cuenta de que esto no es cierto. Su sufrimiento es real, tan real como el de las personas que padecen un trastorno con explicación orgánica.

Es más, en muchos casos viven existencias igual de limitadas, sumando que tienen que cargar con el hecho de que a muchas personas las hacen culpables de tener que soportar el peso con el que cargan, y que si no se deshacen de él es porque no quieren.

Algunos apuntes sobre los trastornos de conversión
Las personas que se enfrentan a un trastorno disociativo no piensan cuando acuden a su primera consulta que van a terminar siendo tratados por un psicólogo o un psiquiatra. Tiene convulsiones, no tiene fuerza en una mano o tienen la sensación de haber perdido la sensibilidad en una parte de su cuerpo, todo perfectamente objetivo y, lo más importante, real. Nada inventado, como se piensa que “hacen las personas a las que tratan los psiquiatras o psicólogos”.

“Nada de alucinaciones”, piensan. “Mi dolor es real porque me obliga a renunciar a algo que no quiero o a tener que realizar acciones compensatorias mucho menos efectivas que las naturales”. Por eso, no solo el diagnóstico es difícil de dar para el médico sino que en ocasiones es aún más difícil de enfrentar para el paciente.

Siguiendo con la sintomatología y centrándonos en las convulsiones, por ejemplo, la realidad nos dice que es muy raro que el paciente manifieste una convulsión en el momento en el que pasa consulta o se le hacen pruebas, sin embargo en convulsiones funcionales lo habitual es lo contrario. Así, aunque parezca contradictorio, una enfermedad funcional tiende a expresarse, es como si quisiera expresarse.

De ahí y jugando con esta necesidad de expresión, que la hipnosis haya encontrado en estas personas un campo abonado y que hace años se tomara como el principal procedimiento para librar a estas personas de esta pesada carga. Se asumía que liberando a la mente del control consciente, esta dejaría que el problema se manifesta abiertamente y que, por lo tanto, pudiera ser identificado y tratado.

Sin embargo, después se ha comprobado que esta especie de “escáner hipnótico” tiene problemas. Así, parece que mediante la hipnosis sí se podrían juntar algunos de los elementos disociados para darles sentido, pero que también liberaría la fantasía. De esta manera nada nos ofrecería certeza para el “material” recogido de la persona en el proceso hipnótico.

Así, actualmente para este tipo de enfermedades se realiza un tratamiento combinado. Muchas veces interviene la fisioterapia, junto con la intervención terapéutica que busca liberar focos de tensión que hayan provocado o mantengan los síntomas. De todas formas, este es aún un campo en el que la psicología tiene un reto importante, tanto en la concienciación social de la enfermedad como en su tratamiento.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/personas-sufren-nuestra-incredulidad/

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El no se impuso, ¿Qué sigue?

05 de octubre de 2016 / Fuente: http://insurgenciamagisterial.com/

Por: José Antonio Gutiérrez

Con una participación de apenas el 37% del electorado, el NO se impuso, con un 50% de los votos, por un breve margen de menos de un 1%. En circunstancias normales, este resultado se vería como un empate técnico[1]. Sin embargo, la derrota política sufrida por los sectores políticos que han respaldado el acuerdo de paz entre el gobierno de Santos y las FARC-EP no puede ser minimizada. La campaña del NO, en estricto rigor, no tenía que ganar para ganar: le hubiera bastado tener un margen de votos lo suficiente amplio como para poner un signo de interrogación y quitar piso de legitimidad a lo acordado en La Habana. En cambio, lograron mucho más que eso, imponiéndose en el conteo final en una jornada electoral cuyos altos niveles de abstención tampoco pueden atribuirse exclusivamente a la lluvia. La falta de entusiasmo en torno a este acuerdo de paz ha sido más que evidente, pese a que todos los medios de comunicación, la llamada “comunidad internacional” y las principales personalidades de la política y la cultura se posicionaron a favor del SI. No es de sorprenderse que el SI haya tendido a imponerse en las zonas de presencia guerrillera o de fuerte intensidad del conflicto, mientras que el NO se tendió a imponer en las zonas alejadas del conflicto[2]. Pero estas son tendencias, no realidades absolutas: en zonas del Caribe, claramente ajenas al conflicto, se impuso el SI y el NO se impuso en municipios fundacionales de las FARC-EP, como ser Chaparral, Rioblanco y Planadas en Tolima.

Ya habíamos dicho, a contravía del triunfalismo reinante entre los partidarios del SI, que resultaba insensato despreciar la fuerza que el NO podía tener entre los votantes[3]. Pese a que en un principio el espectro del NO era feudo exclusivo de los uribistas, sería un error asumir que pertenecen al expresidente todos los votos en contra al acuerdo, o que todos estos votos representen al “guerrerismo”: aunque esos sean los sectores más visibles, hubo sectores que con argumentos jurídicos también se posicionaron en el campo del NO[4]. No creo que muchos de los votantes contra el acuerdo quieran, genuinamente, volver a la guerra o quieran más derramamiento de sangre. Esto es algo que no debe ser obviado. Acá no se debatió la paz y la guerra, aunque así lo quiera ver obstinadamente un determinado sector –se sabía que, fuera cual fuera el resultado del plebiscito, la decisión de las FARC-EP de abandonar la lucha armada no tiene reversa y en ese sentido se habían ya expresado algunos comandantes de esa guerrilla[5]. Quienes rechazaron el acuerdo tal cual fue negociado en La Habana esperan una renegociación.

Desde luego, no ayudó la pobre pedagogía de paz durante el proceso de negociación, en el cual hubo más interés en aislar y desacreditar a la insurgencia que en dar capital político a lo que se venía negociando. Ni tampoco ayudó la campaña de Santos, que invitó al pueblo a tragarse sapos. Al pueblo no le gusta tragarse sapos , aunque a veces tenga que hacerlo contra su voluntad. Pero si se le da la opción, dirá que no. Así de sencillo. Podrá decirse que el mensaje de Santos fue tibio o confuso, pero no podía ser de otra manera: en realidad, tanto él como Uribe son representantes de la oligarquía y sus contradicciones, magnificadas por la prensa, son más de forma que de fondo[6]. En la narrativa post-conflicto que están construyendo –antes de que estemos en el post-conflicto-, el Estado aparece como un padre benevolente que perdona a su hijo rebelde sus desafueros pasados. La cuestión es cuanto están dispuestos a ceder o a perdonar. Un acuerdo que no tocaba el modelo y que no tenía, de manera evidente, capacidad transformadora para la mayoría, no tuvo mayor eco y el debate terminó limitándose a la supuesta impunidad para las FARC-EP.

Pero más allá de las limitaciones obvias de la campaña oficialista, el triunfo del NO refleja la debilidad de las partes negociadoras de cara a la población . Santos es uno de los presidentes más impopulares de la historia colombiana[7], y dudo mucho que la colección de politiqueros, vividores y oportunistas encabezando el SI –entre ellos personajes como Samper o Gaviria- hayan contribuido a generar confianza en torno al proceso. Esto, sin considerar la profunda crisis institucional que vive el país. Por otra parte, aunque las FARC-EP cuentan con un respaldo profundo y arraigado en ciertas zonas rurales donde han tenido presencia, el rechazo a ellas por parte de las mayorías urbanas es indiscutible. El repudio a las FARC-EP tiende a aumentar mientras más lejos se esté de ellas –resulta curioso, por decir lo menos, que algunas de las personas más viscerales en contra de la guerrilla sea gente que jamás en su vida han conocido a un guerrillero, lo cual demuestra la fuerza de la construcción que mediante la propaganda oficial se ha hecho. Pero sea cual sea el origen de esta percepción, ella es una realidad que no puede ser ignorada. Resultaba clave, para ganar apoyos al proceso de paz, conectar con la población que vive fuera de las zonas rurales de influencia tradicional y llegar una población mayoritariamente urbana o incluso no urbana pero que está inmersa en otras problemáticas y otros procesos , que son afectados indirectamente por la guerra de maneras diferenciadas. ¿Qué significaba el proceso de paz para ellos, en concreto? La izquierda que rodeó al proceso, dividida como está, débil, marginal, desconectada del sentir y pensar de las mayorías populares, más hábil para alienar y señalar a los que piensan diferente que para generar procesos incluyentes, sin suficiente imaginación, con prácticas añejas, acostumbrada a consignas que han tapado su falta de proyecto para ofrecer al conjunto del pueblo, fue incapaz de hacer esta tarea.

El triunfo del NO vuelve a demostrar que el proceso fue visto como un asunto distante para la mayoría de la población, como algo ajeno. De hecho, el proceso de paz fue “vendido” mucho mejor a la comunidad internacional que al propio pueblo colombiano. Santos parecía más interesado en una agenda externa (buscar fondos internacionales para “Paz Colombia”, su anhelado premio Nobel de la paz) que en los resultados de la misma negociación. La alta abstención indica esa falta de conexión con el acuerdo de La Habana, pero es difícil creer que una mayor participación hubiera revertido la tendencia. Tal vez, en este sentido, no resulta tan descabellado, como se ha querido hacer creer, la posición del ELN de convocar un amplio diálogo nacional para superar el conflicto social y armado –recordemos que las negociaciones con esta otra insurgencia están empantanadas, entre otras cosas, por los mecanismos de participación popular, que demandan sean mucho más fuertes que los que existieron en el proceso de La Habana.

Si bien el triunfo del SI no significaba el triunfo del “castro-chavismo”, tampoco el triunfo del NO significa el retorno a la guerra total. Quedan dos caminos por delante frente a este impase: una renegociación de los acuerdos, que implicaría a las dos partes tragarse sus palabras previas de que nada era re-negociable e incluir una participación más amplia incluyendo, entre muchos otros, a sectores del uribismo[8], o la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, propuesta inicial tanto de las FARC-EP como del uribismo, propuesta que en el actual contexto político podría resultar desastrosa para las fuerzas progresistas . Nada asegura que la nueva Constitución sea más progresista que la del ’91, y todo pareciera indicar que se impondrían fuerzas reaccionarias que dejarían su impronta en la Carta Magna por décadas. Así las cosas, lo más probable es que termine renegociándose condiciones más draconianas para los insurgentes, mientras el ELN toma nota de los acontecimientos.

Después de esta dura derrota, volvemos entonces a la pregunta del millón ¿qué hacer? Responder esta pregunta requiere de un ejercicio de autocrítica profunda por parte de la izquierda: no es suficiente criticar a terceros, sea la lluvia, sea la oligarquía, sean los medios, sea el imperio. Como para variar, los principales medios, sectores oligárquicos y las principales potencias del mundo (incluido EEUU) estuvieron de acuerdo con el SI al plebiscito. Hay también que abandonar la arrogancia de esa izquierda que presupone que cuando los sectores populares no están de acuerdo con ella, es porque son brutos, tienen la cabeza lavada, son irracionales, son guerreristas, pasionales, etc. En vez de vociferar “caverna” o “guerrerismo” hay que aceptar con humildad estos resultados y tratar de entender el mensaje de fondo que se entrega a quienes creen en la posibilidad de construir una sociedad más libre, más justa y más igualitaria.

Hay que dar un paso atrás y tratar de pensar nuevamente el proyecto de sociedad que se ofrece al conjunto del pueblo, pero también hay que entender que ese proyecto no puede ser sencillamente ofrecido a las masas con la benevolencia paternalista del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Se requiere que el pueblo, sus mil luchas, organizaciones, expresiones, deseos, ocupen el centro del quehacer político. No se trata solamente de ofrecer una alternativa al pueblo o “venderle” un acuerdo, se trata de construir esa alternativa junto a él. La paz, por sí sola, ya no es el máximo convocante para la sociedad colombiana, así haya quienes la hayan utilizado para re-elegirse o para candidatearse en las próximas elecciones[9]. Toca enfatizar ese componente de “justicia social” que siempre se insistió que era un aspecto crucial de la paz, el cual estuvo apenas tímidamente representado en la paz ofrecida por los acuerdos de La Habana. Es necesario conectar la paz con las condiciones de vida de la mayoría de la población, mayorías que tienen interés en una Colombia mejor, en una Colombia más humana, más participativa, más igualitaria, pero que no se ve reflejada en lo acordado en La Habana o que lo desconocen porque es un proceso distante. Para lograr ser relevantes, toca abandonar la arrogancia y los vicios autoritarios de cierta izquierda, y encontrar la manera de contribuir a que las masas se conviertan en protagonistas de su propia historia y no verlas solamente como un rebaño que se acarrea para implementar decisiones tomadas por las “mentes superiores”. Una tarea formidable pero que requiere un cambio de mentalidad en quienes apuestan por una nueva sociedad. Más allá del plebiscito, el sol volverá a salir, el mundo seguirá girando y los problemas sociales de las mayorías seguirán ahí –mientras esto sea así, hay esperanza para un proyecto transformador que realmente convoque al conjunto del pueblo.

Notas:

[1] Puede consultarse el resultado electoral pormenorizado en la página de la Registraduría http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPLZZZZZZZZ…1.htm

[2] Se pueden revisar los datos en la página de la Registraduría ya mencionada. Mientras el NO se impuso en Caquetá, municipios como Solano, Cartagena de Chairá y San Vicente del Caguán, votaron mayoritariamente por el SI (aunque con un margen estrecho). Lo mismo ocurre en Norte de Santander (donde el NO se impuso en prácticamente todas partes menos el Catatumbo) o en Arauca.

[3] http://anarkismo.net/article/29580

[4] Ver, por ejemplo, el artículo de José Gregorio Hernández Galindo http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-….html

[5] Ver las declaraciones del comandante fariano Carlos Antonio Lozada http://www.elespectador.com/noticias/paz/farc-sostienen…40303

[6] Sobre este asunto, recomiendo la lectura de Jaime Jiménez entre las similitudes de la campaña oficialista del SI y la del uribismo por el NO http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217480&titular=a…-del-

[7] Curiosamente, la falta de legitimidad y popularidad de Samper fue una de las razones por la cual la insurgencia no negoció con él. Hoy se negocia con el igualmente impopular Santos, mientras Samper ha utilizado el proceso de paz y sus contactos con sectores de la izquierda liberal para intentar rehabilitarse.

[8] Como anécdota, el nunca bien ponderado pero casi siempre lúcido William Ospina decía en una polémica columna en las pasadas elecciones presidenciales que, en su infinita capacidad de equivocarse, la izquierda creía que el mal menor era Santos debido a la negociación de paz. En cambio, de manera preclara, Ospina afirmaba: “Yo he abogado 20 años por la paz negociada, pero, con el perdón de las Farc, nada me parece más inverosímil que la paz de Santos. La paz, para que sea verdadera, tiene que ser otra cosa, y ya muchos han advertido que si la paz sólo puede hacerse con el enemigo, una paz sin Uribe es como una mesa de dos patas”. Creo que el resultado del plebiscito y la perspectiva de renegociar con el uribismo, de alguna manera, reivindica la posición de Ospina que en ese momento provocó un voladero de plumas e hizo que se le descalificara con toda clase de epítetos abusivos. Ver su columna http://www.elespectador.com/opinion/de-dos-males-column…95794

[9] Humberto de la Calle ha recibido una dura paliza en sus intentos de ser el candidato de la paz.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217516

Fotografía: news.vice

Fuente artículo: http://insurgenciamagisterial.com/el-no-se-impuso-que-sigue/

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Día mundial de los docentes, Empoderar al profesorado para construir sociedades sostenibles.

Valoremos al docente, mejoremos su condición profesional.

El Día Mundial de los Docentes de este año marcará el 50ª aniversario de la aprobación, en 1966, de la Recomendación Conjunta de la OIT y la UNESCO relativa a la Condición del Personal Docente. Será también el primer Día Mundial de los Docentes que se celebre en el marco de la nueva Agenda de Educación 2030, aprobada por la comunidad mundial el año pasado.

El lema de este año, “Valoremos al docentes, mejoremos su situación profesional”,resume los principios fundamentales de esta recomendación que cumple su medio siglo, al tiempo que arroja luz sobre la necesidad de apoyar a los docentes, tal como quedó reflejado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un objetivo específico, el ODS 4, promete “garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

Los docentes no sólo son fundamentales para hacer realidad el derecho a la educación, sino que también son la clave para la consecución de las metas que componen el ODS 4.

La hoja de ruta de la nueva agenda, el Marco de Acción para Educación 2030, pone de relieve el hecho de que los docentes son esenciales para lograr una educación equitativa y de calidad, y que, por lo tanto, deben tener “las competencias necesarias, ser contratados y remunerados de forma adecuada, recibir una buena formación, estar profesionalmente calificados, encontrarse motivados, y recibir apoyo dentro de sistemas dotados de recursos, eficaces y bien administrados”.

Pero, a fin de alcanzar esta meta, es preciso no sólo aumentar considerablemente la oferta de docentes calificados, sino además motivarlos mediante la valoración de su labor. De aquí a 2030, se necesitarán 3,2 millones de docentes adicionales para hacer realidad la educación primaria universal y 5,1 millones más para alcanzar la enseñanza secundaria básica universal.

La UNESCO y las demás organizaciones que auspician el Día Mundial de los Docentes (OIT, UNICEF, PNUD, y IE), así como el Equipo Internacional de Docentes para la EPT, dedican este día a celebrar un compromiso intergubernamental excepcional, el único instrumento normativo internacional sobre docentes, y reiteran su compromiso con los valores del magisterio.

Fuente:

 http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/world-teachersday-2016/

Imagen: http://www.unesco.org/new/typo3temp/pics/a9708f53a3.jpg;pvc5bcf1bf53978d3b

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