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Piedras del río como tributo en Cuba a José Martí (+Fotos)

Por: Isaura Diez Millán/La Habana, 19 mayo (Prensa Latina)

Piedra en mano llegué al punto exacto donde murió hace hoy 126 años el Apóstol de Cuba, José Martí, y allí recordé la teoría absurda del suicidio, el mito del caballo y la trascendencia del último combate.

La piedra era del río Contramaestre, ubicado a metros del obelisco-monumento que se yergue en el lugar donde el delegado del Partido Revolucionario Cubano perdió la vida, en la actual provincia de Granma (oriente).

En 1896 el general en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, convidó a los cubanos a homenajear a Martí depositando allí una roca de ese afluente y por eso hasta ahí llegué con la mía.

De hecho, el primer monumento en esa zona dedicado a la memoria del Héroe Nacional lo construyeron de manera rústica con sus piedras los integrantes del destacamento al mando de Gómez.

La historiografía de la isla recoge esta y otras cuestiones sobre los días previos y sucesivos a la muerte del más universal de todos los cubanos.

Aunque existen versiones sobre la caída en combate del Apóstol, especialistas coinciden en señalar la obra Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente, del historiador cubano Rolando Rodríguez, como la más completa aproximación a aquel hecho.

Según el texto, ese 19 de mayo en el campamento de Vuelta Grande, Martí, Gómez y el mayor general Bartolomé Masó pasaron revista y arengaron a las tropas.

Luego del almuerzo, un teniente avisó sobre disparos en dirección a la zona de Dos Ríos, el General en Jefe ordenó montar a caballo, a cuatro kilómetros de allí comenzó la acción y un Gómez preocupado dijo ‘Hágase usted atrás, Martí, no es ahora este su puesto’.

De acuerdo con Rodríguez, el delegado se aproximó al escenario del combate y en compañía del subteniente Angel de la Guardia cargó a galope contra las líneas españolas desde una posición que los convirtió en blanco perfecto de la avanzada contraria, oculta en la hierba.

Versión de la muerte según pintura de Esteban Valderrama 
                                                                         

Tres balas le alcanzaron en el cuello, pecho y muslo, según historiadores, lo más probable es que haya muerto en ese momento y no ultimado por otra persona, como sugiere una versión.

Su acompañante, herido en el suelo, pudo ponerse a salvo pero le fue imposible rescatar el cuerpo, bajo la intensidad de los disparos, y este quedó en poder de los españoles.

Martí vestía casi por completo de negro, era un objetivo fácil en aquel escenario; no obstante, sugerir un posible suicidio solo evidencia el desconocimiento sobre el carácter del entonces mayor general, señaló Rodríguez.

Otros testimonios alegaron que el caballo del Apóstol era brioso, incontrolable, asustadizo y pudo desbocarse, sin embargo en el libro Dos Ríos… se desmontó esa hipótesis al referir que el delegado no era un jinete inexperto.

A propósito, el caballo Baconao sobrevivió al combate y Gómez pidió que lo cuidaran en una finca sin que nadie más lo montara, por respeto a su antiguo dueño.

En diálogo con Prensa Latina, el historiador Luis Fidel Acosta destacó la trascendencia de la muerte del Apóstol para la guerra de independencia de 1895.

‘Al morir Martí, única persona en el campo insurrecto que tenía una idea de revolución entendida como una transformación profunda de la realidad colonial cubana, esa propuesta radical desaparece’, comentó.

En opinión de Acosta, eso conllevó, por ejemplo, a que la Asamblea Constituyente de Jimaguayú (1895) no lograra el equilibrio defendido por el Apóstol entre el mando civil y el militar.

Según el experto, esto después incidió en un ‘secuestro de la revolución’ por parte de intelectuales que participaron en la guerra y desconocieron los sectores más populares, tesis también defendida por los historiadores Francisco Pérez Guzmán y Antonio Pitaluga.

José Martí murió 39 días después de desembarcar en la isla para participar en una guerra que él mismo organizó desde Estados Unidos.

Mausoleo en Cementerio Santa Ifigenia
                                                                                 

Sus restos se encuentran en el cementerio Santa Ifigenia de la provincia oriental de Santiago de Cuba, donde también están los del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes y los del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro.

‘Cuando me toque caer todas las penas de la vida me parecerán sol y miel’, ante esa frase martiana escrita en bronce deposité mi piedra de río y allí quedó junto a otras cientos de rocas, flores blancas y una bandera cubana que custodian actualmente el obelisco.

Fuente: prensa-latina.cu

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Black Lives Matter y Zapatismo: romper cercos

Por: Pietro Ameglio

En estas últimas semanas, dos de los mayores movimientos sociales de América, emblemáticos por su radicalidad de raíz, por su coherencia, por su determinación moral y material y por su resistencia civil, han construido dos hechos sociales tremendamente originales y esperanzadores.

A su vez, al momento que este artículo está por salir acaba también de iniciar un proceso de levantamiento social de “resistencia civil pacífica y digna”, como nos señalan desde la universidad de la Amazonía colombiana, que se ha ido extendiendo geométricamente a todos los territorios del país, a todas las clases, identidades y organizaciones social. La acción de no-cooperación y desobediencia civil que lo está articulando nacionalmente es un muy amplio “paro nacional”, acción de mucha radicalidad cuyo nombre puede confudir a veces: no se trata de “parar” sino de “avanzar” al doble de velocidad hacia la justicia, la dignidad y la paz. Claramente existe mucho dolor y temor por la represión brutal gubernamental de todo sentido -empezando por las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones- y por el hambre nacional, pero más aún hay mucha esperanza por la determinación moral y material de casi toda esa población hermana que masivamente ha tomado el espacio público. Acompañamos y aprendemos con humildad desde lo más cerca posible.

BLM: atacar la raíz del racismo y el clasismo

El veredicto por unanimidad (11 miembros del jurado) de culpabilidad del agente Derek Chauvin, asesino de George Floyd, es un “hecho histórico excepcional” en los Estados Unidos, derivado de un “hecho social normal” -que todos los días se multiplica en las redes sociales- en el mismo país, que muchísimas comunidades viven cotidianamente: el abuso, violencia brutal militarizada e impunidad policial; el racismo sistémico hacia los afroamericanos y demás minorías. Existen innumerables testimonios y materiales claves para corroborarlo que cada vez salen más a la luz pública; particularmente recomendamos el documental “Enmienda XIII” de Ava Du Vernay, quien también filmó la muy buena película “Selma”, sobre la lucha de Martin Luther King y los derechos civiles.

Está claro que este veredicto es excepcional, no normal, pero que no modifica al sistema y a la impartición de justicia, aunque sí es un importante paso hacia adelante hacia ese cambio indispensable y urgente. Se trata de un “punto de partida” y no “de llegada”, pero en el sentido de la esperanza y no de la ilusión. Claramente no hay que disminuir el apoyo ni la intensidad creciente de las acciones de denuncia y resistencia, ni de las negociaciones de poder, pensando que ya se logró el objetivo.

Es central comprender cómo se llegó a este veredicto, a partir -entre otros procesos- de un gran y creciente movimiento social como el Black Lives Matter (BLM), que articula infinidad de grupos, organizaciones, colectivos y personas a todo lo largo y ancho del país, en un liderazgo horizontal, descentralizado, intercambiable, no personalista, noviolento, propositivo…La lucha, aglutinada en estas últimas etapas por este movimiento, ha permitido desnudar públicamente nacional e internacionalmente con una enorme claridad y legitimidad el brutal racismo y clasismo estructural de la sociedad y estado norteamericanos, con muchas raíces del “supremacismo blanco”; ha quedado transparente que no es sólo un problema de raza sino también de clase, pobreza y exclusión social.

Las movilizaciones sociales han tenido una gran riqueza y variedad estratégica y táctica, con acciones de difusión pública tipo foros, medios de amplio espectro, negociaciones…; pasando a grandes movilizaciones de masas en espacios abiertos (sobre todo de marchas y mítines…), acciones de no-cooperación (boicots…) y de desobediencia civil (estar en la calle durante toques de queda…). Siempre buscando sumar a la mayor cantidad de gente posible interclasista, interétnica e intercultural, con un importante carácter simbólico y festivo; y evitando caer en provocaciones de grupos violentos y de la policía militarizada. El objetivo ha sido evitar el aterrorizamiento ciudadano, aumentar la toma de conciencia pública acerca de la gran deshumanización de las fuerzas de seguridad hacia los más vulnerables. Por ello, el movimiento en paralelo desarrolló un gran trabajo de propuestas públicas, jurídicas, educativas y políticas para trabajar en las raíces institucionales, estructurales y sistémicas del racismo, clasismo y violencia policial; en la desmilitarización de la policía (armamento militar, actitud muy invasora y violenta en las calles, comunidades y barrios aterrorizando a la gente como ”enemigos y blancos de guerra”); en el entrenamiento deshumanizante policial donde se separa totalmente el fin de los medios.

En este último aspecto que es fundamental, referente al proceso de des-humanización que sufre un policía en su entrenamiento, al grado de no ser capaz de escuchar -por desconfianza y racismo- mínimamente siquiera a otro ser humano que le dice “no respiro”, resultan muy ejemplarizantes los argumentos que usó la defensa del agente Chauvin para justificarlo: su cliente ejerció un “uso autorizado de la fuerza”, usó un “estándar de agente policial razonable”, no utilizó “ninguna fuerza ilegal”, es un “agente sensato”. En síntesis, en el mejor de los casos, un prospecto de psicópata es un agente policial sensato y razonable, que sigue cabalmente las reglas de su corporación y del sistema.

Darnella Frazier: una audacia moral y material ejemplar

Como parte de esta lucha social colectiva y masiva del BLM, está también presente en forma fundamental una acción individual que inmediatamente tuvo reflejos colectivos: Darnella Frazier, una joven afroamericana preparatoriana de 17 años que grabó en su celular por más de 9 minutos el homicidio del policía Chauvin contra el ciudadano inocente George Floyd, que suplicaba por humanidad y aire. Los componentes humanos y morales de esta larga e interminable escena han provocado, como pocas veces en la historia reciente mundial, una “ruptura moral” gigantesca en la sociedad norteamericana -y en parte mundial- con consecuencias materiales y concretas que esperamos profundas y duraderas. Pero existen también aspectos importantes a reflexionar, desentrañar e imitar acerca de la construcción de la identidad moral de Darnella: una identidad moral es quedarse ahí en la escena y no pasar corriendo, otra diferente es quedarse ahí y filmar, y otra mayor aún es filmar y difundir enseguida en redes sociales. Eso es lo que hizo Darnella.

Evidentemente que el celular se ha convertido -entre muchos aspectos- también, cada vez más, en un “arma noviolenta” que permite “desnudar públicamente la verdad”, denunciar y exponer a los victimarios a la justicia, así como defender a las víctimas. La disminución de su costo lo ha hecho más democrático y accesible a grandes mayorías. Pero poseerlo no es sinónimo de tener el valor de filmar, y tener el valor de filmar no garantiza subirlo a las redes, esas son las vueltas de tuerca a construir en nuestras identidades morales.

Sin embargo, continuando con la reflexión de la escena del asesinato del ciudadano George Floyd, desde el ángulo de la acción noviolenta o de la resistencia civil, nos quedan desafíos y preguntas: ¿qué se pudo hacer allí para “detener la mano asesina” de Chauvin? Filmar y difundir en redes fue fundamental para la difusión de la violencia policial y la justicia en este veredicto, pero no fue suficiente para evitar ese asesinato de 9 minutos. Es una pregunta fuerte, y sin ningún sentido de culpa o acusación, pero creemos que debe enfrentarse para que como sociedad civil estemos cada vez menos indefensos ante la violencia de las autoridades. Lógicamente que el miedo es fundamental para no intervenir, pero es clave que no se transforme en terror porque entonces nos paralizará. El miedo manejado y controlado ayuda a reflexionar, y colectivamente a actuar mejor, y tal vez en otra ocasión pudiéramos pensar en alguna forma humilde pero audaz -dos características de la noviolencia- de “meter el cuerpo” -sin arriesgar otra muerte- en una situación así, con un poco de legitimidad y fuerza moral: por ejemplo, tirándonos enseguida los más posibles al piso al lado de la víctima y gritando al lado y fuerte a la autoridad de “parar”; rodeando a los policías de muy cerca gritándoles y con ademanes fuertes y claros de parar y que estamos filmando… O sea, construir situaciones noviolentas pero radicales que nos permitan acercarnos a los cuerpos de los victimarios y desafiarlos moral y materialmente, para intentar que reaccionen y tomen conciencia de lo que realmente está sucediendo en esa “burbuja” que han construido, como dizque cinturón de seguridad. Claro que la reacción de la policía puede ser violenta y peligrosa, pero es un riesgo que tal vez lo colectivo podría disminuirlo y podría salvar una vida.

Nadie pretende decirle a nadie qué hacer, ni hay recetas probadas, se trata sólo de pensar humildemente en voz alta, sin olvidar el “principio de realidad”, cómo disminuir nuestra indefensión social ciudadana, y donde también una identidad moral de resistencia noviolenta exige construir algún tipo de acción directa hacia el victimario, si es que existiera un margen humano posible. La situación con George Floyd no era igual a que si fuera una ejecución paramilitar o extrajudicial instantánea, porque, aunque mínimo, existe un marco legal, institucional y público desde donde buscar enfrentar en algo mínimo a la autoridad violenta, con legitimidad y colectivamente.

Resistir: la Montaña zapatista que va a Europa

Una vez más el zapatismo rompe el cerco -de muy diferente tipo que lo rodea- y construye un hecho de lucha social original, en medio de una pandemia y casi in-movilidad mundial. ¡Vaya paradoja! Habitantes de la selva van en un barco llamado “La Montaña”, por aproximadamente ocho semanas -cruzando “en reversa a la Conquista”- de isla Mujeres en México a Vigo en Galicia. Esta primera delegación será complementada en junio con otra más amplia por vía aérea, y se encontrarán “entre iguales” y “como iguales” con luchadores y organizaciones sociales antisistémicas y antiautoritarias de unos 30 países europeos. Son alianzas, fraternidades, coaliciones, solidaridades construidas en casi treinta años de zapatismo internacional “desde abajo”, “desde los excluidos”, “desde la lucha social”.

No sabemos qué va a resultar de este encuentro, reflexión colectiva y aprendizaje mutuo, alianza de luchas internacionales afines y de cambio de raíz del sistema-mundo capitalista globalizado, pero sin duda hay un componente importante de esperanza y estrategia considerable, que a todxs nos alienta a luchar más y mejor. Casi todos estos movimientos y luchadores sociales parten del compromiso local de la comunidad, la aldea, el vecindario, pero al actuar en esa escala su lucha y mensaje se vuelven universales y más allá del tiempo coyuntural. Ahí está la raíz e inspiración de esta “otra globalización”, paradójicamente de los “globalifóbicos”.

El zapatismo siempre ha usado el humor y la paradoja como un arma de lucha social: nos cubrimos el rostro para que nos vean, usamos fusiles aspirando a que sean inútiles, viajamos en una montaña por mar, nos movemos cuando todxs nos piden estar in-móviles en casa, resistimos cuando el sistema nos pide resignarnos a sus fatalidades…

Fuente: desinformemonos.org

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Colombia: autismo político, crisis social y modelo de exterminio

Por: Aram Aharonian|

Más de dos semanas de ininterrumpidas  manifestaciones populares a lo largo y ancho de Colombia evidencian que la crisis económica, financiera, sanitaria  y social provocada por la inoperancia, torpeza y un programa de insultantes privilegios para la oligarquía del presidente Iván Duque, precipitaron el resquebrajamiento del consenso neoliberal y llevaron al baño de sangre con el que el establishment quiso sofocar el estallido social

En Colombia, imperialismo, contrainsurgencia y fascismo  han actuado siempre unidos y/o mezclados. Subsiste una alianza militar-narcomilitar, con impunidad (casi) garantizada por la Fiscalía, que deja cadáveres de cientos de dirigentes sociales, indígenas o campesinos, mientras siguen las desapariciones y los fusilamientos extrajudiciales. Siete bases estadounidenses se alojan en territorio colombiano, asesores estadounidenses e israelíes adiestran a los asesinos de su pueblo.  Se cumplió el paro nacional en Colombia, con imponentes marchas y algunos  choques con la Policía - Télam - Agencia Nacional de Noticias

Colombia es el único miembro suramericano de la OTAN, justificado por los enormes intereses neocoloniales económicos y políticos del complejo militar industrial y financiero nacional y global, además de los intereses geoestratégicos con países limítrofes “desafectos a Washington” como Nicaragua y Venezuela.

Hoy Colombia es más importante para Estados Unidos que su neocolonia de Puerto Rico en la totalidad de los intereses de Washington en la región.  Pero el dato nuevo es que el gobierno de Joe Biden, en lugar del “tradicional apoyo irrestricto al gobierno de Colombia, ha pedido el respeto por los derechos humanos y ha desautorizado los “desmanes” de la fuerza pública, que ellos financian y adiestran que, asociada con el narco paramilitarismo ha reprimido brutalmente –otra vez- y con una violencia aterradora a la actual protesta.

Algunos analistas pecan de optimismo al creer que esta posición desautoriza al expresidente Álvaro Uribe, cabeza de la derecha y del genocidio, -voz de Washington, pero sobre todo del Comando Sur- en su país desde hace dos décadas. Lo que hace el gobierno demócrata estadounidense es evaluar los daños, teniendo en cuenta que para ellos democracia es igual a elecciones (si son amañadas, mejor) y el proceso electoral colombiano ya se está jugando.

Así fue el sobrevuelo del presidente Duque en la vía al Llano -  CABLENOTICIASEsta “nueva” posición de Washington ha obligado a Duque a abandonar el cómodo Palacio de Nariño para ir, humillado y “clandestino”, en horas de la madrugada, a reunirse con sus operadores y agentes represivos, comandados por el general Eduardo Zapateiro, en la ciudad de Cali.  La preocupación del arriba nervioso es que no surge ningún candidato desde la derecha proestadounidense.

Y aquellos que crecieron bajo el ala de Uribe y el narcopoder, tienen muy pocas oportunidades de llegar a la casa presidencial, máxime cuando la encuesta realizada por la revista Semana indicaba que el izquierdista Gustavo Petro ganaría en la primera vuelta y cuando todos son conscientes de que le será muy difícil a Duque gobernar los 18 meses que le restan.

En las próximas semanas ya veremos a quien los magos de Washington tocan con su varita mágica para garantizar la continuidad del uribismo. Alberto Pinzón señala que buscan a alguien con suficiente demagogia populista, imagen de progresista, que asista a los cocteles de la embajada y, sobre todo, que prometa continuar la lucha para llevarle la democracia a Venezuela, restaurar sus antiguas instituciones y suprimir definitivamente ese peligro a la seguridad de los EEUU que declaró el presidente Obama hace seis años.

Pero no hay que quitarle méritos a Iván “el terrible”: Es el único de América Latina y del mundo a quién se le ocurrió subir los impuestos en medio de la crisis social más grande que ha vivido el planeta en un siglo y la peor que ha tenido Colombia en su historia. Duque destinó apenas un 2,8% del PIB a la pandemia (EU dedicó un 24,8%), y casi la mitad de ese 2,8% no es gasto sino un seguro de crédito para la banca privada. 

Hernando Gómez Buendía, director de Razón Pública, señala que Colombia fue víctima de tres cosas: su tradición de buen deudor y seguidor del Fondo Monetario Internacional; la Constitución de 1991, que se hizo para prohibir que el Banco de la República financie el gasto público, y la ideología o rigidez neoliberal del ex ministro de Hacienda Carrasquilla, su discípulo Duque, la Junta Directiva del Banco de la República y el equipo de gobierno en su conjunto.

En las últimas dos semanas, Duque perdió dos ministros. A la salida del impresentable ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, autor del proyecto de reforma tributaria que disparó el estallido social y al que ni Uribe quería, se sumó la renuncia de la ministra de Relaciones Exteriores, Claudia Blum, dejando en claro que se trata de una crisis política provocada por la arrogancia e insensibilidad de Duque .

La administración derechista se quedó sin proyecto ni respuestas tras fracasar en su intento de trasladar a las mayorías el costo de mantener los ofensivos privilegios de la oligarquía mediante el aumento y la creación de nuevos impuestos. Ya Duque venía en caída libre, acumulando un 70 por ciento de desaprobación.  Tratando de revertir la caída libre, Duque aseguró el 14 de mayo que “la recesión ha terminado” e indicó que por primera vez desde la pandemia Colombia muestra un crecimiento positivo en su economía, 1.1% luego de tres trimestres con cifras negativas. Tardaron muchos días en hacer cuadrar las cifras para mostrar esa mejora que no convenció a nadie.

Colombia: siguen protestas en vísperas de segundo paro nacional | Las  noticias y análisis más importantes en América Latina | DW | 27.11.2019Solo un gobierno con autismo político puede haber anunciado una reforma tributaria que afecta mayormente a las clases medias y populares, en un país que atraviesa el pico de la tercera ola de la pandemia con uno de los niveles de contagios y muertes más altos del mundo, un incremento de las personas en situación de pobreza extrema  y una caída de la economía de casi 7%, dice Ariela Ruiz Caro.

Ese rechazo popular se volcó a las calles, en un país hambriento, desangrado, y los asesores del gobierno creyeron que Duque recuperaría credibilidad llamando a un farsesco diálogo –bien promocionado pro los medios- que no incluía la rectificación de las políticas no sólo neoliberales sino también oligárquicas, que quizá significaran un enfrentamiento con Uribe, su mentor y mandante.

Asimismo, el senador Iván Cepeda, la organización Temblores y organizaciones de Derechos Humanos informaron sobre la denuncia instaurada ente la Corte Penal Internacional y las Naciones Unidas por 1.595 casos de agresiones y violaciones de derechos humanos por parte del gobierno en los primeros 16 días de Paro Nacional.  La denuncia acusa como máximos responsables de las violaciones humanitarias al presidente Iván Duque, al ministro de Defensa Diego Molano; al expresidente Álvaro Uribe Vélez; al general del Ejército Eduardo Zapateiro y al director nacional de la Policía, Jorge Luis Vargas.

Mientras, un críptico tweet en la cuenta de Uribe con una supuesta propuesta de acción política prendió la curiosidad y desató un intenso debate acerca del origen de dicha intervención. Textualmente decía:  “1) Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo; 2) Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado; 3) Acelerar lo social; 4) Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa”.  Uribe se refería con el último de los términos al concepto repostulado por el neonazi chileno Alexis López, acérrimo defensor del revisionismo del holocausto judío, y conferencista en reiteradas ocasiones, en la Universidad Militar Nueva Granada, donde se forman algunos de los principales cuadros militares de Colombia.

Uribe es conocedor del poder del mercadeo, del valor de la emocionalidad en la construcción de mecanismos de poder y legitimación. Con la deformación del concepto. alimenta su serie de grandes éxitos que se inician con el ‘castrochavismo’ y continúan con otras deformidades tales como aquella de la ‘ideología de género’ o la alargada sombra del Foro de São Paulo, algunos de los argumentos más difundidos para la negativa de apoyo al proceso de paz en el referéndum de 2016.

La teoría ignorante o paranoica de la “revolución molecular disipada” que puso a circular el uribismo deja de considerar que en Colombia hay una sola fuerza organizada y capaz de ocupar esos centros de poder: el Ejército. Y en el caso de Duque, antes que un golpe, tendríamos una militarización completa del país y una violencia de Estado duradera.

La estrategia no es nueva por parte de la derecha: la desinformación se nutre del anonimato en la generación del mensaje y del capital simbólico de la figura que lo difunde. Su único fin es el de crear narrativas paralelas –a través de la apelación a las emociones con la utilización sistemática de la amenaza del terrorismo- y afianzar el pánico colectivo a través de una manipulación consciente de la información falsa presentada como veraz.

Para eso cuenta con asesores colombianos, ecuatorianos, estadounidenses, venezolanos e israelíes, además de los medios hegemónicos para difundir la información falsa,  no solo colombianos sino también latinoamericanos y globales.

El senador Gustavo Petro dejó en claro que Uribe, un siniestro personaje y también su entorno –conformado por la más rancia oligarquía y por los más salvajes grupos paramilitares–recurrieron a tácticas transparentemente fascistas para auparse al poder y crear un sólido consenso social alrededor de sus intereses: desde la satanización y criminalización de cualquier forma de disidencia, hasta la invención de amenazas inexistentes para justificar formas extremas de violencia de Estado.

Ahora se habla de la realidad regional. En las regiones y ciudades intermedias, como Cali, es donde más duro se ha sentido el incendio social, descentralizando la protesta, trayendo a la escena a otros liderazgos sociopolíticos, que ponen en peligro la acumulación de capital conseguido en estos 40 años de genocidio y de despojo millonario de víctimas.

Fuente e imagen: CLAE (estrategia.la)

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Mesa de filósofos: “la verdadera educación es la presencial”

Por: Héctor Rodríguez Cruz

Pareciera que los problemas educativos en el país sólo despiertan debates débiles. Esto se observa en la diferida decisión de volver a la escuela asumiendo una presencialidad resiliente y que garantice seguridad a todos los actores educativos. Frente a una lentitud que genera profundas incertidumbres se impone emprender la búsqueda de la verdad hermenéutica para identificar correctamente el problema y sus urgidas soluciones. ¡Y decirlas!

Siendo que la pretensión de la verdad hermenéutica procura rastrear la experiencia de la verdad, buscarla, indagar sobre ella como práctica realizable de cada persona o grupo, como función de interpelar, conversar, argumentar, preguntar, contestar, objetar y refutar, la definición y solución del problema de la vuelta a la presencialidad sólo podrá lograrse mediante el diálogo democrático incluyente.

La decisión de la “vuelta a la presencialidad” en las escuelas del país parece estar atrapada por un poder paradójico que convierte la situación en una verdadera “crisis de inteligencia”, generadora de desconfianza, desaliento y desasosiego.

El filósofo español Emilio Lledó describe así esta crisis: “estamos en una crisis de la mente, de nuestra forma de entender el mundo. La crisis más real -con independencia de los problemas económicos, que son muy reales- es la crisis de la inteligencia. “Ojalá el virus nos haga salir de la caverna, la oscuridad y las sombras”. https://elpais.com/cultura/2020-03-28/emilio-lledo-ojala-el-virus-nos-haga-salir-la-caverna-la-oscuridad-y-las-sombras.html.

Otro filósofo español, Fernando Savater, el mismo autor de Ética para Amador, se expresa así de la presencialidad: “Una cosa es la prudencia que debemos tener frente a la pandemia, frente a la enfermedad. No sé si hay que volver a la educación presencial con una serie de medidas de seguridad o todavía se debe esperar un poco más, lo que sí es seguro y me parece importante, es que todos los medios de educación telemática tienen que ser transitorios. La educación realmente verdadera es la presencial”.https://webdelmaestrocmf.com/portal/fernando-savater-la-verdadera-educacion-es-la-presencial/

El mismo Fernando Savater reitera que nunca aprendemos a vivir más que de otro ser humano. No se puede hacer sólo virtualmente. La educación es un ejercicio cuerpo a cuerpo como el amor. Es importante saber que la verdadera educación es la presencial. No se puede pensar que vamos a educar a los niños como alumnos de una pantalla y no alumnos de otra persona.

En tanto, el filósofo dominicano Pablo Mella, rector del Instituto Filosófico Francisco Bonó, después de realizar un amplio análisis de la irrupción de la COVID-19 en la educación dominicana hace un llamado a declarar el año 2021 como una época para “metaaprender”,destacando que “el metaaprendizaje nos permite tomar conciencia de nuestros propios procesos de aprendizaje para conducirlos de manera eficiente y sacarle mejor provecho”.

El filósofo Pablo Mella añade que “la pandemia ha desvelado que la educación no consiste básicamente en disponibilidad y trasvase de información”. Enfatiza además: “confirmamos además que la educación consiste fundamentalmente en un proceso de relación humana de calidad, no en el mero uso instrumental de nuevas tecnologías ni en la posibilidad de aumentar la disponibilidad de un inmenso cúmulo de datos”.(“2021: Un año para metaaprender”. Revista Amigo del Hogar. Santo Domingo. Enero 12, 2021).

Una perspectiva similar de la problemática es presentada por Juan Carlos Ruiz, Doctor en Filosofía por la Universidad de Córdoba, especializado en Filosofía de la Cultura y Pensamiento Crítico, quien sostiene que: “al eliminar la educación presencial en el aula, quizá la brecha más importante de todas no sea la digital, sino la moral”.(neo.es/jose-carlos-ruiz-al-eliminar-la-educacion-presencial-en-el-aula-quiza-la-brecha-mas-importante-de-todas-no-sea-la-digital-sino-la).

El nombrado filósofo justifica su posición diciendo “que la falta de contacto presencial afecta a los alumnos inevitablemente. Es insustituible la educación presencial por ningún otro tipo de educación, a cualquier edad. Según su parecer la enseñanza on line no puede sustituir a la presencial. La falta de contacto presencial afecta a los alumnos inevitablemente”. Es insustituible la educación presencial por ningún otro tipo de educación, a cualquier edad.

Sostiene además que cuando se elimina el microcosmos del aula y se coloca al estudiante en su habitación con un móvil o una pantalla, aunque los contenidos los pueda recibir medianamente bien, se está perdiendo un porcentaje altísimo e importantísimo de una educación cívica, moral y social, que es la que fundamenta el sentido de la educación.

Recientemente en Colombia un grupo de intelectuales, académicos y científicos realizaron una campaña para impulsar la educación presencial en escuelas colegios y universidades: #LaEducaciónPresencialEsVital. La misma es dirigida por Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional y Presidente del Comité de Sabios de Colombia, uno de los principales promotores de la iniciativa que busca lograr que los niños, niñas y adolescentes regresen a los salones de clase de manera presencial.

La presencialidad estudiantil debe armonizarse con la “presencialidad docente” según lo expresa Salman Khan, profesor, informático, ingeniero eléctrico y matemático estadounidense de ascendencia india, creador de una organización de aprendizaje electrónico de educación gratuita llamada “Khan Academy”, considerada un MOOC (Massive Open Online Course o Curso Online Masivo Abierto), que tiene más de 70 millones de estudiantes, en 36 idiomas, que aprenden online, quien afirma: “Si tuviera que escoger entre un profesor o la tecnología, siempre me quedaría con el profesor”. https://www.bbc.com/mundo/noticias-54354365.

Consideramos que las escuelas del país necesitan abrirse a la comunidad para poder cumplir eficaz y eficientemente su función educativa y social. El “locus escolar” no puede ser borrado ni camuflado. Resulta altamente preocupante que el regreso a la presencialidad de la escuela camine a paso lento y dilatado. Hagamos de la “vuelta a la presencialidad” un proyecto exitoso. Unámonos a la Mesa de Filósofos para impulsarlo.

¡Ojalá el virus nos haga salir de la caverna, la oscuridad y las sombras!

Fuente: Acento

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La Fractura Educativa

Por: Juan Carlos Miranda Arroyo 

En una época de emergencia sanitaria como la que vivimos, y aun cuando “venga a la baja” la enfermedad, la docencia todavía está partida en pedazos…

Cada quien se rasca con sus propias uñas para solventar las necesidades pedagógico-didácticas

Debido a la campaña emergente de vacunación para prevenir Covid-19 y a la disminución de casos confirmados de esa enfermedad, el avance que en México se ha producido en materia de salud pública genera altas probabilidades de regresar a clases, en el formato presencial, por fortuna.

Pero el retorno a clases presenciales, sobre todo en la educación básica, habrá de llevarse a cabo de manera gradual, escalonada y con medidas sanitarias que aseguren, en lo posible, que no se registren rebrotes de la inaudita enfermedad que ha azotado al mundo (2020 y lo que va de 2021).

Se sabe, según datos preliminares, que en México la población más afectada por la condición que nos trajo la pandemia, por el hecho de haber cerrado los centros educativos, es la de las y los estudiantes de educación básica matriculados en la escuela pública. Por ello, es importante y prioritario tomar las medidas concretas y pertinentes, en materia de políticas públicas educativas, específicas, para crear condiciones adecuadas en el regreso a las clases presenciales, y dar continuidad al avance de los aprendizajes escolares de niñas, niños y jóvenes (NNyJ).

La docencia todavía está partida en pedazos

¿Cuáles son las condiciones y elementos adecuados que permitan la puesta en operación de protocolos sanitarios, por niveles-modalidades educativos, para regresar a clases? ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta la escuela pública ante la inminencia del retorno a la escuela presencial? ¿Cómo se organizan o se organizarán, o no, las comunidades educativas en este escenario inminente de postpandemia?

En una época de emergencia sanitaria como la que vivimos, y aun cuando “venga a la baja” la enfermedad, la docencia todavía está partida en pedazos. Hoy, como es evidente, el contacto con las y los estudiantes es remoto, irregular, distante, complicado, cuando lo hay, o nulo cuando no hay conectividad ni estudiantes. Justo por ello, me parece que el problema más grave es la cantidad de estudiantes que no regresó a las clases mediadas por tecnologías electrónicas o materiales impresos, durante el presente ciclo escolar (2020-2021).

Desde hace más de un año, estamos frente a un fenómeno social y educativo caracterizado por cambios sin precedentes en el ámbito específico de las relaciones entre la enseñanza y los aprendizajes, donde la sensación de avance (para ambos actores sociales: docentes y estudiantes), en realidad, se ha vuelto una percepción de retroceso.

El 20% de las y los estudiantes que concluyeron el ciclo escolar anterior, no se han reportado durante el presente año escolar.

Las y los docentes, así como las y los directivos escolares vivimos una coyuntura de adaptaciones vertiginosas, individuales y sociales, tanto en el uso de métodos como en la profundidad y extensión de los contenidos educativos. Hay una sensación “objetiva” y “subjetiva” de frustración en el trabajo docente y de gestión educativa-escolar que se ha realizado en situación de confinamiento, sobre todo porque no existen los apoyos ni el acompañamiento profesional que requieren estas labores.

Adicionalmente y por si fuera poco, la sociedad se pregunta ¿qué tan esenciales son las actividades educativas (y la escuela como institución) frente a una cruda realidad que pone en primer término tanto a la crisis económica como la de salud pública? Apenas se recopila información sobre las dimensiones de esta fractura educativa, que ha implicado el no retorno a clases por parte de cientos de miles de estudiantes. La estadística y el registro puntual, todavía incierto y confuso, acerca de cuántos estudiantes no han regresado a las clases “a distancia” del ciclo escolar en curso, da cuenta de esta tragedia (se calcula que aproximadamente el 20 por ciento de las y los estudiantes que concluyeron el ciclo escolar anterior, no se han reportado durante el presente año escolar, en educación básica pública).

Falta de capacitación a docentes

En medio de todo, y a falta de apoyos institucionales en materia educativa, los duros procesos de adaptación social y pedagógica, por parte de las figuras educativas, siguen su marcha. La realidad indica que cada quien se rasca con sus propias uñas para solventar las necesidades pedagógico-didácticas y de recursos tecnológicos. No hay un acompañamiento institucional ni una atención en infraestructura tecnológica del tamaño de la emergencia sanitaria que se ha vivido durante más de un año. Las autoridades educativas sólo desentonan al decir: “reconocemos el trabajo de las y los maestros”.

Durante este ciclo escolar hemos observado que las acciones de capacitación y actualización (formación continua), en materia de trabajo y prácticas docentes o directivas escolares, dirigidas hacia las principales figuras educativas, son inexistentes, nulas o superfluas. Dar a conocer cómo funciona una plataforma para realizar video-conferencias, no es una capacitación seria, profesional. O dar al docente los procedimientos para crear una cuenta de correo electrónico, con el membrete de “capacitación o actualización”, es simulación.

Paradas en zona de incongruencia, sin embargo, las autoridades educativas federales y estatales señalan que hay, hoy, una revaloración social del magisterio. Que la sociedad reconoce, por fin, la importancia del trabajo docente y directivo. Pero esto sólo se da en las palabras, no en los hechos. Lejos de alabar el trabajo que han realizado las maestras y los maestros en estas condiciones adversas, la actuación de las autoridades educativas sería más congruente si se centrara en dar apoyos al magisterio en recursos didácticos y de infraestructura, y opciones “profesionalizantes” serias, de fondo, en términos de adecuaciones curriculares, de mediano y largo plazos.

La fractura educativa durante el periodo de pandemia, en México, tiene en resumen dos traumatismos: uno, en la desafiliación parcial de cientos de miles de estudiantes NNyJ del país y, dos, el abandono y las anulaciones tácitas e implícitas de las que han sido objeto las figuras educativas, es decir, las y los docentes, las y los directivos escolares y demás profesionales de la educación.

Fuente: SDPnoticias

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Los jóvenes de Cristal

Por: César Eduardo Gordillo / Universidad Autónoma de Barcelona

El florero de Llorente que fue el vaso que rebosó la copa el 20 de julio de 1810 para la independencia de Colombia; doscientos años después se repite, pero ahora con un cartón de huevos de 1800 pesos. La afirmación del ministro de hacienda en una entrevista complaciente puso al descubierto la profunda desconexión que tiene la burguesía del país con la realidad que vive el colombiano de a pie.

Y es que a Colombia le llegan más balas que medicina en tiempo de COVID. Es bueno recordar que el florero de 1810 no era un florero cualquiera, el florero de Llorente era una de las mejores porcelanas de la época y de un notable criollo. En cambio, el cartón que sacó a las calles a los jóvenes colombianos ni es de cristal ni es de los notables colombianos. El cartón de huevos que los llevó a parar fue la actitud casi cínica y de poca empatía del ministro con los colombianos que en cuanto se dio el estallido renunció a su silla dejándola vacía, como otrora lo haría la guerrilla colombiana en el Caguán.

Pensar que un cartón de huevos cueste 1800 pesos, menos de medio dólar es confirmar que a Colombia le llueven más balas que comida. Esta fue la gota que rebosó la gota de las humillaciones, esa fue la gota que reboso la copa luego de tener que apaliar una pandemia a punta de trapos rojos en las ventanas para recibir algún alimento de cualquier samaritano. De tal tamaño es el desconocimiento de la realidad de esa clase política y burguesa del país, que de unos días para acá arenga “yo no paro, yo disparo”.

Y es que este florero de Llorente ni es de cristal ni es de los notables del país. La generación que hoy está en las calles se les etiquetó como los jóvenes de cristal, como aquellos que con nada se rompen. Pero hoy están demostrando todo lo contrario, son ellos los que se cansaron de comer los vidrios que le ofrece su estado opresor y salieron a las calles. Estos jóvenes representan ni más ni menos que la mentirosa cifra del 15,9%; y mentirosa porque por ahí pasó la cuenta hace rato, casi desde cuándo 12 huevos costaban menos de medio dólar en Colombia.

Dos siglos no serán suficientes para olvidar a Dilan Cruz, Brayan Niño y a las otras 59 víctimas mal contadas por Wikipedia. Y sí, es vergonzoso que sea Wikipedia y no un ente oficial quien documente la tragedia que hoy se vive en las calles. Es una vergüenza que no sea el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación del país quien registre estas cifras, pero para nadie es un secreto que mientras ellos estén en el poder el asesinato del joven Dilan Cruz sólo será un desafortunado accidente, como también lo es el tratado de paz y el conflicto armado que ahora se niegan en reconocer. Y aunque a la fiscalía no le cabe la menor duda que la culpa es del muerto, de Dilan Cruz, su soberbia al no reconocer a este joven como víctima llevó a que los jóvenes hoy reconozcan dos cosas fundamentales. Primera, que la fiscalía es una alcahueta del gobierno de turno; y dos, que los jóvenes de cristal están dispuestos a quebrarse y a dejar los vidrios rotos en las calles del país hasta que se haga justicia.

Pero si dos siglos no son suficientes, faltará esta vida y la otra para olvidar a Lucas Villa. Se cumplió la arenga burguesa con tinte paramilitar en Colombia: “yo no paro, yo disparo”.  “El solo hecho de ser joven y estar en la calle es arriesgar la vida” fueron las últimas palabras de este joven de cristal que fue baleado por sicarios desde una camioneta blanca. “Plomo es lo que hay pa´ estos hijueputas” dicen los que marchan con camisetas blancas a los jóvenes de cristal. Pero ellos responden con la vida en las calles, vomitando vidrios rotos, esos que les han obligado a comer durante siglos.

Foto: Raúl Arboleda

Por eso, no es raro que “La gente de bien” y vestida con camisetas blancas sea la que salga a la calle bajo el amparo de la policía a disparar contra los indígenas y los jóvenes, “¿Que supone uno?”. Supone uno que hay una complicidad pactada que niegan a aceptar, cientos de imágenes en las redes sociales lo confirman. Y “¿Que supone uno?” que estamos bajo un estado que sigue protegiendo a los de camisa blanca.

Pero como a Colombia le llueven más balas que justicia, la guerrilla sigue usando niños en la guerra; y lo que supone uno en medio de la sensatez, es que ellos no están allí porque lo desean, están porque son usados e instrumentalizados, y esto es lo que no quiere ver el Estado colombiano, prefiere criminalizarlos y bombardearlos. Y luego ellos, los de camisas blancas salen a arengar que “no estarían recogiendo café”, perorata que confirma como tanto Estado y los de las camisas blancas se tapan con la misma cobija.

Pero los Jóvenes de cristal no son ciegos y ya hicieron una lectura crítica de lo que sucede en el país, y ya tiene suficientemente claro quien les está respirando al cuello y reprimiendo, es el jefe de las camisas blancas quien vive y manda desde una finca en el departamento de Córdoba. “Y como dijo un periodista de CNN, a los manifestantes -que son jóvenes, los quieren vincular con una ideología, como si todos estos jóvenes fueran retrasados mentales y no tuvieran pensamientos propios. Es una falta de respeto total”. Los Jóvenes de Cristal no son unos retrasados, piensan y si algo han leído durante el confinamiento de la pandemia es la realidad del país, leyeron su hambre y el hambre de su vecino y por eso salieron a la calle cuando los desafiaron con una reforma laborar, de salud y pensional. Pero como a Colombia le llueven más balas que educación, estos jóvenes salieron a rugirle a su gobierno opresor y a decirle que ya no los pueden romper tan fácil porque están unidos a otras almas y que como dice Clarissa Pinkola “Somos fuertes cuando estamos con otra alma. Cuando estamos unidos a los demás, no nos pueden romper”.

Y como ya dijimos, hay alguien que da las órdenes, hay alguien que desde su pedestal de porcelana perfila a los ciudadanos. Hace poco señaló que quienes manifiestan en Europa tergiversan la democracia, pero también espetó que muchos son guerrilleros. Los jóvenes de cristal lo que están gritando y suplicando a la comunidad internacional es que bajo la consigna de “todos los que protestan son unos vagos guerrilleros” se les están violentando sus derechos fundamentales. El grito de independencia que se da en Colombia es que están cansados de vivir en medio de la guerra casada entre el estado, la guerrilla y los paramilitares por el narcotráfico. Ellos no están dispuestos heredar esta bomba de tiempo que dejo instalada Pablo Escobar Gaviria. Los jóvenes de cristal reclaman hoy que mientras ellos se matan por tierras para cultivar y territorios para controlar el país se está desangrando en medio de una corrupción que cada día trae más hambre.

Los Jóvenes de Cristal están a la espera de una negociación, pero lastimosamente aún se niegan en darle una silla de interlocutores dignos. Pareciera que el Estado se comporta como el estado opresor que culpabiliza a sus hijos de estar en el lugar equivocado y los criminaliza por perder asignaturas en el colegio; y que por tanto hay que matarlos como castigo, como sucedió con Dilan Cruz.

Fuente e imagen: nuevarevolucion

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Gaza , La Mayor Prisión Al Aire Libre | Noam Chomsky

Artículo del filósofo, lingüista y activista político Noam Chomsky , publicado el 7 de noviembre del 2012 

Por: Noam Chomsky

Basta siquiera con una sola noche en la cárcel para hacerse una idea de lo que significa estar bajo el control absoluto de una fuerza externa.
Y apenas si se tarda un día en Gaza en apreciar cómo debe de ser tratar de sobrevivir en la mayor prisión al aire libre del mundo, donde aproximadamente un millón y medio de personas hacinadas en una franja de trescientos kilómetros cuadrados viven sometidas a un terror aleatorio y a un castigo arbitrario que no tienen otro objetivo que el de humillarlas y degradarlas.
Lo que se pretende con semejante crueldad es aplastar las esperanzas palestinas de un futuro digno y la anulación del abrumador apoyo internacional a un acuerdo diplomático que garantice el respeto de los derechos humanos básicos. Los dirigentes políticos israelíes han dado evidente fe de esa pretensión en estos últimos días al advertir de que «enloquecerán» si Naciones Unidas otorga el más mínimo reconocimiento a los derechos palestinos.
Esta amenaza de «enloquecimiento» (nishtagea) —entiéndase lanzar una respuesta de particular dureza— está muy arraigada y se remonta a tiempos de los gobiernos laboristas de la década de 1950, momento en que también hallamos el origen del llamado «complejo de Sansón»: «Si se traspasa esa línea, derribaremos los muros del templo con todos dentro, nosotros incluidos».
Treinta años atrás, varios líderes políticos israelíes, algunos destacados «halcones» entre ellos, remitieron al primer ministro Menahem Begin un impactante informe sobre la frecuencia y la impunidad con las que los colonos de Cisjordania cometían «actos terroristas» contra los árabes del lugar.
Asqueado por aquellos hechos, Yoram Peri, destacado analista de la política militar, escribió que la labor del ejército israelí ya no parecía consistir en defender el Estado, sino en «demoler los derechos de personas inocentes por el mero hecho de ser araboushim [apelativo racial despectivo] que viven en territorios que Dios nos prometió».
Los gazatíes han sido objeto de un castigo particularmente cruel. Hace treinta años, en su libro de memorias The Third Way [La tercera vía], Raja Shehadeh, un abogado, describió la inútil tarea de intentar proteger los derechos humanos fundamentales dentro de un sistema legal diseñado para que dicho objetivo resulte imposible, y su experiencia personal como samid (un «inquebrantable») que vio cómo las brutales fuerzas de ocupación convertían su casa en una prisión sin que él pudiera hacer otra cosa más que «aguantar».
Desde entonces, la situación ha empeorado sensiblemente. Los Acuerdos de Oslo, festejados con gran pompa en 1993, estipularon que Gaza y Cisjordania constituyeran una única entidad territorial. Pero, por entonces, Estados Unidos e Israel ya tenían en marcha un plan para separar Gaza de Cisjordania con el fin de bloquear un acuerdo diplomático y castigar a los araboushim de ambos territorios.
El castigo contra los gazatíes se hizo más duro aún en enero de 2006 en respuesta al «crimen» de primera magnitud que acababan de cometer: habían votado en el «sentido equivocado» en las primeras elecciones libres celebradas en el mundo árabe al apoyar mayoritariamente a Hamás.
En una muestra más de sus «ansias de democracia», Estados Unidos e Israel (apoyados por una pusilánime Unión Europea) impusieron de inmediato un sitio brutal acompañado de ataques militares. Las autoridades estadounidenses recurrieron enseguida a su procedimiento operativo estándar cuando una población desobediente elige al Gobierno equivocado: preparó un golpe militar para restablecer el orden.
Pero los gazatíes cometieron un crimen más grave si cabe un año más tarde al bloquear esa intentona golpista, lo que se tradujo en una fuerte escalada del asedio y los ataques. La culminación de éstos llegó en el invierno de 2008-2009 con la Operación Plomo Fundido, uno de los ejercicios más cobardes y sanguinarios de nuestra memoria reciente: una población civil indefensa y atrapada fue sometida a la implacable ofensiva lanzada por uno de los sistemas militares más avanzados del mundo, dependiente del armamento estadounidense y protegido por la diplomacia de Washington.
Obviamente, se adujeron pretextos para tal modo de proceder, pues nunca faltan. El habitual, siempre a mano cuando se necesita, fue el de la «seguridad»: en este caso en concreto, se dijo que los ataques eran para neutralizar el lanzamiento de misiles de fabricación casera desde Gaza.
En 2008 se declaró una tregua entre Israel y Hamás. Hamás no disparó un solo cohete hasta que Israel rompió la tregua aprovechando las elecciones estadounidenses del 4 de noviembre para invadir Gaza sin ningún motivo y mató a media docena de miembros de Hamás.
Las más altas autoridades de la inteligencia israelí advirtieron al Gobierno del país de la posibilidad de renovar la tregua si se aligeraba el criminal bloqueo al que estaban sometiendo a la Franja y si ponían fin a los ataques militares. Pero el Gobierno de Ehud Olmert —quien presuntamente era una «paloma» en materia de política exterior— descartó esas opciones y trató de aprovechar su enorme ventaja en potencial de violencia poniendo en marcha la Operación Plomo Fundido.
El internacionalmente respetado defensor de los derechos humanos en Gaza Raji Sourani analizó el patrón seguido por los ataques de Plomo Fundido. Los bombardeos se concentraron en el norte, sobre población civil indefensa de las áreas más densamente habitadas, sin ningún fundamento militar posible. El objetivo, insinúa Sourani, tal vez fuera intimidar a la población y empujarla hacia el sur, hacia las inmediaciones de la frontera con Egipto. Pero los samidin —quienes resistieron a base de aguantar los ataques— no se movieron de donde estaban.
Otro posible objetivo quizá fuera echar a esa población al otro lado de la frontera. Desde los primerísimos tiempos de la colonización sionista, se dijo que los árabes no tenían ninguna razón de peso para estar en Palestina: podían estar igual de bien en cualquier otro lugar, por lo que debían irse de allí (o ser «transferidos» de buenas maneras, según sugerían las «palomas» del movimiento).
Ésa, desde luego, no es una posibilidad que preocupe poco en Egipto y tal vez sea una de las razones por las que ese país no abre la frontera para el libre paso de la población civil o, ni tan siquiera, de suministros que se necesitan con urgencia.
Sourani y otras fuentes bien informadas han señalado que la disciplina demostrada por los samidin es un primer frente tras el que se oculta un polvorín que podría estallar por los aires en cualquier momento, de forma inesperada, como lo hizo la Primera Intifada de Gaza en 1987 tras años de represión.
La impresión (inevitablemente superficial) que uno se lleva tras pasar varios días en Gaza es de asombro, no sólo ante la capacidad de los gazatíes para seguir con su vida, sino también ante el dinamismo y la vitalidad de la gente joven, sobre todo en la universidad, donde asistí a un congreso internacional.
Pero también pueden detectarse síntomas de que la presión puede haber alcanzado extremos insoportables. Ya hay noticias de una frustración de fondo entre los jóvenes que no cesa de crecer y que obedece a un reconocimiento por su parte de que, bajo la ocupación americano-israelí, el futuro no les depara nada.
Gaza presenta el aspecto de un país del Tercer Mundo, con bolsas aisladas de riqueza rodeadas de la pobreza más atroz. Pero no es un lugar sin desarrollo. Diríamos, más bien, que ha sido des-desarrollado (tomando prestado el término de Sara Roy, principal especialista académica en Gaza) y de forma muy sistemática.
La Franja de Gaza podría haberse convertido en una próspera región mediterránea, con una agricultura rica y una industria pesquera próspera, amén de unas playas maravillosas y de, según se descubrió hace una década, altas probabilidades de disponer de extensas reservas de gas natural en sus aguas territoriales (fuera por casualidad o no, lo cierto es que fue justo entonces cuando Israel intensificó su bloqueo naval). Tan favorables perspectivas de futuro se vieron abortadas en 1948, cuando la Franja tuvo que absorber un aluvión de refugiados palestinos que huían presas del pánico o habían sido expulsados a la fuerza de territorios que se integraron en Israel (en algunos casos, apenas meses después del alto el fuego formal). Las conquistas israelíes de 1967 y su consolidación durante los meses posteriores asestaron nuevos golpes y terribles crímenes que han continuado hasta nuestros días.
Los síntomas son fácilmente visibles, incluso durante una visita breve. Sentado en un hotel junto a la costa, uno puede oír el fuego de ametralladora de las cañoneras israelíes dedicadas a expulsar a los pescadores de las propias aguas territoriales de Gaza para devolverlos a la línea litoral, obligándolos así a pescar en aguas muy contaminadas por culpa de la negativa americano-israelí a permitir la reconstrucción de los sistemas de alcantarillado y electricidad destruidos por el poder militar de los propios Estados Unidos e Israel.
En los Acuerdos de Oslo, se contemplaban planes para construir dos plantas desalinizadoras, muy necesarias en una región árida como ésta. Y sí, se construyeron unas instalaciones avanzadas, pero en Israel. La segunda está ubicada en Jan Yunis, al sur de Gaza. El ingeniero jefe de Jan Yunis explicó que esa planta fue construida de tal modo que no pueda usar agua del mar y tenga que aprovechar aguas subterráneas, un proceso más barato que contribuye a degradar aún más el exiguo acuífero de la zona, lo que con toda certeza acarreará problemas graves en el futuro.
El suministro de agua todavía es muy limitado. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), que se ocupa de los refugiados, pero no de los demás gazatíes, publicó recientemente un informe en el que alertaba de que el daño infligido al acuífero podría volverse «irreversible» dentro de poco y de que, de no mediar una rápida actuación para remediarlo, Gaza podría dejar de ser un «lugar habitable» no más tarde de 2020.
Israel permite la entrada de cemento para los proyectos de la UNRWA, pero no para las obras de los gazatíes, metidos como andan en gigantescas campañas de reconstrucción. La limitada maquinaria pesada allí presente se mantiene inactiva en su mayor parte, pues Israel no autoriza la entrada de material ni recambios para su reparación.
Todo esto forma parte del programa general que Dov Weisglass, un asesor del primer ministro Olmert, describió cuando los palestinos no siguieron las órdenes previstas en las elecciones de 2006: «De lo que se trata —dijo él— es de someter a los palestinos a dieta, pero sin matarlos de hambre».
En fecha reciente, y tras varios años de esfuerzos, la organización israelí de defensa de los derechos humanos Gisha logró por fin obtener una orden judicial que obliga al Gobierno a hacer públicos los documentos archivados donde se especifican los planes para hacer efectiva esa «dieta». Jonathan Cook, un periodista afincado en Israel, los resume así: «Las autoridades sanitarias facilitaron sus propios cálculos sobre el número mínimo de calorías que necesitarían el millón y medio de habitantes de Gaza para no caer en la desnutrición. Esas cifras se tradujeron luego en un número tasado de camiones cargados de alimentos a los que Israel supuestamente autorizaría la entrada cada día […] y, al final, un promedio de sólo sesenta y siete camiones (mucho menos de la mitad del mínimo requerido) entraron diariamente en Gaza. Compárese con los más de cuatrocientos que entraban allí a diario antes del inicio del bloqueo».
El resultado de la imposición de esa dieta, según Juan Cole, experto en Oriente Próximo y Medio, es que «en torno a un 10% de los niños palestinos de Gaza de menos de cinco años de edad tienen un crecimiento atrofiado por culpa de la desnutrición. […] Además, la anemia se ha generalizado y afecta a más de dos terceras partes de los niños pequeños, al 58,6% de los que están en edad escolar y a más de un tercio de las madres embarazadas».
Raji Sourani, el ya mencionado defensor de los derechos humanos, señala que «no hay que perder de vista que la ocupación y el cierre absoluto de las fronteras es un ataque continuo contra la dignidad humana de la población de Gaza en particular y contra la de todos los palestinos en general. Es una sistemática degradación, humillación, aislamiento y fragmentación del pueblo palestino».
Esta conclusión ha sido confirmada también por otras muchas fuentes. En The Lancet, una de las principales revistas de medicina del mundo, Rajaie Batniji, médico visitante en Stanford, describe Gaza como «una especie de laboratorio donde observar la ausencia de dignidad», una situación que acarrea repercusiones «devastadoras» para el bienestar físico, mental y social.
«La vigilancia constante desde el cielo, el castigo colectivo por el bloqueo y el aislamiento, la intrusión en los hogares y las comunicaciones, y las restricciones a quienes tratan de viajar, casarse o trabajar, dificultan mucho llevar una vida digna en Gaza», escribe Batniji. Y es que los araboushim tienen que aprender a llevar siempre la cabeza gacha.
Hubo alguna esperanza de que el nuevo Gobierno egipcio de Mohamed Morsi, menos sometido a Israel que la dictadura de Hosni Mubarak, apoyada por Occidente, pudiera abrir el paso de Rafah, que es el único acceso de Gaza al mundo exterior que no está bajo control directo de Israel. Y sí, ha habido una ligera apertura, pero no mucha.
La periodista Laila el-Haddad escribe que la reapertura permitida por el ejecutivo de Morsi «no ha significado más que un regreso del statu quo de años atrás: sólo los palestinos portadores de un carné de identidad de Gaza aprobado por Israel pueden transitar por el paso de Rafah». Eso excluye a muchísimos palestinos, incluida la familia de la propia El-Haddad, donde sólo uno de los miembros del matrimonio posee uno de esos carnés.
Además, según ella misma añade, «el paso no lleva a Cisjordania ni permite el transporte de bienes, que está restringido a los pasos fronterizos controlados por Israel y sujeto a prohibiciones como las que pesan sobre los materiales de construcción y la exportación».
Las limitaciones del paso de Rafah no alteran, pues, el hecho de que «Gaza continúa estando cercada por un férreo asedio marítimo y aéreo, y sigue estando amputada del capital cultural, económico y académico del resto de los [Territorios Ocupados por Israel] en flagrante violación de las obligaciones americano-israelíes recogidas en los Acuerdos de Oslo».
Los efectos son dolorosamente evidentes. El director del hospital de Jan Yunis, que es también jefe de cirugía, habla con rabia y pasión de cómo faltan medicinas incluso, lo que deja a los médicos incapacitados para hacer su trabajo y a los pacientes desesperados de dolor.
Una joven explica cómo fue la enfermedad de su padre ya fallecido. Él se habría sentido muy orgulloso de ver cómo su hija se convertía en la primera mujer del campamento de refugiados en obtener un grado universitario avanzado, dice ella, pero «falleció tras seis meses de lucha contra el cáncer, a la edad de sesenta años.
La ocupación israelí le negó un permiso para acudir a hospitales de Israel a recibir tratamiento. Yo tuve que suspender mis estudios, mi trabajo y mi vida para ir a sentarme junto a su cama. Todos estábamos allí sentados, también mi hermano, el médico, y mi hermana, la farmacéutica, todos impotentes y sin esperanza, contemplando su sufrimiento. Murió durante el inhumano bloqueo de Gaza, en el verano de 2006, sin apenas acceso a la sanidad.
»En mi opinión, la impotencia y la desesperanza son los sentimientos más mortíferos que pueden embargar a un ser humano. Matan el espíritu y parten el corazón. Se puede luchar contra la ocupación, pero no se puede combatir la sensación de impotencia. Es un sentir que nunca llega a desvanecerse».
Nadie que visite Gaza puede evitar una sensación de repugnancia ante la obscenidad de la ocupación, una repugnancia agravada por la culpa, porque está en nuestras manos poner fin al sufrimiento y permitir que los samidin disfruten de la vida de paz y dignidad que merecen.
Fuente e imagen: bloghemia
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