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El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

Aram Aharonian

Lo que el Gobierno de Donald Trump  pretende en este su segundo mandato es liderar una reforma integral del mundo occidental con el objetivo de construir un incipiente Estado-civilización que, una vez restaurada su fuerza colectiva, pueda ejercerla sin restricciones para forzar a los rivales emergentes a subordinarse y así restaurar la unipolaridad.

El mundo “occidental y cristiano” al que estábamos acostumbrados, en el que EEUU proporcionaba la seguridad y recitaba sobre la libertad, se ha terminado y los analistas dudan que se pueda esperar a que Trump deje la presidencia para que Washington dé un giro. Trump escribió en su red Truth Social que, con efecto inmediato, elevaría el arancel mundial del 10 % al 15 % y dejó sentado  que su Gobierno determinará y emitirá los nuevos aranceles en los próximos meses

El historiador Michael Ignatieff, excandidato a primer ministro de Canadá, exrector de la Universidad Central Europea señala que en las acciones de Trump hay elementos del clásico imperialismo yanqui del siglo XIX, pero además hay algo nuevo: la provocación. Él ve qué puede obtener de sus provocaciones y, por eso, si se le responde con fuerza, como hicieron Canadá y México con las amenazas de los aranceles, se le puede hacer retroceder. Trump ya ha dejado claro que ya no quiere defender a Europa Occidental, sino obligarla a seguir sus planes y mandatos.

Muchos países euroccidentales han aumentado su gasto en defensa y eso parece que no satisface a Trump, sobre todo su las armas que adquirieron no son estadounidendeses. Pero hay que tener en cuenta el factor humano:  no basta con aumentar el presupuesto de defensa sino que se debe buscar que más jóvenes se enlisten en el servicio militar.

Trump no siente ninguna afinidad con las democracias, ni siquiera en su discurso, tal como lo hicieron continuamente sus predecesores: ve las cosas a través de un lente económico sin excepciones. Por eso, si países de América Latina tienen un superávit comercial con EEUU les impondrá aranceles, sin importar que sea un gobierno de derecha, centro o izquierda.

Donald Trump, inauguró este jueves la primera reunión de la llamada Junta de Paz (¿sólo para Gaza?) una nebulosa institución que, originalmente, debería traer el fin de la guerra a la franja palestina, aunque sus objetivos reales parecen apuntar más a la propaganda del hegemonismo global de Washington, la glorificación del propio Trump como paladín del fin de los conflictos y a la preeminencia de su aliado Israel en Oriente Medio, señala el analista español Juan Antonio Sanz.

No se sabe si los 10 mil millones de dólares que prometió Trump son para reconstruir Gaza y acelerar la llegada de ayuda humanitaria, o  para dotar de medios a esta Junta que pretende monitorizar la estrategia exterior de la Casa Blanca, arrebatar competencias a la ONU y «supervisarla»,  y,  de paso,  encubrir los crímenes de guerra que sigue cometiendo Israel en los territorios palestinos para asegurarse su anexión.

Estos revolucionarios de extrema derecha que gobiernan a EEUU. creen que sus antiguos aliados -Canadá y Europa Occidental- están atrapados en una especie de liberalismo permisivo que ya derrotaron en su país y ahora quieren derrotarlo  en todo el mundo. Y, por ello, de repente ven a sus aliados como enemigos. En su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente J.D. Vance denunció que la libertad de expresión en Europa está bajo ataque por las medidas adoptadas para frenar a la ultraderecha, que el trumpismo apoya y financia.

Mientras, en lo interior, los principales analistas advierten que el núcleo de los votantes de Trump parece agotado y desilusionado por las «guerras interminables», por los desastres de Irak y de Afganistán, porque sienten que el país está de vuelta a lo que vivió durante la guerra de Vietnam, esa sensación de que sus muchachos van al extranjero a luchar batallas sin sentido en países de los que nunca oyeron hablar.

Y a esto último hay que sumarle un elemento muy importante: la fatiga por el costo del imperio y el deseo de transferir esa factura a los aliados. ‘Europa, si quieres nuestra ayuda tienes que pagarla´: ese es el mensaje. Pareciera que todo es un negocio donde las vidas humanas no tienen valor…

Los funcionarios de la administración Trump han tenido dificultades para determinar cómo aumentar el gasto militar estadounidense en la impresionante cifra de 500.000 millones de dólares en su próximo presupuesto, lo que ralentiza el plan general de gastos de la Casa Blanca. El jefe de presupuesto de la Casa Blanca es uno de los que se opuso internamente al plan del secretario de Defensa de aumentar el gasto militar en aproximadamente un 50 %, según The Washington Post.

«Restaurar la civilización occidental»

Marco Rubio, Secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, afirmó en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich que Trump  se propone reconstruir y restaurar la civilización occidental, incluso actuando en solitario si Europa no acompaña. El cubanoestadounidense exaltó la grandeza de la civilización compartida y sostuvo que su “reanimación” insuflará nuevo ímpetu a las fuerzas armadas. Acto seguido, delineó el programa de Trump 2.0, de reindustrialización, fin de la migración masiva y reconfiguración de la gobernanza global, transformaciones que aseguró producirán dividendos concretos para las mayorías occidentales.

Criticó con especial dureza la deslocalización industrial hacia adversarios y competidores, la cesión de soberanía a instituciones internacionales, el “autoempobrecimiento para apaciguar a un culto climático” y la migración masiva. Admitió que esas decisiones fueron errores en los que participó el Gobierno estadounidense, que ahora busca corregirlos. Para Rubio, el proyecto estadounidense aspira, en  optimizar su red global de alianzas, aunque bajo un reparto de cargas “más equitativo”, o sea que todos los demás países financien los delirios trumpistas.

Pareciera ir de la mano de las teorías civilizacionales de Samuel Huntington y Alexander Dugin, centradas en la identidad como factor decisivo en la dinámica internacional.

No es de extrañar que el concepto de excepcionalismo estadounidense impregna su discurso, que sigue el libreto del anhelado poder mundial de Trump. Rubio afirmó que su país actuará en solitario si es preciso para restaurar la civilización occidental y describió la supuesta “decadencia terminal” de Occidente, tras la Segunda Guerra Mundial, como una “elección”. En esencia, Trump 2.0 buscaría encabezar reformas  para consolidar un naciente Estado-civilización que, tras recuperar su vigor colectivo, pudiera emplearlo sin restricciones para imponer su primacía y restaurar la unipolaridad.

La posición de Estados Unidos como única superpotencia ya no solo es cuestionada por rivales como China o Rusia, sino incluso internamente. En su segundo mandado, Trump, con sus deseos de hacerse con el control de Groenlandia, de recuperar el Canal de Panamá y de anexarse a Canadá parece exhibir un lado imperialista no visto antes.

El analista Rubén Armendáriz llama la atención sobre el indulto a José Orlando Hernández, expresidente hondureño condenado a 35 años de prisión por el alijo de 400 toneladas de cocaína a EEUU. Considera que es un hombre que bien puede diseñar las nuevas rutas del narcotráfico con el control estadounidense de la ruta interoceánica de Panamá y la ártica de Groenlandia. Hasta ahora Trump ha usado el estribillo de que son narcotraficantes los gobiernos latinoamericanos que él quiere derrocar, pero el verdadero problema está en su país y en su Gobierno.

 Es muy difícil saber si realmente detrás de los anuncios de Trump hay una estrategia o si simplemente son un conjunto de improvisaciones con las que busca obtener algunos objetivos transaccionales dependiendo de la reacción que haya, comenta la BBC inglesa.

Estados Unidos ha bautizado como «Lanza del Sur» la campaña militar que lleva a cabo en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, una operación que, bajo el argumento de combatir el narcotráfico, ha desencadenado una oleada de ataques contra embarcaciones y ha elevado la tensión regional, hasta culminar el 3 de enero de 2026 en una operación militar con bombardeos en Venezuela y el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa.

Washington también excluyó a Colombia de su lista de países cooperantes en la lucha contra el narcotráfico. La medida fue interpretada como una señal de distanciamiento político respecto a Bogotá. Más tarde, en octubre, retiró a Colombia la ayuda financiera estadounidense.

Las tensiones se agravaron aún más cuando el Departamento de Guerra estadounidense envió el 10 de noviembre tropas terrestres a Panamá para realizar maniobras en la selva, algo inédito en décadas. Dos días después, Venezuela anunció una movilización de 200.000 militares en todo su territorio como parte de unos ejercicios destinados a «responder a las amenazas de Estados Unidos», y la escalada belicista aún subió otro escalón con las maniobras militares estadounidenses en Trinidad y Tobago, apenas a 11 kilómetros de la costa venezolana.

Guerra y deuda, deuda y guerra

Así, Estados Unidos llegó en febrero de 2026 a acumular una impagable deuda pública de 56 trillones de dólares, más de 124% de su PIB (para los anglosajones, un trillón es una cantidad de 1.000.000.000.000. Según la Congressional Budget Office, el déficit presupuestario es de 1,9 trillones. Estas abominables cifras las costeaba el resto del mundo aceptando papeles sin respaldo como petrodólares y bonos del Tesoro a cambio de bienes reales: petróleo, minerales, alimentos, manufacturas.

Estados Unidos, antaño poderosa potencia económica, carece de capacidad productiva para cancelar esta aplastante deuda. Su propia clase dominante exportó sus capitales e industrias al Tercer Mundo para aprovechar los salarios de miseria de este. Su capitalismo industrial, antes productor de bienes, involucionó a capital financiero, que solo produce ficticios dividendos especulativos. La clase capitalista se hizo inmune a los impuestos que podrían amortizar el débito.

Hacia 1977 las grandes fortunas tributaban tasas de 70% sobre sus ingresos, hoy no pagan más de 22%, esconden sus beneficios en paraísos fiscales y fundaciones exentas de tributación; que financian elecciones tras las cuales los candidatos electos les prodigan generosas condonaciones y amnistías fiscales. Mientras, a pesar de la demoledora inflación y el aumento demográfico, los sueldos de los trabajadores y el gasto civil del Gobierno son los mismos que hacia 1970.

Pero la avaricia rompe el saco, y el latrocinio, la aceptabilidad de monedas sin respaldo. Inevitablemente, países cuya economía estaba basada en el oro negro proyectaron lanzar divisas que tuvieran más valor que el papel pintado de verde. Irak intentó el dinar, asociado al euro. Libia proyectó el dinar de oro, respaldado por sus reservas de 143 toneladas de oro e igual cantidad de plata. Ambos países fueron arrasados y minuciosamente saqueados por Estados Unidos o por fuerzas apoyadas por estos.

Sin embargo, la práctica estadounidense y europea de robar las reservas depositadas en bancos bajo su influencia obligó a la Federación Rusa, China, India y en general a los Brics a comerciar en monedas distintas del dólar carente de respaldo. Venezuela, agredida desde 2002 y encarnizadamente bloqueada desde 2017, asestó un golpe mortal al monopolio del petrodólar al vender sus hidrocarburos en rublos y yuanes, fuera del sistema Swift, y al movilizarlos en barcos de la “flota fantasma” rusa.

El plan de Trump  de hacer una reforma integral del mundo occidental para construir un Estado-civilización  subordinado a Washington, cuenta con que no tendrá oposición en su patio trasero (léase América latina) y que fácilmente puede «comprar» la adhesión de la dependiente Europa occidental…  y así restaurar la unipolaridad.

Aram AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/gobierno-estadounidense-intenta-restaurar-el-mundo-unipolar-usando-su-poder-militar-y-financiero/

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Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Aram Aharonian

El ataque militar de la flotilla estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro es un hecho gravísimo, pero en medio de tantas incertidumbres, en Venezuela la vida sigue y el Tribunal Superior de Justicia  venezolano consagró como presidenta a Delcy Rodríguez, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana llamó a la población a retomar la normalidad y la estabilidad del país. La situación es de una tensa calma y no se descartan conflictos.

Estados Unidos demostró que  tiene fuerza y capacidad militar de secuestrar a un presidente o asesinar a un líder opositor a sus planes con un misil. Tras el ataque, Donald Trump anunció que su país va a monitorear todas las decisiones que se tomen en Venezuela, y va administrar su petróleo, el llamado excremento del diablo.

No cabe duda que los bombardeos en Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, han golpeado al gobierno bolivariano, pero también han deslegitimado a Trump, quien se presentara ante muchos países del mundo como alguien que acabaría con las guerras –en el camino fue coautor del genocidio de gazatíes- y se atribuye el poder de cambiar presidentes en países extranjeros. Lo triste es que algunos sectores de la oposición venezolana incluso festejan la decisión estadounidense de reincorporar a su país como “territorio colonial”.

Pese a las presiones de Washington, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su “profunda preocupación y rechazo” frente a lo que calificaron como una acción unilateral que contraviene normas esenciales del sistema internacional.

El ministro  de Defensa, Vladimir Padrino López indicó que, pese a la vulneración de la soberanía en lo que calificó como un «despliegue sin precedentes» por parte de Estados Unidos, el país «debe encaminarse sobre su riel constitucional». Informó que la Fuerza Armada Nacional activó su apresto operacional en todo el país «a fin de enfrentar la agresión imperial».

Más allá de muchas confusiones e incertidumbres, en Venezuela la vida sigue: no se quebró la cadena de mandos y en la presidencia quedó una persona de extrema confianza de Maduro, pese a los intentos de Trump de asociarla a la conspiración. Hay cambio de presidente, pero –por ahora- no hay cambio de régimen, que siempre ha sido el objetivo de Estados Unidos.

La Fuerza Armada Nacional, columna vertebral del dispositivo bolivariano, se mantiene en pie, quizá porque Trump no quiere generar un vacío de poder que lleve a un escenario de anarquía como en Irak, y así alimenta las versiones sobre una posible transición pactada.

Si bien la calle  estaba desierta el sábado, este domingo ya comenzó a normalizarse: hay metro, aviones y colas moderadas en los supermercados. Y una marcha grande en respaldo al bolivarianismo… pero la militancia carece de línea y hay confusión.

Rubio, ¿el procónsul?

El cubanomiamero Marco Rubio, canciller (su título es de Secretario de Estado) de Trump esbozó la hoja de ruta tras el secuestro de Maduro: control del petróleo, presión financiera extrema, amenaza militar latente y una negociación condicionada con las nuevas autoridades que impongan. Desestimó –por ahora- la ocupación militar con tropas en el terreno y dijo estar dispuesto a trabajar con Delcy Rodríguez, “siempre y cuando se tomen las decisiones correctas” (es decir, las imposiciones de EEUU).

Uno de los puntos más llamativos de la entrevista de Trump en EEUU fue la confirmación de contactos con  la vicepresidenta venezolana, quien asumió el poder tras el secuestro de Maduro.  Rubio evitó dar detalles de la conversación por tratarse de temas «delicados», pero marcó una diferencia sustancial entre ella y Maduro.

Dijo que  «la clave de la que depende ese régimen es la economía impulsada por el petróleo», lo que supone un bloqueo naval de facto para interceptar y confiscar cualquier buque de transporte de petróleo no autorizado por Washington. Y para que no quedaran dudas, señaló que esta “cuarentena” es “el despliegue naval más grande los historia moderna en el Hemisferio occidental”.

«Vamos a juzgar avanzando. Vamos a juzgar todo por lo que hagan», dijo Rubio, quien señaló que con Maduro «simplemente no se podía trabajar» porque rompía todos los acuerdos, mientras que ahora se abre una etapa de «evaluación» sobre las decisiones que tome la nueva cúpula.

Rubio enumeró una lista de exigencias concretas que la Casa Blanca espera que cumpla el nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, que parecen más bien dirigidos a crear una imagen ominosa para el gobierno venezolano y siguen el libreto de los discursos de Trump.  Los puntos que describió como innegociables son: que la industria petrolera beneficie a la sociedad (no especificó si a la estadounidense), el cese total del tráfico de drogas, el desmantelamiento de las bandas criminales que denuncia Estados Unidos, la expulsión de grupos armados como las FARC y el ELN, y el fin de la alianza con Hezbollah, Irán y Cuba.

En vez de anunciar a un «mandatario legítimo» Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Rubio intentó suavizar el mensaje y aseguró que siente una «tremenda admiración» por Machado y por Edmundo González Urrutia, pero se abstuvo de señalar que ellos debieran asumir el gobierno. Ya le regalaron un Premio Nobel por los servicios prestados.

«En el siglo XXI, bajo la administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro propio hemisferio actuando como cruce de caminos para Hezbollah, para Irán y para cualquier otra influencia maligna», sentenció Rubio.

¿Quién tiene el control?

Lo cierto es que Trump no tiene el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una «acción cinética» tendiente a secuestrar a un presidente en  funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio.

Según los expertos, la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe no son suficientes para tomar control de la accidentada y extensa geografía venezolana, ni siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares.

La invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos. En suma, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga trumpiana llama «extracción».

Para algunos analistas,  el principal objetivo no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que desde inicios de siglo -en especial en 2002- tanto EEUU como la oposición vernácula han intentado sin éxito.

Para otros, el talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional «legítima» contra la «tiranía», dando una seudo coartada democrática a la agresión estadounidense. Esto explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y no se pueda descartar que la situación escale a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la «comunidad internacional» no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz

Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones o una insurrección popular (o  ambas), ésta no se produjo. Entonces, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo.

Aquí habría que definir quién es el enemigo: si el gobierno o el pueblo. EEUU jaqueó al rey (Maduro) pero aún no ganó la partida y el control de Caracas y el país por las tropas venezolanas es real. No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo: 2026 no es 2014 ni 2017. Es más: las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, son desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y la restitución por movilización popular de Chávez).

Desde las fuerzas venezolanas dudan  que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones. Según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a EEUU en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y comienzos de este siglo.

El caso de Venezuela deja en claro que otros países también están bajo la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles de las drogas o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más belicosa, el dominio geopolítica de Latinoamérica y el Caribe, y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/es/2026/01/venezuela-lo-empujan-hacia-un-estado-libre-asociado/

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Sin derechos de la Naturaleza, la libertad es una ilusión

Por: Alberto Acosta

NO a la destrucción de la Madre Tierra

«Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta». -Papa Francisco (Encíclica Laudato Si)

Ecuador sorprendió y sacudió al mundo con los Derechos de la Naturaleza. La honda expansiva que provocó el sacudón constitucional de Montecristi es imparable. Estos derechos ya son una realidad en una cuarentena de países, distribuidos en todos los continentes. Se cristalizan a través de múltiples vías legales. El hecho de que nuestro país sea un pionero en este esfuerzo de alcance civilizatorio, indispensable para superar el colapso ecológico y social, debería llenarnos de orgullo.

Fue un logro posible por una suerte de mestizaje jurídico que recuperó elementos vitales de las culturas indígenas emparentadas por la vida, que entienden con sobradas razones que la Madre Tierra o Pacha Mama –como un espacio territorial, cultural y espiritual– merece respeto y admiración. Simultáneamente, influyeron las luchas de diversos grupos de la sociedad que defienden el ambiente sano para los seres humanos. Vivíamos un momento de creación que se inserta en el proceso de emancipación de la Humanidad.

No fue fácil. Bien sabemos que el derecho a tener derechos siempre ha exigido un esfuerzo político para cambiar las normas que niegan los derechos nuevos, como fueron los derechos de las mujeres, de los esclavos, de los indígenas. Y eso fue lo que se plasmó en los Derechos de la Naturaleza en Ecuador; ver sobre todo los artículos 71 a 74 de la Constitución.

Estos derechos no son equiparables a los derechos ambientales, pero si complementarios. En su centro está puesta la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos que le den los humanos, implicando una visión biocéntrica. La Naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad puede exigir su cumplimiento ante autoridad pública. Se establece el derecho de restauración independiente de la obligación que tienen el Estado y las personas naturales o jurídicas de indemnizar a los individuos y colectivos que dependan de los sistemas naturales; obligación de se deriva de los Derechos Humanos a un ambiente sano. Por igual se incorporan los principios de precaución y restricción para evitar para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada; se fijan en los ecosistemas, en las colectividades, no solo en los individuos, sin tolerar en ningún caso la tortura de ningún ser vivo.

En la práctica legal se avanza. Con cada vez más sentencias, incluso algunas de la Corte Constitucional, se reconoce a la Madre Tierra como sujeto de derechos. Simultáneamente, como un punto medular, estos derechos se han transformado en una poderosa bandera de lucha para quienes defienden sus territorios. Y todo como parte de un indudable proceso de pedagogía política de alcance global.

El mensaje es claro. No hay derecho para explotar sin límites la Naturaleza y menos aún para destruirla, sino solo derecho a una relación ecológicamente sostenible. Las leyes humanas -incluyendo las económicas, por supuesto- deben estar en concordancia con las leyes de la Naturaleza. Y, además, tengamos presente, que, en realidad, la Naturaleza es la que nos da el derecho a la existencia a los seres humanos, y que ella, en su permanente búsqueda del equilibrio, no se equivoca; solo algún despistado puede llegar a afirmar que la Naturaleza no es un ente vivo.

De hecho, cuando protegemos la Naturaleza, la asumimos como una condición básica de nuestra existencia y, por lo tanto, también como la real base de los derechos colectivos e individuales de libertad. Así como la libertad individual solo puede ejercerse dentro del marco de los mismos derechos de los demás seres humanos, la libertad individual y colectiva solo puede ejercerse en armonía con la Naturaleza, es decir respetando los Derechos de la Naturaleza, pues sin dichos derechos la libertad misma es una ilusión.

La historia detrás de estos derechos, más allá del trascendental paso que se dio en Ecuador, es de larga data y tiene muchas entradas. Estos derechos no son, entonces, el resultado de una novelería jurídica; son parte de respuestas cargadas de una ética global para garantizar la sostenibilidad de la vida.

En la medida que estos derechos se expanden, crece, sin embargo, la resistencia de quienes pretenden proteger sus privilegios sostenidos en la explotación de la Naturaleza y de los humanos. Por eso hay grupos que proponen derogarlos a través de una nueva Asamblea Constituyente, impulsada por el presidente Noboa. La regresión en estos Derechos de la Naturaleza y otros muchos derechos, que constituyen la base para construir una sociedad afincada en la justicia social y ecológica, sería un duro golpe: provocaría, entre otras afectaciones, una avalancha de las actividades mineras y petroleras con brutales impactos sobre las comunidades y la Naturaleza. La ambición desmedida puede destruir lo que nos importa.

Las razones para proteger la actual Constitución son múltiples. Defender derechos, es asegurar la posibilidad de construir una sociedad más justa en todos los sentidos. En última instancia, decir NO a las pretensiones del presidente ecuatoriano implica, además, frenar la posibilidad de que se consolide un gobierno cada vez más autoritario y extractivista. Se trata de defender la democracia y la vida misma.

Todo esto está en juego en la consulta popular del próximo 16 de noviembre.

Alberto Acosta: Presidente de la Asamblea Constituyente 2007-2008

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Milei suma derrotas, pérdida de credibilidad y también de respaldo

Por: Aram Aharonian

Enumerar los reveses del libertario presidente argentino Javier Milei puede dar una idea de la situación compleja en la que se encuentra su gobierno y su proyecto político, y la velocidad que en la confusión inicial le permitía “dominar la agenda” pasando de tema en tema: hoy suma una rápida acumulación de derrotas y un caída acelerada de su popularidad y respaldo.

El lunes negro mundial tambaleó la economía argentina. Los dólares paralelos se dispararon y estiraron la brecha con el oficial al 25%. El riesgo país se acercó a los 1000 puntos y cayeron hasta un 16% las acciones argentinas. El Banco Central perdió reservas y se ubicaron por debajo de los 25.000 millones de dólares.

La baja de los precios internacionales suma complicaciones a la entrada de dólares mientras se sigue retrasando el préstamo del Fondo Monetario Internacional. Ante tanto entreguismo de Milei se puede combatir la catástrofe, pero son necesarias medidas soberanas de urgencia, dice la oposición.

Uno de los pilares de los que pendía su popularidad era que su gobierno lograba sostener la ilusión de que la situación económica en el futuro sería mejor. Hoy, la mayoría de la población tiene una visión pesimista y percibe que era sólo un espejismo: una porción abrumadora dice que tiene problemas para llegar a fin de mes y la principal preocupación es la pérdida de poder adquisitivo del salario.

Hay un cambio en la opinión pública: la pérdida de credibilidad fue empujada por la cirptoestafa, pero la situación económica está socavando el respaldo al gobierno. las premisas de que Milei resolvía la inflación de un mazazo y de que era especialista en crecimiento con o sin dinero son desmentidas por el devenir de la situación económica. “Si no hay un cambio en los próximos meses, la tendencia declinante va a empeorar”, explicó Santiago Giorgietta, director de la Consultora Proyección.

Hace dos meses y medio, el 23 de enero, pronunció en el Foro Económico de Davos un discurso homofóbico y reaccionario, que generó una amplia movilización callejera en su contra y un extendido rechazo de la mayoría de la sociedad.

A mediados de febrero estalló el escándalo de la estafa de la criptomoneda $Libra- promovida desde sus redes sociales-, que se expandió por el mundo, mientras se anuncian consecuencias judiciales. Luego se dedicó cada miércoles a reprimir las marchas de los jubilados, a los que se sumaron hinchas de equipo de fútbol.

El 8 de abril la Cámara de Diputados aprobó la creación de una comisión investigadora sobre la promoción que el presidente Javier Milei hizo de la criptomoneda Libra y que generó una estafa a miles de inversores de todo el mundo. Sin duda, un duro golpe al gobierno y a la credibilidad de Milei.

En la previa del paro general convocado para el jueves 10, la Confederación General del Trabajo (CGT) difundió un duro comunicado en el que detalló, uno por uno, los motivos de la medida de fuerza contra el gobierno de Javier Milei y convocó a trabajadores, estudiantes, desocupados, comerciantes, productores, industriales, empresarios y profesionales a sumarse a la jornada de protesta.

La central obrera señaló que Argentina «es un ejemplo burdo de un fanatismo individualista y de una idea de libertad vacía, donde impera el sálvese quien pueda».

«Estamos frente a un gobierno que muestra insensibilidad frente a los problemas de la gente. Ejecuta actos de represión salvaje e injustificada, viola permanentemente los acuerdos institucionales, desfinancia la educación y la salud, abandona la obra pública, manifiesta desprecio por las minorías, ajusta a los jubilados e impone límites a la negociación colectiva», añadió la CGT.

Pero el gobierno de Milei no solo entraba en una profunda crisis económica, de la mano de un modelo que sostiene artificialmente un precio congelado del dólar (y de paso quemaba tres mil millones de dólares de las reservas en divisas del Banco Central), sino que sumaba derrotas en lo que él denominó la batalla cultural.

Y el 24 de marzo, aniversario del golpe cívico-militar de 1976, con las calles céntricas colmadas, lanzaba un discurso negacionista desde el Estado, que coronó el 2 de abril, aniversario de la gesta de Malvinas, con un discurso de respaldo a la autonomía de los kelpers (británicos) que ocupan las islas.

Toda esta dinámica fue acompañada por una caída de la imagen de Milei y su gobierno, con sondeos que demuestran que la visión negativa supera a la positiva y revelan la formación de mayorías nítidas alrededor de temas como la responsabilidad clara de Milei en el caso $Libra; contra la política del gobierno hacia los jubilados; mayorías a favor de la memoria, verdad y justicia con el tema dictadura, contra el negacionismo del gobierno.

En este marco se produjo la derrota política más importante de Milei en lo que va de su administración y fue en el Senado: el rechazo de los pliegos de los jueces Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla para la Corte Suprema de Justicia. Aquellos legisladores que votaban junto a La Libertad Avanza de Milei, hoy perciben la debilidad política y el laberinto en el que se encuentra el gobierno.

Como si los problemas internos no le bastaran, a Milei le explotó en las narices la bomba de neutrones que lanzó Donald Trump sobre la economía mundial con la guerra de aranceles prácticamente contra todo el mundo. Ya hubo derrumbes en las bolsas y esto incluyó, obviamente a la Argentina y se derrumbaron tanto el precio del petróleo como el de la soja.

Aun cuando las medidas concretas no se podían adivinar (aunque Trump las había anunciado); sí se podía prever la dinámica, la de un mundo que se cierra sobre sí mismo, exactamente contraria a la hoja de ruta y a la ideología que recita Milei. Por lo tanto, “teorizar” la fortaleza de Milei olvidando la dinámica internacional, pecaba de un exceso de provincianismo.

Esta negra realidad aceleró el pedido desesperado de dólares al Fondo Monetario Internacional. que sigue sin decidir cuál será el desembolso inicial.  Milei asistió a un evento en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump en Florida, pero volvió con las manos vacías, sin foto, sin video y sumido en un ataque de nervios.

“Hay algo que se vive como una revancha”, sostiene el escritor Martín Kohan, quien intenta comprender “la exhibición gozosa de la crueldad”. Porque en la era Milei no solo hay despidos, sino que estos son celebrados por los funcionarios de su gobierno. “Veo un cierto regodeo, una exhibición gozosa de la crueldad. Ufanarse de la crueldad. Convocar a la celebración del daño. Ahí sí veo que hay una modulación más propia de este tiempo”, reflexiona.

Milei es víctima de la aceleración que él mismo imprimió en la política. Pareciera una característica de las ultraderechas: lo mismo -con otra envergadura, claro- es lo que está haciendo Trump.  Hoy, todo el plan Milei está en franco derrumbe y aquel Milei arrebatador pareciera que empeñó la motosierra.

¿Qué espera la sociedad argentina para reaccionar? La pregunta sobrevuela cualquier debate en torno a unas políticas ultraliberales que se vienen implementando a una velocidad inusitada y con enormes dosis de crueldad, señala Cecilia Valdez.

Todo indica que el de Milei es un gobierno que descansa en el relato y el hastío de una sociedad que necesita creer. Milei y los libertarios anunciaron que venían por todo y están cumpliendo con creces.

El problema es que dijeron que el precio del plan de ajuste lo iba a pagar la casta  (¿los sectores privilegiados?), pero es más que evidente que el sacrificio lo está haciendo -obligado y en solitario- la mayor parte de una población empobrecida, desempleada, que no avizora ningún futuro promisorio, y que ya muestra signos de agotamiento.

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Aram Aharonian

Aram Aharonian *

El seguidismo de Europa a Estados Unidos en el actual contexto de ruptura hegemónica encierra peligros, constituye un puñal en la identidad soberanista europea, y aumenta el grado de absurdez estratégica de quienes, desde Europa, reiteran que todo va a ir bien bajo el paraguas estadounidense,  señala un editorial del Diario Red

La “protección” estadounidense bajo la cual se justificó en cierta medida la sumisión europea al hegemón, se va deshaciendo. Es un error pensar que la coyuntura trumpista es una excepción, un error de la historia, en lugar de la nueva forma de dominio imperial estadounidense. Las cuentas son claras: para presionar a China, Estados Unidos necesita ser más agresivo y más unilateral, especialmente con sus aliados históricos.

Hoy, ain un plan claro y decidido de desacoplamiento que permita proyectar a Europa como polo soberano, la era Trump 2.0. puede ser un nuevo shock para economías como la alemana.

La conversación telefónica que sostuvieron Trump y el presidente ruso, Vladimir Putin, se centró en el asunto de la guerra en Ucrania en términos que confirman los peores temores de la Unión Europea (UE) y del gobernante ucraniano, Volodymir Zelensky: la Casa Blanca abandona la política de apoyo irrestricto a Ucrania y se dedicará a construir una paz negociada por Washington y Moscú, dejando de lado a los países que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y al propio Zelensky.

Por si hiciera falta confirmar el giro radical de la política estadounidense, la Casa Blanca no sólo se ha manifestado en contra del ingreso de Ucrania a la OTAN, sino que el propio Trump expresó la idea de que esa nación eslava podría ser absorbida algún día por la Federación Rusa.

La UE debe ahora que optar entre someterse a los lineamientos estadounidenses o proseguir, con sus propios recursos el apoyo a Zelensky y distanciarse de Washington, con el riesgo de provocar una agudización de la embestida económica y geopolítica de Trump. Si para la UE marcará un nuevo capítulo de su declinación en el mundo y de su capacidad para influir en las determinaciones geopolíticas globales, para el gobierno de Kiev representa una completa catástrofe.

Ucrania se verá obligada a entregar a Rusia sus provincias orientales, habitadas mayoritariamente por rusos étnicos, después de haber perdido en la guerra a cientos de miles de sus habitantes, de haber sufrido la devastación de su infraestructura y sin una perspectiva de cómo y con qué fondos emprender la reconstrucción.

La agresividad trumpiana intenta es esconder el fracaso de la economía productiva estadounidense, gracias a un capitalismo financiero que se presentó como la forma “natural” de una economía internacionalizada sin contrapesos a la vista tras la caída de la Unión Soviética, retumba hoy. EEUU ha dejado de ser percibido mayoritariamente en Europa como un “aliado” para pasar a ser considerado, de forma mucho menos entusiasta, como un mero “socio necesario”    que, además.

EEUU con Trump2 tiene gran potencial para dividir a los europeos en un momento en que el necesitan una voz común ante conflictos como Ucrania o el pulso comercial con China, pero que adolece de una “profunda falta de confianza” en sí mismo que puede dificultar hallar ese camino conjunto, advierte un nuevo estudio del  Conejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Lla mayoría de los ciudadanos europeos, en una media del  50% en los 11 países de la UE, consideran a EEEUU como un “socio necesario” con el que Europa debe cooperar de manera estratégica, en vez de un “aliado” con el que comparte los mismos intereses y valores (solo el 21% lo sigue percibiendo así, cifra que baja al 14% en España).

Es un cambio de opinión que se da incluso en antiguos “baluartes” transatlánticos como Polonia o Dinamarca, donde del 54% de ciudadanos que hace un año seguían hablando de Washington como aliado ahora solo queda un 30. Los países más propensos a ver a EEUU como un “socio necesario” en vez de “aliado” son Ucrania (67%), seguido de España (57%), Estonia, Portugal e Italia. Pero incluso en el Reino Unido, que siempre ha alardeado de una “relación especial” con Washington, prevalece ahora la visión de socio necesario (44%).

Hoy Trump agrede a casi todas las economías del mundo para proteger al capitalismo nacional estadounidense, pero quizá ya sea demasiado tarde y lo que está logrando es destruir el poder adquisitivo de los trabajadores de Estados Unidos.

Y, entonces, conceptos como “desacoplamiento”, “autonomía” o “liderazgo europeo” va cobrando protagonismo, cuando la identidad europea como extensión del proyecto imperial estadounidense sigue siendo el sentido común de época.

Lo primero que resalta es que los Estados europeos renunciaron a su autonomía en favor de un seguidismo del hegemón, absorbiendo la premisa de que el  unipolarismo, el dominio indiscutido de Estados Unidos, durará probablemente todo el siglo XXI. Europa sigue pagando la cuenta de los excesos del trumpismo, como los aranceles, la idea de comprar

Hoy Trump no tiene ningún incentivo para considerar los intereses europeos en Ucrania y negociará directamente él (y no la OTAN ni Europa) con Rusia, mientras el viejo continente, pasivo, en retroceso ideológico y en shock tras el retorno de Trump, realmente podría devenir en amenazas concretas.

Estados Unidos podría exigir a Europa establecer tropas «de disuasión» en el occidente de Ucrania, lo que convertiría a Europa en la encargada de luchar contra Rusia en un eventual re-estallido de la guerra.

Dentro del escenario hay que contemplar, también, la ansiedad hegemónica de Estados Unidos, la rusofobia de dirigentes europeos, la frágil paz en la que (eventualmente) se sumirá Ucrania y el malestar ruso con la presencia de la OTAN en su esfera de influencia.

La penosa subordinación europea a EEUU no solo es humillante, sino que es peligrosa. económicamente, la guerra comercial y la no respuesta europea podría dañar todavía más a grandes actores europeos como Alemania, advierte el europeo Diario Red…

Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Fuente de la Información: https://www.nodal.am/2025/02/europa-se-suicida-siguiendo-a-trump-y-su-proteccionismo-hegemonico-por-aram-aharonian/

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La ansiedad hegemónica de Trump y América Latina

La ansiedad hegemónica de Trump y América Latina

Aram Aharonian

Mientras, intenta crear un desequilibrio de poder con sus reclamaciones sobre el canal de Panamá, Canadá y Groenlandia, Donald Trump busca intimidar a los países para obtener concesiones. Las amenazas expansionistas de Trump anticipan una relación tormentosa entre EEUU y sus aliados.

Los planes del próximo presidente de Estados Unidos pueden significar el fin de la democracia en Estados Unidos, la imposición de una réplica aggiornada de la Doctrina Monroe en América latina, el impulso y financiamiento de los ultraderechas en la región, y un enorme signo de interrogación sobre la paz mundial, señala el Observatorio en Comunicación y Democracia..

Todo apunta a que la terapia de shock que quiere llevar a cabo Estados Unidos va a ser contra China, pero también contra aquellos países latinoamericanos que Washington considere que están demasiado alineados comercial o políticamente con Pekín. En este sentido, la administración republicana amenazará abierta y coercitivamente –con aranceles, sanciones o presión diplomática– a estos países para forzarles a cambiar su regulación comercial y distanciarse de la potencia asiática.

Sus tres objetivos prioritarios son contener el poder de China, impulsar –aún forzándola– la relocalización de la industria en territorio estadounidense y mantener la primacía global de Estados Unidos. “Puedes llamarlo como una Doctrina Monroe 2.0”, señaló M;ike Waltz, asesor de Seguridad Nacional elegido por Trump, en Fox News. Una vez más, detrás de la grandilocuencia de las declaraciones de las figuras más destacadas de la administración republicana se esconde algo mucho más profundo.

Estados Unidos ha entrado en una especie de ansiedad hegemónica como consecuencia de la pérdida progresiva de su poder y busca atar en corto a todos los países a los que considera que forman parte de su “patio trasero”; e incluso, amenazar con controlar –por la vía militar– puntos estratégicos como el Canal de Panamá o Groenlandia.

Antes objetivo prioritario de la famosa Doctrina Monroe, América Latina se ha acercado a China en los últimos años, en buena parte por la posición pasiva y condescendiente que ha mantenido Washington. Trump, tanto en su primer mandato como quizá en su segundo, ha tratado a la región como un mero foco de inmigración “no deseada” y un chivo expiatorio para la problemática de criminalidad que afronta Estados Unidos y a la que el trumpismo vincula con los flujos migratorios.

Sobre México, Trump aseguró que declararía a los cárteles de la droga como “organizaciones terroristas” y varios miembros de su equipo abogan por llevar a cabo una intervención militar. Respecto a Panamá, no esconde su ambición de volver a controlar el estratégico Canal. Y la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, advirtió que podría revocar la presencia militar estadounidense en la base de Comayagua por la “actitud hostil de deportaciones masivas” de miles de hondureños.

A Latinoamérica no le ha ido mejor con el aún presidente demócrata Joe Biden, quien se dio el lujo de ignorar la región para centrar sus esfuerzos en las guerras de Ucrania y Medio Oriente. La Llamada Alianza de la Américas para la prosperidad Económiuca, establecida con bombos y platillos en 2022, no dio frutos y no logró uno de los objetivos  buscados por los países latinoamericanos; abordar la desigualdad económica. El mutis de EEUU es bien aprovechado por China.

El comercio bilateral entre China y América Latina ha escalado de los 18.000 millones de dólares en 2002 hasta los 450.000 millones de dólares 20 años después. En un década, en 2035 esta cifra superará los 700 mil millones de dólares, lo que alienta un fortalecimiento de los lazos políticos.

En la actualidad, 22 de los 26 países latinoamericanos forman parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la cual cuenta con numerosos proyectos de infraestructura, incluyendo decenas de puertos o terminales operados o construidos por empresas chinas, lo que además de suponer una alarma en la Casa Blanca, debiera conducirla a cambiar las estrategias… y el vocabulario.

Trump se había declarado en bancarrota no menos de seis veces, cinco por sus inversiones en casinos y una por su participación en el Hotel Plaza de Nueva York. Enfrentó numerosos problemas en los años noventa para negociar sus enormes deudas bancarias, tanto que, como señaló John Feffer en su artículo «Trump’s Dirty Money», solo quedaba un banco, el Deutsche Bank, entonces conocido por su altamente cuestionable comportamiento legal y ético, dispuesto a darle crédito.

Sus formas de ganar dinero son más que cuestionables, como su fraudulenta Universidad Trump y la Fundación Trump, y recientemente promoviendo y ganando dinero con tarjetas comerciales, materiales autopromocionales, Biblias muy caras y relojes de 100.000 dólares, involucrándose, además, en empresas de criptomonedas.

Flexibilidad moral

Más importante que la flexibilidad ideológica del capitalismo es su flexibilidad moral: los imperios siempre se presentaron como víctimas o con algún derecho divino. Cabe recordar que hace casi dos siglos (1832) Andrew Jackson justificó la remoción de los pueblos nativos de sus propias tierras,y  proclamó: “nos agredieron sin que nosotros los provocásemos. Tuvimos que defendernos”.

Desde 1763 hasta hoy, la tradición ha sido forzar a los nativos a firmar tratados que luego serían violados por los dueños del cañón cada vez que los tratados limitaban las oportunidades de hacer buenos negocios despojando a “las razas inferiores”. Más importante que la flexibilidad ideológica del capitalismo es su flexibilidad moral (o carencia de la misma)..

El tratado de 1848 obligó a ceder la mitad de México a Estados Unidos por una limosna y nunca se cumplió en los acuerdos que protegían los derechos de los mexicanos que quedaron del otro lado de la nueva frontera. Ahora, Donald Trump volvió a acusar a México de abusar de “la bondad de EEUU” y a China de “abusar del canal de Panamá.

El abuso se refiere a que está haciendo demasiados negocios con Occidente y, peor, con América Latina, al que Trump aún considera el patio trasero de EEUU, las repúblicas bananeras. Las amenazas de Trump por apoderarse de Canadá, Groenlandia y Panamá responden al “deshielo del Ártico” que le daría más independencia a China y Rusia.

Todo apunta a que la terapia de shock que quiere llevar a cabo Trump va a ser contra China, pero también contra aquellos países latinoamericanos que Washington considere que están demasiado alineados comercial o políticamente con Pekín, a los que amenaza con guerras arancelarias y sanciones. Ya propuso aplicar aranceles del 60%  a “cualquier producto que pase por [un] puerto de propiedad o control chino en la región” y que tenga como destino final Estados Unidos.

Hace pocos días el presidente de China, Xi Jinping, viajó a Lima para asistir a la ceremonia inaugural del puerto de aguas profundas de Chancay, una infraestructura valorada en 3.500 millones de dólares construida y operada parcialmente por la empresa estatal COSCO Shipping Ports.

Según la perspectiva trumpista, cualquier mercancía que parta de este punto del Pacífico en dirección a EEUU, sin importar el país de origen, debería ser gravada. Esta medida se aplicaría también a otros puertos de naturaleza similar en América Latina y el Caribe, como el de Lázaro Cárdenas en México, Balboa en Panamá o Paranaguá en Brasil.

Teodoro Roosevelt le robó Panamá a Colombia con una revolución financiada por Washington. El canal, comenzado por los franceses y terminado por Washington fue, de hecho, construido con la sangre de cientos de panameños que el histórico racismo olvidó, como olvidó la construcción de las vías de ferrocarriles por parte de inmigrantes chinos en la costa Oeste o de irlandeses en la costa Este, grupos que sufrieron la persecución y la muerte por pertenecer a “razas inferiores”.

Si EEUU pagase a los países latinoamericanos una mínima compensación por todas sus invasiones y democracias destruidas, por todas las sangrientas dictaduras impuestas a fuerza de cañón, por la “política del dólar” o por los sabotajes de la CIA desde la Guerra Fría, las reservas de oro del Ttesoro estadounidense no bastarían para cubrir siquiera un porcentaje mínimo.

El sistema esclavista que le arrebató Texas, New Mexico, Colorado, Arizona, Nevada y California a México no desapareció con la Guerra Civil. Simplemente cambió de nombre. A ello hay que sumarle los crímenes imperiales, a veces en colaboración con los imperios en Asia y África que no solo asesinaron a sus líderes independentistas como Patrice Lumumba sino que dejaron mares de muerte y destrucción, todo en nombre de una democracia y una libertad que nunca llegaron y que nunca les importó.

Estamos en la misma situación del siglo XIX: expansión geopolítica y arrogancia racial, señala Jorge Majfud. La diferencia es que, por entonces, EEUU Unidos era un imperio en acenso y hoy está en descenso. Como lo demuestran los ejemplos europeos desde el español, el británico o el francés, a la larga, y pese a toda la muerte y el despojo ajeno, los imperios siempre fueron muy caros para sus ciudadanos, ya que no existen sin guerras permanentes.

En sus apogeos siempre dejaron ganancias económicas, para los de arriba. El problema es cuando se trata de un imperio en decadencia, la arrogancia es una reacción natural, pero resulta carísima y solo puede acelerar su decadencia, miseria y conflictos, tanto dentro como fuera de sus fronteras, añade.

Uno puede saltearse tres mil intervenciones de Washington en los siguientes cincuenta años, pero según la lógica capitalista, el Canal de Panamá nunca fue de Estados Unidos como el Hudson Yards de Manhattan no le pertenece a Qatar, ni el One World Trade Center ni el nuevo Waldorf Astoria en Nueva York o las mega urbanizaciones de Chicago y Los Angeles les pertenecen a China, por nombrar solo ejemplos recientes.

* Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Sur y Sur

Fuente de la Información: https://www.nodal.am/2025/01/la-ansiedad-hegemonica-de-trump-y-america-latina-por-aram-aharonian/

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Tras los escándalos de Lacalle, la esperanza resurge con Orsi, en clave de Frente Amplio

Por Aram Aharonian

En Uruguay, ese país chiquito que en el mapa casi no se ve, cuatro veces campeón del mundo en fútbol, la sorpresa es que no hubo sorpresa. Pese a los pronósticos de los medios hegemónicos de que podía darse un resultado ajustadísimo, el pueblo frenteamplista volvió a festejar: volvió la esperanza.

El centroizquierdista Frente Amplio (FA), con 15 años de gestión entre los años 2005 y 2020, asumirá desde el sábado 1 de marzo de 2025 el desafío de recuperar los derechos perdidos, de construir una propuesta progresista y de volver a ubicar al Uruguay como uno de los países que impulsan la profundización de la democracia y de las libertades frente al avance de las derechas, en un contexto mundial de inestabilidad, crisis y conflictos bélicos.

Al margen de la crispación promovida por la extrema derecha regional, el triunfo del Frente Amplio abre una nueva esperanza para América Latina y el Caribe y para todos y todas quienes defienden la democracia, la igualdad y la justicia. Con un liderazgo que combina cercanía con la ciudadanía y experiencia en el gobierno, Yamandú Orsi asumirá el desafío de responder a las demandas sociales más urgentes, mientras busca construir consensos en un escenario parlamentario fragmentado.

La candidatura de Orsi fue mayoritaria en los departamentos donde tradicionalmente es fuerte el FA, Montevideo y Canelones, pero también en Salto, Paysandú y San José. En el resto de los departamentos fue mayoritaria la coalición de derechas. Ahora habrá que ver cómo se comportan los partidos de la coalición siendo oposición esta vez, es decir, si se mantienen unidos como bloque o no..

 Orsi asumirá el gobierno hasta 2030, en el bicentenario de la República, en una de las democracias más estables de la región, y deberá afrontar desde el primer día los principales reclamos de la sociedad, que pasan entre otras cosas por el costo de vida y la seguridad pública, apostando a mejorar la eficiencia del Estado para potenciar la calidad de los servicios públicos y la competitividad de la economía.

La polarización entre izquierda y derecha existe en Uruguay al modo tradicional, pero se mantiene lejos de los extremos. Los líderes tienen que enmarcarse en los partidos, y así  a los mesianismos les cuesta crecer si no lo hacen desde dentro. El Frente Amplio es especialmente sólido, con gran presencia territorial y un fuerte vínculo con sindicatos y organizaciones sociales, que se fue consolidando desde  el 5 de febrero de 1971.

Orsi recibió, entre otras, las felicitaciones del presidente saliente de Estados Unidos, Joe Biden, quien aseguró que confía en que los dos países «continuarán trabajando juntos para construir futuros más seguros y prósperos”,  y del presidente del gobierno español Pedro Sánchez, quien destacó a Uruguay como un socio en la “lucha contra el cambio climático y la justicia social”.

 En su primera actividad tras el triunfo, Orsi visitó a su mentor, el expresidente José “Pepe” Mujica y su esposa Lucía Topolanski, en su chacra en las afueras de Montevideo, y señaló que  se pusieron al día “en todos los temas”. Mujica le habló de su experiencia y le deslizó su pensamiento sobre determinados temas: “Tiene la sabiduría de no plantearte las cosas como consejos, sino de plantearte cuál fue su experiencia, cómo él armó, cómo es la Presidencia, alguna cosa que ya habíamos hablado”, dijo. 

En su mensaje de la victoria aseguró su predisposición a negociar, a tender puentes para unir al país, tanto en su propia fuerza, con la oposición, así como con los países vecinos. Señaló que «la relación con Argentina tiene que ser muy buena, no tenemos chance», aunque cruzando el Río de la Plata está el ultraderechista Javier Milei, quien aún no lo catalogó de “comunista”.

En su segundo día como presidente electo, se reunió con Luis Lacalle para iniciar la transición y coordinar las presencia de ambos en la cumbre presidencial del Mercosur, el 6 de diciembre en Montevideo. Orsi tendrá que hacer equilibrio entre los dos países más influyentes de América del Sur, Brasil y Argentina, teniendo en cuenta que a Milei no le interesa el Mercosur, ya que sus opciones están en Estados Unidos e Israel.

Y habló sobre el aumento en los últimos cinco años de niños y familias en situación de calle. La pobreza infantil supera el 20 por ciento, y el incremento de la población carcelaria (más de 16.000 presos) la necesidad de no naturalizar los homicidios de niños y profundizar en resolver las causas de la problemática.

Los escándalos de Lacalle

 Se va Luis Lacalle, su tabla de surf y su gobierno de escándalos -en los que directa o indirectamente autoridades se vieron involucradas-, desde el incumplimiento de las promesas electorales, la vulneración de la ética pública, el mal funcionamiento de la función pública, los casos de corrupción o la comisión de delitos, entre ellos el desafuero del senador lacallista Gustavo Penadés, imputado por múltiples delitos de abuso sexual  a menores.

Para recordar, los casos de Alejandro Astesiano -jefe de la custodia del presidente Lacalle, acusado por la falsificación de documentos para la expedición de pasaportes a ciudadanos rusos. y de Sebastián Marset, narcotraficante uruguayo sindicado como asesino del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, a quien  el gobierno le expidió la visa para que viajara por el mundo, escándalos que acapararon la agenda pública desde la salida de la pandemia de Covid-19.

A fines de noviembre de 2022, de la investigación de las conversaciones de whatsapp de Astesiano se divulgó la que mantenía este con algunos oficiales militares retirados, dueños o parte de una empresa de seguridad que opera desde EEUU, en la cual le solicitaron el armado de fichas con información del seguimiento de los legisladores frenteamplistas Mario Bergara y Charles Carrera, quienes habían denunciado la la concesión del puerto de Montevideo  a la trasnacional belga Katoen Natie.

La ventaja del FA, el futuro de la derecha

Finalmente Yamandú Orsi le sacó una ventaja de 95.000 votos a Álvaro Delgado y quedó 49,84% a 45,87%. Desde 1923 que el país no tenía un mandatario no nacido en Montevideo. El último presidente electo que nació en el interior del país había sido Baltasar Brum. Con el resultado rápido del balotaje se terminaron varias incertidumbres pero se abren otras que se empezarán a develar en las próximas horas y días.

Ganó Orsi y, nuevamente, volvió a ganar la institucionalidad. El derrotado Álvaro Delgado señaló que:”Con tristeza, claro que sí, pero sin complejo de culpa podemos felicitar a quién ganó, quién tuvo la preferencia y hacerlo con sinceridad y de corazón”.

Otro claro ganador fue el jefe de campaña de Orsi, el senador Alejandro “Pacha” Sánchez (bien pudo ser el candidato), quién se encargó de llevar a Orsi a buen puerto en su estrategia trazada. Tras cinco años fuera del gobierno, tras el estruendoso fracaso del socialista Daniel Martínez como candidato presidencial cinco años atrás, el Frente no tendrá mayoría parlamentaria y por eso tendrá que buscar acuerdos. En Diputados le faltan dos votos para lograr la mayoría.

El FA ya es muy diferente al de su fundación: ya no están ni Liber Seregni, ni Juan José Crottogini, ni Zelmar Mihelini, ni José Pedro Cardoso, ni José Luis Massera, ni Juan Pablo Terra… Pero, al igual que en 1971, sigue constituyendo y construyendo la esperanza para la mayoría de los uruguayos.

¿Llegará la autocrítica del oficialismo y los análisis para comprender la derrota? Quizá la soberbia de Lacalle y su séquito lo impida. Todavía resuena la disputa por la decisión de elegir a Valeria Ripoll como candidata a vicepresidenta y la interrogante de por qué las altas tasas de aprobación de Lacalle, que según las usinas de la prensa hegemónica casi llegan al 50%, no se tradujeron en triunfo de la coalición de derechas.

Más allá de estas interrogantes, surge la duda sobre la continuidad de la coalición en el próximo período. Siendo gobierno, lograron mantenerse unidos por cinco años, pero en la oposición será muy distinto, sobre todo porque ahora no manejarán el presupuesto nacional.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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