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A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Por: Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

Qué Dios lo proteja; muchas personas se despiden de nosotros con esta frase sin importar nuestras creencias. No me siento ofendido por ello, en lo personal me gusta, aun cuando yo no tengo ni practico este tipo de creencias, porque sé que detrás de este enunciado hay mucha buena vibra y ganas de que a uno las cosas le salgan bien. Cuando un creyente te dice algo como eso, te está deseando el bien y está compartiendo sus buenos deseos, sus ganas de dicha y felicidad.

Por mi parte, creo que me entenderán, no se me ocurriría despedirme diciendo: que la «Revolución te salve hermano»; aun cuando sé que ella ha salvado a millones de personas a lo largo de sus más de 50 años (Cuba), y este sí que es un hecho tácitamente demostrable.

El punto de mi análisis es el siguiente: a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Por qué digo esto:

Cuando una persona, aprovechando las redes y sus enormes posibilidades me envía una invitación a rezar para que nos salvemos del virus me incomoda y me preocupa su postura. Saturan las redes con imágenes de santitos que disparan luces y de vírgenes salvadoras como quien está desarrollando una titánica labor de salvación. Me incomoda, porque no le he dado el derecho de pedirme que haga algo que está en contra de mis convicciones y creo que el respeto a las creencias o no creencias es fundamental. Y me preocupa, mucho, porque si nos ponemos a rezar sin tomar las medidas necesarias el virus nos arrastrará a todos a una muerte segura; y luego al paraíso, al infierno o a la Pachamama (eso es discutible).

Es importante que todos, creyentes o no, valoremos que una cosa es Jesús actuado en contra de la opresión y la ambición Romana; y otra sería verlo esperando a que un poder que llegue del más allá (su padre) haga lo que a él le corresponde: porque, si somos congruentes, en cuanto a creencias, el padre de Jesús tenía todas las posibilidades de resolver la crisis humanitaria y espiritual que los hombres crearon en esa época histórica sin necesidad de mandar a su hijo a sacrificarse. Quiero entender que, pedagógica y políticamente hablando, lo que se quería con la praxis de Jesús era enseñar a los hombres cómo, a través de la organización, la conciencia y la defensa de valores perecederos por los que valía la pena morir, se podría cambiar el mundo. Jesús nos dio una lección pedagógica, política y sociológica: que debemos luchar o este mundo no tendrá ninguna posibilidad de salvación porque: en náhuatl antiguo para que se entienda: “nos lo estamos llevando a la chingada.”

Jesús mostró un camino, oculto a los fanáticos de esa época: el camino de la organización y de la conciencia y acción consecuente. Dejó claro que, sin una organización, sin el trabajo sistemático con la conciencia y sin otra propuesta de valores no habría solución ninguna a aquella situación. No por gusto Marx lo llamó el primer revolucionario de la historia y a las comunidades cristianas de base el primer partido político de la historia. Creo, además, que debe considerarse que lo que hizo el nazareno fue de principio a fin un acto político de toma de partido a favor de los pobres. El fanatismo existente en la época en que Jesús vivió hacía que aquellos seres oprimidos y empobrecidos por Roma se arrodillara a rezar y a entregar sus ofrendas esperando la ansiada salvación; sin comprender, que frente a su situación el camino era otro y que, además, ese camino implicaba no solo sacrificios sino la entrega de la vida mima si fuese necesario.

Esa, así lo veo yo, desde mi ignorancia sobre el tema; es una de las más perecederas lecciones del maestro (como le llama mi hermano Marcel a Jesús): Aun cuando pudo escapar para salvar la vida decidió quedarse y asumir los resultados de sus actos para enseñarle a los discípulos que el camino de la salvación colectiva podría ser el camino de la muerte personal si se es congruente hasta las últimas consecuencias: Qué sino, le deparó a la vida a Tupac Amaru, Martí, El Che, Camilo Torres y tantos otros: la entrega de la vida por la praxis emancipadora y descolonizadora.

Frente estas enseñanzas que nos dejó Jesús debemos valorar muy bien lo que significa actuar para salvarnos ahora frente a rezar para salvarnos más tarde; porque, por ejemplo, hoy vi en Oaxaca personas sin naso-buco y al inquirir a la señora, ya grande, por cierto, me respondió – a mí, Dios me protege. Si no entendemos que estas formas de fanatismo suelen ser suicidas estaremos agravando la crisis actual.

Desearle a una persona que Dios lo proteja es un acto de bondad y sensibilidad humana que respeto mucho; pero pedirle que se arrodille y rece frente a una situación real de peligro pudiera ser un acto irresponsable y de un fanatismo peligroso. Salir a la calle sin ninguna protección creyendo que él te protege es una locura.  No olvidemos que entre la peste y la gripe española fallecieron 90 millones de seres humanos, en no pocos casos por ignorancia: como aquellos que iban flagelándose por los pueblos y pidiendo a Dios, mientras los seguían las ratas que portaban a la pulga causante de la pandemia.

En otro momento, cuando le reclamé a un compañero de izquierda que me sugería rezar y compartir con otros su rezo e invitar al mundo a rezar a la misma hora, me respondió: -Dios existe para todos. Esto, en mi opinión, le dije, es irrespetuoso de tu parte. Debes entender que mucha gente cree en un Dios diferente al tuyo, y otros, no creen en ninguno; ello te obliga a dejar los fanatismos para el espacio privado de tu existencia personal y familiar. Dios no existe para todos: existe para los que creen en él; los demás alimentan su espiritualidad por otros caminos en nada censurables, por cierto. Incluso, creo profundamente que la espiritualidad es un lugar común en el que todos los hombres podremos encontrarnos con independencia de las creencias y cosmovisiones que le den sentido a nuestras existencias personales.

No me mal interpreten: rezar es muy bueno para los que tienen fe pues cumple una fundamental función psicológica; pero, en estos momentos, mejor aún sería cumplir las medidas sanitarias. Responsabilizarse con la conducta personal y familiar para no convertirnos en un problema para la colectividad. Las irresponsabilidades pueden crear crisis y frente a ellas todos tenemos que actuar.

Creo que además debemos (porque honrar honra, como nos dijera Martí) reconocer el trabajo abnegado y de enorme sacrifico de todos aquellos que en medio de la crisis actual tienen la tarea inmediata de salvarnos a todos; incluso de nosotros mismos y aún, a riesgo de su propia vida.

Reconozco y aplaudo el esfuerzo del presidente de este país que, en medio de la pandemia, no abandona el timón; como no lo haría un capitán en medio de la terrible tormenta. Críticas llueven, de los descreídos, de los ineptos y de los corruptos a los que se les termino la fiesta del despojo. Yo solo digo una cosa: imaginen que no contáramos con ese fundamental espacio de información. Imaginen por un momento que dejemos que la gente sea informada por Facebook. Es fácil comprender que podríamos caer en una neurosis colectiva de dimensiones desproporcionadas y generar problemas aún mayores. La tarea de un presidente es esa y no debe renunciar a ella bajo ningún concepto. Él, como dice Dussel, debe mandar obedeciendo y el mandato que tiene hoy es el de salvar a la mayor cantidad de vidas humanas posible.

Las enseñanzas de Jesús están para todos, creyentes o no y este presidente y los profesionales de la salud y todos los otros no están haciendo otra cosa que continuando su ejemplo. Amar al prójimo es actuar a favor de la vida, es afirmar la vida. Si usted, persona creyente, amparada en sus creencias, sale a la calle irresponsablemente está atentando contra la vida y no debería utilizar a Jesús como argumento para sus necedades.

Afirmar la vida hoy es unirnos en torno a una ética de la salvación, a una ética médica y científica que no sale del capricho de nadie sino de la necesidad de salvar para salvarnos. Sin la vida humana no habrá ética que discutir, sin la vida humana no habrá cultura que salvar, sin la vida humana no habrá comunalidad, ni gobierno, ni economía.

Todas las creencias deben, en este momento grave para la existencia humana, llevarnos a ser responsables frente a la otredad y frente a mi persona. Defiendo la idea de que el respeto por la vida de Jesús implica más compromiso y praxis con la existencia de la vida en el planeta, que fanatismo y creencia en una salvación futura desapegada de mi actuar presente. Si usted no actúa para salvar en este momento de peligro, usted está traicionando a Jesús, y además, complicando la situación de los pocos hospitales que los rateros de la historia le dejaron a este México tan amado y a este presidente tan trabajador.

Ni las buenas intenciones de AMLO ni todo el dinero del mundo nos salvará si no nos unimos en la responsabilidad y la praxis consecuente frente a este peligro microscópico. Este asesino fue irresponsablemente creado por los hombres y si no atajamos la irresponsabilidad en todos los niveles los estragos que haga serán inconmensurables.

Es por ello que debemos dejar que Dios haga su trabajo y ocuparnos nosotros del virus y la salvación en este momento histórico.  Dejemos a Dios, que tiene mucho que hacer y pongámonos todos, creyentes o no creyentes a ayudarlos con nuestro trabajo, nuestra organización, con la defensa de la verdad y la denuncia de la mentira y la manipulación; con la praxis.

Dios no es médico; Dios es amor; seamos congruentes; ¡por Dios!

Junto a ello debemos meditar la necesidad de salvar al planeta al que estamos asesinando. Pero eso es tema de otra reflexión.

Fuente: El autor escribe para OVE

Imagen: https://pixabay.com/photos/ash-candlelight-candle-christmas-2179184/

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COVID 19: how Senegal intends to ensure #LearningNeverStops

English / Français

By Rokhaya Fall Diawara and Tidiane Sall, UNESCO

The spread of COVID-19 is a growing worry for Africa. Among the 47 African countries that have closed their schools and universities to more than 280 million African children, 10 have not yet identified a single case of the virus. These closures will hold back education even further on a continent where already more than 200 million children and adolescents were not learning. The government of Senegal closed its schools on March 16 – one of the first to do so on the continent. What measures have been taken to ensure that learning doesn’t stop?

Following school closures in Senegal, the Minister of Education recognized openly that there were limits to the response plan envisaged by the State. This emergency plan takes place in a school context characterized by teachers who do not have enough teaching hours to cover the curriculum and already weakened by repeated strikes in recent years. The idea was to to start with something and then work towards a more efficient model.

A plan based on a strategic partnership

The Ministry of National Education (MEN) has developed a response plan consistent with the national strategy led by the Ministry of Health and Social Action. This plan covers not only the period of the pandemic, but also looks at the idea of revising the school calendar in its aftermath and assesses different ways of evaluating learning.

Monitoring this plan will happen by a Monitoring Committee, chaired by the Minister of National Education. The Executive Secretary is the Head of the School Medical Control Division sitting on the National Response Unit fighting against the virus. Its members also include the directors and heads of national MEN departments, representatives of parents’ organizations, teachers’ unions, associations of Daaras (Koranic schools) and students.

What options for continuing learning?

The Online Resource Platform – an option with limitations

The main tool deployed by the government is a platform that will make teaching and learning resources available online. In its first phase, this platform will collect and classify digital resources. In its second phase it will be opened up to teachers, learners and parents. The MEN has created an online space on its website, “Learn at home“, inspired by that in France “My class at home“.

In a country that sits at place 132 on the ICT Development Index, it will be difficult to see this paying off. The first drawback is that it not equitable. While 116% were found to have mobile access in 2016, the cost of using such platforms remains too high for many : 31% of the population lives on less than $ 1.90 in purchasing power parity. In short, less than 20% of senior students have access to these resources online.

The second drawback is that the content offered is not sufficiently well aligned with teaching and learning standards. The resources are static; they offer no possibility of interactivity.

The third drawback is that the presentation of the resources could be improved. They are not grouped by type of educational need. Resources are mixed up, ranging from self-directed and auto-corrected learning content to exam tests and their answers.

Learning through television – an intermediate option

To limit the disadvantages suffered by those who do not have access to digital resources, MEN has put a lot of weight on the use of radio and television, which reach 75% of the population, according to the CNRA in 2018. Thus was born a strategic collaboration between MEN and the Ministry of Communication with its technical wings, Radio and Television of Senegal (RTS) and Television of Senegal TDS-SA.

The programs being proposed fall under the responsibility of the Radio and Television School Division (DRTS) within the Ministry of Education, its technical arm, which has 20 years of experience in the media sector. These programs will be repeated across its television partners, RTS regional TV and radio stations, on community radio, as well as all the websites of the various stations.

The Virtual University of Senegal (UVS), which supports thousands of students with not only teaching and learning materials but also with assessments, is a melting pot of experience that the MEN is using as well as the technological wing within the Information and Management System of the Ministry of National Education (SIMEN).

Private television stations are also supporting with programs such as “Salle des Profs” on TFM and “e-school” on the E-TV channel, among others.

The first challenge with this option is getting it working in time and to find suitable technical means and audiovisual equipment. In addition, it requires rapidly finding qualified teachers who can provide distance training. A specific challenge is to script the courses and communicate on the programme schedule, as well as quality assure the programs on offer: image quality, approach, style, visibility and legibility must all be up to standard.

What are the most urgent needs?

Senegal is showing a clear desire to take the first steps towards educational resilience in the face of this crisis. In the case of the solutions proposed, it is urgent to examine a) the need to give teachers more professional training in distance education; b) how to extend strategic partnerships such as that with RTS to telephone companies, for example, to overcome the thorny question of connection and data; c) how to equip the DRTS and acquire ICT materials to support learners and teachers; and d) how to create real digital platforms capable of meeting the challenge of home learning.

UNESCO has just launched the Global Coalition for Education facing COVID-19. Several agencies, private companies, philanthropists and countries are members. UNESCO has already started supporting Senegal in the development of its action plan and especially in mobilising resources for its implementation. Interesting projects on teacher training to provide quality distance education for students in emergencies are also under consideration. Nothing is guaranteed in an unexpected crisis such as this, but the will to find solutions, as we can clearly see in Senegal, constitutes an opportunity for real multilateral support, which UNESCO intends to respond to.

Fuente: https://gemreportunesco.wordpress.com/

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Una mala estrella: el SARS-CoV-2

Por: Abdiel Rodríguez/laestrella.com.pa

La humanidad se encuentra ante la disyuntiva de si la vida o el capital. Nuestro horizonte utópico es superponer la vida

Estamos en medio de un desastre global. Muchos de nuestros supuestos se deshacen en el aire. No sabemos cómo acabar con esta pandemia producida por el SARS-CoV-2. La humanidad se encuentra ante la disyuntiva de si la vida o el capital. Nuestro horizonte utópico es superponer la vida. En este momento no parece posible ni la desaparición del capitalismo, ni el surgimiento de “una sociedad alternativa” (como diría Slavoj Zizek) a la vuelta de la esquina.

En el mundo moderno, el de las grandes ciudades globales, no se podría vivir sin transacciones mercantiles. Pedirle solidaridad al capitalismo aún en estas circunstancias, es como pedirle a un tigre que sea vegetariano, pero puede que el tigre acaricie la gacela antes de comérsela. Así que, si queremos superponer la vida al capitalismo, entonces, el objetivo estratégico post pandemia es organizarnos en torno a la ella, aunque las señales de hoy no sean alentadoras.

Enrique Dussel propugna una Ética de la Vida, sintetizó este criterio en un reciente artículo criticando a la modernidad “que postula al cuerpo como a la naturaleza como “una «cosa extensa» (res extensa); es decir, una realidad cuantitativa, no teniendo importancia la cualidad y la vida”. Bruno Latour, por su parte, considera que “la modernidad está acabada” y plantea como alternativa “lo que están haciendo los ecologistas y los millones de jóvenes que practican una nueva forma de vida, de alimentación, de comportamiento: un reasentamiento”. Esto, en todo caso, no es nuevo, al final de cuentas tenemos que recurrir a experiencias de equilibrio entre la naturaleza y la especie humana.

Dussel nos advierte sobre los derroteros desconocidos de esta pandemia “nunca experimentado antes y de manera tan globalizada”. Tras la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano nunca habíamos estado tan interconectados, aunque ahora por un virus sin cura aún. Esta experiencia nos exige “mostrar el fracaso del neoliberalismo (del «Estado mínimo», que deja en manos del mercado y el capital privado la salud del pueblo)”, ahora estamos pagando esas consecuencias, además evidenciar que los estados con un sistema de salud pública eficiente son mejores herramientas para encarar esta pandemia que los privados, ampliamente defendidos por el neoliberalismo.

Los núcleos urbanos (en particular occidentales) con mayor conectividad son aquellos que tienen más contagios, es decir, los países globalizados en ese devenir “producido por las interacciones” (como diría Roberto Ayala) son los focos de contagios. En ese sentido, señala el pensador coreano radicado en Alemania Byung-Chul Han la necesidad (añado epidemiológica) de “proteger al mundo de Europa”, y también de Estados Unidos. En Centroamérica el foco sería el hub de Panamá.

En estos países occidentales prevalece la “protección de datos” y la “esfera privada”, los valores por excelencia como la libertad parecen no compaginar con las medidas cuasi totalitarias para la supresión del virus, al punto que, en medio de la pandemia muchos de estos países optaron por medidas biopolíticas (aislamiento y movilidad reducida). En cambio, en algunos países de Asia, dice Han, prevalece una “mentalidad autoritaria” la cual permitió medidas drásticas de vigilancia y control, propias para la supresión del virus. Aferrados a la libertad y en otros casos a la insensatez, en Occidente y la periferia estamos viviendo la contradicción de querer suprimir el virus sin perder nuestras garantías fundamentales.

Los países europeos (y Estados Unidos) con mayor conectividad (Italia, España, Francia, Inglaterra p ej.) que parecían tenerlo todo organizado (bajo la lógica del mercado) e incluso sus ciudades eran modélicas, colapsaron. Con la excepción de Alemania con una tasa de mortalidad baja y una tasa recuperación alta. Estamos en un momento de “oscuridad”, sin ninguna certeza, solo aquella en la que la muerte puede estar en la puerta de la casa, en algún pasillo o balcón; la intensa luz de las ideas y el desarrollo científico de Occidente no vio el “sol negro” que se posaba sobre los frágiles cuerpos, al decir de Roger Bartra. Europa y Estados Unidos no ven la luz ante el inminente desastre producido por esta pandemia. La misma suerte corrió la periferia que le siguió el paso.  Quizá tengamos que buscar luces en otra parte.

Ante el escenario dantesco de no tener las herramientas sanitarias para una respuesta a los convalecientes, el capitalismo aún se erige como el dios supremo por encima de la vida. Incluso se le debe respetar su “independencia”. Franz Hinkelammert, lo dijo muy claro: “el capitalismo desde el principio es asesino […] es el nuevo fetiche que aún sometemos a crítica., se remonta a los indígenas cuando decían: “El oro es el Dios de los españoles”. En el siglo XXI, este dios es cada vez más omnipresente, más omnisapiente, más global. Así, convertido en un fetiche — con el todo, sin el nada — se presenta ante la humanidad entera como la salvación.

Al plantearnos la disyuntiva de si la vida o el capital, nos apoyamos en las evidencias que este desastre nos pone ante nuestros ojos. A esto apunta David Pavón-Cuéllar cuando dice “morir por falta de infraestructura, insumos y recursos humanos en el sistema de salud pública diezmados por años de políticas neoliberales en todo el mundo”, es el resultado de superponer el capital a la vida, creando un “gigantesco laboratorio de muerte en que el mundo se ha convertido”.

Para Dussel, “la ética se funda en el primer principio absoluto y universal: el de afirmar la Vida en general”. Tal es nuestro horizonte utópico, ante una circunstancia en que todo parece una distopía (al mejor estilo de Orwell o Huxley), y una realidad que — post pandemia — puede derivar en un caos en todos los ámbitos de nuestras vidas. Es la oportunidad para un nuevo contrato social. Como es un virus nuevo y “despiadado” como lo califica Chen Wei, no tenemos certeza de ningún tipo. Debemos dudar de cándidas respuestas, solo nos queda la “prudencia” como “virtud” necesaria para encarar con coherencia esta pandemia a partir de nuestras propias experiencias de vida.

 

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La vida sigue…, aunque no lo parezca

Por: Juana M. Sancho

La vida sigue y, más pronto o más tarde, el alumnado volverá a los centros educativos. ¿Qué nos encontraremos? ¿Cómo los vamos a recibir? Lo que importa es saber qué es lo que han aprendido (positivo o negativo) en este extraordinario periodo. Lo que me preocupa es cómo calibrar cómo les ha afectado este largo periodo de confinamiento en su salud física y mental.

El 20 de febrero, más de un mes antes del confinamiento obligatorio que aquí comenzó el 13 de marzo, publiqué la columna titula David y Goliat, en la que reflexionaba sobre cómo un “ser invisible” había noqueado al gigante Mobile World Congress. Hablaba de lo poco (o nada) que las tecnologías digitales estaban contribuyendo a la resolución de los “verdaderos” problemas sociales: pobreza, incremento de las desigualdades, polución, cambio climático, etc., etc. Y argumentaba la necesidad de “reivindicar que el desarrollo de cada aplicación tecnológica venga acompañado de una previsión de sus consecuencias indeseadas a largo plazo”, “una tecnología con conciencia” porque para mí no existía nada más educativo.

A un poco más de un mes, nuestro paisaje se ha transformado profundamente. Hospitales llenos, calles vacías, patios de recreo silenciosos, todo el mundo (o casi todo) en casa. Ha aumentado el miedo, así como las teorías, más o menos conspiratorias, para todos los gustos y, sobre todo, la legión de “sabios” que todo lo saben, que no paran de criticar a los demás, pero son incapaces de ofrecer solución alguna.

De repente, ya no hay problemas, solo uno y se llama COVID-19. Todo lo demás se ha “apagado”, perece que no existe. Pero los educadores sabemos que no, sabemos que, como ese “ser invisible”, algunos problemas están creciendo de forma exponencial y están teniendo y tendrán, un impacto descomunal e imprevisible en la educación. Porque la vida sigue…, aunque no lo parezca.

En estos momentos, millones de niños, niñas y jóvenes pasan 24 horas al día en lugares cerrados. Sin exponerse al sol (pocos tienen patio o jardín), ni a realizar el necesario ejercicio físico. Entiendo que todo el profesorado está pendiente de ellos y a través de los medios digitales intentan seguir con actividades de aprendizaje, aunque impliquen pasarse horas frente a la pantalla (¿aumentará la miopía?, ¿las adicciones? O ¿estarán tan hartos que se “desengancharán”?). Aunque como reconocía la ministra de Educación Isabel Celaá, al menos, el 12% del alumnado no se conecta a las clases. Quizá algunos porque no quieren y muchos porque, por diversas razones, no pueden.

Porque no todo el mundo vive en hogares confortables con familias que puedan dedicarles tiempo, ayudarles en sus tareas y acompañarlos en su aprendizaje, en su desarrollo y en su bienestar físico y emocional. Familias con insuficiente capital cultural, con viviendas inadecuadas, con altos niveles de pobreza, con episodios frecuentes de violencia…. Y todas, independientemente de estas condiciones, sin saber cómo controlar su propia ansiedad y la del resto de la familia.

Me han asegurado (no lo he podido comprobar) que los servicios sociales están pendientes de los temas más básicos como la alimentación y de otras incidencias extremas. Los ayuntamientos parece que aseguran que el alumnado con beca en los comedores escolares siguan siendo atendidos. Espero que las situaciones “extremas” también. Pero ¿quién se hace cargo de aquellos aspectos también fundamentales para el desarrollo personal, social y emocional?

La vida sigue y, más pronto o más tarde, el alumnado volverá a los centros educativos. ¿Qué nos encontraremos? ¿Cómo los vamos a recibir? No me preocupa tanto que “pierdan” un curso, el aprendizaje es continuo y transversal. Quizás no hayan aprendido hechos que pueden buscar en cualquier base de datos. Lo que importa es saber qué es lo que han aprendido (positivo o negativo) en este extraordinario periodo. Lo que me preocupa es cómo calibrar cómo les ha afectado este largo periodo de confinamiento en su salud física y mental y cómo transformarlo en algo positivo. Me preocupa cómo tenerlo en cuenta y convertirlo en fuente de aprendizaje. En motor de interés, empatía y responsabilidad hacía ellos mismos y el mundo que les rodea.

Teniendo en cuenta que todo el profesorado, y los adultos en general, estamos también pasando por el mismo proceso y podemos experimentar experiencias y consecuencias parecidas, estamos frente al mayor reto educativo que hemos vivido las generaciones desde final de la década de 1940. Volveremos a los centros llenos de saber y de ignorancia. Según Jacques Rancière (El maestro ignorante), esto puede ser una gran oportunidad para aumentar nuestro saber pedagógico y nuestra capacidad de aprender. Pero no es un reto fácil, mejor abordarlo en colaboración y con todos los recursos disponibles.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/04/09/la-vida-sigue-aunque-no-lo-parezca/

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Educación popular en tiempos de covid-19

Por: Oscar Jara H.- Presidente de CEAAL

El Contexto Latinoamericano y Caribeño desde antes de la crisis producida por la pandemia del COVID-19, estaba atravesado por una ofensiva neoliberal en distintas dimensiones (política, económica, socioambiental, cultural) que se había extendido por toda nuestra región con una fuerza inusitada en los últimos dos años: el golpe de Estado de Bolivia, el viraje del gobierno en Ecuador, la agresividad del gobierno Brasileño, el creciente bloqueo a Cuba y Venezuela y el resultado de las recientes elecciones en Uruguay reflejan las dinámicas de polarización que se gestan en este marco junto con las crisis abiertas y movilizaciones populares en Haití, Ecuador, Chile y Colombia, la caravana de migrantes centroamericanos, o la derrota del partido Cambiemos en Argentina. Estos y otros factores como el creciente número de dirigentes sociales y ambientales asesinados especialmente en Colombia, aunque también en otros países como Costa Rica, visibilizan la magnitud de esta ofensiva y la polarización que ella produce con respecto a propuestas y movimientos progresistas.

En estas circunstancias, llega la crisis producida por la pandemia del Corona-virus, actualmente en proceso de crecimiento con consecuencias imprevisibles para nuestra región y para nuestro planeta. El análisis de su impacto en las relaciones económicas, políticas, sociales, ambientales y culturales de nuestras sociedades deberá ser un eje central de nuestra acción en los meses venideros.

Por eso, en este contexto se ha hecho aún más necesario disputar desde la Educación Popular el modelo de sociedad al que aspiramos desde una ética del cuidado de la vida y en políticas en beneficio de las mayorías. Retomar, resignificar y recrear la dimensión profunda del sentido de nuestras prácticas y procesos organizativos en función de otro modelo civilizatorio que reemplace al actual modelo cuya crisis se agudiza con esta pandemia. Ante este contexto y las circunstancias que vivimos actualmente en el inicio del año 2020, podemos identificar algunos desafíos presentes para nuestros procesos:

  • Comprender el impacto que tiene y tendrá la pandemia Covid-19 en todo el marco de relaciones de nuestras sociedades, identificando cómo las políticas de privatización (en especial de los servicios de salud) afectan las capacidades de respuesta a una emergencia sanitaria de esta magnitud, así como la necesidad de repensar y redefinir otras relaciones económicas, sociales, ambientales y culturales basadas en otra ética, en otro sentido de la vida (pensar en nuestras sociedades post coronavirus y actuar para conseguirlas).
  • Comprender críticamente al neoliberalismo, desnudado por la pandemia, en su dimensión simbólica y cultural como productor de subjetividades y en su capacidad colonizadora de sentidos a partir de una racionalidad individualista, competitiva y consumista, para construir otra visión del mundo, otra ética y otras subjetividades desde propuestas políticas y acciones solidarias y colectivas centradas en el bien común.
  • Analizar críticamente los modelos de intervención ante la pandemia, utilizados por los distintos regímenes latinoamericanos y sus resultados. Identificar el papel de las políticas públicas ante estas situaciones de vulnerabilidad, así como los impactos diferenciados que esta situación provoca y las estrategias que pueden evitar una profundización de la desigualdad que ya afecta de manera más grave a sectores como las mujeres, personas trans, pueblos indígenas y comunidades campesinas, personas migrantes, iniciativas productivas desde la economía informal, etc.
  • Identificar, promover, sistematizar y visibilizar prácticas alternativas de solidaridad, intercambio desinteresado, ayuda mutua y participación social generadas durante esta crisis, para poder proyectarlas como prácticas democráticas y democratizadoras que se llevan a cabo desde otros paradigmas que el actualmente hegemónico basado en el mercado, las salidas individuales y el lucro.
  • Caracterizar las distintas formas de ejercicio de poder que se enfrentan a las lógicas del neoliberalismo y del autoritarismo que utiliza formalidades democráticas, reflexionando sobre las nuevas formas de construcción de procesos organizativos, de resistencia y de reexistencia con la participación de nuevos actores sociales y políticos.
  • Impulsar acciones y propuestas de descolonización y despatriarcalización de las formas de concebir y organizar las relaciones sociales y económicas, generando otros espacios y criterios de acción basados en la lógica del Buen Vivir, la Economía Social y Solidaria, y el cuidado mutuo y de la naturaleza de la que formamos parte.

Estamos viviendo un cambio de época que puede constituir una oportunidad para que –desde los procesos de educación y participación popular- impulsemos con mayor fuerza el desmonte de las lógicas y patrones culturales capitalistas, patriarcales, extractivistas, individualistas, racistas y  coloniales y que desde las prácticas solidarias podamos construir espacios, propuestas, proyectos, programas que protagonizados por los sectores populares se constituyan en los nuevos referentes de otra manera de vivir. El CEAAL asume este desafío de ser movimiento transformador con decisión y compromiso, pero también con humildad, sabiendo que sólo será posible si ampliamos nuestro campo de alianzas, articulaciones y vínculos con otros movimientos, organizaciones y sectores sociales, siendo parte activa de un movimiento mucho más amplio y convergente de transformación.

 Fuente: Editorial de La Carta del CEAAL # 613, 8 abril 2020: http://ceaal.org/v3/carta613/

 

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¡Ahora eduquemos en la reimaginación del mundo!

Por: Iliana Lo Priore.

Es fácilmente constatable que producto de los efectos devastadores del COVID-19, junto a las consecuencias  del aceleramiento y estallido  de la crisis económica contenida  que están provocando el colapso productivo, financiero, recesión internacional, desempleo masivo, incremento abrupto de la pobreza, etcétera, a escala planetaria, la mayoría de los seres que habitamos el mundo nos une el deseo de que el “modelo civilizatorio” industrial-extractivista-especulador-depredador de la naturaleza y de las vidas humanas debe ser sustituido por otro modelo radicalmente diferente que se oriente en función de restablecer los equilibrios en la naturaleza (evitando su explotación indiscriminada,  el calentamiento global, …)  y en la vida social (estableciendo la justicia, la igualdad, la equidad, el bien común, entre otros).  Entendiendo que  somos   naturaleza socializada y no permitiendo que se conciba a la naturaleza y a nosotros(as) como recursos explotables por quienes solamente piensan y actúan arbitrariamente  desde posiciones de poder dominante en su propio beneficio económico en detrimento de todo lo demás.

La pandemia ha revelado el alto grado de deshumanización al que se ha  llegado entre nosotros, la mayoría de los que fallecen y padecen las patologías son seres que han carecido de la atención y el apoyo debido, por un lado, al desmantelamiento y la debilidad institucional de los servicios de salud públicos, y, por el otro lado, a una concepción ideológica perversa sobre el derecho a la vida que la niega a los más débiles por indefensos y desvalidos.  Se ha llegado a tal extremo que a las personas de mayor edad se les excluye de la atención requerida (respiradores, ventiladores, etcétera), condenándolos así a la muerte porque la ideología depredadora prevaleciente considera que ya no son vidas o recursos útiles productiva o económicamente. Por consiguiente, puede afirmarse que mientras el COVID-19 nos iguala a todos en su ataque porque no discrimina, la inhumanidad prevaleciente lo utiliza para desigualar  el derecho vitalista a una atención médico-asistencial digna para todos por igual.

 En atención a esa lógica perversa sobre la vida que la depreda sacándole el mayor provecho económico a los cuerpos mientras sean útiles a lo largo de su trayecto vital y luego los desecha, las grandes potencias con consorcios industriales farmacológicos están envueltas en una rivalidad comercial-competitiva para sacar al mercado la vacuna antiviral con el fin de acumular las mayores sumas de ganancias posibles.  Ven la pandemia como una oportunidad más para sacar provecho de ella, al margen de cualquier consideración humanitaria.

No obstante todo lo dicho, quienes  resienten los efectos deshumanizadores desde su auténtica sensibilidad humana en todos los países, sintiendo y sintiéndose juntos trascendiendo la mera mediática de lo virtual,  han iniciado un proceso de reimaginar  el mundo total y radicalmente distinto en sus diversos aspectos: económicos, sociales, políticos, ambientales, sanitarios, educativos, éticos, etcétera. Un mundo transformado, no tan solo mejorado, sino un mundo-otro. Imaginarios alternativos que están configurando deseos de cambios reales, estructurales, de raíz, que envuelven otros modos  civilizatorios posibles que reivindiquen principalmente el derecho, no tan solo jurídicamente, a tener una vida digna para todos.  En donde la muerte no nos acose permanentemente con guerras, invasiones, explotación, depredaciones, crisis económicas permanentes, injusticias, desigualdades, discriminaciones y exclusiones, hambre de millones de niños(as), fallecimientos por enfermedades curables, calentamiento global, pandemias, etcétera. Por esto, esos  deseos hay que avivarlos como las llamas de las fraguas forjadoras de las piezas  artísticas con diseños y formas transfiguradas de la realidad haciéndolos  permanentes en el tiempo para se concreten en variadas y diversas formas de existencia realizadoras como obras ético-estéticas prefiguradas por los imaginarios renacientes indicados.

En ese sentido, hay que incentivar y motivar sin manipular la imaginación infantil y de la juventud para que se transforme también en deseo orientador de su sensibilidad y conciencia autónomas. Ellos poseen mayor flexibilidad senti-pensadora por no tener tan enclavadas mentalmente las limitaciones ideológicas impuestas por los poderes e intereses dominantes que reprimen en los adultos imaginarios más  libres. En estos momentos no hay tarea más importante que esa a la hora de pensar en los desafíos educativos que confrontamos debido a las cuarentenas impuestas por la pandemia.  Todas las demás tareas educativas debieran articularse alrededor de ésta.  La urgencia de otro mundo posible está en juego, y niños(as) y jóvenes pueden ser sus recreadores.  La CONSTRUCCIÓN DE IMAGINARIOS y el DESPLIEGUE DE SUS DESEOS, junto al COMPROMISO DE CONCRETARLOS EN EL FUTURO INMEDIATO, pueden contrarrestar el miedo que se está induciendo de manera inconveniente a los cuerpos de los(as) demás y a su implicación disociadora en la vida social comunitaria con ello(as), basándose paradójicamente para lograrlo, en la angustia y desesperación por los encuentros deseados  con los(as) otros(as) que produce la cuarentena o el aislamiento.  Los imaginarios y sus deseos prefiguraran con toda seguridad la implicación del nosotros comunitario, el co-estar existencial en el mundo, en sus proyecciones de realización social ayudando a superar el egocentrismo, el individualismo y el narcisismo por asociales.

La reflexión no solo coloca la educación en el debate público glocal, sino que pone como  imprescindible en la discusión  la urgencia de soñar, reinventar y ejercer el derecho a una educación-otra que ayude en la construcción  del mundo necesario para los nuevos tiempos deseados.

Si se logra articular en la “educación pandémica” de hoy día la imaginación, en cuanto capacidad de hacer presente lo inexistente, lo no experimentado o ausente por medio de imágenes anticipatorias, con el deseo afirmado pulsionalmente en el eros afectual y con el compromiso ético-estético  afianzado en la empatía (por ejemplo, a través de la creación de cuentos o narraciones literarias sobre  pandemias anteriores que por medio de tramas hechas, con base en los conflictos de pares  ético-estéticos  reales opuestos, promovieran identificaciones trascendentes: pudiera ser una guía de referencia,  la novela de José Saramago, La Ceguera, entre otras, así como la creación de historias, música, expresiones plásticas, danzas,  movimientos, vivencias con el cuerpo y su interacción con otras corporeidades, … experiencias  no reproductoras  que  le den sostenibilidad a la imaginación), así se cimentará la esperanza y la confianza en la transformación del devenir de otro mundo posible configurado por relaciones sociales radicalmente diferentes o verdaderamente humanizadoras de la vida natural y naturalizadoras de la vida social.

¡REIMAGINEMOS EL MUNDO!

 

Palabras claves: derecho a una educación-otra, imaginación recreadora, deseo del eros afectual, compromiso ético-estético, empatía.

ilianalopriore11@gmail.com

Imagen tomada de http://www.radiomambi.icrt.cu/

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El reto de garantizar que todos los niños aprendan

Por: Eva Bailén

Desde que se suspendieron las clases en toda España, me han asaltado numerosas dudas y preocupaciones, a la vez que ha crecido en mí una enorme curiosidad

Desde que se suspendieron las clases en toda España, me han asaltado numerosas dudas y preocupaciones, a la vez que ha crecido en mí una enorme curiosidad por saber qué aprendizajes obtendremos de esta situación.

Las dudas están relacionadas sobre todo con el grado de digitalización de la escuela e, irremediablemente, la competencia digital, tanto de los docentes como de los alumnos. Competencias necesarias desde hace tiempo, e imprescindibles estos días para poder trabajar remotamente. Lo cual me lleva a mi principal preocupación: qué va a pasar con esos alumnos que no tienen acceso a un ordenador, una tableta o internet.

Desde mi punto de vista, la situación que estamos viviendo actualmente, producida por la crisis del COVID-19, muestra el carácter urgente, y ahora mismo imprescindible, de la digitalización de la escuela. Asegurar el aprendizaje de todos en esta situación resultará más complicado para unos colegios que para otros, dependerá de los entornos sociales y de la realidad de cada familia. Y la posibilidad de implantación del aprendizaje online dependerá también en gran medida de la edad y madurez de los alumnos. En cualquier caso, para aquellos centros educativos en los que tanto los profesores como los estudiantes estén habituados a trabajar con herramientas digitales, la transición debería ser bastante sencilla.

A los que hemos defendido la necesidad de innovar en las aulas, incorporando por una parte metodologías que sean capaces a la vez de atender a la diversidad y fomentar aprendizajes más duraderos y gozosos, y por otra parte herramientas tecnológicas que propicien la personalización del aprendizaje, nos despierta un gran interés este desdichado experimento forzoso al que se ha visto obligado a someterse nuestro sistema educativo.

Creo que en esta situación es inevitable que surjan preguntas como las siguientes: ¿Cómo se van a impartir las clases? ¿Se dará el paso hacia otros modelos de evaluación? ¿Seremos capaces de adaptarnos en esta situación a los ritmos diferentes de los alumnos? ¿Qué impacto tendrá este drástico cambio en los resultados académicos?

En mi opinión, la situación nos demuestra que definitivamente es imperativo dar el salto hacia lo digital. A los docentes se les pide adaptarse, si no lo habían hecho ya, y pasar a la grabación de píldoras educativas en video, la emisión de clases en streaming, o lo más parecido a las clases tradicionales: impartir clases por videoconferencia para permitir la interacción entre alumnos y profesores. Es también necesario en estas circunstancias el uso de aulas virtuales que permitan compartir contenidos, interactuar con los alumnos en foros de debate, así como entregar y evaluar actividades. Una evaluación que deberá contar con pruebas más allá de los exámenes, que, desde luego, tendrán que adaptarse al nuevo contexto, y que debería introducir herramientas como las rúbricas.

Estamos ante una emergencia que nos invita a digitalizar el aprendizaje a marchas forzadas y que nos brinda nuevas oportunidades de cooperar y compartir contenidos educativos. Y también de sentirnos más responsables que nunca de llegar a todos los alumnos, de hacer efectiva la atención a la diversidad, porque las desigualdades se pueden hacer mucho más evidentes en esta situación. Aquellos que tengan problemas para entender el idioma, que no tengan un lugar en casa para estudiar o los que presenten alguna discapacidad o dificultad de aprendizaje, entre otros, pueden encontrar más barreras en esta nueva situación.

Propiciar el Diseño Universal del Aprendizaje (DUA) puede ser la respuesta a esta emergencia educativa. El reto que se impone es el de garantizar que todos aprenden. En realidad, se debería de haber impuesto siempre, pero en este momento en el que todos están pendientes del éxito de la educación a distancia (no hay más que abrir Twitter y ver los numerosos hilos al respecto) deberíamos trabajar por fin en esa dirección. En el contexto digital encontramos herramientas para salvar ciertos obstáculos, ofreciendo contenidos accesibles, en diferentes formatos, con soporte para varios idiomas y disponibles en cualquier momento. A esto es a lo que se debería aspirar.

Sin embargo, también nos encontramos con la mayor de las barreras: la imposibilidad de acceder a esos recursos, por la falta de medios técnicos. Sin una tableta o un ordenador y sin acceso a internet las posibilidades de éxito se reducen drásticamente. El enorme potencial que supone para el aprendizaje un ordenador con acceso a internet lo constató un profesor de tecnología educativa de la Universidad de Newcastle llamado Sugata Mitra. La experiencia de este profesor, quien demostró que los niños son capaces de aprender solos y aprender unos de otros si se les permite el acceso a un ordenador conectado a internet, debería tener más significado que nunca en este momento de aislamiento.

Ha llegado por tanto la hora de plantearse otro tipo de educación, porque el modelo tradicional se adapta mal, si es que lo hace, a esta crisis provocada por el coronavirus. Podemos salvar el escollo a duras penas, sin obtener ningún aprendizaje que nos ayude a dar un salto hacia la educación personalizada que queremos, o podemos salir de la crisis reforzados, habiendo aprendido algunas lecciones, que solo el tiempo nos dirá si realmente hemos interiorizado.

Me gustaría que gracias a esta crisis se demostrara que es posible, a partir de ciertas edades, impulsar un aprendizaje más autónomo, que permita a los alumnos trabajar tanto individualmente como en grupo, e incluso fomentar una educación que combine la parte presencial con la parte online. Además, creo que la crisis nos puede demostrar que los alumnos son capaces, como los niños de la India que observó Sugata Mitra, de aprender solos y también cooperar entre ellos para ayudarse y para realizar proyectos o tareas.

Me gustaría que de esta situación aprendiéramos el potencial que tienen las herramientas digitales para la personalización del aprendizaje, y para fomentar una educación multinivel, que se adapte a la diversidad de las aulas y que busque, como reclama Salman Khan, creador de la Khan Academy, que todos lleguen a aprender el 100% de lo que sus capacidades les permiten, sin aceptar lagunas que les impidan avanzar.

Nos quedan muchos días de confinamiento aun, pero los profesores y las familias ya están manifestando, como he intentado hacer yo en este artículo, dónde está el punto débil del sistema, y dónde se debería poner más énfasis: la atención a la diversidad y la eliminación de barreras del aprendizaje. Solo deseo que esta crisis nos ayude a reconocer mejor este problema y a buscar soluciones para estos meses difíciles, y para siempre.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/03/23/mamas_papas/1584955654_464322.html

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