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Entrevista: Escuelas inclusivas: la necesidad de derrumbar los prejuicios

 

Entrevista a Emilio Ruiz, especialista en psicología educativa, que brindó este fin de semana una conferencia formativa a padres, familiares y docentes que trabajan con personas con Síndrome de Down, en el marco de las Jornadas 2017 de la fundación Down Is UP: «El camino hacia una vida plena».

Emilio Ruiz es Diplomado en Profesorado de educación General Básica y licenciado en Psicología Clínica y Psicología educativa, lo que le permitió tener una experiencia directa en la enseñanza ordinaria de su ciudad natal Cantabria, al norte de España. Luego realizó una especialización de Postgrado en Educación especial y finalmente obtuvo la Licenciatura en Enamorado de la enseñanza. Como tal, Ruiz lleva 25 años observando de cerca la relación entre la educación y la psicología en los colegios de enseñanza pública, y ha llegado a ser director del Equipo Psicopedagógico en Reinosa. Actualmente es coordinador del Equipo de Interculturalidad en Torrelavega, y junto a la Fundación Síndrome de Down de Cantabria, dirige proyectos de investigación educativa y psicológica. Ha escrito numerosos artículos relacionados con el síndrome de Down, en los que destacan tanto su documentación obtenida del estudio como su valor práctico derivado de su conocimiento y trato directo.

“Trabajamos en la inclusión para que todos los niños con síndrome de Down asistan a las escuelas como cualquier otro niño”, responde al ser consultado sobre su tarea.

Como profesional tiene una doble perspectiva de orientador en contacto con los centros escolares, y de psicólogo viviendo la realidad actual del síndrome de Down en Cantabria. Respecto al síndrome de Down, Ruiz define que la realidad de la integración en España se encuentra en una fase de cierta “comodidad”, algo que no valora como demasiado positivo. “Tras el revuelo que provocaron en los colegios las experiencias de integración de los alumnos con necesidades educativas especiales en los años 90, ahora todos asisten con cierta naturalidad. Los niños pueden asistir a cualquier escuela que quieren ir”, remarcó Ruiz.

No obstante, aclara que “el profesorado sigue teniendo sus dudas, sigue teniendo ese temor a lo desconocido. Pero de a poco comienzan a acostumbrarse a que los chicos con Síndrome de Down tienen su lugar en la escuela, con sus capacidades y características particulares como cualquier otro niño”.

“Una maestra o maestro puede que nunca haya tenido un niño con Síndrome de Down en su vida, así que cuando le llega el primero es como si hubiera nacido de nuevo. Al principio tienen temor porque no saben qué hacer”, agregó. Para superar esos miedos, el especialista recomienda a los docentes a cambiar de actitud hacia el niño. “Lo que más importa aquí es la actitud del maestro. Si el maestro tiene ganas de que ese chico participe de la escuela y sea uno más, de que juegue y comparta los recreos con los demás, de que aprenda con los demás, este chico se sentirá que es igual a todos. La confianza del profesor hacia las posibilidades de ese niño es lo que hace que a ese niño le vaya bien en la escuela”, subrayó.

Para lograr esto, es necesario aprender de los niños, dice Ruiz. “Los demás chicos lo toman con una total naturalidad. Los adultos estamos llenos de prejuicios, prejuicios que se nos fueron formando durante nuestra vida. Se nos ha instalado al Síndrome de Down relacionado con el sufrimiento. Ese prejuicio los niños no lo tienen. Cuando llega un niño con Síndrome de Down a la escuela, los demás chicos lo toman con total naturalidad, es uno más”, sostuvo.

En este mismo marco, Ruiz recomienda a los padres a que confíen en sus hijos y sus posibilidades. “A los padres les digo que crean en sus hijos, que sepan que pueden lograrlo. Esa confianza es la que hará que el niño crea en sí mismo y vaya a la escuela con naturalidad. A partir de ahí, sólo es cuestión de enfrentar el día a día”, dijo y remató: “la inclusión empieza desde que los padres sacan al chico a la calle por primera vez. Es importante como se lo presenta a sus conocidos. Son los padres los que tienen que incluir a sus hijos y ser ejemplos para la sociedad”.

Por otro lado, también los exhortó a unirse y a exigir a las autoridades competentes más y mejores leyes de inclusión. “Padres únanse y creen entidades para luchar por la inclusión. Padres unidos siempre llegan mucho más lejos”, sentenció.

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España: Los centros de Educación Infantil retomarán el diálogo con la Junta con «pocas esperanzas» de conseguir cambios

España/ 29 de agosto de 2017/Por AMANDA SALAZAR/ Fuente: http://www.diariosur.es

El Gobierno autonómico anuncia una convocatoria extraordinaria para solicitar las ayudas para las escuelas infantiles de 0 a 3 años, que podrán presentarse del 1 al 15 de septiembre.

La Asociación de Escuelas Infantiles Unidas (AEIOU) tiene prevista una reunión para el mes de septiembre con el nuevo director general de Centros y Planificación de la consejería de Educación de la Junta de Andalucía; José María Ayerbe, quien se ha mostrado abierto al diálogo tras la aprobación de un decreto regulador que los profesionales consideran insuficiente.

Desde AEIOU consideran positiva esta actitud de apertura tras la entrada de la nueva consejera de Educación Sonia Gaya, y esperan avances aunque, según la vicepresidenta de AEIOU acuden “con pocas esperanzas” de lograr para este curso académico cambios en las tablas de bonificaciones para las familias, que en el curso anterior puso en pie de guerra al sector por suponer un “significativo recorte que pone en serio peligro la conciliación de cientos de miles de familias andaluzas en cuyo hogar trabajan los dos progenitores”.

La Junta ha anunciado una convocatoria extraordinaria para solicitar las ayudas para las escuelas infantiles de 0 a 3 años, que podrán presentarse del 1 al 15 de septiembre. Pero desde la asociación indican que no presenta cambios en cuanto a los tramos de subvenciones con respecto a la convocatoria anterior.

Fuente de la Noticia:

http://www.diariosur.es/malaga/centros-educacion-infantil-20170826171241-nt.html

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España, el quinto país de la UE que menos invierte en educación

España/ 29 de agosto de 2017/ Fuente: http://www.telesurtv.net

Los únicos países del bloque comunitario que destinaron menos de su PIB a educación que España, fueron Rumanía, Irlanda, Bulgaria e Italia.
 Las administraciones públicas españolas destinaron en 2015 un total de 43.780 millones de euros a educación, lo que equivale a un 4,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PBI) de este año, el porcentaje más bajo de toda la Unión Europea (UE), de acuerdo a datos publicados este lunes por Eurostat.

En 2015, los Estados miembros dedicaron más de 716.000 millones de euros al gasto público en educación. Esta cifra equivale a casi el 5 por ciento (4,9 por ciento) del PIB de la UE. «Educación» es el cuarto mayor gasto público, después de «protección social» (19,2 por ciento), «salud» (7,2 por ciento) y «servicios públicos en general», como las relaciones exteriores y la deuda pública (6,2 por ciento).

Los únicos países del bloque comunitario que destinaron menos parte de su PIB en educación que España fueron Rumanía (3,1 por ciento), Irlanda (3,7 por ciento), Bulgaria e Italia (ambos un 4 por ciento). Levemente por encima de España se situaron Alemania y Eslovaquia (4,2 por ciento) y Grecia (4,3 por ciento).

En cuanto al gasto en educación por habitante, encabezan la clasificación Luxemburgo (4.685 euros), Dinamarca (3.368 euros ) y Suecia (2.977 euros). Sin embargo, Rumanía (248 euros), Bulgaria (250 euros) y Croacia (494 euros) registraron los menores niveles de gasto en educación por habitante. La media de la UE fue de 1.405 euros por habitante.

Fuente de la Noticia:

http://www.telesurtv.net/news/Espana-el-quinto-pais-de-la-UE-que-menos-invierte-en-educacion-20170828-0040.html

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Desplazar el centro: por un “nosotros” más amplio

Por: Guadalupe Jover

Un desgarro añadido ha sacudido a los docentes tras los atentados de Barcelona y Cambrils. Al horror por la violencia desatada, al dolor por las víctimas de la barbarie, se suma el estupor por la juventud de los terroristas, hasta hace bien poco unos más entre nuestros estudiantes.

Noura, Bilal, Moha. Aún recuerdo con nitidez los nombres y los rostros de mis primeros alumnos marroquíes, como recuerdo los nombres y los rostros de mis primeros alumnos procedentes de China, de Polonia, de Rumanía, de Ecuador. Tras más de una década compartiendo el día a día con chicas y chicos de apellidos procedentes de muy diferentes geografías, mi mirada ha naturalizado esta diversidad hasta el punto de apenas reparar en ella. Cuando alguien me pregunta si hay muchos inmigrantes en mi centro, en mis clases, tengo que pararme y recapacitar. Para mí da ya lo mismo Salma que Natalia, Khalid que Dani, Hristian que Hugo. Mis chicos y chicas nacieron ya aquí, dominan el castellano, y sus escisiones biográficas y culturales -algunas, bien lo sé, muy dolorosas- no están siempre a la vista. Sonrío al reparar en el contraste de indumentaria entre quienes comparten pupitre – Rachida con la cabeza cubierta, Jessica con su ceñida camiseta de tirantes-, y celebro que entre “los primeros de la clase” estén Moha y Khaoula como lo están también Carlos y Alejandra. Ahora que tanto se habla de preparar a los estudiantes para las inciertas profesiones del futuro se olvida la urgencia de prepararlos para la vida del presente: una vida -la de nuestras ciudades, nuestro mundo- decididamente multicultural y mestiza. Este aprendizaje esencial -el de la convivencia con quienes tienen diferentes costumbres, lenguas y creencias, pero a los que miramos en plano de igualdad y en cuyos zapatos somos capaces de ponernos desde la naturalidad que surge del roce y el afecto – es algo que no puede brindarse en el ámbito familiar ni puede comprar tampoco el dinero. Solo la escuela puede ofrecerlo (o escamotearlo, conviene no olvidarlo).

Pero las desigualdades socioeconómicas pesan, y el entorno de quienes tuvieron que dejar su tierra para poder vivir seguros multiplica las dificultades cotidianas también en lo escolar y en lo académico. Es sangrante constatar que la heterogeneidad de los grupos disminuye en la mayor parte de los institutos a medida que pasamos de 1º a 2º ESO y de 2º a 3º o a 4º. Muchos -ellos, sobre todo- se quedaron por el camino. El alumnado “difícil” acaba por tener un perfil recurrente, y por más que maestras y maestros nos multiplicamos hasta la extenuación reclamando los recursos que podrían salvar a estos chiquillos – también a estas chiquillas, aunque de sus riesgos no nos alerta una trayectoria de disrupción o fracaso escolar- todo es en vano. Alguien no está haciendo sus deberes, y no es justo achacárselo en exclusiva -sin eximir de la parte de responsabilidad que les corresponda- a estos adolescentes y a sus desbordadas familias. El curso pasado salí más de una vez de mis clases de 1º de ESO apretando las mandíbulas por la rabia y la impotencia ante lo solos que los estábamos dejando, que nos estaban dejando.

Los recientes atentados de Barcelona y Cambrils me han provocado una conmoción de la que no logro salir. Inevitable el estupor, el dolor, el temblor al intuir que cualquiera de los míos, de mis hijos incluso, hubiera podido estar ahí. Miro los rostros de quienes vieron segadas sus vidas e imagino qué pudieron pensar, sentir, sufrir. Un niño. Un joven. Una mujer. Ellos -los muertos- somos también nosotros. La violencia ciega nos deja aturdidos, desarbolados, enmudecidos.

Pero si pasan los días y el estupor y el dolor y el temblor no disminuyen es porque por primera vez he sentido que con ellos, con los terroristas, se ha muerto también una parte de nosotros. De la misma manera que ante los menores soldado no veo soldados sino niños, ante las fotos de los terroristas, las difundidas en primera instancia por los Mossos, no veo yihadistas ni marroquíes ni musulmanes. Solo soy capaz de ver adolescentes. Adolescentes de los que éramos también corresponsables y a los que no fuimos capaces de proteger. Y no hablo solo de la responsabilidad de la escuela, sino de la de todos aquellos que, por acción u omisión, hicieron posible la captación de estos jóvenes por quienes no vieron en ellos sino instrumentos eficaces para sembrar el terror.

Al día siguiente del atentado en la sala Bataclan de París (noviembre de 2015), mis estudiantes de 4º de ESO me esperaban en clase necesitados de hablar sobre lo ocurrido: las muertes, las reacciones, los comentarios. Y si algo se quedó grabado en memoria fueron las palabras heridas de Amal, de Mounir, de Hatim al relatar cómo se sentían tácitamente acusados al caminar por la calle, al entrar en el supermercado o al jugar en la plaza. “¿Por qué nos miran así?” “Que yo lleve un pañuelo en la cabeza no quiere decir que apruebe esa salvajada”. El único territorio en que se sentían a salvo -menos mal- era el instituto.

Meses más tarde me pasó algo en 1º ESO que tampoco he olvidado. Estábamos trabajando con relatos fundacionales de diferentes culturas (de la tradición oral africana al Mahabhárata, de los mitos grecolatinos y la Biblia a Las mil y una noches y el Popol Vuh). Había propuesto yo el fragmento bíblico en que Yaveh exige de Abraham el sacrificio de su hijo como prueba de obediencia y lealtad y habíamos realizado diferentes actividades en torno al texto. En un momento dado, Houda me advirtió de que ese episodio también aparecía en el Corán aunque con diferencias significativas. Yo lo ignoraba. Ello nos llevó a hablar de las semejanzas entre la Biblia y el Corán, entre el Cristianismo y el Islam, y me confesé avergonzada de mi absoluto desconocimiento de la religión y la tradición cultural de un porcentaje significativo de mi alumnado.

Creo que el desconocimiento de gran parte de la sociedad española acerca de la religión islámica -sus orígenes, sus principios, sus diferentes corrientes- está en el origen de tantos estereotipos, prejuicios y rechazos. La desaparición de la religión confesional de la escuela -la desaparición de cualquier filtro que agrupe al alumnado en función de sus creencias religiosas- y la incorporación al currículo escolar de la historia y cultura de las religiones es ya una urgencia inaplazable. Pero no solo. Nuestro desafío es la construcción, también desde la escuela, de un “nosotros” mucho más amplio del que reflejan los programas escolares. Un nosotros en el que quepamos todos los que estamos, empezando por las mujeres. Habremos de aprender, como reclama Ngûgî wa Thiong´ó, a “desplazar el centro”. Desplazar el centro del lugar que se ha asumido como tal, Occidente, a una multiplicidad de esferas en todas las culturas del mundo. Y desplazar el centro también “de las minorías de clase establecidas en el interior de cada nación a los centros verdaderamente creativos entre las clases trabajadoras, en condiciones de igualdad racial, religiosa y de género”. De no hacerlo así estaremos empujando a la cuneta a quienes inevitablemente se sienten permanentemente fuera de lugar.

En unos días empezará un nuevo curso, y no podremos entrar en las aulas como si nada hubiera pasado. Habremos, antes de nada, de escuchar lo que alumnas y alumnos tengan que contarnos. Y eso habrá de constituir el cimiento de los itinerarios de aprendizaje que entre todos vayamos construyendo. Nuestros currículos están obsoletos porque en poco contribuyen a iluminar el presente y a forjar un futuro más dignamente habitable. Empecemos modestamente desde abajo y vayamos compartiendo materiales y propuestas. Pero habremos de hacerlo con tacto e inteligencia, no vaya a ser que llevados de nuestra buen voluntad contribuyamos a estigmatizar aún más a un colectivo ya suficientemente señalado desde dentro y desde fuera.

Y si nuestra labor de educadores no se acaba con la jornada escolar, nuestro compromiso cívico no puede tampoco aparcarse a la puerta la escuela: habremos de reclamar políticas educativas y sociales que combatan la exclusión y contribuyan a la equidad y la justicia, y políticas a secas que vayan a los responsables últimos de tamaña barbarie.

*Nombres y situaciones son reales, aunque unos y otras se crucen a veces para preservar la privacidad del alumnado.

Fuente:  http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/08/28/desplazar-el-centro-por-un-nosotros-mas-amplio/

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España, al nivel de Bulgaria en inversión en Educación

España/28 agosto 2017/Fuente: El Boletín

Las administraciones públicas españolas destinaron el 4,1% del PIB en Educación en 2015.

El Eurostat ha hecho públicos este lunes unos datos que no dejan en muy buen lugar a las administraciones públicas españolas. Según datos de Eurostat, España fue el quinto país que menos invirtió en Educación durante el año 2015. Según las estadísticas que maneja esta plataforma, España dedicó el 4,1% de su PIB a educación.

Solo Rumanía, Irlanda, Bulgaria e Italia empeoran el registro de España, aunque en el caso de estos dos últimos países es cuestión de una décima, 4%,

La cifra total que destinó España a educación en 2015 fue 43.780 millones de euros. La suma completa de todos los Estados miembros deja una inversión total de 716.000 millones de euros en 2015 a educación, que supone un 4,9% del PIB comunitario.

Por encima de España, pero levemente, se ubican Alemania y Eslovaquia (4,2%) y Grecia (4,3%). Dinamarca (7%), Suecia (6,5%), Bélgica (6,4%), Finlandia (6,2%), Estonia (6,1%) y Letonia y Portugal (6%), sin embargo, lideran con ventaja sobre los demás.

Fuente: http://www.elboletin.com/noticia/152783/nacional/espana-al-nivel-de-bulgaria-en-inversion-en-educacion.html

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Votar en pañales: la escuela infantil alemana que deja que los niños decidan

Alemania/28 agosto 2017/Fuente: El Diario

En la escuela infantil Dolli Eisntein Haus de Pinneberg las decisiones se toman democráticamente, y se vota todo, desde la comida al cambio de pañales y la adquisición de nuevos juguetes.

En la Dolli Einstein Haus las crisis constitucionales suelen resolverse antes del desayuno. Una mañana, la gran mayoría votó en contra de la propuesta de un delegado, que sugirió comer arroz con leche acompañado de compota de cerezas. Los delegados tuvieron que decidir si querían torrijas o panqueques con puré de manzana. Entonces, otro miembro del consejo propuso salchichas con espaguetis. Una segunda ronda de votaciones consiguió desencallar la negociación: 12 votos a favor y cuatro votos en contra de los panqueques; una mayoría absoluta que no daba lugar a quejas.

A la mayoría de padres que llevan a sus hijos a una guardería les preocupa que sus hijos tengan piojos o un resfriado, o aprendan palabrotas. En cambio, los padres que llevan a sus hijos a la guardería Dolli Einstein Haus, situada en Pinneberg, esperan que sus hijos adquieran otro tipo de hábito: decidir democráticamente.

El centro, que a principios de este año obtuvo la certificación de “primera escuela infantil democrática” de Alemania, quiere poner a prueba la capacidad de negociación de los menores de seis años, y les permite tomar decisiones relativas al funcionamiento de la guardería; desde el menú del desayuno hasta el horario de cambio de pañal.

Tres años y medio después de haber iniciado este experimento, los impulsores de este proyecto no solo han descubierto que la democracia es contagiosa, sino que además los niños tienen una mayor capacidad de consenso que los adultos.

Los educadores de esta escuela infantil situada en el norte de Alemania cuentan el caso de una de las niñas que acude al centro, Pia, de seis años, que se negó a ir a dormir cuando sus padres se lo ordenaron y citó la “constitución” de la guardería, que se muestra en todas y cada una de las aulas: “Puedo decidir cuándo voy a la cama. Es mi derecho”.

La “constitución” del centro reconoce siete derechos básicos: tengo el derecho a dormir; decido qué quiero comer y qué cantidad; decido con qué juego; decido dónde me siento; puedo expresar mi opinión siempre que lo desee; decido con quién quiero acurrucarme, y decido quién me cambia el pañal.

Lejos del modelo ‘antiautoritario’

La directora del centro, Ute Rodenwald, y la subdirectora, Heike Schlüter, se apresuran a distanciarse de los modelos educativos inconformistas vinculados con el movimiento estudiantil de 1968. Huyen de la expresión “antiautoritario”.

“La educación antiautoritaria da por sentado que cualquier grupo de niños aprenderá a autogobernarse por arte de magia”, indica Schlüter. “Desde que aprobamos nuestra constitución y los niños participan en la toma de decisiones tenemos más reglas que antes, no menos”.

Los niños de esta guardería tal vez puedan decidir quién cambia su pañal pero, tras varias reformas constitucionales, la letra pequeña del documento deja claro que son los educadores los que deciden cuándo es necesario hacerlo.

Rodenwald cree que el principal objetivo de este proyecto no es dar voz a los niños sino proporcionarles las herramientas para que puedan desenvolverse en un mundo en constante transformación. “La democracia es mucho más que celebrar elecciones. Tiene que ver con hacer valer la opinión de las personas, también de los niños. Y aprender a tomar decisiones sin ignorar la opinión de los demás”, indica.

Rodenwald explica que debido a que cada vez hay más hogares formados por un padre y una madre que trabajan, también ha aumentado la presión para que las guarderías asuman un papel más activo en la educación de los niños.

Este proyecto fue concebido en 2001 por un grupo de educadores del estado de Schleswig-Holstein, pero empezó a tener éxito seis años más tarde, cuando el primer equipo de Angela Merkel decidió triplicar la cifra de escuelas infantiles. La mayoría de niños que acuden a la Dolli Einstein Haus –gestionada por una organización sin ánimo de lucro, Institución para la protección de los trabajadores, y que debe su nombre a un pájaro hablador de un libro infantil– tienen un año cuando se matriculan y asisten de ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde, de lunes a viernes.

Una vez por semana, cada grupo celebra una reunión en la que se vota en dos ocasiones: una para decidir la merienda y la otra para decidir el desayuno. La primera es un referéndum, ya que los educadores proponen dos opciones, por ejemplo pastel de chocolate y tarta de limón, mientras que la segunda votación permite que sean los alumnos los que decidan cuatro desayunos posibles.

Se escriben las distintas opciones en unos papeles que se dejan en el centro de un círculo formado por los niños. Cada uno de los niños se sienta en un cojín tras escuchar el sonido de un gong. Los niños se dan la espalda para que su voto sea secreto. Cuando llega su turno ponen una piedra de color, llamada Muckelsteine, en su opción preferida.

Decisiones de obligado cumplimiento

El resultado de las votaciones es de obligado cumplimiento. El cocinero de la guardería tiene que acatar las órdenes aunque crea que el menú es poco sano o repugnante. Este principio ha sido una prueba de fuego para los educadores y los padres. De hecho, en alguna ocasión la guardería ha ofrecido como desayuno pizza y estofado con remolacha.

Rodenwald y su equipo puntualizan que, de hecho, son los adultos los que deben aprender a aceptar las decisiones de los niños, no al revés.

“Se trata de ofrecer alternativas”, explica: “Nuestra experiencia nos demuestra que los niños comerán espinacas, ensalada o pan de centeno si les ofreces este alimento y ven cómo otros niños lo comen”.

Otras cuestiones que son más relevantes, como la compra de nuevos juguetes o cambios de las normas del recreo, se deciden en un encuentro mensual del consejo de los niños, al que asisten parejas de niños y niñas que actúan como representantes de su clase. En un encuentro celebrado recientemente, los niños pidieron a sus delegados que se pronunciaran después de que Rodenwald decidiera comprar un par de triciclos sin consultarlo.

“Era una buena idea y sabemos que a los niños les encantan los triciclos así que decidí comprarlos”, indica. “Los niños no dudaron en recordarnos que no nos habían dado su aprobación para tomar esa decisión. Fue uno de esos momentos en los que sabes que lo estás haciendo bien”.

“No sé si los niños son los mejores demócratas, pero sin lugar a dudas son menos calculadores. No hacen ninguna afirmación solo para satisfacer a los demás”.

Los niños educados con este sistema democrático podrían tener conflictos de poder en casa pero, hoy por hoy, ningún padre ha sacado a su hijo de esta guardería.  Todo lo contrario: en febrero, otros siete centros obtuvieron el certificado de “guardería democrática” y otros 12 lo obtendrán antes de que termine el año. La organización sin ánimo de lucro quiere que en 2020 las 58 guarderías de Schleswig-Holstein funcionen con este sistema de democracia interna.

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/Vota-guarderia-alemana-ninos-decidan_0_675782730.html

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España: Las familias exigen a Educación recursos para los alumnos con necesidades especiales

España/28 agosto 2017/Fuente: Diario de Ibiza

Piden que se tengan en cuenta las necesidades de cada niño y que se agilice la sustitución de los auxiliares educativos.

Las asociaciones que trabajan en las Pitiusas con niños y adolescentes discapacitados o con necesidades especiales exigen a la conselleria balear de Educación que dote a los colegios e institutos de los recursos necesarios para estos alumnos. Estas agrupaciones reclaman especialmente que el Govern estudie cada caso de forma individual, es decir, que no considere a estos escolares como «números» y tenga en cuenta las necesidades de cada uno de ellos.

Carmen Boned, portavoz de la Asociación de Personas con Necesidades Especiales de Ibiza y Formentera (Apneef), reclama que todos los centros cuenten «con la dotación necesaria» de personal. «Es el principal problema, porque en lo que respecta al material más o menos tienen lo necesario y, si no, lo van completando, lo básico es que todas las aulas cuenten con el personal adecuado», añade la representante de la asociación, que lamenta que, los últimos cursos, hayan tenido que estar reclamando constantemente más personal para estos alumnos: «Dicen que hay más, pero no tenemos esa sensación. Durante la crisis, con los recortes, se perdieron muchos. Ahora no sé si es que no se ha recuperado, que cada vez hay más niños con necesidades especiales o que los casos son más graves, pero falta personal».

La portavoz de Apneef señala que se refiere especialmente a los auxiliares técnicos educativos (ATE): «Son fundamentales porque son los que están más cerca de los niños y de las familias». Boned recuerda los problemas con los que se encuentran año tras año para sustituir a uno de estos profesionales. «Si no están, ¿quién les cambia el pañal, les da de comer o está pendiente de ellos?», pregunta Boned, que indica que otro de los proyectos pendientes que debería abordarse es el banco de material.

«Se trata de un sistema que facilite a los centros el intercambio. Puede que un centro tenga una silla para un niño de tres años, que éste crezca y en ese centro no haya otro niño pequeño que la utilice. Quizás otro centro necesita una y podría utilizar ésa», comenta.

Banco de material

La asociación ya ha comentado este tema con la delegación territorial de la conselleria, a la que ha pedido que haga un inventario de todo el material, de manera que los responsables de los centros pueda saber de forma inmediata qué está disponible. Apneef defiende que esto agilizaría que los pequeños contaran con todo lo que necesitan y, al mismo tiempo, optimizaría el gasto, ya que no se comprarían elementos de forma innecesaria.

Por último, Apneef reclama a Educación que dé opciones de Formación Profesional a los alumnos con necesidades especiales que puedan cursarla. Critica que en este momento tienen muchas dificultades para acceder a ella.

Esta última petición también la ha hecho la Asociación Pitiusa por la Inclusión Educativa y Social (Apies). Su presidenta, Lola Peñín, también pide a la conselleria de Educación «que cada niño tenga los recursos que realmente necesita». «No todos tienen la misma discapacidad ni el mismo grado. Lo que no se puede hacer es decir que un centro tiene a ocho niños con necesidades especiales y darle los recursos para ocho, sin valorar las necesidades individuales. Igual uno necesita sólo un par de horas de refuerzo a la semana mientras que otro requiere un acompañamiento constante», añade.

Aulas y patios inclusivos

Apies exige, además, la continuidad del profesorado y del personal de apoyo que atiende a estos niños, la creación de una escuela de padres y que las aulas y los patios sean «diversos e inclusivos». «Las aulas específicas deben dejar de ser el lugar en el que acaban los niños con diversidad funcional», afirma.

Peñín recuerda que la asociación ha hecho esta petición al conseller balear de Educación, al Defensor del Menor y al presidente del Parlament balear, por lo que confía en que les hagan caso.

Amparo Álvarez, presidenta de la asociación Asperger Ibiza y Formentera, pide a la conselleria balear de Educación que dote «a todos los centros educativos del personal específico necesario». Apunta, sobre todo, a los auxiliares y a los especialistas como los expertos en pedagogía terapéutica o en audición y lenguaje. «Hay pocos recursos y en ocasiones es difícil, en un aula con 24 niños, prestar toda la atención que estos pequeños necesitan» apunta Álvarez.

Desde la Asociación Pitiusa de Familiares de Enfermos Mentales (Apfem) reclaman también «más recursos», especialmente de personal, así como una mayor comunicación de los centros con las familias de los alumnos diagnosticados de autismo o con trastorno de déficit de atención o hiperactividad.

Fuente: http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2017/08/27/familias-exigen-educacion-recursos-alumnos/936589.html

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