España/22 de Mayo de 2017/La Nueva España

Dos marchas reivindicando mejoras recorren el centro de Oviedo.
La Educación asturiana ha vivido este jueves una jornada de protestas. Profesores de la enseñanza pública y miembros de colegios concertados han salido a la calle para exigir cambios en la política de la Consejería del ramo.
El profesorado exige mejoras
Un cuarto de millar de personas han exigido este jueves ante la Consejería de Educación la reversión de los recortes que afectan a las condiciones laborales del profesorado y a su jornada laboral. Convocados por la Junta de Personal Docente no universitario han reclamado al Consejero de Educación, Genaro Alonso, que abra una negociación para minimizar los efectos del Real Decreto 14/2012.
Las organizaciones sindicales que componen la Junta (Suatea,FETE-UGT, ANPE, FE-CCOO, CSIF y CSI) han pedido la restitución de las 18 horas lectivas en Secundaria, las 23 en primaria y el cumplimiento del acuerdo de plantillas para las etapas de Primaria e Infantil.
El presidente de ANPE, Gumersindo Rodríguez, ha manifestado que el profesorado está «harto de sensibilidades y promesas» y quiere «soluciones» a su situación. De esta manera ha respondido a las palabras de esta mañana de Genaro Alonso que ha asegurado que compartía y era «sensible» a la reivindicación horaria del profesorado de la pública, pero que mientras siguiera vigente el decreto de 2012 «legalmente» no puede retomar la jornada de 18 horas.
En ese sentido, Rodríguez ha animado a la Consejería a «cumplir su compromiso» ya que fue ella misma la que planteó como «un objetivo para esta legislatura» la recuperación de las 18 horas. «Y no lo está cumpliendo», ha añadido.
Maximina Fernández de FETE-UGT ha manifestado que tras diez años de crisis con «cada vez más recortes en la escuela pública asturiana» y los «gobernantes pretenden perpetuar la situación actual». «No estamos de acuerdo en ese sentido y nos tendrán que devolver todos los derechos que nos arrebataron en su momento», ha puntualizado.
Desde CCOO, Enrique Fernández ha reivindicado la «necesidad» de empezar a negociar con el Gobierno regional la «reversión de los recortes educativos». «Sólo pedimos sentarnos a negociar», ha manifestado. En esa línea, ha asegurado que en otras comunidades autónomas se están «llevando a cabo estas negociaciones».
«No entendemos por qué el consejero de Educación se niega a negociar con los sindicatos estas condiciones laborales que estamos convencido que van a repercutir en la mejora de la enseñanza en Asturias», ha concluido el representante de Comisiones Obreras.
Emma Rodríguez de Suatea, ha destacado el carácter «claramente unitario» de la convocatoria que debería suponer «un punto de inflexión» para que la Consejería se siente a negociar con los sindicatos. Rodríguez ha reiterado los argumentos de Fernández y ha subrayado que en Asturias también se «debería de poder» mejorar las condiciones del profesorado si en otras comunidades se ha podido hacer con «la misma normativa estatal».
Por último, Vicenta Acebal de la CSI ha declarado que para su sindicato las condiciones de trabajo en Primaria y Secundaria son «malas» y sobre todo más que un problema de condiciones laborales es un problema de que los profesores «no tienen tiempo para educar como se debe». «No podemos atender al alumnado y no podemos preparar las clases como sería conveniente», ha concluido refiriéndose a la actual carga horaria que soporta el profesorado.
En la muestra de Carmela García ocupan un lugar relevante las militantes de “Mujeres Libres”, organización anarcosindicalista que desplegó su actividad durante la guerra española de 1936 y llegó a contar con 20.000 afiliadas. Así, la abogada y pedagoga Mercedes Comaposada Guillén, la médica Amparo Poch y Gascón o Lucía Sánchez Saornil, entre otras, promovieron un feminismo anarquista “que no subordinaba la autonomía de las mujeres a las aspiraciones de la revolución social”, destaca la profesora de Historia de la Educación en la Universitat de València y militante del movimiento feminista, Llum Sanfeliu. Fue Lucía Sánchez Saornil la gran impulsora de la revista “Mujeres Libres”, quien se hizo cargo de la línea editorial y ha inspirado a Carmela García para la presente exposición. Pero tan importantes como las personas son los espacios de la memoria. De ahí la fotografía del Conservatorio de Valencia, donde se celebró en octubre de 1937 la Segunda Conferencia de Mujeres Antifascistas. O, en el siglo XXI las “Mujeres de Negro”, que manifiestan su luto contra la guerra y a quien la artista fotografía bajo un imponente ficus. También las “Lesbian Band”, que en una de las imágenes de la muestra ensayan el son de las “batukadas” debajo de un puente. El arte, lo lúdico y lo festivo como vía de autoafirmación.
Imágenes de gran formato, un mapa “subjetivo” con documentos, acotaciones, fotografías sobre asociaciones de mujeres de los años en que Valencia fue capital de la II República… ¿Qué queda de todo ello en la actualidad? Tal vez sea la pregunta que haya motivado el trabajo de la fotógrafa. Y la artista canaria quizá responda captando las imágenes de una ristra de colectivos (actuales) de mujeres: “Las Heidis”, “Joves Desobedients”, “Mujeres Libres”, “Dones de Frontera”, “Dones Progressistes” o la “Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas del País Valenciano”. “Ellas necesitan asociarse para tener más fuerza en el espacio público, como forma de resistencia y para sobrevivir; por esta razón hago las fotografías en la ciudad”, explica la autora en un recorrido guiado por la exposición. Llama la atención a los visitantes sobre un muro, que no es urbano. Se trata de una réplica de la pared de su estudio, donde cuelga anotaciones, ideas, dibujos y fotografías, como la de un cuadro que pintó Lucía Sánchez Saornil; pero no el paisaje entero, sino –ampliada- la parte que aloja la firma. Hay también en el muro simples hojas, con una leyenda a bolígrafo y subrayado en rotulador: “Lo que no se ve no se nombra, y lo que no se nombra no existe”.
De la docena de fotografías sólo hay dos retratos individuales. Uno es la de Mariló Rodríguez, del colectivo “Joves Desobedients”, que en los años 90 del siglo pasado realizaban acciones como salir de noche con antorchas para reclamar seguridad frente a las agresiones sexuales. Tomada en el centro histórico de Valencia, la fuerza de la imagen hace que vaya a figurar en la portada de una próxima publicación, según informa Carmela García a los visitantes. El segundo retrato es el de Heide Braun, una librera especializada en temática feminista. Con la biblioteca de la universidad al fondo, su figura cuestiona los tradicionales espacios de poder y la manera en que históricamente se ha negado a las mujeres el acceso al conocimiento. Se produce, así pues, un choque entre espacios, que también se da en la fotografía de tres jóvenes activistas en el tradicional barrio del Cabanyal, en Valencia, amenazado desde hace décadas por los procesos especulativos y de “gentrificación”. Las muchachas forman parte del colectivo “Brúfol”, que trabaja en la formación no reglada, con mujeres y en el ocio con niñas y niños en situación precaria. La imagen pone de manifiesto la degradación de esta barriada marinera.







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