España /www.navarra.elespañol.com / 19 de Abril de 2017.
Los menores deberán ir acompañados por un adulto y la entrada es libre y no es necesario inscribirse previamente.
El Museo de Educación Ambiental ha organizado este jueves 20 de abril un mercadillo de intercambio de juguetes. De 10 a 13 y de 18 a 20 horas, los niños podrán participar en un trueque de juguetes, como forma de sensibilización y educación sobre la vida de los productos, su posible reutilización y el exceso de consumo.
Los menores deberán ir acompañados por un adulto y la entrada es librey no es necesario inscribirse previamente, ha explicado el Consistorio pamplonés en una nota.
El mercadillo tiene la siguiente dinámica: cada niño llevará un juguete que ya no use, que puede ser cualquier juguete, libro, cuento, puzzle o juego de mesa. Cuando todos los niños hayan colocado sus juguetes en la mesa empezarán a dar vueltas por la sala, observando todos los que estén disponibles, para ver por cuál quieren cambiar el suyo.
Decididas las preferencias, se realizará el intercambio. Esta labor estará supervisada por las educadoras del Museo para garantizar que se hace de forma ordenada y que todos los niños se quedan lo más contentos que sea posible con el trueque. Después, como en años anteriores, los niños tendrán algún tiempo para empezar a disfrutar de sus ‘nuevos’ juguetes, aprendiendo así que las cosas pueden tener una segunda vida mediante la reutilización.
El 40% de la población española no lee nunca un libro. Nada: ni las cincuenta sombras, ni la ley de la atracción, ni un libro de recetas para el táper del curro. Así lo atestigua el último informe que publica el gremio de editores de España. Jamás. Nunca. Ni en el día del libro, ni en la consulta del médico, ni en el tren, ni en la hamaca una larga tarde de verano.
Por: Inma Martin Alegre.
Grito en el cielo, vestiduras rasgadas. El cómo puede ser, así nos va, qué desastre de sociedad da para un artículo, sin duda. Una denuncia, un lamento escrito desde alguien que pertenece a lo que el citado informe califica como núcleo duro de lectores: los que, al contrario que los primeros, leen diariamente, «como un hábito consustancial en su vida».
Dicho comentario indignado lo leerán, probablemente, personas de usos similares al del articulista, es decir, ese grupo lector que según el informe consume, además de libros, otros productos culturales como el cine, el teatro o las exposiciones de arte. Un contenido que consultan y conocen a través de, por ejemplo, revistas culturales online, en las que también se refleja la opinión de los colaboradores.
Así el artículo de invectiva contra la lectura es publicado en uno de estos medios y sus lectores y lectoras habituales lo leen y se indignan. Y twittean. Se inicia la discusión: no es solo leer o no, atención, es el «qué» se lee. Que si el canon, que si el bestseller, que si odio a Ken Follet con toda mi alma o que el laberinto de los libros perdidos me da jaqueca.
Todas estas personas comparten un punto de partida común en su análisis: leer es más que un hábito. Y no son pocos. El núcleo de lectores habituales no solo está creciendo, sino que también lo hace en su actividad: los que leen son más y leen más libros (12 libros al año de media).
Pero las previstas discusiones y vehemencias respecto a la noticia hacen sospechar que, para estos, la lectura es más que un disfrute: contiene, en términos del sociólogo Pierre Bourdieu, un capital simbólico. Esto es, el hábito de la lectura genera una imagen de prestigio, de cultura y conocimiento respecto a los otros individuos con los que uno se relaciona. Además de ser un lector habitual, hay que parecerlo.
Marylin Monroe leyendo el Ulises de James Joyce.
¿Por qué, por qué por el fútbol me abandonas?
Y por la Play, y por las cañas, el cine, y por supuesto, la series de TV. Dejando a un lado a los letraheridos y sus discusiones, queda aún ese flagrante 40% de negadores de páginas. Es evidente que, para estos, la lectura no solo no es un entretenimiento sino que tampoco aporta un valor simbólico importante. Al contrario, leer carga con connotaciones negativas. El propio lenguaje las recoge. Rata de biblioteca,bookworm (gusano de libros), son calificativos que retratan al lector mustio y miope escondido entre volúmenes polvorientos. Existe un imaginario compartido por parte de la sociedad que transmite que leer es aburrido y que no sirve.
El sistema educativo tampoco ha ayudado mucho. Cuánto daño hicieron las lecturas obligatorias… Leer el Quijote o la Regenta a edad intempestiva los hizo enemigos de muchos. Hicieron falta años para volver a estas obras con la bandera blanca alzada.
¿Cómo fomentar la lectura?
El fomento de la lectura es todo un reto. Y para ello se hace gala de la misma creatividad que nos vende otros artículos: desde lemas como el #readingissexy, que muestra celebrities (guapas) de todos los tiempos libro en mano, para romper con la imagen del empollón granuloso, a campañas creativas para que los niños y niñas se desarrollen el hábito.
Loable es también el trabajo de las bibliotecas municipales, pequeños templos de amor a las páginas. Se olvida a menudo la función discreta pero esencial de los señores y señoras bibliotecarios: echen un vistazo a sus recomendaciones, una buena manera de leer cosas de calidad de hoy, ayer y siempre sin necesidad de suplementos culturales.
Finalmente, como tantas otras cosas, todo empieza por contagio: familias lectoras, amigos lectores. Lavarse los dientes, leer un libro antes de acostarse. La lectura, además, es un hábito que se vuelve más complejo con su práctica constante: la última lectura se alimenta de las previas, se complejiza y se vuelve más idiosincrática con la edad. Hay una reconfortante sensación de libertad en la elección del próximo libro. Y un vértigo, también, porque en lugar de esa obra se deja de leer otra. El clarividente Borges ya apuntó la importancia de nuestras elecciones literarias: «somos lo que leemos, y nuestro cerebro se transforma literalmente a través de los textos que introducimos en nuestra mente».
Por último, y parafraseando a otro grande, la lectura ha de ser un acto de amor. Italo Calvino así lo propone en su maravilloso ensayo Por qué leer los clásicos:
«Si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino solo por amor.»
Una de cada cuatro familias ya utiliza internet y los dispositivos móviles para educar a sus hijos, aunque la mayoría lo hace sin un criterio adecuado, según Antoni Aguilar, director de la Escuela Pía de Mataró (Barcelona) y experto en tecnología aplicada a la educación.
Europa/España/18.04.2017/Autor y Fuente: http://www.diariodeferrol.com/
Una de cada cuatro familias ya utiliza internet y los dispositivos móviles para educar a sus hijos, aunque la mayoría lo hace sin un criterio adecuado, según Antoni Aguilar, director de la Escuela Pía de Mataró (Barcelona) y experto en tecnología aplicada a la educación.
Aguilar aseguró que uno de cada diez abuelos también “han incorporado las tecnologías a su vida y a la de sus nietos porque la ven muy o bastante bien para educar”, pero avisa de que “esta incorporación de dispositivos no viene acompañada, en la mayoría de los casos, de herramientas y criterios para su gestión”.
Debate
Internet, ordenadores, tabletas y teléfonos móviles como la Educacion e internet.
Herramienta educativa avanzan su implantación como instrumentos pedagógicos en las escuelas significativamente, lo que ha generado un debate entre docentes sobre sus ventajas e inconvenientes.
Actualmente, el 26,4 por ciento de padres y madres de entre 35 y 44 años que utilizan las TIC consideran que internet y los diferentes dispositivos móviles “le sirven mucho o bastante para educar”, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas.
Una opinión que también comparten el 21,7 por ciento de los padres de 45 a 54 años, configurando en total un colectivo que en España llega a ser una de cada cuatro familias.
Aguilar apuntó que “estos datos indican que las familias han incorporado, en menor o mayor medida, las tecnologías a su vida y a la de sus hijos”, pero advirtió de que “esta incorporación de dispositivos no viene acompañada de consejos y guías para poder hacer un uso libre, adecuado y crítico”. Internet y, sobre todo, el ordenador, son utilizados de manera mayoritaria en edades anteriores a los 10 años, mientras que la disposición de teléfono móvil se incrementa significativamente a partir de los 10 años.
“Hemos dado a los niños herramientas muy potentes y les hemos cargado de una gran responsabilidad sin que, en la mayoría de los casos, tengan la capacidad de gestionarla”, dijo Aguilar.
España/18 de abril de 2017/Autor: EUROPA PRESS/Fuente: La Voz de Galicia
El teléfono contra el «bullying», arrancó el pasado 1 de noviembre del 2016 y funciona las 24 horas del día los 365 días del año
El acoso escolar es un tema que preocupa, más desde que el falso anonimato que proporcionan las redes sociales parece haber incrementado los casos. De hecho, el Ministerio de Educación ha trasladado a la policía y a la guardia civil un total de 74 casos, además de otros 156 que ha puesto en manos de la alta inspección educativa para que sean investigados.
Son los supuestos más graves detectados por los psicólogos y expertos que atienden el teléfono contra el bullying puesto en marcha por ese departamento, el 900018018, que, en los cinco meses y medio que lleva funcionando, ha recibido 14.491 llamadas.
Hasta ahora, el departamento que dirige Íñigo Méndez de Vigo había ofrecido de forma regular el total de llamadas y de potenciales casos de acoso en el entorno escolar, que hasta la fecha ascienden a 5.325, pero no los derivados a la alta inspección, policía y guardia civil. Los sucesos más complejos representan, por tanto, el 7,2 %.
El teléfono contra el bullying que forma parte del Plan Estatal de Convivencia Escolar, arrancó el pasado 1 de noviembre del 2016 y funciona las 24 horas del día los 365 días del año. Los datos revelan que ha recibido una media de 90 llamadas diarias.
Desde la Dirección Xeral de Igualdade también organizan charlas sobre el asunto en los centros de Galicia.
Las fobias sociales son enfermedades que se deben superar. Convertir en creencia la idea de la igual dignidad es el modo ético de superar los conflictos entre el discurso de la intolerancia y el respeto a la libertad de expresión.
Hacia 1944 vio la luz el libro autobiográfico de Stefan Zweig El mundo de ayer. Memorias de un europeo.En él recordaba el comienzo del siglo XX desde el peculiar observatorio en el que había vivido como austríaco, judío, escritor, humanista y pacifista. Y consideraba un deber moral contar ese relato para aviso de navegantes, porque nada podía llevar a pensar en los umbrales del nuevo siglo que ya en su primera mitad se iban a producir dos guerras salvajes en suelo europeo. Los jóvenes educados en la Austria imperial, en un ambiente seguro y estable, creían periclitado cualquier episodio de barbarie y no veían en el futuro sino signos de progreso. No podían sospechar que ya se estaba incubando el huevo de la serpiente.
Ese relato resulta familiar a quienes hemos vivido la experiencia de la transición española a la democracia. En los años setenta del siglo pasado creíamos haber ingresado en la senda del progreso social y político, quedaban atrás los conflictos bélicos, propiciados por ideologías enfrentadas, por la desigualdad en oportunidades y riqueza, y se abría un camino de cambios a mejor. Hoy, sin embargo, es urgente aprender de europeos como Zweig para tomar conciencia de que las semillas del retroceso pueden estar puestas y es necesario frenar su crecimiento destructivo. Como bien dice Federico Mayor Zaragoza, la Unión Europea debería ser el catalizador de la unión mundial. Una de esas semillas destructivas, como en el tiempo de Hitler y Stalin, es el triunfo de los discursos del odio.
Se entiende por discurso del odio cualquier forma de expresión cuya finalidad consiste en propagar, incitar, promover o justificar el odio, el desprecio o la aversión hacia determinados grupos sociales, desde una posición de intolerancia. Quien recurre a ese tipo de discursos pretende estigmatizar a determinados grupos y abrir la veda para que puedan ser tratados con hostilidad, disuelve a las personas en el colectivo al que se agrede y lanza contra el conjunto su mensaje destructivo.
Hay que tomar conciencia de que las semillas del retroceso pueden estar puestas
Tal vez el rótulo “odio” no sea el más adecuado para referirse a las emociones que se expresan en esos discursos, como la aversión, el desprecio y el rechazo, pero se trata en cualquier caso de ese amplio mundo de las fobias sociales, que son en buena medida patologías sociales que se deben superar. Se incluyen entre ellas el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la misoginia, la homofobia, la aversión a los miembros de determinadas confesiones religiosas, o la forma más común de todas, la aporofobia, el rechazo al pobre. Y es que las emociones, a las que tan poca atención se ha prestado en la vida pública, sin embargo la impregnan y son especialmente manipulables por los secuaces del flautista de Hamelín. Así fue en la primera mitad del pasado siglo y está siéndolo ahora cuando los discursos fóbicos proliferan en la vida compartida.
Desde un punto de vista jurídico, el principal problema estriba en el conflicto entre la libertad de expresión, que es un bien preciado en cualquier sociedad abierta, y la defensa de los derechos de los colectivos, objeto del odio, tanto a su supervivencia como al respeto de su identidad, a su autoestima. El problema es sumamente grave, porque ninguno de los dos lados puede quedar eliminado.
n principio, por decirlo con Amartya Sen, la libertad es el único camino hacia la libertad y extirparla es el sueño de todos los totalitarismos, lleven el ropaje del populismo o cualquier otro. La experiencia de países como China, Corea del Norte o Venezuela no puede ser más negativa.
Se trata de defender los derechos de quienes son socialmente más vulnerables
Pero igualmente el derecho al reconocimiento de la propia dignidad es un bien innegociable en cualquier sociedad que sea lo bastante inteligente como para percatarse de que el núcleo de la vida social no lo forman individuos aislados, sino personas en relación, en vínculo de reconocimiento mutuo. Personas que cobran su autoestima desde el respeto que los demás les demuestran. Y, desde esta perspectiva, los discursos intolerantes que proliferan en países de Europa y en Estados Unidos están causando un daño irreparable. Por sus consecuencias, porque incitan al maltrato de los colectivos despreciados, y por sí mismos, porque abren un abismo entre el “nosotros” de los que están convencidos equivocadamente de su estúpida superioridad, y el “ellos” de aquellos a los que, con la misma estupidez, consideran inferiores.
Naturalmente, el derecho está abordando desde hace tiempo estas cuestiones, preguntándose por los criterios para distinguir entre el discurso procaz y molesto, pero protegido por la libertad de expresión, y los discursos que atentan contra bienes constitucionales. Como se pregunta también por las políticas de reconocimiento desde el marco de las instituciones.
Sin embargo, el derecho, con ser imprescindible, no basta. Porque el conflicto entre libertad de expresión y discurso del odio no se supera solo intentando averiguar hasta dónde es posible dañar a otros sin incurrir en delito, hasta dónde es posible humillar su imagen sin llegar a merecer sanciones penales o administrativas. En realidad, las libertades personales, también la libertad de expresión, se construyen dialógicamente, el reconocimiento recíproco de la igual dignidad es el auténtico cemento de una sociedad democrática. Tomando de Ortega la distinción entre ideas y creencias, que consiste en reconocer que las ideas las tenemos, y en las creencias somos y estamos, podríamos decir que convertir en creencia la idea de la igual dignidad es el modo ético de superar los conflictos entre los discursos del odio y la libertad de expresión, porque quien respeta activamente la dignidad de la otra persona difícilmente se permitirá dañarla.
En su libro El discurso del odio se preguntaba Glucksmann si el odio merece odio y respondía que para combatirlo basta con sonreír ante su ridículo. Sin embargo, y regresando al comienzo de este artículo, no creo que haya que sonreír ante el odio, ni siquiera con desprecio. Porque es destructor y corrosivo, quiebra el vínculo humano y provoca un retroceso de siglos.
Cultivar un êthos democrático es el modo de superar los conflictos entre la libertad de expresión y los derechos de los más vulnerables. Porque de eso se trata en cada caso: de defender los derechos de quienes son socialmente más vulnerables y por eso se encuentran a merced de los socialmente más poderosos.
Binta y la gran idea es un cortometraje dirigido por Javier Fesser que fue nominado en 2007 al Óscar al mejor cortometraje.
El cortometraje forma parte de la película En el Mundo a cada rato, donde cinco directores muestran su propia visión sobre las distintas realidades que afectan a la infancia y por las que UNICEF trabaja en todo el mundo. En el corto se nos muestra la necesidad de una educación para las niñas del Tercer mundo.
Sinopsis
Binta y su padre, un humilde pescador que, preocupado por el progreso de la humanidad, está empeñado en llevar a cabo algo que se le ha ocurrido.Escribe una carta que acaba llevándole al gobernador. Mientras tanto, la prima de Binta, Soda, no puede ir a la escuela, ya que su padre no la deja. A lo largo del cortometraje, el profesor de la escuela prepara un teatro, en el que se narra la historia de una niña que quiere ir a la escuela, pero que no la dejan. Toda la película trata sobre esos dos temas paralelos: como el padre de Binta quiere llevar su idea a cabo y de como la madre de Soda y la propia niña quieren convencer al padre de Soda para que la chica pueda ir al colegio. Al final de la obra, se descubre que la gran idea del padre de Binta consistía en adoptar a un niño blanco (niños tubabs, como los llaman ellos) para enseñarle los verdaderos valores de la vida, como son la igualdad, la amistad y el amor. La obra del profesor se interpreta delante de todo el pueblo, y al finalizar esta, Soda, en un acto de valentía, le pide a su padre delante de todo el mundo que la deje ir al colegio. La gente del pueblo la apoya, y el padre decide dejarla ir al colegio. El cortometraje finaliza con los niños del colegio y el profesor, que juegan a que las palmeras son fuegos artificiales, demostrando así que no se necesita mucho para ser felices.
Reparto
Zeynabou Dialló à Bignona interpreta a Binta.
Agnile Sambou à Mampalago interpreta a Pescador.
Aminata Sané à Oulampane interpreta a Soda.
Ismaïla Hercule Diedhiou à Bignona interpreta a Souleyman.
Fatuo Drámé à Mampalago interpreta a la madre de Binta.
Awa Kébé à Mampalago interpreta a la madre de Soda.
Fanding Diedhiuo à Oulampane interpreta al padre de Soda.
La colaboración del alumnado entre sí, de las familias, de personas voluntarias o asociaciones, se han convertido en marca de la casa de centros como el CEIP Manuel Núñez de Arenas.
Manuel Núñez de Arenas es hoy seguramente un personaje desconocido. Hace 100 años fue uno de los padres de la Escuela Nueva, también, un socialista convencido y miembro del Partido Comunista. Además, fue docente de francés en España y de español en Francia. Exiliado al país vecino durante la dictadura de Primo de Rivera y tras la caída de la República.
Hoy es el nombre que llevan dos colegios. Nos hemos acercado al que está en Madrid, en el barrio de El Pozo, y que el año pasado cumplió 50 años.
En la puerta nos reciben unas docentes, nos indican la puerta de conserjería, en donde esperamos a que nos atienda Marta González de Eiris, la directora. Vamos con un grupo de madres que quieren visitar el colegio para tomar la decisión sobre si matricular a sus criaturas de 3 años para el próximo curso.
Hay decoración y plantas por todas partes. En el exterior, columnas de colores, también algunos ladrillos pintados de dos de los edificios principales del colegio.
El Núñez de Arenas lleva seis años inmerso en una espiral de renovación que les ha llevado de tener problemas con los resultados académicos de su alumnado a convertirse en uno de esos centros de referencia en el sur de Madrid.
Desde hace unos tres años, nuevas familias empiezan a interesarse por un colegio que no usa libros de texto, que trabaja por proyectos, con grupos interactivos y con la ayuda de asociaciones, familias voluntarias, erasmus checos, estudiantes en prácticas y todo aquel que quiera echar un cable. Hace ya algún tiempo que sus iniciativas han llamado la atención de los medios de comunicación y estos han hecho que más y más familias piensen en este colegio como una interesante posibilidad.
Marta acompaña a las madres por el centro contándoles, por ejemplo, que la biblioteca del centro está adscrita a la red de la Comunidad de Madrid, de manera que no solo la usa el alumnado, sino que está abierta al barrio. O que trabajan todos los años en grandes proyectos de investigación propuestos o nacidos de los intereses de niñas y niños. También que hacen un importante trabajo en relación a la justicia social mediante un concepto. Durante los primeros 15 días de cada curso. Este año ha sido el respeto.
Después, en octubre, llega el momento en el que los alumnos lanzan ideas sobre las que quieren aprender: el espacio, los animales, las joyas, las plantas… estos son algunos de los que surgieron. Después de tener la lista, se vota cuáles se trabajarán. A principio de curso se decidieron a investigar sobre el espacio. Ahora están con los animales y las plantas.
En infantil las cosas funcionaron de forma diferente. Un alumno llevó un día un muñeco con forma de pulpo que despertó el interés de sus compañeros y compañeras. Desde ahí, la maestra propuso investigar sobre los pulpos (y sobre el fondo del mar). En otra clase fue gracias a un niño que le encantan los superhéros e iba un día sí y otro también con una capa a clase.
Entre los resultados de este trabajo, los pasillos, los techos, las aulas, se llenan de pulpos, peces, estrellas de mar, capaz, jirafas o cocodrilos. Plantas colgantes o lianas.
El año anterior, por ejemplo, el gran proyecto del centro fue el 50 cumpleaños del colegio. Cada grupo, cada etapa decidió sobre qué quería saber en torno al aniversario: las vivienda de El Pozo en los años 60, la asociación de vecinos, los animales, las calles…
Un grupo de madres visita el centro para conocer sus metodologías.
Pero, todo esto, ¿de dónde sale?
El Núñez de Arenas es un colegio no muy grande. Desde hacía algunos años, parte del claustro venía planteándose la necesidad de cambiar las prácticas el centro. Los resultados no eran buenos, si querían cambiarlo debían cambiar la metodología.
Y hubo suerte. En estos momentos, llegaba Isabel Vizcaíno, una maestra con bastante formación sobre aprendizaje por proyectos, que ayudó a Marta y a otros docentes como Ignacio Fernández, jefe de estudios en ese momento, a terminar de quitar los libros de texto, tanto de infantil como de primaria.
Y junto al trabajo por proyectos, llegaron otras metodologías o herramientas y, con esto, la necesidad de más formación. Marta asegura que el cambio en el Gobierno de Madrid se ha notado en el sentido de que ahora se ofrecen cursos sobre nuevas metodologías para docentes, también dentro de la formación para nuevos directores.
Así que fueron desarrollando, y siguen, formación en función de lo que quieren aprender los docentes, de manera que este año ha habido recordatorios sobre metodología Montessori o Freinet. por ejemplo.
Y claro, la pregunta sobre los resultados en el centro es obligada. Marta asegura que ha habido, fundamentalmente, mejoras en el proceso de lecto-escritura de los niños y niñas. Pero habla, sobre todo de un efecto más sutil, relacionado con el tipo de familias y alumnos que se acercan al centro.
Si hace unos años la matrícula de niñas y niños gitanos era del 80%, ahora está más o menos sobre el 60%, pero, asegura, no porque haya menos, sino porque el porcentaje de payas y payos ha aumentado.
Un efecto que toda la comunidad agradece, payos y gitanos. Es verdad que los primeros acaparan algunas de las actividades que se realizan, como las lecturas en infantil, o los perfiles de voluntariado para los grupos interactivos. Pero hacen, al mismo tiempo, todo lo posible para que las madres y padres gitanos participen, quitándose vergüenzas. “Yo seré licenciada en no sé qué y tú te dedicarás a la venta ambulante, pero aquí somos madres de niños de la misma clase”, resume Marta, que asegura que nunca estuvo en el ánimo del claustro cambiar la población del centro al adoptar nuevas metodologías, sino “dar lo mejor posible al alumnado que teníamos”.
En estos años se han renovado metodologías utilizando el aprendizaje por proyectos u organizando al alumnado en grupos cooperativos, o haciendo que las aulas de primaria no sean para un grupo, si no para un área de conocimiento y que niñas y niños vayan de una a otra para utilizar materiales comunes (aprendiendo entre otras cosas a respetarlos y cuidarlos).
Además de esto, cuentan con el apoyo de personas voluntarias para atender y ayudar a los grupos interactivos. De hecho, este año llegó un estudiante de República Checa para trabajar en el Núñez de Arenas. También trabajan con la Fundación Secretariado Gitano, cuya sede es bastante cercana, o en red con centros de la capital bajo el proyecto “Hermanadas por la justicia social” y han desarrollado proyectos colaborativos y de crowdfounding como el Bosque de Z-Oma, para “pintar” los árboles de uno de sus dos grandes patios. Árboles por los que han tenido que pelear con el Ayuntamiento de Madrid que quería talar decenas de ellos porque estaban enfermos o secos. Han conseguido salvar algunos. O proyectos como el de la orquesta de instrumentos reciclados, que también les ha valido la mención en los medios de comunicación.
Es difícil saber qué pensaría Manuel Núñez de Arenas de un centro como este, con su nombre, pero seguramente lo apoyaría por el enorme esfuerzo que su claustro hace para superar las dificultades de un alumnado con un entorno socioeconómico y cultural desfavorable.
El Núñez de Arenas tiene las puertas abiertas para quien quiera ayudar.
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