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Jurjo Torres: “La clave del sistema educativo es que sirva para construir a las personas optimistas»

Luján Palacios entrevista a Jurjo Torres Santomé

Europa/España/LA NUEVA ESPAÑA,

Jurjo Torres, catedrático y director del departamento de Pedagogía y Didáctica de la Universidad de A Coruña, participó el pasado sábado en las jornadas educativas organizadas por el Colegio Andolina de Gijón. El experto habló sobre “Los centros escolares y las familias en las sociedades democráticas”, y advirtió de la necesidad de formar a las personas en valores por encima de otras materias.

“Tras los ‘papeles de Panamá’ hay buenísimos profesionales de finanzas y derecho, pero carecen de ética y formación humanística, lo que no miden las reválidas ni PISA”

Luján PALACIOS – ¿Qué papel juegan los centros educativos en las sociedades democráticas?

Jurjo – Tienen un papel fundamental porque son espacios fundamentales, donde socializamos a los chicos, donde aprenden a vivir con personas diferentes. Y eso es fundamental sobre todo en una sociedad donde las familias son cada vez más reducidas en su número de miembros y la socialización se hace rnás difícil. Los espacios que había externos como los parques, jardines, calles … o están privatizados o son peligrosos. Es un espacio en el que van a pasar mucho tiempo y donde les vamos a enseñar las cuestiones más elementales, desde conocer a las personas que están a su alrededor a desmontar los mitos, ayudarles a vivir con otras personas y capacitarlos para entender el mundo en el que estamos viviendo, para imaginar otros mundos y ser capaces de corregir los defectos de nuestro mundo presente. En ese sentido es una institución clave, para desarrollar las capacidades personales, para pensar críticamente y movernos en este mundo de la sociedad de la información. Nosotros tenemos como ciudadanos que aprender a leer y analizar críticamente.

Luján PALACIOS – ¿Es complicado en el sistema educativo actual?

Jurjo – Si es así quiere decir que este sistema educativo lo diseñó alguien con trampa. Para mí hay urna dimensión clave en el sistema educativo, que es construir a las personas optimistas. Y a todas, no sólo a determinado colectivo social.

Luján PALACIOS – ¿Qué quiere decir?

Jurjo – Una sociedad optimista es una sociedad en la que sabemos diagnosticar los problemas, pero sabemos que esos problemas tienen que tener solución. Y por lo tanto tenemos que dedicarnos todos a buscar soluciones para construir una sociedad más democrática, más justa, mucho más solidaria en la que podamos vivir todos más plenamente como seres humanos.

Luján PALACIOS – ¿Son conscientes las familias de la importancia del sistema educativo?

Jurjo – Yo creo que cada vez son más conscientes, entre otras cosas porque tienen menos hijos. Si sólo se tiene un hijo o dos es más fácil caer incluso en un problema, la sobreprotección. La inmensa mayoría de los chicos y chicas de las clases medias y medias altas se enfrentan al riesgo de que los protejamos tanto que los hagamos inútiles. No queremos que se esfuercen ni que se lastimen, que les hagan daño.

Luján PALACIOS – ¿Qué valoración hace de las sucesivas reformas del sistema educativo?

Jurjo – Tenemos que ser conscientes de que el sistema educativo está gestionado por un Ministerio de este gobierno. No es que el Ministerio de Educación esté haciendo una política peculiar. Se está haciendo la misma que en sanidad, en servicios sociales, en la reforma de la justicia. Van todas en la misma dirección, con un gobierno que aplica un tipo de política en todos los campos. En el sistema educativo alguien está condicionando y decidiendo cómo quieren que sean las personas del mañana, porque lo que se está haciendo es educar y formar el sentido común, que es 1o más importante que hace el sistema educativo. El gobierno está preocupado por hacernos ver lógico que la Sanidad tiene que estar privatizada, que la Justicia tiene que estar al servicio de quien tiene poder, que la precariedad laboral es lo lógico y que lo que estuvimos haciendo hasta ahora es vivir por encima de nuestras posibilidades. Así, se inculca que lo importante son sólo determinadas áreas de conocimiento como las matemáticas o las ciencias.

Luján PALACIOS – ¿Puede ser más concreto?

Jurjo – Sólo tenemos que pensar en el caso de los “papeles de Panamá”. Detrás de ellos debe de haber buenísimos profesionales para poder montar ese entramado financiero pala evadir impuestos, robar y delinquir. Saben mucho de finanzas, de matemáticas y derecho. Pero lo que les falta es ética; no tuvieron formación humanística, no son capaces de pensar en las condiciones y efectos de los actos que están haciendo, en las personas que sufren el hecho de que roben. Y eso no estaba en las materias que miden PISA y las reválidas.

Luján PALACIOS – ¿Qué hacer entonces?

Jurjo – La importancia de los sistemas educativos radica en su capacidad para desarrollar nuestras capacidades, nuestro pensamiento, para ayudamos, 1o primero, a ser personas y a saber que hay personas que lo pasan mal y de las que yo soy corresponsable en cierta medida.

Luján PALACIOS – ¿Cuánta frustración genera en el profesorado esta deriva?

Jurjo – Mucha. Vivimos en una sociedad en la que nos están diciendo que no se puede hacer otro tipo de proyecto. Los profesores tienen miedo a quedar mal, las evaluaciones externas son tramposas y sirven para construir la privatización.

.Entrevista La Nueva España

Fuente: http://jurjotorres.com/?p=4982

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En España: ¿Qué estudiar cuando te gusta todo?

Llegan a España los grados abiertos, que permiten cursar asignaturas de cualquier especialidad

Europa/España/ElPais

Esta es la oportunidad para el estudiante inquieto, ese que ha cambiado ya varias veces de planes antes de matricularse por primera vez en la Universidad. Hoy quiere ser abogado, mañana economista. Alguna mañana se levanta con el convencimiento de que le gustaría trabajar en la radio o ser el cronista de un periódico. La vocación no siempre es una cuestión clara. El tiempo pasa y el estudiante inquieto no quiere renunciar a nada, al menos no hasta haber probado un poco de todo. Para ellos, para los que muestran inquietudes múltiples, existen los llamados grados abiertos, carreras en las que puedes probar asignaturas muy diferentes sin cerrar una opción determinada hasta haber cursado entre uno y dos años por libre, según cada universidad.

Esta modalidad –que se inspira en sistemas de estudios superiores de Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, donde el universitario no define su carrera al menos hasta el tercer año–, se empieza a experimentar en España. El año pasado comenzaron a impartirlo de forma restringida y experimental en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde 22 alumnos han terminado un primer año de carrera en el que podían seleccionar cualquier asignatura, desde las propias de una ingeniería a materias de traducción e interpretación, pasando por conocimientos de ciencias de la salud o de economía. La Autónoma de Barcelona oferta para el curso próximo un programa similar pero acotado a los estudios de lengua y literatura.

A partir del próximo septiembre, también con plazas muy limitadas, se implantará en otro de los campus públicos españoles: la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). En este centro, con 19.872 alumnos matriculados, se ofertan 20 plazas. A diferencia de la Pompeu, que tiene todo el campus abierto para que los estudiantes seleccionen cualquier materia, en la UC3M se ha diseñado con dos grandes orientaciones: un grado abierto en ciencias sociales y humanidades y otro de ingeniería. Durante los dos primeros años, los matriculados podrán optar entre las asignaturas de una docena de títulos en cada caso para ir cerrando su propio currículo y decidir finalmente un itinerario.

“Pensamos que dejar el camino totalmente abierto sería complicado para los estudiantes por varios motivos. En primer lugar, disponemos de un campus en Leganés [donde se concentran las ingenierías] y de otro en Getafe [para ciencias sociales y humanidades]. Si van de un sitio a otro pierden mucho tiempo. Además entendemos que es mejor agruparlas, porque las ingenierías son profesiones reguladas. Eso supone que hay un grupo de asignaturas que se deben cursar de forma obligatoria para graduarse y que son fáciles de transferir de una a otra. En el caso de ciencias sociales, las materias también son más adaptables entre carreras”, explica en su despacho de Getafe Isabel Gutiérrez, vicerrectora d Estudios de la UC3M.

Según los datos facilitados por el campus, cada año hay entre 100 y 150 alumnos de los 3.000 nuevos ingresos, que abandonan o cambian de carrera. La vicerrectora asegura que esa ha sido una de las razones principales para poner en marcha los grados abiertos. “Un estudiante anglosajón tiene más posibilidad de definir su perfil, aquí esa opción no existe porque nuestro sistema de acreditación es muy cerrado”, demanda Gutiérrez. Además, los profesionales han detectado en los centros de secundaria a los que acuden que muchos de los futuros universitarios no muestran una vocación tan clara ante un futuro profesional que cada vez exige perfiles más cambiantes.

“Es difícil adoptar una decisión sobre tu futuro con 17 o 18 años de edad, con información difusa y con lo que te comentan otros compañeros”, añade Alicia Márquez, vicedecana de Orientación de Estudiantes de la UC3M. Márquez ejercerá uno de los papeles clave para este nuevo grado: será la tutora del grupo de alumnos de la opción humanística. Asegura que entiende muy bien las preocupaciones y dudas que puedan tener los aspirantes porque ella pasó por algo similar mientras estaba estudiando. Entre 2005 y 2006, Márquez se licenció en Derecho, Economía y Administración de Empresas. “A mí, igual que a ellos, me interesaban muchas áreas. Seguro que son chicos que tienen mucha capacidad de trabajo y ganas de aprender”, considera.

En la Pompeu Fabra de Barcelona, el curso pasado se presentaron 208 aspirantes para las 22 plazas disponibles, casi una por cada 10 peticiones. La nota de corte (la del último aspirante que entró) se quedó en 11,454 sobre un máximo de 14. En Madrid esperan una demanda similar, lo que supondrá una selección automática de alumnos con elevadas calificaciones. “Necesitamos que sean buenos estudiantes para asegurarnos que puedan concluir en el tiempo marcado”, añade Isabel Gutiérrez.

Los futuros alumnos del grado abierto de este campus serán recibidos con una jornada de orientación y mantendrán reuniones periódicas con su tutor para ir construyendo su propio itinerario. Durante los dos primeros años podrán elegir distintas asignaturas, sin concentrar más de 30 créditos (cada materia suele suponer unos seis créditos) en una misma titulación cada curso.

Su paso por la universidad no será seguramente como el del resto. “Cursarán asignaturas muy diferentes que compartirán con compañeros distintos en cada clase, no van a disfrutar de un grupos entre sus iguales y puede que se sientan más solos”, alerta la vicerrectora de la UC3M, que añade otros criterios que hacen que esta elección sea más dura que optar por una titulación de las clásicas. Para poder seguir estudiando en la Carlos III, los alumnos del resto de grados deben completar 60 créditos (el equivalente habitual de un curso) en dos años. Los matriculados en un grado abierto dispondrán de 2,5 años para aprobar 90 créditos.

Además, para acceder a la carrera que finalmente elijan tras esos dos años, deberán superar la nota de corte que ese año se exija para esa especialidad. Si, por ejemplo, opta por el grado de Estudios Internacionales y ADE (que el curso pasado se quedó con un 12,83 de nota de corte), deberá tener esa nota aunque el listón se quedara más bajo cuando accedieron al grado abierto.

El sistema prevé también cómo recoger y reflejar las asignaturas que se hayan elegido durante el tiempo de transición y que finalmente no casen con la carrera elegida. A partir de 36 créditos serán reconocidas en el llamado diploma de formación complementaria, que también figura en el currículo y cuenta para el futuro del alumno. Según la vicerrectora de Estudios de la UC3M, ese diploma y las inquietudes que muestre más allá de su trayectoria final pueden ser definitivos para su futuro: “Las empresas valoran mucho lo que haces además de la carrera”, asevera.

“NADIE HACE UN PROGRAMA IGUAL QUE EL MÍO”

Bárbara Serra es de Barcelona, tiene 19 años y un hermano gemelo que sabía con claridad lo que quería estudiar: relaciones laborales. Ella, con un 12,186 de nota media sobre un máximo de 14 para optar a la Universidad, fue una de los 22 estudiantes que se matricularon en el primer año de grado abierto en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) el curso pasado. Dudaba entre Ciencias Políticas y ADE (Administración y Dirección de Empresas), que era en principio su opción favorita. “De Políticas sabía menos, me interesaba y cursar las primeras materias me ha dado una visión que ni me había planteado”, explica por teléfono desde Barcelona. Después del primer año en el grado abierto, apurará un trimestre más hasta tomar la decisión definitiva, que de momento cree que será Políticas.

Durante el primer curso, esta alumna ha ido cambiando y eligiendo asignaturas de modalidades distintas cada trimestre. “Diseñé mi año con ayuda de las tutoras, nadie hace un programa igual que el mío”, señala Serra, que recomienda este tipo de estudios a alumnos que duden entre varias opciones y estén dispuestos a un esfuerzo extra. Asegura que no le angustia que el tiempo de estudio se alargue y la posibilidad de terminar más tarde que los que eligen caminos más perfilados. “Me convalidarán asignaturas elija lo que elija, porque son carreras que se parecen. Pero si no fuera así, tampoco me preocupa. Me parece más importante que lo que finalmente elija sea lo que encaja en mi perfil”, añade esta estudiante que se ve en el futuro gestionando grupos humanos.

“La mayoría de nuestros alumnos de grado abierto han optado por combinaciones entre Políticas, Derecho y Económicas aunque nos hemos encontrado con perfiles muy variados”, explica Ana Delgado, coordinadora del grado abierto de la UPF y una de los tres tutores del programa, que en este campus es totalmente abierto, es decir, los estudiantes pueden cursar asignaturas de cualquier carrera durante un año y un trimestre, el tiempo extra del que disponen para elegir. Para el próximo curso han aumentado un 50% las vacantes hasta 30 plazas.

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2016/07/29/actualidad/1469793119_244661.html

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Extremadura baraja varias opciones con los profesores de Religión tras la reducción de horas de clase

Europa/España/17 Septiembre 2016/Autor: Jesús Conde/Fuente: El diario

La Consejería de Educación dice que mantiene contactos constantes con este profesorado, dentro de los encuentros discrecionales de una negociación

Colectivos como Extremadura Laica se oponen a cualquier tipo de compensación horaria, escolar o extraescolar para estos profesores tras la entrada en vigor del nuevo currículum educativo

Sigue sin cerrarse el acuerdo. El futuro de losdocentes de Religión católica que han visto reducida su jornada con la entrada en vigor del nuevo currículum educativo de ESO y Bachillerato sigue en el aire.

La Consejería de Educación y Empleo ha transmitido a este diario que mantiene contactos constantes con el profesorado afectado, dentro de encuentros discrecionales que se mantienen en una negociación.

Eso sí, el Ejecutivo ya ha expresado en varias ocasiones que las horas que recoge el nuevo currículum regional cumple el margen que ofrece la LOMCE. Con la salvedad de que, en vez de mantener las horas de Religión católica en dos como hizo el gobierno de Monago antes de irse, se reducen a una. Pero dentro del cumplimiento de la ley Wert.

Hasta ahora los rumores apuntaban a la posibilidad de que los docentes pudieran ser integrados como personal de biblioteca, o incluso un nuevo cargo de coordinadores o encargados de la convivencia escolar. Fuentes de la Junta confirman que siguen barajando varias opciones, y hasta el momento la decisión no está tomada.

Mientras tanto continúa la polémica.  Por un lado el colectivo de profesores afectados, que ha iniciado una fuerte campaña en defensa de tu trabajo en las redes sociales con la denominada ‘Marea Amarilla’.

Por otro, colectivos y organizaciones que defienden una educación laica y aconfesional, y que piden a la Junta que no ceda ante las presiones. Incluso lanzan el debate sobre la idoneidad o no de que la Religión católica siga dentro del currículum educativo público en pleno siglo XXI.

La ‘Marea Amarrilla’ quiere Religión

Más de 6.000 firmas denuncian a través de la plataforma Change.org la reducción de la carga lectiva en el currículum educativo extremeño que ya ha entrado en vigor.  La iniciativa la firma la Asociación de Docentes de Religión Católica de centros públicos de Extremadura, y argumenta que hay un porcentaje elevado del alumnado y de padres que demandan dicha asignatura, por lo que aboga por que “mantengan entonces su calidad y su carga horaria”.

“Un gobierno como el extremeño, que se tilda como ‘socialista’, jamás debería poder atacar el derecho fundamental a la educación digna y completa de las personas. Independientemente del color ideológico que gobierne a los extremeños,  se ha de asegurar una oferta educativa de calidad, también en la religión”, expresan en su campaña.

Posiciones en contra

No piensa lo mismo Extremadura Laica, que apunta que los  docentes de Religión no son funcionarios, “ni han opositado, ni imparten una disciplina científica y reglada”. En contra “ejercen labores de catequesis a las órdenes del obispado correspondiente, como auténtico delegado diocesano”.

Motivo por el que rechaza cualquier tipo de compensación horaria, escolar o extraescolar para los profesores de Religión católica, “por ilegal e ilegítima”. Recuerda que es el Obispado, “por méritos especialmente católicos, quien le da el trabajo y el Estado quien le paga”.  “Extremadura Laica recuerda que está a favor de que la religión (catequesis) salga de la Escuela”.

Si el personal de Religión ha perdido algunas horas “éstas, las mismas, las han recuperado profesores funcionarios de otras asignaturas, auténticas”.

En el mismo sentido el sindicato CCOO Extremadura reclamó semanas a la Junta que abandone su “indecisión” para caminar hacia una escuela pública laica y no confesional. Ante la posibilidad de que se le encomienden otras tareas al profesorado que pierde horas, CCOO critica que la indecisión e intento por contentar a todo el mundo” del Ejecutivo regional.

Para CCOO esto   sería un error más que la Administración aún está a tiempo de rectificar. Así pide “coraje, coherencia y responsabilidad”. “La presencia de la religión en las escuelas no es una cuestión de empleo, y en el caso de que lo fuera, deben resolverlo las autoridades eclesiásticas”.

Otra de las cuestiones que pone encima de la mesa es que   no han pasado por un proceso de libre concurrencia, capacidad y publicidad para ocupar su puesto, tal y como sí ha hecho el resto del personal docente de la escuela pública. A su juicio el problema de desempleo se resuelve sacando una adecuada Oferta de Empleo Público para docentes.

Fuente: http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Extremadura-Laica-compensacion-profesores-Religion_0_558894389.html

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Las 10 conductas de los padres que entorpecen la educación de los niños

Europa/España/17 Septiembre 2016/Autora: Mayte Rius/Fuente: La Vanguardia

La mayoría de los padres y madres concede mucha relevancia a los estudios de sus hijos y trata de implicarse en ellos. Pero maestros y psicólogos aseguran que no siempre tienen claro cuál es su papel en el aprendizaje escolar y a veces adoptan actitudes que acaban dañando la educación de los hijos.

ESTUDIAR CON ELLOS

Ser padre y maestro a la vez crea conflictos y dependencia

“Llegan los primeros deberes escolares y ahí están papá y mamá al lado; y los deberes son de la criatura, no de la familia; el deber de la familia es velar por que el niño tenga espacio y tiempo para hacer sus tareas y, si son muy pequeños, facilitar la organización del tiempo”, explica María Jesús Comellas, profesora de la UAB en la facultad de Ciencias de la Educación y psicóloga especializada en las relaciones familia-escuela.

Benjamí Montenegro, del Equip Psicològic del Desenvolupament de l’Individu, dice que el papel de los padres es el de auditores: “Han de controlar que el trabajo esté hecho, pero no entrar en el contenido porque se trata de que las tareas las hagan los niños y así trabajar su autonomía”. Eso no significa que si el niño plantea alguna duda no se le den pistas o herramientas para resolverla. Dicen los expertos que hacer de maestros y padres a la vez no trae más que problemas: crea conflictos familiares diarios y dependencia, porque los niños se acostumbran a que haya alguien encima de ellos para trabajar. Y si el crío tiene dificultades de aprendizaje o necesita refuerzo, el consejo es buscar un profesor particular.

RESOLVÉRSELO TODO

Solventar sus descuidos dificulta su maduración

“Los niños han de aprender a organizarse y a solventar sus problemas, a cualquier edad, y no hay que mandar a nadie corriendo a comprar tinta de impresora a última hora de la tarde porque al día siguiente ha de entregar un trabajo ni llevarle a la escuela el libro o el bocadillo olvidados; si los padres les resuelven todo ‘con tal de que estudien’, no maduran, no asumen sus responsabilidades ni aprenden a ser autónomos”, coinciden Comellas y Montenegro.

FOCALIZAR TODO EN EL ESTUDIO

Hacer de la formación el eje de la vida familiar daña la relación

Los educadores aseguran que una frase muy reiterada de los estudiantes es “a mis padres sólo les interesa si estudio, lo demás no les importa nada”. “Cuando focalizas todo en los estudios, cuando lo primero que le preguntas a tu hijo en la puerta de la escuela es qué deberes tienes o qué nota te han puesto en vez de cómo te ha ido el día, o con quién te has relacionado, transmites que te interesa el aprendizaje, no la persona”, dice Comellas. Y agrega que lo mismo ocurre cuando al hijo universitario se le libera de tareas domésticas porque “su trabajo es estudiar”. “Esa persona tiene que vivir, ha de saber organizarse, tener habilidades domésticas y saber relacionarse, y de eso a veces no nos ocupamos, ni nos interesamos por su vida emocional y relacional”, enfatiza la psicóloga.

QUERER GENIOS

Sobreestimular a menudo provoca el efecto contrario

Los maestros explican que una práctica muy habitual en las familias es la de sobreestimular a los niños. “Todos quieren un hijo genio y les llenan la cuna de artilugios, abusan de juegos didácticos, se afanan porque aprendan muchas cosas y cuanto antes mejor, y esa sobreestimulación no sólo no influye en una evolución cognitiva más rápida, sino que a menudo tiene efectos contraproducentes en forma de problemas de atención o de falta de concentración”, explica Joan Domènech, maestro del colegio Fructuós Gelabert de Barcelona.

Esa impaciencia respecto al aprendizaje provoca, según los psicólogos, que los padres se desesperen ante las primeras dificultades en los estudios o vivan como un fracaso los primeros malos resultados, sin tener en cuenta que la educación es un proceso a largo plazo y que lo que los niños necesitan para aprender es paciencia y ánimo. “Los padres no deberían considerar los malos resultados como un fracaso porque ello reduce la autoestima de los hijos e incapacita cada vez más a unos y otros”, advierten.

PREMIAR LAS NOTAS

El estímulo material desvirtúa y puede aumentar la frustración

Las notas ni se han de premiar ni castigar; se han de elogiar y aplaudir, o analizar si es necesario dedicar más tiempo a estudiar, según los expertos. “El mejor estímulo es descubrir cosas nuevas y desarrollar tus intereses, si hace falta un estímulo material, es que algo no funciona”, apunta Domènech.

Montenegro advierte que los premios pueden causar una doble frustración, porque con frecuencia se ofrecen por notas poco realistas y si el chaval no triunfa a pesar de la recompensa prometida su sensación de fracaso y su malestar es doble: además de no alcanzar su meta escolar, se queda sin regalo.

DISFRAZAR LA VAGANCIA

Buscar trastornos detrás de los fracasos retrasa la madurez

Otra conducta recurrente que observan los educadores es la tendencia de los padres a buscar trastornos neurológicos detrás de los fracasos escolares de sus hijos. “Hay muchos niños que son incapaces de esforzarse en hacer los deberes o en estudiar porque son vagos, y eso es inmadurez, no un trastorno mental, y a veces se intenta disfrazar esa vagancia como intolerancia a la frustración o intolerancia al estrés, cuando lo que tienen es falta de autonomía”, comenta Montenegro. Comellas subraya que esta actitud tiene que ver con la actitud hiperprotectora de muchos padres que buscan la etiqueta del trastorno para el bajo rendimiento de sus hijos “porque en el momento en que se disfraza algo como trastorno se desculpabiliza a todo el mundo”.

EJERCER DE DETECTIVES

El control absoluto de sus tareas suscita desconfianza

Hay padres que rastrean los deberes, trabajos, las fecha de exámenes o los comentarios de sus hijos en clase a través de la agenda escolar, la web del centro, las redes sociales o implicando en sus indagaciones a los padres de otros niños de la clase, con quienes están en permanente contacto por WhatsApp. “Esa conducta provoca un boquete de desconfianza y no resuelve nada”, advierte Montenegro. En vez de ejercer este control absoluto aconseja realizar un acompañamiento lejano, revisar conjuntamente con el chaval la agenda de tareas pero dejándole que sea autónomo para realizarlas. Y para los padres que optan por preguntar la lección para saber si el niño ha preparado un examen, los expertos recomiendan ponerle tres o cuatro preguntas por escrito, porque normalmente no hay exámenes orales y de nada sirve que el niño se sepa la lección hablando si luego se expresa mal por escrito o comete muchas faltas de ortografía.

USAR EL ESTUDIO COMO PEAJE

Las tareas escolares acaban entendiéndose como un castigo

“Castigado a hacer los deberes” o “hasta que no acabes de leer no hay dibujos” son frases que utilizan algunos padres para incitar a sus hijos a hacer las tareas escolares. Pero los expertos aseguran que el tiempo de estudio debería ser siempre un tiempo de tranquilidad y sosiego, no de regañinas. El objetivo, explican, debe ser ayudar a los niños a descubrir el placer de la lectura o del aprendizaje, y eso no se consigue si se plantean las tareas escolares como un castigo o como un peaje necesario para poder disfrutar de actividades placenteras como salir con los amigos, ver la televisión o jugar con la consola.

Y a medida que crecen, han de entender la relación entre esfuerzo, dedicación y resultados, “y asumir que si han de estudiar más porque han tenido malas notas se trata de una inversión, no de un castigo”, indica Comellas.

PROYECTARSE EN LOS HIJOS

Las expectativas no siempre se adecúan a las capacidades

Los psicólogos consideran que en muchas familias pesan más las expectativas que tienen los padres sobre los estudios de los hijos que las preferencias o capacidades de estos, y muchos chavales son orientados a estudiar lo que quieren o les gusta a sus progenitores. “En este país confundimos inteligencia con título, continuamos desprestigiando la formación profesional y no valoramos la creatividad como un medio para vivir”, reflexiona Comelles.

NO RESPETAR LA LÍNEA ESCOLAR

El modelo de los padres no garantiza el éxito hoy

Muchos padres piensan que el modelo y los métodos educativos que les sirvieron a ellos les servirán a sus hijos, pero la escuela ha cambiado mucho y los niños también. “Lo que a ti te gustaba del colegio, lo que aprendías entonces o cómo lo aprendías no tiene por qué ser un modelo de éxito para tus hijos”, advierte Domènech. Y por eso considera un error que los padres traten de enseñar a los hijos a leer o a calcular por su cuenta o les pongan actividades de refuerzo en casa, sin considerar que quizá están interfiriendo en el ritmo o el método pedagógico que sigue la escuela. “Uno ha de plantearse a qué escuela lleva a su hijo, asegurarse de que comparte las mismas ideas, y luego acompañar al niño en el aprendizaje pero con respeto al proceso que siguen en la escuela, y no dar al niño mensajes diferentes”, reflexiona. Los educadores son especialmente críticos con los padres que muestran constantemente su desacuerdo con los profesores en presencia de los niños, porque estos aprovechan esa situación para manipular a unos y a otros.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20160913/41268207060/conductas-padres-entorpecen-educacion-hijos.html

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7 ideas para un compromiso por la educación: 1. Institucionalidad concertada

                                                                                                                  Por: Mariano Fernández Enguita

Este es el primero de una serie de siete artículos del sociólogo Mariano Fernández Enguita sobre los principales puntos que debería abordar un posible pacto educativo

La escolarización es un servicio público. Si dejamos de lado minucias como su imposición (obligatoriedad), la objeción o la escolarización en casa, su carácter de derecho subjetivo irrenunciable y su función de integración social han hecho de la escuela una institución en sentido estricto (el mismo en que lo son un juzgado, un psiquiátrico o una prisión). ¿Quiere eso decir que deba ser de titularidad y gestión públicas? En mi opinión es la opción más deseable, pero no la única posible, ni la única aceptable, ni siempre y en todo caso la mejor. Gas, agua, electricidad, telefonía y transporte de personas son ejemplos de servicios públicos, el acceso a muchos de los cuales consideramos o podríamos o deberíamos considerar un derecho, que lo mismo están en manos públicas o privadas, en este caso en régimen de concesión y con una regulación especial. Es verdad que estos suministros y servicios no atañen a nuestras conciencias, como sí lo hace la educación, pero tampoco es esta la única.

La prensa y otros medios de comunicación de masas, esenciales para la libertad y la democracia, son mucho más privados que públicos y, sin negar valor estos últimos, no creo que nadie añore épocas en que fueron los únicos o los principales. La Internet también es abrumadoramente de gestión privada, lo cual –a pesar de las voces apocalípticas de comienzos de los noventa, cuando dejó de ser la exclusiva de ejércitos y universidades y se abrió a las empresas– ha sido, sin duda ninguna, una bendición para todos.

Por su lugar histórico en la formación del estado del bienestar y presente en la arena política, y por su relevancia a largo plazo para la vida de las personas, lo más parecido al sistema educativo es el sistema de salud: pues bien, en España del total de ocupados en la enseñanza o la sanidad,  trabajan en el sector estatal en sentido estricto (público en el lenguaje de la calle), respectivamente, el 53,5 y el 38,4% (datos de la EPA 2016T2); lógicamente, en el sector estrictamente privado (no concertado) se concentran ofertas para demandas que el público no  satisface, como la medicina estética o la enseñanza de idiomas.

Con esto no quiero decir, ni de lejos, que deba privatizarse la educación, pero si es usted maniqueo, si no distingue grises entre blanco y negro, y no ha dejado todavía de leer este artículo, hágalo ya. No emplearé otro largo párrafo ahora en criticar la idea de que toda educación deba ser privada, no porque no sea igualmente cuestionable o más sino, sencillamente, porque es marginal y no hace falta. A diferencia de lo que sucede en el sector público, donde abundan sindicatos, plataformas, asociaciones pedagógicas y otras instancias de vocación representativa que defienden la supresión, inmediata o gradual, de la escuela privada o de su financiación pública, en el privado y concertado nadie tiene una pretensión simétrica ni parecida. Hace tiempo, en medio de un debate con algunos fundamentalistas de la educación pública (funcionarios, por supuesto), obtuve de MUFACE una información poco conocida: en el año 2000, 88% de los maestros y 76% de los profesores de Secundaria del sector público (estatal) eligieron como proveedores de asistencia sanitaria a las llamadas entidades colaboradoras (la concertada, o privada financiada con fondos públicos, del sector). Quien quiera y sepa, que juzgue con este dato el alcance de algunas defensas de lo público. Pero volvamos a la cuestión.

En un mundo perfecto correspondería al Estado, como representante del interés general, ofrecer, a través de la escuela pública, una educación de calidad, en libertad y con equidad. Esa es, al menos, mi idea, pero tiene dos problemas: que el mundo no es perfecto y que hay otras ideas de la perfección. El primer sistema escolar público y universal en Europa fue el prusiano, a mediados del siglo XIX, y su producto más destacado fue un ejército del que todo el continente tendría noticias durante un siglo. El segundo fue el francés, también decimonónico, creado, tras la derrota de 1870, para combatir a ese enemigo exterior y a otros dos interiores: el legitimismo monárquico, en gran medida aliado con la iglesia católica, y la movimiento revolucionario, que prefería autoeducarse. El tercero, ya en pleno siglo XX, fue la common school norteamericana, que Mann plagió de Prusia para asimilar la inmigración y a la que un contexto de fuerte autonomía local impidió ser instrumento del gobierno, pero también empujó un parroquialismo asfixiante y a fuertes desigualdades económicas y étnicas.

España plasmó varias veces, desde 1812, la idea sobre el papel, pero siempre sin medios, creando un sistema que combinaría algunas instituciones bien equipadas (los institutos de enseñanzas medias y parte de las escuelas primarias) con otras misérrimas (las escuelas rurales, de barrios de aluvión o de continuación de estudios) o inexistentes. De hecho, la escolarización no llegó a ser realmente universal hasta la década de 1980.

Como resultado del desarrollo raquítico de la administración estatal, la desigualdad social y el gran peso de la iglesia católica, para entonces la escuela privada comprendía ya aproximadamente un tercio del alumnado, proporción en la que se ha mantenido hasta hoy con pequeñas oscilaciones. Esto la convierte en uno de los países desarrollados con mayor peso de la enseñanza privada: triple que la media de la OCDE, doble que en países como Dinamarca, Francia, Hungría, Reino Unido o Estados Unidos, aunque menos que Australia, Holanda y Bélgica. La gestión privada de escuelas financiadas con fondos públicos, siempre controvertida, está no obstante al alza en países como Suecia, Estados Unidos, Reino Unido y Nueva Zelanda.

Esa relación de uno a dos de la privada o concertada con la pública se mantenido a pesar de que –o precisamente porque– unos gobiernos han empujado ligeramente en un sentido y otros en otro, tanto a escala nacional como autonómica. Esos ligeros o menos ligeros empujoncitos, no obstante, han provocado siempre airadas respuestas de la otra parte, desde las guerras escolares alentadas por la iglesia (y no solo) contra los gobiernos socialistas hasta las fuertes movilizaciones encabezadas por las organizaciones de intereses de la pública (y no solo) contra las leyes de los gobiernos conservadores (LOCE y LOMCE).

Hoy gobierna la derecha y se moviliza el funcionariado con una retórica de izquierda que vuelve a  avanzar el objetivo de suprimir los conciertos, pero dudo que quienes lo reclaman comprendan el alcance y la gravedad de lo que reclaman, pues siendo un tercio del alumnado, parece idea poco sensata pretender dar tal vuelco al status quo, menos aún hacerlo con unos poquitos diputados de mayoría absoluta o relativa (sin olvidar el sesgo mayoritario de la representación parlamentaria) y mucho menos hacerlo contra este tercio demográfico que, guste o no, son en general las familias de mayor nivel económico, educativo y participativo.

Tal vez un día llegue un consenso ampliamente mayoritario en torno a la idea de que la escuela debe ser gestionada por el Estado, o tal vez lo contrario, pero, mientras tanto, parece más razonable intentar fortalecer un sistema público con los mimbres de que disponemos: público por su institucionalidad, por sus objetivos, por su financiación y por su composición. Los dos primeros elementos ya están dados, aunque sean siempre mejorables; el tercero en gran medida, salvo el sector estrictamente privado; el cuarto no lo está, y va a peor. Al decir público por su composición me refiero a que todo centro escolar debe ser un microcosmos de la sociedad, integrando a personas de distinto género, clase social e identidad étnica. Es cierto que no cabe hacer muestrariosde alumnos para satisfacer las proporciones globales en cada centro sin sacrificar otros objetivos (por ejemplo, la proximidad y cualquier grado de elección), pero sí eliminar toda discriminación y exigir un nivel adecuado de diversidad y, sobre todo, de inclusión de alumnado con necesidades especiales. La contrapartida es dotar de los medios necesarios para ello.

Queda todavía la escuela propiamente privada. Siempre me ha resultado curioso que la izquierda y las organizaciones corporativas de la enseñanza pública reclamen solo que no vaya un euro del presupuesto público a la privada, no que toda institución escolar sea de titularidad pública, lo que revela que es más una pugna por los recursos que por un modelo de sociedad. Yo creo que, como parte de la institucionalidad educativa, los actuales centros privados también deben asumir, en las enseñanzas regladas, su función social, y esto podría hacerse integrándolos como concertados en las mismas condiciones que el resto, sufragando el acceso de otros alumnos o exigiéndoles asumir por sí mismos el coste de este.

Bien podríamos llamar a esto una institucionalidad concertada: la LODE acertó al eliminar la idea de subvención, en la que no hay contrapartidas por parte del subvencionado, y no caer en la de concesión, pues tampoco se trata de admitir la mera explotación de un bien público. El concierto, por el contrario, supone que hay otros actores particulares y sociales que pueden ofrecer el servicio en términos equiparables a los de la Administración y que aceptan subordinarse a la  política educativa general.

Pero no hablo aquí de conciertos singulares sino de concertación en general, con un alcance como el que se dio al término (concertación social) para los acuerdos sobre empleo de los ochenta; es decir, de la incorporación de los actores no estatales a la institucionalidad educativa, como entonces se hizo a la legislación laboral. Y estos actores pueden incluir, en todo caso, fundaciones, cooperativas, sociedades laborales, mutualidades y otras fórmulas de organización sin fines de lucro.

Finalmente, hay otra dimensión necesaria para la concertación. Dos tercios de la escolaridad reglada no universitaria siguen siendo estatales (públicos) y teóricamente están sujetos a un gobierno concertado entre los distintos actores del sistema, a través de los consejos escolares (de centro y territoriales). En la práctica, no obstante, tales consejos se configuraron de tal modo que siempre estuvieron dominados por los docentes, con mayoría numérica y más aún un predominio presupuesto (hoy la ley da mayor peso a la Administración, lo que se ha denunciado como un déficit de democracia en los centros, pero lo cierto es que nunca hubo en estos otra democracia real que la del claustro). Esto en una institución que, como apuntamos al principio, no solo representa un derecho sino también una obligación, una imposición y la institucionalización masiva de la población, o sea, el sometimiento de unas personas (alumnos) a otras (educadores). Este carácter obligatorio y potencialmente coercitivo requiere por sí mismo su concertación con las familias que representan a los primeros, es decir, empoderar a estas lo suficiente para que aspectos cruciales de la macro y micropolítica educativa no puedan decidirse sin ellas.

Fuente: http://blog.enguita.info/

Fuente de la imagen: https://eslibertad.org/2013/10/02/las-falsas-expectativas-de-la-educacion-publica/

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España: Inauguración del curso escolar 2016-2017

Europa/España/16 de Septiembre de 2016/Fuente: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

El Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, ha asistido esta mañana a la inauguración del curso escolar 2016-2017, que se ha celebrado en el centro educativo “Ginés Morata” de Almería y que ha presidido S. M. la Reina doña Letizia.

A lo largo de estos días, más de 8.100.000 alumnos se han incorporado a las aulas en los más de 28.000 centros educativos repartidos por toda España, atendidos por más 670.000 profesores.

La inauguración del curso escolar 2016-2017 se ha celebrado en el centro educativo “Ginés Morata” de Almería, un centro bilingüe donde las asignaturas de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales se imparten exclusivamente en inglés. El centro cuenta con un proyecto bilingüe consolidado, en el que el grado de implicación de los maestros es bastante elevado. Es más, la mitad de los que imparten docencia en la etapa de Primaria son bilingües.

El centro da prioridad a la enseñanza de inglés como 1ª lengua extranjera y además imparte francés como segunda lengua extranjera en los niveles de 3º, 5º y 6º de Primaria.

Además, el centro desarrolla un modelo de uso de las TIC para su labor docente, para la implicación de su alumnado en su aprendizaje y como fuente de información a los padres o tutores del seguimiento del proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos.

El centro “Ginés Morata” participa en el Programa Erasmus + en dos versiones: el Proyecto KA1 de movilidad del profesorado, en colaboración con varios centros de otras naciones, en especial de Italia y Portugal; y el Proyecto KA2, a través del cual maestros de diferentes partes de Europa tienen la oportunidad de participar en temas de especial interés para la formación del alumnado relacionados con la coeducación, o la prevención del acoso escolar.

Se trata de un centro que, además, trabaja en la Educación Especial mediante el “Aula TEA” de atención a alumnos con trastorno de espectro autista; y que participa en el Plan de Convivencia Escolar impulsado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

En este curso 2016-2017 se completa la implantación de una reforma educativa impulsada por el Gobierno en 2012 con la puesta en marcha de las Pruebas de Evaluación Final de ESO y Bachillerato. La de Bachillerato no tienen efectos académicos en este curso, pero sí que sirve para poder acceder a la Universidad el curso que viene.

Fuente: http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/actualidad/2016/09/20160913-inaug.html

 

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España: El Govern transfiere 9.000 euros al Consell de Menorca para educación ambiental

Europa/España/16 de Septiembre de 2016/Fuente: La Información.com

El Conseller de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca, Vicenç Vidal, y la presidenta del Consell de Menorca, Maite Salord, han firmado este miércoles un convenio de colaboración por el cual el Govern transferirá 9.000 euros a la institución insular para actividades de asesoramiento y divulgación de educación ambiental.

En concreto, se destinarán 3.000 euros para el 2016 y 6.000 euros para el 2017, con los cuales se sufragarán los gastos en recursos humanos.

De este modo, una persona se dedicará durante este curso escolar a visitar los centros educativos que pertenecen al programa de Centro Ecoambientales con el fin de dar a conocer las energías renovables o la gestión de residuos y del agua.

Por su parte, el Consell Insular de Menorca destinará 1.000 euros a estas actividades.

«Creemos que la educación ambiental es un instrumento clave de transformación, un instrumento que se tiene que poner en valor y que había quedado en el olvido», ha dicho el conseller tras la firma del acuerdo.

Fuente: http://www.lainformacion.com/educacion/escuelas/Govern-transfiere-Consell-Menorca-ambiental_0_953605636.html

Fuente de la imagen: http://ascorcerizas.com/central/100129wp/es/que-ofrecemos/educacion-ambiental-para-ninosas/

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