-Es usted mexicano. ¿Empezó allí su investigación en la educación?
-Allí me hice educador. Empecé muy joven, a los 19 años, y trabajé en todos los ámbitos, desde infantil hasta doctorados, pero mi formación fue en Estados Unidos, donde se trabaja más con la práctica que con la teoría. Eso me influyó.
LAS FAMILIAS TIENDEN A SATISFACER EN EL ADOLESCENTE SU PRINCIPIO DEL PLACER, QUE ES INSACIABLE»
-¿En qué consiste, cuál es la base de su teoría?
-El aprendizaje de los alumnos no depende tanto de su coeficiente intelectual sino de lo que cada uno es capaz de hacer con él.
-¿Cómo se hace eso?
-Enseñando al alumno a pensar. Toda mi investigación se encamina a crear ejercicios que desarrollen las habilidades de pensamiento de los escolares.
-En España lo ha puesto en práctica.
-Antes lo había experimentado en otros lugares. En los años 80 en Venezuela había un ministerio de la Inteligencia. Allí comprobé que funcionaba. En Madrid dirigí un centro privado en Las Rozas, el Balder. Allí quité los libros de texto, los uniformes y adiestré al profesorado para que siguiera la misma metodología.
-A los profesores no suele gustarles que les digan lo que tienen que hacer.
-En aquel caso no tenían más remedio. En poco tiempo nos convertimos en uno de los mejores colegios de España en todos los ranking. Al ver que la fórmula funciona, los profesores toman confianza.
-Pero lo de quitar los libros de texto…
-Los libros de texto llevan de la mano al alumno. Ahora son muy esquemáticos, con sus negritas, les dan todo el trabajo hecho. Yo trabajo dividiendo a los alumnos en grupos y ellos son los que tienen que investigar. Si alguien entraba en el aula, en la caja negra, parecía que el profesor no estaba dando clase. La pizarra dejaba de ser el centro del aula. El centro del aula era el grupo.
-Influiría en el éxito de aquella experiencia que se trataba de niños bien, de familias con dinero.
-Trabajé en México en un programa para 25.000 alumnos de zonas desfavorecidas, en lo que se llaman las escuelas de la Sierra. Sus condiciones de vida no existen en España, no hay nada comparable. El menor de los problemas es la Física y la Química. Son chicos con heridas en el alma. Dio resultados y se comprobó en un examen nacional que hay allí que equivaldría a lo que fue la reválida española. Pero no hubo continuidad. Cambió el Gobierno y se acabó el programa.
-Eso también ocurre aquí.
-Porque Latinoamérica y España, que comparten modelo educativo, tienen el mismo problema. La Educación no está en manos de educadores, sino de políticos y los sistemas educativos deben ir por otro camino, no tienen que depender de la política.
-Así funcionan la mayor parte de los países triunfadores en los informes PISA.
-Sí, pero hay que tener cuidado con el informe PISA. PISA ni lo mide todo ni mide lo más importante. Podemos extraer conclusiones de un sistema como el finlandés, donde los alumnos trabajan sin presión, sin tareas, muy relajados, pero no creo que nos pueda aportar nada sistemas educativos tan exigentes y crueles como el coreano, por muy buenas notas Pisa que tenga.
-¿Qué es lo fundamental que tenemos que coger de los finlandeses?
-Lo interesante es cómo todos los factores han logrado una conexión: alumnos, profesores, padres. En Finlandia no todo depende del profesor.
-Se centra mucho el problema de la educación en España en el profesorado.
-Depende. En Primaria creo que la educación española funciona muy bien, pero en Secundaria es donde llega el problema por la sencilla razón de que los profesores no son profesores profesionales y, en algunos casos carecen de herramientas para enfrentarse a un adolescente. Pocos químicos estudian Química para dedicarse a su enseñanza. Luego hay muchos que cogen la vocación y son magníficos profesores, pero la preparación no va enfocada a ello. En la mayor parte de los países de Europa se estudia siete años para ser eso, profesor.
-¿Qué papel juega la familia en España?
-Es muy combativa, lo que pasa es que no siempre combate en la dirección acertada. Educar a un adolescente es una tarea titánica en la que se tiende a satisfacer su principio del placer, que es insaciable. Como yo digo, a tus hijos, edúcalos o padécelos.
-Y ahora, a la mínima, les damos un chute de química. Le hablo de la epidemia de TDHA.
-Es lo más fácil: pensar que el niño es el problema. Ese trastorno ni es tan frecuente ni es tan grave. Nuestro cerebro está diseñado para la distracción por supervivencia, porque si no te comía la bestia y, entonces, no estabas distraído, estabas atento a que pasara una mosca. Pero esos mismos niños no se distraen con un videojuego. Eso se cambia con la alimentación y el tipo de trabajo. Cada niño es un mundo. Pero es más sencillo meter química. Ponle química al cerebro y hará lo que tú quieras que haga.
Un colegio de Oxfordshire (Reino Unido) ha prohibido a los niños usar pantalones cortos durante los calurosos meses de verano, y, si lo desean, les dieron la opción de usar faldas.
La Escuela Chiltern Edge, ubicada en Sonning Common introdujo recientemente una nueva política de uniformes más estricta que establece que los alumnos solo pueden usar pantalones largos o faldas, según informa «The Independent».
Cuando un padre preguntó si su hijo podría usar pantalones cortos para el verano, el personal del colegio respondió que «no», ya que los pantalones cortos no están permitidos, pero como el colegio tiene una política de género neutro, los niños podían optar por usar faldas.
El padre del niño, Alastair Vince-Porteous, dijo en declaraciones al «Daily Mail»: «Me dijeron que los pantalones cortos no son parte del uniforme. Es una lástima que no podamos ser más maduros al respecto, no estamos pidiendo jeans ajustados, solo pantalones cortos durante dos meses al año, no es gran cosa».
Algunos otros padres también criticaron el nuevo uniforme, que también introdujo americanas, ya que creen que la ropa no es apropiada para los meses más cálidos.
La política de vestimenta se introdujo en la escuela después de recibir una calificación «inadecuada» por los inspectores Ofsted en la primavera del año pasado.
«Los alumnos valoran su nuevo uniforme»
Pero la escuela parece estar progresando y la última inspección de supervisión Ofsted de noviembre de 2017, mejoró la valoración: «Los alumnos valoran su nuevo uniforme, son inteligentes y educados, y la mayoría se comporta bien».
La directora Moira Green, quien también introdujo horarios de enseñanza más largos desde que asumió el cargo, explicó que decidió eliminar los pantalones cortos del uniforme después de una consulta, ya que se decidió que era el atuendo más «profesional».
En un comunicado de 2017 Green explicó: «En septiembre de 2017, con el apoyo de los padres, Chiltern Edge tomó la decisión de pasar a un uniforme más formal y la decisión ha sido un éxito».
Agregó que seguían una política de uniformes «genérica», lo que significaba que se podía comprar desde cualquier lugar, y la única pieza de vestimenta de marca era un lazo escolar, que se entregaba a los estudiantes de forma gratuita. El problema, dijo, era simplemente que «los pantalones cortos no son ya parte del uniforme escolar principal».
Unos 3,7 millones de niños de entre 7 y 17 años están privados de su derecho a la educación en Afganistán
Afganistán cuenta con una compleja historia, que ha quedado reflejada en su actual civilización, lenguajes y monumentos. Los afganos se muestran orgullosos de su país, su linaje y soberanía. Al estar en un cruce de caminos de múltiples rutas comerciales e imperios, la cultura afgana es rica y multilingüe, con herencias de todas las etnias y pueblos que arribaron a su territorio, donde el Islam tiene una importancia predominante, pero hay profundas influencias budistas y nómadas. La literatura afgana la componen básicamente poemas en lengua persa y pashto, según wp. Su música la componen instrumentos de cuerda tradicionales como el laúd dotar o el laúd tanbur, por influencias árabes y persas y el tambor tabla, influencia india.
Casi cuatro millones de escolares en Afganistán no pueden asistir a clase debido a problemas de seguridad y pobreza, así como por la discriminación contra las niñas existente en el país, ha revelado un nuevo informe de la Iniciativa Global para Niños No Escolarizados del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés), según rt.
El 60 % de los 3,7 millones de menores de entre 7 y 17 años privados de su derecho a la educación en el país son niñas que tienen «una desventaja particular» debida a la discriminación de género. La peor situación se registra actualmente en las provincias de Kandahar, Helmand, Wardak, Paktika, Zabul y Uruzgan, donde hasta el 85 % de las niñas no asisten a la escuela.
La falta de seguridad en las zonas de conflicto y el desplazamiento de familias debido a los combates se mencionaron como los principales motivos que contribuyeron al primer aumento en la tasa de desescolarización en Afganistán desde 2002, ha explicado Unicef. Las malas instalaciones educativas y la falta de maestras también generan preocupación. Los autores del informe han instado a las autoridades afganas a garantizar entornos de aprendizaje seguros, capacitar a más profesorado y mejorar la pedagogía, así como alentar la educación temprana y el aprendizaje a distancia.
Fuente de la noticia: http://www.periodistadigital.com/ciencia/educacion/2018/06/04/sabias-que-la-mitad-de-los-ninos-afganos-no-van-a-la-escuela-por-los-combates-y-la-discriminacion.shtml
El director científico del ITworldEdu, Miquel Àngel Prats, afirma que el profesorado y los centros educativos están esforzándose por innovar en las aulas con las TIC y las nuevas metodologías de enseñanza
Miquel Àngel Prats (Barcelona, 1970), director científico del congreso ITworldEdu y de los estudios de Educación Infantil en Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y el Deporte Blanquerna de la Universitat Ramon Llull, comparte con Educaweb los logros que este evento sobre innovación educativa ha conseguido durante sus 10 años de vida.
Para el doctor en Pedagogía y profesor titular de Tecnología Educativa e investigador responsable de la línea eduTIC del Grupo de investigación en Pedagogía, Sociedad e Innovación con el apoyo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (PSITIC), el ITworldEdu ha conseguido que el ámbito empresarial tecnológico y las entidades educativas puedan conocerse y crear sinergias juntos para beneficio de la educación.
Prats, quien fue director de las primeras cinco ediciones del mencionado congreso, considera que actualmente los centros educativos están viviendo«una primavera pedagógica», pues se hallan más dispuestos a innovar.
¿Qué ha aportado el ITworldEdu a la educación?
Este evento nació con la finalidad de que el ámbito empresarial tecnológico que presta servicios a la educación conociera de cerca las necesidades que el mundo educativo tenía. Era muy importante también que las empresas tecnológicas enfocadas a la educación se conocieran entre sí para que no repitieran productos y se pudieran detectar nuevas oportunidades.
Básicamente, el objetivo del evento era que se establecieran puentes de contacto entre la oferta y la demanda, aparte de promoción económica y negocio para las empresas, cuestiones también legítimas. A mi modo de ver, el evento permite impulsar la tecnología educativa y, en el fondo, mejorar la educación.
A lo largo de estos 10 años hemos visto cambios muy significativos, tanto por políticas educativas que han fomentado el uso de tecnología como por la importancia que los centros, profesores y los propios estudiantes le han dado. Ha habido una evolución (lenta) y podemos decir ya que el tema tecnológico en la educación está a la orden del día. Una escuela que hoy en día no se plantea la cuestión digital es una escuela que en el fondo acaba siendo negligente.
¿Qué balance hace de los 10 años del ITworldEdu?
El balance del congreso es muy positivo. En este sentido ha habido cambios de todo tipo. Sobre todo, pedagógicos y también tecnológicos… Por ejemplo, qué se entiende por una escuela digital, o un aula digital. Y no sólo eso, en este caso también se han tratado las competencias digitales tanto de alumnos como de los docentes.
Creo que el evento ha provocado que el mundo tecnológico -de la mano de las empresas tecnológicas al servicio de la educación- se han conocido, se han identificado y se han estructurado y de aquí ha surgido un clúster. La gran aportación, entre otros muchos aspectos, del ITworldEdu es que al final ha permitido que se haya creado un clúster de empresas. Un Cluster de empresas que pueden conocer mejor al ámbito educativo y que le pueden aportar mejores soluciones.
¿Cómo han evolucionado las temáticas del ITworldEdu? ¿De qué se hablaba antes y de qué se habla ahora en cuanto innovación educativa?
Inicialmente se hizo una exploración sobre lo que se utilizaba en la escuela en el ámbito tecnológico. El punto de inflexión en las temáticas fue cuando explotó la política de la escuela 2.0, de un ordenador por niño, pues hubo una gran eclosión de lo que significaba la tecnología en el mundo escolar. El «uno por uno» puso de relieve cómo tenía que ser una escuela digital y la función docente. A partir de ahí se ha realizado una gran diversificación de temáticas, de lo que es el liderazgo, de la innovación pedagógica, y de cómo deben llevarse los procesos de la innovación en este sentido.
El último ITworldEdu acabó con lo que hemos denominado «una primavera pedagógica» porque nos hemos percatado de que los centros están muy activos, y podemos afirmar sin llegar a equivocarnos que hay muchas ganas de innovar con el uso de la tecnología por parte del profesorado. Se están haciendo cosas muy interesantes y lo que intentamos en el congreso es hacer emerger experiencias buenas que puedan ser extrapolables. Lo más interesante del ITworldEdu es que hemos sido capaces de poder identificar buenas prácticas para que la gente las pueda copiar o transferir a sus centros. Y, sobre todo, de la mano principalmente de alumnos y profesores.
¿Qué se puede esperar del próximo ITworldEdu?
En el último congreso una de las actividades más exitosas han sido los talleres prácticos, sobre todo porque han tenido que estar liderados, como decíamos antes, tanto por los profesores como por los propios alumnos y esto ha sido un gran reto, un punto muy a favor. El hecho de que tengas alumnos de primaria, ESO o bachillerato explicando el taller ha sido muy relevante y seguramente los repetiremos.
«Las tecnologías permiten al alumnado ser mucho más autónomo en el momento del aprendizaje«
¿Qué criterios se siguen a la hora de elegir el programa y los ponentes?
Sobre todo, que los mensajes de cada uno de los speakers puedan ser extrapolables o tener doble lectura, tanto para el ámbito empresarial tecnológico como para los responsables de los centros educativos y sus responsables de innovación. Para quienes organizamos el congreso es importante que las conferencias aborden temas relacionados con gestión del cambio, liderazgo e innovación educativa, entre otros.
Intercambiar buenas prácticas es clave para transformar la educación
¿Cuáles son los principales retos que afrontan las instituciones educativas para gestionar la transformación digital de la educación?
Uno de los principales es aún el reto de la conectividad, el segundo tiene que ver con la resistencia del profesorado, el tercero con el liderazgo de la innovación tecnológica, y el cuarto gran reto es todo lo que supone llegar a hacer emerger buenas prácticas y experiencias interesantes con el uso de la tecnología. En este caso, a través de la creación de redes de profesores que intercambien buenas prácticas, por ejemplo.
Es importante poner en contacto a profesores para que compartan sus experiencias. Esto ya sucede, pero lo que ocurre es que muchas veces acaban siendo «los mismos sospechosos habituales«. Es necesario tener en cuenta que hay muchas escuelas que son modestas o discretas y que están haciendo cosas muy interesantes, incluso con pocos recursos tecnológicos. Estas son también las que valen la pena que se den a conocer.
Nos hemos dado cuenta de que hay escuelas que tienen mucha tecnología en su centro, pero que no la saben aplicar; sin embargo, hay otras que tal vez tienen poca, pero han sabido aprovecharla para innovar. Tenemos escuelas públicas que están liderando procesos de transformación educativa, y de la misma forma escuelas concertadas-privadas que están en proceso de transformación.
Como he señalado, una de las conclusiones a las que llegamos en el último ITworldEdu es que estamos viviendo una primavera pedagógica en la que el profesorado se está poniendo las pilas, se está formando, haciendo grandes esfuerzos para innovar. Aún falta mucho por hacer, pero se están haciendo muchas cosas. Y es importante decirlo y verlo.
¿De qué evidencias disponemos sobre los beneficios que aporta la tecnología en el proceso de aprendizaje de los alumnos?
Las tenemos mucho más a nivel cualitativo. En primer lugar, muchos profesores acaban diciendo que con la tecnología en la educación los alumnos se motivan más, pero eso no es suficiente.
La tecnología es capaz de aportar un campo de simulación, reto y exploración mucho más interesante. Por lo tanto, en segundo lugar, otra evidencia es que la tecnología nos aporta grandes posibilidades didácticas, que es necesario explorar más. Lo que falta es tiempo para poder aprovecharlas y ver sus potencialidades, tiempo para poder experimentar con ellas.
Y, en tercer lugar, una de las evidencias más claras es que las tecnologías permiten al alumnado ser mucho más autónomo en el momento del aprendizaje, es capaz de acceder a las fuentes de información, de formarse a él mismo, ser mucho más organizado. El alumnado que accede a internet se espabila más y es mucho más autónomo, siempre y cuando tenga una buena orientación y guía por parte de sus profesores.
¿Qué medidas se deberían tomar para que estas evidencias y buenas prácticas se generalicen y tengan impacto en todo el sistema educativo?
Primero tiene que haber una buena política educativa por parte de la administración pública que fomente el uso de la tecnología en la educación; no solo en el sentido de aportar materiales o máquinas, sino que ayude al profesorado a obtener estas competencias digitales.
Por otro lado, es muy importante que los centros tengan una hoja de ruta, un plan estratégico y que el equipo directivo lidere la transformación educativa que necesita el centro. Es necesario también que el centro cuente con una buena dotación tecnológica y que exista un soporte y acompañamiento al profesorado de manera continua.
En resumen, si un centro tiene una hoja de ruta, un liderazgo del equipo directivo, el centro está bien dotado de recursos tecnológicos y además cuenta con un buen programa de acompañamiento al profesorado y lo mima, entonces tiene todos los ingredientes para poder hacer un buen plan de trabajo.
Fuente de la entrevista: https://www.educaweb.com/noticia/2018/05/29/innovacion-educacion-vive-primavera-pedagogica-18483/
Una visión más pragmática se impone en la aplicación al aula de medios digitales
En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.
Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a «docentes como yo», es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?
A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?
En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.
Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares… en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.
De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.
Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de «docentes como yo», probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.
Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.
Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.
Fuente del artículo:https://elpais.com/diario/2011/11/21/educacion/1321830001_850215.html
Conor Flynn (Dublín, 1978) es cofundador y CEO de Adaptemy, empresa dedicada a crear y ayudar a implementar soluciones tecnológicas para aplicar el aprendizaje adaptativo en las aulas. Es especialista en innovación educativa desde hace más de 20 años y consultor en metodologías de aprendizaje personalizado en diferentes países del mundo, especialmente China e Irlanda, con el propósito de cambiar los resultados del aprendizaje del alumnado y enriquecer la relación entre profesores y estudiantes.
¿Qué es el aprendizaje adaptativo? ¿Cuáles son las diferencias entre el aprendizaje adaptativo y el aprendizaje personalizado?
El término aprendizaje personalizado, o personalización, se refiere a una amplia variedad de programas educativos, experiencias de aprendizaje, enfoques didácticos y estrategias de apoyo educativo que tienen como objetivo abordar las diferentes necesidades del aprendizaje, los intereses, las aspiraciones o los contextos culturales del alumnado a nivel individual.
El aprendizaje adaptativo da respuesta al itinerario individual de aprendizaje del alumnado;
se adapta al currículum, contexto y cultura de la escuela y del país; se centra en las personas que utilizan la solución, siendo la tecnología un mero instrumento para agregar valor. También busca retroalimentación constantemente, ajustándose en base a esta, y colabora con el alumnado, el profesorado, las familias y los creadores de contenidos para perfeccionarse.
Las mejoras recientes en la tecnología, tanto en los dispositivos online como en los sistemas de inteligencia artificial (I.A), han sentado las bases para el desarrollo del aprendizaje adaptativo. Para los creadores de contenidos interesados en el aprendizaje adaptativo, existen una serie de requisitos fundamentales, que deben cumplirse para ser considerados verdaderamente adaptativos, como los siguientes…
El alumnado debe estar en el centro: la tecnología adapta el contenido educativo para ajustarse mejor a las necesidades del alumnado, y no al revés. La tecnología no recomienda simplemente el siguiente tema o concepto, sino que sugiere la acción y el contenido más apropiados que encajen con el itinerario de aprendizaje individual.
Las soluciones de aprendizaje adaptativo son culturalmente sensibles, se adaptan a las diferencias culturales y sociales, lo que las hace muy conscientes socialmente.
El aprendizaje adaptativo está guiado por la tecnología. Es un método educativo que utiliza los ordenadores como dispositivos de aprendizaje interactivo y presenta contenidos y recursos educativos a las personas usuarias en base a sus propias necesidades. Además, es intencional en su propósito, no es tecnología por el hecho de ser tecnología; su intención es mejorar las experiencias educativas y los resultados.
También se utiliza en tiempo real, puesto que el profesorado puede ver el progreso de su clase en tiempo real y medir el esfuerzo y el rendimiento, los creadores de contenidos también deben ser capaces de ver cómo funciona su producto para mejorar y adaptarse al aula.
Y es sostenible porque crea confianza y capacidades sólidas en el alumnado, proporcionándoles visualizaciones claras y significativas de su progreso de aprendizaje. Esto fomenta la autoconciencia y se ha demostrado que conduce a una mayor motivación intrínseca a lo largo del tiempo.
» El aprendizaje adaptativo no consiste simplemente en adaptarse al itinerario del alumnado. Las verdaderas soluciones de aprendizaje adaptativo se ajustan al currículum, a la cultura y al país en las que se aplican«.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas del aprendizaje adaptativo?
Para los creadores de contenidos las ventajas son: diferenciación, nuevas fuentes de ingresos, aumento de la cuota de mercado, conocimientos más profundos sobre la eficacia del contenido, datos mejorados, diferentes (y mejores) relaciones con el profesorado/escuelas. Es decir, no se trata de una venta única, sino de una relación de apoyo continuado.
Los beneficios para el profesorado se refieren a que el aprendizaje adaptativo puede proporcionar una visión más profunda de la eficacia de la lección y de la capacidad del alumnado, pasar a tener una función de asesoramiento e identificar dónde es necesario el apoyo, elimina la carga administrativa y ayuda a planificar las lecciones.
Para el alumnado el aprendizaje adaptativo puede ofrecer un itinerario personalizado, mejorar la motivación y proporcionar mejores experiencias de aprendizaje y resultados.
Entre los inconvenientes destaca que cuando el aprendizaje personalizado se hace incorrectamente, puede ser caro y tener consecuencias negativas en términos de la moral del equipo de los creadores de contenido y en la confianza del profesorado/escuela.
Si se introduce una solución en un aula simplemente por el hecho de introducir tecnología, no se adoptará y es más probable que dañe las relaciones entre los creadores de contenido y la escuela.
Introducir el aprendizaje personalizado y/o la tecnología adaptativa en una organización es un cambio digital disruptivo. Sin el apoyo adecuado, es probable que los proyectos fracasen. Esto es caro y daña la moral.
Para el profesorado, el plan de estudios y la tecnología cambian continuamente, por lo que tienen mucha presión. La introducción de tecnología que fracasa genera sospechas y puede ser difícil ganarse a esos educadores y educadoras una vez que han perdido la confianza.
¿Cuáles son los desafíos del uso de las TIC en el aprendizaje personalizado?
Cuando las tecnologías de información y comunicación se introducen por el sólo hecho de querer hacerlo, a menudo no se agrega ninguna ventaja real al aula. La tecnología sólo debería introducirse si proporciona beneficios exponenciales a las personas involucradas.
En muchos casos, las críticas al aprendizaje personalizado provienen de la falta de comprensión o del fracaso de los productos. El aprendizaje adaptativo no consiste simplemente en adaptarse al itinerario del alumnado; las verdaderas soluciones de aprendizaje adaptativo se ajustan al currículum, a la cultura y al país en las que se aplican.
Una solución sólida tiene que tomar en cuenta los diferentes estilos de aprendizaje y las diferencias culturales y crear productos que se adapten a las necesidades educativas específicas de cada país.
Además, las escuelas online y los programas educativos que promueven el aprendizaje personalizado también se han convertido en objeto de crítica, debate y controversia. Muchas escuelas virtuales con fines de lucro y programas universitarios en línea, por ejemplo, han sido acusados de ofrecer experiencias educativas de baja calidad al alumnado, aprovecharse de estos o de los programas públicos, y utilizar la popularidad de conceptos como aprendizaje personalizado para promover programas de dudoso valor educativo.
¿Es imprescindible usar la tecnología en el aprendizaje personalizado?
Si bien el uso de la tecnología presenta muchos beneficios, existen muchos enfoques no tecnológicos como, por ejemplo, reconfigurar la estructura operativa y educativa de una escuela grande para que el alumnado pueda organizarse en grupos más pequeños, contando con un equipo docente que conozca bien al alumnado y sus necesidades de aprendizaje. Si bien esta estrategia adopta una amplia variedad de formas, algunos de los enfoques más comunes son «pequeñas comunidades de aprendizaje», formación de equipos, academias temáticas o «escuelas dentro de una escuela» (un enfoque que involucra la creación de programas académicos distintos), o «escuelas», dentro de la estructura operativa de un centro educativo más grande.
Otro enfoque es el reemplazar las clases más tradicionales o salas de estudio por sesiones de asesoría: tiempo dentro de la jornada escolar para que el profesorado se reúna con grupos pequeños de estudiantes y los asesoren en cuestiones académicas, sociales y de planificación postsecundaria. El alumnado también puede reunirse regularmente con asesores, mentores adultos o mentores de su edad durante varios meses, un año o varios años para ayudarlos a aclimatarse a una escuela, investigar opciones educativas o planificar la educación superior y las carreras profesionales.
Si bien todos estos enfoques son valiosos, la tecnología puede añadir beneficios específicos y exponenciales como, por ejemplo, la información proporcionada por los datos recogidos.
¿Está preparado el profesorado para trabajar en el aprendizaje personalizado en las escuelas?
La educación es inherentemente humana. Las empresas de Edtech (tecnologías de la información aplicadas a la educación)deben comprender que la introducción de tecnología en el mundo educativo no funcionará si no tienen en cuenta las diferencias tanto en las formas de enseñar como en las formas de aprender. No hay necesidad de tecnología sofisticada sin otro objetivo más allá de la propia tecnología. La tecnología sólo debe introducirse en un aula cuando ésta mejora exponencialmente el entorno de aprendizaje. La Edtech y sus inversores nunca deben perder de vista para qué ha sido creada la industria y debe fomentar el aprendizaje del alumnado y empoderar al profesorado, no reemplazarlo.
¿Cuál debería ser el papel de la tecnología de aprendizaje personalizado en el aula?
La tecnología debe ser individual para cada clase y profesor, irreplicable y valiosa, la tecnología nunca debe tratar de debilitar la importancia de la cultura de un aula. Las dinámicas interpersonales y grupales son tan importantes para el aprendizaje como el contenido de la asignatura.
Los profesores y profesoras interpretan las dinámicas del aula de manera intuitiva, adaptándose para responder a las necesidades del alumnado. Es esencial que la tecnología respalde este ecosistema vital y que nunca busque erradicarlo.
Como consecuencia, el profesorado asume la responsabilidad del aprendizaje y el bienestar emocional del alumnado. La tecnología debería apoyarlos en este rol y mejorar su capacidad para cumplir con esas responsabilidades. Las soluciones que no tienen esto en cuenta deberían ser rechazadas.
Cuando cuentan con el apoyo de una tecnología como podría ser Adaptemy, el profesorado puede asumir el papel de asesor y ofrecer una ayuda adecuada al alumnado que más lo necesita. La información proporcionada por los datos les ayuda a identificar a aquellos estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje pero que aparentemente no los tienen, y ajustar la organización de las lecciones en base a la evidencia.
¿Podría explicar una buena práctica sobre el uso de las TIC en el aprendizaje personalizado?
Uno de los desafíos clave a la hora de asignar tareas es la dificultad que tiene el profesor o profesora para determinar la cantidad de esfuerzo que ha hecho un estudiante. Al proporcionar un informe personalizado para cada estudiante a través de una tecnología que refleja el tiempo dedicado y el número de intentos, el profesorado tiene una nueva perspectiva. Es muy diferente el caso de un estudiante que obtiene una C después de 2 minutos de esfuerzo y un solo intento que el caso de un estudiante que obtiene una C pero que ha dedicado 45 minutos e hizo 6 intentos. Con esta perspectiva personalizada, el profesorado puede planificar una intervención efectiva.
Otro ejemplo: el aprendizaje personalizado hace que el estudiante tome el control de su aprendizaje: una habilidad metacognitiva clave. Debido a que la tecnología brinda retroalimentación inmediata y personal, el alumnado no tiene que esperar hasta su próxima clase de matemáticas para identificar sus errores. Pueden resolver el problema cuando éste se produce.
¿Cuáles son los desafíos a la hora de implementar el aprendizaje adaptativo en las escuelas?
Los productos digitales fracasan cuando el aula, el plan de estudios y la cultura no son completamente entendidos. Las soluciones tecnológicas de aprendizaje adaptativo deben alinearse con el plan de estudios, considerar los flujos de trabajo del profesorado y mejorar lo que éstos últimos tratan de hacer.
Las tecnologías deben estar alineadas con el plan de estudios. Hay muchos softwares libres a disposición del profesorado que no están alineados con el plan de estudios. Si un profesor o profesora quiere un producto digital para su aula, no es difícil encontrar uno. Lo que es difícil de encontrar es una solución que encaje con el plan de estudios.
Se debe tener en cuenta el flujo de trabajo del profesorado. ¿Cómo encajará el producto digital en el flujo de trabajo de un docente? ¿Qué parte jugará en la dinámica general del día, de la semana, del trimestre/semestre y del año? ¿Admitirá presentaciones? ¿Trabajos en grupo? ¿Organización? ¿Prácticas? ¿U otras de las muchas prácticas adicionales que tienen lugar en el entorno educativo?
Si el producto no encaja en la dinámica existente, el profesor o profesora utilizará alternativas no digitales. Es vital comprender el papel del producto digital en las vidas laborales del profesorado.
Las soluciones tecnológicas en el aprendizaje personalizado deben mejorar lo que un profesor o profesora está tratando de hacer. En el aula hay múltiples dinámicas en funcionamiento. Están las relaciones entre el alumnado y sus compañeros y compañeras, entre el alumnado y el profesorado, entre el alumnado y el plan de estudios, entre el profesorado y el plan de estudios, entre el alumnado y el contenido, entre el profesorado y el contenido…, y por tanto también se establecerán relaciones entre el producto digital y todas estas personas y elementos.
Si el producto digital interrumpe estas dinámicas, fracasará. Es presuntuoso asumir lo contrario. No podemos entrar en el aula, un entorno complejo y valioso, y esperar que todo se someta a la tecnología. Cuando creamos un producto, debemos entender estas relaciones y satisfacer sus necesidades. La pregunta es: ¿qué tipo de práctica docente mejorará el producto? Porque si no mejora el entorno, no pertenece al aula.
¿Cuáles son las TIC más adecuadas para el aprendizaje adaptativo?
Las TIC más adecuadas deben apoyarse en investigación pedagógica basada en la evidencia que demuestre la mejora en los resultados de aprendizaje.
También tienen que ser fáciles de usar: existe una tendencia en las soluciones del aprendizaje adaptativo a perder de vista la usabilidad a favor de la complejidad de usar Big data.
Las soluciones TIC de aprendizaje adaptativo pueden ayudar, pero en última instancia deben ser un apoyo a la dinámica de aprendizaje del alumnado y del profesorado y no intentar reemplazarla.
Fuente de la entrevista: https://www.educaweb.com/noticia/2018/05/31/tecnologia-solo-debe-introducirse-aula-cuando-mejora-exponencialmente-entorno-aprendizaje-18488/
‘Imagine a world where you are enclosed by war, not knowing if you are going to die tomorrow or tonight, or maybe even in an hour. Living in a world of fear. Hearing gunshots and shelling day and night, hoping that you won’t be the one to get hit. Not wanting to step outside your door to go to the shops, in fear that you might not return home.” Ava has poise. Her eyes scan the gathering. She has them hooked.
“There are children like Wasem and Maher, who were three and 11. They were both executed with knives in front of their parents, who felt as if they were being tortured themselves.” This is a conference room in the House of Lords: an audience of academics, politicians, charity leaders and experts.
“The people who are killing and destroying the country and causing the civil war are following harsh dictator [Bashar al-]Assad and are fighting against Isis, an equally brutal militant religious group. The citizens are caught up in the middle of this awful war and are fleeing the country. This has caused one of the largest refugee crises known in history.” There are nearly 200 people in the room. Ava is only 12.
“So it’s pretty bad, right? We surely must be doing something? There are now over 19.5 million Syrian refugees, that’s nearly four times the population of Scotland. These are harmless, innocent citizens fleeing from war and trying to get to safety. So far Britain has only let one thousand refugees into the country. Only one thousand!
“Let them in! Everybody, together. Let them in!” The audience of the great and the good join Ava in a rousing chorus of “Let them in”. She stares, shocked that they have followed her command. Surprised that her words could have such power. Relieved, drained, tearful, she sits back down.
This is the launch event for a piece of research into the importance of speaking in schools. Ava, like many at School 21 – a state-funded, non-selective free school in Stratford, east London – is finding her voice. She had chosen a subject dear to her heart, one she wanted to speak out about, to craft and deliver something of true worth. Like millions of young people, she is growing up in an age of extraordinary new opportunities, an increasing number of perils and a series of troubling moral dilemmas.
In a world of “alternative facts”, how can we give young people the skills to shine a spotlight on the truth?
At a time of growing disaffection with politics, and alienation caused by globalisation, how do we teach young people that ignorance is not bliss, that expertise is of value, that they can make a difference?
With extreme politicians on the march and the potential for an era of “illiberal” democracy to sweep the west, how do we teach young people that tolerance is a quality to be prized, not discarded when times get tough?
When scientists create babies from three “parents”, what should young people be taught so they can respond with the knowledge but also a moral compass? When an exciting but potentially terrifying world of artificial intelligence opens up, how do we equip young people to understand and shape this changed world? When a 100-year lifespan is within the grasp of those at school today, with profound implications for personal finance, lifestyle, careers and lifelong learning, how do we teach young people to be sufficiently agile? What kind of education do we need that can possibly meet these mighty challenges?
There are no easy answers and, like politics, education suffers from an unhealthy polarisation – divided between those who believe that technology renders the teacher obsolete and those who believe that the role of the teacher is to be boot-camp instructor.
A world without teachers?
Some truly believe that the teacher is and should be on the way out. This is an individualistic world, they say, so education needs to be customised. School of One in New York, for example, is designed to give everyone a personalised curriculum each day by using an algorithm to adapt instructional methods and content based on what was learned the day before. The growth of Moocs (massive open online courses) means millions of people around the world can access expertise and learning online. And many teachers are trialling forms of blended and “flipped learning”, where students have absorbed a lot of information and come to a lesson ready to discuss, apply and interrogate their knowledge.
As parents, we are aware of how quickly our children can pick up new skills by watching a clip on YouTube: a scientific experiment, playing the guitar, knitting, coding, even learning to read. We also know as adults that there is such a thing as “just in time” knowledge. When we want to develop a hobby like gardening, build an extension to our house, we swot up on it, immerse ourselves in it as and when we need to. These new types of learning should not be dismissed, as some do, either as fads or as doomed to fail. Neither is the case.
But there are limits to this model, and limits I believe to it being applied wholesale to schools. For, as one of the drama teachers at School 21 says: “Ultimately, teaching is about the relationship between the teacher, the student and the text.” (The text meant in its broadest sense.)
We all know that there is nothing quite like being inspired by an expert, having Shakespeare or a language or the wonders of science brought alive by someone who has a deep passion and real expertise. The teacher, like a great sports coach, is skilled at diagnosing what we need and guiding our deliberate practice – the idea of working again and again, not on the whole performance but on those parts we find most difficult until they start to come easily and automatically.
When teachers are driven out
“Why are you looking to leave your current school?”
“Because all that matters seems to be exams. Students just seem to be going through the motions.”
It is an interview at School 21. We are looking for an English teacher. We have a good field of candidates. But the candidate in front of us is the fourth in succession to give an almost identical answer.
“It’s not right that all I teach is exam practice. I love my subject but you know they’ve added another 100 pages of biology to get through in the name of making things harder. It means you have to plod through the content with no time to deepen their understanding. I want to inspire my students, but I’m being ground down.”
This teacher is describing in sad but graphic detail the exam factory. Most are unaware of how bad it really is; many teachers are so used to it they no longer question.
Ofsted judges schools on data above all else, which means exam results: year 6 Sats, GCSEs and A-levels. Of these, the pressure on GCSEs is highest.
When a single exam is high stakes on three levels (the student, the school and the system) it affects the dynamics and motivations of everyone so profoundly that the system as a whole is distorted and perverse incentives will start to flow. GCSE results are the student’s ticket to future success; the determinant of the headteacher’s job; and the system’s evidence to show improvement over time. Yet these exams are not even ones that employers believe are useful for the world students are entering.
Instead, education is skewed to meet the needs of this rigid accountability framework. Perverse incentives play out as follows:
Perverse incentive 1
Teachers feel the pressure to choose the easiest exam boards and easiest exam content so they can maximise results. English departments, for example, choose novels to study because the books are shorter, the ideas less complex. Easier humanities are chosen for those who will find history difficult.
Perverse incentive 2
Instead of the GCSE syllabus beginning in year 10, giving two years of teaching, schools cover themselves by starting in year 9. So students are being relentlessly drilled for exams for three years of their five-year secondary schooling. Many schools give students GCSE grades from year 7.
Perverse incentive 3
Students are often given a diet solely of exam classes. There is often no non-examined curriculum in years 9-11 because there is no room with all the exam classes. This means that unless you choose to do a GCSE in music, art or drama you do not have any lessons in these from the age of 14 onwards.
Perverse incentive 4
The Ebacc (English baccalaureate) subjects do not include any creative subjects so at a time when creativity, communication and problem-solving are prized in the real world, these subjects are being squeezed in schools.
In such a system, teachers need to become not subject experts but experts in exam technique. Pupils need to get brilliant at passing exams. Pupils get good, very good, at knowing a four-mark question from a six-mark question, a describe question from a compare question. Teachers are asked to “intervene” on children before school, at lunch, after school, on Saturdays, in holidays. “Weaker” or “low ability” students have intervention timetables for almost every subject.
The impact of this is a compliance culture. The tramlines are set. Exam success is a military operation. It is hard to blame schools for this. Headteachers have to work with the system they are given. We have a duty to get each of our students through it. But it means that innovation is a risk. In an exam factory there is little room for individuality. Students are not allowed to mature at different rates, develop different interests, have wobbles at the “wrong time” because it all upsets the best-laid plans.
Many of the schools that have the highest performing exam factory are also the most regimented. Regimentation and compliance is the way of getting people through a system they don’t enjoy. So, more schools opt for the silent treatment. Silence in corridors, silent classrooms, stricter rules. Detentions are regular and relentless for those who transgress. The message is not lost on young people: you are thugs who need civilising; we can’t trust you to talk; we don’t want to hear from you; do as you are told.
These authoritarian regimes deliver for a time but often leave young people floundering when they move to university or work, where the straitjacket is removed. Authoritarian regimes also lead to unthinking young people, afraid to question authority, even when that authority is heading off the rails.
The alternative: an engaged education
So we are currently trapped between these two futures: one where teachers may become irrelevant and one where inspiring teachers leave in their droves, driven out by the exam factory.
This simply isn’t good enough. “Education,” as Nelson Mandela put it, “is the most powerful weapon for changing the world.” Yet, it is a weapon currently without ammunition. We have a one-dimensional education system in a multidimensional world. We are living in an age of big challenges, big data, big dilemmas, big crises, big opportunities. Yet school too often is small – small in ambition, small in what it values, small in its scope.
What is at stake is the wider achievement of our young people. A small education, and a narrow set of measures, undervalues the potential, vitality and successes of our children. We need something different. An engaged education is one capable of meeting the challenge of the times and where we properly engage with the head, heart and hand.
An academic education (the head) starts with the basics of literacy and numeracy, then builds out to a deep love of words and facility with the English language. It then develops a depth of knowledge of key concepts and ways of thinking in areas such as science, maths, history and creative arts. This knowledge should be empowering knowledge – knowledge that draws on “the best that has been thought and said” from the past, as the cultural critic Matthew Arnold advocated, but importantly is shaped and applied to the needs of the present and future.
A character education (heart) is one that provides the experiences and situations for young people to develop a set of ethical underpinnings, well-honed character traits of resilience, kindness and tolerance, and a subtle, open mind. It is about serving others and giving back to the community – developing a sense of interdependence and not just independence.
A can-do education (hand) is one that nurtures creativity and problem-solving, that gives young people the chance to respond to client briefs, to understand design thinking, to apply knowledge and conceptual understanding to new situations. To be able to make and do and produce work through craftsmanship that is of genuine value beyond the classroom.
Those who experience an engaged education understand that they have a responsibility to apply their knowledge in a way that makes the world a better place. And it would do so much to bridge the academic, vocational and technical divide.
There are headteachers and teachers across the world who not only believe passionately in this kind of education but are doing something about it. Some in the United States, Canada and Australia are creating schools that develop particular skills sets and ways of thinking – design thinking, coding, Stem (science, technology, engineering and mathematics). There are teachers that are thinking deeply about how to develop the character, resilience and agility of young people. Other schools such as High Tech High, New Tech Network and Big Picture are combining academic rigour with the chance for students to undertake real-world learning.
To achieve this multidimensional education these educators believe that there need to be fundamental changes in the way schools run – a revolution in curriculum planning, timetabling, the role of the teacher and, perhaps most of all, our beliefs about young people.
These are essential changes in approach that we are developing at School 21, which we opened in 2012. We need a noisy education not a silent one. A noisy education is one where we elevate speaking to the same status as reading and writing. Where we allow young people such as Ava to find their voice and help them grow in confidence and articulacy. It is a place of curiosity and questioning, debate and depth of understanding. The dialogic classroom is one in which talk aids thinking and understanding; through Socratic seminars and exploratory talk, children of a young age learn to wrestle with moral issues, explore difficult concepts and hone their arguments. We want staff to be noisy too: debating their craft and speaking up for how they want to change education.
We need education to be based on trust not compliance. We need to trust young people more. School needs to be not a grinding slog that will lead one day to qualifications, but a joyful time of growth and exploration. We need to believe that students can produce work of genuine value to the world while at school. That is why one of our core approaches is the idea of craftsmanship, crafting work through multiple drafts until it is beautiful. It is why we give students real problems to solve from the community – saving local habitats, using maths skills to campaign against the construction of a local concrete factory, telling the stories of the local immigrant populations for the first time. We also need to trust staff more. Give them the space, the time and the collective autonomy that produce extraordinary learning for young people. That is why we provide dedicated time for collaborative planning; regular, precise and supportive feedback for all staff; and an atmosphere of inquiry, research and intellectual rigour in which teachers feel “re-professionalised” and not just cogs in the exam factory wheel.
We need education to be expansive not constrained
Schools are too often inward looking, lost in their own bubbles. We need to make schools engaged in the world, porous to outside organisations, and support them to form productive collaborations to foster innovation. Students benefit from real-world learning, from having experts – scientists, theatre directors, mathematicians, historians – critique their work.
It is why we have reinvented work experience so students spend half a day every week in an organisation doing a real-world project: recent examples include designing an app for the Department for Education to support business managers in schools; redesigning the children’s menu at a chain of hotels; working out better systems for listening to frontline staff in a major bank.
Three changes to the system are essential to have any chance of a new pathway. First, Ofsted requires a complete overhaul. It was once perhaps essential, a way of ensuring minimum standards, a floor beneath which schools could not go. It encouraged and in some cases forced schools that had no strategic plan or poor behaviour systems to get their act together. But at its heart is a destructive and damaging view of human nature. Instead of believing, as they do in most countries, that failure in schools is not the result generally of laziness or incompetence, the whole philosophy of Ofsted has been punitive. Rapid inspections, brutal judgments, a them-and-us culture.
The result is a climate of fear, and inevitably headteachers start to do things they know are not what students and teachers really need – over-monitoring, prescription for all lessons, over-testing – all in the name of doing well under Ofsted criteria. The stakes are so high that doing something turns into doing anything – almost regardless of the impact.
With the arrival of Amanda Spielman as the new head of Ofsted this month, now is the time for a radical change. Ofsted should be scrapped altogether or reformed so dramatically that it becomes a genuinely peer-led and developmental organisation.
There are three functions that Ofsted can usefully perform and all need a different solution. One, to check compliance – are children being safeguarded and protected? Here there is a case for no-notice inspections so that a school cannot cover up any shortcomings. Two, to check on standards of progress and attainment. This can be done using nationally collected statistics without a visit and if there is anything alarming it can investigate further with the school. Three, to develop the school. This should be done over several visits during a year and be conducted by a group of peers – headteachers and teachers. It should be designed not to catch a school out, but to work with it on a plan for improvement and innovation. No grades are necessary just an action plan that has to be shared with all.
Second, we need a different and more sophisticated exam regime – less high stakes, less standardised, fewer subjects, but measuring a broader range of qualities. GCSEs should be scrapped. They are a school leaving exam at 16 when you are not allowed to leave education until 18. They should be replaced by a smaller set of exams, including English, maths and science, which can be taken when students are ready in their education and could be benchmarked internationally. There should be the chance for students to be assessed on a broader range of qualities, including a portfolio of their best work and their spoken language.
Third, we need an agenda for opening up education to genuine innovation. Now is the time, not for incrementalism, but for changes capable of meeting the pressing needs of the age. We need an innovation hurdle that has to be leapt by those wanting to open new schools. There should be money targeted at innovation in those parts of the country that need the biggest boost to education outcomes – including the north-east and north-west, old seaside towns, and parts of the Midlands. Regional schools commissioners should be charged with nurturing innovation and helping schools broker partnerships with organisations that can help transform learning and provide real-world opportunities. There should be proper funding for the systematic teaching of speaking skills in all schools as one of the most important ways of increasing social mobility.
There are thousands of young people like Ava, wanting to find their voice and make a difference to the world. And thousands of extraordinary, passionate, thoughtful teachers ready to be unleashed to do amazing things. Most want to be freed from outdated notions of being traditional or progressive.
There is common ground among the vast majority of teachers, a shared desire for an engaged education. They are hungry for a more expansive education that connects pupils to the great works of our past but also the richness, variety and opportunities of the modern world. An education that is layered, ethical and deals with complexity as an antidote to the shallow, overly simplistic debates our young people often have to listen to. The best defence against extremism and “illiberal” democracy is an education that teaches reflection, critical thinking and questioning.
Now is the time to release this energy. It is the time to remove the straitjacket, unshackle the potential and let our system become the most creative and exciting in the world.
Standing outside Mango, a high street fashion shop, on Oxford Street are a dozen School 21 students in orange boiler suits. They are in the middle of a human rights project developed in their Spanish lessons. They are protesting about what they see as the injustice of a powerful company that has failed to compensate the people of Bangladesh for a fire in their clothes factory. They have produced a website, petition and learned the Spanish that will allow them to communicate with the shop’s owners and are now drumming up support for their campaign. In the words of their website: “We are a group of people with big ambitions who believe in finding justice for those who need it. There are other campaigns that we are doing all under the hashtag #S21redlines. Many people would say that we are ‘just’ children, but Mozart was ‘just’ a child and to compose something better than his work at seven years old, you’d be hard pushed. On our side we have professional campaigners, government officials and big human rights organisations so we can do a lot. We are big thinkers. We are for success. We are for the 21st century. We are for justice.”
An engaged education – perhaps the only hope we have in this mad world.
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