En la visión histórica de la izquierda dos eran los fulcros de constitución de un sujeto político transformador: la fábrica y la universidad, cuya alianza buscaba el marxismo como detonante de la revolución. La fábrica porque era el lugar común de la explotación económica y, por lo tanto, de la toma de conciencia y de la concertación sindical. La universidad porque era el lugar común donde se daban cita la juventud y el saber, fusión modernísima que constituye desde el principio un explosivo oxímoron.
Hasta 1789 la juventud era guerrera, pero no sabia, y su participación en la guerra aseguraba más bien el recambio de un modelo estable y sin variaciones. Desde 1789, cuando un grupito de imberbes letrados derriba la monarquía absoluta, la juventud pasa a formar parte de la regla del cambio, el cual forma parte intrínseca, a su vez, del imaginario social occidental. Desde Sócrates, por otra parte, el saber es una amenaza para los que se resisten a él (al cambio) y su relación con el poder una peripecia pugnaz de asimilación y subversión.
En las sociedades antiguas o de ancien régime, en efecto, la juventud y el saber se habían mantenido cuidadosamente separadas, como una combinación potencialmente amenazadora para la estabilidad social. La Universidad es su unión. Lo es ya en la Edad Media, cuando surgen las primeras comunidades docentes (baste pensar en los goliardos y en su rebelión letrada contra la religión y los gobiernos) y lo es sobre todo en el siglo XX, cuando por primera vez todas las clases sociales, así como las mujeres, acceden a la Universidad. Para que nos hagamos una idea: en 1920 Francia cuenta con 50.000 estudiantes universitarios; en 1987 esa cifra se eleva a un millón. Incluso España, siempre con retraso, pasa en ese período de 23.000 a 650.000 matrículas universitarias.
La Universidad pone al alcance de la juventud todo el saber acumulado de la humanidad, conservado y renovado al margen de los intereses de clase, las guerras y los vaivenes del poder. Si esta combinación ha sido fuente de cambio durante el último siglo es precisamente porque ha sido la Universidad la que ha intervenido en la sociedad y no al revés; porque la Universidad no ha sido un reflejo sumiso de la sociedad y sus servidumbres económicas sino porque, al contrario, la sociedad misma se ha transformado desde la Universidad; y no por casualidad –añadamos– desde las disciplinas más humanísticas. Los jóvenes, receptores subversivos de una tradición de conocimiento, hacían progresar las ciencias en el interior del campus al tiempo que desde él asaltaban en el exterior –y moldeaban de nuevo– las relaciones políticas y sociales. Esta “regla de cambio” alcanzó su colofón en la primavera –no sólo francesa– de 1968.
Hoy eso ya no es posible. La fábrica ha dejado de ser la matriz de los sujetos colectivos y la fragua de un “proyecto de vida” individual (lo que incluía una casa y una familia). La Universidad ya no es, por su parte, el “lugar común” donde la energía abstracta de la juventud se comunica con la memoria concreta de la humanidad. La misma mercantilización que ha condenado a los humanos al desempleo endémico y el trabajo precario –a una adolescencia eterna– ha abolido la juventud y ha privatizado el saber. La amputación de las ramas más “universales” y más “desinteresadas” del conocimiento –y, por eso mismo, las más necesarias– es inseparable de la conversión del campus en un campo de batalla donde se baten a muerte los futuros parados: gladiadores del mercado que tratan de ajustar sus perfiles a las contadas demandas de trabajo.
Con la reforma de Bolonia el curriculum lo hacen las empresas y los bancos; y la Universidad deja de ser, como lo fue en la era moderna, umbral iniciático de la experiencia personal (sexo, drogas, militancia) y memorización conflictiva del conocimiento humano. Sin trabajo y sin saber compartidos, fuente de revolución, queda el consumo, que es la versión light de la guerra, a la que los jóvenes sin futuro, pero también sin pasado común, acabarán volviendo a poco que una Europa sin soluciones y sin izquierda se incline un grado más hacia el abismo.
España/02 de Junio de 2018/Por: Salvador López Arnal/Rebelión
Casi no es necesario presentar a los autores. Los tres son profesores de filosofía. Carlos Fernández Liria de la Complutense, Olga García Fernández y Enrique Galindo Ferrández son profesores de secundaria. Militan ambos en las Mareas en defensa de la educación pública.
Además del preámbulo, son diez los capítulos del libro, más el apartado de conclusiones, un apéndice que evalúa el bilingüismo (inglés, castellano) y la bibliografía.
La dedicatoria es muy significativa del compromiso de los autores: a sus alumnos, a compañeros que han leído el manuscrito del libro y “a nuestros compañeros y compañeras de Mareas por la Educación Pública, por su lucha incansable y su valiosa amistad. También a todos los profesores y maestros que, como Daniel Nota, son un ejemplo para la escuela pública”.
Lo es también el título: “Escuela o barbarie”, una disyunción (excluyente) que, por supuesto, recuerda, con neta intención, el socialismo o barbarie de Rosa Luxemburg. El subtítulo tampoco está para adornar: “Entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda”. Nada que decir de lo primero, conocemos y sufrimos sus programas, sus avances y sus agresiones; de lo segundo, de la necesidad de matices sobre ese delirio de la izquierda, diré algo más adelante.
La idea central de este libro muy recomendable, escrito con fuerza y convicción, se puede resumir tal vez del modo siguiente: es urgente y necesario defender la educación y la instrucción pública; existe, no es una neura ni una idea conspirativa fantasiosa, un auténtico plan de privatización de la enseñanza pública, de desmantelamiento paulatino de esta gran conquista ciudadana, de poner al servicio de las grandes corporaciones el sistema educativo de los países. En definitiva, de sustituir la instrucción pública por otra cosa muy distinta, basada en competencias, habilidades y demás ítems de la terminología (antipedagógica) al uso. Una ilustración de esto último: ¿Para qué sirve, dicen los partidarios de las TIC, aprenderse los ríos españoles de memoria o las capitales del mundo si no tenemos la habilidad de mirar sus nombres con el buscador de una gran corporación, de San Google por ejemplo?
Las virtudes del ensayo, cito las más relevantes teniendo en cuenta el espacio del que dispongo, son más que evidentes. Algunos ejemplos:
1. Claridad en la exposición. No hay pasajes oscuros. Lo que se piensa se dice a las claras, sin ocultaciones, de frente. Plantando cara cuando es necesario y, como se podrá comprobar, muchas veces es necesario. Cada vez más.
2. El tono no es siempre cortés pero no hay falta el respeto. Hay un pensamiento, ahora heterodoxo, que se quiere vindicar, marcando distancias y criticando posiciones que se piensan (y sienten) como erróneas o como muy serviciales en algunos casos.
3. La defensa de lo público, de la educación pública, es más que evidente y sostenida con una argumentación sólida y con convicciones por supuesto.
4. Se podrá decir que se habla con trazo demasiado grueso sobre la pedagogía, contra la pedagogía si se quiere. Un capítulo, el IX, muestra muchos matices y permite una mejor comprensión de las posiciones defendidas. La discusión que mantuvieron Carlos Fernández Liria y Luis S. Villacañas, incluida en el libro, enseña a todos.
5. Se dirá que los autores, como buenos filósofos que son, teorizan y teorizan, incluso que especulan, pero que apenas plantean programas alcanzables, no utópicos. No parece pertinente la crítica. Un programa con quince puntos no quiméricos, y con coste económico cero aseguran (tengo alguna sobre ello, pero es secundario ahora), se expone, con claridad y distinción cartesianas, esta vez en las páginas 373-375. Dos ejemplos: “10. Plan de rescate ciudadano vertebrado en tres ejes de actuación; ayudas para comedores escolares, becas para material escolar y subvención de transportes públicos”. 12. “Recuperación de los derechos laborales extirpados al profesorado, especialmente a los interinos”.
6. Las críticas al llamado Plan de Bolonia, en su momento no bien recibidas entre algunos sectores del profesorado por demasiado radicales o extremistas, quedan aquí recogidas y, visto lo visto, hay que darles la razón en la mayoría de sus observaciones. No estaban ciegos y mucho menos obnubilados por prejuicios izquierdistas
7. La independencia de juicio, la libertad de pensamiento, se muestra en muchos apartados del libro. Destacaré uno. Los autores, alguno de ellos, o todos ellos tal vez, formados en los escritos y en la filosofía de Louis Althusser, no tienen ningún problema en criticar y dejar muy mal parado el concepto o categoría de “aparato ideológico de Estado” atribuido a la escuela “althusseriana”. En su opinión, un auténtico disparate conceptual, de hondo calado político, refiriéndose a la escuela pública de los Estados democráticos (capítulo II, primeras páginas).
Siguiendo el espíritu del libro, conviene apuntar algunas críticas:
1. Falta, en mi opinión, aunque sé bien que no se puede hablar de todo, una mayor aproximación a los ciclos formativos, a la enseñanza llamada profesional que también es enseñanza. Si existe algún ejemplo de privatización, de colaboración servil con el mundo empresarial, ese ejemplo está relacionado directamente con la formación dual, con la barbaridad de horas de prácticas que tiene que realizar los estudiantes (unas 350 horas, cinco meses o más), con la inexistencia de una formación humanística básica en los ciclos y con la inculcación e intoxicación cultural-ideológica de una asignatura, “Economía e iniciativa emprendedora”, que, cuanto menos en Cataluña, es obligatoria en todos los ciclos. Neoliberalismo indocumentado en estado puro.
2. La crítica a la izquierda es, en algunos casos, demasiado general en mi opinión. De hecho, ellos mismos citan, con acuerdo y mucha admiración, a uno de esos activistas y pensadores de izquierda de los que todos hemos aprendido. Hablo, por supuesto, de Agustín Moreno. Por lo demás, hay otros autores de izquierda en nuestro país que también se han levantado contra la privatización de la enseñanza y contra su destrucción. Un ejemplo entre muchos posibles: Pilar Carrera Santafé y Eduardo Luque Guerrero, Nos quieren más tontos. La escuela según la economía neoliberal, Vilassar de Mar, El Viejo Topo.
3. No estoy seguro que los autores sean totalmente justos cuando se aproximan al debate Bueno-Sacristán de los años sesenta y setenta del siglo pasado en torno al papel de la filosofía en los estudios superiores y sobre las características esenciales de la propia filosofía y del filosofar. El opúsculo de Sacristán es un texto de intervención escrito en determinadas coordenadas políticas, culturales y filosóficas, fechado en 1967 (publicado en catalán al año siguiente), un artículo largo, digámoslo así, donde se plantea un nuevo programa filosófico para la enseñanza secundaria (no se apuesta por anular su enseñanza sino por su renovación) y universitaria que tiene muy en cuenta la realidad filosófica de España en aquellos momentos. De hecho, algunas formulaciones que los autores realizan en varios apartados del libro -una pedagogía real, reflexionada por los propios profesores, no por supuestos expertos en didáctica- recuerdan algunas aristas de la propia reflexión “sacristaniana”.
Prueba práctica de que Sacristán no menospreció la enseñanza de la filosofía en secundaria, una filosofía no cansina a la altura de las circunstancias que supiera a qué atenerse, es que él mismo la practicó, con diversas conferencias, cuando tuvo ocasión.
4. La crítica a Francisco Fernández Buey que los autores realizan en la nota 24 de la página 48 pide, incluso exige, también algún matiz. Cuando el autor de Por una Universidad democrática explica que fracasó la lucha por la democratización de la Universidad en los años setenta del siglo pasado porque se les impuso la “funcionarización” (de los PNN), no debe olvidarse que en aquellos momentos este movimiento universitario había elaborado otra forma de relación laboral entre el profesorado y la Universidad que garantizase su independencia y su estabilidad laboral, puntos sin duda centrales. Que fuera muy diferente de la “funcionarización” que entonces se conocía, que poco tenía que ver con el servicio público correctamente realizado y mucho con él a “mí no me toques ni me digas nada porque soy funcionario y tengo mucho mando en mi plaza”, no le resta valor sino que se lo añade.
5. Los autores usan a veces la expresión “propietarios” (aunque sea de plaza) para referirse a la situación ideal del profesorado. Si no, no queda otra que la dependencia y el servicio acrítico. Me da que otras formulaciones son posibles, incluso necesarias. Enseñantes, trabajadores de la enseñanza, por ejemplo, y con ello la posibilidad de un control público, ciudadano, de las prácticas profesionales, laborales, de algunos profesores titulares, algunos de ellos catedráticos, que viven esa propiedad de plaza como un “nadie me tose, aquí mando yo”.
6. Faltaría un índice nominal en las próximas reediciones y, en mi opinión, no estaría mal un glosario con los quince o veinte concepto básicos que manejan los autores.
Nada sustantivo en este apartado crítico. Lo esencial está en el importante y poblado haber de este libro filosófico, polémico sin duda, los autores son muy conscientes de ello, que argumenta con pasión razonada sobre la necesidad de cuidar con mimo un bien tan preciado como la educación e instrucción de la ciudadanía. Ha sido, sigue siendo, una conquista obrera, popular, ciudadana que no podemos arrojar a la cuneta, como tantos cadáveres de luchadores republicanos antifascistas. Bien mirado, también a ellos se lo debemos en gran parte.
Se me escapan mil temas más. No se puede hablar de todo… y es una lástima en este caso.
El libro lo merece.
No se lo pierdan. Pasen, lean y recomiéndenlo, si les parece.
El proyecto fue creciendo como crece casi todo en el ámbito docente, gracias al interés y el deseo de educar más que de instruir, con el apoyo de profesorado dispuesto a dedicarle tiempo, a hacer crecer la dimensión de todo lo bueno que surge…
─Fernanda Franco (estudiante): “Esta experiencia ha tenido para mí una parte más personal. Me siento muy identificada con los refugiados, porque yo también soy inmigrante y sé del sufrimiento, y fue una elección mía. Por otro lado, también ha sido importante por los conocimientos, la manera de investigar, de informarnos y porque hemos hecho el trabajo todos unidos. Creo que hemos aprendido a valorar cosas que antes no valorábamos de lo que aprendíamos.”
Su propósito era acercarse a la experiencia de vida de las personas refugiadas, desplazadas y migrantes, en su camino y llegada a las fronteras de la Unión Europea; otorgar sentido a la formación de futuros profesionales – estudiantes de primer curso del Ciclo Formativo de Grado Superior en ‘Integración Social’ -, cuya labor estaría relacionada con los colectivos más vulnerables.
Se quería vincular, desde el inicio de la formación, la experiencia de aprendizaje a la mejora de la calidad de vida de dichos colectivos.
En el siguiente vídeo, Ana Amigo (coordinadora del proyecto) y el resto de docentes participantes, pertenecientes al Departamento de Servicios Socioculturales y a la Comunidad, comparten su visión sobre su trabajo como enseñantes de Formación Profesional y su concepto a cerca del Ciclo formativo de ‘Integración social’.
La situación de los refugiados llamando a las puertas de Europa inundaba todas las pantallas y esto se traducía para Ana en una necesidad urgente de intervención social, de actuación solidaria; era una llamada a gritos, con un enorme potencial educativo para sus estudiantes: futuros Técnicos Superiores en Integración Social.
Muchas de las competencias profesionales contempladas en su currículo formativo podrían encontrar, en el estudio de la realidad de la vida de estos colectivos, un campo de aprendizaje idóneo y un ámbito provechoso para el desarrollo de estrategias de indagación, análisis, reflexión e intervención. Además de facilitar el trabajo de la capacidad de empatía y otras habilidades sociales.
El proyecto consiguió el despliegue de la acción coordinada de todo un equipo docente y el desarrollo de un proceso de aprendizaje teórico-práctico, sustentado en metodologías activas: Aprendizaje por Proyectos y de Aprendizaje Servicio.
26 chicas y cuatro chicos de entre 18 y 35 años, y seis docentes (Ana Amigo, María José Galán, Israel Diego Magán, Concepción Pavón, Soledad Sagrado y María Jiménez) empujaron, y mucho, para que el proyecto se afianzara y desbordara con su desarrollo las paredes del aula.
El deseo de aprender y actuar surge siempre del interés por acercarse a realidades con pleno sentido ético y profesional. Por otra parte, los estudiantes de ‘Integración Social’ necesitan ser competentes en el diseño y puesta en prácticas de proyectos de acción social y comunitaria. Consideraron que conseguir la unión de ambas circunstancias era perfecta.
›› El deseo de aprender | ANA AMIGO
El diseño de planes y proyectos de intervención social es un aprendizaje arduo, en muchas ocasiones, abstracto y bastante racional, basado en datos y observaciones.
Es una tarea que les lleva más de la mitad del curso. Por eso, es necesario aterrizar en un tema social de calado que les ayude a transcender los aspectos más formales, a concretarlos y percibir la utilidad de un diseño fundamentado, valorado y centrado en acciones reales de desarrollo.
Cuando la temática de la acción es próxima cognitiva y emocionalmente, valiosa éticamente y funcionalmente educativa, comentan Ana y María José Galán, “ya hemos dado un gran paso”.
La motivación
─ Daniel Rato (estudiante) “… cuando un tema te toca de verdad sientes la necesidad de moverte y es lo que nos pasó, a toda la clase, al grupo, que de verdad estábamos sensibilizados. No es de estas veces que pasan un vídeo, lo ves y dices qué pena, que el vídeo dura tres minutos y la pena otros tres
De verdad nos había tocado dentro, y nos fuimos empujando unos compañeros a otros. Fue una concienciación colectiva y de ahí es de donde nacen las cosas, que como nos tocó de verdad empezamos a ponernos en movimiento.”
La primera actividad que, a modo exploratorio, llevaron a cabo fue la de visionado y comentario colectivo, en el aula, del documental ‘Astral’, emitido en el programa «Salvados», dirigido y presentado por Jordi Évole.
El documental muestra, ante la atenta mirada de los estudiantes, la situación de refugiados y migrantes que llegan a las costas europeas y el papel que podría desempeñar la puesta en práctica de una acogida y acción social profesional y coordinada.
Elegida ya la temática, era momento de identificar qué saben y no saben al respecto, reflexionar sobre prejuicios y concepciones poco sustentadas, y enfrentarse a aquello que necesitan aprender: acercarse al conocimiento más validado y con evidencias más contrastadas.
Para satisfacer esta necesidad, entre otras actuaciones, Ana crea una ‘comunidad’ en la red social Google+ donde, junto al resto de las docentes y estudiantes, suben artículos de prensa, relatos de experiencias educativas, fotorreportajes, documentales…
En el siguiente corte de vídeo se muestra la comunidad virtual con la relación de referencias documentales subidas y compartidas privadamente por estudiantes y docentes. También, pueden consultarse algunas de estas referencias en el resumen, elaborado por Ana.
Fase de investigación
Comienza una nueva fase del proyecto. Los estudiantes, organizados en grupos heterogéneos, consultan la documentación; se contrasta y debate, y las conclusiones se organizan para ser presentadas, grupo a grupo, al resto de compañeros y compañeras. Se acompaña de murales, proyecciones de imágenes, cortes de vídeo, exposiciones orales…
›› Presentación de conclusiones | ANA AMIGO
Llega el momento de preparación para el plan de acción, que exige una puesta en común previa de valoración de los avances. Hay que fijar prioridades y, en función de los recursos disponibles, orientar tareas y actividades.
›› Puesta en común | Ana Amigo
Planificación de la acción
Toda esta tarea tiene sentido si conduce a la elaboración de un plan de acción social. Se necesitan herramientas de intervención, que serán aprendidas en la práctica.
Se formulan situaciones, ‘casos prácticos’… para desplegar actuaciones de inserción laboral, acogida, inclusión social, trabajo con la infancia, sensibilización, acciones específicas con mujeres… todas ellas relacionadas con el colectivo de refugiados, desplazados y migrantes.
Puestos a la tarea, pronto detectan que los recursos, programas y acciones disponibles, en su entorno más próximo, están poco especializados en este sector, y tampoco son muy abundantes. Deciden, entonces, organizar una visita a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado [CEA(R)], en Madrid, y tener la oportunidad de contar con información global sobre lo que sería un plan completo de acción con refugiados y migrantes.
Visitando CEA(R) (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) | ANA AMIGO
Tuvieron también la oportunidad de escuchar mensajes, sobre el valor y los resultados conseguidos en actuaciones más profesionalizadas, como los que se recogen en la siguiente grabación.
Pudieron conocer de primera mano el significado de una intervención integral que contempla diferentes áreas de acción y tener una información global y completa del proceso de intervención y de las funciones del Integrador Social en esta ONG.
Aprovechando esta visita a Madrid, acudieron al estreno del documental de Hernán Zin : “Nacido en Siria«. A continuación, se facilita el tráiler oficial.
─ Ana y María José (profesoras), comentan: “El visionado del documental marcó un antes y un después en la implicación del alumnado. Hasta ese momento habían estado muy interesados en el tema, habían trabajado duro para sacar adelante sus trabajos en el aula; pero, después de ver ‘Nacido en Siria’, no les bastaba con permanecer en el aula, necesitaban colaborar, mostrar a los demás el drama que se vive a las puertas de Europa… Comenzaba la implicación social, el servicio a la comunidad, la solidaridad…”
Se inicia, de esta manera, un nuevo viaje; se produce un cambio de actitudes y comportamientos, en el que el equipo educativo se ve una vez más arrastrado por el interés y la motivación del alumnado. Ahora todos, estudiantes y docentes, desean ser parte del proyecto, quieren participar en la acometida de un problema social tan real como injusto. Se muestra en toda su grandeza el deseo humano de involucrase en un problema social real. “Todo cambia, para bien” (comenta Ana).
─ Ana y María José: “El proyecto fue creciendo como crece casi todo en el ámbito docente, al menos en la enseñanza pública que es la que conozco, gracias al interés y el deseo de educar más que de instruir, con el apoyo de profesorado dispuesto a dedicarle tiempo, dentro y fuera del aula, a hacer crecer la dimensión de todo lo bueno que surge…”
En estos momentos, hacemos un alto en el relato, nos queda mucha historia que contar de este proceso de aprendizaje de vida.
Aún tenemos que relatar el periplo emprendido por este movimiento de aprendizaje y solidaridad: acciones de sensibilización acometidas por los estudiantes en otros institutos cacereños, participación en la recogida de material humanitario para la campaña de ‘SOS refugiados’, organización de la ‘yincana’ de sensibilización, elaboración de paneles y exposiciones, contactos con otras ONG, presencia en la conferencia de Sami Naïr, en Mérida, apertura del proyecto a otros colectivos en riesgo de exclusión social, entre ellos las personas con discapacidad intelectual…
De todas estas acciones daremos cuenta en el próximo ‘post’.
›› Yincana de sensibilización | ANA AMIGO
─Reme Rodríguez (estudiante) “Es que yo, cuando hicimos el proyecto, antes de concienciar a nadie, necesitaba concienciarme a misma. Yo no sabía realmente lo que era un refugiado, te lo juro. Y claro, aprendes y enseñas.”
“Si se quiere colaborar en la construcción de una sociedad más justa es necesario, en primer lugar, ‘cambiar a las personas’, como decía Freire, hacer de los estudiantes agentes de cambio social. Y, para ello, es necesario incluir en el currículo temas de Justicia Social desde una perspectiva que parte de las experiencias de los estudiantes y poco a poco va profundizando hacia una aproximación crítica de lo que le rodea, y hacia una acción directa enfocada al cambio social”.
Más de la mitad de niños en todo el mundo ve su infancia perjudicada por algún tipo de amenaza como la guerra, la pobreza extrema o la discriminación de las niñas, según un informe presentado hoy, 30 de mayo del 2018, por la organización humanitaria internacional Save the Children.
La infancia de más de 1 200 millones de niños y niñas de todo el mundo está en juego, se advierte en el informe ‘Los rostros de la exclusión’, en el que se destaca que los menores de África Central y Occidental son los que más expuestos están.
«El matrimonio infantil, el trabajo infantil y la falta de alimentación son sólo algunas de las alarmantes situaciones que roban la infancia a los niños», dijo la gerente de Save The Children en Alemania, Susanna Krüger.
En la mayoría de países de América Latina y en el Caribe la situación de los menores registra una mejoría.
Los avances para impedir el trabajo infantil en Perú o el Salvador mejoró la calificación de estas naciones.
En Panamá y Venezuela, sin embargo, la situación empeoró. En el caso de Panamá debido a que menos niños han sido escolarizados en comparación con años anteriores, situación que también se observa en Venezuela, donde además aumentó la mortalidad infantil.
En el estudio, que se llevó a cabo en 175 países, se señala que en total la situación ha mejorado en términos generales en 95 países, mientras en una cuarentena ha empeorado considerablemente. Níger sigue siendo el que está en la cola de la lista. Mali, la República Central Africana y Chad le siguen de cerca.
De entre los países iberoamericanos, solo dos figuran entre los 15 primeros: Portugal en el lo más alto (puesto 11), seguido de España (en el 14), Chile (en el 58), Argentina (en el 73), Brasil y México (en el 93), Perú (en el 95).
El índice se elabora tras comparar indicadores como la falta de alimentos, el acceso a la educación, la alimentación, problemas de salud y violencia extrema.
Save the Children exige a todos los gobiernos que permitan a todo menor comenzar su vida de forma óptima. «Las naciones tienen que actuar para que se puedan cumplir los acuerdos de sostenibilidad de la ONU y ofrecer a todos los niños sin excepción un futuro», dijo Krüger.
Carta abierta al consejero de Educación, Cultura y Deportes, Ángel Felpeto, contra la asignatura de Religión en centros educativos
Son varias las motivaciones que incitan a la Federación de Enseñanza de CCOO a escribir al consejero de Educación.
No hace mucho tiempo, nos hacíamos eco de la noticia que el “Diario de Navarra” publicaba en sus páginas, y que decía así: “La Religión Islámica llegará por primera vez a las aulas a partir del próximo curso”. Parece que esta publicación no ha dejado indiferente a la población. La iniciativa del Gobierno navarro ha sido de gran acogida por los practicantes de esta doctrina, no así por sus detractores.
Desde luego, el anuncio no ha pasado inadvertido. ¿Sorprendidos? Francamente, sí. Aunque, tal vez no debería ser objeto de asombro, dado que la religión católica tiene presencia y peso en nuestro sistema educativo, el hecho de que otras confesiones se hagan un hueco en el mismo tiene su lógica. Y más si tenemos en cuenta la diversidad cultural que predomina en nuestras aulas.
En CCOO creemos firmemente que para avanzar como sociedad se debería comenzar por la ruptura con el Concordato que abre las aulas a la enseñanza de la religión católica, no por otorgar similares concesiones a otras religiones. Como somos conocedores de que la religión es un tema “sensible” y no quisiéramos que las dudas se apoderasen del lector, deberíamos aclarar que el presente escrito no es un manifiesto en defensa, ni ataque, de una u otra religión.
La cosa está clara. No es la primera vez, como tampoco será la última, que CCOO se posiciona en contra de que las creencias religiosas sean inculcadas desde la escuela. Tampoco es una novedad el afirmar que nada tenemos en contra de ningún credo. Nuestra petición, que pasa por hacer de las aulas “espacios libres de adoctrinamiento”, responde únicamente a que consideramos que los aspectos relacionados con la fe deberían quedar relegados a otro ámbito y contexto distinto al educativo.
La escuela no es un lugar de credo. La escuela pública nos pertenece a todas y a todos. Y tenemos la firme convicción de que una de las finalidades de la educación pública ha de ser la de dotar al sujeto de mecanismos a nivel afectivo y cognitivo que posibiliten la integración en la sociedad de cada uno de nosotros como individuos sociales y como personas únicas que somos.
Por no hablar del conflicto que surge en las edades más tempranas cuando nuestros niños y niñas enfrentan religión y ciencia. La presencia de la religión en la escuela favorece que el pensamiento dogmático aventaje muchas veces al pensamiento científico.
Son varias las cuestiones: ¿Por qué se permite la formación religiosa en los centros sostenidos con fondos públicos? ¿Por qué no convertimos las aulas en espacios libres de adoctrinamiento, libres de verdades únicas y excluyentes? ¿Por qué no nos limitamos a potenciar valores que nos sirvan para vivir en una sociedad plural, valores como la solidaridad, la tolerancia, el respeto mutuo, la libertad? ¿Por qué no luchamos por derribar la barrera que supone para la ciudadanía los dogmas de fe? ¿Por qué no se apuesta por el pensamiento libre, por el pensamiento crítico?
Pero como hemos anunciado al inicio, eran varios los motivos que nos incitaban a manifestarnos. La reciente celebración del 17 de mayo, día contra la LGTBIfobia, nos vuelve a recordar que no todas y todos tenemos cabida en nuestra sociedad. Que el amar puede llegar a ser una razón de condena. Que tu identidad sexual puede convertirte en víctima de la violencia, de la exclusión, del odio, del miedo, de la discriminación. Y la motivación del salvaje ejecutor se basa únicamente en la orientación sexual de aquel o aquella que eligen como presa para desahogar su irracionalidad, para mostrar su intolerancia, su carencia de valores.
«Estamos sufriendo las consecuencias de una gran epidemia, la intolerancia»
¿Por qué no nos aventuramos entonces, en un sistema educativo que eduque en la igualdad, en la laicidad, en la corresponsabilidad, que combata la LGTBIfobia, que haga de la diferencia una riqueza? En definitiva, ¿por qué no implantamos de una vez la asignatura que está siendo objeto de pilotaje en nuestra CCAA?
Desde CCOO, invitamos al señor consejero a que apueste de una vez por todas y a que apueste fuerte, por la reducción de las horas asignadas a la materia de Religión y la puesta en marcha de “Educación para la igualdad, la tolerancia y la diversidad” en todos los centros educativos de la región.
De acuerdo con los sindicatos, 70 000 personas participaron en la manifestación organizada en defensa de las pensiones, fuertemente amenazadas por los planes del gobierno.
La marcha por la defensa de las pensiones organizada por un frente sindical común el pasado 16 de mayo en Bruselas, Bélgica, ha contado con una participación ciudadana y sindical considerable. Para defender una pensión «justa» y oponerse a las reformas previstas por el gobierno, los 70 000 manifestantes salieron a las calles con pancartas en las que reivindicaban: «¡Nuestras pensiones no son una lotería! ¡Envejecer dignamente es posible!». Los participantes de la manifestación aprovecharon el evento para explicar la situación a la población y poner de manifiesto otras alternativas para financiar las pensiones.
En relación al plan de pensiones de los servicios públicos, los sindicatos condenan el hecho que, en lugar de fortalecerlo, el gobierno lo castiga con fuertes recortes y prevé implantar un sistema de pensiones basado en puntos.
Según los sindicatos «la única certeza que este plan nos ofrece es la certeza de tener que trabajar más años». Además, el valor de los puntos es muy ambiguo: si la coyuntura económica es mala, si el presupuesto del Estado es insuficiente o si la esperanza de vida de la población aumenta, el gobierno podría congelarlo. Por tanto, esta pensión basada en puntos es una lotería»
Los sindicatos reafirman su deseo de conseguir:
· Una pensión a partir de los 65 años;
· Una pensión obligatoria que permita vivir dignamente;
· Una pensión mínima que evite caer en la pobreza;
· Una alineación progresiva de la pensión obligatoria del sector privado con el nivel de la pensión del sector público;
· Un reconocimiento real y efectivo de la penosidad del trabajo;
· Que se tengan en cuenta los accidentes de la vida en el cálculo de la pensión como si se tratara de periodos de trabajo efectivo;
· Una pensión previsible que no dependa de la coyuntura; y
· Un aumento del valor de los periodos trabajados mediante un incremento en el límite máximo de ingresos.
Además, los sindicatos creen que las pensiones son financiables si:
· Se pone fin a los recortes en la seguridad social;
· Se lucha contra el fraude fiscal;
· Se lucha contra la evasión fiscal;
· Se aplica una mayor justicia fiscal;
· Se incrementan las cuotas patronales; y
· Se disminuyen las rebajas fiscales.
Las organizaciones sindicales reivindican un verdadero reconocimiento de la penosidad de las carreras profesionales y esperan que el gobierno federal de Charles Michel se muestre «razonable», y escuche «la voz del pueblo». Asimismo, han recordado y lamentado que desde el principio de su legislatura, en 2014, el gobierno de Michel decidiera elevar la edad de jubilación a 66 años (a partir de 2025), y posteriormente a 67 años (a partir de 2030). Entretanto, también ha decidido que las personas desempleadas y beneficiarias del RCC (antigua prepensión) verán disminuir su pensión, incluso aunque comenzasen a trabajar a una edad muy temprana.
Resumen: El servicio de admisiones universitarias Ucas está bajo presión luego de que una investigación reveló que más de la mitad de todas las solicitudes marcadas por posible fraude son de estudiantes negros . Los investigadores de Ucas encontraron que durante un período de cinco años, el 52% de las solicitudes investigadas por posible actividad fraudulenta provenían de candidatos negros, a pesar de que solo representaban el 9% del total de las solicitudes. Por el contrario, en el mismo período, entre 2013 y 2017, solo el 19% de todas las solicitudes sospechosas provenían de estudiantes blancos, a pesar de que representan el 73% de todas las solicitudes. Los estudiantes asiáticos constituyen el 11% de los solicitantes y el 16% de los que están marcados. Ucas llevó a cabo su investigación luego de que el Independent le pidiera libertad de información aprincipios de este año y señaló que era mucho más probable que el proceso de investigación de fraude en las solicitudes universitarias exigiera pruebas de los reclamos de los solicitantes negros que los blancos. Esa solicitud se centró en las cifras de 2017, pero la investigación posterior de Ucas muestra el mismo patrón en un período de cinco años, con un total de 2.675 solicitantes de raza negra que se marcan de una población de 260.550 solicitantes. De las solicitudes de 2,1 millones de estudiantes blancos durante el mismo período, se marcaron 995. Alrededor del 40% de las solicitudes marcadas fueron canceladas por Ucas, una cifra ampliamente proporcional a los porcentajes marcados en cada grupo étnico. La directora ejecutiva de Ucas, Clare Marchant, dijo que la investigación había demostrado que las solicitudes solo se cancelaban cuando había pruebas claras de fraude o falta de información. Pero dijo que «hay más trabajo para que hagamos para asegurarnos de que el marcado sea lo más sólido posible en todas las áreas del servicio de verificación». Ucas necesita … satisfacer a los estudiantes de las minorías étnicas para que sus solicitudes se consideren de manera justa .Una de las áreas de debilidad potencial identificada por Ucas fue el software de detección de fraudes estándar de la industria que implementa como un método de selección de aplicaciones. Utiliza una acumulación de datos históricos como referencia que puede haber contribuido a los resultados. Ucas dijo que ya se hicieron mejoras al servicio de detección de fraude. También prometió introducir una revisión adicional de todas las aplicaciones antes de la cancelación para evitar errores y dijo que aseguraría que todo el personal tenga un entrenamiento de sesgo inconsciente actualizado. El ex ministro de Educación y diputado laborista David Lammypidió una mayor transparencia en el proceso de admisión a la universidad. «Ucas necesita explicar por qué más de la mitad de todos los solicitantes señalados son negros, a pesar de que los estudiantes negros representan solo una de cada 10 solicitudes», dijo. «Ucas necesita poder explicar esta enorme desproporcionalidad y satisfacer a los estudiantes de minorías étnicas para que sus solicitudes se consideren de manera justa
The university admissions service Ucas is under pressure after an investigation revealed that more than half of all applications flagged for possible fraud are from black students.
Ucas researchers found that over a five-year period 52% of applications investigated for potential fraudulent activity were from black candidates, even though they only make up 9% of total applications.
In contrast, over the same period – between 2013 and 2017 – just 19% of all suspicious applications were from white students, even though they make up 73% of all applications. Asian students made up 11% of applicants and 16% of those flagged.
Ucas conducted its investigation after a freedom of information request by the Independent earlier this year indicated the process for investigating fraud in university applications was far more likely to demand proof of claims from black applicants than white ones.
That request focused on figures for 2017, but Ucas’s subsequent investigation shows the same pattern over a five-year period, with a total of 2,675 black applicants being flagged out of an applicant population of 260,550.
Out of 2.1m applications from white students over the same period, 995 were flagged. Around 40% of flagged applications were cancelled by Ucas, a figure broadly proportionate to the percentages flagged in each ethnic group.
Ucas’s chief executive Clare Marchant said the investigation had shown that applications were only being cancelled where there was clear evidence of fraud or missing information. But she said “there is more work for us to do to ensure that flagging is as robust as it can be across all areas of the verification service.”
One of the areas of potential weakness identified by Ucas was the industry standard fraud detection software it deploys as one method of screening applications. It uses an accumulation of historic data as a reference that may have contributed to the results.
Ucas said enhancements had already been made to the fraud detection service. It also promised to introduce an additional review of all applications prior to cancellation to avoid errors and said it would ensure that all staff had up-to-date unconscious bias training.
The former education minister and Labour MP David Lammy called for greater transparency in the university admissions process. “Ucas need to explain why over half of all flagged applicants are black, despite black students accounting for just one in 10 applications,” he said.
“Ucas needs to be able to explain this huge disproportionality and satisfy students from ethnic minorities that their applications will be looked upon fairly.”
Overall the total number of university applications flagged for further investigation was small – out of 2.9 million applicants over the past five years 5,160 applications were flagged, of which just over 2,000 were then cancelled.
The screening process was designed to spot fake qualifications, plagiarised personal statements and inaccurate information which could give would-be students an unfair advantage. In all the screening systems used Ucas insisted ethnicity and nationality played no part.
Lammy, who has campaigned on this issue, said: “I have long been concerned about the lack of transparency in our admissions process as a result of Ucas refusing to publish all of its access data openly.
“This is clearly a necessary change so that we can fully understand what is going on within our university admissions process across the board.” Ucas has since said that figures on its verification service would now be published annually.
A Department for Education spokesman said any bias against people due to their ethnicity or background was completely unacceptable and welcomed the Ucas investigation.
“We have seen record entry rates at universities across all ethnic groups, but we recognise there is more to do. We have introduced sweeping reforms through the Higher Education and Research Act requiring all universities to publish applications, offers and acceptance rates broken down by gender, ethnicity and socioeconomic background.”
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